Hola, hola. Espero que les guste este capítulo y que disfruten la lectura...
Tengo anotados todos los nombres que fueron recomendándome pero si pueden seguir dándome opciones, son más que bienvenidas.
¡Buena semana a todos!
Si quieren contactarme, búsquenme en twitter como SwanMnsterQueen :D
Claramente, los personajes no me pertenecen. Todo es una historia de mi autoría, basada en los personajes de la serie Once Upon a Time.
·14·
La mudanza había sido llevada a cabo el siguiente domingo. David y Mary Margaret ayudaron a su hija a llevar a la mansión lo que restaba de su ropa y el resto de las cosas que ella tenía en el apartamento mientras que Katherine y Regina acomodaron todo perfectamente... Aunque la morena sabía muy bien que ese orden entre todas las prendas de su novia no duraría más que unas pocas horas, ya lo sufría con la ropa que ya tenían guardada en su armario.
Cuando todos estaban en la sala tomando algo fresco mientras esperaban a que llegaran las pizzas que Henry tanto insistió en comer, la Alcaldesa se acercó a la ventana y se quedó mirando hacia afuera por un momento. Notó que se habían dejado una caja, no era demasiado grande así que se dirigió hacia la puerta principal para ir a buscarla y llevarla dentro de la casa. No vio necesario el decirle a alguien que la trajera ya que era una caja pequeña y, seguramente, tendría más ropa de Emma nada más.
Salió al jardín delantero de su hogar y se agachó sólo un poco para poder tomar la caja en sus manos, no sin previamente abrirla y constatar que sólo había calcetines y algunos guantes y bufandas dentro de la misma. Al voltearse para volver a entrar a la mansión, se encontró con su hermosa rubia mirándola muy seria y con los brazos cruzados sobre el pecho.
– ¿Qué crees que haces?
– Uh, yo... Mmm, vi que olvidaron entrar esta caja y salí para cogerla. No es grande así que no quise molestar a nadie... – Dijo suavemente, dándole una sonrisa de disculpas a la Salvadora.
Emma le había prohibido terminantemente levantar peso o hacer algún esfuerzo innecesario. Ese era el motivo por el que ella no había hecho más que acomodar todo dentro de los armarios junto con Katherine. Pero aquella caja ni siquiera era pesada, por eso decidió entrarla ella misma.
– Te dije que no quería que levantaras nada pesado. – Contestó Emma, más que seria, agarrando lo que la Alcaldesa llevaba en sus manos.
– No es pesada, Emma, sólo tiene calcetines y esas cosas...
– No me interesa, Regina. No harás ningún esfuerzo mientras haya alguien que pueda hacerlo por ti. ¡Estás embarazada, por el amor de Dios! – Agregó levantando la voz.
Regina se quedó completamente paralizada al escuchar a su novia hablarle en ese tono. Emma jamás levantaba la voz cuando hablaba con ella y, si mal no recordaba, no lo había hecho desde que ellas arreglaron sus diferencias y comenzaron a llevarse bien, desde que se hicieron amigas.
Por supuesto que entendía que Emma la cuidara tanto y lo adoraba pero, realmente, no se había esforzado nada al coger esa caja. No era ni un poco pesada.
La rubia pareció darse cuenta de lo que había hecho y miró a los ojos de su morena para encontrar en ellos sorpresa y dolor...
– Mi amor, perdóname. No quise levantarte la voz... Realmente no quise. – Dijo Emma, soltando la caja y haciendo que esta cayera al piso.
En seguida, se acercó a Regina completamente segura de que esta saldría corriendo echa una furia por la forma en la que le había hablado pero, para su sorpresa, la morena solo siguió mirándola sin decir una sola palabra.
– ¿Regina? – La llamó casi en un susurro. – Cariño, lo siento. Por favor, no te enojes conmigo. Te amo y yo... Sólo quiero cuidarte y que nada te pase a ti ni a los bebés. Sé que no debí hablarte de esa manera per...
– Está bien, Emma. Lo entiendo. Es solo que... Wow. – Dijo Regina, con sus ojos llenos de lágrimas.
Y la Sheriff se odió a sí misma una vez más. ¿Será que nunca podía quedarse callada? Siempre, e incluso sin buscarlo, terminaba lastimando a lo más hermoso que le había pasado en la vida. "¿Cuándo será el día en que dejes de ser tan estúpida, Swan?", pensó.
– Amor, Emma... Estoy bien. Es sólo que me has tomado por sorpresa y sabes que lloro por lo que sea, no puedo controlarlo. No estoy enfadada contigo. Emma, mírame. – Pidió Regina, tomando el rostro de su novia entre sus delicadas manos para que ésta levantara nuevamente la vista. – Entiendo por qué reaccionaste así, y tienes razón. Me dijiste que no hiciera esfuerzos y yo... No le di importancia y, como siempre, quise hacer todo por mi cuenta y sin pedirle ayuda a nadie. Sí, la caja no es nada pesada pero tan solo pensé en mi y en que podía llevar eso a la casa, no pensé en que podría llegar a molestarte o preocuparte y lo siento. Tú siempre estás pensando en mi, en mi bienestar y yo siendo una completa idiota egocéntrica. Lo lamento.
Regina cerró el poco espacio que la separaba de su amada y escondió su rostro en su cuello, dejando que las lágrimas comenzaran a caer sin restricción alguna. Emma simplemente la rodeó con sus brazos y besó su cabeza. Dejó que su morena se desahogara y cuando la sintió calmarse, la miró una vez más a los ojos.
– No eres ninguna egocéntrica, Regina. Ni mucho menos una idiota... Por ahí sí debiste pensarlo un poco más y pedirle a alguien que llevara las cosas dentro de la mansión pero yo no tenía por qué hablarte de esa manera.
– Si vamos a seguir pidiéndonos disculpas nos pasaremos lo que resta del día aquí. Eres consciente de eso, ¿verdad? – Dijo la ex Reina, riendo tiernamente mientras Emma secaba el rastro de la última lágrima que se había deslizado por su mejilla.
– Creo que tienes razón... – Contestó la rubia.
– Como siempre, Swan. – Agregó Regina con una sonrisa victoriosa. Esos cambios repentinos de humor muchas veces confundían a Emma pero, ahora mismo, sólo la dejaban más tranquila.
– Te amo. No voy a volver a hablarte así.
– También te amo y trataré de dejar de pensar solamente en mi todo el tiempo, lo prometo...
– Regina te dije qu...
– Emma... – Advirtió la morena.
– ¡De acuerdo, de acuerdo! No he dicho nada. – Dijo la Sheriff, riendo. – Dame un beso, ¿sí?
Regina pegó sus labios a los de su rubia y la besó dulcemente. Puede que en su momento el que Emma le haya levantado aunque sea mínimamente la voz habría causado en ella el peor de los enojos pero, ahora, simplemente no podía enojarse con ella. No con su Emma. Mucho menos cuando ella lo único que quería era cuidarla.
La morena sintió cómo el calor y la excitación comenzaban a adueñarse de su cuerpo y estaba dispuesta de llevar a la Salvadora directo a la habitación sin importar que sus suegros y su amiga estuvieran en la casa.
Separó sus labios y la miró con deseo. Seguidamente, se acercó de nuevo a Emma con la intención de susurrarle al oído lo mucho que deseaba hacer el amor con ella y, cuando estaba a dos segundos de hacerlo...
– Mamás, ya han traído las pizzas. – Dijo Henry, sosteniendo las cajas en sus manos.
– Bueno, por favor, cuéntenos qué tal les fue con la ecografía del miércoles... – Pidió Snow más que ansiosa por tener nuevas noticias sobre sus futuras nietas.
– En realidad no hay demasiado que contar... Siguen creciendo bien, por suerte. Whale dijo que están muy bien de peso y que, a pesar de que es un poco raro que aún no las haya sentido tan bien como debería, no tenemos que preocuparnos ya que en algunos casos suelen tardar un tiempo más en moverse y hacerse sentir. – Explicó la morena, acariciando su abultado vientre.
– Whale también intentó coquetear con mi novia. – Dijo Emma con un tono receloso.
– Sólo trataba de ser amable, Emma...
La rubia la miró y entrecerró los ojos. Recordó cómo hacía tan solo tres días, cuando habían ido a su consulta mensual, el doctor le dijo a Regina que se encontraba más hermosa que nunca y que el embarazo le sentaba perfectamente.
La Sheriff sabía que estaba exagerando pero no quería que nadie mirara a su morena. ¿Desde cuándo era celosa? No podía contestar a esa pregunta. Seguramente desde que se enamoró perdidamente de la Alcaldesa del pueblo, la ex Reina Malvada, la mujer más hermosa de todo el mundo. Quizás sentía ese gran desprecio hacia aquellos que, de cierto modo, demostraban deseo por su mujer por miedo a perderla y, aunque sabía que Regina la amaba y no la dejaría, no podía evitar temer que eso pasara.
Sí, ambas tenían el mismo miedo. Las dos detestaban que alguien más coqueteara con aquella a la que amaban pero se contenían de armar cualquier clase de escena debido a que sabían que la otra no contestaba a nada de lo que le dijeran, sólo tenían ojos para la madre de sus hijos.
– Estoy seguro de que Whale no lo dijo con esa intención. – Agregó David, sacando a su hija de sus pensamientos.
– Sí, por su propio bien espero que haya sido sólo para ser amable...
– Eres preciosa cuando estás toda celosa, Swan. – Dijo Regina, dándole un tierno beso en el cuello a su rubia.
David y Mary Margaret miraban a ambas con sus ojos llenos de ternura y una enorme sonrisa en sus rostros. Jamás pensaron que la felicidad de su hija se encontraba tan cerca de ellos. Podían esperar que la persona que amara a su hija sin límites fuera cualquiera pero no Regina. Claramente, se equivocaron. Y, para ser sinceros, no podían quejarse. La morena era todo lo que siempre desearon para su hija. Se podía ver a kilómetros de distancia lo mucho que ella amaba a Emma y lo enamorada que ésta estaba de la Alcaldesa.
– Además de esto... – Añadió Regina. – Nos dio la fecha aproximada de parto. Pueden adelantarse quizás una semana o atrasarse un poco.
– ¿Para cuándo tienes fecha?
– Entro en las treinta y siete semanas el 26 de octubre, así que en esa semana más o menos debería dar a luz si vienen en término. Y si, por esas casualidades, son tan testarudas como su madre y se niegan a salir – dijo riendo – el 5 de noviembre me harían una cesárea. Espero que no lleguemos a eso, realmente quiero tenerlas por parto normal...
– ¿Y en cuanto a los nombres? ¿Ya han decidido alguno? – Preguntó David.
– ¡Oh, claro que no! Como te conté por teléfono, mamá, ninguno de los nombres que le digo a mi Reina parece ser digno de nuestras princesitas... – Contestó Emma, riendo al ver la cara con que la Regina la miró.
– Pero, Emma, todos esos nombres realmente no son buena opción para las bebés. En eso estoy de acuerdo con Regina. – Dijo Mary Margaret riendo también.
La Alcaldesa sonrió victoriosamente a su novia, mostrando exageradamente sus perfectos dientes blancos... Se veía demasiado infantil. Tanto que Emma no pudo evitar besarla nuevamente.
Luego de perderse por un momento en el dulce beso que su Salvadora le regalaba, Regina se separó algo bruscamente de ella y la miró con los ojos tan abiertos como era posible.
– ¿Qué pasa, mi amor? – Preguntó la rubia, alarmando también a sus padres que también dirigieron su mirada hacia la sorprendida morena.
Una lágrima cayó por la mejilla de ésta mientras llevaba su mano derecha hacia su vientre nuevamente. Bajó un poco la vista para mirar su abdomen y, liberando el labio que sus dientes aprisionaban, sonrió...
Aún preocupada, Emma posó su mano encima de la de la Alcaldesa y lo notó. Sintió un suave golpe y Regina intercambió la posición de sus manos, dejando la de Emma apoyada en su vientre y la suya encima. Tan solo unos momentos después, la rubia volvió a sentir un poco mejor cómo una de sus hijas daba una suave patada al vientre de la Alcaldesa.
– Eso... Ellas están...
– Sí, Emma. Por fin están haciéndose sentir... – Dijo Regina entre lágrimas de felicidad.
