Pareja: Kai&Takao
Otras parejas: Rei&Takao, Kai&Max, Rei&Max, Kai&Takao.
Advertencia: Shounen –ai, Lemon y Mpreg
"Pensamientos"
–Diálogos.
CONFUSIÓN
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Kai&Takao&&&
Rei entró a la habitación– ¿Cómo va eso?
Sonrió–. Va bien. Intentó que eche los gases. ¿Has conseguido hablar con el médico?
–Sí y no.
–¿Cómo que sí y no?
–Sí, he hablado con él –le contaba sentándose en la cama, para acariciar la mano de la pequeña–. Duda entre dejarte un día más aquí o no. Depende de tu estado. ¿Tú cómo te encuentras?
–Bien, ya estoy acostumbrado a que me duela –le respondió.
–Bueno, posiblemente mañana te den el alta.
–Qué bien –sonrió– ¿Has oído Catherine? Nos vamos a ir a casa.
–Voy a firmar el alta en cuanto hable de nuevo con el médico. Allí tienen un lío armado que ni te cuento.
–Será un día duro para ellos, supongo.
–Supongo. Ahora vuelvo –se puso de pie.
–Está bien.
Takao vio que Rei salía de la habitación, así que siguió a lo suyo– ¿Cómo vas Cathy? –la separó un poco para verla y no tardó en ver cómo el líquido blanco le bajaba por el mentón. Con rapidez le limpió con una toallita–. Muy bien, eso está mejor –se quitó con cuidado el paño del hombro que se había puesto para no mancharse–. Huele fatal –lo puso sobre la mesita. Le dio un beso a su hija en la mejilla, viendo con sus manitas se iban a la cara, para luego intentar agarrarse a algo–. Eres un tesoro.
Escuchó pequeños toques en la puerta. Miró hacia ella con rapidez, viendo que era Kai.
–Hola, ¿puedo pasar? –preguntó sosteniendo en una mano un ramo de flores y en la otra un regalo.
–Claro, adelante –le invitó, viendo cómo el bicolor dejaba sobre la mesita un ramo de flores.
–¿Cómo estás?
–Muy bien.
–¿Y ella? –la miró.
–Supongo que bien –le respondió con una sonrisa–. Gracias por preguntar.
–Te he traído estas flores, el otro día no me dio tiempo de nada y... esto es para ella –le enseñó el regalo.
–No tenías que haberte molestado.
–No ha sido ninguna molestia –le contestó dejando el regalo sobre la mesita al ver que Takao sujetaba a la niña.
–¿Dónde está Max?
–No ha podido venir, tiene mucho trabajo. De hecho estos dos días han sido los peores días de mi vida. Ya sabes, muchas reuniones, poco tiempo, a parte de las nóminas y las decisiones.
–Entiendo, no pasa nada.
–Huele un poco extraño –pudo notar.
–Es que, a vomitado... para expulsar gases y eso –Kai le sonrió, mientras lo miraba– ¿Qué?
–Te dije que algún día te vomitaría encima, ¿lo recuerdas?
–Sí, lo recuerdo, y créeme que aunque huele fatal. –le dijo con una sonrisa–, pero me gusta sentir que me ha vomitado –recapacitó en sus palabras– ¿Ha sonado tan mal eso que he dicho?
–Un poco raro sí, pero yo te entiendo.
–Kai, ¿puedes cogerla? Me gustaría abrir el regalo.
–Ah –miró al bebé–. No sé cómo hacerlo.
–Yo te enseño. Primero siéntate –Kai le hizo caso–. Pon tus brazos de la misma forma que yo los tengo.
–¿Así? –lo imitó.
–Sí –le contestó para darle el bebé.
–¿Y si se me cae? –preguntó con miedo.
–No se te va a caer.
–¿Y si le hago daño sin querer?
–No se lo harás, cuidado con su cabeza... ya está. –añadió al darle por completo a la niña.
Kai sentía el peso de la pequeña en sus brazos–. Qué poco pesa –la miró de arriba abajo. Takao los miró con una sonrisa para coger el regalo y empezar a desenvolverlo poco a poco. La pequeña se acomodó más entre los brazos y puso su mano sobre el pecho del bicolor.
–Pareces tan frágil –le susurró a la pequeña.
Takao abrió el regalo, descubriendo que era un pequeño oso de peluche, pero que no tenía ningún tipo de pelusa. Se quedó admirando esa escena, ya que probablemente nunca más la volviera a ver. Su hija en los brazos de su padre y Kai sonriéndole con tanta ternura.
–Gracias por el osito, es precioso.
–Espero que le guste cuando crezca. Lo he comprado especial, para que pueda jugar con él, y en el caso de que se lo meta en la boca no se lleve ninguna pelusa –le contestó sonriéndole a la pequeña. De pronto su expresión cambió a una de tristeza–. Es morena, como Rei.
–¿Tú crees? –le preguntó para ver que más le decía Kai.
–Sí, pero tiene tu nariz –lo miró–. Tengo que irme –le pasó al bebé, dejándolo sobre sus brazos–. Intentaré venir mañana si me es posible.
–A lo mejor ya no estaré aquí... –vio cómo Kai lo miró con rapidez–. Puede que mañana me den el alta –le informó.
–Ah –miró a la niña– ¿Puedo darle un beso?
–Claro.
Kai se acercó a la pequeña y le dio un beso en la mano–. Adiós, Catherine –miró a Takao–. Adiós.
–Adiós. Cathy dile adiós a Kai –Kai lo miró por un momento, viendo que el menor sonreía y cogía la mano de la pequeña agitándola suavemente de arriba abajo en señal de despedida. Tardó unos segundos en reaccionar y en salir de la habitación.
&&&Kai&Takao&&&
Rei se encontró con Kai en uno de los pasillos.
–¿De dónde vienes? –le interrogó cortándole el paso.
–Tú ya lo sabes –le contestó el joven de ojos rojizos.
–¿Dónde está Max? No lo veo a tu lado.
–Tenía cosas que hacer. Takao me ha dicho que posiblemente mañana le den el alta.
–Sí –le dijo sin más, cruzándose de brazos.
–Supongo que el cuarto del bebé y todo lo demás lo tendrás ya listo para su llegada –dijo con algo de nostalgia.
–No veo que sea algo de tu incumbencia, saberlo.
Ante la respuesta y el tono que uso Rei se dio cuenta de algo–. Ya... no lo tienes ¿verdad? –Lo miró con evidencia– ¿Y dónde va a dormir Catherine?
–Pues en su cuna, ¿dónde más?
–Verás, si la niña va estar en el cuarto de Alan, te recomiendo que lo limpies. Takao y yo... hace cinco años que está echado bajo llave. –le contó refiriéndose a la puerta de esa habitación.
–Gracias por el aviso, ya lo haré, cuando llegue.
–¿Cuándo llegues? ¡Je! ¿Y dónde va a estar la niña durmiendo mientras tanto?
–En la cama de Takao, estará por unas horas.
–Vaya una solución –se cruzó de brazos.
–¿Se te ocurre algo mejor Einstein?
–Sí, que vayas y que limpies el cuarto.
–Ahora no puedo dejar a Takao solo.
–Si quieres lo puedo acompañar yo.
–De eso nada. Tengo una idea mejor –sacó las llaves del bolsillo–. Tú conoces esa casa, sabes dónde está todo, incluso la llave de esa habitación... límpiala tú.
–No tengo porqué hacer eso, no es mi obligación –le desafío.
–Pues si quieres que Takao se sorprenda al entrar a la casa, tendrás que hacerlo –le puso la llave frente a sus ojos–. O lo tomas o lo dejas –balanceó las llaves de un lado a otro.
Kai la fue a coger, pero Rei se las apartó un poco–. Una cosa más. Quiero que para nuestra llegada, tú no estés allí, que parezca que estaba de antes, ¿entendido?
–Claro –cogió las llaves de mala gana y se las arrebató–. Primero, voy a llegar a casa de Max y me daré una refrescante ducha... con él –agregó antes de salir de su vista.
Rei apretó los dientes. Estaba celoso, aunque no quería llegar a admitirlo. Había conseguido sacar de sus casillas unos segundos a Kai... para que ahora el otro le diera un golpe de esa magnitud.
–Como te odio, Hiwatari –masculló furioso, cerrando los puños.
&&&Kai&Takao&&&
Kai se sentía tan extraño. Estaba feliz por haber cogido un bebé en sus brazos y poder experimentar la calidez que se siente. A pesar de que era morenita como Rei, no podía tener nada contra ella. Al contrario, la niña sería infeliz con ese padre, tan... ni siquiera entendía como estando con Takao le gustaba Max. Cuando él y Takao se conocieron, sus ojos no miraban a otros hombres, es más, los demás sobraban en el mundo si Takao tan sólo le miraba. ¿Cómo podía Rei hacerle eso a su propia hija? Se supone que si se entregaron y habían tenido un bebé, es porque tenía que haber un sentimiento muy fuerte, pero al parecer, ese sentimiento se rompía cada vez que Max estaba cerca de Rei. Si le hacía sufrir a Takao o a la niña lo iba a pagar muy caro.
Ahora por intentar pasarse de listo, tendría que limpiar el cuarto de su hijo y con ello las consecuencias de los recuerdos.
Se metió en la casa, cerrando la puerta principal tras de sí. Abrió uno de los cajones del comedor para sacar un manojo de llaves. Subió las escaleras y caminó hasta quedar frente a la puerta. Giró la perilla tras haberle metido la llave, respiró hondo y abrió la puerta.
Ahí estaba todo. Las cortinas de color azul celeste bajo. La cuna de madera, que no tenía ningún tipo de sábana. Varias cajas llenas de polvo, en las que había un tacatá, carricoche, mantas, juguetes, parque... Miró el suelo. Estaba lleno de polvo. Miró al techo y tenía telarañas. Ya no parecía un cuarto de un niño, sino un sitio abandonado.
Miró hacia un pequeño armario, el cual se suponía que era de madera, color blanco, que ahora estaba color ceniza. Se acercó a la cuna y pasó los dedos sobre la madera blanca. Estaba tan sucia que estaba arrastrando en su piel pequeñas partículas de polvo en las cuales dejaba huella, pero no le importaba mucho.
Los recuerdos no tardaron en invadir su mente–. No Kai, tienes que ser valiente... no puedes derrumbarte ahora... hay mucho trabajo que hacer –se agarró a la barandilla con fuerza, para después bajar al piso de abajo a por los accesorios de limpieza.
&&&Kai&Takao&&&
Kai estaba cansado. Le dolía un poco la espalda pero ya todo estaba listo. Apoyó su cabeza en el marco de la puerta, observando con tristeza la cuna. La había bajado con esfuerzo al piso de abajo, colocándola junto a la cama de Takao para que no tuviera que hacer muchos esfuerzos. La cuna estaba llena de sábanas y una pequeña almohada de color azul muy bajo, tan bajo que parecía blanca. Le había hecho pequeños moños rojos en dos de los cuatro barrotes del cabezal de la cuna, aparte del móvil que estaba preparado por si la pequeña decidía mirar a los pequeños animalitos girar. También había preparado un pequeño teléfono de color blanco que le serviría para escuchar el llanto del bebé por si él estaba en otro cuarto. El carricoche, el tacatá, sonajero, bañera y demás, estaba en el piso de arriba. Dejaría que Rei bajase lo que les hiciera falta, total, él ya se había encargado de armar las cosas.
Miró por última vez la cama, esa cama en la que había sido en tan sólo nueve meses el hombre más feliz de su vida.
"Seguro que compartiste esa cama también con él. Hubiera sido todo tan distinto si esa noche no me hubiera puesto protección. Ahora quizás esa hija sería mía. Un pequeño ser con la mitad de mis gestos y otros con los tuyos. Aunque en parte, así es mejor... si te separaste de mi era porque ya no me amabas y si hubieras llevado un hijo nuestro en tu vientre... tendría un familia destrozada." Pensó un momento en la forma en que Takao lo había despedido en el hospital. En como llamó a la niña. "La llamó Cathy, es mucha coincidencia. Así era como él llamaba a mi madre, por su segundo nombre, y así le gustaban a ella que le llamasen. Pero no lo comprendo, lo lógico sería que Catherine llevase el nombre de su abuela. La madre de Rei o quién sabe, ¿pero por qué el nombre de mi madre? Seguro que a Rei no le habrá gustado mucho si sabe que mi madre se llamaba así." Se pasó la mano por la nuca, intentando sacar una conclusión.
Salió del cuarto, dejando la puerta abierta con una rendija, por la que entraba la luz. Sacó las llaves de su bolsillo trasero para irse de allí y devolvérselas sin mucho animo a Rei, aunque seguro que estaría dormido por lo tarde que era.
&&&Kai&Takao&&&
Takao caminaba con dificultad sosteniendo a la pequeña entre sus brazos, bien tapada con una manta.
–¿Estás bien? –Le preguntó el chino viendo cómo miraba a la niña–. Déjamela un poco, te deben de doler los puntos y estarás cansado.
–No lo estoy, acabo de bajar de un taxi –le contestó dándole un pequeño beso a la niña en la frente–. Pero si te apetece cogerla... Ve con Rei, cariño –le estiró los brazos, dejando a Cathy en los brazos de Rei.
–Hola chiquitina, soy papá –le dijo con emoción una vez que la tuvo en sus brazos.
Takao lo miró por un segundo con tristeza para luego mirar hacia el frente y ver que estaba frente a la puerta de su casa–. Ya hemos llegado, ¿sacas la llave?
–La llave –alargó la frase ya que todavía Kai no se las había devuelto-, saca la tuya mejor, em... tengo a la niña en brazos. –se excusó.
–Claro –respondió sacando la suya del bolsillo, poniéndola en la cerradura. Intentó hacerla girar pero la llave no le giraba–. No me digas que se ha atascado –se dijo en voz alta intentando hacerla girar.
–Déjame que pruebe yo, toma a la niña –hicieron intercambio y la puerta se abrió dando paso al bicolor quien seguía agarrado al pomo de la puerta, que segundos antes había intentado abrir la puerta con la llave desde dentro, mirando con cara de asombro.
–Takao. –articuló Kai.
–Kai, ¿qué haces aquí? –preguntó Takao sin comprender que hacía dentro el mayor.
–Yo... –miró a Rei quien tenía cara de pocos amigos–. Que te lo explique él. Tengo que irme, se me ha hecho tarde –le había amanecido y ni siquiera se había dado cuenta.
–Primero, quiero saber que haces tú aquí y cómo has conseguido la llave –pasó con la niña en brazos, seguido por Rei quien cerró la puerta– ¿Y bien? –los miró a ambos.
–Le dije a Kai que viniera aquí para dejar lista la habitación de Catherine. Entre las prisas y poco tiempo, se me había olvidado, hasta que Kai me lo recordó. No quería dejarte solo así que... lo mande a él para que lo limpiase, ¿quieres verlo? –intentó cambiarle el tema.
Takao se dio cuenta de que Kai se estaba tocando la espalda– Claro –le respondió al chino, para preguntarle a Kai– ¿Te duele la espalda?
–Siento un poco de molestia, no es nada. La cuna está en la habitación de abajo y lo demás arriba. Las llaves están detrás de la puerta, así que me voy ya –esa situación le parecía un tanto incómoda, Takao querría descansar y estar con la pequeña.
–Kai, si te duele mucho la espalda, Rei puede darte un masaje por el agradecimiento.
–No es necesario –le sonrió–. Cuida a la niña –miró hacia esa manta, aunque no veía a la niña, sabía que estaba dentro de ella–. Adiós –se despidió saliendo de allí.
–Adiós –le despidió Takao. Rei sólo lo miró–. Vamos a ver la habitación –con pasos un poco ligeros, caminó hasta su habitación. Intentaba escapar por unos segundos de las regañinas de Rei. Cruzó el marco de la puerta y se quedó boquiabierto al ver la cuna junto a su cama–. Mira cariño, esta será tu cunita –Rei lo observaba con los brazos cruzados–. Te voy a poner aquí un poquito, para que te acostumbres y descanses –quitó un pestillo que había en el lateral de la cuna, haciendo que se bajara, para permitirle dejar a la niña con mayor libertad–. Eso es, así preciosa –subió la baranda, volviendo a echar el pestillo. Sintió cómo Rei se acercó a él, así que lo miró–. Siento haberle dicho lo del masaje. Sé que no te cae bien.
–No importa, lo que me importa en este momento es verte sonreír –le cogió del mentón –Como ahora –le dio un corto beso–. Túmbate un poco e intenta dormir –miró a la niña–. Yo cuido de ella.
–No creo que pueda, estoy tan feliz, que... –extendió los brazos con una amplia sonrisa–. No sé, no creo ni que pueda dormir.
–Inténtalo, Catherine se ha vuelto a dormir y piensa que las noches ahora serán largas.
–Tienes razón, lo intentaré.
&&&Kai&Takao&&&
En la noche, Kai hablaba con Max en la casa del rubio sobre la empresa.
–Los pedidos llegarán mañana por la mañana –le respondió Max. Kai tenía ambos codos apoyados sobre la mesa con ambas manos en la nuca, parecía no estar muy metido en la conversación–. Kai, ¿estás bien?
–Supongo.
–¿Qué te pasa? Cuéntamelo, seguro que te alivia, pareces preocupado.
–Es que no puedo dejar de pensar en algo.
–¿En Takao?
–Bueno en él no dejo de pensar, pero pensaba en Catherine
–¿Qué tiene?
–Ese es el problema, no lo sé. Verás, hace mucho tiempo, cuando Takao estaba embarazado de Alan... cuando no sabíamos si iba a ser niño o niña, elegimos unos nombres. Si era niño Alan, y si era niña Catherine como mi madre.
–Quizás le guste el nombre –le contestó al saber lo que el bicolor intentaba decirle
–Eso pensé yo hasta que la llamó Cathy. Así llamaba mi padre a mi madre en lugar de Catherine. Takao lo sabe y...
–¿Y? –le animó a que continuase.
–Y así la llamaba él. Estoy muy confuso.
–¿Qué es lo que te hace dudar?
–No sé, quizás anhelaba que ella fuera mi hija. Pero es morenita, como Rei. No sé, a pesar de eso, es una niña preciosa –sonrió–. Incluso el otro día la cogí en brazos y sentí la ternura que despertaba en mí. Me gustaría sentirla de nuevo en mis brazos, pero si Rei me ve, va a arder Troya. Aunque no me importa si le tengo que dar otro puñetazo.
–Ahora que lo mencionas, ¿por qué os peleasteis en el hospital?
–¿No te lo contó? –vio cómo el rubio le negaba–. Me intentaba echar de la habitación disimuladamente, yo me negué.
–Ya veo. ¿Siguen en el hospital?
–No, ya están en su casa. Ahora me será imposible ver a la niña sin su presencia.
–Pues iremos juntos. Con estos días en la empresa no he tenido tiempo de comprarle algo a Catherine, así tendremos una excusa perfecta –le sonrió–. Ánimo, Kai.
El bicolor le sonrió para después volver a sus facciones anteriores.
&&&Kai&Takao&&&
Un mes después...
Takao acababa de bañar a la niña en su habitación y estaba secándola cuando Catherine al parecer estaba disgustada por haberla sacado de su baño. Empezó a llorar mientras Takao le ponía el pañal.
–Cathy, no llores mi ángel –cogió un sonajero que había puesto en la cama, acercándoselo a la mano, agitándolo para que hiciese ruido y llamara la atención de la niña. La niña miró hacia su izquierda, viendo el objeto que se movía–. Toma cógelo –se lo acercó a la mano de nuevo, siendo cogido con fuerza–. Eso es –le sonrió cogiendo un vestido de color verde claro que había colocado en la cama. Le puso el vestido con rapidez, ya que no era muy difícil.
Después se sentó en la cama con ella en brazos. Cogió un cepillo y con cuidado le peinó. Le puso una felpita blanca con un lacito, y la metió en el carro–. Muy bien, ya estás lista para tu primer paseo –le puso el chupete para que así no se metiera el sonajero en la boca–. Ahora papá va a limpiar y a recoger esto y nos vamos a hacerle una visita a Rei –le explicaba a la vez que sacaba el agua de la pequeña bañera con ayuda de una goma que tenía puesta debajo de ella, para pasarla así a un cubo que tenía preparado debajo y poder echarla por fin a la bañera.
Tardó un poco en dejar todo preparado, echándole un vistazo a la niña para ver como seguía, viendo que tenía sus ojos carmesíes puestos en su padre. Se paró frente al carro –Veamos, llevo las llaves, los pañales, los biberones... –hizo un recuento y no fiándose miro en la bolsa–. Está todo –le sonrió a la niña haciéndole gestos divertidos con la cara para después ponerse a caminar.
&&&Kai&Takao&&&
En su trabajo, Rei estaba terminándose un refresco mientras pensaba en el rubio. Sólo lo había visto un par de veces en la casa de Takao junto con Kai y no se había podido acercar a él, como le hubiese gustado. Desde que nació la niña había comprobado en Takao una cosa... si le llamaba hija o si decía la frase "ven con papá" parecía entristecerse e incluso parecía no gustarle.
Estaba seguro de que todavía seguía pensando en Kai. No podía culparlo, después de todo habían pasado mucho tiempo juntos y la niña se parecía mucho a él. Incluso tenía sus ojos y casi su color de piel y parecía no ser tan nerviosa como Takao.
Averiguaría lo que Takao sentía por él y si ya definitivamente no podía hacerle cambiar de opinión, aunque le prometió ser el padre de su hija, se alejaría de él y le declararía sus sentimientos a Max. Después de todo, sería un absurdo vivir una mentira. No es que ya no quisiera al joven de cabellos azules, porque lo seguía queriendo. Pero desde que apareció Max, sentía que su vida estaba vacía y que con el rubio se llenaba un sentimiento en él que se sentía dichoso con tan sólo una mirada. Tocaron la puerta y el chino la abrió, viendo que era la recepcionista.
–Hola –le saludo al chico–. Rei te esperan en la puerta.
–¿Quién? –preguntó.
–Me ha dicho que era una sorpresa.
–Bueno, iré a ver quién es, enseguida vuelvo. "Quizás sea Max" –sonrió.
Cruzó el pasillo hasta ir a la calle donde se encontró con la sorpresa de que no era Max, sino Takao con la niña que esperaban ahí. Aun así le gustó que estuvieran ahí.
–Hola –les saludó, acercándose al joven de cabeza azulada para darle un pequeño beso.
–Hola, ¿interrumpimos? –le preguntó viendo que Rei se asomaba al carro para ver como la pequeña se pasaba los puños por la cara.
–No, que va. Me estaba tomando un descanso. ¿Cómo estás hoy chiquitina? –le preguntó agachándose a la vez que cogía su mano y le daba un besito.
–Está bien, tiene un poco de sueño. ¿Saldrás muy tarde hoy?
–No lo sé, es el primer descanso que hago esta mañana, y sobre estas horas ya he hecho cuatro.
–Tenéis mucha gente entonces.
–Sí, es normal en esta época del año. ¿A dónde la vas a llevar?
–La llevaré al parque. Me sentaré en un banco y le daré allí de comer, así podrá ver un poco a los pájaros comerse el pan y todo eso.
–Está bien. Tengo que entrar ya, creo que llegaré un poco tarde hoy.
–Está bien, te esperaremos allí.
Miró a la niña para darle otro besito–. Adiós cariño, papi no tardará en llegar –se fijó con el rabillo del ojo en cómo Takao se rascaba la nuca nervioso pero sin prisa por esas palabras. Se puso frente a Takao con una sonrisa. Le dio un abrazo y un beso en el cuello–. Te quiero.
–Lo sé –sonrió cuando el pelinegro lo miró a los ojos. Acto seguido cogió el hierro del carrito con ambas manos para empujarlo–. Hasta luego.
–Hasta luego –le contestó viendo cómo Takao proseguía con su camino hacia el parque. "Hablaré con él cuando regrese a casa". –pensó el chico de coleta larga.
&&&Kai&Takao&&&
Kai tenía esa mañana libre, así que aprovechó para comprar unas cuantas cosas que le hacía falta. Hacía mucho calor, así que decidió pasar por el parque y comprarse un helado de fresa, su favorito.
Tras obtener su helado, empezó a saborearlo, caminando por ese parque que le traía tantos recuerdos felices. Había bastante niños pequeños jugando en los columpios, ya que era verano y no iban a la escuela. Se fue "a su zona" como él la llamaba y allí vio que había un carrito azul oscuro en uno de los bancos.
–Se parece al mío –se dijo a sí mismo mientras caminaba. Alcanzó a ver que había alguien sentado en el banco justo al lado del carrito, el cual como estaba en medio impedía ver de quien se trataba. Su curiosidad era cada vez más grande, así que apresuró sus pasos.
El misterio se resolvió al ver cómo un chico de cabellos azules le daba el biberón a su hija. Sonrió enormemente al ver a su chico en el mismo parque que él y sin la compañía de su enemigo. Se acercó a él, viendo que la pequeña tenía puesta una mano en el biberón y otra en el pecho de su padre.
–Eso es –le escuchó decir–. Ya verás que grande te vas a poner.
–Hola, Takao –le interrumpió llamándole la atención de inmediato.
–Kai –sonrió–. Qué sorpresa, ¿qué haces aquí?
–Tengo la mañana libre ¿y vosotros?
–He venido a darle un paseo, para que viera el parque.
–¿Puedo sentarme con vosotros?
–Claro.
Sin más se sentó, mirando a la niña–. Está más grande, ¿es llorona?
–No, es muy tranquila. Sólo llora lo necesario. Por cierto, es un poco tarde para decirte esto pero te quería agradecer lo que hiciste por nosotros. Debió de costarte mucho limpiar la habitación y todo lo demás. Gracias.
–No hay de qué.
–¿Puedo preguntarte algo?
–Claro –seguía comiéndose su helado.
–¿Por qué os peleasteis tú y Rei en el hospital?
–Prefiero olvidar eso.
–Kai... te conozco y sé que tú no pegas a nadie si no es por una buena razón. ¿Te insultó?
–No, pero odio que me digan lo que tengo que hacer. Siento lo de su nariz. Y espero que me perdones, fui un inconsciente. Lo que menos deseaba era adelantarte el parto.
–Lo sé.
Un largo silencio se hizo hasta que Kai se comió su helado, mientras ambos no paraban de mirar a la niña.
–Ese vestidito verde es muy bonito, le queda bien. Debes de sentirte muy feliz.
–Soy inmensamente feliz desde que ella nació. –le dijo con una sonrisa.
–Me alegro mucho de ello, así serás feliz –sonrió con tristeza.
Takao estaba pensando en cómo animarle–. Seguro que cuando Max y tu forméis una familia sentirás lo maravilloso que es este sentimiento.
–Lo dudo –respondió pasándole el dedo índice a la niña sobre la mejilla. –Max y yo hace tiempo que terminamos. Antes del nacimiento de Cathy –aclaró.
–Vaya, lo siento, no lo sabía. –se sintió culpable por ello. Ahora sentía que le estaba restregando su felicidad al mayor.
–No lo sientas. Es un buen chico pero... no congeniábamos, así que ahora somos buenos amigos.
–Seguro que encontrarás a otro chico que te quiera, Kai.
–Eso no lo pongo en duda –respondió al recordar cómo Max decía quererle pero él no podía corresponderle con la misma pasión. Estaba seguro de que otro chico podría enamorarse de él, pero no estaba seguro de que él pudiera amar a otro que no fuera Takao.
La pequeña soltó la gomilla del biberón. Sus ojos habían estado cerrados mientras había estado alimentándose. Estaban a la sombra, con lo cual Kai no se había dado cuenta de un pequeño detalle...
–¿Ya no quieres más? –Dejó el biberón en el banco– ¿Quieres cogerla un poco?
–¿Qué? ¿No te importa? –le preguntó con duda, viendo que Takao ya casi se la estaba pasando, antes de darle tiempo a reaccionar y colocar sus brazos en posición.
–Claro que no, no la muevas mucho. Todavía no ha echado los gases.
–Vale –le sonrió cogiéndole con su mano libre su pequeña manita–. Hola Catherine, estás muy grande. A este paso vas a ser más alta que papá –Takao sonrió ante ese comentario. Se fijaba en la cara de felicidad que tenía Kai cuando cogía a la niña. ¿Debía de contarle la verdad? Por supuesto que debía. ¡Por Dios, era su padre y se lo estaba ocultando! ¿Y todo por qué? Porque ya no le quedaba más remedio al estar con Rei. Ahora que sabía que Kai estaba soltero de nuevo, lo único que quería era decirle que la niña era suya y que lo seguía amando como siempre. Eso sería un sueño hecho realidad para él–. No he podido ir a verte, porque mi trabajo me lo impide –escuchó un pequeño regomello por parte de la pequeña, a la vez que arrugaba su pequeña frente. Abrió los ojitos, dejándole ver a Kai los hermosos ojos carmesíes por unos segundos, antes de volverlos a cerrar y de acomodarse en sus brazos.
Kai estaba un poco confundido. ¿Por qué el color de ojos de la niña era como los suyos? Él esperaba verlos color dorados como los de Rei, ya que era de cabello moreno. Y tampoco eran el color rojo zafiro de Takao– ¿Puedo darle un besito? –miró a Takao.
–Claro, ¿puedes darle los que quieras?
Kai le dio uno en la mano que ya estaba siendo cogida por la pequeña y otro en la frente– ¿Qué tiempo tiene?
–Un mes y cuatro días –respondió Takao, viendo lo pensativo que estaba Kai–. Se ha acomodado, querrá quedarse dormida. Antes de eso tengo que hacer que saque sus gases.
–Lo entiendo –le sonrió–. Ve con papá.
El menor no tardó en hacer que su hija echase sus gases, mientras estaba sentada en sus rodillas y veía cómo los pájaros comían el pan del suelo.
–Me tiraría las horas enteras aquí, pero me es imposible– aclaró Kai.
–Lo entiendo.
–Será mejor que me vaya, no quisiera llegar tarde. Tengo seis reuniones y 3 viajes que hacer.
–¿Cuando te vas?
–Dentro de tres días tengo el primer vuelo. Estaré una semana fuera. Así que será mejor que me despida de vosotros.
–¿Cuándo volverás?
–Aún no lo sé, no está del todo aclarado –se agachó para estar a la altura de la pequeña quien le miraba con dificultad, ya que luchaba por tener sus ojitos abiertos, mientras una pequeña babita se le hacía presente en la comisura de los labios–. Nos veremos otro día, cuida de papá y sé una buena niña –los rayos del sol ya empezaban a darle en la cabecita, comprobando que su color de cabello era totalmente azul, pero que a la sombra parecía negro.
Takao vio cómo le daba un beso a la niña en la mejilla. Sonrió ante eso, viendo que el mayor se ponía a su altura y le daba un beso en la mejilla.
–Cuídate mucho.
–Tú también.
–Adiós.
–Adiós. Buen viaje.
–Gracias.
Kai siguió su camino bajo la atenta mirada del menor. Cogió a la pequeña y la metió en el carro, miró de nuevo hacia la dirección que Kai había tomado. Ya no estaba ahí, pero aun así no podía evitar seguir mirando esa dirección–. Te amo –susurró.
&&&Kai&Takao&&&
Max esperaba sentado en una cafetería mientras miraba sus mensajes de móvil. Había quedado con cierta persona en ese lugar que estaba bastante concurrido de gente y para entretenerse mientras esperaba, decidió que lo mejor era mirar cosas en el móvil.
–Siento la tardanza –le dijo una voz muy conocida para él.
–Tranquilo, no pasa nada –salió de los mensajes para poner toda su atención en Rei, guardándoselo en el bolsillo trasero de su pantalón.
–Y bien. ¿Cómo estás? preguntó, tomando asiento frente a él.
–Bien ¿y tú?
–Bien, gracias. ¿Qué te apetece tomar?
–Una limonada –respondió el rubio.
–Está bien –levantó la mano y de inmediato el camarero les atendió–. Dos limonadas por favor –pidió, viendo que el camarero iba a por los pedidos.
–¿Cómo está la niña?
–Está muy bien –le contestó con una sonrisa.
–Me alegra escuchar eso. No he podido ir a verla con tanto trabajo. ¿Takao está bien?
–Sí, los dos están muy bien –el camarero le sirvió las limonadas con hielo y una pajita–. Gracias –agradeció al camarero, viendo que Max ya probaba la suya–. Verás Max, te he hecho venir porque quería hablar contigo de algo muy importante.
–¿De qué se trata? –le preguntó dejando ambas manos sobre la mesa.
–Yo quería decirte que desde que nos conocemos a cambiado por completo el concepto que tenía de ti.
–¿Cuál era ese concepto? –preguntó curioso.
–Pues el de un chico orgulloso, celoso, engreído... pero ahora ya no veo eso.
–¿Ah, no? ¿Y que ves entonces?
–Un chico que intenta proteger a alguien a quien quiere, cariñoso, comprensivo, buen amigo cuando se le necesita...
–Vaya, menos mal que el concepto ha cambiado. –sonrió–. Aunque he de confesar que al principio a mí me pasaba igual. Te veía como un chico cabezota, con ojos raros, peleante, orgulloso... ya no es así. Ahora tus ojos incluso me gustan –reconoció–. En cuanto a lo demás, te comportas así porque crees que hay motivo. Y en cuanto a los celos tú tienes tus motivos y yo los míos –bebió un poco más de su limonada al sorber por la pajita.
–Tienes razón. Verás, Max –puso su mano sobre la del rubio, quien lo miró confundido y nervioso–. Las cosas han cambiado desde que nos conocimos y siento algo muy fuerte hacia ti.
–Explícate. –preguntó sin entenderle.
–Me gustas, Max.
Se sorprendió bastante con esa confesión, ya que no se la esperaba. Es cierto que últimamente su relación con él había mejorado mucho, pero Rei tenía pareja–. Pero... eso es imposible –contestó nervioso. Aunque le hizo feliz la noticia porque era correspondido y su corazón latía con rapidez por el momento que estaba viviendo, tenía algunos contras.
–No lo es. Creo que desde la primera vez que te vi ya sentía algo. –le contó al caer en la cuenta de eso.
–Pero... ¿qué hay de Takao y de Catherine? –preguntó intentando procesar la información.
–Pues tendré que explicarle... –no le dio tiempo a terminar su frase cuando fue interrumpido por el joven de ojos azules.
–No puedes dejarlos. –le aclaró, ya que le embargaría la culpa.
–Tampoco puedo ocultar lo que siento por ti. –Dijo con evidencia-. Además, Kai lo sabe.
–¿Lo sabe? ¿Cómo que lo sabe? –preguntó más confundido todavía.
–El día de la pelea en el hospital me susurró que no valía nada cuando se enteró de lo que sentía por ti, y tiene razón, aunque en su momento lo cogí por el cuello de la camisa, al ser descubierto por mi enemigo. Max, te quiero.
–No puedes quererme –negó varias veces con la cabeza al sentirse culpable-, no así, cuando le estás haciendo daño a tu bebé y a tu pareja.
–Catherine... no es mi hija –se vio obligado a decirle.
–¿Qué?
–Lo que oyes, no es mi hija.
–¿Es una broma? –preguntó pensando que era una excusa.
–No, no lo es. –contestó con seriedad y firmeza.
–¿Y entonces de quién es?
–De Kai, pero él no lo sabe.
–Pero eso es imposible –contestó asombrado, viendo que el pelinegro negaba con la cabeza.
–No lo es. ¿Recuerdas el primer encuentro que tuvimos en el parque? Cuando os encontré a ti y a Kai besándoos en el parque –le aclaró.
–Sí.
–Takao ya estaba embarazado.
–Pero... si es hija de Kai, ¿cómo es que él no lo sabe o ni siquiera lo sospecha?
–Por que usaron protección, pero al parecer fallo. Cuando Takao se enteró de la noticia, estaba destrozado. No quería perder a otro bebé, así que yo estuve todo ese tiempo cuidando de él, para que no se levantase de la cama e hiciera esfuerzo.
–¿Tú ya salías con él?
–No, lo hice cuando vosotros ya salíais juntos. Creo que por eso Takao me acepto, aunque por esa época le amaba y estaba dispuesto a criar a Cathy como si fuera hija mía. Pero cuando te conocí eso cambió. Max estoy siendo totalmente sincero contigo, no te estoy engañando. Pero necesito saber si me correspondes o no.
–Yo, la verdad –miró al chino, quien lo miraba con esperanza. No podía negar sus sentimientos. Eso sería engañarse. Así que él también optó por decir la verdad–. Sí, también te quiero. Aunque intentaba negármelo una y otra vez –se sonrojó, viendo cómo Rei le sonreía–. Pero, aunque nuestros sentimientos sean correspondidos, no veo esto correcto. No eres un hombre libre– le apartó la mano, bebiéndose la poca limonada que en su vaso le quedaba sin la pajita.
–Max.
–Tengo que irme –se puso de pie y salió corriendo.
–¡Max, espera un momento! –se puso de pie, viendo cómo el rubio salía a la carrera de allí. Se puso ambas manos sobre la cabeza–. Mierda –maldijo por lo bajo.
&&&Kai&Takao&&&
Kai pensaba en todo lo sucedido, mirando hacia su equipaje hecho.
"Se llama Catherine, su diminutivo es Cathy. Su cabeza es azulada, tiene mi color de ojos. Son demasiadas coincidencias. ¿Y si fuera mi hija? No, es imposible la última vez que Takao y yo intimamos fue..." empezó a recordar. "En la fiesta de Michael". Empezó a contar con los dedos. "Las fechas encajan, pero es algo imposible. Usé protección, además, Takao nunca me ocultaría algo así, ¿verdad?", bufó exasperado revolviéndose el cabello. "Me estoy volviendo loco. Si le pregunto a Takao si Cathy es mi hija, creerá que estoy como una cafetera. Será mejor aceptar la realidad. Rei es el padre de Cathy y yo tendré que conformarme con ver como mi segunda ilusión en esta vida se desvanece".
¿Continuará?
&&&Kai&Takao&&&
Gracias por sus reviews a:
Kari Hiwatari: Hola Kari, fíjate si Max enamoró a Rei que ya hasta se le ha confesado. Claro que Max tampoco ha podido ocultar ya sus sentimientos, aunque no quiere tener nada que ver con Rei si éste sigue con Takao, pero tampoco quiere que lo abandone. La situación es delicada, pero seguro que alguna solución habrá, ¿no? Estoy segura de que si lees el próximo capi te gustará, al menos es mi opinión.
Elizabeth: Gracias por los ánimos Elizabeth. Como habrás leído Takao ya le quiere decir la verdad pero ahora al estar con Rei como pareja, no se atreve. La situación ha cambiado para él al saber que Kai es libre de nuevo y estoy segura de que Takao ahora más que nunca desearía no haber aceptado a Rei como pareja y padre de Cathy.
Jery Hiwatari: Hola Jery, fíjate si hay atracción entre Rei y Max que ya se confesaron sus sentimientos. Sólo falta averiguar qué pasará después, si Max está dispuesto a aceptarlo después de pensarlo por días o no.
Senshi H.R: Senshi voy a responder a tus dudas. Los ritmos eran para tranquilizarlo por el nerviosismo de Takao ya que no era la primera vez que estaba en ese hospital y por los casos anteriores preferían mantenerlo tranquilo. Matrona, pues aquí se le dice matrona a la mujer que te ayuda a dar a luz, digamos que es la jefa de las enfermeras. Es una enfermera igual pero con ese nombre porque ayuda en los partos. Muy bueno el razonamiento que tuviste con Rei porque eso es justo lo que le pasa. Está resentido con Kai por lo que sucedió en el pasado y a la vez no quiere faltar a la promesa que le hizo a Takao. El nombre de Catherine lo use en otro fic, es verdad, en "Vacaciones", era novia de Rei. ¿Te gustaría ver a Kai embarazado o entendí mal? jajaja. Respecto a tu comentario, tranquila, me gustan largos también y saber lo que opina la gente para mejorar la historia o no. En cualquier caso siempre puedo cambiar matrona por enfermera ¿no? XD
Killuki Coni: Hola Coni, verás, lo que sucede es que en el próximo capítulo es donde se revelarán todas esas dudas que tienes así que tendrás que esperar a la siguiente actualización. Si te lo revelase ahora, ya no sería sorpresa.
Takaita Hiwatari: Hermanita, esa era mi intención desde un principio, hacerle creer a los lectores que la niña nació muerta al igual que su hermano y después dar una sorpresa. Tenía pensado cortar el capítulo ahí, pero como no lo tenía partido y con las prisas, subí más de la cuenta. Cuando me di cuenta de ello ya era tarde. Por aquí ya ves que las aguas intentan volver a su cauce. Piensa, ya se declararon Rei y Max. Si ellos se quedasen juntos habría que ver cuánto tiempo tardaban en declararse nuestra parejita. En el siguiente capi se desvelan varias dudas, así que si tienes alguna más pregúntamela ¿ok? Ya que después no podré hacerlo.
Quimera Dreams: Hola amiga, tu review me pilló de sorpresa y te lo digo en serio, no me lo esperaba. Me alegra que te vaya gustando el fic y sí, Rei se enamoró del pecoso y si sigues leyendo el fic acabarás de comprobar que ya se le declaró. Ambos personajes están sufriendo (Kai y Takao) pero sé que te gusta que sufra Kai. Si no te conociera querida amiga, juraría que gozaste con el sufrimiento del peinado de palmera como tú le llamas, jajaja. En fin, ya no sabía nada de ti y me alegra saber que por lo menos sigues leyendo historias y entras a la página.
Miavid: Hola, me alegra ver que la historia te va gustando y siento lo de tu pc. Como ya ves, Kai está empezando a sospechar, aunque después se reprime. Espero que te haya gustado el capi y gracias por tu review.
Por favor, si alguien lee esta historia, no olvide dejar comentario o review para saber lo que opina. Cuidaos mucho, xao.
