Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son de Stephenie Meyer. Yo solo estoy jugando con ellos.

Capítulo beteado por Sarai GN (LBM) y Yanina Barboza, Betas de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction

Sarai, Yani hemos creado monstruos jajaja.

Las invito al grupo: www. facebook groups/ eraseunavez. dannysk (recuerden, sin espacios o en mi perfil pueden ir directamente al link)


Isabella limpió con furia las lágrimas que, traicioneras, desbordaban por sus ojos. Otra vez lo había soñado. Suspiró mirando el techo como si ahí se encontraran las respuestas a todas sus preguntas. Dios, qué patética era. A pesar de haber mandado los papeles de divorcio, no podía dejar de amar a un hombre que nunca quiso tener nada que ver con ella excepto cuando estaba borracho o furioso.

Desde el día en que llegó a Forks, se hizo a la idea de que su matrimonio había terminado, estaba segura de que Edward no los buscaría, y al pasar los días sin ninguna noticia suya, fue entendiendo que siempre habían sido un estorbo para él. Así que finalmente tomó una decisión trascendental al contratar a un abogado para llevar su divorcio, pero en lugar de dar vuelta a la hoja como se esperaría, se encontró a sí misma llorando cada noche; odiaba la opresión que la sofocaba al pensar en seguir viviendo en un mundo donde él ya no formara parte, casi podía admitir vergonzosamente que si seguía con vida, era solo por Eli y Sam, ellos eran el combustible de su motor para luchar. La joven suspiró, mirando por la ventana a través de su habitación, el aire tiró el par de hojas que quedaban en el árbol, mientras meditaba sobre el futuro. Podía conseguir trabajo en el hospital Forks Community, Phil le contó que tenía conocidos que podían acomodarla, Renée se ofreció a preguntar por escuelas para los mellizos. Sería un cambio brusco para todos, pero quizás era lo mejor.

Y entre todos esos pensamientos y miedos acumulándose en su cabeza, de pronto un par de ojos azules y una sonrisa amable se colaron en su mente. Jasper. Él era increíble, había sido un fuerte soporte a lo largo de los días, los niños estaban encantados con él, e incluso ella misma no creía ser capaz de agradecerle toda su ayuda, se estaba convirtiendo rápidamente en una persona muy importante en su vida, pero a diferencia de James, la forma en la que él la tocaba casualmente, o cómo la miraba, o su sonrisa, lograban robarle extraños escalofríos, sentimientos que nunca había sentido por su mejor amigo. Cerró los ojos intentando volver a dormir, aunque sabía de sobra que le esperaba otra larga noche.

O~O~O~O

El cobrizo continuó contemplando la estancia de su casa. Los portarretratos en las paredes lucían a unos niños sonrientes. Sus mellizos. Elizabeth y Samuel eran la razón de su existencia, quizás todo dentro de él estaba contaminado, podrido, quizás él no era más que un cobarde; pero luego estaban ellos. Y eran suyos. Verlos sonreír, aprender a caminar, llamarlo papá, eran motivos por los que sin duda cualquier cosa valía la pena. Ser recompensado cada vez que llegaba a casa y ellos lo recibían con los brazos abiertos, era muestra de que cualquier basura humana podía ser regenerada.

—Edward, si esto de verdad te resulta tan difícil, podemos ir a mi departamento.

Irina dejó de besarle el cuello y se cruzó de brazos, el vestido blanco y ajustado marcaba su exuberante silueta, el cabello rubio caía en gráciles ondas hasta sus hombros. Era diferente a Isabella en absolutamente todo, era más de su tipo... O por lo menos de eso había tratado de convencerse a sí mismo durante días sin mucho éxito. En vez de ello, cada vez que pensaba que podría olvidar a Isabella, cada vez que las comparaba, que se empeñaba en que esto era lo que quería, que era lo que tenía que hacer, cada vez que pensaba en una vida diferente para Isabella, todos los recuerdos con su esposa volvían bruscamente a su memoria, y entre todos ellos nunca había uno malo. Bella, dócil y entregada entre sus brazos, sonriéndole como si fuera lo único en su mundo, cariñosa, una madre increíble y amorosa, una mujer fuerte herida por su culpa. Aunque no quisiera, tenía que admitirse al menos a sí mismo que admiraba todo lo que personificaba esa mujer. Incluso su palabra, había prometido que se divorciarían y en su oficina ya lo estaban esperando los papeles.

Irina suspiró, estaba aguardando una respuesta, sin duda debería escapar de su realidad con ella y firmar esos documentos, ésta era su oportunidad para rehacer su vida y dejar a Isabella hacer la suya. Podría regresar a aquellos días sin dramas, podría volver a sonreír y divertirse al lado de alguien, así como compartirlo todo no solo en la cama sino en la mesa mientras desayunaban, olvidándose de todos esos días que había pasado en esta casa que había sido testigo de innumerable cantidad de peleas... Lo malo es que cuando pensaba en esa vida, que sin duda le habría satisfecho antes de conocer a Isabella, la encontraba vacía. Vacía de la fuerza de Bella, de su carisma, de su aguda inteligencia o sus dulces labios, de sus rizos indomables por la mañana, con aquel extraño color rojizo que quería acariciar cada vez que estaba en sus brazos.

Edward apretó la mandíbula, estaba siendo un cobarde. Tal como su hermano le había dicho, salvo porque esta vez se estaba refugiando por haber perdido no solo una novia, no. Un futuro, una vida, su esposa y sus hijos. Mierda.

—No puedo hacer esto.

—Ya lo veo. —Irina le sujetó la mano—. Deja de torturarte, vamos a mi departamento.

—No. —Edward se deshizo con facilidad de su agarre—. No puedo hacer esto. —Con un gesto de mano señaló el espacio entre ellos—. ¿Qué rayos estoy haciendo? Esto no… no debió llegar tan lejos, tienes que irte y yo… —Respiró profundo antes de mirar de nuevo la cantidad de fotografías colgadas en la estancia, y en ese preciso momento supo que el destino lo había encontrado—. Tengo que regresar a casa, que es donde sea que se encuentren mi esposa y mis hijos.

...

—Por favor, Emmett —murmuró golpeando la puerta de nuevo—. Sabes que no me iré hasta que me abras.

Tras lo que pareció una eternidad, por fin la puerta se abrió. Su hermano estaba sin camisa y lucía como si hubiese sido arrancado de lo que parecían los brazos de una mujer, salvo porque su hermano no tenía novia ni tampoco traía mujeres a casa. Nunca. Pero entonces debajo de su brazo se asomó una exuberante rubia envuelta en la enorme camisa de su hermano.

—Yo opino que le cierres la puerta en la cara —le sonrió fríamente.

—¿Quién…? —Para su absoluta sorpresa vio que era Rosalie, la jefa de Bella.

—¿Qué es lo que quieres? —interrumpió Emmett.

—Quiero hablar contigo. —Su hermano se cruzó de brazos.

—Otro día, como verás estoy ocupado.

—Como prefieras. —Se sentó en los escalones—. Acamparé aquí afuera.

—Me parece bien. —Y entonces cerró la puerta. Edward suspiró, sabía que las cosas con Emmett serían difíciles, pero confiaba en que pudieran reconciliarse y que de alguna manera él supiera el paradero de su esposa.

Mirando el despejado cielo, exhaló en la noche fría. Recordó cómo una vez que se recompuso de la sorpresa de saber que Bella cambió el número de su celular, fue a buscarla a casa de su suegra, quedándose helado cuando resultó que la señora Swan había vendido su residencia en Seattle. Aquello se había sentido como una gran loza que logró aplastarlo hasta dejarlo sin aire. Bella nunca le haría eso, nunca se escondería de él de esta manera, impidiéndole ver a sus hijos… aunque nunca habían llegado tan lejos al punto del divorcio. Dentro de la residencia se escucharon murmullos acalorados, como si estuvieran teniendo una fuerte discusión. Edward lamentó estar importunando a su hermano, incluso de alguna manera arrastrándolo siempre al drama que había hecho no solo hoy, sino a lo largo de los años. Por eso dio un respingo cuando la puerta se abrió abruptamente. Emmett no tenía un rostro amistoso, y lo tenso de su mandíbula no era un buen presagio.

—Antes de que te enfurezcas más, quiero que sepas que tenías razón. —Se puso de pie, encarándolo—. He sido una jodida mierda todo este tiempo, un total cobarde y lamento darme cuenta apenas, espero que no sea muy tarde para poder decírselo a mi familia.

Su hermano guardó silencio, el escrutinio que le estaba regalando sin duda le puso los nervios de punta haciéndole suspirar mientras dejaba caer los hombros derrotado, estaba totalmente abatido y preocupado, nada le importaba más ahora que encontrar a su familia.

—Estoy seguro que tú conoces su paradero. Por favor, Emmett —balbuceó apretando las manos en puños—. Ellos lo son todo para mí.

—Eso no es lo que me ha parecido en estos años. —El cobrizo cerró los ojos.

—Lo sé, y lo siento. He sido… bueno, un jodido cabrón. —De pronto, una risa se escuchó a las espaldas de su hermano. Rosalie se ganó una mirada de advertencia por parte de Emmett.

—¿Por qué no me esperas en la alcoba, Rosie?

—¿Estás de broma? —inquirió con esa sonrisa todavía bailando en sus labios—. No todos los días tengo la oportunidad de ver humillarse al hijo de puta que arruinó la vida de mi amiga. ¿Finalmente recibiste los papeles del divorcio? —Ambos hermanos boquearon sorprendidos.

—¿Ella lo hizo? —preguntó Emmett, el cobrizo desvió la mirada quedándose callado—. Bueno, ¿supongo que ahora estás contento, no?

—No —siseó apretando los puños—. No era esto lo que quería, y me aborrezco profundamente por haber estado tan ciego. —Emmett lo miró entrecerrando los ojos, como si esperase que éste le fuera a tender una trampa.

—¿A qué se debe este súbito arrepentimiento?

—Porque es mi esposa y quiero que lo siga siendo, y además ya no concibo la idea de que los días sigan pasando sin ver a mis hijos, los quiero de vuelta.

—No, eso no es cierto. Te has dedicado a tratar mal a Bella durante años y te daba absolutamente lo mismo hasta hoy, ¿y ahora pretendes que me crea que estás arrepentido y quieres rehacer tu familia?

—Técnicamente, sí.

—Pues no te creo.

—Y haces bien, pero eres mi hermano. Los niños son mi vida, sabes que no te mentiría jamás con eso, además estoy seguro de que esta distancia que Bella ha impuesto por mi culpa te está afectando. Sé que no quieres limitarte a verlos solo un par de veces al mes si nos divorciamos.

—Eres un imbécil si crees que con ese chantaje te diré en dónde están. —Edward se pellizcó el puente de la nariz antes de intentar relajarse, al menos su hermano conocía su paradero—. Dame una razón convincente para que siquiera se me pase por la cabeza estropear de nuevo el futuro de mi cuñada.

—¡Emmett, me lo prometiste! —gruñó furiosa la rubia tras él, pero su hermano no le prestó atención, sus ojos enfocados en él.

—¡Porque la quiero! —rugió, sorprendiéndose a sí mismo por la ferocidad y lo precipitado que se había escuchado eso, pero aunque estaba aturdido, supo sin lugar a dudas que estaba diciendo simplemente la verdad.


Bueno chicas, decir que estoy entre asombrada y asustada por sus reacciones es poco, jajaja me he reído y atemorizado por igual, en fin, mil gracias por sus comentarios de todo tipo, las amodoro y como llegamos de pronto a 500 y por obra de todos los cielos tengo capis adelante, aquí les comparto otro, espero sus comentarios!