¡Buenas a todos!

Miles de disculpas por no haver colgado antes algo, un aviso o algo, pero es que justo acabé los exámenes y me puse a trabajar todo el julio, así que poco tiempo me queda para escribir y de inspiración propia. De verdad, miles de disculpas a todos vosotros, aunque espero que no os defraude.

Ahora respuestas a reviews, siempre miles de gracias:

Lena Hale Black: El baile parece que le ha gustado a mucha gente, es algo que quería remarcar. Sobre Luna poco sabremos, aunque ya se verá.

Holly90: Para el baile de Navidad tendrás que esperar un poco más a que termine el siguiente capi, que solo tiene 4 linias. A ver como lo hago, y si, la cosa va a ir a mayores, ya no son unas simples pintadas ni una fuga.

amtorop: Primero de todo, me alegro mucho que el fic se lea a miles de distancia de donde se escribe. Gracias. Otro punto es esa familiaridad, cuyo motivo saldrá en próximos capítulos. Y si, a mi tambien me encanta esa canción de Miley.

Negumi Uchiha: Las canciones son parte del fic, algunas concuerdan con el momento o la ocasión, aunque ya se verá todo esto. No te puedo adelantar pistas de lo que se cuece, pero si que será gordo.

La verdad, espero no decepcionaros con el capi, y si, dejaros con ganas para el siguiente. Recordad que cuando acabeis de leer, solo hay que darle al botón de Review para dejar un comentario, que siempre se agradece. Ya son 54 y espero que siga subiendo.

No os menciono para cuando tendré el siguiente listo, pero espero que sea antes de Setiembre, aunque no aseguro nada.

Y recordad que este fic es ÚNICO de su autora y está PROHIBIDO plagiarlo, copiarlo o cualquier otra cosa.

Para entender el fic:

* ... * son flashbacks

- ... - son conversaciones

Las cursivas son contraseñas, conjuros mágicos o canciones en versión original.

Los personajes no son mios, son de JKRowling, una gran escritora.


Capítulo 14. Excursión movida.

Faltaban dos días para Nochebuena y el ambiente en el castillo era de bajón total. Los estudiantes estaban bastante asustados por el suceso ocurrido y las conversaciones en los pasillos no eran de otro tema, exceptuando claro, el santísimo baile que se avecinaba cada vez con más fuerza. No faltaban las típicas niñitas de papá presumiendo sobre que vestidos se iban a poner o con quién iban a ir. Dentro de estas incluyo a mis antiguas compañeras de habitación, Lavender y Parvati, que parecían que no habían madurado nada en ocho años.

Estábamos a martes y los de sexto y séptimo se nos había permitido una salida extraoficial a Hogsmade para ultimar las compras de Navidad. A mí me iba muy bien, ya que aún no había comprado ningún regalo para mis amigos y no tenía túnica de gala para la cena, así que después de desayunar me puse en la cola de alumnos que esperaban el chequeo por parte de Filch para ir al pueblo. Al minuto se unieron Harry, Ron y Ginny y juntos enfilamos el camino hacia Hogsmade. Los chicos hablaban de Quidditch, del último partido que había jugando contra Hufflepuff y que habían ganado sobradamente gracias a una soberbia actuación del ojiverde, mientras que nosotras caminábamos calladas detrás de ellos, aunque la pelirroja hacía gestos evidentes de querer hablar sobre algo.

- Ginny, expulsa ya, que me estás poniendo de los nervios.

- Verás Hermione – dijo mirando hacia el suelo y juntando los dedos con nerviosismo – te quería preguntar cómo van… ¿Cómo van las cosas con Malfoy? – dijo elevando el tono de voz dos octavas.

- ¿Malfoy? – preguntó Harry girándose de pleno y encarándonos a ambas.

- Nada Harry, estábamos hablando sobre su capitanía y – y el buscador volvió a entablar conversación con el guardián.

¿Quieres ser un poco más discreta, Ginevra Molly Weasley? – le murmuré.

Ai, lo siento. Pero no esquives mi pregunta.

- La verdad, Ginny, es que esto no va a ningún lado. Él me ignora y solo me lanza miradas, no nos cruzamos palabras dejando de lado los "buenos días" y ya está. En clases no hablamos y sinceramente, creo que tendría que dejarlo pasar.

- No Hermione, no te puedes rendir – quién me iba a decir que escucharía estas palabras de una traidora a la sangre y enemiga de los Malfoys – se que él siente algo por ti, y esto lo vamos a sacar a la luz. Y lo primero que vas a hacer es ir a comprarte un vestido.

Cómo si todo se pudiera arreglar con una buena vestimenta, pensaba mi gran amiga. Llegamos al pueblo y nos dispersamos, yendo ambas a una tienda de túnicas carísima que conocía la cazadora. Al entrar la dependienta nos asesoró, primero a mi amiga, que encontró un vestido negro largo precioso y unos zapatos a juego. Pero conmigo fue algo más difícil, no todo me combinaba ya que mi color de pelo y mis ojos no quedaban bien con todos los colores y modelos que se hallaban allí. Estuvimos más de una hora allí metidas, aburrida en el probador después de haberme probado unos cincuenta trajes pero no había manera. De golpe y porrazo Ginny soltó un chillido.

- Ahora vuelvo.

Y si volvió, pero acompañada, ya que oía pasos al otro lado de la cortina. De repente una voz grave habló con la dependienta.

- Deme ese vestido, haga el favor.

- Lo siento, señor Malfoy, pero este vestido está reservado.

Lo siguiente que escuché fue un ruido muy fuerte y unos pasos lentos hacia mi cambiador. Me giré instantáneamente y me miré al espejo. Estaba con el vestido anterior aún puesto y no me atrevía a quitármelo. Lo siguiente que sentí fue el sonido al correr la cortina que me ocultaba y una mirada fija en mi nuca. Cerré los ojos instantáneamente y respiré hondo, intentando aparentar calma.

- Granger, sabes que estoy aquí así que abre los ojos – me susurró una voz ronca y seductora.

Yo no respondí, no sé que me pasaba pero me quedaba muda cada vez que oía ese tono de voz tan suave. Él me empezó a desabrochar la cremallera del vestido anterior y el vestido cayó hasta el suelo. Con un salto me liberé de él y abrí los ojos. No me podía creer lo que veía en ese espejo. Esa mirada grisácea que se clavaba en mis ojos tan profundamente que creía que iba a llegar hasta el fondo de ellos. Con un simple movimiento levanté los brazos y dejé que la siguiente prenda cayera sobre mí, cerrando de nuevo mi visión y dejando que con sus suaves manos me volviera a subir la cremallera.

- Abre los ojos, querida, y verás la maravilla – y lo hice, siguiendo sus susurros como órdenes para mí.

Al fijar mi vista hacia el frente no podía creer lo que veía. Un vestido rojo de palabra de honor con vuelo desde la cintura de tiras en la espalda se ceñía sobre mí, adaptándose a cada parte de mi cuerpo. Mi cara parecía una sorpresa, ya que después de todo el esfuerzo había valido la pena. Mi compañero que se hallaba justo detrás sonrió con esa sonrisa de astucia que él tenía y llamó a mi amiga, que enseguida asomó la cabeza y me empezó a elogiar por tal decisión, cosa que tuvo que corregirle el rubio. Ginny volvió hacia el mostrador mientras el platino me buscaba unos zapatos y con mucho cuidado me los ponía en los pies. No cabía en asombro ante tal belleza que se hallaba en el reflejo del espejo. ¿De verdad esa era yo?

- Si, esa eres tú, la comelibros Hermione Granger – me volvió a susurrar a mi oído derecho el platino, dejándome tiesa y con el vestido casi ahogándome – Respira, Granger.

Poco a poco, y con su ayuda nuevamente me saqué le vestido y los tacones de infarto y me volvía vestir, ya sin él en el cambiador. El muy listo me había visto en ropa interior y no había hecho ninguna objeción, es más, me había parecido detectar una mirada un tanto extraña cuando me cambiaba. Salí y me fui hacia el mostrador pero la dependienta me dio el vestido.

- ¿Y la cuenta?

- Dele las gracias al señor Malfoy porque ha pagado su túnica enterita, junto con los zapatos.

- ¿Qué ha hecho qué?

- Descuide, ya nos vamos – dijo Ginny, cogiéndome de la muñeca y arrastrándome hacia el exterior de la tienda.

- ¡Ese cretino me ha pagado el vestido, Ginevra!

- Si, Hermione, pero también le has de estar agradecida porque él ha encontrado el modelo perfecto.

- Maldita la buena ida tuya de traerlo a la tienda, ahora seguro me pedirá algo a cambio.

- Aprovéchate Hermione, además, ¿eso no era lo que querías? – me sonrió.

Ahí me quedé sin palabras con que contestarle a la de ojos castaños. Sí, en el fondo deseaba encontrar una túnica de gala decente para impresionar al buscador de las serpientes, pero lo que tenía claro que no quería era deberle favores a la gente, y menos a él. Seguro que se aprovecharía de mí en cualquier momento.

Con estos pensamientos acabamos en las Tres Escobas tomando unas cervezas de mantequilla con los dos desaparecidos que iban cargados de bolsas hasta arriba. Después de esto me fui sola a comprar los regalos de Navidad tan esperados por todos. Primero fui a Zonko, donde compré un chivatoscopio de última generación para Harry, ya que me supo fatal que el que le había regalado para su cumpleaños hubiera quedado destruido. A Ron le compré un juego de colonia y masaje, creo que no le iría nada mal y hasta Lavander me lo agradecería. Lo difícil realmente era encontrar un regalo para Ginny, ahí era cuando necesitaba a Luna, y lamentablemente no la tenía a mi lado. Fui deambulando por toda la calle principal en busca de algo para ella, pero no tenía nada de inspiración y no se me ocurría ninguna idea. Espera, ahora se me estaba ocurriendo una muy buena. Aceleré mis pasos hacia un escaparate en concreto y encontré lo que buscaba: un minipensadero portátil. Entré al lugar y lo compré, segura de lo que podía hacer con él.

Finalmente acabé en una de las calles secundarias yendo tan cargada como mis amigos de bolsas, regalos para ellos, para amigos de la Orden, y me parece que me dejaba a alguien. Draco, me dijo mi mente. ¿De verdad le tenía que comprar un regalo a él? Vale que se estuviera portando pasablemente conmigo, ¿pero era tanto como regalarle algo por Navidad? No, va no le regales nada, total no te lo agradecerá, me decía mi mente. Pero claro, en parte si quería seguir con mi plan de conquista, ¿qué mejor que hacerle un obsequio para estas fechas tan señaladas? Definitivamente estaba loca, Hermione Granger estaba totalmente loca por seguir con esto. Dejémoslo y volvamos al colegio.

Y si, volví a Hogwarts sola, sin esperar a mis amigos y sin regalo para el platino. Llegué a la sala común, dije el santo y seña y entré sin mirar si estaba ocupada o no. Abrí la puerta de mi habitación y dejé caer todas las bolsas encima de la cama, mientras me iba al baño y desechaba mi maquillaje y peinado que llevaba. En mi dormitorio nuevamente, me dispuse a acabar lo que había empezado, cogiendo mi varita y murmurando unas palabras indescifrables hice que unos hilos finos azules salieran de mi cabeza y se depositaran en diversos tubos, que rotulé y cerré. Los puse en una caja junto al pensadero y lo envolví con papel que tenía en mi armario. Ya cansada me fui hacia la sala común, me senté en el piano y volví a tocar, pero no sabía realmente que tocar, así que empecé a componer algo sin sentido.

I can almost see it that dream I'm dreaming, but

There's a voice inside my head saying

You'll never reach it.

Every step I'm taking,

Every move I make feels lost with no direction,

My faith is shaking.

Y ¿cómo la continuo? Mi mente se había quedado en blanco de nuevo, como si me hubieran hecho un hechizo desmemorizante. Mi inspiración se había ido al carajo junto con mis ganas de tocar ese instrumento, así que me levanté del banquillo y me dispuse a salir de la sala, camino al Gran Comedor. Justo cuando toqué la puerta, esta se abrió revelando un rubio cargado de bolsas y que solo me dirigió una sonrisa burlona mientras entraba a toda flecha. Confusa salí de allí, a paso ligero y sin parar hacia el lugar donde seguro me iban a pedir explicaciones mis amigos.

Durante la cena volvió a salir el tema del baile y como lo habíamos organizado Malfoy y yo. No hubo modo ese día de sacar al rubio de conversación, siempre caía en alguna, y encima sentía esa mirada fría clavándose en mi espalda. No me atrevía a girarme aunque Parvati no paraba de mirar hacia el sector de las serpientes y me lanzaba miradas elocuentes durante toda la comida, dejando así que no probara ni el segundo plato ni lo que seguía. Harry me forzó a tomarme un poco de jugo pero mi estómago se había vuelto a cerrar, así que antes que todos los estudiantes se fueran, me levanté y me fui yo por mi propio pie hacia la biblioteca. Allí me puse a estudiar para el último examen que teníamos antes de las festividades, Transformaciones. Así me pase hasta las diez, cuando la bibliotecaria me echó sin miramientos de allí. Cogí los cuatro libros y me los llevé hacia mi habitación, a ver si podía acabar de repasar. Todo el día fuera me había pasado factura, definitivamente.

Sin que me diera cuenta, ya estábamos a 24 de diciembre y aún no había decidido que hacer, si pasar las fiestas en el castillo o irme a algún lugar recóndito de este mundo. Así de pensativa salí al patio, donde de repente una bola de nieve de derribó e hizo que mi cuerpo quedara estirado en el suelo, también blanco.

- Lo siento, no era mi intención tirarte una tan fuerte, Hermione – murmuró entre risas mi mejor amigo.

- ¿Ah no? ¡Ahora verás, Harry James Potter! – mi vena infantil salió a flote, cogiendo un montón de nieve y lanzándosela en plena cara – Ai pobre.

Valdría más no haber dicho nada, porque en dos segundos estaba inmersa en una batalla de bolas de nieve contra todo séptimo de la escuela, exceptuando las serpientes. Ai no, si estaba Theodore Nott y Blaise Zabinni con unas chicas también participando. Los peores eran Ron y Ginny, quienes parecían haber empezado una venganza personal contra los Ravenclaws que habían clausurado a Harry en un montón de nieve. Intenté ayudarlos haciendo uso de mi varita mágica para encantar unos copos pero al irla a coger, vi como una gran masa de agua helada se dirigía hacia mi sin tiempo para esquivarla.

- ¡Cúbranse quien pueda! – llegué a pronunciar antes que quedara sepultada por todo ese montón de nieve. Saqué mi cabeza y vi al instante quién había sido el causante.

Una cabellera rubia que se agitaba con el viento se estaba riendo a carcajada limpia mientras intentaba esquivar todos los copos que amenazaban por darle en su preciosa cara. Claro que tener como aliado a Theodore era de muy buena ayuda. Me enfurecí y les lancé más nieve a los dos, dando en el blanco. Ellos no tardaron en ir a por mí y así continuamos durante toda la mañana hasta que por fin la razón nos pudo y mandamos a todos los estudiantes al Gran Comedor. Detrás de todos íbamos los dos delegados, serios y con varitas en ristre pero yo interiormente me llevaba una sonrisa muy ancha. Hacía tiempo que no me lo había pasado tan bien con los compañeros y amigos de la escuela, y encima había bromeado con Slytherins.

Desechando estos pensamientos y recién comida me fui hacia mi dormitorio para arreglarme, ya que a las siete tenía que estar lista para vérmelas con mi compañero y archienemigo Draco Malfoy.


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Debes saber que quién nos quiere no nos abandona jamás.