DerechoS: No son mios.
Acoso
Dos días ignorándola ya eran más que suficientes para Emma. Era sábado noche y estaba casi todo el pueblo reunido en la casa de los Charming celebrando la noche de Halloween. Bueno, quizás no todo el pueblo, pero a juicio de Emma, había bastante gente allí.
Había intentado ver y hablar con la alcaldesa en más de una ocasión, pero Regina siempre ponía alguna excusa para desaparecer, pero hoy no tendría posibilidades de hacerlo. Emma no lo permitiría, aprovecharía un momento en el que le fuera imposible escapar y ese fue la cena.
La morena iba disfrazada de profesora zombi, con gafas de pasta y vestido demasiado corto, cuyo escote era infinito. Parece que había sido idea de Henry pero Emma perdía la maldita concentración cuando la miraba.
Emma en cambio, llevaba un poco elaborado traje de Indiana Jones, era lo más fácil y podría ir vestida de pantalón, como a ella le gustaba.
Se había asegurado su asiento junto a Regina durante la cena, cosa que a ésta no pareció gustarle demasiado.
Cenaron ambas en silencio, escuchando las anécdotas que contaban los demás y simulando que se ignoraban. Pero, durante el postre, la mano de Emma se acercó a la espalda de Regina descubierta. Con cierta timidez, un dedo se paseó delineando la columna vertebral de la morena, provocando que se le pusiera la piel de gallina. Regina tomó aire y lo soltó cuando la caricia se detuvo. Emma se acercó a ella, tensa pero divertida.
-¿Te incomodo?.- Le susurró muy cerca de su oído. Como respuesta solo recibió una mirada intimidatoria de la morena.
Desafiando a Regina, Emma continuó con su mano, a escondidas, acariciando su espalda y Regina no podía evitar tomar aire cada vez que sus dedos se desviaban demasiado hacia abajo. Emma la estaba torturando, seguía con su juego que era más bien un acoso insoportable para Regina, que debía aguantar las ganas de estamparla contra la pared y besarla delante de todos sin importar más que la boca de Emma cuyos labios estaban curvados con una sonrisa de satisfacción muda.
-Si continuas, te corto la mano.- Murmuró amenazante en el oído de Emma.
La rubia sabía que aquella era una amenaza vana y sonrió para sí misma con tanta seguridad que Regina, que la observaba de reojo, aparto molesta la mano de la rubia con un disimulado gesto, que sin embargo llamó la atención de Snow.
-¿Ocurre algo, Regina?.- La pregunta de Snow la tomó desprevenida y se sonrojó sin querer, ante la carcajada que Emma intentó disimular bajo una tos.-¿La comida no ha sido de tu agrado?.- Snow la miró preocupada.
-Sí, está todo muy bueno. Disculpadme.- Se levantó con una sonrisa obligada.-Necesito ir al baño un momento.- La morena desapareció por el pasillo.
-Pues yo creo que algo le ha sentado mal.- Musito Snow ignorante de todo lo que estaba ocurriendo. Así que no se extrañó cuando Emma se ofreció para ir a ver si se encontraba bien.
Regina se miró al espejo durante un minuto antes de ver el reflejo de Emma en él. La tensión entre ambas era evidente, sus ojos se descubrieron anhelantes. Emma la observó como si bebiera de cada poro de su piel. Su traje rojo era demasiado corto… y el escote que había elegido Regina, llegaba hasta su ombligo, cosa que tenía a Emma enferma de deseo. Se detuvo en mirar sus hombros y su espalda descubierta, y salivó deseando morderlos.
-Emma…
Regina gimió asustada, pensando en cómo podría detener a la rubia si intentaba sobrepasar los límites de la amistad. Sabía que Emma la deseaba, estaba claro a juzgar por sus caricias en la mesa y la mirada lasciva que le estaba dedicando en este momento, pero no podía perdonarla… se había sentido como una estúpida y le había mentido descaradamente aprovechándose de ella y de su confianza, además no podía ignorar el hecho de que todo era producto de la poción, a pesar de que la rubia pensaba que no estaba hechizada.
Pero Emma tenía esa mirada perdida, lujuriosa y seductora, y Regina sabía que algo iba a pasar, así que antes de que fuera demasiado tarde se dispuso a marcharse. Ni siquiera le dio tiempo a volverse cuando Emma la acorralo con su cuerpo contra el lavabo. Regina contuvo la respiración, tremendamente excitada al sentir a Emma, dominante como se mostraba y tan segura, contra su espalda. La obligó con un leve mordisco en su nuca a tenderse sobre la plataforma del lavabo. Las manos de Emma apretaron sus muslos y subieron frenéticas, levantando el traje de Regina, hasta llegar a su culo, que Emma apretó descaradamente. Regina no pudo evitar gemir, a pesar de que le daba rabia que Emma la doblegara con tanta facilidad e intentó huir, pero la sheriff la tomó del pelo y la miró con lujuria dominante a través del gran espejo. Quería domar a Regina, la sola idea la hacía enloquecer y su entrepierna se humedecía alarmantemente. Mordió su nuca una y otra vez, deseando verla encogerse de deseo antes sus caricias. Regina tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta por la excitación. Cuando la lengua de Emma se enredaba en su nuca, era como si todas sus terminaciones nerviosas fueran a parar a ese punto. Gimió, ya había perdido la cuenta de las veces que lo había hecho.
Sus gemidos eran música para Emma, quien sentía su entrepierna latir con cada uno de ellos. Imaginar que Regina le hablaba mientras follaban la excitaba más que ninguna otra cosa que pudiera imaginar, ya lo había hecho antes, pero había sido su lado malvado. Se preguntaba la sheriff si ahora que ambas partes volvían a estar en el mismo cuerpo, Regina tendría esa capacidad, si sería capaz de hablarle sucio. Pero la joven Reina era refinada, había tenido una educación estricta… y hasta ahora siempre había sido silenciosa. No se rebajaría a vulgaridades. No obstante, Emma estaba obsesionada con la idea de oírla decir algo.
Sin más preámbulos, una de sus manos apretó el pecho de la morena, y con una inusitada pericia que Regina no se creía, lo liberó totalmente… probablemente había roto con ello su sujetador, pero después de sentir los dedos de Emma en su entrepierna húmeda, Regina olvidó todo y se dedicó solo a sentir como la salvadora ejecutaban una danza lenta y tortuosa con su clítoris. Probablemente también era capaz de romper sus braguitas.
-¡Emma… deja de hacer… eso…!.- Regina expulso aire, y se sonrojó cuando sintió que sus piernas temblaban. Era una extraña sensación esa, la de sentir que todo tu cuerpo temblaba sin control, pero también le hacía sentir frágil. En aquella postura solo podía ser una sumisa y no era justo que ella fuera la sometida después de que había sido Emma la causante de todo.
Se dio la vuelta, con una fuerza inusitada que sorprendió a Emma, que hizo un mohín como cuando a un niño pequeño le quitan su dulce favorito.
-Tú mereces que yo te someta.- Dijo Regina con un gesto desafiante, que no duró mucho cuando sus ojos se desviaron al escote de la rubia. Se había desabrochado por completo la camisa, pero aun la llevaba puesta sobre los hombros. Dejaba al descubierto un amplio escote y su sujetador color negro liso, y sus abdominales que Regina no pudo evitar acariciar distraída y Emma no pudo evitar gemir mientras lo hacía.
Emma, más relajada, también se atrevió a acariciar sus piernas y la parte interna de los muslos, mientras no le quitaba ojo a Regina. Su mirada era intensa y Regina sentía lava entre sus piernas cada vez que la miraba de aquella forma.
De igual manera, y aunque efectivamente Regina era silenciosa, su mirada gritaba muchas cosas: Emma entendía palabras como "Me encantas, me pones a mil, no puedo soportarlo y sobre todo… no pares".
-Deja… de mirarme… así.- Regina murmuró a duras penas, faltándole el aire por la excitación. Emma sonrió con picardía y Regina hizo un gesto de hastío llevando una mano a su cara para taparle los ojos, pero Emma aprovechó su gesto para tomar su mano y llevarse el dedo índice de la morena a la boca. Lo besó primero pero luego se lo metió en la boca sin dejar de mirar a la alcaldesa con aquella mirada que la volvía pervertida y fuera de control. Su lengua lamió el dedo de la alcaldesa y Regina pensó que si continuaba así, iba a correrse en poco tiempo. Las paredes de su sexo se encogían con cada lamida. Sus bragas estaban muy húmedas y cada roce de sus muslos era un tortuoso placer que deseaba ser liberado.
De repente, unos golpes en la puerta, las hizo separarse como dos imanes y con las respiraciones agitadas por la excitación.
-Chicas, ¿va todo bien?.- Snow preguntó preocupada.-¿Puedo pasar?
- Está todo bien, yo ya salgo.- Emma la sujeto por la muñeca y le dedicó una mirada silenciosa que le rogaba que no se fuera. Pero al mirarla a los ojos, Regina se liberó molesta y abrió sin ni siquiera responderle. Snow se echó atrás para dejarla salir con media sonrisa aun preocupada.
-¿Seguro que estás bien?. Pareces indispuesta.- Dijo al ver los colores en su mejilla y la turbación que aparentaba.
- Sí, solo estoy un poco agitada con tanta gente.- Y Regina agitó la mano en el aire restándole importancia.
Emma salió tras ella, y las tres fueron juntas hacia el salón.
-Emma hija, a ver si aprendemos a pintarnos los labios. – Le murmuro algo indignada viendo la mancha de carmín, justo debajo de su labio inferior. Snow le ayudó a quitarse la mancha con un pañuelo, pero algo la hizo detenerse con el ceño fruncido mientras lo hacía.
Continuará
