Los días del Colegio
Disclaimer:
Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus respectivas autoras K. Mizuki y Y. Igarashi. Algunos párrafos e ideas pertenecen a la traducción del italiano al español de CCFS que maravillosamente han hecho en wattpad (vol. 1, segunda parte).
Este capítulo tiene una primera parte que corresponde al manga (*1), una parte que la pueden encontrar en CCFS (Segunda parte, capítulo 8) (*2). Los pensamientos de Terry son de mi autoría. Esta es una historia construida con la única intención de esparcimiento, sin fines de lucro.
Capítulo 13.
Un Festival en puerta.
(*1)
Candy estaba en la biblioteca absorta en sus pensamientos. Incluso el libro que sostenía, se encontraba completamente apoyado sobre la mesa, y su mirada no se dirigía específicamente hacia éste. Después de la breve visión de Terry de espaldas en la cima de la Falsa Colina, no había vuelto a saber más de él. Parecía haber desaparecido de nuevo, como aquella vez en que herido, dejó su habitación la noche en que ella había salido a buscarle medicinas.
Sumida en sus reflexiones no escuchó que alguien se acercaba a ella. Delicadamente, tratando de no asustarla al verla tan ausente, una mano se posó en su hombro.
- "¡Hola Candy! Te estaba buscando."
- "¿Eh? ¿A mí…? ¿Quién…? ¡Stear!"
- "Ven Candy, vamos al salón. La Tía Elroy nos envió regalos a todos."
- "Pero ¿Para mí también?" Candy comenzaba a negar con la cabeza resistiéndose al entusiasmo de su primo.
- "¡Por supuesto! Sobre todo, porque Archie y yo somos Cornwell, Eliza y Neal son Leagan. ¡Tú eres la única que lleva el apellido Andley!"
- "Stear no quiero arruinar el entusiasmo, pero dudo mucho que la Tía…"
- "¡No hay pretexto que valga, Candy! Tenemos unos minutos y hay que aprovecharlos." Diciendo esto, Stear jalaba a Candy por un brazo y la arrastraba fuera de la biblioteca. – "Archie está con su bella Annie y todos tenemos la autorización de la Madre Superiora para acudir al salón."
Finalmente llegaron al lugar en el que ya estaban todos reunidos. Eliza y Annie charlaban alegremente, mientras Neil bostezaba aparatosamente. Archie vio cómo la puerta de la habitación se abría y sintió una repentina alegría que no se preocupó por ocultar.
- "¡Oh, Candy! Ven, pasa. Te esperábamos."
- "Vamos Eliza, empieza de una vez a repartir los obsequios y terminemos con esto." Gruñó Neal sintiéndose incómodo por la presencia de Candy. Las últimas veces que la había visto, sus intentos por perjudicarla habían sido en vano. Tal parecía que era vigilada muy de cerca por ese vago y engreído aristócrata que le producía un extraño temor, parecía no tener absolutamente nada que le importara perder, y eso era algo incomprensible para él.
Annie se esforzó por no mirar a Candy, pero era inevitable, Archie parecía luchar por estar a su lado, y la tímida chica no podía apartar sus ojos de él.
Candy, por el contrario, la miraba discretamente.
Annie… Es sólo que tienes miedo ¿No es así? Estoy segura que en el fondo no has cambiado.
Todos los regalos fueron entregados y ninguno fue para Candy.
- "Esto debe ser un error ¡¿No hay un regalo más entre los paquetes Eliza?!" exclamó Stear alarmado.
- "¡No, y no sé por qué te sorprendes tanto! ¡Es normal! Aunque ella lleve el apellido Andley, en realidad no es parte de la familia. La Tía Elroy nunca la aceptó como tal." Eliza disfrutó cada momento de esa repartición. Ella sabía que no existía un regalo para Candy. La Tía incluso había enviado dulces para Annie, pero nada para esa huérfana.
- "¡Eliza! ¿Cuántas veces tendré que decirte que el Tío William…"
- "¡Tranquilo Archie! No es grave, vamos ¡Abran sus obsequios!"
- "¡Bien dicho, Candy! Ya sé, te daré la mitad de mi regalo." Stear aprovechó el comentario para aligerar el ambiente pues parecía que Archie estaba a punto de saltar sobre Eliza.
- "¡Yo también te daré la mitad! ¡Veamos qué es!" Archie finalmente cedió y se concentró en no romper la fina envoltura de su regalo.
- "¡Oh rayos! Es un telescopio… ¡No lo puedo partir en dos!"
- "¡No! Yo tampoco puedo dividirlo, es una bata de dormir."
- "Je je je ¡No hay pretexto que valga, chicos! ¡Hicieron una promesa! Así que… Tomaré las mitades." Candy se divertía de lo lindo metiendo a ambos hermanos en aprietos.
- "¡Bien! Lo haremos así ¿Prefieres la parte por la cual se ve más grande o a través de la que se ve más pequeño?" Stear sonreía divertido. Candy parecía hablar en serio, así que ya estaba planeando cómo haría para adaptar la pieza del telescopio que quedara para él.
- "Yo te daré las mangas de mi bata, Candy. Podemos hacerte unos lindos pantalones ¿Recuerdas mi habilidad como costurero?" Archie le guiñaba un ojo, refiriéndose a aquella noche en Lakewood en la que había unido las partes de dos vestidos para crear uno que combinara los regalos de ambos hermanos… Mientras Anthony aprovechaba para pasar tiempo con ella.
- "¡Claro que lo recuerdo Archie! Pero ¿Pantalones?" Candy reía alegremente escuchando las ideas de ambos hermanos. Su amabilidad y su cariño hacia ella no conocía límites.
- "¡Por supuesto que no! Estaba bromeando, te la daré toda, aunque me temo que te quedará muy grande." Galantemente Archie ya colocaba la bata sobre los hombros de Candy.
- "¡Archie! ¡No soy tan pequeña!"
Un sudor frío recorrió a Annie. Archie se mostraba muy interesado en complacer a Candy. Con el poco valor que pudo reunir se acercó a Eliza, que ya había adivinado la razón de su preocupado semblante y sonreía con malicia.
- "Eliza… Archie y Candy se llevan bien ¿Cierto?"
- "Así es Annie, Archie demuestra mucho interés por ella en cualquier oportunidad ¡Mira que eso es tener malos gustos!"
- "Hoy también es así, pero los demás días están siempre juntos." Neil aprovechó para torturar a Annie. La pobre se veía tan atemorizada por lo que estaba presenciando que no desaprovechó la oportunidad para molestarla.
- "Bueno Neil, vámonos a nuestras habitaciones." Eliza dio la orden para retirarse sin mostrar su obsequio. Estaba segura de que sería un fino complemento para alguno de sus vestidos. Ambos hermanos salieron sin decir una sola palabra más, sorprendiendo a todos por la rudeza con que se retiraban.
- "Esos dos no han cambiado, nunca abren un regalo delante de nosotros ¿No te parece Archie?"
- "Es verdad ¡Qué par de egoístas!"
- "Yo… Yo también regresaré a mi habitación… No me siento muy bien…" Annie parecía realmente enferma, estaba más pálida de lo normal y no lograba elevar su mirada del suelo.
Annie… Mi querida Annie ¿Qué será lo que te sucede? ¿Qué te provoca esa mirada triste? ¡Ya sé qué te alegrará!
- "Vamos Archie, acompáñala. Creo que ella apreciaría tu escolta ¿No es así Annie?" Candy le hizo un discreto guiño a ella, mientras empujaba a Archie con dirección a la puerta.
- "Pero Candy… Aún tenemos unos minutos y yo…" Archie intentó hacerla cambiar de opinión, pero por la mirada severa de Candy entendió que era una batalla perdida. – "Tienes razón. Vamos Annie, te acompaño." Dijo finalmente suspirando.
Candy observaba como Archie y Annie desaparecían por la puerta; mientras Stear, completamente ajeno a lo que sucedía, se esforzaba por dividir su regalo. Si lograba quedarse con la lente que hacía ver los objetos más grandes, podría seguir cumpliendo su función de facilitarle la visión del Universo.
Annie cada vez creo que es más difícil que podamos llevarnos bien. Aun fingiendo que nos acabamos de conocer, parece que ya no es posible… Me gustaría tanto que fueras feliz.
(*2)
Con la llegada de la primavera el Colegio se había transformado, parecía mucho más lleno de vida. Aunado a esto, una noticia había terminado por animar aún más el ambiente. Apenas un instante antes de las horas libres, en la sala de recreo se había anunciado el Festival de Mayo, y no importaba cuánto se esforzaran las monjas por enfriar los ánimos, las jovencitas eran presas de una emoción inagotable. Incluso las más tímidas se habían visto contagiadas por el frenesí general; eran tantos los murmullos, que parecía pájaros piando en un nido.
- "¡Finalmente se acerca! ¡El Festival de Mayo!"
- "¡El único festival en el que podemos divertirnos como nunca!"
- "Apenas puedo esperar a que pase este mes y medio para que llegue ¡Dios! ¡Qué me pondré! Casi no hay tiempo para ordenar los vestidos a Francia."
Candy miraba a todas atónita, tenía que ser un evento muy importante para causar tanto revuelo.
- "Patty ¿Qué tipo de festival es ese?" Preguntó Candy empezando a sentirse también contagiada por la emoción.
- "¡Es un festival maravilloso, Candy! Hay una procesión de carrozas cubiertas de flores que desfilan por todo el colegio transportando a las chicas elegidas como las Hadas de Mayo. Por la tarde se celebra un baile. Es la única ocasión que se nos permite convivir y bailar libremente con… Con… ¡Los chicos!" Patty se sonrojaba solamente ante la idea de convivir con ellos, pero igualmente la emocionaba pensar que quizás este año, algún chico la invitaría a bailar.
- "¿En verdad? ¡Pero eso es fantástico! Suena a una fiesta increíble." Dijo Candy, comenzando a soñar despierta.
.
Bailar con un chico…
.
Candy vio cómo en su mente comenzaba de pronto a materializarse la imagen de Terrence, provocando que abriera grandemente los ojos y se sonrojara intensamente en cuanto lo hizo consciente.
Notando cómo su amiga estaba igual de sonrojada que ella, Patty quiso aliviar el penoso momento para ambas.
- "¿Sabes Candy? ¡Además podemos invitar al festival, no sólo a miembros de la familia, sino a nuestros amigos!"
Con esas palabras, la vergüenza de Candy desapareció con la rapidez de un relámpago. Una idea cruzó su cabeza tan brillante como una luz.
- "¿Incluso a nuestros amigos? ¿A nuestra familia? ¿De verdad podemos invitarlos?"
Hubiera querido saltar de alegría. Pensó de inmediato en el Señor Albert ¡Y por supuesto en el ilustre Tío Abuelo William!
No sé si será tan amable de venir ¡Pero quiero probar y enviarle una invitación!
Tal vez podría conocer a su benefactor. El corazón de Candy comenzó a llenarse de esperanza, había tantas cosas que quería decirle al Tío Abuelo; tenía tanto que agradecerle que simplemente no cabía en su corazón.
A partir de ese momento, y cada día de esa semana, Candy pensó en las palabras adecuadas para persuadir al Tío Abuelo de acompañarla en el gran evento. Se concentró en las frases que debía llevar su misiva e invirtió por completo su día en la redacción de sus cartas mensuales. Al Tío Abuelo, detalladamente le narraba cómo había mejorado en todas las materias y los muchos avances que había tenido, por lo que quería hacerlo partícipe de esta celebración.
El Festival de Mayo… ¡El sólo escuchar esas palabras era emocionante!
Sería tan feliz si pudiera invitar a la Señorita Pony y a la Hermana Lane para esta ocasión… Pero ellas están demasiado lejos.
En las cartas dirigidas a ellas, Candy también les compartía sus avances en la lengua francesa, la mayor elegancia que estaba adquiriendo gracias al rígido reglamento escolar… En la última correspondencia que le habían enviado las directoras del Hogar, le habían contado que los lupinus* estaban comenzando a florecer.
Pronto la Colina de Pony se teñirá por completo de amarillo, gracias a los ranúnculos* y a las rudbeckias*…
Desde la ventana de la escuela, Candy observó el patio. Las rosas estaban en plena floración y el viento transportaba con él su dulce olor.
¿Habrán florecido también las rosas de Anthony? ¿Y aquellas de color rojo del Portal de las Rosas?
Cuando Anthony murió, Candy pensó que la primavera no llegaría nunca más. Y sin embargo, las estaciones guardaron su promesa sin dejar de alternar una después de la otra, incluyendo a la primavera que llegaba de nuevo a ella con el pasar de los meses en el calendario.
Se acercaba el aniversario en el que, exactamente un año atrás, Anthony le había regalado la primera Dulce Candy designado así, el día exacto de su cumpleaños. Candy tenía dos cumpleaños, el que había celebrado con Annie durante seis años en el Hogar de Pony, y el día simbolizado con el florecimiento de la nueva estirpe de rosas que Anthony había creado.
… La próxima vez que nos veamos, será tu cumpleaños Candy…
.
Si también la gente pudiese volver, igual que las estaciones…
.
El Príncipe de la Colina, Anthony… Había tantas personas que hubiera querido volver a ver, aunque fuese por una sola vez más.
Las lágrimas amenazaban con desbordarse de sus ojos, el jardín de flores se miraba ahora nebuloso. Con fuerza apretó los labios intentando contener sus lágrimas, no debía pensar en ello.
- "Por lo menos he conseguido encontrar al Señor Albert. No debo esperar demasiadas cosas. Aun así, soy afortunada."
Al volver a su habitación, antes de cerrar la puerta, Candy escuchó la plática de un grupo de chicas.
- "¿Has decidido ya lo que vas a llevar en el festival? ¡Yo insistí tanto para que mi padre me comprara mi vestido en Paris!"
- "¡Yo también he encargado un rojo escarlata! ¿Y tú?"
Las compañeras de clase con las que se cruzaba a lo largo del pasillo no hacían nada más que hablar sobre el mismo tema.
Candy cerró la puerta y abrió el enorme armario en su dormitorio.
Observó las filas de innumerables vestidos dispuestos para ella por el Tío Abuelo. Y no se había limitado sólo a los vestidos, su benefactor también había ordenado un par de zapatos y bolsos que hacían juego con cada vestido, e incluso ramilletes de flores de porcelana, cristal y otros materiales valiosos, que hacían las veces de tocados. Cada vez que admiraba ese espectáculo, Candy sentía una inmensa gratitud.
- "¿Qué me podría poner en el Festival de Mayo?"
Después de mucha indecisión, tomó un vestido de color verde claro y lo acercó a ella.
- "¡Sí, el verde es un color que le corresponde a una invitada de honor en el Festival de Mayo! ¿Y si fuese yo elegida Hada del Festival? ¡Un Hada verde de Mayo!" se dijo, haciéndole un guiño a su propio reflejo en el espejo.
- "¿Entonces? ¿Me queda bien? ¿Parezco una agraciada señorita o un Tarzan con Pecas?"
Tan pronto como hubo pronunciado estas palabras, Candy apartó precipitadamente la vista del espejo.
Ella de nuevo estaba pensando en Terry.
Aun sonrojada por sus pensamientos, Candy comenzó a girar, sosteniendo todavía el vestido contra su pecho, llena de alegría, recordando las palabras de Patty.
. En el Festival de Mayo las Hadas se transportan en una plataforma móvil y los chicos las siguen a pie con ramos de flores. Todos los invitados se ponen sus mejores trajes, hay quienes eligen personificarse con algún disfraz de reyes, reinas y príncipes, todo es válido siempre y cuando se vista de gala y respetando el código de etiqueta.
Las chicas pueden escoger a su pareja, es la única ocasión en la que no está mal visto hacerlo ¡Es maravilloso!
Pareja…
.
Cuando Candy escuchó esta palabra, inevitablemente su mente voló nuevamente hacia el recuerdo de cierto chico de mirada profundamente azul.
Pero ¿Qué estoy pensando? Terry no es el tipo de chico que asistiría a un baile…
Candy miró nuevamente su imagen en el espejo, el color verde se le veía realmente bien, se sentía bendecida por tanta generosidad. Había pasado de contar con no más de cuatro o cinco sencillos vestidos, que le eran confeccionados con mucho amor por la Señorita Pony, a tener un guardarropa completo que requeriría de varios meses, sino que años, para lograr estrenar todo lo que contenía.
Si pudiera compartir su alegría y tantas bendiciones con los chicos del Hogar y sus Madres, todo sería perfecto.
Un gran suspiro salió por su boca ¡Tenía tanto que contarles! Invertiría numerosas cartas únicamente describiendo los preparativos del baile como la elección del vestido, la decoración ¡Y las clases de baile! Pues para fortuna de Candy, todas las chicas serían adiestradas en los diferentes ritmos que se bailarían en la fiesta, sobre todo, en el "vals inglés" también conocido como el "vals lento" que se bailaba de manera mucho más ordenada y solemne, a diferencia de las vueltas y vueltas que se daban en su interpretación americana.
Todos serían bailes elegantes y estilizados, como el minué, que era habitual en las cortes reales de Europa, el cotillón, y las muy divertidas cuadrillas en las que todos los participantes bailaban entre ellos, cambiando de pareja una y otra vez.
¡Aún si no tenía pareja, la pasaría genial!
La soledad y el silencio del bosque le estaban sentado de maravilla, después de verse sometido al escrutinio de miradas de desaprobación y murmullos alrededor de él durante los días al lado de su padre, su familia y la Corte inglesa. Terry finalmente había regresado, pocas veces se sentía agradecido de volver al Colegio, y ésta era una de ellas.
El olor de los narcisos era exquisito, no había nada mejor que una tarde descansando recostado sobre la hierba, lejos de todo, aislado de todos, oculto… ¡Como una piedra!
¡No deberías tirarte en el suelo, donde nadie puede verte, como si fueras una piedra!
– "¡¿Tirado como una piedra ha dicho usted, Señorita Pecas?" Una sonrisa se dibujó en el rostro de Terry rememorando ese encuentro. Casi podía escuchar su voz. Las ocurrencias de Candy eran tan divertidas como sus gestos al enfadarse, nunca antes lo habían comparado con una piedra.
Había muchas cosas distintas en esa chica que lo intrigaban.
Camino al bosque había escuchado la agitación de todos los que, emocionados, hablaban sin parar del Festival de Mayo.
Terrence nunca había asistido a ninguna de las celebraciones del Colegio en los años que llevaba recluido en ese lugar. Sus razones eran claras, simplemente no le podía interesar menos la idea de convivir con alguno de sus compañeros o de un baile hasta el amanecer en compañía de alguna chica frívola que se tomara atribuciones sobre él.
La cercanía y el intercambio con ese tipo de gente no era su idea de diversión, no para él que había aprendido a disfrutar su soledad. El proceso de volverse un solitario no había sido fácil, pero era por mucho, mejor que convivir con la gente del Colegio.
Sin embargo, este año…
Quizás este año sería diferente.
Quizás podría ser divertido ver a una mona vestida de punta en blanco, saltando alegremente al ritmo del vals ¡Definitivamente era un espectáculo único que no podía dejar de ver!
Si el baile resultaba ser más aburrido de lo que pensaba, podrían ir juntos hacia el bosque donde aprovecharía para contarle historias acerca de los fantasmas que suelen rondar los edificios viejos de Londres, como el que servía de dormitorio de las chicas, por ejemplo.
La simple idea de ver los aterrorizados ojos de Candy cuando escuchara sus escalofriantes, y por supuesto, inventadas historias, le provocó una alegre risa. Obviamente Candy no lo aceptaría, pero esa noche seguramente no podría cerrar ni un ojo. Sobre todo, cuando comenzara a tirar pequeños proyectiles a su ventana desde el jardín exterior, al que sabía perfectamente que miraba su balcón. O quizás podría hacer sonidos imitando a las lechuzas para darle un efecto tenebroso al relato.
Luego podría reír de sus gestos cuando descubriera que todo era un invento suyo y le hiciera ver lo niña que era ¿Fantasmas? ¿De verdad creía en fantasmas? Sabía que se enfadaría, pero todo quedaría olvidado cuando vieran juntos el atardecer. No había nada mejor que el olor de la hierba y los narcisos al caer la tarde, mientras se podía observar los colores rojizos llenando el horizonte desde el gran árbol que coronaba la colina
¿Se atrevería Candy a subir a los árboles aún vestida de gala?
¡Seguro que sí! Y si llegará a negarse, con incordiarla algunos minutos más y correr hacia el árbol, retándola a seguirlo sería suficiente. Sus dotes de mona inquieta definitivamente eran algo contra lo que no podría luchar, simplemente era un Tarzan Pecoso… Era Candy, una chica distinta a todas las demás.
Terry se negaba a aceptarlo de lleno, pero notó como una emoción surgió en él al pensar en el día del Festival. Algo parecía estar creciendo dentro de sí, algo que parecía ser… Esperanza.
Notas:
(*1) Toda esta sección fue tomada y adaptada del manga. Lo he puesto aquí, aunque originalmente corresponde al día en que Annie llega al colegio.
(*2) Esta sección fue tomada de CCFS en la versión traducida en wattpad segunda parte, capítulo 8. Le he hecho algunos ajustes para que quedara más claro en cuanto a términos y a la temporalidad de lo sucedido.
*Lupinus, ranúnculos y rudbeckias
En CCFS se hace mucha referencia a estas florecillas silvestres, los lupinus son plantas verticales de tonos predominantemente azulados y rosados; los ranúnculos son flores amarillas o blancas (Candy las refiere como amarillas), algunas florecen anualmente y otras bienalmente. Las rudbeckias son parecidas a las margaritas, son plantas que atraen a las mariposas, debido a sus brillantes colores que se vuelven más intensos durante el verano.
Y de los bailes les sugiero algunos links para que los vean, son francamente hermosos, me imagino perfecto a Candy, Terry y toda la pandilla bailándolos:
* Minué lo pueden encontrar en YouTube punto com diagonal watch?v=epmG43H9D98 Y en watch?v=cFkpoGX3Y4A
No pude encontrar uno del vals inglés que fuera de época, pero si lo encuentro se los agrego.
Agradecimientos:
Aunque este capítulo es más largo, sé que en ocasiones otros quedan más cortos. A veces lo hago intencionalmente para que vaya encajando la historia pues tanto el manga como CCFS va por escenas y no quiero alterar demasiado la historia. Todo tiene un fin, ya lo verán.
Y a cada una, que se ha tomado unos minutos para dejarme un review:
Lucero608 Gracias a ti por leer y por tus deseos de mi recuperación, ya mi tos ha casi desaparecido.
skarllet northman Me alegra que te siga gustando la historia.
lgbr27 Escribo semanalmente, si la vida diaria me deja, a veces por ahí dejo alguna sorpresa.
Guest 1 Gracias por seguir leyendo.
Guest 2 Sí, la pobre Candy resultó negada para la música, pero más adelante, adivina quién le dará lecciones de piano 😉
Nally Graham Pronto se reencontrarán en el Blue River Zoo y sí, Archie cree que tiene esperanza… Así es a veces el enamorado, no ve las señales claras de que ahí nada más no hay ese tipo de amor.
Eli Ya viene el romance mi querida Eli, es sólo que primero se tienen que reencontrar. En estos capítulos que vienen hablaré más de los sentimientos de Terry, es en el Festival cuando él se da cuenta de ellos por completo ¡Ya viene!
Stormaw Así es, nuestra Candy quiere "asegurarse" de que Terry recibió el mensaje, pero suena a pretexto para encontrarse con él. Cada vez se verá más cómo ella comienza a llevarlo en su pensamiento. Fíjate que respecto a la peluca de Julieta que usa Candy en el Festival, depende del anime y de la edición del manga a color, se le ve el pelo distinto. En el anime se ve pelirrojo, en los cuentos de Bruguera es un café rojizo y en otras ediciones se le ve negro-café oscuro. Le daré gusto al Guest que escribió un review y mantendré el pelirrojo del manga.
dianley Lo sé querida, a veces quedan más cortos los capítulos, pero espero que aun así, los disfrutes.
Phambe Es para mí un honor el leer tus palabras, me emociona mucho que hayas captado la intención de este Fic y que lo disfrutes. Por favor, si gustas escríbeme en francés en PM (private message) yo con gusto lo traduciré para que charlemos largamente de esta maravillosa historia ¿Para que se inventó el google translate si no es para acercarnos más sin la barrera del lenguaje? Sería un placer para mí charlar contigo en cualquier idioma ¡Ahora mismo he visto que me has dejado un comentario en español! Merci beaucoup.
Keii Sí, Candy y Terry sí bailan juntos, eso es una maravillosa contribución del manga. Me guío por esta versión y no tanto por el anime, entiendo que te haya dejado sin ganas de leerlo, pero tiene detalles lindos, además de que el manga tiene dibujos muchos mejores de los protagonistas. Si te gustó el Terry del anime, deberías ver los dibujos del manga ¡Es una belleza! Candy se ve preciosa en el manga, el anime le resta mucho a su rostro. Y en cuanto a la historia, a mí CCFS me quitó el trauma que me dejó el anime jajajaja ya leerás de él aquí mismo (aunque yo sólo hablaré de la parte del Colegio y del epílogo).
En verdad gracias a todas por seguirme motivando a escribir. Continuamos y ahora sí, nos llegó la primavera y con ello se acerca el Festival y el romance a todo lo que da. Faltan un par de capítulos y entramos de lleno.
¡Maravillosa semana a todas, que la primavera nos traiga calorcito, alegría y vida!
¡Que tengan una feliz semana!
