La canción no me pertenece a mi, sino a Yayo Gutiérrez. Si sabes de quien estoy hablando, estas bien pro.

Capitulo 14

Amores de Una Noche

"No. ¡Jodas!" -Gritó Gold arojando su guante de béisbol lo más lejos que pudo, antes de lanzarse al sofá mas cercano.- "¡¿Qué mierdas tiene ese Umpire en la cabeza?"

"Nada, ese fue el problema." -Respondió Black, de un humor similar al ojiambar.- "Esa jugada al final de la septima entrada no fue un jodido Out, ¡Al pendejo se le cayó la bola, maldita sea!"

"Relajense." -Pidió Red, dejandose caer junto a su primo, quien le profería una mirada llena de incredulidad.- "Si, el Umpire era un reverendo imbecil. Pero igual ganamos, ¿O no?"

"Pero-"

"Ya no hay razón para dejar que esto nos afecte." -Señaló el ojirojo, interrumpiendo a Black.- "Ahora, ¿Donde se metieron Ruby, Pearl, N y Dia? Creí que venían detrás de nosotros."

"No tengo idea de a donde fueron N y Ruby, pero creo que los pubertos fueron cada quien con sus respectivas chicas." -Respondió Gold, echando la cabeza hacía atras y cubriendo su rostro con su gorra.

"Creí que Dia no tenía-"

"Es complicado." -Le interrumpió el castaño al otro lado de la mesita de centro.


"Y tu eres..." -Inquirió el peliazul, totalmente absorto de la frialdad con la que aquel pelirrojo le miraba. Sus ojos se clavaban en él violentamente, como si quiziese hacerle daño con solo una mirada. El muchacho metió sus manos en sus bolsillos, y relajó un poco su postura, pero su mirada permaneció igual.

"Amigo de Platina." -Respondió el chico, dejando demasiado espacio para la interpretación. Sin embargo, el ojiazul no pareció darle importancia.- "Tengo un problema contigo."

"No veo cómo podrías." -Respondió confundido el muchacho de la boina.- "No creo haber hablado contigo antes."

"Deja de jugar con ella." -Ordenó el chico de ojos plateados, confundiendo aún más a Dia.- "Platina no es un juguete con el que te puedas divertir."

"Nunca dije que lo fuera." -Musitó el peliazul.

"Ella estaba arrepentida y se disculpó contigo, porque te quiere." -Gruñó Silver, avanzando un par de pasos hasta el muchacho ojiazul.- "¡Y tu solo juegas al dificil!"

"No estoy jugando." -Respondió Dia, sin perder la calma.- "Pero tampoco quiero lanzarme de lleno y sin pensarlo en una relación con Platina. La primera vez solo pensé en sus necesidades, y todo terminó muy mal. Tengo que estar seguro de-" -Un par de manos se posaron sobre sus hombros, y sintió como una fuerza ajena a la propia lo impactaba de espaldas contra el muro mas cercano. En un parpadeo, aquellas orbes de plata eran lo único a la vista de Dia.

"Gusano..." -Siseó el pelirrojo.- "No la mereces, gusano egoista. No te mereces a alguien como ella."

"Con todo respeto, mi desconocido amigo:" -Musitó Dia, haciendo un esfuerzo para deshacerse del agarre de Silver.- "No tienes el derecho a juzgarme. No conoces toda la situación, solo conoces la versión de Platina."

"No me interesan tus asuntos en lo mas minimo." -Dijo Silver, recuperando subitamente la compostura.- "Solo quiero que dejes de mantenerla colgando. Dale una respuesta concreta."


Y ahora, helo aquí. Frente a las rejas de esta enorme mansión. Trató de hablar con Platina en la Academia, pero no le permitió decir palabra alguna, alegando que prefería hablarlo en casa. A Dia no le quedó otro remedio sino acceder, muy a su desconcierto. Por todo el tiempo que llevaba tratando a Platina, nunca lo había invitado a su... casa.

El joven cocinero se acercó a la pequeña caja con botones junto al enrejado y presionó el primer botón que llamó su atención.

"¿Diga?" -Se escuchó en la bocina.

"Hola, Plat. Soy Dia." -Se anunció el peliazul, ligeramente intimidado por el ambiente.

"Oh, hola. Pasa, en un momento te abro la puerta." -Y dicho eso, la comunicación se cortó. Pocos segundos después, Dia escuchó un sonido metalico y las puertas se abrieron como por árte de magia, dandole paso.

El joven avanzó lento pero seguro. El lugar era como un pequeño parque, y a cierta distancia ya se podía vislumbrar la enorme mansión de color marfíl. Dia se tomó su tiempo, admirando todo a su alrededor. Sin embargo, algo en especial llamó su atención.

Descanzando a la sombra de un árbol, atado a una estaca saliente de la tierra, estaba un perro. De color gris con una franja magenta en su lomo. El muchacho se acercó un par de pasos, y en cuanto pisó la sombra del árbol, el animal se desperto y se levantó de su lugar.

"Hola, perrito." -Saludó Dia, acercandose al animal, absortó a la mirada que le profería. El peliazul extendió una mano para acariciar su cabeza, pero el perro lanzó una feroz mordida. Al retirar su mano, Dia resbaló y cayó al suelo.

El peliazul se retorció en el suelo como pez fuera del agua, de tal forma que extrañamente terminó entre el perro y el árbol. El animal se lanzó de nuevo al ataque, y en un fugaz impulso, Dia se trepó a las ramas del roble.

"Oh, rayos." -Musitó el peliazul, mientras el perro le miraba desde abajo, ladrando y gruñendo.- "¡Platina!"


"Tenias razón."

"¿Qué?" -Preguntó Sapphire, por puro reflejo. Ruby mantenía una sonrisa soñadora hacía el cielo.- "¿Acerca de qué?"

"Aclarar las cosas con Wally... me hizo mucho bien." -Dijo el ojirojo, antes de girar la cabeza hacía Sapph, regalandole esa sonrisa que antes era para las nubes.- "Gracias."

"Si, bueno..." -Musitó ella, desviando su mirada hacía otro lado, frunciendo el entrecejo.- "No podía dejar que siguieras quejandote por eso."

"Pero si yo nunca-"

"Callate, ¿Si?" -Le interrumpió ella, mirandole de reojo.- "Comienzas a hartarme. Eres demasiado emotivo."

"Supongo. Puedes culpar de eso a Wally." -Comentó Ruby. Antes de regresar su mirada a las nubes, notó la mirada confundida de Sapph.- "Después de ese suceso, decidí cambiar. Dejé de ser agresivo y comencé a ver la belleza en cada cosa a mi alrededor, y así me decidí a estudiar ártes visuales. Gracias a lo que sucedió ese día, soy lo que ahora soy." -La mirada de la ojiazul se posó en su amigo por un largo rato, hasta que soltó un suspiro que hubiese levantado a los muertos.

"Yo también le debo mucho a ese acontecimiento." -Comentó ella, y esta vez fue turno del ojirojo de lucir extrañado.- "Yo... yo estuve allí."

"Mentira."

"Es cierto." -Recalcó Sapph, fulminandole con la mirada.- "Dices que escuchaste un grito antes de desmayarte. Bien... yo grité, justo antes de que un niño cayera al suelo. Ese día después de clases, fui al hospital... Y también todos los días de ese mes. Antes yo era una niña muy débil, demasiado parecida a ti."

"¿Me estás llamando niña?"

"No me interrumpas." -Bufó la ojiazul.- "También me gustaban las cosas bonitas, y detestaba cualquier tipo de violencia. Cada vez que veía a Wally conectado a esas maquinas, sentía que mi corazón bajaba hasta mi estomago, y rompía a llorar. Fue así hasta que me di cuenta de que haciendo eso no le ayudaba. Entonces decidí ser fuerte; ser fuerte para cuando él me necesitara, estar allí cuando me necesitara y que nunca me viera derramar una sola lagrima. De cierta forma, ese día..." -Sapph se detuvo para voltear a ver a Ruby. Sus ojos y los de ella permanecieron conectados por unos segundos.

"Ese día... nos cambió a ambos." -Terminó el muchacho, sonriendo suavemente a su amiga. Sapphire salió de su trance y desvió la mirada.

"Supongo."


"Lindo perrito..." -Murmuró Dia, recibiendo como respuesta un gruñido bestial del animal al pie del árbol.- "Perrito bonito. Ve por tu huesito, ¿Quieres? ¡Platina! No te haré daño, solo quiero- ¡Platina!"

"¿Dia?" -Se escuchó decir a una voz, y segundos después, el peliazul pudo vislumbrar a su anfitriona entre las hojas y ramas del roble.- "Dia, ¿Donde estás?"

"¡Aquí arriba!" -Gritó el muchacho, incitando todavía más ladridos del perro. La mirada de la joven Berlitz se posó primero en el perro, caminó hasta llegar a la base del árbol y después volteó hacía arriba.- "...Hola."

"¿Qué haces allí?" -Preguntó la chica, mirandole confundida.

"Ese animal quiere matarme." -Exclamó Dia, fulminando con la mirada al ahora manso cachorrito. Platina se arrodilló en la hierba y acarició la cabeza del perro.

"Oh, de seguro él solo quería jugar. ¿Cierto, Baiko?" -El perro agitó su cola en respuesta, luciendo ahora mas tranquilo. De seguro una presencia extraña lo puso nervioso, y ahora que Platina estaba allí, dejaría de comportarse tan agresivo; pensó Dia.

Platina desató la correa del metal, mientras Dia bajaba lentamente del árbol. En cuanto su pie tocó la tierra, Baiko se volvió loco nuevamente, ladrando y gruñendo. Sin embargo, esta vez sus mandibulas aprisionaron el pantalón del peliazul. Lo único que impedía que la bestia devorara la pierna de Dia, era Platina halando su correa.

Finalmente, Dia se liberó del feroz agarre de Baiko y se alejó varios metros. No obstante, trás un poderoso tirón por parte del animal, Platina soltó la correa, y el perro no tardó en dar caza al muchacho, quien corría a más no poder para huir de él.

Dia y Baiko recorrieron todo el jardín frontal, con Platina siguiendoles de cerca. El animal ladrando y gruñendo sin control, y un ojiazul muchacho gritando "Alto" y cada uno de sus sinonimos en busca de que el can del demonio se tranquilizara. Al cabo de unos minutos, Dia saltó una pequeña cerca hacía el jardín trasero; Baiko venía mordiendole los talones. Como el joven corría mirando por sobre su hombro para saber si el perro seguía persiguiendolo, no se dio cuenta que caminó hasta el área de la piscina, hasta que sus pies se enredaron con una inocente e inofensiva manguera.

Baiko finalmente alcanzó a Dia, mordiendo un extremo libre de la manguera en sus pies. El peliazul hizo un último esfuerzo por escapar del animal, pero una vez mas, Baiko usó todo su poder para dar un solo tirón, que hizo caer a Dia la piscina.

Platina arrivó a la escena y, primero que nada, amarró a Baiko a una pequeña jardinera de cemento.

"Dia." -Le llamó la muchacha, buscando en el agua la sombra del muchacho.- "Dia... ¡Diamond!" -Después de unos angustiosos segundos, la cabeza del muchacho emergió, con su boina cubriendo sus ojos.

"Pero que dulzura de animal..." -Gruñó el ojiazul.


"Tiempo sin verte..." -Murmuró esa profunda e inconfundible voz, despidiendo su calido aliento contra su oído. Un par de brazos a ambos lados le impedían cualquier tipo de escape, y aún cuando pudiese escapar, él la alcanzaría antes de llegar al tercer piso.- "¿Haz estado evitandome?" -Preguntó el muchacho, dejando salir una nauseabunda carcajada. Él sabía la respuesta.

"Por favor, vete." -Pidió ella. Acto inutil, estaa consciente de ello. Pero era lo único que deseaba hacer, y no estaba de mas intentarlo. El joven inhaló profundamente y después suspiro contra el cuello de la castaña.

"Terminaste con él." -Comentó el peliverde, paseando sus dedos por todo el brazo de White. Desde su hombro hasta la punta de sus dedos. Ni un centimetro de piel quedó sin tocar.- "Me halagas."

"Eso no significa que voy a arrojarme a tus brazos sin chistar. -Siseó ella, ingeniandoselas para escapar de su lugar entre N y la pared.- "Por favor, marchate."

"Creo que no lo estás entendiendo." -Murmuró el muchacho, mirandole fieramente.- "Yo siempre obtengo lo que quiero; y ahora te quiero a tí."

"Lee mis labios." -Dijo White, apuntando un dedo a su boca.- "¡No!" -Antes de que pudiese reaccionar para evitarlo, los brazos del ojiverde se aferraron alrededor de su cintura, y la impactó con mas fuerza de la necesaria a una pared.- "¡Basta!"

"Me perteneces." -Siseó N, nuevamente contra su oído. Una vez mas, ambos se separaron, para comenzar a asesinarse uno al otro con la mirada. Ambos se miraban fijamente, esperando intimidar al otro, sin embargo-

"¿Qué sucede aquí?" -Un murmullo los sacó de su lucha mental. Allí, subiendo por las escaleras, estaba Black; mirandoles sumamente confundido.

"Oh, allí estás." -Murmuró N, dando a su personalidad un giro de 180°. El peliverde metió ambas manos a sus bolsillos y desvió la mirada, luciendo aburrido.- "No creí que tardarías tanto."

"Lo siento, me quedé un rato charlando con los muchachos." -Explicó el castaño, clavando su mirada en la acompañante de N.- "¿De qué estaban hablando?"

"Nada en especial." -Musitó el peliverde, mirando a la muchacha por sobre su hombro.- "Solo nos ponemos al día."


Su día no podría haber ido peor, aún si lo hubiese planeado. Sus pantalones estaban despedazados, y totalmente empapados junto con toda su ropa; acababa de darse un baño en casa de Platina y ahora no llevaba otra cosa encima mas que una bata de baño que, a juzgar por lo grande que le quedaba, era de su padre. Dia dejó salir un pesado suspiro antes de sentarse en un sofá para después cubrirse el rostro con las manos.

"¡Ah!" -Un estrepitoso grito, seguido por el sonido de metales golpeando el suelo, lo sacó de su miseria. El joven peliazul emprendió rumbo al lugar de donde había salido el estruendo, y se pronto se encontró a si mismo en una cocina. Platina estaba boca-abajo en el suelo, junto con varias casuelas y restos de lo que lucía como un pan cubierto de crema. También había rastros del platillo esparcidos por el rostro de la joven.

"¿Estás bien? ¿Qué sucedio?" -Se apresuró a preguntar el peliazul, mientras la ayudaba a levantar. Sin embargo, la mirada apagada mirada de Platina no se depegaba del desastre en el suelo.

"Se arruinó." -Murmuró ella, y entonces todo tuvo sentido para Dia. Platina llevaba puesto un delantal de cocina, había crema en su cara y en el suelo; estaba preparando un pastel.- "Está arruinado."

"¿Por eso querías que viniera?" -Preguntó Dia, con la mirada fija también en el intento de pastel desparramado en el pulcro suelo de la cocina.- "¿Tu cocinaste eso... para mí?"

"Lo lamento." -Murmuró Platina, inclinandose para recoger todo. Sin embargo, se detuvo al sentir la mano de Dia en su hombro. Su mirada subió desde esta, hasta la tierna mirada que le profería el joven cocinero.

"Yo lo limpiaré, mientras tanto ocupate de preparar los ingredientes." -Dijo el ojiazul.- "Prepararemos uno todavía mejor."


Un parque de diversiones; tipico de Red, pensó Yellow. Totalmente de la nada, al béisbolista le surgió el deseo de arrastrarla a un parque de diversiones. No le molestaba pasar tiempo con el muchacho de ojos rojos, pero ese no era el lugar donde hubiese querido hacerlo. Los parques de diversiones siempre estaban llenos de gente ruidosa, aromas entremezclados en el aire y niños vomitando hasta la inconsciencia. Romantico, ¿No?

"Y bien." -Exclamó Red, sacandola violentamente de sus pensamientos.- "¿A qué te quieres subir primero?"

"Bueno..." -Musitó la rubia, examinando las atracciones a su alrededor, para decidir qué sería menos odioso. Su mirada finalmente se posó en el clasico puesto de los aros.- "Vamos a eso."

A penas llegaron, el encargado les entregó tres aros de plastico, pero de un veloz movimiento, Red se apropió de ellos.

"Perimiteme mostrarte." -Dijo el muchacho, destilando seguridad y arrogancia, pero con una sonrisa juguetona en los labios. Sin siquiera dignarse a mirar, el ojirojo lanzó velozmente los aros a las botellas de cristal, haciendolas sonar.

"0 de 3. Pierdes." -Anunció el encargado, mientras la atónita mirada de Red inspeccionaba cada centimetro de las botellas.

"Eh..." -Musitó Red, aún algo atontado por su garrafal fallo. Aclaró su garganta ruidosamente y desvió su rostro enrojecido.- "Vamos a otra cosa, ¿Quieres?"


"Entonces..." -Murmuró Eusine, antes de escribir frenenticamente en su cuaderno.- "X es igual a 3.75."

"No puede ser." -Respondió Crys, casi automaticamente.- "Si Y es igual a 8.14, y XY es igual a 18, X no puede ser equivalente a eso."

"¿No haz pensado que tal vez Y está mal calculado?" -Preguntó el muchacho, recibiendo como respuesta una mirada asesina de parte de Crys.- "De acuerdo, olvidalo. ¿Qué te parece un descanzo?"

"Aún tengo que terminar 7 operaciones para mañana." -Se quejó la ojiazul. Sin embargo, Eusine gateó hasta ella y depositó un suave beso en su frente.

"5 minutos no te matarán." -Murmuró el joven contra su piel, mientras bajaba hasta su barbilla, besando cada centimetro en el trayecto.

"¿Qué planeas hacer con 5 minutos?" -Bromeó ella. Sin embargo, Eusine ignoró su comentario y descendió hasta su cuello. La situación inmediatamente cayó de golpe en los sentidos de Crys.- "Eusine-"

"Solo 5 minutos." -Le interrumpió, al tiempo que sus manos aventureras viajaron hasta la cintura de Crys, para recostarla delicadamente en el suelo, mientras sus labios se devoraban unos a otros.

La cabeza de Crys pareció dejar de funcionar, y en su lugar se llenó de aire frío. Sus ojos rodaban dulcemente a hacía atras, las manos de su novio se movían con más confianza y libertad, mientras su blusa se corría mas hacía arriba, centimetro a centimetro.

"Crys..." -Murmuraba el mayor, entre aquel lapso de solo milisegundos en que sus labios quedaban libres.- "Crystal..." -La temperatura aumentaba, y Crys comenzaba a dudar en cuanto a dos cosas. Si su cabeza aguantaría sin explotar, y si podría limitar el contacto a solo 5 minutos.- "Crystal."

"Gold." -Tan pronto como aquella palabra rodó de labios de la ojiazul, todo se fue a la mierda. La temperatura pasó de tener la capacidad de derretir rocas, a un gélido grado en el que todo se congeló. Eusine se separó lentamente de ella, mirandole incredulo a los ojos.

"¿Cómo me llamaste?" -Preguntó en un susurro. Ni siquiera el aliento salió de la garganta de Crys; nada de lo que pudiese decir arreglaría la situación. Eusine se puso de pie con toda la elegancia y dignidad posible, que no era mucha, y sin siquiera dirigirle una mirada a su novia, salió de la habitación, y después del apartamento.

El puño de Crys impactó violentamente contra el suelo, una y otra vez, hasta que un par de lagrimas le siguieron. Lagrimas de frustración.

"T-Te odio..." -Murmuró Crys, antes de dar otros tres golpes al suelo.- "¡Te odio Gold Ongaku!"


"Con cuidado." -Susurró Dia, mientras Platina sacaba lentamente la plancha de pastel ardiendo. La muchacha se dio media vuelta y la colocó delicadamente sobre la mesa, para después quitarse los guantes de cocina.- "Bien, ahora el decorado."

"Dejame hacer eso." -Pidió Platina. Tomó en sus manos el recipiente con la mezcla de color rosado y dulce aroma, y, usando una cuchara, comenzó a untarla en el pan.

"No, espera." -Pidió Dia, acercando su cuerpo al de ella, abrazandola por detrás para sujetar delicadamente sus brazos.- "No la untes tan bruscamente, solo deslizala en circulos."

Mientras el peliazul guiaba las manos de Platina, ella podía sentir el latido acelerado del corazón del muchacho contra su espalda, a travez de la delicada tela de la bata de baño. Por su parte, el aroma impregnado en el cabello de la joven Berlitz se abrió camino hasta la nariz de Dia, quien batallaba para guiar correctamente los movimientos de la aspirante a repostera.

Al terminar de cubrir de mezcla el pastel, las manos de Platina soltaron la cuchara, y en su lugar subieron por los brazos de Dia, lenta y tortuosamente. El ojiazul tragó pesadamente, mientras poco a poco el cabello de la joven dama se apartaba de su vista, para ser reemplazado por sus ojos. Ninguno estuvo dispuesto a esperar un segundo más, así que simplemente rompieron cada barrera entre sus rostros, para juntar sus labios. El roce comenzó tranquilo, como una gentil caricia, pero Dia pronto se encontró a si mismo aprisionando el cuerpo de la muchacha contra la mesa. Al percatarse de ello, se alejó un poco de ella, pero en medio de tanto movimiento, su única prenda se deslizó por sus hombros y después por el resto de su cuerpo, para finalmente caer al suelo.

La mirada de Dia no tenía precio. Pero mientras sus ojos se posaban estaticos sobre Platina, los de ella viajaron a lo largo y ancho de la piel desnuda del peliazul.

"Lo sien-" -Su disculpa se vio interrumpida cuando un par de labios impactaron contra los suyos, en un beso más ardiente y acelerado que a los que estaba acostumbrado.

Nuevamente, pegó su cuerpo al de ella, aprisionandola contra la mesa, mientras Platinea le rodeo el cuello con sus brazos, profundizando el contacto. El gorro de Platina cayó inocentemente al suelo, seguido de cerca por su bufanda, su chaleco negro, la blusa blanca debajo de este, su falda rosa. Y pronto, un beso inocente pasó a transformarse en algo completamente diferente.


"¿Estás lista?" -Preguntó Pearl, recibiendo como respuesta un gesto con la cabeza. El rubio respiró hondo, se perfiló, y lanzó la bola con todas sus fuerzas. El sonido del madero impactando contra la pelota fue tan estridente que hizo estremecer al béisbolista, al mismo tiempo que miraba como la bola se elevaba, y se elevaba, y se elevaba... y seguía elevandose.- "Esa cosa no va a volver." -Murmuró el ojiperla, antes de que un par de brazos le rodearan por la espalda.

"No te pondrás a llorar por una pelotita, ¿O si?" -Bromeó ella, abrazandolo con fuerza. Una sonrisa malvada se formó en los labios de Pearl, antes de que se girara para quedar de frente a Maylene.

"¡Veamos quien llora después de esto!" -Gritó el rubio, al mismo tiempo de que sus manos se aferraron a cada uno de los muslos de la pelirrosa y la levantaba en el aire, para después correr hasta el cesped y dejarla caer de espaldas contra él. Las manos de Pearl viajaron hasta los pies de la pelirrosa, se deshicieron de sus zapatos, le siguieron sus calcetines, y pronto Maylene se retorcía en el suelo, riendo como desquiciada.- "Ya no te sientes tan valiente, ¿O si?"

"Y-Ya... ¡Para, para!" -Gritaba la pelirrosa, entre carcajadas, mientras los dedos del rubio se frotaban suave y tortuosamente contra las plantas de sus pies.- "¡Por favor!" -De pronto, como si hubiese dicho una palabra mágica, la sensación en sus pies se desvaneció, y fue reemplazada por otra mas suave en sus labios. Pero esta duró solo segundos, pues al abrir de nuevo los ojos, Pearl le sonreía engreídamente.

"¿Lo vez? Lloraste."- Comentó el rubio, haciendo alución al par de lagrimas abultadas en los ojos de su novia.


Nuevamente, llegó a su habitación solo para dejarse subir a su cama y no saber nada más del mundo; la suspensión no le sentaba bien. ¿Por qué estaba suspendido? Porque a Flannery, la profeosra de baile con la que casi se acuesta, le dio remordimiento de consciencia y fue a confesarle todo a Winona, y su nombre apareció en la conversación. De eso ya hacen 2 semanas, por lo que para la siguiente ya estaría de vuelta, pero sus actividades se habían recortado mucho.

Chicas y béisbol; era todo lo que hacía. ¿Cúando fue que su vida se tornó tan vacía y monótona?

"¡No me llames Crys! Solo mis amigos me llaman así."

Mierda, ¡No! Si se ponía a pensar demasiado, terminaría pensando en... ella. Dispuesto a poner a trabajar a su cabeza, se acercó al radio y lo encendió en la primer estación que encontró, para después regresar a su cama. A hundirse en su miseria.

"Tocame otra vez, deja de mentirme y ven

Pon tus labios junto a los míos que estan llamandote.

Pierdeme en todo tu ser, aunque sea esta noche

No te eches para atras

No digas te arrepientes."

"Y quedate, esto no es para siempre

Esto no va a repetirse, lo sabes bien."

"No des la vuelta, por favor. De mi hoy ten compasión

Yo nunca tuve de esto y ahora tu eres lo único

Solo esta vez, nada más. Si quieres piensa en alguien mas

Yo me conformo con pretender

Que fuiste mía."

"Y quedate, esto no es para siempre

Esto no va a repetirse, lo sabes bien."

"Y aunque yo se que no vas, a recordar mañana

Espera un día con la misma soledad..."

El radio fue derribado por una almohada voladora, mientras el ojiambar le miraba con desprecio.

"Te odio..." -Murmuró para si mismo, antes de dejarse caer de espaldas, con la vista perdida en el techo.- "Te odio... Gold Ongaku."


"Lo lamento, de verdad lo siento mucho." -Era la decimoquinta vez que Red se disculpaba, en solo 5 minutos. No es como si le hubiese vomitado encima... fue un niño quien lo hizo.

"Esta bien." -Murmuró la rubia, tratando de tranquilizarlo.

"No, no lo está." -Exclamó el ojirojo, antes de cubrirse el rostro con las manos.- "Debí preguntarte a donde querías ir, o qué querías hacer. Pero estaba tan nervioso y tan decidido a que esto saliera bien, que simplemente me porté como un imbecil."

"¿Nervioso?"- Repitió ella. Red guardó silencio por unos segundos, hasta que lo rompió con un pesado suspiro.- "Tu... estabas nervioso. ¿Por mi?"

"Llevaba casi 4 semanas tratando de invitarte a salir." -Comentó Red, mirandole dulcemente, con una timida sonrisa enmarcando cada facción de su rostro, haciendole brillar.- "Quería que todo estuviese perfecto porque..."

"Porque..." -Inquirió la rubia. La anticipación había hecho de ella poco más que un nudo de nervios. Podía sentir el latido de su corazón resonando en sus oídos, y su rostro calentarse en solo segundos.

"Yo..." -Musitó el ojirojo. Tenía claras las palabras que quería decir, pero por algún extraño motivo, no podía hacerlas rodar de su lengua.- "Quería agradecerte... por siempre estar conmigo cuando te necesito. Eres una persona muy importante para mí."

"Oh..." -Yellow trató con todas sus ganas para que su suspiro no sonara decepcionado, pero era una tarea muy dificil. Ciertamente, esas no eran las palabras que ella esperaba.- "No te preocupes por eso, yo lo hago con gusto."

"Eso es lo que me encanta de ti." -Comentó Red, ganandose una mirada sorprendida por parte de la rubia.- "Eres tan buena que ni siquiera las gracias me puedes aceptar."

Y así pasó el resto de la tarde, entre cortas charlas y timidas respuestas. No mucha información quedó esclarecida, pero ambos se sintieron conformes con el resultado.


"Creí que ya no vendrías." -Murmuró el castaño, con la vista fija en uno de tantos libros que traía consigo a su pequeño pedazo de cielo. Sintió como algo se sentaba junto a él, y recostaba su cabeza en su hombro.- "Hacía 3 semanas que no te veo por aquí."

"He estado ocupada." -No era mentira, había estado brutalmente ocupada, con problemas que no tenían que ver con ella.- "¿Qué lees?"

"¿Nada de preguntas personales?" -Preguntó Green, ignorando completamente tan trivial pregunta.- "¿Sin chillidos tuyos pidiendo que te cuente algo? ¿Nada de molestas mofas o juegos?"

"Ya dejaste en claro en qué terreno estamos tú y yo, no tiene caso seguir intentando." -Murmuró ella, en un tono totalmente carente de cualquier emoción.

"Cortala." -Gruñó el ojiverde, cerrando su libro y arrojandolo lejos, para después ponerte de pie.- "¿Va a ser así de ahora en adelante? ¿Vas a comportarte como una vil sombra de lo que eras antes, solo porque no quiero tener nada contigo a nivel romantico?"

"Mas o menos." -Respondió Blue, de nuevo, sin rastro alguno de emoción. Green soltó un gruñido casi bestial.- "Creí que te alegraría."

"Yo también." -Respondió él en un susurro.- "Pero te volviste un personaje aburrido."

"¿Qué?"

"La vida es una historia." -Filosofó Green, con el rostro perdido en el cielo.- "Contada desde el punto de vista de cada uno. Hay personajes principales y secundarios, hay buenos y malos, hay personajes con buen desarrollo, y aquellos de los que no se sabe nada. Yo lo sé todo de ti, y esto no es lo que eres, tu eres un personaje con un proposito, y eso es lo que te hace intersante."

"¿Estas diciendo que quieres que te persiga?"

"Si, es exactamente lo que estoy diciendo." -Espetó el muchacho. No fue hasta que el vacío semblante de Blue se partió en una sonrisa y después en una carcajada, que se dió cuenta de lo que acababa de pasar.- "Maldita sea."

"Date cuenta, Green. Acabo de sacar de tu boca esas palabras." -Cantó la ojiazul, levantandose del cesped para caminar en circulos alrededor del muchacho.

"Estabas fingiendo."

"Debería ser actriz en lugar de cantante, ¿No lo crees?" -Bromeó Blue.

"Esto no significa que-"

"Significa que quieres que te persiga, porque hago tu historia mas interesante." -Le interrumpió, recibiendo como repuesta una gélida y petrificante mirada.- "Soy un personaje interesante, bien desarrollado, y por ello le doy un buen toque a tu historia. Me encuentras interesate, y lo que estas diciendo es que..."

"No."

"Yo..."

"¡No!"

"¡Te gusto!" -Exclamó la castaña, antes de echarse a reir. Green apretó tanto los puños que sus nudillos alcanzaron a tornarse blancos, pero respiraba lentamente, tratando de tranquilizarse.- "A Green le gusta una chica, a Green le gusta una chica." -Cantaba la castaña, coreando una y otra vez.

"Me das asco." -Espetó Green, desviando la mirada.

"Te gusto."

"No te soporto."

"Y te gusto."

"Eres molesta."

"¡Y te sigo gustando!"

"...Niña odiosa."


...Y helo aquí, desnudo en una cama que no era la suya, mirando a un techo que no reconocía, en una habitación a la que nunca había entrado. Pero junto a una mujer que siempre había estado con él, aunque a veces no lo pareciera. Dicha mujer dormía, desnuda bajo las delicadas y finas sábanas blancas, respirando pacificamente, absorta a la mirada que le profería el peliazul. Una de sus manos se extendió para acariciar su mejilla, con cuidado de no despertarla. Sin embargo, falló, y los ojos de Platina comenzaron a abrirse poco a poco.

"Hola..." -Murmuró ella, antes de cubrirse hasta el cuello con las sábanas. Dia sonrió ante la reacción de su... ¿Novia? ¿Había vuelto a ser su novia? En fin, decidió no darle importancia a cosas tan insignificantes en ese momento. Se inclinó para besar la frente de Platina, y susurrar en su oído.

"Te amo." -El rostro de la joven Berlitz enrojeció al escucharle.- "Y no lo digo solo porque te hayas acostado conmigo."

N/A: Perdón por la demora. Mi computadora se desmadró cuando tenía la mitad del capitulo escrito, y fue muy tedioso volver a empezar de cero. Las notas finales hoy están algo extensas, asi que agarrense.

Nos acercamos al final de esta historia, pero tengo planeados otros 3 fics. Por razones de tiempo, vida y otras mamadas, solo puedo escribir y publicar una de esas tres, y debido a que voy a entrar a una etapa en mi vida en la cual estaré super cabronamente ocupado, no podré actualizar dicha historia tan a menudo como lo he estado haciendo con esta. Serán actualizaciones tipo Melissa Mistick; muy tardadas pero super rellenas. Les dejo aquí una introducción a las 3 historias, y les pido que NO VOTEN EN EL REVIEW DE ESTE CAPITULO, para votar, vayan a mi perfil.

Decisiones: La continuación de Lazos. Debido a que aún no termino esta historia, no puedo dar muchos detalles. Pero les puedo decir que llegan nuevos personajes, algunos OC, y avanzan las relaciones entre los personajes ya existentes. Ocurre un aproximadamente un año después de los eventos de Lazos, y comienza con un super festival playero en Olivine City.

The Lost Canvas: Precuela de Lazos. Osea, antes de los eventos de Lazos. Es una historia que narra los acontecimientos en Goldenrod City en la época en que Winona y Wallace eran estudiantes de la Academia. Se revelan muchos misterios en cuanto al pasado no solo de ellos dos, sino de las personas con las que tuvieron contacto.

Pokemon Special: Vast Cobalt & Deep Crimson: Continuación de Pokemon Special: Cobalt & Crimson, otro fic de Pokespe que escribí y que no guarda relación alguna con Lazos. Esta historia se centrará mas en los OC que en los Dex Holders originales, y ocurre tambien un año después de la primera historia. Crimson recorre el mundo en busca de una forma de recuperar a su hermano, y en el camino se encuentra con nuevos enemigos y peculiares personajes, mientras Amethyst hace lo propio, a su manera.

Asi que ahí esta. Vayan a mi perfil y voten, Voten, VOTEN!

...¡Oh, si! Leí el primer capitulo del manga de PokeSpe Black & White... N quedó como el propio maricón, pero bueno.

Hasta la proxima.