Buenas tardes lectores hermosos, maravillosos, gente espectacular con gustos espectaculares. Muchas gracias por todo su apoyo cada vez que actualizo este fic, cada review, follow y favorite lo llevo muy dentro de mi corazón, les juro que sus reviews los leo mínimo 5 veces, son mi motor para seguir estas locas historias.
Como siempre, disculpen mucho la tardanza, la vida pasa y han llegado muchas noticias buenas a mi vida profesional (¿para cuándo mi vida personal Diosito?), por lo que mí tiempo se reduce cada vez más, pero siempre voy a tener un poquito de tiempo para escribir fanfics, estén seguros de que aunque tarde, siempre voy a actualizar; de hecho estoy escribiendo esto mientras estoy en un curso del trabajo. Unas de las mayores eminencias del mundo en materia de suelos está parado frente a mí y lo único que puedo pensar es en que situaciones voy a meter a Sakura ahora, así que no digan que no los amo.
SÚPER MEGA CAPÍTULO SÚPER MEGA ESPECIAL, ¿están listos? ¿Seguros que están listos? Esta ocasión les traigo un hermoso ¡AkatSaku! Con el prompt de "Have you lost your damn mind!?" o "¿Has perdido la maldita cabeza?"
Sakura abrazó con fuerza la caja que llevaba en sus manos mientras miraba con duda y un poco de miedo al edificio que se encontraba frente a ella, giro su cabeza alrededor para asegurarse de que nadie fuera testigo de lo que estaba a punto de hacer, pero dado que se encontraba en una calle desolada dentro de uno de los peores barrios de la ciudad lo dudaba mucho, dudaba incluso que la gente pasara por estos lugares por necesidad.
Volvió a apretar la caja entre sus manos un poco más fuerte, la cual ante su fuerza cedió y se dobló un poco, pánico inundó todo su cuerpo y rápidamente la abrió para revisar su contenido, soltando un suspiro de alivio al ver sus pastelillos en perfecto estado, la masa seguía esponjosa y brillante y el glaseado se encontrada igual de blanco e intacto que cuando los decoró esa mañana. El delicioso olor de los pastelillos le llegó de pronto y su boca se hizo agua, realmente se había superado esta vez, estos debían ser, por mucho, los pastelillos más deliciosos que había preparado en su vida. Tenían que serlo, su dignidad dependía de que lo fueran.
Volvió a mirar la puerta tratando se decidir si todo esto era una buena idea, después de todo ¿Qué hacia Sakura, una de las chicas más educadas y dulces de la ciudad, amante de las cosas lindas y los vestidos coloridos, a la puerta de los contrabandistas más famosos de todo el país? Pero la respuesta, como siempre, era aquella que había sido la causa de las desgracias que aquejaban a todas las mujeres del planeta desde tiempos inmemoriales.
Un hombre.
Desde que tenía memoria, Sakura había sido educada para ser la imagen viviente de la perfección. Nunca alces la voz ni le respondas a tus mayores, controla tus emociones y siempre brinda una sonrisa, nunca muestres tu verdadero temperamento, sé amable, sé inteligente y sobre todo sé femenina, aún podía recordar la voz de su madre grabando esas lecciones en lo más profundo de su mente; habiendo perdiendo a su padre a una edad muy temprana su madre fue su único ejemplo y sostén al estar creciendo ¿Cómo desobedecerla? Era su heroína y siempre tenía la razón.
En una soleada mañana cuando tenía 5 años conoció a Sasuke-kun, un niño de piel pálida, cabello oscuro, ojos negros y actitud más amarga que un limón agrio, lo vio parado junto a un niño de cabellos rubios que hablaba alegremente mientras movía sus brazos en gestos exagerados, el pelinegro lo miraba con una expresión molesta es su tierno rostro y Sakura supo en ese mismo instante, a pesar de su corta edad, que estaba enamorada.
Sakura nunca fue tímida con sus sentimientos, desde un principio había dejado en claro que quería ser la próxima Sra. Uchiha y constantemente declaraba de manera calmada y educada pero con fervor su cariño hacia el huraño pelinegro, pero nadie le había dicho que si había algo que este particular Uchiha odiaba eran las cosas dulces y tiernas, todo lo que la pequeña pelirosa era; el primer rechazo había sido demoledor para la ojijade, pero Sakura no se desilusionó; había crecido con una sana dosis de cuentos de hadas e historias de princesas y sabía que si era fiel, paciente y se esforzaba el príncipe azul terminaría con la princesa rosa.
Al pasar los años y después de los constantes rechazos y desplantes por parte de Sasuke, decidió que ya era suficiente y era mejor tener su amistad, pero al parecer después de años de aceptar sus sentimientos tan abiertamente, el proceso para que la gente también lo aceptara era lento y tardado, esto no le molestaba a la pelirosa, nadie más le gustaba por el momento y prefería que el cambio fuera gradual, que los demás pensarán lo que quisieran, ella estaba segura que sus sentimientos habían cambiado.
Entonces, si sus sentimientos habían cambiado ¿por qué estaba a punto de entrar a una muerte segura? La respuesta a esto también era muy fácil, por la segunda causa principal de todos los problemas que aquejaban a las mujeres del planeta desde tiempo inmemoriales.
Un orgullo herido.
Fue otra soleada mañana en la que su tutor le pidió que le entregara un sobre con los resultados de sus exámenes a Sasuke ya que este no había asistido a la clase (un hecho cada vez más común debido a la mala influencia que tenía su nuevo grupo de amigos sobre él), estaba a punto de formular un "No" cuando la voz de su madre recordándole que siempre debía respetar a sus mayores se hizo presente, haciéndola resignarse y llevar a cabo ese simple favor. Ciertamente no le costaba y estaba segura de que nada malo pasaría.
Se acercó a una de las mesas centrales de la zona de descanso de la escuela, donde el pelinegro se encontraba rodeado de sus nuevos amigos, Suigetsu se encontraba hablandole animadamente a un pensativo Juugo que estaba entretenido mirando una pareja de golondrinas que revoloteaban a su alrededor, Karin se encontraba aferrada del brazo de Sasuke mientras el susodicho comía su almuerzo con una expresión indiferente, Sakura se colocó detrás de él y carraspeo suavemente tratando de llamar su atención, un silencio se apodero a su alrededor y la pelirosa se dio cuenta de que las mesas vecinas estaban atentos a su interacción, volvió a fijar su atención en Sasuke quien la miraba de forma molesta.
- ¿Qué rayos quieres ahora molestia? – preguntó Sasuke en tono grosero que molestó a Sakura, pero ella estaba aquí para hacer un favor, no para crear un conflicto, calmándose un poco estiró su brazo ofreciéndole el bendito sobre.
-Sasuke-kun, quería entregarte este sobre, contiene…
-No me interesa que contiene – La interrumpió Sasuke groseramente – no me importa si es una carta con tu declaración de amor o un poema describiendo lo que más te gusta de mí, no quiero la quiero.
-Pero…
-¿Qué no entiendes? Nunca llegarías a gustarle a nadie Sakura, ni un poco, eres patética – la pelirosa abrió la boca indignada –Eres una niñata sin personalidad, mojigata, asustadiza e infantil, pero por sobre todo insoportable, con tu jueguito de la chica siempre perfecta que no rompe ni un plato, preferiría que me arrancaran los ojos antes de estar con alguien tan aburrida como tú. – y dijo para luego romper el sobre en pedazos para luego lanzárselos a la cara mientras reía junto con sus amigos.
Sakura cerró sus manos en puños, encajándose las unas en sus palmas pero no notó el dolor, todo lo que sentía era una furia abrasadora recorrer todo su cuerpo y un deseo de venganza demoledor, de repente todo rastro de cariño que sentía dentro de ella hacía Sasuke se desvaneció, quedando solo odio. Lo odiaba. Tragando la bilis que se formó en su garganta, levantó la cabeza ligeramente y un tono calmado respondió:
-Esas eran tus calificaciones del periodo Sasuke, tenías que regresarlas firmadas al tutor – y dejándolo con la palabra en la boca, dio media vuelta y se fue con toda la dignidad que le fue posible después de haber sido humillada tan públicamente de esa manera.
Al llegar a su hogar desató toda la furia que sentía dentro, pateó todo a su alrededor, gritó como loca contra su almohada y lanzó lo que estaba a su alcancé de sus manos, pero nada que lanzara aplacaba su ira, nada que gritara calmaba sus ganas de golpear el odiable (pero malditamente hermoso) rostro de Sasuke, quería destrozarlo, quería golpearlo, quería humillarlo y gritarle que era un idiota, pero por sobre todo, quería que se tragara sus palabras.
Pero era imposible, su madre la había educado para dar siempre su mejor cara, ser siempre educada y amable, no podía hacer nada en contra de todo lo que había aprendido a ser desde que era pequeña. Se quedó sentada lo que parecía una eternidad, tratando de pensar en algo, alguna manera de poder demostrarle a Sasuke que ella no era nada de lo que él había dicho, que podía tener una personalidad fuerte, que no era mojigata y que no era aburrida, ella podía ser perfectamente interesante. La solución vino tan repente que se sorprendió, soltó una risa maravillada por que era tan fácil que parecía ridículo.
Tenía que desaprender a ser ella.
El cómo hacerlo era la parte difícil. Los siguientes días trató de leer libros de autoayuda, con títulos extravagantes como "¿Por qué los hombres aman a las cabronas?" o "Guía para ser la perra perfecta" pero los consejos que daban no le parecían los adecuados; Después trató de cambiar su actitud y ser un poco más ruda, pero lo único que había conseguido es que sus amigos se rieran de ella, la llamaran "linda" y la compararan con un conejito enojado. Sakura estaba desesperada; necesitaba ayuda y la necesitaba rápido.
Estaba a punto de darse por vencida, convencida de que nunca podría cambiar y siempre sería la dulce y amable Sakura-chan; pero el sólo pensar en rendirse le dejaba un mal sabor de boca, realmente quería cambiar, que la gente dejara de aprovecharse de ella sólo por ser demasiado amable como para decir no, quería dejar salir el temperamento que tenía reprimido y ser ella misma. Tan metida estaba en sus pensamiento que no se dio cuenta que había caminado demasiado y ahora se encontraba en los barrios bajos de la ciudad, dio un vistazo rápido a su alrededor dispuesta a regresar por donde había venido antes de meterse en problemas cuando de reojo lo vio. Del otro lado de la acera, caminando sin ninguna preocupación en el mundo y con un cigarrillo entre sus labios se encontraba Itachi Uchiha.
Cuando era chica y solía visitar la gran mansión de los Uchiha el mayor de los hermanos siempre estaba ahí para recibirlos, cuidando que Sasuke fuera un buen anfitrión con sus amigos; constantemente era voluntario para cuidarlos y siempre ofrecía su ayuda con una sonrisa amigable. Cuando la noticia de que se había separado de su familia llegó a sus oídos Sakura no lo podía creer, ¿Cómo una persona tan amable y gentil había cambiado tanto?. La realización cayó como balde de agua fría sobre la pelirosa.
De manera sigilosa comenzó a caminar detrás de él, guardando siempre una distancia prudente y cuidando de no ser vista. Lo siguió por varias calles hasta que el pelinegro llegó a un edificio que a primera vista parecía abandonado, la pelirosa lo vio tocar fuertemente la gran puerta metálica que daba hacía la calle, después de varios segundos de espera la puerta se abrió dejando a la vista un menudo pelirrojo del otro lado, Itachi entró sin más y la puerta de cerró detrás de ellos con un sonoro ruido. Sakura espero varios minutos antes de acercarse, levantó su puño con la intención de tocar ella también pero después de varios segundos de duda volvió a bajarlo y decidió irse de ahí antes de que alguien pudiera verla, después de todo, esa debía ser el centro de reunión de Akatsuki.
Akatsuki era la pandilla de la que formaba parte Itachi, hermano mayor de Sasuke-kun, quien a pesar de ser un genio y prodigio terminó siendo la desgracia familiar cuando decidió dejar su lugar como heredero de la empresa multimillonaria de su familia para pasar a ser miembro activo del grupo de contrabandistas más famoso de Tokio. Ahora que lo pensaba, Akatasuki estaba lleno de genios caídos en desgracia ante la sociedad, cada miembro era una brillante estrella que por causas del destino habían terminado del lado malo de la ley.
La idea que se formó en su mente era la más alocada que había tenido en su vida, era absurda, descabella y completamente ridícula, estaba segura de que en cuanto la dijera los miembros de Akatsuki se reirían en su cara, o mucho peor, la matarían. Pero una vez que algo se metía en su mente era muy difícil hacerla cambiar de opinión y Sakura estaba segura de que esa era la única manera en la que podía cumplir su cometido. Pero para llevar a cabo su alocado plan y no morir en el intento debía ofrecerles algo que no pudieran rechazar, algo que hiciera que no sólo consideraran su propuesta, sino que también la aceptaran.
Fue entonces que todo su mundo se iluminó. Había algo que Sakura Haruno hacia como nadie más, algo en lo que era una especialista y en lo que ninguna persona, ni siquiera los profesionales, se comparaban con ella.
Cocinar
Cada vez que Sakura cocinaba algo las personas se doblegaban a sus pies; sus amigos decían que era la mano de Dios, ella pensaba que era simplemente un don, pero lo cierto es que las todos los que la conocían se peleaban por comer algo que estuviera preparado por ella, desde un simple emparedado hasta un platillo gourmet, no había nada que ella no pudiera preparar y que no le quedara delicioso.
La pelirosa había decidido que cocinaría para ellos, pero no sería cualquier platillo, claro que no, les prepararía su súper especiales y secretos panqueques de moras rellenos. Sólo los preparaba una vez al año y sus amigos hacían sorteos desde meses antes para rifarse el privilegio de poder comer tan sólo uno de la tanda que preparaba, muchas veces habían intentado sobornarla para que los preparara más seguido, ofreciéndole incluso dinero, pero esos pastelillos eran especiales, su padre le había enseñado a prepararlos y solamente los cocinaba cuando era su cumpleaños; pero esta era una emergencia y situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.
Con especial cuidado batió y horneo, resistió la tentación de decorarlos de manera de manera adorable e infantil y los diseñó de manera simple y elegante; estaba segura de que era su mejor trabajo hasta ahora, desde lejos se podía percibir su delicioso aroma y estaba segura de que harían agua la boca de cualquier persona.
Y así es como se encontraba en esta situación, con una caja llena de pastelillos frente a la puerta de los más peligrosos criminales del país.
Decidiendo que no lograría nada parada como estatua allá afuera se armó de valor y con mano temblorosa golpeo la gran puerta de metal, nerviosa volvió a apretar la caja de pastelillos, sintiendo los segundos alargarse de manera frustrante, crispándole los nervios. Estaba a punto de arrepentirse y salir corriendo cuando la puerta comenzó abrirse. Sakura se encontró frente a frente con un hombre de piel pálida y hermoso cabello plateado que parecía brillar, tenía rasgos fuertes y angulares que le recordaban los hermosos rostros de las estatuas de mármol de los antiguos romanos.
-¿Quién rayos eres? – dijo agresivamente haciendo que Sakura diera un salto sorprendida y se trabara con sus palabras, el peliplata levantó una ceja, respirando profundamente la ojijade decidió volver a comenzar.
-Soy Sakura Haruno – dijo con voz temblante – y me gustaría tener una audiencia con ustedes. — la sonara carcajada resonó por todos lados.
—¿Has perdido la maldita cabeza? Esto es Akatsuki, no un centro de caridad, largo — la pelirrosa cerró los ojos dolida, sabía que algo así pasaría, pero no podía rendirse ahora que estaba tan cerca.
—Por favor, solo tienen que escuchar lo que tengo que decir — suplicó un poco más, el hombre frente a ella hizo una mueca molesta.
—¿No me has escuchado? Te dije que largo — la conmoción debió haber la atención de los miembros que se encontraban dentro del edificio por que varias personas ahora se encontraban detrás del peliplata, entre ellos un rubio con cierto parecido a Ino, un gigante de pelo azul y dientes puntiagudos y el menudo pelirrojo de la otra vez.
—¿Qué sucede Hidan? — preguntó el gigante azul con voz profunda y masculina que hizo que Sakura sintiera su piel de gallina
—Sucede que la pequeña rosadita aquí quiere tener una audiencia con nosotros — dijo burlonamente el peliplata, Hidan al parecer — como si fuéramos el maldito consejo de su escuela o algo así. — los demás comenzaron a hacer muecas de disgusto y Sakura comenzó a preocuparse, sudor comenzó a formarse en sus manos y estaba a punto de limpiarse cuando recordó su arma secreta.
Lentamente levantó la tapa de la caja que llevaba en sus manos, dando paso al olor dulzón y delicioso de sus pastelillos que hizo que todos pararan de repente. El rubio de la coleta alta se acercó a ella.
—¿Qué es eso? Huele demasiado bien — dijo enfocando su único ojo visible en ella, Sakura sabía que comenzaba a ganárselos
—Pastelillos de moras rellenos, son para ustedes — la mano del rubio comenzó a acercarse para tomar uno, pero la ojijade alejó rápidamente la caja — antes de eso tienen que prometer que si estos pastillos son los mejores que han probado en su vida me dejarán tener una audiencia con ustedes.
—Trato hecho —contestó el ojiazul para rápidamente quitarle la caja, comenzó a adentrarse al edificio cuando pausó de pronto — Pero si no lo son, te mataremos. — dijo con total seriedad, reuniéndose con sus amigos y cerrando la puerta frente a su nariz.
El miedo paralizó totalmente el cuerpo de la pelirosa; su cerebro le gritaba que corriera, pero su cuerpo se negaba a responder, su respiración comenzó a agitarse "oh no" pensó con pánico "voy a morir, definitivamente voy a morir. Van a matarme y cortarán mi cuerpo en pedacitos y luego lo tirarán al río y seré comida de pescado, ni siquiera me gusta el pescado. Oh no, no tuve oportunidad de entregar mi tarea de ciencias, ahora moriré y reprobaré ciencias" Antes de siquiera poder reaccionar la puerta frente ella volvió a abrirse y el gigante de cabello azul se puso frente a ella, Sakura comenzó a hiperventilar al ver sus grandes manos dirigirse hacia ella, para luego quedar totalmente sorprendida al ver que la tomaba de la cintura y la levantara sobre su hombro como si pesara menos que el papel.
El peliazul la llevó por un gran y oscuro pasillo, dando varias vueltas hasta llegar a una gran y espaciosa sala donde la ojijade pudo observar al menos 9 personas reunidas, Sakura se alegró de haber hecho una docena de pastillos en vez de 6 como regularmente hacía, definitivamente la suerte se apiadó de ella en esta ocasión. Observó rápidamente a todas los presentes hasta que llegó al rostro sorprendido de Itachi.
—¿Sakura? — preguntó sorprendido, Sakura (aún sobre el hombro del gigante) saludo tímidamente a pelinegro.
—La conoces Itachi — Afirmó un imponente hombre de cabello naranja, con dos hileras de percings sobre su nariz y unos cuantos más alrededor de su rostro, el mencionado asintió ligeramente.
—Es amiga de mi hermano menor—respondió, luego posó su calculadora mirada sobre ella — Pero su razón de estar aquí es un enigma para mí.
Sakura sintió que la bajaban al suelo nuevamente y le mandó una mirada agradecida al gigante, estaba comenzando a marearse. El pelinaranja (quien al parecer era el líder) se colocó frente a ella.
—Tu pediste una audiencia con nosotros a cambio de tus pastelillos, así que habla — habló autoritariamente
—Necesito un favor, sólo uno muy pequeño, de parte de ustedes.
—No somos caridad rosada, no hacemos favores tan fácilmente, todo depende de qué favor sea y qué ganaremos nosotros a cambio.
—Si me ayudan cocinaré para ustedes todo lo que quieran, todos los días por tres meses — eso llamó la atención de todos los presentes, quienes comenzaron a comunicarse silenciosamente entre ellos, el pelinaranja volvió a dirigirse a ella
— ¿Y qué es lo que quieras a cambio? — La pelirosa respiró varias veces para calmar un poco su agitado corazón, era ahora o nunca.
—Enséñenme a ser ruda — un silencio sepulcral se hizo en la sala y todos la miraron confundidos así que decidió especificar un poco más — Quiero aprender a tener una personalidad más fuerte, a dejar a ser tan amable y manipulable por todos.
Los miembros de Akatsuki hicieron un pequeño círculo y comenzaron a murmurar entre ellos, mirándola de vez en cuando para luego volver a girar su cabeza al centro del circulo y volver a cuchichear, Sakura comenzó a removerse en su lugar y a jugar nerviosamente con el dobladillo de su vestido. Un ligero carraspeo hizo que volviera a centrar su atención al grupo frente a ella. La pelirosa esperó nerviosa su respuesta.
—Aceptamos— dijo el pelinaranja con voz grave mientras que los demás miembros asentían solemnemente detrás de él, eso hasta que uno de los miembros cuyo rostros estaba cubierto por una gran máscara naranja con forma de espiral comenzó a correr hacía ella, la pelirosa miró con terror como se acerba cada vez más y más y trató de escapar de él, pero antes de poder alejarse lo suficiente el extraño la tomó de la cintura y nuevamente, como si no pesara nada, la levantó del suelo y comenzó a dar giros con ella, para luego gritar un su odio con una exagerada voz infantil.
—Bienvenida a Akatsuki Sakura-chan
CHAN, CHAN, CHAN… ¿Qué pasará en el siguiente capítulo? ¿Nuestra pequeña Sakura saldrá viva? ¿Los miembros de Akatsuki por fin podrán comer una comida decente? ¿Sasuke dejará de ser una perra? ¡No se pierdan la continuación de este especial AKATSAKU!, por cierto, no puedo creer lo increiblemente largo que es este capítulo, disfrutenlo y regocijense, por que creo que el siguiente será igual de largo.
Ya fuera de broma, gracias a todos por su apoyo con estos one-shot, díganme que les pareció este capítulo especial, comenten, me encanta leer todos sus reviews, son como un vaso de agua fría en medio del verano, enserio que los amo.
