Capítulo 14: "Peligrosa Obsesión (Parte 2)"

P.V. Vegeta

Nuevamente, como era de costumbre, estaba recostado en mi cama, con la mirada puesta en el techo, pensando en muchas cosas. Necesitaba alcanzar cuanto antes la transformación en súper saiyajín. ¿Qué es lo que me hacía falta? No podía descifrarlo, porque entrenaba como loco todo el tiempo. Flagelaba mi cuerpo al punto de morir para que mi fuerza y poder se incrementaran cada vez, y yo sentía mi energía crecer, podía darme cuenta de que llegaba a esa línea que dividía la dimensión del saiyajín de la del súper saiyajín… Sin embargo, no podía cruzarla sin importar lo que hiciera. Esto me estaba cansando. Y para colmo, comencé a sentir el insignificante ki de Haru-idiota llegar a la casa. No podía concentrarme en lo que yo consideraba importante. Sólo pensar que Bulma saldría con ese cabeza de alcornoque me hacía sentir náuseas. ¿Qué le veía? Era un perdedor y debilucho.

Había pasado varios días desde que la mujer se había recuperado del secuestro. Y a pesar de que le salvé la vida, ella insistía en alejarse de mí. No soportaba su actitud lejana, arrogante, sombría. ¿Y todo por qué? Por esos insignificantes insectos que casi la matan. ¿Quién la entiende? Debería de decir gracias, en lugar de recriminarme por hacer lo correcto.

Eran las 7:00 en punto. Esta situación me enfermaba. ¿Ese ridículo y cursi rogón no tenía nada mejor qué hacer?

Salí de mi habitación y comencé a espiarlos desde lo alto de los escalones de la casa, detrás de una pared, para que no pudieran verme. Casi pierdo el aliento cuando vi a Bulma. Se veía muy hermosa. Dejó su largo cabello suelto; casi siempre lo sostenía con algo… pero yo quedaba fascinado esas pocas veces en las que tenía la oportunidad de verla con su cabello suelto, libre y presa de la voluntad del viento. Llevaba un vestido muy provocativo color negro. ¿Tenía que arreglarse tanto para el imbécil ese?

-Te va a encantar el lugar Bulma. Reservé para que cenemos en "Queen Elizabeth".

-¿De verdad? No he ido a ese lugar. ¿Es el nuevo restaurante de gastronomía inglesa, verdad?

-Así es.

-Debe ser grandioso.

-Lo es. Sólo lo mejor para ti.

"Ay si, sólo lo mejor para ti", ¡Imbécil!- Pensé.

-¡Demonios!- Dijo el papanatas.

-¿Qué sucede?

-U…un gato.

-No te asustes. No muerde. Es el gato de mi mamá.

-Soy alérgico a los gatos.

"Alérgico a los gatos" No me digan… Ese tipo sí que es un perdedor…Pensé.

-¿En serio? Quién lo diría. ¡Momo! ¡Ve con mamá, pronto!

-Gracias Bulma, y lo siento.

-No hay de qué. Pero vámonos ya o llegaremos tarde. Si perdemos la reservación será difícil encontrar otro lugar dónde cenar.

-Claro. Por cierto… te ves muy hermosa.

-¿Apenas lo notaste animal?- Pensé.

Las voces se fueron alejando hasta que cerraron la puerta de la entrada. Estaba muy molesto y decepcionado. ¿Cómo era posible que saliera con ese?

-Deben de estar muy felices saliendo a divertirse mientras yo me quedo aquí, aburrido y esperando. Pero…

Pensé y analicé la situación.

-…pero, no tiene que ser así. A veces las cosas no salen bien en las citas. (Sonreí). ¿Haru-idiota quiere una cita? ¡Yo voy a darle su cita!, ya verán ¡ha, ha, ha, ha, ha, ha, ha, ha, ha, ha, ha, ha!

Pensé en todas las posibilidades sin omitir un solo dato o detalle, y comencé a forjar el plan perfecto para fastidiar la cita de Bulma.

-Si… muy bien. Esto es lo que haré… Voy a darles una cita INOLVIDABLE (continué riendo sin control).

Pero entonces, me di cuenta de que tenía que irme de inmediato. Era necesario llevarles un muy buen tiempo de ventaja.

Fui a los laboratorios donde sabía que estaba el doctor Brief.

-Muchacho, ¿Puedo ayudarte en algo? ¿Necesitas más robots?

-No.

-Entonces, ¿Qué deseas?

-El restaurante Queen Elizabeth, ¿Lo conoce?

-¿Queen Elizabeth? ¡Ah, sí! Llevé a mi esposa el mes pasado para celebrar nuestro aniversario, es un lugar nuevo, muy elegante y…

-¿Dónde está?- Interrumpí.

-¿Eh? Ah, sí. Está en el centro de la ciudad, en…

El Dr. Brief comenzó a darme explicaciones muy precisas. Entonces volví a la casa para tomar unas cosas, entre ellas, una fotografía del imbécil cabeza de alcornoque que estaba en la habitación de Bulma. En un abrir y cerrar de ojos, emprendí el vuelo para llevar acabo mi plan. Necesitaba llevarles bastante tiempo de ventaja.

Llegué al restaurante mucho tiempo antes que ellos. Me escondí detrás de la cocina. Estaba lleno de personas que se veían estresados. Cocinaban y corrían. Olía muy bien. No puedo explicarlo, pero algo de ese lugar y de ese ritmo de trabajo me fascinó. Pero pronto volví al objetivo inicial y comencé a pensar en una buena idea para detener el flujo de trabajo, de manera que ellos no pudieran cenar ahí. De repente, se me ocurrió la mejor de las ideas, y lo mejor fue que no era necesario ser visto. Sin que nadie me viera, rompí el regulador de gas de la cocina principal para provocar una fuga. Cuando uno de los hombres que cocinaba se percató de la fuga, ordenó apagar todas las estufas y dio la orden para evacuar el lugar. Al poco rato, Bulma y Haru-idiota llegaron. Nada me causó más satisfacción que ver la cara de imbécil que puso el insecto ese cuando se dio cuenta de que no podían cenar ahí.

Ya estaba hecho. Pero yo no me confié. A pesar de que escuché a Bulma decir que las posibilidades de encontrar un lugar para cenar, sin reservación, y en sábado eran del uno por ciento, no podía arriesgarme a que ellos dieran con ese uno por ciento. Seguramente Haru –idiota le propondría a Bulma buscar otro lugar para cenar, y lo intentarían aunque les tomara la noche. No importaba, yo tenía mucho tiempo libre. Ya repondría el tiempo de ocio en los demás días de entrenamiento. Pero no podía permitir que ese tarado se aprovechara de Bulma. Y aun peor: No podía permitir el hecho de que a Bulma pudiera llegar a gustarle Haru-idiota otra vez. Probablemente estaba loco y obsesionado por esa mujer. Pero lo cierto es que desde aquel día en que la vi por primera vez en la cueva de Namekusei, no pude recobrar la calma. Perdí el control y el equilibrio en mí mismo y decidí que ella me pertenecía, porque desde aquel momento en que me atrapó con sus ojos, no soportaba la idea de no tenerla en mi vida. La deseé y la necesité desde entonces. Y si tenía que esperarla toda mi vida, y tenía que ahuyentar a cien tipejos que la pretendieran, no me importaba. Tarde o temprano tendría que venir a mí, y me agradecería todo lo que ahora hago por ella.

Obviamente no era una opción destruir cada restaurante de la ciudad, aunque fuera divertido. Pero no me beneficiaría si ella se daba cuenta que yo había tenido que ver en todo esto. Así que decidí recurrir al aprendizaje que obtuve de una de las varias películas que el padre de Bulma me prestó. Algo tenía que hacer para no aburrirme. El caso es que recordé una película de acción en específico donde un detective buscaba a un criminal, y decidí hacer lo mismo. Puse mi plan en marcha y entré al siguiente restaurante donde ellos tenían planeado llegar.

-Buenas noches señor. Soy el GERENTE de este restaurante. Temo que no podrá entrar con esa… indumentaria. Debe vestir de etiqueta.

Lo fulminé con la mirada y el tipo se asustó.

-E… este… bueno… una vez que hagamos una excepción no nos caerá mal. Jejejeje. ¿Tiene reservación?

-No

-Bueno, no importa. Tengo espacios libres. ¿Qué lugar prefiere?

-No vine a cenar. Estoy buscando a esta persona. (Saqué la fotografía que tomé de la habitación de Bulma)

-¿Busca a la señorita?

-No. Al bastardo que está a su lado. (Recordé que el detective de la película manejaba ese lenguaje)

-¿Es usted un detective?

-Sí. Soy un detective.

-¡Ah! Entiendo. No lo he visto. Pero de ser así, me comunicaré con usted. ¿Puede darme su tarjeta?

-Le daré un número. Escríbalo.

-¿Por qué no me da una tarjeta?

-¡Porque esto es ultra secreto! ¡Es información clasificada!- No comprendía todavía bien lo que significaba "información clasificada", pero si recuerdo que en la película, cuando mencionaban eso, las personas dejaba de insistir.

-¡Oh! Lo siento, comprendo su posición. ¿Cuál es el número?

-216-546-168-464 (Por supuesto, lo inventé en ese momento)

-¿Y cómo debo dirigirme a usted?

-¿Eh?

-¿Cuál es su identidad, nombre… cómo debo llamarlo?

-Agente 007.

-¿Agente 007? Pero… ¿No es el famoso personaje de la película occidental James Bond?

-¡¿Y eso qué?! ¡¿Acaso tengo la culpa de que a algún idiota se le hubiera ocurrido el mismo nombre para el héroe de su película? ¡¿Qué quiere que le diga?! ¡Esa es mi clave!

-Lo siento señor, tiene razón.

-Bien. Simplemente, si llega a verlo, impídale la entrada a su restaurante.

-Señor, ¿no estará exagerando? Esto es un negocio y esta noche no tengo tanta clientela. Me vendría bien dejar que…

-¡¿Acaso no lo entiende?! ¡Se trata de un peligroso loco, maniático, asesino!- Le dije, arrugando su camisa con ambas manos. –Este bastardo acostumbra a ir a cenar con mujeres hermosas, y una vez que termina su comida….

El tipo se veía asustado.

-U…una vez que termina su comida… ¿Qué?

-Asesina a toda la gente del restaurante- Dije en un tono serio y dramático, imitando al personaje de la película.

-¿A toda?

-A toda. ¿Y sabe que es lo peor?

El tipo temblaba como una hoja.

-¿Q…qué?

-Que siempre comienza…. ¡Con el gerente del restaurante!

-¡Ah!

Todo estaba saliendo muy bien. Mejor de lo que esperaba. Ese tipo era un verdadero idiota.

-Pero no debe alarmarse. Sólo necesita hacer lo que yo le diga. El maniático sigue siempre un patrón. Debe cenar primero con una mujer hermosa para después asesinar. Si estas condiciones no se cumplen, entonces simplemente no lo hace. Diga que no hay mesas disponibles y todo estará muy bien.

-De… de acuerdo señor. Confío en usted… agente 007.

-Bien.

Salí del lugar.

Continué visitando cada restaurante de la ciudad al que ellos tenían planeado ir e hice lo mismo que en el primero. Mi objetivo principal era fastidiarles la cita. Llevaba un buen rato siguiéndolos, pues escuché en el último restaurante que se habían dado por vencidos. Estaban caminando en la acera de una calle y afortunadamente no se habían percatado de mi presencia. Estaba sumamente aburrido debido a que el tarado ese no hacía otra cosa que hablar de él y de sus planes a futuro… -¡A nadie le importa tus estúpidos planes Haru-idiota! Bulma es mil veces más brillante que tú, ¿acaso estás tratando de impresionarla?- Pensé.

De pronto, se acercaron a una especie de puesto donde vendían café y pan. Ordenaron algo y se sentaron en una mesa. Ese animal estaba muy cerca de ella y eso me retorcía los adentros. Volé y me ubiqué detrás de una barda cerca de las mesas donde estaban cenando. Necesitaba escuchar lo que hablaban, que por cierto al principio, eran puras estupideces. Pero de repente, el insecto abordó un tema que no era muy conveniente para mí, o por lo menos eso es lo que yo intuí…

-Bulma… desde hace tiempo he querido hablarte… quiero decirte, es decir, no sé por dónde comenzar… lo que pasa es que…

-desde… este… decirte… decir, comenzar… lo que pasa… lo que pasa… ¡Lo que pasa es que ese imbécil es un completo idiota Bulma, y no querrás salir con un idiota, perdedor como él!- Pensé. Tenía que detener todo eso. Y lo mejor que se me ocurrió hacer fue una enorme distracción que los sacara de concentración y provocara que la cita terminara. Volé hacia la carretera y cogí el primer auto que pasaba por ahí; Lo empujé con la fuerza suficiente para hacer que se estrellara con un poste de luz que había al lado de la carretera. Afortunadamente, pude ver que surtió efecto, aunque después llegaron otros vehículos y se estrellaron también. No lo tenía planeado, pero fue perfecto.

Bulma y Haru-idiota se acercaron al lugar del accidente, supongo que para ayudar. Estaba feliz, pues la cita ya había terminado. Sin embargo, casi me tuerzo de la ira cuando el tarado ese le propuso a Bulma caminar. -¡¿Acaso no tiene nada mejor qué hacer?!- Gruñí. Era el colmo, ese tipo no se rendía. -¡Muy bien! ¡Esto ya es personal! Acabaré contigo de una buena vez Haru-idiota!

Estaban paseando por el parque, y entonces este animal reanudó su ridícula declaración de amor. No comprendía cómo podía haber sujetos tan vulgares y cursis.

-Bulma… eres una chica increíble. Te has vuelto una mujer muy inteligente, hermosa y divertida.

Estaba enojado. Tenía que terminar de tajo con todo ese circo. El tipo era persistente y ya se me habían terminado las ideas. Afortunadamente, un gato pasaba por el otro lado del parque y recordé información sumamente valiosa que había obtenido hace tan sólo un rato… Sonreí.

-Y además, yo nunca te olvidé… A pesar de que fuimos novios…

Volé y tomé al animal. Me coloque arriba de un árbol, justo por donde estaban a punto de pasar, y entonces esperé.

-…cuando éramos casi unos niños, siempre supe que tú eras muy especial. Sólo quiero que sepas que yo… que te…

En ese momento, arrojé al gato en dirección a su cabeza, y por fortuna di en el blanco. Lo siguiente fue ver a Bulma levantarlo y llevarlo a una clínica cercana para que lo atendieran. Tardé horas fuera del lugar esperando a que ella saliera para volver a casa, hasta que por fin la vi en la puerta. La seguí todo el camino y, cuando estábamos a punto de llegar, me adelanté para esperarla en la sala. Entró en la casa con una cara de "Mátenme por favor" y tuve que hacer un gran esfuerzo para no explotar de risa.

-¿Y cómo estuvo tu cita mujer?

-Me fue muy bien, gracias – respondió bastante desanimada.

-¿Segura? Porque no te ves muy bien que digamos.

-No es tu asunto- respondió de mal humor.

-Y además vienes con un humor insoportable. Creo que no deberías salir tan seguido con el idiota ese… En lugar de hacernos un favor, nos perjudica al tener que soportarte- comencé a presionar. Quería que reconociera ante mí que su cita había sido un desastre.

-Eres un idiota. Pero eso ya lo sabíamos… ¿O no?- Respondió sarcásticamente. Vi que se dio la vuelta para irse y me desesperé… tal vez demasiado porque no medí lo que decía. En verdad me apetecía mofarme de ella.

-Sólo digo que cualquiera que no puede cenar, se pone de muy mal humor y…

-¿Qué dijiste? ¿Cómo sabes que no pudimos cenar?- ¡Demonios! ¡¿Por qué no cerraba mi bocota?!

-¿Eh? Fue sólo un comentario.

-No lo creo. ¿Tuviste algo que ver?- ¡Diablos! Estaba rozando muy de cerca la verdad…

-¿Por qué diablos perdería mi tiempo con ustedes? ¡Qué estupidez!

-Dime la verdad, ¿Tuviste algo que ver?

-Claro que no. Tengo cosas más importantes qué hacer.

-¡Agh! Me voy a dormir, estoy muy cansad tengo ganas de discutir.

En ese momento, vi que estaba a punto de caer al suelo. Me di cuenta de que estaba sumamente débil y la atrapé antes de que cayera. Vi cómo abrió sus ojos y me miró. Se veía muy hermosa y frágil en mis brazos, demasiado para mi gusto.

-Suéltame, yo puedo sola- me dijo la muy ingrata.

-Te llevaré a tu habitación.

-No. Me iré por mi cuenta- Insistía, intentando soltarse de mis brazos. Pero no lo permití. Después de esa noche tan larga y fastidiosa, yo tenía derecho a ganar esa vez.

-No seas obstinada. Voy a llevarte a tu habitación. ¿Acaso tienes miedo? Porque no muerdo- Le dije, intentando incitarla. Vi con satisfacción que a pesar de su malestar, sus mejillas se enrojecieron con mi comentario.

La llevé a su habitación y la recosté en su cama. Se veía encantadora, frágil, delicada y muy deseable. La falda de su vestido había subido levemente, dejando ver sus perfectas piernas. Sin embargo, la cubrí con su manta para evitar que tuviera frio, subiendo muy lentamente las sábanas por su cuerpo para que mis nudillos rozaran su piel; por supuesto, intentando hacerlo ver como algo accidental. Me quedé de pie, ahí, contemplando la perfección hecha mujer, en aquella cama donde lo único que faltaba, era yo.

De pronto, abrió sus ojos y me miró fijamente. La vi ruborizarse.

-Gracias, ya puedes irte. Voy a dormir.

-¿No vas a premiarme por traerte hasta aquí?- Bromeé

-Vegeta, estoy exhausta. ¿Qué es lo que quieres? Dilo pronto porque quiero dormir.

-¿No lo adivinas?- La reté.

La vi ruborizarse más y eso para mí fue una invitación a continuar.

-Ah, recuerdo que tú duermes en ropa interior. Y no te has quitado los zapatos. ¿Quieres que te ayude?

-¡No!

-¿Y si te digo que ese es el premio que exijo?

-No te atrevas a…

-¿Qué no me atreva a qué? Yo creo que esto lo deseas más tú que yo- Le dije con una voz muy erótica.

-¡Eh! Vegeta… ¿Qué vas a hacer?

-Voy a hacer lo que tanto has deseado desde que llegaste.

-¡¿Qué?! ¿A qué te refieres?

-Ya sabes… de vez en cuando el cuerpo necesita liberar estrés… relajarse… para poder descansar…- Dije con un tono insinuador.

-¡Estás enfermo! Vegeta, no pretenderás…

En ese momento quité la manta de su cuerpo. Toqué sus piernas y las recorrí con mis manos hasta llegar a los zapatos. Los quité con mucha delicadeza. La cara de Bulma estaba a punto de explotar como un tomate, y eso me mataba de risa.

-Vegeta, no lo hagas por favor… digo… esto… no está bien ¿Verdad? Deberíamos de hablarlo mañana por la mañana y…

-Hablas demasiado mujer- Le dije, continuando con mi actitud incitadora y bajando la cremallera de su vestido para después despojarla de él y dejándola completamente en ropa interior. Ella se cubría el pecho con los brazos y su cara de incredulidad me hacía regocijarme. Comencé a acercarme a su rostro, apoyando la mano al lado contrario de su cara, dando la impresión de que iba a recostarme sobre ella. Me acerqué mucho a su cara.

-Vegeta… es que… no puedes…

Poco a poco fue cerrando los ojos, completamente dispuesta a recibir mi asalto. Sin embargo, solo dije:

-Buenas noches.

Abrió los ojos de golpe y me miró incrédula. Tomé la manta nuevamente y la cubrí.

-¿Lo ves? ¿Acaso no hice justo lo que deseabas? Estoy seguro que te morías por liberarte de esa incómoda ropa para poder dormir.

-¿Qué? Entonces tú hablabas de…

-Por supuesto. ¿De qué creíste que yo hablaba mujer? – La incité.

-¡De nada! ¡Vete ya de mi cuarto! Estoy cansada.

-Claro. – Por dentro estaba a punto de explotar de la risa. Se merecía eso y más por todos sus rechazos.

Salí de la habitación. Siendo sincero, necesitaba salir ya. No era fácil controlarse teniendo a una mujer tan hermosa en ropa interior enfrente. Tuve que hacer un gran esfuerzo para no abalanzarme sobre ella y arrancarle lo que quedaba de ropa. Fui a darme un baño de agua fría, lo necesitaba demasiado.

Al salir, bajé a la cocina por algo de beber. Vi que alguien había dejado un mensaje en el teléfono.

-"Hola Bulma. Lamento todo lo que pasó esta noche. Nunca había tenido tan mala suerte, y siendo sinceros, siento como si alguna especie de "Ángel del Mal" me hubiera perseguido toda la noche. Ya me siento mejor, pero estoy avergonzado. Quisiera que aceptaras salir conmigo nuevamente para compensarte por todo lo de hoy. Me gustaría mucho que aceptaras. ¿Te apetece ver una película en el centro comercial mañana? Espero tu llamada".-

Ese tipo era muy persistente. Tanto, que algo no me gustaba. Lo que sea que el tipo escondiera, yo iba a averiguarlo.

Próximo capítulo: "Asalto en el centro comercial".