Espero les guste... es un poco largo, para compensar las ausencias D los adoroo, Dios los guarde y quiero reviews eh!
La Jooovii
Capítulo 14: La cena
¿Por qué Hermione lloraba? ¿Por qué lo miraba como si fuera algo repulsivo? ¿Cómo es que, en unos ojos tan bellos como los de ella, se pudiera ver sólo dolor? ¿Qué estaba pasando?
De pronto la muchacha lo mira, dejando que las lágrimas continúen cayendo por sus mejillas.
- Te odio - logra decirle por fin, el corazón de Harry se rompe, siente el dolor profundo, un dolor que nunca antes había sentido. Era todo muy duro. Entonces la castaña desaparece dejándolo ahí solo en medio de toda la oscuridad.
- ¡No! ¡Hermione! ¡HERMIONE! - comienza a gritar el ojiverde.
Y entonces despertó sobresaltado. Era la quinta noche consecutiva que no podía dormir. Habían pasado ya cinco días desde que Harry comenzó con su "tarea especial", cinco días desde que le mintió a Luciel y por consiguiente a Hermione.
Sólo cinco días... y para él parecía una eternidad. Estaba hecho un desastre. Como los cuatro días anteriores, se sentía ansioso al haber despertado de ese sueño. Aunque sabía que era temprano, marcó el número de la ojiambar, esperando que contestara en el acto.
- Diga... - la voz se oía soñolienta, no la reconoció al instante.
- Te amo - susurró, como si ella se encontrara ahí presente.
- Eso es muy lindo de su parte joven, pero yo ya estoy casada - "¡Es Jane!" se maldijo a sí mismo por haber empezado la llamada con esa frase - tranquilo, Harry, sé que eres tú... como las cuatro mañanas anteriores - el moreno percibió un tono de sarcasmo en su voz - Hermione ha estado muy cansada estos días, por eso me pareció bien dejarla dormir hasta tarde hoy... y eso implicaba llevarme el móvil para que no la despiertes... nada personal, querido. Llámala más tarde, cuídate cariño, adiós - y sin esperar respuesta alguna por parte del ojiverde, colgó.
- Bueno... ¿cómo has estado? - preguntó un pelirrojo muy preocupado. No había sabido casi nada de su mejor amigo en los últimos días, estaba actuando un poco raro, por eso lo había invitado a almorzar a un restaurante que quedaba a unas cuantas calles del ministerio, quería saber sobre su vida.
- Sobrevivo - respondió el ojiverde sin ánimo.
- A ver, a ver... ¿Algo te pasó? ¡Hombre, ánimo! Estás con Hermione, estás trabajando, sin mencionar que estás con la mamazota de Luciel... ¡no me mires así! ¿tiene algo o no? - preguntó el ojiazul al ver a su amigo a punto de protestar.
- Ese es el motivo de mis problemas... tiene algo - comenzó el ojiverde y le contó todo lo que había pasado en esos últimos días, desde el momento de la mentira, hasta las pesadillas que habían estado atormentándolo - no entiendo... te juro que no entiendo.
- Hombre... Hermione no merece esto - sentenció por fin el pelirrojo con la cabeza gacha.
- Sé que no lo merece, Ron, yo la amo con todo mí ser, es sólo que... pensé que el Ministro me necesitaba más, y ahora, ¡estoy fregado! ¡hundido hasta el mismísimo cuello! - realmente así se sentía.
- Bueno, pero cuando le expliques todo, ya no habrá problema - el pelirrojo le brindó una cálida sonrisa - ánimo hombre, no todo está perdido.
- Supongo... gracias por los ánimos - continuó Harry, dándole una mueca - ¿cómo te va con Luna?
- No lo sé... siento que estoy en una especie de sueño y que voy a despertar de un manotazo... es tan fácil vivir con ella, se amolda a ti... la amo de verdad, pero no sólo por eso, sino porque me hace sentir especial, puedo ser yo mismo con ella, creo que ni con mis padres puedo hacer eso - ahora Ron tenía los ojos soñadores, de pronto el peliazabache sintió una envidia tremenda al oírlo hablar así de la mujer de su vida. Él sentía lo mismo por Hermione y sin embargo, las cosas no iban tan bien, a excepción de que Ron no le mentía descaradamente a Luna.
- Me alegra escuchar eso... al menos a uno le tiene que ir bien ¿no? - bromeó el ojiverde.
- A dos, dirás - le corrigió el pecoso - Draco se fue de viaje con Ginny, mis papás pegaron el grito en el cielo, pero ya sabes cómo es Ginny... en estos momentos deben estar paseándose por la bela Italia - hizo un pequeño ademán al pronunciar el italiano.
- Me alegro por ellos también - respondió el moreno con pesar, oír que a todas las parejas les iba bien, no lo animaba mucho exactamente, "¡No es el momento para ser egoísta!" se reprendió.
- Bueno, compañero, fue una gran mañana - el ojiverde se puso de pie al escuchar las palabras de su amigo, que ya se encontraba casi en la puerta - apúrate si no quieres que el ministro de bote a patadas... y - añadió antes de cruzar el umbral - haz las cosas bien, Harry.
Dicho esto, se retiró del departamento, dejando a un ojiverde más confundido que nunca. ¿Qué debía hacer? El ministro seguía confiando en él, pero no estaba dispuesto a perder a Hermione - porque estaba seguro de que todavía no la había perdido - por nada ni por nadie.
Luciel y él se llevaban bien, estaba seguro de que ella comprendería. Estaba decidido, le diría la verdad a Luciel y le pediría perdón a Hermione, de rodillas si fuera necesario.
- ¿Dónde estabas? - preguntó la morena, estaba cruzada de brazos en la oficina de Harry - Llevo esperando media hora.
- Lo siento, Luciel... tuve un percance - alegó.
- No me vas a decir de qué se trata ¿verdad?
- No
- Bien, vamos - y tomándolo de la mano lo jaló fuera del ministerio.
Harry se sentía frustrado. Ni siquiera pudo ver a Hermione. Un "Hola, amor, necesito hablar contigo, ¿está bien?" No habría estado mal, y ni eso pudo conseguir.
"¿Por qué se comporta de manera tan extraña?" se decía Hermione una y otra vez, "algo le pasa... ¡¿Por qué diablos no puedo saber qué es?!... lo noto raro hace varios días, justo hoy que quería hablar con él, ¿para qué me habrá llamado hoy en la mañana?".
Habían tantas cosas que quería decirle; necesitaba verlo, abrazarlo, pegar su cara contra su pecho, sentir su aliento... simplemente saber que estaba ahí. ¿Qué estaba pasando? Fuera lo que fuera, lo estaba molestando; y si le molestaba a él... pues ella no estaba a favor de eso. Tenía que admitirlo, ella no había sido muy comprensiva con él en los últimos días. Le hablaba cortantemente, le desagradaba verlo después de un largo día en compañía de esa zo... ¡no! Le prometió a Harry no juzgarla de manera precipitada, le desagradaba verlo después de un largo día en compañía de esa mujer. Listo. Aún así odiaba verlo sufrir - porque aunque no se lo dijera, lo podía ver en sus ojos, esos ojos que la llevaban al cielo, ahora estaban llenos de dolor- ¿Acaso habría algo que pudiera hacer? La idea le había estado dando vueltas y vueltas por la cabeza pero no se había animado, algo íntimo, donde los dos se sintieran cómodos... quizás... ¿una cena? Sí, perfecto.
- ¿Te molestaría que descansáramos un poco? - preguntó el ojiverde, de pronto, se sentía sofocado entre tanta gente; era su segundo día de compras... ¿Cuánto se pensaba quedar? ¿Toda la vida?
- No, en absoluto... descansemos - y pasó una mano por atrás de su hombro.
- Luciel... - replicó quitando el brazo de la muchacha de su hombro, no estaba de humor.
- Está bien... voy a fijarme los platos de la cafetería, quiero ver si tienen algo vegetariano... te quiero... - y le dedicó una inocente sonrisa, por lo menos eso quería hacer parecer.
El moreno no contestó sino que dio un pequeño bufido de desaprobación. No le resultaba para nada cómodo que ella le dijera que lo quería, más aún cuando el amaba a otra persona... con toda su alma. De pronto, los parlantes del centro comercial muggle cambiaron de canción, una chica se acercó al reproductor de sonido y subió el volumen, de manera que Harry podía escuchar con claridad la canción, aunque estuviera lejos.
Que te quedaras conmigo una vida entera
Que contigo adiós inviernos solo primavera
Que las olas son de magia y no de agua salada
Yo te creo todo y tú no me das nada, tú no me das nada
Los tipos esos cantaban bien en realidad. Resultaba una melodía reconfortante, mientras no escuchaba la letra. Al son de la canción, dejó que sus pensamientos se echaran a volar, se concentró en Hermione, en las cosas que estaban pasando, en cómo se había comportado... ella no merecía eso. Pero era demasiado cobarde como para decirle la verdad.
"El que me seleccionaran para Gryffindor, ahora no tiene valor... soy un cobarde, pero la amo"
No podía ni siquiera concebir la idea de que ella no lo quisiera. Entonces, recordó las pesadillas de las noches anteriores, recordarlas no le hacía nada bien a su dosis de valentía, que de por sí ya era pequeña. Decidió no pensar en eso, volvió a escuchar con atención la canción - que ya estaba avanzada - con la intención de seguir relajándose. Esta vez, algo le pareció familiar.
Que si sigo tu camino llegaré hasta el cielo
Tú me mientes en la cara y yo me vuelvo ciego
Yo me trago tus palabras, tú juegas un juego
Y me brilla el mundo cuando dices luego, cuando dices luego
¿Por qué se sentía tan "tocado" al escuchar la canción? Algo le llamaba la atención y no sabía precisamente qué. "Tú me mientes en la cara y yo me vuelvo ciego" ¿Acaso no era eso en lo que él había convertido a Hermione? ¿En una ciega? Se volvió a perder en sus pensamientos para después salir y continuar escuchando la canción, esta vez con más detenimiento, fijándose en la letra.
Mientes tan bien,
Que me sabe a verdad
Todo lo que me das
Y ya te estoy amando
Mientes tan bien
Que he llegado a imaginar
Que en mi amor llenas tu piel
Y aunque todo es de papel...
Mientes tan bien
La imagen de Hermione diciendo esas palabras lo atormentaba. Lo hacía sufrir. No quería engañarla más. No podía. Era demasiado inhumano seguir mintiéndole. Tenía que decirle la verdad, no había tiempo que perder. De pronto se sentía más valiente, estaba decidido, y esta vez, nada aplacaría su decisión.
Cuando dices siento
Siento que eres todo
Cuando dices vida yo estaré contigo
Tomas de mi mano y por dentro lloro
Aunque sea mentira me haces sentir vivo
Aunque es falso el aire
Siento que respiro
- ¡HARRY! - Ese grito lo sacó de sus pensamientos, era Luciel y sonaba más aterrada que nunca - ¡Harry, ayúdame!
El ojiverde se giró para darse cuenta de que unos encapuchados trataban de llevarse a la muchacha por la fuerza. De inmediato supo que eran ellos. Se paró y con la mayor rapidez que pudo lanzó unos cuantos hechizos. El lugar estaba repleto de muggles, ¡Era un centro comercial, por Merlín! Sin saber exactamente cómo, mandó una señal de ayuda. Esa para casos especiales. "Necesito ayuda en un lugar muggle" era lo que transmitía aquel símbolo. Los otros aurores sabrían dónde encontrarlo. Entonces, los hombres salieron llevándose a Luciel a rastras y captando la atención de la mayoría de muggles allí presentes.
- ¡Luciel! - gritó Harry en un intento desesperado de hacer que los hombres se retrasaran. Fue en vano - ¡Mimblewimble! - el hechizo le dio a uno de los encapuchados haciendo que caiga y retrasando a su compañero, que a los 10 segundos se incorporó y siguió arrastrando a la morena.
•- ¡Obliviate! - Gritó una voz, Harry se giró y divisó a Nicodema y a otros tres aurores que habían acudido en su ayuda, estaban borrando la memoria de los muggles - ¡Potter, ve tras ellos! ¡No te preocupes! - volvió a gritar la mujer.
Harry siguió corriendo hacia los que se hacían llamar a sí mismos como "los nuevos mortífagos", rogaba en su interior que no fueran tan brutales como los "antiguos". Se detuvo, se calmó un momento y se concentró en aparecer delante de los encapuchados.
Al instante lo hizo, se encontraban ya en la salida del centro comercial, más aurores habían llegado y repartían hechizos desmemorizantes por doquier.
- ¡Expelliarmus! - las varitas de los encapuchados salieron disparadas - ¡Desmaius! - tal fue la sorpresa de los "nuevos mortífagos" que no pudieron ni reaccionar, tampoco fue que tuvieran mucho tiempo ya que Harry al instante lanzó otro hechizo.
Aprovechando que habían caído, tomó a la muchacha del brazo y se desapareció con ella. Aparecieron a varias cuadras del lugar.
- ¿Estás bien? - preguntó el moreno mientras examinaba el brazo de ella, que estaba morado por las marcas que habían dejado los mortífagos al agarrarla.
- Pensé que moriría... yo... no - comenzó a balbucear, realmente estaba fuera de sí.
- Tranquila, todo pasó - el instinto le dijo que ahora necesitaba un abrazo y sin dudarlo, se lo propinó. No supo exactamente cuánto tiempo estuvieron ahí, sólo sintió los sollozos de Luciel, que no paraban...
- ¡Molly! - gritó una castaña demasiado emocionada - ¡Gracias a Dios estás aquí! No sabría que hacer sin ti...
- Bueno, mi niña, ya estamos aquí... pero ¿Cómo entraste?... ah, el truco - sonrió cuando vio que Hermione sacaba de su bolsillo un alambre y le daba una sonrisa pícara - me alegra que hicieras esto, según Ron, Harry está muy raro... pero no me quiso decir por qué - se encogió de hombros.
- Estoy en las mismas, Molly... pero estoy casi segura que es por mi, porque lo he tratado un poco mal... quiero compensar las cosas, ¿manos a la obra? - y sin más ni más comenzaron a trabajar.
Hermione aprendió mucho esa tarde, estaba extasiada de felicidad con sólo imaginarse la cara que pondría el ojiverde, su ojiverde, al ver semejante cena. Se fue a bañar, se arregló más que de costumbre, tuvo recursos limitados ya que se encontraba en el departamento de él. Pero al final se veía hermosa. Ahora quedaba esperar.
- ¿Estás seguro que no necesito nada más? - preguntaba la morena en la puerta del hospital de San Mungo.
- Luciel... creo que los medimagos saben lo que hacen - agregó el moreno en todo cansino - por tercera vez, si ellos dicen que estás bien, estás bien... es tarde, debo irme
- Harry... yo - comenzó a sollozar, si debía inundar el hospital para retenerlo a su lado, lo haría.
- Tranquila - volvió a abrazarla, todo parecía un poco fingido ¿Acaso ella estaba fingiendo? No, lo que había pasado esta tarde había sido fuerte, incluso para él - vamos a mi apartamento ¿si? Recojo unas cosas y luego encargo a otros aurores que te vigilen, trataré de quedarme contigo lo más que pueda.
"Seguro, cariño, vamos a tu apartamento, pero no cuentes con que me vaya..."
- No tienes que hacerlo - susurró, humildad, el toque de gracia.
Harry suspiró antes de agregar.
- Quiero hacerlo.
La puerta del departamento se comenzó a abrir, se arregló un poco el moño y se puso al lado de la mesa, con una sonrisa de portada. Él le provocaba una sonrisa de portada. Escuchó su voz... ¿era sólo su voz? ¿Estaba con alguien más?
- Y... mi humilde morada - pronunció el pelirrojo de espaldas a la sala, y por tanto, a la mesa de la cocina.
- Jamás me imaginé conocer el hogar de Harry Potter... aunque no te niego que he soñado con eso... ¿eh? ¿Qué haces tú aquí? - Agregó la morena al divisar a Hermione, en quien ya no se veía ningún rastro de aquella sonrisa - ¿Harry?
- ¡Herms! - saltó Harry al ver a la castaña, lucía hermosa... ¡justo en ese momento!
- ¡Hola! - contestó Hermione efusivamente, el tono no iba para nada con la sonrisa, "Herms, prometiste no pensar mal de Luciel, compórtate... compórtate" se decía a sí misma - ¡Amor! Hola Luciel, bueno... ¡qué haría una novia sino pudiera darle sorpresas a su novio! - y sonrió, esta vez, genuinamente.
- ¡No te gastes, Granger! - comenzó Luciel con una risa, dirigiéndole al muchacho una mirada de complicidad, obviamente no captó la mirada desesperada que le lanzó éste, ya que agregó - Harry me ha dicho, jurado, que no tiene nada con nadie, así que tienes que dar una mejor excusa... y bueno, Harry sé que es apresurado, pero he notado cómo me miras... y me atrevería a decir, que yo soy la próxima candidata a ocupar el lugar del que intentas alardear, en serio, ¿qué haces aquí? - finalizó tomando el brazo de Harry, pero éste inmediatamente se apartó.
- ¿Qué significa esto? - preguntó la ojiambar al borde de las lágrimas - ¿no le dijiste que tenías novia? ¿Me ignoraste como si nada?
- No... - comenzó el muchacho, su peor pesadilla haciéndose realidad.
- ¿Harry? - pronunció Luciel arrastrando las sílabas, con una voz melodiosa pero que denotaba lujuria - no mientas tintín...
- ¿Harry? - terminó de pronunciar la castaña, eso era lo que él quería escuchar... su nombre pero en la boca de ella. Sin más ni más, la castaña tomó su bolso, preparada para salir. No podía soportar eso... no quería hacerlo.
- Herms, amor... yo... ¡No! - gritó al ver cómo se desvanecía dejándolo en su departamento en compañía de su peor pesadilla - ¡Espera!
Era muy tarde, Hermione se había ido.
Se apareció en el parque de la vuelta de su casa, era de noche y habían pocos muggles curiosos, no corría peligro. Recordó la última vez que estuvo allí, fue cuando descubrió que Jeremy la había engañado.
"Menuda idiota soy" se repetía a sí misma mientras las lágrimas caían por sus mejillas sin hallar consuelo. No podía soportarlo más.
"Quizás él tiene una explicación... debo escucharlo... ¡NO!" se contradijo, no volvería a caer en ese juego, eso había sido un error... pero quizás aún podía remediarlo.
y¿?... cómo les pareció¿?
espero reviews! un fanfic con reviews es un fanfic feliz! (frase de Bigii!)
