Disclaimer: ¡nada me pertenece! Los personajes pertenecen a Yamane Ayano y la historia a FayeC (esta es una traducción).


Capítulo 13

La recepción se celebró en el salón principal de la residencia Arbatov en Moscú. La lista de invitados residía estrictamente de miembros de la familia y personas de confianza de la organización.

Con su mano en el brazo de Mikhail, Feodora forzó una sonrisa mientras lo acompañaba al salón. La recepción se celebraba principalmente para anunciar de manera extraoficial a Mikhail como el nuevo jefe de la familia. Era importante que estuviera en todo su esplendor, que nunca era un problema para alguien como Mikhail Arbatov, pero después de verlo en un estado tan vulnerable Feodora no pudo evitar preocuparse.

Para su alivio, parecía estar lo suficientemente calmado como para caminar por el salón con una sonrisa en su rostro. Aunque estaba más callado de lo habitual, no era demasiado evidente. En el fondo Feodora sabía que Mikhail estaba lejos de estar bien. Estaba más que ansiosa por conocer la verdad detrás de todo esto y el único que podía darle respuestas parecía ser Alexei.

—Mikhail. —Vladimir Arbatov saludó a su hijo mayor con una tenue sonrisa que Mikhail le devolvió y bajó la cabeza ligeramente como muestra de respeto—. Al menos trata de pasar la noche como un hijo del que pueda estar orgulloso. ¿Crees que puedas lograrlo? —habló con su habitual rostro inexpresivo.

Feodora no pudo evitar sentirse sorprendida por su padre. Solo tenía que darle un vistazo a Mikhail para saber que algo andaba mal. Por mucho que fuera un perfecto líder ampliamente respetado por sus socios de negocios, también era un padre amoroso que conocía a sus hijos mejor que nadie. Después de todo, los había criado con sus propias manos tras la muerte de su madre dando a luz a Alexei.

—Sí, por supuesto —le respondió Mikhail en un susurro pero con absoluta confianza en su voz—. Soy tu hijo.

Su padre asintió ligeramente en respuesta.

—Aquí viene tu hermano —dijo, mientras desviaba la mirada hacia la entrada.

Mikhail observó acongojado mientras Alexei entraba en la habitación con Fei Long a su lado. Por primera vez estuvo realmente contento de haber dejado su arma en aquella habitación. Ver esa sonrisa en el rostro de Alexei le hizo desear que en su mano hubiese una.

Agarrando con su mano fuertemente la suya, Feodora fijó sus ojos en el hombre del changshan dorado junto a Alexei. ¿Realmente era posible que un hombre fuera tan increíblemente hermoso? A Alexei siempre le habían gustado los hombres guapos con un obvio toque femenino, pero este era diferente. Aquel rostro perfecto era tan hermoso que se sentía fea en su presencia. Si eso fuese todo no se sentiría tan amenazada por él, pero solo resultó ser una parte muy pequeña de lo que hizo que cada par de ojos en aquel salón se enfocaran en el hombre. Podía parecer una mujer a primera vista pero sin lugar a dudas era un hombre, y un hombre de tal elegancia que gritaba realeza con cada paso que daba. Este no era simplemente un hombre bonito que Alexei había conocido en un club. Era demasiado extraordinario para ser común. Este hombre era su igual en estatus, o incluso superior. Estaba segura de ello.

Un ligero temblor en el brazo de Mikhail la arrancó de sus pensamientos. Ahora era evidente que el colapso repentino de Mikhail se debía a él. Juraba que podía escuchar los latidos de su corazón acelerándose mientras aquel hombre se acercaba.

—Padre. —Alexei sonrió mientras saludaba a su padre, cuyos ojos estaban fijos obviamente en Fei Long—. Permíteme presentarte a...

—Liu Fei Long de Baishe. —Fei Long extendió su mano y se presentó en un ruso perfecto antes de que Alexei pudiera pronunciar otra palabra. Ya era suficientemente degradante ser conocido como la pareja de Alexei tras su llegada. Permitir que Alexei le presentara sería una desgracia que no podría soportar—. Usted debe ser Vladimir Arbatov.

Sorprendido al escuchar dicho nombre, Vladimir se detuvo un segundo y observó a Mikhail mientras estrechaba la mano de Fei Long.

—Su reputación no le hace justicia. Perdone mi ignorancia sobre su visita. No había sido informado.

—Fue inapropiado de mi parte importunarlos. Por eso me disculpo —dijo de manera elegante con su sedosa voz, ojos estudiando al hombre frente a él.

Era la primera vez en veinte años que veía a Vladimir Arbatov, quien solía tratar directamente con su padre. En aquel entonces era demasiado joven para darse cuenta de lo extraordinario que era este hombre. Con hijos imprudentes como Mikhail y Alexei, había imaginado a su padre de manera similar. Para su sorpresa, Vladimir era todo lo contrario de sus hijos. Era tranquilo, confiado y muy digno, provisto de impecables habilidades diplomáticas. Sus movimientos eran elegantemente ligeros y hablaba en un tono que no demostraba ninguna emoción. Vladimir se comportaba con una confianza tan dominante que sin esfuerzo se ganó su respeto sin siquiera tener que pronunciar una sola palabra. Un líder verdaderamente magnífico, uno que no pudo evitar admirar.

—Es un placer recibirlo en mi casa. —Asintió ligeramente, luego se volvió hacia Mikhail y Feodora—. Usted ya conoce a mis dos hijos. Esta es Feodora Ivanova, una amiga cercana de la familia.

—Mi prometida —habló Mikhail con absoluta claridad, asegurándose de que cada palabra fuera escuchada.

Feodora se sobresaltó al escuchar a Mikhail dirigirse a ella de semejante manera. Tenía la impresión de que su compromiso estaba roto, incluso antes Mikhail nunca había estado tan ansioso por dejar que la gente se enterara de su relación. Un dolor agudo se elevó en su corazón al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, estaba usándola, y el que Mikhail la usara de esa manera le confirmó exactamente quién era Liu Fei Long. El hombre que le había quitado a Mikhail estaba parado justo frente a ella, estrechándole la mano.

Para su sorpresa, Fei Long lo miró y le sonrió. Fue una sonrisa extraña, sarcástica y triste al mismo tiempo. Asintió ligeramente mientras sus ojos amatista se encontraban con los de Mikhail. Asintió, como una aceptación, como una derrota.

Esta era la respuesta que estaba buscando, una que había ido a averiguar hasta Moscú. Mikhail le había dejado claro esa noche lo qué era: una distracción que ya no le emocionaba. Tenía ganas de reírse de sí mismo por ir hasta Moscú solo para confirmar lo insignificante que era en realidad. Aun así, era una oportunidad que tenía que darse, la oportunidad de confiar en alguien, de que alguien le importara, la oportunidad de amar y ser amado.

Al final no podía decir que había fallado realmente. Después de todo, había confiado en Mikhail. Él le había importado lo suficiente como para arrastrarse hasta allí y ser humillado. Pero sobre todo, lo amó. Solo que Mikhail no le amaba.

—Felicitaciones. —Le dio a Feodora una sonrisa sincera—. Y lo digo en serio.

Se volvió hacia Vladimir e inclinó la cabeza ligeramente como muestra de respeto. No era algo que hiciera a menudo, pero el hombre se lo merecía.

—En fin, tiene invitados que atender, no le entretengo más.

Tan pronto como se fueron, se dio la vuelta y cruzó la puerta. Alexei lo siguió en silencio por el pasillo hacia el jardín totalmente cubierto de nieve donde Fei Long se detuvo bajo un viejo árbol, admirando las ramas sin hojas completamente cubiertas de nieve perfectamente blanca.

—Hermoso —murmuró. Alexei se acercó y extendió la mano para quitar un copo de nieve que de alguna manera había quedado atrapado en el sedoso cabello negro de Fei Long—. Parece que he ganado la apuesta. —Sonrió. Sin embargo no era una de sus sonrisas astutas. Si Alexei era capaz de ser sincero, esta podría considerarse como una sonrisa genuina.

—Creo que sí —respondió Fei Long como si esto no pudiese importarle menos.

—Realmente lo amas, ¿cierto?

Era una pregunta sencilla y la respuesta también era simple. Solo que era algo que nunca antes había conocido.

—Creo que sí.

Alexei rio ligeramente al escuchar aquellas palabras de parte de Fei Long.

—Sabes, de alguna manera no estoy seguro de si debería alegrarme o enfadarme por escuchar eso.

Una tenue sonrisa se extendió por su rostro mientras movía la cabeza para mirar a Alexei.

—¿Acaso te importa lo que siento? Lo que siempre quisiste de mí fue solo sexo. —Se volvió nuevamente hacia las ramas cubiertas de nieve y suspiró profundamente.

—Eso es todo lo que todos siempre han querido ¿no? Este cuerpo, que sabes que es tan hermoso. —Aquellas palabras habrían sonado sarcásticas de no ser por la forma en que las dijo. En realidad fue desgarrador escucharlas, sobre todo porque Fei Long realmente creía que aquello era cierto.

—Sabes, Mikhail solía decirme que debía maldecirme por lucir así. Supongo que tenía razón. —Guardó silencio por un momento y sonrió para sí—. Estoy maldito.

Alexei se quitó la chaqueta y la situó sobre los hombros de Fei Long.

—Quizás lo estás. Quizá eso es todo lo que quiero de ti. —Por primera vez había cierta dulzura en la voz de Alexei—. Y quizá, cualquiera que te mire también esté maldito.

—No necesito esto. —Trató de devolverle la chaqueta.

Alexei levantó la mano y lo detuvo.

—No me malinterpretes. Solo estoy cuidando mi premio. No voy a quedarme aquí muriéndome de frío contigo —dijo mientras daba la vuelta y empezaba a caminar nuevamente hacia el edificio.

—Alexei.

El hombre simplemente hizo un gesto con la mano sin mirar atrás.

—Les diré que no te esperen a cenar.


Feodora se excusó tras el postre y abandonó el salón. Ya no podía soportarlo. La inquietud en su corazón la instó a hacer algo al respecto. Era cierto que no podía estar más emocionada por saber que Mikhail tenía la intención de casarse con ella. Durante más de quince años había estado a su lado, amándolo más de lo que nadie jamás podría hacerlo. Sin embargo, ahora dudaba. Algo le decía que no estaba bien. No era justo. No era justo con Mikhail, pero sobre todo con ella.

Él amaba a otro. Esa era la verdad, la brutal verdad con la que tendría que seguir viviendo. E incluso sabiéndola le hubiese gustado tenerlo. ¿Pero para qué? ¿Para poder torturarse todos los días sabiendo que prefería estar en otro lugar? ¿En los brazos de otro?

No. Ella era mejor. Era más orgullosa. Aunque no pudiera tener su corazón, sería la mujer que mereciera a un hombre como Mikhail.

Se detuvo frente a la puerta y esperó un momento para decidirse. No habría vuelta atrás después de esto. Tomó una profunda respiración y tocó dos veces.

Fei Long estaba desabrochando su changshan cuando escuchó los golpes. Dejó los primeros botones sueltos mientras abría la puerta y vio al huésped más inesperado frente a su habitación.

—¿Señorita Ivanov?

—Feodora —dijo ella sin un rastro de sonrisa en su rostro—. Necesito hablar con usted.

Se detuvo sorprendido antes de dejarla pasar en la habitación. Debía saber sobre Mikhail y él para visitarle así. Pero, ¿cuánto sabía? ¿Y por qué estaba aquí?

—Debe estarse preguntando por qué estoy aquí —le preguntó ella mientras se sentaba en el sofá.

—Sí, tengo curiosidad —respondió Fei tranquilamente, sus ojos amatista se entornaron mientras trataba de descubrir el motivo de su visita.

Feodora guardó silencio y estudió al hombre frente a ella. Fei Long de verdad era impresionante. Incluso ahora que lucía un poco pálido era hermoso.

Respiró profundamente y miró fijamente aquellos ojos amatista mientras le preguntaba:

—¿Lo ama?

Esa pregunta le sorprendió hasta el punto de hacerle perder ligeramente el equilibrio.

—¿Disculpe?

—A Mikhail —aclaró, sus ojos le decían que estaba decidida a obtener respuestas.

Completamente desconcertado por su franqueza, hizo una pausa para serenarse y miró aquellos hermosos ojos azules. Mikhail ciertamente sabía cómo elegir a su mujer. Feodora estaba lejos de ser normal. No era solo hermosa, sino que tenía el valor de mirarle a los ojos y exigirle una respuesta de manera majestuosa.

—¿Por qué le importa? —preguntó calmadamente.

Sin importar cuánto odiara decirlo, tuvo que forzar aquellas palabras por su boca.

—Porque él lo ama.

Una sonrisa triste se extendió por aquel hermoso rostro. Fei Long le dio la espalda y dijo quedamente:

—De alguna manera, eso es algo que me parece difícil de creer.

—Bueno, créalo. —Su voz se endureció—. Usted me lo robó.

Como si ya no fuera suficientemente doloroso, ella tenía que venir aquí y tirarle esas palabras en el rostro, obligándole a decir lo que tenía que ser la cosa más difícil de admitir para él.

—Él la eligió.

Ella lo miró, ahora con lágrimas brotando de sus ojos.

—No lo hizo. —Su voz comenzó a temblar mientras apretaba la mano en un puño—. Fue una prueba. Me usó para probarlo. ¡A mí! ¿Entiende?

Lágrimas rodaban por sus mejillas mientras trataba de dejar de temblar, sin embargo, sus emociones la abrumaron por completo.

—Por quince años he estado ahí para él, durante quince años lo he amado con todo lo que tengo y justo ahora tenía que verlo ante mis ojos quebrándose por usted. ¿Cómo puede simplemente estar ahí y decirme que él no lo ama? —Lágrimas brotaban desde lo más profundo de su corazón, lo que le estaba confesando era algo que se había guardado por mucho tiempo.

Fei Long la escuchaba en silencio, dándole tiempo para llorar. Si tan solo pudiera llorar así. Si solo fuera igual de sincero consigo mismo. Si solo Mikhail le amara como ella decía.

Feodora se secó las lágrimas mientras trataba de calmarse lo suficiente como para continuar.

—Sabe, yo nunca dejaría a Mikhail, a menos de que fuera por su propio bien. Si lo ama, aunque solo sea con una pequeña parte de su corazón, entonces le ruego que vaya con él y me libere. Pero si no lo ama, entonces espero que sea lo suficientemente decente como para dejarlo ir.

Se levantó lentamente del sofá y se mostró lo más imponente que pudo.

—Eso es lo que he venido a decirle.

Fei Long la escoltó hasta afuera de la habitación con el corazón encogido. Por mucho que se compadecía por ella la admiraba por tener el valor de confrontarlo sobre esto. Esta era una mujer perfecta para Mikhail. Perfecta en todos los sentidos.

Justo antes de irse volteó y se detuvo un momento mientras miraba su cuello parcialmente expuesto.

—Usted tiene la llave. —Hizo un gesto hacia el pendiente cilíndrico—. Se la dio a usted, ¿cierto?

Fei Long asintió ligeramente en respuesta.

—Todavía lo lleva puesto, ¿sabe? —dijo en voz baja—. El brazalete. —Su voz comenzó a temblar nuevamente y lágrimas amenazaron con llenar sus azules ojos mientras hablaba. Nunca supo que Mikhail había comprado la llave con el brazalete. Ahora conocía la magnitud de su amor por el hombre frente a ella—.Todos los días, Fei Long. Todos los días.


Mikhail se quitó la corbata mientras veía al último invitado salir del salón. Era tarde y estaba cansado aunque sabía que no sería capaz de dormir. Solo en el salón, agarró una copa y se sirvió un poco de vino antes de sentarse en el piano de cola y empezar a tocar.

—Es un poco tarde para beber, ¿no? —Una voz familiar sonó desde la entrada.

Mikhail levantó la mirada y sonrió sarcásticamente.

—¿Y a ti qué carajo te importa lo que haga?

Fei Long salió de las sombras y se encaminó hacia él. Frente a Mikhail, apoyó el codo sobre el esmalte sin defectos del piano y pasó una mano por su cabello.

—¿Podemos dejar de hacernos esto?

Mikhail dejó de tocar y levantó la vista de las teclas de marfil.

—¿De hacer qué exactamente?

—Esto. —Miró en aquellos ojos azules con absoluta sinceridad—. Lastimarnos el uno al otro.

—¿El uno al otro? —Suspiró profundamente y rio entre dientes—. No fui yo exactamente quien fue a cogerse a otro mientras estábamos juntos, Fei.

Aquellas palabras le atravesaron el corazón como una navaja afilada. Se preguntó si Mikhail alguna vez le perdonaría por lo que había sucedido en Japón. Se preguntó si incluso sería capaz de perdonarse él mismo.

—Si te hace sentir mejor, no fue precisamente agradable tener las manos atadas en mi espalda y sus manos jalando mi cabello. —Sonrió para sí con lástima. Si solo Mikhail supiera lo mucho que quería retroceder el tiempo y cambiar todo lo que había sucedido aquel día.

Mikhail levantó la mirada y lo observó con terror en sus ojos al comprender lo que Fei estaba tratando de decir.

—¿Qué quieres decir?

Fei Long simplemente se limitó a mirarlo en silencio como respuesta. No quería decirlo. No podía, no sin traer de regreso el horrible recuerdo de aquel día.

Observó a Mikhail pasar por una serie de conmovedoras emociones. De la ira al odio y después un rastro de decepción apareció en sus ojos azules.

—Y sin embargo, lo dejaste vivir.

—Créeme, no pasa un solo día sin que me odie por ello —dijo con una sonrisa triste. Incluso ahora tal vez no sería capaz de matar a Asami. Por patético que pareciera, era la pura verdad—. No niego que tengo problemas sin resolver con Asami y hasta que los resuelva no seré capaz de matarlo. Pero ese soy yo. Y tú ya deberías saberlo. —Se acercó y se detuvo justo en frente de Mikhail, pasando sus manos por los rizos dorados que adoraba más que a nada—. Pero este también soy yo, parado aquí frente a ti, por mi propia voluntad, pidiéndote una oportunidad más para esto. Para nosotros.

Se preguntó si Fei Long sabía que estaba listo para estar de rodillas tan solo por escuchar estas palabras, lo supiera o no era totalmente cierto. Tan herido como estaba e incluso sabiendo que se expondría a ser herido una y otra vez por Fei Long, estaba más que dispuesto a saltar de nuevo en aquella relación. Sin embargo, aún había un asunto que atormentaba su corazón.

—¿Y Alexei?

—Necesitaba a Alexei para entrar en tu casa. Y ya conoces a tu hermano.

Mikhail sonrió mientras cogía las muñecas de Fei y besaba aquellas elegantes manos que estaban acariciando cariñosamente su cabello.

—Ya conozco a mi hermano.

Fue estúpido pensar que alguna vez podría dejar a Fei Long, estúpido incluso pensar que podría soportarlo.

Mikhail se levantó y besó aquellos labios dulcemente mientras sus manos acariciaban las delicadas mejillas amorosamente. Cerró los ojos y degustó el sabor correcto en su boca, el sabor sin el que sería incapaz de vivir.

—Soy un adicto. —Hizo una pausa y le volvió a besar—. A esto. A ti.

Fei Long le dio una dulce sonrisa, una sonrisa que llenó el corazón de Mikhail de alegría, la sonrisa que solo solía reservar para Tao.

—Nunca vuelvas a dejarme —le susurró mientras presionaba sus labios contra los de Mikhail. Lo necesitaba. Necesitaba ser besado por esos labios, sentir la piel de Mikhail en la suya, ser amado, de la manera en que Mikhail le amaba.

Con un movimiento rápido, Mikhail lo levantó sobre el piano, sus manos desabrocharon los botones del changshan de Fei apresuradamente, como si no pudiera esperar ni un minuto más por besar la piel debajo. Tener a Fei Long de nuevo en sus brazos era todo lo que deseaba.

Mikhail besó su nuca y se ganó un gemido familiar que se la puso tan dura como para venirse en cualquier minuto. Estar lejos de Fei Long era una mala idea. Estaba en sus límites. Para Fei Long no era diferente, estaba seguro. Lo conocía demasiado bien. El cuerpo en sus brazos se había vuelto más sensible de lo habitual, temblando violentamente con cada caricia, gimiendo con una intensidad que le arrancó su autocontrol por completo.

—Mikhail —habló Fei Long bajo pesadas y desiguales respiraciones, sus manos jalaron la camisa de Mikhail impacientemente—. Tómame.

Enterró su rostro en el cabello de Fei, besando y mordiendo aquel elegante cuello mientras trataba de contenerse por no destrozar aquel hermoso cuerpo. El dolor en su vientre se estaba tornando insoportable, sin embargo quería tomarse su tiempo con Fei, darle todo lo que tenía, todo lo que le aseguraría un lugar en su corazón.

—¡Maldita sea, Mikhail! —Fei Long apartó el rostro de Mikhail de su cuerpo con frustración, sus manos jalaron aquellos rizos mientras temblaba incontrolablemente por su propio deseo—. ¿Hasta cuándo seguirás torturándome? Te necesito ahora.

No había nada más seductor que ver lo mucho que Fei Long le deseaba. Podía renunciar al mundo por esto, solo por ver esa mirada en su rostro.

Bajó los pantalones de seda de Fei bajo el dorado changshan mientras se sentaba en el banco del piano. Sus manos delinearon la suavidad de aquellas largas y elegantes piernas mientras besaba la suave piel en el interior de su muslo, a lo que Fei Long gimió de agonía. Podía sentir cada músculo de aquel cuerpo tensarse bajo su tacto. Cerró los ojos y se sumergió en el placer de escuchar a Fei Long gemir impotente mientras deslizaba sus dedos para preparar a su amante.

Fei Long agarró su cabello y jaló de él parándolo del banco del piano mientras hablaba entre dientes: «ahora». Esa hermosa voz temblaba con un deseo tan fuerte que tuvo que ceder.

—Ahhh... —Arqueó la espalda y gimió fuertemente mientras Mikhail entraba en él con toda su longitud. Milkhail mantuvo los ojos fijos en aquel hermoso rostro mientras lo sacaba y se empujaba una y otra vez. Sus manos se envolvieron alrededor de la erección de Fei mientras veía su rostro retorcerse de manera intensa cada vez que movía su mano y su empuje. Fei Long se aferró a él con sus brazos alrededor de su cuello y echó la cabeza hacia atrás mientras se venía, emitiendo un sonido que fue suficiente para hacer correr a Mikhail segundos más tarde.

En el pasillo afuera del salón, Alexei permanecía con la espalda contra la pared y un puro cubano en su boca, escuchando los sonidos que se había reducido de fuertes gemidos mientras alcanzaban el clímax, a solo pesadas respiraciones de dos personas aferrándose el uno al otro.

Sonrió mientras inhalaba el dulce aroma de su habano.

Esto todavía no había terminado. Estaba lejos de terminar.