Aquí les traigo finalmente el capítulo 14. Disculpen el retraso. A pesar de ya tener la mayoría escrito, el complemento y retoque tomó más de lo esperado. Espero que les guste y que lo disfruten.
Angeltears: Sí, el capítulo fue más corto de lo usual, pero tenía que dejarlo hasta ahí. Si me adentraba más, tendría que haber incluido este capítulo y me hubiera salido un capítulo que caería en lo tedioso más que en lo largo. Espero compensar con este n_n Muchas gracias por tus pensamientos hacia la historia y hacia mí! Me hacen muy, pero muy feliz.
Lyls: Muchas gracias por tu crítica! Créeme, el énfasis en los sentimientos de Kouji tienen un motivo detrás, pero tienes razón, recaí demasiado. Es mi propio instinto fangirl, creo. Lo siento. Muchas gracias por tu consejo! Lo tomaré muy en cuenta n_n Espero que de aquí en adelante, con el desarrollo de la historia, veas el por qué de la melosidad de todos los capítulos anteriores n_n
Espero que disfruten este capítulo! Muchas gracias por sus reviews y a todos por leer!
Golpee al devimon en el rostro con todas mis fuerzas. Cuando desapareció frente a mí, respiré profundamente en un intento de calmar mi respiración desenfrenada. Habíamos pasado todo el día buscando el palacio de Barbamon, buscando a Hikari, pero a cada paso que dábamos un ejército de devimon y ladydevimon nos atacaban. Ya el cielo estaba oscuro, nublado, no podía ver ninguna estrella, y la luz de las tres lunas del Digimundo apenas vislumbraba en medio de densas nubes negras.
Volví mi mirada hacia mis compañeros justo cuando Lowemon lanzaba el ataque final al último devimon que quedaba. Pude ver en su rostro y en el de los demás un cansancio que seguramente era parecido al mío; habíamos luchado todo el día, pelea tras pelea. Afortunadamente habíamos salido victoriosos de todas las peleas y los niños estaban bien, pero todo eso había exigido todas nuestras energías y esfuerzo. Estábamos desgastados.
"Esos han sido todos" Dijo Takuya al volver a su forma humana.
Luz llenó mis ojos cuando Kouichi se transformaba frente a mí. "¿Hacia donde ahora, hermano?"
Apreté el digivice en mis manos. Nadie estaba más urgido y desesperado por encontrar a Hikari que yo, pero era injusto seguir con el viaje después de un día tan largo. Mis nudillos punzaban por el dolor de todos los golpes dados… Mi cuerpo punzaba por el dolor de los golpes recibidos. Necesitábamos un descanso, también comer algo… Y sabía que si yo no paraba el viaje, ellos no me dirían nada hasta las últimas estancias. De algún modo, en vista de los últimos momentos que pasamos con Hikari, un entendimiento mudo pasó entre nosotros. Ellos comprendían lo importante que ella se había convertido para mí, y que de ahí nacía mi desesperación por encontrarla, por tenerla de nuevo junto a mí. Pero, a pesar de que quería con toda mi alma recuperarla, ¿A qué expensas llegaría para lograrlo? No podía, ni debía, ocupar a mis amigos para aquello. Era una bendición que ellos estuvieran dispuestos a ayudarme y a apoyarme en mi desesperación. Pero seguir peleando luego de un día entero de batallas implicaba llevar sus energías más allá de sus capacidades. ¿Qué pasaría si hubiera un ataque sorpresa? ¿Y si las energía se acababan? No estaba seguro de poder defenderlos exitosamente cuando ya mis energías se estuvieran acabando.
Aunque me doliera no seguir buscándola, tenía que parar. Por ellos, por mí, por ella. Seguiríamos luego de haber recuperado las fuerzas, de eso me aseguraría, pero no ahora, no en esos momentos. Me conformaría con el sentimiento que tenía de que ella estaba bien.
"Descansemos" Dije, apartando mi vista del digivice y volviendo mi mirada hacia mi hermano, que me devolvió una incrédula.
"¿Descansar? ¿De qué estás hablando, Kouji? Tenemos que encontrar a Hikari si-…"
Levanté mi mano al nivel de rostro para pedirle que parara. Pude solidarizarme con la angustia que veía en sus ojos. Volví mi mirada hacia el lado, sintiéndome ligero mientras me transformaba en humano.
"Hemos peleado todo el día, Kouichi. Necesitamos descansar antes de seguir adelante" Razoné, volviendo mis ojos a los de él.
Su rostro tomó un semblante desconcertado. "Pero, Kouji…"
"Yo también quiero encontrarla, Kouichi" Dije, mi pecho llenándose de angustia. "Créeme, es lo que más deseo en estos momentos. Pero no podemos seguir así. Estamos agotados. ¿Qué haríamos si nos atacan demasiados enemigos? ¿Qué pasaría si descuidamos a los niños?"
Kouichi mordió su labio. "Tienes razón. Hay que descansar antes de seguir… Quizá comer algo".
Sonreí tristemente. "Sí. Saldremos a primera hora mañana".
"Me parece bien" Dijo Takuya. "J.P, Tommy y yo iremos a buscar algo de leña y agua".
"Claro. Los demás nos quedaremos cuidando a los niños y preparando la cena".
Vi como Kouichi se daba la vuelta y se dirigía hacia los niños. Discutir con él siempre había sido como discutir con mi lado más humano. Él siempre se había encargado de mantener mis decisiones y consideraciones enfocadas también en los demás, y no como solitarias y tan intrínsecamente pensadas… Según él, una decisión solidaria y emocional era buena de vez en cuando.
Cuando estábamos juntos, era un balance perfecto entre sentido y sentimiento. Claro, la situación había sido algo confusa ahora que yo había sido él que había parado el plan en consideración a los demás y él había querido mantenerse apegado a él, sean cual sean las razones. Pero ahora que lo pensaba, las razones eran un tema interesante… Y misterioso para mí.
Empecé a caminar hacia la tienda detrás de él al momento en que Zoe me alcanzaba y tomaba enlazaba mi brazo con el de ella. Recostó su cabeza en mis hombros mientras caminábamos juntos hacia la tienda. Aquel era un gesto tan común en ella que inmediatamente me causo alivio. Coloqué mi mano sobre la de ella y le sonreí. Sabía que aquel gesto era su modo de darme ánimos. Seguramente intuía que la decisión de parar la búsqueda había exigido todo mi control mental y emocional. Levantó la mirada para devolver mi sonrisa. "Gracias" Dijo suavemente, y luego se separo de mi para correr hacia los niños.
Me paré a observar la escena un momento. Los niños saltaban de Togemon, su guardián, y corrían a los brazos de Kouichi y Zoe. Reían contentos, alegres de ver que otra batalla había sido ganaba. Sonreí a sus caras alegres. Yo no sería capaz de exponerlos al peligro, no a ellos. Hikari no lo querría así tampoco. Mi tristeza se convirtió en una mueca triste. La felicidad de Hikari dependía del bienestar de los niños. Para ella, los niños siempre habían estado primero… Y lo menos que le debía era seguir su voluntad.
"Oye… Kouji".
Meneé mi cabeza y volví mi rostro hacia abajo, de donde provenía la voz. La pequeña Kyou me observaba con ojos tristes, al borde de las lágrimas. Me puse de rodillas para que estuviéramos más o menos a altura, y teniendo una idea ya del motivo de sus lágrimas, disimulando mi propia tristeza pregunté: "¿Qué sucede?"
La pequeña entrecerró los ojos mientras las lágrimas que había tratado de contener con esmero se apuñaron en sus ojos. En un abrir y cerrar de ojos la tenía sobre mi pecho mientras sollozaba el nombre de Hikari lo más silencioso que podía, sin querer llamar la atención.
La abracé con una mano mientras sobaba su cabeza con la otra, en un intento de calmarla. Como lo había pensando, la pequeña niña había pasado el último día atormentada por el bienestar de Hikari. A diferencia de los otros niños, quienes habían tomando una posición más valiente y audaz ante el secuestro, Kyou se sentía culpable al pensar de que Hikari estaba sufriendo por defenderlos a ellos. Sin embargo, y en una actitud bastante madura para su corta edad, la pequeña había decidido mantenerse fuerte para no desalentar a los demás… Inclusive a nosotros los grandes.
Reposé mi rostro al costado de su pequeña cabeza. "Te aseguro que ella está bien, Kyou. Por favor, no llores".
Luego de unos cuantos sollozos más, levantó su rostro de mi pecho y limpió sus lágrimas con la mano. "Ella… ¿Hikari está bien?"
Sonreí. "Puedo sentirlo… Ella nos espera". Cerré los ojos y visualicé su sonrisa, sus ojos brillantes. "Tienes que ser fuerte, Kyou… Encuentra tu fuerza... Por ella, por tus amigos y por nosotros. Tienes que mantenerte fuerte".
"No debo perder la esperanza nunca" Dijo temblorosa, mientras el brillo volvía a sus ojos opacados.
Palmeé su cabeza amorosamente. "Nunca la pierdas".
Sonrío y asintió alegremente y luego corrió hacia Zoe y los demás niños.
Me paré al momento en que Kouichi se acercaba hacia donde estábamos, viéndola correr a su lado.
"Estaba triste, ¿No es verdad?"
Asentí. "Está preocupada por Hikari".
Al momento sus cejas se juntaron. "¿Por qué… Por qué has decido parar la búsqueda, hermano? Sabes que hubiéramos seguido día y noche".
Suspiré mientras cerraba los ojos. "Lo sé. Es por eso que he decido pararla. Lo que te he dicho antes es verdad. No resistiremos mucho si no descansamos correctamente. Tampoco podemos darnos el lujo de descuidar a los niños".
La mirada de Kouichi se suavizó. "Sí, tienes razón". Sin embargo, había culpa atrás de ellos.
Reí suavemente, viéndolo incrédulo. "¿Creías que iba a escapar a buscarla yo solo?".
Kouichi dudó mientras me veía con cara de asombro. "Kouji, yo no…"
Tomé el digivice y lo puse frente a él, entregándoselo. "¿Crees que es porque tengo el mapa que nos lleva hacia ella? ¿Si te lo doy, confiarías en mí?"
Puso sus manos sobre el digivice y empujó mi mano de regreso a mí. "Discúlpame, hermano. No quise dudar de tus intenciones… Pero actúas tan extraño cuando se trata de ella, que no supe que pensar".
Sonreí tristemente. Claro, mi cabeza se nublaba de cualquier pensamiento lógico si de ella se trataba. Eso no podía negarlo… Pero, ¿Qué era eso que percibía en su tono de voz?
"Kouichi, yo… No es mi intención que la situación… Se salga de mi control". Frustrado, volví mi espalda a mi hermano y clavé mis ojos en las nubes negras que viajaban inquietas sobre nosotros. Lo que ella me hacía sentir… ¿Me quitaba mis facultades para dirigir? Siempre había criticado a Takuya por sus decisiones emocionales y precipitadas, siempre le aconsejé una cabeza fría, fija en el objetivo.
¿Me convertía en lo que nunca quise ser? ¿Por ella? Ya lo había considerado muchas veces, pero ahora que mi hermano me lo decía… Apreté mis manos en puños, frustrado. Yo siempre había sido capaz de balancear todo… Hasta ese momento.
Kouichi dejó caer su brazo en mi hombro y luego lo apretó. "No te preocupes, Kouji".
Quité su mano de mi hombro de golpe mientras me volvía hacia él, mi mirada llena de burla. "Que no me preocupe, ¿Bromeas, cierto? ¿Cómo podría no preocuparme si uno de mis disparates podría llevarnos a una estupidez? Es lo que me dices, ¿No? Que ya no soy confiable".
Kouichi me volvió a ver seriamente, tomando mis dos hombros con cada una de sus manos fuertemente. "Tranquilízate, ¿Sí? No te estoy diciendo eso y tampoco te estoy culpando. Todos confiamos en ti, Kouji, pero yo sé por lo que estas pasando... Sé que pedir que pienses claramente, como sueles hacerlo, es algo duro para ti en estos momentos".
Bufé. "¿Pretendes conocer como me siento? ¿Entenderme y simpatizar, Kouichi?"
¿A qué estaba llegando? No había forma de que el entendiera mi desesperación por encontrar a aquel ángel que me había capturado en cuerpo y alma.
"Sé que no serías capaz de ponernos en peligro… me preocupo por ti, Kouji".
Aparté de nuevo sus brazos con un golpe, y me aparté de él unos pasos, molesto. "No evadas la pregunta, Kouichi. Me preguntas que me está pasando… Pero ahora soy yo el que se pregunta qué te ocurre a ti".
Dio un paso hacia mí. "¿A mí? ¿De qué hablas?".
"¡Sabes perfectamente de que hablo!" Exclamé, subiendo mi tono de voz. "¿Cómo más pretendes entender lo que siento?".
"Kouji, yo…".
Me reí sarcástico. "¿No me culpas de no pensar claro? ¿Me comprendes?". Mis ojos no vacilaron en ningún momento, pues seguí dirigiéndole una mirada dura, sin perdón. No vacilé ni siquiera cuando una tristeza profunda se apoderó de sus ojos. "¿Qué es exactamente lo que comprendes, Kouichi? ¿De qué no me culpas?".
"Kouji…" Vaciló de nuevo, mirándome herido. Pero yo no podía vacilar ni un poco, ni aunque me rompiera el alma tratar a mi hermano de aquella manera. Si algo pasaba, quería enterarme ya. Si yo estaba fallando, quería que me lo dijera ya. Quería saber la verdad, me encontraba momentáneamente obsesionado con ella. No podía aceptar otra cosa que no fuese lo que mi cabeza me había estado diciendo por unos cuantos días ya, pero que me había negado a escuchar, a aceptar.
Los ojos de Kouichi de repente se tornaron fuertes al devolverme la mirada. "Kouji, eres mi hermano. ¿Por qué te estás poniendo a la defensiva? Si he dudado de tus decisiones ha sido por tu propio bien". Su mirada se suavizó en un brillo más comprensivo que me llenó de culpa. "No sé cómo… Yo sólo te entiendo. Simpatizo con lo que vives sin necesidad de que tú me lo digas".
Sorprendido, volví mi mirada apenada hacia el suelo. No podía dudar de la preocupación genuina de mi hermano hacia mí, pero… Pero, ¿Por qué no podía sacarme aquel sentimiento del pecho? ¿Aquello que me decía que había algo más ahí? Me sentía mal al dudar de mi hermano, mi otra mitad. Pero si lo que él me decía era cierto, de que poseíamos aquella conexión invencible e inequívoca, aquel sentimiento quedo existía dentro de él. Yo lo podía sentir.
Si él comprendía y no solo solidarizaba… ¿Eso significaba que él también la quería?
"Discúlpame, Kouichi" Dije finalmente después de uno minutos de silencio amargo, en los cuales tragué con angustia finalmente la posibilidad de que mi hermano y yo amásemos a la misma mujer. Retórica y sarcásticamente me pregunté si podía haber cosa más cruel. Kouichi era mi otra mitad, mi complemento… Éramos uno en muchos momentos. Pero no siempre, y si nuestra alma era compartida, no así nuestro corazón. "No sé cómo manejar esta situación con la cabeza fría".
Él rió aliviado. "No es necesario que lo hagas si sigues recordando que no estás solo".
Reí con él. "Si sigues aconsejándome que me convierta en Takuya, me enojaré en serio contigo".
Un brillo travieso pasó por los ojos de Kouichi antes de que sintiera un golpe en la parte de atrás de mi cabeza. Me froté la cabeza mientras me volvía media vuelta para ver a Takuya poniéndose el guante de nuevo mientras me veía con una sonrisa amplia.
"Si vuelves a decir eso como si no fuera un privilegio parecerse a mí, me enojaré en serio contigo".
Luego de un momento de falsa seriedad, los tres echamos a reír.
"Takuya, ¿Me aconsejas que mienta? ¿En serio?" Dije cómico, aun frotando el lugar en mi cabeza donde dejó ir el golpe. "¿A eso hemos llegado? ¿A una amistad basada en mentiras?".
Takuya golpeó la palma de su mano izquierda con su puño derecho y me sonrío malvado. "No te bastó un golpe, ¿Cierto?".
"Al contrario" Dijo una voz detrás de Takuya. "El golpe lo dejó más afectado de lo que ya estaba".
Reconocí esa voz en el mismo instante. ¿Cómo olvidarlo? Aquel ser que me había enseñado valor y coraje en nuestra visita pasada.
"¡Gotsumon!" Exclamé, apartando a Takuya para ver a mi amigo de pies a cabeza. Una alegría se apoderó de mí de pies a cabeza. Aquel pequeño digimon roca significaba más para mí de lo que cualquier podría pensar. La verdadera amistad, la verdadera entrega, la valentía… Todo había sido gracias a él.
Los dos juntamos en un movimiento rápido. "Es un gusto verte, amigo".
Los ojos de Gotsumon brillaron cuando echó un vistazo a los tres. "Vaya, si que ha pasado el tiempo".
Asentí. El tiempo nos había cambiado a nosotros, pero no le había hecho nada a él. Seguía siendo el mismo.
"Tus amigos me han dicho que se encuentran camino al castillo de Barbamon".
Mi expresión se torno seria de golpe. "Sí, para ahí nos dirigimos. Vamos en búsqueda de-…".
"La manipuladora de la luz, ¿Cierto?" Me completó, sin inmutarse.
"¿Sabes de Hikari?" Pregunté sorprendido.
"Así que ese es su nombre… No lo sabía, pero su existencia es bastante conocida en el Digimundo".
Kouichi se paró a mi lado. "¿Qué es lo que saben de ella?".
"La leyenda de la Luz de Keiko es tan conocida como la leyenda de Los Diez Guerreros Legendarios" Explicó, paseando su mirada entre Takuya, Kouichi y yo. "La profecía de la venida de la Luz de Keiko con la llegada de los ángeles negros es lo que nos ha mantenido las esperanzas de los digimon que, como yo, no se han doblegado ante la oscuridad. No sabíamos en manos de que criatura vendría, pero estábamos seguros de que ya estaría aquí para estos momentos, en especial con la situación que está pasando el Digimundo. Claro, el rumor corrió cuando los digimon curados por ella empezaron a contar sus anécdotas".
"Espera, espera" Interrumpió Takuya, avanzando hacia él. "¿Los digimon que no se doblegaron ante la oscuridad? ¿O sea que hay mas como tú?".
Gotsumon asintió. "Sí. Junto con mi comunidad, emprendimos un viaje en búsqueda de los digimon que, como nosotros, no habían caído ante las jugarretas de Los Tres Reyes. Ahora ya somos un grupo mucho más grande. Tomamos asilo en aquella montaña" Dijo, y luego señalo a una montaña al este de donde estábamos. "Es una guarida muy segura. He salido a buscarlos porque uno de nuestros guardianes vio su pelea contra los Devimons".
Sonreí. "Me alegra saber que se han mantenido fuertes ante esta situación".
El digimon golpeó su pecho rocoso con su mano y sonrió ampliamente. "Claro. ¿Qué esperabas? No dejaría que tú me salvaras de nuevo".
Reí junto con Kouichi y Takuya. Los digimon que no habían sido tomados por la sombra se habían juntado para mantenerse fuertes y cuidarse. Seguramente Hikari estaría muy contenta de oír aquellas buenas noticias.
"¿Por qué no vienen conmigo?" Ofreció Gotsumon, luego de pegar un vistazo a los demás que se encontraban atrás de nosotros. "Tenemos suficiente espacio, y también comida. Podrán descansar tranquilos antes de partir de nuevo".
"¡Genial! Iré a decirle a los demás" Exclamó Takuya entusiasmado, corriendo hacia ellos mientras gritaba el nombre de Zoe, Tommy y J.P.
"Muchas gracias, amigo" Dije, y extendí mi mano para estrechar la de él.
"No te preocupes. Es lo menos que podemos hacer por ustedes".
Sonreí aliviado. En la guarida podríamos descansar tranquilos y recuperar energías para seguir al día siguiente nuestro viaje. Volví mi mirada hacia el cielo mientras Gotsumon y Kouichi empezaban una plática. En el cielo oscuro pude ver el hermoso rostro de Hikari, sonriéndome. Mi estómago se volteó, pero ahora no fue angustia la que se apoderó de mi pecho, sino valor, determinación. Descansaría esta noche para salir con todas mis fuerzas mañana. No podía dejar que pasara más tiempo. Tenía que salvarla, y pronto. Además, mantendría la promesa que me hice a mí mismo de cuidar a mis compañeros y a los niños. Pondría todo de mi parte para cumplir esa promesa, y reunirme con Hikari lo más pronto posible.
'Aguanta un poco más, Hikari. Ya voy por ti'
"Garra Oscura".
Sin poder controlarlo, solté un grito con todas mis fuerzas mientras sentía un profundo dolor desgarrando todo mi cuerpo. ¿Cuánto había pasado ya? Había perdido la noción de todo, inclusive de mí misma. Ya no sabía si era de mañana, tarde o noche. No sabía si estaba despierta o no. Me había dado cuenta cuando un líquido caliente empezó a esparcirse en ciertas partes de mi cuerpo, pero ahora no sabía si seguía corriendo o no. Sólo conocía el dolor, un dolor intenso, que se apaciguaba por momentos solo para volver con todas sus fuerzas.
"Vamos, vamos, Hikari. No me digas que te has desmayado".
Reconocí esa voz. Pude imaginarme a su dueño en mi mente, pero no recordaba su nombre. Unas garras frías tomaron mi rostro por los lados y con fuerza lo levantaron. Me encontré viendo de cerca a un par de ojos con los que tantas veces había tenido las más crueles pesadillas. Al terminar de apreciar el dolor y sufrimiento en mi rostro, rió macabramente y luego soltó mi cabeza con un golpe.
"Antes aguantabas mucho más" Comentó, alejándose de mí unos pasos. "¿Has perdido la práctica, querida?".
Lo odiaba. Odiaba que me llamara 'querida'. El no me quería, no sentía más que desprecio por mí, y yo lo odiaba con toda mi alma. Jalé de las cuerdas que me ataban a dos postes en cada lado, mis muñecas ardiendo por la piel desgarrada.
"Sigues con energías, ¿No?".
Apreté los dientes mientras lo veía con desprecio. Yo lo conocía. Sabía quién era a la perfección. "Barbamon…"
Rió de nuevo. "Sí, querida. Ódiame. Ódiame con todas tus fuerzas y muéstrame tu poder".
Sonreí con las pocas fuerzas que me quedaban. "Aun si me matas… Jamás te entregaré la luz".
La diversión se drenó por completo de su rostro al momento en que me dirigió una mirada oscura y fría. "Así que quieres seguir jugando, ¿Eh?" Y luego dejo ir un golpe a mi rostro, furioso. Líquido caliente se dispersó en el interior de mi boca, y mi mejilla empezó a entumecerse por el impacto.
"No tienes remedio, Hikari" Dijo al voltearse, señalando a algo que no alcance a ver. "Como sigues de terca, no me dejas otra opción".
Cuando desapareció entre las sombras, una figura oscura y fornida apareció frente a mí. Mi cuerpo empezó a temblar cuando la criatura se empezó a acercar a mí. Solo estábamos él y yo en la habitación, inclusive los devimon habían desaparecido. Mientras más se acercaba, su cuerpo salía de las sombras y se presentaba ante mí.
Me sentía aturdida, agobiada, cansada; pero, aun así, aquel personaje me parecía conocido. Había visto a aquella criatura, la había apreciado y admirado muchas veces. Pero, ¿Quién era? Traté de concentrarme lo más que pude, e imágenes de la misma criatura peleando vinieron hacía mí. Imágenes de él inclusive sonriéndome aparecieron en mi mente, y aun así no podía recordar de dónde venían y quién era él. Pero no podía ser… Si en mis recuerdos su sonrisa era pura, alegre… ¿Qué hacía él ahí? ¿Había venido a salvarme?
Se detuvo a escasos pasos de mí, sólo su rostro escondido entre las sombras. Lo miré unos momentos, tratando de percibir algo detrás de las sombras. De repente, la voz de Barbamon sonó en un eco frío por la habitación. "Déjame presentarte a tu nuevo compañero de juegos". Al terminar la frase, el digimon dio un paso adelante, dejando todo su ser al descubierto.
Mis ojos se abrieron al momento en que vi su cara, sus ojos malignos viéndome con frialdad y despreció. Todo volvió a mí mientras algo pesado se asentaba en mi pecho. Lágrimas calientes se apuñaron en mis ojos y luego corrieron presurosas por mis mejillas. Ya no oía mi corazón latiendo. Inclusive el dolor físico fue disminuyendo, sobrepasado por la gran tristeza que se apoderaba de mí ser. No podía ser… No podía ser…
"Beowolfon…" Sollozé, viendo como su plante oscuro y majestuoso no cambiaba ni vacilaba. "No… Beowolfomon, por favor… Por favor, no…"
El digimon tomó una posición de ataque y en menos de un rayo de abalanzó sobre mí.
Sin poder cerrar los ojos y parar mi llanto sollocé desesperadamente su verdadero nombre en un suspiro. "Kouji…" Oí la risa macabra de Barbamos una última vez antes de que otro dolor intenso de apoderara de mí por completo.
Romaceisdead
