CAPÍTULO 14

Cuando Tails recobró la conciencia, la casa estaba oscura y silenciosa. No se movía ni una sombra, y para ser sinceros, eso inquietó al zorrito todavía más que el estallido de una bomba nuclear.

Lentamente y tratando de contener una mueca de dolor, Tails se puso en pié frotándose la nuca dolorida con una mano enguantada, antes de ponerse manos a la obra e inspeccionar la casa de arriba abajo. Sin embargo, no encontró nada. Ni rastro de Sonic. Era como si su hermano mayor se hubiese volatilizado en el aire junto con ese extraño erizo verde, que había aparecido de improviso en la casa atacándole por sorpresa cuando el zorrito estaba trabajando tranquilamente en su taller.

El pánico y la culpa comenzaron a atenazar el pecho del pequeño vampiro. Tenía la amarga sensación de que la pelea entre ambos erizos no había acabado bien para Sonic…

Lentamente, Tails bajó las escaleras apretando los puños mientras trataba de contener la rabia y la impotencia. Si tan solo no fuese tan débil y hubiese podido defenderse por sí mismo, nada de esto habría pasado; y es que desde que era un pequeño huérfano mortal, el zorrito había dependido siempre de Sonic para que este le defendiese y le sacase adelante. El erizo azul se había encargado de luchar todas sus batallas por él, colmándole de mimos y cariño incondicional cuando el mundo entero parecía haberle dado la espalda; después de todo, ¿a quién iba a importarle en aquella época un niño medio muerto y sin padres? Pues a Sonic, por supuesto. Dijese lo que dijese el erizo, para Tails siempre sería su héroe, el mismo que se había preocupado lo suficiente por él como para sacarle de aquel horrible orfanato y concederle el don de la vida eterna. Sin embargo, el despreocupado y rebelde vampiro que tan invencible parecía ante sus ojos, había desaparecido sin dejar rastro y le había dejado solo... Pero no. Ahora no era el momento de lamentarse, ni mucho menos de hundirse.

Sintiéndose enfadado consigo mismo por haber dejado que sus inseguridades hiciesen flaquear el espíritu luchador que tanto se había empeñado Sonic en inculcarle, el vampiro amarillento sacudió la cabeza bruscamente para despejarse. Lo primero que tenía que hacer era calmarse y pensar con la cabeza fría, pues puede que la vida de su hermano adoptivo estuviese pendiendo de un hilo en esos mismos instantes, y sabiendo que él solo sería incapaz de ayudar a Sonic, la única solución factible que se le venía a la mente, era pedirle ayuda a cierto erizo negro con betas rojizas.


—Hola Shadow —le saludó Scourge con una extraña sonrisa que dejó entrever sus filosos y amenazadores colmillos.

Shadow frunció el ceño y se cruzó de brazos, inspeccionando sospechosamente con sus vibrantes ojos rojos al vampiro plantado justo en frente de él. ¿Quién diantres era este erizo verde? ¿Cómo sabía su nombre? Y lo más importante de todo. ¡¿Es qué no se había dado cuenta de la hora que era?!

—¿Nos conocemos? —preguntó Shadow enarcando una ceja mientras le lanzaba una mirada despectiva.

—Directamente no he tenido el placer. Pero créeme, me han hablado mucho de ti —respondió el recién llegado casualmente—. Por cierto, mi nombre es Scourge.

—¿Scourge? —repitió el erizo veteado sin atreverse a apartar la vista del otro ni un solo segundo. Tenía un mal presentimiento, era como si un aura que avecinaba problemas rodease al erizo verde y le advirtiese del peligro; y aunque la sensación de inseguridad era tan débil como un pensamiento escondido en el fondo de su mente, para Shadow era más que suficiente como para que sus instintos de agente despertasen y le obligasen a mantenerse alerta—. No me suena.

—¿Ah, no? No me puedo creer que Sonic no te haya hablado de mí —dijo Scourge haciéndose el ofendido—. Con lo buenos amigos que éramos…

—Ya veo —musitó Shadow. Escuchar como el nombre de su novio escapaba de entre los labios del aquel extraño desconocido, había conseguido avivar su interés ligeramente, sin embargo, no se atrevió a preguntar y alargar más la conversación—. Pues si le estabas buscando, Sonic no está aquí. Se fue hace un rato —continuó con precaución, no queriendo darle más información de la estrictamente necesaria.

—¿Se fue y te dejó solo? Vaya, eso es una verdadera lástima… Aunque no me sorprende, esa rata azul nunca acostumbró a cuidar bien de sus cosas.

Shadow parpadeó sorprendido. Había algo en este tipo que no cuadraba; sería por su siniestra sonrisa plagada de colmillos afilados o quizás por el ofensivo comentario que acababa de hacer, pero el caso es que al agente de GUN le estaban entrando unas ganas tremendas de cerrarle la puerta en las narices.

—Sí, bueno… Si quieres, cuando vuelva puedo decirle que has estado aquí —contestó Shadow secamente mientras hacía ademán de cerrar la puerta.

—Shadow, Sonic no va a volver.

De golpe, fue como si la sangre de Shadow se congelase y cientos de escalofríos recorriesen su espina dorsal mientras el erizo apretaba con fuerza el picaporte de la puerta. El tono de Scourge se había vuelto frío como el hielo tan repentinamente, que le había dejado completamente descolocado. Y exactamente, ¿a qué se refería con que el vampiro azul no iba a volver?

—¿Perdona? ¿Qué has dicho? Creo que no te he entendido bien.

Scourge le sonrió fríamente mientras entornaba ligeramente sus penetrantes ojos azules y clavaba su mirada en la del otro.

—Ambos sabemos que me has entendido perfectamente —contestó.

Shadow luchó contra el instinto de retroceder, y en su lugar le devolvió la mirada con la misma intensidad, negándose a ser intimidado por el vampiro.

—¿Quién coño eres tú y qué le has hecho a Sonic? —masculló el erizo negro finalmente. Su paciencia se estaba disipando a toda velocidad junto con los restos de sueño que aún pudiese tener adheridos a su sistema.

—Ya te lo he dicho antes, mi nombre es Scourge, y en cuanto a tu novio… —El erizo verde sonrió con malicia—. Es un secretó.

—¿Te estás riendo de mí? —preguntó Shadow mientras trataba de mantener el tono de voz lo suficientemente bajo como para no despertar a todo el vecindario y luchando contra un tic nerviosos que amenazaba con aparecer en su ojo izquierdo.

—Ni mucho menos —se rió el vampiro haciendo aspavientos con las manos—. Pero como realmente pareces estar muy interesado en saber dónde está la peste azul, ¿qué tal si hacemos un trato? Tú me das permiso para entrar en tu casa voluntariamente, y yo te digo donde está. Oh, y te sugiero que te des prisa en decidir, ya sabes, el tiempo corre.

Shadow le observó indeciso. ¿Dejarle pasar? ¿A ese loco? Ni de broma. Ni siquiera sabía si lo que le estaba contando era cierto; de hecho, lo único que sabía con certeza es que dejarle entrar a su casa estando solo podría resultar en un error fatal. Pero por otra parte, el erizo negro era uno de los mejores agentes que trabajaban para el gobierno (modestia aparte), y estaba seguro de que si se concentraba lo suficiente, podría apañárselas para doblegar al erizo verde por sí mismo en el caso de que hubiese problemas.

—¿Cómo sé que no me estás mintiendo?

—Ahí está la cosa, no puedes saberlo —contestó Scourge encogiéndose de hombros—. Tendrás que fiarte de mí, pero siendo sinceros, ¿a cuánta gente conoces que esté dispuesta a venir de madrugada a tu casa para gastarte una broma pesada?

El erizo veteado le dirigió una mirada cargada de fastidio antes de suspirar pesadamente.

—Trato hecho, pero como me hayas mentido, lo lamentarás —le advirtió—. Puedes entrar.

Una ráfaga de viento pasó por su lado y dos fuertes manos se posaron sobre sus hombros con firmeza, clavándole las uñas mientras Scourge acercaba su boca plagada de colmillos a una de las inquietas orejitas negras del otro.

—Buena elección, rayitas —le susurró.

Los ojos de Shadow se abrieron como platos y enseguida comenzó a retorcerse lejos del agarre del otro, distanciándose un par de metros de él mientras sus orejas se aplanaban contra su cabeza en un gesto amenazador y le dirigía al vampiro una mirada recelosa. ¡¿Cómo podía ser el erizo verde tan rápido?! Ni siquiera le había visto moverse, es más, ¡le había pillado totalmente por sorpresa!

—¿Cómo demonios…? —masculló Shadow.

—¿Me he movido tan rápido? —terminó el otro por él—. Fácil, rayitas, tu novio no es el único que tiene una habilidad especial; de hecho, en su día nos entrenamos juntos para conseguir esta velocidad anti-natural.

Maldición, eso no entraba dentro de los planes de Shadow… El erizo negro resistió la tentación de mirar nerviosamente a su alrededor en busca de algo que pudiese usar para defenderse en caso de necesitarlo, teniendo en cuenta que lo único que llevaba encima eran unas zapatillas de andar por casa con dibujos de pandas (dichosa Rouge y su manía de regalarle cosas tan poco varoniles…).

—Me da igual, y ahora que estás dentro, dime de una vez por todas donde está Sonic para que puedas largarte de mi casa —le exigió con firmeza mientras sus ojos chispeantes como dos llamas le observaban con hostilidad.

Scourge no pudo evitar sonreír divertido, le encantaba este erizo, y sobre todo lo fácil que era hacerle enfadar. En opinión del vampiro, aquel brillo furioso que iluminaba su mirada de ojos rojos le sentaba fenomenal, el erizo negro se veía completamente delicioso (nunca mejor dicho).

—Todo a su tiempo, rayitas, si quieres que te lo cuente, primero tendrás que convencerme. —Scourge le guiño un ojo juguetonamente, de forma dolorosamente idéntica a tal y como lo hacía Sonic cuando le estaba tomando el pelo, y Shadow no pudo evitar estremecerse—. Por el momento, ¿por qué no te preparas un té y charlamos un ratito? No te imaginas la cantidad de cosas que quiero contarte —sugirió tranquilamente, y sin esperar ningún tipo de invitación (y sorteando la mirada furibunda de Shadow), el erizo se sentó en el sofá negro, colocando los pies con sus botas embarradas sobre la mesita de café.

Shadow le lanzó una mirada asesina. Ah, no, eso sí que no. La vida con Sonic era una lucha continua por mantener la casa limpia, pulcra y ordenada, y lo que el erizo negro no iba a consentir, es que de repente llegase un completo desconocido y dejase lo que tantas horas le costaba limpiar hecho una mierda. Así que con eso en mente, Shadow se acercó a la mesita de café y tiró bruscamente de ella hacia atrás, provocando que los pies de Scourge cayesen de nuevo al suelo.

—Hazme un favor y no te sientas como en tu casa —masculló Shadow antes de alejarse del sorprendido vampiro.

Scourge observó siguiendo atentamente con la mirada como el erizo negro desaparecía tras la puerta blanca de la cocina, y no puedo evitar hacer una mueca de fastidio; le gustaba la gente con carácter, sí, pero eso de quitarle los pies de encima de la mesa había sido un movimiento peligroso. Al erizo nadie le decía lo que tenía que hacer, y mucho menos la puta de Sonic.

Una vez que Shadow se encontró completamente solo en el interior de la cocina apoyado contra una de las paredes, pudo por fin relajarse y respirar tranquilo; aquel vampiro le ponía de los nervios con su falta de modales y aquella mirada hambrienta. El erizo no era idiota, y sabía perfectamente que las intenciones del otro no rondaban una charla amistosa mientras él disfrutaba de un relajante té calentito con pastas, pero si quería que el erizo verde le desvelase el paradero de Sonic, tendría que seguirle el juego.

No queriendo perder el tiempo, Shadow puso agua a calentar en una tetera negra de metal y volvió al salón, pero para su sorpresa, Scourge ya no estaba sentado en el sofá, al parecer el vampiro había encontrado un nuevo entretenimiento mucho más divertido husmeando en su móvil.

Shadow se maldijo a sí mismo por haber dejado dicho aparato a la vista del otro y cerró la distancia que los separaba con un par de zancadas, antes de tratar de arrancarle el móvil de las manos bruscamente, pero el otro le esquivó con facilidad y estiró el brazo con el móvil lejos del alcance del iracundo erizo.

—Devuélvemelo. —Tanto la mirada de Shadow como su tono de voz, dejaban bastante claro que la situación no le estaba haciendo ninguna gracia.

Scourge le sonrió burlonamente.

—¿Y eso por qué, rayitas? ¿Te da vergüenza que vea lo guapos que salís en tu fondo? —Shadow no pudo evitar sonrojarse ligeramente ante la última pregunta. El erizo azul se había empeñado en ponerle como fondo de pantalla una foto de él sentado sobre su regazo mientras le besaba cariñosamente la mejilla. El día en que tomaron la foto, habían hecho lo que al erizo negro más le gustaba hacer: pasar tiempo de calidad juntos viendo una peli acurrucados en su sofá, lejos del bullicio de la ciudad y de las miradas indiscretas de la gente. Pero claro, eso Scourge no tenía porque saberlo…

—No, pero el contenido de mi móvil no es asunto tuyo —replicó Shadow apretando la mandíbula mientras intentaba desesperadamente recuperar su móvil de las garras de aquel bastardo.

Al sentir como el pecho desnudo de Shadow rozaba contra el suyo propio cuando el erizo negro trató de alargar el brazo a su vez para alcanzar el móvil, Scourge no se molestó en ocultar una sonrisa malvada ante la repentina cercanía entre ambos, disfrutando del fresco y agradable olor del otro, y un poco también de la diferencia de altura, pues el vampiro le sacaba unos cuantos centímetros. Sin embargo, Shadow consiguió por fin quitarle el móvil, y después de dirigirle una última mirada fulminante, el erizo negro se alejó de él y se sentó pesadamente en el sofá.

—No eres nada divertido, ¿lo sabías, rayitas? Pero bueno, retomemos la conversación por donde la habíamos dejado. —El erizo negro enarcó una ceja cuando sintió el peso del otro al acomodarse junto a él a una distancia peligrosamente cercana, sin embargo, no comentó nada al respecto.

—Estabas a punto de contarme dónde está Sonic.

—Buen intento, pero no cuela. De todos modos, no sé qué es lo que ve la gente en él. Estoy seguro de que tú para empezar ni siquiera sabes absolutamente nada de su pasado.

—Yo… —Shadow quería defenderse tanto a sí mismo como al erizo azul, pero en su lugar parpadeó sorprendido al darse cuenta de que las palabras del vampiro eran ciertas. Ni Shadow conocía el pasado de Sonic, ni Sonic el suyo. Ahora que lo pensaba, ni si quiera había salido la conversación, y si Shadow preguntaba algo al respecto, el otro se encargaba rápidamente de cambiar de tema. Hasta ese momento el erizo veteado no le había dado ninguna importancia, pero ahora que se paraba a pensarlo, ciertamente era un poco triste no saber casi nada del pasado de tu pareja.

—Lo suponía —dijo Scourge lanzándole una mirada cargada de suficiencia—. Pero no te preocupes, pequeño, para eso estoy aquí; para arrojar un poco de luz sobre el misterioso pasado de nuestro querido y carismático ericito.

Shadow no estaba seguro de querer desvelar ese pasado, algo le decía que era mejor dejar las cosas como estaban, además, se fiaba de Sonic y sabía que si no le había contado algo, sería porque el vampiro tenía sus propios motivos. Todo el mundo tiene derecho a guardar secretos después de todo. Pero por otra parte, el erizo negro tenía curiosidad, y la curiosidad es una de las emociones más fuertes y peligrosas que existen, así que si el otro tenía algo interesante que contarle, Shadow le escucharía con atención y más tarde juzgaría sus palabras por sí mismo.

—¿Por qué estás haciendo todo esto? —le preguntó Shadow repentinamente.

—Porque quiero que sepas la verdad y como es en realidad el vampiro al que tanto idolatras —respondió Scourge amargamente. Tenía que reconocer que la pregunta le había pillado un poco por sorpresa.

—Sigo sin entender porqué te tomas tantas molestias solo para ensuciar la imagen de mi novio. ¿Qué es un idiota perdido? No es que sea una sorpresa para mí… Sin embargo, durante estas últimos semanas le he conocido lo suficiente como para apreciar quién es ahora sin importar lo que hizo en el pasado. Así que dudo mucho que vayas a poder cambiar mi opinión con respecto a él, pero de todos modos te invito a intentarlo —Shadow se cruzó de brazos y le hizo un gesto con la cabeza para indicarle que podía comenzar a hablar.

Scourge le dedicó una sonrisa que no le llegó a los ojos y se encogió de hombros.

—Teniendo en cuenta que el incordio azul ni siquiera te ha hablando de mí, dudo mucho que te haya contado nada de lo que hizo antaño. Así que empezaremos desde el principio: Todo comenzó una noche en la que ambos habíamos salido de fiesta, ya sabes, dos jóvenes de diecisiete años…

—¿Diecisiete años? —preguntó Shadow sorprendido. ¿Sonic tenía diecisiete? El erizo negro nunca le había preguntado la edad con la que fue convertido. Tampoco es que fuese a preocuparle ahora, pues físicamente solo se sacaban tres años, sin embargo, se le hacía extraño pensar que Sonic nunca tendría un cuerpo legalmente adulto.

—Sí, diecisiete —Scourge le dirigió una mirada cargada de molestia—. Y si quieres que continúe con el cuento, más te vale tener el pico cerrado, rayitas. Como te iba diciendo, ambos volvíamos borrachos a nuestras casas cuando dos mobians realmente hermosas se cruzaron en nuestro camino y nos pidieron ayuda porque supuestamente se habían perdido. Supongo que no hace falta que te cuente lo que Sonic y yo pensamos en esos momentos… Sin embargo, las cosas se nos fueron de las manos y ambos acabamos entre las garras de dos sádicas vampiresas. Conoces a Amy y a Fiona, ¿verdad?

—Algo así —contestó el erizo negro secamente. El recuerdo de Amy todavía residía vivido en su cabeza. No tenía nada en contra de la vampiresa, pero no le agradaba en absoluto la cercanía que parecía tener con el erizo azul, le hacía sentir inexplicablemente celoso; y eso a Shadow no le gustaba ni un pelo.

—Genial, pues esas fueron las dos putas que acabaron con nuestra vida mortal. —A pesar de la crudeza de sus palabras, Shadow pudo observar que el hecho de ser convertido en un vampiro no parecía resultarle desagradable en absoluto, sin embargo, esta vez fue un poco más inteligente y se abstuvo de replicar nada—. Descartando el shock del principio y los intentos fallidos de suicido por parte de Sonic, la cosa no fue tan mal. Poco a poco, tanto tu novio como yo fuimos olvidando que una vez habíamos sido mortales y, con la ayuda de Amy y Fiona, ambos nos convertimos en dos fríos asesinos sedientos de sangre, formando una feliz y sanguinaria familia con las dos chicas.

Shadow apretó la mandíbula tratando de mantener el rostro inexpresivo, pero por algún motivo, la tranquilidad con la que el otro relataba los hechos se le hacía exasperante.

—Durante unos cuantos años, nuestra vida como seres inmortales no pudo ser más dulce; todas las noches follábamos, violábamos, matábamos y bebíamos sangre como locos… Si hubieses visto a Sonic en aquellos momentos, probablemente le habrías confundido con el anti-Cristo —medio bromeó Scourge al observar con satisfacción como el erizo veteado trataba de reprimir una mueca de horror—. Sin embargo, esa feliz época no duró para siempre, pues Sonic se enamoró de una mortal que le llenó la cabeza de mierda pacifista e ideas extravagantes sobre la igualdad para ambas especies… Y en aquellos momentos, ninguno de los dos imaginamos que esa mortal sería nuestra perdición y la que ocasionaría el fin de nuestra amistad. Dime rayitas, ¿te suena de algo el nombre de Sally? ¿O es qué tu querido y tierno vampiro no ha tenido la decencia de hablarte de ella?

El erizo veteado asintió lentamente. No era gran cosa lo que sabía de la mobian, sin embargo, no era la primera vez que el agente se la había oído mencionar a Sonic. A pesar de todo, una pequeña parte del agente seguía sin comprender que tenía que ver todo esto con él.

—Es bueno saberlo —continuó Scourge—. Sally era la ardilla más bonita que te puedas imaginar, con unas curvas de tentación y un carácter firme e idealista, pero sobretodo leal. Una mobian que tenía las ideas claras por decirlo de alguna manera. El caso, es que ambos nos enamoramos locamente de ella y ahí comenzó nuestra rivalidad, que fue destruyendo poco a poco el recuerdo de todos aquellos días de diversión desenfrenada que Sonic y yo habíamos compartido. Sin embargo, ella prefirió al bastardo azul en vez de a mí y, como no, yo pensé que obviamente estaría confusa y se habría dejado llevar por la presión, por lo que nunca dejé de insistir. —Las orejitas de Shadow se tensaron al escuchar como el tono de Scourge se iba volviendo cada vez más y más amargo—. ¿Te imaginas como me sentí el día en el que me enteré que esos dos iban a casarse?

Shadow se encogió de hombros, ni le importaba ni quería sentir el más mínimo rastro de empatía por el otro.

—Dios, creo que nunca antes había sentido tanta rabia —continuó el vampiro verde—. Así que cegado por la ira, esa misma noche reté a Sonic a una pelea en un claro que había en el interior de un bosque cercano a su casa. Una vez allí, ambos luchamos, y llegó un momento en el que una de mis amenazas logró despertar algo oscuro y siniestro escondido en el interior de Sonic; por decirlo de alguna manera, es la parte más diabólica y malvada que posee todo vampiro y que nunca debe descontrolarse. Pero Sonic perdió los estribos y esa pequeña semilla malvada salió a la luz e intentó hacerme picadillo.

—Qué lástima… que no lo consiguiese, me refiero —murmuró Shadow venenosamente.

—¿Has dicho algo? —le espetó el otro.

—Nada en absoluto.

—Ya me parecía… —gruñó Scourge antes de continuar—. Lo que no sabíamos, es que Sally se había enterado de lo que ambos habíamos planeado y esa noche nos siguió al claro. Como no, ella trató de interponerse entre ambos al ver como Sonic perdía el control de sí mismo, y entonces…—El vampiro apretó los puños con fuerza, perdido en el dolor de su propio recuerdo mientras su voz se tensaba más y más a cada palabra que sus labios dejaban escapar—. Entonces el bastardo la mató. La desgarró el cuello y se bebió su sangre delante de mis ojos, y antes de que pudiese darse cuenta de lo que estaba haciendo, Sally estaba muerta. —Al observar como el erizo verde temblaba a causa de la rabia, Shadow comenzó a alejarse lenta y precavidamente de él—. Murió asustada y llena de odio entre los brazos de un monstruo que una vez la juró amor eterno.

Shadow se estremeció cuando Scourge soltó de improviso una amarga carcajada. No le gustaba nada el rumbo que estaban tomando las cosas.

—Si me lo preguntas, la vida tiene un humor un tanto satírico; es como una enorme caja llena de ironía. Y lo peor es que nunca pude obtener mi venganza gracias a la malnacida de Amy… Esa furcia se encargó de escapar junto a Sonic muy lejos de allí. Sin embargo, hoy será la noche en la que por fin ese erizo experimentará el mismo dolor que sentí yo aquel día. Él mató al amor de mi vida, y yo mataré al suyo —los gélidos ojos azules de Scourge se clavaron en Shadow, dirigiéndole al erizo vetado una mirada cargada de odio que le provocó escalofríos.

—Creo... que el agua ya está lista —trató de excusarse Shadow levantándose abruptamente del sofá.

—¿A dónde te crees qué vas? —le dijo Scourge alargando un brazo para retener la muñeca del erizo con más fuera de la necesaria mientras le lanzaba una mirada de advertencia.

—No me toques —le espetó Shadow tratando de soltarse del agarre del otro. El erizo estaba seguro de que si el mismo era capaz de escuchar con claridad el sonido de su corazón latiendo desbocado es su pecho, Scourge también podría.

—¿Qué no te toque? —le preguntó el erizo verde con una incredulidad no muy lejana a la burla—. Rayitas, no sé si te has dado cuenta de que en estos momentos no estás en posición de objetar —dicho esto, el vampiro tiró dolorosamente de su brazo y le arrojó con brusquedad sobre el sofá.

Shadow trató de incorporarse rápidamente, pero su velocidad no tenía ni punto de comparación con la del otro, así que pronto se encontró así mismo tumbado boca abajo sobre el mullido mueble con el erizo verde sentado sobre él, manteniendo con las rodillas sus brazos pegados al cuerpo.

—¿Sabes? He estado pensando que si Sonic mancilló su frágil y hermoso cuerpecito, ¿no debería hacer yo lo mismo contigo para que mi venganza sea justa? —le susurró Scourge al oído, aprovechando para lamer descaradamente una de sus orejitas negras. El olor a adrenalina, miedo y sudor que despedía el cuerpo del erizo veteado estaba volviendo locas a sus hormonas. Tenía que admitir que los chicos no eran lo suyo, pero por una vez, podría hacer una excepción.

—¿Q-qué estás haciendo? —Shadow se estremeció cuando la cálida y húmeda lengua del otro entró en contacto con una de las partes más sensibles y erógenas de su cuerpo. Ahora sí que se estaba empezando a asustar. Sintiendo como el pánico crecía en su interior, Shadow comenzó a revolverse salvajemente, sin embargo y a pesar de que el vampiro verde ya era más fuerte que él de por sí, estar obligado a permanecer en una posición tan vulnerable y expuesta, hacía que sus intentos por escapar fuesen más débiles aún. Así que tragándose el orgullo, el erizo hizo lo único que se le ocurrió—. ¡Scourge, te retiro la…!

Shadow no pudo terminar la frase, pues el erizo verde empujó su cabeza contra uno de los cojines, manteniéndola ahí y ahogando el sonido de su voz. Genial, ahora aparte de tener a un sociópata sentado a ahorcajadas sobre él, se estaba ahogando…

—¿Hemos aprendido la lección o voy a tener que tomar medidas más drásticas? —le preguntó Scourge una vez que le dejó levantar la cabeza para tomar aire de nuevo—. Si vuelves a intentarlo, la próxima vez no seré tan generoso y te arrancaré la lengua.

Por toda respuesta, Shadow volvió a retorcerse, negándose a someterse ante el violento vampiro mientras sentía como la rabia, la impotencia y ahora también un ápice de terror, crecían en su interior.

—¡Bájate de encima, maldito cabrón! —le gritó desesperado.

—Shh, cálmate Shadow —le pidió el otro adoptando un tono de voz excesivamente dulce, que para nada consiguió calmar los nervios del otro—. Mira el lado bueno, al menos te prometo que experimentarás unos minutos de intenso placer antes de morir —se rió el vampiro oscuramente, antes de acercar su hocico al hueco que quedaba libre entre el cuello y el hombro de su prisionero para aspirar su olor profundamente—. Umm... Hueles muy bien. Todo lo contrario a aquel día en el que te vi caminando solo por la calle con aquella sudadera apestando a él… Si supieses lo mucho que me costó controlarme para no desgarrar tu cuello entonces…

Las orejitas del erizo negro se aplanaron contra su cráneo, solo que esta vez por culpa del agobio. Pero justo cuando todo parecía perdido para él, el erizo verde cometió un error y aflojó la presión que ejercían sus rodillas para mantener los brazos de su cautivo pegados al cuerpo, y Shadow aprovecho el descuido para liberar uno de sus brazos y lanzar un zarpazo desesperado al aire, que por suerte impactó contra el rostro de Scourge provocando que por reflejo el vampiro se apartase de él, dándole la oportunidad que el erizo negro necesitaba para ponerse en pie y echar a correr hacia la puerta más próxima de la casa, que resultó ser la de la cocina.

—Mala jugada, erizo —masculló Scourge completamente fuera de sí mientras se limpiaba la sangre de la mejilla donde Shadow le había arañado con el puño.

Shadow colocó una silla contra el picaporte de la puerta para bloquearla, aunque la sola idea de que eso retuviese al vampiro le resultaba hilarante… Pero sí que podría darle un poco de tiempo para pensar en algo. Sus orejitas se crisparon nerviosamente al escuchar como Scourge golpeaba la puerta bestialmente al otro lado, provocando que esta crujiese anunciándole al erizo negro que como no hiciese algo pronto, su funeral llegaría antes de lo esperado.

La rabia invadía todos y cada uno de los poros del erizo verde. ¡¿Pero quién coño se había creído ese patético erizo que era?! Oponiéndose a sus deseos y humillándole de esa forma… Ni hablar, eso no podía quedar impune, Shadow lo iba a pagar muy caro, y el vampiro se aseguraría de darle una muerte lenta y especialmente dolorosa.

Por fin y después de un par de patadas más, la puerta cedió y se partió, concediéndole paso libre al erizo verde, el cual sonrió con malicia mientras sus caninos crecían de tamaño sobre sus demás colmillos, revelando así el aspecto de su verdadera naturaleza asesina.

Shadooow… —canturreó Scourge—. Sal aquí ahora mismo y no me obligues a entrar a buscarteee. O de lo contrario, me cabrearas aún más y las consecuencias serán peores para ti, y probablemente para tus huesos.

Al ver que nadie respondía, Scourge gruño amenazadoramente, pero nada más poner un solo pie en el interior de la cocina, el vampiro fue recibido con un chorro de agua hirviendo directo a la cara.

Aullando de dolor, el erizo verde retrocedió torpemente mientras se sujetaba la cara con ambas manos como si de esa manera pudiese protegerse del dolor. Y asomando la cabeza por la puerta, Shadow sonrió triunfalmente arrojando la tetera, ahora vacía, al otro lado de la habitación.

—Te dije que el agua estaba lista.

El erizo veteado ni siquiera tuvo tiempo de apartarse cuando el vampiro corrió hacía él y le propinó un puñetazo en la cara tan fuerte que lo mandó volando al otro lado de la cocina, provocando que el agente se estrellase contra la encimera antes de caer al suelo, y que el contenido de uno de los cajones de los armarios de cocina que colgaban de la pared cayese sobre él por culpa del impacto.

—¡Te voy a matar! —Sin pensar mucho en las consecuencias de sus actos, Scourge, dejándose llevar por la rabia y el dolor de su cara horriblemente quemada, saltó sobre el otro antes de que tuviese tiempo de recuperarse del golpe y envolvió sus manos alrededor de su cuello, ahogándole y exprimiendo lentamente su vida a medida que el oxígeno dejaba de regar el cerebro del erizo negro.

El rostro de Shadow se contorsionó en una mueca medio sorprendida y medio asustada al darse cuenta de que el vampiro estaba, efectivamente, estrangulándole; y más por reflejó que por otra cosa, se llevó las manos al cuello y comenzó a arañar desesperadamente las manos enguantadas de su agresor mientras pataleaba inútilmente tratando de quitarse al vampiro homicida de encima.

Los ojos de Scourge quedaron iluminados por un brillo asesino, y las comisuras de sus labios se elevaron lentamente para formar una sonrisa maquiavélica a medida que sentía como las fuerzas de su presa debajo de él se agotaban y sus movimientos se volvían cada vez más y más desincronizados, lo cual le confirió al erizo verde con la cara destrozada un aspecto aún más diabólico que antes.

Fue entonces cuando una de las manos de Shadow dio por casualidad con un objeto frío y metálico tirado en el suelo junto a él, y sin darse tiempo a pensar en ello, el erizo se lo clavó a Scourge con fuerza.

Durante unos segundos no ocurrió nada. La presión en el cuello de Shadow disminuyó hasta desaparecer completamente cuando las manos del otro dejaron de aprisionar su garganta. La mirada cargada de confusión que Scourge cruzó con el erizo negro habría podido resultar casi cómica de no ser por la actual situación en la que ambos se encontraban. Y por fin, el vampiro verde tuvo el valor de mirar hacia abajo y observar con horror el cuchillo de plata incrustado en su estomago que Shadow sostenía con fuerza en una mano temblorosa.

Shadow tenía ganas de vomitar. Sentir como la sangre del otro resbalaba sobre él y llenaba el ambiente de un desagradable olor metálico, le estaba resultando una tarea muy desagradable de soportar, sin embargo, se obligó a sí mismo a no soltar el mango del cuchillo, y en su lugar, el erizo negro apretó la mandíbula y retorció el cubierto en el interior del otro, ganándose un grito de dolor por parte del vampiro cuando la plata se abrió paso a las profundidades de su cuerpo quemando sus entrañas por el camino.

Cuando el dolor se volvió demasiado insoportable, por fin Scourge se alejó de él, trastabillando hasta chocar contra una de las paredes mientras se sujetaba con ambas manos el profundo corte de su estómago como si temiese que sus tripas fuesen a salírsele justo ahí y ahora.

Jadeando pesadamente, Shadow agradeció mentalmente por primera vez en la vida que Rouge le hubiese regalado aquella cubertería de plata, que había permanecido guardada cogiendo polvo en el pequeño armario de cocina hasta entonces (quien diría que por fin uno de los regalos de la murciélago acabaría resultándole útil…). Cuando el erizo negro recuperó por fin el aliento y encontró las fuerzas necesarias para ponerse en píe, este observó con frialdad como Scourge caminaba de vuelta hacia el salón apoyándose en las paredes y dejando allí la marca de sus manos ensangrentadas. El bastardo se lo tenía bien merecido.

Acercándose decidido a la mesa de la cocina, Shadow partió sin contemplaciones la pata de madera de una de las sillas. Las cosas se estaban alargando demasiado para su gusto, y el erizo negro quería darle un punto y final a este melodrama de una vez por todas.

Scourge, superado por el dolor de su cara más el añadido en el estómago y ralentizado por la pérdida de sangre, se apoyó completamente contra una de las paredes del salón y se dejó caer el suelo en una posición sentada mientras sus ojos observaban atentos como el erizo negro se acercaba a él a paso lento con el rostro inexpresivo.

Las heridas del vampiro no podían matarle; de hecho, en un par de horas y con un poco de sangre, el erizo verde estaría como nuevo. Sin embargo, la estaca improvisada que llevaba el otro en la mano, SÍ era una amenaza.

—¿Dónde está Sonic? —le preguntó el erizo negro tranquilamente plantándose justo en frente del vampiro.

Scourge le dirigió una mirada cargada de veneno antes de lanzarle un gapo sanguinolento, que a decir verdad no llegó muy lejos.

—Creía que a estas alturas habría quedado claro que no tengo intención de decirte nada.

—Respuesta incorrecta. —Shadow sonrió, sin embargo, no era una para nada una sonrisa alegre. De repente, una brutal patada estalló contra el rostro de Scourge, y después otra, y otra, y otra, hasta que el erizo negro por fin se detuvo jadeando sorprendido al escuchar como el erizo verde soltaba una carcajada.

—Debo reconocer que tienes un par de cojones —Scourge ladeo la cabeza, dejando que un chorrito de sangre resbalase lentamente por la comisura de sus labios—. Tú, a diferencia del maricón del tu novio, por lo menos has sabido oponer algo de resistencia, y ahora estás, como podríamos llamarlo… ¿torturándome? Solo porque te interesa conocer el paradero de alguien que muy posiblemente podría estar muerto a estas alturas; y veo por ese brillo en tu mirada que lo estás disfrutando bastante, ¿me equivoco?

Algo en el rostro de Shadow se crispó. Si le habían hecho daño a Sonic, el erizo verde lo iba a pagar muy caro. Además, teniendo en cuenta que hace menos de quince minutos el otro había tratado de violarle, el erizo negro estaba seguro de que tenía un buen motivo para estar "disfrutando" el cambio de roles.

—Pero que se podría esperar del peligroso e inestable Proyecto Sombra —continuó el vampiro con la voz rebosante de malicia—. Una criatura que ni siquiera puede ser considerado un mobian de verdad, un engendro de la naturaleza y, por si fuese poco, un desgraciado que cargará en su conciencia con la muerte de personas inocentes por el resto de su miserable vida.

Shadow abrió los ojos sorprendido antes de entrecerrarlos amenazadoramente.

—Tú no sabes nada de mí.

Scourge le sonrió a su vez, ligeramente divertido con el rumbo que estaba tomando la conversación.

—Me leí tu expediente, así que créeme cuando te digo que sé más de ti de lo que tú nunca aspiraras a recordar debido a… tu condición. —La sonrisa del vampiro se ensanchó al ver como el otro se volvía bruscamente y le daba la espalda molesto.

—Cállate o lo haré yo —masculló Shadow después de darse la vuelta y alejarse unos cuantos metros para que el otro no viese como la desesperación se apoderaba de sus facciones. Pellizcándose el puente de la nariz mientras sentía como una ligera migraña comenzaba a hacerse patente en su cabeza, el erizo negro maldijo a Scourge por haber sacado siquiera el tema…

—Eres un pequeño mosntruito creado entre las paredes de un laboratorio —continuó el erizo verde con un deje de sorna en sus palabras mientras se metía cuidadosamente una mano en su sudadera, ahora empapada en sangre, y sacaba de su interior una pequeña pistola, apuntando con ella al otro. Hoy Shadow aprendería una valiosa lección; en una pelea como esta, no hay un verdadero ganador hasta que uno de los dos muere, por lo tanto, nunca le des la espalda a tu enemigo—. Así que espero que comprendas que te estoy haciendo un favor, tanto a ti como al resto del mundo por esto.

De repente, la puerta del piso del erizo negro se abrió y unos pasos apresurados resonaron en el recibidor antes de que el potente ruido de un disparo interrumpiese el silencio de la noche.

El cuerpo de Shadow se tensó, y todo pareció transcurrir a cámara lenta. La bala dirigida al erizo negro impactó contra Rouge en su lugar y la mobian cayó al suelo del salón incapaz de mantenerse en pie.

El transcurso del tiempo pareció ralentizarse cuando Shadow, cegado por la ira y el dolor, descargó su puño contra el pecho desprotegido de Scourge y le clavó la estaca certeramente en el corazón, provocando que el vampiro se convulsionase antes de que dicha criatura estallase como un globo y se convirtiese en un repulsivo amasijo de vísceras, sangre y gore.

—S-shadow… —La improvisada estaca resbaló suavemente de las manos del erizo negro y cayó al suelo, rodando hasta chocar contra una de las paredes de la habitación cuando este oyó la voz quebrada de su amiga a sus espaldas, y muy lentamente, Shadow se dio la vuelta.

—Voy a llamar a una ambulancia —dijo el erizo veteado con la voz entrecortada, tratando de pasar por el lado de la murciélago sin atreverse a mirarla siquiera. Sin embargo, cuando la mano de la mobian sujetó su tobillo suavemente, el erizo se paró en seco.

—Espera… ¿Tiene muy mala pinta? —le preguntó Rouge débilmente.

Shadow cerró los ojos durante unos instantes, inspirando aire profundamente antes de obligarse a sí mismo a observar por fin la herida de bala en el estómago de la joven, sabiendo de inmediato que esta estaba condenada, pues ciertamente tenía una pinta horrible. La sangre que manaba de la herida con avidez, estaba comenzando a teñir el suelo de rojo a una velocidad vertiginosa, y a este paso, la murciélago no tardaría demasiado en morir desangrada.

—No.

A pesar del dolor, Rouge se forzó a sonreír suavemente.

—Siempre has sido un mentiroso terrible…

Shadow la observó con detenimiento sintiendo como la angustia crecía cada vez más en su interior, pero el erizo se negaba a dejarla morir sin hacer nada. Así que con eso en mente y, teniendo en cuenta que mientras Scourge y él luchaban su móvil había quedado destrozado, Shadow decidió que lo mejor sería ir a buscar algún teléfono para pedir ayuda.

—¿A dónde crees que vas? —la chica se vio obligada a interrumpirse cuando un ataque de tos se apoderó de ella al ahogarse con su propia sangre.

Shadow se estremeció, pero consiguió parar a tiempo una mueca que amenazaba con escapársele, dedicándose en su lugar a mirar fijamente la pared de enfrente.

—Obviamente, voy a buscar un teléfono para llamar a una ambulancia —le explicó.

—No. N-no te vayas, Shadow. Ambos sabemos que a estas alturas ya nadie puede ayudarme —le suplicó Rouge antes de hacer una pausa para inspirar aire profundamente, lo que provocó que otro ataque de tos se apoderase de su cuerpo—. Y… y no quiero morirme sola… —le confesó cuando por fin consiguió calmarse.

Tragándose el nudo que se había formado en su garganta tras escuchar las crudas palabras de la joven y aún un tanto disconforme con su petición, Shadow asintió y lentamente se sentó junto a la mobian apartando la mirada incómodo al verse incapaz de observar a su amiga en aquel estado deplorable. Sin embargo, cuando la mano ensangrentada de Rouge se posó suavemente sobre su mejilla, el erizo volvió la cabeza con cautela en su dirección, dejando que sus miradas se encontrasen durante unos segundos, tratando así de decirse todo lo que no eran capaces de expresar con palabras. Y fue justo en ese momento cuando Shadow fue plenamente consciente de que esta sería la última vez que podría observar el brillo juguetón en la mirada de su amiga, como sus labios, siempre pintados a la perfección, se curvaban levemente para formar una sonrisa tentadora, y como ya nunca más podría quejarse de lo mucho que la murciélago le sacaba de quicio y le exasperaba con sus comentarios inapropiados.

Sintiendo como el dolor y la tristeza iban ganando control sobre todas las demás emociones, Shadow apartó la cabeza bruscamente lejos de la reconfortante caricia de la mobian, incapaz de seguir soportando ni un minuto más la presión que atenazaba su pecho. Ahora el erizo se sentía terriblemente culpable y enfadado consigo mismo por no haber pasado más tiempo junto a la joven cuando tuvo la oportunidad y, sobre todo, se sentía enfadado por haberla fallado.

—Mírame, Shadow… por favor. —le pidió Rouge desesperada mientras su mano buscaba a tientas la del otro.

Las orejitas de Shadow se aplanaron completamente contra su cabeza en un gesto de genuina tristeza y sumisión mientras el erizo cerraba los ojos con fuerza al sentir como las lágrimas comenzaban a acechar las comisuras de sus ojos, pero finalmente dejó que su mano se encontrase con la de la otra y que sus dedos se entrelazasen suavemente, acariciando con el pulgar el dorso de la mano de la mobian, la cual parpadeó sorprendida ante aquel inesperado gesto de cariño.

—Shadow… T-tienes que escucharme, porque de lo contrario, sé que no serás capaz de volver a vivir contigo mismo —comenzó Rouge, parándose en medio de su discurso para tratar de contener otra oleada de dolor proveniente de la herida abierta, sin embargo, al observar que Shadow no trataba de interrumpirla, la mobian decidió continuar—. Vas… vas a tener que hacerme una última promesa; una de esas que no se pueden romper, ¿vale? —Sin darle tiempo a responder, Rouge siguió hablando—. En primer lugar, nada… nada de lo que ha pasado esta noche es tu culpa, ¿entendido? No me arrepiento de lo que hice y quiero que sepas que si voy a morir ahora, es porque voy a regalarte mi vida para que tú puedas vivir la tuya plenamente en mí lugar, porque… porque me importas Shadow, me importas y quiero que sepas que te quiero mucho y… y… —Rouge había estado haciendo grandes esfuerzos para no llorar llegados a este punto, sin embargo, al ver como las lágrimas resbalaban silenciosamente por las mejillas de su amigo mientras este apretaba su mano con fuerza, algo dentro de la murciélago se partió ante aquella descorazonadora imagen y las lágrimas comenzaron a nublarle la vista a ella también—. Maldita sea… Cielo, no llores, o de lo contrario me vas a hacer llorar a mí también —se quejó la otra conmovida, antes de intentar suavizar la tensión con uno de sus típicos comentarios—. Y si tengo que morir, al menos quiero hacerlo estando tan fabulosamente guapa como siempre y conservando el rímel intacto.

Shadow no respondió nada, en parte porque estaba casi seguro de que si lo hacía, su voz acabaría quebrándose. Así que ambos volvieron a quedarse en silencio sin soltar sus manos, hasta que la voz de de la murciélago volvió a interrumpirlo por última vez.

—T-tengo… tengo frío, Shadow —murmuró mientras sentía como su vista se desenfocaba cada vez más y más, hasta finalmente perderse en un inmenso mar de infinita oscuridad.

En cuanto los ojos de Rouge se cerraron, y la mobian dejó de moverse y su pecho de alzarse para indicar que, aunque erráticamente, seguía respirando, Shadow llegó a la conclusión de que ya nunca más volvería a abrirlos; y esa conclusión no le gustó nada, pues de repente, un intenso dolor agudo aprisionó su pecho y la respiración se le atragantó como si tuviese un nudo en la garganta, sintiéndose completamente perdido ahora que la calidez de la mano de su amiga ya no estaba allí para guiarle.

Temblando, Shadow se arrastró hasta la chica, y con sumo cuidado recogió su cuerpo y lo acunó con mimo contra su pecho. Y apoyando su frente contra la de la otra, el erizo consiguió por fin volver a poner sus pulmones en funcionamiento, dejando que el aire contenido escapase de sus labios en forma de sollozos mientras sus lágrimas caían libremente sobre el rostro de la murciélago, llorando por primera vez en mucho tiempo.

—Lo siento, lo siento mucho, por favor… —Desde que el erizo tenía memoria, la murciélago había estado siempre a su lado, luchando junto a él, cuidándole y obligándole a ver el lado positivo de la vida. Sin embargo, ahora la chica se marchaba dejando al erizo negro con todas aquellas palabras de agradecimiento que debería haberla dicho cuando tuvo la ocasión, aún en la punta de la lengua—. Lo siento, Rouge. No te mueras, no me dejes solo…

Una voz carraspeó a espaldas del agente.

—¿Shadow?

Dicho erizo volvió la cabeza sobresaltado, buscando con su mirada borrosa a causa del llanto al propietario de la voz.

—Creo… creo que puedo ayudarla —afirmó Tails decidido.


Bueeeno, pues hasta aquí el capítulo. Es probable que tenga algún que otro fallito, sobre todo la última parte (teniendo en cuenta que la acabo de terminar de escribir y editar, y que me estoy muriendo de sueño), pero bueno... Debo admitir que no se me da demasiado bien escribir cosas tristes, aunque al menos lo intente xd, y ahora me siento un poco mal por Rouge...

Por lo demás, siento no haber actualizado la semana pasada, pero tenía exámenes finales y los estudios son lo primero C:

Muchas gracias por leer y en especial a los que comentaron (besitos virtuales para todos :3). Y como siempre, no os olvidéis de dejarme un review para hacerme saber lo que opináis o si veis algún fallo que corregir ;D.