Disclaimer: Fanfic de "DeathNote" (continuación del manga) por Isabel M. AKA Ameban. Todos los personajes, contexto, argumento general y demás, son propiedad de Oba y Obata. Esta historia paralela es mía y sólo lo hago por el placer de hacerlo, sin ganar nada de dinero a cambio de ello. Agradecimientos especiales a ShellPresto y Ana Sandalwood por la información facilitada acerca de Nueva York para esta parte de la historia.

Este capítulo tiene una escena de contenido adulto, aunque no explícito.


=Capítulo-13=

"Remontada"

"En vez de eso, voy a contarte una historia del medio, una historia que se relaciona directamente conmigo."

-Mello.

Giovanni extrajo el vaso de plástico lleno de café negro imitación "cappuccino" de la máquina expendedora de café. Como italiano que era, el agua negra que los estadounidenses llaman "café" le parecía algo asqueroso, así que el capuchino de máquina (otra burda imitación de un capuchino de verdad) se le antojaba algo más auténtico. Lester, por el contrario, sí bebía de buen grado el café americano de máquina.

—Un día muy movido, la verdad— comentó Giovanni pretendiendo sonar casual. —Primero la disolución oficial de la SPK, luego todo el asunto de los micrófonos y de postre, Mello se nos mete a punta de pistola dentro del cuartel, reta a Near y nos dice que todo es culpa de unos seres de leyenda… Sólo espero que Hal esté bien.

Lester dio un sorbo a su vaso de plástico y dijo con tono categórico.

—Lidner está bien. Ella no ha sufrido ningún daño.

—Sí, y eso me tranquiliza… Pero, ¿Por qué está hablando Near a solas con ella? Si realmente es para interrogarla sobre lo que pasó con ese Mello, creo que nosotros dos también deberíamos estar presentes.

El maduro policía miró a su compañero más joven, que bebía el café sin mucho entusiasmo, sabedor que el italiano no estaba al tanto sobre las sospechas que tenía Near respecto a Lidner o incluso que ni siquiera pensara en tal posibilidad. Ahora lo más probable es que estuviese poniéndola a prueba.

—… Tal vez solo quiera extraer algún tipo de información especial. Ese chico es especial ya de por sí —comentó intentando suavizar las dudas de Giovanni.

El italiano puso una mueca de escepticismo, y luego respondió:

—El que tiene dudas soy yo. No me acabo de creer todo eso que ha dicho Mello sobre los Shinigami.

—Honestamente, yo tampoco— confesó Lester. — Me cuesta creer que todo lo que ha estado pasando hasta ahora ha sido por causa de unos seres de las mitologías orientales.

—¿Orientales?— exclamó Giovanni. —No tanto. En mi Italia natal, durante la Edad Media, se dibujaban códices de criaturas semejantes a esos Shinnigami.

—¿Ah, sí?

Giovanni asintió con expresión seria.

—Fue sobre todo durante las epidemias de Peste Negra de Europa —explicó. —Eran la personificación de la Muerte, las Parcas… Los dibujos de la época suelen poner a esas Parcas como esqueletos vestidos con túnicas y guadañas con las que segar la vida de los mortales.

—Ya veo… La representación de la Muerte de las culturas occidentales —asintió Lester. —Shinnigami sería lo mismo que las Parcas pero las culturas orientales… Es eso lo que quieres decir, ¿no?

El italoamericano simplemente asintió.

—…Pero no me gusta. Si eso fuera cierto, significaría que hemos estado luchando contra lo sobrenatural durante todo este tiempo. Y eso es algo que los hombres, o al menos nosotros, no podemos hacer… Es superior a todos nosotros.

—Supersticiones aparte, estoy de acuerdo contigo, Giovanni —confesó Lester terminando de beber su vaso de café. —No podemos luchar contra la personificación de la muerte.


Halle volvió a su apartamento de Nueva York una vez más, cansada por todo lo que había tenido que pasar en las últimas horas. Afortunadamente Near se lo había tomado sorprendentemente bien y le había concedido medio día de absuelto para poder descansar. Pese a que Near estaba acostumbrado a trabajar durante muchas horas seguidas, el chico albino era consciente de la necesidad biológica de tener un buen descanso, y ahora Halle lo necesitaba en más de un sentido.

No era solo eso, Halle también estaba furiosa por lo ocurrido. Near había acabado descubriendo "oficialmente" su vínculo con Mello y lo más probable es que ahora ella se viese en medio de un tira-y-afloja entre ambos, algo que prefería haber podido evitar; además, aunque ella había contestado a las preguntas de Near, no se encontraba cómoda por haber tenido que hacerlo, y más cuando ahora tenía la impresión que ni ella misma se podía creer sus palabras.

Cuando volvió a su apartamento, una vez más en ese mismo día, no llamó al interfono del portal para que le abrieran la entrada, sino que entró haciendo uso de su propia llave y luego cerró la puerta de metal de un cerrojazo, cansada y alterada como estaba. Finalmente entró de nuevo en su apartamento, esta vez sin preocuparse porque nadie estuviese esperándola escondido tras la puerta.

El problema fue cuando reparó que la luz del saloncito principal estaba encendida. Pensó que tal vez se la habría dejado así cuando Mello la condujo de vuelta al cuartel de la SPK a punta de pistola; tenía sentido que, con una marcha tan precipitada, no la hubiese apagado.

Se quitó el abrigo, lo colgó de un perchero de la pared y se dispuso a entrar en la salita para apagarla mientras se pasaba la mano por los ojos en gesto de cansancio.

Fue entonces cuando su sorpresa resultó ser mayúscula.

—¿¡!? —exclamó sin poder creérselo.

Así era. Mello estaba repantigando sobre uno de los sofás de la salita, allí quieto como si nada hubiera pasado. Su cazadora de cuero rojo con el símbolo de "biohazard" en los hombros estaba colgada sobre el respaldo de su asiento, y su pistola, la misma que había usado para amenazar a Halle horas antes, reposaba sobre la mesita de la sala. Mello tenía una actitud totalmente indolente allí sentado en el sofá del salón y con un libro abierto reposando sobre su regazo, y que indudablemente había estado leyendo mientras aguardaba a que Halle llegara a su apartamento.

Porque si no, ¿Qué estaba haciendo allí?

—Hola, Hall — la saludó el con un tono de voz que parecía estar cargado de impertinencia. —Estaba esperando a que volvieras.

La agente de la SPK apenas se podía creer lo que estaba pasando.

—Ya veo que Near no te retuvo más y te dejó volver a tu apartamento. — Añadió él en el mismo tono. —Me lo imaginaba.

Halle boqueó como un pez, incapaz de articular palabra, hasta que por fin pareció decidirse por algo y cruzó la sala con un par de amplias zancadas; sus botas resonaron peligrosamente sobre el suelo de baldosas, muda evidencia de su estado de ánimo. Sin embargo Mello ni se inmutó.

— ¿¡Qu… qué estás haciendo aquí!?— exigió saber. — ¿¡Por qué no te has ido ya!?

Mello la miró sosteniendo su mirada; los ojos color miel de Halle eran realmente bonitos pero ahora su mirada parecía querer atravesarle como una daga.

—No podía irme todavía —contestó él. — Así que me tomé la libertad de esperarte en tu apartamento a que volvieras. Imaginé que Near te daría el resto de la noche libre o algo así.

Halle no se podía creer lo que oía.

— ¿¡Pero se puede sabe qué estás haciendo!?— Bramó ella, — ¿¡Cómo te atreves a volver después de lo que has hecho!?

Llegados a este punto, él se incorporó y se situó a su misma altura. Al contrario que en su anterior encuentro, en esta ocasión no amenazó a Halle con su arma.

—¿Hecho? —replicó él. —Recuperé mi foto, la que Near tenía. Eso era todo lo que me interesaba.

—¡Y una mierda!— contestó ella. —¡Me amenazaste con tu arma! ¡Me hiciste volver al cuartel de la SPK a punta de pistola! ¡Me volviste a amenazar cuando ya no hacía más falta que lo hicieras!

Mello la escuchó sin inmutarse, cosa que acrecentó las ganas que Halle tenía de abofetearle en la cara; tal y como estaban, su mejilla quemada se llevaría un buen golpe y resultaría más doloroso.

—¿¡… Y ahora te atreves a volver a mi apartamento como si nada hubiese pasado!?—bramó ella cada vez más fuera de sí. —¡Da gracias a que no te delate!

Halle esperaba alguna clase de respuesta por parte de Mello, la que fuera. Si él volvía a amenazarle con su pistola, estaría claro que solo había pretendido usarla durante todo este tiempo y que lo seguiría haciendo amenazando su vida; pero si solo hubiese desaparecido y continuado por su cuenta tras la pista de Kira después de recuperar su foto, entonces estaba claro que todo había sido una farsa que ya había acabado… Pero lo que había pasado ahora, que Mello hubiese vuelto a su apartamento, significaba que él no quería romper su contacto con ella, y que eso continuaría así.

El problema era que a estas alturas, Halle no sabía qué pensar realmente.

—Ya te lo he dicho, Hall —aclaró él. —No puedo irme todavía, y este es el único lugar donde puedo quedarme.

—¿Y por qué?— replicó ella, —¿Qué te hace pensar que eres bienvenido aquí?

—Ahora nada, la verdad —contestó él. —Pero no tengo otra opción.

Halle levantó las manos hacia el cielo, como si suplicara a un ser superior, luego se giró sobre sus talones y agarró sendos puñados de pelo a ambos lados de la cara de su cabello rubio ceniza; literalmente se estaba tirando de los pelos mientras que caminaba arriba y abajo de la salita.

—…O sea que me estás usando — contestó ella, furiosa. — Es lo que has estado haciendo desde el principio y pretendes seguir haciéndolo, aunque sea por la fuerza, ¿no?

—No, Hall —contestó él en tono serio.

Ella dio un respingo y se giró hacia él con gesto receloso.

—¿Ah, no?— exclamó. —Y entonces, ¿Por qué me amenazaste solo para poder entrar en el cuartel del SPK y recuperar esa dichosa foto tuya?

—Debía recuperar mi foto a toda costa, Hall —explicó Mello. —Llevo años pensando cómo hacerlo y sabes que en esta situación no puede haber ninguna imagen nuestra disponible para que Kira pueda identificarnos.

—… Al menos en eso debo darte la razón —contestó ella, aparentemente más calmada. —¡Pero eso no justifica que me amenazaras!

Sorprendentemente Mello hizo un gesto que ella no se esperaba: Mello agachó el cabeza, arrepentido, y dijo:

—Lo sé… Y lamento haberlo hecho.

Ella parpadeó. Habría esperado alguna clase de amenaza por su parte, pero en cambio Mello parecía estar consternado por lo que había pasado.

—…Necesito tu ayuda, Hall — insistió él. — Esto es una carrera entre Near y yo para capturar a Kira… Pero ahora mismo él tiene ventaja sobre mí —. Ella le miró con dureza. — Near tiene a la SPK como su ayuda, y yo, en cambio, solo tengo mis habilidades y conocimientos, y la ayuda de Matt.

Halle recordó de nuevo al chico de cabellos cenizas con el que había visto a Mello hablar alguna que otra vez desde que se conocieron hace ya casi tres años en Buenos Aires cuando los dos le interrogaron. Después de tanto tiempo, Mello ya le hablaba de ese amigo suyo (y amigo de verdad dada la fidelidad que parecía demostrarle) con impunidad, aunque realmente él y Halle nunca habían llegado a intercambiar alguna palabra tras conocerse.

—…O sea, que por eso pretendes quedarte aquí más tiempo, ¿no?—dedujo ella.

—Si tanto te molesta, lo haré solo por esta noche. —contestó Mello. —Pero tendré que seguir recurriendo a ti para saber más datos sobre la investigación de Kira.

—¿Y qué te hace pensar que te ayudaré? —bufó Hall, aún asombrada por la actitud de Mello. — ¿Vas a amenazarme otra vez?... A lo mejor Near considera que no debe facilitarme toda la información sobre el caso ahora que sabe que estás en contacto conmigo, o incluso darme información falsa. Y en ese caso todo lo que yo te diga no te servirá de mucho. Él mismo me acaba de decir que me había estado facilitando datos filtrados.

—Es cierto. Near no te dará toda la información para que yo no me adelante a él —afirmó Mello. —Pero precisamente por eso ambos tenemos que seguir trabajando juntos.

—¡Qué deducción tan asombrosa!—exclamó Halle en tono burlón, lo habitual en ella cuando estaba alterada. —¿Y por qué si puedo saberlo?

—Porque desde el principio tú y yo hemos buscado lo mismo, Hall —contestó Mello mirándola directamente a los ojos. — Tú y yo odiamos a Kira y queremos venganza por igual. Kira mató a alguien que era importante para ti y otra persona que también lo era para mí… Y si quieres lograr tu objetivo, ahora que Near te tendrá controlada, posiblemente no puedas hacerlo.

Los ojos color miel de Halle se abrieron por el asombro al darse cuenta que Mello tenía razón. El joven de cabellos rubios, siendo inteligente como era, había deducido bien; a su pesar Halle tenía que reconocer que Mello tenía razón.

— Es cierto, Mello, tienes razón…— suspiró ella. —Pero eso sigue sin darte derecho a hacer lo que has hecho conmigo —. Luego se cruzó de brazos. —Yo me alié contigo porque vi una oportunidad de conseguir lo que buscaba: capturar a Kira y hacerle pagar por sus crímenes… Pero tú nunca confiaste en mí como para que hubiésemos trabajado juntos, sino que actuaste presionándome en todo momento, amenazando mi vida incluso. Y eso, después de lo que ha pasado estos días, es algo que no te puedo perdonar.

Mello dio un leve respingo, apenas imperceptible para alguien que no lo conociera pero que Halle, después de tanto tiempo, había aprendido a interpretar. Mello, a pesar de su fachada de frialdad y temperamento agresivo, seguía siendo profundamente sensible y emocional, y eso se dejaba translucir en cada uno de sus gestos; Halle supo que Mello estaba a disgusto con lo que ella había dicho.

— Entiendo —contestó por fin. —Si es así, entiendo que me rechaces —. Halle suspiró mientras asentía con la cabeza y su rostro se tornaba triste, — Me quedaré solo por esta noche.

—… Y dormirás en el sofá, por supuesto—anunció ella en tono categórico. —Te daré las mantas y la almohada.

Y diciendo esto, Halle se dio media vuelta y se dirigió a su cuarto.

Mello la observó marchar con la culpabilidad reflejada en su rostro quemado; por más que lo pensara, Halle tenía razón y no había habido motivo para que él la amenazara de esa forma para obligarla a volver al cuartel de la SPK. Por supuesto introducirse allí a punta de pistola habría sido parte de la comedia necesaria para que pudiese infiltrarse y llegar hasta donde estaba Near… Pero ello no excusaba que tuviera que emplear el mismo método para obligar a Halle.

Halle le había demostrado desde hacía tiempo que él podía confiar en ella, y en cambio Mello había ignorado esa posibilidad. Mello había de admitir que tanto tiempo teniendo que recurrir a tretas, artimañas y chantajes, había moldeado su carácter hasta desconfiar casi de forma instintiva de todo el mundo (salvo de sus compañeros de la Wammy), incluso de esa mujer que tanto le había dado. Una vez más se había dejado llevar por el impulso en lugar de pensar más fríamente qué tenía entre manos.

Fue entonces cuando oyó un grito histérico procedente del cuarto de Halle, y a continuación vio como ella salía a la carrera de su habitación con las botas desabrochadas, haciendo que trastabillara a cada zancada que daba; su expresión era de puro pavor.

—¿Qué pasa?— preguntó sorprendido; nunca había visto a Halle en ese estado.

Halle le alcanzó y se situó tras él, como si se escondiera de alguna clase de peligro. Mello se giró hacia ella y la miró desconcertado por la reacción de ella.

—Hall, ¿qué está pasado?—preguntó con voz grave, intentando así poner algo de calma en la mujer.

—Una… una polilla…—balbuceó ella. —Hay una polilla *enorme* en mi cuarto.

— ¿Una… polilla?— preguntó Mello creyendo no haber oído bien, y para su sorpresa Halle asintió con nerviosismo.

—Sí, les tengo pánico… Padezco Lepidopfobia. —explicó.

Eso debía explicarlo todo; Halle parecía demostrar que sufría una fobia en un grado bastante agudo y eso le hacía perder la razón en cuanto veía el objeto de su aversión. La fría, inteligente y calma agente de la CIA se convertía en una jovencita asustada ante la visión de un insecto de alas plumosas; ni siquiera el Cuaderno de Muerte había tenido tal efecto sobre ella.

En otras circunstancias Mello habría encontrado divertida la situación, pero no tenía ningún deseo de ver más alterada a Halle, y él sabía bien lo que eran esas fobias.

—Yo la echaré de tu cuarto —anunció.

Halle hipó levemente; sabía que su comportamiento era totalmente irracional, pero en ese momento agradeció que Mello estuviera allí para quitar de en medio a ese (para ella) escalofriante insecto. Entonces vio como el joven caminaba hacia su cuarto, entraba y trasteaba durante uno instantes arriba y abajo, hasta que finalmente alzó la voz llamándola.

—Hall, ya está.

Ella había aprovechado para quitarse las botas y guardarlas en un pequeño armario que tenía en el balcón, así que cuando volvió a su cuarto, lo hizo descalza. Cuando entró vio que Mello estaba junto a la ventana de su habitación sosteniendo algo entre los dedos de su mano enguantadas.

—…Aquí está la polilla — anunció. —La he cogido sin muchos problemas cuando se posó al lado de la lámpara.

— ¡Ni se te ocurra acercar ese bicho a mí!— exclamó Halle. — ¡Mátala, échala fulera o haz lo que quieras, pero apártala de mí cuanto antes!

Mello no pudo evitar sonreír al ver a Halle en ese estado de histeria.

—No te preocupes, no pienso usarla contra ti —anunció aprovechándose del estado de ofuscación mental que tenía la mujer de ojos de color miel, tanto que incluso Halle no se atrevía a acercarse a él. Pero sí espero que esto te sirva para algo.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero que antes que me eches de aquí, me dejes explicarme al menos —respondió Mello.

—¡Eso es chantaje!— exclamó ella, indignada. —Otro de tus chantajes.

—No. Solo quiero poder hablar contigo con calma y tú antes no me has dado la oportunidad.

Y diciendo esto, Mello se dio la vuelta, abrió la ventana y soltó al afortunado insecto al frío exterior. Halle no pudo evitar mirarlo con cierta sorpresa: el joven que había usado las armas y el Cuaderno de Muerte para sus propósitos, era incapaz de matar a una polilla; de haber deseado hacerlo, lo habría hecho nada más capturarla. Viendo lo que Mello había hecho, y sabiendo también lo que significaba, se pasó los dedos por la cara en gesto de cansancio y suspiró pesadamente mientras que él aguardaba a que dijera lo que tuviera que decir.

—Está bien, mañana hablaremos. Hoy estoy muy cansada para más emociones y Near me ha dado el día de mañana libre… Pero por supuesto y como ya te he dicho, hoy duermes en el sofá.

Mello asintió y se dispuso a salir de la habitación, pero se detuvo justo al llegar al quicio de la puerta.

—Hall— exclamó, —gracias…

Y a continuación salió por la puerta sin decir nada.

La mujer de cabellos rubio ceniza suspiró pesadamente una vez más en lo que iba de noche. Lo que había pasado rozaba el surrealismo… pero, ¿acaso no eran esas situaciones inverosímiles las que salpican la vida de la gente a diario? Bien pensado esa era la principal diferencia entre Mello y Near: el primero vivía la vida tal y como le venía, sintiéndola en toda su magnitud… mientras que Near se limitaba a examinar todo con ojo crítico y sentido de la lógica, de forma que se perdía cualquier tipo de situación rocambolesca que afectara a su vida.

Una vez más Halle no tuvo más remedio que aceptar que si no hubiese sido por los peligros que entrañaba su trabajo, su vida personal habría resultado tan fría como la de Near. Pero que desde que Mello había aparecido en su vida, las cosas ya no eran así. Le gustara o no, la presencia de Mello daba alegría a su fría vida y por esa razón no quería que él se apartara de ella, Mello había conseguido hacer que ella… sintiera algo más que solo la satisfacción del deber cumplido. Pese a que le había costado conseguir dejar de verlo como un muchacho y aceptarle ya como un adulto, lo cierto es que Mello poseía una exultante vitalidad en todo lo que hacía que resultaba contagiosa, y eso, viniendo de alguien que lo había pasado tan mal desde la muerte del verdadero "L", resultaba admirable. Mello además, poseía una gran pasión y determinación por lo que hacía, creía firmemente en los ideales que le movían a actuar, creía en el papel de "L" y en lo que él podría haber sido en caso de conseguir su puesto. Y como resultado Halle admiraba y necesitaba de Mello a partes iguales.

El problema era que, a pesar de todo ello, Mello seguía siendo un joven desamparado y torturado por todo en lo que se había convertido su vida, y eso le llevaba a adoptar medidas que no siempre eran las más acertadas. Medidas como amenazar a Halle para lograr sus objetivos… Era por eso que por mucho que Halle tuviera que admitir que sentía una gran atracción por él, tampoco estaba dispuesta a tolerar su comportamiento.

Aunque si Mello le había rogado, gracias a una casual polilla, que le dejara hablar, era porque él se había dado cuenta de sus errores.

O eso era lo que ella quería pensar.

Con esas ideas en la cabeza, Halle se asomó por el quicio de la puerta de su cuarto para ver cómo Mello acomodaba la ropa de cama que ella le había dado para echarse a dormir sobre el sofá del salón de su apartamento. Viendo cómo él se movía para hacer que el mueble pareciera una cama, y cómo sus movimientos reflejaban una mezcla de alivio y nerviosismo, Halle no podía evitar apartar de su mente esos pensamientos.

Finalmente, sabiendo que no servía de nada quedarse mirándole y que posiblemente él pensaría que podría seguir aprovechándose de su confianza al mostrar esa debilidad, la mujer simplemente cerró la puerta de su cuarto, terminó de desvestirse y se puso el pijama de invierno para dormir. Halle estaba tan cansada que no le apetecía ni tomar una cena ligera antes de acostarse, pero tuvo que admitir que si cerró la puerta de su cuarto, fue porque era una costumbre que había tomado como medida de seguridad antes de dormir hacía mucho tiempo, pero que realmente no creía que le hiciera falta.


Hacía tiempo que Halle no tenía la oportunidad de llenar la bañera del todo, echarle algunas de las sales de baño que adornaban el cuarto con sus vivos colores dentro de floridos frascos y lazos de adorno, para luego relajarse metida en el aromático líquido mientras dejaba reposar la cabeza hacia atrás y divagar su mente. Sí, después de las emociones de tan solo unas horas atrás, esa media mañana libre le venía estupendamente; Near se lo había permitido (posiblemente con segundas intenciones, pero no importaba) y ella, por fin, podía olvidar todo lo referente a Kira, escuchas, horas de vigilancia y deducciones sin fin.

El único problema era el joven que se había quedado esa noche en su casa…

Mello entró en el cuarto, caminando con los pies descalzos y sin el chaleco de cuero que solía llevar encima; solo llevaba puestos los pantalones de cuero adornados con hebillas, sus sempiternos guantes negros y el rosario nacarado sobre el pecho. Al llevar el torso descubierto, la cicatriz de la quemadura que adornaba feamente su rostro, cuello y brazo izquierdo era aún más obvia, extendiéndose por el cuello y en puntos dispersos del cuerpo. La visión de las heridas que salpicaban su enjuto cuerpo no era nada agradable.

Halle entreabrió los ojos y le miró de soslayo, notando cuán evidentes eran sus marcas y lo desarrollados que estaban sus pies, síntoma de que Mello solía andar siempre descalzo y por tanto los tenía más endurecidos que alguien que no lo hiciera a menudo. Pero no entendía por qué había entrado de esa guisa al cuarto de baño. ¿Acaso aún debía aplicarse la pomada hospitalaria para las quemaduras?

—¿Aún no te has ido? —preguntó ella en tono severo, aunque no pudo evitar que su voz careciera de autoridad.

—No —contestó Mello lacónico. —Tengo una última cosa que hacer antes de irme.

—Creí que ya habrías desayunado — exclamó Halle.

—No, aún no.

—Entonces ve… puedes coger lo que quieras, aunque apenas me queda ya chocolate del que trajiste.

—Eso no me preocupa.

Para sorpresa de Halle, Mello se acercó a la bañera y terminó de descorrer la cortina con un gesto tal vez demasiado enérgico; allí puedo ver a Halle sumergida bajo montones de espuma de sales de baño y geles, y también percibir el olor dulzón que salía del agua.

—Huele a…

—Regaliz—contestó Halle ligeramente cortante. — Es relajante.

Mello no contestó, solo se la quedó mirando, a la cara, ya que tampoco podía ver mucho bajo la espuma.

—¿Qué quieres?— preguntó Halle cada vez más impaciente.

—Terminar lo que debo hacer antes de irme — contestó Mello.

—¿Cómo?— exclamó Halle sin comprender.

Sin previo aviso (aunque tratándose de Mello nada era previsible) el joven esloveno se agachó a la altura del bordillo de la bañera y allí, sujetando la nuca de Halle, la besó fuertemente.

La primera reacción de Halle fue dar un respingo, entre asombrada e indignada por el atrevimiento del sucesor de "L"; en otras circunstancias se habría deshecho violentamente del caradura de turno, pero Mello la sostuvo y como en tantas otras ocasiones, Halle comprobó que su pasión resultaba contagiosa.

De hecho era lo que más le gustaba de él, su pasión y su carácter imprevisible, algo que siempre la desconcertaba y asombraba.

A su pesar, Halle se rindió al beso y ella acabó sujetando también su nuca mientras le devolvía el gesto. Mello, más confiado por su reacción favorable de ella, relajó su presa. Finalmente ambos se soltaron y apartaron lentamente.

— ¿Me perdonas?— preguntó Mello en tono serio y con asombrosa inocencia.

Halle apenas podía creerse lo que el joven del rostro quemado decía; le miró desconcertada hasta que comprendió, y luego comenzó a reírse. Mello no reaccionó salvo por un leve temblor en el ojo, como si supiera que eso era lo que iba a pasar.

—Mello… siempre me sorprendes— exclamó ella entre risas, —No me gusta que sea así, pero es lo que realmente me atrae de ti.

Él se encogió de hombros con estudiada indiferencia.

—Supongo.

Ella se incorporó de la bañera lo bastante como para alzar los hombros y parte del pecho fuera del agua, extendió un brazo y le sujetó por el codo.

—Ven aquí —ordenó tirando suavemente de él, ordenándole así que entrara en la bañera.

Mello esbozó una sonrisa lobuna, de triunfo, y comenzó a desabrocharse la pesada hebilla metálica de su cinturón, y luego tiró de los pantalones para quitárselos, para luego dejarlos caer en una pila sobre el suelo. Le costó hacerlo ya que la rigidez del cuero resultaba molesta y ruidosa, pero Halle le ayudó a despojarse de ellos hasta que él se quedó solo con la ropa interior, unos calzones ajustados para facilitar el movimiento y no marcarse bajo esas ropas.

—No pensaba entrar vestido en la bañera — dijo.

—Yo tampoco.

Halle se apartó un poco para dejarle sitio mientras él pasaba una pierda por encima del borde de la bañera y metía el pie en el agua, rozando ligeramente con el muslo de la pierna de Halle.

—¿Cabremos? —preguntó.

—¿Qué importa?

Estupendo. Halle estaba juguetona otra vez.

Mello sonrió y comenzó a quitarse los guantes de cuero. Precavido, no pensaba hacerlo hasta estar en el agua, lugar en donde no podría dejar huellas dactilares; como resultado, llevaba tanto tiempo con ellos que sus manos estaban considerablemente más blanquecinas que el resto de su brazo, y sus uñas parecían finas y blandas… si no fuera por el hecho de que estaban pintadas de negro.

Al verlo, Halle negó con la cabeza; Mello cumplía las normas de su tribu urbana, incluso aunque implicara cosas sin sentido como aquella: pintarse las uñas pese a llevar siempre guantes. Sin embargo poco pudo hacer más porque Mello volvió a reclinarse sobre ella y la besó de nuevo, esta vez más tiernamente que la vez anterior.

Los finos labios de Mello contrastaban con los razonablemente gruesos de Halle, aún así el contacto era muy agradable. Halle pudo percibir su pasión a través del gesto y supo que no mentía; aquello no era ninguna treta.

Queriendo permitir más comodidad para ambos, separó las piernas, permitiendo que él se acomodara entre ellas una vez agachado del todo; al hacerlo, y siguiendo la ley de Arquímedes, una ola de agua rebosó por el bordillo de la bañera dejando empapado el piso de azulejos.

—Luego me va a tocar recoger todo eso —se quejó Halle al ver lo que había pasado.

—Eso no importa ahora.

Mello continuó besándola, esta vez por el borde la boca, la barbilla y los párpados. Halle disfrutaba del gesto, pero como pasaba siempre, le irritaba que Mello siempre quisiera llevar la delantera; era de ella a quién pertenecía la última palabra. Por ello, deslizó las manos desde sus hombros, por sus costados hasta que finalmente ella ancló los pulgares en la cintura elástica de los calzones de él, que irremediablemente se habían empapado, y luego dio un suave tirón hacia abajo.

Mello, algo asombrado por su gesto, se apartó y la miró interrogativamente, provocando las risas de Halle.

—Mujer astuta…—murmuró dejándose hacer.

Y sin más, Halle acabó removiendo de su sitio la última prenda de ropa que le quedaba, salvo el rosario, que aún pendía del cuello de él.

Ambos siguieron besándose por un rato, al tiempo que intercambiaban caricias cada vez más atrevidas. Los dos sabían cómo podía acabar la situación, pero no importaba; las manos de Mello, al igual que sus besos y sus actos, eran fuertes y apasionados, cargados de sentimientos, pero de ninguna agresión hacia Halle. Ella, en cambo, resultaba ser femenina y dulce, pero con una fuerza y voluntad interior que guiaba y retaba los actos de Mello. El equilibrio entre ambos resultaba tenso y fascinante. Y ambos lo estaban disfrutando.

El pelo de Mello se fue empapando cada vez más, hasta ir quedando pegado al cuello y hombros de su dueño. Ahora, aplastado, el rostro del joven esloveno resultaba más obvio. Halle le miró con atención y deslizó suavemente un dedo por el contorno de la cicatriz de su cara

—Debió doler muchísimo— exclamó. —… Tu cicatriz es bastante profunda.

—No lo sabes tú bien —contestó Mello. —Fue un infierno.

—¿Cómo conseguiste curarte? —preguntó ella con aparente inocencia.

—Me curé porque al final resultó que tenía más contactos de los esperados —contestó Mello de forma evasiva.

Halle sonrió, respetando sus secretos, y volvió a acariciar la encallecida piel, apartando con la mano sus rubios cabellos mojados.

—¿Te la curarás bien?— preguntó. —Pareces tan distinto con ella a cuando te conocí.

La mirada de Mello se endureció visiblemente ante las palabras de Halle.

—Soy distinto —contestó. —Esta cicatriz me recuerda continuamente el grave error que cometí. Es por eso que hasta que no acabe por capturar a Kira, no me la curaré del todo.

La agente de la SPK le miro asombrada por su elocuencia. Le miró largamente y luego suspiró; no quería romper el momento.

—Entonces prométeme una cosa...— comenzó a decir con una sonrisa.

—¿El qué?

—Prométeme que cuando seas el nuevo "L", te la curarás.

Mello la miró estupefacto durante un momento y luego soltó una carcajada.

—¿Ahora eres mi alidada y quieres que yo no solo capture a Kira sino que también derrote a Near? —inquirió.

Halle apoyó uno de sus largos dedos sobre los finos labios de Mello y le silenció.

—En eso te equivocas, Mello... Yo siempre he sido tu aliada... Solo que tú no quieres verlo.

—Demuéstramelo entonces.

—Ya lo estoy haciendo.

Y diciendo esto, deslizó una mano entre las piernas de él; el joven esloveno soltó un gemido curiosamente agudo. Halle sonrió triunfante y Mello, al verlo, lo hizo casi de forma maniática. Ella era la única mujer que había conocido capaz de hacerle reaccionar de esa forma, y eso le gustaba, tanto que no lo podía ignorar.

Nunca.

Al cabo de un rato, la cabeza de Mello, con sus rubios y quemados cabellos prácticamente empapados al completo, yacía somnolienta, hundida en el hombro de Halle. Ella también se encontraba hundida en el hombro de él, ambos envueltos en un torpe abrazo pero sin atreverse a soltarse, pese a que el agua de la bañera se había quedado ya fría. El olor del regaliz de las sales de baño de Halle y el de las actividades de ambos flotaba en el aire, aunque para ellos ahora ya resultaba un aroma imperceptible.

—...Mello —comenzó a decir Halle apoyando una mano en la nuca de él.

—¿Hmmmm?

—¿Puedo preguntarte una cosa?

Él se removió torpemente, notando ahora más que antes lo mucho que había bajado la temperatura del agua, y se apartó lo suficiente como para mirarla a la cara con sus penetrantes ojos negros.

—¿El qué? –contestó con rudeza. —Sabes que no te contestaré a nada que provee de información a Near.

Halle sonrió como si ya supiera que Mello iba a reaccionar de esa forma, lo que hizo que parte de la expresión osca del rostro quemado del joven rubio se disipara.

—No... No es nada de eso. Es otra cosa.

—¿Ah, no?— Mello parecía genuinamente sorprendido —¿Entonces...?

—Quería preguntarte... Eso que dijiste ayer sobre los Shinigami... ¿Es verdad?

—¿Cómo? —parpadeó Mello. No se había esperado esa pregunta y menos en esa situación; tal vez aún seguía demasiado distraído por lo que acababan de hacer que no se había preparado emocionalmente para debatir algo. Mello era muy pasional después de todo.

—¿Los Shinigami... existen? —insistió Halle.

Mello suspiró pesadamente y se apartó completamente de Halle, aunque no llegó más que a apoyar la espalda en el extremo opuesto de la bañera. Ahora que la espuma del gel de baño se había disuelto, él podía apreciar con más detalle el cuerpo de Halle sumergido en el agua. Pero por ahora estaba demasiado exhausto para nada más y valoró cómo contestar la pregunta de la rubia mujer ante él que había acabado convirtiéndose en su... compañera.

—¿Por qué me preguntas tanto sobre ello? —replicó. —¿Acaso es que ni tú ni el resto de los miembros de la SPK me creísteis cuando os lo conté?

—Ya viste la reacción de Lester y Giovanni.

Mello volvió la mirada hacia un lado y soltó un bufido.

—Panda de idiotas...—resopló.

— ¿Eso también va por mí, Mello? —inquirió Halle. —¿Yo también soy idiota por no creerte?

Eso hizo que el joven esloveno se volviera hacia ella.

—¿Es que no me crees?

—Creo que tiene lógica todo lo que dijiste, pero no que un supuesto "dios de la muerte" haya accedido a dar su poder a un humano de forma tan gratuita.

Mello se quedó boquiabierto durante un breve instante, y a continuación soltó otra nueva carcajada.

—¡Eso no era ningún dios ni era nada! —exclamó Mello con desprecio.

—¿¡Cómo!? Entonces, ¿nos mentiste?

—No. Shido era real. Un auténtico Shinigami. Un dios de la muerte según el folklore japonés... o una Parca, si prefieres llamarlo así —. Hizo una pausa para esbozar una sonrisa sarcástica. — Es un ser estúpido, con aspecto de escarabajo gigante y la cabeza como un huevo vendado. Impresiona por su apariencia y su poder, pero no por lo que es realmente.

Halle permaneció un instante callada, intentando asimilar lo que Mello acababa de decirle hasta que por fin algo coherente se formó en su mente.

—Pues si tenía un aspecto como ese, debía ser repugnante.

Mello hizo algo que parecía un encogimiento de hombros.

—Supongo que sí. Con esa pinta, podría haber protagonizado alguna película de terror de serie-B sobre monstruos del espacio o algo parecido.

—Ya veo que no te causa el más mínimo respeto —contestó Halle con una sonrisa sardónica.

—Ni a mí ni a los mafiosos con los que estaba en ese momento, te lo puedo asegurar —contestó Mello. —Al principio se asustaron mucho al verlo, como es lógico… Pero una vez que vimos que era inofensivo, todos le perdieron el miedo. Y Shido parecía encantado de interactuar con nosotros.

Halle abrió la boca como si quisiera contestar a eso, pero la idea de ver que un monstruo de otro mundo se había hecho colega de un grupo de mafiosos era tan bizarra que no se le ocurría nada certero que decir.

—El agua se está quedando fría pero no me apetece salir —anunció Mello removiéndola con una mano para provocar algo de espuma.

—A mí tampoco. Me gusta esta forma de bañarnos — Y diciendo esto, Halle destapó el desagüe de la bañera, permitiendo que saliera parte del agua tibia para sustituirla por nueva agua caliente accionando el grifo de la misma. Al sentir el nuevo calor, estiró algo más las piernas haciendo que sus rodillas rozaran los costados de Mello y este acarició suavemente los muslos de ella con las yemas de los dedos de una mano; ella sonrió a ese gesto.

—Te contaría más cosas sobre lo que pasó con Shido… —comentó Mello sin apartar la vista de la pierna que le acariciaba. —Pero no importan porque al final está claro que Shido nos traicionó y por eso el grupo de la policía japonesa pudo atacarme.

—¿Por qué crees que Shido también es el culpable de tu cicatriz? —preguntó Halle inclinándose hacia él para acariciarle suavemente el contorno de la misma sobre su cara.

—Kira también está con un Shinigami si tiene un cuaderno —explicó Mello de forma escueta, —así que sabe cómo usarlos o algo y le convenció para que no me obedeciera. Y si luego el falso "L" resulta ser de verdad Kira, está claro que se sirvió de la policía japonesa para intentar matarme.

Halle apretó los labios y cogió un mechón del mojado cabello de Mello para colocárselo detrás de la oreja.

—Afortunadamente eso no pasó.

—Afortunadamente no, pero por poco.

Ella se echó para atrás de nuevo y cerró el grifo al tiempo que volvía a taponar el desagüe. La bañera volvía a tener agua caliente y ella vertió más gel de baño de regaliz en el agua para que espumara de nuevo.

—…Creo que a partir de ahora me va a gustar más el regaliz que antes —bromeó Mello.

—A mi también.

De nuevo, Halle le instó a que él se reclinara sobre ella y Mello comenzó a besarla suavemente mientras tomaba su mejilla con una mano. No le importaba repetir lo que habían hecho hacía un rato, pero más que con fuerzas para eso se sentía profundamente relajado.

—Mello… me gustaría saber algo más —anunció Halle entre sus besos.

Él se aparató y la miró con mal disimulado recelo.

—¿Es eso lo que quieres? ¿Interrogarme entre tus piernas en la bañera?

—¡Por supuesto que no! —exclamó escandalizada Halle, aunque en seguida reconoció que eso era lo que podía parecer. — Te lo pregunto porque todo lo que has dicho es tan fantástico que me cuesta creerlo… ¿Cuadernos que sirven para matar a la gente? ¿Shinigamis?... Es como una película de terror con muertos pero sin zombis.

Mello bajó las manos por el contorno del cuerpo de Halle y las ancló en sus caderas. No era mala idea salvo porque su espalda se había quedado al descubierto y sintió un escalofrío tal vez acrecentado por las palabras de Halle. Bajó la mirada un momento y reflexionó sobre las palabras de ella.

—… Es verdad. Shido no era terrorífico, pero sí el Cuaderno.

— ¿El Cuaderno? —exclamó ella. — ¿Por qué?

Él alzó la vista y clavó sus ojos opacos en los de Halle con una expresión esta vez sí totalmente seria; entonces comenzó a explicarse.

—A primera vista ese Cuaderno parecía algo normal… Una libreta gastada de tamaño estándar con las tapas de piel negra y páginas de renglones en su interior. Pero al tocarlo por primera vez sientes lo que es realmente; un objeto que sirve para matar a gente y que te insta a que lo hagas.

—¿Te… insta? —preguntó Halle sin entender.

Mello asintió.

—No es como una pistola que sirve para disparar y así puedes matar a alguien o agujerar latas… sino como un objeto que sirve para que escribas en él y mates. Y te obliga a ello. Como si se metiera dentro de tu corazón y tu mente y te tentara continuamente a que la uses para matar a alguien. —Halle sintió el escalofrío que recorría el cuerpo de Mello a medida que hablaba. —Es como una tentación que se convierte en una adicción.

A medida que hablaba, Halle fue comprendiendo cada vez más que cada vez que Mello la había amenazado en algún momento con el cuaderno y que todas esas acciones tan apabullantes que había realizado mientras estuvo en posesión del cuaderno, muy posiblemente estuvieran causadas, por lo menos de manera inconsciente, por la influencia del cuaderno sobre él. O por lo menos si realmente nunca lo había llegado a usar.

Mello, como buen sucesor de "L" apoyado por su carácter social, pareció saber qué pasaba por la mente de Halle en ese momento, así que continuó explicándose.

—¿Comprendes ahora por qué no quería ser yo mismo quien usara el cuaderno? —dijo. —Ese Cuaderno te engancha como una droga. A veces me daba miedo pensar en las cosas que se me pasaban por la cabeza cuando lo tenía en mi poder.

—Y por eso dejaste que tus mafiosos lo usaran, ¿no? Mejor ellos que tú.

—Por supuesto. Para ellos matar a alguien era pura rutina… Si se enganchaban a algo como eso, serviría para mis planes y ellos no notarían la diferencia.

—Eres un cínico.

—No más que Near o que tú misma.

Halle abrió la boca, asombrada por la poca vergüenza de Mello, pero pronto se recompuso y comenzó a reírse.

—Sí, tienes razón… Todos nosotros somos unos cínicos. Pero lo mejor es que Kira nos sigue ganando a todos.

Mello no pudo hacer otra cosa que acompañar las risas de Halle.


Se tenían que separar. Ambos lo sabían incluso desde antes que comenzara ese nuevo estado de su relación, y ambos sabían que Halle seguiría trabajando con Near a partir de esa misma tarde mientras que Mello volvería con Matt a donde quiera que estuviesen ocultos los dos. Halle no quiso que Mello le revelara dónde si él no quería, respetaba su libertad de acción de la misma forma que él lo hacía con la de ella, pero a pesar de todo, ambos seguirían en continuo y permanente contacto a través de por lo menos sus móviles.

Ninguno de los dos sabía cuándo se volverían a ver de nuevo, pero mientras Kira aún siguiera libre, seguramente lo harían con cierta periodicidad. La suya no era una relación normal, pero Halle tenía que reconocer que si Mello no estuviese presente en su vida de esa forma, muy difícilmente habría abierto esa clase de relación con él, y Mello tenía que reconocer que contar con alguien que no era de la Wammy de esa forma era algo que alegraba su vida después de tanto tiempo vagando sólo por el mundo persiguiendo su objetivo. Ninguno de los dos contaba con que esto pudiera llegar a pasar cuando se conocieron en Buenos Aires, pero igualmente ambos sabían que las relaciones empiezan cuando uno sabe que ha llegado el momento de empezar algo, y ese algo encaja con las necesidades vitales de ese momento.

Así que no había que negarlo, sólo dejarse llevar y disfrutar de lo que tenían.

Mello, oliendo a regaliz como nunca antes lo había hecho, se despidió de Halle con un posesivo beso frente a la puerta de salida del apartamento de ella y le aseguró que aunque ella no le viese, siempre sería su sombra. Halle le dejó hacer y contestó que ella lo permitía siempre y cuando respetara sus límites para con Near y con ella misma, algo que debía sobre entenderse pero que dado el impetuoso carácter de Mello, hacían bien en recordárselo.

—Esta vez no lo olvidaré, Hall —había contestado él. —Nos veremos otra vez.

Y con estas palabras, Mello se dirigió al apartamento de Matt en el Brooklyn.


Cuando Mello volvió a reunirse con Matt, había tenido tiempo de trazar un nuevo plan acercarse a la policía japonesa, ya que gracias a Halle –previa orden de Near- ahora tenía la certeza de que el falso "L" y Kira eran en realidad la misma persona. Sin embargo, a pesar de lo asombroso de la situación, Mello estaba inusualmente tranquilo y sus cabellos, aunque seguían quemados, ahora brillaban más, tal vez como consecuencia de usar los cosméticos que Halle le había ofrecido. Aún así, seguía cubriendo su rostro con unas gafas oscuras y procuraba que sus cabellos le taparan la cara para evitar ser reconocido.

La puerta del apartamento de Matt soltó un sonoro crujido cuando Mello la abrió con la copia de la llave que había hecho a espaldas del casero. Al entrar, pudo ver varias cajas vacías de pizza y comida china apiladas en la barra de la cocina americana que tenía el apartamento, y a Matt, sentado en el tresillo y rodeado de consolas que emitían música y tonos de los videojuegos en los que estaba sumergido entre otros muchos aparatos que le servían para sus labores de investigación. El joven no le hizo mucho caso, tan solo siguió peleando con los mandos de la consola.

— ¡Vaya, vaya!— exclamó sin apartar la vista del monitor, —Por fin has venido... Me estaba empezando a preocupar por no saber nada de ti, ¿sabes? Ha sido una semana muy movidita.

—Sí, ya lo veo...— contestó Mello comprobando que la preocupación de Matt no pasaba por nada de que tuviera que ver con recoger y poner orden en el pequeño apartamento. –Podrías haber tirado las cajas vacías de las pizzas al menos, ¿no te parece? Huelen mal.

— ¿Sí? Yo no noto nada...

—Tal vez porque tienes un cigarro en la boca continuamente —resopló Mello.—¿Has desconectado la alarma anti-incendios del apartamento para que no salte con tanto humo?

Eso fue suficiente como para que Matt reaccionara; apretó el botón de "pausa" y se giró hacia su amigo de la infancia.

—Bueno, bueno... Hay que ver cómo vienes después de una semana viviendo con una supuesto que sí; sabes que si no, no podría fumar —bufó Matt. — ¿Qué tal te ha ido si se puede saber? No hemos vuelto a hablar desde el primer día.

Mello buscó en el bolsillo interior de su chaqueta de ante rojo oscuro y le mostró la única foto suya que Near había guardado durante los últimos años.

—La foto es mía —contestó a modo de victoria.

Matt no pudo evitar que su cara adoptara una muestra de asombro.

— ¡Joder! ¡Vaya suerte que has tenido!— exclamó, —Me cuesta creer que al final Near cumpliera lo que dijo y te la diera a pesar de todo.

—Tuve que entrar en la SPK usando a Halle como rehén...— contestó Mello, evasivo.

—Ya, tú siempre igual. — Suspiró Matt sin querer prolongar más el tema, — ¿Sabes si es la original?

Mello asintió.

—Por detrás tiene la dedicatoria que "L" me dejó — contestó enseñando el reverso de la foto, — Y sé que Near no la habría falsificado.

— ¿Y qué piensas hacer con esa foto?— inquirió Matt.

—Todavía no lo sé. Pensaba destruirla, pero...

Matt soltó una carcajada.

—O sea, que te has pasado toda una semana viviendo en casa de uno de los agentes de Near para poder conseguirla, y ahora dices que no sabes qué hacer.

Mello notó una ola de irritación creciendo dentro de él, una emoción a la que estaba muy acostumbrado pero que luchó por controlar. ¿Cómo explicarle a Matt que había empezado a cavilar un nuevo fin para esa foto? A decir verdad ni él estaba seguro de si era una buena idea.

—...Han pasado cosas —contestó de forma evasiva y queriendo cambiar de tema.

— ¿Ah, sí?

—Tendremos otro cambio de planes — contestó Mello, —Halle me dijo algo muy importante y yo le conté a Near lo de los Shinigami.

Matt dio un respingo.

— ¿Cómo? ¿Qué ha pasado?

Mello se dejó caer en uno de los sofás del salón donde Matt estaba y procedió a revelarle que el falso "L" y Kira eran en realidad la misma persona y que ahora Near y todos sus agentes ahora conocían la existencia (real) de los Dioses de la Muerte, lo que les ponía a todos ellos en las mismas condiciones en cuanto a información.

—...Joder, Mello— exclamó Matt. — Pensándolo bien, que el falso "L" y Kira sean la misma persona, tiene sentido; pero no creo que ir contando por ahí lo de esos dioses que matan humanos a golpe de cuaderno, sea una idea muy sensata.

—Yo se lo dije y Near me creyó, aunque el resto no lo parece. — bufó Mello. —Yo he cumplido con mi parte, así que lo que piensen luego es problema de ellos.

— ¿Y por qué le revelaste tal cosa a Near?

—Él me dijo lo de Kira y me devolvió la foto, así que tenía que compensarle de alguna forma. Sé que tampoco piensa delatarme al falso "L", sobre todo ahora que todos pensamos que Kira y él son la misma persona.

Matt sonrió con paciencia y negó con un gesto de la cabeza.

—Eres demasiado bueno, Mello.

—Tal vez... siga siéndolo.

—Bueno, esto cambia muchas cosas, desde luego.

Matt sonrió hasta que se acordó de algo más; algo que siempre iba intrínsecamente relacionado con el joven rubio.

—Por cierto, aunque no sabía cuándo volverías, he comprado chocolate para ti. Tienes varias tabletas en el armarito de la cocina. Como hace frío, no estará blando.

— ¿Chocolate?— exclamó Mello—...La verdad es que no me apetece mucho.

Ahora fue cuando Matt sí que puso los ojos como platos. Era cierto que la noticia de "falso-L" y Kira era sorprendente, pero había lógica en ella; sin embargo Mello ignorando el chocolate, era totalmente inesperado... e ilógico.

— ¿No... te apetece?— exclamó, perplejo.

Recostado en el desvencijado sofá, Mello negó suavemente con la cabeza.

—No... Y además, ya he desayunado.

Matt sencillamente no lo se creía. Por fuerza debía de haber una buena razón.

—Mello... a ti te pasa algo — anunció en tono serio. —Y no me digas que es por el caso de Kira porque no me lo voy a creer. Yo también estoy sorprendido pero no para llegar al punto de olvidar mis pequeñas debilidades.

La mueca que adoptó el rostro quemado de Mello era casi de desdén, como si por un lado no quisiera darle importancia a lo que Matt quería decir, y por otro porque realmente no sabía exactamente qué decir.

—Es porque ha pasado algo entre Halle y tú, ¿verdad?— adivinó el joven amante de los videojuegos. —Algo que te ha hecho incluso olvidar el chocolate.

Mello apretó los dientes. Odiaba cuando Matt empezaba con esa retahíla pero no sabía cómo hacer para evitarla. Su silencio sólo alentó más a su compañero.

— ¿Te has acostado con ella?— preguntó sin rodeos.

El joven de la cara quemada dio un respingo sobre el sofá y se giró hacia Matt con los ojos muy abiertos y cara de sorpresa; semejante reacción le delataba sin dejar lugar a dudas.

—¿Cómo... cómo...?— balbuceó.

—¿Cómo lo sé?— sonrió Matt con gesto de triunfo. —Pues porque se veía venir. Aunque lo niegues, ella te ha gustado desde el principio de conocerla y seguramente tú a ella también. Y también porque ya sabes lo que dicen del chocolate: es un sustitutivo del sexo... Y en tu caso, eso es más que obvio.

Mello soltó un sonoro gruñido de hastío al verse descubierto de esa forma. Al menos Halle sería lo bastante discreta como para no ir contándolo por ahí.

—... Pero quiero que sepas que, aunque lo veía venir, has metido la pata haciéndolo—señaló Matt, implacable.

— ¿Y a ti qué más te da?— bufó Mello, aún molesto por la situación. —Lo que haya entre Halle y yo es asunto nuestro y nada más. No creo que ella vaya con el cuento a Near.

—No es por Near. No creo él que sepa ni lo qué es eso...— sonrió Matt aunque Mello no supo si iba en serio o estaba bromeando. — Lo que ocurre es que ahora Halle empezará a llamarte y preguntarte dónde estás, por qué no le contestas y todas esas cosas que hacen las mujeres cuando creen que están con un hombre.

—No creo que eso suponga un problema, Matt — sonrió Mello.

El joven aficionado a los videojuegos miró largamente a su amigo de la infancia, evaluando hasta qué punto iba en serio, hasta que decidió que era mejor dejarlo así. Mello era de los que sabían cuándo estaban equivocados en algo.

Además, así cabía la posibilidad de que avanzaran más en la investigación.

Halle no estaba en la SPK persiguiendo a Kira por nada. Y eso era algo que Mello sabía bien.

—Pues yo sí creo que eso va a suponer un problema —anunció Matt en tono de queja. —Lo que pase entre vosotros será, como mínimo, un dolor de cabeza para Near, y eso hace automáticamente que ya no puedas confiar más en Halle.

—Lo sé —contestó Mello. —La propia Halle lo ha reconocido… Pero por lo visto Near no lo ha considerado decisivo para prescindir de ella y Halle sigue formando parte activa de la SPK.

Matt apartó la vista de la pantalla de la consola de videojuegos durante un instante y clavó su vista en Mello, tal vez por primera vez desde que su amigo regresara al apartamento.

—¿De verdad Near ha dejado que Halle se quede en la SPK después de enterarse? Entonces sí que no me cabe duda que Near no tiene ni idea sobre las cosas de la vida.

Matt no hacía esfuerzos en disimular el tono jocoso de su voz, y lo cierto es que Mello, en otras circunstancias, lo habría considerado gracioso, pero no ahora y no con respecto a un asunto que le atañía personalmente. Mello siempre había sabido que Near podía ser un inepto en según qué asuntos, pero desde luego que no era un idiota.

—No lo dudo, pero no creo que esa sea la razón —dijo y Matt le miró inquisitivamente. —Halle es excepcionalmente buena en su trabajo y tal y como están las cosas después del anuncio del inútil de Sairas, dudo que pueda permitirse el lujo de prescindir de más agentes así y poder seguir con la investigación.

Matt dio una calada a su cigarro y asintió.

—Pues va a ser esa la razón…Pero, ¿no te molesta? Near podría utilizar tu relación con Halle en su propio provecho.

—Por supuesto que sí, pero Halle no hará nada que me perjudique porque eso también significaría traicionar sus propios intereses. Y además, he empezado a pensar en un plan para aprovecharme yo también de la situación. —El gesto de Mello se endureció. —Ahora es mi turno.

Matt sabía lo que eso significaba, así que apagó su videojuego definitivamente al igual que su cigarro y miró fijamente a Mello.

—Muy bien. ¿Y cuál es tu plan?


Cuando abandonó la SPK, Mello se había fijado en un edificio situado en frente de la sede de la SPK en el que uno de los apartamentos de las plantas inferiores se alquilaba por tiempo limitado. Por supuesto no era nada barato y posiblemente resultara pequeño, pero estaba en un lugar tan sumamente privilegiado que Mello tomó nota mental del sitio nada más verlo; era ideal para mantener vigilado el enorme edificio en donde se albergaba la sede de la SPK, y además también tenía una entrada muy próxima y visible a la red del metropolitano.

El cerebro de Mello no había tardado en hacer sus propios cálculos para sacar provecho de la situación y, por supuesto, le contó su plan a Matt.

—… Near me utilizó —decía. —Así que ahora soy yo quien debe usarlo a él. Y se me ha ocurrido cómo; de hecho yo seré el anzuelo pero, si todo sale como yo he planeado, Near será quien lidie con la situación.

—¿De verdad crees que Near va a aceptar seguir tu juego? —preguntó Matt sin ocultar su escepticismo como siempre había hecho.

—De hecho no creo que ni se espere lo que voy a hacer —contestó Mello con una sonrisa de autoconfianza.

—¿Y qué hay de tu novia? —inquirió el joven amante de los videojuegos. —A ella también la puedes meter en un lío, sea lo que sea que tienes en mente.

—Hall no es mi novia —resopló Mello.

—¿Ah, no? Porque no me parece que lo vuestro sea un simple "rollete" de fin de semana si consientes que ella te vaya a estar llamando continuamente. Cuando una relación con una mujer es más bien larga y se hacen cosas como esa, como es vuestro caso, se llama "noviazgo", o por lo menos ella es "tu chica".

Mello apretó los dientes y soltó un bufido al tiempo que arrojaba un montón de periódicos ya pasados a la cara de Matt, quien rió con desparpajo. Su comportamiento parecía casi infantil, tratando de negar de esa forma lo que Matt siempre veía tan claro, pero Mello siempre se dejaba llevar y no ocultó su sentimiento de incomodidad ante las palabras de Matt.

Matt no se sintió ofendido ni mucho menos; conocía a Mello y sabía que su reacción no causaría problemas entre ambos, sino que le haría pensar, cosa necesaria dada las circunstancias. De hecho el propio Mello se recompuso rápidamente y su contestación tenía un claro tono reflexivo.

—Hall no estará en peligro en ningún momento. De hecho agradecerá lo que voy a hacer porque a ella también le sirve.

—Vale, vale… A Halle le encantan tus planes y no se va a enfadar contigo. ¿Y qué planes son esos?

—La policía japonesa que trabaja con el falso "L"… con Kira… conoce mi identidad, así que les incitaré a que tengamos un encuentro —explicó. —Si realmente el falso "L" es Kira y no ese tal Tota Matsuda, no perderán esa oportunidad. —Suspiró. —Kira quiere verme muerto a fin y al cabo.

Matt dio una calada a su nuevo cigarro, meditando sobre las palabras de Mello y sacando la conclusión más obvia del plan que el joven esloveno le estaba proponiendo.

—Pero no serás tú quien se enfrente a ellos, sino Near ¿verdad? —dedujo. —Es por eso que quieres alquilar el apartamento que viste frente a la SPK.

—Exacto. Desde allí podré monitorear todo el proceso y conducir a nuestro agente japonés directamente a la guarida de Near. Él no perderá una oportunidad tan asombrosamente buena de interrogar a alguien que puede que esté bajo las órdenes de Kira, puede que sin saberlo… Y yo estaré al tanto de todo lo que pasa pero sin correr riesgos.

—Y esa es la razón por la que Halle no se enfadará contigo —contestó Matt con candidez. —¿Alguna idea de quién va a ser nuestro hombre?

—¿Tenemos la lista de los miembros de la policía japonesa que trabajan con el falso "L"? —preguntó Mello.

Matt apagó la colilla en un cenicero que ya se encontraba bien nutrido y cogió uno de los lap-top que había repartidos en torno al tresillo donde ambos acabaron sentados juntos. Movió el ratón para sacarlo del estado de "stand by" e inmediatamente apareció en pantalla un fichero con la lista de todos esos agentes a quienes Mello ya había tenido la oportunidad de conocer en persona hacía casi dos semanas. Las fotos y perfiles de Souchiro Yagami y de Takimura aparecían veladas dada su condición de fallecidos, pero el resto estaban todas muy claras.

Y una de ellas era la de Tota Matsuda.

Durante un breve instante Mello valoró la posibilidad de atraer precisamente al agente que habían creído que era el falso "L", el muñeco de paja que cumplía ese papel… pero pronto rechazó la idea por considerarlo poco prudente; además, en su foto del perfil se podía ver su juventud y cierta candidez en su gesto que no inducía a crear mucha confianza. Por ello centró su atención en el resto de los miembros de la lista.

—Estoy dudando entre estos dos… Ide o Mogi… Aizawa tiene familia, una mujer e hija pequeña, y no quiero meter a otro Souchiro en esto. Todavía lamento lo de ese hombre y su hija.

Matt suspiró pero no dijo nada. Comprendía muy bien que, a pesar de todo, Mello tenía muy clara la moral que debía regir su vida y que el accidente al que a duras penas había sobrevivido había marcado su visión de las cosas de una forma de la que tal vez no era totalmente consciente.

—¿Y cuál de los dos te parece el más acertado? Son casi opuestos.

—Kanzo Mogi… si expresión es muy recta, muy formal, y además es bastante alto y fornido para un japonés. Tal vez sea nuestro hombre.

—¿Te fías sólo de la apariencia física? Creo que has pasado demasiado tiempo con la mafia.

—Es importante, Matt —contestó Mello. —Sobre todo cuando tus oponentes te superan en forma física. Ide no tendría una oportunidad en caso de que el comandante Lester de la SPK decidiera partirle las piernas.

—Mello, dudo que eso llegue a pasar.

—Pero es una posibilidad. Además, por lo que veo Mogi es un personaje muy discreto y responsable, así que no se irá de la lengua ni hará cosas raras que pongan todo en peligro.

Matt suspiró e inmediatamente supo cuál era la siguiente parte del plan.

—Entonces ahora querrás que averigüe cuál es el número de contacto del tal Mogi para contactar con él. ¿No?

—Exacto —contestó Mello con una sonrisa.

—Pero, ¿tienes alguna idea de dónde puede encontrarse ahora Mogi o incluso el resto del cuartel general japonés? Podría pasar que para cuando por fin consiguiese llegar a Nueva York, los de la SPK ya hubiesen emigrado de su sede central. Ya sabes cómo andan las cosas en el gobierno de este país.

—Lo sé —contestó Mello. —Pero está claro que se encuentran todavía en Estados Unidos por lo que pasó con la libreta que logré arrebatarles… Y Hal me confirmó en dónde.

—Al final tu historia con Halle sí que va a ser más útil de lo que parecía… ¿Y en dónde es?

—La central japonesa está ahora miso en Los Ángeles.

—¿En L.A? ¡Pero eso está en la costa oeste, en California! —exclamó Matt. —Aunque es lo más lógico porque hay vuelo directo desde Japón. —Matt suspiró pesadamente. —Pero siguen estando muy lejos de esta ciudad. Ya sólo las horas de viaje, más el tiempo de embarco y desembarco y la diferencia de horario que hay, supone prácticamente un día entero conseguir que ese tal Mogi se presente en la SPK a una hora prudencial… Y eso suponiendo que acceda a venir.

—Vendrá, sobre todo si conoce el sitio exacto —contestó Mello en tono autosuficiente. —Y en cuanto a todo lo demás, no te falta razón. Así que ya te puedes dar prisa en averiguar cómo contactar con él.

—Mello, se supone que esos datos ya los tenemos después de tu encuentro con Yagami. Su teléfono y los del resto de los miembros.

—Sí, cierto que hice una copia de seguridad de todos esos datos en mi propio móvil. Es un milagro que sobreviviera a la explosión… Pero precisamente por eso, es posible que los miembros del cuartel japonés hayan bloqueado o cambiado esos datos. No querrán que estén en manos de lo que para ellos es un delincuente.

—Pues precisamente por eso no los habrán cambiado. Cabe la posibilidad de que quieran que tú puedas estar en contacto con ellos.

—Eso es algo que sólo a alguien competente se le ocurriría —reflexionó Mello. —A alguien como el "L" de verdad quiero decir. Así que busca los datos que haya y compararlos con lo que yo pude rescatar de la explosión.

—Vale, pero con la condición de que tú te encargues de limpiar y ordenar este apartamento y de comprar lo que necesitemos, y también de las gestiones para alquilar ese apartamento frente a la SPK. En algo se tiene que notar todo el tiempo que has pasado con Halle.

Desafortunadamente Mello no encontró otro fajo de periódicos y revistas viejas que tirarle a Matt a la cara.


Con un buen fajo de billetes en mano metido en un sobre se obran milagros. Eso era algo que Mello sabía muy bien desde sus tiempos como delincuente de segunda fila en Londres o incluso antes, así que no le costó mucho alquilar el apartamento frente a la sede de la SPK que pretendía usar como puesto de vigilancia para sus planes. El propietario estuvo más que predispuesto a hacerlo y no tardó en darle una copia de la llave y activar el servicio de corriente eléctrica para que Mello pudiera instalarse en él. Era cierto que tal forma de negociar rayaba la ilegalidad, pero Kira no perseguía ese tipo de delitos. No todavía al menos.

El apartamento resultó ser similar al mismo en el que Matt se ocultaba; había ascensor y un ático- terraza con jardín, disponible para toda la comunidad de vecinos pero que Mello no pretendía usar para evitar ser visto. También tenía las obligatorias escaleras de incendio en la fachada externa, la también obligatoria alarma anti-incendios que obligaba a los inquilinos a fumar fuera del apartamiento, y un servicio de calefacción central que fue más que bienvenido dado el frío de los últimos días. Las paredes del interior eran de ladrillo visto, el suelo era de tarima de madera y las ventanas de formato vertical, estaban protegidas por una alambrada, por lo que distinguir quién se ocultaba en su interior era relativamente difícil, cosa que sirvió a Mello para convencerse de lo acertado de su elección. Finalmente, no parecía haber mucho movimiento entre los vecinos del inmueble, de hecho la inquilina de al lado resultó ser una viuda de cierta edad, víctima de la ciática y rodeada de gatos, que en cuando vio la cara quemada de Mello, no tardó en esconderse en su casa cerrando bien con llave. Alguien con semejante perfil no suponía un problema para Mello y sus planes, pues esa anciana reaccionaría así con todo el mundo que viera y desde luego que no era la alegría del vecindario.

Una vez se hubo instalado allí con lo básico y una buena colección de instrumental electrónico para lo que iba a hacer, Mello se apoltronó en un sofá que venía con el lote de alquiler y procedió con su plan. Sacó su teléfono móvil y marcó el número que Matt le había corroborado como auténtico.

Tuvo que esperar a que fuera siquiera descolgado; era lógico que el tal Mogi no respondiera al primer timbrazo de una llamada con número desconocido.

—¿Eres Mogi? —preguntó sin rodeos. No tenía sentido andarse con saludos.

—"Sí" —contestó tras unos segundos de vacilación, obviamente habiendo reconocido la voz de Mello tal y como pretendía.

—¿Estás solo?

—"No" —contestó el nipón.

Mello tragó saliva; esa era una posibilidad que ya imaginaba pero no que Mogi fuera tan franco.

—¿Hay alguien cerca de ti? —preguntó. Si era tan franco, podía manejar la situación.

—"No".

—Ok. ¿Están a una distancia que resulte imposible escuchar esta conversación? Si es así, aléjate caminando de forma que todo lo que digas no levante sospechas.

—"Bien."

El tal Mogi era fluido en inglés si podía entender todo lo que decía Mello, aunque pese a su escuetas palabras, su acento era obvio.

Mello aguardó a que Mogi hiciera su paripé y dio un mordisco a otra de sus tabletas de chocolate sin ocultar el sonido, dejando así más clara su identidad. Luego soltó la bomba de su plan,

—Mogi, ¿qué te parece si te vienes en Nueva York para conocerme? —Hubo una obvia pero disimulada exclamación de asombro al otro lado del teléfono, así que Mello siguió dando carrete para que Mogi no soltara su presa. —No voy a decirte nada más al no ser que vengas solo al lugar que te indicaré. No quiero cámaras ni localizadores, pero sí que traigas suficientes baterías cargadas para tu teléfono.—El silencio al otro lado de la línea dejaba claro que Mogi no parecía entender muy bien a qué se refería, así que Mello se explicó dejando claro que estaba en control de la situación. —Quiero una respuesta inmediata sobre si vas a venir o no. Si cuelgas el teléfono, implicaría que lo vas a consultar, así que para evitar eso, vas a estar con el teléfono descolgado sin cortar la comunicación durante todo el tiempo que tardes en venir. Las baterías cargadas son para eso. Sólo lo podrás apagar durante el tiempo que dure el vuelo hasta Nueva York, y una vez hayas llegado aquí, yo volveré a llamarte.

—"Muy bien. ¿A dónde voy?"

—Perfecto. Ven ahora mismo y tan rápido como puedas a Nueva York. La dirección es la salida del metropolitano de la Avenida de San Nicolás, la Nick ST. Acuérdate bien de la dirección.

—"De acuerdo. Ya estoy en camino."

Y a continuación oyó los ruidos de cómo se guardaba el teléfono móvil en su bolsillo de la chaqueta habiendo dejado el volumen muy alto para que Mello pudiese escuchar todo lo que ocurría a su alrededor durante el trayecto.

Mello sonrió triunfante. Había sido más fácil de lo que había pensado incluso; estaba claro que en el cuartel japonés andaba desesperados por atraparlo, sobre todo si su líder era realmente Kira. Ahora sólo comenzaba la parte más tediosa de su plan, el vigilar todo lo que ocurriese durante las horas que durara el viaje de Mogi, salvo las horas de vuelo, una pausa bienvenida. Mello conectó su propio teléfono a uno de los aparatos que se había traído del apartamento de Matt y se puso los auriculares para escuchar todo lo que recibía desde el aparato de Mogi.

En unas horas, sabría lo que tenía que saber.

El problema era que, durante el tiempo que duró el vuelo de Mogi, se sorprendió a si mismo dándose cuenta de lo mucho que echaba de menos a Halle, su interacción con ella y su bañera con olor a regaliz.

-Y eso era algo que no podía permitirse. No ahora. Aunque seguramente ella podía estar pensando lo mismo.


Continúa en el siguiente capítulo-"Retirada".

*N de A: A pesar de la escena adulta, no he pasado más que de la mera insinuación porque no es mi intención incluir ese tipo de escenas en esta historia, ya que por un lado, están prohibidas según las normas de , y luego tampoco aporta algo importante a la trama. Lo que sí quería dejar claro es que, a pesar de todo lo ocurrido, Halle y Mello siguieron manteniendo su relación a pesar de que él la apuntase con la pistola. Es evidente que algo tuvo que pasar entre ellos luego de ese suceso.