HE VUELTO y con el capitulo mas largo

ultima vez que lo repito en esta historia (aleluuuuuyaaaa): ninguno de los personajes que reconozcan me pertenecen emm son de J. emm ya me encantaria a mi (y a algunas mas) emm ya ta.

les dejo la historia y que la disfruten ;)


Apartando la mirada del escrutinio de la castaña, miró sus uñas, indiferente a ella y le respondió:

-De nosotros –le dijo simplemente.

Capítulo 14: Mucho más que vecinos.

Hermione, al no prever esa respuesta, empezó a reírse involuntariamente. Y al notar la ironía de todo aquello, pues temía que tuviera que ser ella quien le sugiriera hablar del tema, su risa de tornó más burlona aunque no a propósito.

-No le veo la gracia –él frunció el ceño, enojado, ¿por qué se ponía a reír de esa manera, es que estaba loca?

No podía evitarlo, si le veía a la cara no podía evitarlo. Trató de serenarse pensando en lo ridícula que se veía riendo de esa manera frente a él, pero pensaba también en la situación comprometida en la que se encontraban dentro de un baño pequeño y él con ella. Ridículo.

Se tapó la boca y con el poco control sobre su risa que le quedaba pudo preguntarle: -¿Perdón? –risa-. ¿Nosotros? ¿Desde cuando?

Él solo frunció el ceño por respuesta y sonrió de la manera en que solo él podía hacerlo (n/a. Marca registrada XD), había caído en la trampa y eso lo alegraba.

-¿Por qué cada vez que los hombres decimos "nosotros", las mujeres tienden a darle ese sentido? –se preguntó él mirando al techo, sin perder esa sonrisa-. No, Granger, lo has entendido mal. Hablo de la tregua que habíamos pactado.

-Ah –respondió ella seca, cuando entendió todo-. Creí que la tregua se había terminado cuando... –no se atrevió a decirlo, recordarlo implicaba recordar a la Parkinson y a Draco en una situación similar.

-Cuando te fuiste después de que nos besamos –siguió él por ella, sin malicia. Por su parte, ella resopló, pero asintió-. Bueno... podríamos continuarla si aún te apetece –le ofreció él mirándose las uñas como si fuesen más interesantes que el tema del que estaban hablando-. Eso sí, tendríamos que poner ciertas pautas de por medio.

A Hermione le parecía increíble todo aquello, por no decir paródico.

-¿Quieres seguir con una relación que no existe?

Él se encogió de hombros. –Creo nos beneficiaríamos mutuamente –opinó él con aire misterioso-. Es obvio que existe una mutua atracción entre nosotros, ¿o me lo vas a negar?

Ella podría haber mentido, si hubiese querido, pero no lo hizo.

-No puedo negarlo, cierto –declaró ella, como si le costara-. Pero aclárame algo, Malfoy, ¿es que se te ha aflojado algún tornillo de tu diminuta cabeza? Desde cuando...

Toc, toc... Toc, toc. Alguien tocaba a la puerta, y no parecía apurado por entrar, solo molestar, pensó con disgusto el rubio.

Draco le pidió silencio a la castaña, poniéndole su dedo índice y medio sobre sus labios. El frío de sus dedos recorrió el cuerpo de Hermione como oleadas de intensa electricidad, (n/a. existe eso? hagamos q si) y no pudo menos que avergonzarse de reaccionar así con él.

-¿Si? –preguntó Draco con irritación.

-¿Malfoy? –preguntó la inconfundible voz de Evan.

Esa fue la gota que colmó el vaso, si hubiese sido otra persona en vez de Leath, le hubiese pedido "amablemente" que se largara, pero no era otra persona.

-¿Qué demonios quieres, Leath? No se si te has dado cuenta pero estoy ocupado –le dijo el ojigris de malas maneras a la puerta.

Hermione se había apartado del lavamanos y estaba hecha un manojo de nervios, si la descubría allí con él... no quería ni imaginarse lo que podría ocurrir después.

Evan demoró en responder. –¿Has visto a Hermione? –preguntó reticente.

He ahí la pregunta que Hermione tanto temía.

-¿Hermione? –preguntó Draco enigmático, impacientando a Evan-. ¿Hermione? ¡Ah, Granger! Bueno... da la casualidad que está intimando conmigo en el baño.

A Hermione se le fue el aire. "Malfoy, tienes tus días contados", pensó ella con furia.

-Muy gracioso, Malfoy –el rubio y la castaña oyeron con dificultad los pasos del muchacho alejándose.

-Si, muy gracioso, Malfoy –repitió la castaña sin rastro de humor.

-Dime una cosa, Granger –empezó él con una mirada reprendedora-. ¿Crees que alguien en su sano juicio creería que tu estás aquí conmigo intimando?

Tenía su lógica, pero seguía enojada con él, aunque con menos razón que antes. –Cierto –aceptó pacífica-. Pero, ¿qué hubiese pasado si él hubiese querido verlo con sus propios ojos?

-Yo no mentí –se apoyó seductoramente contra el lavamanos-. No tiene que tomárselo tan a pecho si lo que le dije fue la verdad –opinó él, encogiéndose de hombros.

Lo estaba haciendo a propósito, la estaba haciendo rabiar porque sabía que de un momento para el otro ella saltaría. No le facilitaría aquello, pero tampoco la callaría.

-No es cuestión de decir o no la verdad –le informó la castaña, con cara de estarle hablando a un niño pequeño-. Se trata de que yo no debería estar aquí –se acabó por resignar.

Se iba a dar la vuelta para regresar con Evan y pensar en una excusa plausible para su repentina desaparición. Hasta que una mano la tomó del brazo y la hizo volverse nuevamente hasta quedar abrazada al rubio.

Tan juntos quedaron, que el perfume del otro se les metió en las fosas nasales como una droga adictiva, tentadora, atractiva, imposible de resistir. Tanto así que demoraron varios segundos en volver sus pensamientos al límite de lo razonable.

-Tampoco se trata de deber o no,... Hermione –dijo el algo reticente, pero saboreando cada letra de su nombre. Ella sonrió por dentro, le encantó oír su nombre de sus labios-. Se trata de querer –la miró a los ojos, penetrante-. Si tú no hubieses querido estar aquí te hubieses ido en cuanto toqué el piso del baño.

Ella lo comprendió todo, pero la herida seguía siendo reciente y no podía seguir tan cerca de él, con la barrera de sus ropas de por medio. Pero no podían, aquello que los desunía era mas fuerte que el simple deseo del que indirectamente hablaba Draco. Si tuvieran algo mas... podría ser distinto. Tan triste, que apenas si aguantaba las lágrimas.

-Yo... no quiero estar aquí –dijo ella, mas para sí misma que para él, para convencerse-. No quiero –susurró ahogadamente, apoyándose en el hueco del hombro del rubio, dejando fluir.

A él le pareció tan natural que estuvieran en esa posición que se dejó llevar. Tomó con sus frías manos el rostro de Hermione, y la besó.

Acariciaba su rostro con sus manos y sus labios con los suyos como si quisiera aplacar su dolor, no sacar un provecho de eso. Con miedo, ella posó sus manos sobre la camisa de seda y la acarició.

Cuando vio que ella no se acobardaba ni se echaba para atrás se atrevió a tocar sus hombros y luego su espalda tocando la delicada tela de su vestido para pasar a su piel desnuda.

Cuando la tocó allí, ella suspiró dentro de su boca. Corrientes de electricidad se paseaban sin piedad por cada rincón de piel que él tocaba de su espalda y el solo pensamiento de que todo aquello estaba mal, que aquello que estaban haciendo estaba poco mas que prohibido, lo hacía todavía más maravilloso y atractivo.

Él sentía prácticamente lo mismo. Su corazón latía desbocado, sin un compás determinado y un calor abrasador lo envolvía, lo abrazaba. Se sentía querido, protegido y a la vez necesitado. Que ella se sintiera dependiente de él, era un pensamiento dulce que lo alentaba a continuar, a pensar que sentir tanto placer como necesidad de dar protección fuera algo prudencial, necesario y que no tenía nada de malo.

Desde hacía tiempo sabía que lo amaba, lo tenía muy claro. Pero ¿qué era lo que sentía él? Deseo, eso era seguro. Amor... no lo sabía bien.

Esta duda, que en silencio siempre la atormentó, la atormentó en ese preciso momento. Despegando sus labios y apartando las manos de Draco que habían bajado hasta su cintura, lo miró a los ojos.

-¿Qué pasa? –preguntó él sin rastro de enojo o irritación.

-Lo siento –se disculpó ella alejándose todo lo que pudo de él y fue a tomar algo de papel para apartar sus lágrimas.

Él intentó tomarla de su brazo nuevamente, pero se detuvo. ¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Por qué le preocupaba el que estuviera llorando...? ¿Qué era lo que sentía?

-No puedo hacer esto, lo siento –y con toda la dignidad posible, se fue del baño, dejándolos a él y su bello rostro petrificados.

Se sacudió el pelo con impotencia, lo que le pasaba con ella no tenía nada que ver con lo que él sintiera, porque no sentía nada hacia ella.

Se dio la vuelta hacia el espejo y trató de ver a través de sus ojos, sacar la duda de ellos. ¿No era así? Era deseo, solo deseo, se repetía una y otra y otra vez.

Se miró nuevamente y se tocó los labios algo hinchados por el beso y se limpió sin darse cuenta el brillo que le había pasado Hermione. Era deseo, era deseo. Se miró los dedos y luego los labios, evidencia de esa pasión que lo tenía obsesionado. Deseo...

Pero no era así. Deseo había sentido cuando recién había llegado al barrio... pero aquello que no podía comprender se metió dentro de él cuando la besó por primera vez... ¿qué era...?

Lo averiguaría.

Respiró hondo un par de veces para despejar sus pensamientos y salió del cuarto de baño.

Volvió a la mesa, preguntándose dónde estaría Evan y proponerle que se fueran o, por lo menos, que le dijera dónde había dejado su abrigo para irse ella sola. Evan llegó dos segundos después de que se sentara. Tenía una expresión engañosamente serena y las veces que Hermione se la había visto, que fueron muy pocas, siempre fueron en los partidos importantes de basketball en que el equipo de Evan pierde, y estas siempre habían terminado por convertirlo en una persona desagradable y hostil y mientras que sus compañeros de equipo huían, los contrarios, ajenos a este detalle, le tomaban el pelo al terminar el partido. Basta decir que siempre terminaba con un ojo morado y unos dientes ajenos de trofeo. Exagerado, pero así era él.

Al ver que no decía nada, Hermione fue presa de un pequeño miedo. ¿Y si creyó a Draco cuando le dijo que estaba con él? No podía ser, cuando salió del baño revisó que no hubiese nadie que la viera. Fue cautelosa y no creía que la pudiese ver. ¿O si?

No tenía por que temer, era Evan y no podía hacerle nada. Pero tenía miedo de que si lo hubiese creído, armara una escena en la que quedarían mal parada ella frente a todos los allí presentes.

Respiró hondo y se lo preguntó: -¿Qué pasa, Evan?

Evan la miró como si ella no estuviese allí, como si el aire le estuviese hablando, pero luego de un segundo recuperó el sentido y reparó en Hermione. Pero tan distraído parecía que no se dio cuenta de que Hermione tenía algunos mechones fuera del recogido y se había limpiado los ojos, no tenía maquillaje.

-¿Qué? -preguntó, sin entender la pregunta.

-¿Que qué te pasa? -reformuló de nuevo la castaña. Estaba realmente extraño.

-Nada, Hermione, nada -se volvió, diciendo esas palabras como enojado.

Ya no la miraba y eso, mas que entristezerla la preocupaba un poco. Evan no era así con ella, nunca lo fue ni siquiera cuando se peleaban.

Se encogió de hombros. Decidió pasar por alto la actitud anormal de Evan y centrar la vista hacia donde estaba mirando. Una hermosa mujer rubia estaba acercándose al centro vacío que dejaban las mesas y pidió la atención de todos los comensales sentados tintineando la copa de champagne que tenía en su mano con su uña del dedo meñique, perfectamente cuidada y larga.

-Por favor, los que no estén en sus respectivas mesas, les agradecería que tomaran asiento -pidió con voz fuerte y segura la mujer-. La mayoría de ustedes me conoce por la empresa inmobiliaria que dirijo y por mi anuncio de la venta de esta hermosa estructura -señaló la casa, con una sonrisa en sus labios-. Pero creo correcto presentarme formalmente ante los que no me conocen -tomó aire y tomó un trago de su copa, con una elegancia envidiable. Si hubiese sido otra persona, Hermione hubiese creído que esa persona estaba nerviosa, pero aquella mujer tenía esa seguridad que le era extrañamente familiar-. He residido en esta casa los suficientes días para comprobar por mi misma que será el hogar perfecto para quien vaya a residirla en el futuro. Mi marido, mi hijo y yo les estamos agradecidos de su presencia esta noche -¿hijo? Podría ser esta mujer...-. Mi nombre es Narcissa Malfoy y seré su anfitriona esta velada, les mostraré por grupos la casa y les iré mostrando las modificaciones hechas para que volviera a resurgir la belleza de este edificio.

¿Malfoy? ¿Esa mujer era la madre de Malfoy? Ahora sabía de dónde le resultaba familiar. Luego de escuchar Malfoy de los labios de Narcissa Malfoy, dejó de escuchar todo lo demás y su mente quedó en blanco.

No vio a Draco sentarse a su lado, en el asiento vacío entre ella y una pareja entrada en años que hablaba animadamente, ignorando completamente el mundo a su alrededor. La tomó suavemente del brazo y la hizo callar su réplica tapándole la boca con su mano.

-Cállate por una vez en tu vida, Granger -le ordenó Draco en un susurro, con sus ojos grises echando chispas. Ya lo tenía harto todo ese asunto. Mientras más lo pensaba, mas tenso se ponía. Había visto como Hermione preguntaba a Evan algo con una mirada que nunca en su vida le habría dirigido a él. Y sintió celos... horribles celos que lo carcomían por dentro y no podía hacer nada por evitarlos. Tenía ganas de asesinar a Leath por ignorarla cuando debería ser ella quien lo ignorase a él, y tenía ganas de gritar al mundo porque fue en ese momento que lo entendió todo.

Draco miró por encima del hombro de Hermione a Leath. Este no prestaba la mas mínima atención, estaba absorto admirando algo, no sabía lo que, pues estaba de espaldas a ellos. Mientras no fuera a Hermione a quien estuviera mirando, a Leath le vendría como caído del cielo, no quería armar una escena con sus padres presentes.

-¿Nos vamos? -la tomó del codo y prácticamente la arrastró adentro de la casa.

-¿Que te pasa, Malfoy? -Dios, ya estaba harta de tener que preguntar eso-. ¿A dónde vamos? -le preguntó con el ceño fruncido al ver que no iban ni a la habitación de él ni a ningún otro lado de la casa, sino que se estaban dirigiendo a la puerta de entrada.

-¿A dónde crees? -le dijo él, con fuego en los ojos. Otro que estaba raro. Esa vez tenía una furia y una rabia de las cuales Hermione ignoraba su procedencia. Y no sabía por qué, pero aquello le resultaba incitante y atractivo.

Habían llegado a la puerta de entrada pero Malfoy se había olvidado de las llaves y el portero que había contratado su madre no estaba en su puesto.

Cuando dio cuenta de este detalle, la castaña pudo admirar la capacidad de Draco de maldecir una y otra vez sin repetir un solo insulto. Desagradable por un lado, gracioso por el otro.

-Malfoy -le hizo dar la vuelta y pudo ver sus ojos grises lanzando fuego a borbotones, pero no se dejó amedrentar-. Si me dices a dónde vamos, abriré la puerta.

Él bufó, sarcástico. -Granger, si logras abrir la puerta, te acompañaré hasta tu casa.

Ella le sonrió. Era la sonrisa que nunca le habría dedicado a él; brillante, pícara y dulce. Pero ahí estaba, de manera inconsciente para ella, pero ahí al fin y al cabo.

Mirándola embobado pero sin quedar en evidencia, pues ella no lo estaba mirando, vio como sacaba de la casilla de cartas un par de llaves y abrió la puerta. ¿Cómo supo que estaban allí? O, más importante, ¿qué hacían ellas allí?

La pregunta debió de reflejarse en su cara porque ella le respondió sin pudor alguno, encogiéndose de hombros. -Las tomé prestadas para poder salir la última vez que vine.

-Me alegro mucho -alegó sin humor. La tomó de la muñeca, casi haciéndole daño, y la llevó a rastras por un lado que no conducía a su casa.

Ella intentó replicar, aunque interiormente tenía menos ganas que antes de irse a su casa. Él se dio la vuelta y la miró reflejando toda la impaciencia que tenía en ese momento acumulada.

-Escucha, Granger, ya estoy harto -le dijo tranquilo, aunque amenazador-. Estoy harto de todo. De que me seas indiferente, de que encuentres excusas para no estar conmigo cuando es exactamente lo que deseas, de que Leath me provoque estos... -no pudo ni susurrar "celos", todavía era difícil-. Estoy harto -dijo finalmente sin mirarla.

-Ah, claro -entornó los ojos la castaña-. Como si esto fuera un paseo por el parque para mi...

-¿Parque? Buena idea, Hermione -la volvió a tomar de la muñeca aunque mas levemente que antes.

Ella se dejó llevar cual cordero al matadero porque todavía la seguía hechizando su nombre en sus labios.

La llevó a las hamacas y le señaló que se sentara y ella así lo hizo pero no la miró, seguía avergonzado. Previendo su silencio, ella levantó la cabeza y miró por primera vez en la noche el cielo estrellado y sonrió pensando que aquella hermosa noche, terminara como terminara, la llevaría como un recuerdo que el tiempo decidiría si hacerlo mas dulce o mas amargo.

Fueron esas dulces reacciones en su rostro las que lo ablandaron, las que detonaron el interior de Draco y lo hicieron confesar.

-No puedo soportarlo más. En estos últimos días en lo único que pude pensar… no sé, cosas que antes no pensaba… o creo no haber pensado nunca.

-No te entiendo.

-Que estoy harto. Estoy harto de verte y sentir cosas que no entiendo. Estoy harto de desearte y que mi cabeza me diga que no debo, que debo aguantarme, que no soy lo suficientemente bueno –suspiró-. Estoy harto de que el efecto que tienes en mi es tan grande que ni las mujeres más experimentadas y bellas me atraigan en lo más mínimo –le apuntó con el dedo, amenazadoramente-. Pero lo que más me tiene loco es el hecho de que tú lo sepas y no hagas nada al respecto.

Ahora sí que no entendía nada, le estaba diciendo... Podría ser… -¿Saber qué?

Estaba reticente a decirlo, porque no sabía decirlo, nunca tuvo a nadie a quien decírselo. -¿Saber qué, Malfoy? –le preguntó de nuevo, al ver que no decía nada, se decepcionó visiblemente-. Bueno, si no tienes nada que decirme –se paró de la hamaca- lo mejor va a ser que me vaya.

No había dado ni dos pasos que los labios de Draco, en un minúsculo ataque de pánico, pronunciaron lo que antes no tenía valor… -Te quiero.

Ella abrió los ojos desmesuradamente. -¿Qué? –preguntó en un hilo de voz, sin darse la vuelta.

Le había salido como si nada. Ver que se iba del lugar como si se fuera de su vida le dio tal vacío dentro que las palabras salieron por sí solas… y que lo torturaran antes de volverlas a decir.

-Si estás sorda, Granger, no es mi problema –estaba avergonzado, si Hermione no hubiese estado de espalda hubiese visto el casi imperceptible rubor en sus pálidas mejillas.

Ella sonrió. Nunca le habían dicho eso de esa manera, como si le costara expresarlo y, en su opinión, ello demostraba sinceridad.

Se dio la vuelta con los ojos brillantes, una hermosa sonrisa y la esperanza de que todo aquello que estaba pasando fuera cierto. Nunca la había visto así de hermosa, y con lo que había dicho, se sentía cohibido y por tanto furioso consigo mismo.

La castaña se acercó al ojigris y le puso los brazos alrededor del cuello sin quitarle la vista a sus ojos. Esto logró derribar la barrera de enojo que antes había construido y pensó que lo hubiese dado todo porque ella siguiera viéndolo de esa manera.

-¿Qué dijiste, Draco? –preguntó en un tono suave y algo, aunque muy poco, temerosa.

-Te quiero, Hermione –fácil, había sido fácil-. Te quiero por tus ojos chocolate, por tu pelo indomable, por tus comentarios sarcásticos, por tu voz suave, por la forma en que te enojas cuando te molesto, por todas y cada una de las veces que me llevaste la contra, por tus besos apasionados… -le tomó la cara entre sus manos temblorosas, sin percatarse-… te quiero por todo, y odio saber que te traté mal, odio saber que no merezco nada por tu parte pero lo que más odio –la furia le iluminó los ojos- es saber que ese idiota de Leath no te aprecia de la manera en que te mereces y si pudiera lo mataría con mis propias manos a ese hijo de la… -la castaña lo interrumpió besándole los labios. Al no prever ese acto, quedó estático pero cuando iba a responder ella se apartó.

-No arruines el momento, Malfoy –la sonrisa desapareció, ahora estaba completamente seria.

Ahora era él el que estaba confundido. Ella suspiró pensando en cómo pueden los hombres estar tan ciegos.

-Te voy a decir algo, Malfoy, y espero que quede claro -se soltó de su abrazo y se separó un paso de él-. Desde que llegaste lo único que has hecho fue hacer que tuviera miles de dolores de cabeza tratando de pensar en lo que quieres... no sabía qué era lo que querías conmigo y eso me ponía horrible... pensar que era más un objeto para ti que una persona era algo que no podía evitar... tanto como lo que sentía por ti.

-¿Sentía?

-Me confundías. Siempre me habías parecido el egocéntrico más grande de la Tierra... y lo sigo pensando -le dijo mirándolo fijamente.

-No te pases, Granger.

-Pero de alguna manera, todo se me aclaró... ¡Dios! No puedo decir esto sin sentirme terriblemente estúpida y humillada... -bajó la cabeza y se mordió los labios, cohibida.

Él se acercó y le hizo levantar la barbilla con delicadeza, sonriendo irónicamente -Granger, no creo que estés más humillada que yo en este momento.

-Entonces puede que te sorprenda el hecho de que yo también te quiero.

-¿Lo que?

-Que estás sordo -le rodeó el cuello una vez más con sus brazos-. Y que te quiero yo también.

Draco dejó relucir su primera sonrisa, aquella que lo caracterizaba. -¿Por mi envidiada belleza? ¿Por mi incomparable personalidad? ¿Por mi grandeza? -le preguntó con altanería.

-Si quieres que te sea sincera, no lo sé ni tampoco me interesa saberlo.

-No sabía que, pero sabía que había algo que desconocías, Granger.

-Lo estás arruinando, Draco -sonrió ella.

-Te lo haré más placentero, Hermione, te lo prometo -y la besó.

Luego de un momento que pareció eterno, se apartaron y se fueron de la plaza. Él la acompañó a su casa como había dicho y la despidió con un pequeño beso de las buenas noches y la promesa de que al día siguiente dejarían de ser simples vecinos...


bueno termine por fin (dos años despues ¬¬) esta historia... por los examenes la deje abandonada y la volvi a continuar hace un mes masomenos y hace unos dias estuve decidiendome si subir este ultimo capitulo porque no sabia si era lo suficientemente aceptable pero bueno (dado que tengo algo de autoestima por los examenes salvados de este año) lo subi porque, si dios quiere, a uds lectores les gustara.

quiero agradecer profundamente los reviews de las siguientes personas y ya de paso pedirles perdon por no haber actualizado antes... su apoyo no lo merezco para nada y... (entiendase que estoy sensible hoy) bueno ta, mejor digo los nombres antes de que me ponga a llorar sobre el teclado jaja:

galletaa

beautifly92

karyta34

Loretta89

Pau tanamachi Malfoy

Marie Malfoy

tambien agradezco a los que dejaron antes reviews con lindos mensajes, a los que en secreto leyeron la historia y no dieron muestra de ello (osea que leyeron y no comentaron nada jaja), a los que (REZO Y PIDO) posible y proximamente dejaran reviews (y me obligaran a aprender como mandar un msje desde fanfiction o no se donde :P) en si a todos los que se tomaron tiempo valioso para leer mi historia de principio a fin, les gustase o no y si les gusto, mucho mejor.

besos y abrazos a todos, nos veremos (espero) muy pronto.

felices fiestas y feliz año :D

los quiere

checa deljuez