Así que… esa sería lo noche…
Un trago amargo de su propia saliva invadió la garganta de Thranduil, mientras aún intentaba pensar algo que lo sacara de ese aprieto. Nada. En absoluto, nada. Era demasiado difícil hallar esa tan esperada salida cuando él mismo se había colocado en la trampa. Ahora estaba pagando monedas demasiado caras para poder zafar con tanta facilidad. El enano era su cónyuge, mal que le pese, y habían acordado que se acostaría con él cinco veces… Cinco malditas veces.
Echando un suspiro de cansancio, decidió que ya no seguiría huyendo de lo que no podría escapar. Ladeó su cara, rompiendo el contacto visual, lo cual le permitió a Thorin darse cuenta de que el elfo finalmente se rendiría a los términos accedidos. Ante esto, el heredero de Erebor sonrió ampliamente.
-Iba a darme un baño que mandé a preparar con esencias salinas, para relajar el cuerpo- Comenzó a hablar Thorin, al mismo tiempo que se adentraba más en el cuarto y llegaba hasta la cama. – Pero… creo que tú lo necesitas más que yo. Se te ve tenso-
Thranduil elevó nuevamente la vista, cayendo de lleno en los orbes azul profundo de su cónyuge, quien lo observaba seriamente. No sabía qué pretendía exactamente con eso… ¿Era uno de sus juegos? ¿Quería bufarse de él? No podía llegar a verlo, estaba demasiado serio.
-Estoy bien- Repuso el elfo, aunque sin moverse ni un centímetro. Realmente, estaba muy tenso.
-Tal vez no lo parezca, pero he estado con muchos hombres, mientras esperaba a que arribaras- Habló el enano.
Cuando oyó eso, los ojos atentos del príncipe élfico se entrecerraron, desconfiados. ¿Qué quería decir? ¿Por qué le contaba tal cosa? No estaba entendiendo nada… Pero no debía caer en su juego, de eso debía asegurarse. Ser cauteloso, esperar a ver los resultados.
-A lo que voy con todo esto es que… si no te relajas aunque sea un poco…- Se detuvo allí, analizando el efecto que hacía en el elfo con sus palabras. Era como un pequeño tablero donde ambos mantenían sus piezas lo más intactas que pudieran, atrayendo al otro lo más que se pudiera, para luego dar el golpe certero y letal. A Thorin le encantaba jugar ese movimiento, se divertía mucho observando al elfo sucumbir ante sus palabras… - … te dolerá-
-No me tomes por tonto, enano- Contrarrestó Thranduil, mirándolo con enojo. – Si piensas que seré el instrumento que te complacerá hasta en la más mínima orden, que te dará todos los gustos para tu regocijo, estás equivocado. No me verás obrar bajo tus comandos, ni doblegarme a tu disposición- Ante lo dicho por el elfo, Thorin no pudo hacer más que oírlo con detenimiento. Al parecer, le daría más trabajo del que parecía que iba a requerir… Interesante. – Sí, es verdad que he accedido a los términos. Y sí, quizás ahora te veas beneficiado con… este pérfido acto de consumación que tanto anhelas llevar a cabo. Pero no obtendrás de mí nada más allá de lo dispuesto. Así que deja de parlotear como si tuvieras algún poder psicológico hacia mí, porque no funcionará-
Una sonrisa fue su única respuesta. No entendía qué veía el enano de gracioso en lo que dijo, pero no le gustó nada.
Sin mencionar una sola palabra, Thorin llevó sus manos hasta sus hombros y comenzó a deshacerse de su abrigo, jalando de él, para verlo removido por completo con ese solo movimiento, y mientras hacía eso, no despegaba la vista del elfo. Acto seguido, sostuvo su cinturón, deteniéndose tortuosamente cuando lo desabrochó, esperando por la mirada retadora de Thranduil, quien le dio lo que quería cuando lo vio haciendo eso. Otra sonrisa aún más amplia se le dibujó en los labios, y su regocijo fue tanto que tuvo que morderse el labio inferior para no soltar una carcajada divertida.
Thranduil, mientras tanto, bajó la mirada, aclarando su garganta. Observó su mano, la cual permanecía posada sobre la esquina de una mesita decorativa que se hallaba cerca de él. Podía verlo… Aunque tenue, había un temblor en la punta de sus dedos… Por mucho que deseaba imponerse a los actos de Thorin, el hecho era que estaba algo asustado por lo que vendría. No tenía idea de qué sucedería, y el no saberlo lo ponía en una situación de riesgo, de fragilidad que no le gustaba nada. Sólo rogaba porque Thorin no lo notara.
Volvió a posar sus ojos sobre Thorin, sólo para descubrir que este ya estaba prácticamente desnudo, tenía puesto sólo los calzoncillos. Sus ojos abiertos por la sorpresa podían verlo detenidamente: los vellos rodeando la zona del vientre, la capa de ellos que se expandía sobre el pecho descubierto y varonil, así como también sobre sus brazos y piernas… Era demasiado… El elfo nunca había evidenciado algo semejante.
Levantó la visión, hasta llegar a los ojos del enano, quien elevó una ceja, observándolo, demandando algo de él. Al ver que el elfo aún no lo daba por hecho, Thorin levantó ambas manos, evidenciando su recurrente ansiedad.
-¿Y bien?- Dijo el enano, completamente serio.
-¿Qué?-
Al oír eso, el heredero de Erebor soltó una risita que fingía inocencia. Verdaderamente se divertiría esta noche, de eso no le cabían dudas…
-Dijiste hace un momento atrás que no querías que comenzara a jugar contigo, por lo que entendí… Entonces… No lo hago. Iremos directo al grano- Con cada palabra que despedían sus labios, el enano se ponía más y más serio, demandante e irreflexivo. – Así que desvístete-
-E-Eso haré- Titubeó el elfo. Se estaba empezando a poner nervioso… Debía calmarse, o realmente terminaría sucumbiendo a los retorcidos juegos de Thorin… - Dijiste que ibas a tomar un baño. Hazlo-
-Oh, sí… Claro, entiendo. Está bien, iré a darme un baño mientras tú remueves tu ropa y me esperas en la cama- Lo dijo con tanta seguridad que a Thranduil le sonó más a orden que a otra cosa. – Y… ya que te ofrezco algo de tiempo, ahórranos tiempo, y asegúrate de quitarte todo-
Tras finalizar su oración, se encaminó tal y como estaba hacia el baño, cerrando la puerta una vez dentro.
En el silencio de las velas encendidas, el elfo se sentía como en el limbo. La túnica dorada se había abierto lentamente, y ahora se deslizaba fuera de sus brazos, acariciando la piel no tocada por una última vez. Después de esa noche, quizás sería otro… ¿Qué perdería, además de su castidad? ¿Acaso se trataría de algo irrecuperable? No deseaba perder la cabeza, tenía que mantenerse tranquilo, pero a cada instante pensaba en las consecuencias de esos actos impúdicos sobre él… Y tenía miedo…
Colgó su túnica en el perchero que se mantenía en pie cerca de la cama. Luego, se sentó sobre el colchón y se quitó las botas. Se paró de nuevo, llevándose las manos nerviosas hasta la cintura. Sintió que se le quebraba una fuerza interna cuando se deshizo de los pantalones, y algo dentro suyo permitió que le aflorara una tremenda vergüenza. Cerró los ojos, pretendiendo que nada ocurría, y terminó de desvestirse.
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La puerta del baño finalmente volvió a abrirse, dejando paso a Thorin para que pudiera dirigirse a la cama. Cuando estuvo nuevamente en el cuarto, observó a su cónyuge recostado con la vista pegada al techo, pretendiendo que no lo veía en absoluto.
Se encaminó con pasos tortuosamente lentos hacia él, acostándose en el otro lado de la amplia cama. En verdad era exageradamente grande, pues aún con ambos dentro de ella, había más lugar sobrante.
Thorin llevaba puesto una bata de baño color azul marino que dejaba al descubierto su pecho, pues estaba a medio abrir. Estaba muy cerca del elfo, quien permanecía aún con la mirada al techo, cubierto con la sábana hasta la mitad del abdomen, dejando a la vista su descolorido pecho.
El enano se maravillaba con la vista: esa piel lechosa que bien él sabía, por su breve experiencia anterior, que poseía una suavidad similar a la de una flor virgen llena de pulcritud. Se le aproximó lo más que pudo, aún sin tocarlo; sólo deseaba admirarlo un poco más.
Una vez que sus ojos se llenaron de goce ante la estética del otro, comenzó a levantar la sábana blanca que no permitía ver la intimidad del elfo. Cuando éste último notó sus intenciones, se aferró a la tela, pero sin flaquear su resistencia de mirarlo.
-No vamos a necesitar las sábanas- Dijo Thorin, susurrándole casi al oído.
Inmediatamente después de decir eso, paseó su mano por sobre el brazo de su cónyuge, hasta que llegó al puño cerrado que mantenía cautivos los lienzos de la cama. Al sentir su toque, Thranduil parpadeó un par de veces, y fue abriendo sus palmas suavemente, hasta que la sábana corrió entre sus dedos por el jalón de Thorin y lo dejó completamente desnudo ante él.
Los ojos azul océano del enano permanecieron observando allí abajo por demasiado tiempo, tanto así que el príncipe élfico podía notar cómo la frustración y un tenue rubor en sus mejillas se hacían presentes. Estaba a punto de decir algo al respecto, pero fue sorprendido por Thorin, quien comenzó a besarle el cuello sin previo aviso.
Un beso tras otro, y las caricias ásperas que le daba la barba de su cónyuge eran los motivos por los cuales Thranduil se tensaba aún más. Si hubiese sido por él, se lo hubiera quitado de encima de inmediato, pero… Debía recordarse a cada momento que lo que estaba ocurriendo eran los acuerdos exactos que anteriormente había aceptado… "Por el bien del Bosque Negro, por los años de pacífica prosperidad", se repetía a cada instante, mientras apretaba los párpados.
Por su parte, Thorin comenzaba a desviar sus labios, viajando por la piel besada, saboreándola con exquisitez. Al mismo tiempo que se arrastraba sobre ese delgado, largo y elegante cuello, se iba, poco a poco, situando encima del elfo, lentamente, pues no pretendía sobresaltarlo.
Sin embargo, Thranduil venía anticipando ese paso, y sus hombros ya se habían puesto en guardia mucho antes de que Thorin lograra ubicarse totalmente. El enano ahora se hallaba arrodillado a los costados de su cuerpo, con los brazos extendidos, sosteniéndose, con las palmas puestas sobre la almohada; y continuaba viéndolo, de manera tan exasperante que el elfo prácticamente se vio obligado a devolverle la mirada.
Ahora se observaban el uno al otro, como si fuera la primera vez que lo hacían, indagando en los ojos del otro, esperando una respuesta, un descubrimiento genuino. Thorin soltó un suave suspiro, mientras comenzaba a inclinarse hacia los labios de su cónyuge. Thranduil intentaba no revelar su tan indeseado temor, por lo que le sostuvo la vista.
Ya estando a centímetros de la boca del elfo, y todavía penetrándolo con la mirada, abrió apenas los labios finos y le susurró:
-Me sorprendes, esposo mío- En el mismo momento en que dijo eso, bajó una de sus manos hacia la hombría de Thranduil, y tomándola de repente, prosiguió: - La tienes realmente larga-
