Una Dama no tan Dama
Capítulo 14: Un destello de esperanza
No creía lo que acababa de escuchar, Candy, SU Candy estaba desaparecida y él estaba encerrado en una mansión incapaz de buscarla.
-¿Cuál es el papel de Cornwell en todo esto?
-Primero necesito que me prometas que no te vas a dejar llevar por la ira y no lo vas a golpear cuando lo veas. - dijo el rubio, sabía que su amigo era problemático y por lo que le habían dicho, su sobrino tampoco estaba de muy buen humor.
-¡Pero...! - le respondieron con una mirada de seria y no le quedó más remedio que aceptar. - Está bien, lo prometo.
-Bien. Por lo que me dijo Annie,
-¿Hablaste con la tímida? ¿Cómo no sospechó de ti? - preguntó con curiosidad, ya que la pelinegra no tenía la más mínima idea de que Albert existía.
-Simplemente le dije que soy amigo tuyo y de Candy, y no vuelvas a interrumpir.
-Lo siento.
-No me dio muchos detalles, pero si me dijo que Candy había llegado de algún lugar usando un vestido, justamente cuando ella estaba peleando con su novio. Obviamente Archie pidió explicaciones y al parecer no lo tomó muy bien, no fue muy amable que digamos. Supuestamente casi no la dejó hablar y la insultó unas cuantas veces. Antes de irse, Annie pudo ver que Candy estaba muy afectada y tal vez a punto de tomar una mala decisión...
-¡Ese hijo de su...!-
-Recuerda lo que me prometiste. ¿Tienes idea de dónde pudo haber ido entes de que se causara todo este embrollo?
-Eh... ¡Para nada! - respondió nervioso rascándose la nuca.
-¿Estás seguro? Creo que me estás ocultando algo.
-¡No me cabe duda!
-Sí claro, ¿y por qué te sonrojaste? -dijo Albert con una ceja levantada.
-¿Yo? Creo que se está calentando la habitación, ¿no piensas lo mismo?
-Ya déjate de rodeos y dime de una vez qué pasó.
-Lo que Candy y yo hagamos no es de tu incumbencia. - dijo mirando a la ventana y de brazos cruzados.
-O sea que sí pasó algo... ¿No? - silencio - Además, te informo que legalmente es mi hija así que tengo todo el derecho de saber. - aclaró Albert ya perdiendo la paciencia.
-Entonces cualquier duda que tenga consúltela con su hija. - dijo mirándolo a los ojos. Luego de unos segundos pudo oírlo suspirar con impotencia.
-Bueno, ya que según tú andan haciendo cosas por ahí, -dijo sentándose en la cama y rodeando al castaño por los hombros. - pienso que debo dejarte algunas cosas en claro con respecto a Candice. - tenía una sonrisa en el rostro, pero en vez de ser cálida era escalofriante.
-No hicimos nada malo, si eso es lo que le preocupa. De todos modos, ¿no se supone que vino a informarme sobre la desaparición de la señorita?
-Lo sé, sólo quiero que ella sea tratada como la dama que es. Ningún padre quisiera que algún chico pusiera sus manos encima de su bebé y le faltara el respeto, ¿estoy en lo correcto? - dijo con una tranquilidad alarmante - Vamos Terry, quita esa cara. Si no han hecho nada malo, no hay nada que temer. - el mencionado tragó en seco. Presentía que los sermones de su padre eran un ligero regaño comparados con el que estaba a punto de recibir.
oooooOoOOOoOooooo
Por su parte, casi al atardecer Candy estaba llegando a su nuevo trabajo. Y sentía que tal vez no todo estaba perdido para ella, presentía algo bueno, en este nuevo comienzo haría las cosas correctamente.
-Candy, ya llegamos. - dijo el joven señalándole la puerta del jardín.
-¡Wow... - exclamó sorprendida - este es el jardín más hermoso que he visto en mi vida!
-¿En serio? Me alegra que te guste, ya que con suerte podrás quedarte a vivir aquí.
Caminaron por toda el área, y no pudo evitar quedarse embelesada viendo algunas flores que no conocía. Faltando algunos metros para entrar, una niña de unos siete u ocho años con ojos azul verdosos, rubia y con MUCHAS pecas (muchas más que Candy) salía un tanto preocupada.
-¡Por el amor de Dios Alex! ¿Dónde estabas metido?
-Sophie cálmate no es para tanto. - dijo intentando tranquilizarla.
-Esta es la tercera vez que te escapas desde que llegamos, ¡y eso fue hace una semana! - giró su cabeza hacia la que estaba al lado de su hermano. - ¿Tú quién eres?
-Yo soy Candy, vine porque tu hermano dijo que podría trabajar aquí.
-¿¡Qué!? Pero si eres menor de edad. - volvió a mirar al chico - ¿En qué estabas pensando?
-¡Oye! Me dijo que no tenía dónde quedarse.
-Sí sí. La voy a llevar con mamá, ¡hasta luego! - tomó a la pecosa mayor de la mano y la adentró en la mansión.
Era hermosa, si le parecía sorprendente por fuera, dentro estaba mejor. Desde los detalles del techo hasta las baldosas del piso, todo combinaba en perfecta armonía.
-Entonces, ¿cómo conociste al idiota de mi hermano?
-Me tropecé con él en la ciudad.
-Bueno, yo pensé que iba a emborracharse por ahí. - dijo con inocencia.
-No subestimes a las personas, a veces te pueden sorprender.
-Si tú lo dices... - tocó la puerta de un estudio- ¡Mamá, Alex trajo a una chica para que tome el lugar de mucama!
-Pues hazla pasar.
- Candy, espero que te vaya bien. - y dio media vuelta para regresar por donde había venido.
-Gracias - abrió la puerta y entró. - Buenas tardes señora.
-Buenas tardes jov... - soltó los libros que llevaba y todos cayeron al suelo.
-¿Se encuentra bien? - preguntó preocupada, la mujer se veía un tanto descompuesta.
-Claro que sí. - se agachó a recoger los libros que había tirado.
-No se moleste - más rápida que ella, recogió los libros y se los pasó.
-Se lo agradezco - retomó su compostura- ¿Cuál es tu nombre?
-Candice White, pero puede llamarme Candy.
-Yo soy Gabrielle Cunningham. Y cuéntame, ¿De dónde vienes?
-Es una historia un tanto larga, pero puedo decirle que pasé toda mi niñez en un orfanato de Chicago.
-¿Qué servicios puedes ofrecer?
-Puedo limpiar, lavar platos, ser dama de compañía e incluso sé un poco de enfermería.
-¿Tienes experiencia cuidando niños rebeldes?
-Se puede decir que sí.
-Contratada.
-¿En serio? - no creía que sería así de fácil.
-Sí. Necesito a alguien que proteja a Sophie y vigile a Alex. Pero te advierto, es un tanto ágil, te será difícil seguirle el paso.
-No hay problema. - pensó "no me haría nada mal un poco de ejercicio".
-Ahora mismo diré que te lleven a tu habitación, no vas a estar cargando tus cosas todo el día. - Fue llevada hacia una habitación cerca de la cocina.
-¿Aquí es? -La mujer asintió.
-¡Moniece!
-¿Señora? - una mujer de más o menos veinticinco años con cabello castaño y ojos ámbar salió a su encuentro.
-Esta es Candy, Candy esta es Moniece, la cocinera.
-Buenas tardes - dijeron al mismo tiempo.
-Necesito que le muestres cómo son las cosas aquí y la ayudes a organizarse, por favor.
-Será un placer.
-Aquí las dejo, debo informarles a Lowell y Louise sobre la llegada de Candy. - les regaló una sonrisa para luego irse.
-¡Hola Candy!, mucho gusto en conocerte. Como ya sabes mi nombre es Moniece.
-Mucho gusto en conocerla Moniece. – dijo respetuosamente.
-Sígueme para llevarte a tu habitación.
-Claro. – después de unos minutos fue llevada a una habitación que no era ni la quinta parte de su habitación en casa de los Andrew, apenas cabía una cama, un armario pequeño y había un pequeño espacio para caminar.
-Esta será tu habitación de ahora en adelante, puedes poner tus cosas donde gustes, ¿necesitas ayuda desempacando? – preguntó mirando su escasa cantidad de equipaje.
-No gracias, estoy bien.
-Pues te dejo para que te acomodes, bienvenida. – dijo la mujer y sin más regresó a hacer sus deberes.
-Se siente bien ser libre, pero no sé si irme fue lo mejor. Tal vez debí hablarlo con ellos. – se reprochaba mientras con mirada triste entraba su caja en el armario, así como dos vestidos, tres conjuntos de blusa y pantalón, una bata, dos piyamas y dos pares de zapatos (las menos extravagantes que encontró porque algo tenía que ponerse). – De todos modos, debo hacerme responsable de mis acciones y sacar lo mejor de la situación.
ooooooOoOOOoOooooo
Luego de unas horas, se encontraban los chicos en la mansión Andrew preocupados hasta más no poder. Sabían que aunque Candy pudiera defenderse alguien podría intentar aprovecharse de su inocencia.
-¿Y ahora qué voy a hacer? – lloraba Annie en el sofá de un pequeño salón en el que se encontraban reunidos.
-No lo sé. ¿Pero para qué quieres que vuelva? Entiendo que son hermanas y todo, pero no tiene nada que buscar en esta casa. ¿Quién sabe si te engaña a ti también y en realidad es hija de asesinos seriales? – respondió Archie con mostrando rencor y recelo en sus palabras.
-¿Pero qué se te metió en el cerebro? – preguntó – si bien no puedo negar que no ha tomado las mejores decisiones, sigo creyendo en ella, sé que va a entrar en razón donde quiera que esté.
-¿Sabes qué? Si vuelve o no, NO ME IMPORTA. – dijo enojado poniéndose de pie (por lo que ella también lo hizo).
-¿POR QUÉ DICES ESO?
-PORQUE NO QUIERO SABER DE ELLA, estuvo transmitiéndome su falsedad por TODOS ESTOS AÑOS. Mostrándonos valores falsos cuando lo único que posee es maldad… Yo que la admiraba y soñaba algún día tener su corazón.
-¿Y tú qué sabes? ¿Crees que no se recriminaba cada día por no decirles la verdad? Porque si no recuerdas, no fue SU idea, fue un plan entre el tío abuelo y otra persona.
-Aún así, nos hubiese dicho a nosotros su FAMILIA. Ese era su único deber, SER PARTE DE ESTA FAMILIA.
-¿No te has dado cuenta aún? Los QUIERE, tanto que se sintió tan mal por la situación que se fue para no herirlos más, ¿Qué no estabas ahí cuando se leyó la carta? Les desea que sean felices INCLUSO sin ella y hasta les pide perdón, estoy muy segura que es la que se siente más deprimida por todo esto.
-¿Estás ciega? ¡Date cuenta por Dios! Si es sólo una COBARDE.
-No es cobarde, es la que me ayudó a superarme, sin ella no sería quien soy ahora.
-PUES MEJOR, me haría bien una novia más tranquila que no haya sido influenciada por ESE tipo de persona. – se escuchó una bofetada que sólo lo enfureció más - ¡eres una…!
-YA ESTOY HARTA DE LO IMBÉCIL QUE ERES. ESTÁ BIEN, NO LA PERDONES. SÉ QUE SERÁ MÁS FUERTE QUE TÚ Y SEGUIRÁ CON SU VIDA.
-PUES BIEN POR ELLA, NO LA NECESITAMOS AQUÍ. – estaban ambos rojos de la furia.
-Escúchame bien porque sólo lo diré una vez, ME IMPORTA UN CARAJO, SI NO QUIERES DARTE CUENTA DE QUE SUS SENTIMIENTOS SIEMPRE FUERON REALES, ALLÁ TÚ. ¿CREES QUE UNA PERSONA DARÍA TODO POR OTRAS, VELARÍA POR SU SEGURIDAD, E INCLUSO HARÍA LO QUE SEA PARA QUE ESTUVIERAN FELICES SÓLO POR APARENTAR? Algunos sentimientos no se pueden fingir Archie… ¿sabes? Siento pena por ti, PORQUE POR TU MALDITA ACTITUD JAMÁS SERÁS CAPAZ DE PERDONALA Y DARTE CUENTA DE QUE NOS AMA A TODOS. Candy es una de las MEJORES cosas que me han pasado en la vida, y no voy a dejar que tú ni NADIE ofenda a la que supo comprenderme y aconsejarme cuando siquiera yo misma sabía dónde estaba mi cabeza. De cualquier manera, yo tampoco necesito a alguien que no pueda perdonar a los demás por dejar que un solo error nuble la percepción que tiene de ellos. Con permiso. – y emanando ira por los poros y con lágrimas asomándose por sus ojos, salió dando un portazo y dejando a su novio MUY enojado.
-Qué más da si sus sentimientos eran reales, nos traicionó y eso es lo que cuenta. – dijo con despecho para después salir en medio de una pelea entre su conciencia, su razón y su corazón.
-Stear, ¿acabas de ver y escuchar lo mismo que yo? – preguntó Patty, ya que los dos tenían cierto tiempo con las bocas abiertas de la sorpresa.
-Sí, a veces Archie se enoja pero… jamás me imaginé a Annie hablando de esa manera.
-Yo tampoco, espero que Candy vuelva pronto para que se resuelva este lío y estos dos puedan reconciliarse. No quisiera que esto arruine su relación.
-Pienso lo mismo, te veo después necesito un tiempo a solas. – se puso de pie dejando a su novia.
-Stear… Dios quiera que todo esto termine bien.
oooooOoOOOoOooooo
Al terminar de guardar sus pertenencias y ponerse uno de los conjuntos, escuchó que alguien llamó a su puerta.
-¡Candy! - gritaba Sophie - ¡Ven a jugar con nosotros!, estaremos en el patio de atrás.
-¡Espérame! – salió inmediatamente y siguió a la niña que ya iba corriendo hacia el lugar acordado.
-Por fin llegan. – dijo Alex - ¿Usas pantalones? – preguntó confundido, ya que una chica en pantalones no era algo que viera muy a menudo.
-Sí, no estoy acostumbrada a usar vestidos, además, no son lo más práctico para subirse en los árboles.
-Por lo visto eres un tanto fuera de lo común.
-Tal vez… ¿Podrían decirme cómo es todo aquí?
-¡Claro! – respondió la niña rubia. – Mira, somos los Cunningham, y no somos muchos los que vivimos aquí, estamos: Gabrielle, mamá; Lowell, papá; Louise, abuela; Moniece, la cocinera; Peter, el jardinero y Margot, la de limpieza. Y por supuesto Alex y yo, Sophie.
-¿Y a ti para qué te contrataron? – pregunta el pelirrojo.
-Para cuidar a tu hermana y vigilarte a ti.
-Jajajajaja, ¿a mí? Sí claro. Ninguno de mis cuidadores han podido siquiera seguirme. ¿Qué te hace pensar qué podrás hacerlo?
-Es cierto, Alex es insuperable, y un idiota, pero insuperable.
-No lo sé, digamos que algo sabré sobre vigilar jóvenes de tu edad.
-Eso nunca ha cambiado nada.
-¿Qué tal si jugamos a las escondidas? – sugirió Candy.
-Tú cuentas. – dijo Alex a su hermana.
-Está bien. – se recostó de un árbol y comenzó a contar desde cincuenta hasta cero. Por su parte, los otros dos fueron a esconderse juntos.
-Entonces, ¿de qué familia eres?
-¿Para qué quieres saber?
-No sé si te diste cuenta, pero tu vestimenta por más simple que sea no se ve nada barata.
-Ya no vale la pena, les fallé y ahora no quieren saber de mí. – dijo con tristeza.
-¿Y el collar?
-Eh… - se sonrojó un poco – un regalo de mi novio.
-¿En serio? ¿Desde cuándo se conocen?
-Bueno, nos conocimos hace unos cuatro o cinco meses, pero somos novios desde ayer.
-Ya veo, ¿quiénes estaban en tu otra familia?
-Bueno, mis dos primos, sus respectivas novias que también eran mis amigas.
-¿Eran?
-No sé si me siguen considerando como su amiga, al menos tengo esperanza de que una de ellas lo haga, es mi hermana del orfanato.
-¿Y tu novio?
-Digamos que no es la persona favorita de ninguno de los anteriores, es… un tanto problemático. – su mirada cambió a una de enamorada cuando recordó con detenimiento a su novio – Pero no me importa, pocos saben que es una buena persona si se lo permiten.
-¿Y cómo es él?
-No voy a dar muchos detalles, sólo que tiene ojos de un azul tan profundo como el mar y es arrogante como él solo.
-Ya entendí el collar, representa los ojos de ambos.
-Ahora siento que está conmigo incluso cuando no sea así. ¡Y ya está suficiente con lo del interrogatorio!
-Está bien, es que soy un tanto entrometido.
-Por lo menos en algo nos parecemos. Y dime, ¿qué de tu vida?
-¿Yo? Bueno, supongo que si ya averigüé tu vida es justo que te cuente parte de la mía. – hizo una pausa – Mis días se basan en escaparme, beber y pelear (claro que omitió la parte de las mujeres). No soy el mayor ejemplo a seguir para Sophie que digamos.
-¡Espléndido!
-¿No que tenías novio? – dijo pensando que hablaba de él.
-No hablo de ti, me refiero a las peleas… Voy a tener que sacarte de ellas y cargarte cuando estés ebrio. Al parecer mi vida no va a cambiar tanto.
-¿Y tú sabes pelear?
-Algo. Y ahí va de nuevo con las preguntas. – fingió fastidio.
-¡Los encontré!
-¡Rayos! – exclamó Alex. – El que llegue primero gana.
-Trato.
Corrieron hasta donde estaban antes, Alex llegó primero y Candy llegó un par de segundos después porque cargó a Sophie todo el camino.
-Lowell, mírala. Si parecen hermanos jugando. – decía Gabrielle a su esposo mirando hacia el patio desde la ventana del estudio.
-Gabby, no podemos asumir nada. Aunque es igual a nuestra bebé.
-Ojalá que sea ella, quiero aunque sea verla otra vez.
-Dios quiera. – abrazó a su esposa y pidió con todas sus fuerzas porque esa fuese su hija.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Holaaa!
Por lo visto, al pobre Terry lo sermonearon, Annie y Archie se pelearon y Stear decidió reflexionar. Además Candy se adapta rápidamente a su nuevo hogar y Gabrielle sospecha que puede ser su hija. Los dejo.
Bye!
