Gracias a todas/todos por leer el fic y sus capítulos, me alegra mucho que les esté gustando el fic.
Y agradezco también sus comentarios, lamento no poder contestarlos como debería, pero no hay tiempo suficiente.
Espero les guste ésta entrega, es la primera parte de aún no sé cuantas, espero sean tres nada más.
Saludos!
Nota: Me faltaba comentarles que en efecto, las Geishas podía salir de viaje con sus clientes, siempre y cuando estos cubrieran todos los gastos.
… … * … …
Capítulo XIV
"Tanabata"
El asombro no cabía ni en su mente y era tan evidente en su faz, ¿Cómo le hizo?, ¿Qué había hecho?, simplemente era información que desconocía aunque de hecho, le daba mayor quietud y emoción al asunto; ya no se tendría que tomar la molestia de escapar de la Okiya y ser reprendida por Madre a su regreso, bueno si es que tenía entre el plan regresar. Pero eso ya no era asunto del pasado, ya ni habría porqué preocuparse, así que con una evidente alegría, la morena empacó un par de kimonos, alguna indumentaria extra, así como de calzado y cosas necesarias.
Subió a la carreta debidamente ataviada para su viaje, y a su lado le acompañaba cierto Shinigami pelinaranja, tanto Madre como sus protegidas les despidieron en la entrada de la Okiya, observando cómo se perdían entre la gente y sus caminos, con destino al primer distrito, donde aparentemente había asuntos de suma importancia.
—Aún no logro comprender… ¿Qué fue lo que le dijiste a Madre?— Preguntó curiosamente la morena durante el trayecto a su compañero.
—Mmmm pues que estaba interesado en ser tu danna— Le contestó con naturalidad, dejando a su compañera completamente incrédula, quien no dudó ni un segundo en poner en tela de juicio sus palabras.
—Mentiroso, eso no es cierto. Dime la verdad— Suplicó ella muy a su forma, pues empezó a molestarlo dándole ligeros codazos.
—Oye, no me pegues— Pedía Ichigo mientras se sobaba la zona donde se incrustaba el codo de la morena.
—Entonces dime—
—Está bien, le dije que tenía negocios importantes en el primer distrito y necesitaba de la más prestigiada de sus protegidas para cerrar algunos tratos… obviamente te elegiría a ti— Le dijo con toda seguridad, calmando a la morena quien sonrió levemente al escucharlo, aunque ahora que pensaba sobre el asunto del danna, le entristecía que Ichigo no mencionara su real interés en serlo.
—Y… ¿no has pensando... aunque sea un poco… en convertirte en mi danna?— Preguntó Rukia quedamente, mirando su tranquilo perfil. Ichigo al escucharla se sobresaltó, y encontró su rostro con el de ella, en verdad no sabía que decirle.
—Bueno… si lo he pensando pero…— No sabía si era correcto decírselo, así que se quedó callado a la par que volvía la vista hacia el frente, rehuyendo de la mirada inquisidora de la morena. Y es que francamente le dolía esa parte de su realidad, aún siendo parte de la Élite, el dinero que poseía no bastaba para cubrir la clase de gastos que implicaba la vida de una Geisha; aún si declaraba ante Madre en querer ser el danna de Rukia, lo primero sería asegurarse de que contara con la fortuna suficiente y luego, podría darle el lujo de proclamar oficialmente a los cuatro vientos que era su protector, caso contrario, le mandaría directo a casa para darle la oportunidad a alguien más que cumpliera con los requisitos.
—No es que no quiera, simplemente no puedo financiar esa clase de gastos, créeme que si fuese un Capitán o un Teniente seguro ya lo sería— Honestamente le dio a conocer, al menos quería dejarle claro que si no había contactado con la Okiya expresando su interés por ser su danna no era porqué no quisiera, sus razones eran más económicas que personales, si había algo que tanto deseaba en el mundo era convertirse en su danna, en su protector.
—Entiendo— Musitó, al menos su duda ya había quedado despejada, así que acomodó su cabeza en el hombro del pelinaranja, y ahí aguardo en completo silencio durante el camino, mientras su mente se llenaba de ideas y conjeturas, ¿acaso habría otra opción?... si Ichigo no podía ser su danna, ¿esperaría a que esa oportunidad se diese? Pero y si nunca llegaba ese ansiado momento, ¿Qué haría?, ¿le daría la oportunidad a alguien más mientras seguía amando en secreto al pelinaranja?... ¿Jamás brindaría tal oportunidad y esperaría? o en un asunto extremo ¿aceptaría al final de cuentas a Renji y por ende su propuesta de matrimonio aún sin amarlo?, eran tantas opciones que le atormentaban y el tiempo volaba y no tomaba ninguna decisión, cuando varias Geishas a su edad, 20 años, ya eran mujeres estables y con un buen futuro, mientras ella se seguía debatiendo.
Llegaron a Junrinan, el primer distrito, aproximadamente a las 3:00 de la tarde, se podía respirar en el ambiente mucha paz y tranquilidad, sin importar a donde miraras, podías apreciar la belleza de su infraestructura así como el de su respectiva flora, incluso en los rostros de los transeúntes se reflejaba la alegría, a su vez el espíritu festivo se apreciaba en cada recoveco, en sus vistosos adornos, los puestos donde los comerciantes vendía todo tipo de artículos alusivos al festival, era en verdad muy emocionante para Rukia el estar ahí, y era más valioso por venir en compañía de la persona que más amaba.
El pequeño carruaje se detuvo frente a un enorme portón de madera, la morena fue ayudada por el pelinaranja al bajarse, Rukia no podía despegar la mirada de la fechada de aquella casa, había demasiadas preguntas que deseaba hacer al Shinigami.
—Aquí nos hospedaremos— Indicó Ichigo con seriedad. Rukia sólo le miró, con cierta extrañeza expresada en su rostro, el pelinaranja se limitó a abrir el gran portón, dando paso a un camino de baldosa que los guiaría hasta las habitaciones donde se alojarían y podrían disfrutar del Festival de las Estrellas.
La joven Geisha en su trayecto hasta las habitaciones pudo contemplar el exquisito diseño arquitectónico de la casa, era grande, con mucha vegetación en sus jardines, incluso había un estanquillo. Ese día en verdad que su vida se llenó de muchas sorpresas.
—¿Qué se supone que cargas en ésta maleta? ¿Piedras?— Le preguntó Ichigo con sátira, mientras cargaba una de las pesadas valijas de la morena.
—No te quejes, a fin que un Shinigami puede con todo ¿no?— Le decía la morena con cierta burla, mientras veía batallar al pelinaranja.
—Deja de burlarte y ayúdame—Pedía con cierta molestia, él haciendo todo el trabajo duro y ella como si nada.
—Ohh no, no podría, eso es algo que un hombre debe hacer no una Geisha— Le espetaba con ese tono fingido que tanto le molestaba al Shinigami, quien en sus intentos la miraba con un odio temporal.
Pasados los minutos, el pelinaranja terminó de cargar con sus equipajes, así como desempacaron y se asentaron en el lugar, enraizándose en el lugar como si fuese propio. Ichigo con delicadeza la invitó a recorrer toda la casa, sabía muchas cosas sobre Rukia pero ella desconocía su pasado y parte del mismo estaba relacionado con esa casa.
—Ésta casa pertenece a mi padre— Comentó Ichigo con una sonrisa, mientras contemplaba junto con Rukia uno de los recintos.
—Es muy bonita— Halagó la morena aún tomada de la mano de aquel Shinigami.
—Sí… Aún no nacía cuando la compró… aquí pasé toda mi infancia... hasta que decidí unirme a la Élite— Añadió para mayor conocimiento y asombro de la morena, quien sonrió, a lo que le llevó a recordar su propio pasado, ella no había tenido una familia feliz… junto con Hisana fueron abandonadas a su suerte hasta que Madre, dueña de la Okiya Iwasaki, decidió acogerlas bajo su techo y entrenarlas en las artes, para verlas desarrollarse en ese enigmático y hermoso mundo de las Geishas.
—Mi madre murió cuando era pequeño, mis dos hermanas Yuzu y Karin, así como mi padre fueron un gran apoyo para mí. Cuando llegué a ser Tercer Oficial de la Décimo Tercera División, compré una humilde casa en el Seireitei para mi familia y ahí hemos estado desde entonces. Mi padre viene de vez en cuando a ver este sitio, porque le recuerda mucho a mamá y siente que está cerca de ella— Tan pronto su tono de voz y su mirada se llenaron de nostalgia por esos recuerdos, aún le dolía recordar la pérdida de un ser tan querido como su madre, quizás Rukia no había tenido esa clase de sentimientos al perder a alguien tan cercano pero trataba de comprender su dolor al imaginarse si llegara a perderlo a él.
—Lo lamento mucho— Murmuró ella mirando con tristeza su perfil.
—No te preocupes porque ¿Sabes una cosa? Quizás no te lo había dicho antes pero te estoy muy agradecido— Había muchas cosas que guardaba en el corazón y sólo las dejaba salir cuando era adecuado y necesario decirlo, y sentía que ese instante era perfecto para su confesión.
—¿Y eso porqué?... Yo soy la que debe agradecerte— Ichigo se dio vuelta y se puso frente a ella, sellando los labios de la morena con su dedo índice, clavando su mirada avellana en la violácea de la joven Geisha.
—Después de todo lo que he sufrido, llegué a pensar que la alegría de antaño jamás regresaría a mi vida, pero tú… me enseñaste a que aún podía ser feliz… Gracias Rukia— El pelinaranja le sonrió a la morena después de sincerarse, él quien nunca creyó que su vida volvería a tomar sentido después de esa tragedia, se había equivocado… a veces el destino quitaba lo más preciado en la vida y lo atribuye de otra forma.
Rukia le correspondió el gesto, ella nunca imaginó llegar a ser una persona que cambiara radicalmente la vida de otra, en especial de un Shinigami, y mucho menos la del hombre que a primera vista odió y que ahora, era lo más preciado que tenía.
A veces el destino era tan paradójico, pero ellos aprovecharían todas las oportunidades presentadas para poder construir una vida juntos.
Después de conocer cada habitación y recoveco de la casa, se fueron directo a la sala, Ichigo se encontraba sentado en un almohadón, frente a la mesa, bastante pensativo.
—¿Quieres que cocine algo?— Preguntó la morena con candor, al ver al pelinaranja ahí sin hacer nada completamente callado le hizo suponer que tenía hambre.
—¿Ehh?... ¿Acaso sabes cocinar?— Preguntó un incrédulo Shinigami, completamente asombrado, regresando a la realidad con semejante pregunta de la morena, ese era un dato que desconocía de ella.
—Por supuesto… ¿porqué te sorprende tanto?— Inquirió una vez más Rukia al notar la reacción de su compañero, incluso hasta se sentía ofendida por el comentario.
—Eres una Geisha y no te educaron precisamente para saber cocinar ¿o me equivoco?—Comentó Ichigo alzando una ceja, era extraño, se suponía que las Geishas son entrenadas en las artes pero ¿acaso también en la culinaria?.
—No es algo común pero al menos yo ocupé parte de mi tiempo en aprender también a cocinar, no todo el tiempo iba a tener una sirvienta tras de mí— Dijo la morena con orgullo, y es que hasta eso tenía cierto sentido de la independencia, si podía hacer algo por ella misma, simplemente lo haría sin ayuda.
—Ya veo… entonces ¿no te molesto como algo de arroz cocido y zumo de naranja?— Le dijo con cierta pena, porque conociéndola quizás le saldría una de sus típicas reacciones.
—Está bien pero tú lavas los trastos— Accedió la morena con una sonrisa, una que su compañero le correspondió.
Una vez que se quedó sólo a mitad del recinto, su semblante cambió radicalmente, su preocupación de vio muy evidente en su faz, había un detalle que empezaba por perturbar su mente, sus sentimientos y por ende, le comenzaba por vedar el disfrute de ese par de días al lado de la morena. Estaba bastante lejos del Hanamachi y un tanto del Seireitei, si algo se presentaba no podría hacer nada por proteger a cierta mujer amiga suya y sólo le quedaba la esperanza como aliada.
FlashBack
—¡Inoue… por favor, dime que lo harás!— Pedía el pelinaranja con desesperación, tomando por los hombros a la chica de cabello marrón, quien sólo podía apreciar la consternación de su amigo Shinigami con tan sólo ver en sus ojos avellana.
—Kurosaki-Kun… yo…— Murmuró Orihime, y es que lo que le pedía era arriesgado, ¿Qué haría si la descubrían?, lo pensó un poco hasta que… —lo haré… haré todo lo posible— Añadió con determinación, era tanto su cariño hacia el pelinaranja que tomaría valor y se atrevería, además quería que fuera feliz, aunque no fuese con ella.
—Gracias Inoue, sabía que podía contar contigo…— Le dijo completamente aliviado, la emoción le llenó el corazón y la abrazó, cosa que la joven aceptó y sonrió; le daba tanta paz y alegría sentir sus brazos rodeándola, aunque lamentablemente él ya tenía a Rukia muy cimentada en su mente y su corazón, ¿Cómo podía competir contra eso?, Ichigo ya estaba fuera de su alcance, pero… había escuchado alguna vez una frase: 'Si amas a alguien, déjalo ir…' y eso haría, lo ayudaría en lo que pudiera para que fuese feliz al lado de la morena y aunque fuese una opción improbable, si después de todo volvía con el corazón roto, ella estaría ahí.
Fin FlashBack
Suspiró resignado, trataría de poner su mente en blanco y mandar todas esas inquietudes a un olvido temporal, podía confiar en Inoue y un poco en Madre, si aún así nada resultaba a sus planes, enfrentaría la situación aunque conllevara romper su amistad con Renji.
Rukia se mantenía pensativa mientras veía el estante, aunque ya tenía en el mostrador lo que iba a ocupar para la comida, se le hizo buena idea llevar algunos caramelos como postre, pero no sabía de cuales: chocolate o dulce macizo.
—¿Cuál le gustara más a Ichigo…?— Se preguntó quedamente así misma, con su pose pensativa.
—Ehh disculpe… ¿es acaso usted la nueva vecina?— Le preguntó una mujer al verla ahí, cosa que a Rukia la sacó de sus pensamientos.
—Ehh…— Decía la morena muy dudosa, su estadía en casa del padre de Ichigo realmente era temporal, pero ¿Cómo explicárselo a esa mujer sin que comenzara a hacer más preguntas?.
—Bueno… solo es temporal, por el Festival de Tanabata…— Dijo Rukia sonriendo, la dependiente se unió a la conversación.
—Ahh ya veo, estoy segura de que usted y su esposo se van a divertir mucho en el festival— Dijo la dependiente con mucha seguridad, sus palabras dejando muda a Rukia, en específico por la mención de que eran una pareja formal, lo cual hizo que la morena se ruborizara al instante.
—Mi… ¿esposo?— Se le ocurrió decir a Rukia, cosa que permitió que la mujer se explayara con sus comentarios.
—Sí, hace minutos los vi llegar, incluso pensé ir más tarde a darles la bienvenida pero ya que usted está aquí, no me molestaría regalarle todo lo que desde un principio vino a comprar, es una costumbre— Dijo la mujer, mientras comenzaba por meter en bolsas de papel toda la mercancía.
—He… gracias que amable— Dijo la morena con una sonrisa, se sentía apenada.
—No hay de qué. Salude a su esposo de mi parte— Puntualizó la mujer antes de ver a Rukia salir del establecimiento cargando sus adquisiciones.
Rukia iba bastante pensativa, la mujer había llamado a Ichigo su 'esposo' el pensar aquello como si fuese real e imaginarlo se le hacía como un sueño, pensando que sería maravilloso contar con esa suerte. A penas y cruzó el marco de la puerta que le llevaba a la cocina cuando chocó con el pelinaranja.
—¡Idiota, fíjate por donde caminas!— Espetó Rukia con cierta molestia, observando al pelinaranja.
—La que debe fijarse por donde va eres tú— Se atrevió decirle, comenzando a provocarla para entrar en riña.
—No tengo ánimos para pelear, así que quítate que tengo cosas por hacer— La morena pasó de largo, guardándose sus deseos de agarrar a golpes al pelinaranja, para ir directo a preparar los alimentos.
Pasaron algunas horas para que finalmente la morena llamara a Ichigo para que fuese a comer lo que había preparado, realmente había quedado asombrado con las aptitudes de la morena, pues la mesita que hace horas estaba desocupada, ahora tenía en su superficie un par de flores en el centro, un jarro lleno de zumo, dos vasos, los platos hondos llenos de arroz y los palillos, acotando a su compañera cuya belleza enaltecía la estancia.
Con un gesto Rukia le invitó a tomar asiento, el pelinaranja acató al instante, y así uno frente del otro se dispusieron a comer, en silencio, sin decir palabra alguna, pero había un asunto que Ichigo quería platicar con la morena, aunque quizás lo mandaría a volar si tocaba el tema, pero al menos quería ser conocedor de la verdad.
—Rukia… ¿puedo preguntarte algo?— Inquirió quedamente, captando la atención de la morena quien levantó la mirada.
—Sí pero dependiendo de eso, te responderé o no— Dejó claro las reglas, cosa que a Ichigo le incomodó, si le soltaba la pregunta muy directamente seguro se quedaría callada.
—Ehh bueno... no es una pregunta que se le deba hacer a una mujer pero entenderé si no quieres decírmelo— Dijo como introducción, pero ella se mantuvo expectante, aguardando a que las palabras salieran vibrando por su garganta.
—¿Quién… fue… el mayor postor?— No era necesario añadir lo demás, la morena sabía perfectamente a que se refería, pero tan sólo y escuchó la cuestión y detuvo toda acción, sólo bajo la cabeza y con ello su mirada, el preguntar algo como tal le había abierto una herida en su orgullo y traído un mal recuerdo.
Ichigo al denotar su reacción se preocupó, quizás se había precipitado mucho al realizarle tal cuestión sobre su intimidad.
—Si no quieres o puedes decírmelo está bien… no tienes porqué…— Volvió a reiterarle en un murmullo pero la morena levantó su mirada, fijando sus ojos lacrimosos en los del pelinaranja, quien se percató de esos sentimientos.
—No, no… tiene derecho a saberlo… fue…— Había decidido decírselo después de todo, no quería tener secretos con él, pues confiaba en su silencio, aun cuando le dolía recordarlo y sus puños apretaba tratando de no caer en llanto —fue… Renji— Finalmente dijo en un audible bisbiseo.
Ichigo lo sospechaba pero nadie le había confirmado nada hasta ahora que por voz de la morena todo había quedado claro, y el verla afligida con ese par de ojos a punto de derramar lágrimas le hizo sentirse mal, y comenzar a tener cierto odio al pelirrojo.
—¿Acaso te trató mal?— Preguntó de nuevo, pero ella simplemente negó con la cabeza, tratando de retener su sollozo.
—Yo… no… no quería hacerlo… pero tenía que cumplir— Murmuró pausadamente la morena, el pelinaranja comprendía, era injusto y en verdad quería encontrar la forma de que ella olvidara ese momento.
Alrededor de las 8:00 de la noche salieron de casa para dar un paseo por el primer distrito, para poder despejar su mente después de todo, y aún de noche se podía ver mucha actividad por parte de los pobladores, algunos aún continuaban adornando las calles, otros por montar sus respectivos establecimientos de comida tradicional o artículos variados, algunos de los niños corrían de un lado a otro jugueteando entre ellos haciendo bullicio y uniendo sus risas al ánimo de todos, era una festividad importante y quería que se disfrutara al máximo.
Ambos caminaban por la extensa avenida donde se vislumbraba el esqueleto de algunos puestos y no que otro ya se encontraba disponible en espera de clientes, uno al lado del otro, sumidos en un silencio.
Ichigo la miraba de reojo, ella seguía sumida en sus cavilaciones y quizás su silencio y su mirada afligida se debía a su culpa, por haber preguntado algo que no debía.
—Rukia… perdóname… no debí preguntarte esas cosas— Pidió perdón a la morena, quien al escucharlo se detuvo en seco y le miró.
—No tienes porqué disculparte, no estoy enojada contigo… así que tranquilo, estoy bien—Le dijo con una sonrisa, pero aún con sus palabras Ichigo no dejaba de sentirse culpable así que recordó, y al instante sacó de un bolsillo un presente. La morena miró expectante, mientras el pelinaranja desenvolvía de un pañuelo y dejaba a exhibición un adorno para el pelo, un palillo de plata con forma de flor en su extremo superior, adornado de algunas pequeñas piedras preciosas de color del arcoiris.
—Pensaba regalártelo mañana pero…— Dijo a la morena, quien al ver el regalo sonrió, Ichigo se acercó a la morena y con delicadeza acomodó el palillo en su peinado.
—Es muy bonito, gracias— Contestó acompañada de una sonrisa, Ichigo le correspondió el gesto y guiado por sus sentimientos tomó su mano, y así caminó junto a ella, observando juntos los ornamentos del distrito, preparándose para el verdadero día del Festival.
No hubo mucho que ver y con cual entretenerse lo suficiente una noche previa al festival, si bien por su camino encontraron algún sitio donde cenar y después de ahí regresaron a casa, estaban algo cansados así que fueron directo a la habitación que habían decidido compartir.
—No creo que sea correcto que durmamos en el mismo futón—Comentó Ichigo al verla, la morena concordó con su idea.
—Aunque podemos acercar nuestros respectivo futones sin tener que dormir en el mismo, así no habría ningún problema— La idea era esa, si bien compartirían la habitación, en futones individuales pero separados por una corta distancia, nada mal.
—Bueno, entonces te ayudo—
Ichigo auxilió a la morena a desplegar su futón por el suelo de madera, así mismo después desplegó el suyo y lo acomodó junto a de ella, apartado por algunos centímetros y un quinqué, cuya luz apenas alumbraba ligeramente la habitación.
—Te dejo para que puedas cambiarte— Anunció antes de abandonar la estancia, dejándola sola y cómoda para mudarse de ropas, mientras él aprovecharía para hacer lo mismo en la habitación contigua.
Una vez asegurándose gracias a un aviso de parte de Rukia, entró a la habitación en silencio, la encontró acostada boca arriba, viendo el techo y con los ojos cerrados, aún con la nítida luz que desprendía el quinqué podía contemplar su beldad, se acercó lento y se metió en las sábanas, se acostó de lado de forma que su rostro pudiera verla, sonrió. Era bello y maravilloso poder estar a su lado, fuera de la rutina, disfrutando de su presencia, de su sonrisa y su forma de ser.
—Buenas noches Rukia— Le musitó, a lo que ella se acomodó para quedar cara a cara a él, y abrió los ojos.
—Buenas noches Ichigo— Contestó a sus palabras, sonriéndole, y volvió a cerrar los ojos, el pelinaranja apagó el quinqué y quedaron a oscuras, ni siquiera Ichigo que seguía con los ojos abiertos podía distinguir nada, pero su sentido del tacto estaba activo y dentro de la penumbra, la suave mano de la morena tocó la suya.
—Soy muy feliz contigo… Te amo— Fueron las palabras de Rukia antes de caer rendidla sueño, Ichigo no dijo nada, sólo apretó ligeramente su mano, sosteniéndola y poco después cerró sus ojos, para adentrarse también al mundo de los sueños.
Se escuchó el cantar de varias aves, el sol se tamizó lánguidamente por el ventanal, cayendo sus rayos en los cuerpos de ambos, la morena lentamente comenzó a abrir sus ojuelos, se le dificultaba distinguir lo que veía, su vista esa difusa pero conforme pasaban los segundos pudo ver con claridad, sus ojos se abrieron como platos al ver frente suyo el rostro sereno del pelinaranja, quien aún dormitaba bajo las sábanas.
Son las 10 de la mañana, cuando abrí el ojo te vi
Quedó sorprendida, casi temerosa, tan rápido como pudo se sentó en el futón, olvidando por completo sus ansias de seguir durmiendo, y es que el verlo tan temprano por la mañana le resultaba extraño, casi sentía que lo sucedido el día anterior había sido producto de un largo y hermoso sueño. Pero ahora que contemplaba a su alrededor y rememoraba sus acciones recientes, se daba cuenta de que no era así, y sonrió.
Dirigió su mirada hacia el pelinaranja, quien continuaba en su reposo, la morena se acercó con esa misma sonrisa adornando su faz, y delicadamente posó su mano diestra en la cabellera de Ichigo, le acarició con tanta ternura que incluso se veía reflejada en sus ojos, le resultaba perfecto y maravilloso todo lo que estaba aconteciendo en su vida, toda su felicidad, todo su amor y atención era para él, lo único que necesitaba.
Me paré tan aterrada que no sentí
que el amor llegaba a mí
que no pude resistirme más
que en el centro de mi ser habrá un lugar pa-ra-ti
Rukia viró la vista hacia el cielo, una parte de él se podía vislumbrar desde ahí, así que con una idea en su mente se levantó, llena de ánimo, dejando que en Ichigo continuase reinando el descanso.
Aún después de pasar meses envuelto entre una guerra y recibir diversas heridas, ahora podía decir que estaba casi recuperado, le dolían un poco el abdomen pero nada grave que le impidiera continuar con sus labores como Teniente de las Sexta División, así que esa mañana y como de costumbre se dispuso a trabajar, pero algo llamaba mucho su atención: Ichigo no se había parado por ahí todo el día anterior, pensó que seguía recuperándose pero tal idea quedó al olvido cuando preguntó directamente al Capitán Ukitake sobre su paradero.
—Capitán, si no es mucha molestia… ¿Sabe dónde está Kurosaki?— Inquirió con curiosidad, el Capitán rememoró y sonriente le respondió.
—Me avisó que estaría en el Hanamachi, con Inoue Orihime— Esa fue la información que le dio Ichigo a su Capitán, sabía que estaba mal mentirle pero era un asunto importante.
—Ahh ya veo… Gracias Capitán— Y con esa creencia continuó con sus labores cotidianas, lo cual le hizo recordar a la morena, a quien no veía desde varios meses y ahora que estaba mejor de salud se tomaría una rato para citarse con ella.
—Iré a verla ésta tarde— Se dijo así mismo con una sonrisa, pero lamentablemente se llevaría una desagradable sorpresa.
Ichigo minutos después ya estaba despierto y listo para iniciar la rutina, le resultó extraño no encontrar a la morena dormitando en el futón adyacente, así que se fue buscándola por cada habitación, hasta logró dar con ella.
La encontró en el comedor, dando los últimos toques a la mesa, Ichigo quedó asombrado, una vez más la había ornamentado con flores y tenía todos los trastos respectivos en la superficie, la morena se acomodó en uno de los almohadones y con un gesto le volvió a invitar a unirse.
—¿Y… esto?- Le preguntó mientras se sentaba y observaba lo que tenía en frente.
—Tonto, es el desayuno, anda tenemos cosas por hacer— Dijo la morena sin más, empezando por tomar bollos del canasto y saborearlos acompañados de su jugo de naranja, Ichigo sonrió y accedió a servirse, y ahora que lo meditaba se sentía como si ya estuviese casado con ella, era muy atenta y aunque de vez en cuando le espetaba un par de cosas, aún así la quería. Era todo lo necesitaba.
Sus ojos titilaron al escuchar esas palabras, fue algo inesperado que provocó una aceleración en los latidos de su corazón, así como las diversas dudas que comenzaron a aglomerarse en su mente y a atormentarlo, sin poder creer siquiera una palabra de lo que Madre decía.
—Es imposible pero…— Musitó lleno de incertidumbre.
—Rukia regresará de su viaje con el Oficial Kurosaki hasta mañana por la tarde. Lo lamento— Dijo Madre con seriedad, mientras seguía fumando del tabaco de su pipa.
—¡No, no! ¡¿Cómo fue que le permitió irse con él?— Comenzaba por alterarse, esperando a gritos una explicación real del asunto, sentía que sus derechos sobre Rukia no se estaban respetando y quería hacerlos valer.
—Él también es un cliente, y requería de mi protegida, no puedo negarme. Además Teniente, no está en condiciones de reclamar, usted sólo fue el mayor postor por el Mizuague de Rukia, más no es su danna— Madre quiso ponerle en su lugar, no le odiaba pero se estaba comportando como si Rukia fuese de su propiedad, y eso no lo podía permitir.
—¡Entonces exijo ser su danna!— Vociferó ya fuera de sus cabales, la ira lo estaba consumiendo, se sentía traicionado por su mejor amigo.
—Yo no soy nadie para autorizar su petición. Aunque Rukia sea una Geisha, ella también deberá estar de acuerdo, hasta su regreso lo discutiremos si es que aún le interesa. Así que le pido por favor, que se retire— Al pelirrojo no le quedaba otra opción, se sintió lleno de impotencia, no podía hacer nada al respecto pues no sabía del paradero de ambos, y por la actitud de Madre, estaba seguro de que no diría más.
Encolerizado salió de la oficina, completamente enfurecido, siendo el blanco principal de las miradas de algunas Maikos y Geishas de la Okiya Iwasaki, así que tratando de buscar más respuestas dio con la calle.
Lo cual le hizo recordar las palabras del Capitán Ukitake:
"Me avisó que estaría en el Hanamachi, con Inoue Orihime…"
Seguramente ella estaba involucrada en todo eso, así que decidió darle una pequeña visita y poder obtener la información suficiente sobre el paradero, ya después le haría pagar su traición a ese infeliz de Kurosaki.
La morena sonrió llena de alegría, mientras observaba un árbol de bambú del cual había colgado una tira de papel con un deseo escrito, así mismo el peliranaranja también había impreso su caligrafía en otro papel y engancharlo del mismo árbol, ambos contemplaron su proeza.
—¿Cuál fue tu deseo?— Preguntó Ichigo, mirando el perfil de la morena.
—Si te lo digo, no se cumpliría— Le contestó la morena con cierta inocencia.
—Bueno, sólo una pista— Pidió el Shinigami, le llenaba de curiosidad lo que Rukia había escrito, ¿su deseo tendría alguna relación con él?.
—No. Y no me harás cambiar de opinión— Le advirtió, para que ni hiciera ninguna clase intento por conocer el contenido de aquel papel –"vamos…"- Rukia dio por terminada la discusión y tomó al pelinaranja de la mano, jalando su brazo llena de energía, pues el festival ya había iniciado.
Recorrieron todos los puesto habidos y por haber, ambos disfrutando de su mutua compañía, incluso a la hora de cenar se detuvieron a comprar pasta ya preparada y se sentaron a comerla uno al lado del otro, compartiendo ese momento juntos, entre sonrisas y uno que otro discreto beso.
Era esa la vida con la que Rukia soñaba, ser feliz con la persona amada, por efímeros momentos estaba tocando el cielo, poco le importaban los minutos y los días si estaba a su lado, aunque el tiempo pasara nada cambiaría sus sentimientos por ese pelinaranja, sólo tenía ojos y corazón para él.
Ichigo por su parte jamás creyó estar en una situación así, ese amor se había presentado de forma inesperada en su vida y se introdujo en su ser hasta dejarlo completamente convencido de que toda esa felicidad y ese amor que sentía por la morena e inversa había sido pactada desde hace tiempo, aunque su destino juntos era incierto, al menos deseaba en esos instante poder hacerla feliz.
—Ehh Ichigo… quiero ese conejo— Le dijo la morena mientras señalaba un peluche de felpa en forma de conejo que se encontraba en un estante junto con otros, al parecer se trataba de una clase de juego.
—Muy bien, veré si puedo ganarlo— Le respondió Ichigo, quien se acercó hasta el establecimiento y quiso conocer las reglas del juego. En sí no era nada extraordinario, sólo tenía que derribar con una pequeña pelota una pirámide de botellas de plástico en un solo tiro, así que decidido aceptó.
Rukia observaba detenidamente, se veía fácil aunque francamente no lo era.
El primer disparo que hizo Ichigo ni siquiera tocó alguna de las botellas, al segundo sólo golpeó 3 pero no cayeron, y en verdad que se estaba estresando por no conseguir el cometido y la mirada de Rukia no parecía dejarlo en paz.
—Creí que los Shinigamis podía contra todo, dos tiros y nada— Comentó la morena con cierta malicia.
—Cállate enana, déjame concentrarme— Le espetó molesto, mientras preparaba su tiro.
Harto de que su capacidad no se viera reflejada en derribar aquella pila de botellas y aunadas las palabras llenas de sátira de la morena, el pelinaranja lanzó la pelota con fuerza, segundos después se escuchó las botellas caer al suelo y tan pronto el dueño se dispuso a gritar.
—¡Tenemos el primer ganador de la noche en el Festival de Tanabata!— Lo que pasaban por el lugar fijaron sus miradas en el pelinaranja y su hazaña, algunos aplaudieron acompañados de palabras de admiración, Ichigo odiaba ser el centro de atención y apenado agradecía
—Y bien… ¿Qué premio quieres?— Preguntó el dependiente esperando su respuesta.
Ichigo volteó a ver a la morena, así que se dirigió al dependiente.
—El conejo de felpa por favor—
El señor entregó aquel conejo blanco a manos del Shinigami, quien a su vez se dirigió a la morena y con una sonrisa le entregó el premio.
—Ten… todo tuyo— Le musitó, Rukia le correspondió la sonrisa, tomando su premio con mucho cariño.
—Gracias… Ichigo— Una vez dicho esto la morena se acercó a su compañero y le dio un beso en la mejilla en forma de agradecimiento, el pelinaranja sonrió una vez más ante la acción.
Se volvieron a tomar de la mano, y continuaron vagando por las calles llenas de algarabía y fiesta, esperando buscar más lugares y cosas en las cuales entretenerse en su última noche juntos en el primer distrito.
Varias horas después de pasear por casi todo el distrito y divertirse con sus atracciones festivas, regresaron de nuevo a casa, aunque ya era algo tarde la morena se vio atraída por la belleza del astro lunar mientras se mudaba de ropas, y sin más caminó hasta encontrarse con su luz, ahora estaba recargada en el marco de aquel ventanal, observando el estrellado cielo y su pálida luna en lo alto engalanando aún más el panorama. Jamás se había sentido tan llena de júbilo, tan tranquila, tan querida por una persona y deseaba con toda su alma que esos momentos perduraran para siempre.
En el cielo hay una estrella
no parece ser fugaz
me dibuja la belleza
de aquel lugar en donde hay
color, amor, hermoso amor
me di cuenta...
—Creí que ya estabas dormida— Dijo el pelinaranja al ver su estética y serena figura contemplando el cielo, sin embargo ella no le respondió nada, pero Ichigo se acercó hasta donde se encontraba la joven Geisha, y lentamente sus cálida manos ciñeron la cintura de su compañera, dejando un tierno beso en su mejilla para después acomodar el mentón en su hombro.
Rukia sonrió leve, y el sentir sus manos rodearle y sus caricias le hacían feliz, las aceptaba y permitía que se adueñaran de ella, y permanecieron así durante varios minutos, ambos contemplando el cielo y sus brillantes estrellas.
Un ligero estruendo se escuchó en el ambiente, y tan pronto centenares de luces con diversos colores iluminaron el cielo por instantes, los fuegos artificiales se presentaban ante sus ojos aquella noche y juntos los contemplaron, maravillándose del espectáculo. Esa era una noche muy especial, Tanabata, era como si fuese su historia, el amor entre ella e Ichigo, ambos separados aunque en su caso, ella por su condición de geisha y él por ser un Shinigami, y sólo pueden reunirse cada cierto tiempo, cuando el tiempo se los permite, y un momento como ese era muy valioso.
La morena se volteó hasta quedar frente a Ichigo, recargó su rostro en su pecho sólo unos instante antes de levantar la mirada y observar los ojos avellana del pelinaranja, quien al sentirse observado por esos brillantes ojuelos violáceos, también enfocó su mirada en ella.
—Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos— Murmuró el pelinaranja citando hermosa frase de poeta, Rukia al oírlo pudo descifrar perfectamente.
Pero… ¿Qué hace la primavera a los cerezos?
Un acto de amor.
La luz de la vela iluminaba con sumo cuidado sus cuerpos, ambos entre besos se recostaron en el futón, Rukia miraba fijamente a Ichigo desde abajo, estaba nerviosa, aunque ya había experimentado ese tipo de placeres, le provocaba cierto pudor que el hombre que amaba la viera en su estado natural, pero se entregaba a él por el simple hecho de amarlo.
El pelinaranja lentamente comenzó a jalar el listón que la bata de la morena tenía en su cintura, para después apartar los costados y dejar al descubierto su cuerpo desnudo, que contempló feliz, apoyó las manos encima, sintiendo como el cuerpo de la joven Geisha se estremecía y percibiendo su calidez. Le acarició sin prisas, y poco a poco se fue inclinando, para iniciar un rito de besos que iba desde su vientre, ascendía hasta sus pechos y seguía con su cuello níveo hasta llegar a sus labios rosados.
A pesar de su edad, y aunque poca gente pudiese creerlo, era la primera vez que Ichigo veía el cuerpo desnudo de una mujer, así lo había determinado el mismo por sus principios, si iba a estar con una mujer, sería con aquella que amara y ese sentimiento fuese recíproco.
Se separó de la morena tan sólo unos centímetros, los suficientes para poder despojarse de su yukata, los ojuelos de Rukia se posaron en su cuerpo tan perfecto, admiraba cada músculo y sobre todo esa sonrisa juguetona que reflejaba su rostro, no había rastro de pudor ante sus ya cuerpos totalmente desnudos, sus miradas volvieron a chocar, y ambos sentían demasiada alegría y conmoción en esos momentos, se sonrieron ligeramente y una vez sus presencias quedaron unidas en un lánguido beso.
Ichigo una vez más volvió a mirarla, enfocó toda su atención en ese rostro de reluciente belleza, las mejillas matizadas en carmín, sus labios brillosos del aperlado sudor, la boca entreabierta y el par de ojos zafiro que también lo contemplaban tiernos.
—Te amo…— Murmuró el pelinaranja con ternura, necesitaba decírselo, logrando en Rukia una respuesta parecida que lo hizo sonreír; era la mujer que quería para compartir su vida, y haría todo lo que pudiese en conseguirlo.
Las manos de Ichigo acariciaron los muslos, y sutilmente se dio paso entre las piernas de la morena, se acomodó entre ellas y remisamente fue deslizándose, Rukia parecía escuchar como repicaba su corazón, tenía algo de miedo al dolor, y cuando sintió como se adentraba en su cuerpo una insoportable sensación se apoderó de su ser, sus manos se aferraban a su espalda y su rostro fruncido era observado con preocupación por los ojos avellana del pelinaranja, sabía que era doloroso en un principio, así que para pacificarla le besó dócilmente.
—Trata de relajarte, el dolor pasará— Le decía al oído, esperando que el cuerpo estremecido de Rukia se relajara y disfrutara de lo que acontecía.
Ichigo veía como los ojos violáceos de la morena se tornaban lánguidos y resplandeciente a la vez conforme se acoplaba; su piel se sonrojaba, sus labios húmedos y rosados; se abrían exhalando un aliento rápido. Se complacía al verla fundirse en ese placer exquisito que iba creciendo en el fondo de su estómago. De sus labios escapan gemidos y suspiros, la avalancha de placer de sus caricias y sus besos que colmaban cada poro de su cuerpo, la obligaban a cerrar los ojos. Su segunda experiencia era diferente, podía percibir una conexión emocional entre ella y el Shinigami, con tantos sentimientos floreciendo que les brindaban júbilo, la unión del sol y la luna formando un perfecto y bello eclipse.
Después de tal entrega se acomodaron en el lecho, un almohadón acogió la cerviz del pelinaranja, y en su pecho descansaba la de la morena, la abrazó mientras uno de sus dedos se ensortijaba en uno de sus cabellos, de vez en cuando se miraban y como siempre se sonreían, sintiendo tanta felicidad conjunta, el pasado parecía estar en el abandono…y lo único que existía en sus mentes era el pensamiento afortunado de tener a ese ser grandioso a su lado, para amarlo toda la vida.
… … * … …
PD: Hago las aclaraciones, la frase: "Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos…" es de Pablo Neruda, la agregué porque la consideré adecuada a la situación y las liricas son del tema "Pa-ra-ti" de Ely Guerra.
