* Maria Soledad Rodriguez Las cosas se complican para todos.
* Georgi G Kurt está enamorándose cada vez más de Blaine. Debe decidirse a hacer las cosas bien por él y por todos.
Jeje se dejaron llevar por la pasión y disfrutaron del momento.
El subconsciente de Blaine habla por él =)
Simone estará en un lío muy grande del cual no sabrá cómo salir.
* Haydee Eliana Guzman Pardo Me alegra que te guste la historia. Aquí un nuevo capítulo.
Sí, las cosas se pondrán difíciles para Kurt.
* Jeny El corazón sabe mucho.
* AdrianaBotero2 Kurt está ilusionado y desarrollando sentimientos muy fuertes.
Se vienen momentos duros para él.
Las cosas tampoco serán fáciles para Blaine.
* RobinLegua Muchos momentos intensos se están viviendo, y vienen más.
Kurt necesita abrir sus ojos antes de que sea tarde.
* hummelandersonsmythe Blaine es un hombre divino, pero sin querer ha metido en un gran lío a su amada.
Madame Dupont no se va a quedar de brazos cruzados.
La vida de Kurt se va a complicar demasiado en muchos sentidos.
* ngel Hummel 3 Siempre es un placer leerte. Me alegra que sigas disfrutando de ésta historia.
CHAPITRE TREIZE
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Samuel se sentó torpemente con su novio a su lado mientras Kurt caminaba en un corsé de encaje negro y bombachos blancos. David parecía un poco incómodo a medida que el castaño se paseaba por la pequeña habitación.
Era el día después del festival, y el ojiazul todavía tenía el traje multicolor prestado descansando sobre el respaldo de la silla. No pudo encontrar el propietario después, sin embargo, optó por caminar alrededor vestido con ropa interior de mujer.
Samuel estaba ansioso por algo, y aunque alguna vez no dudó en preguntar qué estaba pasando y trató de ayudar, ahora se sentaba en silencio.
Todo con Kurt se había convertido en drama últimamente y él se estaba distanciando. No era sólo porque ahora tenía un novio, sino que su amigo realmente tenía una única manera de hacer más simple las cosas. Él se preocupaba fácilmente, sufría de la presión alta y no necesitaba todo ese estrés, a pesar de querer tanto a su amigo. David le mostró que a veces era bueno ser egoísta.
David pudo ver los ojos de Samuel siguiendo a su mejor amigo, y se estiró, tocando su hombro. Lo admiraba por todo lo que soportaba, pero podía notar que estaba viviendo algunos días en la miseria, simplemente angustiándose por el castaño, el cual los estaba haciendo pasar por cosas no saludables ya que se encontraba demasiado centrado en sí mismo para ver que sus acciones creaban enormes problemas con las personas que se preocupaban por él.
Kurt entró en el cuarto de baño y se miró al espejo unos segundos. Tenía maquillaje, pero la peluca estaba puesta cuidadosamente en el escritorio de la sala de estar. Había una línea de zapatos en el suelo, algunos definitivamente nuevos. ¿Por qué estaba comprando zapatos? Siempre tuvo tres pares para Simone, un par de botas negras, unos tacones rojos y unas sandalias blancas, alegando que era suficiente dolor para cualquier persona, y ahora… ahora había una multitud de calzado.
Regresó a la sala y Samuel le miró los pies descalzos. Estaba cojeando ligeramente, con los dedos de los pies cortados y arrugados por los ridículos zapatos femeninos.
Sentado, miró a través de la gama de calzado y sacó un par de tacones altos de cerceta con correas negras que se extendían por encima de los tobillos. Examinó el calzado, y Samuel se mordió el labio.
- Kurt… – No pudo evitarlo, tenía que decir algo. El chico no lo miró, pero giró la nueva compra en sus manos.
- Hmm… No estoy seguro si debo ir con estas o las botas borgoña. – Pensó, empezando a murmurar sobre cómo unas eran más cómodas, pero las otras tenían estilo.
Los ojos del rubio se abrieron ampliamente. Ese no podía ser el mismo hombre que hace unos meses llegaba todas las noches gimiendo y quejándose de que los zapatos de las mujeres eran hechos por el diablo.
- Kurt… – Repitió, pero el castaño se deshizo del calzado y comenzó a caminar de nuevo, dirigiéndose hacia el cuarto de baño. Algo pasaba y ahora Samuel no podía callar más, le importaba demasiado.
David no se opuso, pero se mordió el labio mientras su novio se levantó y siguió a su mejor amigo.
El ojiazul se miraba en el espejo del baño, murmurando entre dientes. El rubio tragó saliva, esperaba no tener que añadir hablar consigo mismo a la larga lista de "problemas" en la vida de su amigo.
- Por favor, Kurt… – Dijo suavemente, apoyando una mano en el hombro de éste. – Háblame.
- No hay nada de qué hablar, Samuel.
El chico frunció el ceño, tirando de su brazo un poco áspero. – Escúchame, Kurt. Hay algo de qué hablar, y por Dios, no soy Samuel, soy Sam, tu mejor amigo, habla conmigo.
- ¡Maldita sea, aléjate de mí! – Siseó, tirando de su mano y tambaleándose ligeramente sobre sus doloridos pies, haciendo una mueca.
El rubio estaba más que sorprendido por el estallido repentino, y cuando notó la mirada oscura en los ojos azules, sabía que estaba perdiendo a su mejor amigo. Probablemente ya estaba perdido.
- Kurt… – Dijo débilmente. Lo… lo siento.
- No necesito tu disculpa. – Dijo entre dientes, pasando solo para que un cuerpo más grande de repente bloqueara su salida.
David no parecía impresionado cuando miró a Kurt con expresión de indignación, el joven era mucho más bajo que él, pero no parecía intimidado.
- Puedo entender si no aceptas su disculpa, pero siento que tú le debes una a él. Kurt miró fijamente al hombre más joven, los ojos castaño chocolate estrechos y enojados.
- ¿Quién crees que eres? – Preguntó aspirando un poco de aire como si eso le hiciera parecer más grande. Pero no importaba lo intimidante que tratara de ser, David sólo vio a un hombre con ropa interior femenina. – ¿Has estado aquí por qué? ¿Una semana? ¿Qué te hace pensar que tienes derecho a decirme qué hacer?
David sacudió la cabeza lentamente. – Voy a ser honesto porque yo, a diferencia de Sam, no me preocupo por ti. En lo más mínimo. – Dijo con los dientes apretados, mostrando su evidente malestar. No le gustaba Kurt, no lo entendía, y para ser honesto se sentía más que incómodo a su alrededor. – Sin embargo, me preocupo por Samuel. Me preocupo por sus sentimientos, y no me gusta cómo le faltas el respeto, porque cuando lo desprecias… me desprecias también.
- David por favor. – Sam prácticamente gimió, sin querer causar ningún problema entre las dos personas que más le importaban. Sí, ya David había llegado a significar mucho para él. Era tan dulce, paciente y comprensivo. Estaba enamorándose mucho del chico más alto. – Por favor, vámonos.
- ¡No! ¡Yo me iré! – Kurt siseó, recogiendo todo del cuarto de baño y entrando en el dormitorio, lanzando la puerta detrás de él.
David suspiró y observó a Samuel, quien estaba mirando a sus pies.
- Lo siento por eso. – Murmuró el rubio, frotándose la parte de atrás de su brazo, y su novio se acercó a él suavemente.
- Oh Samuel… – Dijo suavemente, rodeándolo con sus brazos y acariciándole la espalda y los brazos, abrazándolo con sutileza. – Caminaron hacia el salón donde el rubio se sentó, pero su pareja lo levantó suavemente. – Vamos, salgamos. Yo invito.
Sam se mordió los labios y lo miró, sonriendo amablemente. – No tienes que hacerlo. – Dijo suavemente, un poco herido mientras miraba a su novio. Se inclinó, besándolo y David le devolvió el beso.
- No tengo, pero quiero. – Le sonrió, y Sam se sonrojó, asintiendo con la cabeza.
- Sólo un minuto… – Fue a buscar su abrigo, y el artista se sentó por un momento, mirándolo como se acercaba a la puerta de la habitación sólo para detenerse y volver a pensar en entrar. Kurt todavía estaba allí, molesto. – En realidad… es un buen día, no necesito un abrigo.
El chico suspiró cuando el rubio se acercó y suavemente tiró de él a su lado para que se sentara, y apoyó una mano sobre la pierna de éste.
- Samuel, cariño. – Sam se sonrojó ante esto. – ¿Puedo preguntarte algo? – Éste asintió, curioso de lo que estaba pasando, pero tenía la sensación de que estaba relacionado con… – Se trata de Kurt. – Se había dado cuenta de ello. – Quiero decir… ¿qué le pasa? – Entrelazó los dedos con los de él. – Es sólo que… pareces tan molesto por todo esto. Y odio pensar que alguien te ponga así.
Las mejillas de Sam se volvieron carmesí. Se sentía tan especial con su novio, lo trataba con tanta delicadeza y amor. Pero, cuando pensaba en Kurt, su estómago se sentía extraño. Sí, Kurt podría haberlo tratado mejor, pero el chico había pasado por muchas cosas en su vida, y como su mejor amigo él estaba obligado a ayudarlo. Se quedó en silencio unos segundos y David le acarició la rodilla.
- Háblame, Sam.
- Kurt… – bajó la mirada. – ha pasado por mucho. – Dijo con suavidad listo para contarle sobre el pasado del joven, porque en ese momento necesitaba a alguien con quien hablar, alguien en quien pudiera confiar.
- Lo conocí… hace algún tiempo. – Dijo realmente incapaz de rastrear por cuánto tiempo conocía a su mejor amigo. – Ambos nos habíamos mudado a París y… bueno, decidimos quedarnos juntos, y encontramos éste lugar. Trabajé en mi arte, él trabajó en su música, pero apenas podíamos permitirnos el alquiler. – Se frotó la nuca. – En cierto sentido, me culpo por todo esto. – Murmuró, cerrando los ojos.
- Nada de esto es tu culpa, Samuel. – Le frotó la espalda.
- No… es que… comencé a trabajar… en las alcantarillas de una fábrica de carne. Eso era repugnante. Lo odiaba y… – Hizo una pausa, incómodo mientras se rascaba la nuca. – Simplemente no sé… el año pasado, de repente vino con dinero y me dijo que volviera al arte, que no tenía que trabajar en ningún lugar que yo odiara. – Hizo una pausa durante un segundo mirando hacia donde Kurt había desaparecido. – Nunca dijo de dónde sacó el dinero… pero debería haberlo preguntado.
- ¿Fue allí cuando empezó? – Preguntó, y el joven asintió, apoyando las manos en su regazo.
- Llegué un día temprano y… él estaba usando ropa de mujer. – Miró a David. – Nunca, nunca le dije que renunciara… Fui egoísta.
David sacudió la cabeza y se inclinó hacia él, sosteniéndolo cerca de su cuerpo. – No, no lo fuiste. – Murmuró, besando su sien cuando la puerta se abrió y Ku… Simone salió vestida maravillosamente, pero ninguno de los dos hombres la halagó.
- ¿Una cita caliente? – Preguntó preguntó el rubio, mirando al mayor que suavizaba la tela de su vestido.
- Voy... voy a renunciar. - Dijo Simone, y los ojos de Samuel se abrieron ampliamnete.
¿Renunciar? ¿Lo decía en serio?
- ¿De Verdad? - Preguntó Sam, mirando a la joven.
- Sí. - Respondió suavemente, enderezando su vestido aún más. - Yo... - El rubio se levantó, notando la mirada perdida en el rostro de la mujer. - ya no puedo hacer esto más.
David observó cómo su novio se acercaba, enrollando sus brazos alrededor de la castaña y la sostenía cerca. Se mordió el labio, sabiendo que no importaba lo que Kurt le dijera, Sam siempre estaría allí para él. Se preguntó si era porque el rubio se sentía responsable de todo eso… O, ¿amaba a Kurt… como más que un amigo?
- Shhh. – Samuel susurró, besando una lágrima. Podía ver lo débil que éste se estaba volviendo. Podía verlo romperse. Esa mentira se estaba convirtiendo en algo más grande que todos ellos, pero tal vez cuando su amigo escapase del control de Madame Dupont, de alguna manera podrían volver a la normalidad… quizás.
- Está bien, está muy bien. Todo saldrá bien, Kurt.
- Lo sé… – El castaño gimió, cerrando los ojos. – Lo sé…
-.-.-.-.-.-.-
Madame Dupont estaba situada en el salón de su lujoso edificio, en el que mantenía su negocio. Una de las chicas, Miranda, se quejaba de lo que se esperaba de ella en ese trabajo. Ella no deseaba "actuar" para hombres mayores.
La señora le decía en voz baja que no tenía otra opción. La joven había llegado allí ilegalmente de México. Si pensara siquiera en irse, entonces sería deportada a casa, y seguramente no quería eso.
Le estaba dando un sermón a la joven cuando una hermosa castaña entró, y frunció el ceño.
- ¡Vete, muchacha tonta! Tengo asuntos más importantes que atender. – La latina llorosa se apresuró, y Simone ni siquiera pudo registrar la presencia de su jefa antes de que ésta estuviera delante de ella.
- Madame, necesito hab…
- ¡Cállate! – Dijo la mujer, sus ojos eran peligrosos, y le dio la espalda. – Ven conmigo.
Simone se mordió el labio y caminó detrás de la mujer por los muchos, muchos escalones. Estaba cansada después de llegar a medio camino de la escalera de caracol, sus pies le dolían por los zapatos, pero la señora seguía caminando, exaltada.
Deseaba poder detenerse y quitarse los zapatos, pero siguió la marcha, tambaleándose ligeramente a medida que el calzado se pegaba a sus pies llenos de ampollas.
Pronto llegaron a la habitación superior, la morada de la señora Dupont. Era una habitación de lujo con paredes de color borgoña, finas sedas y cortinas de encaje morados, rojos y violetas. Había velas encendidas a pesar de que la casa tenía electricidad. El olor del incienso era increíblemente fuerte, el olor de cannabis, canela, pachulí, mirra y jazmín era abrumador, y casi le dio un dolor de cabeza.
Podía ver el suave humo que emanaba de los quemadores de incienso de latón que colgaban del techo. Había una gran chimenea que nunca estaba encendida pero tenía muchas velas, la mayoría de las cuales estaban quemadas en unos pequeños charcos de cera dura.
Había también un lujoso sofá de color rojo, cubierto de almohadas suaves.
En el suelo tenía una alfombra, era piel de un verdadero tigre siberiano, completamente pelado y la cabeza todavía atada, los ojos ámbar mirando ampliamente con la luz de las velas parpadeando en ellos. Simone lo encontraba incómodo, y caminó alrededor del tigre para sentarse en el sofá.
- Madame, necesito hablar con usted acerca de…
- Me has estado mintiendo. – Dijo, agarrando una botella de ginebra y Damrak, vertiendo una parte del alcohol dulce en un pequeño vaso. Tomó un trago mientras la chica se retorcía, sintiéndose realmente enferma, muy enferma.
- ¿Qué? – Jadeó, sin saber de lo que estaba hablando. – Yo… yo no he…
Una risa escapó de la Madame que miraba por encima del hombro a la mujer hermosa.
- Me encontré con el señor Anderson en Fête des Rois y me informó de algo muy interesante…
¡Oh, Dios! ¿Había Blaine encontrado algo comprometedor? ¿Lo sabía? ¿Le había dicho a la Señora Dupont? ¿Su cubierta estaba destruída? ¿Ellos sabían quién era en realidad?
- ¿Oh? – Susurró, con las manos temblando mientras la mujer caminaba través del cuarto y se servía otra copa, no bebiéndola esta vez, pero moviéndola ligeramente.
Ella no parecía impresionada.
- Cuando me informaste que no te sentías bien, temí que era posible que pudieras estar con el caballero – La joven no hizo ningún comentario. – Pero pensé que una de mis chicas más fieles nunca me mentiría, sin embargo luego descubrí que no habías sido sincera. He confiado en ti, Simone, nunca dudé de ti… hasta ahora. – Se detuvo y tomó un trago. La castaña permaneció en silencio. Tal vez estaba de suerte. Tal vez la Madame la despediría, ahorrándole la molestia de tener que renunciar.
- Lo lamento. – Respondió cuando la mujer dejó su copa y la miró.
La mujer de edad avanzada siempre se presentó como maternal y bondadosa. Simone sólo había visto ese lado debido a que siempre había hecho lo que le dijo, pero sabía que no era maternal realmente. Era fría y calculadora, parecía ser del tipo que se preocupaba más por sí misma, y por el dinero, por supuesto.
- No, no lo haces. – Dijo entre dientes, y la miró. – Pero lo harás.
- ¿Me estás despidiendo? – Preguntó, tratando de no sonar demasiado esperanzada. Quería salir de eso con la menor molestia posible.
La señora giró completamente. – No, no te estoy despidiendo muchacha tonta. – Musitó, y la cara de Simone cayó.
Tanto para una ruptura tranquila. Percibió que la señora estaba a punto de hablar de nuevo, pero ésta vez era su turno.
- Madame Dupont, hay algo que tengo que decirle. – Pronunció tan rápido que todo salió en un silbido de aire. La mujer alzó la vista hacia ella, frunciendo el ceño mientras se acomodaba frente a ella. Afortunadamente Simone era más alta. – Yo… – De repente perdió los nervios, la respiración vacilante, casi asustada. – Yo… – No hizo más pausas y tuvo que cerrar los ojos mientras lo decía. – ¡Deseo renunciar!
La Madame se quedó en silencio durante unos segundos y miró a la chica antes de reírse suavemente.
- Lamento decirte esto, – caminó luciendo bastante elegante, así como intimidante. – pero no vas a renunciar.
Simone se irguió, más alta que la otra mujer, pero todavía seguía temerosa. – ¿Por qué no? – Pidió saber por qué no podía ser dejada en libertad. Encontraría una manera de salir adelante, tenía que hacerlo si a Blaine no le gustaba eso.
- Pareces no entender. – Dijo, frunciendo el ceño, caminando hasta ubicarse frente a la castaña alta. – Me perteneces Simone, y no vas a irte.
- No puede detenerme. – Gruñó, entrecerrando los ojos mientras retrocedía. – No soy como la mayoría de las otras chicas. No tiene nada para mantenerme bajo su control.
La señora Dupont rió y la miró, la ira era evidente en su rostro. – Todos tenemos nuestros secretos, Simone. – Dijo sabiendo muy bien lo que era tener un pasado oscuro. – Y es sólo cuestión de tiempo hasta que descubra uno sobre ti.
Los ojos de la chica se estrecharon mientras negaba con la cabeza, y se alejó, deteniéndose a quitarse los zapatos para no tener que caminar penosamente por los escalones estando adolorida.
- Bien, ¡buena suerte! – Siseó, saltando descalza hacia la puerta. – ¡Me voy y no puede detenerme!
Dupont sabía que eso era cierto, y le tomó toda su fuerza para no renunciar a su dignidad y aventarse contra la joven, prácticamente para atacarla. Sin embargo, se mantuvo en silencio como una dama, drenando la última gota de alcohol del vaso pequeño, apretándolo con tanta fuerza que fue un milagro que el cristal no se rompiera en miles de pequeños fragmentos en su mano.
Simone estaba apurada, necesitaba escapar. Su corazón latía y sus pies descalzos dolían mientras bajaba por los escalones, la madera dura contra los pequeños cortes y rasguños en sus pies bastante grandes.
Tenía lágrimas en los ojos mientras bajaba por la escalera, pasando junto a algunas de las chicas, pero sin hablar, aun cuando algunas le preguntaban si ya no estaba enferma, o cómo se sentía.
- ¡Déjame en paz! – Dijo entre dientes cuando una mano se posó en su hombro. Miró con los ojos bien amplios y luego trotó prácticamente para poder alejarse y liberarse de ese horrible edificio.
Corrió fuera, saltando a la tierra fría con los pies descalzos. Lágrimas de frustración se acumulaban en sus ojos mientras caminaba con rapidez, temblando de frío debido a que el camino de piedra bajo sus pies estaba helado.
Caminó por varios bloques, de alguna manera se sentía sucia y paranoica, mirando sobre su hombro como si esperara que la siguieran. Logró caminar durante casi veinte minutos antes de que sus sospechas se confirmasen.
- ¿Simone?
- ¡Tengo protección! – Gritó al lado oscuro de la calle a pesar de no tener nada para protegerse si fuera atacada. Su corazón tronó cuando alguien entró en la suave luz de una farola.
¡Blaine! – Declaró en voz alta, llevando su mano al pecho para expresar su conmoción mientras negaba con la cabeza, su corazón latía con fuerza. Había tenido miedo de que la estuviesen siguiendo. Lágrimas corrían por sus mejillas. Había estado tan asustada. – ¿Qué… qué está haciendo aquí?
- Tuve… algo de trabajo, buscando más modelos. – Dijo moviendo la cabeza cuando notó que la joven estaba llorando. Corrió fuera de la luz por lo que se quedaron en la oscuridad, y le acarició la mejilla.
- ¿Qué pasa? – Le susurró, con una mano ahuecando su mejilla y la otra acariciándole el cabello.
Simone no lo detuvo, sino que se limitó a sujetar su camisa, inclinándose más cerca, con la frente apoyada en su hombro mientras permitía que sus brazos la envolvieran. Se sentía tan pequeña en los brazos de Blaine, pero todavía segura.
No sabía por qué estaba tan molesta, tan asustada. Temía lo que la Madame había planeado. Estaba sorprendida de que la hubiese dejado ir de esa manera. Sabía que no era sólo el final. Las cosas no se volvían mágicamente mejores y más fáciles.
- Shhh, vamos, está bien. – Susurró, acariciándole los rizos castaños. – Sea lo que sea, voy a mantenerla a salvo, ¿de acuerdo? – Ella asintió y permitió que el hombre la fuerte la sostuviera. Se estremeció y le echó los brazos delgados alrededor, sosteniéndolo cerca.
- Por favor… sólo no me deje… – Gimió, aferrándose a Blaine y cerrando los ojos suavemente. Los brazos del diseñador estaban apretados y calientes a su alrededor, y Kurt se sintió tan seguro. – Por favor… por favor, no me deje.
- No lo haré. – Blaine prometió, sosteniendo a la mujer en el pequeño callejón, con los brazos envueltos alrededor de su delgado pero firme cuerpo. – Lo prometo, nunca me iré. – Miró a la joven, con los ojos brillantes con lágrimas corriendo por sus mejillas.
Seguía siendo tan hermosa, y el corazón del diseñador dio un vuelco. Realmente amaba a esta mujer. Últimamente, había estado tan confundido con esos sueños, pero ahora, mirándola allí, le gustaría poder mantenerla a salvo de todo daño, de todos los problemas, quería amarla y abrazarla.
- ¿No lo hará? – Gimió, con la cara enterrada contra su camisa, mojándola con sus lágrimas.
- Prometo que no lo haré. – Susurró, besándola en la frente, los ojos cerrados parpadeando. – Yo… yo la amo, Simone…
El corazón de la mujer dio un vuelco y apretó el agarre en el diseñador, estremeciéndose. ¿Él… él la amaba? Amaba a Simone… no a Kurt.
- ¿Puede llevarme a casa? – Murmuró, temblando.
El corazón de Blaine se contrajo. Ella no respondió, pero… pero él sabía… él sabía que ella tenía que amarlo.
- Por supuesto. – Susurró, acercándola y caminando juntos por el callejón.
