Disclaimer: Ni Final Fantasy VII ni sus personajes me pertenecen. Solo esta trama y mis personajes originales.
Capítulo 13: Al otro lado de tus memorias
Enterrado entre montones de libros, Sephiroth viajó con su mente al pasado.
Todas las palabras le eran dolorosamente familiares, desde el descubrimiento de Jénova, donde recordaba a Gast, uno de los pocos hombres que llegó a respetar, hasta como fue creado a partir de ella, producto de los experimentos de Hojo, el hombre que más odió en su vida... con permiso de Cloud.
Cada una de esas palabras, días antes del suceso Nibelheim, le quemaron, se grabaron a fuego en su mente. Se sintió traicionado por el mundo. Su ira ardía, se notaba la sangre hirviéndole, incluso más que las inyecciones de mako de su juventud.
Sin embargo, pese a recordar cada frase, se sentía vacío. Podía rememorar su rabia, pero era incapaz de volverla a despertar. Su mundo, antes, estaba devorado por las llamas del odio, ahora solo le quedaban las cenizas del desamparo. Estaba consumido. Sin nada en lo que confiar, sin nadie a quien recurrir… en la profunda soledad.
Al paso de las horas, casi esperaba ver a Zack o al recluta Cloud, asomándose por el marco de la puerta, preocupados por él.
Sin darse cuenta, el pasado y el presente empezaban a juntarse.
Se sentía como un sonámbulo, andando entre sueños… o mejor dicho, entre pesadillas.
Tras acabar de leer él último de los libros sobre su creación, lo cerró de golpe, tal como hizo aquella vez. Volvía a dirigir sus pasos a la entrada de la mansión, al abrir la puerta, estuvo tentado de utilizar su materia de fuego para reducir ese pueblo de repugnantes humanos a las cenizas…
Pero al dirigir la mirada al pueblo… ¡ya se había incendiado!
Ahora, mientras que ese pueblo repugnante era consumido por la llamas, solo quedaba lo más importante de todo, tenía que ver a Madre, a Jénova. Tenían que ir a la tierra prometida.
Sus ojos se cruzaron con la atemorizada e incrédula mirada de Cloud al otro lado de la plaza, esa mirada… esa desilusión al ver a su héroe como un monstruo… le hizo caso omiso, mientras atravesaba el muro de fuego a sus espaldas. Nada ni nadie se entrometerá en su camino hacia su Madre…
"Ahora me reuniré contigo… Te sacaré de ahí Jénova… Madre…"
-¿Sigues observando la entrada de la mansión, Lucrecia?
-No puedo evitarlo Vincent…tengo tantas cosas de las que quiero hablar con él, y parece que no quiere escuchar ninguna. Como si pensara que ya lo ha oído todo.
-Sospecho que es lo que realmente opina. Después de todo, se ha desengañado con el mundo.
-¡Pero no conoce toda la verdad! No me creyó cuando le dije que soy su madre. Vale que no lo aparente demasiado pero…
-Lucrecia, él ha querido darle un sentido al porqué de su existencia. La versión que le dieron los libros de la biblioteca ha sido lo único que encajaba con él… y se ha agarrado a ellos como a un clavo ardiendo.
-¿¡Como puede creer realmente que Jénova sea su madre! Yo he visto ese ser por dentro…¡No tiene útero ni ovarios, ni siquiera es capaz de poner huevos! –Lucrecia siguió despotricando contra Jénova y su anatomía. Cuando paró para recuperar el aire, Vincent la interrumpió.
-Lo único por lo que Sephiroth necesita a Jénova es para tener la figura materna que siempre quiso… dudo que piense realmente que es su madre.
La científica le miró desalentada. El ex-turco desvió la vista.
-Deberías darle algo de tiempo, Lucrecia. Necesita asimilar que estás aquí, que eres de verdad… que su propia realidad es otra a la que él piensa ahora. –Vincent apoyó su mano en los hombros de su amada y observó junto a ella por la ventana. –Por mucho que mires, eso no hará que salga antes, ven, come un poco para recuperarte, no creo que Sephiroth salga justo en este momento.
La mujer esbozó una sonrisa. –Sí, sería demasiada casualidad.
Sin embargo, poco después de alejarse de la ventana, el guerrero salió de la mansión. A estas alturas los amantes de Nibelheim deberían saber que el destino adora hacer ese tipo de reveses con ellos.
Sin embargo, dicha presencia no pasó desapercibida. La florista de los suburbios estaba en la plaza, observando con cierta angustia como el famoso Sephiroth se dirigía hacia ella. Sus ojos de pupilas gatunas se quedaron mirándola.
No, hacia ella no. Hacia algo que parecía estar junto a ella en el suelo… pero no había nada, ella no estaba viendo lo mismo que él.
Sephiroth se dio la vuelta, dirigiéndose a la salida del pueblo, hacia el monte Nibel.
Aeris sintió un escalofrío. Había algo en Sephiroth que la asustaba demasiado. No era tan tangible como una advertencia del planeta, era muy sutil… La forma de caminar le recordaba al Sephiroth que había estado persiguiendo con Avalancha. No andaba con los pasos precisos que había visto en la mansión, sino más… como si fuera una… ¿marioneta?
Su mente estaba dividida, por una parte, sentía que debía detenerlo, de lo contrario, si lo dejaba ir el problema sería mucho mayor. Por otra parte, los ojos de Sephiroth estaban totalmente nublados, Aeris estaba realmente aterrada de esa mirada, nada bueno podía salir de todo esto.
Un rugido a sus espaldas la estremeció. Dándose la vuelta vio a un lobo de Nibel totalmente famélico, gruñéndole. Aeris no tardó en extender su vara para protegerse. El lobo se acercó débilmente antes de caer al suelo, muerto. La florista se quedó atónita. ¿Qué acababa de pasar? Cautelosamente se acercó al cadáver, entre el pelaje había manchas negras, de aspecto viscoso. Pegó un respingo al ver que se despegaban del lobo y fluían hacia la dirección que Sephiroth había ido.
La puerta del hotel se abrió fuertemente, mostrando a Vincent, pistola en mano. Había escuchado los rugidos, sabiendo que Aeris estaba fuera, salió a defenderla. Se sintió confuso al ver el lobo muerto enfrente de la florista. La mirada de ella era de miedo.
-Sephiroth ha ido al monte Nibel, no sé que es lo que le pasa pero… hay que detenerlo.
"Ya he pasado por este laberinto una vez, no debería ser difícil una segunda."
Los monstruos que merodeaban por aquella cueva no estaban a la vista, se ocultaban de un monstruo de mucha mayor fuerza. Un monstruo con forma humana.
"La fuente de materia…ya debo de estar cerca. Solo un poco más. Un poco más y por fin veré a Madre, después de tantos años, después de tantas mentiras…"
Tras avanzar un buen trecho, el reactor abandonado estaba enfrente de él.
Otro humano le bloqueaba el paso, su fiel Masamune se hundió en él, arrebatándole la vida…
Daba igual dejar allí clavada la legendaria katana. Nada del interior del reactor podía hacerle daño…Nada podía dañarlo más que aquellas palabras.
Al entrar a la cámara principal, recordó la traición de uno de sus únicos amigos, quien le dijo la ingrata verdad, "Eres un monstruo. El mejor monstruo creado del proyecto Jénova. El proyecto S… creado para ser el monstruo perfecto".
Aquellos monstruos que acababa de ver… él era uno de ellos. Estaba creado a partir de Jénova, un ser desenterrado, de 2000 años de antigüedad, un ser que debería no existir… como él.
Sólo, en la oscuridad casi absoluta salvo una enfermiza luz verdácea, Sephiroth buscaba a la única criatura a la cual podía compararse de verdad.
-¡Sephiroth! -Esa voz… sonaba tan lejana… Era una voz de mujer, ¿Madre quizás? No, era demasiado aguda.
-¡Detente, Sephiroth!
Ah, era esa chica… la guía. Estaba muy enfadada pero las lágrimas surcaban su rostro, la enorme katana temblaba entre sus manos. Le pareció escuchar algo sobre familia, hogar, lo que le había arrebatado… eran cosas que nunca había tenido, que nunca tendría. Hasta ahora. Conseguiría una madre, aunque fuera un monstruo, cualquier cosa valdría. La chica subió las escaleras, con su propia espada apuntándole hacia el. Ingenua idiota.
En el laberinto de cuevas del monte Nibel pueden oírse el repiquetear de pasos. Aeris y Vincent corrían hacia el reactor de mako. Aeris tenía que concentrarse en su camino, ya que mirase por donde mirase, había estalagmitas que hacía difícil pasar por la cueva, estalactitas que amenazaban con caerse encima de ellos… y todo estaba lleno de cadáveres de monstruos, la gran mayoría deformes por la radiación del mako. Nada parecía estar vivo allí. A medida que avanzaban había restos de la masa negra de la mansión.
Al llegar a la fuente de materia se detuvieron de golpe. Después de ver tanta muerte, la grotesca criatura que tenían enfrente era incluso una visión peor.
Vista de espalda, estaba reclinada sobre la fuente, parecía una rana negra con forma humanoide, y resplandecía de color verde radioactivo de forma intermitente. Aeris sintió al planeta quejarse y entendió porqué. Esa criatura estaba bebiendo el mako de la fuente.
El parpadeo cesó. La criatura se dio la vuelta. Donde debería tener la cabeza había una flor espeluznante, cuyos estambres, que recordaban a tentáculos, se movían espasmódicamente.
Vincent fue el primero en reaccionar. Antes de que la planta-rana saltara sobre ellos, el ex-Turco lanzó una magia de fuego, desviándolo de su trayectoria. La piel del monstruo humeó, y bajando su cabeza, la hundió en el suelo formándose surcos en la tierra. Se dirigían hacia ellos. Vincent saltó para esquivarlos y empezó a disparar a la espalda de la planta-rana. Aeris no tuvo tantos reflejos y fue atrapada por los estambres… antes de ser soltada de golpe.
La florista se dio cuenta entonces que aquella criatura estaba formada de la masa negra.
-¡Vincent, esta es otra de esas cosas de la mansión! ¡Aléjate todo lo que puedas!
Vincent no dio cuartel con su magia de fuego, manteniendo a la bestia en su lugar.
"Mi cuerpo está demasiado cansado como para lanzar más magia o invocar a alguno de mis demonios para atacar, y tampoco puedo mantener la distancia por mucho tiempo."
-¡Aeris, sigue adelante, te cubro!
Lanzando un hechizo de gravedad que hundió a la planta-rana en el suelo siguió a Aeris.
La cueva no les había parecido tan resbaladiza y claustrofóbica la otra vez. Permitiéndose una mirada hacia atrás Vincent vio que el monstruo no había cejado en su empeño para perseguirlos, saltando entre columnas, acercándose peligrosamente.
Bang bang
Con los disparos de su pistola hizo caer unas estalactitas sobre la criatura. Estaba consiguiendo unos segundos más de tiempo.
-¡Vincent, ya veo la salida! –Jadeó Aeris.
Vincent vio la entrada a la cueva, se le ocurrió una idea. "Si consigo romper los soportes de madera ese bicho se quedará dentro de aquí."
A la carrera y apuntando como podía a los soportes de madera podrida, salieron de la cueva viendo como las piedras del techo casi se le iban cayendo encima. Pero, justo cuando quedaba muy poco para que la puerta se derrumbase del todo, la planta-rana se coló por el agujero… para quedarse atrancada.
Aunque siguieran corriendo, la criatura acabaría por liberarse. Habría que deshacerse de ella primero, ¿pero como? Las balas no servían y la magia tampoco podía acabar con esa cosa. Aeris, buscando una salida, encontró el arma de sus pesadillas… La Masamune estaba clavada en el suelo a pocos metros de ella. Espera, ¿no había matado Sephiroth a la cosa de la mansión con ella?
Aguantando el miedo y las náuseas que le provocaba la mera visión de la enorme katana, Aeris la sacó del suelo. "Uff, la espada de Cloud pesaba, pero esta tampoco se queda corta, la he conseguido sacar, pero no soy capaz de levantarla."
-¡Vincent, ayúdame a usar esto! –Llamó.
El hombre rompió el contacto visual con el monstruo, preparado para lanzar una última magia si era necesario, para ayudar a Aeris. Al verla con la katana en la mano se preguntó que hacía allí, Sephiroth debía de estar en problemas también. Dejando ese pensamiento aparte, cogió la empuñadura. Al mirar hacia la entrada de la cueva la planta-rana había logrado soltarse y pegó un salto enorme hacia ellos. Aeris cerró los ojos por instinto, Vincent, casi por reflejo, dirigió la punta hacia el monstruo… que con el salto no pudo variar la trayectoria y se empaló en la espada.
Con mórbida curiosidad, el ex-Turco vio como la hoja de la Masamune resplandecía de un color blanquecino, sin una mancha de sangre.
Aeris, tras abrir los ojos, no aguantó el espectáculo ni tocar la katana y la soltó de golpe, dándose la vuelta y dirigiéndose hacia el reactor. El hombre se dio cuenta que el brillo de la espada había desaparecido, ¿tendría algo que ver?
Adentrándose en el reactor Aeris tuvo la sensación de estarse metiendo en la boca del lobo. Al llegar a una sala llena de tubos, Sephiroth estaba delante de una puerta, arriba de las escaleras.
Casi inaudiblemente Aeris escuchó:
-Madre, ya estoy aquí. Abre la puerta.
Vincent abrió los ojos, entendiendo lo que estaba pasando. Estaban viviendo el incidente de Nibelheim, tal y como contó Sephiroth en el cráter del norte.
-Aeris, no te acerques por nada del mundo a Sephiroth.
-Ni falta que lo digas…
-Está esperando que Tifa intente apuñalarlo con la Masamune.
-¿Vincent, que quieres decir?
Sephiroth se volvió hacia donde estaban ellos, mirando hacia Aeris y la Masamune que llevaba Vincent. Si la situación entera ya había dejado a la florista perturbada, la helada mirada del ex-SOLDADO la congeló del miedo.
La puerta a espaldas de Sephiroth se abrió, una masa amorfa negra tomó la forma de una mujer de piel azul y cabellos plata. La imitación de Jénova se puso al lado de Sephiroth. Con una sonrisa maliciosa puso la mano sobre el cuello de Sephiroth y apretó. El ex-general no alteró el gesto, pero la respiración se hizo más fuerte. Lo estaba estrangulando y se estaba dejando matar.
Vincent estaba cansado pero tenía que seguir luchando. Ojalá no tuviera que utilizar la Masamune… pero era la única opción.
Haciendo acopio de fuerza levantó la katana y embistió escaleras arriba contra Jénova. La calamidad de los cielos ensanchó la sonrisa, soltó a Sephiroth, dejando que siguiese actuando con su papel. El peliplateado recuperó su espada de las manos de Vincent. Le siguió un sablazo. El ex-Turco fue lanzado escaleras abajo con una herida en el costado.
Aeris gritó el nombre de Vincent y fue hacia su lado, al intentar conjurar un hechizo de curación vio como la herida ya se había curado. El hombre se dirigió a la florista:
-Siento que tengas que hacerlo tu sola. Yo… ya estoy al límite. Lo lamento mucho. –Apenas murmuró las últimas palabras cuando se quedó inconsciente.
Aeris se sintió aterrada. No solo tenía que detener a Sephiroth, tenía que hacerlo sola. No tenía la voz del planeta ni la de los Ancianos para guiarla como la otra vez. Temblando con cada paso subió las escaleras y atravesó la puerta.
Sephiroth estaba delante de Jénova, hablándole.
-Madre, tomemos el planeta, juntos. Vayamos a la tierra prometida.
Jénova acariciaba la cara de Sephiroth y la mirada era la de una madre que había oído decir a su hijo la idiotez más grande imaginable y con tal de que no le diera la lata más, le dejaba que siguiese hablando.
-¡Sephiroth! –Llamó Aeris, deseando que su voz le despertase del trance que se había sumido.
-Madre, están aquí de nuevo. Tú deberías haber mandado, eras más fuerte, más inteligente… pero estos seres inferiores. Vinieron y te arrebataron el planeta. –Siguió Sephiroth, para el horror de Aeris, y se volvió a mirarla.
-Pero no te preocupes, Madre. Estoy contigo ahora. Blandió la espada al frente.
-Yo soy el elegido de este planeta.
"Y me lo dice a mí, una cetra." Pensó Aeris con ironía.
Sephiroth se precipitó hacia delante preparado para atestar un golpe. Aeris al dar un paso atrás para esquivarlo se tropezó. Con la sangre helada vio como la Masamune se dirigía hacia ella, para pasar casi rozándole. ¿Había fallado Sephiroth? No, seguía dando sablazos, contra un oponente invisible. La florista de los suburbios no salía de su asombro, la copia de Jénova pareció mosquearse con lo que estaba sucediendo, definitivamente ninguna de las dos se esperaba lo que estaba haciendo el ex-general.
La calamidad de los cielos concentró su atención en la cetra. Aeris levantó su vara. Era un reminiscencia de la batalla de hacía 2000 años, de los cetra contra la alienígena. Jénova formó un hechizo de fuego y lo lanzó hacia Aeris, la florista formó una barrera, evitando el ataque, pero la dejó expuesta cuando Jénova se arrojó contra ella. Sujetándola con una mano contra el suelo, en la otra hizo crecer garras para rebanarle el pescuezo. La alienígena chilló de dolor al sentir ser cortada por la espalda, Sephiroth, aun en medio de su batalla mental, había acertado al darle una navajada.
La paciencia que había tenido con Sephiroth se acabó. De todas formas, cuando despertara sería más peligroso que la cetra. La criatura zarandeó a Aeris hacia la pared, haciendo que cayera al piso de abajo. Al dirigirse hacia el peliplateado vio como este siguió a la florista al piso de abajo.
Aeris se levantó magullada y mareada. Al acercarse tanto a la Corriente Vital podía oír la voz del planeta como si tuviese un megáfono al lado. Si solo pudiese concentrarse para escuchar… Sephiroth estaba al lado, siguiendo con su lucha interna, esta vez la plataforma era mucho más pequeña para esquivar, que es decir mucho teniendo en cuenta la longitud da la katana.
La copia de Jénova bajó también a la plataforma. "¿Y ahora que hago?" Pensó Aeris. "¡Planeta, por favor, ayúdame!"
Las palabras de un hechizo olvidado tiempo atrás se arremolinaron en su mente, la florista reconoció esas frases. Eran las que ella misma había rezado hacía dos años.
-¡Sagrado!
Al gritar el nombre de la invocación una fortísima luz blanca emanó de ella. Al expandirse envolvió a Jénova y a todo el reactor. Tras irse el resplandor no quedaba nada de la masa oscura. La florista de los suburbios se desmayó, oyendo las felicitaciones y vítores de alegría de sus antepasados y de su madre. –¡Bien hecho, Aeris, hija mía!
Sephiroth volvió en sí al oír un golpe sordo cerca de él. "¿Que acaba de pasar justo ahora? ¿Cómo he llegado al reactor?" Mirando alrededor suya vio una figura rosa muy reconocible. "Si alguien tiene la respuesta a que ha pasado aquí, seguro que es ella." Decidió llevársela con él de vuelta, si le había seguido sola lo más seguro es que el pistolero la buscara… y si se la encontraba en ese estado… más valía pensar algún tipo de pretexto. Quizás el pistolero fuese civilizado y lo escuchara.
Cloud y Zack habían corrido desde Nibelheim al enterarse que Sephiroth había resucitado. Cloud tenía el corazón latiendo a mil por hora. No podía ser. No podía repetir el mismo error. No cuando la había recuperado justo ahora. No estaban en la mansión, solo quedaba el reactor por ver.
Al llegar vieron una escena como solo podía ser en sus pesadillas. Vincent estaba tumbado en el suelo con sangre y encima de las escaleras estaba el inmundo Sephiroth llevando en brazos a Aeris, muerta.
-¡Bastardo!¡La has matado! ¡Has matado a Aeris!
Incluso yo he llegado a pensar que no sacaba este capítulo. Esto más que "Volviendo a mi" es "Yéndose de mi" XD. Ya casi ha pasado medio año desde la última vez que subí capítulo. Muchas gracias a todos aquellos que me habéis estando ayudando y a mis reviewers: Glaurung II, ladysephiroth, aquilesfair, hino-senpai, Morthy, Inur y VAYVEN. ¿Alguien se da cuenta de que me he inspirado un poco en Resident Evil? He estado jugando a uno de los de la Wii. En la escena de la cueva me ayudó mucho ir a las de Nerja. Que mal lo he pasado escribiendo las escenas de Sephiroth, en todas me entraba bloqueo de escritora :P
¡Nos leemos!
