He vuelto, siendo la 1:55 am en Chile vengo a subirles capítulo.
Luego de meses logré terminar el capítulo. Primero que todo, quiero pedirle disculpas a las chicas que están en el grupo de face porque les dije que subiría el 15, luego lo corrí para el 17 y re juré que ese día lo subiría, pero en verdad llegué el 19 con el capítulo. La explicación es muy divertida. Me atacó la ley de Murphy en todo su esplendor. Como ya saben, trabajo en distintas bibliotecas, por lo mismo hay algunas donde va poquísima gente y otras donde no paro de atender. El día 17 tenía todo listo para terminar de editar, sin embargo, al llegar a mi trabajo, me encontré con más de 50 libros que había que ingresar al sistema, acondicionar para préstamos y dejarlos en vitrina y guardados. Luego de terminar todo ese trabajo que fue eterno, me avisan que tenía que ir a cubrir una biblioteca con mucho público. Estuve horas atendiendo y apenas tuve un pequeño lapsus lo utilicé para editar el capítulo. Cuando lo fui a guardar, la porquería de Word se pegó y me mandó error. Quería morir.
El día 18, ya frustrada, me encontraba en una biblioteca con menos gente, pero como nunca, aparecieron muchas personas a verme. Amigos, compañeros de trabajo, familiares, el señor del aseo, los chicos que trasladan libros… un sinfín de seres humanos que se quedaban horas conmigo y no me dejaban avanzar. Dentro de mí solo pensaba: "no prometas nunca más nada, porque Murphy te tiene mala y te va a cagar" jajajaja.
Pero lo logré. 105 páginas de muchas cosas. Ya no hay más excusas y solo dedíquense a leer para luego reventarme a tomatazos. Cualquier error que encuentren, no me digan, porque en verdad no tengo cabeza para corregir nada (es broma, díganmelo. Apenas tenga tiempo lo arreglaré) Igual intenté editar correctamente, pero luego de un rato es imposible procesar tantas ideas y uno comienza a dormirse sin quererlo.
Ahora, poniéndome seria, les contaré que mi abuela finalmente falleció y eso fue un duro golpe en su momento que me bloqueó por meses. No me gusta dar excusas y ésta tampoco lo será, solo les cuento porque en capítulo anterior hablé de ello y agradezco enormemente a todas las que escribieron dándome ánimos y mandándome toda su fe. Lamentablemente ella no resistió más tiempo, pero me queda la tranquilidad de haber estado a su lado en todo momento. Por lo mismo, este capítulo solo puede ir en dedicación a ella, a lo genial que fue conmigo mientras vivía y a pesar de que no aprendió jamás a leer ni a escribir, nos demostró que el trabajo duro y la educación no se enseñaban en una sala de clases. Ojalá, sea donde sea que esté, se encuentre mejor que nunca y me siga acompañando por siempre.
Gracias por todo, las quiero mucho y nos leemos prontamente. No olviden pedir ser agregadas al grupo de face para que así pueda tener una comunicación más directa con ustedes.
Saludos y éxito en todo :D
Pd: También me asaltaron (cuando se viene malo, pucha que no paran de pasar cosas jajjaja), como consejo, cuiden sus cosas :D
Pd2: Los review anónimos no los contestaré, porque quiero acelerar el proceso para subir el capítulo y sé que, si lo hago, estaré por horas pegada en ello. Sin embargo les digo que leí todos los que me enviaron, al igual que sus fuerzas, como también los mensajes privados y se lo agradezco enormemente, aunque vuelvo a pedirles: ¡Hagánse cuenta, por favor! xDD
Pd3: Los review con cuenta los contestaré esta semana o la otra, ya que tengo que subir el capítulo final de mi otro fic y eso me mantendrá bastante ocupada.
Pd4: SPOILER! El capítulo contiene varias escenas "lemmoneras", así que lean con precaución.
Pd5: Son 105 páginas, así que tendrán muuuuuucho para leer. Ojala no se les vuelva tedioso.
Pd6: El link del grupo es /groups/1122575671118243/ claro que antes de eso tienen que poner las 3w punto facebook punto com xD
Pd7: Mención especial para esa hermosa mujercita que recomendó el fic en una página de SasuSaku. Muchas gracias por lo que hiciste y las bonitas palabras que usaste. Me llené de felicidad por aquello y me sirvió mucho para sentirme bien en un momento tan difícil. Te lo agradezco de todo corazón.
Pd8: Fin de las posdatas.
Mi Delito
Capítulo XIV
De hombres altos, delgados y pelinegros
From this moment
From this moment
You will never be alone
We're bound together
Now and forever
The loneliness has gone
Muse: Aftermath
1.
― Tranquila, cariño. ― Sakura lanzó un largo suspiro, conteniendo levemente su pena, pero prontamente volvieron los recuerdos de lo ocurrido y se lanzó a llorar. ― Intenta calmarte. ― le pidió la rubia.
― Ino, mi mamá me mintió. ― masculló, con los dientes apretados y los ojos rojos por las lágrimas que seguían corriendo por sus mejillas. ― Ella dijo muchas cosas y me hizo detestar a mi padre.
― Tampoco es para que lo ensalces y rindas pleitesía. ― susurró su rubia amiga, pasándole el dedo pulgar por el dorso de su mano. ― No es por defender a Mebuki, pero justamente cuando tú eres famosa y ganas dinero, aparece tu padre como por arte de magia y te cuenta su versión de los hechos.
― Creo que no es el minuto para elucubrar situaciones. ― intervino Tenten, mirando a ambas chicas. ― Saku, descansa. Mañana por la mañana tendrás todo más claro. Ahora son las 4 de la madrugada, estás cansada luego de un largo día y dormir es lo único que necesitas. ― la castaña miró a Sasuke. ― A menos que tengan otros planes.
El moreno se limitó a alzar las cejas, y sin hablar apretó el cuerpo de la pelirosa contra sus brazos dejando que se desahogara sobre su pecho. Ahí, sentados en la cama, con su cuerpo entre las piernas y el rostro de ella escondido en su cuello, se sintió satisfactoriamente pleno, pero al mismo tiempo una intranquilidad lo consumía. Verla triste por cosas que, él creía, no debían sucederle, lo descomponía. Sakura le había demostrado ser una chica fuerte y aunque llevaba una historia detrás algo turbia, seguía sonriéndole a la vida, sin embargo, en ese minuto la veía terriblemente desecha y eso le molestaba, porque no sabía cómo aliviarle el dolor y poder llevar junto con ella su pesar.
― Tonta. ― dijo Sakura, sacándole la lengua y regalando una sonrisa que, a pesar de no ir dirigida a él, logró calmar sus pensamientos algunos minutos. ― Intentaré descansar.
― Es lo más prudente. ― apoyó el moreno, esperando que las amigas de la pelirosa captaran la indirecta de dejarlos solos.
― Ok, par de tortolitos. ― comenzó a decir la castaña. ― Nosotros los dejamos. ― guiñándole un ojo a Sasuke, jaloneó a la rubia y burlonamente, cerró diciendo con broche de oro: ― Ahora puedes darle duro para consolarla.
― ¡Tenten! ― gritó la pelirosa e intentó levantarse, pero Sasuke no se lo permitió al aferrarse más a su cuerpo apretándola por la cintura. El par de amigas salió sonriendo. ― Sasuke, suéltame. Tengo que ir a golpearlas.
― Eres tan salvaje. ― murmuró el moreno.
― ¿Me lo tomo como halago o insulto? ― Sakura tenía una especialidad única para convertir cualquier situación a su favor y volverlo una estúpido baboso que solo podía limitarse a mirarla, sin saber reaccionar, aunque no necesito responder, porque la cara picara de la chica cambió radicalmente a una de ternura y amor que lo encandiló ― Gracias por estar acá.
― ¿Ya estás más tranquila? ― le preguntó, respirando el perfume floral de su cabello. La chica asintió y levantó su rostro para besarle la mejilla. ― Ino no me dejó salir de la habitación para acompañarte. ― justificó el moreno, dejando claro que si no había aparecido en la escena de ella con su padre no fue por falta de ganas, sino porque tuvo que ser contenido por su guapa amiga. Se separó y la miró a sus ojos enrojecidos, pero muchos más calmos y secos. Esperaba que las lágrimas no siguiesen corriendo por sus mejillas ni dejando surcos de dolor por temas que bajo su concepto no deberían apenarla.
― He hizo bien. No quiero que se sepa mi relación contigo. ― aseveró la chica. Sasuke frunció el ceño confuso, ¿acaso quería que estuvieran escondidos porque se avergonzaba de él? La idea no se le pintó para nada agradable. ― No pienses cosas raras. Evité que mi padre te viera, porque podía ir con el chisme y te meterías en problemas. Y sabes que si eso ocurre, tendremos que separarnos y yo no quiero separarme de ti. ― dijo eso último sonrojada y sin atreverse a mirarlo.
― Y nadie podrá, tonta. ― aseguró el moreno, bajando su rostro para tomarle los labios entre los suyos y demostrarle a través de ellos todo lo que las palabras no lograban expresar.
Sasuke tenía plena certeza de que no era alguien cariñoso ni tierno. Jamás llegaría con corazones, bombones y flores donde Sakura, porque no eran su estilo, pero si podía demostrarle con pequeños gestos lo mucho que le importaba. El mismo hecho de estar así reflejaba lo que no podría hacer a través de regalos que no lo identificaban. Encontrarse tan cerca, era un combustible para su corazón que ya latía desbocado con el simple hecho de olerla. Un corazón que dejaba de ser suyo cuando la tenía cerca y le recordaba en cada pulsación que era lo que provocaba su aceleramiento.
― Tu pecho, Sasuke. ― murmuró la chica entre sus labios, poniendo la mano en el lugar nombrado. ― Está latiendo sin parar.
― ¿El tuyo no? ― preguntó receloso, intentando no verse como el único tarado que vibraba estando a su lado. Poniendo su mano grande en centro de Sakura para demostrarse que no era así, sintió que el corazón de la pelirosa también se encontraba latiendo a la par con el suyo. Sakura se sonrojó furiosamente al saberse descubierta. ― No estás mejor que yo.
― Revolucionas mi mundo. Quiero estar siempre contigo. ― Sasuke sonrió soberbio al escuchar lo que causaba en la chica.
Él tampoco quería separarse de su lado. Despertar y ver su rostro con leves pecas y nariz respingona le daba un placer inmenso. Si eso no era amor, quizás era lo más cercano que alguna vez estaría de dicho sentimiento. Era como una fuerza que lo dejaba reducido a nada, a un manojo de emociones incontrolables que no paraban de atosigarlo a todo momento. Sasuke solo sentía ganas de quedarse ahí para siempre, sin hacer ninguna otra cosa que mirarla hacer cualquier cosa.
― Sí así lo deseas, así será. ― contestó, moviéndola para que se levantara y pudiesen meterse entre las tapas. ― Ven.
― Espera. ― Sakura se bajó de la cama, yendo directo al baño para, probablemente, lavarse los dientes y remojar su rostro todavía algo hinchado. Su caminar despreocupado y sinuoso lo hizo morder su labio inferior, deleitándose por el espectáculo que daba.
Sasuke conocía a muchas mujeres: actrices de renombre, modelos, chicas playboy y una que otra miss universo, pero nunca y lo podía decir casi como un juramento y con propiedad, había visto en alguna de ellas un trasero tan bonito como el que tenía Sakura. La pelirosa poseía una retaguardia que tenía la curvatura perfecta en su espalda, además de ser muy suave y su cadera tenía el tamaño perfecto para hacer ver su cintura mucho más estrecha. Sus criterios solo le recordaban lo loco que se encontraba por ella, porque le encantaba todo lo que veía, pareciendo un crio de 15 años.
La pelirosa volvió a la habitación sabiéndose observada como si fuese la presa de un águila y sonrió al verlo ahí acostado en su cama, apoyado en su codo y en la mejor pose de dios griego. Tenía un cuerpo de ensueño que le derretía la boca cuando lo tocaba, aunque en ese momento lo tenía cubierto por una remera – que prontamente se la arrebataría – y las tapas de la cama, dejando solo a la imaginación de quién no lo conociera, que podía esconderse bajo todo ese arsenal de ropa. Por suerte ella si sabía que se escondía debajo ello y tenía la dicha de acariciarlo cuando quería.
Suavemente se metió en la cama, posicionándose de lado, cruzando sus miradas deseosas de contacto, al igual que sus miembros, que de inmediato se ciñeron en una perfecta sincronía.
― Tu trasero es espectacular. ― comentó el moreno, agradecido de tener a la chica solo para él, sin nadie interrumpiendo ni el peso de su conciencia matándolo. Sakura, luego de escuchar el piropo, se sonrojó como tomate y llegó a nuevos tonos carmesí al notar los ojos azabaches fijos en ella. ― Deberías asegurarlo. ― sugirió bromeando.
― ¿De verdad te gusta? ― Sasuke asintió, acercándose a ella para que sus vientres chocaran y sus piernas se enlazaran. ― Lo encuentro normal. ― respondió con modestia.
Sakura levantó la sábana para mirárselo, pero las manos de Sasuke fueron más rápidas y escabulléndose una por debajo y la otra por encima de su cuerpo, tomo sus glúteos de forma brusca y segura. La pelirosa sintió el deseo del moreno chocar directamente con su muslo, haciendo que contuviera el aliento.
― ¿Estás más tranquila? ― le preguntó después de un rato, pasando con desenfado las manos por sus piernas y espalda de arriba abajo, en una caricia intima, como la de una pareja consolidada.
La pelirosa enredó sus brazos por el cuello del moreno y se prendó de sus ojos oscuros. A pesar de la falta de luz, Sakura pudo captar lo brillantes que estaban, como si estuvieran emocionados. Su fuero interno solo deseaba que esa emoción fuese porque ella estaba ahí. Egoístamente quería que el moreno sintiera solo deseo por ella y nadie más.
― Sí. ― susurró, rozando su nariz con la de Sasuke y acariciándole el mentón con la misma. ― Gracias por siempre estar cuidándome. ― Sasuke lanzó un leve suspiro cuando la chica besó el punto latiente donde terminaba su mandíbula y comenzaba el cuello. ― Gracias por llevarme comida, por estar presente cuando me sentía sola, por proteger mi salud, por preocuparte para que esté bien… ― El moreno no la dejó terminar, porque tomó sus labios y la beso de forma lenta, pero muy provocadora. ― Me haces olvidar que tengo problemas. ― le dijo al separarse.
― Piensa en mí y todo estará bien. ― posesivamente, la apretó más contra él y metió su rostro en el cuello de la chica, besándolo y marcándolo al succionar donde corría su sangre enardecida por el deseo. ― Hay algo vibrando.
― Soy yo. ― respondió Sakura, suspirando excitada. Sasuke se echó hacia atrás para reír, desconcertándola. ― ¿Qué te pasa? ― preguntó molesta porque el moreno había dejado de besarla.
― En el velador hay algo vibrando. ― le dijo con tranquilidad. ― Quizás es un ¿Celular? ― la pelirosa entendió la ironía de su pregunta y se sonrojó.
― Oh, verdad. Compré un nuevo celular y es más moderno que el tuyo. ― le mostró la lengua y se giró en busca del endemoniado aparato. ― ¿Quién hablará a esta hora?
― Estamos a una gran diferencia horaria con Japón. ― la pelirosa no respondió y procedió a desbloquear el celular, cubriéndolo para que Sasuke no captara la contraseña. El moreno había sido un niño prodigo y no dudaba que con solo darle una mirada, podría recordar el patrón. ― ¿Qué tanto escondes?
― Es privado. ― Sasuke alzó una ceja. ― No te puedo mostrar todo, ¿verdad? También tengo que tener cierta privacidad.
― Si te pones así, me harás desconfiar. ― le comentó, sin abrazarla de vuelta.
La pelirosa bufando, le dio la espalda y espero pacientemente a que él se apegara, cosa que sucedió casi por inercia. Sasuke podía molestarse por cualquier idiotez, pero siempre terminaba cediendo en algún punto, o en todos los puntos si es que se ceñía a su experiencia con Sakura.
― Es un ex compañero de escuela. ― el moreno miró sobre su hombro y leyó la conversación.
― "Lamento como me comporté anteriormente. Me gustaría que volviésemos a ser amigos y si tú todavía quieres algo conmigo, quizás podríamos intentarlo…" ¿Qué mierda? ― gruñó Sasuke molesto, con el ceño fruncido y esperando explicaciones. ― ¿Cómo sabe tu número?
― ¿Esto es una escena de celos? ― el moreno contestó con un nuevo gruñido. ― No le he dado mi número telefónico. ― contestó con una tranquilidad que molestó al moreno. ― Abrí mi antiguo Facebook y llegaron muchas, pero muchas solicitudes de amistad y mensajes internos. Como yo había tenido una relación anterior con él, su mensaje salió destacado y no quedó tapado por todos los que me enviaron el resto de mis conocidos. ― explicó, moviendo el dedo por la pantalla para seguir mirando otras conversaciones y notando que su casilla de solicitudes había sobrepasado el máximo que permitía la red social.
Sakura sonrió con cierta tristeza. La gente era cruelmente hipócrita. Cuando ella no era nadie, solo una chica con sueños de estrella o más que eso, sueños de ser tomada en cuenta, nadie la miró. Ningún compañero se acercó para ser su amigo y el que lo hizo, fue por una simple broma que casi le destruyó el corazón. Chris no era un mal tipo, lo sabía, pero el daño que le había hecho al utilizarla como mofa para todos sus amigos la marcaría para siempre. Nunca quiso que la amaran con locura, pero sí que se dieran la oportunidad de conocerla, cosa que no hicieron por sus estúpidos prejuicios e ideas preconcebidas. Ahora que tenía cierta fama en el país y había aparecido en una alfombra roja, todos aparecían como si alguna vez hubiesen sido parte de su vida, buscando "amistad". Una bola de seres superficiales y sin ningún valor que claramente no entrarían dentro de su recientemente creado círculo de amistades.
― ¿Relación cibernética o algo más profundo? ― le preguntó Sasuke, recordándole que estaba ahí junto con él y que el moreno se encontraba extrañamente molesto. ― Además, no deberías abrir tu Facebook, porque sabes que Shizune maneja esa parte de tu vida. ― Sakura cerró los ojos, conteniéndose. Sabía que debía contarle.
Volteándose, se posó frente a él y apoyó su cabeza en el brazo estirado del moreno.
― Te voy a contar algo, pero primero quiero que te saques la camiseta. ― Sasuke frunció el ceño sin comprender. ― Anda, hazlo.
― ¿Por qué quieres eso? ― se encontraba molesto con él mismo por ceder con tanta facilidad sobre todo cuando estaba ciertamente enojado.
― Porque me gusta tocarte. ― Sasuke, enrolando los ojos y dando por perdida cualquier batalla en la que pudiesen enfrentarse por su enojo, lo hizo y no pudo evitar una sonrisa ganadora cuando la chica posó sus manos de inmediato en su pecho, para tocarlo.
― Cuéntame. ― exigió.
― El chico que me escribió se llama Chris. Era mi compañero de clases y el chico más perfecto que había conocido en mi vida. ― comenzó a decir, tomando aire. ― Según yo, mirarlo era una especie de regalo llegado del cielo. ― Sasuke asintió, aunque no le gustaba mucho escuchar como Sakura hablaba de ese tipo. ― Como has sabido, siempre he sido una chica problema, afectando mis estudios y mi forma de relacionarme con el resto de los seres humanos. Nadie se juntaba conmigo y estaba prácticamente apartada del resto, porque era un "mal elemento" para el grupo, al menos eso decían constantemente mis profesores. ― El moreno enlazó sus dedos con los de Sakura y los dejó así sobre su vientre, disfrutando del toque y su voz. ― Un día, él se acercó a mí muy amistosamente para hablarme de videojuegos y unos temas de internet. Como que conectamos de inmediato y comenzamos a ser amigos. Yo, tonta y creyendo que era amor lo que sentía, floté por las nubes durante mucho tiempo. Salíamos juntos a ferias de videojuegos, jugábamos en nuestras consolas tanto en físico como online y un sinfín de cosas más las cuales nos fueron acercando poco a poco. Para mí seguía siendo un chico guapísimo, pero ya no me gustaba de esa forma brutal como antes, más bien sentía una amistad bastante bonita y que me agradaba, porque hacía de mis tardes algo mucho mejor, aparte de hacerme sentir incluida eme ñ grupo… Para hacer la historia más corta, él hizo todo esto por una apuesta; con sus amigos decidieron demostrar que el diablito que tenía el curso, si podía ser domado y domesticado. Era sabido por todos mi fascinación por él, entonces se aprovecharon de ello para lastimarme. Sin embargo, en cuanto me enteré del trasfondo de esta naciente amistad deseché su falsa compañía y lo ignoré sintiéndome destrozada, porque había confiado tanto en él. Lo había dejado entrar a mi mundo y él se aprovechó de ello para burlarse todo el tiempo junto a sus amigos. ― Sasuke pensó que era un imbécil, pero aceptaba que ese tipo de situaciones se daban entre adolescentes. ― Yo le confié mis sueños y expectativas. Le conté sobre mi fascinación por ti. ― susurró avergonzada, pero para Sasuke fue un calmante y tranquilizó a la fiera que vivía dentro de él. ― Lo peor de todo, fue que le conté sobre mis abuelos pensando que era alguien confiable, ya vemos que no fue así. ― finalizó con pesar.
─ ¿Nunca te amenazó con contarle a alguien? ─ le preguntó ceñudo.
─ Nunca más volví a hablar con él como para recibir alguna amenaza o saber si le había contado a alguien. Simplemente lo eliminé de mi vida y cerré el capítulo. ─ contestó.
─ ¿Estás segura? Siento que no tuvieron un final. ― agregó el moreno de forma suspicaz.
─ Sasuke, no seas tonto. ─ le pidió Sakura, sabiendo a qué punto se dirigían todas sus preguntas. ─ No te pongas celoso.
─ No estoy celoso. Nunca lo he estado. ─ aseguró de forma arrogante, pero Sakura lo desinfló de inmediato al largarse a reír. ─ ¿Qué te pasa?
─ ¿Tú no eres celoso? ─ hizo una pedorreta. ─ Haré que te creo.
─ Es la verdad. ─ Sakura no quiso seguir picándolo y se dispuso a contemplar un poco más de la belleza masculina que Sasuke poseía.
Sus labios no eran gruesos, pero sí cálidos y cuando se juntaban con los suyos, miles de estrellas explotaban en su cabeza, gritando por él. Tenía ojos algo achinados y con tupidas pestañas oscuras, que lo hacían sonreír con la mirada, agregando su nariz recta y precisa convirtiéndolo en un espécimen de otro nivel.
Pero más allá de lo físico que podía mostrar el Uchiha menor, su mayor característica era su paciencia con ella. La forma en que la cuidaba, escuchaba e intentaba comprender era única. Aceptaba sus idas y venidas, perdonándole idioteces y se convertía en su soporte en cuanto el mundo tenía deseos de tragarla por culpa de los problemas. Sasuke fue el primero en ver sus dificultades y la acompañó dándole soluciones en vez de mostrarse indiferente. Ponía su hombro para consolarla en sus penas y le enseñaba del medio con exquisitos modales que la engatusaban. Era espectacular estar a su lado, pero no se lo diría, porque el ego del moreno llegaría a Saturno si lo hacía. La pelirosa tenía claro que Sasuke no era cariñoso, ni tierno, pero sus atenciones, su forma de ser y de mostrarse cómplice con ella cuando con el resto era un grano en el culo por lo desagradable, compensaban la falta que podía tener en eso. Aunque tampoco lo veía como falta, porque desde siempre había tenido claro de cómo era el moreno.
─ ¿Podemos irnos mañana? ─ le preguntó, acomodándose para quedar sobre su pecho. Sasuke la abrazó tiernamente y posó el mentón sobre su coronilla. ─ Quiero ir a ver a Hinata y hablar con Mebuki.
─ ¿Para qué? ¿Discutirás con ella por lo que te contó tu padre? ─ Sakura carraspeó y asintió lentamente. ─ Deberías pensarlo un poco más. No creo que haya querido lastimarte. Recuerda que te crio sola y lo hizo bien.
─ Sasuke, mi madre me quiere lejos de ti y hará lo mismo que hizo con mi papá. ─ La chica levantó el rostro y apoyo el mentón sobre su pecho para mirarlo a los ojos. ─ Si es capaz de contar mentiras para que mi propio padre no esté cerca de mí, contigo dirá cosas terribles para alejarnos. ─ Sasuke aceptó el razonamiento, pero sentía que Mebuki tendría una potente razón para haber actuado de la forma que lo había hecho. ─ Mi padre le pagó el préstamo y ella por resentimiento no lo aceptó. Con Konohamaru crecimos prácticamente solos porque ella trabajó sin parar durante nuestra niñez. Tres trabajos para poder completar las cuotas y fue por su jodido orgullo.
─ Sakura, cálmate. ─ le exigió el moreno. ─ Deben existir razones de peso. Si le sigues dando vueltas, sacarás conclusiones que probablemente se alejen de la realidad, así que basta con esto y duerme. Tus ojos están hinchados.
─ ¡No! ─ chilló la chica, dramáticamente mientras se tapaba el rostro con las manos. ─ Debo verme horrible.
─ Pareces un pequeño monstruito, que estira los labios cuando se pone triste. ─ la molestó. ─ Haces pucheros como una nena.
─ ¿Quieres burlarte de mí? Siempre termino llorando frente a ti. ─ dijo abatida. ─ Me gustaría ser más cool y mostrarme de un modo que digas: "Vaya, ella es fenomenal. No la dejaré nunca", pero siempre mis problemas sobrepasan mi vida y acabo en un mar de lágrimas y usándote a ti como pañuelo.
─ Molestia, te encuentro fenomenal. ─ aseguró, pasando el dorso de su mano por el rostro delicado y ruborizado de la chica. ─ Incluso cuando me haces berrinches te encuentro guapa.
─ ¿Berrinches? Ni siquiera lo consideras como peleas. ─ entrecerró los ojos. ─ Te haré berrinches en todos lados.
─ Ni se te ocurra, pequeña demonio. ─ Sakura soltó una leve risotada y volvió a su posición inicial, descansando para quedarse dormida.
─ Cántame algo, para poder dormir. ─ le pidió con cariño.
─ Eres muy mandona. ― le reprochó, pero aceptó de inmediato. Quería hacer que Sakura lograra descansar para olvidar un poco el mal rato pasado y ese era uno de los pocos recursos que tenía para lograrlo de forma completa.― And I, I tried so hard to let you go, But some kind of madness is swallowing me whole, , yeah (m-m-m-madness), I have finally seen the light, I have finally realized what you mean, and now, I need to know is this real love .─ Sakura lentamente fue cerrando los ojos, oyéndole cantar y disfrutando de su melodiosa voz junto a esa canción que comenzaba a convertirse en un himno para ambos. A pesar de que quería escucharlo hasta el final, no lo logró, quedándose dormida en el proceso y suspirando hondamente para dejarse caer en los brazos de Morfeo, cobijada por los de Sasuke. ─ ¿Molestia? ─ llamó, pero al no oír contestación asumió que la chica ya descansaba. ─ Estás loca.
Le besó la cabeza y la apretó contra él para ponerse a dormir, sin embargo, su estado de vigilia, que precedía al del sueño profundo, fue interrumpido.
─ Sasuke. ─ primero pensó que lo estaba llamando, pero rápidamente comprendió que la chica solo se encontraba hablando entre sueños. Probablemente soñaba con él. Inevitablemente sonrió al imaginarse a esa posibilidad. ─ Sasuke… ─ insistió. ─ Te quiero mucho.
Sasuke durante dos segundos dejó de respirar y miró la cabeza pelirosa que seguía reposando sobre su pecho. Rogó porque la chica no despertase por el tamborileo incesante de su corazón y descubriera que acaba de dejarlo convertido en cenizas. Ya no se pertenecía y el claro ejemplo fue la nueva pesadez que sintió en su pecho apenas escuchó las palabras de la chica. Era una pesadez agradable, que solo indicaba la nueva llegada de algo diferente y único, el regalo completo el cual nunca pensó tener, pero ahora que poseía, por nada del mundo lo perdería y eso era el corazón de la pelirosa. Al confesarle que lo quería, solo podía quedar claro que ella le pertenecía del mismo modo que él le pertenecía a ella.
Era algo que iba más allá de la posesividad, sino que recaía en la entrega y él, por supuesto, se había entregado por entero a la guapa chica, porque no podía negar lo inevitable o evidente, lo que residía dentro de él y que había llegado como una incómoda molestia para convertirse en su realidad.
─ Sakura. ─ murmuró Sasuke, llamándola del mismo y refugiándose en el hecho de que la chica dormía, aprovechó de liberar sus escondidos sentimientos. ─ Yo también te quiero. Y mucho. ― sentenció con solemnidad, dándole más énfasis a su confesión y cargándola con un amor casi infinito.
Sasuke, luego de liberarse del nudo que tenía en la garganta, cerró los ojos y se durmió de inmediato, aliviado y medio enamorado. Ya se había despojado de todo y le encantaba la sensación.
2.
― Yo quería quedarme más tiempo en Estados Unidos. ― sobre el avión iba Ino reclamando mientras miraba a sus amigas. Tenten tenía puesto los audífonos y dormía plácidamente como si viajar 14 horas fuese solo un paseo. Al otro lado, Sakura iba conversando con Sasuke y dando cabezazos porque traía mucho sueño acumulado, probablemente por el mal dormir de la noche anterior. ― Nadie me escucha. ― reclamó al aire, cruzándose de brazos.
Al levantar la cabeza, vio como Itachi, que había tomado asiento mucho más adelante, le hacía un gesto para que fuera donde él. Ella le respondió meneando la cabeza en una negativa y burlándose por no aceptarlo.
― Ino, Itachi te llama. ― le dijo Sakura a su lado. ― Podrías ir a ver que quiere. ― sugirió como quién no quiere la cosa, porque la pelirosa ya se había percatado de que algo ocurría ahí. Además estando sola con Sasuke, tendría la posibilidad de comérselo a besos y dormir cobijada por sus brazos.
― Solo me tratas de echar porque quieres agarrarte a besos con Sasuke. ― le dijo Ino, sabiendo de antemano que eso sucedería. ― Shizune me pidió que te cuidara de las manos que… ¡Oye! ― Sasuke había puesto su mano en el muslo de la pelirosa y lo acariciaba de arriba abajo. Mirando fijamente a la rubia, le indicó mudamente que se fuera. ― No dejaré a mi amiga para que tú te aproveches.
― La próxima vez no te traeré en mi avión, Ino. ― Tanto Sakura como ella abrieron la boca y boquearon, sin poder formular las preguntas. ― Sí, chicas listas, éste avión es mío, ¿Por qué creen que vamos solos?
― Pensé que era el ala Premium del avión. ― musitó Sakura. ― ¿Tanto dinero tienes?
― Es más bien de la banda. Lo usamos para no tener que viajar en vuelos comerciales. ― les contó el moreno, sin entrar en mayores detalles.
― ¿Y tienen chocolate? ― preguntó Sakura. ― Muero por una deliciosa tableta de chocolate.
― ¿Por qué no compraste en el aeropuerto? ― le reprochó Sasuke.
― Porque no me dejaste moverme de tu lado. Todo el mundo se enterará que estamos juntos si sigues siendo tan aprehensivo conmigo. No dejas que haga nada. ― le hizo ver la pelirosa.
― Aah, comenzarán con sus problemas. ― dijo Ino con tono cansino y preparándose para correr de ahí. ― Iré a recorrer el avión privado.
― Te acompañaré… ― dijo Sakura, pero Sasuke no se lo permitió, al tomarla en brazos y sentarla sobre sus muslos. ― Mejor no.
Ino vio cómo su amiga se aferraba al cuello del moreno y éste le hablaba al oído haciéndola reír. Moviendo la cabeza, se levantó y fue a mirar que podría encontrar de interesante en el "reducido" espacio.
Fue hasta la cola del lugar y todo era como los aviones normales, aunque mucho más pequeño. También se encontró que tras una cortina había un asiento alargado, acolchado y aterciopelado. Era un espacio privado para descansar y no escuchar el bullicio que muy probablemente se formaría en el avión cuando estaba toda la banda arriba. Ino supo que ese lugar solo podía ser utilizado por Sasuke o quizás Neji, porque el resto siempre tenía energía incluso para hacer volar esa máquina sin necesidad de combustible. Shika dormía en cualquier parte, sin importarle el bullicio, así que tenía la certeza de que no se movería de su asiento para recorrer otros lugares del avión buscando comodidad.
― ¿Puedo sentarme a tu lado? ― Ino miró al recién llegado que no había sentido entrar y enroló los ojos, aunque bromeando.
― No estoy sentada. ― le hizo ver con evidencia, pero Itachi la ignoró y se sentó. ― ¿Dejaste solo a Kakashi?
― Estaba durmiendo sobre mi hombro y no era para nada agradable. ― le comentó con tranquilidad, mientras se acomodaba. ― ¿Y tú? ¿No estabas con Saku y Sasuke?
― Digamos que se pusieron en plan romántico y eso no fue algo agradable de ver. ― le contó la rubia, sentándose a su lado. ― Sabes que cuando se ponen empalagosos, ni una espátula hirviendo los separa.
― Les pegó duro. ― dijo el pelilargo, con cierto grado de incredulidad.
― Pero creo que hay límites y ellos los superan todos. ― la acotación de Ino lo hizo reír con soltura. ― Ni que fuera el mejor chiste de la historia.
― A pesar de verte tan tímida muchas veces o contenida, tienes un humor bastante acido.
― Yo lo llamaría "ser realista". ― Itachi se alzó de hombros. ― ¿No estás cansado?
― Por primera vez no. Está siendo un viaje tranquilo en comparación a otros, donde tenía que estar pendiente de todo.
― ¿Y Sasuke?
― Bueno, él fue controlado por tu amiga. ― ambos asintieron. ― Es raro no verlo queriendo ir de fiesta o que esté tan tierno con una mujer. Antes de que Kakashi se durmiera, me dijo que le impactaba ver la forma de actuar de mi hermano. Es como otro Sasuke.
― El poder del amor. ― murmuró la rubia, levantando las piernas para abrazar sus rodillas. ― ¿Y usted, señor Itachi? ¿No se perdió en éste viaje con alguna mujer de piernas eternas y ojos gatunos? ― El pelilargo alzó una ceja.
― Hay una sola chica con la que me gustaría perderme. Tiene unas piernas fenomenales y los ojos azules más profundos que he visto jamás. ― Ino se sonrojó. ― Pero no creo que quiera escuchar mis halagos.
― Ella no está lista para una relación. ― dijo Ino con temor, mirando al frente y sonriendo con cautela. ― Aunque no se niega a nada. ― Itachi, quién creía que seguía estar ladrando a una pared, se encontró con esa gran puerta abierta y sin dar espacio a que se cerrara, arrinconó a la rubia, posando ambos brazos a los lados de su cabeza. ― ¿Qué te pasa?
― Podríamos probar. No te forzaré a nada. ― le aseguró, acercando su rostro al de ella, pero Ino se echó hacia atrás, aunque eso no minó las ganas del pelilargo. ― Si no quieres una relación, no la tengamos.
― Itachi, ya hablamos de esto. ― le recordó ella, sintiendo sus manos temblar al tenerlo tan cerca y rozando su nariz con la de él. ― No podemos mezclar…
― Eres tan malditamente guapa, Ino. No te das cuenta de lo que me provocas. ― con suavidad, hizo chocar sus narices, para luego acercar sus labios a los rosas abiertos y anhelantes de la rubia.
Los acarició lentamente, tanteando el terreno y abrió la boca para tomar su labio inferior entre sus dientes, pero todo se vio interrumpido por una turbulencia que movió el avión con brusquedad, separándolos.
― ¿Qué fue eso? ― preguntó la rubia con temor, empujando por los hombros y mirando hacia todos lados con sus ojos como platos.
― Una turbulencia. ― dijo Itachi con voz cansina, pasándose la mano por la cara para volver a recomponerse y calmar sus ganas. ― Mantente tranquila, ya pasará.
Un nuevo movimiento remeció el avión, provocando un respingo en el cuerpo de la chica, quién temerosa se acercó al costado de Itachi y le tomó la mano, buscando su confort.
― Tengo miedo. ― susurró, aterrada.
― ¿No tuvieron turbulencias en el viaje hacia estados unidos? ― Ino negó, mordiendo su labio. ― Ven, no pasará nada.
Pasó su brazo sobre los hombros delgados de la rubia y la apegó a su cuerpo, con la cabeza de la chica dando directo a su pecho. Ino se aferró a su remera y convirtió sus manos en puños fieros que no lo dejarían escapar a menos que se los retirara de forma brusca.
― Esto se mueve fuerte. ― Itachi sonrió apenado. Estuvo a un paso de poder saborearla por completo, pero las malditas turbulencias le quitaron la posibilidad, aunque no todo era malo; tenerla así, tan dependiente de él era un completo placer.
― Para que un avión se caiga tienen que ser turbulencias muy brutales y estas no lo son.
Su voz quedó silenciada al sentir el avión moverse con una brusquedad superior a la común que logró hacer relampaguear las luces. Desde el techo cayeron las mascarillas de oxígeno que dieron frente a sus rostros. Itachi se percató de que no era una simple turbulencia y se lo confirmó al ver a la aeromoza correr hacia ellos, ordenándoles ponerse los cinturones.
― Itachi, vamos a morir. ― la voz ahogada y los ojos llenos de lágrimas lo asustaron y temiendo que entrara en una crisis de angustia, le tomó las manos y la apretó todavía más contra su pecho, sin olvidar ponerle la mascarilla en caso de que algo peor sucediera. ― Maldita sea, no me quiero morir.
― Y no morirás. ― le respondió él, lo más seguro que pudo, intentando acomodarle la mascarilla sobre su boca.
Sin embargo, Ino se la sacó y lo miró fijamente, con sus ojos azules abiertos a más no poder y que gritaban a través de ellos el pavor que sentía.
― Necesito decirte algo. ― Itachi bufó, e intentó nuevamente ponerle la mascarilla, que por segunda vez fue dejada de lado. ― Escúchame.
― ¿No puedes esperar a qué sea en otro minuto? Estamos en peligro y necesitas ponerte esto. ― le informó él, de forma irónica y molestándose al ver su testarudez.
― No, me escucharás aunque sea lo último que haga. ― le hizo ver la rubia, temblando porque las últimas palabras tenían mucha cercanía con una posible realidad. ― Itachi, no te conozco hace mucho, pero me gustas.
El pelilargo guardó silencio y la miró fijamente sin expresión.
― ¿Justo ahora, Ino? ¿Justo ahora cuando creemos que el avión se va a caer? ― le reprochó el pelilargo, completamente herido. Era injusto que ahora ella le comentara sobre sus sentimientos, cuando llevaba tiempo intentando que lo mirara con algo más que recelo. ― No puedes hacer esto. ― le reclamó.
― Eres uno de los mejores hombres que conozco. Si sobrevivimos, podemos salir como si fuese una cita. ― le dijo, con su labio inferior temblando. ― Lo intentaré sin temor.
― Juro que te estoy odiando, Yamanaka. ― aseguró el moreno, mirando hacia el techo y bufando contra él. ― Y vamos a sobrevivir, así que tienes que atenerte a lo que estás diciendo y te obligaré a cumplir tu palabra.
― Y si no… ― la rubia no aguantó más., temiendo que sería la última oportunidad que tendría con el Uchiha y dejando de lado cualquier traba mental, lo tomó por las mejillas y juntó sus labios en un beso brusco, que partió como un simple choque de bocas.
Itachi por inercia levantó su mano y la puso tras la cabeza de la chica, empujando con su lengua para profundizar el beso, encontrándose sin ninguna barrera por parte de la hermosa rubia. El pelilargo enganchó su otro brazo en el cuerpo voluptuoso de la amiga íntima de su cuñada y recorrió con sus labios expertos, los tímidos y deseosos de la rubia, sonriendo interiormente al sentirla tan entregada.
Apenas su lengua rozó la de Ino, cada una de sus terminaciones nerviosas se pusieron en alerta y lanzaron alarmas muy sonoras de que comenzaba a hervir por dentro, pero a Itachi no le importó; quería estar con la chica a como diera lugar y disfrutaría de lo poco y nada que pudiesen darse en ese minuto, aunque manteniendo la promesa que en cualquier otro momento terminarían lo empezado. Ino ya había dado el pie para lo que se venía. La estaba dando el espacio para que pudiese maniobrar y de ese modo poder tener algún tipo de relación con ella. Ya no habría negativa que lo pudiese detener con la chica.
Un gemido suave salió desde la garganta de la rubia, enardeciendo sus sentidos aún más. Itachi se juró a sí mismo, intentar por todos los medios seguir provocando dichas sensaciones en ella. Escucharla sin inhibiciones clamando su nombre, rogando porque la tomara y no dejara ni un rastro de otro tipo en su cuerpo, cosa que sin necesidad de invitación haría una y otra vez sin parar. La tomaría de una forma que Ino jamás en su vida hubiese esperado y le mostraría que para hacer el amor siempre él iba a ser el mejor. Lo recordaría como lo mejor y se enfocaría en que eso fuese siempre así.
― Lamento interrumpirlos, pero ya pasamos las turbulencias. ― Tanto Ino como Itachi se separaron, mirándose confusos. ― Vuelvan pronto a sus asientos. Aterrizaremos en 30 minutos. ― les avisó la aeromoza, caminando de vuelta por donde había venido sin ningún tipo de expresión.
La rubia sostuvo una mirada perdida y sin saber que decir, porque las palabras sobraban. Estaba aterrada por su comportamiento y a eso se le agregaba la sensación de que se había liberado con Itachi, quedando expuesta frente a él.
― Supongo que es mejor que volvamos a los asientos. ― sugirió temblorosa, sin atreverse a mirarlo. ― Yo… creo que me voy.
La chica se levantó y a pesar de que quería huir, se decepcionó al ver que el moreno siquiera se movía de su asiento. No había reacción por parte del Uchiha. Suspirando, se largó, olvidando por completo dicho episodio y prometiendo mostrarse sorprendida cuando se lo sacara en el rostro.
Ino siguió con esa línea de pensamientos para salvaguardar su orgullo y no vio la reacción idiota que tuvo el moreno pelilargo. Itachi, como si de un colegial se tratara, sonrió posando sus dedos en los labios todavía sensibles y húmedos gracias a los besos dados por la chica.
― Ino, ahora sí que no te salvas.
3.
─ No llevas ni dos minutos acá y ya te vas. ─ Tenten bufó por lo alto y le envió una mirada asesina a su gran amigo de toda la vida. Tsubasa sabía ponerse muy desagradable cuando menos requería que lo fuera. ─ Ni siquiera me llamaste en todos los días que estuviste allá. Podrías haber tenido un accidente y yo me enteraba cuando llegase el féretro o la llamada de la embajada pidiendo repatriarte.
― Primero llegarían personeros de gobierno y después el féretro. ― respondió ella, con una vena culta que solo le servía para irse por la tangente cuando el momento lo necesitaba.
― Como sea. ― masculló molesto. ― ¿Por qué no llamaste?
─ Eres un llorón. ─ se burló la muchacha, sacando prendas de su gran maleta. ─ Estuve muy ocupada haciéndole el vestido a Sakura, además de otras situaciones. ─ Su amigo alzó una ceja. ─ Ok, ¿Qué quieres saber?
─ La prensa rosa de acá…
─ Claramente partirías con eso. ─ reclamó al aire la castaña. ─ Deja de consumir esa mierda y abre los ojos a la vida real.
─ … comienza a pensar que una de ustedes tiene alguna relación con Sasuke. ─ Tenten paró de hacer lo que estaba haciendo y miró pálidamente a Tsubasa, luego de que él ignorara sus palabras. ─ ¿Ahora me oyes?
─ ¿Qué andan diciendo? ─ el rubio se dejó caer en el sofá, de brazos cruzados. ─ ¡Por favor, Tsubasita!
─ Eres terrible, Tenten. ─ completamente herido, el hombre volteó la cabeza, pero siguió hablando respecto a lo que sabía. ― Se comenta que tú o la chica rubia tendrían algún tipo de "amistad" con Sasuke, porque ya van varias salidas donde los han retratado juntos. ― de reojo, vio palidecer a su amiga. ― ¿Por qué no me dices que sucede y me quitas la incertidumbre de imaginarme escenarios que posiblemente no son? ¿Te acuestas con ese Dios o es la chica rubia?
― ¿Qué sospechas tú? ― necesitaba oír las teorías de su amigo, para poder crear desde su perspectiva una verdad a medias que los librara a todos. ― Con pelos y señales.
― Supongo que la rubia es la que debe estar relacionada con él. Tú me lo hubieses contado, aunque el último tiempo te has convertido en una muy mala amiga que ni siquiera tiene la amabilidad de hacer acto de presencia. ― le reprochó cobrando sentimientos. La castaña se sentó a un lado de su amigo, con la mirada perdida. ― ¿Acaso no me dirás con quién se encama con el tigre blanco? Te pasarías para mala amiga al no soltar la verdadera bomba. Sabes que no puedo tener la información desde una persona directa y hacerme el desentendido frente a eso. ― Tenten volvió su mirada hacia Tsubasa.
― La que se acuesta con Sasuke es Sakura. ― susurró insegura, soltando la verdad sin ningún tipo de anestesia.
― ¿Qué…? ¿La chica de…? ― la castaña asintió. ― Oh, por Dios. ¡Eso es grave! ― chilló, impactado. ― ¿Cómo permites que se cometa… ― el rubio miró hacia todos lados y continuó susurrando? ― pedofilia a tu alrededor?
― No es una relación sexual del todo. ― defendió la chica. ― Suena difícil de creer, pero es cosa de mirar a Sasuke y entenderás que pasa. En un principio suena como algo terrible, pero no es tan así. Ellos se quieren y todos los que estamos alrededor lo notamos.
― ¿Cómo se van a querer? Se conocen algo así como 5 minutos y ya se quieren. Ni siquiera en un mundo de fantasías, con unicornios voladores y árboles de sushi eso sucedería. ― Tenten se levantó y volvió a su tarea. ― Déjate de hacer eso y hablemos. No entiendo nada.
― Es como te dije. Sasuke está enamorado de Sakura, se le nota a leguas y la respeta como nadie. ― aseguró, volviendo a la tarea de sacar ropa de su valija. ― Es más, yo diría que la que está desesperada por tener sexo es Sakura, no él. Es muy bonito mirarlos interactuar. De verdad, en cuanto tengas la oportunidad de conocerlos de cerca, notarás esa cofradía que tienen ambos al mirarse. Es como si no existiese nada más y descoloca, porque Sasuke es un tipo con recorrido y muy apático, pero no puede esconder la cara de baboso que pone cuando la ve pasar o está a su lado.
― Es retorcido y enfermo. ― continuo Tsubasa sin entender nada.
― Sakura tiene 16 años, no 12. Deja el melodrama. ― le pidió cansada. ― La prensa es tu peor enemigo, Tsubasa. Deberías dejar de consumirla.
― ¿Sabes porque nacen estos rumores? Porque se les vio entrando al departamento que Sasuke tiene en Los Ángeles. Se cree que usan a los productores para cubrir alguna historia amorosa y por lo que veo es así, con la diferencia de que no se trata de una mayor de edad. En cuanto se enteren… ― elucubró sin acabar la frase, pero dejando el rebote de la hecatombe que se crearía.
― Nadie en la producción sabe lo que sucede. Solo Kakashi y Yamato, pero nada confirmado. Y sí así fuera, no es tema que nosotros tengamos derecho a criticar. Nadie elige de quien enamorarse. ― culminó con cierto deje de melancolía, que no pasó desapercibido por su amigo.
― En el departamento estaba el resto de la banda. ― comenzó a picar el rubio, esperando una respuesta. ― Te encontraste con Neji, ¿verdad? ― Tenten solo alzó un hombro, intentando verse desenfadada para no tener que hablar de eso. ― ¿Tuvieron algo?
― No. ― respondió con vehemencia inusual, haciendo comprender a su amigo que ese simple monosílabo era incorrecto y muy alejado de la verdad. ― Deja de mirarme así. ― le pidió molesta.
― Entonces dime la verdad. ― exigió con brusquedad, sabiendo que algo más se tejía bajo ese manto de cautela que cubría a su amiga de toda la vida. ― Quiero que me cuentes que pasó contigo y ese ser humano que no entra en la categoría de hombre.
― ¡Nada! ¡No pasó nada! ― chilló descontrolada, aumentando las sospechas muy acertadas de Tsubasa.
― Eso es doble negación, así que sí ocurrió algo. ― sentenció, levantándose de su asiento. ― O me lo dices tú o llamo a tus nuevas amigas y les sonsaco información bajo amenazas ya que tengo una vasta información para ponerlas en problemas.
― ¿Esto lo haces por celos ya que he conocido gente nueva? ― preguntó, intentando desviar la atención. ― Me decepcionarías un montón si actuaras de esa forma.
― Siempre regresas a mí, bonita, así que celos es lo que menos tengo, pero si tengo una vena curiosa que muere por saber que hiciste en cuanto viste a Neji de frente y quiero la verdad, Tenten. Llevas tiempo guardando información y yo no soy tan estúpido como para no darme cuenta, solo te estaba dando el tiempo para que fueras tú quién hablara, pero ya vemos que no lo hiciste, así que apresúrate y anda cantando todo lo que pasó en Los Ángeles.
― Te estás volviendo como un grano en el culo, ¿sabías? ― Tsubasa se alzó de hombros. ― ¡Solo lo vi y ya!
― Claro y yo soy amigo de Sasuke Uchiha. ― Tenten bufó como toro furioso. ― ¡Habla!
― Pues no puedo hablar sobre algo que no… ¡Maldita sea, Tsubasa, no me grites! ― La chica lanzó lejos uno de sus sweaters en claro gesto de enojo.
― Tú estás chillando y evitando responder. ― le recriminó. ― No te hablaré más si…
― ¡Me acosté con Neji y no una, sino que dos veces! ― el rubio quedo con las palabras en la boca y estupefacto, intentando procesar la información.
Lentamente, en su frente se fue formando una arruga y su entrecejo se contrajo en evidente enfado. La rabia y decepción le pegaron de lleno, desconcertándolo.
― ¿Por qué te haces esto, Tenten? ― le preguntó incrédulo, sin comprender a su amiga y volviendo a sentarse. ― El tipo ha sido una bestia contigo y tú vas y te acuestas con él a la primera oportunidad que se te presenta. ¿Acaso te gusta ser maltratada? ― insistió, sintiendo lastima por la chica e impotencia por lo que se hacía. Podía amarla con su vida, pero no escatimaría en gastos para dejarle claro que era una completa imbécil que obraba mal.
― Ya lo sé, soy una tonta, pero entiéndeme, es superior a mí. ― contestó, gesticulando con las manos y moviéndose nerviosamente. ― él tiene algo que logra descolocarme. Me desespera, lo odio, pero no puedo negarme. Es como una fuerza que me lleva directamente a lo malo y no tengo las defensas para detenerme. Lo intento y mucho, pero es cosa de verlo dos segundos y olvido mi nombre y todo lo que he pasado por él. Dejo de ser yo en cuanto nos cruzamos. ― susurró apenada, cayendo sentada a su lado.
― Estás siendo egoísta contigo misma. ― escupió, sin querer mirarla, porque una pena lo consumía. Tenten era esa hermana que le había entregado la vida y verla humillada por alguien que no la merecía le daba asco. ― Supongo que te cuidaste. ― sugirió abatido.
― No me cuide. ― susurró, limpiando una de las lágrimas que caía por su mejilla.
― Maldita sea, Tenten. ― masculló el chico, golpeándose la frente. ― ¿Y si te quedas embarazada? ¿Si te contagió de algo? Recuerda que su novia se acuesta con cualquier cosa que exude mucho dinero.
― No quedaré embarazada porque tomo pastillas. ― respondió, tranquilizándole por esa parte. ― Y no pensé mucho cuando estuvimos juntos. Fue cosa de minutos, donde nos sacamos la ropa a tirones y terminamos teniendo sexo.
Tsubasa sabía que, si veía sus lágrimas, se desmoronaría junto a ella y no la regañaría del modo que creía correcto, por eso no se atrevía a mirarla. Tenten necesitaba ser incomprendida y presionada para reaccionar. El verse sin el apoyo de sus más cercanos la ayudaría a entender que estaba siendo pasada a llevar por un tipo sin escrúpulos. No obstante, no pudo fingir que no le dolía verla mal y aguantándose la rabia que sentía por la situación, la envolvió entre sus brazos dejando que diera rienda suelta a su llanto oscuro que nacía desde el dolor que el Hyuga le provocaba.
Ella no se merecía eso y hacerle entender que no podía permitirse estar con un tipo de esa calaña, sería tarea difícil, pero no imposible.
― ¿Lo amas demasiado? ― le preguntó el rubio, con la voz quebrada y aferrándola contra su pecho.
― Lo suficiente como para dejarme pisotear de éste modo. ― contesto, hipeando y sonriendo con pena. ― Es tan posesivo, que me persigue y busca. Yo no soy la que va tras él.
― Pero tú se lo permites, Tenten. Si tuvieses la fortaleza de negarte y dejarle claro que no quieres nada con él, lo harías saber con firmeza y terminarías este círculo que te hace tan infeliz. ― Tsubasa le acarició el cabello con cariño. ― ¿Recuerdas como terminaste la primera vez? ― la castaña dio un leve asentimiento. ― Dejaste de vivir por él. Casi moriste y estuviste sola, porque tu puto padre no te acompañó en nada. Neji te basureó haciéndote sentir como una prostituta barata. Si te hubiese tirado dinero, hubieses acabado siendo por completo su… su perra. ― con dolor, la oyó gemir desesperadamente. ― Yo sequé tus lágrimas, yo te levanté de la cama, yo te vestí y bañé mientras volvías a renacer. El hecho de que permitas ser pasada a llevar de ésta forma por el mismo imbécil, es como si todo lo que yo di por ti no hubiese servido de nada. Como si no valiese la pena.
― ¿Me abandonarás? ― le pregunto temerosa, recordando con terror como había sido desplazada por su propia sangre cuando más los necesitó.
―Ni aunque te casaras con ese infeliz, podría abandonarte. ― la tranquilizó, leyendo en su mirada los pensamientos que la atormentaban. ― Eres la hermana que elegí para toda mi vida y siempre… ―le alzó el rostro por el mentón. ― escúchame bien, siempre te cuidaré, no agaches tu cabeza por nadie. Ahora levanta tu trasero, ordena esa ropa, sécate las lágrimas y te prepararé algo para comer. Luego de todo eso, te vas a descansar y yo haré el aseo de todo el departamento.
― ¿Hay un orden de prioridades? ― preguntó, jugueteando para dejar atrás el amargo momento. ― Tengo que ir donde Hinata.
― Solo me importa que descanses. El resto queda a criterio tuyo. ─ contestó. ─ Ah, y no saldrás a ninguna parte hasta que duermas un poco, ¿me oíste?
─ Sí. ─ susurró la chica.
Tenten terminó de hacer todo lo que debía y se sentó sobre su cama, lista para dormir algunas horas y lograr reponerse del famoso jet lag. En cuanto despertara, partiría a ver a Hinata para darle el apoyo necesario en esos momentos tan terribles.
A pesar de que el cabecilla del clan Hyuga estaba fuera de peligro, seguía internado y en estado delicado. Por lo mismo, su amiga de hermosos ojos alabastros, prácticamente vivía en el hospital, acompañada por Naruto y su infinita bondad. Procuraría no encontrarse con el pelilargo, pero sí su suerte le jugaba una mala pasada, sería cabeza fría y recordaría el porqué de su visita. No porque odiara al primo de Hinata, no la acompañaría en un momento difícil cuando más requería de compañía.
Sacándose los zapatos, se echó sobre la cama, pero antes retiró el celular de sus bolsillos. Lo miró casi por inercia y se encontró con 4 llamadas perdidas y un mensaje de texto. Temerosa por lo que podía hallar, desbloqueó la pantalla y palideció de inmediato.
4 llamadas de HyugaMalNacido.
1 mensaje de HyugaMalNacido
Necesito verte.
Y todo volvía a empezar otra vez.
4.
Con sus manos en los bolsillos y los ojos perdidos, caminó por la calle vacía mirando con lejanía los escaparates que se presentaban frente a él como la opción más cercana para que dejara de pensar, aunque la tarea era titánica, casi imposible, porque sus pensamientos estaban volando y rememorando una y otra vez lo vivido, sin parar y la pena que llevaba a cuestas solo servía como combustible para seguir siendo la comidilla de su cabeza.
Sus pies se detuvieron en una intersección, cuando un grupo de 3 chicas se le acercó con cautela y luego causaron un griterío digno de fans de Sasuke. Suigetsu las miró sintiéndose ajeno y desconcertado.
― Eres Hozuki, el ganador del Oscar. ― no fue una pregunta y Suigetsu pensó que no era necesario responder a una oración tan evidente. ― Eres mucho más delgado de lo que te ves en la televisión. Y más guapo. ― El peliblanco la miraba sin comprender.
― Tani, lo atosigas. ― dijo una pelirroja de caderas voluptuosas. ― Estamos de fiesta y ahora nos vamos a casa, ¿no te gustaría acompañarnos? ― Más que una proposición lasciva, parecía un escape de todo el dolor que llevaba encima. ― Es sin compromiso.
― No queremos encamarnos contigo, Suigetsu. ― la voz de una morena alta y con piernas delgadas, interrumpió a su amiga. ― Me llamo Sakura.
― Y somos lesbianas. ― aportó la primera, una chica de pelo muy corto y castaño. ― Te vemos algo complicado y si sigues caminando solo por acá te puede suceder algo.
― ¿No son prostitutas? ― su voz le sonó tan extraña, como si no fuera él. Llevaba tantas horas sin escucharse, que en ese minuto todo le parecía fuera de sí.
― Creo que no, campeón. ― la risa de la pelirroja fue un bálsamo calmante y Suigetsu esbozó una pequeña sonrisa. ― Venga, súbete al carro que está más allá.
― Creo que no es buena idea. Él es demasiado famoso y nosotras no.
― No creo que eso sea una excusa para no subirle el ánimo, Sakura. ― reprochó la castaña. ― Me llamo Yumi, por si acaso.
― Y yo Tatiana… ― Suigetsu la miró desconcertada. ― Sí, soy latina o más bien mis padres son latinos, por eso el nombre.
― No tienes los ojos rajados. ― fue el único aporte del peliblanco, antes de subirse al carro verde musgo y desconectar su cabeza, lográndolo en cosa de minutos.
…
Suigetsu miró hacia todos lados sin entender dónde estaba, ni con quien estaba. Su último recuerdo era de él yendo en su carro feliz para encontrarse con Karin, pero su llegada era una nebulosa poco clara, que no lograba recordar, hasta que pasado unos segundos todo le cayó de sopetón destrozándolo.
¿Para qué lo había buscado? Pensó.
Se sentó sobre la alfombra que había hecho de cama para su cuerpo y abrazó sus piernas contra el pecho. El olor del tabaco húmedo y tostadas calientes le ayudaron a recordar todo lo vivido, todo el dolor que casi le cortaba el aliento. Todo el daño que Karin le había vuelto a infligir y con alevosía. Cerró los ojos y los apretó con fuerza, intentando no recordar la imagen que se repetía sin parar en su cabeza. No quería volver a verse a sí mismo frente a ella, gritando y desquiciándose por lo que había visto. ¿Cómo era tan mala? ¿En qué corazón cabía tanta maldad? Ella lo buscó, ella le envió un mensaje. ¿Acaso no podía a través de los mismos dejarle claro que solo quería contarle que ya estaba con otro? ¿Tenía que verla besándose con él para entender que su relación era un caso perdido?
No tenía las respuestas para una cabeza que no paraba de hacerse preguntas y no entendía nada. Karin era maligna y quedó demostrado de la peor forma, más todavía cuando su ex suegra salió de la casa a echarlo sin contemplaciones y gritándole todas las cosas que pensaba de él sin ningún reparo.
― ¿Quieres café? ― la pelirroja le puso una taza humeante con el brebaje enfrente, pero Suigetsu se negó a beberlo, haciendo la cara a un lado con un gesto de asco. ― No seas así, apenas has comido.
― No tengo hambre. ― su voz salió como de ultratumba. ― ¿Dónde estamos?
― En el centro de Tokio. ― Suigetsu intentó pararse, pero sus piernas bailaron como gelatina, dejándolo caer otra vez sobre su trasero. La chica enrolando los ojos, lo ayudó a levantarse con esfuerzo. ― Venga, deja de ser peso muerto y ponte de pie.
― ¿Estoy ebrio? ― La chica negó con la cabeza.
― Ni siquiera bebiste. Apenas entramos comenzaste a divagar y caíste en la inconciencia. Como Yumi es enfermera te revisó de inmediato y vimos que solo era un desmayo por cansancio y te dejamos ahí, porque reclamabas al intentar llevarte a otro lado.
― Lamento los inconvenientes. ― dijo el peliblanco, pasando su mano por el rostro. ― Es mejor que me vaya.
― Antes de hacerlo, por favor come algo. ― a duras penas logró convencerlo.
Suigetsu solo respondía con monosílabos y evasivas. Sus ojos ni siquiera se levantaban para mirar a la chica.
― Gracias. ― susurró despacio y envolviendo la taza con sus manos. ― No sé qué me pasó.
― Te rompieron el corazón, eso fue lo que te pasó. ― dijo la recién llegada Sakura, sentándose a su lado. ― Hablabas sobre tu ex novia y que ahora estaba con el maldito pájaro.
― Hiroto. ― agregó Yumi, también sentándose en la mesa y sirviéndose una tostada. ― Gritabas que era un mal nacido que te había quitado tu gran amor. ― Suigetsu agachó la cabeza todavía más.
― Ella me buscó y cuando fui a su encuentro, la pillé besándose con él en la entrada de su casa como si no hubiese nadie alrededor. ― Suigetsu mordió su labio tembloroso para no llorar. Anteriormente, la primera vez que lo dejó, mucho lo había hecho, así que en esta nueva situación se prometió a sí mismo no dejarse caer, por mucho que le doliera hasta el pelo. ― Soy un imbécil.
― ¿Y qué pasó?
Suigetsu se perdió en la taza y sonrió con tristeza, recordando lo sucedido.
El peliblanco aceleró el auto al ritmo de su corazón, expectante y deseoso de ver a Karin. Su mensaje lo había llenado de emoción, dándole una razón para ser más feliz de lo que alguna vez deseo. Tener un Oscar, trabajar en una gran película, pero sobretodo estar con ella, eran los ingredientes necesarios para sentir que en su vida ya había hecho de todo y solo le quedaba disfrutar de los frutos que con tanto esfuerzo había conseguido.
Apenas llegó a su casa, dejó la maleta, se bañó y partió directamente a su encuentro, aceptando a medias las felicitaciones de su madre y diciéndole que volvería a cenar con ella en compañía de su guapa pelirroja. La mujer solo había puesta una mueca, aunque el peliblanco sabía que ya aceptaba mucho más a la chica y no pondría peros si la llevaba con él.
Al llegar a la esquina del barrio donde vivía la chica, sus palpitaciones se aceleraron fuertemente y comenzó a respirar con cierta dificultad por los nervios. Su única razón para calmarse fue saber que ella lo estaba esperando. De corazón deseaba que su ex suegra no tuviese problemas con verlos nuevamente y pudiesen llevar una relación más apacible, porque estaba decidido a comenzar nuevamente con la pelirroja.
― Karin, Karin. ― susurró como letanía y se detuvo frente a su casa, listo para bajarse, pero su mundo dio un drástico giro que, de no haberlo tenido sentado, lo habría tumbado de espalda. ― ¿Qué…?
La pelirroja estaba entre los brazos de Hiroto, abrazados de forma muy estrecha, para luego levantar su rostro y ella misma besarlo. No fue algo largo ni profundo, pero el hecho de que ella hubiese dado el paso para ello lo destrozó.
Casi corriendo llegó a su lado y jaló a Hiroto por el hombro, propinándole un certero puñetazo en la nariz, reventándosela y manchando su ropa con sangre. Cuando iba a lanzarse sobre él, la mamá de Karin salió de la casa y lo agarró de su brazo echándolo atrás.
― ¡¿Qué te pasa?! ― le gritó la mujer al verlo tan furioso, pero Suigetsu tenía si mirada fija en Karin, que se tapaba la boca con una mano y estaba tan pálida como una sábana. ― ¡Te estoy hablando!
― Pregúntele a su hija. ― masculló entre dientes. ― ¿Para esto me buscaste? ¿Para dejarme claro que estás con él? Eres despreciable, Karin. ― le dijo, odiándola como nunca esperó hacerlo.
― No insultes a mi hija, maldito. ― su ex suegra lo empujó para que se largara mientras Karin seguía en su estado de estupefacción. ― Lárgate.
― ¿No dirás nada? ¿Fingirás que es mi culpa como siempre lo haces? Siempre yo, Karin, para todo fui yo. Tus errores eran mis cargas, tus dolores eran parte de mí y me haces esto. ― meneó la cabeza sin creerlo. ― Eres lo peor. Me destruiste, ¿te hace feliz?
― Suigetsu… ― susurró ella con los ojos anegados en lágrimas.
― Suigetsu nada, maldita sea. ― el peliblanco metió sus manos dentro del cabello enloquecido y la miró con asco. ― Pudiste habérmelo dicho, que te habías enamorado de otro en vez de darme esas excusas tan imbéciles donde me echabas la culpa de detener tus sueños. ― escupió con furia. ― Y yo sintiéndome miserable por no estar junto contigo, odiándome y matándome pensando en que había hecho mal sin querer ver la realidad. Era obvio que esto en algún minuto iba a suceder, pero nunca esperé que tú, la mujer que decía amarme tuviese hiel en las venas.
― Mira, Suigetsu, de verdad lo besé, pero no… ― Karin intentó agarrarlo, pero de un manotazo Suigetsu se corrió hacia atrás, repeliendo de su contacto. ― Puedes calmarte y hablaremos como gente civilizada. Si yo te llamé fue para decirte algo que nos compete a los dos.
― Por favor, Karin. Lo que nos competía a los dos tú lo mataste. Y ahora lo acabas de enterrar. ― Se volteó sin querer verla nunca más, pero la mano de la chica se aferró a su camisa. ― Suéltame o no me haré cargo de lo que haga. ― la amenazó, soltándose de su agarre con un solo jalón.
― Escúchame, aunque sea 5 minutos. Si quieres irte después de que hablemos yo lo entenderé. Te lo aseguro. ― la voz de la chica salía temblorosa. ― Por favor, Suigetsu. Te lo ruego.
― Nada de lo que puedas decirme me interesa, Karin. ― No quiso voltearse a mirarla, no podía porque no sabía de lo que sería capaz. Era tanta la mierda que lo corroía, que se creía capaz de cualquier locura. ― Déjame en paz.
― Suigetsu, escúchame. ― el peliblanco simplemente la ignoró y siguió caminando obviando que ella corría tras él.
― ¡Karin, en tu estado es peligroso que lo sigas! ― el grito de su ex suegra lo detuvo, haciéndole detenerse. ― Si él no quiere saber de ti déjalo ir.
― ¡Mamá, es mi culpa! ― el peliblanco la miró sobre su hombro. ― Suigetsu, estoy embarazada. ― posando su mano en el vientre, le dio más teatralidad a su confesión. ― Vas a ser padre en 7 meses más aproximadamente.
El tiempo se detuvo, al igual que la respiración de Suigetsu. No era capaz de procesar o más bien procesaba tan rápido la información que superaba su mente y no lograba retener nada. Boqueó como pez fuera del agua, aterrado, confuso, pero sobretodo desconcertado. Ellos se habían separado hace ya algún tiempo y que ahora saliera embarazada era una jugada maestra. Después de lo visto ¿Quién le aseguraba que ese bebé fuese suyo? Quizás trataba de encalillárselo luego de verlo en televisión ganando el premio más importante de la televisión. ¿Ahora su familia lo aceptaba porque era lo mejor de lo mejor dentro de su profesión?
― Suigetsu, Karin no miente. ― el peliblanco miró a la mujer que se posó frente a él. Sus rasgos eran muy parecidos a los de su ex novia, no obstante las arrugas que tenía entre sus cejas eran clara muestra de su mal genio. ― Yo soy la que más rechaza su relación, pero no puedo negar lo evidente. Karin espera un bebé tuyo y mereces ser parte de ello.
― ¿Y quién me garantiza que ese bebé es mío? ― su pregunta fue como un golpe en el rostro de la mujer. ― No me interesa tener nada que ver con ustedes. Déjeme pasar.
― Te vas a arrepentir. ― sus palabras no eran una amenaza, sino que una advertencia de un futuro posiblemente terrible. ― Siempre pensé que eras el imbécil más grande, pero no te tenía por cobarde, hasta ahora. Tu pose de machito golpeando al amigo de mi hija solo habla de tu inestabilidad mental y que no mereces ser parte del proceso.
― ¿Acaso usted defendería mis supuestos derechos de padre? ― bufó. ― Me detesta porque un día se le ocurrió que odiarme compatibilizaba con lo creía que le daba tener un título universitario. Siempre me encontró poca cosa, haciéndome sentir inferior. Trabajé sin parar por horas para demostrar que podía ser el mejor y llegar lejos, pero nada les bastó. Era más fácil hablar pestes e imaginarse que yo era una escoria antes de darme una oportunidad. ― miró a Karin que tras él se tapaba la boca llorando. ― A esa chica que llora fingidamente yo la amé con toda mi alma. Planeé un futuro juntos y mis logros siempre fueron para ella. Todo era por ella y me dejó de la nada, para ahora llamarme y refregarme en la cara que está con otro. ¿Espera que le crea? ¿De verdad me ve como alguien tan idiota que podrán hacerle creer una mentira? Me subestima como siempre. ― la esquivó para poder escapar de lo que sentía. Estar ahí le provocaba sentimientos que nunca esperó sentir, cosas malas y dolorosas.
― Al menos… Al menos Hiroto me dio su apoyo. ― dijo la pelirroja entre hipidos. ― Él prometió no abandonarme y menos escapar como lo estás haciendo tú.
― Entonces no me busques más. ― le respondió el peliblanco, sintiendo su pecho oprimido, pero levantando el mentón a pesar del dolor. Sus palabras eran como puñaladas en su pecho. ― Eres libre de hacer la mierda que quieras.
― ¿No asumirás con el bebé? ― le preguntó Karin, temblorosa y caminando otra vez hacia él.
― ¿Qué bebé? ¿El que tendrás con ese hijo de puta que está sentado ahí llorando porque le di un puñetazo?
― Este hijo no es de Hiroto. ― respondió consternada y gritando. ― ¡Es tuyo!
― Sé feliz, Karin y ojala Hiroto sea tan genial y te quiera la mitad de lo que alguna vez te quise yo. ― Karin derramó todavía más lágrimas y se acuclilló del dolor. ― Adiós.
No quiso verla caer, porque terminaría cediendo, pero escuchar su voz quebrada lo destrozó tanto como verla en brazos del pájaro. Cuando se encontró frente a su carro vio el auto del tipo y una furia cegadora le veló el raciocinio, descontrolándolo. Sabiendo que después se arrepentiría, agarró una roca prominente que había en el suelo y la dio contra el parabrisas, rompiéndolo en mil pedazos.
― ¡¿Qué haces?! ― el grito de Hiroto lo enfureció todavía más y se subió al capo, saltando arriba de él y pateando los pedazos del cristal que habían quedado colgando. ― ¡Karin!
― Yo lo pagaré. ― dijo la madre de la chica, mirando con tristeza la reacción del peliblanco. ― Esto es mi culpa. ― susurró para sí misma, mirando a su hija llorando de rodillas en el suelo, a su amigo con la nariz rota y sangrando, y a Suigetsu completamente descontrolado.
― Mamá, haz algo. Cálmalo. ― le pidió la pelirroja entre hipidos.
Y como podría calmarlo, pensó Suigetsu. La odiaba como a nadie, casi tanto como odiaba a Karin y todo lo que su nombre conllevaba.
Cuando ya se vio libre de su dolor, se bajó del auto destrozado y los miró a todos, haciéndose una idea de que eran como un cuadro que reflejaba solo pesar.
― Hasta nunca. ― escupió, abriendo los brazos y cerrando la escena.
Subiéndose a su carro, se juró nunca más volver.
― Creo captar que te has acordado de todo lo que sucedió anoche. ― le molestó Sakura, bostezando. ― Solo mantente tranquilo, porque nosotras no te hicimos nada.
― ¿Te sientes mejor? ― le preguntó Yumi mirándolo fijamente. ― Cualquier molestia que sientas no dudes en avisarme. Estaré aquí para ayudarte.
― Y ten presente que las puertas de este lugar siempre estarán abiertas para ti. ― acotó Tani, sonriendo abiertamente, remarcando los hoyuelos de sus mejillas. ― Si aquella chica no te supo valorar, aquí tendrás 3 que te apoyaran.
Suigetsu solo asintió sin hacer mayores gestos. Tenía claro que no volvería a ese lugar y no porque lo hubiesen tratado mal, sino porque simplemente no quería estar en ninguna parte que le recordara la terrible noche que había pasado. Palabras y situaciones que lo habían destruido por dentro.
― Ve a bañarte si así lo deseas. ― el peliblanco tomó la toalla que le entregaba Sakura y se metió en el cuarto que le indicaron.
En cuanto se encontró solo, se despojó de toda su ropa y se miró en el espejo del baño sintiéndose ajeno a sí mismo. El Suigetsu hablador ya no estaba. El Suigetsu de buen humor tampoco. Sus ojos violetas estaban tan fríos que hasta a él mismo le causaban terror. Su piel pálida mucho más que antes y con los parpados hinchados. Su cuerpo reflejaba somatizando de manera muy evidente sus emociones. Demostraba lo que por dentro lo carcomía y era chocante. Su dolor era verdadero y en cierta medida purificador. Sabía que no terminaría en el corto plazo, ni siquiera en el largo, que sería constante y sin darle chance a un descanso, pero que aprendería a vivir y levantaría la cabeza. Pensar en Karin lo destrozaba, más todavía al recordar que iba a ser madre. Cada minuto que pasaba le daba más certeza de que el bebé que esperaba no era suyo, porque siempre se había cuidado cuando estuvieron juntos y las pastillas tenían muy poco porcentaje de fallo, pero más que esa explicación, la que más validez le daba a su punto era que Karin jamás hubiese quedado embarazada, porque su carrera estaba antes que todo, sin darle espacio para que el destino moviera los hilos y quedase esperando un bebé. Karin era una maldita genio y como maldita genio tenía claro cómo protegerse de la natalidad no deseada más que cualquier otra persona.
La odiaba, claro que lo hacía. Lo había terminado por reventar contra el suelo, despojándolo de todo lo lindo que alguna vez fue su relación. No podía desconocer que pasaron por muchas cosas, pero esto último empañó cualquier recuerdo anterior por muy bueno o malo que fuera. Karin había logrado resetear su relación para dejar solamente ese momento estático en su mente.
Toda su furia se desató todavía más cuando se encontró con su celular y vio todas las llamadas junto a mensajes que llegaban de su parte. Ni siquiera los abrió para ver que decían. Los borró de inmediato y se metió bajo el agua, bañándose para sacar la suciedad de su fatídica noche atrás.
Ya listo y con la misma ropa del día anterior puesta, salió del baño intentando secarse el cabello.
― Creo que deberías ver esto. ― Yumi lo jaló por la muñeca y mostrándole el televisor, se echó atrás.
Suigetsu se vio a sí mismo en una seguidilla de fotos y un video de baja calidad donde lo mostraban destrozando el carro de Hiroto y a Karin tirada en el suelo llorando. La escena era algo cómica si se veía desde la lejanía, pero ver nuevamente ese momento lo descolocó casi tanto como lo había hecho ver a Karin con su amigo, que tuvo que cerrar los ojos y alejarse.
― Gracias por todo. ― fue su despedida y salió por la puerta en busca del algún taxi. Ni siquiera sabía dónde estaba su carro como para ir a buscarlo, por lo mismo decidió tomar camino a su casa y enfrentarse a su madre, que probablemente también lo estaría esperando para reprenderlo por no avisarle que no llegaría y por las imágenes expuestas en televisión, pero nada de lo que esperó fue con lo que se encontró.
― Cariño. ― su madre lo refugió entre los brazos y se lanzó a llorar. ― Este no eres tú. Lo que dicen en la televisión de ti es una mentira. Ella te debe haber hecho algo para que reaccionaras así, ¿verdad? ― le preguntó desesperada, acunando su rostro con las manos. ― Dímelo.
― Ya no tendrás que soportarla como nuera. ― respondió. ― Nunca más.
― ¿Qué te hizo para que causaras tanto espectáculo, Suigetsu? ¿Qué te hizo?
― Ella… ella me rompió. ― y fue el turno de él para aferrarse a su madre como un niño desconsolado, que pierde su juguete favorito, que se rompe las rodillas al caer al suelo. Que es dejado por la mujer que ama. ― Me engañó y yo no… no podía… no puedo dejar… de quererla. ― hipeó.
― Venga, corazón, bota todo. Yo seré tu hombro para siempre. ― calmándose de a poco, se dejó caer en el abrazo y su cuerpo agotado por toda la carga emocional, le rogó por una superficie mullida.
Su madre logró llevarlo a la cama, dejándolo ahí, hasta verlo dormir por acariciarle el cabello.
― Mamá. ― la llamó despacio, antes de quedarse dormida. ―Gracias por estar aquí.
― Otro día celebramos tu premio. Ahora solo duerme.
Suigetsu aceptó y durmió largamente. Solo quería ser despertado cuando la tormenta hubiese pasado, o en el mejor de los casos, cuando el nombre de Karin no fuese nombrado.
5.
─ ¡Sakura! ─ La peliazul se lanzó a los brazos de su amiga recibiendo de su parte una caricia en la espalda y cabello intentando entregarle contención con esos gestos. ─ Me hiciste mucha falta.
─ Odié estar tan lejos sabiendo que me necesitabas. ─ le comentó la chica, separándose un poco de Hinata para limpiarle las lágrimas. ─ ¿Cómo sigue?
─ Evoluciona muy lento. ─ Le contó, secando sus mejillas con el dorso de la mano. ─ El doctor dice que lo trajimos a tiempo y si no es porque Naruto le hizo reanimación, hubiese muerto. ─ La pelirosa contuvo su mueca de lastima, pero sintió una pena gigante por su amiga. ─ Todo esto es mi culpa.
─ ¿Cómo va a ser tu culpa, tontuela? ─ la retó tiernamente. ─ Tu papá quizás traía este problema desde antes y nunca quiso tratarse. ─ supuso la chica. ─ No te sientas mal por algo que no te compete.
— Podría haber sido menos altanera al hablarle. Quizás no estaríamos en esta situación si no me hubiese enfrentado con tanta brusquedad contra él. —Sakura volvió a abrazar sin responder. No tenía las palabras reconfortantes que necesitaba oír su amiga.
— Tomemos asiento. — propuso la pelirosa, tomándole con delicadeza la mano. Hinata luego de calmarse, apoyó su cabeza en el hombro de Sakura y se relajó. — ¿Naruto?
— Fue a su departamento a cambiarse ropa. Aprovecha cuando estoy en la escuela para hacer otras cosas. — mordió su labio.
― ¿Tsunade no te ha dado libre? ― Hinata asintió.
― Me ha dado ciertas libertades, pero me pidió que fuera durante las mañanas para no perder tantas clases. Salgo mucho más temprano que el resto y luego el chofer que tenemos en casa, trae a Hanabi para que podamos estar con papá. ― le contó.
― Naruto ha sido un gran apoyo, ¿verdad? ― la peliazul sonrió a pesar de su tristeza.
― No me ha dejado sola. Llega acá, me trae cosas para comer y no es ramen instantáneo. ― bromeó con dulzura la peliazul, haciendo sonreír a Sakura. ― Se preocupa de hacer los deberes con Hanabi y nos lleva a casa para que descansemos. Los primeros días no quería irme de acá y él me convenció de que debía dormir un poco para poder estar entera sin derrumbarme, porque bastaba y sobraba con dos Hyuga ingresados. ― Sakura no entendió eso último. ― Mi madre está con una crisis nerviosa tan grande, que es incapaz de entrar a verlo, entonces la tienen dopada unas salas más allá.
― No había pensado en ella. ― murmuró Sakura. ― ¿Qué dice?
― Apenas si habla. A pesar de que papá ya pasó por lo más terrible, ella sigue creyendo que puede morir, así que se encuentra bajo los efectos de medicamentos para calmar sus nervios.
― En síntesis, tú te estás haciendo cargo de todo, ¿verdad? ― Hinata negó.
― Es Neji el que se hizo cargo de todo. ― apenada, se pasó las manos por el rostro. ― Ha firmado los papeles necesarios y es su dinero el que está pagando todo el tratamiento. Él no ha descansado ni un poco.
― ¿Puedo preguntar el porqué de tanto apego de Neji con ustedes? Ni siquiera se ha ido de su casa. ― inquirió la pelirosa.
― Neji no tiene padres. Mis tíos fallecieron en un trágico accidente cuando él apenas tenía 5 años, entonces mi padre se hizo cargo de su tutela. Lo educó y crio como un hijo. Yo no lo veo solo como un primo, es más bien un hermano para nosotras y nunca ha habido diferencias entre nosotros. ― dijo Hinata.
― ¿Por eso sigue viviendo con ustedes? ― preguntó Sakura.
― Sí y no quiere dejarnos, aunque él tiene su departamento y se queda varios días de la semana en él. ― le contó. ― Ahí es donde se junta con Mei y mantiene su relación.
― ¿Tampoco la apruebas? ― la peliazul hizo una mueca.
― No es eso, pero siento que ella no es del todo sincera con Neji, por eso no me gusta. Igualmente no es algo que me corresponda opinar y me mantengo al margen. ― aseguró. ― Antes de que se me olvide, te veías preciosa en los premios.
― ¿Tú crees? ― Hinata asintió. ― Tú ayudaste con el vestido, así que claramente sería algo que me quedaría como guante. ― ambas se sonrieron. ― Puedes contar conmigo para lo que necesitas, Hinata. ― tomándole las manos, miró fijamente los ojos grandes y alabastros de la chica. ― Ahora somos amigas y las amigas están para todo, así que no dudes en buscarme si necesitas algo.
― Solo necesito un abrazo y descansar. ― le confesó la peliazul, volviendo a apoyar su cabeza en el hombro de Sakura. ― ¿Cómo ha ido todo con Sasuke?
― Pregunta directa, ¿eh? ― ambas rieron. ― Todo ha ido de maravilla. Luego de llamarte llorando porque creía que él se había acostado con otra, Tenten me confesó que había sido ella la dueña de las bragas que me había encontrado.
― ¿Se acostó con Tenten? ―preguntó sorprendida la Hyuga y se incorporó nuevamente para mirarla fijamente. ― No lo puedo creer.
― En realidad Tenten se acostó con tu primo, no con Sasuke. ― Hinata se tapó la boca con su mano. ― Cuando nos dijo, quedamos igual que tú, pero está tan enamorada que claramente va a permitir ciertas cosas que nosotras no tranzaríamos. Puede molestarnos, pero Tenten es lo suficientemente grande para saber lo que hace.
― Neji no puede comportarse de ese modo. La va a lastimar. ― arguyó Hinata. ― Además está con Mei.
― Ya ves que no le importó mucho su relación con ella. ― dijo Sakura. ― Pero son adultos, Hinata. Saben perfectamente lo que hacen. ― Insistió la pelirosa.
― ¿Cuántos años tiene Tenten? ― le preguntó Hinata.
― 19 años, pero pronto estará de cumpleaños. ― respondió la pelirosa. ― ¿Vamos por algo para comer? Estuve reunida con Tsunade toda la mañana, así que no he comido mucho, además de tener otras preocupaciones.
― ¿Estaban discutiendo lo de tu salida de la escuela? ― Sakura asintió. ― ¿Qué dijo?
― Me dijo que para el próximo año me haría un examen para ingresar al último curso, que mi cupo seguiría disponible, pero si no sacaba una buena calificación en ese examen, me lo quitaría, porque a pesar de dejar la escuela, tengo que seguir con profesores particulares que se acomodarán a mis horarios de grabación. ― le contó ― Estuvo presente Mebuki y Shizune en la reunión.
― ¿Shizune? ― preguntó dudosa la peliazul.
― Se me había olvidado contarte. Ahora tengo manager. ― jugando, hizo un gesto de clara soberbia que hizo sonreír a Hinata. ― Se llama Shizune y se encarga de todo lo relacionado con mi carrera, además de concertarme citas y tener un equipo completo que maneja mis redes sociales, así que ponle me gusta a mi página oficial. ― Tomaron asiento una frente a la otra y esperaron a que llegara alguien para hacer su pedido. ― Solo mi Instagram será personal y manejado por mí. El resto recae en las manos de un chico que se llama Nagato. ― le contó con su cara sonriente. ― Y no te imaginas lo que sucedió cuando Shizune le dijo a Mebuki que era mejor sacarme de la escuela. Se negó de inmediato, casi armo un escándalo, pero mi hermosa y perfecta manager la convenció dándole buenas razones, como el cansancio que tendría y el poco tiempo, además de prometerle que mis estudios no quedarían en la deriva ni mucho menos atrasados. Entre las dos buscarán buenos profesores.
― Así que entre grabaciones estudiarás, ¿verdad? ― comprendió Hinata.
― Sí, andaré corriendo, pero más descansada. También irán a mi casa a importunarme. ― Sakura hizo un puchero burlón. ― No llevo ni 12 horas en el país y ya he tenido que hacer varias cosas, además de tener una pelea en espera con mi madre.
― ¿Qué les pasó ahora? ― Sakura miró hacia todos lados.
― Mi padre apareció. ― Hinata abrió los ojos como platos. ― Me contó que ella nunca le permitió acercarse. Que le pasó dinero, pero nunca se lo recibió y que las veces que redimirse por sus acciones, ella no se lo permitió.
― ¿Y qué piensas sobre eso? ― quiso saber la peliazul, jugando con la servilleta.
― Estoy muy molesta. ― aseguró, con la voz algo quebrada y sus mejillas sonrosadas. ― Mebuki no tenía derecho a apartarme de mi padre por sus problemas de pareja. Él solo quería estar con nosotros.
― ¿Estás segura de que fue así? ― preguntó con timidez, temiendo la reacción de la chica y se arrepintió al verla abatida. ― En fin…
― No lo sé, Hinata. ― respondió pasado algunos segundos. ― Quiero creer en su palabra y pelear con Mebuki, pero no tengo claro que si lo que dice es verdad, entonces enojarme tampoco es la mejor decisión. Hoy cuando la vi y me saludó con un abrazo apretado, mi corazón saltó de felicidad, porque al fin y al cabo es mi madre y la extrañé. No pude no abrazarla fuertemente, por muy enojada que estuviera. Hay momentos en que uno si necesita a su progenitora y aunque nunca lo reconoceré frente a ella, estos días en Estados Unidos me hicieron pensar en ello y echarla un montón de menos. ― confesó la pelirosa, mirando a un lado.
― Es algo obvio, Sakura. No te avergüences de tus sentimientos. ― Hinata le agarró la mano. ― Habla con ella y pregúntale que sucede en verdad. Es sospechoso que tu padre aparezca ahora, cuando tienes fama y tanto dinero.
― Algo así me dijeron las chicas. ― soltando el aire en un bufido, volvió a recomponer el gesto para luego apretar el entrecejo. ― Oye, debería ser yo la que te consuele a ti, no tú a mí. Tu padre está enfermo y me la he pasado cargándote con mis problemas y noticias. ― molesta consigo misma, buscó cambiar el tema por algo a lo que ambas les gustaba hablar. ― Sígueme contando sobre Naruto, ¿cómo está él?
Pararon un segundo la conversación mientras eran atendidas por el mesero, hasta que se fue y todo se reanudó en donde lo habían dejado.
― No me ha hablado mucho, solo se preocupa de que coma y descanse. Ayuda a Neji con lo del papeleo y eso, pero nuestra relación está algo estancada. ― Haciendo una mueca, continuó. ― Creo que se siente culpable por lo que pasó. Después de discutir con él, mi padre cayó con el infarto.
― Es muy probable que piense que es su culpa. ― supuso la pelirosa. ― Pero tú debes estar tranquila. Sin que te des cuenta, todo volverá a la normalidad y podrás volver a disfrutar de tu novio.
― Novio… ― susurró al aire. ― Es raro decir eso. Tengo novio.
― Tu primer novio. ― dijo una emocionada Sakura. ― Y vaya que novio. ― bromeó.
Hinata se limitó a sonrojarse y pensar en el rubio que compartía ahora su vida con la de ella. Era despistado y muchas veces inoportuno, pero se sentía querida y protegida por él. En los momentos más difíciles de su padre, fueron sus brazos los que la sostuvieron, fue su calor el que la acompañó en todo momento y sus palabras de aliento la motivaron a no desmoronarse. Quizás en ese minuto estuviesen algo entrampados por todo lo que acontecía, pero tenía la certeza que apenas todo pasara, volverían a hablar y ella recalcaría que su amor no lo iba a abandonar.
― Hola, Sakura. ― Hinata se giró al escuchar la voz tan característica, como si pensar en el él, hubiese servido de llamada para que se presentara frente a ellas. ― Hola, Hinata. ― la saludó más suavemente, con amor.
― Hola, Naruto. ― contestó al saludo la pelirosa, invitándolo a tomar asiento, cosa que hizo de inmediato. ― ¿Cómo has estado? ― quiso saber la chica.
― Estaba cocinando algo para Hinata, pero por lo que veo, ya están listas para comer otra cosa.
― Es que necesitamos carbohidratos para funcionar como corresponde. ― aseguró Sakura, risueña. ― Dulces, azúcar, pasteles y comida chatarra.
― Están muy delgadas las dos. ― las retó Naruto mientras avanzaba lentamente con su mano por la mesa para tomar la de Hinata. ― ¿Cómo has estado? No me avisaste que habías llegado. Podría haberme venido antes para estar contigo.
― No quise molestarte. También necesitas descansar. ― respondió la chica, sonrojada, pero no a un extremo casi extraterrenal. ― ¿Dormiste?
― Sí, hasta hace algunas horas. Apenas pasé a dejarlas, me fui a la cama. ― le contó, incluyendo a Hanabi en sus palabras. ― Tuve que juntarme con Shikamaru para reorganizar la agenda, tomando en cuenta que Neji está preocupado de todo lo que conlleva tener a tu padre acá y Sasuke estará full grabando para la película. ― Sakura apoyó su último comentario con un gesto de cabeza. ― Kiba está tan pendiente de tu padre, como lo está de su boda.
― ¿Cuándo será? ― preguntó la pelirosa, dándole un mordisco a su emparedado.
― Creo que la retrasaron para unos meses más. Natsuki dice que no tiene apuro, pero Kiba está desesperado por ponerle el anillo. ― bromeó Naruto. ― Está muy enamorado.
― Los hombres enamorados hacen idioteces. ― susurró Sakura, recordando al tonto que tenía por "amigo" que en diversas ocasiones le había demostrado lo que era capaz de hacer por ella, aunque no quería ahondar si estaba enamorado de ella o no, porque comenzaría a sufrir. ― ¿Cuándo se juntará la banda nuevamente?
― En un par de días. Queremos que el señor Hyuga salga de acá para volver a normalizar todo. ― le contó Naruto, entrelazando sus dedos con los de Hinata. ― Esperemos que eso suceda pronto.
― Tengo la esperanza de que sea así. ― contestó Hinata, con renovadas ganas y sonriéndole tímidamente a su novio.
― Yo también. ― la apoyó Naruto. Sakura se sintió como el mal tercio, pero rápidamente volvieron a conversar los 3 como si nada, riendo en ciertas ocasiones y disfrutando de sus sándwiches. ― Hinata, me juntaré con Shikamaru, así que aprovecho que Sakura está acá contigo para ir y así no quedas sola.
La peliazul hizo una mueca.
― Iré por una… ― no se le ocurrió que decir y decidió solo levantarse. ― vuelvo de inmediato. ― Sakura los dejó solos. Comprendió por los gestos que hacia su amiga, que ésta buscaba una oportunidad para tener una conversación de pareja con el rubio.
― ¿Pasa algo? ― la chica soltó la mano de Naruto y miró hacia otro lado contrariada. ― Hinata, puedes hablarme de cualquier cosa. ― le recordó poniéndose serio.
Era impactante ver esa faceta tan madura que poseía el rubio. Una faceta tan escondida y única, que muy pocos tenían la suerte de conocerla. Hinata era una de las pocas y agradecía enormemente aquello. Y dándose impulso por ello, aceptó que debía hablar con la verdad y hacer las preguntas aunque le doliesen en el alma sus respuestas.
― Sí. Quiero saber para dónde vamos. ― Naruto no comprendió a que se refería y frunció el ceño. Hinata volvió la cara y lo miro a sus ojos azules con fijeza y transparencia. ― Quiero saber si estamos juntos o esto nos separará.
― ¿Tienes dudas? ― el rubio se sobó la nuca, pero volvió a recomponerse, mirando hacia una puerta que daba a un patio interior cubierto de verde. ― Ven, acompáñame.
― Naruto… ― reclamó la chica, pensando que su novio se quería hacer el desentendido, pero cuando se vio sentada en una banca, que era protegida por un gran árbol y con los brazos de Naruto a su alrededor, guardó sus objeciones para sí misma y se dispuso a oír.
― Te quiero, Hinata. Tanto que me aterroriza. ― la peliazul pestañeó sorprendida, más aún cuando vio los ojos del rubio tan brillantes como dos faroles que resplandecían por sus emociones y sentimientos que comenzaban a quedar al descubierto. ― Te he amado de distintas formas y en todas sus intensidades, pero soy realista y sé que tu padre esta acá por mi culpa. Yo no quiero hacerte elegir y la parte más egoísta de mí no permitiría que te alejaras, sin embargo, si tú ya no quieres estar conmigo, de verdad lo entenderé. Razones tienes de sobra… ― Hinata le puso un dedo en los labios.
― Dilo de nuevo, por favor. ― susurró con la voz entrecortada.
― ¿Qué cosa? ― Hinata bajó la mano y le acunó su mejilla. ― ¿Quieres que terminemos?
― No. ― objetó de inmediato. ― Quiero que me repitas lo primero que dijiste.
El rubio guardo silencio algunos segundos y cerró los ojos, dejándose atrapar por esas manos delicadas que acariciaban su rostro y lo hacían sentir rebosante de amor.
― Te quiero, Hinata. ― la peliazul no le dio ni siquiera tiempo de acabar, cuando se lanzó a sus labios para besarlo largamente.
La boca desesperada del rubio le respondió enseguida y apretó el cuerpo menudo de la chica contra el suyo, disfrutando de la cercanía y alabando lo bien que se amoldaban. Los labios rosa de la peliazul, se volvieron exigentes, buscando que los de Naruto se abrieran para tener total acceso a su lengua satinada. El rubio necesitado de ello, porque llevaba días sin darle un beso como correspondía, la dejó con la libertad de llegar hasta donde quisiera. Él seguiría cada uno de sus embates.
― Yo también te quiero. ― le dijo la chica, luego de separarse bruscamente. Naruto notó que los ojos alabastros de Hinata estaba llenos de lágrimas. ― Soñé tantas veces con esto. ― le contó, dejando que una pequeña lágrima resbalara por su mejilla. ― Soñaba con que me dijeras que me querías.
― Si hubiese llegado hace algunos años atrás gritando mi amor, estaría cumpliendo condena en la cárcel de alta seguridad de Tokio. ― bromeó Naruto, distendiendo el ambiente, pero saboreando de ese maravilloso momento que se les había otorgado. ― ¿Esto quiere decir que no terminaremos?
― No. ― dos veces la peliazul había enfatizado esa simple palabra. ― Vamos a estar bien.
― Y creo que deberíamos comenzar por ser sinceros con tus padres.
― ¿No tendrás problemas con los tuyos? ― le preguntó la chica. No conocía mayormente a los Uzumaki, pero sospechaba que eran tan liberados como su hijo.
― Ellos saben que estoy contigo. Les conté desde el principio. ― Hinata boqueó desconcertada. ― No te preocupes, solo quieren conocerte.
― Eso… me da… me da miedo. ― tartamudeo, temiendo a lo desconocido, pero Naruto no dejó que su miedo siguiera avanzando, así que aprovechó de besarla y así distraerla.
6.
Sasuke terminó de ponerse su remera y miró el celular para ver si tenía algún mensaje de Sakura. Entre todos, encontró dos de su hermano recordándole que debía ir al set a grabar, como si lo hubiese olvidado, pensó el moreno. También había otro de Naruto:
Teme, necesitamos tener junta de la banda mañana por la tarde. Será algo corto.
Sacando cuentas ese día tenía que ir a grabar hasta la madrugada, luego volver a casa, quedarse a dormir con Sakura y volver a grabar al otro día hasta pasado el almuerzo. Iría a la junta, sin lugar a dudas, pero tendría un cansancio nivel dios. Esperaba no morir de sueño.
Entre todos los mail que tenía, encontró un whatsapp de la persona que en verdad esperaba leer.
Sasuke-kun, me juntaré con Hinata en el hospital. Muchos besitos que podrás cobrar después ( ) Nos vemos. Pd: No me gustó despertar sola. ( )
Sonrió de medio lado y en vez de mandarle un mensaje de vuelta, la llamó. Luego de 3 pitidos logró escuchar su voz, sintiendo ese pesito agradable que sentía cada vez que la escuchaba.
― Hola. ― una risita nerviosa. ― No esperaba que me llamaras.
― Se me hace más fácil que estar mensajeándote. ― le contestó. ― ¿Cómo estás?
― Estoy enojada contigo. ― respondió refunfuñando. ― ¿Por qué te fuiste? Cuando desperté te busqué. Si no es por Ino que me dijo que te habías ido, todavía te sigo buscando.
― Me fui porque ambos teníamos cosas que hacer y quedarse en la cama solo nos retrasaría, ¿no crees? ― le explicó.
― Mmmm… lo acepto, pero la próxima vez al menos despiértame para darte un beso. ― Sasuke esbozó una leve sonrisa.
― ¿Quién dice que no te besé? ― replicó con una voz ronca e íntima que erizó hasta el último cabello del menudo cuerpo que poseía la chica.
― Besos dormidos no valen. ― el moreno enroló los ojos. ― No pongas gestos de cansancio. Te conozco lo suficiente como para saber que estás reclamando con tus ojos.
El Uchiha odió sentirse descubierto, pero no le respondió.
― ¿A qué hora te irás al set? ― le preguntó, mirando su reloj de pared. ― Son las 11 de la mañana. Estás madrugando.
― Deja de molestarme. Hoy quería quedarme más rato en mi cama, pero por culpa de alguien no pude. Tenía frío. ― Sasuke se la imaginó haciendo un puchero como niña pequeña. ― Espérame dos segundos, se viene acercando alguien…
― Ok.
Sasuke agudizó su audición para saber de quién se trataba.
― ¿Eres Sakura Haruno? ¿La famosa chica que actúa con Sasuke?
― No soy tan famosa. ― le escuchó decir.
― Saliste en el programa del mediodía y te veías preciosa. Hacen una bonita pareja con Sasuke. ― Claro que harían buena pareja. Nadie se veía mejor con Sakura que él mismo, pensó el moreno. ― ¿En la vida real es muy bonito?
― ¿Bonito? ― oyó una pedorreta. ― Que va, es un hombre más. ― ¿De verdad había dicho eso? Sasuke gruñó. ― Aunque nunca encontrarás a alguien más buena persona que él. ― No le gustaba lo que oía, aparte de rebajarlo a un nivel donde no era alguien agraciado, ahora parecía una nenaza que andaba ayudando al mundo. ¡Eso no se hace, Sakura! Quiso gritar. ― ¿Una foto? Por supuesto.
― Eres muy, pero muy linda. Espero que te vaya bien. ― un silencio y nuevamente la voz de Sakura al teléfono.
― Volví. ― dijo la pelirosa.
― ¿Así que un hombre más? No esperaba oír eso, mujer promedio. ― Sakura lanzó una carcajada que enervó su ira. ― No es divertido.
― Reptiliano, todo el mundo vive diciéndote que eres la belleza hecha humano y tú te das el derecho de dudar. ― una nueva risa ahogada. ― Eres perfecto, pero no esperes que se lo diga a nadie, porque si no se ilusionan y tú solo puedes estar conmigo.
― Pero que posesiva. ¿Estás sola en el hospital? No es bueno que se te acerque la gente así como así. ― Sakura chasqueó la lengua.
― Era solo una enfermera. Estoy esperando a Hinata. Además, un poco más allá, detrás de un muro está Morio cuidándome como lo hace siempre. ― Sasuke hizo una mueca de fastidio. Que perfectito ese Morio, pensó odiándolo. ― Es bastante agradable, a diferencia de Kisame que apenas sonríe.
― ¿Estás sola con Morio? ― preguntó de forma relajada, intentando no evidenciar los celos que comenzaba a envenenarlo cada vez que escuchaba sobre ese tipo.
No entendía porque le causaba tan mala espina y no se trataba de que le pudiese hacer daño a Sakura, porque dudaba que lo hiciera. Su temor nacía en el hecho de que Sakura se pudiese encantar con Morio. A diferencia de él, Morio tenía una edad cercana con la pelirosa, además de no tener una brecha generacional que los separara dado que sus edades eran cercanas.
― Kisame se quedó esperando en la entrada dentro del carro. Creo que no es necesaria tanta atención en mí porque no soy tan conocida como tú.
― Pero lo serás. ― Y lo sería todavía más cuando formalizaran su relación y la prensa los encontrara. Andarían tras ellas día y noche, sin dejarla en paz. ¿Sería capaz de soportar esa presión?
Pensar en ese momento, acrecentó aún más su incomodidad. Con Sakura se le venían cosas muy duras.
― Todavía no. ― le respondió en su mismo tono tranquilo. ― Ahí viene Hinata con Naruto. Te dejaré para estar con ellos.
― Pásale el teléfono al dobe. ― le pidió Sasuke, caminando por su departamento en busca de un buen café que normalizase todas las emociones que había sentido gracias a la conversación con Sakura.
― Ok. Cuídate y nos vemos al rato. ― Sasuke odiaba despedirse de ella, pero debía hacerlo.
― ¿Quieres que te pase a buscar? ― le preguntó.
― Nop. Tengo un auto esperándome y en caso de no ser así, le pido a Naruto que me lleve. ― Ninguna de las dos ideas le agradaba, pero prefirió no atosigarla con sus preocupaciones. ― Besos.
― Me deberás muchos a este paso. ― Sakura sonrojada, le pasó el celular al rubio que estaba frente a ella. ― Dobe.
― Teme, tanto tiempo sin verte. ¿Cómo estás? ― el moreno respondió con un "hmphmeo" ― Ok, ya comprendí. Bueno, te escribí en la mañana. ¿lo leíste?
― Sí. ― Naruto asintió, aunque Sasuke claramente no lo veía. ― ¿Será ensayo?
― No, más bien una planificación. Itachi hizo una agenda, pero se vio trastocada con lo que le paso al señor Hyuga, así que la ordenaremos de nuevo. Le avisé, pero él me comentó que no podías juntarte hoy porque tenías grabaciones.
― Y mañana durante la mañana también. ― le comentó.
― ¿No irás?
― Tendrás que esperar hasta mañana para saber. ― luego de esa "intrigante" respuesta, cortó.
Después de dejar a Sakura durmiendo plácidamente sobre su cama, cosa que no fue fácil ya que la chica estaba sobre él, enganchada como pulpo, además de verse hermosa, Sasuke decidió que era buena hora para partir a su casa y revisar el nuevo disco que estaban grabando.
En una sala interior de su departamento, había un completo estudio de grabación con paneles de sonido y los instrumentos necesarios para grabar sin necesidad de ir a otro lugar. Siempre que tenía tiempo, se metía ahí y escuchaba cada uno los acordes, revisaba una a una las canciones y la menor falla, llamaba a todos para que fueran a grabar nuevamente. El moreno era incapaz de aceptar errores, por muy pequeños que fueran y sometía a todos los que trabajaban con él a la misma presión.
Apegada a esa sala, había una oficina, con un escritorio, paredes con muebles llenos de libros y cómodos asientos para relajarse. Ahí se hacían las reuniones exprés para solucionar detalles, como también era su espacio privado donde se dedicaba a escribir temas y crear su música. La oficina tenía un baño y una cama de plaza que le servía para dormir cuando se tomaba jornadas maratónicas de escritura, edición y creación.
Luego de meterse a la ducha y agradecido de haber dormido una hora poco antes de levantarse, decidió salir hacia el set.
A tientas buscó los lentes que guardaba en la guantera del auto olvidando que cierta pelirosa se los había apropiado, aludiendo que a ella se le veían mucho mejor y que eran perfectos para su rostro. Recordando eso, no pudo evitar la sonrisa al recordarla mirándose en el espejo, posando frente a él con las gafas puestas.
― Las fotografías del descontrol sufrido por el ganador del Oscar, Hozuki Suigetsu están recorriendo la red y provocando diversas reacciones en el medio. ¿Por qué habrá maltratado de esa forma a su ex novia? ¿Qué se teje detrás de todo esto? ― Sasuke parpadeó incrédulo escuchando las noticias de la radio y subió el volumen para escuchar mejor. ― Es rarísimo que un ganador de Oscar, que debería estar feliz por algo obvio, se comporte de este modo tan agresivo―. Eso era imposible. ¿Qué habría pasado con el peliblanco como para que atacara a Karin?
El moreno aceleró el auto y se apresuró en llegar al set. A pesar de no ser alguien muy sensible, pondría el hombro para su amigo y sobretodo lo defendería.
7.
― Hola, Sakura. ― la pelirosa fijó su vista en Kakashi y le dio un leve abrazo como saludo. ― ¿A quién buscas?
― A Suigetsu. ― le contestó, mirando hacia todos lados. ― Escuché lo que pasó y me dio mucha pena. No creo que la haya atacado. Él no es así.
― No ha llegado al set como para preguntarle. ― le respondió Kakashi, sonriendo con sus ojos. ― Apenas llegue, le diré que te busque si así lo desea. Está atrasado y primero tendrá una pequeña conversación con Jiraya, porque retrasa toda la grabación con su ausencia.
― ¿Y el resto? ― preguntó inquisitiva, mirando sobre el hombro de Kakashi. ― ¿Sasuke? ― susurró bajito, solo para que él la escuchara.
― Está dentro, practicando unas líneas junto a Erika. ― la mirada expectante del peliblanco la hizo alzar sus cejas. ― ¿No te pones celosa?
― ¿Debería? ― con gran madurez, acotó. ― Sasuke me ha demostrado de muchas formas que solo está conmigo y engañarme no está en sus planes. Confío en él y en sus palabras, así que intento no ponerme celosa. Además, no sé si te has dado cuenta querido Kakashi, pero Sasuke está muy enganchado de mí. ― con soberbia se largó a reír, haciendo reír al hombre detrás de la bufanda.
― Él sufre lo que tú no. ― concluyó luego de oír a la chica y recordar el actuar de su tan querido pupilo. ― Los vi en el avión y lo "tierno" que es contigo fue una agradable sorpresa. Logró conseguirte chocolate después de que le pidieras.
― Tiene que mantenerme feliz, o si no pierde. ― Fue el turno de Kakashi para levantar una ceja. ― Tranquilo, nada de lo que estás pensando. ― la mentira la hizo sonrojar, pero Kakashi no quiso humillarla más y guardó silencio. ― Oye, ¿Por qué viajaste con nosotros?
― Porque Jiraya me dejó bajo el avión. ― Sakura no entendió. ― Estuvo solo un par de minutos en la fiesta para luego partir al aeropuerto, olvidando que también me tenían que llevar. Me llamó cuando ya estaba instalado en el avión, así que le pedí a Itachi que gestionara para llevarme.
― ¿Te cobraron? ― Kakashi negó.
― Sasuke es un mal nacido, pero tiene una vena benefactora que revienta su pose de indiferencia. ― ambos asintieron. ― Y hablando del rey de Roma… ― El moreno iba caminando hacia ellos con mucha tranquilidad. Al parecer no la había visto, porque cuando sus ojos se cruzaron, suavizaron su acerada mirada y sonrió levemente ― Lo traes loco. ― susurró el peliblanco.
― Hola. ― los saludó, para luego mirar hacia atrás. Nuevamente volvió hacia ellos y jaló a Sakura por la cintura para darle un beso que la hizo doblarse por la efusividad. Sasuke le mordió el labio superior y después la soltó riendo cuando se fijó en sus mejillas rojas y mirada asesina. ― ¿Cómo están?
― Menos furioso que Sakura. ― Sasuke le dio un movimiento de cabeza a Kakashi y no soltó a la chica. ― Los pueden ver.
― Estamos practicando nuestros personajes. ― dijo el pelinegro, dando la respuesta que entregaría si le preguntaba. Sakura lo empujó por los hombros, completamente molesta. ― ¿Qué te pasa?
― Eres demasiado brusco. ― le reclamó, tocándose los labios. ― Además está Kakashi.
― ¿Y qué? A él no tiene porqué importarle. ― una amenaza por debajo fue el ingrediente para que el peliblanco asintiera dándole la razón. ― ¿Ves?
― Sasuke, me impresiona tu cambio. Nunca te había visto tan efusivo y despreocupado. ― lo molestó el peliblanco. ― Esto es obra del amor.
― Amor mis pelotas. ¿Llegó Suigetsu? ― Kakashi meneó la cabeza en una negativa. ― ¿No has sabido lo que pasó realmente?
― Por lo que comentó Kabuto, Suigetsu se descontroló y rompió el carro del nuevo novio de Karin. ― Sakura lanzó un gemido de asombro. ― Aunque saben que Kabuto es el rey de los chismes malintencionados.
― Algo de verdad deben tener, aunque es raro eso del nuevo novio. ― Sasuke se separó de Sakura y se puso las manos en la cadera. ― ¿Lo llamaron?
― Muchas veces, pero su celular está apagado. ― Sasuke asintió, pensando en qué hacer. ― No te puedes ir ahora, Sasuke.
― Pensaba ir a su departamento. Quizás ya se haya matado.
― ¡Sasuke! ― lo retó la chica. ― Ni juegues con eso.
― No estoy jugando. ― Sakura mordió su labio y agachó la cabeza. ― Molestia, Suigetsu está bien. Relájate.
― No me pidas que esté tranquila cuando tú también estás inquieto. ― Sasuke respondió con una mueca. ― ¿Por qué no lo llamas? Puede ser que a ti te conteste.
― En un momento así, creo que lo mejor es dejar que él nos busque. Las imágenes son bastante claras y se ve que hay una gran disputa. ― sugirió Kakashi, haciendo razonar al pelinegro. ― Sasuke, si de aquí a un par de horas no aparece, puedes ir a buscarlo.
― Lo tengo claro. ― El moreno se fijó en Sakura. ― ¿Comiste algo?
― Sí. ― respondió con fastidio. ― Deja de preocuparte por mi alimentación.
― Si yo no lo hago, tú no lo haces. ― le respondió tranquilamente, enfureciendo a la pelirosa. ― Kakashi, ¿Cuándo empezamos?
― En 30 minutos llega Relka a maquillar a Saku, junto a Tenten. Luego de eso comienza a grabar ella con Sasori y Gaara.
― Genial. ― masculló el pelinegro, cruzándose de brazos. ― ¿A qué hora yo con Erika?
― Mientras grabamos la de Sakura con los chicos. ― explicó el peliblanco. ― Recuerden que hoy graban hasta tarde y mañana a primera hora también tienen que estar acá.
― Que horror. ― murmuró Sakura, dejando caer sus hombros. ― Quiero dormir muchas horas seguidas.
― Entre grabaciones podrás hacerlo. ― la tranquilizó Kakashi. ― Yo ayudaré para que te dejen dormir tranquilamente mientras los otros actúan. ― la chica asintió feliz sonriendo de oreja a oreja. ― Ahora podrías aprovechar de descansar.
― Sí, eso haré. ― miró a Sasuke. ― Nos vemos al rato. ― Sakura alcanzó a dar dos pasos antes de que su mano fuera apresada por los dedos delgados del moreno y jalase de ella para darle un nuevo beso, aunque este fue más corto. ― ¡Te voy a matar!
― Adiós, molestia. ― lanzando llamas por todos sus poros, Sakura se encerró en su camarín y apoyándose en la puerta se calmó, sonriendo como idiota. Sasuke siempre lograba sorprenderla.
Sasuke por su parte se quedó conversando con el peliblanco, que seguía con su mirada picara puesta en él.
― Sasuke, ten cuidado. Aquí las paredes tienen ojos y oídos. ― le advirtió Kakashi, mirando hacia todos lados. ― No todos son buenos ni guardarán su secreto.
― Siempre lo puedo negar. ― contestó sin ni un deje de incomodidad.
― Pero no estamos solos. Hay muchas personas que no son de tu circulo y pueden lastimarla por tener una relación contigo. ― dijo el peliblanco. ― Recuerda que hace algunos meses estabas con Fuka y todos ya pensábamos que habría casorio.
― No estaba en mis planes. Nunca di indicios de que me casaría con ella. ― aseguró Sasuke.
― ¿Y con Sakura? ¿Esperas casarte con ella?
― Es muy apresurado pensar en eso. ― respondió escuetamente.
― Insisto, es riesgoso. Te puedes ir a la cárcel. ― Sasuke frunció el ceño.
― No todavía. ― contestó, sin reparar en lo que decía.
― ¿Tú y ella…? Yo pensé que sí, ya que te quedas en su casa y ella en la tuya.
― Dormimos. ― una verdad a medias, pero sobre todo para proteger a la chica. ― A ti no te compete hablar sobre mi vida sexual.
― Me impresionas, pequeño cachorro… ― Sasuke enroló los ojos al escuchar ese apodo que le había puesto cuando llegó a la industria. ― Siempre has sido tan arisco y con ella te muestras afectuoso y de piel. Me agrada este Sasuke más accesible.
― ¿Accesible? No doy la mano para que todos se me acerquen. ― respondió. ― Es cosa nuestra lo que sucede y la verdad, no me interesa que ahondemos en el tema.
― Sakura es una chica maravillosa, Sasuke. No la lastimes.
― Le diré que estás actuando como su padre y vendrá a romperte los dientes. ― Kakashi rio. ― Es verdad.
― No lo dudo. Se nota que es de armas tomar, por lo mismo yo me andaría con cuidado. Estás muy vulnerable frente a ella.
― No me des la lata, Kakashi. ― girándose sobre sus talones, dejó la conversación a medias.
― ¡Sasuke! ― llamó el peliblanco. ― Que no digas que no te advertí. Tú estás más propenso a perder que ella.
― Lo que digas, Kakashi. ― masculló, para volver a caminar hacia el set.
Sasuke desvió su trayectoria y avanzó despreocupadamente hasta el camarín de la pelirosa. Entró sin golpear y se encontró de sopetón con su olor tan característico, además de esas cosas que colgaban del techo y que ella hacía en sus momentos de ocio.
Al entrar, no la encontró, pero mirando hacia la izquierda la vio acostada en el sofá, tapada con una pequeña chaqueta y dándole la espalda a cualquier persona que abriera la puerta. Sasuke se acercó despacio, como una gacela y sacó su celular para tomarle una foto. Al hacerla, el pequeño click de la cámara la hizo despertar.
― Hola. ― susurró sonriendo y estirándose. ― Me quedé dormida apenas me apoyé en el sofá.
― Lo imaginaba. ― Sasuke le hizo un gesto para que le diera un espacio, y se acostó a un lado de ella, volteándola para que se miraran a los ojos. ― Estás demasiado cansada.
― Debe ser que anoche, mientras tú dormías, yo leí algo del guion. ― le contó Sakura. ― No podía dormir.
― ¿Por eso no me sentiste cuando me levanté? Estabas en coma. ― la pelirosa asintió. ― No hagas eso. Terminarás agotada.
― Tengo que ensayar, Sasuke. Sabes que es nuestro trabajo el llevar una buena historia al cine. ― el pelinegro hizo una mueca y prefirió abrazarla antes que responderle. ― ¿Te quedarás acá?
― ¿Algún problema? ― Sakura negó de inmediato. ― Eso no te abriga ni un poco. ― le dijo, apuntando a la chaqueta que yacía en el suelo.
― Me dio pereza levantarme a buscar una cobija. ― Sakura se apoyó en su pecho y le acarició el lugar con las yemas. ― ¿Qué habrá pasado con Suigetsu? ― le preguntó, rompiendo el silencio.
― No lo sé. ― respondió sinceramente. ― Ver a Karin con otro tipo lo debe haber destrozado.
― ¿Pero es justificable llegar a ese punto? Al final, yo creo que si alguien ama a otra persona, debería sentirse feliz porque ésta es feliz. ― argumentó Sakura. ― ¿O es demasiado idealista?
― Es extremadamente idealista, molestia. ― replicó el moreno. ― Si estás con alguien por años, luego esa persona te deja y al poco tiempo está con otra, quedas mal.
― ¿No es lo mismo que hiciste tú con Fuka? ― Sasuke farfulló por lo bajo y todavía más al oírla reírse. ― No sé, la verdad. Yo creo que si algo así nos pasa, te dejaré en paz.
― Eso lo dices ahora, pero quizás en el momento no seas muy razonable y te comportes peor que Suigetsu. ― Sakura le pellizcó el vientre. ― ¡Hey!
― Verás que seré muy madura. ― aseguró. ― ¿Y si ocurre al revés? ― inquirió. Sasuke sabía que lo iba atacar con una pregunta de ese estilo, pero aun así lo tomó por sorpresa. ― Si nosotros dejamos de estar juntos y yo al poco tiempo estoy con otro, ¿tú te descontrolarías?
― ¿Quieres la verdad? ― le preguntó, intentando tener tiempo para pensar.
― Por supuesto. ― carraspeando, Sasuke se revolvió el cabello con la mano que no tenía bajo el cuerpo de Sakura. ― ¿Qué harías en un caso así?
― Posiblemente me comporte muy mal. Incluso peor que Suigetsu. ― Sakura dejó de respirar. ― Soy muy posesivo, creo que lo sabes.
― Pero está mal actuar así. ― le dijo la chica suavemente.
― ¿Qué esperas, Sakura? ¿Qué me siente a tu lado y lo felicite por su relación? ¿Qué les desee lo mejor y como broma le cuente las cosas que te gustan hacer? Eso es tener sueños de unicornios y arcoíris. ― la pelirosa levantó la cabeza para mirarlo. ― En situaciones de ese tipo no somos tipos muy pensantes.
― ¿Los hombres o las mujeres? ― insistió Sakura.
― Ambos. ― dijo Sasuke. ― Es algo esperable.
― Esperable si eres un animal. ― replicó la chica, mirándolo con el ceño fruncido. ― Yo me pondría feliz por ti. En cierto modo, si no estamos juntos es porque no funcionamos.
― ¿Y necesitas 3 años para darte cuenta de eso? ― le preguntó irónicamente el pelinegro haciendo alusión a la relación de su amigo y medianamente molesto con la conversación. ― Piensa en todo lo que me das día a día y dime que no te daría rabia que yo fuese y lo dejara.
― Es diferente. Yo te he dado mucho. ― justificó la chica, volviendo a dejar caer su cabeza.
― Ahí está el punto. Aunque tú no lo creas, yo también he dado bastante. ― más de lo que era capaz de asumirse el mismo. ― Que me dejes por otro, sería un duro golpe y reaccionaría mal.
― Como Suigetsu.
― Peor que Suigetsu. ― volvió a repetir, dando una leve advertencia de lo que era su relación. Sasuke era un tipo con mucho temperamento y la menor provocación explotaba como volcán ardiendo.
Para el moreno tampoco era algo que pudiera enorgullecerlo, pero su forma de ser lo hacía actuar así. Sabía que en una situación parecida a la de su amigo, era capaz de quebrarle las piernas a ese otro tipo, romperle la cara y gritarle a Sakura sin ningún tapujo. Una ira muy grande se lo consumía con la mera idea de imaginarse ese escenario.
― ¿Debo tener miedo? ― Temerosa, Sakura se aferró a su remera.
― Si te enamoras de alguien mientras estamos juntos, sepárate de mí y dime la verdad de frente. Encontrarme con la sorpresa de que estás con otro es combustible para mi mal genio.
― Todo es combustible para tu mal genio. ― bromeó la chica. ― Dame un beso, mejor. No pensemos en un futuro que no sabemos.
― Lo solucionas todo con besos, ¿eh? ― Sakura se encogió de hombros y fue en busca de su boca, soltándolo cuando a ambos les faltó el aire. ― ¿No tenías sueño?
― ¿Quién puede dormir con semejante hombre a su lado? ― Sasuke alzó una ceja, más aun al verla tan teatral con su frase.
― Tú te quedas dormida y ocupas más de la mitad de la cama. ― le hizo ver Sasuke, tomándole el mentón. ― Siempre que terminamos de estar juntos, te acomodas y falleces, así que no digas que no puedes dormir cuando estás a mi lado.
― Entro en estado de coma, lo reconozco, pero es porque termino muy cansada. ― se acercó a su oído y le susurró bajito. ― Tu sed es insaciable.
― ¿Y la tuya? ― Sakura se echó hacia atrás a reír. ― ¿Quién me despertó hace algunos días tocándome de manera inapropiada?
― ¿Inapropiada? ― bromeó, sonriéndole de forma picara. ― ¿Acaso no te gusta?
― Un poco. ― para su mala suerte era mucho más que poco y a la mínima provocación de Sakura, se encendía como fuego hirviendo. ― Es hora de que nos vayamos al set.
― ¿Para qué? ¿Irás a practicar nuevamente con Erika? ― le preguntó, sin mirarlo a los ojos. ― No es que me ponga celosa, porque no es así, pero podrías no perderte mucho rato con ella, porque te extraño.
― Estábamos con Gaara, enojona. ― le pellizcó la nariz, para luego levantarse y levantarla con el impulso. Sakura refunfuñando lo hizo. ― Ahora Sasori y Suigetsu serán tus compañeros de reparto. Yo andaré grabando otras escenas.
― ¿Después tendré grabación contigo? ― Sasuke asintió. ― Bueno, entonces nos vemos al rato. ― estirando la boca le dio un rápido beso y arrancó a la puerta.
Sasuke la miró saltarina y risueña como siempre, teniendo esa imagen guardada en su retina por todo lo que restaba de mañana.
O.O
― Quédate quieta, niñita der demonio. ― Sakura contuvo la risa que le provocaba escuchar los reclamos de Relka. A pesar de que la fornida mujer intentaba ser exigente y seria, ella lograba mermarla con sus jugueteos y bromas cariñosas. ― Apenas terrmine con en erste trrabajo, te abandonarre. ― prosiguió farfullando mientras le aplicaba la última capa de maquillaje. ― Y ese chupetón que tienes es imposible de cubrrir. Hablarré con Sasuke.
― Se reirá. ― le contestó la chica, tomándole la mano. ― Gracias por protegernos.
― Lo hago porrque me pagan bien. ― argumentó sin ningún ápice de credibilidad, aunque Sakura no se lo juzgó y se limitó a sonreírle. ― Solo cuídense.
― Poca gente sabe de nuestra relación. ― le explicó la pelirosa.
― No me rrefierro a ese tipo de cuidado. ― dijo Relka, volviéndose para tomar una nueva pintura. ― Hablo de posibles embarrazos.
― ¡Relka! ― chilló abochornada. ― Me estoy protegiendo. ― le contó mirando hacia otro lado. ― Aunque todavía no pasa nada.
― ¿En tanto tiempo? ― la mujer bonachona se puso a reír. ― Parrece que no le gustas tanto. ― molestó.
― Le gustó mucho, pero quiere protegerme, mala mujer. ― La conversación se detuvo con la llegada de Gaara y Tenten.
― Chicas, hay que apurarse. Necesito darle los últimos retoques a tu vestimenta, Sakura. ― la castaña caminaba de un lugar a otro sin detenerse, pareciendo un ratoncito asustado.
Sakura detuvo a Relka para que dejara de maquillarla y se acercó a su amiga.
― ¿Tenten? ― llamó. ― ¿Te pasa algo? ― la castaña negó y siguió moviéndose de un lugar a otro. ― No me mientas. ― le exigió la pelirosa, tomándola por el codo.
― No te estoy mintiendo, solo estoy apurada. ― se defendió, volviendo a su incesante caminata. ― Apresúrate. Debo arreglar los pedazos de telas para que calcen justo con la herida de tu vientre.
― Aah, no. Tú me dirás que pasa. ― Sakura miró al pelirrojo que posado frente a la puerta, no se movía. ― Gaara, dime que sucede. ― el chico se volteó a mirarla, penetrándola con los fríos ojos que tenía.
― Tuvo una discusión con Kabuto. ― le contó escuetamente, mirando a la castaña. ― Ella debe contarte, no yo.
― ¿Qué te dijo ese espécimen de ser humano? ― preguntó la pelirosa, inquisitiva. ― Tenten.
― Nada, dijo que no servía para nada y que mis trabajos estaban sobrevalorados. ― comentó, sin mirarla. ― Todo empezó porque fui invitada para estar tarde ir a un programa de modas que se da en vivo todos los días en el canal Fashionista. Dudo que lo conozcas. La cosa es que este miserable me dijo que solo era invitada porque Jiraya me había ayudado y porque saltaba de una cama en otra para conseguir lo que he conseguido. Cuando Gaara lo escuchó se metió a defenderme y me sacó de ahí, pero el daño estaba hecho. ― sus ojos se llenaron de lágrimas y se abrazó a la pelirosa como si fuese su salvavidas. ― Nunca nadie me había tratado así. Me sentí tan asqueada.
― Pasa que estás con tu amor propio muy por debajo de lo normal luego de todo lo que ha pasado, pero cariño, no dejes que eso te afecte. Eres una chica hermosa, que hace cosas hermosas y que ha demostrado que, sin necesidad de ir a la universidad más prestigiosa de modas, puede llegar casi tan lejos como esas diseñadoras que sus papitos les pagan carreras y solo tienen el titulo para decir que son algo. ―Tenten se separó de ella sonriendo. ― ¿Qué te pasa?
― Tanto resentimiento, Sakura. ― la pelirosa la acompañó con otra sonrisa. ― Eres de lo mejor, amiga.
― Sí, para eso estamos. ― tomándole el rostro entre sus manos, le dijo: ― Nada más de llantos por seres humanos que no lo merecen. Eres y puedes ser más que esto. Los otros que mueran de envidia y lloren por tu persona.
― Mira. ― Tenten sacó el celular de su bolsillo trasero y se lo mostró a Sakura. ― No para de llamarme ni enviarme mensajes.
HyugaNOCONTESTAR (20 llamadas perdidas)
Sakura abrió la boca sin creerlo.
― Esto es muy psycho. ― susurró, revisando los mensajes que no estaban abiertos. ― ¿No quieres saber que te escribe?
― Sé perfectamente lo que escribe. Solo una retahíla de insultos, para luego pedirme que nos juntemos, que debemos hablar.
― ¿Y no sería bueno juntarse? ― preguntó Sakura.
― No, porque terminaremos teniendo sexo como siempre. ― respondió con sinceridad. ― Ya, dejemos el tema. Lo tratamos más en profundidad mañana, porque debemos juntarnos a organizar mi cumpleaños y el tuyo.
― Eso es verdad. ― dándose una mirada lacónica, volvieron a dedicarse al trabajo.
Comenzaba una semana de grabación y con ello, la fama de Sakura.
Grabando
― Sakura, Suigetsu no llegó, así que la escena se cambia un poco y Gaara será el único que estará contigo, ¿ok? ― la pelirosa asintió luego de escuchar las indicaciones. Le daba pena pensar en Suigetsu, pero era hora de centrarse en su papel y olvidar el resto, escuchando los mandatos que le daba Yamato. ― Gaara, ponte ahí, Sakura allá y estén atentos a la orden.
― Gaara, ¿tienes claras tus líneas? Deberás improvisar.
― Sé hacerlo, Jiraya. ― dando por cerrado el tema, fue hasta donde era requerido y miró la cama donde se posaba una durmiente Sakura. ― Empecemos.
― Entonces. Luz, cámara y acción.
La historia de Chiyo
8° escena y Sakura tiene futuro
Kei miró el cuerpo inerte de la chica, solo cubierto por una manta blanca y de lino. Bajo ellas se escondía el cuerpo de Chiyo con una herida que la atravesaba de lado a lado. La katana de Sasuke se la había provocado.
El peliblanco rio. Eso era justicia divina para sus ojos. Ver a Chiyo en ese estado le daba un placer morboso inaguantable y único. La sangre que corría por las venas de la chica estaba llena de maldad y dolor. Era una sangre que mataba por mero deseo y nadie los detenía, pero ahora teniéndola así, a su merced y lista para ser asesinada, se vanaglorió de su suerte. A veces cuando el destino lo quería, sabía dar lo que uno deseaba.
Sin embargo sus planes se truncaron cuando la entrada de Isoka lo alertó.
― ¿Qué haces acá? Hayato te dijo que te mantuvieras lejos de la chica. ― le dijo el pelirrojo, acercándose a mirar a Chiyo. ― Morirá en cualquier momento.
― Me hubiese gustado haber sido el elegido para matarla. ― su voz era de ultratumba y erizó el vello que cubrían los brazos de Isoka. ― Ella debería morir y sufrir por ello como le pasó a mi hermanita.
― De nada te sirve seguir llorando por aquello. Ai es el ejemplo de lo que puede provocar esta guerra.
― ¡Una guerra que comenzaron ellos! ― gritó el peliblanco descontrolado. ― Si la puta de Carey no se hubiese metido en este lugar, todo estaría en paz, pero tuvo que llegar a contaminar todo lo que rodea al clan.
― Tu clan es otro. ―le recordó Isoka.
― Pero los Ebino salvaron mi vida y la de mi familia. El señor Akira, me dio algo por lo que luchar.
― Y eso también provocó la muerte de Ai porque la mezclaste con yakuzas. ― le volvió a recordar Isoka, sin ninguna anestesia. ― ¿Vale la pena? Chiyo va a morir porque atravesó su estómago el filo de la katana y eso es algo que no deja sobrevivientes.
― ¿Y para que la tienen acá? ¿Acaso la están curando? ―Isoka volteó su cuello con brusquedad para mirarlo. ― No me digas que también te enterneció. Recuerda que tiene el gen de Carey y esa mujer tenía un don para calentar a cualquiera.
― No, pero sé que Hayato se encuentra descontrolado por lo que pasó y si te escucha o me escucha hablando mal de ella es capaz de decapitarnos, ¿quieres eso? ― Kei negó imperceptiblemente, sabiendo que sus palabras eran una realidad. ― Todavía me pregunto cómo Ryu alcanzó a escapar.
― ¿Por qué? ― Kei no sabía que había pasado. Solo escuchó por boca de Yuu que la chica estaba a unos pasos de morir por haber recibido una estocada mortal. Luego de eso corrió en busca de ella para saber cuánta verdad había tras esas palabras. ― ¿Qué hizo Ryu?
― Acostarse con ella. ― Los ojos de Isoka se volvieron fuego. ― Hayato perdió el control y Ryu escapó sin que se diese cuenta. Quedó tan destrozada al haberla lastimado que perdió la noción de todo y buscó ayuda.
― Ryu es un imbécil. ― masculló Kei.
― Cualquiera lo es si aparece una buena hembra para engatusarlo. ― justificó el pelirrojo, mirando a la chica. ― Y sí, ella tiene los genes de Carey, lo que la convierte en un ser muy deseable. Si Akira viviera y supiera lo que pasa acá, no estaría muy orgulloso de su nieto. Otro más que cae con una Yamazaki.
― Y si la chica viviese, dudo que fuese el único. Chiyo terminaría por enamorar a todos los idiotas que la rodean. ― escupió el peliblanco.
― ¿También eres consciente de su belleza? ― Kei asintió. ― Bueno, al menos no me siento solo en esto.
― Pero para mí sigue siendo una asquerosa que debe morir. El hecho que la desee es por una emoción primaria que acaba de la misma forma que empieza en cuanto recuerdo a Ai. ― Kei se acercó al cuerpo inerte de la chica y levantó la sabana, encontrándosela con una bata delgada y su piel pálida. ― Morirá en un corto lapso.
― Sí. ― Isoka le quitó la manta de las manos y la cubrió con delicadeza. ― No quiero ser el provocador de la furia de Hayato si se entera de que la estamos fisgoneando.
― Hayato es un imbécil. En vez de aprovechar que la puede tomar una y otra vez sin cansarse, va y se encapricha con ella. Masami es mucho más mujer que Chiyo. ― Isoka se alzó de hombros frente a las palabras de Kei.
― Pero Chiyo tiene una belleza casi onírica. Pocas mujeres tienen el pelo rosa y no es falso. Solo Carey y ella lo poseen.
― Probablemente si saliéramos más al mundo veríamos que no es así, pero la guerra se acaba de desatar. ― volvió a mirar a la chica. ― Maldita estúpida. Vas a morir más rápido de lo que yo mismo pensaba.
― Deja de hablar porquerías. ― le pidió Isoka con brusquedad. ― Si la chica muere, atente a lo que se convertirá Hayato. Un descuartizador y buscará por cielo, mar y tierra al imbécil de Ryu.
― Cuando lo encuentre, nuestro compañero morirá sin miramientos. ― Isoka solo asintió.
Unos segundos de silencio bastaron para que cada uno se volteara y siguiera en sus quehaceres. Muy inocuos y sinsentido, pero que le daban algo de sabor a sus vidas ya de por sí, destinadas a obedecer.
Chiyo siguió inmóvil, perdida en el abismo de su inconciencia y esperando sin saberlo su muerte.
Horas antes
La chica había sido auxiliada por Hayato apenas se dejó caer sobre sus rodillas, completamente abatida. El hombro le tomó entre sus brazos y corrió con ella entre las grandes amapolas en busca de ayuda. Sus gritos habían alertado a casi todos los yakuzas del lugar que merodeaban cuidando los alrededores y la fortuna estuvo de su lado cuando fue Isoka fue la primera persona que se le cruzó.
Chiyo en su apenas consciencia, los escuchó gritar desesperados y sintió los pasos del pelirrojo que corría en busca de algo o alguien.
Una curandera que se demoró minutos fue la primera en asistirla y agachó la cabeza frente a Hayato que exigía una ayuda. La mujer adulta y con canas que reflejaban todas las vidas que había logrado salvar, le comunicó a través de sus ojos que la muerte de la chica era casi inevitable. No había forma de que ese delgado cuerpo resistiera un ataque tan certero y desproporcionado. Hayato se agarró del cabello y gritó que no podía ser, que Chiyo no podía morir, pero la mujer no le dio esperanzas, aunque prometió ayudarlo a darle un buen descanso antes de partir.
Las manos arrugadas y que expelían energías curadoras, se posaron frente a la gran herida de Chiyo y emanaron una fuerza energética, esperando penetrar en las paredes, para luego pedirle a Isoka y Yuu que trajeran plantas específicas. Los hombres de confianza de Hayato corrieron por todo el jardín y parte del bosque que lindaba con la casa, encontrando con cierta dificultad lo pedido.
― Amatista, ¿sobrevivirá? ― le preguntó Yuu, mirando de reojo a su jefe que tenía la cara desencajada y el dolor reflejado en cada una de sus arrugas.
― No. ― Hayato salió del lugar, seguido por Yuu que siempre le protegía las espaldas, pero Isoka se quedó a un lado de la mujer y esperó su verdadera respuesta. ― Fingiremos su muerte para sacarla de acá, pero antes hay que estabilizarla, algo que todavía no logro hacer.
― Si él se entera nos matará. ― susurró Isoka.
― ¿Entonces para que me pediste ayuda a mí? ― los ojos violetas de la mujer lo miraron con recelo. ― ¿Qué buscas con esto, Isoka?
― Solo quiero que la guerra termine y si Kei la mata, comenzará algo más sangriento. Hayato tiene sentimientos por ella.
― La violó, Isoka. Eso no es amor. ― el pelirrojo se sintió avergonzado. ― Esto tiene que acabar. Se lo dije a Carey cuando jugaba con los dos hombres al mismo tiempo. Era obvio que terminaría en catástrofe, porque son dos clanes tan sanguinarios como vengativos.
― Necesitamos sacarla de acá. No me gusta lo que su persona provoca. ― Isoka miró sobre su hombro, asegurándose de que estuvieran solos. ― Chiyo es parte de los Yamazaki, lo sabe ¿verdad? ― la mujer asintió. ― Me sirve para poder conseguir el dinero que necesito para desaparecer de este mundo tan pérfido. Quiero dejar de mancharme las manos con sangre, de matar gente o buscar a supuestos enemigos por cosas que pasaron hace muchos años.
― ¿Y qué tiene que ver ella? ¿No me dirás que…? ¡Es una locura! ― Isoka le puso la mano en la boca y con su mirada fría le advirtió que guardara silencio. ― No puedes.
― ¿Cómo que no puedo? ― Isoka sonrió de medio lado. ― Esta chica es mi escape. Si su abuelo se entera de que la rescaté de las garras de Hayato, me dará el suficiente dinero para poder largarme de aquí.
― Isoka, robarle Chiyo a Hayato es como quitarle un cachorro a una tigresa. Es capaz de perseguirte por todo el mundo. ― ejemplificó la mujer, con vehemencia.
― Y no olvides el deseo de Kai que muere por venganza. ― el chico suspiró hondamente. ― No me quedan más alternativas. Soy uno de los pocos que sabe que Takeshi está vivo y usaré esa información para salvarme.
― ¿Entonces sigo fingiendo que va a morir? ― le preguntó la mujer, no del todo convencida. ― Creo que podré estabilizarla, pero eso no quiere decir que sobreviva, aunque tiene más posibilidades que hace un par de horas.
― Hay que fingir que morirá. ― sentenció el pelirrojo
― No es lo correcto. ― murmuró la anciana mujer complicada.
― ¿Y cuando hemos actuado correctamente? ― respondió retóricamente. ― Creo no recordar la última vez que la palabra "legal" se acerca a mi realidad.
Fin 8° escena
― ¡Corten! ― gritó Jiraya, acercándose a la pelirosa que comenzaba a levantarse con una sonrisa en el rostro. ― Estaba aterrando pensando que podría notarse algún movimiento de tu parte, pero actuaste maravilloso. Los actores siempre dicen que las escenas más difíciles son cuando tienen que fingir estar en coma.
― Claro, hasta respirar se vuelve complejo. ― Gaara le apretó el hombro a la pelirosa en un gesto de cariño.
― Lo hiciste bien, Sakura. ― la chica completamente halagada por las palabras de su compañero y jefe, rio abiertamente contagiándolos.
― Cada día lo haré mejor. ― dijo, alzando su puño y mostrando el fulgor de sus ojos en todo el esplendor. ― Ahora, ¿qué se viene?
― Un descanso de una hora, almuerzo y volver a las grabaciones. ― Sakura asintió y caminando entre todos, recibiendo sus felicitaciones y abrazos, llegó hasta su camarín completamente feliz.
― Lo estás haciendo bien, Sakura. ― se dijo a sí misma, mirándose en el espejo y sacándose prenda por prenda hasta quedar solo en ropa interior. ― Debería hacer ejercicio. ― murmuró, agarrándose un pedacito ínfimo de carne que le "sobraba" de la panza. ― Pero prefiero comer como un cerdo.
Riendo, se puso una calza roja y entre sus cosas buscó alguna remera.
Ya vestida como siempre lo hacía, se echó en el sofá de su camarín y sacó su celular para revisar las redes sociales. A cada minuto, los likes a sus fotos de Instagram aumentaban. Se sentía un poco abrumada por la respuesta del público, pero a la vez feliz de poder provocar eso. Era un sueño hecho realidad.
― ¿Se puede pasar? ― los golpes en la puerta le indicaron que su soledad había terminado.
― Pasa. ― le respondió, recibiendo con una gran sonrisa a la recién llegada. ― Pensé que te vería más tarde.
― Hoy tenía la mañana libre. Tuve que hacer ciertos tramites y además pasé a ver un rato a Hinata. Al parecer el señor Hyuga se encuentra mucho mejor. ― dijo Ino, empujándole las piernas para poder sentarse. ― Estoy agotada. Caminé más que nunca.
― ¿Qué tramites tuviste que hacer? ― le preguntó Sakura, sentándose con sus piernas apegadas al pecho. ― ¿Algo con tu padre?
― Más bien con mi madre. Tuve una conversación con ella y me preguntó si me quería ir a vivir donde está ahora. ― Sakura arqueó las cejas, sorprendida. ― Le respondí que no. Que estaba con un buen trabajo y ahorrando para estudiar.
― Hace un tiempo quería saber eso. No eres del todo adulta y tienes un gran futuro por delante, ¿Por qué decidiste trabajar?
― No estoy segura de lo que quiero ser en la vida, la verdad. ― confesó la rubia. ― Me gustan muchas cosas y eso hace difíciles mis elecciones, así que aproveché un contacto de mi padre y conseguí estar acá. Me costó mucho que me diera el permiso. Se negaba rotundamente, pero su amigo, el que me ayudó a conseguirlo, lo convenció de que era buenísimo para mí. ― le contó. ― Si te das cuenta, tengo un horario mucho más flexible y es porque papá se metió un poco en mi contrato y exigió que no estuviese una jornada laboral completa acá, pero ahora que vivo contigo, he decidido que quiero trabajar como lo hacen todos. Además me gusta.
― ¿También como carrera? ― la rubia asintió.
― No sería malo estudiar algo de relaciones públicas y después tener famosos a mi cargo.
― Y poner una empresa con Itachi. ― Ino no respondió, pero sus colores subieron por sus mejillas hablando por ella. ― Cuéntame que paso, porque es obvio que algo ocurrió.
― No ha pasado nada. ― Sakura alzó una ceja escéptica. ― Ok, si pasó algo, pero no te emociones.
― Dime. ― le exigió sentándose sobre sus rodillas, desesperada por saber. ― ¡Anda!
― En el avión me besé con Itachi. ― dijo Ino rápidamente, tapándose la cara. ― Estaba aterrada por las turbulencias y él me calmó. Me desesperé pensando que no saldríamos de esa y me lancé a decirle que me gustaba.
― ¡¿Te gusta?! ― Ino asintió sonrojándose y sin mirarla. ― Entonces sí seremos cuñadas.
― ¡Sakura! ― le reclamó. ― Eso todavía no es seguro. Además no hemos vuelto a hablar.
― ¿Cómo no? ¿Ni siquiera te ha buscado? ― la rubia negó contrariada. ― ¿Al menos te respondió el beso?
― Sí y lo volvió algo mejor de lo que esperé. ― Sakura se rio fascinada con la información. ― Puede que le haya sorprendido y es hombre, por eso respondió. Quizás no le gusto.
― Por favor, Ino. Itachi no babea por ti porque se vería tremendamente humillado, pero ambas sabemos que ese hombre está deseoso por tus huesos. ― Ino saltó, tapándose la cara y meneando la cabeza, queriendo erradicar el sonrojo de sus mejillas. ― Podrías buscarlo.
― Ni loca. ― respondió alarmada. ― Él tiene que dar el siguiente paso. Yo me dejaré sorprender, aunque no estoy segura de querer estar en una relación. Itachi es muy mayor, tiene mucha experiencia y yo tengo algunos años más que tú.
― Dieciocho y treinta no son edades tan distantes. ― hizo ver la chica. ― Doce años. No es nada.
― Sí, claro. Es una ganga. ― respondió la rubia sarcásticamente. ― Lo que me preocupa es que Itachi tiene mucha experiencia y la mía es muy básica, limitándose a un tipo que nunca logró darme más allá que una buena noche para él y no para mí.
― ¿No has tenido un orgasmo? ¿Nunca has sentido que el mundo se cae frente a ti, pero no te importa, porque cada musculo de tu cuerpo se contrae y no puedes respirar? ¿No has sentido que cierras los ojos y está lleno de estrellas brillantes que te hacen chillar? ¿Nunca te ha pasado?
― No de ese modo. Creo que he sentido placer, pero como te digo, era algo unilateral, porque más disfrutaba Daiki.
― ¿Ese es el malnacido? ― Ino afirmó. ― Bueno, no hablemos de él, ni lo que significó en tu vida.
― Mejor.
La rubia abrió su bolso y saco algo de él.
― ¿Qué traes? ― Ino le entregó un pote con comida y sacó otro para ella. ― Que rico. No tenía ganas de ir a la cafetería. Si no fuera por ti, Sasuke y Shizune moriría de inanición.
― Usas palabras muy técnicas de vez en cuando. ― Sakura se alzó de hombros. ― Sasuke es un buen profesor.
― Sí. Es muy exigente. ― le comentó la pelirosa. ― Antes de irnos a Estados Unidos, me tuvo una hora leyendo en voz alta. Ya lo ahorcaba. Le dije que lo iba a echar de mi casa.
― ¿Y qué hizo? ― le preguntó Ino.
― Reírse. Es lo único que sabe hacer y no escucha lo que le digo. ― la rubia se rio en la cara de su amiga. ― Deberías apoyarme a mí y no celebrarle sus burlas.
― Todos conocen a un Sasuke tan arisco y desagradable, pero yo conozco otro. Es alguien con un humor bastante ácido y divertido, responsable y amable con nosotras. Me ha invitado dos veces a comer y eso es harto tomando en cuenta lo que ve el resto del mundo.
― Es que se jura el más guapo del universo, por eso es tan arisco y desagradable.― dijo Sakura, bajando el perfil del pelinegro
― ¿Y acaso no es uno de los más guapos del mundo? ― la pelirosa hizo una mueca. ― Las mujeres se derriten por él, pero Sasuke solo tiene ojos para una.
― ¿Tú crees que ninguna otra le llama la atención? Él me dice que está conmigo, pero es inevitable no desconfiar. Es tan guapo, que se convierte en un arma de doble filo estar juntos. ― dijo Sakura, exponiendo sus temores.
― Yo creo que Sasuke solo está contigo. Pasan las 24 horas juntos, es imposible que tenga alguna mujer escondida por ahí. ― le hizo ver la rubia. ― Aunque eso es algo que debes conversar con él. Yo estoy solo dando supuestos.
― Confío ciegamente en Sasuke. Es algo que nace más allá de lo que siento, sino de lo que él demuestra. ― meneó la cabeza. ― No dejaré que malos pensamientos entren en mí y me hagan dudar.
― Muy bien hecho. Ahora comamos.
En silencio y hablando lo justo y necesario comieron, disfrutando de la pasta que había preparado la rubia. Luego de quedar completamente satisfechas, Ino se levantó para ir a organizar lo que restaba del día en el set. Sasuke había estado grabando por horas y cuando tuvo un tiempo de descanso, se encontró con la rubia.
― Hola, Ino. ― con un movimiento de cabeza, la saludó. ― ¿Estabas con Sakura?
― Sí, recién tomamos nuestro almuerzo. Ahora voy a buscar el organigrama para saber a qué hora comienza su nueva grabación.
― ¿Está sola? ― le preguntó, recibiendo un asentimiento. ― Nos vemos después.
― Ok. Puede que esté durmiendo. ― le dijo cuando pasó raudo por su lado. ― Despiértala porque después me costará demasiado.
― Hmnp. ― Ino enroló los ojos y siguió mirando las hojas que tenía en la mano hasta que su trayectoria fue detenida por chocar con un muro.
― ¡Mierda! ― chilló, levantando la cabeza y descubriendo que su muro tenía nombre y apellido: Itachi Uchiha. ― ¡Itachi! ― volvió a chillar.
― ¿Tan malo es encontrarse conmigo? ― la rubia negó con furia, añorando que sus mejillas hicieran causa común y no la humillaran frente al Uchiha mayor. ― ¿Cómo estás?
― Bien. ― respondió rápido, dejándose en evidencia. Estaba demasiado nerviosa como para pensar en actuar de forma desinteresada y madura. ― ¿Tú?
― No tanto. Dormí un poco mal. ― La rubia detuvo sus movimientos y lo miró sin comprender. ― Tenía demasiado grabado un beso que me dieron en el avión. Necesitaba repetirlo. ― Ino apretó los labios en medida de defensa. ― Te lastimarás tu boca. ― le dijo, tocándole el labio inferior con su pulgar. ― No los aprietes.
― Ita…Itachi. ― se soltó de su toque echándose atrás y miró hacia todos lados. Solo estaba Yamato que los miraba intrigado. ― ¿Qué haces? ― le reprochó.
― Tocarte. Creo que después de ese beso y lo que dijiste en el avión, tengo derecho a acercarme un poco más. ― el moreno dio un paso adelante. ― Y añoro poder rozarte.
― Hay más personas. ― le recordó, mirando a Yamato que seguía con los ojos puestos en ellos. ― Si retrocedo otro paso sospecharán que algo sucede.
― Que lo sospechen. No estarían errados. ― La rubia se sonrojó como farolillo. ― Cuando tus mejillas se encienden así, me siento como un depravado, pero me gustas demasiado como para hacerme el idiota y no aprovechar esta oportunidad.
― Una oportunidad de oro, ¿verdad? ― Itachi notó cierto tono herido por parte de la chica. ― ¿Tanto te desespera no poder poseerme? ¿Se trata de tu orgullo de macho?
― No, guapa. Se trata de que necesito tenerte porque me encantas. ¿Eso quieres oír? ― Ino boqueó como pez fuera del agua, sin saber que responder frente a esas palabras tan directas. ― Vamos al camarín de Sasuke. ― tomándola con firmeza del brazo, caminó con ella.
Ino solo vio a Yamato fruncir el ceño, para luego verlo bufar y enrolar los ojos con un meneo de cabeza.
― Itachi. ― lo llamó, pero el pelilargo estaba extasiado pensando en otras cosas. ― ¿Ahora?
― Tranquila, solo será un preludio de todo lo que tendrás. ― Metiéndola en el pequeño lugar, cerró la puerta tras él y la apresó con los brazos a los lados de su cabeza, sin besarla. ― ¿Quieres esto?
― Ya estamos acá. No escuchaste lo que yo podía opinar o si quería venir. ― reclamó Ino, cruzándose de brazos e intentando no ponerse nerviosa.
― ¿Te dejo ir? ― la rubia no esperó que él se rindiera con tanta facilidad. ― Si das chance para esto, Ino, no te arrepentirás, pero tendrás que asumir sus consecuencias. No soy un hombre que lo conformes con migajas. ― Ino descruzó sus brazos y posó sus manos en la cadera, de manera desafiante. ― Pero si dices que no, no te perseguiré más. ― le advirtió, mirando su boca en todo segundo. ― Yo sé que tú también me deseas. No te mientas a ti misma.
― ¿Crees que me puedo mentir después de lo que te dije en el avión? ― Itachi no respondió. ― Dije que me gustabas y que estoy aterrada con esto, porque he sufrido mucho. Si me lastimas un poco, te mato.
― ¿Estás cediendo? ― le preguntó incrédulo el pelilargo.
― A buen entendedor… ― sus palabras quedaron ahogadas por los labios cálidos y delgados del pelilargo, que agarrándola por las mejillas la retuvo firmemente agarrada para que recibiera su beso.
Ino no se negó a eso y el dio cabida a la lengua que el moreno insistía en ingresar. Y no se equivocó, porque la humedad, textura y sabor del moreno generaban lenguas de fuego que abrasaban su cuerpo, llenándola de un deseo que jamás había sentido. Quería que la tocara, que recorriera con sus manos su cuerpo, que la hiciera rozar el cielo solo con pasear su tacto por sus curvas y que no retrocediese jamás. Era un deseo tan implacable, que la consumía y quemaba, pero también la hacía sentir que estaba actuando de la forma correcta, sin equivocarse.
Sus brazos se afirmaron en el cuello del hombre e Itachi la tomó por los muslos para que los subiera a su cadera y enganchara ahí.
― Oh… ― jadeó el moreno contra su oído, mordiéndole el lóbulo y besando su cuello. ― Esto era lo que necesitaba.
― Ganaste. ― susurró la chica, cerrando los ojos y dejándose sentir. ― Querías poseerme y ya ganaste.
― Hoy no te tendré por entero, porque para eso necesito más que un par de minutos. ― le dijo, volviendo a boca y mordiéndole el labio inferior. ― Toda una noche tampoco bastará para tenerte.
― No quiero que esperes. Ya ganaste, Itachi, ahora entrégate. ― el moreno se alejó, pero sin soltarla. No creía ni entendía las palabras de la rubia. ― Yo quería ir lento, hacernos amigos y luego ver qué pasaba, pero también te deseo y fingir que no me pasa nada mientras tomamos un vino, o estar esperando para sentir que hago las cosas bien al hacerte pasar por todas esas etapas, es estúpido. Ahora lo haremos.
― ¿Aquí? ― la rubia asintió, bajándose de su cadera y empujándolo por el pecho. ― Ino, ¿es verdad? ― la chica asintió. ― Después no habrá vuelta atrás, ni jugaremos a darnos la manito antes de que te robe un beso, lo entiendes ¿verdad?
― Deja de hacerme dudar. ― fueron sus últimas palabras, antes de lanzarlo sobre el sofá que había en el camarín del Uchiha menor.
Itachi reaccionó a los pocos segundos y se lanzó sobre ella, mirándola estar sobre él como una amazona a punto de montarlo.
Sus ojos azabaches se cruzaron con los celestes de la chica y se sintió extrañamente bien. Deseándola con locura. La misma locura que lo obligó a abrirle la blusa con manos expertas dejando a la vista una pequeña remera de pabilos que voló en compañía de su sostén rosa. Itachi se la comió con la mirada, para luego besarle los pechos y meter uno de los botones rosas en su boca. Ino lanzó la cabeza hacia atrás y jadeó, gimiendo el nombre del hombre.
El pelilargo no quería tantos entretiempos. Ya podría hacerle el amor con la boca en otra ocasión. En ese minuto solo necesitaba sentirse dentro de ella, así que, volteándola, la puso bajo su cuerpo y le abrió el jean, que con ayuda de la chica fue arrancado. Él agarró su camisa por atrás y con una sola mano se la sacó para dejarse caer sobre ella, rozando sus pechos y gustoso de sentir los pezones de la chica dando directo en el palpito de su corazón.
―Ino. ― gimió, besándola y paseando sus manos por la piel expuesta, para juguetear con sus pechos dejándolos en puntas. ― Maldita sea. ― masculló, dejando caer su cabeza en el cuello de la chica y deteniendo el recorrido de sus manos.
― ¿Qué pasa? ― le preguntó sin entender al sentirlo detenerse. ― ¿No te gusto?
― No me puedes preguntar eso cuando estoy que exploto dentro de mis pantalones. ― le dijo, tomándole su mano y guiándola hasta el cierre de su jean. ― No tengo preservativos.
― ¿Por eso frenas? ― Ino le bajó el cierre con una mano, mientras su otro brazo se enroscaba en el cuello del pelilargo para acercarlo a su boca. ― Te sales antes.
― Pero es riesgoso. ― dijo abatido. La rubia sacó cuentas rápidas y se dio cuenta que estaba en una época segura.
― No hay peligro. ― Itachi lo pensó. ― Tampoco quiero hijos a los 18 años.
― ¿Tienes 18? Pensé que ya cumplirías los 20. ― un ínfimo espacio de razón quiso posicionarse en su cabeza, pero rápidamente lo desechó, sin querer atormentarse con pensamientos que no venían al caso y menos en ese minuto tomando en cuenta cómo se encontraban.
― Esa es Tenten. ― respondió la rubia, cansándose de esa conversación. ― ¿Lo haremos o no?
― Sí. ― Itachi volvió a su tarea y le beso la boca para volver a caldear el ambiente con besos fogosos.
Sin poder contenerse ni un poco, la rubia le tiró los pantalones hacia abajo e Itachi se los sacó casi a patadas para quedar completamente desnudo sobre ella y con su miembro rozando el punto palpitante de la guapa rubia.
― Ahora. ― le dijo, instándolo a apresurarse, pero el moreno no quería adelantar nada y bajó por su cuerpo solo para tocarla, besarla y oler su esencia. ― ¡Itachi! ― chilló anhelante.
― Si tanto lo deseas. ― corriendo las pantaletas hacia a un lado, entró en ella con una dura embestida.
Ino perdió el aliento y un dolor lacerante la atravesó aterrada. Abrió los ojos como platos y miró a Itachi sin comprender nada.
― Detente un poco. ― le pidió, haciendo un gesto de dolor. ― ¿Por qué me duele tanto?
― Solo relájate y poco a poco pasará. ― le dijo el moreno, manteniéndose quieto a pesar de que su instinto le ordenaba que se moviera. ― ¿Daiki no era tan… grande?
― Las veces que lo vi creo que era normal. ― jadeó adolorida. ― Pero nunca se sintió de éste modo.
― Quizás no hubo penetración. ― Ino negó. ― ¿Podemos buscar alternativas para entender porque te duele tanto en otro minuto? Estoy a punto de tener un colapso nervioso si sigo conteniéndome y no me calienta pensar en tu ex en éste preciso minuto.
― Muévete despacio. ― le pidió la rubia, levantando las caderas para poder acomodarse y acomodarlo mejor en su interior. ― Eso.
― Si nos detenemos por tercera vez, soy capaz de quemar este lugar. ― la rubia asintió, disfrutando de esas sensaciones nuevas que nunca había tenido. ― ¿Puedes aguantar más?
― Sí. ― el ritmo del moreno aumento y le abrió más las piernas para llegar muy dentro.
Ino aguardó los gritos, pero pronto se volvieron en una necesidad que no podía contener, desatando su voz y gimiendo su nombre. Itachi le levantó la cadera metiendo sus manos tras su trasero y la posicionó para que el ángulo de ingreso fuese más profundo y placentero.
La rubia cerró los ojos y todo se volvió en fuegos artificiales que se mostraban frente a ella y explotaban en su cuerpo. Sus músculos se contrajeron, al igual que su estómago y un calor se posicionó en su pelvis, obligándola a moverse contra el miembro del pelilargo, que también estaba a punto de explotar y palpitaba en su interior.
― Respira y suéltate. ― la chica obedeció y apretando la espalda ancha de Itachi, que se encontraba bañada por su sudor, desfogó su necesidad de gritar y se arqueó contra él, rozando las puntas de sus pezones en el pecho sutilmente cubierto de vello que tenía el pelinegro. ― me saldré. ― le dijo, con voz estrangulada, pero no alcanzó, porque la rubia lo retuvo con su propio orgasmo y él no tuvo las fuerzas para echarse atrás.
Gritaron sus nombres y respiraron al mismo tiempo, sin soltarse, para que luego Itachi cayera en el hueco de su cuello. Ino, le besó la mejilla al moreno, porque era lo que tenía más a su alcance y rápidamente el Uchiha mayor levantó el rostro y le regaló un gran beso que fue detenido por el sonido estridente de un celular sonando. Era el de él.
― Contesta. ― le dijo la rubia, respirando entrecortado. ― Quizás nos necesitan.
― Ahora se pueden pudrir. ― susurró el moreno.
Levantándose con molestia y jadeando cuando salió del cuerpo de la chica, tomó el celular viendo el nombre de su hermano reflejado en la pantalla.
― Itachi, me tendrás que desinfectar el lugar. Eres un hijo de perra. ¿Cómo se te ocurre tener sexo en mi camarín? ― el pelilargo recordó donde estaban, con quien estaba y que había hecho, pero el remordimiento que debía sentir por ello nunca llegó y atinó a sonreír dándose por pagado. ― ¿Me oíste? Los gritos de Ino se escucharon hasta en dirección.
― ¿De verdad? ― de él podían hablar lo que quisieran, pero que tocasen a la rubia era un tema mucho más delicado. No quería dejarla en evidencia y mucho menos en su trabajo, donde había tantos hombres que podían sentirse excitados luego de oírla.
― No, estoy exagerando. Solo yo los oí, porque se me ocurrió ir en busca de mi almuerzo, pero me encontré con hermoso espectáculo.
― ¿Entraste? ― Sasuke bufó desde el otro lado.
― No soy voyerista. ― masculló. ― Te advierto que me tendrás que desinfectar el lugar o conseguirme otro camarín, porque no pienso entrar y encontrarme con tu olor a sexo.
― Estábamos haciendo ejercicio, hombre de pensamientos sucios. ― Sasuke bufó sonoramente y luego cortó, sin darle ninguna otra palabra. El pelilargo se dio vuelta para mirar a Ino y se la encontró solo con su ropa interior, volviendo a encenderlo. ― ¿Cómo estás?
― Como si hubiese montado a caballo. ― la risa de Itachi fue contagiosa. ― Todavía me preguntó que pasó, pero si hay algo que rescato, es que fue algo incomparable. Ahora sé lo que es un orgasmo.
― Y yo sé lo que es acostarse con una virgen. ― los ojos del moreno se dirigieron a un cojín del sofá que tenía mezcla de ambos fluidos. ― Al parecer Daiki nunca logró entrar más allá.
― Tiene que haber otra explicación, porque yo recuerdo haber sentido dolor la primera vez que estuve con él, pero contigo fue un dolor gigantesco.
― Debe ser acorde al porte de mi amigo. ― señaló, apuntando a su miembro, semierecto. ― Es mejor que me vista y volvamos a trabajar.
― Oye ¿no sería mejor aprovechar el tiempo? ― Itachi alzó una ceja al verla caminar hacia él, sacándose el sostén, bajando sus pantaletas y desatando su cabello como una diosa. Sus curvas eran espectaculares y el rebote de sus senos al caminar lo hipnotizó. ― Sasuke ya sabe que estamos acá y Yamato también. Podrías terminar de "contaminar" todo el camarín y olvidarnos un poco del trabajo, ¿no crees?
― Te he convertido en un monstruo. ― susurró sin creerlo, pero feliz de la oportunidad. ― Pero tus deseos son mis órdenes.
― Me gusta saber eso, señor Uchiha. ― la chica lo abrazó por la cintura y levantó su rostro. ― Ahora asuma con las consecuencias de sus actos.
― Gustoso y por laaargo tiempo.
O.O
Sakura salió nuevamente a grabar sin encontrar a su amiga ni hermano de Sasuke.
Luego de que este despotricara contra el mayor de los Uchiha y no quisiese decirle que pasaba, tuvo que hacer uso de toda su persuasión para convencerlo y así enterarse de que su querida amiga sí que era una guarra completa. Estaba en el camarín de Sasuke teniendo sexo como si no hubiese mañana y quizás rememorando la conversación que había tenido anteriormente con ella. La linda rubia ahora sabría lo que era tener un orgasmo.
― Haruno. ― la voz de su manager la detuvo. ― Hola, ¿cómo te encuentras?
― Ahora mismo voy a grabar una nueva escena. ¿Pasó algo? ― la mujer negó.
― Quería comentarte que hablé con Itachi y hace algunos segundos con Sasuke y les comenté que había hecho una investigación sobre casos famosos de relaciones como la tuya con él, y encontré mucho material para defendernos en caso de ser descubiertos. ― la pelirosa miró la punta de sus zapatos, concentrándose en las palabras de Shizune. ― También tuve una conversación con Kakashi y me dijo que sabía sobre lo de ustedes. Otro aliado y bastante fuerte porque tiene bastante peso en la industria, algo que nos viene de maravilla.
― Tú sabes sobre esto, Shizune. Lo dejo en tus manos. ― le dijo Sakura.
― Muy bien. Estás siendo prudente. ― halagó la mujer, sonriendo dándose por ganadora. ― Konan tiene algunas citas concertadas y te hizo apuntes de cómo puedes responder. Igual estos apuntes están propensos a ser cambiados si lo estimas conveniente. Al final es tu vida, nosotros te la organizamos, pero tú más que nadie sabe lo que le conviene y lo que no.
― ¿Has visto mi Instagram? Creo que he tenido un gran manejo con esa red social.
―Sí, y me parece bastante adecuada. Lo has hecho bien. ― Shizune le revolvió el cabello con afecto. ― Te miro y siento que te irá tan bien con todo esto.
― Es lo que quería hacer desde que tenía memoria. Además, no me quedaré pegada, estudiaré. ― le volvió a contar, recordando la conversación que tuvieron el primer día que se conocieron.
― ¿Teatro? ¿Artes escénicas? ― Sakura negó.
― Me gusta el arte y la danza. Veré que carrera puede ser compatible para ambas cosas, además de perfeccionarme como actriz. ― Shizune se impresionó con sus palabras. No esperaba que la pelirosa tuviese tal claridad de lo que buscaba. Era muy madura para la edad que tenía.
― Estupendo. ¿Ningún problema con los guardaespaldas?
― Nada. Son muy agradables y con Morio me llevo muy bien. ― Shizune alzó una ceja, ciertamente preocupada por eso. ― Hey, no pienses cosas que no son. Estoy con quién sabes tú.
― Ese "quién" es bastante territorial. Yo que tú me andaría con cuidado, porque puede enojarse y Sasuke enojado no debe ser alguien amistoso.
― Es horriblemente desagradable. ― reclamó la chica. ― Pero se contenta rápido.
― Ya lo creo. ― Shizune se acercó mucho más a Sakura y le habló bajito, solo para que ella la escuchara. ― Investigué información anterior a ti y me encontré con un incidente aislado que protagonizaste con Sasori. ― la pelirosa se sonrojó avergonzada. ― ¿Algo que decir? ¿Debo temer por disputas al interior del set?
― Claro que no. ― se desmarcó de inmediato. ― Eso ocurrió un día que tuve una pelea con Sasuke…
― ¿Tanto tiempo llevas con el Uchiha? ― Sakura asintió, pero no profundizó y continuó hablando sobre el tema Sasori.
― La cosa es que bebí alcohol cuando tenía una fiebre altísima y tomando medicamentos para sanarme. Fue una mala mezcla y como que perdí la noción del tiempo. Según Ino fue un corto beso, en realidad un ligero roce y nos separamos, pero la prensa lo agrandó y tuve un gran problema por eso. ― Shizune entendió, y lo apuntó mentalmente: NO darle alcohol a Sakura.
― Bueno, ahora tienes manejo comunicacional, así que no temas por problemas de ese tipo. Sabremos sacarte de encima a la prensa en caso de ser necesario, pero no tientes al diablo, Sakura. Anda con cuidado en cada cosa que hagas. Ya no eres una persona normal y aunque te cueste asumirlo, las cámaras comenzarán a seguirte y más todavía cuando sepan con quién estás.
― Eso ya lo tengo asumido. Sasuke es una estrella mundial y es el que más pierde en caso de que nuestra relación salga a luz. ― Shizune le dio la razón. ― Ya, me prepararé para una nueva escena.
― Lo estás haciendo excelente, Saku. Sigue así.
― Gracias. ― llegó donde estaban todos preparándose para comenzar a grabar. Sasuke la miró de reojo y le dio un guiño en signo de complicidad. ― Estoy aquí. ― le dijo a Jiraya.
― Entonces comenzamos nuevamente.
Grabación
― Listo, la escena de ahora tendrá que ser un poco más peleada, pero les tengo fe a cada uno de ustedes. Den lo mejor. ― Sakura miró hacia todos lados y se encontró con los ojos violeta de Suigetsu. Quiso ir a hablarle, pero un gesto de Sasuke la detuvo, limitándola a saludarlo con la mano para recibir una sonrisa apagada como respuesta. ― En la escena anterior Suigetsu no participó aunque si se requería de su presencia. Igualmente logramos salir de ese problema y ya está todo arreglado con él. ¿entendido?
― Sí. ― dijeron todos.
Sasuke levantó la mano.
― Dime. ― lo instó el peliblanco.
― No practiqué los golpes con Sasori y no quiero sobrepasarme. ― murmuró sin ningún tono que evidenciara alguna emoción. ― Creo que deberíamos conversar de qué modo podemos hacerlo mejor.
― No es necesario, Sasuke. Tengo claro cómo debo recibir los golpes y si son reales será más realista. Se podría convertir en una pelea de verdad. ― Jiraya enarcó las cejas, incomodo con esa muestra de machos dispuestos a golpearse. ― No te contengas.
― Créeme que no estaba en mis planes contenerme. ― Sakura se volteó sin querer mirar a ninguno de los dos, cansada con esa desagradable demostración de machitos que peleaban por nada bajo su concepto. ― ¿Podemos comenzar? Se hará de noche prontamente.
― Necesitamos grabar en este horario, porque el anochecer nos acompaña. ― todos asintieron. ― Andando.
― Tomen posiciones chicos. ― gritó Yamato. ― Kakashi, ¿todo listo?
― Tramoyas, luces, cámaras y microfonía en perfecto estado. ― alzando su dedo pulgar, dio el pase para comenzar con la grabación.
― Luz, cámara y acción. ― dijo Jiraya, comenzando a grabar.
Historia de Chiyo
9° Escena. Sakura la que salva
― Hijo… de… perra… ― los golpes de Hayato remecían las paredes desnudas del sótano en el cual se encontraba, con Ryu sentado frente a él, convaleciente y sangrando por muchos lados. ― Ella era intocable. ¡Te lo advertí!
― Está a… punto de morir… ― jadeó. ― y es… por… tu culpa…
― ¿Mi culpa? ― descontrolado, le volvió a dar un golpe en el rostro y con una patada lo tiró al suelo, mirándolo desde su altura. ― Si no la hubieses tocado, nada de esto estaría pasando, Ryu.
― No tengo… miedo. ― dijo el pelirrojo, escupiendo al suelo los restos de sangre que tenía dentro de la boca. ― Ella… te teme.
― ¿Y tú la salvarías? ¿Eso creías? ― lo pateó en las costillas. ― No era a ti a quién debía recurrir en caso de que quisiera algo.
― Pides demasiado… para lo poco… que das. ― Agarrándose el costado, Ryu se dejó caer sobre su espalda, mirando el techo del lugar. ― Déjala ir.
― ¿Para que esté contigo? ― cegado por su enojo, Hayato le dio una patada nuevamente, rompiéndole el brazo. ― Eras de los míos, Ryu. Confié en ti.
― Duele… ― clamó, respirando erráticamente. ― Ella no merece… esto.
― Sabes lo que se teje detrás. Todo empieza en Carey y ahora acaba con Chiyo. ― furioso, agarró la botella de sake que había sido su fiel compañera en los últimos días y le dio un largo sorbo, gruñendo cuando el escozor de su garganta lo hizo toser. ― Estaba conmigo, yo soy quién tiene a Chiyo. Debías acatarlo de ese modo.
― ¿Dejarla a tu… merced? ― Ryu rio con crueldad. ― Nunca.
― ¿Quién te ordenó desbaratar todo? Habla con claridad. ― el pelirrojo se volteó para vomitar todo lo que tenía dentro de su cuerpo, siendo su mayoría sangre. ― Te dejaré libre, pero si me dices la verdad.
― No hay verdad… Es lo que viste… es amor. ― Hayato meneó la cabeza, no queriendo oír esa palabra, menos cuando se relacionaba con la chica de 15 años que se debatía entre la vida y la muerte unos metros más allá. ― Chiyo es el sueño de cualquiera.
― Pero no el tuyo, hijo de puta. ― masculló, lanzándole la botella y viéndola quebrarse. ― No quería que nuestra relación terminase así.
― Yo la vi… primero. ― dijo el chico, en una vaga defensa. ― Yo me la… pille en el… campo.
― Pero soy yo quien la coge, ¿oíste? ― tomándolo de las solapas de su ropa, lo levantó. ― Si ella muere, tú también lo harás. Por ahora quédate aquí bajo la vigilancia de Yuu.
― No te traicioné…
― Posando tus ojos sobre ella, ya lo hiciste.
Lastimado, Hayato cerró la puerta del sótano con un seco golpe y subió las escaleras para ir en busca de más información sobre la chica, temiendo que en cualquier minuto le avisaran de su deceso. El terror de verse en esa situación lo paralizaba.
― Señor. ― el llamado de una voz delicada lo detuvo. ― Las chicas preguntan si hoy habrá jolgorios.
― ¿Ves que tenga cara de querer celebrar algo? ― Masami, la guapa mujer de pelo liso y ojos gatunos bajó la cabeza. ― No habrá jolgorios.
― Señor, Hayato. ― volvió a llamar la mujer, deteniendo nuevamente su trayectoria. ― Chiyo no morirá.
― ¿Ves el futuro? ― Masami negó con la cabeza.
― Yo no, pero Eri sí y ella dice que la chica vivirá. ― Hayato frunció el ceño. ― En el cuarto de las mujeres lo extrañamos y queremos que se relaje. Deje que la chica esté en las manos de las personas correctas y que la pueden salvar.
― Chiyo está a mi cargo y no la dejaré de lado porque sus libidos extrañen mi cuerpo, ¿me oíste? ― Masami asintió, aceptando de mala gana el haber perdido. ― Además, el último tiempo nosotros no hemos tenido relaciones, como para que ahora aparezcan llorando por mi ausencia.
― Siempre lo extrañamos. ― Masami se acercó a él, posando sus manos en el pecho de Hayato. ― El deseo en nuestro cuerpo es persistente y anhelante por usted, señor. Las chicas sueñan por ser tomadas.
― ¿Tú no? ― Masami se alzó de hombros. ― Ya hemos tenido el suficiente sexo como para que todavía tengas necesidad de mí.
― Nunca me basta. ― Hayato sintió el calor que las delgadas manos emanaban sobre su pecho y alertó su cuerpo cuando uno de ellas se escabulló dentro de su pantalón, tomándolo entre los dedos. ― Quiero que se relaje.
― No es tu cuerpo el que quiero poseer. ― alejándola con brusquedad, volvió a caminar en busca de la habitación que resguardaba a la chica de ojos verdes.
Al entrar, la vio todavía inconsciente sobre el camastro, siendo velada por la anciana mujer que Isoka había conseguido, pero antes de entrar, la voz de otra persona lo detuvo y prefirió escuchar de qué hablaban.
― ¿Entiendes todo lo que significa el robarse a ésta chica? ― Hayato frunció el ceño, sabiendo de antemano de qué iba el tema. ― Chiyo es intocable, al igual como lo fue su madre en cierto momento. Además, está embarazada. En cuanto Hayato se entere de eso, no se separará de su cuerpo.
¿Un bebé? El cuerpo delgado del hombre se enfrió como tempano y el sudor perló su espalda, aterrorizándolo.
― Amatista, no soy idiota. ― Isoka era el traidor. Eso le quedó más que claro, mientras rápidamente maquinaba algún plan para matarlo sin contemplaciones. ― El costo de llevar a Chiyo junto con el bebé que trae en su interior será altísimo. Además, ella debe volver a donde pertenece, no me la llevaré conmigo ni la entregaré a cualquier otro.
― Su lugar es acá con Hayato y lo sabes muy bien. ― ¿Por qué era tan ferviente la protección que la mujer hacía para con la pelirosa? ― Las profecías de hace muchos años hablan de esto y de cómo se generará una de las guerras más sangrientas para acabar en una historia de amor única.
― ¿Cree en esas mierdas? ― la risa sardónica del pelirrojo no le gustó. ― Amatista, si hay algo de lo que puedo estar completamente seguro, es de que Hayato no tiene sentimientos por nada, ni mucho menos por ésta chica que le quitó a su padre.
― Chiyo no fue.
― Bueno, lo fue Carey, su madre. ― Hayato apretó los puños al oír nuevamente ese nombre. ― Hayato la usa como quiere, pero cuando se aburra, la dejará como estropajo si no es que la mata. El que la saque de acá y la devuelva a su abuelo significa muchos buenos dividendos, pero sobretodo, protección para ella. ― ¿El abuelo de Chiyo vivía? ¿Cómo podía estar pasando eso?
― Algo tienes entre manos y va mucho más allá de tu buena voluntad. ― Isoka carraspeó incómodo. ― No quiero meterme más en esto. Solo quiero que la chica se recupere y luego tu verás cómo te las arreglas. Yo desapareceré.
― Por supuesto que lo harás, Amatista. ― Amenazó el pelirrojo, asustando a la mujer y a Hayato que nunca lo había oído así. ― Chiyo tiene que ser salvada y yo seré ese héroe.
― Si es que sobrevives. ― harto de esa conversación que dejaba entrever un futuro para nada complaciente y que le generaría muchos conflictos, además de ese tono de superioridad que estaba usando Isoka y que no le gustaba, interrumpió en la sala, asustándolos. ― ¡Hayato!
― ¿Cómo sigue? ― preguntó haciéndose el desentendido. Ya sabría qué hacer con la información que recientemente había escuchado. ― ¿Morirá?
― Lleva dos días en recuperación todavía, pero si no murió el primer día, tenemos un 50% de probabilidades de que sobreviva.
― ¿Alguna novedad aparte de eso? ¿Su herida como cicatriza? ― le preguntó, levantando las sabanas y mirando los puntos oscuros que eran del hilo que juntaba su piel separada por culpa de su katana. ― Quiero buenas noticias. Estoy harto de esta larga espera por una evolución en su salud. ― aseguró, molesto con todo y a punto de explotar.
― La paciencia es una virtud esquiva y por lo que noto, no la posees, querido Hayato. ― Amatista le sonrió. ― Chiyo sobrevivirá, pero tienes que dejarla descansar y no estar metido acá con toda esa aura negra que cargas.
― Creo que tengo poder de decisión y en este minuto decido quedarme acá. ― Altaneramente, se sentó sobre una butaca y vio a la mujer trabajar sobre el cuerpo menudo de la pelirosa al mismo tiempo que Isoka escapaba por la puerta.
Expectante, rogaba por algún movimiento por parte de ella, aunque fuese un leve aleteo de sus pestañas, pero era en vano. Nada pasaba. Seguía inmóvil e inconsciente, liberada de cualquier culpa y sin hacerse cargo de todo el problema que causaba estando así. Además de estar embarazada… eso lo tenía paralizado de miedo. Nunca esperó verse en una situación así y menos teniendo todos los problemas que le habían llegado en el último tiempo: Kei, Ryu, ahora Isoka para terminar con la "resucitación" del abuelo de la chica. No era un buen presagio.
― Iré por unas cosas. ― dijo la mujer, saliendo de la sala y dejándolo solo con la chica.
Hayato se levantó y por primera vez en días se acercó a mirarla detenidamente, intentando olvidar por un minuto lo que le había hecho.
Con lo que se encontró era algo que ya sabía. Era tan hermosa, suave y con labios apetecibles, aparte de tener un olor único que se convertía en afrodisiaco para su cuerpo.
― ¿Cuándo despertarás? ― le preguntó al aire, tocándole el cabello. ― Tienes que despertar, todavía hay cosas que arreglar. Recuerda que tengo que usarte para vengarme.
Chiyo se veía como una princesa con su tranquilidad, esperando por un príncipe azul que la besara para sacarla de ese letargo en el cual se encontraba, pero Hayato sabía que eso era imposible, porque él no permitiría que nadie se acercara aparte de su persona y distaba mucho de ser un príncipe salvador de princesas. No tenía lo ingredientes para serlo.
― En un par de horas y con ayuda de algunos chicos, la sacaremos de acá. ― la voz de Isoka atravesó el pasillo, reverberando acorde a sus pasos en el suelo de piedra. ― Ryu tendrá que pagar por su error y no lo podré ayudar.
Isoka ingresó a la habitación y se encontró con la mirada fiera que le envió Hayato.
― Lo que vas a hacer se llama traición. ― la palidez del pelirrojo le generó placer, porque que era la clara señal de que se había dado cuenta de su error y que estaba pillado. ― Sacarla de acá sería tu muerte. Lo entiendes, ¿no?
― Esa chica va a generar una guerra. Kei por un lado que desea venganza, Ryu que la quiere como mujer y tú Hayato, que también quieres venganza, pero la deseas como tu pareja. Chiyo va a destrozar todo lo que tu abuelo creó alguna vez. ― el pelinegro esquivó la camilla que usaba la chica y se acercó a su soldado. ― No tengo miedo.
― Si lo tuvieras, no estarías acá amenazándome ni acusando a tus propios compañeros. ― el porte de Hayato era muy superior al de Isoka y aprovechándose de eso, lo tomó por el pecho en un puño fiero. ― Creíste que te iba a dejar el camino libre, ¿verdad? Me subestimaste, añorando que todo te resultara como tanto lo deseabas, pero perdiste, Isoka. Tú sacas a Chiyo un centímetro por esa puerta y date por muerto. Sin darte cuenta tendrás la mitad de mi katana metida en tu corazón, ¿entendido?
― Los estoy salvando a todos. ― Hayato soltó una carcajada amarga. ― Ahora no lo ves porque estás cegado con ella, pero el hecho de que Ryu esté abajo, molido por tus golpes y retenido solo habla de lo que puede provocar un cuerpo agradable.
― Chiyo no es solo un cuerpo y lo sabes. ― casi chocando sus frentes, le habló con voz de ultratumba: ― Es mía y así será por siempre.
― ¿La amas? ― alertado, Hayato lo soltó, pero tuvo la suerte de no tener que contestar, porque el cuerpo de la chica comenzó a moverse incómodo y abriendo los ojos, los miró a ambos, para gritar con horror cuando recayó en donde se encontraba y vio quienes estaban a su lado.
― ¡Por favor, no me mates! ― gritó aterrada, recogiéndose en la cama para quedar pegada en el respaldo. ― Tampoco lo mates a él. Fue mi culpa. ― susurró, apretando los ojos al sentir el dolor que le provocaba la herida de su vientre.
― ¿Acaso no lo puedes olvidar? ― Chiyo se tapó los ojos aterrorizada. ― Isoka, sale.
― Pero… ― advirtiendo que no era una buena idea que siguiera con su conversación, salió al pasillo encontrándose con varios compañeros que habían oído el grito. ― Despertó. ― dijo escuetamente para luego desaparecer.
Hayato siguió mirando fijamente a la chica, esperando algo más por parte de ella y no solo terror como si él fuese el mismísimo demonio.
― ¿Lo… mataste? ― le preguntó, tragando su propia saliva. ― A Ryu.
― No. ― Chiyo soltó el aire aliviada. ― Aunque nadie dice que en este minuto siga vivo.
― Fue mi culpa, Hayato. Yo lo provoqué. ― dijo, echándose la culpa. ― No pagues con él el error que cometí. Yo estoy dispuesta a someterme como lo llevo haciendo todo este tiempo.
― ¿Negarás que ya no eres una víctima y también participas del sexo que te entrego? ― Chiyo se sonrojó, pensando que no era un buen momento para hablar de ello. ― Si esperas algo por parte de Ryu, te advierto que no lo tendrás, porque para eso me tienes a mí. ― invadiendo su espacio, se sentó a un borde de la cama, arrinconándola. ― Cometiste un error al permitir que él te tocara y besara donde solo yo puedo hacerlo. Desde el minuto en que entraste a mi cama y dormiste apegada a mí, me debías fidelidad. Ryu tiene clara las reglas de este lugar.
― Pero yo no. ― respondió la chica con firmeza, alzando el mentón. Hayato recordó a Carey con ese gesto. Era muy característico de ella. ― Nunca me hablaste de fidelidad ni una relación donde yo me debía a ti, cuando tú te paseas por todas las camas de tu harem.
― Harem, que palabra más pintoresca. ― susurró, para luego acortar sus distancias. ― Dormiste abrazada a mí en más de una ocasión y me buscabas entre sueño. Ahora te haces la que no recuerdas, pero era yo el que hacía tocar el cielo y te mostró un nuevo mundo. ― le acarició el labio inferior con el pulgar, hipnotizado con la tonalidad rosa que comenzaba a tomar por el sensual gesto. ― Eres mía, Chiyo. Todo tu cuerpo es mío.
― No… ― murmuró la chica, temiendo lo peor para su futuro. ― Déjame libre, Hayato. Olvídate de mí.
― Eres como una obsesión. Jugaste con cuchillos ardiendo al permitir que Ryu te tocara. Estuve a punto de matarlo y si no es porque tú te cruzaste, ahora estaríamos velando el cuerpo de un traidor. ― Chiyo soltó el aire lentamente. ― No lo vuelvas a hacer, como tampoco aceptes irte de mi lado, porque sea donde vayas te voy a encontrar y traer de vuelta, ¿me oíste?
― Yo no tengo dueño. ― le recordó con odio. ― No podrás tenerme.
― Aunque te niegues a aceptarlo, ya te tengo. ― con rabia se tuvo que reconocer que deseaba ser besada por esos labios delgados, pero Hayato no le dio en el gusto, captando sus intenciones. ― Tendrás que hacer méritos, Chiyo.
― Si vuelvo a tu cama, ¿dejarás libre a Ryu? ― Hayato alzó una ceja, echándose atrás. ― Esa es mi única condición. Me entregaré a ti por entero, a cambio de que Ryu sea liberado de su sentencia arbitraria.
― En mi mundo, Chiyo, el hombre que desea y toma a la mujer de otro, es asesinado de la peor forma. El hecho de que ese hijo de puta siga abajo viviendo, solo habla de mí sensibilidad frente a él y las pocas ganas que tengo de ensuciarme las manos con un imbécil.
― Entonces acepta lo que estoy dispuesta a darte. ― el pelinegro se puso de pie, sin mirarla. ― Hayato, puedo intentar hacerlo bien.
― Me gusta que me tutees. ― dijo el hombre, cambiando drásticamente de tema. ― Pero el hecho que me guste, no significa que me hayas dominado. No sé qué haré contigo, pero por hoy no hablaremos ni de Ryu, ni de lo que hiciste, ni de lo que te quiero hacer. Solo irás a dormir donde te corresponde y yo te vigilaré.
― No puedo acostarme contigo.
― Muy tarde para que me digas eso. Ya nos hemos acostado mucho. ― Tomándola en brazos y abrigándola con una sábana, salió con ella siendo observado por todos sus súbditos. ― Yuu, saca a Ryu y déjalo al borde de la propiedad para que se largue. Luego de eso, vigila a Isoka.
― No necesito vigilancia. ― amenazó el pelirrojo.
― No la necesitarías si no hubieses metido tu nariz en algo que no te corresponde. ― respondió con autoridad. ― Chiyo de ahora en adelante dormirá conmigo y se moverá en el sector que yo me muevo. Solo búsquenme en caso de emergencias.
― ¿Qué hacemos con las chicas de cuarto de mujeres? ― quiso saber uno de los hombres, saboreándose al ver que el jefe había elegido una como permanente, lo que significaba que las otras podían ser utilizadas, pero Hayato no era un enfermo de la cabeza que dejaría a esas mujeres a la merced de hombres carentes de escrúpulos y malos en todos los sentidos.
― Ellas serán trasladada a los dormitorios que quedan cerca de mi zona privada. ― todos se alertaron, incluida Chiyo que no compartía la idea de que Hayato siguiese viéndose con esas mujeres. ― He mandado. Si les tocan un solo cabello, conocerán mi genio.
― A moverse. ― gritó uno de los hombres, haciendo correr a todos.
Chiyo se vio llevada a un departamento privado que se encontraba escondido dentro de esa gran casona. Había una cocina pequeña, un escritorio con diferentes papeles, un televisor apagado con un sofá grande y en otra habitación había una cama simple, pero muy amena tomando en cuanta quién era el hombre que dormía ahí.
― Buscaré a alguien para que revise tu herida. ― le dijo, dejándola sobre la cama.
Chiyo le tomó la manga de su muñeca, reteniéndolo.
― No quiero… competir. ― Hayato frunció el ceño. ― No quiero todas ellas estén cerca…
― No estás en derecho de elegir ni exigir. ― golpeándole la nariz en gesto de paternalismo, Hayato agregó. ― Te quemaste sola y ahora te atendrás a lo que suceda. Solo ten la tranquilidad que, por las noches, serás la única con la que dormiré.
― ¿Seguiré estando vigilada? ― preguntó resignada.
― Hasta el fin de tus días, niñita. ― dando por finalizada la conversación, Hayato salió del lugar y dejó caer la cabeza contra el muro en cuanto se vio libre de la visual de la chica. ― ¿Qué hice?
Todo era tan confuso en su cabeza, pero le tranquilizaba saber que la chica estaría bajo su vigilancia casi las 24 horas. Al menos de ese modo prevenía que se la llevaran o fuese en busca de Ryu, como también evitaba que tuviese alguna complicación en su embarazo, algo que ella desconocía y él, en algún momento usaría en su favor.
Un frío le recorrió la espalda y fue un presentimiento que no pudo obviar por mucho que lo deseara: Recién comenzaba la guerra.
Fin 9° Escena
8.
La pelirosa se dejó caer agotada sobre el sofá de su camarín y olvidó por completo cualquier guion, problema, felicidad, amor o a Sasuke que pudiese rondar por su cabeza. Solo quería descansar lo suficiente como para no morir en esa maratónica jornada de grabaciones, que lamentablemente, terminaba al día siguiente un poco antes de la hora de almuerzo.
― Odio ser actriz. Al menos hoy lo odio. ― masculló contra el cojín de su cómodo sofá y aspiró hondo cerrando los ojos para dejarse ir en los brazos de Morfeo.
― Te dije que sería agotador. ― Sakura abrió los ojos y miró a su madre sentada frente a ella, sobre el taburete giratorio y con su pelo rubio exquisitamente bien peinado. ― No me escuchaste.
― ¿Qué haces acá? ― le preguntó la chica, frunciendo el ceño y agradeciendo no haber llegado con Sasuke. Se imaginaba el escenario en que se encontraría si su madre los pillaba… ― No me avisaste.
― ¿Tengo que enviarle una notificación formal a mi hija para venir a visitarla? ― Sakura no respondió. ― ¿Qué te pasa? Generalmente tenemos discusiones y encontrones, pero nunca dejas de contestarme el celular o me hablas de esta forma.
― ¿Acaso tiene que pasarme algo? Posiblemente estoy preocupada de otras cosas. ― Mebuki supo que mentía.
La pelirosa por su parte, se golpeó mentalmente a no atreverse a hablar sobre lo que le pasaba con su madre por el mero hecho de no querer pelear. Sabía que se venía una gran disputa y odiaba la sensación de estar enojada con ella. Por primera vez en mucho tiempo, estaba evadiendo un conflicto que podía dejarla como ganadora, pero mucho más lastimada.
― Sakura, te tuve en mi vientre…
― Nueve meses, te críe y enseñé sobre la vida … me sé el discurso, Mebuki. ― interrumpió la chica. ― Ahorrémonos todo esto y vamos al grano. Mi padre apareció en el hotel donde me hospedaba.
La mujer se puso pálida, asustando a Sakura, pero prontamente recobró la compostura y alzó la cabeza, intrigada.
― ¿Qué te dijo?
― Que él no estuvo cerca de nosotros porque tú no quisiste. ― enfatizó de forma hiriente. ― Incluso te quiso pagar el préstamo que te mantuvo trabajando sin parar por largo tiempo. ― le recriminó con furia. ― Konoha y yo nos criamos con la ayuda de nuestra abuela, mientras tú te hacías la orgullosa y rompías tu lomo en tres empleos distintos ¿Cuántos cumpleaños pasé sola? ¿Cuántos días de la madre brillaste por tu ausencia?
― Falte a 5 de tus cumpleaño de tu hermano. Lloré cuando recibí una carta tuya donde me decías que estabas orgullosa de mí por cuidarte incansablemente y que querías ser como yo cuando grande, aunque odiabas que tuviera tantos trabajos porque no me veías. Una vez pedí permiso en mi empleo y fui a verte en una presentación escolar, cuando hiciste de una oveja obesa.
― Era una vaca, mamá. ― carraspeando, Sakura se tragó las lágrimas que quería correr por sus mejillas. ― No entiendo que pasa, mamá. ¿Por qué dejaste que el orgullo te ganara y nos alejaste de tu lado y del lado de mi padre?
― ¿Tu padre te contó qué hizo con el dinero que le presté? ― le preguntó Mebuki, incomodándola. ― ¿Te dijo de dónde sacó lo que me debía para pagarme? ¿Te nombró los negocios fraudulentos que tenía con su esposa y que lograron hacerse gracias a mi estupidez?
― No, pero…
― Entonces, si ya te crees con el derecho de venir a juzgarme, entonces dame la oportunidad de contarte la verdad. Ya eres lo bastante mayor para entender que pasó realmente entre nosotros. ¿de verdad te sientes preparada? ― Mebuki se notaba cansada, pero con sus ojos brillantes, ahogada con su propia verdad. ― Dime, Sakura. ¿quieres saberlo?
― Por supuesto, mamá. Claro que quiero. ― respondió la chica, acomodándose en el sofá para estar frente a frente.
― A tu padre lo conocí cuando tenía 18 años y recién había salido de la escuela. Era ingenua y una niña sin mayores conocimientos de la vida. Ni siquiera había dado un beso en mi vida. ― sonrió con tristeza. ― Tus abuelos me había criado muy sobreprotegida por los hechos que ya conoces. Temían que hubiesen represalias contra mí, tomando en cuenta todo lo que hizo papá, por lo mismo mi vida era ir a la escuela y volver a la casa.
― ¿No tuviste amigas? ― le preguntó la pelirosa, escuchando atentamente.
― Sí, claro. Tampoco era antisocial como tú. ― Sakura hizo una mueca. ― Pero no tenía permiso para salir con ellas a sus casas, porque al fin y al cabo las ponía en peligro. Un día, tuvimos la visita de unos estudiantes de inglés, promesas de profesores. Entre ellos estaba tu padre.
― ¿Papá es profesor de inglés?
― Nunca ejerció. ― la chica entendió. ― Mejor partamos desde el principio. Tu padre es hijo de una familia muy acaudalada. Los Haruno en Estados Unidos tienen un imperio textil. ― Sakura frunció el ceño sin creerlo. ― Estudiar para él era un mero pasatiempo y una excusa para conseguir chicas. Al fin y al cabo, tenía una fortuna asegurada al tener el título en la mano.
― ¿Mis abuelos saben de mi existencia? ― Mebuki se alzó de hombros sin tener certeza de eso. ― ¿Entonces? ¿Por qué te pidió dinero?
― Vamos por parte, Sakura. ― le pidió la mujer, peinándose el cabello en señal de nerviosismo. ― En cuanto lo conocí me enamoré y me dejé engatusar por su palabrería barata. Tiene una labia única, que me anonadó en cuanto la usó conmigo. Todas mis amigas también se derretían por él, pero tu padre me eligió a mí y eso fue el gesto que me hizo sucumbir por completo. Comenzamos una relación sin que en la escuela se enteraran. Me esperaba a algunas casas de las mías y nos íbamos a… yo creo que sabes a qué. ― sonrojada, Sakura asintió. Hablar de la vida sexual de su madre no era algo agradable. ― Después yo salí de la escuela y quise entrar a la universidad, pero no alcancé a tener el puntaje suficiente para ganarme una beca, entonces ahí fue donde entró tu padre. Él se ofreció a costear mi educación, a cambio, y cegada por el amor, acepté ser una especie de "amante", porque según Kizashi no quería tener novia.
― Desgraciado. ― Sakura bajó la cabeza. ― ¿Qué más, mamá?
― Estuvimos así casi dos años, hasta que, por culpa de un resfriado, la pastilla anticonceptiva perdió su capacidad de protegerme y quedé embarazada de ti. Recién había cumplido los 20. ― le contó Mebuki.
― ¿Mis abuelos que dijeron? ― quiso saber Sakura.
― Te adoraron desde el principio. Jamás me obligaron a abortar y me apoyaron en mis decisiones a pesar de que se les notaba decepcionados. Tu abuela me tuvo a los 16 años y no quería el mismo destino para mí.
― Igual eras mayor de edad. ― la defendió Sakura.
― Pero había sido tan protegida que no tenía mayor conocimiento de la vida. ― explicó Mebuki. ― Al contarle a tu padre, le dio como un ataque de felicidad. Estaba demasiado contento para sorpresa mía. Incluso me pidió conocer a mis padres y yo más me emocioné. Por fin él me tomaba como algo serio y no como la mujer con la cual se acostaba. ― Sakura cerró los ojos, intentando enlazar lo que le había dicho su padre y lo que decía su madre. Eran versiones tan distintas. ― Estuvimos juntos, teníamos nuestro hogar muy bien formado y nos entregamos por completo a ti hasta que cumpliste 6 meses. Ahí empezaron los problemas. ― Mebuki agachó la cabeza. ― Un día, saliendo de mi salón, me encontré con un grupo de personas que me rodearon y exigieron que dejara a tu padre. Cuando le conté, él le restó importancia y siguió fingiendo que todo estaba bien. Después, las ruedas de mi carro fueron reventadas, al igual que los vidrios y otros amedrentamientos por estar junto a él. En todas las cosas que me hacían, dejaban notas con amenazas, pero como tu padre dijo que era una estupidez, yo también lo tomé como eso, aunque estaba aterrada.
― Mamá. ― susurró Sakura, triste por lo que oía.
― Tus abuelos descubrieron lo que pasaba y me obligaron a volver con ellos. Kizashi no quería, porque decía que eso era retroceder y que él era mi sostenedor. A todo esto, tu padre se dedicaba a cuidarte, porque no estudiaba ni trabajaba. Sus padres desde Estados Unidos lo mantenían.
― Entonces deben haber sabido de mi existencia. ― resolvió Sakura.
― Lo dudo, cariño. Si hubiese sido así, se habrían acercado. Tu abuelo una vez fue a verme y me pidió disculpas por todo lo que me habían hecho pasar como familia. ― la pelirosa no entendía nada.
― Haber, espera. No estoy entendiendo nada. Papá estaba feliz con mi llegada, incluso me cuidaba para que tú estudiaras, pero a ti te tenían amenazada para que lo dejaras, ¿verdad? Entonces, ¿Quién era el malo acá?
― La madre de tu padre me odiaba. Decía que yo le había quitado a su hijo la posibilidad de casarse con alguien de su mismo nivel. ― explicó la mujer, mordiendo su labio. ― Que su futuro había quedado cortado a la mitad por mi culpa y que iba a ser desheredado. Yo, sabiendo que tu padre no podía vivir sin su dinero, se lo dije. Se aterró y viajó a Estados Unidos, para volver cuando tú tenías un año recién cumplido.
― ¿Nunca se comunicó contigo? ― Mebuki negó. ― ¿Y el amor que tanto decía profesar?
― Tu padre cambió rotundamente. Llegó del brazo de una rubia espectacular, ojos violeta y alta, de su mismo porte. Me informó que se había casado con ella y que lamentaba mucho no poder estar en tu futuro como el padre que le hubiese gustado. En ese minuto tenía prioridades y su prioridad era su mujer. Una mujer que dicho sea de paso, nunca supo de tu existencia.
― ¿Cómo superaste eso? ― Mebuki se alzó de hombros nuevamente, con los ojos llenos de lágrimas. ― Mamá, de verdad lo siento. Soy una tonta…
― Todavía no termino, Sakura. ― la frenó, con brusquedad. ― Me destrozó, aunque luego de todo lo que había pasado, intenté superarlo rápidamente porque tu exigías demasiado como para tener tiempo de llorar. Dos días antes de que él partiera a su país nuevamente, llegó donde mí y me pidió disculpas. Lloró arrepentido de todo y ese día fue cuando creamos a Konohamaru. ― la pelirosa se golpeó la frente, sin lograr comprender del todo el actuar de su madre, aunque ahora que era una chica enamorada, podía intentar hacerlo. ― A la mañana siguiente me dijo que la única forma de liberarse, era teniendo dinero a mano. Le pregunté por su familia y me contó que su padre le había negado la herencia al enterarse de que había vivido con una chica y por eso se vio obligado a casarse con esa mujer, porque si no su madre era capaz de cualquier cosa. Temerosa, lo acompañé a un banco y saqué un crédito dantesco para él, pensando que de ese modo podría recuperarlo y volver a tener la relación que teníamos, pero fue estúpido.
― Papá solo se aprovechó de ti. ― resumió Sakura.
― El dinero que le entregué fue para hacer negocios sucios, de índole sexual. Tenía un sequito de escort que mantenían la vida de lujo que él necesitaba, aunque me hace ruido, porque cuando estuvo conmigo no fuimos millonarios, pero éramos felices. ― recordó la mujer con pesar. ― En fin, después de unos años, volvió a aparecer con el pago del préstamo y todos los intereses que había significado, pero lo rechacé, porque sabía de donde había salido ese dinero y el costo de volver a relacionarme con él era demasiado alto, además de que ya tenía dos hijos de él.
― No fue orgullo. ― comprendió la chica.
― Nunca se trató de orgullo, Sakura. Por mí hubiese estado toda la vida pegada a ustedes, cuidándolos, criándolos y enseñándoles las cosas que les servirían en adelante, pero no tuve esa oportunidad, porque la deuda era tan grande y yo no tenía el dinero como para solventarla que me vi obligada a tener 3 trabajos y dejarlos a cargo de mis padres. Además, recuerda que tus abuelos no trabajan y yo también tenía que mantenerlos a ellos. ― su madre era una luchadora.
― ¿Papá conoció a Konohamaru? ― le preguntó Sakura.
― Sí y lloró del mismo modo que lloró cuando te tuvo a ti en brazos. Solo me pedía perdón por no poder estar, te lo pedía a ti por no estar presente mientras crecías. Fue un momento fuerte. ― la pelirosa volvió a fruncir el ceño.
― Sospecho que hay algo más profundo acá. ― Mebuki hizo una mueca. ― ¿No quieres averiguar?
― ¿Y cuál es el costo? ¿Volver a tener otro hijo con un hombre que tiene una esposa espectacular esperándolo en Estados Unidos? Ya no soy tan ingenua, Sakura. ― le dijo, mostrando su amargura. ― Sufrí mucho, pagando un dinero que nunca disfruté y reconstruyendo mi corazón, aunque ya no me quedaban ganas de luchar.
― Creo que papá se vio obligado a tener que dejarnos. ― elucubró Sakura. ― Cuando me fue a ver, sus ojos me miraban con mucho afecto, como si no creyese que yo fuese su hija. Hasta sentí que en un momento me quiso abrazar, pero no lo hizo. ― Mebuki sonrió con tristeza. ― ¿Te molestaría que le diera una oportunidad para que esté cerca de él? Lamento haber dudado de tu palabra, pero con lo que me cuentas, siento que hay cosas que no calzan con la realidad. Estoy segura de que papá se vio arrinconado a actuar como lo hizo. ― sugirió Sakura, esperanzada por tener una leve esperanza de poder rearmar su vida familiar. ― Konohamaru también debería conocerlo.
― Sakura, ya eres lo bastante mayor como para tomar tus decisiones, siempre y cuando no afecten tu adolescencia ni te aceleren en etapas. ― Sakura enroló los ojos. ― Si quieres estar cerca de tu padre, yo no te lo negaré, pero intenta que no esté cerca mío, porque hay cosas que nunca se curan y a pesar de todos los años que han pasado, yo todavía tengo sentimientos por él.
― ¿De verdad? ― Mebuki asintió con evidente tristeza. ― ¿No le perdonas el que te haya dejado?
― Imagina que eres tremendamente feliz con alguien y de repente ese alguien se va y al volver te dice que no puede estar contigo, que todo acabó y tiene un nuevo amor. ― Sakura no tenía recuerdos recientes de haber visto a su madre llorar, pero en ese momento verla tan derrumbada y en cierta medida por su culpa, la hizo sentir miserable. ― Es fuerte.
― Mamá, no llores. ― Sakura se levantó y la abrazó fuertemente, protegiéndola entre sus brazos. ― Lamento ser tan criticona y no entender muchas de las cosas que hiciste por nosotros, pero con lo que me acabas de contar, comprendí mucho más de lo que alguna vez esperé y solo puedo sentirme orgullosa de ser tu hija. ― la pelirosa no logró calmar el nudo de su garganta y lloró junto con ella. ― Siempre nos hemos tenido la una a la otra y seguirá hasta el infinito siendo así. Solo me queda agradecerte por las oportunidades que me has dado y el amor que me entregas a pesar de que muchas veces merecí un buen castigo.
― Debería enojarme contigo porque le creíste a él y no a mí. ― Sakura se secó las lágrimas con brusquedad. ― Pero te entiendo. Son cosas que pasan, cariño. La vida continua.
― Eso es verdad. ― Abrazadas se quedaron varios minutos, disfrutando de su mutua compañía, hasta que la entrada de alguien las interrumpió.
― Sakura, tengo que… ― Sasuke miró a Mebuki y luego a Sakura, para volver nuevamente hacia Mebuki. ― Hola, ¿cómo está?
― Regaloneando a mi hija. ― el pelinegro alzó una ceja, pero asintió complacido. Le gustaba ver que Sakura no se encontraba tan sola como muchas veces sentía y al parecer la "terrible" discusión que iba a tener con su madre, había quedado solo en palabras, ya que se veían bastante tranquilas las dos. ― ¿Y tú? ¿No te enseñaron a golpear la puerta? Sakura podría haber estado cambiándose ropa.
― Mamá, Sasuke ya me conoce. ― la cabeza de la mujer crujió cuando se volteó a mirar a su hija. ― Lo digo por la escena que hicimos hace algún tiempo, ¿o acaso no te acuerdas? ― Sasuke también había malentendido las palabras y se estaba preparando para recibir los golpes de Mebuki, pero al oírla se tranquilizó. ― Si no te acuerdas, deberías entrar a preocuparte. Estás viejita.
― No me molestes con eso, niñita púbera. ― Sasuke tosió para no reírse, aunque las dos se dieron cuenta de que si lo estaba haciendo. ― ¿Sasuke también tiene emociones?
― Sí, aunque no lo creas. No es tan reptiliano como lo creí. ― Mebuki se dio por pagada.
― Todavía recuerdo ese programa. Salía que la Reina Isabel era una posible reptiliano. ― apoyó la mujer, mirando a Sasuke. ― Tú puedes serlo, ya que eres bastante guapo y atrayente.
― ¡Mamá! ― chilló Sakura, poniéndose de pie. ― Sasuke, ven después. Mi madre justo tiene que irse.
― Eso es mentira. Me quedaré hasta la noche. ¿No te quieres pasar a dormir conmigo? ― el pelinegro estuvo a punto de cruzar los dedos rogando para que la chica no aceptara. Esa noche tenía todo preparado para que durmieran juntos, como a tanto le gustaba. ― Tus abuelos no te han visto en semanas.
― Iré en unos días más, mami. Mañana tengo que grabar muy temprano y después me juntaré con las chicas para planear mi cumpleaños. ― Mebuki hizo un gesto, pero entendió las razones de su hija. ― Por ahora si quieres quédate y cenamos algo en la cafetería.
― Estupendo. ― la mujer miró a Sasuke y alzó el mentón. ― ¿Tu vienes?
― ¿Me lo tomo como invitación? ― Mebuki esbozó una leve sonrisa y asintió. ― Ok.
― ¿Siempre habla tan poco? ― le preguntó a Sakura mientras salían. La pelirosa enroló los ojos, sin responder.
― Soy de pocas palabras. ― justificó el moreno, viendo a la mujer pasando hacia la puerta, seguida por Sakura. De pura maldad y sabiendo que se ganaría una buena reprimenda por parte de la pelirosa, le dio un agarrón, riendo cuando ella se volteó para amenazarlo con la mirada, mientras Mebuki los miraba sin entender nada. ― Yo las invito.
― No, yo lo haré. ― amenazó la chica, yendo a la cafetería acompañada por esas dos personas que eran tan importantes en su vida.
― Si quieren, yo también puedo invitarlos. ― interrumpió Mebuki. ― Recuerden que recibo el 50% de los ingresos de Sakura. ― Sakura y Sasuke se miraron, para que luego la chica se largara a reír, sin importarle perder parte de su sueldo en dárselo a su madre.
Comieron entre historias, mientras el frío de afuera se caldeaba cada vez más, porque la primavera se estaba apostado sobre Tokio y eso solo significaba cosas buenas.
El celular de la pelirosa sonó interrumpiendo la conversación.
― ¿Hinata? ― respondió alertada, pero como ya lo pronosticaba la primavera, era para algo que arreglaría más su día.
― Saku, mi papá despertó y comienza a hablar.
La pelirosa sonrió de oreja a oreja a oír a su amiga. Ese era un indicio de que todo iba a mejorar y todo estaría bien. Estaba segura.
9.
― Se hablan muchas cosas, pero la teoría del engaño por parte de la señorita Uzumaki es la más factible. ― la pelirroja estaba con su mirada perdida en el televisor, escuchando por horas sobre lo que había sucedido fuera de su casa. ― Es extraño que luego de haber ganado un premio tan importante, Suigetsu haya actuado de ese modo.
― Yo creo que debe haber algo mucho más grave detrás. ― las imágenes mostraron a Karin en el suelo e hicieron un zoom hacia ella. ― Mírenla, se nota destrozada
― Suigetsu quedó libre. ― comentó la presentadora riendo sin ningún tacto. ― Recabaremos más información para irles con la exclusiva completa.
― Por Dios, Karin. Apaga ese televisor. ― su padre, que se encontraba de viaje en el momento de la pelea, apareció frente a su hija desconectando la tv. ― Te estás lastimando.
― Es mi culpa, papi. ― susurró ida, con sus ojos hinchados y mejillas pálidas. ― Me siento destrozada y sola.
― No estás sola. Me tienes a mí. ― Karin tapó su rostro y se largó a llorar.
A pesar de que había estado dando rienda suelta a sus sentimientos por más de 24 horas, cada vez sentía que era más necesario largarse a llorar. Incomprensible y desesperante.
― ¿Dónde está mamá? ― su padre se enderezó, sin estar seguro de hacer bien contándole. ― Papá. ―insistió.
― Fue a hablar con Suigetsu. ― Karin se puso de pie con brusquedad, pero un mareo la tomó de improvisto, haciendo que volviera a caer. ― Cariño, hazlo despacio. Llevas muchas horas sin comer ni descansar. Te aseguró que no te darás ni cuenta y todo estará solucionado.
― Pero Suigetsu no volverá conmigo. ― gimió rompiendo a llorar. ― Él cree que mi bebé es de Hiroto por un estúpido momento donde lo besé. Fue un gesto de amistad, un leve pedazo de mí que le regalé a él por años de espera, rogando para que le entregara un poco de mi amor. Un premio de consuelo por quererme y no poder corresponderle.
― Había otras formas de recompensar el amor desinteresado que te ofrecía ese chico. ― le hizo ver su padre, con una mueca incomoda. ― Dale tiempo a Suigetsu y solo aparecerá por acá. Tengo que decirle lo que pienso de él y que te haya dejado embarazada.
― Para tener un bebé se necesitan dos personas y muchas cosas más. ― le recordó como si estuviese hablando con un niño pequeño. ― Ni siquiera contesta su celular.
― Tienes que darle el espacio para que procese toda la información. Piensa en lo abrumado que se encuentra. ― Karin negó sin poder aceptarlo. ― Su vida dio un gran giro en pocos meses. Pasó de estar en una relación estable a quedar soltero, para luego ganar un Oscar y recibir una esperanza de volver contigo y acá se encuentra a su ex novia que todavía ama, besándose con otro tipo y además ésta le grita que será papá. ― viéndolo de ese modo, era mucho estrés para el peliblanco. ― Lo admiro por no haber matado a Hiroto.
― No me ayudas hablando así. ― le dijo con pesar la chica, mirando el temblor de sus manos. ― Ha sido tan difícil estar sin él. Cuando lo vi parado en el estrado, dedicándome el premio, me sentí tan estúpida por haberlo alejado. ― el hombre miró a su hija y le acarició el cabello. ― Tenía tanto miedo por ver que la historia se repetía. No he terminado de estudiar, no tengo nada en el mundo y ahora me veo esperando un bebé. También han sido golpes fuertes en poco tiempo.
― Su problema es que no se supieron comunicar. Pensaron que solucionar las cosas era separándose y eso es rendirse, Karin.
― Yo me rendí. ― rectificó, consciente de su error. ― Yo lo dejé porque pensé que era lo mejor para volver a organizar mi vida, tomando en cuenta de que sería madre y no me quería sentir carga para él.
― Y todo es "yo", "yo" y "yo". ¿Alguna vez lo amaste?
― Claro que sí. ― se defendió ofendida. ― Solo que nuestra relación empezó cuando yo era muy joven y no pude experimentar.
― Tú no amas a Suigetsu, porque si lo hicieras no lo harías pasar por esto. ― le recriminó su padre, con incomodidad. ― No está mal que reconozcas no quererlo. A veces pasa. El amor se apaga.
― Nunca he dejado de quererlo. Ni siquiera cuando hemos estado a punto de dejar todo. Es algo tan grande, papá. Él se convierte en mi todo cuando se encuentra cerca de mí. ― le confesó. ― Lo miro y creo que no quiero estar en ´ningún otro lugar que no sea estar cerca de él. Suigetsu es lo primero que pienso en cuanto despierto y también lo último cuando llega la noche. Es mi media mitad y encajamos tan bien, pero a veces necesitamos perder a las personas para darnos cuentas de que somos unos idiotas. Odio haber tenido que valorar nuestra relación justo cuando todo acabó. Quisiera recuperarlo, pero después de lo que pasó es imposible que podamos lograr estar bien.
― Insisto que es bueno que le des espacio y lentamente todo se encausará. ― la alentó el hombre, abrazándola por los hombros. ― Ahora tienes que estar tranquila, porque ese bebé que está dentro de ti sufre cuando la mamá sufre.
― Mi bebé. ― susurró. ― Es raro decirlo, pero ya siento que lo quiero.
― Es lo mismo que me pasó cuando supe que venías al mundo. ― recordó con ensoñación su padre. ― Tu madre me lo comunicó y casi me mató porque la había embarazado, pero yo me sentí tan enamorado de la idea, de ella y de ti, que me importó muy poco sus recriminaciones. No pensaba en ninguna otra opción que no fuese tenerte. ― tomándole un mechón, se lo posó tras su oreja. ― Cuando te tomé por primera vez fue tan perfecto. Eras mi creación, tan perfecta, con todos tus deditos y unos pulmones fuertes que se mostraron apenas llegaste al mundo.
― Siempre he sido chillona. ― murmuró con un humor sutil y delicado, pero muy necesario. ― Quiero que Suigetsu sea parte del proceso, pero no lo obligaré a estar acá, tomando en cuenta como me he comportado con él.
― Sin darte cuenta, él estará acá acompañándote en todo esto. Por ahora tienes que darle el espacio para que tranquilice su temperamento y se sienta lo suficientemente cómodo como para acercarse. No seas tan dura ni exigente.
― Esta vez no tengo derecho a exigir nada, porque yo fui la que cometí los errores y él solo actúa en base a lo que ha visto de mí.
― Me gusta saber que tienes el poder de la autocrítica arraigado en ti. Es una virtud muy escasa, pero que te revaloriza como mujer. ― dijo su padre. ― Mi princesita me hará abuelo. Todavía no lo creo.
― Será una niñita de pelo rojo igual que el mío. ― Ken se imaginó una Karin en miniatura y se sintió rebosante de amor. ― O puede que lo tenga blanco, como su padre.
― Si es así, a Suigetsu no le quedará otra que reconocer que la bebé es de él. ― Karin asintió con su cabeza nuevamente ida. ― Ya pasará. Ahora descansa y deja de ver la televisión. Seguirán dándose un festín con lo que pasó, además de que afuera tenemos nuevamente un campamento de periodistas listos para sacar sus famosas cuñas.
― ¿Igual que cuando terminamos? ― Ken asintió. ― Vaya, no esperaba tener este tipo de fama.
― Recuerda que Suigetsu es famoso mundialmente. Tú llamas la atención de todas esas chicas que sueñan o soñaban con estar en tu lugar. ― Karin hizo una mueca. ― ¿Has sabido de Hiroto?
― No, le dije que se fuera y no he querido responder sus llamadas. Lamento lo que le pasó.
― Pero él es más idiota. Siempre te persiguió sabiendo que tú estabas con Suigetsu. Eso no lo hace un buen prospecto. ― sugirió el hombre fornido. ― La mujer de otro se respeta, por mucho que te guste y a Hiroto no le importó. Sabía que llevabas años con Suigetsu y aun así insistió en que podían tener una relación.
― A lo mejor yo no fui lo suficientemente tajante con él para aclararle el panorama. ― avergonzada bajó la cabeza. ― En cierta medida me gustaba tener a Suigetsu celoso, porque eso llamaba su atención, pero me salió el tiro por la culata y por mi estúpido juego, ahora lamento todo lo que está pasando.
― Eso pasa cuando se juega con fuego y no se tienen las herramientas para apagarlo. ― dijo el hombre, metafóricamente. ― Ya, cariño. Basta de lamentos.
― Ojalá mamá pueda conversar con él. ― siguió la chica, no oyendo a su padre. ― Me siento como una cobarde, pero añoro que ella logre algo.
― Sea lo que sea que pase, ten por seguro que nos tendrás a nosotros para cualquier cosa.
― Lo sé, papá. ― abrazándolo, dio por culminada la conversación. ― Gracias por todo.
Afuera, la mañana teñía de gris el cielo, a punto de explotar en una lluvia torrencial.
O.O
Murasaki esperó pacientemente a que el portal del lujoso complejo de departamentos, abriera para poder ingresar en busca del futuro de su hija. Cuando las puertas se abrieron, su corazón dio un salto atemorizado, pero el recuerdo de Karin llorando en el suelo fue el propulsor que necesitó para recordar porque estaba ahí y que tenía que actuar correctamente, como no lo había hecho en mucho tiempo.
― Buenas tardes. ― Un hombre de mediana edad, con sonrisa falsa y uniformado la recibió tras un mesón. ― ¿En qué la puedo ayudar?
― Necesito encontrarme con el señor Hozuki. ― le contestó con frialdad.
― Lamentablemente eso no será posible, ya que tengo estrictas órdenes de no dejar que nadie pase en busca de él. ― girándose, apretó un mando y volvió a abrir el portal. ― Siento no poder ayudarla. ― la estaba echando educadamente, pero Murasaki, siendo como era, no aguantaría ese tipo de gestos y cruzándose de brazos, caminó hasta las grandes puertas de metal y las volvió a cerrar. ― Señora…
― ¿Cuál es tu nombre? ― el hombre, titubeó sin saber que contestar. ― ¿No tienes nombre?
― Me llamo Misagui. ― Murasaki se acercó a él y con los ojos carentes de emoción, le habló invadiendo su espacio personal.
― Necesito juntarme con el señor Hozuki. ― le dijo en tono de advertencia. ― O sino, tendrás que comenzar a buscarte un nuevo trabajo, porque haré lo que esté a mi alcance para lograr que te despidan.
― Sé que es una periodista y no sé si le gustaría que otros se enteraran de cómo me está tratando. ― Murasaki sonrió diabólicamente, asustándolo ― Señ… seño…
― Misagui, no quieres saber quién soy, te lo aseguro. ― el tipo trago duro. ― Dame el número del departamento que estoy buscando y todos felices.
― ¿Es una gánster? ― la pregunta la desconcertó, pero logró centrarse, tomando aire hondamente. ― Voy a comunicarme con el departamento para preguntar si puede haber una excepción. ― Murasaki lo miró llamar por teléfono con manos temblorosas y esperó pacientemente, aunque no tenía mucha acumulada, para que contestaran desde el otro lado. ― Buenos días… sí, sé que dijo eso, pero hay alguien que insiste en verlo… ― las palabras del hombre quedaron en el aire, por Murasaki agarró el teléfono y habló ella.
― Suigetsu, abre la maldita puerta. ― le advirtió, ignorando que, desde el otro lado, no era Suigetsu el que escuchaba.
― No sé quién eres, ni tampoco que tipo de relación tienes con mi hijo, sin embargo, no me interesa. ― le dijo la mujer. ― No te daré la chance para que veas a Suigetsu.
― Soy la madre de Karin y exijo hablar con él. ― un largo silencio del otro lado fue su respuesta.
― ¿Qué quiere, señora? Ya bastante ha hecho, ¿no cree?
― Creo que es hora de que aclaremos ciertos puntos y que por fin nos conozcamos. ― respondió con brusquedad. ― Necesito verlos.
― Departamento 908. ― Murasaki saltó interiormente por haber logrado su cometido y cortó mirando con pesar al hombre que estupefacto pestañaba sin creer lo que veía.
― Nunca compitas contra mí. ― le amenazó. ― Siempre gano.
El hombre solo pudo asentir.
Murasaki subió expectante y planeando mentalmente sus palabras. Se estaba jugando el futuro de su hija y nieto. No tenía espacio para fallar.
Apenas se encontró frente al departamento, las puertas se abrieron, viéndose de frente con una mujer de largo pelo blanco, tomado en una coleta. Era de su mismo porte y tenía la misma nariz que Suigetsu. Claramente era su madre.
― Buenas tardes. ― la salud, abriéndose para que pudiese pasar. ― ¿Desea algo para tomar?
Murasaki meneó la cabeza en una negativa y miró su alrededor con verdadera admiración. Era un departamento en extremo lujoso, aunque mantenía una hospitalidad y calidez única. Tenía el mismo olor que poseía su ex yerno y en una repisa algo aislada estaba el Oscar que recientemente había ganado.
― Nunca había estado acá. ― explicó luego de encontrarse con los ojos incómodos de la mujer. ― Mi nombre es Uzumaki Murasaki. ― estirando su mano, esperó la presentación de ella, que no tardó en igualar.
― Chinami. ― contestó la mujer escuetamente. ― ¿En qué la puedo ayudar?
― Supongo que sabe más o menos lo que pasó entre nuestros hijos. ― La peliblanca se limitó a asentir. ― Lamento tener que conocerla en estar circunstancias.
― Ambas hicimos que esto sucediera, así que no lo lamente. ― replicó con tranquilidad. ― Suigetsu en este minuto se encuentra indispuesto y no me parece prudente importunarlo.
― Va a ser abuela, ¿le contó? ― Chinami se quedó pálida. ― Karin espera a un bebé.
― Wow. ― no supo que más decir.
― También estoy sorprendida, pero no hay tiempo de lamentos. ― aseguró, mirando sobre el hombro de la mujer. ― Quiero hablar con Suigetsu porque hay muchas cosas que debo decirle. Pedirle perdón, partiendo.
― ¿Por qué? Si antes no quiso a mi hijo, no creo que ahora lo adore luego de dejar a Karin embarazada. ― Como una madre tigresa, Chinami sacó las garras dispuesta a defender a su retoño. ― Seamos sinceras, Murasaki: Usted no siente afecto por mi hijo y yo tampoco fui un ejemplo de suegra para su hija, ¿verdad?
― Esas cosas tienen que quedar en el pasado, ya que viene en camino un bebé que merece tener a su padre presente. ― Se defendió la mujer, sabiendo que los errores que como familias habían cometido, tenían directa relación con la separación de sus hijos. ― Suigetsu nunca fue de mi agrado por diferentes razones, pero ahora que tengo que mirar todo desde una perspectiva mucho menos viciada, solo me queda agradecer que él sea el padre de mi futuro nieto. Es un hombre esforzado, que ha dado mucho por mi hija y eso ya no se ve en estos tiempos. Lamento enormemente mis juicios que no tenían nada que ver con la realidad y que afectaron directamente su relación con mi hija.
― ¿Y porque no está ella acá? ― Chinami se cruzó de brazos, sin ceder. ― Karin no era de mi agrado porque hacía sentir poca cosa a mi hijo, pero por algo él la eligió y eso tenía que bastarme para aceptarla, aunque me costó. Que no sea ella la que se presente para hablar con mi hijo, solo me deja claro que sigue siendo una niña.
― Es una niña con solo 20 años, que recién comienza a comprender lo que significa tener un bebé. ― Murasaki carraspeó. ― Solo quiero que ella tenga un embarazo en paz y con lo acontecido ayer es imposible que eso sea así.
― Suigetsu no llegó por la noche, preocupándome tanto que pensé hasta en llamar a los hospitales. ― la madre de Karin refregó sus ojos con los dedos de su mano en señal de cansancio. ― Él estaba destrozado, pero no me dijo que pasaba. Cuando ayer durante la mañana prendí el televisor y vi lo sucedido en su casa, quise morir de tristeza, porque esto solo pudo haber sido provocado por nuestra insistencia de separarlos. Ellos se amaban, Murasaki y a su manera eran felices, pero yo era como una mosca en el oído de mi hijo, diciéndole a cada segundo que no me agradaba Karin y por lo que oigo de usted, fue muy parecido su actuar para con su hija.
― Y como le dije, me arrepiento completamente. ― Murasaki la miró con los ojos llenos de lágrimas. ― Karin tiene 3 meses de embarazo y una pena tan grande que me destroza verla así y saber que fui la causante de su quiebre. ― reconoció con pesar. ― Le recordé en infinidad de veces que, por culpa de su nacimiento, yo había quedado retrasada en mis estudios y que no quería lo mismo para ella. En cuanto Karin supo que estaba esperando un bebé se paralizó, recordando mis palabras y haciéndose dueña de los que eran mis miedos. Ella creyó que no podría avanzar en la vida, que sus sueños se truncaban, porque ya no tendría la libertad de poder vivir sola, terminar su carrera, trabajar como añoraba o hacer cuanta cosa hubiese deseado porque creía que solo se lograban sin tener grandes compromisos como le había inculcado yo. Sin embargo, luego de analizarlo, me di cuenta que esos temores crecían en ella por culpa de las cosas que tantas veces le había gritado en la cara. Karin dejó a Suigetsu porque temía amarrarse y dejar sus sueños de lado, haciéndolo culpable de su situación. Suigetsu por su parte estaba aburrido de luchar contra el fantasma que yo constituía en la vida de mi hija y prefirió aceptar su decisión, esperando su oportunidad de demostrar que no era así. No obstante, fue tarde, porque el daño ya estaba hecho y el día que él llegó a verla, cuando Karin quería contarle la noticia de su embarazo, una confusión generó esa pelea en la cual también me vi involucrada y logró ser la señal que necesitaba ver para darme cuenta de que mayoritariamente eso era mi culpa. Suigetsu estaba descontrolado y con justa razón; colapsado, cansado y aburrido de mi constante molestia. Él pensó ver algo que se aleja de la realidad y en ello encontró la salida para toda su rabia acumulada por años.
― ¿Qué hace acá? ― Las palabras graves del recién llegado la hicieron voltear, encontrándose con un ojeroso, pálido y maltrecho Suigetsu. ― Si viene a reclamarme algo, no tiene para que meter a mi madre en esto.
― Estamos haciendo catarsis sobre el daño que le hicimos a tu relación con Karin, hijo. ― Suigetsu no movió de su lugar y continuó mirándolas. ― Murasaki me contó que serás papá y me alegro por ello.
― Eso no es seguro, mamá. Karin se estaba besando con un amigo de ella. ― el peliblanco miró a su ex suegra. ― Puede que él sea el padre de ese bebé. ― Murasaki apretó las manos en puños, intentando contenerse para no gritarle. ― Tengo cosas que hacer e ir a grabar algunas escenas pospuestas por diferentes razones. ― haciendo una leve reverencia, quiso marcharse.
― ¿Crees que andaría desesperada por encalillarte el hijo de otro tipo a ti? Karin te ama, Suigetsu y aunque a mí me ha costado años darme cuenta, sé que eres lo mejor que le pudo pasar a mi hija. ― Murasaki le tomó una mano, deseosa de hacerlo recapacitar. ― No te pido que vuelvan a estar juntos, pero al menos hazte parte de su embarazo. Sabes que ella jamás te engañaría.
― Señora, Uzumaki, debo irme.
― ¡Lo siento! ― chilló, dando rienda suelta a sus emociones y comenzando a llorar. ― ¡Maldita sea, de verdad te pido perdón! ― gritó, secándose sus lágrimas. ― Es mi culpa lo que ocurrió y más todavía el no haber sido lo suficientemente decente como para aceptar los sentimientos de mi hija por mi egoísta forma de pensar.
― Cálmese. ― le pidió Suigetsu, mirándola fijamente. ― No tiene para que llorar.
― Todo esto que veo es en base a tu esfuerzo. ― apuntó el Oscar. ― Ese premio habla de la calidad de trabajador que eres y me arrepiento tanto de no haberlo visto antes.
― Mamá, tráele un té. ― le pidió el peliblanco, guiando a su ex suegra a un sofá. ― ¿Quiere que llame a alguien para que la vengan a buscar?
― Además te comportas como un caballero cuando tienes derecho de insultarme. ― gimió, escondiendo el rostro entre sus manos. ― Dale una oportunidad a mi hija para que te explique qué pasó. Hiroto no significa nada en su vida, por mucho que él lo desea.
― Al menos reconoce que el tipo persigue a Karin desde hace mucho. ― Murasaki pensó que era la primera emoción que le veía desde que había salido a su encuentro. ― Hiroto ganó, usted ganó. Yo no quiero seguir participando en esto.
― ¿Y tu hijo? ¿Le darás la espalda por el odio que puedes sentir por mí? ― Suigetsu hizo una mueca. ― El bebé es tan tuyo, que incluso mi hija ha tenido antojos de cosas que solo a ti te gusta comer y que ella detesta. Hace unos días la pillé comiendo pimientos verdes.
― Le dan asco. ― recordó el peliblanco.
― Se tapaba la nariz y tragaba los pedazos como posesa, reclamando contra su vientre por pedirle esas comidas tan asquerosas. ― Suigetsu se la imaginó y no pudo esconder una sonrisa llena de ternura. ― Es tu hijo, Suigetsu. De tu sangre y ojalá tenga tú mismo genio pasivo, porque otro bebé como Karin sería tremendo.
― Tiene a quién salir. ― susurró el chico, entregándole el té que había llevado su madre. ― Si voy a ver a Karin, ¿será para mejor?
― Solo quiero que te hagas parte del proceso. ― Le dijo la mujer. ― Si después ya no quieres estar presente porque sientes que no darás en la talla, desapareces y no vuelves a la vida de mi hija.
― Sabe que no soy así. ― murmuró el peliblanco, mirando el suelo.
― Por eso lo digo, porque sé que tu compromiso con ella es tan grande. El hecho de que volaras la misma noche que ganaste el premio para ir donde ella luego de su mensaje, solo habla de lo mucho que la quieres. ― dijo la mujer.
― La amo. ― rectificó Suigetsu. ― Pero será de a poco y a nuestra manera. ― ambas madres no entendieron.
― ¿Cómo? ― preguntaron al unísono.
― Si vuelvo a estar con ella es porque ambos lo decidimos y todo lo que ustedes piensen no nos importará como pareja. Sus opiniones y malos ratos no entrarán a afectarnos.
― Eso es seguro. ― aclaró su madre, sentándose a su lado. ― Es su relación y yo prometo aceptar a Karin y cocinarle pimientos verdes cuando venga.
― Y yo prometo no hacer comentarios mordaces en cuanto te vea. ― Murasaki le tomó las manos. ― Gracias, Suigetsu.
― Seré padre. ― susurró, recién tomándole el peso a lo que se le venía. ― Que fuerte.
― Ya veremos cómo te comportas de ahora en adelante, cuando entiendas lo que significa ser responsable de alguien. ― amenazó su madre. ― Quizás seas más metiches que nosotras.
― Nadie les gana. ― una pequeña muestra del humor que tanto lo caracterizaba fue como una luz de esperanza para ambas madres que se miraron con complicidad y expectantes por la llegada del nuevo integrante a sus familias. ― Me iré a trabajar.
― Gracias por escucharme. ― Suigetsu se puso de pie al igual que ambas mujeres, para luego abrazar a Murasaki, dándole un fuerte beso en la mejilla. ― ¡Hey!, no te emociones.
― Ya me quiere, suegrita. Asúmalo. ― Para la desgracia de la estirada mujer, no hubo forma de negarlo.
Suigetsu ya se había ganado su corazón y con ello, el respeto que tanto le había faltado.
10.
Neji miro a la camilla que tenía enfrente de él y se impresionó al encontrarse con su tío mucho más animado, aunque con la mirada perdida en la ventana.
Carraspeó para que supiera de su presencia, pero Hiashi apenas lo tomó en consideración y con un gesto de mano, le indicó que pasará, aunque guardando silencio.
Sin embargo, Neji no iba para sentarse a mirarlo como lo había hecho los días anteriores. Su tío había demostrado que quería seguir viviendo, pero verlo en ese estado tan distante y que no salía de su abstracción lo molestaba.
Sabiendo que se podría ganar una buena reprimenda, se dispuso a hablar, pero no fue necesario.
― Sé que ocurre. Estoy consciente de lo que me pasó y de quién me salvó. ― comentó el hombre, sin dejar de ver la ventana, donde los arboles por fuera ondeaban al son del viento. ― Naruto fue el que me prestó ayuda, y el que antes de eso protegió a mis hijas de mi propia ira. ― Neji no comprendió, pero tampoco interrumpió para aclarar sus dudas. ― No me gusta que esté con Hinata por su diferencia de edad y experiencias. Se llevan por 8 años, él toca en una banda que cada cierto tiempo se va de gira, conoce a otras mujeres y puede lastimar a mi hija. ― El pelilargo comenzó a hilar ideas y entendió a lo que iba su tío con tanta reticencia por el rubio. No era que le molestara él como hombre, sino que las diferencias entre Naruto y su hija podrían pasarle la cuenta y terminarían hiriendo a Hinata. ― Hinata todavía está en el instituto, forjándose un futuro y enamorarse de Naruto solo la dejará entrampada acá, en este país. Yo quiero que ella se vaya de Japón y estudie algo en la mejor universidad.
― Pero, ¿eso serán los sueños de ella? ―preguntó con cautela.
― Ya entendí que no. ― contestó con pesar. ― Aunque me duela asumirlo, Hinata creció y eso significa dejarla volar. Hubiese preferido cualquier otro hombre, pero cuando fuese mucho mayor. Sin embargo, en cuanto conoció a Naruto, acepté que era una guerra perdida. Estaba enamorada de él.
― Y él de ella, para nuestra mala suerte. ― susurró Neji. ― Naruto es imprudente y muy poco pensante, pero tiene un gran corazón y jamás lastimaría a Hinata por querer hacerlo. Lleva mucho tiempo detrás de ella.
― ¿Cómo es eso? ― Los ojos alabastros de Hiashi se encendieron como dagas cubiertas de fuego. ― ¿De cuándo está enamorado de mi hija?
― No sabría decirlo, pero si puedo asegurar que nunca antes la había cortejado. Siempre se mantuvo distante, esperando a que creciera. Y ya creció. ― le recordó el pelilargo, entrelazando sus dedos.
― ¿Es un buen tipo? ― preguntó Hiashi temeroso.
― Sí, lo es. ― Neji enroló los ojos y bufó. ― Me encantaría hablar pestes de él, para que así pudiese ser más fácil sacarlo de la vida de Hinata, pero es un gran hombre, tío. Uno de los mejores y lo ha demostrado en todo el tiempo que ha estado acá cuidando de Hinata y de Hanabi, ya sea trayéndoles comida o estando presente. Separarlos no servirá de nada, porque tarde o temprano volverán a estar juntos. Además, Hinata cumplirá 18 años y si nos negamos a su relación, probablemente se vaya y la perdamos para siempre.
― ¿Tú crees que algo así puede suceder? ― preguntó temeroso el hombre, mirando con terror a su sobrino. ― ¿Qué me queda entonces? ¿Aceptar a tu amigo? ― Neji se alzó de hombros y bufó cansino.
― Es lo más conveniente, tomando en cuenta de que quiere hacer a Hinata su heredera universal. ― Neji sabía que era un tema delicado, pero luego de tener que asumir con todo lo que conllevaba ser un presidente interino en las empresas de su tío, había descubierto que el puesto siempre había estado destinado a la hija mayor de Hiashi.
Tampoco le importaba, porque su vida era la música y no se imaginaba tras un escritorio dando órdenes y revisando como iba la bolsa, pero tenía grandes conocimientos sobre economía y podría brindarle la ayuda necesaria a su prima.
― Supongo que leíste los papeles. ― Neji asintió despacio. ― Sí, Hinata es mi heredera universal. Siempre se le han dado bien los números y considero que sería una excelente presidenta para las empresas Hyuga. ― argumentó. ― No obstante, su relación con Naruto le quita credibilidad frente a los inversores, porque la tomarán como una chica que se relaciona con el mundo del espectáculo y la prensa rosa.
― Tío, yo también pertenezco a ese mundo e igualmente mientras ha estado acá, he tenido que hacerme cargo de lo que es el conglomerado. ― le recordó con algo de brusquedad. ― Sería distinto si estuviese con Sasuke, que él sí que atrae a la prensa mundial. Naruto es llamativo y vende, pero no es un personaje que coartaría la carrera empresarial de Hinata.
― Sigo pensando que se mantengan juntos es una locura. ― Hiashi apretó las colchas de su cama. ― Es una niña y él la profanará.
Neji aguantó la sonrisa que tiraba por asomar en su rostro, más aun al ver lo avergonzado que se encontraba su tío.
― En algún momento pasaría. ― dijo el pelilargo de forma escueta, temiendo escuchar la detonación de su tío, pero sorprendentemente Hiashi se abatió.
― Dile a ese malnacido que entre. Tengo que darles las gracias y ponerle las reglas sobre cómo comportarse con mi hija. Si le toca un solo cabello, le corto las bolas.
― También me incluiré en esa tortura.
Neji salió de la habitación y caminó por los pasillos de la clínica, sin encontrar ningún alma por el lugar, su única compañía fue el sonido de sus pasos contra el piso de mármol y su respiración tranquila. Ensimismado en eso, dejó su mente correr rememorando los últimos días, desde su ida a Estados unidos con toda la banda, para acabar en ese instante, caminando desestresado por la clínica. Su mente lo llevó directamente a algo que venía deseando hace días, pero de lo cual no había recibido respuesta: Tenten. Odiaba arrastrarse, ya mucho lo había hecho por Mei, pero le molestaba que la chica se mantuviera en completo silencio tomando en cuenta todo lo que había pasado entre ellos. ¿Ese era el pago que merecía después de entregarle tanto placer? ¿Su indiferencia descarnada? La odiaba y sabía que no era un odio sano. Ver a Tenten era sentir hiel corriendo por sus venas. Su desesperación se disparaba, deseándola, añorándola, queriendo alejarla de él, pero no tenía la fortaleza de hacerlo y eso lo destruía, para obligarlo nuevamente a tenerla entre sus brazos, rendido frente a sus instintos. Sabía que la lastimaba todo el tiempo y no podía detenerse de hacerlo, porque era algo superior a su propia fuerza de voluntad. Tenten era el resquicio que había querido olvidar de una vida pasada, el ejemplo viviente de lo que hacían las mujeres por estar en la palestra, intentando enganchar a un hombre con fama y dinero.
A pesar de tener ese hilo de pensamientos, otro más lo sobrecogía y casi le ganaba a su desesperación. No podía obviar la sensación que crecía dentro de él como fuego viviente, muy aparte de su odio irracional. Era una sensación de estar en lo correcto, de encontrarse en el lugar al cual pertenecía. Cuando tocaba a Tenten, todo perdía sentido y validez, solo era ella y él jugando con sus cuerpos, provocándose, liberándose. Ella tenía un poder inmenso sobre su sexualidad. Ni siquiera Mei lo había dejado tan saciado como lo hacía Tenten. Soñaba con sus caderas anchas y sus piernas con carne. No era un saco de huesos como las chicas que habían pasado por su cama. Su calor corporal, su boca dulce y su sabor muy especial.
― Neji, llevo rato hablándote. ― el pelilargo reaccionó de forma brusca, sin lograr comprender donde estaba hasta pasado un segundo. ― Estás en las nubes.
― Perdóneme, tía. ― le dijo con solemnidad y verdaderamente avergonzado. Iba tan metido en sus cavilaciones que no había reparado en la presencia de la mujer que había hecho de madre sustituta cuando era un niño. ― ¿La puedo ayudar en algo?
― Más bien venía a agradecerte por todo lo que has ayudado, Neji. Tomaste la rienda de todo este problema, mientras yo era un cero a la izquierda con mi ataque de nervios. ― La mujer le acarició una mejilla, un gesto raro entre los Hyuga, pero que ella se daba el gusto de tener por ser la mujer de Hiashi y por tener una ternura incontenible. ― Eres un hijo para mí, nunca lo olvides.
― Les debo mucho, no podía ausentarme cuando más me necesitaban. ― contestó neutro, como siempre.
― Eres un gran chico. Desde chiquitito mostraste una madurez de adulto. Viviste mucho más que cualquiera de nosotros y te sobrepusiste a un dolor tan grande como era perder a tus padres. ― Neji frunció de forma imperceptible el ceño. No le gustaba tocar ese tema. ― Todavía recuerdo cuando te pillé martillando tu cama desarmada. No tenías más de 5 años.
― No recuerdo eso. ― susurró el moreno.
― Yo sí, como si fuera ayer. Te pregunté por qué lo hacías y me dijiste que ahora que estabas solo, necesitabas luchar por sobrevivir y hacerte grande. También me aseguraste que no volverías a llorar y que tus padres se sentirían orgullosos de ti porque no lo harías. ― Neji palideció incómodo. ― Ese día me fui a mi cuarto y lloré durante horas por verte así, sufriendo. Luego comprendí que no podía quedarme en la pena e intenté actuar como una figura materna sin necesidad de reemplazar a tu madre. ― La mujer se acercó a él y le tomó las manos. ― Me siento muy orgullosa de ti, de lo que has logrado con tu banda y por haber defendido tanto tu sueño a pesar de que a Hiashi al principio le molestó. Entre nos, tu padre era un fanático de la música y tocaba la guitarra con maestría. ― le contó con complicidad. ― Gracias por aceptarme siempre y lamento haberlos abandonado por largos periodos de tiempo, pero la empresa tenía que surgir y yo era una de las pocas que podría hacerlo. No obstante, luego de lo que le pasó a tu tío, no abandonaré Japón en lo que me resta de vida a menos que sea para vacaciones.
― ¿De verdad? ― Le preguntó incrédulo. Hace casi cinco años su tía se había ido, haciendo que la extrañaran horrores y solo pudieran verla en fechas importantes.
― Tu tío tiene muchos trabajadores competentes que pueden quedarse de lo mejor en la cabeza de esas empresas y yo quiero estar a su lado. No entiendo como aguanté tanto tiempo sin que estuviésemos juntos. ― La mujer se acercó a su sobrino y le tomó el rostro. ― Si quieres a Mei y no puedes estar separado de ella, no lo hagas. El trabajo puede quedar a un lado. Nos vemos, iré donde tu tío. ― despidiéndose con la mano, caminó con felicidad al encuentro de su gran amor.
Neji se quedó parado en el pasillo, sin reaccionar y analizando la información recién recibida por parte de su tía. Él siempre se había sentido parte de la familia Hyuga y eso era algo innegable, pero el hecho de que ella le dijera que lo quería como un hijo y le agradecía su presencia, remecía esa fibra emocional que todo el tiempo guardaba en el lugar más recóndito de su cuerpo. También pensó en sus palabras respecto a Mei y se tuvo que reconocer que al parecer no la amaba con locura como creía. El recuerdo que muchas veces lo atormentaba en el pasado, cada vez era más difuso y opacado por otro más reciente y único. El de Tenten.
Pensar en la castaña era un placer la mayoría del tiempo, aunque se torturaba por su culpa, odiándose por engañar a Mei, pero bastaba ver a la castaña para descontrolarse y necesitando poseerla, hacerla suya como nunca nada le había pertenecido y eso lo molestaba. Él, que decía querer a Mei desde hace años, sentía que todo lo que alguna vez le profesó en sus locuras de amor perdía veracidad. Con Tenten todas las palabras dichas anteriormente a la supermodelo dejaban de ser verdadera, porque ya no sentía lo mismo, aunque le costase reconocerlo.
Abatido se dejó caer en una silla incomoda que se encontraba vacía en ese pasillo igual de carente de gente. Solo el sonido del televisor era su compañía, además de la voz de la castaña, con esa bonita entonación y hablando de sus vestidos… Con premura alzó la cabeza y se encontró a la hermosa chica sentada en un set de televisión, hablando de moda. Era el canal Fashionista.
Solo le bastó mirarla un segundo, para que su cuerpo volviese a reaccionar como lo hacía cuando la tenía cerca. Se veía preciosa enfundada en ese vestido apretado, además de tener unas piernas eternas que al cruzarse lo dejaban sin respiración.
Cuando la cámara enfocó a Mei, Fuka y otra modelo que no recordaba el nombre, entendió el nerviosismo de la chica y el juego de sus manos que apretaban el vestido en las costuras.
― Obvio que tiene futuro en la industria de la moda. Se nota que conoce de tendencias y tiene su propio estilo. ― Neji sintió su estómago contraerse cuando oyó a Mei avalando los diseños de la castaña. Si supiera que se escondía tras ello y como él había sido testigo del trabajo que la chica hacía, en su taller improvisado y con la pasión que se movía entre sus telas.
Incapaz de contenerse por más tiempo, salió del hospital y enfiló hacia el canal que sabía exactamente donde quedaba gracias a Mei y sus constantes invitaciones a programas.
Llegando al lugar, se bajó raudo y caminó hasta la entrada, saludando a la recepcionista y parándose frente a la puerta que tenía la luz encendida y gritaba con rojo chillón que se encontraban al aire.
Le quedaba poco tiempo al programa porque terminaba a eso de las 9 de la noche, pero no estaba para esperar, así que ignorando el llamado de atención que le hizo un productor al verlo ingresar a la sala, se adentró en el lugar, mirando en vivo la entrevista.
― Gracias Mei, Fuka y Yazu por venir a hablar con nosotros. ― Para alivio del pelinegro, el programa comenzaba a terminar. ― Pero sobretodo, gracias a ti Tenten. Preciosa como nadie y con un futuro muy prometedor. ¿No has pensado en ser modelo?
― Creo que no doy en la talla. ― respondió la chica incomoda. ― Gracias por la invitación y espero seguir estando a un gran nivel en una próxima ocasión.
― Estoy seguro de que así será.
Neji no escuchó la última parte y esperó pacientemente para poder hablar con Tenten… o Mei. Ya ni siquiera sabía porque estaba ahí.
― ¿Cariño? ― la primera en verlo fue Mei y caminó con ese paso de diabla que dejaba a todos prendados de sus caderas. Cerró los ojos y se obligó a sentir celos al ver lo que provocaba la mujer, pero no lo logró. Ya no le importaba que otros miraran a su novia. ― ¿Me viniste a buscar? ¿Cómo supiste que estaba acá?
― Te vi en televisión. ― Mei sonrió gatunamente y lo besó en la boca con sensualidad. ― Hola. ― dijo el pelilargo, saludando a las otras modelos, pero mirando sobre ellas para ver si Tenten se acercaba.
― Gracias. Tenía pensado irme con Fuka, pero ahora que estás tú no será necesario. ― Neji asintió sin oírla y todo perdió sentido cuando Tenten caminó hacia ellos sin ser consciente de su presencia. ― ¿Qué pasa…? ― Los ojos de Mei se fijaron en la llegada de la castaña y miró a Neji de vuelta, dándose cuenta de inmediato que ahí estaba pasando algo que no le gustaba. ― ¿No es ella la chica que vimos en la fiesta de los Oscar?
― Sí. ― respondió el pelilargo, sin notar que la pregunta era capciosa.
― ¿No sale con Ben Barnes? ― Neji volvió a mirarla ceñudo.
― Eso es falso. ― defendió con elocuencia, sentenciando las sospechas de su novia y haciendo trabajar el cerebro vengativo de la supermodelo. ― Hola, Tenten.
Mei vio como la chica daba un respingo y levantaba la cabeza lentamente, como temiendo ver quién la había saludado. No, como que ella se llamaba Mei Terumi, esa enana de corta edad no le iba a quitar el novio, pensó la mujer, sintiendo el odio correr por sus venas.
― Cariño, vámonos a casa. ― le pidió al pelilargo, fingiendo no haberse dado cuenta de la presencia de la chica y envolviéndose alrededor de él como pulpo. ― Tengo ganas de tú sabes qué. ― Mei vio a Tenten palidecer y fue solo gozo para su alma. Ella nunca perdía.
― ¿Tienes quién te lleve? ― Tenten asintió, pasando por su lado y saliendo por la misma puerta que Neji había usado para entrar. ― Mei, suéltame un poco, por favor. ― Apenas se vio liberado de los brazos de su novia, Neji salió tras la castaña y la encontró en el pasillo, mirando el reloj con impaciencia y peinándose el cabello con manos temblorosas. ― Puedo llevarte a tu casa.
― No es necesario. ― respondió la castaña hoscamente. ― No dejes a tu novia sola. Muchos allá dentro la desean.
― No viene al caso que me digas eso, Tenten. ― oír su nombre en los labios delgados del pelilargo, hizo latir el corazón de la chica mucho más fuerte. ― Felicidades por dar tu primera entrevista.
― Seamos sinceros, Neji. Yo no te agrado, tú no me agradas y esta falsa cortesía es desagradable. ― lo miró con profundo odio. ― Finge no conocerme.
― Un poco tarde para hacerlo, ¿no crees? ― La castaña bufó aburrida y se tuvo que contener la su réplica, ya que la llegada de Mei junto a sus amigas no le permitía dejarse en evidencia.
― Cariño, tengo hambre. ¿Vamos a cenar?
― Sí. ― respondió el pelilargo, sin dejar de mirar a Tenten. ― ¿Fuka y Yazu también irán?
― Nosotras tenemos otro evento, así que por ahora no. Gracias. ― Se excusó la ex novia de su amigo, pero sin irse.
― ¿Ustedes son amigos? ― Inquisitivamente, Mei apuntó a la castaña y luego a Neji. ― Siento una atmosfera rara.
― Nos conocimos en el set donde graba Sasuke. ― explicó el hombre, apretando una de sus manos en puños. ― Pero no somos amigos.
― Yo no tengo amigos en la farándula. ― contestó la castaña. Golpe certero y ganador, pensó.
― ¿Y tú novio? ¿El que te vino a dejar? ― Yazu, la otra modelo y amiga de Mei se metió en la conversación, apoyando a su compañera al notar también que algo raro se tejía ahí. ― Te vimos llegar con un chico.
― Tsubasa. ― contestó la castaña, encontrando una excusa maravillosa para mantener a Neji lejos de ella. Ya no quería sus llamadas, ni mensajes ni desesperados intentos de atraer su atención. ― Está algo retrasado.
― ¿Tienes novio? ― Tenten miró al pelilargo, temiendo por el fuego que expresaban sus ojos alabastro. ― No lo sabía.
― Llevo muchos años de noviazgo. ― mintió la castaña, viendo sonreír a Mei y la cara desencajarse por la confusión por parte del Hyuga.
― No lo sabía. ― volvió a repetir en un susurro extrañado y sintiendo un peso en la boca de su estómago. Era algo más complejo que los celos o la rabia. Era desilusión y dolía.
― Cariño, Tenten en solo una conocida. No tienes para que saber toda su vida. ― dijo Mei, jalándolo por el cuello para darle un largo beso, que hizo voltear el rostro de la castaña, tragando el nudo que se había armado en su garganta. ― Aunque a lo mejor ella si quiere saber un poco de nosotros, ¿verdad?
― No es necesario. ― replicó Tenten, mirando la punta de sus zapatos. ― No me corresponde saber sobre sus vidas.
― Igualmente te contaré porque es una noticia maravillosa. ― Sonriendo con genuina maldad, dijo: ― Con Neji nos vamos a vivir juntos. ― El pelilargo se volteó a mirarla sin comprender. ― Cariño, luego de pensarlo mucho, hoy he decidido que estoy dispuesta a dar ese gran paso junto a ti. Llevamos bastante tiempo juntos y nos amamos.
― ¡Felicidades, amiga! ― gritó Yazu, siendo seguida por Fuka, aunque esta última no mostraba mucha emoción por las noticias de su amiga. Incluso miró a Tenten con lastima. ― Entonces queda poco para que hablen de matrimonio.
― Será el siguiente paso. ― Neji las oyó celebrar tras él, pero su mundo estaba centrado completamente en el rostro herido de la castaña.
― Felicitaciones. ― le murmuró en voz baja, con sus ojos brillantes quizás por lágrimas contenidas. Neji apretó los labios incómodo y aterrado, porque él no tenía conocimiento de los planes de Mei, ni tampoco esperaba que lo dijese frente a Tenten, como si estuviera marcando territorio. Mei no sabía de su traición con la castaña, al menos eso creía, aunque sus gestos hablaban por él.
― ¡Tenten, me retrasé! ― la llegada de un rubio detuvo las celebraciones y silenció a las mujeres. ― Estaba en un atasco gigante.
― No hay problema, mi amor. ― Tomándolo por las mejillas, le dio un beso apasionado que no dejaba lugar a dudas de que eran pareja. Neji quiso meterse entremedio, gritarle, quitársela y no permitir que la volviese a besar, pero su sentido común fue más fuerte y con su estómago revuelto y sintiendo como si un puñal hubiese sido enterrado en el lugar, se mantuvo estoico mirándolos compartir algo tan íntimo como un beso. Iguales a los que le daba ella cuando estaban juntos… ― Hasta luego.
Horrorizado la vio salir en compañía del rubio, que la abrazó por los hombros en signo de posesividad y lo miró sobre su hombro. Neji seguía detenido en el tiempo, repitiendo una y otra vez ese beso que se le marcaba a fuego en su memoria, recordándole que, si él era infiel, nada decía que la castaña no pudiese serlo. El hecho de que no le hubiese contado de su relación con otro hombre lo destrozaba.
― Se nota que son felices. ― comentó Mei tras él, tomándole la mano. ― Vamos a casa.
― Sí.
Salió del canal con su mente ida y manejó por inercia hasta el departamento de la mujer. Al atravesar la puerta, la tomó con brusquedad y besó de la misma forma, rajándole la ropa con rabia e impotencia. Bebió todo lo que le entregó la mujer y marcó su cuerpo con mordiscos que no tenían nada que ver con ella. Derramó su dolor en ese sexo desesperado, angustiado y aunque Mei no se lo merecía, lo recibió con gusto, disfrutando de sentirse ganadora frente a una pobre tonta que creía tener el poder de quitarle a su hombre.
Neji se dejó caer sobre la cama y esperó a que Mei se durmiera para hacer algo que nunca esperó hacer cuando estaba en compañía de la mujer: Haciendo de su corazón solo tripas que no sintieran nada, se metió en la ducha, refregó su cuerpo y salió del hogar de la pelirojiza, evitando despertarla y satisfecho por al menos haber tenido la templanza de acostarse con ella, por mucho que fuese otro cuerpo el que deseara.
Volvió a su carro y sentado frente al volante pensó que los labios de Mei no eran tan suaves como los de Tenten y que sus besos muchas veces eran demasiado apresurados, sin darse el espacio para disfrutar, a diferencia de la castaña, que tenía un toque sutil que lo tranquilizaba, como cuando paseaba su lengua por sus labios y lo lamía en el cuello… Mei tampoco tenía esos pechos llenos que rebotaban naturales con cada una de sus embestidas, y que se dejaban adaptar por sus manos grandes. Tampoco poseía las caderas anchas de la chica, que lo enloquecían casi tanto como sus piernas largas, pero con carne, que también lo descontrolaban. No había puntos de comparación entre ambas y para horror de la supermodelo, amada por muchos, envidiada por todas y deseada por un gran porcentaje de los hombres del mundo, Tenten era mucho más mujer que ella.
Tenten le ganaba en todos los ámbitos y sentir que la había perdido, era darse de frente con una realidad que no le gustaba.
11.
― Felicidades, Tenten. ― Sakura abrazó a su amiga luego de haberle acompañado mientras soplaba la vela. ― Cumples 20.
― Y justo cae un día lunes. ― murmuró con horror la rubia, tirándose sobre el sofá de Sakura.
― No te acomodes tanto, guarra. No pienso prestarte mi camarín para que lo uses como motel. ― Ino se puso granate y les lanzó cojines a ambas al oírlas reír como tontas de ella.
― Nunca olvidaré tu cara cuando saliste del lugar y Sasuke estaba con los brazos cruzados mirándolos a los dos. ― Tenten se agachó, riendo todavía más fuerte frente al comentario de la pelirosa. ― Tenten, la hubieses visto. Estaba acomodándose la ropa y ¿sabes cuánto tiempo estuvo encerrada con Itachi? 3 horas ― la castaña la apuntaba, riéndose sin parar.
― Venga, sigan burlándose de mí, pero yo seré la primera en hacerles bullying cuando les pase lo mismo y tenga una necesidad desesperante de algo. ― amenazó abochornada la rubia, tapándose el rostro con las manos. ― Deberían dejar de mofarse de eso.
― Es que fue E-PI-CO ― exclamó Tenten, alzando las manos en la última palabra. ― Yo, si fuese Jiraya, le pondría un altar a Itachi por aguantar tanto tiempo.
― Agradezcamos que Jiraya no se enteró, o si no estaría de patitas en la calle buscando un nuevo empleo. ― La rubia se sentó sobre el sofá y miró a sus amigas. ― Dejen de mirarme así. Ya han pasado 2 días.
― ¡Guarra! ― le gritó Sakura. ― Ni siquiera has llegado al departamento a dormir.
― ¿Y cómo sabes eso? Tú tampoco estás en el departamento todos los días o ya no te acuerdas de que duermes con Sasuke. Si Mebuki supiera… ― dijo la rubia, mirándose las uñas como quién no quiere la cosa. ― Dejemos de hablar de esto, por favor. Es el cumpleaños de Tenten y tenemos que celebrar como Dios manda.
― El sábado celebraremos como corresponde, pero hoy solo quiero descansar y dormir. ― Las ojeras en los ojos de la castaña no habían pasado inadvertidas para sus amigas.
― ¿Hay algo que no nos has contado, Tenten? Después del programa, cuando pensamos que ibas a salir más feliz que nunca, has tenido una cara de pena que no acaba.
― Ino, recuerda quién estaba con ella en el set. ― La rubia se tapó la boca alarmada.
― ¿Esa maldita mujer te dijo algo? ― Tenten intentó restarle importancia y no quiso responder a la pregunta de la pelirosa, pero fue imposible, porque si Ino y Sakura eran inquisidoras separadas, juntas se potenciaban a niveles insospechados. ― Anda.
― Mei me contó que ella y Neji se fueron a vivir juntos. ― Apenada, la castaña bajó la cabeza. ― No pienso llorar más por él y les aseguro que no lo he hecho, pero por las noches no he dormido bien.
― Ese tipo es un tonto que no sabe lo que se pierde y prefiere a esa escuálida sin ningún sabor. ― Ino abrazó a su amiga y guardó silencio mientras oían a Sakura despotricar. ― Que rabia con ella, quizás vio algo entre ustedes y plantó esa semilla de maldad, porque de que es mala, sí que lo es.
― Posiblemente sea eso y en verdad no están viviendo juntos. ― Tenten negó con su cabeza.
― Neji estaba ahí y no lo negó. ― La pelirosa y la rubia se miraron alarmadas. ― Se quedó callado y se besó con ella frente mi nariz.
― Es un gran hijo de perra. ― Sakura le lanzó una mirada fea a Ino, para que contuviera sus palabras.
― Su madre está muerta, Ino. ― le recordó la pelirosa. Ino solo bufó.
― Bueno, piensen en el insulto más grande y yo se lo digo. ― Tenten rió al igual que la pelirosa. ― Me imagino la humillación que significó para ti.
― Digamos que también tuve mi venganza. ― sonriendo de medio lado, les contó el resto. ― Le dije que tenía novio y justo Tsubasa apareció. Lo besé frente a él y por lo que me dijo mi querido amigo, Neji quedo desencajado, sin creer que me estaba yendo con otro.
― ¡Grande, Tsubasa! ― chilló Sakura. ― Esa sí que es venganza. ― agregó, sonriente. ― Se lo merecía.
― Claro que se lo merecía. Yo que tú hubiese sido más osada…
― Desde que se acostó con Itachi, piensa todo el día en sexo, así que entiéndela. ― interrumpió Sakura, excusando a su amiga y haciendo nuevamente reír a la castaña mientras Ino se debatía entre tirarle el cepillo de pelo o el taburete cercano. ― Ok, basta de lamentaciones. Yo acabo de terminar mis grabaciones y le prometí a Sasuke ir a estar con él hoy, así que nos vamos a su departamento.
― ¡Cómo crees! ― gritó Tenten. ― Él quiere estar contigo y no con nosotras.
― Si desea mi presencia, tiene que aguantar que también tenga amigas que requieren de mi tiempo, así que no le queda otra que aceptarlo. ― altanera como siempre, tomó su bolso y levantó a las dos chicas para que fuesen en busca del carro de Ino. ― Además, el hecho de que vaya a su casa y no lo llame desde mi departamento avisándole que no iré es un gran paso para ambos.
― En fin, vamos porque Sakura seguirá dando explicaciones y sabes lo cargante que se pone con ello. ― Fue el turno de la pelirosa en tirarle cosas.
Ya subidas en el carro y cantando a todo pulmón canciones de desamor, el trío de locas se bajó en los estacionamientos que tenía el lujoso departamento del moreno, aunque claro, con ciertos problemas, pero luego de que Sakura mostrara su rostro, el hombre a cargo de la seguridad las dejó pasar deshaciéndose en atenciones, tardías para el criterio de las tres, pero al menos había rectificado su mal actuar con el ingreso de ellas.
Subieron por el ascensor personal del moreno y riendo todavía, esperaron que se abrieran las puertas.
Las tres se quedaron calladas cuando 6 pares de ojos se fijaron en ellas, mirándolas entre extrañados, gratamente sorprendidos y picaros.
― Hola. ― dijo incómodamente la castaña, alzando su mano y mirando al Hyuga que tras Naruto, seguía sorprendido mirándola. ― Lamentamos interrumpir.
O.O
Minutos antes
― ¿Y tenía que ser en mi departamento la junta? Nadie me avisó que sería aquí.― Itachi asintió a su pregunta y volvió a ignorarlo mientras anotaba algo en su agenda. ― Tengo planes, así que váyanse pronto.
― ¿Qué planes? Te avisamos con antelación que nos juntaríamos acá. ― replicó Naruto, cayendo sobre su sofá.
Sasuke lo fulminó cuando lo vio manchar el tapiz del sillón con sus grasientas manos y cerveza.
― Me comprarás un nuevo living. ― Le advirtió, tirándole un cojín. ― Quiero que se vayan pronto, porque debo ir a grabar.
― No mientas. Ya terminaste con eso. ¿No será que te quieres ir para allá porque Sakura sigue en el set? ― Le preguntó inquisidor su hermano, moviendo las cejas.
― Eso no te importa. ― escupió, siendo molestado por todos sus amigos que hacían esos sonidos parecidos a los de un grupo de niños. ― ¿Qué hay para ahora?
― Para la banda se vienen algunas pequeñas presentaciones, pero nada grande, al menos eso en el mes de marzo. ― aclaró el moreno, revisando en su Tablet. ― Pero en abril tenemos el Coachella y estamos de cierre el último día, así los ensayos serán varias veces a la semana.
― Podríamos ensayar nosotros mientras Sasuke graba. Sabemos que él tiene el poder de adaptarse a cualquier cambio. ― propuso Shikamaru, recibiendo una nueva cerveza. ― Y no deberíamos estar bebiendo. Recién es lunes.
― ¿Eres abstemio? ― le preguntó Kiba mordaz. ― Siempre es buena ocasión para beber y más si se está con los amigos.
― Eso lo dicen los borrachos. ― aportó Naruto, dando un gran sorbo a su bebida. ― Pero no importa. Es la primera cerveza que tomo en muchos días, así que no me interesan sus argumentos…
― Cállenlo, por favor. ― pidió Sasuke, agarrándose el puente de la nariz. ― Entonces estará el Coachella y nada más.
― Tú tendrás grabaciones todo ese mes, así que apenas saldrás del set. ― le contestó Itachi, siguiendo con sus ojos pegados en la Tablet.
― Al menos consígueme un camarín que no esté manchado con tus suciedades. ― Itachi se trapicó con su propia saliva y lo miró con ferviente rencor. ― No estoy mintiendo.
― ¿Qué hizo? ― quiso saber Naruto como niño pequeño. ― Cuéntame.
― Nada. Cosas de hermanos. ― explicó Itachi, meneando la cabeza con cansancio. ― Mira, revisando por acá acabo de darme cuenta que hubieses tenido que volar el fin de semana.
― ¿Cómo? ― le preguntó Sasuke.
― Tenías que ir al Victoria Secret's donde modelaba tu novia. ― Neji se palmeó la frente al darse cuenta que eso significaba que Mei también iría y posiblemente tuviese que ir con ella. ― No tienes permiso. ― le dijo Itachi al pelilargo antes de que lograse decir algo.
― No tengo porque pedírtelo. ― amenazó Neji, molesto, aunque le venía de maravilla la negativa del Uchiha mayor.
― Sí, tienes que pedírmelo porque hay una gran cantidad de cosas que hacer y tu presencia es muy importante, así que olvídate de que irás a pasearte en Nueva York siguiendo a tu novia.
― Oigan, sé que tenemos varios temas. ¿Podríamos enfocarnos en ello? ― pidió Kiba, con extraña seriedad. ― Tengo que ir a ver un salón para mi matrimonio. ― Todos entendieron. ― Nadie me dijo que sería tan complejo.
― Son muchos detalles, amigo. ― le dijo Shikamaru, palmeándole la espalda. ― En algún momento se me ocurrió que era buena idea casarme, pero en la mitad de los trámites desistimos con Temari, porque era demasiado tiempo, dinero y tonterías.
― Bueno, yo si quiero casarme y tú me ayudarás a conseguir salón. ― le dijo, sin darle derecho a réplica. ― Aunque me demore años, me casaré con mi Natsuki. ― respondió enamorado. ― Me costó bastante conquistarla.
― Verdad que Kiba estaba en la friendzone. ― bromeó Naruto, haciendo reír a todos. ― Eres un orgullo para tu nación, valiente soldado.
― Nuevamente perdimos el hilo del tema. ― reclamó al aire Neji, con sus brazos cruzados. ― Entonces solo ensayos para nosotros y grabaciones para Sasuke.
― Además de tener presentaciones pequeñas los fines de semana, y tendrán que dar entrevistas. ― la parte favorita de toda la banda, pensó sarcásticamente el Uchiha mayor. ― Sé que lo detestan, pero si no tenemos a Sasuke, alguien debe reemplazarlo y ser atrayente para las revistas. Ustedes saben que se los pelean en los sets de televisión. Dejen de dar la lata con el tema. ― les pidió con cansancio.
― No damos la lata. ― reclamó Kiba. ― Pero turnémonos, por favor.
― Bueno y además de eso, ¿algo más que agregar? ― quiso saber Sasuke, rogando para que se fueran luego.
― Quiero escuchar los nuevos acordes del disco que piensan sacar. ― Frustrado, el menor de los Uchiha aceptó, pero antes de llegar a dar el primer paso para ir a la sala de grabación, el sonido de alguien llegando lo detuvo. Sin saber quién podía ser, ya que el portero no le había avisado, abrió las puertas del ascensor quedando de una pieza cuando vio al trío de chicas ahí, expectantes e incomodas.
― Hola. ― dijo la castaña. ― Lamentamos interrumpir.
― No interrumpen nada, chicas. ― Naruto caminó entre todos y tomó la mano de Sakura para hacerla ingresar. ― ¿No trajeron a Hinata?
― No, porque tenía cosas que hacer respecto al alta de su padre. ― Neji asintió, apoyando la explicación de Sakura. ― Es mejor que volvamos en otro momento.
― Sasuke. ― llamó Kiba. ― ¿Estás con Sakura? ― alzando una ceja, el moreno no le respondió. ― Vaya.
― Creo que todos cayeron con el mismo grupo de amigas. ― bromeó el coletitas, riendo al pensar en eso.
― Sí, Nozomi también es parte de ellas. ― agregó Naruto, sabiendo que Shikamaru tenía cierta cercanía con esa chica. ― Nosotros nos iremos pronto. Pueden quedarse acá sin problema.
― Naruto, es mi departamento. ― Lo detuvo Sasuke. ― Sakura, ve a mi habitación.
Todo quedó en completo silencio.
― No seas descarado. ― Le rogó la chica entre dientes, acercándose a él. ― Tus amigos están acá y es mejor que me vaya.
― No. Te quedas acá. ― le avisó Sasuke, bajando el rostro para darle un rápido beso en los labios a modo de saludo. ― Ve a mi cuarto con las chicas y conversen lo que tengan que conversar.
Los chicos de la banda, al igual que las chicas, miraban la escena con complicidad y sobretodo ternura. Era raro ver a Sasuke de esa forma, mostrándose cariñoso con alguien y permitiéndole tal nivel de intrusión en su vida.
― Vamos. ― dijo Sakura, jalando a sus amigas y mirando a Itachi con ojos entrecerrados cuando paso por su lado y lo vio mirando a su amiga con anhelo. ― Después te la paso.
― Saku. ― regañó la rubia, enojándose.
― La esperaré, entonces. ― guiñándole un ojo, Itachi las vio encerrarse en la habitación de su hermano. ― Bueno, eso es todo. Ya se pueden ir. Lo del disco queda pospuesto. ― dijo el pelilargo, acelerándose para que se fueran y pudiese estar con la rubia en cualquier otro lugar. Por ese día, el trabajo podía quedar de lado.
― Oh, por Dios. ¿Conseguiste algo con Ino? ― Sasuke carraspeó, aguantando la risa por la pregunta de Naruto. ― Me alegro por ti. Ahora sí que estaremos relacionados, ya que nuestras chicas son amigas y muy cercanas entonces probablemente…
― Cállenlo. ― pidió Neji, incomodo luego de ver a la castaña y molesto porque ella lo había ignorado olímpicamente, sin siquiera darle una leve mirada. ― ¿A qué vinieron?
― No lo sé y creo que tampoco debería importarte. ― respondió Sasuke. ― ¿Algún otro tema, Itachi? ― Su hermano mayor seguía pegado mirando el pasillo que llevaba a su habitación, teniendo que volver a llamarlo para centrarlo en el presente. ― Itachi.
― Sí, eso es todo. Durante la semana veamos el tema de tus grabaciones. ― dijo, pendiente de otra cosa y anotando en su tablet con evidente apuro.
― Entonces quedamos en juntarnos otro día. ― recapituló Shikamaru, deseando ir a su casa a descansar, pero recordando con terrible pesar la petición de su amigo Kiba y como tendría que ayudarlo a ver salones para bodas.
― Estupendo. Les mandaré un whatsapp. ― sentenció Itachi, volviéndose hacia todos y despidiéndose con rapidez. ― Nos vemos.
― Está imbécil. ― murmuró Naruto, siendo el primero en salir. ― Iré a ver a Hinata.
― Se fue del país. ― al rubio le costó dos segundos darse cuenta que era una broma desagradable de Neji y no una realidad.
― Lo que digas, amargado. ― salió, seguido por Shikamaru y Kiba. Neji se quedó en la mitad del salón, sin saber qué hacer del todo.
― Neji. ― llamó Sasuke. ― Lárgate.
― ¿Me echas? ― El pelinegro se alzó de hombros. ― No le he hecho nada el último tiempo. Es más, me enteré de que tiene novio. ¿Acaso tú sabías eso? ― Sasuke no respondió, porque no tenía idea de lo que Tenten hablaba con Sakura, pero si era por proteger a la amiga de la pelirosa y sobre todo a la chica que tan bien se había comportado con él todas las veces que se habían cruzado, no le quedó más que asentir. ― Gracias por decírmelo.
― Mei es tu novia, ¿no? ― Neji masculló palabrotas. ― Déjala en paz.
― Cleopatra. Sé quién es. ― Itachi, que miraba la escena con cierta lejanía, se metió.
― Sé lo que sabes o quieres creer, pero no por nada seguiste acostándote con ella apenas la volviste a ver. Si Tenten tiene novio o no, es problema de ella. Tú no eres su dueño. ― No fue necesario seguir hablando, porque Neji tomó sus cosas y se largó del lugar, dejando el ambiente cargado con cierta vibra incomoda. ― Está obsesionado con ella.
― No es nuestro problema, Itachi. ― contestó Sasuke.
― Es nuestro tema en cuanto esto se convierte en un problema para la banda, cosa que está sucediendo. La tensión entre tú y él es palpable. Recuerda que llegaron a los golpes no hace mucho. ― Sasuke respondió la acusación con una mueca. ― Quiero el tema solucionado en el corto plazo, así que a alguno de los dos le tocara hablar con él.
― Tú eres su jefe.
― Y tú su amigo. Eso también es importante.
― Ve el tema como banda y no como algo personal. ― le dijo Sasuke, caminando hasta su habitación, encontrándose con las chicas sobre su cama, sentadas a lo indio y conversando sobre algo. ― Hola. ― saludó de nuevo, sentándose a un lado de Sakura. ― ¿Necesitan algo?
― No, estamos hablando de mi cumpleaños. ― le contó Sakura. ― Y hoy celebramos el de Tenten.
― Felicidades. ― La castaña se sorprendió con su saludo. No esperaba un abrazo, ni palabras bonitas como felicitaciones muy emocionadas o cosas por el estilo. Sin embargo recibir un poco de ello fue agradable. ― ¿Quieren algo para comer?
― Vaya, que amoroso estás. ― Lo molestó Sakura, peinándole el cabello. ― Yo quiero…
― Nada. No soy tu nano. ― levantándose de la cama, la miró burlón. ― Iré a ver algo en la sala de grabación.
― ¿Para qué me ofreces cosas si no me las vas a dar? ― Ino y Tenten enrolaron los ojos.
― Porque me gusta. ― Sasuke salió del cuarto, cruzándose con su hermano en la ida hacia la sala. ― ¿Todavía no te vas?
― Quiero hablar con Ino. ― Sasuke alzó una ceja siendo muy elocuente con ese gesto. ― Basta. ― le pidió el pelilargo.
― No olvidaré lo que hiciste en MI espacio. ― Itachi bufó. ― Si mamá supiera…
― Le contaría que te acuestas con una menor de edad. ― interrumpió Itachi, ganándose un golpe en el hombro. ― Me dolió.
― No más que tu corazón. ― Hastiado, el pelilargo se fue al salón y se quedó ahí esperando por la rubia.
Prendiendo el televisor, aunque sin mirar con atención lo que pasaban, recordó los últimos dos días. Luego de la monumental cogida que se habían dado en el camarín de Sasuke, salieron del lugar para separarse cada uno por su lado. Él se encontró con Yamato que, dándole miles de advertencia, le reclamó por su poco decoro. Itachi se echó completamente la culpa y le rogó que no le dijera a nadie sobre lo que había visto, para no dañar la reputación de la chica. Yamato tenía claro aquello, pero reconoció no sentirse cómodo con esa clase de comportamiento y menos de él que ya era un hombre y no un adolescente hormonal.
Ya liberado de esa conversación, fue a buscarla, pero se encontró con que su hermano se las había llevado a su casa, sin embargo, Itachi no le dio mayor importancia y salió tras ellos, encontrándose con la rubia sola en el departamento de Sakura. Estaba guapísima con su pelo mojado, una remera húmeda que remarcaba el contorno de sus pechos y unos pequeños pantaloncillos. La ropa le duró poquísimo puesta y llegó con ella a la cama, procurando protegerse luego de comprar una caja completa de condones para no volver a tener el mismo problema que habían tenido por la mañana, aunque dudaba si con eso bastaría.
Luego de estar toda la noche buscándose mutuamente, dando rienda suelta a su pasión, lograron dormir, para nuevamente por la mañana separarse cada uno a sus trabajos. Itachi estuvo todo el día pensando en ella y haciendo el loco en las reuniones con magnates de la industria musical, ya que al hablarle el respondía con monosílabos. Por la tarde no aguantó mucho más y fue al set nuevamente, pillándola desprevenida mientras ordenaba ropa junto a Tenten. Cuando la castaña lo vio llegar, salió sigilosamente y los dejó solos. Ino dio un respingo al sentirlo pegada a su espalda, pero pronto se giró para darle un gran beso.
― ¿No te puedes concentrar? ― Volvió al presente escuchando la voz de Ino, que se encontraba frente a él con sus manos en las caderas y mirada pícara. ― Sueñas despierto.
― Tengo algo muy fuerte que me hace soñar despierto. ― incorporándose en el sofá, la tomó por sus manos y jaló de ella para que cayera en su regazo. ― ¿Vamos a mi casa?
― ¿Estamos batiendo un record? ― Itachi no entendió. ― Cambiamos de lugar todo el tiempo.
― Podemos hacer mi departamento como algo seguro y tu cuarto en la casa de Sakura también. ― La rubia se alzó de hombros, complacida con la propuesta de él. ― Pero mi casa es otra cosa y olvídate que tendrás algún tipo de descanso.
― Tenía la esperanza de que fuese así. ― Ino le besó la boca, pero se separó cuando Sasuke carraspeó interrumpiéndolos.
― Hermanito. ― ironizó el Uchiha mayor. ― ¿Necesitas algo?
― Solo recordarte que en mi casa no. ― Ino se sonrojó como tomate. ― Es con él, no contigo, Yamanaka.
― La avergüenzas. ― le reclamó el pelilargo. ― Me voy con ella. Dile a Sakura.
― ¡No!, yo le diré. ― Ino se soltó de su agarre y fue a buscar sus cosas. A los segundos ya estaba fuera, escuchando el griterío que hacían sus amigas. ― Tenten se va en mi carro, así que no me preocupo de eso.
― Estupendo. ― levantándose con premura, tomó a la rubia de la mano y salió con ella dejando a Sasuke parado con su mirada fría y carente de expresión. ― Quería tenerte para mí solo. ― riendo con complicidad, Ino le pasó los brazos tras su cuello y comenzaron a besarse mientras el ascensor bajaba.
Itachi se dio un festín acariciándola y sacándole leves gemidos de su boca pequeña y rosada, que ya se encontraba hinchada por sus besos.
― Todos saben de nuestra vida sexual. Es incómodo. ― musitó la rubia en su oído.
― ¿Te molesta? ― Ino meneó la cabeza. ― A mí mucho menos, pero si alguien llega a decir alguna cosa que te incomode, dímelo.
― También sé defenderme. No soy una princesa en apuros. ― Itachi quería sentirse con el superhéroe, pero aceptó que la chica fuese lo suficientemente independiente para no necesitar de su protección. ― ¿Vamos a tu departamento?
― No, hace poco me cambié a una casa. Es grande y cómoda, además de personal, así que no tendremos problemas de gente molestando.
― Me agrada eso.
Al llegar a la casa, no se dieron ni siquiera el tiempo de entrar antes de que uno estuviese encima del otro, gimiendo por los toques desesperados y el deseo apremiante.
― Ino, no llegaré a la habitación. ― le dijo, advirtiéndola, para proceder a bajarse los pantalones junto con los de ella, ponerse un condón e ingresar en su cuerpo de una rápida embestida. ― Lo necesitaba.
Cerrando los ojos, se liberaron entre estocada y gimieron al unísono, apoyados en la muralla que separaba la cocina del living. Itachi la apretó contra él, ensartando sus dedos en los muslos blanquecinos de la chica y gimiendo en su oído cuando le tiró el cabello de la nuca. Eso era la gloria, pensó. Ninguna relación sexual se le podía comparar. La chica era apasionada, gemía su nombre y se encantaba con cada cosa que le hacía, haciéndole sentir único.
― Itachi… ― jadeó, cayendo sobre él y sintiéndolo temblar cuando su propio orgasmo lo tomó. ― Vaya. ― susurró después de unos segundos, bajándose de sus caderas. ― Inauguramos los lugares.
― Podemos hacer un recorrido por toda la casa y vamos inaugurando cada sala. ― propuso el pelilargo, subiéndose sus pantalones y tomando los de ella para ponérselos.
Cuando se vio acuclillado frente a ella, ayudándole a meter los pies en su ropa, le vio el vientre desnudo y se lo besó, olvidando por completo su tarea y volviendo a hacer el amor como si fuese la primera vez, aunque ésta vez cayeron al suelo.
― Itachi, terminaremos agotados. ― Era la idea, pensó el moreno, riendo contra su cuello, acostado sobre el sofá de su sala y sin nada de ropa luego de tener un tercer encuentro. ― Puede llegar alguien.
― ¿Quién va a llegar? ― respondió Itachi, riendo. ― Vivo solo y eres la primera en cruzar esas puertas aparte de mis padres y Sasuke.
― Que privilegio. ― Sonriente, la rubia lo obligó a levantar la cabeza para mirarle. ― ¿Te sientes en la gloria?
― ¿Por qué me preguntas eso? ― quiso saber ceñudo.
― Porque así me siento yo. ― Una sonrisa partió la cara del moreno y le besó los labios, feliz de haberla encontrado. ― ¿Entonces?
― Estoy más que en la gloria. ― aseguró él, rodando para ponerla encima de su cuerpo. ― Y tú podrías seguir reafirmando esa opinión.
― Como gustes.
La noche cayó sobre ellos como una leve cortina acompañada de estrellas. Mientras la luna brillaba igual que los ojos de la rubia, la oscuridad la hacía más visible, igual que los ojos de Itachi. Y su relación recién comenzaba.
12.
Sakura sonrió como idiota enamorada al ver la actuación de su coprotagonista. Desde fuera del set, al lado de los productores y esperando su turno, tenía la libertad de contemplarlo en su faceta actoral; lo hacía con tanto ahínco y pasión, que envolvía a todos en esa nebulosa cargada de profesionalismo.
Tiró la cabeza hacia un lado e intentó darle otra perspectiva a su mirada. Rogaba encontrar algún defecto, para no sentirse la incompleta de esa relación, pero era imposible. Sasuke desde el punto que se le mirase, exudaba perfección tanto física como psicológicamente. Su cuerpo de infarto todavía le hacía temblar las piernas cuando se posaba sobre el suyo, bañándola con su calor y suavidad. La dureza de su abdomen y los brazos fuertes que lo sostenían para mirarla, le trajo recuerdos de la noche recién pasada, donde se entregó nuevamente a sus caricias y necesidad.
Mordió su labio, sin dejar de sonreír y por sus mejillas subió un tono carmesí que dejaba entrever algo de los pensamientos morbosos que estaba teniendo.
La pelirosa lo observó echado sobre la cama, con sus bóxer apretados que resaltaban la fuerza de lo que escondía dentro de ellos. Su boca se hizo agua y aceptó el reto interior. Iban a cumplir casi 3 meses juntos y eso ameritaba algún tipo de celebración y porque no, una entrega mayor de su parte. Tenía la certeza de que no sería un acto completo, pero sí era un acto de confianza superior al que ya tenían.
Sonriendo, bajó desde su cuello, a las abdominales marcadas del moreno, para luego seguir bajando encontrándose de frente con ese monumento a la hombría.
― ¿Qué haces? ― le preguntó Sasuke sorprendido.
― Devolverte lo que tú me haces. ― bajando una parte de su bóxer, sacó el miembro excitado del pelinegro y movió su mano de arriba hacia abajo con parsimonia, disfrutando de su rostro convulso.
― Sakura, no… ― jadeó, aferrando los dedos alrededor de los traviesos que lo tenían apresado, sin embargo, la chica fue más rápida y lo tomó en su boca con decisión y sin titubear. ― ¡Oh, por Dios! ― gritó, tirando la cabeza hacia atrás.
Sakura no sabría describir el sabor, era un poco salado con un pequeño toque dulce, pero no desagradable. Es más, le pareció más rico que cualquier paleta que hubiese probado. Sus labios rosas y pequeños, se ciñeron a la punta del miembro, haciendo sudar al pelinegro bajo sus manos.
Sasuke por su parte se sintió como una masa inerte, carente de cualquier posibilidad de moverse. Mirarla hacia abajo y ver como lo lamía, succionaba, presionada y soltaba lo trastornó. La lengua caliente de la chica recorrió todo el tronco que recubría su sexo, disfrutando de las particularidades que el lugar poseía, para luego sentir sus labios haciendo movimientos ascendentes y descendentes, masturbándolo de esa forma. El pelinegro se aferró a las sábanas de la cama y mordió su labio, soltando por completo sus jadeos.
Sus dedos apresaron el cabello pelirosa de la chica y movieron su cabeza al son de lo que más le causaba placer. Cuando la mano de la chica se perdió agarrando por completo todo lo que constituía su miembro y acariciando sus testículos, la locura se desató para él. Con brusquedad, agarró de los lados de la cabeza a Sakura y la guio fuertemente. Sakura algo atragantada, pero disfrutando como nunca, intentó seguirle el ritmo, lográndolo de inmediato y dando una última lamida, lo tomó por completo con su boca, liberando el placer del moreno.
Tener la semilla de Sasuke en su boca, fue de alto impacto. En un principio y como cualquier mujer, lo rechazó, sin embargo pensó en la cercanía que se había creado entre ellos luego de eso y recordó todas las veces que él le daba placer, disfrutando de lo que le brindaba su cuerpo. Cerró los ojos y tragó todo el contenido, sin poder definir qué sabor era el que prevalecía.
Soltó su miembro y se subió sobre él, para volver a la caza de su cuello, sin saber si él quería besarla tomando en cuenta lo recién pasado, pero Sasuke se recuperó de inmediato y girándose para ponerla a ella debajo, le besó la boca con una pasión aplastante, como nunca antes lo había hecho, moviéndose sobre su cuerpo para provocarla aún más.
Sakura más que nunca deseó perder su virginidad, pero Sasuke no lo hizo, solo se limitó a darle placer con sus manos y bocas… algo único y muy repetible.
― Para ser las 3 de la tarde, hora donde todos estamos fatigados, admiro tu capacidad para sonreír. ― Sakura se volteó al escuchar la voz de Itachi, con esa entonación risueña que siempre le ponía a sus conversaciones y los ojos achinados haciéndolo ver muy acogedor. ― ¿Cómo estás?
― Bastante bien, no me puedo quejar. Ahora que no tengo que ir a la escuela por las mañanas, me siento más libre. ― Le contestó, sonriendo de vuelta.
― Pero comprendes que de ahora en adelante grabarás unas 18 horas diarias y no necesariamente de día, ¿verdad? ― Sakura asintió.
― Y no me preocupa porque tengo al manager de mi compañero de elenco muy pendiente de mí y en caso de que necesite algo, él me ayudará, ¿verdad? ― La pelirosa le guiñó un ojo, haciendo menear la cabeza de Itachi en fingido gesto de cansancio.
― Esto se llama extorsión indirecta. ― le hizo ver con gracia.
― ¿No quieres ir a mi departamento esta noche? ― alzando las cejas, Itachi se acercó a ella. ― Me refiero para que vayas a ver a mi amiga.
― Yo lo tengo claro, pero el imbécil de Kabuto que está justo detrás de ti y acaba de oír tu comentario no creo que lo tenga mucho. Seremos la historia sabrosa del set por esta semana.
― Eso se oye horrible. ― A pesar de sus palabras, Sakura no se veía ni un poco alterada, es más, se acercó a Itachi y cruzó su brazo con el de él, en actitud de cofradía. ― Deja que hable, total, ambos sabemos que no tenemos más que una relación de amistad que prolifera cada vez más.
― Yo lo tengo clarísimo, tú también y lo que opine Kabuto me trae sin cuidado, pero lo que me incomoda es la mirada asesina que me está lanzando Sasuke desde allá. ― Sakura abrió los ojos, sintiéndose tonta por no haber tomado en cuenta ese detalle. El moreno, podía re jurar con su mano sobre la biblia que no era celoso, pero sus palabras estaban muy alejadas de la realidad. ― Viene para acá, así que quédate tranquila y suéltame lentamente.
Así lo hizo Sakura y se giró sobre sus talones justo cuando Sasuke llegaba donde ellos.
― Hola, hermanito. ― saludó de forma irónica el Uchiha menor, para luego fijar su mirada en Sakura. ― Hola.
― Hola. ― Le respondió la chica e Itachi alzó su mano. ― ¿Terminaste de grabar?
― Sí, vamos a comer algo y se viene la escena contigo y Sasori. ― le contestó Sasuke. ― ¿Qué estaban hablando tan apegados?
― Solo tonterías. ― dijo Sakura, restándole importancia. ― ¿Comerás conmigo?
― Sí. ― dijo el moreno. La chica bufó hastiada por ese tono tan impersonal y desagradable que había tomado Sasuke. ― ¿Tú te quedarás? — le preguntó a su hermano.
― Amo nuestro amor fraternal. ― Itachi lo miro fijamente. ― Me iré a ver a Neji, porque a su tío le dieron el alta y concertaremos nuevamente tu agenda.
― Espero me dejes tiempo para algo. ― en un gesto sutil, miró a Sakura e Itachi entendió. Sasuke quería tiempo para estar con la chica.
― Haré todo lo posible. Por ahora, solo trabaja. ― dándole un beso en la frente a la pelirosa y enviándole una mirada de advertencia a su hermano, Itachi abandonó el lugar.
― No te molestarás por esto, ¿verdad? ― Sasuke negó levemente y pasó por su lado, esperando que Sakura lo siguiera.
Cuando estuvieron alejados del resto del set y llegando a los camarines, Sasuke se adentró en el de la chica y dejó la puerta abierta, dando el pase para que Sakura lo siguiera.
La pelirosa cerró la puerta a su espalda.
― ¿Quieres comer en la cafetería? Traje almuerzo y uno es para ti. ― la chica quedó de una pieza, mirando ese gesto de ternura extrema que había tenido el moreno. ¿Cómo no se iba a enamorar de él si salía con ese tipo de cosa? ― ¿No quieres?
― Ven. ― estiró la mano y Sasuke se acercó a ella, tomándola de la cintura. ― Eres el mejor del mundo entero, ¿te lo había dicho? ― le acarició las mejillas y lo bajó a su altura para hablarle desde cerca. ― ¿De verdad quieres estar conmigo? No creo que alguien como tú se fije en alguien como yo, tan chica, tan inmadura, peleadora, imperfecta…
― Tienes el mejor trasero que he visto en toda mi vida y eso que he visto varios. ― Sakura le golpeó el hombro jugando y riendo entre dientes. No le molestaban ese tipo de bromas, porque eran personales y los unían mucho más. Sasuke no era conocido por hablar con todos de forma tan liberada, pero con ella tenía muchas facetas que la hacían sentir especial. ― Eso es violencia.
― No pienses en el trasero de otras chicas si no quieres que me enoje. ― Sasuke lanzó una risa gruesa, que nacía de su pecho. ― Es en serio.
― Entonces no lo haré, para que la señorita no se enoje. ― Sakura miró hacia otro lado, sonrojada.
― Soy una niña.
― No digas eso, porque me siento un degenerado. ― dijo Sasuke.
La pelirosa escondió su rostro en el cuello blanquecino del hombre y lo abrazó firmemente contra ella. Sasuke solo posó las manos con indulgencia en su cadera.
― Quiero quedarme así por siempre. ― susurró la pelirosa. ― Abrazados.
― No podemos, pero por ahora puedo cumplir tu deseo. ― le dijo Sasuke, caminando con ella para que se sentaran. La posó en su regazo y ahí la dejó, paseando su mano por los muslos de la chica. ― Sakura, respecto a lo que pasó anoche…
― No hables de eso. ― le pidió azorada. ― Mientras lo hayas disfrutado, no importa nada.
― Claro que lo disfruté, pero tienes que saber que te pasaste. No puedes hacerlo de ese modo, porque acabará de la misma forma que acabó ayer y es demasiado fuerte para ti. Todavía no sabes mucho sobre el tema.
― ¿Estoy hablando con mi profesor? ― le preguntó, medio molesta. ― Si quiero lo hago y ya. ― le amenazó. ― Me gustó, lo disfruté casi tanto como tú y es una nueva forma que tenemos para estar juntos. Mientras te sigas corriendo de terminar el acto, tengo que buscar las maneras de satisfacerte y satisfacerme.
― No sabes cuánto me tuve que contener anoche para no tirarte sobre la cama y adentrarme en ti de forma brutal. Quería todo, Sakura. Me encontré desesperado, necesitado. Por eso te pido que no juegues con fuego, porque terminaremos los dos quemados y hasta el final. No quiero acostarme contigo porque el deseo sea insostenible, quiero que disfrutes, te sientas cómoda y estés consciente de lo que estás haciendo.
― Espera un momento. No me saldrás con la tontera de poner pétalos de rosas en el suelo y cama, ¿verdad? Ese no eres tú, Sasuke. Quiero todo lo que me puedas dar, pero siendo leal a lo que eres. Si nos acostamos en mi cama o en la tuya, es porque ambos lo queremos, no porque lo planeamos previamente. Y yo si quiero que lleguemos a un punto donde desearte sea incontenible y gritarte que me hagas el amor, porque quiero algo real, único, no especial y perfumado.
― ¿No quieres algo como los cuentos de hadas? ― bromeó el moreno, acercándose a su boca lentamente.
― ¿Tengo la facha de ser una princesa? ― Sasuke negó y ella sonrió, acercándose a su boca. ― Una sola flor en mi cama y olvídate de que soy tuya.
― ¿Entonces eres mía? ― Sakura se alzó de hombros, haciéndose la desentendida.
― Si tomamos en cuenta todo lo que hemos pasado juntos y lo que me has dado, creo que sí. Soy tuya, Sasuke Uchiha. ― riendo, lo besó despacito, mordiendo sus labios y disfrutando de la desesperación del moreno, que buscaba un beso profundo.
― Dame un beso. ― le exigió el moreno en un gruñido, tomándole la cabeza y sometiéndola con sus labios en busca de su lengua.
Se besaron por largos segundos, disfrutando de su cercanía y calor único.
— Antes de que se me olvide, tengo una petición que hacerte. — Sasuke asintió, frunciendo el ceño. — Quiero que cambies tu colchón.
— ¿Ah? — no entendió.
— Eso, que cambies el colchón. Por ahí han pasado muchas chicas y yo no quiero ser la siguiente. — cruzándose de brazos, lo miró desde la altura en la que se encontraba, un poco más alta por estar sobre sus piernas y porque él estaba apoyado en el respaldo. — Me da asco pensar en que se mezclan muchos fluidos de todo tipo.
— Sakura, en esa cama solo he dormido yo y… Fuka. — la pelirosa hizo una mueca. — Ok, cambiaré el colchón, pero no creas que te daré siempre en el gusto. — dijo Sasuke, intentando poner límites.
— ¿No me pedirías lo mismo si por mi cama hubiesen pasado fila de hombres?
Sasuke sabía que le pediría hasta que se cambiase de departamento si ese fuese el caso.
— Son cosas distintas. — Sakura alzó una ceja al escuchar su respuesta tan idiota. — No es por ser machistas, pero me sería complicado aceptar que hubieses tenido más… hombres.
— Eres muy posesivo. — Soltando sus brazos, Sakura le acarició las mejillas. — Después de ti habrán más hombres, antes y ahora no.
— ¿Después? — Sakura asintió muy tranquila, pero Sasuke se corrió de sus manos y miró hacia otro lado. — ¿Ya quieres estar con otros?
— Ay, no. ¿Otra vez escena de celos? — Sasuke la tomó de la cintura para separarla de él, aunque no lo logró, ya que la chica se aferró a su cuello con fuerza. — ¡Sasuke! — le gritó. — No te enojes.
— No es enojo, pero gracias por aclarar el panorama. — Parece que solo yo soy el que está interesado en esta relación, pensó. — Deja que me levante para poder pasarte tu almuerzo. Tengo cosas que hacer.
— Si te vas, no te hablaré en lo que resta de día. — lo amenazó, aunque seguía sin soltarlo.
— Entonces no me hables. — respondió con tranquilidad el moreno, sabiendo que esa estúpida pelea acabaría si él cediera, pero no quería ni podía hacerlo. Cuando los celos nublaban su mente, todo perdía real validez y se convertía en otro ser humano. — Suéltame.
— Ok. — bajándose de sus piernas con brusquedad, se paró a un lado de él, sin mirarlo y enrojecida.
El mohín que hizo, le pareció muy tentador al moreno, pero se contuvo y pensando fríamente, fue en busca de la comida para dejarla sola.
— Toma. — Sakura recibió el pote y lo dejó sobre la mesa, sin mirarlo. — Nos vemos al rato.
— Si sales por esa puerta, no te hablaré más. — le avisó, mordiendo las palabras y con sus mejillas rojas de furia. — Sasuke, no te pongas idiota.
— ¿Yo soy el idiota? ¿Quién es la que planea estar con otros tipos cuando todavía estamos juntos? A veces no sé por qué pierdo el tiempo contigo. — Craso error. Los ojos de Sakura se abrieron heridos y su mentón tembló. Sin embargo, cerró la boca y alzó la cabeza, en una pose de frialdad que Sasuke nunca antes había visto. — No quise decir eso.
— Pero lo dijiste. — le recordó Sakura. — Por favor, sale de acá y no aparezcas en mucho tiempo. Y llévate tu comida. Iré a comprarme algo a la cafetería, permiso.
Pasó por su lado sin mirarlo e ignorando la mirada arrepentida que le daba el moreno.
Cuando Sakura se encontró fuera del lugar, Sasuke le dio un puñetazo a la pared y salió raudo de ahí, sabiendo que ya la había cagado.
13.
Los ojos azabaches miraban con tranquilidad la largueza que se extendía bajo sus pies y frente a él. Sentado en el espacio que usaría un gran ventanal de su casa principal, bebió el sorbo de su cerveza y soltó el aire lentamente.
— Cuando una chica se enoja, ¿qué se puede hacer para contentarla? — de forma parca, Sasuke interrumpió el silencio que los embargaba, tanto a él como a Naruto e Itachi. Ambos, sin comprender, lo miraron frunciendo el ceño.
— ¿Peleaste con Sakura? — preguntó Itachi perspicazmente.
― Algo así. ― murmuró quedo y asintiendo levemente.
— ¿Y por qué? ― insistió el Uchiha mayor.
— Es una idiotez. — aseguró, sin querer ahondar en el tema y dándole otro sorbo a su cerveza, para luego meter el cigarrillo entre sus labios. — pero ¿Qué se puede hacer?
— Con lo insensible que eres, el simple hecho que le pidas disculpas, bastará. — dijo Naruto, mirando al horizonte del lugar. — Tu casa en éste lugar quedará fenomenal.
— Ya lo sé. — respondió sin ni un ápice de humildad.
— ¿Qué le hiciste a Sakura? — insistió en preguntar el Uchiha mayor.
— Le dije que no entendía por qué perdía el tiempo con ella. — Naruto hizo un sonido parecido a la salida del aire, mientras Itachi murmuraba imbécil.
— La cagaste por completo. — dijo el rubio de forma evidente. — Si yo fuera ella, te olvido.
— Gracias, Naruto. Justo era eso lo necesitaba oír. — murmuró apelando al sarcasmo para no golpearlo.
— Es que tiene razón, Sasuke. Sabes que Sakura es insegura y tú vas y se lo restriegas en la cara. Mereces darte cabezazos. ― sugirió Itachi, sin ni un tono de broma.
— ¿Me podrían dar soluciones? — les pidió con dureza.
— ¿La has llamado? — preguntó Naruto.
— Creo que eso es evidente. — contestó con tranquilidad. — Nunca contesta; me corta o me manda al buzón de voz. — Itachi miró hacia otro lado, intentando no reírse de su hermano, pero era difícil.
— ¿Has ido a su casa? — prosiguió Naruto.
— Varias veces, pero Ino dice que Sakura no quiere hablar conmigo.
— ¿Hace cuánto pelearon? — preguntó Itachi, mirando a su hermano con una mueca burlona.
— 3 días. — Naruto soltó un silbido.
— ¿Y cómo lo han hecho para grabar?
Sasuke pensó que nadie nunca entendería lo que se sentía poder mirarla, tenerla cerca y no poder besarla porque había cometido un error. Nunca le había pasado que una relación le costase tanto; con Fuka todo había sido rápido y fluía con naturalidad, en cambio con Sakura siempre salía un problema tras otro y cada vez se volvía insostenible su situación, además si se le agregaba el secretismo en el que vivían, más se envalentonaban sus genios que ya de por sí eran complejos.
Igualmente, no podía negar que Sakura era la única chica por la cual lucharía. Si tenían 1000 peleas, estaba seguro que daría 1000 y 1 batallas para solucionarlas. Así de poético.
— De forma profesional, cosa que admiro en ella. ― Verla actuar con tanta frialdad y sin mezclar sentimientos, lo desquiciaba. Él estaba que subía por las paredes, mientras que ella se limitaba a decir su guión con un nivel de profesionalismo digno de alabar.
— En síntesis, tú eres el que está pasándolo mal. — Sasuke sonrió fríamente al razonamiento de su amigo.
— Bueno, generalmente a las mujeres le gustan las flores y los chocolates.
— O llévale una Barbie, tomando en cuenta su edad. — Bromeó ácidamente el Uchiha mayor.
— Habló el que está pegadísimo con una chica de 18 años. No eres mejor que nosotros, maldito. — dijo Sasuke.
— Además si quieres que Sakura te perdone, regalándole una muñeca no lo lograrás. Sería un suicidio romántico. — aportó Naruto. — Creo que las flores es la solución a tu problema y el que te arrepientas de verdad, porque si ella cree que lo haces por compromiso, seguirá molesta y cada vez será más.
― Pero que inteligente, Naruto. — el sarcasmo en ese minuto no era bienvenido, pero Itachi no tenía otra manera de expresarse, además de que no sabía de qué forma ayudar a su hermano. Solo le quedaba poner el humor a esa conversación que jamás esperó tener. — ¿Para esto nos trajiste a tu mansión en construcción? ¿Para llorar con tranquilidad?
— ¿Me ves llorando, hijo de puta? — respondió Sasuke, levantándose del suelo y caminando hacia la ventana. — Los traje porque sé que terminaré borracho y si eso sucede estando en Tokio, iré donde ella.
― Dudo que eso suceda, porque se fue de fiesta. ― le contó Naruto.
― ¿Y cómo sabes eso? ― preguntó Sasuke, mirando fijamente a su amigo. Naruto se echó hacia atrás, sintiéndose atravesado por esos ojos tan fríos. ― Habla.
― Es el cumpleaños de Tenten. ― respondió tranquilamente. ― Hinata iba a ir un ratito, por eso estoy acá.
― ¿Dónde lo están celebrando? ― insistió Sasuke.
― Sé que en el departamento de ella. Yo pensaba ir, pero como me llamaste, vine para acá, aunque me iré en un rato para poder estar con mi linda chica. ― le comentó el rubio, terminando su cerveza. ― ¿Quieres ir?
― Por supuesto que quiero ir. ― aclaró Sasuke, acomodándose la chaqueta y buscando las llaves de su carro.
― No vayas, Sasuke. ― dijo Itachi. ― Espera que ella venga a hablar contigo.
― Eso pasará cuando las vacas vuelen. ― bromeó el rubio, levantándose. ― Ayudemos al teme, Itachi. Está desesperado por su chica.
― Si tanto te gusta, ¿Por qué no le pides noviazgo? Así se podrían formalizar más las cosas. ― elucubró Itachi.
Sasuke al escuchar las palabras de su hermano se detuvo. Después de casi 3 meses ¿era tiempo de pedirle a Sakura que fuese su novia? La relación que llevaban era lo bastante monógama casi como si ya fuesen novios, aunque todavía no le ponían nombre. Es más, estaba tan preocupado de estar bien con ella y tenía tal claridad de lo que él quería y ella quería, que no había reparado en ese pequeño detalle.
― Es verdad. En algún momento Sakura te cambiará por otro y su excusa será que nunca fueron pareja.
― ¿Acaso no estoy con ella? ― preguntó Sasuke retóricamente. ― Comparto muchas cosas de mi vida con Sakura.
― Las chicas necesitan palabras y acciones. No son como nosotros que nos bastan un par de cosas y nos quedamos tranquilos. ― Naruto volvió a mirar a sus amigos. ― Si de verdad Sakura es importante para ti y se nota que es así, creo que deberías pedirle noviazgo. Estarán juntos y ya no será tan fácil separarse.
― Hacerse novios es solo un trato de palabra. ― dijo Sasuke. ― Apurémonos. Ya veré que hago, por ahora vamos donde Tenten.
― ¿Le llevamos un regalo? ― preguntó Naruto. Sasuke miró hacia todos lados, buscando que podría regalarle y Naruto le dio la solución levantando una figurita que estaba envuelta en papel de diario. ― ¿Eso?
― Por supuesto. Es algo muy valioso y creo que le gustará. ― respondió Sasuke, hablando más de lo normal y sin usar las ironías como aliados.
― Sasuke, tienes un sueldo que alcanza para comprarte billones de esas figuritas. ¿no crees que es un poco miserable llegar con eso? ― sugirió Itachi. ― En el camino compraremos algo y yo lo elegiré.
― Y compremos flores. ― propuso Naruto.
― No llegaré con flores donde Sakura. ― Eso sería humillarse y no estaba dispuesto a hacerlo.
O.O
― ¿Cuántos años cumples, Tenten? ― La castaña, que estaba bailando, giraba como trompo en la improvisada pista.
― 20 ― Sakura sonrió con ternura y la abrazó por la espalda. ― ¿Qué te ocurre?
― Cuando bebo me pongo un poco mimada y cariñosa. ― Tente se volvió para abrazarla y siguió bailando al ritmo de la música ensordecedora.
Estaban en el centro de su departamento, rodeada de los amigos más cercanos de la cumpleañera y las chicas que ya se habían vuelto casi inseparables. Sakura se dejó abrazar por los brazos largos de su amiga y aspiró ese olor característico que tenía. Era fresa fresca.
― Dudo que quieras que sea yo la que te mime, ¿verdad? ― Sakura miró hacia otro lado, sintiéndose agotada. ― Es mi cumpleaños, así que nada de caras tristes. Solo disfrutemos. ― levantando su vaso, dio un grito y se metió en la muchedumbre que la tomaba como parte de su enjambre.
La pelirosa se tiró hacia atrás y dejó caer su cuerpo sobre el sofá a un lado de Hinata, que estaba mirando su celular con felicidad.
― ¿Qué te pasa? ¿Mensajitos románticos con tu rubio? ― molestó la chica, intentando mirar lo que tenía tan fascinada a su amiga, pero Hinata escondió el celular entre sus piernas y la tomó de los hombros. ― ¿Qué te pasa?
― Naruto viene hacia acá. ― dijo Hinata. ― Y creo que viene acompañado.
― Sasuke. ― se oyó susurrar la pelirosa. ― ¿También viene? ― Hinata asintió con una sonrisa que atravesaba su cara. ― Me quiero ir.
― Pero Saku, es hora de que lo perdones. ― dijo la peliazul. ― Ha intentado arreglar las cosas, pero tú no se lo permites.
― Es mi amor propio, Hinata. Me dijo que perdía el tiempo conmigo. ― le contó con dolor. ― ¿Eso no es algo que te afectaría?
― Por supuesto, pero se nota arrepentido. Ya pelean bastante como para seguir haciéndolo y más por tonteras. ― le hizo ver con esa voz tan suavecita que tenía. El remordimiento empezó a crecer dentro de ella. ― ¿Qué los llevo a eso?
― Le dije que antes y durante estaba con él, no habrían más hombres, pero en el futuro sí. ― Sakura, apenada, agachó la cabeza y se miró las manos, intentando evitar los ojos censuradores de su amiga que la miraba sorprendida, aunque entristecida por ella. ― Sí, es verdad, cometí un error, pero cuando estoy con él no logro procesar de forma correcta y me desespera. Lo veo y me tiritan las rodillas o cuando me besa, mi estómago danza. Es como ser otra persona y por eso no logro controlar la lengua que generalmente me mete en problemas. ― reconoció Sakura.
― ¿Y porque sigues evitándolo? Si estás arrepentida, deberías darle la posibilidad de hablarte.
― Hinata, tengo miedo. ― se tapó el rostro con las manos. ― Son tantas cosas las que siento por él, que me da miedo que con una simple frase me destroce por entero. Tiene un poder gigantesco sobre mí y sobre mis emociones. ― le contó con su voz abatida. ― Sasuke controla lo que siento y muchas veces me adecuo a su genio sin quererlo.
― Estás enamorada. ― Sakura mordió su labio y asintió. ― Disfruta de esto. Si mañana se acaba, al menos quédate con la sensación que diste todo.
― ¿Por qué me dices esto? ― le preguntó la pelirosa.
― Sufrí tanto con Naruto, que los momentos felices que tenemos ahora los disfruto muchísimo. Casi pierdo a mi padre y Naruto en toda ocasión fue un gran apoyo. ― le contó la chica, sonriendo sinceramente. ― Para mí se convirtió en alguien fundamental, pero sé que si nos separamos, siempre quedará el hermoso recuerdo de que lo amé como a nadie. ― Las mejillas sonrojadas de la peliazul daban mucho más énfasis a sus palabras. ― Déjate ser querida y quiere de la misma forma. Al fin y al cabo, somos adolescentes y se nos tiene permitido cometer errores.
― Hinata, esta no eres tú. ― dijo Sakura anonadada, pero su respuesta llegó cuando la vio levantar tres botellas de cerveza. ― Estás ebria.
― Solo lo suficiente como para hablar sin temor a nada. ― La peliazul se levantó del asiento y le tendió la mano. ― Llegara Sasuke en algunos minutos. Mientras tanto bailemos para disfrutar del cumpleaños de Tenten.
Si ese era el costo del amor, ¿estaba dispuesta a pagarlo?
14.
― No encuentras que tu vestido es un poco corto. ― Hinata se miró hacia abajo y sonrió embobada.
― Me gusta cómo me veo. ― respondió, abrazándose al rubio y besándole la mejilla mientras él acariciaba su cintura estrecha. ― Que es agradable estar así.
― Y es raro verte ebria. ― bromeó Naruto, sonriendo con ella y besándole la nariz con cariño. ― Quería estar contigo. ― le contó.
― Yo más. Luego del alta de papá, apenas si hemos tenido tiempo de estar juntos. ― Naruto hizo una mueca. ― ¿Nunca me dirás que fue lo que hablaron? ― preguntó nuevamente la chica, como lo venía haciendo desde el día que el padre de Hinata había pedido que el rubio ingresara a su pieza en el hospital y estuvieron dentro por largo tiempo.
― No, porque son cosas entre nosotros. Aunque tampoco es tan difícil de adivinar. ― la música se volvió mucho más rápida, pero ellos no se separaron para bailar como lo hacía el resto de los invitados. ― Lo único que diré sobre eso, es que cada una de las promesas que hice, de alguna forma las cumpliré, aunque hay una que la acepté por mera cortesía.
― ¿Cuál? ― quiso saber la chica, ordenándose el flequillo con los dedos. ― Dime.
― Ven. ― acercándose a su oído, susurró: ― "No podrás acostarte con mi hija, maldito estúpido, porque lo sabré" ― Hinata se puso roja como granate y pensó que se iba a desmayar, pero la tranquilidad con la que hablaba el rubio la contagió y logró serenarse. ― No acataré.
― ¿Te acostarás conmigo? ― Naruto alzó una ceja. ― ¿Ahora?
― Cuando tú quieras, Hinata. Aunque no sé si sea buena idea ahora, ya que tengo a tu padre encima de mí todo el tiempo. Ni siquiera hemos podido salir siendo que ya tengo su permiso para que tengamos citas. ― Hinata rio con ternura al escucharlo e imaginarse a su padre actuando con sobreprotección. ― Neji también me amenazó, pero eso es más manejable.
― No hablemos de mi primo. Me tiene decepcionada. ― Naruto algo había oído sobre el tema de Tenten y la convivencia que estaba teniendo el Hyuga junto a Terumi. ― No nos amarguemos por cosas tontas.
― Cosas que no nos competen, preciosa. ― Le dio un tierno beso en los labios y volvió a mecerse con ella, en la en el centro de la pista siendo observados por los invitados que nada tenían que ver con el mundo de la música, pero si tenían conocimiento de quién se trataba él y sobretodo de Sasuke que ya se había perdido entre la gente. ― Me gustaría hacer algún viaje corto, por el día a la playa o el campo.
― Yo creo que deberíamos partir por presentarnos con nuestros padres. ― susurró abochornada. ― No es que te quiera presionar frente a eso, pero me gustaría conocer a tu familia. ― dijo tímidamente.
― Es cosa de que me lo pidas, Hinata. ¿Cuándo te acomoda? ― la peliazul pestañó confusa.
― ¿Me darás en el gusto de inmediato? ― Naruto asintió como si no fuese algo raro. ― Me acomoda cualquier día de la otra semana.
― Ok. Y en la próxima podríamos hacer ese viaje que te digo. ― Hinata negó con tristeza. ― ¿Qué pasa?
― Me voy de viaje por una competencia matemática y estaré dos semanas fuera. ― A Naruto se le desencajó el rostro. ― Sé que recién estamos como bien, pero es algo con lo que me comprometí en la escuela y no puedo fallar. Además papá se encuentra bien y está feliz de que participe en estas cosas. Y también lo lamento porque no podré estar en el cumpleaños de Sakura.
― ¿Irás sola? ― quiso saber el rubio, apenas escuchando sus explicaciones. Hinata volvió a negar.
― Vamos con otros alumnos de otras escuelas. ― riendo agregó. ― Lo divertido es que soy la única mujer de todo el grupo.
― ¿Lo consideras entretenido? ― Naruto mordió su labio, tragándose las palabras que tenía atascada. ― No me agrada la idea.
― ¿Por qué? Sé que las olimpiadas matemáticas no son el boom de emoción, pero a mí me gustan y me siento buena en ellas. ― Naruto formó una mueca. ― ¿Qué pasa? ¿No te gusta que sepa matemáticas?
― No, lo que no me gusta es que viajes solo con hombres. ― Hinata rio frente a esa escena de celos. ― No me causa mayor gracia, Hinata. Es como si yo me fuera de viaje solo con mujeres, ¿te agradaría?
― Por supuesto que no, pero piensa un poco y hace memoria. ¿Alguna vez has visto a la gente que participa en este tipo de torneos? ― Naruto se imagino un chico desgarbado, con gafas gruesas y los dientes con aparatos. ― Bueno, imagínalos y te darás cuenta que no corro gran peligro.
― Igual son hombres y tú eres demasiado hermosa como para andar sola. ― abatido, se abrazó a ella y la besó en el cuello, porque era la parte de piel que tenía más a su alcance. ― Y si alguno de ellos es guapo, ¿tú te sentirías atraída por él?
― No. ― respondió con soltura y sin titubear. ― Te quiero a ti, Naruto. A ninguno más. ― la vehemencia con que dijo esas palabras, fueron calmantes para sus celos y posesividad que muchas veces se disparaba a su lado. Oírla hablar de amor y lo que sentía por él, era lo único que necesitaba para recordar que Hinata era su novia y de nadie más.
― Y yo también te quiero solo a ti. ― ignorando que muchos de los asistentes a la fiesta habían sacado sus celulares, la besó de lleno en la boca, sonriendo cuando la chica detuvo su respirar al sentirlo muy apegado a ella. ― No te preocupes, ya pronto me calmo. ― le explicó, al saber que la chica había sentido el poder de su excitación.
― Bueno. ― todavía sonrojada, pero feliz de la conversación que habían llevado, se dejó abrazar y soltó la botella de cerveza que tenía en la mano, entendiendo que su fiesta no era estar bebiendo alcohol, ni bailando como poseída, sino que era estando al lado de ese hombre que hacía de su vida algo mucho más entretenido y amable.
― ¿Podrían separarse? ― Natsuki se sumó a su pequeño grupo, moviéndose más alocada con Kiba a su lado que meneaba la cabeza aceptando que su novia era así y que nada la podría hacer cambiar. ― Parece que están bailando vals, en vez de a Katy Perry.
― El que piense que Katy Perry es una buena opción para amenizar una fiesta, está muy equivocado. ― reclamó el castaño, saludando con la cabeza a Hinata. A pesar de que el tiempo había pasado y el malentendido entre ambos también, Kiba seguía manteniendo la distancia con la chica, sobretodo cuando Naruto le lanzaba miradas de advertencia. ― Creo que esto le falta rock.
― Yo creo que eres un reclamón que no se puede guardar sus opiniones cuando nadie se las pide. ― Kiba ni siquiera se sintió ofendido por las palabras de su prometida y continuó con las manos en los bolsillos. ― Se ven divinos los dos juntos. ― comentó soñadora.
― Yo creo que Hinata se vería bien con cualquier persona. ― acotó Kiba, olvidando por completo que él debía mantenerse alejado de la chica e intentando hacer sonreír a los presentes, cosa que no logró. ― Es broma, Naruto. No me mires así.
― Creo que los golpes no sirven contigo. ― reclamó al aire el rubio, sin soltar ni un ápice el abrazo con Hinata. ― ¿Encontraron salón? ― les preguntó, cambiando de tema.
― Sí, luego de recorrer muchos y con la ayuda de Shika lo logramos. ― respondió la novia, impaciente. ― Si no es por Nozomi que se comunicó con él para preguntarle algo, todavía estamos buscando un sitio. Tenía un dato genial sobre un lugar muy acorde a lo que buscamos y no es tan grande. Tiene bastantes contactos en distintos lugares porque pertenece a muchas instituciones por su carrera.
― ¿Nozomi es la chica que le pidió ayuda a Sasuke para niños enfermos? ― preguntó Naruto, sin recordar bien quién era la chica.
― Sí, ella es. ― Hinata apuntó con la cabeza a un rincón, viendo como la pelinegra hablaba animadamente con el coletas y sonreía por alguna tontería que él estaba diciendo. ― ¿Vino toda la banda?
― Al parecer sí. Solo falta tu primo. ― ambas amigas hicieron un gesto que no pasó inadvertido.
― Si sabemos que se acostó con Tenten. ― dijo Kiba. Hinata miró asustada al castaño. ― Era obvio. Cuando la ve llegar se pone pálido e Itachi le hace bromas respecto a eso. Es cosa de juntar dos más dos.
― Es difícil hacer ese cálculo. ― aseguró Naruto. ― Yo no me había percatado si es que no me lo dicen de frente. Pensé que él estaba muy enamorado de Mei, por todo lo que ha dicho y sabemos.
― Era obvio que no captarías, ya que tu mundo se condiciona solo alrededor de Hinata. ― lo molestó Natsuki, bebiendo de su vaso. ― Ahora sabes que Neji le pone los cuernos a Mei con nuestra amiga y creo que Tenten es mucho mejor que esa flacuchenta.
― Bien merecidos se los tiene esa mujer. Le gusta andar con todos. ― masculló Kiba.
― Oigo una nota de machismo que no me agrada ni un poquito. ― El feminismo reinante en la guapa pelivioleta detuvo el razonamiento de su novio y prefirió guardar silencio antes de perder sus gónadas. ― En fin, la cosa es que Neji claramente no aparecerá por acá ya que es el cumpleaños de Tenten y dudo que ella lo quiera presente, además que no debe saber.
― Los hombres somos idiotas. ― añadió Kiba con su vena pensativa en todo apogeo. ― Si yo fuera él, me quedo con Tenten, por lejos.
― ¿Por qué razón? ― quiso saber su novia, cruzándose de brazos. ― No tengo problemas en que consideres a otras mujeres guapas, pero que lo digas con tanto ahínco no me agrada.
― No seas tonta, Natsuki. ― las palabras de Hinata aligeraron el ambiente, aunque la pelivioleta le envió una advertencia a su novio poniendo los dedos bajos sus ojos en señal: "te estoy vigilando", se relajó lo suficiente para seguir conversando tranquilamente como lo venían haciendo. ― Tenten es hermosa, ¿verdad Kiba?
― Claro que a eso iba, celosa. ― abrazándola por la espalda, la apretó. ― Tengo solo ojos para ti, pero si estuviese en los zapatos de mi amigo, dejo a Mei. Es como una escoba con cabello y pechos falsos.
― ¿Son falsos? No me he fijado. ― dijo Naruto, volviendo a mostrar su faceta distraída.
― Y no te fijarás. ― afirmó Hinata, con voz dulce, pero con una clara advertencia entremedio.
― Igualmente sea como sea, Neji seguirá alejado de ella, porque Tenten ni siquiera lo quiere ver. ― comentó Natsuki. ― Ahora que se fue a vivir con Mei, solo confirma el amor que dice profesar por ella.
― Eso no es amor, es calentura, pero como mi amigo es lento, no se da cuenta de la diferencia. ― aclaró Kiba, sin mayores detalles. ― ¿Sigamos bailando? Creo que Naruto quiere tener a Hinata para él y no estar hablando de relaciones ajenas.
― Sí. Solo venía a decirles que en algunas semanas tendremos la cena de compromiso y quiero que estén presentes, Naruto, porque a Kiba se le olvidará decirte. ― el rubio asintió de inmediato. ― Tienes que ir de etiqueta.
― Como pingüinos. ― molestó Kiba, ganándose un pellizco de Natsuki. ― ¡Es broma!
― Tú serás el pingüino mayor cuando camines por la iglesia. ― le dijo ella, jalándolo del brazo.
Hinata y Naruto quedaron detrás riendo de la pareja, para luego buscar un sitio donde pudieran descansar. En el camino, varias personas le pidieron fotografías al rubio y tuvo que detenerse a darlas con la paciencia que lo caracterizaba ― o sea, nada ―.
― ¿No te molesta que te acosen? ― le preguntó Hinata una vez acomodados.
― La verdad es que no. Me he acostumbrado, además tampoco es tanto. Puedo vivir con esto. ― la peliazul le dio un beso, cosa que fascino a Naruto, ya que estaba acostumbrado a ser él el que daba el primer paso. ― Podríamos ir combinados a la fiesta de Kiba y Natsuki.
― Tu corbata tendría que ser del tono de mi vestido. ― la imagen que Hinata se hizo en la cabeza la fascinó, alelándola en su mundo. ― Nos veremos bien.
― Más que bien. ― aseguró el rubio. ― Oye, no te gustaría ir a casa.
― ¿Quieres terminar la fiesta? ― Naruto negó. ― ¿Entonces?
― Ok, lo diré con todas sus letras: ¿Quieres ir a mi departamento? ― la peliazul respondió con un desmayo a su propuesta, siendo llevada por Naruto a un cuarto que le señaló Tenten.
― ¿Qué le hiciste? ― le preguntó la chica, acompañándolo junto a Hinata.
― Solo le dije que nos fuéramos a mi departamento. ― Tenten lo miró de hito a hito. ― No era para lo que tú sabes.
― Bueno, parte explicándole eso. Tiene solo 17 años, Naruto y también es hormonal. ― le dijo al rubio, con tono cansino.
― Hablas como si tuvieses 100 años. ― bromeó Naruto. ― Solo quería llevarla para que lo conociera y estuviéramos solos, ya que siempre hay gente a nuestro alrededor, pero ya veo que no será posible porque se pone demasiado nerviosa.
― Espera a que despierte y explícate bien. Quizás si logres llevarla y no correrás el riesgo de que vuelva a desmayarse. ― sugirió la castaña. ― Me voy afuera para seguir atendiendo a los invitados, aunque búscame por cualquier cosa.
― Gracias, Tenten. ― la castaña salió y lo dejó solo con la inerte chica. ― Hinata, piensas mal de inmediato. ― sonriendo, le acarició el cabello con ternura. ― Te quiero tanto, preciosa, que a veces siento que se me va a salir el corazón cuando te veo.
Acomodándose a su lado y escuchando el sonido de la música exterior, fue relajándose hasta quedar plenamente dormido apoyado en el hombro de la chica. Hinata despertó a los minutos y lo vio apegada a él, aunque no le importó y dándole un beso en la nariz, también se acomodó para dormir. Ahora entendía porque a Sakura le gustaba tanto dormir con Sasuke. No había nada que se le comparara.
15.
Sasuke la miró bailar desenfadada y le encantó. Se veía preciosa con esos jean apretados y su crop rojo sin mangas. A sus ojos, estaba muy deseable, apetecible e inalcanzable para el apetito que tenía en ese momento.
― Ve donde ella. ― le dijo Itachi, pasándole un vaso para que se lo bebiera de una pasada. ― Yo me llevo a Ino y tú te la llevas a ella.
Sasuke asintió y caminó entre la gente, obviando que su presencia era casi la llegada de un Dios a la tierra. El griterío se armo en cuanto un grupo de chicas lo vio y se le abalanzó encima. Gracias a la ayuda de Tenten y Shikamaru que estaba cerca de él, pudo avanzar.
― Acompáñame. ― susurró en el oído de la pelirosa cuando logró alcanzarla.
― Estoy bailando. ― respondió ella, apegándose a él y aunque la deseaba con locura, sabía que no podían verlos juntos, sino sería la comidilla de toda la prensa al día siguiente. Quiso pedirle a Tenten que confiscara los teléfonos celulares, pero recordó que ella era una chica normal y no tenia porque pagar los platos rotos que podía dejar él al ser súper estrella.
― Te arrepentirás si no me acompañas. ― la amenazó, sabiendo que por ese lado y con el sentido de libertad que tenía la chica, podría llevársela a algún lugar más personal. Sakura aceptó al indirecta y caminó con el flanqueando sus pasos, para adentrarse a una habitación estrecha, con una sola cama y que estaba a oscuras. ― Prende la luz.
― ¿Para qué? ― dijo Sakura. ― No quiero verte porque siempre peleamos cuando estamos uno frente al otro.
― No pelearemos esta vez. ― aseguró Sasuke en un susurro y tomándole una mano. ― Quiero estar bien contigo.
― Y yo también, pero si seguimos como estamos ahora, eso no sucederá. ― Sakura se acercó a su cuerpo y le tomó el rostro entre sus manos. ― Fui una tonta al decir que vendrían más hombres después de ti. Eso no lo sé y por ahora no quiero que pase, porque me encanta estar contigo.
― Es mutuo. ― murmuro siseando. ― No dejes de contestarme el celular. ― le ordenó, aunque Sakura no se lo tomó a mal.
― ¿Por qué? ¿Acaso no puedes vivir sin mi voz? ― bromeó la chica, pasando sus brazos por el cuello de Sasuke. ― ¿El sensual, genial, estupendo, glamoroso, rico y bomba sexual de Sasuke Uchiha, siente pena cuando la maravillosa Sakura Haruno no le contesta?
― ¿Me consideras todo lo que dijiste? ― Sakura asintió, posando sus labios en el cuello. ― Estamos en la casa de Tenten. ― le recordó, notando que comenzaba a ponerse cariñosa y él no tendría la fuerza para detenerla en caso de que se descontrolaran sus instintos.
― ¿Y qué importa? Ella usó tu baño de una forma mucho más comprometedora que nosotros, así que ahora se aguante. ― comentó, haciéndolo reír.
El pelinegro arisco y de genio petulante, tendía a reír bastante cuando estaba a su lado. Era raro, pero Sasuke era otra persona cuando se encontraban juntos y eso le agradaba. Pensar que eran sus bromas, comentarios o palabras que lo hacían reír le fascinaba casi tanto como besarlo.
Sasuke posó sus manos en la espalda baja de la chica e intentó mirarla a través de la oscuridad.
― ¿Me extrañaste? ― le preguntó, saboreando la cercanía de Sakura junto con su olor embriagador y característico.
― Ajá. Mucho-mucho. ― Sasuke la apretó con él. ― Nadie da calor como tú, ni besitos ricos como tú, ni tiene esos brazos tan musculosos y agradables. ― pasó sus manos por los bíceps de Sasuke. ― ¡Los estás poniendo duros! ―lo molestó, carcajeándose. ― ¿Te quedarás hoy conmigo?
― Sí, pero ven a mi casa. ― Sakura lo pensó. ― Cambié el colchón.
― Entonces esto significa que ya no estamos peleados, ¿verdad? ― Sasuke asintió. ― Nada de estupideces de ahora en adelante, Sasuke. No quiero oírte decir que no sabes porque pierdes el tiempo conmigo, ¿ok? ― le ordenó, aunque era algo necesario para ambos, ya que no quería que ese tipo de comentarios volviera a separarlos cuando lo que querían era formar una buena relación.
― Si perder el tiempo significa estar así o haciendo otras cosas, entonces me gusta perderlo. ― Sakura le regaló una sonrisa tan grande, que logró verla a través de la oscuridad.
― Pero que romántico. Te acabas de ganar un premio a la frase empalagosa del año. ― lo molestó la pelirosa, besándole la boca con ternura y sonriendo entremedio. ― Me encantas a pesar que a veces te pones muy pesado y me den ganas de golpearte.
― Si llegamos a los golpes nos perderemos el respeto. Eso no me gusta. ― Sakura asintió dándole la razón. ― Aunque darte una palmada no está mal de repente. ― conectó las palabras con las acciones y le dio un golpe en el trasero, sin ser fuerte, pero si remeciendo su piel, para luego darle un fuerte apretón y apegarla a su miembro. ― Eso es agradable.
― Serás como el señor Gray. ― Sasuke negó con la nariz fruncida. ― ¿Qué tienes contra él? Es sensual.
― A mí me llamaron para audicionar por ese papel. ― Sakura boqueó sin creerlo. ― Dije que no, porque no me agradaba la temática, ni tampoco me gustó el libro como para hacerlo.
― Ooh, te imagino siendo un sadomasoquista, golpeando a una mujer para sentir placer y en cierta medida me excita, aunque no me gustaría ser golpeada a ese nivel. ― Sasuke le mordió el labio y se lo tiró con sus dientes.
― No me interesa ese tipo de sexo. Prefiero lo normal, pero divertido y versátil. ― Sakura se calentó con la conversación y paseó su mano por el cuerpo fibroso del moreno. ― ¿Qué te pasa?
― Que me siento un poco inquieta. ― gimiendo, le besó el cuello. ― ¿Te gusta mandar o que te manden en el sexo?
― Me gusta dar y recibir, más que mandar. ― contestó, Sasuke, bajando sus manos para tocarla indebidamente. ― A ti te daría muchas cosas.
― ¿Toda la noche? ― la conversación pasó a tener un marcado doble sentido, pero incapaz de contenerse, lo continuó, calentando todavía más sus cuerpos. ― Yo recibiría sin parar, te lo aseguró.
Deseosa por algo más que una conversación caliente y sabiendo que eso le iba a gustar a ambos, le regaló un profundo beso en sus labios, disfrutando del roce de sus lenguas y los toques de Sasuke en su cuerpo, para luego comenzar a bajar a través de su cuello, pecho cubierto por una chaqueta y acuclillarse frente a su pantalón, abriendo el cinturón.
― Sakura, aquí no es buena idea… ― murmuró el moreno, pero a pesar de negarse a eso, verla frente a él, apresurada por sacar su miembro y jugar, lo calentó tanto que no pudo contenerse. ― Puede entrar alguien…
― Solo sentirá envidia. ― contestó, bajando un poco su bóxer y tomando su miembro entre las manos. ― No soy experta, pero la practica hace al maestro. ― agregó, dándole una suave lamida a la punta ya húmeda del pelinegro.
― Ah… ― fue lo único que dijo Sasuke, entrando su estomago y apoyando una mano en la puerta para que nadie ingresara.
Sakura siguió en su cometido, sin importarle lo que pudiera pasar, solo concentrada en darle placer a Sasuke y disfrutar ella de esa agradable felación. Sasuke, incontenible, a través de las sombras la vio meterse por completo su hombría dentro de su pequeña boca y succionando, le acariciaba los muslos en busca de soporte.
― Relájate. ― le dijo, soltando su miembro como si fuese una paleta, para luego volverlo a tomar y pegarse con él en la lengua.
― ¿Dónde aprendiste eso? ― le preguntó incomodo, porque aquel gesto solo hablaba de alguien con experiencia.
― Hace unos días vi parte de una película para adultos. ― fue su respuesta, para volver a hacer lo que recordaba que hacía la chica en el vídeo que vio.
Pasando su lengua por todo el tronco ya hinchado y con venas marcadas, volvió a metérselo en la boca para chuparlo como si de verdad se tratase del helado más rico del universo. Lo metía y sacaba de entre sus labios y usaba los dientes para rozar delicadamente la piel que recubría el miembro del moreno. Sasuke puso su mano en la cabeza de la chica y la movió en la medida que sentía era más cómodo. También meneó sus caderas y pensó en un sinfín de cosas eróticas mientras la veía así. Le hubiese encantado tenerla desnuda y arrodillada, pero se conformaba con lo que le estaba dando en ese minuto.
― Saku, me voy a venir. ― él nunca usaba ninguna abreviación para su nombre y el hecho que lo hiciera, solo significaba una cosa: Estaba a punto de explotar. ― Suelta para poder irme…
― Dámelo. ― exigió, sin importarle los reclamos del moreno y meneando la mano de arriba abajo, mientras seguía con su boca estimulando la punta del lugar, lo escuchó gemir, para luego bañar su garganta con la semilla que soltaba.
Sakura sintió el sabor salado, muy parecido al de la vez anterior y también tenía cierto toque dulce. Igualmente, no lo saboreó del todo y se tragó todo lo que tenía en la boca, disfrutando de la cara que él ponía.
― ¿Dónde estabas que nunca te había encontrado? ― susurró Sasuke, todavía excitado, pero calmado al verla subirle los pantalones, junto con el cierre y cerrando su cinturón. ― Mujeres como tú no existen.
― ¿Acaso todas se corren del momento? ― le preguntó sin comprender.
― No, pero la gran mayoría evitaría hacerlo. Tú te atreves y eso me enloquece. ― respondió, abrazándola contra él.
― Bueno, hoy en la noche es mi turno. ― advirtió Sakura.
― Por supuesto. Y todas las que te quedan también. ― Saliendo del lugar con la cautela de no ser vistos, cada uno se hizo el desentendido, para luego encontrarse en los estacionamientos para ir al departamento de Sasuke y olvidar cualquier problema.
Si había algo bueno de las peleas, sin lugar a dudas eran las reconciliaciones.
16.
Tenten miró hacia su lado y se encontró con algo que verdaderamente no quería encontrar.
― Oye, despierta. ― le dijo al bulto durmiente que se encontraba a su lado, pegándole leves manotazos en el hombro.
― No me golpees. ― la voz ronca y adormilada del pelilargo, alertó los sentidos de la chica, que mirando bajo las sabanas se encontró con que ambos estaban desnudos y por lo que sentía al moverse, sabía de sobra que habían vuelto a acostarse. ― ¿Qué hora es?
― La hora de que te vayas. ― contestó la chica. ― No es buena idea que alguien te pille acá. ― agregó, levantándose de la cama junto con la sabana a su alrededor. ― Ahí está el baño y por allá la puerta de salida.
Su ida dramática se vio interrumpida por el cuerpo de Neji, cruzándose frente a la puerta y mostrando en todo su apogeo su desnudez.
― Anoche volvimos a estar juntos. ― le dijo, con evidente obviedad, cosa que le molestó. ― Y no usé protección.
― Si tu idea es dejarme embarazada, te comento que es imposible, ya que estoy con tratamiento anticonceptivo. ― le respondió con tono cansino.
― ¿Te gusta la variedad, Tenten? ¿Por eso te cuidas para no quedar embarazada de todas las parejas que tienes? ― con horror, lo escuchó tirar su veneno, para devolverle las palabras a su boca con una cachetada sonora.
― Si me acuesto con todo lo que se mueva, es problema mío, pero tú no tienes ningún derecho de venir a hablar sobre ello con toda libertad. ― le aclaró con la rabia bullendo.
― Tengo el derecho porque también me acuesto contigo y sé que aquí duermes con tu novio, que dicho sea de paso, está durmiendo en el sofá de la sala, ignorante sobre lo que pasa entre nosotros. ― Neji tenía el cabello desordenado y sus ojos rojos, pero lo que más llamó la atención de la chica fueron los chupetones que cubrían su cuello.
― ¿Eso fue mi culpa o llegaste con ellos? ― le preguntó, apuntándole el lugar. Neji se miró frente al espejo y cerró los ojos resignado.
― Me los hiciste tú. ― aclaró, apuntándole él con su dedo un lugar en ella. ― Y esos son míos.
― ¡Neji! ― alarmada, se vio en el espejo y notó grandes pedazos de su piel marcadas con rojo y chupetones que más bien parecían moretones por lo morados que se estaban poniendo. ― No recuerdo nada, ¿qué hicimos?
― El amor y muchas veces. ― contestó él. ― ¿Cuanto bebiste? Pudiste haber terminado acostándote con cualquiera.
― Bebí lo suficiente como para haber vuelto contigo. ― meneó la cabeza decepcionada de sí misma. ― ¿Por qué no me dejas en paz y ya? ¿Qué viniste a hacer acá?
― Naruto me avisó que iba a llevar a mi prima a la mansión. Le pregunté donde estaban y él me indicó el lugar. Cuando llegué acá me di cuenta que era tu fiesta de cumpleaños.
― A la cual no fuiste invitado. ― con horror, se sentó sobre la cama. ― ¿Por qué no te fuiste?
― Estabas bailando ebria sobre una mesa, mientras tu novio aplaudía como estúpido, en vez de bajarte. ― masculló bruscamente.
― ¿Y necesito que tu vengas a salvarme? Yo sabré que tipo de relación tengo con Tsubasa. ― le contestó. ― Él sabe como soy.
― Si tú fueras mi novia, no te dejaría subirte ahí, ni mucho menos caería en un coma etílico para que cualquier imbécil se aprovechara de ti. ― replicó cercando su espacio.
― Tú mismo lo has dicho, si fuera tu novia, pero te recuerdo que no soy nada tuyo y que tu novia duerme en tu cama y en tu departamento. ¿O acaso no recuerdas eso? ― Neji bufó hacia el cielo.
― Tú también vives con él. No me saques en cara eso. Y también recuerdo cómo llegó el tuyo atrasado a buscarte y como lo besaste enfrente de mí, olvidando que habías calentado mi cama hace unos días atrás. ― Tenten alzó una ceja.
― ¿Acaso te debo alguna explicación? ¿Qué parte del "aléjate de mí" no entiendes? Te aseguro que tengo toda la paciencia para explicarte con peras y manzanas. ― Neji odió el tono sarcástico, como también se odió a sí mismo por estar nuevamente ahí, con ella, cuando los últimos días se los había pasado recordando su falsedad. Lo hacía sentir culpable por engañar a Mei, pero ella no era muy diferente cuando se acostaba con él y engañaba a Tsubasa. ― Hagamos algo. Tú sales por esa puerta y te olvidas de que yo existo y de todo lo que ha pasado entre nosotros. Yo apenas te vea salir, también fingiré no conocerte y fin de la historia, ¿ok?
― No, no quiero eso. ― Tenten no lo entendía, por mucho que deseara hacerlo. ― Deja a tu novio.
― ¿Qué? ― le preguntó casi sin voz. ― Tú estás demente. ― agregó riendo y poniéndose de pie para ir a buscar ropa.
― No estoy demente, solo te exijo que lo dejes. Él no tiene lo que tú necesitas. ― explicó con una superioridad pomposa que enervó todo el genio de la castaña. ― Apenas llegué acá, me viste y te tiraste sobre mí. No me diste tiempo siquiera de cerrar la puerta antes de que empezaras a besarme.
― Estaba ebria y cuando uno está bebido no piensa lo que hace. ― justificó la chica, harta con el tema. ― Neji, finjamos no conocernos. Seremos más felices.
― No puedo fingir eso cuando eres amiga de mi prima, trabajas con mis amigos y tienes una relación relativamente cercana con mi novia. ― contestó.
― La relación con tu novia es indirecta, así que no te emociones por ello. ― aclaró. ― Podemos ponernos de acuerdo para no toparnos. Yo aparezco cuando tú no estés y viceversa.
― ¿De verdad crees que será suficiente? ― Neji seguía desnudo y por lo que veía la chica, se estaba excitando nuevamente. ― ¿Podrás aguantarte cuando me veas? ¿Podrás fingir que no quieres saltar sobre mí y buscar la primera cama que encontremos? Lo dudo, Tenten.
― No entiendo cuál es tu obsesión conmigo, Neji. Tienes a una de las mujeres más hermosas del mundo a tu lado. Yo soy simplemente una modista y no es por tirarme hacia abajo ni generar un sentimiento de lastima, pero seamos sinceros frente a la realidad. Mei es espectacular, yo soy normal. ― le quiso hacer ver, esperando alguna reacción por parte de él.
― Ojalá yo también pudiese entender eso y no necesitar a cada segundo estar a tu lado. ― farfulló con rabia. ― Desde que entraste a mi vida, algo cambió para mí y lo detesto.
― Vaya, por fin concordamos en algo. ― exclamó con falsa alegría. ― Ya pensaba que nunca tendríamos puntos en común.
― Lo que hemos tenido habla de que tenemos muchos puntos en común, ¿no crees? ― tomándola por la muñeca, la tiró sobre la cama y el gateó por encima de ella, quedando atrapada entre sus brazos y piernas. ― Te deseo a toda hora y es frustrante no poder hacerte el amor cuando se me antoje.
― Neji, me estás asustando. ― aseguró temblorosa.
― Y tú me asustas a mí. ― Tenten mordió su labio, anhelante por tenerlo nuevamente y asqueada por su mismo deseo. ― Cada parte de mi cuerpo te desea como a nada en este mundo y vivir reprimiéndome me está matando.
― Tu novia vive contigo. Tienes una vida hecha, recuérdalo. ― Neji negó, incapaz de recapacitar.
― Ni siquiera yo sabía que Mei se iba a vivir conmigo. ― confesó. ― Me destrozó saber que tú también me engañabas a mí, escondiendo a tu novio y también vives con él. ― le recordó con rabia.
― Nunca me preguntaste sobre mi vida amorosa. ― Neji, a un lado de su cabeza, apretó las sabanas y gimió con desesperación. ― Cálmate.
― No me puedo calmar al imaginarte con él, maldita sea. Llegar acá y acostarme contigo mientras sé que el imbécil de tu novio duerme tranquilamente allá afuera, logra calmar la bestia que sueña con matarlo y me vanaglorio por tenerte y él no. ― cayendo sobre ella, le tomo el rostro y comenzó a besarle cada parte de piel que encontraba. ― No quiero que te toque, ni te tenga. Quiero ser solo yo el que esté contigo. Saber que esta cama es de ambos, me descontrola.
― Eso está mal, Neji. Mi vida es otra, la tuya también. Quizás dentro de ti hay un deseo desesperante por la forma en que nos conocimos y todo lo que pasó entremedio, sin embargo eso no tiene porque condicionar nuestro futuro camino. Yo no te quiero en mi vida. ― dijo, mientras seguía recibiendo sus besos en el rostro sin poder evitarlo.
― ¿Y lo quieres a él, que duerme mientras otro le da a su chica lo que no puede? ― el pelilargo rio amargamente. ― Eres apasionada y te limitas a un hombre que no te satisface.
― Entonces me busco a otro, ¿no? ― Neji abrió los ojos consternado. ― Pero a uno que no tenga pareja, ni viva con ella, ni le profese al mundo su amor.
― Ningún otro, Tenten. ― volvió a asustarla con su tono de voz. Parecía un loco. ― Puedes tenerme a mí las veces que necesites. Me llamas y estaré.
― ¿Y si te llamo mientras estás con tu novia? ¿La dejarás para venir acá? ― Neji no respondió. ― Es egoísta y estúpido lo que me pides. Me limitas a mí por la estrechez de tu mente, pero tú eres libre de hacer lo que se te venga en gana, ¿no? Maldigo el día en que acepté acostarme contigo.
― No nos acostamos, solo te arrinconé en el baño del bar y tuvimos sexo. ― le recordó sin suavizar la realidad.
― Estaba enamorada de ti. ― confesó, logrando que la desesperación de Neji se disparara. Los recuerdos de ese día, lo sucio que se sintió y las justificaciones que se creó para vivir en paz, se iban al tacho de la basura con las palabras de Tenten. Ella lo había querido y él solo había jugado con su corazón. ― Nadie elige quién será su primer amor. ― agregó, evitando darle más importancia.
― No te merecías lo que te di. ― dijo con gravedad.
― No todas pueden presumir de haber tenido una linda primera vez. Aunque si lo pensamos bien, está bastante sobrevalorada. ― Neji seguía sintiéndose basura, porque ella intentaba bajarle el perfil al daño que le había hecho. ― Es mejor que te vayas.
― Deja de echarme. ― le dijo, sin ser una petición. Más bien una orden. ― Me gustaría hablar con Tsubasa y aclararle lo que quiero para…
― Hey, para un segundo. ― intentó empujarlo para sacárselo de encima, pero fue imposible. ― ¿Podemos hablar de una forma más civilizada y menos comprometida? ― le pidió, intentando levantarse.
― No. ― Tenten quiso gritar, pero era en vano.
― No permitiré que hables con Tsubasa y me humilles de esa forma. ― le advirtió. ― Soy adulta, acabo de cumplir 20 años y no necesito que un desconocido le hable a mi novio sobre tonterías que solo se le ocurren él.
― No soy ningún desconocido. ― le recordó. ― Conozco cada parte de tu cuerpo y fui el primer en tu vida. ― Tenten bufó, ya resignada, escuchando las palabras de un desquiciado. ― ¿Cuántos vinieron después de mí?
― Los suficientes como para poder compararte, ¿ok? ― el pelilargo no estaba conforme con esa respuesta. ― Neji, por favor.
― Dime la verdad. ― Tenten dijo un número al voleo, que se alejaba bastante de la realidad.
― 13. ― los ojos del pelilargo se abrieron desmesurados. Era un numero bastante superior al que esperaba y eso lo atontaba como un golpe fuerte en la cabeza. ― ¿Feliz?
― No. Nunca. ¿tantos? ― agotada, Tenten asintió. ― ¿Con cuántos has vivido?
― Solo con Tsubasa. ― tampoco le gustó escuchar eso. Significaba que el papanatas que dormía a pierna suelta fuera de esa puerta, era muy importante, por eso vivían juntos. ― ¿Fin?
― ¿Desde cuándo lo conoces? ― insistió, sediento de información.
― Desde que tengo memoria. Él me salvó cuando nadie más me ayudó y me dio un hogar. ― recordó con afecto todo lo que Tsubasa había hecho por ella y se sintió una traicionera al verse en esa situación con Neji, cuando le había prometido a su amigo aprender a valorarse.
― ¿Y tus padres no se meten en tus decisiones? ― Tenten no quiso responder y Neji insistió.
― No hablo de mi familia con desconocidos, ¿dale? Ahora dejémonos de este interrogatorio que no nos sirve y ándate a tu casa. Quizás tu novia te espera con un agradable desayuno. ― Neji volvió a negarse, impacientándola. ― ¿Qué quieres para dejarme en paz? Estoy dispuesta a cualquier cosa con tal de que me dejes vivir.
― Quiero que dejes a Tsubasa. ― exigió, sin ni un poco de humildad.
― Jamás, ¿me oíste? ― Neji se negó a aceptar esa respuesta.
― Entonces, ahora que sé dónde vives, vendré a joderte la vida todas las veces que quiera y no permitiré que él te tenga para sí. ― Si Tsubasa escuchara las burradas que decía Neji, muy probablemente se reiría hasta el fin de la eternidad.
― Si tú vienes, yo voy donde Mei y le cuento todo. ― amenazó la chica, alzando el dedo y apuntándolo con él. ― En esta batalla yo también tengo grandes armas para destrozarte.
― ¿Por qué sucumbes frente a mí? ― dijo, cambiando de tema. ― Sé que me deseas al igual que yo y te odias por eso, porque te traicionas, pero si hay una cosa que me alegra de esto, es que cada vez que estamos juntos, eres más mía que de él.
― Pero él es el que duerme conmigo y si por las noches me busca, me encontrará. ― el rostro del pelilargo se desencajó, mostrándose muy alterado.
― Maldito hijo de puta. ― gimió, lanzándose sobre ella para besarla. ― Dime si él te hace sentir esto. ― acariciando su cuerpo, le sacó la sabana que los separaba y se dejó caer sobre su cuerpo, rozando su evidente excitación con ese punto deseoso de tomarlo. Tenten jadeó cuando los labios de Neji bajaron a través de su pecho, llegando al vientre, para acabar frente a su feminidad, saboreándola con una parsimonia que la desesperaba.
― Oh, Neji. ― el pelilargo sonrió dándose por ganador y volvió a la tarea de enloquecerla de placer, para que cada vez que su inútil novio la tocara, ella se acordara solo de él y de cómo la llevaba al límite con pequeños toques.
El hecho de pensar en Tsubasa, volvió a enojarlo, acrecentando su deseo vengativo y anhelante por la chica. Ya no había forma de dejarla, por mucho que ambos lo necesitaran. En cierta medida, ella también lo buscaba, cuando permitía que la besara o tomara como lo estaba haciendo en ese minuto, sin darle chance a ninguna replica.
Con su cuerpo listo para tomarla, se acomodó sobre ella y la penetró, gimiendo cuando el cuerpo de la chica se apegó al suyo, arqueándose como el arco de un arpa.
― Solo yo. ― murmuró en su oído, luego de no parar de embestirla, para acabar al mismo tiempo, jadeando sobre su cuerpo. ― Solo yo puedo darte esto.
― Tenten, me duele mucho la… ― la voz de Tsubasa quedó interrumpida cuando vio la escena que se presentaba frente a él. ― ¿Qué mierda…? ― Neji se paró sin importarle su desnudez, pero antes de hacerlo, tapó a la chica, como si fuese de su propiedad y nadie la pudiese ver.
― Estamos ocupados. ― Tsubasa miró a su amiga, que sentada sobre la cama, miraba el suelo avergonzada. ― Creo que deberías irte, ya que ella está conmigo.
― Eres solo basura, Neji. Simple y llana basura. ― Tsubasa se alejó un paso hacia atrás, para darse impulso y golpearlo secamente en el rostro, haciendo que la sangre del pelilargo saltara.
― ¡No, Tsubasa! ― gritó Tenten, parándose para detenerlo, pero Neji fue más rápido y se lanzó contra su amigo, dándole un certero golpe en la mandíbula, para luego hacerlo doblarse con un puñetazo en el estomago. ― ¡Basta!
― Él comenzó. ― dijo Neji, respirando fuertemente y limpiándose la sangre del labio, mirando como Tsubasa seguía en el suelo agarrándose el estomago.
― Lárgate, Neji. Por favor. ― le rogó, dejando que sus lagrimas tan bien contenidas fuesen liberadas por completo, asustando al Hyuga. ― No causes más daño y déjame en paz. ― agachándose a un lado de Tsubasa, Neji vio como ella lo acariciaba y le decía palabras cariñosas. Eso fue como echarle gasolina al fuego e intentó correrla para seguir golpeándolo, pero Tenten no se lo permitió, poniéndose encima de su amigo. ― ¡Cálmate! ― Neji, tomando su ropa y poniéndose los pantalones con brusquedad, salió de la habitación, dando un portazo que resonó en todo el edificio.
― Perdóname, Tsubasa. Por favor, perdóname. ― llorando, la chica abrazaba a su amigo que estaba en el suelo, todavía quejándose de dolor. ― Soy una tonta, perdóname. Te metí en un problema por querer zafar de los míos y te lastimaron a ti. ― dijo entre dientes, acariciándole el cabello y limpiando con el borde su sábana los restos de sangre que bajaban por su mejilla. ― Me odio tanto.
― Tranquila. ― le dijo el chico, sentándose para secarle las lagrimas con sus dedos. ― Ya pasó, pero para con esto. El muy idiota me noqueó en la noche, por eso estaba durmiendo en el sofá.
― ¿Cómo? ― Tenten no daba crédito a lo que oía.
― Entró como energúmeno, gritó que era el peor novio de la historia por dejarte bailar sobre la mesa y te bajó. Antes de eso, me dio un golpe que me tiró al suelo y ahí quedé. ― Inevitable fue sonreír imaginándose esa escena. ― Imaginaba lo que habían estado haciendo, pero no esperaba que ahora en la mañana continuaran.
― Intente echarlo, te lo juro, pero fue imposible. ― le contó la chica, botando el aire abatida. ― Es agotador luchar contra él y esa posesividad con la que intenta dominarme. Lo detesto.
― Yo no te vi detestarlo hace un rato. ― Tenten le golpeó el hombro. ― Tranquila, dudo que ahora quiera aparecer, porque tú me preferiste a mí antes que a él. Eso lo debe haber golpeado bastante feo.
― Al menos logré mi cometido de alejarlo, aunque no de la manera que esperaba. ― agregó la chica, sobándose la nuca. ― Gracias por aguantar todo esto por mí. Eres el mejor del universo.
― No hay de qué. Siempre estaré para ti. ― afirmó el rubio. ― Además me llevé un premio que no esperaba.
― ¿Premio? Te acabas de comer una ensalada de puñetazos y consideras que es un premio. ― dijo Tenten desconcertada.
― Vi a Neji desnudo y déjame decirte que está bastante bueno. Ahora entiendo porque te gusta caer tanto con él. ― Tenten comenzó a enrojecerse. ― Si ese manjar me quiere en su cama todos los días, da por seguro que también sucumbiría.
― No me ayudas con estos comentarios. ― Tenten se puso de pie. ― Solo el envoltorio es lindo. Lo que hay dentro está completamente podrido.
― Eso es lo que quieres creer y lo que él te intenta mostrar, pero lo que yo vi anoche fue otra cosa y si agregamos lo que pasó acá, no habla de un hombre que solo te busque por sexo. ― la castaña meneó la cabeza, alejando esos pensamientos que le daban esperanzas respecto al pelilargo. ― Ahora es tiempo de que te hagas cargo de las consecuencias de tus actos, Tenten. Si ese tipo está enamorado de ti, déjame decirte que es bastante desquiciante su amor. Posesivo, territorial, brutal y muy enérgico. Puede que la cura sea peor que la enfermedad.
― Él no puede ser mi cura. ― aseguró Tenten. ― Por fin lo mantendré lejos y eso me alegra. ― sus palabras distaban mucho de la realidad, pero Tsubasa prefirió fingir que le creía, antes de caer en un debate de si era cierto o no.
― Esperemos. ― poniéndose de pie, la ayudó a ordenar el desastre de su cuarto y le dio el espacio para que se vistiera. Mientras lo hacía, se dio cuenta de que su celular vibraba sobre el buro.
1 mensaje.
Nada ha terminado. Tenlo presente.
No podía esperar menos de Neji, que ni a golpes entendía. Tenten no supo si reír o llorar, pero una parte se alegró, porque indiscutidamente, ahí la que mandaba en esa relación era solo ella y si sabía aprovechar esa ventaja, ganaría por amplia ventaja.
Por primera vez, le envió un mensaje de vuelta.
Veremos quién aguanta más
Neji, que todavía seguía sentado en su auto, fuera del departamento de Tenten, miró el mensaje y sonrió. Ese era una señal de que podían continuar con lo que llevaban. Y al diablo con todo, él solo quería a Tenten en su cama y el resto no le importaba.
17.
― ¿En qué piensas? ― susurrando, Sakura cortó el silencio de la habitación, mientras acariciaba la azabache cabellera del hombre que reposaba la cabeza sobre su pecho. ― Estás muy silencioso.
― No hablo mucho. ― le contestó el moreno, sin precisar en lo que verdaderamente pensaba.
― Ya lo sé, pero generalmente me hablas de cualquier cosa cuando estamos así. ― apuntó la pelirosa, enredando sus dedos en el pelo de Sasuke. ― ¿Es porque no tuvimos sexo? Ya te expliqué que hoy no podemos…
― Si sé, Sakura. No estoy reprochándote nada. ― le respondió con voz sutil y levantando la cabeza para darle un corto beso en los labios. ― Solo estoy pensando. ― dijo, para nuevamente tomar posición sobre el pecho de la chica, adentrando la mano bajo su remera para tocarle el vientre.
― ¿Y en qué piensas? ― insistió.
― En ti. ― fue la escueta respuesta de Sasuke.
― ¿Cosas buenas? ― le preguntó Sakura temerosa. ― Si son cosas malas mejor no me lo digas, porque me sentiré mal.
― No tengo nada malo que pensar de ti. ― contestó, para nuevamente guardar silencio, pero las ansias de Sakura por hablar de lo que se le viniera a la cabeza, pudieron con ella y comenzó un interrogatorio.
― Sasuke, ¿has tenido muchas novias? ― preguntó Sakura. ― Es para conversar de algo y creo que teniéndote cómo te tengo ahora, es imposible que me pueda poner celosa. ― aseguró, al sentirlo tensarse sobre su cuerpo.
― Já. ― Sakura ignoró su burla y espero pacientemente por la respuesta del Uchiha. ― Fuka ha sido mi única novia.
― ¿De verdad? ¿Y las otras chicas que fueron? ― insistió la pelirosa, incrédula y tomando mucha atención a las palabras del moreno, sabiendo que de ahí podía sacar valiosa información.
― Las otras mujeres eran eso. Mujeres. ― una frase corta, pero que decía mucho. ― Fuka fue la primera mujer a la cual traje a mi departamento y la llevé a casa de mis padres para presentárselas. ― confidenció. ― Quería establecerme con ella, por eso lo hice.
― ¿La querías mucho? ― preguntó de curiosa, sin sentir celos, algo que le pareció extraño, pero a la vez agradable.
― Querer no es la palabra. ― respondió después de analizarlo con su interior. ― Fuka me daba estabilidad y como estaba en una etapa en mi vida que solo quería calmarme, acepté todo lo que ella me entregaba.
― ¿Amor? ¿Sexo? ― inquirió Sakura.
― No, confianza. ― murmuró, para luego apegarse aún más al costado de Sakura, abrazándola por completo. Su pierna se posó sobre sus muslos desnudos y su mano se aferró a la cintura pequeña sobre la ropa. ― Mucho antes de conocerla, había entrado en un espiral de alcohol, drogas y sexo con muchas mujeres. ― le contó. ― No me siento orgulloso de eso, por lo mismo intento hacer mi vida de otra manera, pero ella me ayudó cuando fue necesario y eso se lo agradezco.
― Paraste cuando estuviste a punto de morir intoxicado, ¿verdad? ― Sasuke asintió con la cabeza, sin atreverse a mirarla. Le avergonzaba enormemente ese episodio. ― Tú cambio fue muy notorio. Todos lo vimos.
― Fue algo mucho más profundo de lo que pudiesen llegar a mostrar en la televisión o revistas. ― Sasuke levantó su cabeza y la apoyó en su mano, para mirarla desde ahí. Los ojos verdes de Sakura se le hicieron más lindos que nunca. ― Desperté en un hospital luego de un par de días, con mi madre llorando a un lado. Suigetsu me encontró a tiempo y me salvó la vida, porque estaba a un paso de morir. Luego de eso vinieron meses de rehabilitación, donde tuve que aprender a vivir sin drogas y aceptar que podía pasarlo bien sin estar jalando cocaína. ― la pelirosa dio un respingo. ― ¿Me entiendes? Es una historia fuerte, que va más allá del cambio mostraron los medios. No soy un ejemplo de resiliencia, sino que más bien soy un ser humano que comete errores y no puede ser héroe de nadie.
― ¿Por qué lo hacías? ¿Qué tenía de agradable estar así? ― le preguntó, entrelazando sus dedos.
― Me olvidaba de la presión a la que yo mismo me sometía. ― confesó. ― Soy muy exigente, pero antes lo era mucho más, entonces cualquier frustración me convertía en un imbécil. Encontré en las drogas las forma de tranquilizarme y desconectar mi mente. Era como una locomotora que venía sin frenos.
― ¿Te arrepientes? ― dijo Sakura.
― Todos los días de mi vida. ― murmuró quedo. ― En este medio, conseguir drogas es más fácil que conseguir un papel. Muchas chicas entran como tú, llenas de sueños y encantadas con la industria, pero estando dentro se dan cuenta que no es tan maravilloso como se cree y chocan de lleno con una realidad brutal, que las desarma y despoja de su inocencia. ― Sakura se mordió el labio, temerosa por las palabras de Sasuke. ― Varias son las que terminan prostituyéndose para estar en televisión. La gama de productores que pululan en la industria, no son de muy buena calaña y se aprovechan de eso, metiéndolas en las drogas y dominándolas de ese modo. Dopadas son mucho más fáciles de poseer. ― Sasuke bajó su rostro y le acarició la nariz con la suya. ― No te cuido solo por el hecho de que me traigas loco, sino que tampoco quiero que caigas en las manos equivocadas y te quiten ese brillo de tus ojos. ― Sakura inevitablemente suspiro.
Cuando el moreno se lo proponía, podía ser extremadamente romántico y tierno.
― No pasará, porque si hago esa estupidez me muero de inmediato. Mis pulmones no soportarían sustancias nocivas. ― Sasuke la miro directamente a los ojos. ― No te conté, pero Shizune me consiguió un buen broncopulmonar que me gritó todas las verdades a la cara. Nada de cigarrillos ni de drogas. Tengo un asma que es algo compleja, pero si me cuido bien, no tendré problemas.
― Andarás abrigada, me preocuparé personalmente de eso y ni se te ocurra salir con el pelo mojado. Me conocerás realmente enojado si tienes, aunque sea un poco de congestión. ― le advirtió.
― Ya te conozco enojado, Sasuke. ― bromeó la chica, viéndolo alejarse de su rostro. ― Otra pregunta. ― Sakura no quería perder la chance de conocerlo mucho más.
― Dime. ― susurró el moreno, aceptando que se vendría un largo cuestionario.
― ¿Siempre estás excitado? ― preguntó azorada. ― Estoy sintiendo una presión en el muslo hace bastante rato. No es que me moleste, pero me imagino que para ti debe ser incómodo.
― Soy hombre, Sakura. Y te encuentro muy deseable. ― le contestó, chocando todavía más el signo evidente de su excitación contra su muslo. ― Estoy así todo el tiempo que te tengo cerca, así que incomodo no es la palabra precisa para ejemplificar lo que siento en éste minuto.
― Wow, nunca esperé tener a un hombre tan guapo deseándome tanto. ― Sakura se ladeó y posó sus manos en el pecho desnudo del moreno. ― Lastima que hoy no podamos hacer mucho. ´
― Un día de descanso no nos viene mal. ― aseguró el moreno, tocándole un pecho que ya tenía el pezón erecto. ― Siempre puedo comerme este par y saciar un poquito mi hambre de ti. ― con su pulgar, provocó todavía más el suave botón de la pelirosa, que ya se marcaba sobre la tela de su remera.
― No, porque estoy en mis días y los tengo demasiado sensibles. ― Sasuke rio bajito y roncamente. ― Además todavía no terminas de contarme sobre las mujeres que han estado antes de mí.
― ¿Para qué quieres saber eso? ― le preguntó cansino, dejándose caer de espaldas sobre el colchón, completamente frustrado. Sakura se tiró sobre él. ― Después me sacarás en cara lo que pueda decir.
― Prometo que no lo haré. ― dijo la chica levantando su mano. ― Seré muy madura.
― Ok. ― cedió el moreno. ― Lanza tus preguntas.
Pasando una de sus manos tras la cabeza y acariciando con los dedos parte de su cintura, Sasuke se vio muy sexy a sus ojos. Sakura se mordió la lengua, pero logró contenerse.
― ¿A qué edad perdiste la virginidad? ― continuó la pelirosa.
― 14 años. ― contestó Sasuke de inmediato.
― ¿Y cómo fue? ― dijo Sakura. ― ¿Agradable o te decepcionó?
― Digamos que fue raro. Ella era una mujer mucho mayor y yo un idiota que juraba que el sexo era meterla y ya. ― respondió Sasuke. ― Misú tenía 33 años en ese entonces y recuerdo que era productora o editora en una revista que quería entrevistarme. En ese tiempo ya trabajaba en televisión, así que comenzaba a tener mi fama. ― Sakura asintió, entretenida escuchándolo. ― El día de la entrevista me habló amorosamente y lo que me encandiló de ella fueron los hoyuelos que se marcaban en sus mejillas. Resumiendo, me llamó por la noche, fui a su casa, me besó y terminé con ella en la cama. Duré solo 5 segundos.
― ¿De verdad? ― Sakura rio libremente, mientras Sasuke asentía sonriendo. ― No te imagino.
― Fue muy humillante, pero luego comenzamos otra vez y ahí supe aguantar. ― le contó Sasuke, enredando un dedo en el cabello rosado de la chica. ― Después de Misú vinieron más, pero ya era un experto en la materia.
― ¿Alguna vez has tenido un trío o alguna orgía? ― Sasuke carraspeó incómodo.
― Orgía no, pero si hice un trío. ― Sakura abrió la boca incrédula. ― Tú me preguntaste.
― Tranquilo, no me molesta. ― aseguró sonriendo genuinamente. ― ¿Cómo fue?
― Divertido, pero no creo que lo vuelva a hacer. ― Sakura asintió segura de que eso no sucedería en el corto plazo. Mientras estuvieran juntos, Sasuke no tendría ni siquiera la oportunidad de proponérselo, porque era hombre muerto. ― Es más, creo que no lo volveré a hacer, porque dudo que a ti te llame la atención la idea.
― Si tú lo haces, yo lo hago. Simple. ― Sasuke entendió la indirecta y reculó en su broma, sabiendo que sería degollado si seguía por esa senda. ― ¿Eran famosas?
― Actrices emergentes, aunque ahora les va muy bien. ― no iba a decir nombres por respeto y Sakura tampoco se los pidió. ― Fue solo una vez y me bastó.
― ¿No te la pudiste? ― preguntó Sakura molestándolo.
― Claro que me la pude, pero no entraré en detalles contigo. ― Sakura rio abiertamente nuevamente. Se estaba divirtiendo con esa conversación. ― Yo también puedo preguntar, ¿verdad? ― la pelirosa asintió. ― ¿Es verdad que tu primer beso fue conmigo?
Sakura asintió despacio y sonrojada.
― Recuerda que era como una especie de vándala en la escuela, por ende, los hombres corrían de mí. ― le contó. ― Lo malo de mi primer beso fue que todos los vieron y tú no estabas ni enterado.
― No me dijiste. ― se excusó Sasuke.
― En fin, me besaste y sentí mariposas en el estómago. ― unió las palabras a sus acciones y acarició el vientre descubierto de Sasuke, mientras se entretenía rozando los surcos que quedaban entre sus abdominales levemente marcadas. ― Siempre hueles bien, besas excelente y sabes cómo hacerlo, por lo mismo fue el mejor primer beso de toda la historia. ― Sasuke aceptó el halago y la abrazó contra su pecho, disfrutando del pequeño momento de silencio que los invadió. No obstante, Sakura estaba llena de dudas y prosiguió preguntando sobre lo que quería saber. ― Recapitulando, antes de Fuka no hubo ninguna otra chica oficial. ― dijo Sakura, sintetizando la información.
― Hubo algunas con las cuales me seguí viendo, pero eran amigas. ― le contó Sasuke.
― Supongo que ya no son tus amigas.
― Claro que sí. La amistad no termina. ― Sakura entrecerró los ojos y estiró los labios. ― No dejaré de relacionarme con mujeres por estar contigo.
― Puedes relacionarte con quien quieras, pero no seguir esas amistades, que no tienen nada de amistosas. ― le contestó de vuelta, con una madurez que sorprendió al moreno. ― Tu vida y la mía se complementan, y eso eso no quiere decir que tu tengas que vivir como a mí me gusta, ni yo tampoco viviré como a ti te guste, sin embargo, no quiero compartirte.
― Yo tampoco quiero cortarte las alas, aunque reconozco que hay ciertas cosas que me molestan y mucho. ― aclaró de inmediato Sasuke. ― Por ejemplo, Sasori.
― Ya sé que cometí un error y me arrepentiré siempre, pero…
― No, Sakura, no tienes que arrepentirte porque a mí me moleste, sino porque a ti no te gusta ese ser humanos. En ese minuto no estábamos juntos y tú tenías la libertad de hacer lo que quisieras. Distinto sería que sucediera algo parecido ahora. ― en sus palabras, había una pequeña advertencia implícita, que no pasó desatendida por la pelirosa.
― ¿Por qué ahora es diferente? ¿Acaso las cosas han cambiado? ― las dos preguntas fueron hechas con gran temor por parte de la chica, pero se mantuvo altiva y dispuesta a oír lo que el moreno estaba dispuesto a decir.
― Claramente han cambiado. ― aseguró Sasuke, sabiendo que se jugaba una parte importante de su relación en ese instante. ― ¿Acaso traigo a todas las mujeres a dormir a mi casa?
― Bueno, eso no lo sé del todo. ― Sasuke iba a replicar ofendido, pero la cara picara y burlona de la chica, le dio a entender que solo estaba bromeando. ― Supongo que este colchón es de mi entera propiedad.
― Nunca esperé cambiar el colchón porque a una mujer no le gustaba compartir. ― dijo entre dientes el moreno.
― Lo dice el hombre que corre a besarme cuando otro lo hace solo para "recordarme" que tengo "dueño". ― ironizó la chica.
― Yo cuido lo mío. ― advirtió con voz baja y ronca.
― ¿Por eso duermes conmigo? ¿Para que no pase frio y no me constipe? ― dijo Sakura, pasando sus brazos tras el cuello de Sasuke. ― Eres el mejor del mundo.
― Elevas mi ego, Sa-Ku-Ra. ― silabeó, mirándole los labios y yendo en busca de ellos.
El beso se volvió hambriento, desesperado. Sasuke buscaba a través de él, demostrar todas las sensaciones que lo embargaban y Sakura estaba dispuesta a recibir todo lo que le daba. Sonrió contra sus labios al sentir como la mano del moreno se prendaba a su pecho y lo acariciaba por encima de la tela, para después ir en busca de la piel, dejando de lado el maldito algodón que lo fastidiaba tanto.
Sasuke solo pensaba en sentirla, tocarla, nutrirse de su suavidad y enredarse con sus emociones. Tanto la necesitaba, que a veces le dolía no tenerla cerca para cualquier cosa, incluso para conversar sobre la cama como estaban haciendo esa noche.
― Paremos, que esto me excita demasiado. ― pidió Sakura, pero para Sasuke era imposible parar si se lo pedía con esa voz tan sensual, y le pasaba la lengua lóbulo, para terminar, tironeándolo con los dientes. ― No podemos hacerlo.
― Deja de gemir así. ― le rogó, bajando la cabeza en busca de su pecho derecho. Le tomó el pezón con los labios y la sintió arquearse contra su boca. ― Me fascinas.
― Siempre terminamos… así. ― murmuró, jadeando. ― Oh, por Dios, estoy que exploto. ― chilló, moviéndose como una pequeña culebrita bajo él, exasperada por sentirlo todavía más.
Su mano bajó por el pecho del moreno, hasta perderse dentro de su bóxer.
― No, no, no, no… ― entrecortadamente, y sin poder contenerlo, Sasuke se movió contra la mano de la pelirosa y dejó que su libido se liberara como quería.
Pasado un par de minutos de tocarse mutuamente, Sakura sacó un grito orgásmico que provocó el orgasmo del moreno, manchando los dedos de la chica.
Dejándose caer sobre su pecho, Sasuke le beso con tranquilidad los labios, hasta que lograron tranquilizar sus respiraciones.
― Esto se llama química pura. ― siseó Sakura, levantando su pecho para respirar.
― Sakura. ― la llamó Sasuke, posando sus ojos azabaches fijamente en ella. ― Quiero hacerte una pregunta.
― ¿Todavía no termina el cuestionario? ― bromeo, pero Sasuke no rio.
Limitándose a carraspear, Sasuke se preparó para decir algo que nunca esperó escuchar salir por parte de él.
― ¿Quieres ser mi novia? ― de sopetón, Sakura abrió los ojos sin creerlo y sintiendo que cada uno de sus miedos comenzaban a engrandecerse en su pecho. No podía dar la talla siendo novia de Sasuke y su relación sería tan formal, que dudaba volver a estar soltera en algún otro momento. Miles de cosas pasaron por su cabeza rosada. Los ojos de él mirándola con orgullo, pasión, intriga, celos, amor, ternura, comprensión, enojo, impotencia. Sus gestos de agrado, su forma de relacionarse con ella, de cuidarla como lo hacía, de estar a su lado como nunca nadie había estado. De hacerla sentir importante, bella y única. ¿había algún fallo en él? Bajo su juicio nada, entonces ¿Qué podía perder si aceptaba? Tenía que dejar sus miedos atrás y entregarse por entero. A leguas se notaba que conseguiría ser feliz a su lado y ya oficializando su relación, muchas cosas quedarían determinadas.
Sonriendo abiertamente, asintió con vehemencia.
― Claro que quiero.
Sasuke nunca lo reconocería, pero esperar su respuesta se le hizo eterno y angustiante, pero sin lugar a dudas, la aceptación de Sakura era un nuevo comienzo y a pesar de su terror inicial, sabía que estarían bien.
Sonriendo igual que ella, la abrazó fuertemente contra su cuerpo y dejó que la vaguedad de sus pensamientos se tomara su cabeza. Sakura nunca sabría que era la primera chica a la cual le pedía noviazgo y en el fondo de su corazón, esperaba que fuese la única.
18.
Feliz cumpleaños, Sa-Ku-Ra
― Despierta, molestia. Es hora de levantarse. ― despacito, intentó hacerla reaccionar, pero solo escuchó gruñidos por parte de la chica. ― Sakura, abre los ojos.
― No quiero. ― remoloneó, sin abrir los ojos e intentando esconderse entre las almohadas. ― Aquí estoy cómoda.
― Es tu cumpleaños. ― le recordó el moreno, pero Sakura no lo tomó en cuenta y poniéndose boca abajo, se dispuso a dormir un poco más. ― Te sacaré las tapas.
― No. ― pidió con voz dormida, aferrándose al cubrecama. ― Acuéstate tú.
― Es tarde. ― le comentó, metiendo su mano bajo las frazadas para llegar a su trasero y tocárselo lentamente, al igual que las piernas. Sakura dio un respingo, pero sonrió encantada por las caricias. ― Despierta.
― Sigue así, galán. ― bromeó la chica y aprovechándose de que lo tenía casi encima de ella, se giró para hacerlo caer sobre su cuerpo. ― Quiero mi beso de regalo.
Y sin darle derecho a replicar, lo agarró por el cuello, comenzando a besarlo sin darle espacio a las sutilezas y metiendo su lengua hasta donde más podía abarcar. Sasuke sonrió, pero aceptó el embate, aunque prontamente tomó el control y la hizo seguir a su ritmo.
― Mmmm…. ― gimió, agarrándose con ambos brazos de su cintura y la apretó contra él. ― Felices 17, molestia. ― susurró sobre sus labios.
― Gracias, reptiliano. ― Sakura iba a volver a tomarlo, pero Sasuke se levantó y aprovechando el vuelo la jaló a ella. ― Sasuke, no me quiero levantar. Es mi día libre.
― Pero no puedes quedarte acá, o acaso quieres traer a tu madre a la misma cama donde cada noche te toco de manera indebida. ― Sakura se sonrojó y soltándose de su mano, se levantó mostrándose desnuda como si nada. ― Vístete, por favor.
― ¿Acaso te pongo nervioso? ― lo picó a ella, poniéndose la mano en la cadera.
― No empieces, Sa-Ku-Ra. ― respondió él, sin dejar de mirarla. ― Tienes que ir a hacer acto de presencia en tu cumpleaños y sabes que tu mamá te espera.
― ¿Irás a estar conmigo? Todas las chicas me acompañarán. ― Sasuke negó, mirándole el vientre plano. ― Mírame a los ojos.
― Me distraes. ― contestó, yendo a su encuentro. ― Y no iré, porque es algo de tu familia y amigas.
Sakura hizo un puchero, que Sasuke aprovechó de agarrar con los dientes. No obstante, ella se alejó, mirándolo feo.
― ¿Y te quedarás acá solo? ― el pelinegro asintió. ― ¿No saldrás?
― No te pongas así, Sakura. ― le advirtió con sutileza. ― Somos pareja, pero no tenemos que encerrarnos el uno con el otro.
― Ok, pero yo preguntaba para después escaparme para acá y venir a verte. ― Sasuke carraspeó incomodo por haberla malinterpretado. ― Te dije que confiaba en ti y lo hago a ojos cerrados.
― Me quedaré acá. ― Resolvió sin profundizar. Sakura aceptó su parca respuesta, dándole un beso, que Sasuke no dudó en convertirlo en algo muy apasionado.
Las cosas comenzaron a caldearse cuando una de las manos de Sasuke empezó a hacer un camino por su cuerpo, tocando cada una de sus delicadas curvas, pero todo se desató cuando su mano grande se metió desde atrás, buscando su centro caliente y adentró un dedo en él.
― Aah… ― fue lo único que logró decir, antes de apoyar su cabeza en el hombro de Sasuke, disfrutando de la intrusión de ese dedo y perlando su piel con una leve capa de sudor.
― Vamos, déjate llevar. ― le murmuró al oído, besándole el cuello y mordiéndole el lóbulo. ― Cuando llegas te ves bien. ― Sakura apresó su labio inferior entre los dientes y apretó sus brazos entorno al cuello del moreno, comenzando a chillar sin poder contenerse. ― Respira. ― le dijo, para luego meter un segundo dedo que provocó el orgasmo desesperado de la chica.
Sasuke disfrutó de sus gestos colmados de pasión y sonrió de medio lado, saliendo de su cuerpo y chupando los dedos empapados con su esencia. Solo por placer, metió los mismos en la pequeña boca de la chica y admiró su forma de disfrutar su sabor.
― No es malo. ― susurró pasado unos segundos, todavía con sus mejillas arreboladas y su respiración errática. ― Tengo un rico sabor. Me agrada.
― A mí me encanta. ― aseguró, Sasuke, dándole un último beso para luego esquivarla y disponerse a salir. ― Báñate y ven a tomar desayuno conmigo, cumpleañera.
― Ok. ― caminando danzarinamente, se perdió dentro del baño que tenía en su habitación.
Sasuke complacido y feliz, caminó hacia la cocina donde una pequeña torta de lúcuma manjar – que ella en reiteradas ocasiones le había dejado entrever que amaba – reposaba paciente por ser degustada. Imposible de no pensarlo, sonrió como idiota y se sintió importante. Era el primero en saludarla, en darle su regalo, en estar con ella. Habían pasado una noche maravillosa, demostrándose de muchas formas como encajaban perfectamente, pero la mejor parte fue cuando Sakura se quedó tranquila entre sus brazos y le hizo cariño hasta hacerlo dormir. Le causaba una sensación de paz única, que lograba neutralizarlo, someterlo y embobarlo frente a ella.
Sacando una vela con forma de dragón que le había facilitado Ino, la puso sobre el glaseado de su torta favorita. Había sido una suerte de bendición divina la ayuda que la rubia amiga de su estrenada novia le había brindado.
― Le gusta la mitología y ama Harry Potter. Puede tenerte 3 días sentado viendo todas sus películas y no exagero. ― le advirtió Ino, entregándole la vela. ― No digas que no te lo dije.
Tomó el consejo de la mejor manera y fue en busca del regalo que le había comprado.
Un paquete con tres cajitas del mismo tamaño se encontraba dentro de esa bolsa con una cinta en forma de rosa que había elegido para darle más misterio a su presente. Sonriendo, puso todo sobre la encimera, donde iban a comer y comenzó a preparar café con leche para ella y para él un café solo y sin azúcar. Después de varios minutos, donde revisó su agenda en el celular y respondió los mensajes que habían en el whatsapp de la banda, la vio salir con el pelo mojado, unas calzas negras que se ceñían perfectamente a sus piernas largas y muy bien formadas, para acabar fijándose en la remera crop manga larga que traía, que apretaba su busto delicado y dejaba una ligera franja de su vientre al descubierto.
― Cierra la boca o te entrarán moscas. ― Sasuke meneó la cabeza, anonadado al verla tan linda y no era que nunca se viera así. Generalmente Sakura destacaba con su belleza, pero ese día, vestida de esa forma mucho más veraniega porque ya no hacía tanto frío, lo descolocó. ― Sasuke. ― lo llamó, pasando por su lado y tomando una taza para servirse su brebaje. ― Oye.
― Te hace bien tener 17 años. ― bromeó, intentando sosegar su agobiante deseo.
Sakura alzó una ceja y reventó en una carcajada. Ambos rieron mirándose con afecto y cofradía.
― Tonto reptiliano. ― sacándole la lengua, se giró para echarse la leche dentro de la taza que ya tenía el café y se volvió nuevamente, encontrándose con Sasuke, una sonrisa de medio lado y una torta con su respectiva vela encendida. ― ¿Qué…?
― Felicidades, molestia. ― Sakura, sonrojada y radiante de felicidad no podía creer que eso le estuviera sucediendo a ella, escuchó como entonaba la canción de cumpleaños el hombre más guapo de todo el mundo. Sus ojos se encontraron en medio de la canción y ella en su necesidad de tocarlo, se acercó hasta él, soplando la vela antes de tiempo, quitándole la torta de las manos y yendo directo a darle un beso de agradecimiento. Sasuke respondió dichoso, como siempre lo hacía y con sus brazos la apretó todavía más contra su cuerpo.
― Gracias, Sasuke. Por todo esto y por lo que me haces sentir. Estoy en las nubes solo por ti. ― susurró contra sus labios. ― Nada ni nadie se te podrá comparar jamás.
― No te daré el chance para que logres compararme con alguien. ― le contestó, dejando el tema zanjado de una vez. ― Vamos, para que comas tu trozo de torta y abras tu regalo.
― ¿Otro regalo? ― Sasuke asintió, tomando asiento frente a la encimera donde comerían.
Esperó a que Sakura hiciera lo mismo, pero la vio encaramarse sobre la encimera y sentarse con sus piernas en posición indio frente a él.
― Comeremos juntos. ― afirmó, tomando la torta. ― ¿Cómo supiste que era mi pastel favorito?
― ¿Quién crees tú que averiguó todo? ― Ino, fue la respuesta inmediata y Sasuke solo pudo asentir. ― Aunque igual tú lo repetiste en distintas ocasiones. Ella solo me lo confirmó. Igualmente me gustaría saber tus cosas porque tú me las dices.
― Sabes que me encanta el sushi y dormir con los brazos y piernas abiertas. ― el moreno asintió con fingido pesar.
― Me golpeas. ― Sakura lanzó una carcajada, antes de comerse una cucharada de su torta. ― ¿Te gustó?
― Por supuesto. ― le puso la cuchara frente a la cara, pero Sasuke se negó. ― Mi amor, come un poquito.
La pelirosa se dio cuenta de cómo lo había llamado y sus colores subieron por las mejillas. Desde que era una niña, siempre había soñado con llamar a alguien de esa forma como lo veía en las películas. Referirse a otro como su amor, su vida, su cariño. Sasuke representaba todo eso y más aún. Inevitablemente el "mi amor" salió de su boca y a pesar de que le avergonzaba, se sentía feliz por tener la oportunidad de decirlo por primera vez y que fuese tan real.
― ¿Mi amor? ― Sasuke sonrió de medio lado. ― Si me llamas así, te haré caso en todo. ― nunca y jurando frente a cualquier entidad legal, él habría permitido que lo llamaran de esa forma. Siempre le habían incomodado los motes amorosos, pero escuchárselo a Sakura fue como enloquecerlo, quererla aún más y sentirse más decidido respecto a lo que había empezado con ella.
Si con solo decirle mi amor lo ponía de ese modo, no quería imaginarse que sería cuando le dijera "te amo" con sus ojitos jades fijos en él.
― No me molestes. ― le pidió la pelirosa, tapándose el rostro y agachando la cabeza para que su cabello le cubriera la vergüenza. ― Has como que no te hubiese dicho nada.
― Imposible que pueda fingir no haberte escuchado. ― se levantó y puso sus manos a los lados de sus muslos, acercando el rostro. ― Mírame, molestia. ― Sakura se destapó los ojos lentamente y los abrió desmesuradamente cuando vio que Sasuke se encontraba tan cerca de ella. ― Me gusta ser tu amor. ― Sakura volvió a agachar la cabeza, pero Sasuke le tomó el mentón para que no lo hiciera. ― A mí también me pone nervioso, pero me encanta como suena ese apodo amoroso en tus labios. Estoy igual de loco por ti, como tú por mí y me agrada saberlo porque no me siento el único idiota en la relación.
― ¿Puedes no hablar tan sensualmente? ― Sasuke sonrió mostrando todos sus dientes y le besó la nariz de forma cariñosa. ― No quiero incomodarte.
― No me incomodas, Sakura. ― le aseguró. ― Ven.
Puso sus manos en la cintura de la chica y la abrazó contra él, dándole pequeños besitos en el cuello, pero solo por ternura, sin esperar excitarla. Sakura cedió de a poco y lo abrazó de vuelta, posando su mejilla en el hombro fuerte de Sasuke.
― Tus músculos son sabrosos. ― Sasuke entornó los ojos sin ser visto. ― ¿Ahora quieres probar la torta? Te aseguro que te encantará-
― Ok. ― se separó de ella y abrió la boca esperando la cuchara, pero fueron los labios de Sakura que le dieron de probar el exquisito pastel. Se le hizo lo mejor del mundo y le devolvió el beso, distanciándose solo para tomar aire. ― Mi amor.
― Deja de repetirlo, tonto. ― se escondió entre su cuello y le mordió el lóbulo mientras él reía de manera cómplice. ― He subido tres fotos a mi Instagram. En una salgo con Ino, la otra soy yo en la revista juvenil y la tercera es una que me saqué en el set frente al espejo. ― le contó cambiando el tema de la conversación.
― Si las he visto. ― le contestó Sasuke. ― Y noté a varios fans masculinos. ― Sakura se separó para mirarlo risueña. ― Recuerda que tienes novio.
― Teniéndote a ti de novio no se me puede olvidar. ― los ojos negros de Sasuke estaban fijos en ella. ― No me quiero ir, pero sé que Mebuki me buscará por todos lados si no me encuentra en el departamento y la pobre Ino se subirá por las paredes sin saber que más inventar. ― dijo con un puchero.
― No me llama la atención estar escondidos, pero si tú quieres que sea así, lo aceptaré. ― Sakura parpadeó seguido. ― ¿Qué pasa?
― Creí que tú no querías que todos supieran. ― susurró incrédula.
― Yo no he dicho eso. Me gusta demasiado estar contigo, pero entiendo que es complejo para tu madre, así que no acelero el proceso e contarle que estamos juntos. ― argumentó Sasuke, acariciándole el rostro con sus manos. ― Te tengo otro regalo. ― dijo, cambiando drásticamente de tema.
― ¿En serio? ― Sasuke asintió, separándose de ella para ir a buscarlo. ― Que bolsa más linda.
― Ábrelo. ― la instó el moreno.
Sakura lentamente fue sacando los envoltorios, encontrándose con 3 cajas de igual porte y tamaño. Sasuke volvió a ponerse entre sus piernas, mirándola desenvolver su regalo.
― Que será. ―preguntó al aire con curiosidad. Abriendo una de las cajas, se encontró con un pequeño adorno, protegido por un vidrio. ― ¿Es una escoba voladora de Harry Potter? ― Sakura la miró por todos lados. ― Una nimbus 2000 ― susurró impactada. ― ¿Ino te lo contó?
― Me había percatado de tu fijación por la saga cuando me encontré los libros a medio leer en tu cuarto. ― Sakura sacó las otras dos cajas con igual celeridad, encontrándose con otros modelos de escobas mágicas.
― Sasuke, esto es hermoso. ― Lo miró a los ojos y estiró la boca para darle un beso en sus labios. ― Muchas gracias, reptiliano. ― volvió a chocar sus labios. ― Para tu cumpleaños también me preocuparé de saber que te gusta y te lo daré.
― Yo creo que sabes lo que me gustaría recibir. ― dijo Sasuke, con una sonrisa pícara y la voz un tono más bajo. Sakura rio abochornada por el coqueteo descarado. ― Me alegra saber que te gustó tu regalo.
― Cualquier cosa que me hubieses traído, sería perfecto para mí, porque es algo tuyo. Así solo fuese un beso, un abrazo, o dormir juntos. Me encanta dormir contigo. ― reiteró con cariño
― Ya te di todo eso. ― Sakura volvió a enroscar sus brazos tras el cuello del azabache y se sintió exultante de felicidad cuando él le respondió, aferrándose a su cintura. ― Agradezco haber aceptado quedarme en la película.
― Y yo haber postulado como extra. ― susurró Sakura, suspirando hondamente. ― El mejor novio de la historia.
― ¿El mejor? ― Sakura asintió. ― Ya lo sabía.
― Pero que humildad, mi Dios. ― bromeó la pelirosa, separándose para morderle el mentón. ― Aunque si se eligiese al novio más guapo de toda la historia, ganas por goleada, porque eres tan sensual, sexy, cantas y actúas como nadie. Pienso todo el día en comerte. ― Sasuke soltó su risa, meneando la cabeza. ― Es verdad, mi am… Sasuke.
― Dime "mi amor". No te cohíbas. ― Sasuke no lo admitiría, pero el apelativo amoroso sonaba extremadamente bien en sus labios. ― ¿Saldrás a alguna parte con tus amigas?
― Todo depende de mi madre. ― contestó Sakura, tirándose el pelo hacia atrás. ― Siempre hace de mis cumpleaños algo como de niña pequeña. Solo le falta poner la piñata para sentirme de doce años. ― agregó sonrojada. ― Yo creo que me tendrá una torta, pasará el mayor tiempo posible conmigo y mi hermano y luego se irán. Aunque tendré que ir a verlos allá a tu casa, que ahora es la casa de mi familia.
― ¿Por qué? ― le preguntó Sasuke, ignorando lo último.
― Porque quiero quedarme con las chicas a disfrutar un rato y en unos días más ir donde mis abuelos. ― mientras hablaba, le acariciaba los hombros y miraba sus labios. ― Posiblemente armaremos una pijamada o algo así, porque, aunque ya tenga 17 años, todavía no puedo entrar a ningún bar o discoteca.
― ¿Y para que quiere ir a esos lugares? ― la interrogó ceñudo.
― No he dicho que quiera ir, sino que, si a las chicas se les ocurre hacerlo, no podré entrar. Soy menor de edad ― le recordó Sakura, como si a él se le hubiese olvidado. ― En fin, eso lo veremos más tarde.
― Avísame. ― una simple palabra que sonaba a orden fue toda la respuesta que dio el moreno, para luego volver a tomar sus labios y hundirse en el deseo que ella le provocaba.
Sakura se dejó llevar como siempre y solo apretó sus agarres, para sentirlo más cerca suyo. Sus brazos jalaron su cuello y sus piernas apresaron su cadera, disfrutando del calor que emanaba su cuerpo. Sasuke la oyó suspirar y lo tomó como la señal de que podía continuar un poco más allá.
Desesperadamente, Sasuke recorrió el contorno de su mandíbula y paseó su lengua por el cuello y lóbulo de su oreja, encendiendo fuegos artificiales en el pecho de la chica. Sakura gimió levemente y se preguntó si todo el tiempo sería así con él, tan bien, tan bueno, tan genial. Amaba sentirse ajena a su cuerpo y que cada una de sus terminaciones nerviosas se conectaran directamente con los roces de Sasuke. Sus caricias delicadas que erizaban hasta el último cabello de su piel. Su boca suave, exigente y apasionada, su lengua cálida, su respiración y aliento. Todo lo que poseía el moreno era maravilloso bajo su atenta mirada. No podía evitar quedarse ensimismada pensando en él o mirarlo como una groupie más, añorando poder estar solos para demostrarse cuanta era su necesidad del uno con el otro. No había puntos de comparación y dudaba que fuese a conocer a otro hombre más, porque no le apetecía la idea y más que eso, tenía claro que Sasuke tampoco le permitiría estar con otro.
En la cama o en el lugar que fuese que les bajase la necesidad, la pasión los consumía, como también sus emociones más primitivas. Los celos de Sasuke, sus mañas respecto a muchas cosas, su enojo cuando las cosas no salían a su manera… Sakura había tenido que aprender a aceptar esos arranques, todavía sin lograr poner un límite para no sobrepasarse, pero ahora que eran novios, todo fluía de distinta manera y las palabras muchas veces no eran necesarias, porque se entendían solo con miradas y se contenían de ese modo.
La pelirosa lo sintió levantar su crop y tomó con su boca uno de sus pezones rosas.
― Aah, ahh. ― gimió contra su oreja, suspirando con cada lamida de su lengua. ― Sasuke…
― Venga. ― tomándola por la cintura con un brazo, la levantó para poder sacarle sus calzas, o al menos una pierna. ― Abre un poco. ― le ordenó.
Sakura lo hizo, mostrando su ropa interior. Ya no era de niña, pero si mantenía cierta inocencia que poco a poco Sasuke le iba quitando. En ese minuto, sus bragas eran pantaletas de satén y lo trastornaron, porque la pelirosa rápidamente sintió como las corría a un lado, para luego ser comida por la boca de Sasuke.
― Oh, no. ― jadeó, enterrando una de sus manos en el cabello del pelinegro, mientras con la otra intentaba sostenerse.
Sasuke la acomodó mucho más cerca de su boca y la dejó semirecostada sobre la encimera. Apoyando los muslos suaves de la chica en sus hombros, se enterró directamente en ese lugar que tanto le apetecía la mayoría del tiempo. Olerla, saborearla, excitarla, enloquecerla y desarmarla eran su placer. No necesitaba que ella se pusiera de rodillas frente a él, porque con solo verla llegar al clímax, su cuerpo tenía la misma sensación como si fuese el mismo el que estuviese teniendo un orgasmo.
Paseó su lengua por todo el lugar y apretó con la misma la protuberancia caliente y palpitante de la chica. Se alejó un poco para soplar despacito y volvió nuevamente al ataque, besando con todo ese lugar tan deseoso y maravilloso para él.
Sakura lo intentó echar para atrás, pero fue en vano, porque su agarré se volvió fiero y su boca mucho más exigente y brusca. Aunque sentía un poco de dolor, no podía negar que era muy placentero. Un dolor que sabía prontamente a pasión.
― Déjate ir. ― le exigió, mirando con sus ojos negros desde el lugar y disfrutando de los gestos que le regalaba la pelirosa.
Maldita sea, pensó Sasuke. Su entrepierna estaba que reventaba y le apretaba cada vez más contra el jean. Añoraba desesperadamente entrar en ella y hacerle gritar su nombre una y otra vez hasta dejarla sin voz. Quería verla separada por su miembro, entrando y saliendo, bañado de su pasión. Necesitaba con urgencia palpitar dentro de su cuerpo, endurecerse en el lugar y volver a darle rienda suelta a su calentura. Odiaba despertar por las mañanas luego de tener sueños húmedos con la chica, donde la ponía en muchas posiciones y la tomaba con salvajismo, con amor, con desesperación, pero todavía no era el momento. Sabía que tenía que esperar.
― Sasu…Sasuke. ― gimió la chica, tirándole el pelo, para luego levantar la cabeza y gritar hacia el cielo. ― Aaah… aah… aaah… aaaaaah! ― dio muchas respiraciones seguidas y se mordió el labio, dejándose caer hacia atrás completamente abatida.
Sasuke la observó saciada y se le hizo la imagen más erótica que alguna vez hubiese tenido la suerte de mirar. Con destreza le acomodó la ropa, rozando su entrepierna y feliz de haberla dejado tan sensible.
― Tómalo como otro regalo. ― murmuró el moreno, con su voz ronca característica y ese tono tan frío, pero que la excitaba por sobremanera.
― Sasuke, necesito que esto acabe. ― dijo la chica, viéndolo fruncir el ceño. ― No me refiero a nuestra relación, sino que al sexo sin ser sexo.
― Esto es sexo, Sakura. ― respondió Sasuke con obviedad. ― No hay penetración, pero…
― Eso es lo que quiero, maldita sea. ― chilló desesperada. ―Cada vez que hacemos esto, dentro de mí hay una necesidad imperiosa de que pase algo más. Que dejes de contenerte, me tires contra el suelo y entres una y otra vez sin parar, muchas veces. Es doloroso, por la mierda. ― masculló frustrada.
― Sakura, hago uso de toda mi fuerza de voluntad para no darte en el gusto. ― le dijo Sasuke. ― Quien más que yo querría darte todo eso y más, pero no lo haré.
― ¿Por qué? ¿Por qué no soy del todo una mujer? ― le preguntó al borde de un ataque de nervios. ― Por favor, Sasuke, hagámoslo. De verdad te necesito, tú también lo necesitas. ― le rogó, demostrándoselo mientras le apuntaba su entrepierna.
― Sí, es verdad, pero no quiero ser tu experimento, Sakura. ― y ahí cayó todo lo que se guardaba para él.
No era un tema de edad, no era un tema de experiencia, tampoco de deseo, sino que era su amor propio que le impedía continuar. En su cabeza miles de películas pasaban todo el tiempo, imaginándose cada una de las formas con cuales le daría placer, pero luego de eso, todo acababa. Ella descubría con él las bondades del sexo, para después abandonarlo, dándole las gracias por el placer entregado y si te he visto, simplemente no me acuerdo.
― ¿Experimento? ― preguntó ceñuda.
― Sí, experimento. No quiero quitarte la virginidad, porque después te darás cuenta que soy prescindible y no quedará nada más para nosotros.
― ¿Acaso no te das cuenta? ― Sakura comenzó a molestarse. ― Me gustas tú, solo tú. Es Sasuke el que revoluciona mis hormonas o me visita en los sueños. Es Sasuke el que duerme a mi lado y lo primero que veo en las mañanas, excepto esas veces que hemos dormido separados. También es Sasuke el que me da placer en todas sus dimensiones y calienta cada parte de mi cuerpo. Es Sasuke MI novio y nadie más que él al que quiero comiéndome entera, ¿No lo ves acaso? ¿Necesitas que continúe para que tu ego crezca al mismo tiempo que tu seguridad y confianza en mí? ― el moreno no supo responder y profirió su ya famoso monosílabo. ― Sasuke, ¿te miras al espejo por las mañanas? ― el cambio de tema fue drástico y no del todo entendido. ― Eres espectacularmente guapo, maldita sea. Es cosa de mirarte un segundo y darse cuenta que hombres como tú no hay, a menos que los cree la ciencia… ― se acercó a él, hablando bajito. ― aunque sigo pensando que tú eres un reptiliano venido de otro planeta. ― Sasuke se limitó a bufar. ― No seas tonto, por favor. Eres mi pareja y por mí sería siempre así.
― Parezco nenaza. ― farfulló violento, volteándose para mirar hacia otro lado. ― Vamos, debemos irnos.
― Cariño, mírame. ― otro mote amoroso, que volvió a acelerar sus latidos convirtiéndolo en gelatina. ― Soy completamente tuya. Ya no hay nada de este cuerpo que no te pertenezca. Hiciste patria en todos los lugares.
― ¿Plantando una bandera? ― Sakura alzó una ceja viéndose adorable con sus mejillas rosadas de rubor natural y su calza cayendo por la pierna donde seguía colgada. ― Estás loca.
― Mucho menos que tú, al parecer. Eres el único hombre que se ha negado a tener sexo con su novia. ― Sasuke carraspeó incómodo. ― No buscaré un reemplazo para ti, pero de verdad mi paciencia se agota y necesito un poco más de "entrega".
― En otro momento la recibirás. ― cortando de lleno la conversación, Sasuke salió de la cocina casi huyendo de ella y de todo lo que le provocaba.
Por inercia, sus piernas se dirigieron a la terraza de su departamento y miró hacia abajo, distrayendo su mente con el andar apresurado de todas esas personas que parecían hormigas trabajadoras. No podía ignorar que era un hombre con suerte, pero no por su carrera, sino por todo lo que tenía en ese minuto; casa, estabilidad, ¿amor? De reojo la vio llegar a su lado, completamente vestida y con los lentes Ray Ban de aviador que le había robado.
Deliciosa como ella sola, se subió la capucha de su chaqueta, tapando el rosado de su cabello y apoyó sus antebrazos sobre la baranda, disfrutando al igual que él lo que ocurría a sus pies.
― Gracias por todo, Sasuke. Lamento lo de adentro y te aseguro que no volverá a suceder. ― el moreno se volteó casi por entero para mirarla, ¿acaso era una despedida? ― Hasta el momento ha sido el mejor cumpleaños de mi vida.
― ¿Vamos a terminar? ― intentó sonar frío e imparcial, cosa que se notó porque Sakura solo dio una leve sonrisa.
― Yo no quiero terminar contigo. No sé si tú lo quieras hacer. ― le dejó la responsabilidad a él.
Su pregunta había sido tan estúpida. Odiaba sentirse inferior frente a ella, pero Sakura tenía un poder extraordinario para reducirlo a un simple humano. Ya no era Sasuke el todo poderoso, terror de las mujeres, que con un chasquido todas quedaban a sus pies. Ahora era Sasuke, el baboso que se quedaba horas despierto mirando a su chica dormir entre sus brazos.
― Tampoco. ― respondió estoico. ― Todavía no te poncho. ― agregó con su misma expresión, pero entregándole una gran cuota de humor a su conversación. Sakura quedó detenida en el tiempo espacio, antes de lanzar una gran risotada que lo contagió.
― ¡Idiota! ― le gritó jugando, para darle en un hombro y volver a entrar a su departamento.
Sasuke a la siga de ella, se apegó a su espalda y la abrazó por la cintura, caminando de esa forma muy empalagosa.
Llegaron al control del ascensor y todavía riendo, Sasuke digitó los números para llamarlo.
Rápidamente se apareció el cubículo metálico frente a ellos y los recibió con la típica musiquita. Sasuke se apoyó contra la pared y la dejó a ella todavía pegada a su pecho, oliendo su cuello. Sakura en ningún momento se sacó la capucha, por miedo a ser reconocida por alguien y aunque el ascensor era privado y de exclusivo uso de Sasuke, nada le garantizaba que las cámaras no grabasen y pudiesen tomar imágenes de ambos tan románticos.
― Sasuke.
― ¿Hmnp?
― A pesar de todo, me haces muy feliz. ― dijo la chica, haciendo que sus dedos se entrelazasen.
Sasuke la miro a través del espejo que tenía frente a él y se enamoró todavía más cuando le regaló esa sonrisa sincera, tímida, pero alentadora.
― Y tú también a mí, " ".
19.
― Gracias por venir, mamá. ― Sakura se despidió de su madre y hermano en la puerta de su departamento, agradecida por las cosas ricas que le había llevado y porque la relación con su madre iba cada vez mejor, luego de la larga conversación que habían tenido. Sin embargo, y sin querer sonar como una chica malagradecida, se sentía feliz de poder comenzar su celebración junto a sus amigas, aunque faltaba Hinata por su campeonato de matemáticas y Natsuki que había tenido ido a ver su vestido de novia junto a su madre. Razones bastante comprensibles. ― Seremos solo nosotras.
― Que genial. ― dijo la rubia, echándose un pedazo de torta que había quedado rezagado en la bandeja. ― Me gushta estarsh con ushtedes.
― Trágate lo que tienes en la boca, cerda. ― le reclamó Sakura, riendo cuando la rubia intentó agarrarla al pasar por su lado. ― No puedes acercarte a mí, porque mis poderes de defensa son demasiado geniales.
― Sí, claro. ― dijo sarcásticamente su amiga rubia. ― Oye ¿y qué le pasa a Tenten? Está pegada con su celular todo el día. La he visto hace mucho actuando así.
― Desde su cumpleaños para ser exactas. ― agregó Sakura. ― Debe tener relación con el regalo mañanero que le dio cierto pelinegro que ambas conocemos.
― Posiblemente. ― las dos chicas se acercaron a su amiga, que estaba centrada completamente escribiendo en su celular, ignorando al resto del mundo. ― Tenten. ― la llamaron.
― ¿Qué? ― ni siquiera levantó la cabeza para mirarlas.
― ¿Puedes mirarnos aunque sean dos segundos? ― la castaña bufando lo hizo, distrayéndose por completo y así logrando que la menor de ellas le quitara su celular.
Sakura saltó entre los sillones, evitando que la chica la tomara y cuando se vio protegida tras uno de los sofá, miró la pantalla del celular, aunque sin leer la conversación.
― Te escribes con Neji y no nos dijiste. ― le reclamó Sakura, viendo como le arrebataba el celular, para luego esconderlo en su bolsillo. ― ¿Qué tienes con él?
― Si me preguntaran, en vez de obligarme a que les contara, ya les hubiese dicho. ― respondió la castaña, botando el aire por la nariz como un toro endiablado. ― Simplemente intento llevarme bien con él. ― aseguró, alzándose de hombros como si no fuese importante.
― ¿Llevarte bien con él? ― pregunto Ino incrédula. ― Recuerdas lo que pasó luego de tu cumpleaños, ¿verdad?
― Sí, lo recuerdo y por eso mismo estoy haciendo esto. ― Tenten sonrió ganadora. ― Yo domino en esta relación, para desgracia de Neji y mi beneficio. ― soñadoramente, entrelazó las manos y rió como loca. ― Yo decido cuando y donde. No dejo que me abrace, ni me dé besos a menos que estemos teniendo sexo y tampoco le permito regalos ni invitaciones. Es algo así bastante libre.
― Pero eso está mal, Tenten. Él tiene novia. ― le recordó por millonésima vez la pelirosa. ― ¿No crees que puede salir peor todo esto?
― ¿Pero de lo que ya ha salido? ― Tenten negó con su cabeza nuevamente. ― Jamás y sabes por qué, porque me acabo de dar cuenta que él es el que me necesita y yo logro satisfacer mis deseos más primitivos.
― Como si fueses el hombre de la relación. ― entendió la rubia.
― Que comentario más machista, Ino. ― la regañó Sakura. ― ¿Te sientes bien con esto? ― preguntó, volviendo a dirigirse a Tenten.
― La verdad, esperaba que mi consciencia me pesara, pero no ha sido así. Creo que me agrada ser la cabrona y él el pobre animalillo que me sigue. ― confesó con cierto toque de maldad que no pasó inadvertido para sus amigas.
― Te oyes como alguien muy mala. ― le dijo la pelirosa, echándose hacia atrás sorprendida. ― No me agrada lo que estás haciendo, porque al fin y al cabo es traición y el karma es lo suficientemente maldito como para devolverte con creces lo que haces.
― ¿Y no será el karma de Neji lo que está pasando? ― elucubró la rubia. ― Posiblemente es hora de que él pague por el daño que ha causado y Tenten sea su verdugo.
― No se imaginan lo placentero que es ser su verdugo. ― dijo la castaña, abanicándose el rostro. ― Neji sigue pensando que Tsubasa es mi novio y me llama por las noches para preguntarme que estoy haciendo. Creyó que iba a "terminar" con Tsubasa luego de que nos pillara juntos, pero le aclaré que no, que sigo emparejada con él y no haya la manera de poder detener lo que sucede. Me manda mensajes en la mitad de la noche, preguntándome solo idioteces, queriéndose asegurar de que no estoy ocupada. A veces, solo de maldad, los veo y sigo durmiendo. ― les contó, riendo.
― Oh, eres mala. ― dijo Ino, tapándose la boca. ― ¿Dónde quedó mi bondadosa amiga?
― Sigo acá, con la diferencia que ahora tengo las armas para defenderme frente a lo que él me provoca. ― un leve atisbo de tristeza cruzó sus ojos. ― No niego que todavía sigo enamorada de él, pero creo que esto me ayuda a entender que puede ser prescindible en mi vida y así avanzar para encontrar el amor con alguien que verdaderamente me merezca.
― Yo creo que también le estás dando las armas para que conozca tus puntos débiles y te enamores aun más. ― Tenten se alzó de hombros luego de escuchar a la rubia, aunque volvió a sonreír.
― Al menos disfruto en el proceso. ― sacó nuevamente su celular y las llamó para mostrarles algo que guardaba ahí. ― Miren.
HyugaSexoRico
Hoy podremos juntarnos? 18:46
Yo
Hoy no puedo 18:53
HyugaSexoRico
Por qué? ¿Saldrás? 18:53
Con tu novio? 18:53
Dile que tienes cosas que hacer 18:53
Contesta 18:54
― Me recuerda un poco a Sasuke. ― les contó Sakura.
― Y a mí a Itachi. Al parecer los hombres de pelo oscuro, delgados y altura considerable son muy posesivos. ― agregó la rubia, recordando los mensajes de toda índole que le enviaba Itachi a cualquier minuto. ― Hace unos días estaba en la cocina preparándome algo porque moría de hambre, cuando sentí mi celular vibrar. Era Itachi preguntándome donde estaba y que me apurara en volver. Estamos en su casa. ― las tres se largaron a reír.
― Los tenemos acá. ― dijo Sakura, palmeándose la mano. ― Sasuke me pidió noviazgo.
― ¿De verdad? ― con los ojos gigantes, sus dos amigas la miraron. ― ¿Por qué no nos contaste?
― Porque quería esperar este día para hacerlo. ― explicó Sakura. ― No hemos tenido mucho tiempo para disfrutar de nuestra nueva relación, pero todas las noches dormimos juntitos. ― les contó soñadoramente, abrazándose a sí misma. ― Es tan lindo y me mima tanto.
― Sigo pensando que ese Sasuke no es el que tenía en mi mente cuando lo conocí. ― confesó la rubia.
― Y yo conocí uno muy arisco cuando estaba en el "Bar de abajo" ― agregó Tenten, sonriendo feliz por su amiga. ― Se nota que el amor cambia a los hombres.
― Pero en él es tan notorio. Itachi me contaba que estaba sorprendido por cómo se comportaba contigo. ― La pelirosa se sentía a rebosar de felicidad cuando escuchaba ese tipo de comentarios. ― Hace unos días lo llamó y Sasuke le dijo que no a no sé qué cosa, porque tenía que ayudarte a estudiar algo. Lo molestó por mucho rato hasta que él le cortó. Lo más divertido, es que mientras Itachi lo molestaba, él solo reía, como si aceptara por completo que ya se había convertido en un completo mandilón.
― Ni se te ocurra decirle eso. Es capaz de volverse malo nuevamente para no darme el placer de estar tierno y amoroso. ― le pidió Sakura. ― Me gusta cuando nos quedamos viendo pelis hasta tarde, comiendo chatarras y hablando idioteces. Entiende mis bromas y se porta tan genial.
― Además de que es guapo. ― Sakura asintió con vehemencia.
― El más guapo de todo el mundo y no lo digo solo yo. Hace unos días, una revista le pidió hacerse unas fotos porque había salido como el sexto hombre más guapo del mundo. ― Sakura se sintió muy importante en ese momento, sobre todo al saber que Sasuke solo quería estar con ella, sin importarle las demás. Esa noche celebraron de una forma muy íntima su "premio", aunque el moreno desistió de ir a la sesión de fotos. ― Y es mío.
― Todo tuyo, Sakura. ― culminó Tenten, felicitándola.
Ino puso muchas cosas para picar sobre una bandeja y las llevó al salón, porque se iban a acomodar para ver películas toda la noche y hablar sobre hombres.
― Mei no actúa tan bien. ― dijo Sakura. ― Mírenla, parece muy fingido su desmayo.
― Mei está en la industria porque se acuesta con todo lo que se mueve. ― dijo Ino, con evidente burla.
― Y su novio es un tarado que no deja de hablarme. ― Eran más de la 1 de la madrugada y Tenten comenzaba a hartarse. ― Ya ni siquiera le contesto, porque me aburrió.
― Si sigues abriendo los mensajes, sabrá que estás conectada y que los estás leyendo. ― le explicó la rubia. ― Pásame tu celular y lo pondré en privado.
― Por favor, que de verdad me está agotando. ― la rubia y Sakura sabían que no era así, porque la castaña sonreía levemente en cuanto sentía su celular vibrar, sin embargo, en la última media hora no había cesado y también comenzaba a cansarlas a ella.
― Listo, toma. ― se lo devolvió la rubia. ― Ahora no tendrá la menor idea de que tú te conectaste ni si viste sus mensajes. La mala noticia es que tú tampoco sabrás lo mismo de él.
― No ando como tonta revisando lo que hace. Quiero que se canse de mandarme whatsapp y sus intentos de llamadas que no contestaré. ― comentó hastiada y frustrada. ― Esto me pasa por jugar con fuego.
― Al menos reconoces que no es correcto lo que estás haciendo, ¿verdad? ― Tenten asintió a medias. ― Cariño, no es para que te enojes, pero nosotras queremos lo mejor para ti y sabemos que del modo que estás "intentando" curar tu obsesión por él, es el más peligroso. ― Ino le entregó una manta, mientras siguió hablando. ― Neji tiene un problema contigo y en la medida que tú no logres controlarlo, esto puede salirse de las manos.
― Dudo que haga algo que me pueda lastimar, al menos físicamente. ― lo defendió la castaña, con propiedad para hablar.
― Te subyaga con el sexo. ― Aportó Sakura, con una vena de inteligencia que sorprendió a sus amigas. ― ¿Por qué me miran así?
― ¿Por qué hablas tan bien? ― le preguntó retóricamente la rubia. Sakura comenzó a lanzarle cojines.
― ¡No soy tonta! ― reclamó como niña pequeña. ― Además Sasuke me molesta todo el día para que estudie, sin contar que los profesores que tengo andan encima de mí, exigiéndome que cumpla con mis deberes. Al final he aprendido por obligación.
― Creo que no sería mala idea mantenerte así, solo con profesores particulares y Sasuke. ― sugirió la rubia, cayendo sobre el sofá. ― No estás rindiendo mal.
― Es que tengo premios si contesto bien. ― la chica se sonrojó, haciendo que sus amigas comprendieran de inmediato de qué trataban los premios.
― ¿Y todavía nada? ― quiso saber Tenten, apoyando el mentón en sus manos. ― ¿Sigue sin querer… ya tu sabes?
― Los dos queremos, pero se contiene demasiado y eso me frustra. Hoy tuvimos una pequeña discusión por lo mismo. Le dije que yo me sentía preparada para dar ese siguiente paso, que me gustaba estar con él y que dejase de cuestionarse.
― ¿Y qué te dijo? ― Sakura hizo una mueca frente a la pregunta de Tenten.
― Dice que si lo hacemos, yo me daré cuenta que es prescindible y que no quedará nada más para nuestra relación. ― la pelirosa hizo un puchero. ― Si supiera todas las cosas que podemos hacer juntos y que no tienen nada que ver con el sexo, me haría tan feliz. Creo que teme que al probar lo que se siente estar con alguien, tenga la necesidad de ir en busca de otros cuerpos para que me satisfagan.
― Es esa vena machista que lo pone así. ― exclamó Ino, frunciendo el ceño. ― En cierta medida yo también tuve que obligar a Itachi, porque quería ir por el "camino correcto". ― la rubia hizo una pedorreta. ― Lo que menos me importaba en ese momento era que me respetara, pero les baja toda la moralidad cuando les exigimos más de lo que están dispuestos a dar.
― Yo no creo que sea una vena machista, sino que sus inseguridades son tan grandes que les impiden actuar en base a sus instintos. ― sugirió Tenten, mirando a sus amigas. ― Sasuke te quiere y por lo mismo tiene miedo, porque es la primera vez que se siente así y todo su alrededor se da cuenta. Te cuida tanto, que teme perderte y si están juntos, cree que ya se perderá la magia que los mantiene juntos o que ya no quedará nada más por darte.
― Nunca me ha dicho que me quiera. ― aclaró Sakura con cierta tristeza. ― No sé lo que siente y no me atrevo a preguntarle.
― ¿De verdad necesitas palabras? Ese tipo se muere por ti. ― replicó Ino. ― Es cosa de mirarlo y darse cuenta que no es normal tanta devoción. Vive pendiente de lo que haces y lo que no. Manda a Itachi a vigilar cuando están grabando al mismo tiempo y apenas termina de hacerlo, va donde ti.
― ¿Ustedes creen que me quiera? ― les preguntó insegura. ― No quiero ilusionarme con algo que no es.
― Te quiere, Sakura. ― le respondió Tenten, tomándole la mano. ― Y te quiere mucho.
― ¿Entonces qué hago? Quiero que estemos juntos. ― reclamó frustrada. ― Estoy cansada de imaginarme algo y no poder tenerlo.
― Sedúcelo. ― propuso Ino, iluminando sus ojos. ― Ropa interior sensual y alguna cena con mariscos para que sea afrodisiaca.
― O podrías esperar a que se dé mutuamente. ― propuso la castaña, mirando a Ino con advertencia. ― Si lo seduce, Sasuke pensará más cosas y se enojará. Creerá que Sakura está muy avanzada y bla, bla, bla… hombres.
― ¿Entonces me dejo estar? ― entendió Sakura.
― Yo creo que es la mejor idea. Más temprano que tarde, lo tendrás encima de ti y podremos hablar de lo bien que se siente estar con un hombre. ― las cejas de Tenten se movieron sugerentemente. ― Cada una de tus fantasías se cumplirán y no desearás ninguna otra cosa que estar con él. Al menos eso me pasa mí.
― Y a mí. ― se agregó Ino, levantando la mano. ― ¿Saben? Creo que era virgen antes de acostarme con Itachi.
― ¿Cómo? Pero si tú estuviste con Daiki. ― recordó Sakura, sin comprender.
― Bueno, al parecer Daiki era enano, porque al estar con Itachi, sentí que me partía en dos. ― les contó abochornada la rubia, riendo con las caras que ponían sus amigas.
― Te lo dije, Ino: Ese tipo te partirá en dos y quebrará tus caderas. Ya vemos que lo logró. ― La risa fue general y distendió el ambiente, olvidando por un momento las conversaciones más profundas y los problemas de amores más complejos. ― Tengo 3 llamadas de Neji y sigue mandándome mensajes.
― Está obsesionado contigo. Lo mejor que puedes hacer es contestarle. ― le sugirió Sakura, sabiendo que hacerse la desentendida con el teléfono, no era el mejor movimiento.
― Sí, creo que es lo que haré.
Tenten se alejó unos metros y marcó el número que tanto la atosigaba.
No alcanzó ni a dar un timbrazo, cuando ya desde el otro lado habían respondido.
― Tenten, ¿dónde estás? ― le preguntó de inmediato, evidenciando su enojo.
― No eres nadie para venir a controlarme. Solo te llamo para decirte que me dejes tranquila en lo que resta de noche, ¿bueno? ― Neji desde el otro lado rió amargamente.
― ¿Otro amante? Ya sé que no estás en tu departamento, porque acabo de ir hacia allá y tu novio me dijo que habías salido. ― Tenten bufó agotada. ― ¿Dónde estás?
― Hyuga, comienzas a asustarme. ― reconoció la chica, siendo observada por sus amigas que mostraban preocupación. ― Solo estoy en el cumpleaños de una persona que quiero mucho y llegaré por la mañana a mi casa. ¿Alguna otra información?
― ¿De quién es el cumpleaños? ¿Algún amigo tuyo? ¿Un nuevo amor? ― preguntó con insistencia, queriendo saber de quién se trataba.
― Deja de pensar que me acuesto con todo lo que se muevo, por favor. ― le pidió, sin ser para nada amable. ― Si nos acostamos juntos es porque así lo he decidido yo, pero no tienes ningún derecho de controlarme, ni aparecerte por mi departamento buscándome, ¿me oíste? ― Neji quiso responder, pero ella no se lo permitió. ― Si sigues con esta actitud, olvídate de lo poco y nada que has logrado conseguir de mí y púdrete en el infierno, ¿entendido?
Ino y Sakura desde el sofá le hacían gestos de aprobación.
― Puedes creer lo que quieras, Tenten, pero estás conmigo y eso significa que a mí tienes que buscarme para encontrar diversión. ― la castaña abrió la boca, incrédula frente a lo que oía. ― ¿De quién es el cumpleaños? ― insistió.
― Iré corriendo donde Mei a contarle todo. ― chilló ya descontrolada y molesta. ― Le diré que nos acostamos no una ni dos veces, sino que muchas. Que durante la semana también nos juntamos y seguimos estando juntos. Y le mostraré todos los mensajes que me mandas, donde me pides que te haga cosas obscenas.
― Cosas que te encanta, ¿verdad? ― Tenten no contestó. ― Ve donde Mei y cuéntale lo que quieras. No me importa.
― ¿Qué? ― Tenten frunció el ceño, sin entender. ― ¿No te importa?
― No, no me importa.
― Pues, entonces lo haré. ― su única defensa frente a Neji era la amenaza de que iría donde su novia a contarle lo que pasaba y que él desestimara aquello, sin importarle, la desconcertó. ― Te dejará.
― Ve, Tenten. Corre donde Mei y cuéntale todo lo que hacemos. ― la castaña pestañeó sin entender lo que pasaba. ― Terminé con ella, así que tengo toda la libertad de buscarte.
― No hablas en serio. ― susurró la chica, cayendo sentada sobre uno de los brazos del sofá. ― Estás mintiendo.
― Ve donde ella y pregúntaselo. ― le sugirió, mostrándose muy tranquilo. ― Terminamos hace algunos días. Asume lo que provocaste, Tenten.
― ¡No lo provoqué yo! ― aterrada, mordió su labio y miró a sus amigas, que esperaban expectantes que terminara de hablar para saber que pasaba. ― Fue algo de ustedes, no me eches la culpa de que no hayan funcionado.
― Un par de años de mi vida que se fueron al tacho de la basura por ti. ― Tenten cerró los ojos y pasó una mano por su rostro. ― Lo peor de todo, es que no me importó.
― ¿Qué esperas con esto? ¿Qué deje a Tsubasa y esté contigo?
― Eso sería para empezar. Deja al imbécil de tu novio, que no le importa ni siquiera saber dónde estás y pídeme a mí que te dé lo que él no es capaz. ― Tenten solo suspiró. ― Dime dónde estás.
― Neji, el hecho de que tú hayas terminado con Mei, no significa que nosotros tengamos una relación. ― Sakura e Ino se miraron entre ellas y entendieron de que iba la conversación. ― Yo estoy con alguien y me siento miserable engañándolo. Quizás tú terminaste con Mei porque también te sientes miserable y no eres capaz de aceptarlo, entonces te justificas con lo que sucede entre nosotros para no sentirte mal.
― No, Tenten. Yo tengo claro que me pasa y es que necesito tenerte a ti. ― la castaña no sabía si reír o llorar. ― Entiéndelo de una vez y asume lo que causas. En un mísero mes diste vuelta mi vida y ahora te quieres hacer la desentendida.
― Por favor, estás confuso. Te debe doler dejar a Mei, por eso estás así.
― No volveré con Mei, ni tampoco buscaré a otra. ― aclaró, haciendo que sus palabras fuesen como dardos para su corazón. ― Deja a tu novio o yo lograré hacer que él te deje.
― ¿Lo golpearás nuevamente? Si es así, te aseguro que te arrepentirás. ― lo amenazó.
― Hoy le recalqué que me acuesto contigo. ― Tenten quería ahorcarlo, dado que Tsubasa no sabía de esa nueva relación que mantenía con el pelilargo. ― Como imaginas, su cara se desencajó, pero para mí fue placer. Quiero que lo dejes.
― No lo haré. ― amenazó la chica, sabiendo que la historia del supuesto novio, era la excusa más fuerte que tenía para defenderse de lo que le provocaba Neji y mucho más en ese minuto, dado que Mei ya no existía en la ecuación para su mala suerte.
― Entonces tendrás que ver de lo que soy capaz. ― Tenten sintió miedo. ― Pero ten la tranquilidad de que no lo lastimaré… físicamente. ― agregó.
― Esto es algo entre tú y yo. No metas a Tsubasa. ― le rogó, a punto de llorar.
― Derramas una lagrima por él y sabrás lo que es mi genio, Tenten. Dime dónde estás. ― la chica abatida, entendió que no servía de nada seguir luchando contra él, ni contra lo que sentía.
― Estoy en el departamento de Sakura. Es su cumpleaños. ― el pelilargo desde el otro lado sonrió ganador y feliz. ― No quiero que vengas. Lo estoy pasando bien con mis amigas.
― ¿Ves que era fácil? ― Tenten rio sin un ápice de gracia. ― No luches contra mí.
― ¿Y qué hago? Me tienes amenazada. ― le recordó ella con pesar. ― Tengo miedo de lo que puedas ser capaz de hacer y más ahora que terminaste con Mei.
― Es para que entiendas lo que me provocas. ― la cizaña de sus palabras calaba sus huesos como frío invernal. ― Si empezamos esto, tenemos que saber terminarlo y aunque lo niegues, sabes que me deseas tanto como yo te deseo.
― Es algo instintivo. ― se excusó la castaña.
― Como quieras llamarlo. ― contestó el pelilargo. ― No te molestaré más, pero ten presente lo que te dije. Deja a Tsubasa y todos seremos felices.
― No lo haré. ― masculló entre dientes.
― Entonces prepárate, porque le ganaré la partida a tu novio y me quedaré contigo. ― cortó sin despedirse y tembló como hoja en el aire.
― ¿Qué pasó? ― Tenten ni siquiera pudo hablar, solo asintió y negó a las preguntas de sus amigas. ― Tranquila.
― ¿Qué hice? ¿Cómo llegué a esto? ― susurró al borde de las lagrimas. ― Tengo miedo.
― No te hará daño, estoy segura de eso, pero si te robará el corazón nuevamente. ― le advirtió la pelirosa. ― Creo que deberías considerar lo de Tsubasa.
― Jamás. Es mi única defensa.
― Si él dejó a Mei, es porque a ti te quiere. ― elucubró la rubia. ― Tenten, ahora más que nunca tienes el toro por las astas. Si sabes jugar bien tus cartas, ganarás.
― ¿Y que ganaré? ¿Estar con él?
― Yo creo que ganarás la paz mental que perdiste cuando se acostaron por primera vez. ― sugirió la pelirosa. ― Venga, nada más de hombres.
― Solo quiero estar en paz. ― susurró la castaña, cayendo sobre el sofá.
― Y lo estarás. Sin darte cuenta, todo estará a tu favor y vamos a celebrar como corresponde. ― Se abrazaron entre las tres y sacando unos vasos de vino, que Ino llenó, bebieron un gran sorbo. ― Por nosotras, por Sakura y por habernos encontrado.
― Gracias, locas. ― dijo Tenten, acurrucándose a un lado de la rubia.
― Las quiero, tontuelas.
Volvieron a reír y disfrutar, pero tanto Tenten como Sakura, tenían sus propios dilemas mentales, que llevarían largos debates, sin embargo, saldrían victoriosas, al menos eso querían pensar.
Sakura miró a sus amigas y sonrió. Agradeció al cielo por haberlas encontrado y pidió no perderlas nunca.
Las estrellas brillaron fuera de la ventana. Era una noche donde muchos deseos se cumplían y nuevas historias se escribían. Solo les quedaba esperar.
20.
Sakura se apoyó sobre su costado derecho y aspiró aire fuertemente para volver a dormirse. Por inercia, palpó el celular que estaba bajo la almohada y así ver la hora que era.
― 6:20 ― murmuró despacio, odiando haberse despertado. ― No podré dormir más. ― se volteó hacia el otro lado, tocando el cuerpo de Ino y se apegó a él confundiéndolo con el de otro personaje que no estaba cerca suyo. ― Sasuke. ― suspiró para volver a quedarse dormida, pero pasado 15 minutos y luego de haberse acomodado en distintas posiciones, se dio cuenta que el sueño no llegaría a ella. Solo había alcanzado a dormir 2 horas y no quería ni imaginar la cara de mapache que debía traer.
― Prepárate una leche. ― le sugirió Ino, cansada de sentirla removerse a su espalda. ― Así dormirás.
― Ok. ― con tono cansado y caminando del mismo modo, se fue a la cocina para prepararse el dichoso brebaje que la haría dormir. ― Mi celular.
Volvió a la habitación en busca del aparato olvidado y sonrió como colegiala cuando vio los mensajes de Sasuke.
¿Cómo lo estás pasando? 23:40
Supongo que bien porque no contestas 00:21
¿No podrías al menos ver mis mensajes? 00:58
Sakura rio con ese, imaginándose lo frustrado que debía estar.
Debe estar muy buena la conversación 01:32
Parezco imbécil enviándote mensajes 02:01
Mira, acabo de golpearlo 02:19
Sakura abrió los ojos consternada al ver a Naruto sobre el cemento y con los brazos abiertos, completamente derrotado.
Mezcló varios licores y después de vomitar el baño, se acostó ahí y no lo pienso levantar 02:45
La pelirosa adoró que su guapo novio le contará cual era la razón por la cual el rubio estaba ahí. No quería pensar que hubiesen peleado y si ese fuese el caso, dudaba que el moreno tuviese la desfachatez de mandarle una foto de Naruto abatido.
Sakura! 03:22
No me gusta que no me contestes 03:56
No es un reclamo, solo quiero saber cómo estás 04:09
Me iré a dormir. Cualquier cosa háblame. Te contestaré en cuanto lo vea 05:07
¿De verdad no me echas ni un poco de menos? 05:36
La chica con ternura leyó ese último mensaje y coincidía con la última conexión del moreno. Se lo imaginó en su cama, mirando tevé y sin tener nada que hacer aparte de extrañarla. Ella también lo había hecho, pero sus amigas le habían quitado el celular y recién por la madrugada lo recuperó, aunque no lo revisó.
Sasukeeeeeee, claro que te extraño como loca, pero me dijiste y dijimos que nos daríamos espacio. Igual no quiero ni necesito tanto espacio. Te quiero acá conmigo… o allá. 06:26
Le dio enviar y volvió a la tarea de prepararse una rica y cálida leche. Cuando la estaba revolviendo y esperando el agua, el sonido de un nuevo whatsapp entrante la alertó.
¿Te paso a buscar? 06:27
Corto y conciso. Sakura sonrió al saber que él estaba pegado al celular solo para saber de ella.
Bueno. Te espero.
Siguió preparándose la leche y se sentó en un taburete a beberla.
Sus piernas desnudas colgaron a un costado y la remera con la cara de Sasuke caía con descuido por su hombro, haciéndola parecer una niña pequeña. Qué decir del cabello, todo desordenado, pero no le importó. Sasuke la había visto en momentos bochornosos y se limitaba a darle un beso para luego abrazarla y decirle que le gustaba como fuera.
Volvió a sonreír pensando en él. Sasuke nunca lo había dicho, pero la pelirosa sentía que él la quería y mucho. Hacía cosas que nunca había hecho por nadie y el mismo Itachi se lo había comentado en más de una ocasión. El moreno bebía de sus suspiros, como decía Shizune a modo de broma y ganándose más de una mirada furibunda del Uchiha menor.
Ya llevaban más de 3 meses juntos y habían enfrentado diferentes problemas. Sin embargo, se habían afianzado como pareja, sosteniéndose mutuamente y siendo un gran complemento el uno con el otro. Sakura no recordaba su vida anterior, porque todo había comenzado a cobrar sentido en cuanto lo conoció. Sus sentimientos eran fuertes, como lava hirviendo luego de erupcionar y sentía que cada vez iba a ir creciendo más.
No era solo su primer amor. Era su único amor.
El sonido de la puerta la alertó, aunque no fue necesario que se parara a abrir, porque Sasuke entró con la llave que se había apoderado y prometió nunca devolvérsela.
Sakura lo notó mirándola fijamente luego de escanear el lugar sin encontrarla de inmediato.
Una media sonrisa asomó en el rostro del moreno, que se puso las manos en las caderas y la miró desde ahí con su pose altanera y orgullosa.
― ¿Te gusta hacerte la interesante? ― le preguntó después de varios segundos sin hablar.
Sakura alzó una ceja y levantó su taza como si tuviese todo el tiempo del mundo.
― Me quitaron el celular. ― respondió escuetamente.
La escuela de Sasuke le había enseñado que nunca debía hablar más de lo necesario y eso estaba haciendo.
― ¿Y te lo devolvieron recién? ― aplicó el concepto que recién había pensado y asintió. Si le decía que el celular lo había dejado olvidado por ahí, se enojaría un montón. ― ¿Vas a venirte conmigo?
― Ni siquiera me has saludado, ― moduló muy bien la última frase y se dio por pagada cuando la expresión de Sasuke se volvió algo más agradable. ― Ven.
― Ven tú. ― le dijo el moreno, sin moverse ni un ápice.
― ¿Y qué gano? ― Sasuke se alzó de hombros.
― Tendrás que venir a averiguarlo. ― Sakura se bajó del taburete luego de escucharlo, pero no caminó a su encuentro, sino que más bien se paró al lado del asiento, cruzándose de brazos. ― ¿Y tus pantalones?
― Supongo que se perdieron en el triángulo de las bermudas mientras celebraba mi cumpleaños. ― Sasuke frunció el ceño. ― Pero ando con ropa interior. ― comentó, levantando su remera y mostrando las bonitas pantaletas que se apegaba perfectamente a su cuerpo.
― Sakura. ― incapaz de seguir el juego, se acercó a ella y la tomó por la cintura, volteándola para mirar su lindo trasero en todo su apogeo. ― Mi próxima compra serán solo pantaletas de muchos colores.
― No te sabes mi talla. ― Sasuke lanzó una pedorreta. Como si en verdad necesitara saberse su talla. Después de tocarla tanto y tenerla tantas veces, podía saber con exactitud hasta el tamaño de sus pechos o el tipo de sangre. ― ¿Te gustan?
― Más que gustar, me estoy imaginando sacándotelas y es un deseo bastante profundo. ― Sakura rio. ― ¿Te vienes conmigo? ― Sakura asintió, yendo en busca de sus cosas y poniéndose una ropa más normal. Sasuke la esperó pacientemente en la entrada, mirando su celular a ratos, preocupándose de que Naruto ya no estuviera cuando se fuese a casa y contando los minutos para que terminara de arreglarse.
Ya lista, salieron, dejando una nota donde les pedía disculpa a sus amigas, pero tenía que tratar un tema urgente con Sasuke, de índole vital.
Sasuke rió con la nota, pero se lo aceptó, porque sabía que sus amigas entenderían el juego que había detrás.
Ya instalados en el departamento de Sasuke, con un Naruto que luego de revivir se había largado y después de haber comido los restos de la torta que quedaban, ambos se encontraban acostados sobre el sofá viendo televisión y conversando cosas superfluas.
― ¿Usarás un terno normal o elegirás uno de color? ― le preguntó Sakura, queriendo saber que tenida tendría el moreno para la cena de compromiso
― Me gusta el negro. ― contestó Sasuke, cambiando de canal y acariciando con su mano libre la cintura de Sakura, que se encontraba recostada sobre su pecho, acostada a lo largo del sofá igual que él. ― ¿Tú?
― Creo que iré de algún color que combine con mis ojos. ― Sasuke le levantó la cabeza para mirarla bien. ― ¿Cuál te gusta?
― Cualquiera. Te verás bien, ya lo has demostrado. ― Sakura sonrió como idiota y siguió pensando en qué tono le venía mejor.
― Usaré el rojo. Es como fuego, pasión. Con mi espalda al descubierto. ― Sasuke se la imaginó y una serie de imágenes eróticas, que siempre recorrían su cabeza cuando menos lo necesitaba, se pasearon frente a él. ― ¿Te gusta?
― Como te dije: te verás bien con cualquier color. ― contestó nuevamente, mirando otra vez el televisor. ― Mira, hablan de Naruto y Hinata.
― Oh, que se ven lindos. ― exclamó Sakura, agarrándose las mejillas. ― Me alegro de que el señor Hiashi haya cedido en su relación.
― Le gano por cansancio. ― molestó Sasuke, mirando como su amigo se deshacía en abrazos y besos para su novia, que viajaba a una competencia en Estados Unidos y por lo mismo no había podido estar en el cumpleaños de Sakura. ― Ahí también estás tú.
― Me veo muy gorda. ― reclamó, estirando la boca. ― Es verdad que la tele aumenta el peso de las personas.
― Yo solo veo tu bonito trasero, al igual que lo debe estar haciendo muchos hombres alrededor del mundo. ― eso fue una especie de reproche que no pasó inadvertida para Sakura.
― Pero estoy contigo, ¿no? Ellos pueden soñar, tú lo puedes tocar. ― y claro que lo hacía. Sasuke no perdía oportunidad para posar sus manos en su trasero. Podía estar preparándose algo para comer y ahí aparecía él tras ella, tocándola con confianza, o leyendo el guión boca abajo en la cama, para prontamente sentir a Sasuke hundiendo el colchón a su lado y entreteniéndose jugando como si se tratase de un tambor. ― A veces creo que te gusta más mi trasero que yo.
― Puede que sí. ― se burló el moreno. ― Me gusta tu cabeza que tiene solo ideas locas o artísticas, como también esa forma de ser tan perseverante. Me agrada que intentes comerte toda la comida aunque no te guste o como te quedas mirándome en la noche cuando crees que estoy dormido. ― Sakura se sonrojó furiosamente al sentirse descubierta. ― Creo que sí, me encanta tu trasero, pero también me gusta lo que hay dentro de ti.
― ¿Mis órganos y vísceras? ― bromeó la chica.
― Sentimientos y personalidad. ― contestó seriamente él. ― Ven, Sakura. Creo que es hora de que demos un nuevo paso.
― ¿De qué hablas? ― le preguntó ceñuda, levantándose junto con él de su cómoda posición.
― Creo que estoy preparado y tú también estás lista. ― Sasuke se sacó el chaleco y luego continuó con su camisa. ― Quiero estar contigo y en todo el sentido de la palabra.
― ¿Vamos a… hacerlo? ― Sasuke asintió. ― Oh, por Dios. ― gimió exaltada. ― Esto es real. ¿Y porque este cambio? ― quiso saber la chica.
― Porque estamos juntos y formalmente tenemos una relación. Porque quiero y tú también, pero por sobre todo, porque siento que es el momento. Dejaré de negarme a algo que necesito casi tanto como respirar, buscando excusas para no sentirme mal por profanarte, pero pienso en lo que hemos vivido juntos y nos respetamos, así que ¿Por qué no? No pensaré más en justificaciones siendo que quiero estar contigo. ― aceptó completamente, tomándole la mano para avanzar. ― Así que prepárate, porque hoy te convertirás en mujer.
― Tu mujer. ― añadió la chica, para darle un beso y caminar de espaldas a la habitación.
Ese día marcaría un antes un después, porque ya no había vuelta atrás para ninguno de los dos y aunque lo quisieran, no lograrían separarse, porque el recuerdo sería único e inigualable. Ese día, como ningún otro, sus corazones se convertían en uno, al igual que sus cuerpos y ya nada ni nadie lograría separarlos.
Aclaraciones
Las escenas de Chiyo y Hayato son sobre la historia real y no van relacionadas con lo que pasa en el set. Por ejemplo, en la octava escena, antes de grabar, se habla de que Suigetsu no está presente, pero en la escena sí aparece su personaje y eso es porque es lo que verdaderamente pasó, no lo que sale en la película.
