Después de que Titus le cerrara la puerta en las narices y la dejara aún más descolocada de lo que ya estaba, pasados unos segundos decidió que no pasaría nada por quedarse con la oreja pegada a la puerta durante unos minutitos de nada, nunca había sido cotilla, pero se ve que la cárcel despertaba a la maruja que llevaba dentro.

Se apoyó con cuidado en la puerta y pegó su oreja, al principio no lograba escuchar nada, y casi decide desistir en su misión cuando por fin escuchó sus voces. Se quedó petrificada con lo que estaba escuchando, no podía ser verdad, le empezaron a flaquear las piernas y se separó de la puerta pensando en que quizá no había sido buena idea eso de cotillear un rato, pero al final le pudo más la curiosidad de saber cómo acababa la historia que Titus estaba contando y no tardó en volver a pegar la oreja.

¡¿Acababa de amenazar a Clarke?! Bueno a Octavia también, pero ¡¿A Clarke?!. Con esa revelación ya había escuchado suficiente y fue directa a esconderse en uno de los pasillos cerca de la enfermería a esperar a que su rubia saliera de ahí, y esperaba que sana y salva, porque no dudaría en tirar la puerta abajo como tardara mucho más. Mientras debatía en su interior cuantos minutos y segundos debía dejar pasar, la vio salir más pálida de lo que ya era y respirando con celeridad haciendo que su enorme pecho se apreciara aún más, "Bendita celeridad. Uf. Basta, céntrate Lexa, ¡La acaban de amenazar!". Empezó a salir de su escondite, quería tranquilizarla como la rubia hacía siempre con ella cuando le daban sus ataques de ansiedad, pero no le dio tiempo a hacer el primer movimiento con el pie derecho, que vio como Clarke se serenaba y con decisión ponía rumbo a saber a dónde.

XXX

A la mañana siguiente se despertó como nueva a pesar de que la noche anterior le había dado vueltas a todo, Clarke, Titus, las amenazas... Demasiadas preguntas en el aire y demasiadas dudas que resolver. Aún así había descansado sus ocho horas de rigor y se sentía con fuerzas para enfrentarse a un nuevo día, al menos psicológicamente hablando, porque físicamente se sentía cansada las veinticuatro horas.

No sabía cuánto tiempo tardarían en hacer efecto las pastillas que le había proporcionado Titus para su problema de los desmayos, pero esperaba que diesen resultado, porque no le hacía mucha gracia pensar en desmayarse por ahí sola y que alguna energúmena se aprovechara de ello, Clarke tenía novia y no podía estar todo el día de guardaespaldas, aunque era lo que más deseaba, para qué mentir.

-Asquerosa Nylah, ¿Ves? me hace decir palabrotas - Gruñó por lo bajo.

Se levantó de la cama refunfuñando para sus adentros y fue a darse una ducha antes de ir a desayunar. Cuando volvió de los vestuarios pasó por la celda de Luna para ir juntas a desayunar, sorprendentemente no la encontró allí y eso la preocupó un poco porque siempre estaba en su celda esperándola con alguna frase graciosa preparada.

No la había visto desde las votaciones y su desmayo, y también le preocupaba un poco eso de que ahora fuera una de las líderes. No quería ni imaginar la cara que tuvo que poner Octavia. "Menudo desastre, Luna una líder..."

Se encontró por los pasillos con Ontari, tan recta y correcta como siempre, con sus manos cogidas a la espalda y la cabeza bien alta. Aquella mujer le agradaba de verdad, tenía su punto de chica seria, pero era muy amable cuando la tratabas un poco más.

-Buenos días, agente Fish -Dijo mostrándole una sonrisa.

-Buenos días, reclusa Woods, ¿todo bien?

-Buscaba a Luna, ¿la ha visto?

Ontari soltó un suspiro y pudo ver una casi imperceptible sonrisa aparecer en sus labios.

-La reclusa Hilker está en el patio del ala oeste -Respondió finalmente Ontari dejando escapar esa sonrisa que estaba intentando aguantar.

-Menudo control de las reclusas, agente Fish -Dijo sorprendida y soltando una carcajada -Si algún día intento fugarme será en su día libre -Le guiñó un ojo.

-Vaya a verla usted misma y lo entenderá -Puso los ojos en blanco dejando escapar otra sonrisa y negando ligeramente con la cabeza.

Y ahí estaba su instinto cotilla acechando de nuevo, ¿qué le estaba pasando?

-Gracias -Se despidió de Ontari mientras se daba media vuelta y echaba a correr.

No había recorrido ni cinco metros cuando la escuchó hablar de nuevo.

-Nada de correr por los pasillos -Le advirtió Ontari.

Paró la carrera pero mantuvo el ritmo de marcha atlética.

-¡Y no bromee de fugas conmigo, Woods! -Esta vez lo dijo alzando un poco más la voz debido a la lejanía que había propiciado su magnífica marcha. Quizá se aficionaba a ese deporte.

-¡Lo siento, agente Fish! -Alzó también la voz antes de girar por uno de los pasillos que le llevaría hasta su objetivo.

Iba muy motivada con su marcha incesante por los pasillos de Azgeda, esquivando reclusas y saludando a unas cuantas otras, la educación no la perdía nunca. Parecía que iba a ser un buen día a pesar de su preocupación por todo el tema de Clarke/Titus/Amenazas, pero estaba segura de que se solucionaría; la rubia no había dejado de meterse en problemas desde que llegó y siempre salía ilesa de todos, tenía un don, y esa vez no iba a ser diferente.

Todos aquellos pensamientos fueron anulados cuando escuchó a lo lejos la voz de Luna. Conforme se acercaba a su destino la escuchaba más nítida aunque sin llegar a distinguir lo que decía, aminoró la marcha poco a poco y frunció el ceño cuando llegó ante la puerta que la separaba de su amiga. La abrió y lo que se encontró no pudo más que sorprenderla.

Luna se encontraba subida en el escalón más alto de las gradas del patio, tenía enfrente a unas dieciséis reclusas sentadas en el suelo escuchando embobadas lo que su amiga les contaba, algunas asentían con la cabeza aceptando sus palabras y otras sonreían de una forma que daba un poco de miedo, la verdad. Luna tenía en la mano derecha la biblia de bolsillo que tanto le gustaba, y la izquierda la alzaba de vez en cuando para darle más énfasis a sus palabras, gesticulando sin parar. Predicando. Eso estaba haciendo su amiga. Predicar el lesbianismo. Tenía que reconocer que para llevar solo un día ya tenía bastantes seguidoras. Una locura digna de admirar.

Cuando ya llevaba doce minutos esperando a que su amiga terminara de dar aquel discurso bíblico y viendo que tenía para otros doce minutos más por lo menos, no pudo aguantarlo más y se acercó a la grada con el fin de que Luna se percatara de su existencia y terminara la dichosa plática.

-Chssss, Luna... Luna... -Ni caso -¡LUNA! -Gritó.

Luna la miró de reojo un segundo a la vez que escuchó un "CHSSSSSS" general de todas sus súbditas y le entró un poco de miedo porque al enfocarlas algunas la miraban con amenaza real en sus ojos.

-Luna tengo que hablar contigo -Se arriesgó a morir -Mierda, Luna, hazme caso -Se exasperó.

Luna pasaba de su cara con mucho descaro, tenía que contarle lo que escuchó el día anterior en la enfermería, ponerla al día de todo el desastre que se les venía encima. Al fin y al cabo ahora era una de las líderes y ella era la orientadora, no se podían quedar de brazos cruzados, además, estábamos hablando de la vida de Clarke, de su Clarke. Sí, en su mente era su Clarke. Si nadie se enteraba no la podían acusar de pervertida ni acosadora ni nada.

Le arrebató con agilidad la biblia de las manos para que le prestara atención fijándose que de las páginas de esa obsesiva biblia salían pequeños post-it de colores con anotaciones, se centró en la página que estaba leyendo Luna y no dio crédito a lo que vieron sus ojos, tenía tachadas todas las referencias a nombres masculinos y los había cambiado por nombres femeninos, ¡Hasta tenía un desplegable con dibujitos de lo que parecían apóstolas haciendo tríos y orgías! Abrió sus ojos y su boca aún más sorprendida negando con la cabeza y de pronto notó como alguien posaba una mano en su hombro, sin mucho tacto, por cierto. Se giró despacio esbozando una sonrisa forzada.

-¿Por qué eres tan entrometida? Ya que eres tan lista, sabrás que sobras por completo aquí ¿No?-Le dijo Echo con sus malas pulgas.

-¿Y tú por qué eres tan mal educada, Echo?

Echo la cogió por el cuello de la camiseta y empezó a arrastrarla alejándola de aquella zona.

-¡HAKUNA MATATA! ¡HAKUNA MATATA! -Gritó sin muchas esperanzas de que su amiga la salvara.

-¡Eh! hermana Teles, paz y amor entre mujeres. Lexa es una hermana más aunque no sea practicante, es el primer punto de la Bollo-Biblia -Luna levantó la dichosa Biblia por encima de su cabeza mostrándola por todo lo alto pudiéndose leer en la portada La Bollo Biblia de Hilker.

-Estaba metiéndose en medio de tu discurso, Luna, pensé que...

-Está bien, pero recuerda que Lexa y Clarke son nuestras hermanas aunque no vengan a las misas. Tienen otros quehaceres, ¿de acuerdo? -Decía Luna con toda tranquilidad acariciándole la espalda a Echo -Ahora ve con tus otras hermanas y reza tres Madres Nuestras.

Ojiplática se hallaba. ¿Pero cómo había metido a todas esas reclusas en su secta de locura bollérica? ¿Y Echo? Le había afectado demasiado la muerte de Emori y se aferró a lo primero que encontró, no tenía otra explicación. Menudo control tenía su amiga sobre las reclusas y menudo descontrol de mente se marcaba la tía. Ahora entendía a Ontari.

-¿Qué necesitas de mí? Pastillas para el lesbianismo no tengo y no existen -Luna levantó el dedo frenando su intento de cortarla -Y pastillas contra la curiosidad lésbica tampoco tengo ni existen -Terminó la frase y entonces bajó el dedo.

-Dios mío, Luna, ¿tú te estás oyendo? -Cogió aire y lo soltó -No me creo que te estés tomando las pastillas -Le dijo completamente seria.

-No merezco esta desconfianza absoluta hacia mi persona, Lexa -Luna la miraba sin apenas parpadear.

-Estás rara, admítelo. ¿Ves normal estar predicando una Biblia homosexual que tu misma has modificado a tu antojo de la Biblia original? -Levantó las manos con las palmas hacia arriba de forma interrogante.

-Las mujeres somos así, cambiantes, bipolares... además, me está pegando mal la medicación, ya no sé si estoy en la cárcel de acá atrás o en Azgeda.

-¡De Alcatraz! Espera... ¡¿Estás hablando en argentino?!¡Se acabó! Dame las pastillas, te las daré yo misma. Y dame esa Biblia también -Estiró la mano mientras la miraba amenazante.

-¡Basta! No me mires así, te quiero, Lexa, ven aquí -La agarró de la mano que tenía tendida y tiró de ella para abrazarla.

-Necesito hablar contigo, pero así no. Te necesito cuerda, es un tema muy serio, hablamos de la vida de Clarke -Le dijo soltándose de su abrazo -Y de Octavia, de Octavia también -No pudo evitar sonrojarse ante tal evidencia.

-Tengo las pastillas escondidas en otra de mis Biblias -Le dijo la morena totalmente cuerda y seria -Te quiero. Eres como mi hermana, hermana de verdad, no esta patraña -Enfocó la Biblia con los ojos- Y si me necesitas empastillada, me empastillo y punto -Sentenció Luna volviéndole a coger la mano para abrazarla nuevamente.

-Chicas -Las interrumpió la agente Ontari -Woods, tiene visita.

Le costó reaccionar ante las palabras de la agente. ¿Visita? ¿Ella? Ella no tenía visitas, así lo hablaron y así se decidió por parte de todos.

-¿Visita? -Preguntó incrédula.

-De su madre.

Taquicardias. Empezó a sentir taquicardias y necesitaba controlarlas para poder afrontar la situación, así que cerró los ojos y respiró profundamente imaginando que estaba entre los brazos de su rubia de ojos azules. Vale, se había puesto más nerviosa de pensar en Clarke abrazándola, pero finalmente había conseguido relajarse un poco. Si su madre estaba ahí era por algo grave, no vino ni para decirle que su padre había muerto, se lo contó todo por teléfono, ¿qué podía haber más importante que una muerte para que ahora sí que estuviera allí?

No se despidió de Luna, simplemente se dio la vuelta y fue directa a la sala de visitas.

Entró con decisión en la sala de visitas, porque aunque estuviese envolviéndole esa sensación de miedo, necesitaba aparentar ante su madre que nada le afectaba. Había sido así siempre, porque de las dos alguna tenía que ser la fuerte e inconscientemente ella se había ofrecido siempre voluntaria para ese papel.

Nada más notar su presencia, su madre alzó la vista. Su mirada reflejaba muchas cosas, entre ellas la tristeza y el miedo que siempre la habían acompañado, mirada que hacía que creciera en ella un enfado desmesurado y difícil de controlar.

Se acercó hasta la silla que quedaba justo en frente de donde estaba sentada su madre, a unos dos metros y medio de distancia que era lo que medía aquella enorme mesa. Sin apartar la vista de sus ojos, se sentó con detenimiento y esperó a que fuera ella quien comenzara a explicar de su presencia allí.

-¿Qué haces aquí, Becca? -Intentó esperar, de verdad, pero su curiosidad pudo con ella, para variar.

Su madre se tensó y sus ojos se volvieron cristalinos. Tenía los antebrazos apoyados en la mesa y jugaba con los dedos de sus manos nerviosa.

-He venido a verte, hija -Contestó con un claro nerviosismo en su voz.

-Pues ya me has visto, ¿algo más? -Se movió en la silla con la intención de marcharse y zanjar la conversación.

-Espera, cariño. Hablemos un poco, por favor -Le suplicó y ella se recostó en la silla cruzándose de brazos.

-No tengo nada que hablar contigo -Dijo tajante.

-Hija, lo siento. Sé que todo esto es culpa mía -Vio cómo se le humedecían los ojos y tragaba antes de continuar -Está siendo muy difícil asumir que tu padre ya no está y...

-¿En serio? ¿Tu te estás escuchando? -No se lo podía creer -¡Otra vez te estás echando las culpas! ¡¿Es que no te das cuenta?! Aquí el único culpable es al único que has defendido toda tu vida. Después de todo lo que hizo, después de todo lo que te hizo -Sus palabras iban perdiendo fuerza y sentía que de un momento a otro se derrumbaría, pero no estaba dispuesta a eso.

-Tu no lo entiendes, hija -Empezaron a caerle las lágrimas mientras hablaba y verla así la enfurecía aún más.

-¿Que no lo entiendo? -Rió irónica -Yo también lo quise -Notó cómo se le formaba un nudo en la garganta -Pero en algún momento él se olvido que también nos quería. No sé cómo aún puedes defenderle... -se le quebró la voz y tuvo que parar de hablar.

-Tu padre era un buen hombre, Lexa -Respondió la mujer con tranquilidad.

-¡Mi padre era un puto borracho que maltrataba a mi madre! ¡¿Te has olvidado de lo último que hizo por ir bebido?! Porque en algún lugar habrá una familia que no lo olvida -La miró enfurecida mientras le caían unas lágrimas rebeldes que limpió con rabia con su mano -Siempre justificándolo -Bufó -Estoy aquí por su culpa y aún sigues intentando que entienda algo que es imposible de entender -Dio un golpe en la mesa y se levantó de la silla, no quería escuchar más, su madre apenas le había dicho nada, pero lo suficiente para saber que seguía en el mismo punto donde la dejó.

-No hagas esto, Lexa, por favor -Volvió a suplicarle.

-Hago lo que tendría que haber hecho hace muchos años, Becca. -Le dijo con tranquilidad -No vuelvas a visitarme, no quiero verte -Se dio la vuelta y se encaminó hasta la puerta.

Cuando el guardia la vio acercarse le abrió la puerta dándole paso a la salida, pero antes de abandonar la sala escuchó como Becca susurraba algo.

-Ni siquiera eres capaz de llamarme mamá...

Paró su avance unos segundos escuchando los sollozos de su madre, y sin decir nada ni mirarla siguió andando para abandonar la sala definitivamente.

No recordaba el momento exacto en el que todo cambió en sus vidas, en el que su padre empezó a beber y se volvió tan agresivo, y en el que su madre a pesar de las palizas seguía queriendo estar a su lado ocultando todo el dolor que las envolvía a ambas. Tampoco recordaba en qué momento también perdió a su madre, en qué momento algo hizo click dentro de ella y decidió dejarla sola con aquel monstruo, fingía que no le importaba, pero la culpa le pesaba demasiado.

Odió a su padre, odiaba a su madre y se odiaba a ella misma por no poder entender todo aquello ni poder perdonarla. Quería, pero no podía. Y menos en esa situación, estaba en Azgeda por culpa de su padre, y en el fondo también culpaba a su madre.

Cambió de pensamiento después de haber divagado por los mismos un buen rato, dando vueltas por los pasillos de Azgeda sin un rumbo fijo. Pensó que era momento de buscar a Clarke y hablar con ella de todo lo que había escuchado el día anterior. Es que era para volverse loca, no había un día tranquilo en ese lugar. Aún así pensar en Clarke siempre acababa por tranquilizarla, por mucho que la rubia solo le traía problemas y preocupaciones, su presencia lo compensaba todo.

Definitivamente aquella rubia de ojos azules le hacía muchas cosas por dentro, cada día le costaba más reprimirse y no dejar escapar una sonrisa cuando Clarke hacía o decía cualquier tontería. Es que era muy tonta de verdad y le encantaba así. Solo tenerla al lado su día mejoraba un 200% y aún no se explicaba cómo había podido llegar hasta ese punto, sin apenas conocerse y en tan poco tiempo. Se le tenía que notar a leguas que se moría por besarla y no sabía cuánto tiempo podría contenerse, hacía poco más de 24 horas que se había prometido así misma que intentaría ser su amiga y ya estaba flojeando, menudo desastre.

Ahí estaba, plantada delante de la puerta de la celda de Clarke. Necesitaba muchas cosas de la rubia, necesitaba que la calmara después de la catastrófica visita de su madre, necesitaba saber si ella se encontraba bien, pero sobretodo necesitaba hablar del tema Titus y saber el alcance de esas amenazas.

Cogió aire y picó a la puerta, aún no tenía esa confianza con ella para entrar como hacía con Luna, así que esperó pacientemente a que la rubia le abriera la puerta. Estaba tardando demasiado en abrir y sabía que estaba dentro, la estaba escuchando. Empezó a mover el pie izquierdo con nerviosismo. Iba a volver a picar cuando finalmente la puerta se entreabrió dejando asomar una Clarke un poco sofocada.

Estaba tan metida en sus propios pensamientos que no supo ver el momento en el que se encontraba la rubia. Acabó de abrir la puerta de un pequeño empujón y se coló dentro dejando atrás a una Clarke con cara avergonzada y... ¡¿Desnuda?! Dios mio, estaba desnuda envuelta en una sábana. Miró hacia la cama y se le cayó el alma a los pies. Nylah estaba desnuda también, tapada con otra sábana y mirándola con suficiencia y prepotencia.

Explotó. Llevaba demasiado acumulado y eso fue la gota que colmó su impoluto vaso ficticio.

-Está muriendo gente, Clarke, gente de verdad, no personajes de tus estúpidas series. Te amenazan... os amenazan - titubeó rectificando rápidamente -Y tu aquí follando tan ricamente. Pensaba que eras diferente -Dijo yéndose dando un portazo.

¿Qué acababa de hacer? ¿Le había dicho todo eso a Clarke? ¿Pero estaba tonta o qué? Sin duda, la locura de Luna se pegaba, esto no era propio de ella. Dios, se quería morir. Fue directa a su celda tirándose boca abajo en su cama de forma dramática e insultándose internamente por la gran cagada que había cometido con la rubia. No tenía ningún derecho a decirle todas esas cosas, pero habían salido de su boca sin control alguno.

Pasados un par de minutos, no pudo calcularlos a la perfección porque no tenía previsto esa continuación de los acontecimientos, tenía a Clarke en cuerpo presente dentro de su celda, vestida, gracias a Dios o a Luna, ya no sabía bien a quién agradecerle los milagros divinos.

-Clarke, es mejor que te vayas.

-No me voy a mover de aquí hasta que me cuentes qué ha sido esa escena digna de Luna y muy poco propia de ti -Dijo Clarke totalmente tranquila.

Era jodidamente guapa, divertida, cariñosa, carismática y genial, pero tenía un defecto. EL DEFECTO. Era cabezota como ella sola y era muy agotador intentar ganarla en ese aspecto; por lo general se dejaba ganar, pero ya había colmado su vaso imaginario y había perdido el control de sus actos, así que se levantó de la cama hecha una furia de nuevo y la encaró.

-Me pasa que eres una idiota irresponsable que no deja de meterse en líos -Se puso roja del enfado que llevaba encima.

-Nunca me habían dicho algo tan bonito, Lexi -Clarke soltó una carcajada.

¡¿Se estaba riendo la muy descarada?! La estaba llevando al límite y no sabía cómo manejar toda esa espontaneidad que de repente la absorbía.

-Dios, eres desesperante, ¿lo ves? -Se echó las manos a la cara desesperada.

-Explícate mejor -Dijo la rubia mientras se cruzaba de brazos y ponía su maldita sonrisa Griffin.

-Que eres una imbécil cabezota que no se entera de nada, ¡joder! Que me dan ganas de pegarte, pero es que a la vez me dan ganas de hacer esto -No lo pensó más y terminó de acortar la poca distancia que las separaba, le agarró la cara con ambas manos y le plantó un beso en los labios.

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Aquí tenéis el segundo beso Clexa, el primero oficial, ❤️ ¿cómo creéis que reaccionará Clarke?

¿Hemos aliviado un poco vuestro drama Nylarke? ? Tampoco os acostumbréis, ha sido casualidad ?

Seguimos amando muy fuerte a Luna y su locura, ¿alguien dispuesto a unirse a su nueva religión?

Ya vamos descubriendo más cosas sobre el pasado de Lexa, con todo lo que ha pasado cualquiera no sufre ataques de ansiedad...?

Nos leemos pronto, un abrazo perezoso para todxs.