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—¿Cómo te sientes? —fue Nami la primera en preguntar con cuidado.
Durante los últimos tres días Sanji había notado su tacto suave con él. Como si fuera un objeto suave y delicado.
Su primer instinto al haber realizado eso fue en salir de su cuarto, patear a todos en la cabeza o cerca de sus nucas (excepto a las mujeres), insultarles y, si era necesario, pelear con algunos de ellos a la fuerza.
Pero...
No lo estaba.
No estaba bien. Y no creía poder soportar un tacto menos que suave en esos instantes. Tal vez mañana sí, pero hoy aún no.
—Descansado —admitió luego de unos segundos.
—Qué alivio Sanji, ya nos tenías preocupado amigo —asintió Ussop exhalando el aire contenido. Cómo todos ellos lograban entrar en el pasillo que daba a el baño y cuarto de su apartamento iba más de la comprensión de Sanji. Pero lo lograban, apretados y varios tocándose los hombros pero ahí estaban.
Todos ellos.
—Pero tomé una decisión —inspiró sorprendido de oírse hablar. Maldijo un poco, casi mintió o evadió el tema, pero de sus labios salió la pura verdad—. Me niego a seguir siendo su amigo, voy a cambiar eso. Voy a cambiar nuestra relación —juró.
Amaba a Monster. Tal vez el miedo de no saber cómo era, su físico lo había retenido un tiempo pero después de ese fatídico día de la confesión, en que lloró en desespero por oírle dañarse, oír cómo él se lastimaba y dolía tan lejos de su alcance...
Fue un despertar.
Pelearía uña y diente para lograr que su relación prosperara. Lo cortejaría como a la mujer más deseada del mundo: le cocinaría, hablaría haría todo lo lo que deseara aunque no fuera de su interés porque sin darse cuenta Monster logró enamorarlo con su paciencia. Ahora Sanji estaba en la obligación de hacer lo mismo, aún, con el riesgo, de que no funcionara y tuviera que huir con los pedazos de corazón rotos en sus manos e hiriéndole a cada instante.
Pero necesitaba más que esta relación que mantenían.
Necesitaba más de él.
—Y estaremos ahí para ayudarte. —Oh, la hermosa sonrisa de Nami-san, como Sanji no la merecía, como no merecía ese epíteto de la belleza—. Como tus amigos para ayudarte, y -
—¡Cómo defensores para pelear si te hace llorar de nuevo! —gritó Luffy con intensidad de repente.
—¡Señorito Luffy no! —gritó Brook muy tarde.
Juntos como estaban uno al lado del otro el efecto fue un dominó en cadena cuando el Monkey saltó. Primero hizo caer de espalda a Franky que había estado detrás suyo, luego empujó con el impulso a Nami y Robon hacia la esquina, ambas apretando al pobre Brook contra la pared atrapado. Aunque cuando los senos descubiertos de Robin chocaron contra su mejilla un sonrojo e hilo de sangre cambiaron todo.
Al final Ussop fue el que sufrió el retorno del azabache. Luffy cayendo sobre su pie de forma completa, la sonrisa enorme en su rostro, la camisa de botones roja otra vez abierta (¿por qué inclusive se molestaban en decirle que la cerrara?), el Blue jean corto con esas decoraciones suaves de lana que le encantaban y admitía que le hacían sentir que tenía una oveja restregándose a sus rodillas todo el tiempo lo cual era ¡totalmente-genial!, el sombrero de paja regalo de su tío que era más probable que desapareciera después que el propio Luffy desapareciera de la faz de la tierra, no antes, y, para completar su look...
—¿Cómo haces para que duela tanto tu pisada si usas sandalias? —preguntó en voz aguda por las lágrimas Ussop. Luffy lo miró riendo sin vergüenza.
—No sé —admitió divertido.
—Espera, espera ¿si quieras sabes a lo que me estoy refiriendo? —susurró molesto, subiendo la mirada se encontró con los dientes blancos de su amigo pelados viendolo. Este rascó su nuca divertido y negó admitiendo.
—¡Luffy-bro eso fue pero para nada súper!
—¡Imbécil!
—¡Ah! —gritó Brook viendo hacia arriba de ellos. Nami con su puño levantado a punto de golpear al Monkey se detuvo—, ¡dejó un hoyo en el techo con su cabeza! ¡Señorito Luffy eso no se hace!
Sanji suspiró y frotó ambos de sus ojos con una mano no queriendo ver la escena frente a él, conformándose con los gritos entre ellos y explicaciones del daño causado.
Ya de pie y detrás del horrorizado Brook Robin cubrió su boca con su palma derecha. Ara ara, pensó divertida; al parecer nuestro pequeño cocinero no mostró violencia ante la idea de Luffy de golpear a una mujer... Nunca pensé que esto sucedería. Qué desenlace más exquisito. Rió por dentro por lo divertido del destino. Casos así eran únicos.
Cuarenta minutos después y sentados en la sala de estar quedaban solo Sanji, Franky, Ussop y Luffy en el apartamento. Algunos habían salido a trabajar, otros simplemente habían preferido escabullirse a tener que ayudar a reparar las daños echos por el Monkey. Robin había sido la única en ir a comprar el yeso necesario para reparar los daños mientras que el cocinero y el ingeniero revisaban los daños del Monkey en la pared, tratando de determinar su gravedad y cuántas veces tendría que Sanji patearlo en la cabeza para que el costo de las reparaciones lo valieran.
—Oi Luffy ¿quién te hizo esa herida en el pecho? —preguntó mirándolo de repente—.No quiero inmiscuirme —se apresuró a agregar—, pero es que siempre me ha dado curiosidad y ahora con la camisa abierta puedo notar lo extensa que es —dijo un poco apenado, no tanto por admitir que veía el pecho de su amigo (todos sabían que sus relaciones eran demasiado platónicas para eso y todos juntos habían pasado por demasiado.
Como la despedida de soltero de Franky donde, y sólo después de pasar toda la tarde en peleas de robots clandestinas, fueron para cerrar la noche a un burdel y no, no, no, Usopp no quiere, se niega rotundamente, su mente esta cerrada de los recuerdos de un Luffy borracho tratando de imitar los movimientos de las bailarinas en medio del show-!
Uh.
Ussop tenía demasiados traumas para recordar ese también. Porque a ese le seguían un Brook imitando a Luffy igual de borracho.)
(Brook semi desnudo. Inserte grito horrorizado a la distancia.)
En el sofá de dos plazas frente a él su amigo dejó de ver la televisión la cual pasaban Cars (la uno, no la de los aviones) para verlo. Aun era temprano, ni media mañana. Por el gran ventanal al fondo la luz les hacía suficiente iluminación para ambos y ni siquiera habían sentido la necesidad de encender el aire acondicionado, estando el aire fresco y seco.
—Se ve muy fea y dolorosa amigo. Para hacerte una equis —tembló por la idea—, es retorcido —admitió. Malévola e intencional fueron selladas por su lengua.
Él sonrió enormemente en respuesta, porque obviamente ¿cómo podría Luffy reaccionar mal a la acotación que tenía una cicatriz que desfiguraría su cuerpo por el resto de su vida?
—¡Shishishishi mi amigo fue el que la hizo! ¡Estábamos en una pelea con perro enojado y sus locos y me hirió por accidente tratando de salvarme! —gritó como si fuera obvio—. Pero tranquilo. Torao me arregló y todo terminó bien después de eso —sonrió feliz. Una memoria querida por él.
Aunque pensándolo mejor, frunció el ceño el mentiroso, para luffy todo era obvio. Como si uno debería haber sabido todo lo que él sabía. Casi como si sintiera que uno tenía una cámara siguiendo todos sus pasos o, una idea que sabía era muy posible en la mente del Monkey: era que para el azabache el hecho que él era el centro de contacto, lo que unía esas personas, le hacia sentir que todas ellas estaban conectadas de alguna forma rara suya. Como si él fuera el tronco (o el hueso de la carne) y ellos las hojas de las ramas (o la carne guindando de... y Ussop debía dejar de usar comparaciones con la carne aquí.)
—Imposible —murmuró negado y volviendo a recostarse en el sofá—, tú te mueves demasiado, uno no puede seguirte el ritmo a tus aventuras luffy —se quejó—, ¿y ese amigo tuyo es especial? ¿Por qué estaban peleando en primer lugar? ¡Pudo haberte matado— ! Espera, —exclamó de repente—. ¿Si quiera fue haciendo algo legal?
—¡Si! —gritó emocionado. El estudiante negó desesperado.
—Espera espera, ¿esa es la respuesta a cuál pregunta? ¿A si casi te mata, tu amigo es especial o que era legal o no la pelea?
—Tengo que presentarlos un día de estos: ¡es muy muy rápido y fuerte! —continuó hablando como si nada—. Casi me venció en una pelea una vez —admitió sonriendo.
Él arqueo una ceja en respuesta.
—Debe ser bueno entonces —dijo restregando sus dedos en contra de su barbilla. Cómo quería una barba pero esta se negaba a aparecer en su rostro—, no es como que te haya visto pelear antes pero por como Sanji lo pone tú eres un hueso duro de roer peleando. ¿Boxeo verdad? ¿No usas nada de armas?
En respuesta, el D asintió con entusiasmo. A veces cuando sonreía así Usopp olvidaba la edad que tenía, ¿veinte, más? Era difícil recordarlo con su forma de ser. Sabía que estaba estudiando algo (era difícil saber qué, el Monkey se la pasaba de clase en clase por toda la universidad ingresando en las de todo el mundo. Inclusive él lo había visto en varias de economía, medicina, dos de él de laboratorio de física y hasta historia Europea. Pero estaba seguro que tenía algo que ver con leyes, su abuelo le había inscrito ahí por eso. Para que tuviera un sentido de entendimiento de lo que era legal y no.
Recalcando la conversación que estaban teniendo Ussop pensó que Garp había fallado enormemente en su tarea.)
—Y me estaba ayudando a salvar a mi hermano Ace de un problema que se había metido con el viejo de las palomas —frunció el ceño y suspiró negando—, Ace es tan idiota que pensó que sería una buena idea, cuando yo le había dicho que no lo sería.
Ussop abrió la boca, la cerró, la volvió a abrir, y cuando por esos segundos de silencio Luffy la atención fue robada por el televisor por completo de nuevo negó. Como siempre hablar con Luffy sin haber estado presente es obtener más preguntas por respuestas.
Aún recordaba el:
—¿Luffy puedes ir a comprar helado para los postres? —preguntó Sanji desde la cocina. Emocionado este salió corriendo y no volvió hasta cuatro horas después con el helado, dos botellas de vodka, usando una bufanda amarilla con negro y sin una sandalia—. ¡Por tu culpa las hermosas Robin y Nami tuvieron que comerse sus tartas de manzana sin helado! ¡¿Qué carajos te tomó tanto mal nacido Monkey?! —había preguntado molesto.
—¡Es que Tako-man me encontró a mitad del camino y pidió mi ayuda para encontrar a su amigo!
Sanji había inhalado con fuerza. El dolor de cabeza obvio en su mirada, Los demás de la banda se habían inclinado en sus lugares sentados interesados—. ¿Quién es ese Tako man?
—El amigo de la sirena —exclamó como si fuera obvio, de su camisa sacó algo y resultó ser un pañuelo amarillo—, estaba llora que te llora y era muy molesta pero después resultó que conocía a Keimi también y que sabía a quién era que buscaba así que le dije que me ayudara buscarlo.
Se detuvo e inspiró.
—¡Pero sólo lloró más! —gritó molesto—, ¡tuve que golpear a unos tipos que pensaron que la estaba molestando! La arrastré por la Isla...
—¿Isla?
Luffy asintió con rapidez—: ¡Sí! Si no ella no iba a ir, pero en camino nos encontramos con muchas personas que decían que la dejara y otras cosas ahí. El punto es que tomé a la sirena, Shina— Shigovi algo y encontramos a Tako-man pero resulta, —inhaló con los ojos bien abiertos—, ¡que Keimi había sido tomada por unos tipos feos que se creían sus dueños y—!
—Córtala —ordenó de repente viéndolo. Monkey D Luffy cerró la boca, apretó los labios, estuvo por largos segundos con mirándolo fijamente como si en su mente estuviera repitiendo todas las escenas del día tratando de resumirlas en pocas palabras. Sanji le miró y elevó una ceja.
—Encontramos a Keimi. En la Isla todos me agradecieron porque al parecer Shiwasomi había estado temerosa de salir por un hombre que había resultado el mismo que había tomado a Keimi en primer lugar. Le golpeé el trasero. Celebraron y me dijeron que me llevara parte del alcohol luego que les explicara que tenía que irme porque me estaba esperando mi familia por el helado. Keimi me regaló una bufanda de las de su ultima colección y no tengo ni idea de donde dejé mi otra sandalia —admitió al final.
Nadie dijo nada siendo las diez de la noche, todos comidos, sentados, y sólo esperando por el regreso del Monkey, pero varios sintieron una calidez en su pecho cuando Luffy se refirió a ellos como su familia.
Como su hogar.
—Dejé tu porción en la nevera, ve por ella —fue lo único que dijo el Chef negándose a verlo a los ojos.
—... Lo bueno es que no llegó a tocar el cableado —La voz de Franky resonó a la espalda de Ussop—. Vamos a tener que raparlo y quitar parte del área aunque porque fue muy irregular el impacto bro —admitió negando—, lo suficiente como para que termine el trabajo hoy pero mañana tenga que volver a darle una nueva capa de friz para que todo se estabilice mañana otro día.
Sanji a su lado asintió habiéndolo esperado. Vio la hora y sonrió palmeando el hombro de su amigo después.
—¿Perdón? Si me estas salvando el pellejo aquí Franky —negó sonriendo. Ussop notó desde su lugar como la sonrisa parecía sincera, las ojeras bajo cada párpado era negras y estaban hinchadas, pero no fingía, y eso era lo único que importaba. Franky también lo notó, porque sonrió de diente en diente— . Hoy es sábado, si tuviera que esperar por el lunes a que vinieran a repararlo me volvería loco por tener que ver un agujero en mi techo cada mañana. Eres un salvavidas humano.
—¡Suuuper halago bro!—respondió—, ¡voy por mis herramientas en casa y regreso con Robin para comenzar a reparar entonces Sanji-bro!
Divertido Sanji le miró.
—No es necesario que hagas el viaje , aquí tengo mis propias herramientas.
Silencio.
Y luego:— regreso en menos de una hora bro. No te atrevas a tocar nada hasta entonces.
Dio media vuelta, caminó despidiéndose con la mano de Luffy y Ussop que seguían en sofá y fue después que todos oyeron el sonido de la puerta abriendo y cerrando que parpadearon. Sanji se quedó unos largos segundos ahí, con la mano en el aire.
—Ey ussop —la voz de el sonó segundos después—, si tuvieras que elegir un tipo de comida para dar una buena impresión sin saber con qué tipo de gustos, enfrentas, ¿cuál usarías?
Ussop parpadeó, pero aún así sobó su barbilla pensativa mente ignorando el grito del Monkey sobre carne.
—Hum... Creo que me iré por algo con queso. Puede que sea ridículo pero, al menos que no sea intolerante a la lactosa, lo cual apestaría, diría que es la cosa mas segura para usar. Eso, o una pasta. Aunque puede que no le guste las pastas, al menos no las va a odiar. ¿Por qué la pregunta Sanji?
El llamado miró a la nada, y de un movimiento dado un cigarro de su bolsillo encendiéndolo al instante.
—Estoy planeando hacer una visita a un amigo del extranjero —admitió con indiferencia, restando le importancia—, voy a tener que preparar algo cuando esté ahí. Tal vez una pasta no esté mal, pero con mariscos, y un buen sake de acompañamiento.
Ussop no comentó nada sin comprender, y Luffy rio como si todo tuviera lógica en su mente.
Aunque probablemente así era.
—¿Cuándo actuaremos?
—Pasado mañana o esta noche —respondió—, vamos a darle una última advertencia hoy, si para mañana no actúa. Nosotros lo haremos.
Minutos después ambos hombres se separaron lentamente de su abrazo. Chopper inspiró moqueando, restregó con la manga de su camisa su nariz y sonrió tembloroso viendo a Zoro en frente de él. En respuesta él espadachín asintió dándole fuerza.
—¿Te sientes mejor? —preguntó preocupado viendo como el niño había comenzado a ver a los lados nervioso. Cuando saltó por su pregunta una opresión le hizo difícil respirar.
¿Lo habré asustado? Pensó Zoro horrorizado de la posibilidad que su intento de ayuda, su cercanía hubieran hecho aunque fuera el más mínimo daño a las condiciones del niño. De inmediato pensó en sacarlo de su casa, alejarlo para que no se sintiera incomodado con su presencia pero recordó que estaba herido, que su ojo derecho seguía sin poder abrirse correctamente, que no tenía celular ni cómo llegar solo a casa.
La señora Mikado, pensó de repente en la posibilidad de dejarlo en manos de la dulce viejita del apartamento diagonal.
—Acaso... —la voz baja y tierna le hizo parpadear confundido. Miró de nuevo a Chopper y notó cómo veía al suelo a su izquierda, mordiéndose el labio inferior suavemente—. Perdona —dijo de inmediato—, no quiero sonar pretencioso ni molestar más de lo que sé que ya he hecho y por dios —exclamó enrojeciendo sus orejas—, ¿¡cómo puedo actuar así!?¡ Ya me has ofrecido tu casa y tu ayuda y aquí ando pidiendo por más cómo puede-!
En dos pasos Zoro estaba de nuevo frente de él, apoyando sus manos en cada hombro y obligándole a verle a la cara.
—Perdón perdón perdón —repitió murmurando.
—No, no te perdono porque —agregó al ver la expresión de dolor en el niño, ¿por Kami, que fantasmas estarían rodando su pasado?—, no hay nada que disculpar. Yo te ayudé porque así lo quise, y no eres una molestia, de serlo ya te lo hubiera dicho —agregó, por alguna razón sintiendo que el niño necesitaba saber que si era desagradado, sería informado.
El pensamiento revolvió su estómago un poco. Recordando un dedo largo y unas uñas pintadas señalándolo como si fuera un espécimen asqueroso, una amenaza.
Un monstruo.
—Es que... ¿Acaso no tendrás en tu caja de medicinas aguja e hilo? —preguntó bajo, avergonzado.
Confundido Zoro asintió.
—¿Puedes, —preguntó inseguro—, prestarme un poco?
Zoro de inmediato frunció el ceño y cerró la expresión.
—¡No es lo que piensas! —gritó Chopper moviendo las manos frenéticamente frente a su pecho. Zoro parpadeó—. Es que sé–siento que la herida en mi cabeza no va a sanar sin puntadas y prefiera aprovechar que dejó de coagular la herida para poder cerrarla —explicó tranquilo. Después de enrojeció por completo y chilló—, ¡no es como si me crea mucho no nada es sólo que sé hacerlo y quiero intentarlo y-!
Se detuvo viendo de nuevo a sus pies y parpadeó varias veces por la pena. Sin decir nada, Zoro se alejó unos pasos hasta el lavabo de la cocina donde había dejado la caja de primeros auxilios, tomó lo requerido, y los dejó en el regazo del niño.
Chopper abrió los ojos cuando sintió un peso en sus rodillas y parpadeó viendo los materiales. Vio de nuevo al hombre de cabello verde frente a él y cuando notó su seriedad y confianza en sus ojos casi lloró de nuevo, pero de gratitud.
En cambio pidió por un espejo y Zoro le guió hasta su baño donde en frente del lavamanos había uno. Dejó la puerta abierta al salir por seguridad y esperó por él en la sala, de vez en cuando asomándose a la puerta viendo el pequeño con su estatura que sólo le permitía alcanzar la parte baja del espejo (justo hasta el reflejo de sus labios), usando una mano para mantener la presión de los lados de la carne abierta mientras que con la otra encajaba la aguja con presición.
Zoro no comentó nada sobre lo ridículo de todo.
—Te hubiera lastimado de haberte negado hacerlo —se dijo sí mismo en silencio, viendo a varios metros el cuerpo menudo del niño cociendo su herida—. Tus ojos son como los míos, pero tu orgullo es... Esto. Curarte, repararte a ti mismo —pensó recordando su pasado. Lo que le había dado orgullo, lo que le había dado fuerza para continuar, que cuando estaba en la calle solo, sin Kuina ni Josaku ni Johnny, le había permitido mantener su espalda recta aún en medio de las miradas de la gente.
El kendo.
Sus espadas.
Y de alguna forma: su físico.
Zoro lentamente sintió sus ojos abrirse por completo, llegando al punto de la sorpresa en un segundo. Apretó los puños después y exhaló por la nariz.
—Blonde —cerró los ojos mordiendo su labio. Chopper exclamó a lo lejos que casi estaba listo—. Tú sin saberlo, sin conocerme no te diste cuenta que me estabas devolviendo uno de mis orgullos al ayudarme a entrenar. ¿O acaso sí te diste cuenta? ¿Realizaste que eso era lo que necesitaba en la vida? ¿Trataste de salvarme? —se preguntó sorprendido, viendo la pared oscura en frente de él sin fotos, sin decoraciones...
Sin su pasado.
—¡Roronora-san ya estoy listo! —exclamó Chopper entusiasmado minutos después. Sonrió viendo su reflejo, le quedaría una cicatriz, eso era seguro, pero ahora así no corría riesgo de infectarse o estirarse la herida y perder el ojo.
Apurado salió del baño apagando la luz tras de él pero cuando llegó de nuevo a la sala se encontró con la espalda de Roronora-san agachado en el suelo.
—¿Listo? —le preguntó volteándose. Su rostro era serio y cerrado pero Chopper pudo notar cómo sus ojos se ablandaban al verlo y como la esquina de sus labios se movía al verlo.
Él no era un monstruo como todos decían realizó. El era como Chopper, incomprendido.
—Hai —asintió dejándole ver los puntos que había tomado en su ceja.
—¿No te dolió? —preguntó preocupado—, no tenía ningún tipo de anestesia y...
—No —negó con suavidad Chopper interrumpiéndolo. Miró al suelo a sus pies y exhaló entristecido—. Estoy acostumbrado a tener que curarme y unas cuantas veces tuve que coserme sin ayuda de una anestesia. No es molestia, el hecho que me hayas dado dado la aguja y el hilo es más de lo que he tenido en varias ocasiones —admitió.
Roronora-san lo miró, apretó los labios con fuerza y después asintió. Chopper asustado pensó si lo había molestado o algo pero bajó los hombros decepcionando de sí mismo cuando el hombre volvió su mirada a lo que tenía al frente. ¿Acaso ya tenía que irse? ¿Ya no era querido? Le agradó el hombre, su sonrisa, sus palabras amables. Se sentía a salvo con su presencia, con su silencio aceptan te y no juzgador. Quería estar más tiempo con él, con alguien que le aceptaba.
"¿Pero quien quisiera estar con un raro como tú?" Susurró en su mente una voz diferente a la suya.
—Bueno ya que estás listo entonces deberás ayudarme, ven.
Abriendo los ojos se encontró con el pecho de Roronora-san justo detrás de una caja de cartón.
—¿Estás bien? —le preguntó calmada mente. Chopper notó en sus ojos cuando lo vio la preocupación en ellos—, ¿te duele tanto? —preguntó preocupado y el niño negó, limpiándose las lágrimas que habían bajado por sus mejillas—, bueno, pero si te sientes mal avísame por favor.
Asintió de nuevo, no confiando en su voz, y tomó la caja que le era ofrecida con una pequeña sonrisa.
—Vamos a darle vida a este apartamento —proclamó el hombre revolviendo los cabellos y tomando otra caja del suelo. Le indicó que las abriera, y cuando Chopper notó los trofeos y medallas sintió sus ojos abrirse al máximo—. Sí —río el hombre con suavidad—, y hay dos más como esa escondidas por ahí. Fotos también. Muchos recuerdos.
Su voz se volvió rota al final, pero negó y pareció alejarlo todo con una mirada.
—Si terminamos pronto te dejaré elegir qué quieres que cenemos.
—¿Me dejará quedarme? —no pudo evitar preguntar lleno de sorpresa.
Él sonrió y desacomodó sus cabellos de nuevo.
—Por supuesto. Pero tendrás que pedirle permiso a quien sea responsable de ti antes, ¿ok? Y no te dejaré dormir aquí, pero te llevaré a tu casa después de comer.
Choppe asintió de nuevo tragándose las lágrimas y el sollozo en su interior. Qué alegría. Gracias, gracias, gracias...
Por una hora entera estuvieron ambos varones acomodando los objetos regados por todo el apartamento; Chopper no comentó nada cuando notó que las fotografías donde una mujer de cabello corto negro y ojos desafiantes aparecía estas eran colocadas boca abajo en los marcos. Tampoco sobre el hecho de tener tantos reconocimientos, diplomas y méritos en un hombre que todos parecían despreciarlo. Sólo puso las cosas donde más creyío qeu debían ir, comentó de vez en cuando sobre las veces que había tenido que curarse las heridas de su cuerpo (nunca diciendo cómo las había obtenido) y discutieron de las mejores comidas para pedir después de un día de trabajo.
Al final fueron alistas dulces lo que pidieron por teléfono junto con helado y papas fritas.
Zoro rió por el diente dulce del niño. Él por la poca cantidad que consumía en comparación al tamaño y cuerpo del hombre.
—¿Por qué decidiste poner todo hoy, Zoro-san? —preguntó curioso tomando una de las piezas. Zoro suspiró, habiendo logrado que le llamara por su nombre pero aún sin poder retirarle el honorífico de él. Chopper no preguntó por qué las cosas habían estado en cajas en primer lugar, lo cual agradeció, el niño era más inteligente de lo que su figura proveía.
—En realidad —dijo viendo a su alrededor. Donde en la sala ahora explosiones de oro y plata, listones largos azules, morados y rojos, marcos de madera repletos de fotos y recuerdos pequeños como una tortuga con la cabeza de vidrio y una esfera de nieve de un zoológico le miraron—. Acabo de realizar el esfuerzo para ayudarme que ha hecho una persona por mi durante más de un año.
—¿Quieres mucho a esa persona? —preguntó el niño emocionado, contento de la felicidad en la expresión de Zoro-san.
—Tanto —dijo—, que creo que merece conocerme como soy —asintió ante la mirada confundida de Chopper.
Sanji a miles de kilómetros de distancia leyó por cuarta vez el ultimo chat que habían compartido ambos jugadores casi una semana atrás. Esa noche se imaginó besando los hombros del hombre que amaba y recordó su voz profunda mientras jadeaba en su cuarto. Al mismo tiempo Zoro limpió la sala viendo al Chopper dormitar en su sofá aferrado a una manta y usando como almohada el sombrero rosado y peludo.
—Mierda —marculló bajo al notar que su batería había muerto en el transcurso de la tarde sin su conciencia. Lo dejó cargando en una esquina de su casa, y después olvidó por completo su existencia viendo el rostro calmado del niño, de vez en cuando acariciando uno de sus cabellos, y pensando seriamente en sus sentimientos por Blonde.
Es mi mejor amigo pensaba mirando el rostro pasivo de Chopper. Pero yo nunca quise tan desesperada mente compartir un espacio con los demás que he conocido se dijo suspirando.
Zoro tenía y mantenía contacto con varios amigos, todos de su época como representante, aunque todos eran de distintos países (algunos diferentes continentes) y, aun así, no sentía la misma necesidad de verlos a ellos como la que tenía con Blonde. Los extrañaba, anhelaba la idea de volver a verlos de nuevo, pero Blonde era otro nivel, no era algo de un día, un encuentro de hoy, quería a él verlo siempre.
¿Será que quiero algo más que amistad? Se preguntó curioso, un poco sorprendido.
Cada uno de los trofeos, medallas y memorias que Zoro había creado en su vida le miraron desde diversas partes del apartamento: sobre su escritorio, en el suelo, en las esquinas del televisor y en el estante donde antes sólo había mantenido sus libros. Pensó, por alguna razón, que no estaría de más llamar a uno de sus amigos para pedirle consejos, por fin aceptando lo que él le había ofrecido por tantos años: ayuda.
—Creo que ya llegó al hora de comenzar a entrenar de verdad —se dijo con convicción, asintiendo.
Pequeños cambios como esos, eran los que modificaban no una, sino varias vidas. Y eso me hace pensar, entretenida, que todos somos ramas que se entrecruzan con otros árboles a lo largo de la vida.
No se preocupen, pienso en algún momento contar toda la historia de lo que paso ese día con luffy XD
Buenas buenas buenas buenas bueeeeeenas.
¿Les gusto el cap? ¿Muchas cosas inconclusas y prefieren que sea mas directa en el siguiente?
Amo sus comentarios, me hacen tener ideas al leerlos. Y si, estoy pensando seriamente cambiar el ranking (a uno adulto) del fic. Pero aun falta para eso, pero advierto: tengo exp escribiendo lemons de ZoSan, para que sepan (inserte carita pervertida)
Bye...
