Hola, queridos lectores.
Después de varios meses, por fin pude terminar este capítulo. Un resumen rápido de lo que pasó: tenía un guion elaborado, precisamente, para no tardar demasiado en actualizar, pero con los cambios que realicé en los capítulos pasados, me salí de la línea y todo este tiempo, estuve pensando en cómo regresar. Pues no quiero cambiar el final que tengo en mente.
¡Agradecimientos a todas las personitas que se toman un momento de su tiempo para leer y comentar! Esto es para ustedes y espero que les guste.
Más allá de los sueños
Dream #11: El fin del mundo
Ciudad Anistar era la encargada de albergar la Clase Maestra, donde las artistas aspirarían a conseguir la corona de la Reina de Kalos. Como era de esperarse, la ciudad era un festival en esos momentos, las calles rebosaban de personas, los comercios prosperaban y había un sinnúmero de espectáculos callejeros.
El reloj del sol y el gimnasio de la Líder Olympia eran de las mayores atracciones también.
En la parte trasera del auditorio, un automóvil oscuro se detuvo. Dentro, dos personas y el chofer.
—¿Ha visto a esa chica, Serena? —Aria, la Reina actual, miró entusiasmada a su mentora.
Palermo se quitó los lentes negros para mirarla fijamente.
—Sí, es una chica entusiasta —respondió seria—, pero aun hay algo que le hace falta.
—¿Qué es?
—Es un secreto —la mujer mayor sonrió—. Pero si lo consigue, incluso podría ser capaz de vencerte, Aria.
—Eso lo haría todavía más divertido —la pelirroja le dio una brillante sonrisa.
—La cuestión es… si eso que necesita lo puede encontrar aquí.
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Serena comenzó a dar vueltas por el Centro Pokémon, evidentemente, nerviosa. Muchas participantes se encontraban ahí, comprando objetos en la tienda y solicitando revisiones médicas para sus Pokémon. En una de las pequeñas salas de espera, Grace sonrió entre divertida y preocupada.
En una ocasión, la puerta automática del edificio se abrió, dando paso a un grupo de tres personas.
—¡Serena!
—¡Bonnie! —la castaña extendió los brazos, corriendo al encuentro de su pequeña amiga.
—Lamentamos la tardanza —Meyer decidió acercarse a Grace, dando espacio a sus dos hijos.
—Serena —Clemont le sonrió, a modo de saludo—, ¿cómo te sientes?
La aludida soltó un largo suspiro como respuesta.
—Me siento más tranquila ahora. Por un momento, creí que no llegarían a tiempo —comentó, poniendo una mano sobre su pecho.
—Nunca nos perderíamos la oportunidad de verte —el rubio comenzó a reír sutilmente, contagiándola a los pocos segundos.
Bonnie miró a ambos con infinita emoción, conteniendo las ganas de hacer algún comentario al respecto. Meyer y Grace sonrieron también.
En la parte superior del Centro Pokémon, Miette encontró interesante la escena.
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Debido a que la mayoría de comercios se encontraban sin espacio, decidieron descansar en un parque cercano al auditorio. Bonnie jugaba con Dedenne y Chespin alrededor de una fuente, mientras que, Meyer y Grace se habían separado de ellos, dándoles privacidad para que conversaran cómodamente.
—En realidad, mi hijo estima mucho a Serena —Meyer comentó de pronto—, no solo como amigos.
Grace volteó a verlo, impresionada.
—Tengo el presentimiento de que ella siente lo mismo —contestó después, con una sonrisa.
La Clase Maestra comenzaría cuando el sol alcanzara el enorme reloj de la ciudad, durante el atardecer. De esa forma, las artistas gozarían de tiempo suficiente para descansar o afinar los últimos detalles de sus presentaciones. Serena observó a su alrededor, a donde mirara, veía a chicas ensayando sus actos.
—Nosotros deberíamos practicar también —comentó ansiosa.
—No te preocupes —su amigo le puso una mano sobre el hombro—, debes descansar y relajarte por ahora. Seguro que lo harán bien.
—¿De verdad lo crees?
—Por supuesto.
La castaña se sonrojó y un silencio se estableció entre ambos por unos segundos. Era impresionante cómo, de un momento a otro, sentían tensión estando juntos y apenas se atrevían a mirarse al rostro. Serena volteó a verlo de reojo, Clemont se había puesto nervioso también y se veía un poco lindo.
Lindo… la palabra resonó en su cabeza, como un eco, haciéndola pegar un brinquito en su lugar.
—¿Sucede algo? —el rubio la observó curioso.
—No, no es nada —respondió apenada—, solo estoy algo nerviosa.
—Ya sé, hablemos de otra cosa —le sonrió—. ¿Has pensado qué vas a hacer después de la exhibición?
—¿Eh?
En ese momento, la artista se quedó en blanco. En realidad, no tenía nada más contemplado. Y si fallaba… ¿volver a intentarlo hasta conseguirlo? Aunque era lo más lógico de pensar, sentía que algo le faltaba. Técnica, experiencia, algo nuevo. Por un instante, el rostro de Ash y de las coordinadoras que había conocido, aparecieron en su cabeza.
—Todavía no lo decido… —sonrió, revolviéndose en su lugar como una niña pequeña.
—Entiendo —el rubio le sonrió comprensivo—. Tampoco es que tengas prisa por decidir. Y cuando decidas algo, Bonnie y yo te estaremos apoyando como siempre.
La ojiazul contempló fijamente a su amigo, con una sonrisa más cálida. Sí… Clemont era lindo.
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Cuando la hora llegó, el reloj del sol comenzó a brillar con una luz rosácea que contrastaba con el azul oscuro y anaranjado del cielo. Serena caminó a uno de los camerinos del auditorio, era un cuarto amplio, que se empequeñecía debido a todas las artistas reunidas ahí.
Después de cambiarse el vestido, se sentó en un banquillo frente al espejo, para comenzar a maquillarse.
—Parece que tuviste suerte y pudiste llegar hasta aquí —Miette se acercó a ella, con una mano alzada como saludo.
—No fue suerte —Serena la observó por el espejo—, es talento.
La peliazul ignoró su respuesta, en cambio, puso ambas manos sobre sus hombros y se acercó a su oído. La castaña sintió escalofríos de pronto.
—Y dime, ¿cómo van las cosas con Clemont? —le susurró.
—¡Te estás equivocando! —gritó, completamente roja, captando la atención de las demás.
La ojicarmín comenzó a reír con la respuesta exagerada de su rival.
—¿Qué sucedió aquí? —Shauna entró al camerino con prisa, acercándose a ambas mientras las veía con confusión—. Escuché que gritaste, Serena —dijo, preocupada.
—Serena se exaltó porque le pregunté por Clemont —la peliazul alzó los hombros.
—¿Clemont? —la morena repitió curiosa, luego observó a su amiga sonrojada—. Ah, entiendo —y empezó a reír por lo bajo.
—Shauna, no te burles de mí.
—No es eso, Serena —negó divertida—. Creo que es tierna la manera en la que te avergüenzas por él.
Miette pestañeó un par de veces, mirándolas con asombro.
—Entonces parece que sí hay algo de historia entre ustedes —comentó—. Bueno, si no te decides pronto, me lo voy a quedar —le guiñó un ojo.
Serena frunció el entrecejo, Miette de verdad conseguía molestarla.
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El inicio de la competición fue bastante animado, con las palabras de apertura de Aria. La dinámica continuaba siendo la misma, bloques de tres participantes, donde avanzaría la mejor calificada por el público.
Serena respiró aliviada cuando fue anunciado su bloque, no conocía a las dos chicas con las que competiría, pero se alegraba de que no fuera una de sus amigas. Shauna y Miette estaban en bloques diferentes también, por lo que ninguna se enfrentaría en la primera fase.
—Es una pena que Nene no hubiera llegado —comentó Shauna.
—Me parece haberla visto entre el público.
Miette observó una de las pantallas situadas en el camerino, donde transmitían lo que ocurría fuera. El primer bloque en salir era el de Serena. El público ovacionó cuando las luces ubicadas a los costados del auditorio se apagaron, quedando únicamente los reflectores que iluminaban el escenario.
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Tras finalizar la primera fase de la Clase Maestra, la comitiva decidió otorgar un breve descanso, que ayudaría a las ganadoras a preparar sus espectáculos. Serena, Shauna y Miette habían sido las ganadoras de sus respectivos bloques, pero cuando la emoción inicial terminó, cayeron en cuenta que, enseguida debían enfrentarse y solo una avanzaría a la fase final.
De acuerdo al sorteo por el cual decidían el orden de presentación, Serena sería la última en salir al escenario. En ese momento, mientras observaba la presentación de sus dos rivales, se percató de un detalle relevante. No eran las mismas, las dos habían salido con todo al escenario, con nuevos Pokémon en sus equipos e inclusive con algo diferente en sus estilos de actuación. Miette era como una caperucita, dulce y seductora, y Shauna, como una princesa de fantasía, de aspecto inocente y vivaz.
Serena, en cambio, no renovaba. Y ahí lo comprendió.
—¡Furfrou, usa Encanto!
La presentación de Miette terminó con su nuevo Pokémon variocolor, arrojando corazones al público. Jean Pierre junto a Klefki, aparecieron después, anunciando a la última participante, Serena tragó saliva antes de comenzar a caminar hacía el elevador por el que saldría.
La luz de los reflectores la cegó por unos instantes, el escenario le parecía inmenso y el público la atemorizaba un poco. Su cuerpo se tensó e inmediatamente, sus Pokémon voltearon a verla, con preocupación.
—Serena… —Aria puso una expresión preocupada—, ¿qué pasa?
Palermo, en tanto, se quitó las gafas para sobarse la vista.
—Veamos qué haces —se dijo.
En las gradas, los demás se alarmaron también.
—¡Serena! —la voz de Bonnie resonó.
—¡Tú puedes! —continuó Clemont.
La aludida levantó la vista, enternecida.
—Así es —asintió confiada—. No importa qué suceda, vamos a hacer nuestro mejor esfuerzo —les sonrió a sus compañeros.
Los tres Pokémon asintieron con ella.
—¡Sylveon, usa Rapidez y luego Viento féerico!
El Pokémon hada arrojó varias estrellas, que fueron dispersadas en todo el escenario con el viento. Delphox y Pancham danzaban a los costados de la pista, chocando su Lanzallamas y Pulso umbrío, los cuales provocaban una explosión colorida. Y en el centro, Serena bailaba animada, tomada de los listones de Sylveon, que brincaba junto a ella.
—Se ve divertido —Bonnie miraba maravillada la actuación.
—Es como un hada —Clemont comentó para sí mismo.
La presentación de Serena era como una chispa esperando convertirse en un incendio, creciendo rápidamente, era mágica y poderosa. Se percibía el esfuerzo que tanto ella, como su equipo, ponían en cada paso de baile y en cada combinación. Pero como todo fuego, en algún momento se debía consumir y eso lo sabía.
Aun no tenía la capacidad de ser una llama eterna.
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Cuando las tres participantes quedaron de pie frente al público para esperar su calificación, Serena escuchó perfectamente los latidos de su corazón acelerado, retumbaban tanto que, por un instante, le preocupó que los demás lo escucharan. Sabía que había detalles que afectarían sus posibilidades de avanzar a la fase final, en realidad, tenía dudas sobre avanzar. Sin embargo, veía las cosas con un poco más de claridad.
Cuando las luces del público dejaron de llegar a los broches y uno de los reflectores se encendió, una pequeña sonrisa de alivio se formó en sus labios. Shauna pegó un brinquito por la sorpresa, cuando su reflector se encendió, mostrándola como la ganadora.
Miette también sonrió, aunque suspirando.
—Oh, no, Serena… —la pequeña rubia observó desde las gradas con preocupación—. Hermano…
Clemont no pudo evitar recordar las palabras que Ash alguna vez le habría dicho.
—Ella va a estar bien —le contestó, acariciándole la cabeza—, es fuerte.
En la fila de atrás, Grace, que escuchó las palabras de Clemont, asintió con satisfacción. A pesar del sabor amargo por la derrota de su hija, tenía un buen presentimiento de todo.
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La castaña caminó de regreso al camerino, para cambiarse a sus ropas habituales, antes de que la presentación de su amiga comenzara. A unos metros de ella, una puerta se abrió, captando su atención. Palermo salió y Serena se le quedó mirando, sabía que era una manager reconocida, que inclusive Amelia quería trabajar con ella.
—Es una lástima que no hayas llegado a la final —dijo la mujer mayor.
—Lo sé.
—Tienes talento, pero te equivocas en una cosa —continuó, a lo que la menor prestó atención—. Tus combinaciones son tan llamativas, que opacan a tus Pokémon.
—¿Opacan?
—Sí, en algún momento, tus Pokémon desaparecen del escenario. Si te fijas en el estilo de Aria, es bastante modesto, ella luce a su equipo con gracia, sin recurrir a tanta pirotecnia.
Serena lo pensó durante un momento, era verdad, Aria no se caracterizaba por espectáculos tan ostentosos. Ella encantaba con su forma de ser, tan alegre y tan amable.
—Aria encanta a todos por su sonrisa.
—Exacto —Palermo asintió—, ¿has pensado en qué vas a hacer ahora? Si no es problema para ti, me gustaría que vinieras conmigo para entrenarte —le sonrió.
La mujer mayor sacó una tarjeta de presentación de su bolso y enseguida se la extendió.
—¿A mí? —Serena se puso nerviosa, no esperaba tal ofrecimiento.
—Sí. Tengo confianza en que con más entrenamiento y más disciplina, puedes convertirte en la próxima Reina de Kalos.
—En realidad… lo siento mucho —la castaña se inclinó—. Lo estuve pensando en el escenario, me gustaría viajar un poco más, quiero conocer otros estilos de actuación Pokémon y quiero incorporarlos a mi presentación.
—Esa es una buena respuesta también —la manager asintió—. ¿Planeas viajar aquí?
—No, quiero conocer otra región.
—¿Ya pensaste en la región Hoenn? Es un buen lugar para que aprendas de los coordinadores Pokémon.
Serena puso una amplia sonrisa y sus ojos se iluminaron de pronto ante la posibilidad.
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En la final, Aria se había vuelto a coronar como la Reina de Kalos.
Una ceremonia de clausura se organizó en la plaza principal, al pie del reloj del sol, con una serie de fuegos artificiales. Serena se encontraba hablando con Shauna y Miette, y una agregada Nene. Clemont la observó a la distancia, la veía calmada y sonriente, lo que lo tranquilizó.
Al término del espectáculo, varias artistas y visitantes comenzaron a abandonar la ciudad.
—Será mejor que nos regresemos al Centro Pokémon, el viaje de vuelta es algo tardado —comentó Meyer, a lo que Grace asintió también.
—Estuviste asombrosa, Serena —Bonnie la miró con los ojos brillosos, a punto de las lágrimas.
—Gracias —la aludida le sonrió, acariciándole la cabeza.
A Clemont le pareció curioso el gesto.
El Centro Pokémon lucía en completa calma, diferente a como había sido al inicio del día. Todas las habitaciones estaban ocupadas, sin embargo, oportunamente ya habían reservado dos. En una dormirían Meyer, Clemont y Bonnie, y en la otra, Grace y Serena. Al día siguiente, el grupo regresaría a ciudad Lumiose y de ahí, las dos mujeres, a pueblo Vaniville.
Serena rodó sobre la cama, intranquila. Para ese momento, su madre se encontraba profundamente dormida, al igual que todos en el edificio rojo. Silenciosamente, se levantó, para salir hacia el campo de batalla afuera. Una pequeña manta rosa le cubría los hombros.
La luna resplandecía con una luz azulina, que iluminaba lo suficiente y atrapó su atención.
—¿Serena? —escuchó que alguien la llamaba.
La aludida pegó un brinco, tapándose la boca para no gritar por el susto, después volteó la mirada, Clemont la veía con confusión.
—¿Estás bien?
—Sí, solo me sorprendí un poco —respondió en voz baja—. ¿Qué pasa? ¿No puedes dormir?
—Quise un poco de agua —respondió, mostrándole un vaso desechable con el líquido.
—Ya veo.
El rubio se sentó a un lado de su amiga, un poco cerca, mirándola con atención.
—Tu presentación fue fantástica, realmente me hubiera gustado que llegaras a la final.
—Gracias —ella le sonrió apenada—, a mí también me hubiera gustado enfrentarme a Aria. Ella es genial y muy bonita, ¿no?
—Sí, tiene un aura distinta a todas las demás —asintió—, pero no te quedas atrás.
La castaña sintió un ligero ardor en las mejillas.
—Oye —murmuró bajito—, ¿puedo recargarme en tu hombro?
—¿Eh? —el rubio pegó un brinco, sorprendido por la petición y completamente sonrojado—. Po-por supuesto, si eso quieres.
La castaña chocó suavemente su cabeza en el hombro de su amigo, e inmediatamente notó que esté estaba tenso y respiraba un poco agitado. Algo en su estómago revoloteó por un instante, se sentía algo feliz.
—¿Serena?
—Cuando estaba en el escenario, me di cuenta de que me quedé estancada —habló con seriedad—. Entonces, me pregunté, ¿qué haría Ash?
—Seguir adelante —Clemont le respondió igual de serio.
—Lo siento —murmuró Serena—. Siempre te hablo de él, debo hacerte sentir incómodo.
—Está bien.
El rubio apenas pudo formar una sonrisa en su rostro, lo que hizo que la castaña reafirmara su comentario. Lo incomodaba. A su mente regresó la petición de la pequeña Bonnie y por el momento, no pudo evitar ponerse nerviosa.
Solo ellos dos, en la mitad de la noche, contemplando la luna.
Sin embargo, nunca había sentido una atención especial de parte de su amigo, ¿de verdad tendría sentimientos por ella?
—¿Te gusta alguien? —preguntó de pronto.
El rostro de Clemont se puso de un rojo brillante.
—Eh, bueno… sí.
—¿Cómo es?
—Es una chica bastante femenina —balbuceó.
—¿Es Miette? —interrogó.
La idea de que pudiera ser su rival, le incomodó de sobremanera.
—¿Miette? —repitió confundido—. No precisamente, es un poco aterradora —rió nervioso.
—¿Entonces? —volvió a preguntar.
Clemont la observó fijamente, se sentía como un Rattata acorralado en una esquina, ¿qué debía hacer o decir? ¿Aprovechar la oportunidad que parecía tener y confesar sus sentimientos, o reprimirlos?
—¿Sucede algo? —rebatió.
—N-no, curiosidad —respondió desviando la mirada.
Entonces pensó: si el mundo va a explotar, que explote ahora.
—Estuviste hablando con Bonnie, ¿verdad?
—Sí…
—Entonces te lo dijo.
—Ah, eh, bueno… me pidió cuidar de ti —respondió—, pero debe ser una broma. No te enfades con ella.
—No es una broma, Serena.
Clemont se acomodó para mirarla de frente y Serena sintió que el piso debajo de sus pies se derrumbaba… o quizá, sentía que estaba flotando, no estaba segura. Lo único de lo que estaba consciente era de que, en realidad, quería escucharlo.
—Me gustas.
Y por fin, ahí estaba.
