Theo Nott no solía involucrarse mucho con las demás personas, le bastaba y sobraba con Pansy, Blaise y Draco, e incluso con Daphne aunque no quisiera admitirlo en voz alta. Él era una persona extraña y se sentía cómodo así, nunca le había interesado conocer a otras personas porque para él todos eran insípidos, predecibles, comunes, cada uno tenía algo que ya tenía otro y eso le aburría mortalmente, o por lo menos no se interesó en nadie en específico hasta cuarto año. Fue allí cuando adquirió esa obsesión con ella, con Hermione Granger.
Nunca le interesó mucho esa muchacha hasta aquel día en la biblioteca, siempre la veía en los pasillos, en los salones, en el gran comedor, siempre destacando por su inteligencia, por haber perdido puntos, por ser la amiga de Harry Potter o por ser el blanco de las burlas de Draco, pero hasta ese incidente no la vio con los ojos con los que ahora la veía.
Aquel día en la biblioteca, Theo estaba leyendo un tomo bastante grande de Historia de la fabricación de escobas que se encontró en uno de sus interminables recorridos por las estanterías del lugar, disfrutaba de la lectura porque era la única manera de entretener a su hábil y de por sí muy desarrollada mente, y aún más disfrutaba de leer en ese rincón apartado, en una de las mesas que jamás nadie usaría, ya sea por la poca iluminación o porque era una mesa destartalada, de cualquier manera, ese era el lugar más tranquilo para estudiar cuando no podía estar en la torre de astronomía por el mal tiempo o en su sala común por exceso de concurrencia. Era un día común y corriente, de esos en los que él se levantaba como siempre junto al sol y salía a caminar por los extensos terrenos del castillo, uno de esos días en que nada podía hacer ni cosquillas a su concentración, pero ese día que había empezado tan normal no tendría el mismo fin de siempre, porque ese día alguien destruyó su perfecta barrera mental y logro que él, Theo Nott, se desconcentrara, y no fue porque alguien le hablara, tampoco porque lo tocaran o mucho menos por que haya ruido incomodo en la biblioteca. No fue nada de eso, en cambio fue un pensamiento que se filtró en su ya tan entrenada mente de legeremantico. Y ese simple hecho hizo que él apartara la vista del libro y comenzara a buscar al dueño del pensamiento que logró flanquear su estoica barrera.
No fue difícil encontrarlo porque él no hacía mucho esfuerzo por esconder sus emociones, ni sus pensamientos y mucho peor, sus sentimientos. Era Viktor Krum, sentado a varias mesas de la suya con unos cuantos libros abiertos en la mesa que ocupaba y con una pluma en la mano, pero no estaba leyendo, ni escribiendo, ni estudiando, en cambio tenía la mirada en un punto en frente suyo y parecía que no apartaría la mirada en mucho tiempo. A Theo se le hizo interesante y siguió la línea de la mirada del jugador de Quidditch y se encontró con Hermione Granger sentada en la mesa que estaba pegada al ventanal, con un manojo de pergaminos, tinteros y libros en rededor suyo, tenía un centímetro en el cuello y una pluma grís en la mano. Cada cierto tiempo anotaba algo en el pergamino y volvía a enterrar la nariz en el libro de turno, lo que aparte de hacer que Theo rodase los ojos, hizo que hurgara mas en la simple mentalidad de Krum.
Él se sentía muy atraído por la chica de cabellera indomable, de alguna manera que Theo no entendía pero que quería comprender. Las preguntas no tardaron en hacerse presentes en la cabeza del Slytherin y sonrió de manera complacida y divertida. Le gustaban las preguntas de todo tipo y de toda magnitud, aún más las que formulaba su propia cabeza y que lo obligaban a amanecer pensando y a perder el apetito a causa de no saber la respuesta. Ese era el placer más simple que conocía, aparte de la música.
¿Por qué un jugador internacional de quidditch que por cierto tenia medio cerebro había hallado algo atractivo en una chica como Granger, en un par de semanas, cuando él mismo no había encontrado nada interesante en ella en tres años y medio que la conocía? ¿Cuál era el atractivo que ella tenía para tener a uno que otro Ravenclaw suspirando por ella?
Sin proponérselo, Hermione se convirtió en el objeto de su estudio todo ese año, y el año que siguió y el año que siguió, y sin darse cuenta se terminó interesando de más en ella. No quería sentirse atraído hacia una chica, porque no les veía ningún punto interesante al montón de chiquillas soñadoras y chillonas que abundaban en el colegio. Pero no tardó en darse cuenta de que para colmo de males de que ya se sentía muy atraído hacia Hermione, ella estaba hecha al molde que él pidió para su mujer. Era así de simple, esa castaña realista y estudiosa era exactamente el tipo de fémina que él idealizó para madre de sus hijos y su compañera de vida. Una muchacha que peleara por lo que consideraba justo, que defendía sus ideales contra viento y tempestad, que era fiel a sus amigos en las buenas y en las malas, que respetaba la reglas pero no dudaba en saltárselas para cuidar a esos dos idiotas que no la apreciaban como ella se lo merecía. Ella era orgullosa, brillante, tan distinta como él mismo, y aunque quisiera negarlo, esa muchacha le gustaba.
Y ese era un problema, Theo Nott era el tipo de chicos que conseguía lo que deseaba, no como Malfoy que era un consentido, él lo hacía por sus propios medios porque le gustaba retarse a si mismo y siempre salir triunfante. Pero ya le había dejado libre el pase a Malfoy para estar con ella pese a que todos sus instintos competitivos se retorcieran por la humillación, ya no podía cambiar sus palabras.
"En que momento me convertí en un puto hombre de palabra" se queja en su fuero interno, sigue tendido en su cama, sigue con el elegante traje con el que fue a la fiesta por Halloween, todavía siente el perfume dulce de Luna en su saco con el que la había abrigado, todavía no ha dormido desde que llegó, hace unos minutos oyó a Draco salir de la habitación y en la cabeza del rubio vio que iba a ver a Hermione. Sus ojos se entornaron.
Una Hermione que sabía cosas de más. Theo estaba seguro de que Hermione sospechaba, si no estaba segura, de las verdaderas intenciones del repentino acercamiento de los Slytherin a ella, y eso le preocupaba de una manera alarmante. Estaba consciente de que Draco estaba enamorado de ella, y también había visto la determinación en sus ojos grises de proteger a la chica que amaba. Claro, nadie más podría haberse dado cuenta, pero él no era como los demás, era observador y no necesito de legeremanca para enterarse de esas cosas, pero no solo había observado a su mejor amigo Draco, sino también a Hermione. Y por eso podía afirmar que ella sabía algo y que por algún motivo no se había alejado aún de ellos gritando que la estaban utilizando y demás.
"Ella trama algo, lo sabe pero hay algo que le impide alejarse de nosotros" fue el siguiente pensamiento seguro del pelinegro. Hermione sabía, y Theo sabía que ella lo sabía, pero de lo que no estaba enterado y era frustrante era del porqué ella no había regresado con sus amigos Gryffindor y mandado al averno la falsa amistad de las serpientes. No lo sabía, pero lo iba a averiguar, por las buenas o por las malas.
El día siguiente, más de la mitad del alumnado de quinto, sexto y sétimo año faltó a clase, algunos alegando dolor de cabeza, algunas chicas con ampollas en los pies y por último otra parte ni siquiera presentó una excusa.
Hermione y Draco despertaron a media hora del almuerzo, acurrucados el uno con el otro en la cama adoselada del salón de menesteres. Ella pegó el grito al cielo al constatar la hora y después de reprenderse a sí misma por su total falta de responsabilidad, obligó a Draco a levantarse e irse a su sala común.
-Pero ya no hay nada que puedas hacer, Hermione. –se quejó él negándose a despedirse.
-Lo sé, Draco, pero eso no quiere decir que no pueda ir a prestarme apuntes. –Respondió ella antes de tomar una de las toallas y dirigirse al cuarto de baño. Está por demás decir que ella estaba desesperada por haber perdido cuatro valiosas horas en clase, y que eso hacía que su humor se viera afectado.
-Está bien. –cedió el rubio y se acercó a ella para besarla. El beso tranquilizó un poco los nervios de la castaña que despidió a Draco con una sonrisa en la cara y más calmada. -¿Te veré en el almuerzo o te quedarás en la biblioteca?
Ella puso los ojos en blanco antes de responder: -Si, nos vemos en el almuerzo.
Cuando él se retiró, Hermione entró al baño, apresurada y luego de haberse bañado, cambiado y tener la bolsa de cuentas y la varita en la túnica, sacó la cadena dorada que colgaba en su cuello. Solo sería necesaria una vuelta y estaría de regreso a la hora del desayuno. Respiró hondo antes de soltar el reloj de arena y sentir ese habitual mareo que se hacía presente siempre que viajaba en el tiempo.
Las cosas en rededor suyo dejaron de moverse y cuando se dio cuenta, ella se encontraba parada al lado de la cama de doseles, pero esta estaba ocupada por dos figuras. Maldijo por no haber salido antes de usar el giratiempo, pero lo hecho, hecho estaba sí que de puntillas salió de la Sala de los Requerimientos y se encaminó al gran comedor.
Ni bien entró, supo que su viaje en el tiempo había sido lo más acertado, ya que las habitualmente llenas mesas de cada casa ahora se encontraban vacías, con algunos pocos alumnos que hayan pasado ya el cuarto año, por no decir que no había solo tres o cuatro de cda casa que estuvieran en sétimo.
Sin dudar se dirigió a la mesa de Slytherin, donde Blaise, Daphne, Pansy y Draco brillaban por su ausencia. Él único conocido que Hermione tenía y que estaba sentado en esa mesa era Theo. Se sentó a su lado y le dedicó un saludo rápido antes de apurar el contenido de su jugo de calabaza de un solo trago.
-¿Y Draco? – le preguntó el pelinegro, muy bajito solo para que ella pudiera oír. Las mejillas de Hermione ardieron y cayó en cuanta de que no sabia como responder a esa pregunta. ¿Qué iba a decirle a Theo? Draco en ese momento estaba dormido en su habitación, y Hermione estaba en dos lugares distintos al mismo tiempo. –Pasó la noche contigo, ¿No?
-No es lo que insinúas, Theo, pero él sigue dormido.- soltó ella atragantándose con las palabras, a lo que él respondió con una carcajada sonora y burlona.
-Yo no insinúo nada, Hermione. – replicó el Slytherin en un tono conciliador cuando hubo terminado de reir. Hermione lo fulminó con la mirada pero luego soltó una carcajada también. –Pero ya que tocas el tema, va a ser interesante… ¿Qué hicieron?
Ella se ruborizó hasta las orejas y golpeó a Theo tan fuerte como fue capaz.
-No se supone que me preguntes eso, Theo, es algo privado. –se defendió ella alzando la cara tanto como fue capaz, aparentando dignidad que no sentía.
-No pasó nada ¿Verdad? –le soltó el al oído, haciéndole cosquillas con su aliento.
-¡Diantres, Theo! –chilló ella apartándose, media mesa volteó a verlos y ella ocultó su rostro colorado tras su cortina de cabello. –No voy a hablar contigo a cerca de mi vida sexual.
-O de la falta de ella. –retrucó el haciendo que Hermione perdiera el apetito. Al ver la expresión en la cara de la chica, Theo se puso a reir como un neurótico antes de que ella lo fulminase con la mirada y se obligara a sí mismo a callar. Hermione hizo el ademan de levantarse, pero él la atajó tomándola de la muñeca y tirando de ella hasta que Hermione estuvo sentada nuevamente.
-Bien, lamento haber dicho eso. –musitó Theo en un susurro que ella apenas pudo percibir. –Ya se que lo que hagas o dejes de hacer con Draco no es de mi incumbencia, pero tuviste que ver tu cara cuando te lo dije.
-No estas ganando puntos. –le informó ella con una voz que destilaba molestia. A él no le importaba si ella se molestaba, pero tenerla lejos sería muy poco conveniente para lo que quería hacer, de hecho, el solo hecho de que ella tuviera una barrera de oclumancia infranqueable ya complicaba las cosas bastante.
-Lo siento. –se disculpó tratando de sonar convincente.
-Bien.
Pasaron en silencio un momento, mientras algunos alumnos ya se retiraban a sus respectivas clases y los profesores también, hasta que Theo habló.
-Blaise no vendrá hoy, y al parecer, Draco tampoco. – le dijo él. –Podemos ser pareja en Pociones.
A Hermione le sorprendió la total carencia de emoción cuando él habló, pero ya que Theo tenía razón, entonces lo más acertado sería aceptar. Volteó a verlo y le dedicó una sonrisa mientras asentía. Theo le devolvió el gesto y rato después salieron juntos del gran comedor.
Durante todo lo que llevaban de iniciado el año escolar, no se había detenido a pensar que la mayoría de materias que ella cursaba eran las mismas que Theo, con algunas mínimas diferencias de horario, pero después de cavilar con detenimiento se dio cuenta de que nunca había reparado en la presencia del pelinegro por el mismo hecho de que ella solía sentarse en la primera fila de la clase a diferencia de Theo que siempre estaba solo en el último pupitre. Ese fue el motivo de que durante toda la mañana estuvieron juntos, hablando de cosas sin importancia; o por lo menos eso fue lo que ella hizo, porque la cabeza de Theo trabajaba a mil por hora intentando encontrar un mínimo resquicio para poder invadir la mente de la castaña.
A la hora del almuerzo, Hermione entró en el gran comedor junto a Theo, dialogando a cerca de su clase de runas y de la tarea kilométrica que tenían. Estaban a punto de llegar a la nuevamente abarrotada mesa de Slytherin cuando Draco entró en el comedor y se apresuró donde Hermione.
-¿Conseguiste tus apuntes? –le preguntó mientras le pasaba una mano por la cintura.
-Eh, si, conseguí todo lo necesario. –contestó ella. Theo le lanzó una mirada interrogativa pero no preguntó en absoluto y en cambio se adelantó dándoles a sus amigos un poco de privacidad.
- Bien, porque también voy a necesitar algunos apuntes. ¿Me los prestaras? –dijo él hablándole al oído, lo que hizo que Hermione sintiera una corriente recorrerle la espalda.
-Sabes que lo haré, Draco. –contestó ella reprimiendo un estremecimiento. El rubio sonrió y de un rápido movimiento la volteó de tal modo que ella chocó contra su pecho, para luego besarla apasionadamente en frente de todo aquel presente. Mandíbulas se descolgaron, miradas fulminaron e incluso una varita de Gryffindor salió de la manga de su dueño, pero nadie hizo el mínimo ruido mientras los dos se besaban. Para ellos fue como un universo paralelo, donde nadie se atrevía a cuestionar el amor que había nacido entre esos dos chicos tan distintos. Una de las manos de Draco estaba enredada en la cabellera castaña de ella, atrayéndola más hacia sí mismo, y la otra descansaba en la parte baja de su espalda, justo en su cintura, Hermione por su parte tenía ambas manos en el cuello de Draco y acompasado con el beso, prodigaba caricias a su cabello ligeramente crecido. El aire les faltó por lo que tuvieron que alejarse, pero de ningún modo dejaron tocarse. Así, tomados de las manos se dirigieron hacia la mesa de Slytherin.
Con un beso, Hermione dejó de ser solamente la sangre sucia mejor amiga de Harry Potter –o ex mejor amiga -, para convertirse en la reina de Hogwarts. Era sabido que nadie desafiaba a Draco Malfoy y que aquella que estuviera con él recibía el mismo respeto, por lo que aunque no se dijo una sola palabra al respecto, todos entendieron el mensaje. Hermione Granger era de Draco Malfoy, por lo que la castaña se había convertido en intocable.
Esa misma tarde, luego de haber terminado su jornada de clases, ella estaba sentada en la biblioteca, pero a diferencia de otras veces, Hermione no estaba haciendo tarea, o estudiando. En cambio ella estaba ideando un plan para poder entrar a la sección restringida y leer todo lo que pudiera de magia tenebrosa para conseguir una idea de a que se estaba enfrentando, y de paso idear un plan que pudiera ayudar a su amigo, sin embargo, antes de preocuparse por eso debía entrar, y las ideas no estaban llegándole. Podía ir a su sala común y de algún modo robarle la capa de invisibilidad a Harry, entrar a hurtadillas durante la noche y hacerse de los libros que estuvieran a mano, pero había una dificultad que arruinaba todo el asunto: no conocía la nueva contraseña de su torre.
La otra era ir y pedir una nota firmada de algún profesor, lo cual era tres veces más difícil ya que estaba segura de que preguntarían y preguntaran y seguirían preguntando. Tampoco podía ir y entregarle a la señora Pince una credencial que acreditara que ella estudiaba Defensa contra las artes oscuras en su curso más avanzado, al que asistía Harry y algunos otros pocos alumnos, porque ella estaba en el nivel regular para sétimo año, lo cual era una gran humillación para ella y sus magníficas capacidades.
Comenzó a descartar posibilidades. No podía meterse a la torre de Gryffindor sin la contraseña. Tampoco podía pedirle a Draco su credencial porque él sospecharía. Así que decididamente tendría que pedirle un permiso a algún profesor. El detalle era a quien.
La respuesta le llegó tan rápido que se sintió absurda por haber hecho un mundo de algo tan simple. Tonks podía facilitarle el permiso. Soltó una sonrisa enorme y metió los dos libros que tenía en la mesa en su bolsa de cuentas, para luego salir corriendo de la biblioteca para encontrar a la nueva jefa de Gryffindor. En el camino hasta el aula de Transformaciones, comenzó a armar una excusa creíble para solicitarle el permiso a la auror, para así ahorrarse las preguntas que estaba segura que ella le haría.
La puerta del aula estaba abierta y no había rastro alguno de alumno en el lugar, por lo que se decidió a tocar con los nudillos y esperar en la puerta. Tonks apareció en cuestión de segundos y le dedicó una sonrisa radiante a Hermione.
-Hola, Herms, ¿Qué pasa? –la saludó ella. Hermione no pudo dejar de sonreír por la nueva apariencia de Nimphadora. Su cabello era de color naranja chillón, corto y al parecer indomable tanto que cada punta apuntaba a un lugar distinto que las demás. Su vestuario era el usual, pantalones negros ajuntados con rotos en los pantorrillas, botas militares con agujetas de distintos colores, una camiseta de I LOVE WEIRD SISTERS bajo una blusa semitransparente blanca que estaba abierta. Como siempre tenía una túnica de color negro encima, abierta totalmente, junto a los guantes de motociclista que le daban ese aire de guerrera rebelde que siempre admiró Hermione. Vio como ella se sentaba sobre el escritorio y palmeaba la superficie a su lado para que la castaña la acompañara. Antes de sentarse, Hermione sonrió muy dentro suyo a sabiendas de que la profesora Mc Gonagall se horrorizaría si viera a Tonks sentada en su antiquísimo pupitre.
-Hola, Tonks, me preguntaba si podías firmarme un permiso para entrar a la sección restringida. –soltó ella en un tono que pretendía ser calmado e inocente. La metamorfomaga levantó una ceja hacia ella con maestría y tomó la hoja de papel que Hermione le ofrecía.
-¿Para? –le preguntó Tonks observándola. Hermione volteó y se encontró con los ojos negros de su profesora, unos ojos a los que no se les podía mentir. – Herms, si necesitas mi ayuda, sabes que estoy aquí.
-Lo sé Tonks, es solo que me he enterado de algunas cosas que pueden ayudar a Harry a vencer a Voldemort, y necesito una última consulta en un libro de, eh… varitas. -Explicó Hermione atropelladamente, dando la primera explicación que le llegó a la mente.
-Te refieres a Los Grandes Secretos de las Varitas, ¿Sabes por qué está en la sección restringida?. –preguntó la peli naranja. Hermione negó con la cabeza agradeciendo que la auror no haya reparado en su mentira y de pronto sintió la urgencia de contárselo todo a Tonks para que ella junto a los aurores se hicieran cargo. Ella estaba decidida a hacer lo que tuviera que hacer para darle la victoria a Harry, y si era necesario sacrificarse a sí misma por el fin de la guerra, pero eso no significaba que el miedo no la venciera a veces. Tonks le lanzó una sonrisa antes de responder a la pregunta que ella misma formuló. –Imagínate que eres una bruja tenebrosa, y que tienes los materiales adecuados para crear una varita perfecta, especialmente hecha para maleficios y demás. ¿Lo harias?
-Si soy una bruja tenebrosa estoy segura que sí. –contestó Hermione con cautela, Tonks puso expresión de "ese es el punto" antes de continuar hablando.
-Hermione, la única manera que tiene un mago para canalizar su magia es una varita, y cuando la utilizas, la esencia de la madera y el material mágico se mesclan con tu impronta para conseguir una hechizo bueno o malo. ¿Nunca has notado que funcionas mejor con tu varita que con cualquier otra? – la castaña asintió con vehemencia. –Es eso. Si alguien puede crear varitas realmente predispuestas a obrar el mal hasta en un hechizo sanador, sería la perdición de nuestro mundo tal y como lo conocemos.
-¿Eso es posible? –preguntó Hermione muy sorprendida por la sapiencia de Tonks. Nadie podía imaginar que tras el aspecto extravagante de esa bruja se escondía una mujer muy inteligente, poderosa y fuerte.
-¡Por Merlín y sus barbas que es posible! Sería necesario muchísimo estudio, pero sí se puede hacer. – exclamó la auror y Hermione pegó un brinco imperceptible. Tonks tomó una pluma que reposaba en un tintero y firmó el permiso. Se lo entregó a la Gryffindor y guardó la pluma en uno de sus bolsillos. –Hermione, supe que dejaste la torre de Gryffindor, ¿Qué sucedió?
-Discutí con Ron, Harry y Ginny. –se limitó a responder ella.
-Sabes, yo fui una puffie cuando estudié aquí, y sé que significa trabajo duro para lograr lo que deseas, pero siempre admiré a los leones por su valor y su coraje. ¿No crees que estas siendo muy poco Gryffindor?
-Lo sé, pero no puedo hacerles frente, son mis amigos pero se comportan como si yo fuera una tonta que se dejaría engatusar por Malfoy. –replicó ella, un poco exaltada.
-Por lo que vi esta mañana, parece que mi primo albino lo logró. –le dijo Tonks, burlándose. Hermione puso los ojos en blanco antes de saltar del pupitre para retirarse.
-Puede que sí, o puede que yo quiero que él piense eso. – contestó Hermione crípticamente, alegando algo que solo ella conocía. – Te veré luego, Tonks.
-Adiós, Herms – se despidió la alegada batiendo una mano, antes de gritar. –Oh, por cierto, las nueva contraseña es Regaliz rojo.
-Gracias, Tonks. – dijo cuando ya casi había llegado a la puerta. Una sonrisa radiante iluminó el rostro de Hermione y reprimió un gritito de júbilo por lo que había logrado. No estaba enterada que habían libros de varitas en la biblioteca, pero en ese momento no le interesaba, tenía un permiso firmado para estudiar cuanto quisiera en la sección restringida, y eso era un logro.
La paciencia no era el fuerte del menor de los Nott, de hecho, él no tenía ni un ápice de paciencia en su esbelto y felino cuerpo, por lo que después de dos días y algunas horas de intentar penetrar en la mente de la castaña y fracasar estrepitosamente estaba completamente frustrado. Nunca creyó que alguien pudiera tener un dominio total de la oclumancia en un par de semanas como lo tenía Hermione, pero ya que era así, tenía que dejar de intentar averiguar algo en la cabeza de la Gryffindor y hacerla hablar. Podía usar veritaserum, pero conseguirlo le llevaría algo de tiempo, por otro lado podía lanzarle un Imperius a Hermione y obligarla a contarle todo con pelos y señales, pero perdería innecesariamente la confianza que se había ganado de ella.
"Un trato, proponle un trato, Theo" ronroneó la voz en la cabeza del pelinegro. Era su consciencia que siempre se rebelaba y emitía sus propios pensamientos en su cabeza. Tenía algo adentro que le susurraba ideas, pensamientos, reflexiones, era el eterno compañero del chico. "No quieres estar a las órdenes de Voldemort, Theo, y ella sabe cómo derrotarlo, ¿sino como explicas que aún no los haya mandado al demonio? Ayúdala y ayúdate a ti mismo. Además, ¿No cabrearía mucho eso al viejo?". Como siempre, la voz de su cabeza tenía razón. Podía ayudarla y contar con que eso molestaría de sobremanera a su padre homicida, mataría a dos pájaros de un tiro. Y estaba seguro de que podría esconder sus pensamientos de Voldemort ya que la oclumancia se le daba muy bien. Hermione necesitaba confiar en alguien, todas las curiosas señales indicaban eso, así que Theo podría estar ahí para oír, darle una mano amiga y ayudarle a deshacerse de Voldemort, después de todo, ni siquiera él, siendo hijo de un mortífago creía en la "pureza de sangre" de Tom Riddle.
Hermione iba caminando por uno de los pasillos de Hogwarts, era de noche y le tocaba patrullar con Draco, que estaba unos pisos más abajo de donde ella se encontraba. Llevaba la varita en una mano y la otra estaba en su bolsillo, jugando con el asa de la bolsa de cuentas.
No prestaba mucha atención de a donde le dirigían sus pies, pero mientras no dejara el cuarto piso estaría bien. Las sombras que daban las armaduras y demás eran escabrosas, pero no tanto por la escasa iluminación que venía de una de las ventanas pequeñas situada unos pies más adelante. Algo cansada se aproximó a la ventana y recargó sus codos en el alfeizar, mirando la luna llena afuera. Permitió a su mente divagar por unos instantes, recorrer con los ojos los amplios terrenos de Hogwarts y suspirar nostálgica al darse cuenta de que ese sería el último año en el que recorrería el castillo. De la nada salió una mano pálida que le cubrió la boca y al mismo tiempo sintió un fuerte brazo que la apresaba para impedirle defenderse. En un inicio creyó que era Draco, pero al inhalar se dio cuenta que el personaje que la atacaba no tenía esencia de menta y brisa marina, en cambio él olía a madera, cuero y de algún modo, también olía a locura y sombras.
-Creo que tú y yo podemos ayudarnos, Hermione. –susurró una conocida voz al oído de ella. Inmediatamente el cuerpo de la chica se liberó de la tensión y dejó escapar un suspiro de alivio. La mano de Theo se quitó de su boca y ella pudo tomar una bocanada de aire antes de responder.
-No vuelvas a asustarme así, Theo. –soltó ella con un tono reprobatorio. Él aún tenía una brazo atravesado exactamente debajo del busto de ella, inmovilizándola. El mentón del pelinegro descansaba en uno de sus hombros y su pecho estaba pegadísimo a la espalda de la castaña. - ¿Qué sucede?
-¿Qué es lo que sabes? –el alma se le cayó a los pies a Hermione cuando oyó esa interrogante, pero intentó hacerse la desentendida para darse un tiempo para encontrar una mentira que decirle.
-¿Qué sé de qué? –preguntó ella haciéndose la inocente. Mala idea, él comenzó a caminar de espaldas hasta el primer recodo que encontró y abriendo la primera puerta que estuvo a su alcance, se metió ahí con Hermione, aún sin soltarla. –Theo, suéltame por el amor de Circe.
-Sabes de qué estoy hablando, preciosa, y puedo ayudarte, pero primero debes decirme que es lo que sabes. –ronroneó él hablándole directamente al oído. No pudo evitar estremecerse por el escalofrío que recorrió su espalda y le aflojó las rodillas. Theo estaba enterado, él sabía algo de lo que ella sabía y se estaba ofreciendo a ayudarla. "Merlín, no puedo yo sola con todo esto" gritó en su fuero interno, dudando entre aceptar la ayuda del misterioso Theo, o no hacerlo.
-Lapídenme, sé que lo merezco y no voy a quejarme. La inspiración se me fue y como dije antes yo nunca subiré algo que no me guste, sí que fiel a eso esperé hasta tener un capitulo casi de mi total agrado para poder ofrecerlo a mis lectores.
Amo a cada personita que me lee, a cada uno que pone su review porque ustedes me dan este animo de seguir en esto, aún cuando mi mamá dice que es una perdida de tiempo.
COMENTEN Y DIGANME SI CREEN QUE Hermione ACEPTARÁ LA AYUDA DE THEO O NO!
Háganme saber si les está gustando como va la historia y denme sus sugerencias!
Un beso del tamaño de una casa!
