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La Llegada al Mundo Humano
Akashíco pasó a contarle a Brago lo que había vivido desde el momento de su llegada al mundo humano con el Bosque de las Flores Mamodo, lo cual, no era exactamente lo que Brago le había preguntado. Se había desviado otra vez del tema, y Brago no sabía si lo hacía a propósito o si de verdad le venía bien el sobrenombre: "cerebro de arena".
Ella le contó con pesar cómo terminó empequeñeciendo a su propio lector. Acababan de llegar al mundo humano con el Bosque de las Flores y tenían un solo conjuro en el libro, así que decidieron probarlo. El Juez lo conjuró y, ¡ho, qué raro! empequeñeció. Como no había otro ser humano allí, el conjuro actuó sobre él y le quitó años de vida y se los repartió entre las personas más cercanas al bosque a kilómetros de distancia.
Personas que necesitaban más edad, por ejemplo, una adolescente que deseaba cumplir la mayoría de edad para que su profesor de escuela la tomara en serio; un pequeño niño que estaba siendo molestado por otros niños porque era muy bajo, de pronto creció y empezó a perseguir a sus perseguidores; una mamá con dolor de espalda por cargar a su pequeño hijo y que deseaba que éste fuera mayor para que empezara a caminar, casi se desmaya cuando su hijo saltó de sus brazos y corrió a su alrededor alegremente...
Los años del Juez fueron repartidos de esa manera y él perdió sus recuerdos. Y prácticamente Akashíco estuvo persiguiendolo por todo el bosque para hacerse su amiga y tratar de que se interesara en su libro. Había estado cuidando de él, soportando sus juegos y bromas hasta mas no poder y se fue forzada a pedirle a Baku-chan que fuera en busca de algún humano para tomar prestados sus años de vida.
—Le dije a Baku-chan que trajera a alguien muy viejo, pero el anciano que estaba con ustedes no los acompañó hasta aquí —le explicó a Brago—. Tuve que conformarme con Sherry; no podía quitarle todos los años sin borrar su existencia de la faz de la Tierra, así que le quitamos los años que pudimos. Su señoría no alcanzó a recobrar la edad que tenía cuando sabía todo de mí, pero he trabajado muy duro para hacerme su amiga, y él no siente el impulso de tajarme con su espada, tan solo me golpea con su martillo. ¡Todo va bien!
Akashíco se acabó todo el aire de los pulmones con su explicación, y parecía que se sentía mejor al compartir su martirio con alguien más. Se levantó del suelo renovada y de pronto, se asustó.
—¿Tu quien eres? —señaló a Brago— ¿Has venido a robarme el tiempo?
