JAIME

En cuanto llegaron a Braavos Jaime no perdió tiempo en buscar un barco que los llevara a Pentos. Grey Wind no estaba muy feliz aquí, en un sitio desconocido, caluroso, rodeado de agua y sin bosques, y estuvo aún menos feliz cuando lo dejaron en la posada pero no podían llamar tanto la atención caminando por los canales con un direwolf. Jaime había querido dejar a los Cuervos, su Maestre moribundo, la wildling que no paraba de llorar y a su escandaloso bebé pero Ser Piggy les había rogado para que no lo abandonaran.

— El Maestre Aemon está muy mal –había dicho Sam en la posada, retorciendo sus manos nerviosamente sin poder ver al Joven Lobo a la cara—. Sé que no es su responsabilidad pero me quedaría más tranquilo si se hospedan aquí con nosotros.

Y el buen y honorable Robb había aceptado, incapaz de dejar al mejor amigo de su hermano cuando más lo necesitaba. En ocasiones Jaime se preguntaba cómo era que él había acabado con un Stark— De entre todas las Casas de los Siete Reinos caí con la fanática del honor, yo, el Kingslayer…esto es una broma de los dioses.

— Será sólo en lo que encontramos pasaje hacia Pentos –había dicho su Joven Lobo tratando de tranquilizarlo, pero no lo consiguió.

Ser Piggy no es nuestra responsabilidad –dijo en ese tono arrogante y altivo que hacía famosos, y poco amados, a los Lannister— Deja que Dareon se ocupe de él.

No quiero que nadie esté enterado de lo que hacemos y mientras más tiempo pasemos con los Cuervos estamos más expuestos –pensó—. No voy a arriesgar la vida de Robb.

— Dareon se pasa las noches recorriendo burdeles –Stark lo dijo con toda gravedad pero él rió con ganas, molestando a su Lobo. ¿Quién lo culpa? Vivir en el Muro no es precisamente un lujo, y aquí debe sentirse en el paraíso.

— Eso es problema suyo pero, mientras más tiempo permanezcamos con los Cuervos, será más peligroso para nosotros –fue su respuesta—. Nadie debe saber hacia dónde nos dirigimos.

— Y nadie lo sabrá –le aseguró su Lobo de mal modo. Jaime sabía que le enojaba su falta de sensibilidad hacia los demás y la forma despectiva en la que trataba al mejor amigo de su amado hermano Jon; pero era lo sentía, quién era, y le preocupaba más que alguien los descubriera que la vida del Maestre Aemon o la sanidad mental de Ser Piggy.

Al final Robb ganó el argumento y permanecieron con los Cuervos aunque no pasó desapercibido para Jaime que cada vez discutían más y más seguido— Se acabó la Luna de Miel –una vez que la adrenalina se esfumó, no despertaban sobresaltados por las noches con miedo a que alguien los estuviera siguiendo y tuvieron que convivir todos los días en la diminuta cabina del Blackbird, comenzaron a pelear por todo. Había descubierto de la mala manera que a su Lobo no le gustaba dormir abrazado, al principio lo soportó porque hacía el suficiente frío como para desear sentir el calor de alguien más a su lado -o eso pensó Jaime- pero conforme más se acercaban a Braavos Robb lo comenzó a patear al dormir.

— ¿Qué demonios te ocurre? –había gruñido el León de Lannister la tercera vez que lo empujó fuera de la reducida cama.

— Tengo calor y no puedo dormir si me abrazas –habló Robb, el verdadero Robb, no el amante cariñoso, no el chico necesitado, no aquel rey sin corona al que había rescatado de los Twins. El Robb sin máscaras y sin disfraces, el que no buscaba complacer si no expresar lo que en realidad se escondía en lo más profundo de su ser.

— ¿Calor?, ¿con esta lluvia? –Jaime no le había creído nada.

— Podrá llover pero no por eso hace frío, este clima me hace sentir como una sopa –se quejó y él peinó su cabello rubio hacia atrás, suspirando pesadamente y contando hasta diez al derecho y al revés para calmarse.

— Es lo mismo en Lannisport.

— Jamás he estado en Lannisport –le recordó su Lobo— Lo más al sur que he estado en mi vida es Oxcross y jamás había sentido este calor –había explicado de mala manera, irritado, molesto y, lo que era peor, sudoroso y acalorado. No estaba acostumbrado a este clima y descubrió que no le gustaba para nada.

— De acuerdo –lanzó los brazos al aire— ¿Y qué propones?, ¿duermo en el piso su majestad real? –el enojo de su Lobo no hizo más que aumentar, observándolo a través de sus ojos entrecerrados.

Ahí fue cuando descubrí que odia que lo llame "majestad real" –y había pagado su afronta durmiendo en el piso junto a Grey WindAl menos el direwolf no patea –estaba listo para morir por Robb pero ¿lo estaba para vivir con él?, lo amaba con locura y jamás habría creído que compartir un camarote con él fuera tan difícil.

Pero si su Lobo tenía quejas Jaime tampoco se quedaba atrás. Al León de Lannister lo desesperaba Samwell Tarly, no era broma si no muy enserio, no lo soportaba y Stark se empeñaba en hablar con él y ayudarlo, lo cual sólo dio como resultado que Ser Piggy entrara y saliera, primero del camarote, y luego de la habitación todo el día todos los días, taladrando sus oídos con su voz fastidiosa y acabando con los últimos vestigios de su de por sí escasa paciencia.

Pero el pobre Sam era sólo una de las muchas quejas en su lista, también le molestaba que lo levantaran temprano y Robb insistía en hacerlo, odiaba que lo ignoraran y, cuando su Lobo estaba molesto no le prestaba atención, tratándolo como parte del decorado.

Pero lo peor de todo es el desorden –increíble como sonaba pero el heredero de Ned Stark era la persona más desordenada que había conocido y a él le daba un tic nervioso en el ojo cada vez que veía ropa regada por el suelo. Eran tan diferentes que a veces lo asustaba, Robb era frío donde él era calor, blanco y negro, día y noche— Incluso en la cama las cosas cambiaron –a ambos les encantaba hacer el amor, al menos en eso se parecían, pero Jaime notaba a Robb algo extraño últimamente.

A pesar de todo esa mañana, tan pronto estuvieron instalados en la posada, se marcharon a buscar pasaje; Jaime podría haber accedido a permanecer con los Cuervos pero eso no significaba que fueran esperar de brazos cruzados hasta que el anciano Maestre pasara a mejor vida o se recuperara. Ninguno de los dos hablaba Braavosi y darse a entender fue un logro digno de cantarse en los salones de grandes señores, pero al final no les resultó nada difícil encontrar un barco dispuesto a llevarlos a Pentos. Por lo que podían ver era un destino popular.

— ¿Por qué insistes en usar esa mano? –se quejó Robb, viendo la mano de oro que cubría su muñón. Era lo primero que decía desde que abandonaran la posada y era más que obvio que seguía molesto con él por la discusión acerca de abandonar a Ser Piggy.

— Porque prefiero que estos Braavosi me vean con curiosidad y avaricia y no con lástima –y a juzgar por lo que podía ver su plan estaba dando resultado, la gente no dejaba de lanzarle miradas furtivas, o bien abiertamente descaradas, a la mano de oro con uñas de madre perla.

Pasaron cerca de un vendedor de pescado, esquivaron a un par de niños corriendo y la vista de Jaime fue atrapada por una de las famosas cortesanas de Braavos, alabadas en todo el mundo por su belleza digna de ser inmortalizada en canciones. Había escuchado mucho acerca de estas mujeres a las que grandes señores y reyes pretendían, mendigando por sus atenciones, por las que hombres se mataban en su nombre, pero jamás creyó ver una.

Y lo que dicen es cierto, son realmente hermosas y su séquito digno de la corte de un rey. Cersei se moriría de envidia, jamás le ha gustado que otra la opaque –la cortesana pareció sentir su mirada, se detuvo y por un instante sus miradas se cruzaron. El momento discurrió con la lentitud de un sueño y ella le regaló una hermosa sonrisa antes de bajar pudorosamente sus gruesas pestañas; continuó su camino en medio del susurro de sus faldas de seda y dejó su perfume flotando detrás como única prueba de que había estado ahí.

Por el rabillo del ojo pudo ver a Stark apretando los labios molesto, pero decidió ignorarlo, no entendía qué le podía incomodar, ¡Por los Siete! No se estaba llevando a la cortesana a su cama— Si va a hacer eso cada vez que una mujer me sonría va a terminar sin labios –continuaron su camino. El calor lo fue relajando, el sentir la brisa del mar después de semanas viajando bajo el yugo del frío rumbo al Muro, y fue entonces que el León de Lannister se permitió un instante para admirar a su acompañante. El clima había obligado a Robb a cambiar sus pesadas pieles y numerosas capas de lana por ropa más sencilla que habían adquirido en la ciudad: azul, gris y blanco, colores que resaltaban sus ojos y que tenían al León de Lannister hechizado.

— ¿Por qué me ves tanto? –quiso saber Robb un tanto incómodo.

— Disfruto de la rara oportunidad de verte con menos ropa –le sonrió como gato de caricaturas. Robb será muchas cosas: necio y desordenado, pero también es precioso—. Tienes que aceptar que tengo un gusto excelente, luces hermoso con el atuendo que yo pagué –sus palabras fueron como leña lanzada al fuego y no hicieron más que incrementar el enojo de Stark, empeorando una situación que se había tornado de por sí complicada en el barco.

Todo el oro que tenían le pertenecía a Jaime, literalmente Robb había escapado de los Twins con nada más que su vida y dependía de él para todo, algo que no le hacía gracia a su Lobo. Stark resopló y lo tomó del brazo para detenerlo.

— No me gusta que hagas esto –Jaime lo observó sin comprender.

— ¿Hacer qué?.

— Tratarme como a una doncella –era la primera vez que lo confesaba pero algo le decía que Robb tenía mucho tiempo guardándoselo—. No soy una chica y no me gusta que te comportes como si fuera tu esposa.

Sabía que Stark tenía razón pero aún así se enojó y todo lo que lo había molestado por días encontró una vía de escape en ese momento, explotando como un volcán. Las palabras de Robb bien podrían haber salido de la boca de Cersei, su siempre independiente y voluntariosa hermana tampoco le había permitido protegerla, cuidar de ella y mucho menos acercársele como lo haría un amante ó un marido. A Jaime le gustaba cuidar de la persona que amaba, consentirla y mimarla, ¿acaso Robb sería igual que Cersei?, ¿tan ciego había estado como para caer con una persona igual a su gemela? La sola idea le revolvió el estómago.

— Como sea –el tono frío y cortante, como la hoja de un cuchillo, desconcertó al Joven Lobo. Se giró y continuó caminando dando grandes zancadas.

— ¡Jaime! –Robb lo siguió, apretando el paso para darle alcance— Jaime, ¿qué te ocurre?.

¿Qué me ocurre? No me gusta tu tono, no me gusta que dejes migajas en la cama cuando comes, no me gusta el desorden, no me gusta tener que ver a Ser Piggy todas las mañana y no me gusta que me dejes hablando solo cuando estás enojado –pensó, seguro de que pronto le saldría humo por las orejas.

— Nada.

— Pues tienes una forma muy particular de comportante para que "nada" te ocurra –cuando Robb habló fue como si hubiera lanzado una bomba de wildfire, todo ardió y Jaime alcanzó su límite, deteniéndose para encararlo.

— ¿Y qué quieres?, ¿te aplaudo? Lo haría si aún tuviera ambas manos, puedes estar seguro –tenía desde la última vez que viera a Cersei que no estaba tan enojado y comenzó a hablarle a su Lobo como solía hacerlo con su gemela cuando estaba realmente furioso.

— ¿Por qué te molesta tanto lo que te dije? –Jaime no podía creer que no se diera cuenta.

— ¿Por qué? Porque me preocupo y arriesgo mi vida por ti y tú me pagas diciendo que soy un fastidio –resopló— Te pareces a mi dulce hermana, sólo me utilizan cuando necesitan algo –Robb lo vio aún más confundido que al principio.

— ¿Cuándo dije eso? Jamás podría fastidiarme que te preocupes por mí –habló entre dientes— Lo que no me gusta es que escojas mi ropa, pagues mi cosas, me abras las puertas, te pongas de pie cuando entro…¡no soy mujer!.

— Lo siento Robb, jamás he salido con un chico así que no tengo ni idea de qué hacer contigo –explotó sin pensar lo que decía, la ira ardiendo dentro de él y llamando la atención de la gente su alrededor. Por suerte nadie parecía entender lo suficiente de la Lengua Común como para saber qué decían. Se acercó a su Lobo y bajo la voz hasta que apenas fue un siseo escapando entre sus dientes apretados—. Hasta ahora sólo me había fijado en mujeres, en una mujer para ser más precisos, y mi relación con Cersei no fue muy normal que digamos.

Sin mencionar que era mi gemela, es más sencillo tener a tu hermana como amante, no hay sorpresas ahí, ¿pero Robb? –se dijo, sintiéndose perdido en un laberinto. Siempre sabía qué hacer con Cersei y ahora no podía estar más confundido.

Algo cambió en la expresión de Stark pero él no supo interpretarlo, como si la sombrea de algo que no podía nombrar lo hubiera cubierto— ¿Y ahora qué? –quiso decir algo más pero su Lobo continuó caminando— ¡Detesto que haga eso! Que me deje así, con la palabra en la boca –por un instante jugó con la idea de tomarlo del brazo y gritarle con toda la fuerza de sus pulmones todo lo que pensaba y sentía, pero el inmenso amor que le tenía logró hacer que se controlara lo suficiente como para no empeorar la situación— ¡ARGG!.

Después de su discusión la travesía por los puertos se tornó aún más tensa e incómoda, Robb no volvió a hablar y él no le insistió, no estaba seguro de poder controlarse una vez más si Stark lo dejaba de nuevo hablando solo— No quieres hablarme, bien, yo no te voy a estar rogando –y tan enojados estaban que ninguno le prestó atención a una niña flacucha, a la que llamaban Cat, que vendía ostras a escasos pasos.

-o-o-o-

— Sam dice que hay un rumor acerca de dragones vivos en Slaver's Bay –le informó Robb en el mismo tono frío que empleaba con él desde que se pelearan—. Un marinero de nombre Xhondo le habló a él y al Maestre Aemon acerca de Daenerys. La princesa tiene tres dragones con ella y al parecer se encuentra en la ciudad de Astapor .

Esas sí que eran noticias interesantes.

— ¿Y es eso cierto? –su Lobo se encogió de hombros.

— Sam estuvo indagando acerca de los dragones por insistencia del Maestre Aemon y sí, al parecer el rumor es cierto –Robb jaló una silla frente a la mesa y tomó asiento a su lado en la habitación que compartían—. Muchos marineros hablan acerca de dragones y una reina que visita Slaver's Bay.

— Mi geografía está un poco oxidada pero Astapor está mucho más lejos de aquí que Pentos –Jaime peinó su cabello hacia atrás, estrujando su cerebro para pensar. Hay que darle la vuelta a medio continente de Essos para llegar ahí— No creo que haya un barco que nos lleve directamente hasta allá, lo más probable es que tengamos que marchar a Volantis y de ahí a Slaver's Bay.

Robb se puso de pie de un salto.

— Iré ahora mismo a preguntar a los puertos.

— Voy contigo.

— No –la firmeza en su voz lo desconcertó—. Quiero ir solo.

Aún está molesto –se dijo viendo la frialdad en sus ojos azules— Tal vez sea lo mejor, que marche solo y se calme…que nos calmemos ambos.

Jaime asintió y le entregó una bolsa de cuero con dinero. Abrió la boca para darle algunas indicaciones y consejos pero la volvió a cerrar sin haber pronunciado una sola palabra, al final consideró que Robb se tomaría a mal todo lo que pudiera decir— Va creer que lo trato como a un niño si le digo lo que tiene que hacer –y al poco tiempo sólo quedaron él y Grey Wind en la habitación.

-o-o-o-

Encontrar pasaje hacia Volantis fue casi tan difícil como impedir que Cersei hiciera estupideces y, para completo horror de Jaime, les tomó casi dos semanas antes de que pudieran partir. Al menos en esta ocasión viajaron en un barco de las Summer Islands, más grande y cómodo que el Blackbird, y el sol y buen clima los acompañaron todo el camino al igual que sus problemas.

Ignorar a Robb cuando estaban en Braavos era fácil, ignorarlo cuando compartían el mismo camarote era imposible y lo peor había sido cuando la tripulación se dio cuenta de que eran amantes, ¿cómo lo descubrieron? Jaime no tenía ni idea pero pronto vio que la gente de las Summer Islands era demasiado liberal en lo que se refería a los asuntos de almohada -ahí la prostitución incluso era algo común y honorable practicada por gente importante y respetable- lo que le resultó de lo más incómodo y bochornoso para él.

Tengo que hablar con él –ese pensamiento acompañaba al León de Lannister todos los días pero como no sabía qué decir no decía nada.

— Tienes un amo complicado –dijo una noche a Grey Wind, ambos sentados en la cubierta del barco.

Pasaba las noches aquí, después de entrenar con Robb, permanecía algunas horas entre las sombras y la quietud, sintiéndose mejor tras intercambiar golpes con Stark y deseoso que estar solo por unos gloriosos instantes -aunque en esta noche en particular sentía su hombro palpitando de dolor después de que su Lobo arremetiera contra él casi con odio. Le gustaba saborear de unos momentos de calma bajo las estrellas antes de volver a su camarote, pero en esta ocasión el direwolf decidió hacerle compañía, sentado en sus cuartos traseros y observándolo con tal atención que cualquiera juraría que entendía sus palabras.

— Una mula debería adornar el estandarte de los Stark, ¿siempre ha sido tan necio ó sólo es así conmigo? –Grey Wind ladeó su cabeza—. Todo lo que hago en estos días parece estar mal, es casi como si mi suerte se hubiera quedado en Westeros. No me gusta este continente –el direwolf gruñó suavemente como si le diera la razón y Jaime sonrió— ¿A ti tampoco? Hace mucho calor para ti ¿verdad? –rascó su cabeza y Grey Wind se recostó a su lado— A Robb tampoco le gusta el calor, lo irrita y le da dolor de cabeza, ¿crees que por eso esté enojado conmigo?.

Estoy hablando con un direwolf –se dijo, sonriendo.

— ¿Sabes? Tener a mi hermana como amante era muy fácil –levantó la mirada al cielo, su espalda descansando contra el mástil—. A Cersei ya la conocía, nos criaron las mismas personas y tenemos las mismas costumbres, pero Robb…—suspiró— Somos tan diferentes como un direwolf de un león. Traté de ganar su perdón con pasteles y dulces y me respondió que no le gustan los postres. Al día siguiente él llega con ostras para almorzar y a mí me causan nauseas –sacudió la cabeza—. En el día hay ocasiones en las que quiero matarlo pero, en cuanto lo veo dormir –casi suspiró ensoñadoramente— Ahí es cuando recuerdo lo que siento por él…

Me va a volver loco –pensó, la brisa marina sacudiendo su cabello y el olor a sal y a mar llenando sus sentidos como lo hiciera una noche mientras viajaba hacia los Twins, preocupado y ansioso no sabiendo si llegaría a tiempo a rescatar a su Joven Lobo—. Y ahora, en condiciones muy distintas pero aún me encuentro preocupado pensando en él…

— ¿Por qué nunca me dijiste lo que sientes? –al principio creyó que soñaba, que había dormitado arrullado por el vaivén del barco, el calor y la suave brisa, pero en cuanto volteó se encontró con su Lobo de pie a escasos pasos.

Jaime sonrió sin ganas, la cabeza hacia atrás contra el mástil, las piernas estiradas al frente una sobre otra.

— ¿Para qué? Todo lo que digo últimamente sólo empeora nuestra situación –Robb pareció incómodo por su respuesta pero aún así se acercó a él y tomó asiento a su lado. Ninguno habló y el único sonido que rompió la calma fue un bostezo de Grey Wind.

— ¿Qué tanto escuchaste? –quiso saber aunque imaginaba la respuesta.

— Lo suficiente como para saber que tenemos que hablar –por una vez, desde hacía días, Robb se escuchaba tranquilo y aquello le dio ánimos.

— Bien. Hablemos –¿por dónde comenzar? Había tanto que decir y sin embargo, en ese instante, se encontró sin palabras.

— Te amo –Robb habló con tal naturalidad y sinceridad que lo confundió aún más que gritos seguidos de una letanía de malas palabras— Pero no te conozco –admitió, sosteniéndole la mirada— Tienes razón cuando dices que somos muy diferentes pero, aunque no tengamos los mismos intereses, creo que al menos coincidimos en lo más esencial, lo que realmente importa, lo sentimos el uno por el otro.

— Yo no hubiera podido decirlo mejor –era cierto, y lo sorprendía caer en cuenta de ello hasta ahora—. Ambos asumimos que el otro era como nosotros y nunca nos tomamos un momento para conocernos.

Era tan simple y tan tonto que casi rió. "Asumir" era un error muy peligroso y él había idealizado y asumido que Robb era de una forma cuando en realidad sus propios deseos lo engañaban y le cubrían los ojos no dejándole vislumbrar la verdad.

— ¿Qué propones entonces? –Jaime se enderezó y le extendió su mano izquierda con toda propiedad, como si se hubieran encontrado repentinamente en la corte.

Ser Jaime Lannister, ex Lord Commander de la Kingsguard, hijo mayor de Lord Tywin y Lady Joanna; un placer conocerlo Lord Stark –Robb sonrió divertido y estrechó su mano.

— El placer es mío, Ser.

Comenzar de nuevo desde el principio, es lo único que nos queda –pensó—. Las circunstancias nos arrastraron para acabar juntos ahora nos toca a nosotros hacer que esto funcione.

— No sé por dónde comenzar –admitió y Robb rió.

— Ni yo –sacó aire de sus mejillas y vio sus manos por un instante como solía hacerlo cuando estaba nervioso— Supongo que te debo una disculpa por haber sido un patán contigo.

— No te disculpes ó me obligaras a hacer lo mismo y eso nos llevaría a pasar toda la noche disculpándonos –tomó su mano, acariciando sus dedos con el pulgar—. Claramente hay muchas cosas que no compartimos como tu gusto por Ser Piggy

— Es el mejor amigo de Jon, no podía abandonarlo –se justificó.

— Tu manía por despertarme a obscenas horas de la mañana…

— Duermes demasiado.

— Tu desorden…

— ¿Quién eres?, ¿mi madre?.

— Y tu compulsión por querer controlarlo todo –en esta ocasión lo dejó callado.

— Yo no…¿a qué te refieres?.

— Robb, siempre quieres hacer las cosas a tu modo, controlarlo todo: desde mi hora de levantarme hasta lo que vamos a comer –por la expresión en su rostro Jaime se dio cuenta que su Lobo jamás se había percatado de este pequeño detalle de su personalidad— Y si las cosas no salen como tú quieres te enojas, por eso, y no por el calor, es que has estado tan irritable estos días. Dependes de mí para absolutamente todo, incluso para lo más básico –hizo una pausa para dejar que asimilara sus palabras—. Tienes razón cuando dices que te he estado tratando como si fueras mi esposa, es mi error, lo acepto y te pido una disculpa, pero…No puedo tratarte como otra cosa, quiero protegerte y me gusta mimarte –acarició el dorso de su mano con el pulgar y pudo sentir como Robb se relajaba.

— Nunca me había dado cuenta de lo que dices –admitió su Lobo— Acerca de que me gusta controlarlo todo –sonrió como si hubiera recordado algo gracioso de pronto— Pero ahora que lo mencionas es cierto, siempre he sido así y supongo por eso Jon se molestaba tanto conmigo cuando éramos niños.

— Eras un rey, estás acostumbrado a dar órdenes al igual que yo –dijo Jaime— Entiendo eso pero a mí…a mí realmente me enoja que lo hagas.

Robb asintió despacio.

— Trataré de no hacerlo, pero dame tu palabra de que no me seguirás viendo como tu señora esposa.

— Tiene usted un trato, Lord Stark –accedió Jaime— ¿Algo más que te moleste de mí?.

— Eres demasiado mimoso.

¿Cómo dijo? –parpadeó inocentemente confundido.

— ¡¿Qué?.

— No pienses que soy como tu hermana pero en verdad que no me gusta que siempre me estés abrazando, en especial cuando caminamos por la calle –a pesar de que era complicado adivinar lo que Robb pensaba en esta ocasión era más que obvio que aquello lo abochornaba—. Me gusta que me toques pero no en la calle y ciertamente no cuando hace un calor infernal.

Jaime rió sinceramente divertido.

— Bien, lo dejaré de hacer pero dame tiempo que es difícil deshacerse de las mañas –Robb besó su mejilla cariñosamente.

— También hablas dormido –señaló su Lobo.

— Y tú pateas, amor mío –Jaime recargó su frente contra la del otro, haciéndolo sonreír— ¿Te puedo llamar amor mío ó eso también te molesta?.

Em

— La verdad.

— La verdad es que me incomodaría que lo hicieras en público –esta vez la decepción fue visible en sus ojos verdes y eso preocupó a Robb— ¿Qué pasa?.

— Nada –dijeron los dos al mismo tiempo y a Jaime no le quedó más que reír.

— Me pediste la verdad así que devuélveme el favor, ¿qué ocurre? –insistió Stark.

Que complicado es esto de hablar –pensó.

— Digamos que estoy harto de esconderme –respondió con sinceridad—. Cersei nunca dejó que se hiciera público lo nuestro, y creí… quise, que nuestra relación fuera diferente.

— ¿Jaime?.

— ¿Mm?.

— ¿Por qué estás conmigo si a ti te gustan las mujeres?.

¿A qué viene eso ahora? –pensó.

— Creí que lo sabías, porque te amo.

— Lo sé pero…—no sabía cómo preguntar el resto— ¿No…extrañas yacer con una mujer?.

Jaime se alejó un poco de él para verlo.

— ¿Por qué mejor no me preguntas en realidad lo que te está carcomiendo?, ¿qué es lo que te preocupa?.

Continuará