¡Capítulo catorce! Me remito a los comentarios —por lo menos, hasta que llegar abajo jaja—. Los dejo.
¡Que lo disfruten!
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Una medida excesivamente drástica.
By LadyCornamenta
Capítulo 14: Confesiones.
—¿Así que otra vez metiéndote en problemas, Sakurita? —preguntó divertida Tomoyo, luego de que Sakura le contara lo que había sucedido con Meiling.
La muchacha castaña torció el gesto.
—¡Ella tiene la culpa! —protestó Sakura, mientras ingresaban al instituto, luego de uno de los recesos.
—Bueno, pero por lo que me has contado, tú cuentas con cierta ventaja con Shaoran…—comentó pícaramente la muchacha de ojos amatistas, haciendo sonrosar levemente a su amiga.
—Si…pero si conocieras a Meiling te aseguro que no estarías tan tranquila —murmuró la castaña, ingresando al aula, mientras dejaba escapar un suspiro.
Aquella situación terminaría por volverla loca.
Si es que ya no lo estaba.
Ambas muchachas no hicieron demasiados comentarios y se sentaron en su puesto; ya que, una de forma conciente y la otra no tanto, ambas evitaban a los dos muchachos que se sentaban en el banco de atrás. Las clases pasaron con lentitud, como generalmente solía suceder, y las dos jóvenes sonrieron felices cuando escucharon el timbre que indicaba su finalización. Apresuradamente salieron del aula y, luego de comprar su almuerzo, se dirigieron debajo de un árbol en el jardín, dejando a los muchachos comiendo solos en la cafetería de la escuela. Sakura comenzó a comer lo que había comprado, pensativa, mientras su amiga la miraba.
—¿Aún sigues pensando en Meiling? —preguntó Tomoyo, mientras tomaba los cubiertos de plástico para comer su almuerzo.
Sakura simplemente asintió y luego alzó, momentáneamente, la vista al cielo, pensativa.
—Creo que últimamente no dejo de meterme en problemas —comentó la castaña, dejando escapar un suspiro.
—Bueno, pero deber luchar por Shaoran —razonó la morena.
—Mira quién habla —replicó Sakura, dirigiéndole una sugestiva mirada a su amiga, que solo se sonrojó casi de forma imperceptible, mientras desviaba la mirada—. ¡No puedo creer que no vayas a hacer nada…!—murmuró
En un lugar más apartado de allí —más precisamente, en la cafetería de la escuela—, dos jóvenes bastante aislados del resto mantenían una conversación que giraba en torno al mismo tema, solo que de una forma menos obvia. Shaoran miró a su amigo y siguió hablando, intentando abordar el tema con sutileza.
—¡La verdad es que necesitaría otro fin de semana como el de Kyushu! —comentó Shaoran en medio de su recientemente planeada actuación, dejando escapar un suspiro—. La escuela me tiene cansado.
—Ya lo creo —aseguró Eriol con su habitual tono tranquilo—. Por cierto, no he tenido oportunidad de preguntarte, pero ¿Cómo les fue en Kyushu?
Shaoran sonrió.
Justo a donde quería llegar.
—Muy bien —respondió el castaño, evocando algunas imágenes de esos días en su mente—. ¿Ustedes? ¿Cómo estuvo ese fin de semana sin nosotros?
—Bien —respondió Eriol simplemente, que aún terminaba su comida.
—¿Qué hicieron? —preguntó Shaoran. Eriol lo miró suspicaz, ya que, generalmente, el castaño era hombre de pocas palabras y nunca andaba preguntando mucho.
—Hubo una fiesta en casa de Rika —respondió únicamente, dándole un sorbo pausado a su bebida, con mucha tranquilidad.
Un pequeño silencio entre los muchachos se hizo presente, mientras comían.
—¿Y? ¿Algo interesante? —preguntó Shaoran.
Eriol lo analizó lentamente con la mirada.
—¿Hay algo que quieras contarme que tú sepas y yo no? —preguntó el moreno, frunciendo el ceño.
—No, ¿Debería saber algo? —replicó él, dándole un sorbo a su bebida.
—No, no —respondió Eriol, aún con una mirada sospechosa hacia su amigo.
Shaoran frunció el ceño.
Definitivamente allí pasaba algo.
Y él lo averiguaría.
No tardaron demasiado tiempo en acabar lo que les quedaba de comida, y ambos se pusieron de pie sin hacer demasiados comentarios luego de aquella corta charla que habían establecido. Comenzaron a caminar hacia los exteriores del colegio, donde sabían que seguramente se encontrarían las chicas. Efectivamente, luego de caminar un poco, las encontraron bajo la sombra de uno de los árboles apartados del resto.
—Hasta que las encontramos —comentó Shaoran.
Las dos muchachas, al ver a los recién llegados, se pusieron de pie rápidamente, tomando todas sus cosas, que reposaban en el piso.
—¿Vamos adentro? —propuso Tomoyo, alisándose la falda.
—Em, ¿Me dejan hablar un segundo con Sakura? —pidió Shaoran levemente cohibido y la castaña se sorprendió.
La muchacha de ojos celestes sonrió suavemente.
—Si, yo…voy a hablar con Rika —dijo de forma rápida y desapareció de allí.
Eriol solo la miró irse.
—Yo los espero adentro —dijo, y comenzó a encaminarse hacia el edificio.
Los dos castaños esperaron a que su amigo se alejara, con paso lento, un poco de donde estaban; siguiendo su trayecto con la mirada. Entonces volvieron a centrar su atención en el otro.
—¿Hablaste con él? —preguntó ansiosa Sakura. El muchacho asintió lentamente con la cabeza—. ¿Y? ¿Te dijo algo?
Ahora fue el turno de Shaoran de negar con su cabeza.
—Igualmente, creo que algo pasó, estaba extraño —agregó luego—. No creo que haya sido una noche normal.
—¿Tú dices que recuerda algo? —preguntó la castaña, curiosa.
El muchacho asintió.
—¿Qué ha pasado además de que estaba ebrio? —preguntó el castaño con los ojos entrecerrados, ya que aquello era todo lo que sabía al respecto.
—¡Entonces debemos hacer algo! —exclamó Sakura, ignorando la última pregunta que había formulado el muchacho.
Shaoran alzó una ceja.
—¿Para qué? —preguntó.
La joven Kinomoto se quedó unos cuantos segundos pensativa.
—Tomoyo y Eriol deben hablar…sobre algo —explicó simplemente la castaña, para no tener que dar demasiados detalles; sin embargo, a Shaoran algo le dijo que prácticamente no los necesitaba—. El sábado a la noche, en casa —puntualizó con una pequeña sonrisa en sus labios—. Debemos hacerlos que hablen a solas allí; creo que es la única manera en la que resolverán las cosas.
El castaño alzó una ceja nuevamente.
—¿Sobre qué? —ok. Todavía sentía algo de curiosidad al respecto.
—Ya te contaré —respondió la castaña.
Si las cosas salían como quería, posiblemente Shaoran se enteraría por si solo.
Esperaba que así fuese.
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—Meling, te lo repito, ¿Puedes dejar de llamarme cada media hora? —pidió exasperado Shaoran, con su teléfono celular en la mano, dando vueltas por la sala con evidente molestia—. No puedo visitarte hoy.
Un suspiro se escapó sonoramente de sus labios, mientras la muchacha hablaba.
—¡Pero Xiao, no conozco la ciudad! —exclamó la joven, del otro lado de la línea—. Necesito alguien que me la enseñe.
El muchacho suspiró, nuevamente, con cansancio.
—En otro momento, quizás —respondió, mientras veía, disimuladamente, que Sakura estiraba de forma considerable el cuello desde el sillón de la sala, para escuchar mejor la conversación.
—¡Está bien! ¡Pero si me pierdo o me roban por meterme en un sitio equivocado, te vas a sentir muy culpable! —dijo Meiling, a modo de amenaza, para luego cortar la llamada súbitamente.
El muchacho, que se había alejado el auricular a unos cuantos centímetros de su oído, debido al agudo tono de la chica que amenazaba con dejarlo sordo; cerró la tapa de su pequeño teléfono móvil, mientras se llevaba una mano a la frente, con cansancio.
—¿Otra vez era Meiling? —preguntó la castaña desde su puesto.
El muchacho asintió con fatiga, caminando hasta llegar a su lado y acomodarse en el sofá a sus anchas. La joven Kinomoto lo miró unos segundos, para luego cambiar su mueca molesta por una pequeña sonrisa.
—Hoy a la noche vendrán Eriol y Tomoyo ¡Eh! —avisó risueña, para luego ponerse de pie—. Quiero verte con energías. Recupérate, que yo, mientras tanto, voy a comprar algunas cosas para preparar la cena.
—Te acompaño —se ofreció el muchacho, olvidando momentáneamente su fatiga.
Después de todo, era bastante tarde y no era conveniente que una joven anduviera sola por la calle a esas horas.
Sakura sonrió, antes de subir escaleras arriba a buscar un abrigo.
Los dos muchachos caminaron por las callecitas de Tomoeda hasta alcanzar la tienda más cercana al hogar de los Kinomoto. Allí Sakura compró algunas provisiones y tonterías para la cena que tenía pensada preparar esa misma noche. Ya estaba todo arreglado, tenia una idea que no podía fallar.
El plan se desarrollaría luego de una buena cena.
Las charlas eran mejor con el estómago lleno ¿No?
Bah, daba igual.
Una vez que Sakura consiguió todo lo que necesitaba, ambos volvieron a la casa. Shaoran comenzó a hacer alguna de las tareas pendientes mientras la castaña, que había insistido en que las haría al día siguiente —ya que la tarde anterior había salido con Tomoyo—, comenzó con la comida que había insistido en preparar con sus propias manos. Comenzó a calentar un poco de agua para la pasta; mientras, en una olla aparte, empezaba a hacer la salsa para la misma. Mientras dejaba las cosas en el fuego, corrió a su habitación a cambiarse de ropa. Se puso un pantalón oscuro con una camiseta blanca, y estaba acabando de abrocharse las coloridas zapatillas, cuando escuchó el timbre en la planta inferior. Salió rápidamente de su habitación, con intención de bajar las escaleras, pero algo le prohibió el paso. Chocó y se tambaleó, antes de ver los ojos ámbar mirarla con cierta diversión.
—¿Abres tú, o abro yo? —comentó con una pequeña sonrisa.
—Abre tú, que yo revisaré la comida —respondió la muchacha sonriendo tontamente, aún prendada a su gesto.
A pesar de lucir como una mujer, Shaoran conservaba aquella sonrisa que tanto le gustaba y que cada día usaba con un poco más de frecuencia.
Ambos descendieron y cada uno se dirigió a hacer lo que debía. El joven castaño abrió la puerta y los ojos amatistas de Tomoyo lo miraron alegremente.
—Buenas noches, Shaoran —le dijo, a pesar de que aún lucía su cuerpo de mujer en ropas de hombre.
—Buenas noches —respondió él, permitiéndole el paso.
La joven entró y se dirigió directo a la cocina, donde su amiga revolvía una gran olla. Cuando escuchó la risita de Tomoyo, la castaña se volvió para sonreírle a su amiga y acercarse a darle un corto abrazo. A los pocos minutos, de la misma forma fue recibido Eriol, quien produjo que las cosas se tensaran un poco en la casa de los Kinomoto. Shaoran, que no entendía del todo lo que sucedía en realidad, comenzó a poner la mesa ante la silenciosa mirada de los dos morenos. Sakura, poco tiempo después, llegó con una gran fuente repleta de pasta cubierta con salsa.
—¡Huele delicioso! —exclamó Tomoyo, mirando a su amiga con una sonrisa.
La castaña le devolvió el gesto antes de comenzar a servir.
La cena transcurrió en paz. De hecho, Sakura era la que se encontraba haciendo un monólogo —intentando sacar algún tema de conversación para eliminar aquella tensión del ambiente— y Shaoran, de vez en cuando, se daba la libertad de acotar alguna cosa entre medio, tratando de darle una mano a la joven Kinomoto. Cansada de sus intentos fallidos de charla; Sakura, cuando todos había acabado con el plato principal, se levantó el busca del postre que tenía guardado en el refrigerador: una tarta de chocolate que había preparado el día anterior, luego de su salida. Los dos invitados y Shaoran quedaron maravillados con el delicioso postre que había cocinado la muchacha, y pronto devoraron la porción que les había puesto enfrente.
Cerca de las doce de la noche, Shaoran se disculpó y se dirigió al piso superior, dispuesto a transformarse en algún lugar donde no fuera visto. Sakura aprovechó este evento y, pidiendo disculpas también, subió. Con una sonrisa atravesó el pasillo, pensando que ahora Tomoyo y Eriol estaban obligados a hablar. La castaña había insistido a su amiga para que lo hiciera. Debían arreglar las cosas, ya que a la muchacha de ojos verdes comenzaba a molestarle toda esa tensión que se presentaba en el ambiente cuando Eriol y Tomoyo estaba frente a frente. Pasó unos diez minutos en el pasillo, hasta que vio que la puerta del cuarto de Shaoran se abría. Ahora, la camisa negra le quedaba más entallada a sus formas y el jean ya no parecía tan grande como antes. El castaño, al ver a la joven allí, frunció el ceño, aunque con una pequeña sonrisa.
Por otro lado, en el piso inferior de la casa, las cosas se presentaban mucho más tensas de lo que habían estado en toda la velada. Eriol y Tomoyo se encontraban sentados en el sofá de la casa —donde se habían dirigido los cuatro luego de terminar el postre— y miraban al frente, casi ignorando la presencia del otro. Casi, porque toda aquella tensión no era generada por otra cosa que la persona que tenían a su lado. Eriol suspiró varias veces, antes de volverse a mirar el perfil de la muchacha.
—Tomoyo ¿Qué te sucede? —preguntó con voz suave.
La muchacha lo miró algo sorprendida y nerviosa.
—¿A mí? Nada —confesó, inquieta.
El moren frunció levemente el ceño.
—Se que te sucede algo y quiero que me lo digas —pidió—. Necesito que me lo digas —agregó luego, mirándola suplicante.
Tomoyo se quedó en silencio, evitando la mirada de Eriol.
El joven lo pensó unos segundos.
Tenía que quitarse esa duda que le estaba carcomiendo la cabeza.
—¿Recuerdas algo de lo que pasó el sábado? —inquirió luego el joven, tan rápido como su lengua se lo permitió.
La muchacha abrió los ojos de par en par.
Luego, tomó un fuerte respiro, sorprendida; mientras se volvía para mirar los ojos de su acompañante, del color de los zafiros.
—¿Tú…recuerdas…algo?
—Todo —confesó él, seriamente.
La muchacha sonrió de forma leve.
—¿Entonces puedes decir que fue…con intención? —preguntó Tomoyo, esperanzada, con la duda presente en sus ojos amatistas.
El joven inglés sonrió y se acercó un poco a ella, quedando más cerca de su rostro.
—Creo que ni con todo el alcohol del mundo podría olvidarme de aquello —confesó honestamente, con una casi imperceptible sonrisa.
Mientras tanto, en el piso superior, los jóvenes castaños trataban de no hacer demasiado ruido. No escuchaban a ciencia cierta lo que decían sus amigos, pero se escuchaban murmullos.
Sakura sonrió.
Por lo menos estaban conversando.
—¿Ya has puesto el plan en marcha? —preguntó Shaoran, frunciendo el ceño.
La castaña asintió.
Los dos se quedaron unos segundos observándose en silencio.
—Te extrañé como Shaoran ¿Sabes? —confesó la muchacha, con un tenue sonrojo en las mejillas.
—¿Por qué será? —preguntó divertido, acercándose un poco más a ella.
La castaña no aguantó demasiado su cercanía y acabó con las distancias entre los labios de ambos, después de una semana de no tener la posibilidad de hacerlo. Shaoran la tomó por la cintura pegándola un poco más a él, mientras Sakura ocultaba sus manos entre los cabellos castaños del muchacho. La joven Kinomoto volvía a sentir aquél escalofrío recorrer su espalda, esa sensación de que se desmayaría en cualquier momento. Era inexplicable lo que aquél joven le hacía sentir con un simple beso, con un simple roce, con una simple caricia…
Se separó de él suavemente, y lo miró a los ojos.
Sus ojos.
Aquellas obres del color del ámbar que parecían tener luz propia.
Entonces algo hizo clic en su cabeza, y su rostro se desencajó de la sorpresa. Allí, de pie en el pasillo de su casa y mirándolo fijamente a los ojos; se dio cuenta de lo que en realidad le estaba pasando, de que todo aquello solo podía significa una cosa…
—Estoy enamorada de ti —aquello fue lo más espontáneo que dijo en su vida. Irónicamente, estaba respondiendo a la pregunta que minutos antes había hecho el muchacho; mas ella no lo había pensado.
Simplemente le había salido de lo más profundo de su corazón.
Los ojos de Shaoran, ante tales palabras se abrieron de par en par.
¿Ella había dicho qué…?
Pero…
¿A él realmente le pasaba lo mismo?
¡No! El no podía estar enamorado de aquella muchacha.
De ninguna, en realidad.
No, no, no.
—Ah…esto…bueno…—respondió titubeante, con las manos aún en su cintura.
Sabía que la respuesta no había sido buena.
Para nada. De hecho, estaba cerca de rozar lo patético.
Y aquello quedó más que confirmado cuando vio los ojos de Sakura brillando.
Él y su maldita boca.
—Sakura yo…
—No digas nada —cortó ella con voz quebrada y el muchacho sintió una extraña opresión en el pecho ante el tono de su voz—. Está bien, no tienes por qué...
Sin más que decir, la castaña comenzó a bajar las escaleras con velocidad. Pasó rápidamente por el comedor y, a pesar de tener los ojos levemente empañados por las lágrimas que se estaban agolpando en ellos, pudo ver a sus dos amigos sentados en el sillón. Una diminuta sonrisa apareció por unos instantes en su rostro, mientras se dirigía a la puerta; ya que no solo estaban sentados allí, sino que estaban abrazados y podía asegurar —aunque desde su posición no lo había visto demasiado bien— que no hacían otra cosa que besarse. Sin embargo, mientras salía al exterior, luego de tomar su abrigo; recordó lo que había sucedido segundos antes y no pudo evitar que unas traicioneras lágrimas se escaparan de sus ojos mientras huía de allí.
Quería desaparecer.
Shaoran por su parte, se quedó unos instantes en su lugar, estático. ¿Qué había hecho? ¡Mierda! Súbitamente comenzó a descender las escaleras como si la vida se le fuera en ello. Vio a Eriol y Tomoyo muy entretenidos besándose y carraspeó suavemente. Los dos implicados se separaron, la muchacha sonrojada y Eriol con una pequeña sonrisa; aunque esta desapareció al ver la mueca preocupada de Shaoran.
—¿Qué sucede? —preguntó Eriol, frunciendo el ceño.
—¿Vieron a Sakura? —preguntó el castaño, girando su cabeza para todos lados.
Ambos muchachos negaron.
—Supongo que estaban muy entretenidos —comentó y luego se puso serio.
El abrigo de Sakura no estaba.
Demonios.
—¡Ella se fue! —exclamó el muchacho castaño, pasándose una mano por los cabellos, nervioso.
—¿Cómo que se fue? —preguntó alterada Tomoyo—. ¿Qué pasó?
Shaoran se quedó en silencio.
—¿Qué hiciste? —preguntó Eriol suavemente, ante la expresión de su amigo.
—Una idiotez —admitió el castaño, mientras tomaba su campera—. Debemos ir a buscarla ya mismo.
Los dos jóvenes asintieron, mientras imitaban a Shaoran y lo seguían hacia el exterior de la casa. Estaban por dividirse las zonas por donde buscarían, cuando el teléfono móvil de Shaoran sonó en el bolsillo de su pantalón. Rápidamente tomó el aparatito, con la esperanza de que fuera la joven de obres verdes que minutos antes había huido de la casa. Sin embargo, se llevó una gran decepción cuando escuchó aquél tono chillón.
—¡Xiao! ¡Por Dios! Suerte que te encontré —dijo la voz compungida de Meiling, del otro lado de la línea.
—No llamas en un buen momento Meiling —admitió el castaño, pasando otra vez una mano por sus cabellos. La situación comenzaba a desesperarlo.
—¡No me digas eso Xiao Lang! —chilló la joven del otro lado de la línea, evidentemente molesta—. ¡Estoy totalmente perdida!
Shaoran suspiró, ante la atenta mirada de sus amigos.
Eso no podía estar sucediéndole.
¿Por qué a él?
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¡Perdón, perdón y mil veces perdón! (creo que ya estoy volviéndome monótona en esta cosa de las disculpas ¿No?). Es que fue una semana de locura. Comenzando por el bendito bingo —que gracias a todos los santos salió bien—, siguiendo con pruebas, reuniones familiares y con amigos. Ya saben. Además, mi querida madre me trajo un libro tantas personas de acá me habían recomendado; pues finalmente me lo compré —no voy a dar nombres hasta que no lo termine, solo para que no me cuenten la trama jaja; igual creo que ya la mayoría deben saber a cual me refiero—. Ahora, tengo un pequeño problema. Cuando no me gusta un libro, leo uno o dos capítulos y lo dejo. Ahora, si me gusta, no paro. Imagínense que ya voy por más de la mitad y ni siquiera pasaron cuatro días de que me lo trajeron. Muchas gracias a los que me lo recomendaron porque, efectivamente, hacía tiempo que no leía un libro tan bueno y atrapante.
Cambiando de tema, agradezco muchísimo a todos los que dejaron su comentario en el capítulo anterior. ¡Gracias! De verdad, siempre me pone más que contenta llegar y ver los reviews. Aprovecho, por cierto, para comentarles que faltan solo uno o dos capítulos más; sumándole una especie de epílogo. Si, lamentablemente, se termina —odio terminar las historias—; pero, les comento, que ya tengo bastante armada la nueva historia y que más que pronto la van a ver por acá. Afortunadamente, faltan menos de diez días para las vacaciones (si, soy más que feliz) y seguro que algo más de tiempo para FF va a haber jaja.
En fin, sin nada más que decir me despido de todos. Tengo que estudiar para una evaluación de inglés particular, así que cuando vuelvo, dentro de unas horas, me pongo a responder los reviews.
¡Gracias otra vez! Con mucha suerte, nos leemos en una semana (aunque, como viene la cosa, lo dudo; pero voy a tratar de volver lo más pronto posible).
¡Saludos para todos! ¡Se cuidan!
LadyCornamenta.
