Yuri on Ice y sus personajes no me pertenecen.

Cap 13: El bailarín y su Eros


San Petersburgo, Mayo 2016

En el hogar de Lilia, la cena fue servida y en silencio, todos se dedicaron a comer. Yakov no hizo comentario alguno de lo sucedido en la mañana dentro de la práctica; sin embargo, el ambiente se sentía tenso ya que Yuri Plisetsky lucía irritado y Yuuri Katsuki permanecía aún golpeado tras haber presenciado el ágape de Víctor. Nadie quiso mencionarlo.

Sin mucho más que hacer, Yuuri se levantó de la mesa y recogió sus platos, no sin antes agradecer a Lilia por la comida. Se asomó de nuevo al comedor para notar que tanto Yakov como Yuri se habían retirado, por lo que aprovechó para buscar los otros platos con la intención de dejar toda la cocina limpia. Yuuri debía admitirse que estaba tratando que encontrarse a solas para no tener que explicar nada. Había temido que Yakov o Yuri hicieran un comentario respecto a sus lágrimas en la pista.

Sin embargo, no pudo evadir por mucho tiempo la mirada atenta de Lilia, quien estuvo observando y calculando cada uno de sus movimientos. Ella no le había mencionado nada de las repentinas lágrimas que lo embaucaron en la pista, pero Yuuri sabía que no tardaría en hacerlo. Había intentado durante el resto del día cumplir con su agenda y trabajar duro para cubrir con las prácticas los ensayos; ya que faltaba poco para su debut como Romeo. Pero debía asumir que su concentración se vio menguada.

Suspirando, Yuuri se apresuró a empezar a lavar los platos aun a sabiendas de la presencia intimidante de Lilia a su espalda. Podía sentir la mirada potente clavada en su nuca, y prefirió no hacer nada más que esperar el momento en que viniera el interrogatorio.

Aunque ya sabía de sobra que nunca lo iniciaría Lilia.

—¿Está enojada? —se animó a preguntar, mientras dejaba un par de cubiertos recién lavados a un lado del platero. La mujer se limitó a suspirar.

—No. Estoy preocupada. —Escuchó los pasos de Lilia acercarse y fue inevitable voltear. Se enfrentó a esos ojos serenos y fijos que le miraron con atención—. Tengo años conociéndote, Katsuki, y pocas veces te he visto llorar.

—Lloré cuando fue a buscarme por… no asistir a los ensayos —le recordó, ligeramente avergonzado. Lilia siquiera se inmutó por ello.

—¿Qué ocurrió? Y sabes bien a lo que me refiero.

Yuuri no tuvo razones para extender más esa conversación, así que se retiró los guantes húmedos y los dejó acomodados en el filo del lavado. Mantuvo la mirada agachada mientras removía sus pies inquietos y apretaba sus dedos. Lilia no dejó de observarlo.

—Recordé mi casa —susurró en un tono intimo—. A mis padres, a Mari… mi maestra Minako, incluso a Yuko y Takeshi… sus hijas deben estar enormes. Me acordé de ellos… del onsen, del katsudon…

—Te he dicho que puedes aprovechar la baja temporada para ir a verlos.

—No quise hacerlo, no hasta lograr mi sueño. —Lilia renegó y dejó salir el aire. La terquedad de su alumno podría ser tanto una ventaja como un verdadero problema.

—Yuuri, ya debutaste como protagonista el año pasado.

—No es suficiente…

—Nunca será suficiente para ti.

La aseveración fue dura, pero necesaria. Yuuri apretó sus labios ya mordidos antes de sentir el toque suave de Lilia en su mentón, invitándole a levantar sus ojos. Con un gesto tímido, alzó el rostro y fijó su mirada en la expresión férrea de Lilia, en los irises llenos de experiencia y la estoica serenidad. No pudo evitar tragar grueso y saborear ese silencio. Apenas se escuchaba el golpeteo de una gotera que denotaba que no había cerrado bien la llave.

—Eres uno de mis mejores alumnos: de mis bailarines, sin duda el mejor —mencionó con orgullo en el pecho y Yuuri se contagió de eso sensación—. Tu terquedad es una de tus fortalezas, tu entrega y perseverancia te ha permitido llegar hasta aquí. Tienes sueños muy claros, metas que quieres alcanzar y eso lo admiro de ti, Yuuri. Tú nunca te detienes. —Calló. Yuuri saboreó ahora el espacio en blanco que Lilia dejaba en el aire mientras tomaba oxígeno. Sus ojos temblaron, porque supieron, pudieron leer lo que ya venía—. Pero estás siendo muy duro contigo mismo, Yuuri. Te prohíbo condicionar tu vida con base a tus logros.

Bajó su rostro en cuanto sintió los dedos de Lilia abandonar el toque sobre su piel. Sabía que ella tenía razón, que estaba preocupada de forma genuina, y que una parte de él deseaba darse la oportunidad, de nuevo, de ver a su familia. Pero entendía que parte de los sacrificios que debía entregar para poder lograr sus sueños era ese, y que no era lo suficiente aún. Que requería presentarse a su familia como el mejor, y pese a los logros alcanzados, él seguía considerándose un bailarín como cualquier otro. Claro que sí, reconocía sus victorias y sus aciertos y sabía que Lilia tenía que luchar constantemente contra su inseguridad, pero comparado a otros, aún le faltaba. Si dejara de pensar así dejaría de crecer.

Lilia lo apartó de su camino, se acercó al mesón y tomó los guantes para cubrir sus manos anilladas. Convencido de que debía ser él quien se encargara de los platos esa noche, Yuuri intentó evitarlo, pero Lilia no se lo permitió. Tomó la esponja enjabonada y comenzó a fregar la vajilla sin mayor emotividad.

—¿Cuándo fue la última vez que hablaste con tu madre?

—Hace dos días —confesó, ahora jugando con sus manos inquietas—. Hablé también con mi maestra Minako.

—¿Te han dicho que no vuelvas a Japón hasta conseguir tu debut en The Royal Ballet? —renegó—. Entonces no es necesario esperar.

—Le prometí a mi maestra Minako que lograría ser el premier danseur del The Royal Ballet, como ella fue la prima ballerina. Y que ganaría el Benois de la Danse.

—Eres el premier danseurs del ballet de Bolshoi, Yuuri. No necesitas ganar el título en otro ballet del mundo, cuando ya estás consagrado por la mayor compañía rusa. El Benois de la Danse llegara antes de lo que esperas.

Pero ella no podía detener la mirada de Yuuri más allá de Rusia, y consciente de ello, se limitó a suspirar. Terminó de lavar los platos de la cena, se quitó los guantes, y tomó con sus manos frías el rostro redondo de Yuuri para volver a llamar su atención. Siempre, manteniendo esa seriedad que estaba casi tatuada en su rostro. Los ojos caídos de Yuuri le devolvieron la mirada.

—En verano, irás a Japón. —Yuuri la miró con sorpresa—. Después de tu debut como Romeo, tu tarea será coordinar nuestro viaje a Japón.

—¿Nuestro viaje?

—Por supuesto, también necesito vacaciones.

Aún aturdido con la revelación, se quedó en silencio mientras la mujer salía de la cocina. La idea de ir con Lilia a Japón, a ver a sus padres y en verano, sonaba tan surreal que apenas pudo contener, supo tarde, el calor que emergió llenando de rojo a su rostro y de brillo a sus ojos marrones. Se había emocionado, Yuuri se había entusiasmado genuinamente con la perspectiva. Quería llevarla, quería presentarle a sus padres, quería mostrarle el lugar donde empezó a bailar, el castillo ninja y también la pista de hielo de Hasetsu donde pasó sus primeros años. ¿A Lilia le gustaría el katsudon? Sus dedos sobre sus mejillas temblaron mientras miraba aquel futuro hipotético materializarse ante sus ojos.

La voz de mando de su superior lo sacó de la ensoñación. Yuuri corrió por el pasillo para alcanzarla, ahora que ella se dirigía hasta el salón de práctica que estaban usando para perfeccionar el programa Eros que Yuuri tendría que mostrarle a Víctor en cuestión de días. Al parecer se había distraído lo suficiente como para darle tiempo a Lilia de quitar el maquillaje de su rostro y cambiarse por ropa mucho más cómoda, sin dejar su recta postura y su inigualable presencia. Incluso así, con el cabello suelto, Lilia no perdía un ápice de su gracia femenina.

Siguiendo las instrucciones de la ex prima ballerina de Bolshoi; Yuuri inició con el calentamiento principal, aprovechando que ya estaba vestido para esa práctica. Se había dado un baño antes de la cena, y sabía que tendría que darse otro antes de dormir, pero aún tenía energías para ello. Su aguante físico era una de sus mayores cualidades; le había servido de mucho para poder romper con la distancia que existía entre los otros jóvenes bailarines cuando llegó a Rusia. Lilia sabía cómo aprovecharlo, aunque estaba al pendiente de que su mejor alumno de esa época no corriera el peligro de alguna lesión.

La voz de Lilia, con fuerza y vitalidad, era un impulso que Yuuri no podía detener en medio de las prácticas. Mientras se movía con fluidez en la pista, con la música de Eros sonando entre las paredes, la escuchaba a ella corrigiendo sus movimientos y su expresión, inyectando a su vez tonelada de confianza. La combinación de la secuencia incluía movimientos típicos del flamenco y el tango, bailes que Yuuri también dominaba. Además de su beca en la escuela de danza de Bolshoi, había incluido también preparación en otros ritmos y bailes para convertirse en un bailarín de amplio espectro. Así, mientras él se movía en medio del salón, jugando con su cuerpo conforme hacía formas hermosas con el movimiento de sus extremidades, también estaba la técnica rusa que le daba el equilibrio, la fuerza y la elegancia. Saltaba con fluidez en medio de los ritmos peninsulares, giraba con gracia sobre sus puntas y su rostro mostraba las expresiones embebidas en el papel que había decidido tomar.

—¡Quiero que me seduzcas, Yuuri!

La escuchaba decir con tono fuerte, mientras él se movía apuntando sus manos hacía ella. Con cada movimiento los músculos de sus piernas, brazos y espalda se marcaban para denotar la belleza del cuerpo del bailarín encerrada en unas mallas blancas.

—¡No es suficiente! Muévete con gracia, ¡suelta las caderas! ¡Eres la mujer más hermosa del pueblo!

Yuuri cerraba sus ojos al escucharla. Entre abría sus labios mientras se imaginaba vestido con ropajes esponjosos y vivaces al rojo vivo, con vuelos que se movían al ritmo de sus piernas, y el viento que atraía la brisa mediterránea del mar. Casi podía escuchar el tintineo de sus joyas adornando su cuello y sus orejas, el chocar de los brazaletes y pulseras en sus muñecas. Yuuri se podía ver como la mujer que caminaba entre el bazar de la ciudad, mirando desde lejos y con fascinación al nuevo visitante del pueblo.

—¡Mírame Yuuri! ¡El casanova te mirará por la confianza que hay en tus ojos! ¡Mírame ahora, yo soy el casanova! ¡Invitame a bailar, mueve tus muñecas, desliza tus dedos, invítame a caer!

Lilia alzaba la voz, dando órdenes militares que Yuuri no tardaba en obedecer. Así, el casanova no podrá resistirse, no. Porque Yuuri era la mujer más preciosa del pueblo, la más confiada, la que sabía quién era y tenía pasión suficiente para encenderlos a todo. La más deseada, la jamás alcanzada. Yuuri se movía sabiendo que era la doncella la que seducirá al casanova, quien lo haría caer en la tentación. Lo tendría con ella porque así ella lo había decidido…

Durante esas noches de prácticas, Lilia vio emerger en Yuuri esa prima ballerina que haría eclipsar a cualquiera que estuviera en el teatro en ese momento. Su corazón tambaleó de orgullo mirando el Eros evolucionar en los movimientos de su bailarín. La incomodidad e inseguridad del inicio fue mutando y transformando la figura de Yuuri en algo difícil de ignorar: el arte se movía en sus dedos, la música sonaba en sus caderas y la fuerza vibraba en sus muslos.

Avanzado los ensayos, Lilia avanzó con un dedo sobre su labio, con una idea en mente.

—Yuuri, hagamos un cambio. —En ese instante, Yuuri estaba en el centro del salón, agitado por el esfuerzo y con sus piernas temblando producto de las largas prácticas a las que se extendían en la noche. Incluso Lilia ya empezaba a resentir las horas de más que trabajaba con su estudiante—. La doncella no será la abandonada, no. Ella abandonará al casanova.

Yuuri le dio espacio a la mujer para mostrar la idea, que casi de inmediato, le contagió de deseos de llevarla a cabo. Lilia, dejando de lado el paño que llevaba en su hombro, tomó la penúltima posición de la secuencia para luego emular con la elegancia dada por los años y la experiencia, la nueva figura que debería Yuuri imitar para demostrar el momento del desprendimiento.

—El casanova está acostumbrado a lograr su objetivo. Pero esta doncella no será parte de su lista —dijo Lilia. El brazo izquierdo estaba extendido en señal de abandonar un abrazo, la mano derecha fue flexionada sobre su pierna como si estuviera moviendo su larga falda para salir y alejarse de él. El rostro por sobre el hombro reflejaba la expresión activa. La vaga sonrisa traicionera con la que la doncella revelaba, al final, las verdaderas intenciones de ella ante el casanova.

—Ella lo hizo desde el inicio —susurró Yuuri al entenderlo.

—Así es. Porque si el casanova encuentra su objetivo…

—Perderá la pasión... —La sonrisa confiada de Lilia estuvo en sus labios mientras se apartaba del salón, para darle el espacio a Yuuri. Se dirigió hacia el reproductor y volvió a cruzarse de brazos mientras escuchaba a su alumno comprender el cambio—. Tiene que permanecer inalcanzable para que el casanova no pierda su amor por ella.

—Así es, para alguien que está acostumbrado a ganar, debe encontrar el mayor reto de su vida.

Indicó la repetición del programa, con un par de aplausos en el aire. Y fue mayor su sorpresa cuando vio, en un parpadeo, a Yuuri cambiar el final del programa tal como lo había pedido, eliminando la idea de la mano extendía hacia el casanova suplicando que regresara, para adoptar la de darle la espalda como si fuera ella quien lo abandonara en el silencio. Sus ojos, orgullosos por el reciente cambio, se quedaron fijos en la forma en que el sudor suave dejaba un brillo lascivo en el mentón de su alumno.

Supo que Eros ya estaba terminado.

—¿Ya está? —Escuchó tras la línea, después de haberse metido en la cama con el teléfono pegado a su oreja. Yuuri escuchaba el entusiasmo de Víctor quien, tras recibir su mensaje afirmando que el programa ya estaba terminado, de inmediato le llamó muy a pesar de la hora.

—Sí, lamento haberte despertado. Solo quería avisarte; pensé que lo leerías hasta mañana.

—No estaba durmiendo, me quedé leyendo un poco antes de acostarme. Necesito inspirarme. —Yuuri se puso de lado, y dejó que Vicchan empezara a removerse bajo las sábanas para pegarse a su brazo con toda su peluda figura—. Me alegra saber que lo acabaste. Yuri comentó que tenías problema con él.

—Bueno… no es una presentación sencilla, pero Lilia fue de mucha ayuda.

—¿Entonces puedo ir a verla mañana?

—¿Puede ser el sábado? Quisiera ensayarla una vez más a solas… y descansar un poco. —Se le escapó un bostezo y tapó sus labios esperando que no hubiera sido evidente en la llamada. Pero lo fue, a juzgar por la pequeña risa de Victor.

—Está bien, esperaré hasta pasado mañana entonces. Duerme bien, bello durmiente. —Yuuri hizo un "ummm" en la línea, ya demasiado cansado como para continuar la conversación. Víctor rio en el teléfono, y su voz se hizo mucho más íntima—. Tengo la impresión de que te gusta dormir, Yuuri.

No pudo recordar sí habló algo más tras eso, solo supo que se quedó profundamente dormido y soñó con aquel programa que tenía que mostrar frente a Víctor. La música sonaba de fondo. Entre los pasillos de aquel boulevard, Yuuri veía a Víctor llegar con un traje completamente negro, dispuesto a conquistar cuantos corazones encontraba en el camino. Él lo miraba entre los tarantines que se abrían paso en la calle con el sonido de las risas infantiles correteando en medio del juego de fondo. Admiraba la gracia y seducción del hombre que seducía con su sonrisa confiada, pero a su vez, lo quería para sí.

Entonces, sus miradas se encontraron. Al darse cuenta, ya no había tiendas ni vendedores en el medio que entorpecieran su caminar, sino que estaban frente a frente en una plazoleta, con instrumentos peninsulares resonando a sus espaldas. Cuerdas de guitarras, el sonido de la armónica, percusión y panderetas, los ritmos se hacían uno en medio de los aplausos rítmicos que seguían los tambores y la voz con modulación española.

Víctor iniciaba la secuencia. Se acercaba en medio de los zapateos con la seducción innata que lo caracterizaba y provocaba cientos de suspiros a su alrededor. Yuuri sentía que los pies se llenaban de fuego al ver la intensa mirada de Víctor sobre él. Pero no se iba a quedar atrás, iba a seguir los movimientos como la contraparte femenina. Yuuri empezó a bailar hacia atrás para realizar el cortejo de seducción que marcaba las notas de aquel baile, vestido con un pantalón negro que entallaba su figura y la camisa roja que se movía fluidamente al ritmo de sus pasos.

Se acercaba a él, Yuuri le tocaba su hombro y dejaba caer la caricia por el brazo antes de empujar y alejarse unos pasos para volver a encontrarse con sus ojos. Imponía distancia y jugaba con el flirteo a través del espacio, le dirigía sonrisas y miradas de soslayo llenas de picardías para atraer así su atención. Promovía el acercamiento con los giros, permitía que Víctor posara la mano en su cintura. Le palpaba el pecho caliente y húmedo, se acercaba con la sangre vibrando bajo su piel, respiraba su perfume hasta casi rozar su nariz y se volvía a alejar, con chispas entre sus dedos. Los pasos eran claros, pero ellos parecían envueltos en su propio ambiente, entre la música, el aire, el calor del sol y del toque de sus manos que iban desde el pecho a la cadera, de la espalda al cuello, del cabello a la mejilla.

Al despertar, en medio de un sobresalto, su corazón palpitaba con fuerza y se encontró completamente sudado. Podía recordar con claridad el sueño, aunque en un momento se volvió anómalo y explosivo, solo un cóctel de sensaciones donde la música siguió siendo parte, pero sonaba a través de sus cuerpos. Yuuri se sentó en la cama y vio con vergüenza lo que el sueño había provocado en su cuerpo; ante la sorpresa, se llevó las manos a la cara al sentirla hervir. No era un niño como para no saber lo que había ocurrido, pero en medio de la tribulación lo único que quiso fue esconderse bajo las sábanas. Luego rio… ¡hacía tanto que no pasaba! Con vergüenza tiñendo el pasmo, Yuuri se permitió una sonrisa.

—Es el eros de Victor… —adjudicó. Si lograba hacer que Víctor bailara como lo había hecho en su sueño, el programa del patinador estaría listo para ganar medallas. Aquello aceleró sus pálpitos más que los estragos que quedaron después de ese sueño húmedo.

Su objetivo era claro, quería que Víctor sacara toda esa pasión a través de su patinaje, que hallara un sentido nuevo a su rutina, que volviera a sorprender siendo quien siempre había sido.

En la mañana, Lilia no dejó de hablar de lo orgullosa que estaba al haberse culminado el programa y lo mucho que esperaba que ya se le entregara a Víctor, para que Yuuri pudiera concentrarse en la presentación que sería en cuestión de pocas semanas. Yuuri miró con curiosidad la tensión que Yuri Plisetsky demostró en la mesa al saber que el programa Eros estaba terminado, más no comentó nada, respetó su silencio. En vez de ello, prefirió dedicarse a seguir su rutina: las prácticas pautadas, los horarios de ensayos, incluso los que tenía que compartir con Plisetsky cuando se trataba de repetir a Appassionato.

Para la noche, los últimos ensayos de Eros demostraron que Yuuri ya lo dominaba, y por la mirada de Lilia, la ejecución era digna de sus altos estándares de belleza. La mujer sonreía de una forma que pocas veces se le veía, y cuando acabó la cuarta repetición, aplaudió con seguridad mientras se acercaba con un paño colgando de su hombro. Con un asentimiento le dio su visto bueno, con el que Yuuri podía sentirse confiado de presentar la rutina frente a la leyenda.

El sábado llegó y ya todo estaba preparado para ese momento. Por órdenes de Yakov, se haría la presentación del programa en la tarde, después de las prácticas con su equipo. Lilia aceptó y puso su casa a disposición para ese momento. Fue muy clara con Yakov y con Víctor al respeto; el bailarín ejecutaría la secuencia y estaba confiada de que no necesitaría repetirla días tras días como con Plisetsky para que el genio supiera aprovecharla. Víctor, quien acababa de llegar a la mansión, aceptó que no necesitaría de Yuuri como bailarín para la rutina después de verla. Caminaron juntos hasta el salón, incluso Yuri Plisetsky se unió a ellos, aunque mantenía la distancia y se veía renuente de estar allí.

El sonido de la puerta alertó a Yuuri, quien de inmediato soltó la barra para ir a cubrir su malla enteriza negra con una camisa roja y suelta que realzaba el color marrón de su mirada. Lilia caminó con elegancia en medio del salón, mantenía su expresión serena y un dedo que casi rozaba el borde de sus labios. La presencia de ella ayudaba en mucho a que Yuuri pudiera controlar los nacientes síntomas del nerviosismo.

—Como ya he dicho, supongo que un genio en la pista como Nikiforov no necesitará que mi premier danseur le presenta más de una vez este programa. Espero que cuando veas la interpretación de mi bailarín encuentres lo que necesites para terminar de preparar tus presentaciones. —Lilia se movió en el salón para darle espacio a Yuuri, quien ya ocupaba el centro entre los espejos. Víctor sonrió.

—Estoy seguro de que Yuuri sabrá sorprenderme. —El aludido subió la mirada para establecer contacto visual, más no se esperó el guiño coqueto de Víctor, que fue capaz de enrojecerlo casi al instante—. Sedúceme, Yuuri.

«Sedúceme, Yuuri»

Yuuri tragó grueso y tuvo que cerrar sus ojos para controlar la manera en que todo su cuerpo empezó a vibrar. Se concentró en recoger suficiente aire para luego dejarlo salir con calma. En medio del silencio dentro de sí, escuchó en su mente el conteo regresivo mientras se preparaba para demostrar lo que había estado ensayando incansablemente durante esa semana. Respiró… exhaló. Dejó caer sus brazos a cada lado del cuerpo e inclinó el peso de su cuerpo hacia su pierna derecha, movimiento que alzó su cadera al lado derecho para emular una curva que la camisa roja no permitió ver, pero que se pudo adivinar.

Cuando las cuerdas resonaron, Yuuri abrió los ojos y sus brazos empezaron a moverse sobre su cuerpo, imitando una caricia fantasmal que no llegó a ser. Sus brazos se levantaron, dieron una vuelta sobre su cabeza mientras se dejaba llevar por la música y sus manos pasaron cerca de su rostro en el momento en que enfocaba sus ojos para buscar aquella mirada. Le sonrió.

La doncella estaba allí.


Notas de autor: Esta historia… xDDDD me hace soñar mucho con ella, debo admitir que me emociona mucho y por eso quise retomarla, aunque para ello tuve que organizar mis horarios con Matryoshka. Ahora vamos a ver al Eros de Yuuri emerger, ¿qué pensará Víctor cuando vea su interpretación? Voy dejando señales para un pequeño nudo que viene en la historia, no sé si alguien ya se ha dado cuenta de ello. Porque claro, Yuuri Katsuki no solo le dio Amor y Vida a Víctor, según palabras de Víctor en el capítulo 11 del anime, ¿no?

Agradezco mucho los bonitos comentarios que encuentro con este trabajo y sus buenos deseos, me hace muy feliz. ¡Espero que puedan disfrutar de esta historia hasta el final! Lamentablemente, no puedo promocionarla en varios grupos netamente victuuri porque me he encontrado muchas trabas (desde el hecho de que haya una escena VicChris, hasta el hecho de haber escrito otras parejas con Víctor y Yuuri en otros trabajos), así que si pueden ustedes promocionarla entre las que saben les gusta el genero y la pareja, ¡bienvenido sea! Me apoyarán muchísimo.

Nos vemos el próximo martes ;)


Malitar: Muchas gracias por dejarme tu comentario. Me ocurre lo mismo al escribir este fic, me llena de calma, de nostalgia y un sentimiento dulce. Me alegra saber que puedo transmitir eso mismo. Sí, quería enfrentar a Yuri contra esa idea, porque a pesar de que Yuuri no sea el rival en el hielo, tiene que ser el que le impulse a darse cuenta de que necesita más. Estoy buscando llevarlo a un quiebre equivalente al evento de las aguas termales que propició Víctor en el anime.

Sí, me alegra que se pueda notar esa diferencia entre ellos dos, porque creo que fue el inicio de lo que terminó juntándolos irremediablemente. Yuuri es como una caja de sorpresas para Víctor, y está empezando a darse cuenta de ello, que no puede clasificarlo en un solo lugar, que tiene mil matices, como los colores cuando la luz que se abre en un cristal. De allí el efecto del nombre del fic. Espero que te guste la continuación.

zryvanierkic: Jajaja ¡me alegro de que te gustara la nueva interpretación del katsudon! Quería otro paralelismo allí, más adecuado a su actual situación. LYuuri extraña a su casa, su familia, su madre, y, por ende, lo que representa ese katsudon hogareño. Así que este plato pasaría ser el ágape. Creo que Yuuri hizo la comparación del eros con katsudon por una cosa interesante: lo anhelaba mucho, lo tenía en frente, pero debía reprimirse porque no era correcto. Algo que me hace analizar muy a fondo que era lo que Yuuri veía en ese momento de sus deseos sexuales.

¡Me alegra mucho que te haya gustado!

Mariboo: Aowww espero que no sea demasiada azúcar para ti xD Me alegra mucho que te guste como voy llevando de las manos las personalidades de ambos. No quiero que se pierdan, porque si bien es un AU divergentes, los hechos no han sido tan drásticos como para cambiar por completo su forma de actuar. Víctor debe seguir siendo el mismo Víctor, solo Yuuri es quien mostrará algunos cambios con la presencia de Lilia en su vida.

Me alegro de que te entusiasme tanto esta idea y estoy igual que tú, ¡muero por escribir ese primer beso! ¡Espero de corazón que puedas seguir disfrutando de sus avances!