¡Hola a todos! En realidad este capítulo iba a ser más largo, pero me iba a tardar mucho en actualizar. ¡Muchas gracias por preguntar por mi salud! Estoy bien. Aún no se me quita la tos, pero voy mejorando. ¡Este 2017 promete ser un increíble año para el fandom! Mil gracias por seguirme el año pasado y cuento con ustedes para que me sigan leyendo en el 2017.
Empieza la parte realmente angsty del fic. ¡Por favor no me odien!
14. Failure – Breaking Benjamin
El silencio sepulcral que se había mantenido en la sala de estar de Kofuku fue interrumpido por Tenjin, quien lentamente se puso de pie y comenzó a recoger todas sus cosas, solemnemente. Hiyori cerraba los puños fuertemente en el bajo de su falda, con el corazón desbocado y mordiéndose el labio inferior. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Dónde estaba Yato? Esto no era normal, no podía entender que quien en realidad creía que iba a darle al mundo a la mejor banda de Japón no se presentara a entregar el material. Yato era el único que tenía esa copia, el único que poseía las partituras originales, y el único que podía hacer entrega de todo. Pensar que alguien con tanta responsabilidad les hubiese fallado así como así.
Aún sin mirarlos, en el aire la chica era capaz de percibir el ánimo de todos. Lo que más le pungía era el sentimiento generalizado de decepción. Hiyori quería creer, quería hacerles ver que simplemente había sufrido un contratiempo, pero el reloj y la contestadora de su celular le hacían ver otro panorama distinto, aunque no se atreviese a admitirlo.
-Es una pena que gente tan talentosa como ustedes tenga que perder su tiempo y sus oportunidades por una persona como él. – Dijo Tenjin, con voz cascada, dirigiéndose a la puerta. – En realidad disfruté mucho trabajar con ustedes, pero tal como me lo temía, - hizo una pausa y miró a Hiyori con el rabillo del ojo – ésta banda terminó en el momento en el que Viina decidió marcharse.
Haciendo mucho ruido, Yukine se levantó de su lugar y salió de la sala, hecho una furia. Daikoku miraba por la ventana y Kofuku sonreía con placidez, sosteniendo la mirada de Tenjin. Se levantó para acompañarlo a la puerta. Luego de unos pasos, musitó:
-Lamentamos haberle hecho perder su tiempo, Tenjin-san.
-Yo lo lamento, Kofuku-san.
Sin decirse nada más, Tenjin salió de la casa y rebuscó en su bolsillo por las llaves del auto. Hiyori escuchó abrirse la puerta, y su cuerpo se movió solo. No tenía idea de qué estaba haciendo, pero rápidamente se calzó y salió disparada corriendo detrás del productor.
-¡Tenjin-san! – lo llamó, y el caballero detuvo sus movimientos para volverse a verla. La chica llevaba marcas rojas en los labios, ahí donde los dientes habían mordido con fuerza.
-Iki-dono, ¿qué puedo hacer por usted?
-¡Denos otra oportunidad!
-¡Hiyorin! -Exclamó Kofuku desde la puerta.
En verdad, Hiyori no sabía qué la hacía hablar, ni por qué estaba diciendo lo que decía. Sentía una aceleración inmensa dentro de su cerebro y necesitaba sacarla de algún modo. - ¡Estoy segura de que Yato simplemente… algo le pasó… él más que nadie tenía sus ilusiones puestas en este material! ¡Puedo asegurarle que existe! ¡Es muy bueno! ¡Es mejor que el disco original! ¡Sólo déjenos encontrar a Yato y le aseguro…! – Se detuvo por un momento, ¿qué le aseguraba? ¿qué podía prometer ante alguien como él? -¡Le aseguro que le entregaremos a la mejor banda de Japón! ¡Solo…!
Hiyori no pudo continuar. Un nudo se le atravesó en la garganta cuando recordó a Yato diciendo las mismas palabras, días antes, desde el andén. Sin poder controlarlo, dos gruesos lagrimones rodaron por sus mejillas. Una frustración inmensa se expandió dentro de ella, en realidad estaba haciendo el ridículo ante el productor de la banda.
-Niña -dijo Tenjin, con una dulzura completamente inusual. Hiyori levantó la vista y vio una sonrisa bonachona. – En realidad es sumamente triste ver que te has dejado engañar por las palabras de ese truhan.
Hiyori dio un paso atrás.
-¿Truhan?
-Yato no es más que un delincuente, una persona oportunista y cobarde que huye a la primera oportunidad que encuentra -sentenció el anciano, causando horror en la chica, ¿todo el tiempo lo vio así? – Entiendo que tú y tus compañeros tenían ganas de hacer cosas. Entiendo que Yato es un compositor y un guitarrista talentoso. -Arrojó su maletín dentro de la cabina del auto – Pero no tiene agallas. En éste negocio, no tener agallas es un error garrafal, simplemente es una contradicción. Nadie que tenga dos dedos de frente querrá tener bajo el ala de su compañía a un cobarde tan grande como Yato.
-Él…
-En verdad es una pena -cortó Tenjin – Espero que puedan encontrarlo para que les de una buena explicación. – Subió al auto, pero no cerró la puerta, en lugar de eso, se dirigió a Kofuku. – Seguramente pediremos que se retiren de la casa dentro de un tiempo. Sería bueno que comenzaran a organizar una mudanza.
Kofuku no respondió, pero Hiyori alzó una voz temblorosa.
-¿Entonces… eso es todo?
-Eso es todo, Iki-dono. Piénsalo de este modo, esto es lo mejor para ti. Podrás regresar a tus estudios como antes, y no estarás en riesgo de que un payaso como Yato te haga quedar en ridículo de nuevo. -Se despidió con una inclinación – Adiós.
Dicho esto, cerró su puerta y echó a andar el auto. La gravilla crujió bajo las ruedas que lentamente dieron la vuelta y desaparecieron por el largo pasillo arbolado que guiaba hacia la calle. Cuando lo perdió de vista, la fuerza abandonó las piernas de Hiyori, que se desplomó de rodillas en la grava del estacionamiento. Kofuku corrió a levantarla.
-¿Qué haces, Hiyorin? -trató de lanzar una risita ligera, pero terminó sonando tremendamente incómoda. Hiyori sintió las pequeñas manitas de Kofuku arrojando su brazo sobre sus diminutos hombros y levantándola, avanzando hacia el interior de la casa, que, al parecer, ya no los refugiaría más tiempo.
-Lo siento, Kofuku-san.
-¿De qué hablas, Hiyorin?
-Creo que terminé… empeorándolo todo… - repuso la chica, con voz entrecortada -hablándole así a Tenjin-san… Yo…
Kofuku se arrodilló con ella en la sala del kotatsu. Con gran fuerza, Hiyori de repente se sintió aprisionada entre los dos delgados brazos de la chica de cabello rosa, y torpemente regresó el abrazo.
-No te sientas mal, tontita -canturreó Kofuku -Nada de lo que hayas dicho empeoró nuestra situación. De hecho -Hiyori empezó a escuchar cómo a su amiga se le dificultaba un poco seguir hablando – estoy sumamente conmovida de que muestres tanta fe en Yatty. Estoy segura que si él te hubiese escuchado, también estaría al borde de las lágrimas.
-Pero… -Hiyori sintió cómo comenzaba a llorar de nuevo – Pero acaban de perder la casa y yo…
-Tché -soltó Daikoku. Era la primera vez que lo escuchaba hablar desde que Tenjin había llegado. – Ésta casa es de la disquera, Hiyori. Simplemente perdimos el contrato. Ya no trabajamos para ellos, ya no nos darán prestaciones. La casa es una de ellas.
- Así es, Hiyorin. En realidad, la casa nunca fue nuestra. -Kofuku la tomó por los hombros, haciéndola que la mirara directamente. -Estoy muy agradecida de que seas nuestra amiga. Y estoy dos veces más agradecida por haber encontrado una vocalista que crea en verdad en este proyecto.
-Lástima que no te hubiésemos encontrado antes de que todo terminara. -dijo Daikoku. Kofuku clavó los ojos en el piso. Hiyori se levantó de repente.
-¿De qué habla, Daikoku-san?
-Este proyecto está frito, Hiyori -explicó el hombre, con voz cansina. -No existe nadie que quiera firmar con un proyecto del que se sabe que no entregan en tiempos límite.
- ¡Pero…!
-Hiyorin -Comenzó Kofuku. El cambio de tono en su voz hizo que la chica perdiese toda capacidad de hablar. – No llevas mucho tiempo conociéndonos, así que en realidad no sabes que esto no es tan raro.
-¿De qué hablas? – Tartamudeó la joven.
-¿Por qué crees que estamos tan tranquilos? -Razonó Daikoku -¿Crees que Yukine se hubiese quedado sin mover un dedo al enterarse de que Yato lleva una hora sin aparecer?
-¿Esto ya… ha sucedido antes?
Kofuku asintió una vez y sonrió con tristeza.
-Usualmente sucede una o dos veces al año. Conozco a Yatty desde la preparatoria. Suele desaparecer un mes o dos. Regresa y se aísla por completo. No habla con nadie. No contesta ninguna pregunta acerca de lo que le pasó y suele regresar con rastros de heridas. -A Hiyori le parecía sumamente perturbador el tono de voz que Kofuku estaba empleando, como si estuviese relatando algo tan normal como ir al supermercado a comprar fruta. -Daikoku y yo siempre hemos creído que, en realidad, Yatty nunca…
Kofuku se interrumpió de repente, y miró al suelo antes de mirar directamente a Hiyori a los ojos. En el fondo, Hiyori creía saber qué estaba implicando la chica, pero no se atrevía a ponerlo en palabras.
-¿Entiendes, Hiyorin? – dijo Kofuku con suavidad. – Todos tenemos problemas.
-Y algunos problemas son más grandes que otros -dijo Daikoku. – El de Yato aún es lo suficientemente grande para hacer que se pierda varios días.
"-Debes entender en este punto que todos nosotros tenemos nuestras propias historias y nuestras propias razones para hacer las cosas. Por lo tanto todos hemos tenido problemas de ésa clase, en mayor o menor medida", había dicho Yato, aquél día, después de que Hiyori se presentara ante Tenjin como la vocalista. Ahora todo comenzaba a tener sentido. En realidad, estaba ante un grupo de gente que había logrado sobreponerse a alguna adicción. Y sin embargo, Yato…
Hiyori salió corriendo de nuevo al interior de la casa, recogiendo sus cosas. Luego salió como una bala por la puerta principal, sin responder a los gritos de Kofuku sobre a dónde iba. Era evidente a dónde se dirigía.
La madera desconchada del número 203 parecía sonreírle, burlona, a su cara de angustia y nerviosismo después de tocar repetidas veces sin resultado.
-Yato. -Insistía Hiyori, sonando alternadamente los nudillos y el timbre.
Nadie respondía.
Blanco.
Blanco en el suelo, en los aleros de las ventanas. Blanco de la ventisca que acababa de terminar de caer. Hiyori se lamentó que el suelo estuviese tan lleno de nieve. No había huellas visibles de nadie entrando o saliendo de las escaleras. Refugiándose en la pequeña curva de estas, Hiyori sacó su teléfono, tiritando.
-"Soy Yato. De momento estoy ocupado…" – Hiyori lo dejó continuar, y habló luego del bip, entrecortada y apresuradamente. Se dio cuenta de que en realidad no tenía nada planeado para decirle.
-Estuvimos esperándote, Yato. Por favor en cuanto escuches este mensaje, llámame, es importante.
Colgó. Volvió a intentar. Seis o siete tonos.
-"Soy Yato. De momento estoy ocupado…"
Colgó. Volvió a intentar otras dos veces, con el mismo resultado.
Donde quiera que estuviese, Yato no tenía intención de contestar su celular.
Refugiando sus manos entre los brazos y su cuerpo, Hiyori echó a andar hacia la estación, azotada por la ventisca recién levantada.
-¡Te ves fatal, Hiyori! ¿No has estado durmiendo bien? ¡Todavía tenemos tiempo para los exámenes de mitad de curso! -Dijo Yama, observando los ojerones negros debajo de los ojos de su amiga.
Hiyori simplemente las dejó asumir y soltó un profundo suspiro.
-Creo que Yama-chan tiene razón, Hiyori-chan, deberías tomarte un descanso.
-Si tan solo pudiera… -apuntó ella, con una sonrisa triste.
Se dirigían al patio para comer en alguna banca durante el almuerzo. Había estudiantes por todos lados pero el flujo hacia el patio era constante a pesar de ser uno de los pasillos principales del edificio. Iban afuera porque el día había amanecido sorprendentemente cálido y soleado. Hiyori se tuvo que asomar por la ventana para cerciorarse de que en verdad, la semana con nublados intensos estaba dando a su fin. Aún así, el calor del sol al toque con su piel no era suficiente para hacer que Hiyori sintiese un poco más de ánimo.
Yato llevaba desaparecido una semana.
De tanto en tanto, Hiyori se cercioraba de su línea telefónica. Marcaba a menudo. Nunca había respuesta. A lo largo de todo ese tiempo, se preguntó constantemente si era prudente llamar a la policía y decir que había una persona desaparecida, pero los argumentos de Kofuku la hacían abstenerse de ello. Si este era un asunto en verdad tan delicado, no querría que Yato terminase perjudicado por su tonto impulso de llamar a la policía. La vida normal a Hiyori le parecía velada como siempre, distante. No podía entender que sonrieran, ¿no se daban cuenta que Yato…?
-Creo que es hora de que salgamos a relajarnos juntas de nuevo. -Sugirió Yama, interrumpiendo el tren de pensamiento de Hiyori. Ami estaba de acuerdo, y Hiyori no tuvo más opción que aceptar. Sus amigas eran lo único que la mantenía anclada al piso. Todo lo demás parecía tan distante, como si estuviese en uno de esos sueños demasiado vívidos.
-¡Vamos al cine! -Sugirió Ami. -Hay una película que llevo tiempo queriendo ver.
-¡Ya está! Entonces nos veremos mañana.
Hiyori asintió tenuemente. En verdad no le apetecía salir, pero tampoco podía quedarse encerrada en casa. Sin Yato, no había ensayos. Y no era como si tuviesen una casa dónde ensayar de momento, tampoco.
El timbre del término del descanso la sacó de su contemplación sobresaltada. Últimamente le había pasado mucho. Dirigiéndose de vuelta al salón, escuchaba de ruido de fondo a Ami y Yama parloteando sobre películas mientras ella volvía al tema. ¿Dónde estaba? ¿Qué estaría haciendo? Se preguntó si pensaría en ella y sacudió esa idea absurda de su cabeza. Evidentemente no, o hubiese llamado. A menos que no llevara consigo su celular… en cuyo caso…
-¡Hiyori-san! ¿Me oye?
Frente a ella, estaba uno de sus profesores. Llevaba una buena cantidad de panfletos en las manos y la miraba con rostro preocupado.
-¡S-sí, Sensei! ¡Disculpe!
Las risitas de alrededor se dejaron oír mientras con gesto disgustado su profesor le entregaba el paquete de hojas.
-Sé que está usted en el coro, ¿puede entregarle estas copias a Fujisaki-sensei, por favor?
Decía "por favor" pero en realidad era una orden. Hiyori asintió, creyendo que si abría la boca para responder le iba a reclamar al profesor el hecho de que le hiciera enfrentar a quien menos quería ver en ese momento.
-Las alcanzo en un momento, chicas, debo ir a buscar al profesor… -dijo Hiyori con desgana. Ami y Yama prefirieron ir a buscarlo juntas, y las tres se encaminaron hacia el aula de música.
No tuvieron que llegar hasta allá. En uno de los pasillos principales de la escuela, abarrotados de gente, el profesor Fujisaki hablaba con dos de sus estudiantes, recargado en una pared con ventanal.
-Sensei. -Llamó Hiyori. La reacción del aludido la extrañó totalmente.
-¡A-ah! ¡Iki-san! ¿S-se le ofrece algo? -Había estado estrujando una cajita de jugo con una mano. Al momento de verla tuvo que hacer un malabar para que ésta no se le cayera, y un ligero rubor le tiñó las mejillas.
¿Quién era este sujeto?
-Sí… Kimura-sensei me pidió que le entregara esto. -Hiyori le entregó los panfletos sin demasiada ceremonia. Fujisaki los recibió, muy humildemente, y les echó una mirada. Incómodo, la miró y luego miró al suelo.
-Gracias, Iki-san. No hacía falta que los trajera de inmediato. Pudo haber esperado hasta la práctica de hoy.
De alguna manera, su voz resonó por el pasillo en uno de esos momentos en los que el universo se alinea para que todo mundo guarde silencio al mismo tiempo. Hiyori entreabrió la boca por la sorpresa.
-Bueno, Kimura-sensei no me dijo eso. -Titubeó.
-Muchas gracias. -Dijo Fujisaki, y se fue a toda prisa, cubriéndose el rostro, dejando atrás a dos confusos estudiantes que observaron a Hiyori como si jamás hubiesen visto a una chica. No sólo ellos, sentía que muchos ojos estaban posados en ella, siendo un pasillo especialmente concurrido.
¿Qué había sido todo eso?
Hiyori dio media vuelta y regresó por donde había llegado, de paso dirigiendo una ojeada a las miradas interrogatorias de Ami y Yama.
-A mí no me miren, no tengo idea. -Les respondió y siguió andando. Ami y Yama simplemente se encogieron de hombros y volvieron con ella al salón de clases.
La ubicación por GPS que le envió Yukine ése mismo día no le facilitó en nada llegar al Parque Shakuji al salir del instituto. De hecho le parecía sumamente extraño que Yukine la convocara a un parque como aquél. Le tomó 15 minutos caminar desde la estación hasta la entrada del parque, caminando a todo lo largo de una especie de laguna en la que, a juzgar por el mobiliario de jardín, se podía pescar en verano. Yukine la esperaba con el celular en la mano, al lado de un viejo mapa del sitio.
-Yo. -Saludó el joven, de modo informal.
-Me da gusto verte, Yukine-kun. Disculpa la tardanza. -Saludó cordial la chica.
-Despreocúpate, Hiyori. Sé que los trenes debieron ser un dolor en el trasero. -Comenzó a andar. -¿Vamos?
Hiyori lo siguió, sin entender del todo si harían otra escala, al ver que el chico de hecho se internaba en el parque en lugar de seguir por la calle.
-Es una lástima que haya que hacer tantos trasbordos para venir a verlos. -Se lamentó Hiyori. -¡Pero definitivamente vendré a visitar tanto como pueda!
Yukine se limitó a dedicarle una sonrisa tristona.
El sendero pasaba cortando por el parque, manteniendo el río del lado izquierdo, y área verde del lado derecho. Pronto llegaron a una zona de juegos infantiles, y un poco más allá el camino se expandía en una especie de glorieta, la cual daba paso a una pintoresca tienda en donde se vendían artículos para niños. Juguetes, pelotas, bates de baseball. Un pasillo testo de maquinitas expendedoras se curveaba más adentro, dando paso a un restaurante de udon, ramen, y otras delicias invernales. A Hiyori los olores le llamaron la atención, y vio luz un poco más adentro.
Yukine se internó en el pasillo, para el desconcierto de la joven, que observaba que también se ofrecían souvenires, cigarros y varios tipos de dulces.
-¡Ya llegué! -Exclamó el chico, subiendo a la plataforma de madera extendida debajo de un tejabán, de donde salía la luz hogareña. Las shoji* estaban abiertas.
-Con permiso… -musitó Hiyori, internándose en la plataforma del restaurante, por los pasillos, y finalmente detrás de otra shoji encontró el kotatsu. No tuvo tiempo de mirar la nueva distribución cuando la chica de cabello rosa se arrojó a sus brazos.
-¡HIYORIIIIIN!
-¡H-hola! -Aún no era capaz de acostumbrarse a la efusividad de Kofuku. Luego de que todos estuvieron sentados alrededor del kotatsu (cosa curiosa, la sala era casi idéntica a la que tenían en la casa grande), Daikoku sirvió te y dulces, como si nada hubiese cambiado. Al ver a Hiyori voltear desconcertada hacia todos lados, Kofuku habló.
-Éste lugar es propiedad de la familia de Kokki. Cuando nos fuimos, la tienda se quedó al cuidado de los empleados. Siempre ha sido parte de su historia. -Luego de una sonrisa nostálgica, miró a Daikoku, que volvía de dejar la tetera en la cocina, y tocó su brazo con suavidad cuando se sentó a su lado. -Yatty y yo solíamos meternos en toda clase de problemas durante la preparatoria. Kokki nos sacó de varios problemas serios, y de hecho detestaba que Yatty-chan anduviese cerca.
-¡No puedes culparme! -Replicó Daikoku -¡El tipo era una sanguijuela!
-Kokki no puede ocultar el hecho de que en verdad se preocupaba también por Yato -rió Kofuku, provocando la ira del sujeto, que sacó un cigarrillo y lo encendió sin ninguna ceremonia. – Nos cuidábamos mutuamente durante ese período… Bisha también.
-¿"Bisha"? -Preguntó Hiyori.
-Ya sabes que Kofuku tiene apodos para todos. -Señaló Yukine, levantando la vista de su galleta por primera vez. -Viina se transformó en "Bisha" y ella no hizo nada por corregir a Kofuku.
-Básicamente nos la pasamos refugiados aquí, y en este mismo sitio -agregó la chica, con teatralidad -fue en donde se nos ocurrió SHRINE. Pero nada de esto hubiese sucedido sin Kokki.
-Debiste haber visto eso, Hiyori. Era un completo desastre -rió Daikoku, entre dientes. -Gracias a que llegó Yukine-kun pudimos apaciguar las cosas lo suficiente.
-Antes de eso, hacíamos la vida de Kokki todo un infierno. -Por la expresión que puso, a Hiyori le dio la impresión de que no le agradaba tocar el tema. -Yo no podía estar tranquila sin estar pasada de copas… y Yatty… -dudó. Miró a Daikoku, que se limitó a mirarla sin expresión, y volvió a hablar – Tendrás que esperar a que te lo cuente él. Pero en resumidas cuentas, Hiyorin, éste era nuestro refugio.
Hiyori reparó en la foto que Kofuku le alcanzaba en ese momento, que estaba sobre un baúl junto a muchas otras.
El marco de latón negro mostraba la foto de dos adolescentes en ése mismo engawa**, tomada desde atrás a la izquierda. El primero mostraba unos hombros anchos y fuertes, muy sorprendente para alguien de su edad, y cabello ligeramente más corto, pero sus ojos eran inconfundibles. Llevaba un cigarrillo en los labios, y frente a él, en sus manos, sobresalía la figura de una guitarra acústica. Con el mismo uniforme, junto a él, recargada en uno de los pilares, una Kofuku varios años más joven sonreía a la cámara.
Hiyori pasó los dedos por el marco, mirando la expresión fría de Yato.
Yukine había subido a su habitación luego de un rato, diciendo que debía hacer tarea. Extrañada, Hiyori fue tras él después de un rato. Su habitación era el ático, el techo estaba muy bajo y la única ventana en el sitio era suficientemente grande para poder salir por ella sin dificultad. Hiyori sacó la cabeza al aire frío de invierno, y descubrió a Yukine sentado hecho ovillo en las tejas del techo.
-Creí que estabas haciendo tarea. -Dijo ella, suavemente, tratando de no sobresaltar al chico.
-Nah, detesto historia. No podía concentrarme lo suficiente, además, así que salí un rato. -Contestó el rubio, sin voltear a verla.
-¿Te importa si me siento? -preguntó Hiyori, cortésmente. Yukine se alzó de hombros, y ella se sentó despacio a su lado. -¿Por qué me llamaste? -Volvió a preguntar. Era obvio que Yukine quería hablar de algo con ella, por el modo en que la había invitado.
-Supongo que en realidad te estaba probando. -Respondió él, de nuevo mirando al horizonte. Hiyori rió un poco.
-No me voy a ir a ningún lado.
-Uno nunca puede estar demasiado seguro.
Luego de un breve silencio, Hiyori simplemente no pudo contenerse más.
-Estás demasiado tranquilo con todo esto, Yukine-kun. ¿Seguro que estás bien?
El muchacho la miró por primera vez. Al ver la cara preocupada de su amiga, suspiró.
-Definitivamente no está bien. Pero no sé qué más hacer.
-Bueno, -repuso ella, -definitivamente no esto. Por lo que sé pueden haber ocurrido miles de cosas y no todas ellas son muy optimistas.
-¿Y qué? -soltó de pronto Yukine -¿piensas buscarlo en cada basurero del pueblo?
-Lo haré de ser posible -repuso Hiyori, secamente. -Es mejor que estar sentados esperando que aparezca. Además -continuó, en voz muy baja y mirándose los zapatos, -me doy cuenta de que en realidad se demasiado poco acerca de él. Necesitaría ayuda de alguien que lo conozca mejor para saber en dónde buscar.
Yukine buscó sus ojos con la mirada, y la miró en una pregunta que aún sin ser enunciada fue comprendida por Hiyori, que se sentía resoluta, incansable.
-No me voy a ir a ningún lado. -Volvió a enunciar ella, claramente.
Yukine sonrió.
La historia que Hiyori escuchó en ese momento directamente de su joven amigo le perturbaría el corazón por el resto de su vida.
* Shoji son las puertas corredizas que están en las casas tradicionales japonesas.
** Engawa es la especie de porche que da al jardín en las casas del mismo tipo. Creo que decir "pórtico" no es lo suficientemente exacto y por eso decidí usar el término en japonés. Pueden buscar las imágenes en google :)
