"El año pasado también nevó: hice un hombre de nieve y mi hermano lo derribó, así que yo derribé a mi hermano. Y luego, bebimos té."


Catorce Años Después

A Albus le chispeaban los ojos verdes. No le gustaba enojarse, peros si alguien podía hacer que se enojara, era James. Tonto, tonto James.

- ¡DEVUÉLVEMELO AHORA, JAMES! ¡DAME MI LIBRO!

James ni siquiera lo quería. Seguramente sólo quería presumir con la hermana de Scorpius, como siempre. Como si sirviera de algo. Su mamá siempre decía que Cressida era una pequeña genio. Por otro lado, Albus estaba seguro de que su hermano era medio troll, y no le extrañaría que en realidad alguien lo hubiera dejado en la puerta de la casa.

- ¡Era mío primero!

- ¡Es mío ahora!

- ¡No, no lo es!

James salió de la habitación, cerrando de un portazo, pero Albus salió detrás de él también corriendo en dirección a la sala. No, esta vez su hermano no iba a ganar.

Siguieron forcejeando con el libro, hasta que pisaron accidentalmente la torre que Lily estaba armando cuidadosamente con sus bloques de madera, y todo se vino abajo. Entonces los dos hermanos dejaron de tironear del libro. Su hermana pequeña los miró, parpadeó un par de veces, volvió a fijarse en su perfecta torre que había sido destrozada, de nuevo miró a los culpables, los ojos azules se le volvieron acuosos. Gritó.

Los cristales de las ventanas se rompieron todos al mismo tiempo, haciéndose añicos. Otra vez. Su madre iba a matarlos.

- Toma – dijo James, pasándole el libro a Albus rápidamente – ya no lo quiero.

Y salió huyendo, el muy gallina.

- Espera, tienes razón, ¡es tuyo! – dijo Albus, escuchando los pasos veloces de su madre que se acercaba, salió persiguiendo a su hermano.

Pero ambos apenas habían llegado a las escaleras cuando se oyó el grito de su madre retumbando en las paredes.

- ¡JAMES SIRIUS Y ALBUS SEVERUS, ESTÁN CASTIGADOS!

Si su madre fuera Hermione Malfoy, seguro el castigo no sería tan terrible, pero Ginevra Potter sabía dónde lo sentirían más. Ninguno de los dos pudo acompañar a su madre en el partido del Puddlemere contra los Chuddley Cannons, a pesar de que habían estado esperando por ese juego por semanas, y era la primera vez que podrían ir con ella. Hasta habían presumido con sus amigos que estarían en el podio del comentador durante el juego, y sería una vergüenza que descubrieran que no habían podido ir. Louis se reiría de ellos, Roxanne se reiría de ellos, Lucy se reiría de ellos, Scorpius se reiría de ellos… ¡Merlín, hasta Dora podría burlarse! Quedarían como mentirosos.

James y Albus necesitaron habitaciones separadas tan pronto como James tuvo edad suficiente para gastarle bromas a su hermano menor. No pasaba un día sin que pelearan o discutieran por algo, y su madre constantemente debía estirar su paciencia hasta límites insospechados.

La mayoría de las veces, el que acababa siendo reprendido era James. Por su naturaleza traviesa, era siempre más probable encontrarlo a él molestando a Albus, que podía contentarse jugando solo, o leyendo un libro; el niño incluso prefería jugar con Lily – o con Scorpius, cuando le dejaban ir a casa de su amigo – que pelear con su hermano. Pero era inevitable que incluso el tranquilo Albus reaccionara a las provocaciones, por lo que tener juntos a los dos niños Potter por demasiado tiempo, o sin nada que hacer, era peor a que un huracán pasara por la casa. Las únicas veces en que James y Albus pasaban un tiempo considerable sin pelear, era cuando Teddy venía a quedarse con ellos en las vacaciones: a los dos les gustaba el "primo" mayor, y Teddy se entendía muy bien con ambos, así que cuando el chico estaba en casa, se sentía la armonía en el hogar.

Su mamá era muy clara con las reglas sobre romper cosas, o molestar al otro, o peor, molestar a su hermana menor. Normalmente, su papá eran "un poco" más blando – y James no dudaba en intentar sacar provecho de esto – pero esta vez, su padre no hizo nada para evitar el castigo. Estaba enojado porque los dos le daban un pésimo ejemplo a su hermana, y claro… ambos sabían que Lily era su favorita.

- Es tu culpa. – dijo Albus, mientras ordenaban el lío que habían armado en el dormitorio del menor de los chicos. Las sillas estaban tiradas, los libros arrojados todos de sus estantes, el cubrecamas manchado con marcas de zapato… – siempre lo arruinas todo.

- Cállate – dijo James de mal humor.

Él sólo buscaba divertirse, pero siempre acababa siendo el gran culpable de todo, y Albus siempre era el inocente. Un aburrido, eso es lo que era. No era justo. ¿Por qué Cressida tenía unos hermanos con los que podía jugar, pero él en cambio había conseguido sólo a un aburrido y a una llorona? Antes al menos podía ir a visitar a Fred, pero ahora su primo iba a Hogwarts y ya no tenía con quién divertirse. James también quería ir a Hogwarts, pero todavía le faltaban dos años para recibir su carta.

- James, ayúdame – le dijo Albus, que se paraba de puntas sobre una silla, pero no alcanzaba a poner la caja de juguetes en su lugar –, que pesa mucho.

El chico suspiró.

- Bájate, eres un enano.

Albus se bajó de la silla, y James le quitó la caja de las manos. Como era una cabeza más alto que su hermano, no le costó nada alcanzar el lugar.

- Gracias. – dijo el menor – Oye, puedes quedarte con el libro si quieres. Pero si de verdad quieres ganarle a Cressida, Scorpius me dijo que ahora está tratando de aprender a jugar ajedrez mágico.

A James le brillaron los ojos.

- ¿En serio?

Albus volvió a asentir, y James comenzó a maquinar en su cabeza. Tenía que pedirle al tío Ron que le enseñara a jugar – aunque tuviera que soportar a Lyran y Lorcan, esos dos le volvían loco… - pero esta vez iba a ganar.

Enseguida, James dejó de sentirse enojado con Albus. La verdad era que su hermano era bastante listo. Los hermanos menores no eran tan malos, después de todo. Y Lily era algo llorona, pero era algo bonita, también.