¡Al fin un capítulo de Doloroso Sentimiento! Acercándome al final ya ^.^
¡Disfrutad la lectura y nos vemos pronto!
Advertencia: Nada importante, inicio de lime
Por supuesto, los personajes siguen siendo de Kishimoto. La historia mía, of course.
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"Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único"
Aghata Christie
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Capítulo 14: Felicidad opacada
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_ Bienvenida_ Kankuro le sonrió ampliamente en cuanto cruzó las puertas de Suna.
_ Gracias Kankuro_copió su gesto y comenzaron a andar hacia la torre del Kazekage.
_ Siento que Gaara no haya podido venir a recibirte, el consejo lo tiene sobreexplotado. Bueno, ya te acostumbrarás a eso con el tiempo.
Hinata respondió con una sonrisa mientras observaba la aldea. Aquel sería su nuevo hogar. Había dejado a Hanabi al cargo en Konoha, aunque ella seguiría liderando. También se había traído algunos Hyuuga con ella para constituir en Suna una rama Hyuuga.
Había hecho todo el camino relativamente tranquila, aunque con aquellas mariposas en su estómago siempre presentes. Pero ahora mismo estaba realmente nerviosa, jugaba con las mangas de la yukata que llevaba puesta de forma impetuosa.
_ Me alegro de que estés aquí_ miró hacia Kankuro cuando pronunció aquellas palabras_ mi hermano se merece ser feliz, y tú y vuestro hijo lo conseguiréis. Lo sé.
_ Kankuro…_ suspiró y miró al frente donde ya se encontraba la torre_ gracias. También por ayudar a cuidar de Kaji durante mi ausencia.
_ Es un gran niño.
_ Lo es_ sonrió y entró a la torre_ realmente, lo es.
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Caminaron por los pasillos hacia el despacho de Gaara. Hinata podía notar las miradas de la gente que trabajaba en el lugar. Sabía que la observaban porque la identificaban como la madre del hijo del Kazekage, la mujer que venía a quedarse. Probablemente juzgándola por haber ocultado la existencia del pequeño durante tantos años, aún así caminó con la cabeza alta sabiendo que no tenía nada de lo que avergonzarse. No se arrepentía de nada.
_ A partir de aquí, te dejo sola_ le comunicó Kankuro al llegar a la puerta. Hinata lo miró desconcertada_ ¡ey! Dos son compañía, tres multitud.
Y se fue riendo. La Hyuuga rio bajito y llamó a la puerta. Escuchó la consigna de entrada y obedeció.
_ Hola_ saludó al entrar. Las mariposas de su estómago se habían convertido en un enorme huracán que hacía estragos en ella. Se auto obligó a tranquilizarse, inútilmente.
Gaara levantó la mirada del pergamino que estaba escribiendo y la observó. Llevaba una simple yukata malva para aguantar mejor el cálido clima. Un ligero sonrojo adornaba sus mejillas, Gaara no supo si era producto del calor o de la emoción, pero rezó porque fuera lo segundo, por alguna extraña razón le hacía ilusión que aquel fuera el verdadero motivo.
_ ¿No vas a decir nada?_ preguntó Hinata, cohibida por el examen ocular del que estaba siendo sujeto.
_ Bienvenida…_ hizo una pausa_ a casa.
Ella asintió sonriendo sinceramente.
_ ¿Qué tal el viaje?_ Gaara se levantó y dio un paso hacia ella, sin acercarse demasiado todavía.
_ Bien, no ha habido problema. Ha sido muy tranquilo.
_ ¿Y tus pertenencias?
_ Tu hermano envió a algunos hombres con ellas a tu casa.
_ Nuestra_ la corrigió.
_ ¿Eh?
_ Nuestra casa_ repitió.
No respondió, no supo que decir. Además los enormes latidos de su corazón le parecían la mejor respuesta de todas.
_ ¿Y Kaji?
_ Está en una misión. Nada peligrosa.
El silencio se hizo de nuevo y ambos permanecieron quietos en sus sitios, sin acercarse. Hinata miraba el despacho buscando en su mente algo que decir. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan nerviosa.
_ De acuerdo_ dijo al fin soltando una gran cantidad de aire_ esto es muy raro_ Gaara la miró desconcertado_ me refiero a que aquí estamos, en el primer día de nuestra vida juntos y ya no sabemos qué decir_ sintió el rubor que encendía sus mejillas como si volviese a tener 13 años y dio un pequeño paso tímido hacia el pelirrojo_ di algo por favor.
El hombre la observó. Ella estaba allí, sus ojos se lo decían, la presencia de su chakra se imponía por toda la habitación; pero todo era demasiado maravilloso para creérselo. Tenía miedo de avanzar, miedo de que si daba un paso hacia ella Hinata se desvaneciera en una nube y él despertara, presa de un cruel sueño. Miró los ojos de la Hyuuga y la pequeña sonrisa nerviosa que esbozaba y se sintió transportado a casi una década antes, a aquel día en el bosque donde una nerviosa y joven Hinata buscaba refugio de la multitud con una escasa vestimenta. Era la misma mirada, la misma sonrisa, la misma presencia calmada que llenaba toda la estancia y su ser.
No se acercó a Hinata. Extendió una enorme masa de arena que la empujo a ella hacia sus brazos y cuando la tuvo cerca la sujetó con fuerza, como intentando fundirse en ella, negándose a que desapareciera, negándose a dejarla ir de nuevo.
Sintió los músculos de Hinata tensos por la sorpresa, pero finalmente se relajó y correspondió al gesto agarrando con sus manos la camiseta del pelirrojo. Fuerte. Desesperada. Hundió la cabeza en su pecho y aspiró el aroma.
_ Esto es mucho mejor que las palabras_ susurró Hinata sin moverse.
_ Sin duda.
Ambos esbozaron pequeñas sonrisas sin moverse y permanecieron durante un buen rato en aquella posición.
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_ Y esta es nuestra casa.
Gaara caminó enseñándole el lugar a Hinata. Su nuevo hogar.
_ ¿Y Kankuro?_ preguntó mientras recorrían las habitaciones.
_ Él vive en un pequeño apartamento separado de la zona principal de la casa. Aunque pasa la mayor parte del tiempo aquí. ¿Te importa?
_ Estoy acostumbrada a una casa llena de gente, me sentiría extraña si viviera en un lugar vacío.
Sonrió al tiempo que entraban en la última habitación de la casa. El dormitorio principal. Era bastante austero, con los muebles necesarios para llevar una vida cómoda y sin ningún adorno personal. Contaba también con su propio baño.
_ Déjame adivinar_ rió Hinata_ tu habitación.
Gaara iba a corregirla cuando ella sonrió y sacudió las manos delante de la cara.
_ Si, ya sé. Nuestra_ Gaara llevaba haciéndole ese mismo apunte desde que había llegado a Suna_ Es bastante…_ buscó la palabra adecuada_ impersonal.
_ Es funcional.
Hinata rodó los ojos y se acercó a la ventana a observar las vistas de la aldea desde el que, en ese momento, se había convertido en su dormitorio.
_ Las cosas no dejan de ser funcionales aunque les pongas algo de toque personal_ sonrió y dejó que la cálida brisa acariciase su cara antes de girarse y quedarse apoyada en el mismo sitio_ un color de pared, unas fotografías. Algo que diferencie que este es tu lugar y no el de cualquier otra persona. ¿Lo entiendes?
Gaara miró hacia las paredes y esbozó una pequeña sonrisa divertida al tiempo que se acercaba a Hinata. Ella se quedó parada sorprendida por el repentino acercamiento y mirándole a los ojos.
_ Ya tengo algo de eso_ le susurró Gaara.
_ ¿Ah sí?_ la mujer miraba a los lados buscando a lo que se refería sin encontrar absolutamente nada_ pues yo no…
_ Eres tú_ Hinata abrió los ojos y giró la cabeza despacio para observarlo de nuevo, de frente. Aún sorprendida_ lo que diferencia este lugar como mi hogar, eres tú. Que tú estés en él lo convierte en mi cobijo. Mío y únicamente mío.
_ Yo…_ enrojeció sin saber que decir, pensando que eso no le sucedía desde hacía años, desde que se había escudado en una actitud fuerte llena de respuestas mordaces.
Tenía a Gaara muy cerca y se sorprendió a sí misma deseando que la besase, deseando que pudiesen entregarse uno al otro como aquella primera vez en el bosque, pero esta vez mejor. Sin palabras hirientes ni malas despedidas.
Y Gaara lo hizo. Apoyó sus labios sobre los de Hinata, que se encontraban algo secos al no haberse habituado aún al cálido clima de Suna. Pero no les importó. Ella correspondió al beso agarrándose de la ropa de Gaara mientras éste, sin separarse de ella se deshacía de la calabaza.
Con rapidez los besos se volvieron más urgentes y se encontraron así mismos intentando deshacerse de la ropa del otro, caminando hacia la cama; como si llevasen haciendo aquello juntos toda una vida.
Gaara chocó con sus piernas en el borde de la cama y se dejó caer sentado colocando a Hinata sobre él a horcajadas. No dejaban de besarse, solo con pequeñas paradas para retomar aire mientras se acariciaban casi con desesperación. Gaara se tumbó de espaldas sobre el colchón e Hinata se inclinó sobre él para continuar besándose.
Cuando el hombre había llevado su mano hacia el obi de la mujer para retirarlo, oyeron un portazo y grandes zancadas.
_ ¡Mamá!_ el pequeño Kaji ingresó corriendo en la habitación, donde sus dos agitados padres ya se habían separado y colocado un poco sus ropas. Hinata estaba de pie, con un pequeño rubor en sus mejillas mientras Gaara se había sentado al borde de la cama, aún de espaldas de la puerta_ ¡Ya has llegado! ¡Ya estás aquí!
Saltó a los brazos de la Hyuuga que mantuvo el equilibrio con precariedad ante la fuerza del golpe y del peso.
_ ¿Qué tal la misión?_ preguntó Gaara levantándose y acercándose a ambos, ya más relajado.
_ ¡Oh! Fue fácil. Siempre me asignas misiones fáciles papá, no es justo_ Hinata sonrió observándoles sin bajar de sus brazos a Kaji. Vio a Gaara rodar los ojos y revolverle el pelo a su hijo_ ¡quiero misiones más arriesgadas! ¡soy un ninja!
_ Un ninja de nueve años, debemos añadir_ replicó Gaara recogiendo su calabaza_ cuando crezcas y subas de nivel, te asignaré las misiones de tu rango. Por ahora, confórmate.
_ ¡Pero…!
_ Déjalo Kaji-kun_ le dijo su madre apoyándole en el suelo_ Gaara tiene razón, no protestes tanto, no es así como te eduqué.
El niño hizo un pequeño mohín intercalando sus miradas entre ambos progenitores y se cruzó de brazos.
_ No es que no me alegre de teneros aquí a los dos, de hecho estoy muy contento_ explicó_ pero todo ese asunto de familia feliz pierde su gracia si los dos os aunáis contra mí ¿sabéis?
Hinata rió mientras su hijo le sonreía satisfecho de verla feliz. Gaara, por su parte, los observaba con una mueca divertida.
_ ¡Ah! Se me olvidaba_ la cara de Kaji se tornó seria de repente_ antes uno de los del consejo me dijo que querían veros, a los dos.
_ ¿El consejo?_ preguntó Gaara. El pequeño alzó los hombros dando a entender que aquella era toda la información que poseía.
Hinata observó la forma en el que el semblante de Gaara cambiaba de una facción relajada a una tensa y casi enfadada.
_ ¿Sucede algo?_ preguntó sin dejar de mirarle.
_ No lo sé, pero tratándose de ellos podemos esperar cualquier cosa.
_ Quizá… hayan cambiado de idea sobre mi estancia aquí_ susurró Hinata con dificultad.
_ No será eso. Estaban encantados con la idea de que gracias a ti se constituya aquí una rama del clan Hyuuga_ Gaara hizo una pausa_ bueno, vayamos a ver que quieren. Hacer conjeturas no nos llevará a nada.
Hinata asintió y miró a su hijo con una sonrisa.
_ Ve a bañarte y cambiarte. Nosotros llegaremos para cenar ¿De acuerdo?
Kaji asintió y vio marchar a sus padres mientras sonreía. Al final, aunque les había costado mucho sufrimiento y muchas lágrimas, ellos estaban allí, juntos. Y con él, que era lo más importante.
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Llegaron a la torre del Kazekage. Kankuro se encontraba allí esperándolos con la túnica de Gaara en las manos, la cual le entregó para vestirse adecuadamente para la reunión.
_ Si esperas encontrarte una panda de ancianos encantadores, te aviso de que te llevarás una gran desilusión_ le dijo mirando a Hinata y entregándole también una especie de túnica. Ella sonrió anta la abierta muestra de desagrado que los hombres que los esperaban en la sala le producían, tanto a Gaara como a su cuñado.
_ Tranquilo Kankuro, no me esperaba nada de eso_ observó la túnica que le entregó desconcertada. Tenía un gran parecido con la vestimenta oficial de Gaara como líder de la aldea pero con un corte claramente femenino_ ¿Qué es esto?
_ Póntelo_ le dijo el castaño y ella alzó una ceja interrogante_ es la ropa que debe lucir la esposa del Kazekage en este tipo de reuniones.
Hinata dio un paso atrás y extendió la túnica de nuevo hacia Kankuro. Ella no iba a ponerse eso. No era el momento. Gaara y Kankuro la observaron intrigados.
_ Lo lamento, pero no voy a ponérmelo. He venido aquí para estar con Gaara y con mi hijo, no para ocupar el puesto de consorte. No tan pronto, al menos_ sonrió tranquilizadora. Lo que menos quería en ese momento es que el consejo y los aldeanos pensasen que estaba allí por deseos de poder.
Kankuro iba a replicar pero Gaara comenzó a caminar hacia el interior de la sala y tanto él como Hinata lo siguieron.
La mujer sintió al momento de cruzar la puerta las escrutadoras miradas de todos los presentes, pero caminó con la cabeza alta y se situó a la derecha de Gaara en la enorme mesa, haciendo caso del pequeño gesto de Kankuro. Supuso que en otro tiempo aquel lugar lo ostentaría Temari y sintió de repente que aquel sitio no le pertenecía. Ella estaba allí por amor, porque deseaba recuperar el tiempo perdido al lado de Gaara y Kaji. No le interesaba lo más mínimo el poder político de la aldea de Suna ni el cargo que Gaara ostentaba.
Todos se sentaron e Hinata notó el breve roce de los dedos del pelirrojo en su mano, infundiéndole tranquilidad, antes de que posara ambas manos sobre la mesa.
_ ¿Cuál es el motivo de la reunión? Creí dejar claro, expresamente, que deseaba un poco de intimidad para el día de hoy.
_ Supongo que ella es la madre de Kaji-dono, la líder Hyuuga_ dijo uno de los hombres mirando directamente a Hinata.
Ella sintió como la arena de la calabaza de Gaara se revolvía, inquieta. Sonrió. Miró al hombre que le hablaba, inclinó la cabeza en señal de respeto y le dedicó una pequeña sonrisa.
_ Así es. Mi nombre es Hyuuga Hinata_ paseó la mirada por los presentes_ y estoy encantada de trabajar al servicio de su aldea.
_ Eso está muy bien Hinata-dono, pero hay otro tema importante.
No supo exactamente que decir así que sólo movió la cabeza afirmativamente, deseando que el hombre continuara. Había algo en su mirada que le desagradaba, era esa forma de observarla, como si ella fuera un objeto, una sustancia que podía ayudarle a conseguir algo. E Hinata veía en esos ojos algo que ya había visto en muchos otros, en casi todas las miradas del consejo Hyuuga; ansia, ansia de poder. Y aquello le daba ganas de vomitar.
_ El verdadero motivo de esta reunión es tratar el tema de su boda, Kazekage_ Kankuro abrió los ojos desmesuradamente, Gaara no se inmutó o al menos no lo exteriorizó e Hinata sintió como sus manos sudaban.
_ Yo no dije nada sobre ninguna boda_ habló el líder, con su habitual voz serena e Hinata se preguntó si algo lograría enfurecerlo de verdad.
_ Por eso mismo. Esa mujer_ a Hinata no le gustó el tono despreciativo con el que se refirió a ella por lo que le dedicó media sonrisa irónica cuando la miró_ es la madre de su hijo, al que mantuvo oculto muchos años, y ahora se muda a nuestra aldea y vivirá con usted. Lo que hay que hacer para salvaguardar el poco honor que nos queda es realizar una ceremonia de boda cuanto antes. Las cosas se han hecho en el orden incorrecto desde el principio, pero a partir de ahora deben hacerse bien. Ella debe convertirse en su consorte oficialmente, cuanto antes.
Hinata bajó las manos ocultándolas con la mesa y apretó los puños intentando controlar su furia. Se sentía como cuando tenía trece años y su vida era manejada al antojo del consejo Hyuuga y aquello le molestaba. No quería casarse, no quería una boda, no de esa forma.
_ Me niego_ alzó la cabeza y paseó la mirada entre los mandatarios de la aldea_ no he venido aquí para ser su juguete y cumplir con cada uno de sus caprichos. No me casaré de esa forma.
_ Lo hará. Tiene que hacerlo. Hay leyes que lo acreditan_ habló el mismo hombre y le lanzó un pergamino que leyó con los músculos tensos_ sino deberá abandonar la aldea y ni siquiera el Kazekage puede impedirlo.
Gaara permanecía en silencio observando a Hinata que mantenía el pergamino entre sus dedos, ya arrugado. Volvió la mirada hacia los ancianos y habló.
_ De acuerdo, lo haremos. Organicen la boda.
La Hyuuga alzó la cabeza y lo observó indignada. Lanzó el pergamino con furia contra una pared y se levantó abandonando la sala sin decir nada.
Otra cosa más que haría para complacer a otros, otra cosa más que ella no decidía. Otra cosa más que la convertía en la vieja Hinata, marioneta de otros.
Pegó un puñetazo contra la pared de la torre cuando llegó al exterior, produciendo pequeñas grietas. No iba a llorar, no iba a hacerlo, porque aquel sería el paso definitivo para convertirse en su yo del pasado. Y apretando los dientes con furia, caminó sin rumbo por la aldea.
_ Gaara…_ Kankuro miró a su hermano. Ambos eran los únicos que quedaban todavía en la sala.
_ Búscala y asegúrate de que está bien, no conoce la aldea ni el desierto y aún no está acostumbrada al calor de Suna_ le dijo levantándose y recogiendo su calabaza_ nos veremos en casa.
Entendía el enfado de Hinata y personalmente se sentía igual, pero no iba a permitir que ellos los separasen y si una boda estipulada, sin sentimientos y hecha solo para satisfacer sus deseos de poder iba a conseguir que dejaran que Hinata se quedara para siempre. Él haría el sacrificio.
Ahora solo le quedaba que Hinata lo comprendiese también. Aunque sabía que le costaría.
Si cerraba los ojos podía visualizar la mirada furiosa, dolida e indignada que le había dirigido antes de abandonar la sala.
Y esa mirada, era peor que cualquier reproche verbal que pudiera haberle hecho.
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¡Gracias por los reviews en el otro capítulo! Espero vuestras opiniones de este.
¡Hasta pronto!
