Capítulo 14
Abrió los ojos sobresaltada. Estaba temblando, y su sensación de miedo se intensificó cuando se halló en una estancia totalmente a oscuras. ¿La habrían capturado ellos? Olía un poco a cerrado, como si se hallara en un lugar sin ningún tipo de ventilación o ventana y no obstante, alguna pieza de la conclusión que había comenzado a formar desencajó en cuanto se incorporó lentamente sobre el mullido colchón y las suaves sábanas de terciopelo. ¿Estaba muerta? ¿Acaso ciega y por ello no podía ver nada más allá de la oscuridad?
Mientras intentaba encontrar el borde de la cama, algunos recuerdos sueltos y borrosos comenzaron a pasar por su cabeza, como si fueran fotogramas de una película. Hogwarts. La batalla. Un ligero pinchazo hizo que se agarrara con cuidado la zona del abdomen, pero se sorprendió al no hallar sangre o provocar que le doliera más todavía. Ron. Gritos. Voldemort, explosión. Harry.
Dando algún que otro traspié, se levantó finalmente de aquélla superficie blanda, y estirando los brazos, a tientas, se topó contra una pared tras dar algunos pasos. ¿Dónde estaba? ¿Qué había sido de sus amigos? Encontró un cordelillo, y tiró ligeramente de él hacia abajo, provocando que el estor subiera y dejara pasar una ligera luz a través de la ventana. No debían ser más de las diez de la mañana. Como autoreflejo, se llevó las manos a la cara, tapando los ojos que habían quedado levemente cegados por la luz que entraba en aquella habitación. Se repitió mentalmente por casi enésima vez: ''¿Dónde estoy?''
Se dirigió con cuidado de no tropezar hacia la cama, y observó que su túnica, todavía sucia y manchada de barro, estaba echada sobre una silla, delante de un pulcro y bastante ordenado escritorio de madera maciza. Necesitaba respuestas. La cabeza le dolía, supuso que por el desconcierto de hallarse en aquélla situación desconocida y extraña. Quería explicaciones, y volver a Hogwarts con sus amigos, a luchar.
Lo que Hermione no sabía era que eso resultaría mucho más difícil de lo que ella pensaba.
La noche anterior, Draco ni siquiera había tenido ganas de conjurar un par de hechizos para acondicionar (o al menos, dejar habitable) una de las habitaciones que quedaban en el mismo piso que su ahora antiguo dormitorio. ¿Por qué tenía que haber dado cobijo a esa comelibros? Había dormido en el sofá por su culpa, y a causa de ello, ahora sufría una terrible tortícolis mañanera. ¿Es que acaso guardaba la estúpida esperanza de que ella sintiera algo por él? ¿Es que acaso él...? No. Él jamás sería capaz de sentir nada por nadie, y menos por ella. Él nunca la querría. Que se hubiera apiadado de ella la noche anterior (o algo así) era algo totalmente diferente, y sin demasiada importancia. Un fuerte ruido, como de algo cayéndose, interrumpió los pensamientos del chico, y Draco supo que Hermione acababa de despertar en el piso de arriba.
-La mataré si ha roto algo. -fue lo único que se le pasó por la cabeza, y sin querer darle más vueltas a ninguno de los asuntos que lo atormentaban, se dirigió moviendo ligeramente el dolorido cuello hacia la cocina.
Hermione salió de la habitación casi pegando un salto. Había tropezado momentos antes con la tapa de un baúl abierto, para acabar estampándose contra la puerta abierta de un armario. Quería pensar que los mortífagos la habían capturado, y mantenerse seria pero, el simple echo de haberse tropezado la había puesto en ridículo consigo misma, y no podía evitar sentirse sobresaltada. Bien porque se sentía patética, bien porque quizá al abrir la puerta, se encontrara con el mismísimo Lord Voldemort saliendo de uno de los cuartos de baño. A saber.
Sin embargo, cuando se halló en el amplio y luminoso hall de la planta superior, no encontró ningún indicio del Lord Oscuro, ni nada que le hiciera pensar que se hallaba en peligro alguno. O quizá todo era un sueño. Todavía llevaba la ropa sucia y hecha jirones que había estado llevando en la batalla, días atrás. Ni siquiera sabía cuánto tiempo atrás exactamente. Estaba desorientada, y puede que por eso mismo, cuando echó a andar, no se dio cuenta de la pequeña presencia que estaba justo delante de ella, sosteniendo con sus raquíticos bracitos una cubeta llena de toallas y ropa con olor a detergente.
-¡Oh! Ha despertado. ¡La chica está bien! -vociferó Robby, provocando que Hermione pegara un salto bastante sorprendida, mientras agitaba los brazos exageradamente y tiraba todo lo que cargaba en sus brazos volando por los aires. Hermione lo miró con una mezcla de sorpresa y compasión. Sin duda, se hallaba en una casa de magos. El pequeño elfo doméstico se dio cuenta de la mirada que la joven le dirigía, y cómo luego la desplazaba ligeramente hacia la pila de ropa que había quedado echa un desastre en el suelo. -¡Oh! Perdóneme. Robby ha echo mal. Robby es torpe. El amo es bueno conmigo, pero Robby siempre tira cosas por el suelo. -dijo, mientras se tiraba al suelo en plancha y alcanzaba las cosas con sus pequeñas manitas.
Hermione se arodilló con cuidado, y después de decirle un par de frases acerca de la libertad de los elfos domésticos, y advertirle a la criatura que no tenía por qué hacer eso, ayudó a Robby a recoger todas las cosas que había desparramadas por el suelo de parqué del rellano. Inmediatamente después, y dejando a Hermione con la palabra en la boca, Robby salió corriendo escaleras abajo, tropezando, y gritando cosas como: ''El amo va a ser feliz, sí, el amo se pondrá contento''. Antes de volver a tropezar y estar a punto de caerse, Robby desapareció con un chasquido de dedos, dejando a una joven de pelo ligeramente enmarañado totalmente boquiabierta al pie de las escaleras que daban al piso inferior.
Jack había despertado sobresaltado, entre golpes y gritos en el pasillo, fuera de su habitación. Ni si quiera eran las diez de la mañana, y no tenía que darle clase al chico hasta las once y media. Quería dormir, pero Piloto también se había despertado, y entre el griterío armado en el pasillo (¿sería aquélla joven, que había despertado?) y que éste se había tirado encima de él para espabilarlo a lametones, Jack ya no se sentía con ganas de permanecer tumbado en la cama.
Unos quince minutos después, ya se había duchado y aseado más o menos, y al abrir la puerta, había notado cómo su perro Piloto había salido corriendo y ladrando amistosamente a alguien, para terminar escuchando una vocecilla femenina que gritaba y reía al mismo tiempo.
-¡No, no me comas! ¿De dónde has salido tú? ¡Perro listo, eres un perrito muy listo! -Jack supuso que era la voz de la chica a la que Draco (ahora Nicholas) había ayudado la noche anterior, y a la que Piloto, en un arrebato de cariño y amor perruno, se le había abalanzado encima.
Hermione notó cómo la puerta de la habitación de Jack se abría lentamente, y al girarse y encontrarse allí al joven ciego encarado hacia ella, dio un respingo y Piloto corrió de nuevo hacia su amo pegando brincos. La joven intentó decir algo, pero tampoco sabía qué, así que, después de balbulcir un par de intentos de frase, se quedó callada y no se movió del sitio.
-Perdonde a mi perro, señorita. -dijo al fin Jack, agarrando a Piloto por el collar, y atrayéndolo hacia sí, mientras éste gruñía un tanto disconforme. - Normalmente no se comporta así nunca, pero parece que le ha cogido cariño.
-Y-ya veo... ¿Dónde... Dónde estoy? -preguntó ella al fin, un tanto avergonzada y desorientada al mismo tiempo. - ¿Esto es Hogwarts? ¿Estoy soñando?
-Me temo, jovencita, que aquí no hay ningún lugar llamado Hogwarts, ni aquí, ni en ningún sitio, que yo sepa... Estamos en Londres, Inglaterra. Concretamente, a unos diez minutos andando de Oxford Street. -explicó Jack, que no recordaba exactamente el nombre ni el número de la calle en que se hallaban. De todos modos, supuso que si se lo decía y el amo Nicholas se enteraba de ello, no le haría ni pizca de gracia.
Hermione comenzó a sentirse un poco más tranquila, pero aún así, las explicaciones que le diera un ciego, tampoco la tranquilizaban mucho. Y... ¿Por qué si había un elfo doméstico, el joven que tenía delante no sabía de la existencia de Hogwarts? Todo resultaba extraño, y confuso. Tampoco estaba segura de estar totalmente a salvo, pero al menos, había despertado en una cama mullida y calentita, y por ahora, nadie había intentando matarla. Pero... ¿Y sus amigos, qué sería de ellos? ¿Habrían sobrevivido, estarían bien?
Draco estaba en la cocina desayunando bizcocho de chocolate que había sobrado la noche anterior, dado que nadie había cenado dadas las... Repentinas circunstancias. Estaba sentado en una de las sillas de roble a juego con la mesa, de un color madera claro, observando al infinito, pensando en nada en concreto, cuando un sobresaltado elfo doméstico hizo aparición en la cocina, pegando un par de traspiés y cayendo estrepitosamente sobre el suelo embaldosado, haciendo mucho ruido, y sacando a Draco de sus pensamientos.
-¡Robby, ten más cuidado, o destrozarás la casa! -le gritó el joven, aunque su tono de voz se debía a que el sobresalto lo había pillado por sorpresa, causando que pegara un ligero salto de la silla. El elfo doméstico no contestó, agachando la cabeza avergonzado, y balbuciendo algunas palabras de disculpa. Draco no quería enfadarse con él. En realidad, el elfo le daba un poco de lástima, pero eso era algo que nunca, nunca diría en voz alta.
Bastó que Robby se disolviera en el aire con un chasquido de dedos, diciendo que había cosas que debía hacer, para que Jack apareciera debajo del marco de la puerta de la rústica cocina, todavía con cara de sueño. Seguramente, la sabelotodo lo había despertado con todo ese escándalo. A saber qué estaría haciendo ahora mismo... A todo esto, debía procurarle una habitación (tampoco hacía falta que fuera muy decente, con un colchón y una almohada bastaba, supuso Draco), o él acabaría cogiendo dolor de cuello crónico de tanto dormir en el sofá del salón.
-Veo que también eres madrugador... -le dijo su tutor, mientras bostezaba y se acercaba a tientas a uno de los armarios que había encima del grifo, donde guardaban los cereales. Draco no le contestó, y Jack supuso que estaba de mal humor.- He conocido a tu... Amiga, por cierto. Una chica muy simpática.
-¿Dónde está? ¿Qué te ha dicho? -saltó de repente Draco. ¿Querría largarse con sus amigos? Necesitaba echar un vistazo al espejo, y ver cómo estaban las cosas en Hogwarts, por cierto. De todas formas, lo que ella quisiera hacer a él le daba igual. Lo único que quería era que no estorbara, y si se marchaba, mejor para todos ellos. No la necesitaba. Al fin y al cabo, él no quería que ella estuviera allí, porque... ¿De qué le servía si no se enamoraba de él?
-Sólo estaba un poco desorientada, supongo que estará dando una vuelta por la casa... -contestó Jack, cogiendo a tientas una galleta del plato que había en la mesa, mientras se sentaba con los cereales.
Ni siquiera acabó de pronunciar esta frase cuando Hermione cruzó la puerta abatible de la cocina. Draco, que la había escuchado acercarse, y que no quería que la chica descubriera su horrorosa apariencia o, peor todavía, que descubriera que era él, corrió rápidamente a esconderse tras la puerta del pequeño armario despensa a la otra punta de la cocina, chocando contra todo lo que encontraba a su paso, y maldiciendo con cada cosa que le golpeaba, permitiendo que lo único que viera Hermione al entrar en la sala fuera una sombra moviéndose rápidamente a través de la estancia. Aún con la ropa sucia y estropeada, pensó que lo que había visto era producto de su imaginación y todavía reticente dolor de cabeza, y lo único que hizo fue poner una cara que dejaba bastante claro que no entendía absolutamente nada.
-Yo... -comenzó a balbucear ella. No sabía qué hacer, ni cómo comportarse. Quería respuestas a sus preguntas, pero tampoco quería parecer desagradecida con la hospitalidad que estaban (aparentemente) mostrando con ella. Quizá, primero que nada incluso pudiera pedir permiso para darse una ducha y que le dejaran algo de ropa, y luego, intentar contactar con Ron y con Harry. - Me preguntaba si podría darme una ducha y me podrían dejar algo de ropa para cambiarme... Si no es demasiada molestia... -dijo ella, dirigiéndose a Jack, que estaba echando sus cereales tranquilamente en un bol con leche.
-Señorita... -comenzó él, pero no sabía cómo se llamaba.
-Granger. Hermione Granger.
-Señorita Granger... Yo no soy el dueño de la casa. Debería preguntarle al señor Nicholas, él manda aquí, y seguramente estará encantado de conocerle. -dijo, remarcando esta última frase, intentando al máximo que Draco, escondido en la despensa, lo escuchara alto y claro. - ¿Verdad?
Draco odiaba ese tipo de situaciones en las que se veía acorralado y no sabía qué hacer. Hermione se acercó cautelosamente hasta la despensa, y lo único que se le ocurrió hacer al joven fue ponerse la capucha de la sudadera que vestía, bajar la cabeza y salir de su escondite de espaldas, fingiendo que organizaba los numerosos botes y latas de los estantes.
-Sea quien sea... Gracias por mantenerme a salvo aquí... ¿Podría ducharme y cambiarme de ropa? No molestaré mucho, lo prometo.
-Claro que no molestarás... Porque no vas a estar mucho tiempo aquí. -pensó Draco, pero cuando se decidió a decirlo en voz alta, ella ya no estaba en la cocina.
Nota de autora: Hola! Siento mucho haberos hecho esperar tantísimo tiempo... Me siento bastante sinvergüenza por ello, y lo siento, de verdad! Pero yo advertí que, una vez empezaran las clases, los exámenes y demás... Apenas tendría tiempo para nada, y de hecho, acerté. De hecho, este capítulo estaba empezado desde hacía tiempo, pero entre unas cosas y otras, no pude acabarlo y ha tenido que ser en ratos libres de Navidad cuando realmente he podido terminar de escribirlo.
Este va a ser el último capítulo hasta dentro de... Uff! Bastante tiempo. Me gustaría decir vacaciones de Pascua, pero no sé cómo estará la cosa... Este año tengo que estudiar muchísimo, y cuando no, tengo más obligaciones, así que... Quizá hasta vacaciones de verano no pueda publicar más. Eso sí, lo repito: no dejaré la historia abandonada.
En fín... Me ahorro los comentarios de siempre respecto al capítulo, que es un poco tarde y tengo que madrugar mañana. Muchísimas gracias a tods aquells que me dejásteis reviews en los capítulos anteriores (creo que algunos no los pude contestar, si es así, lo siento!) y a mis lectors habituales! Un beso grandísimo, espero volver por aquí pronto!
