DISCLAIMER: Los personajes de Candy Candy son propiedad de Kyoko Mizuki. La historia es de mi autoria.

Les dejo el final final de está, mi primera historia.

Gracias por todo su apoyo.

EPILOGO

FELIZ CUMPLEAÑOS, MI AMOR

Nueva York, Enero 1930

Terrence Graham, el mejor actor y director de la última década, anuncia su retiro de los escenarios.

Después de cosechar triunfos con cada puesta en escena que dirigió, y haber sobresalido en sus actuaciones, el dueño de la compañía Stratford pone fin a su prolifera y cada vez más ascendente carrera. Dejando a sus seguidores por demás desconcertados.

Pero, ¿Cuál es él motivo por el cual ha decidido dejar a un lado años de triunfo? ¿Qué es más importante para el director que seguir cosechando exitos?

Si, estimado lector, por única y última ocasión este diario tiene respuestas. Después de años de perseguir al director para que hablara de su vida personal y profesional, él señor Graham ha concedido una pequeña entrevista a este humilde reportero. Por supuesto, no se puede dejar de mencionar que esto se debió a la intervención de su dulce esposa, la señora Candice Graham. Sin más preámbulos les dejo la entrevista.

- Buenas tardes señor Graham. Gracias por aceptar darnos unos minutos de su tiempo.

- De nada. Sólo aclarar que concedo este tiempo porqué mi esposa me lo pidió.

- Entiendo. Gracias entonces a la señora Graham. Hace unos días hizo el anunció de su retiro de los escenarios. ¿Podría decirnos cual es el motivo de tan inesperada noticia?

- Deseó pasar más tiempo con mi familia.

- ¿Y piensa regresar después de un tiempo? ¿O ya es definitivo su retiro?

- Es definitivo.

- ¿Se dedicara a otra cosa?

- Sí.

- ¿Qué pasará con la compañía Stratford? ¿La venderá?

- No se venderá. La compañía va a seguir funcionando igual, seguirá presentando la mejor calidad en obras de época y actuales.

- ¿Puede decirnos cuáles son sus planes?

- No. Lo único que puedo compartir es que me mudo junto con mi familia a Inglaterra.

- Entiendo que su motivo fuerte es su familia. ¿Puede compartirnos algo sobre ella?

- Es lo más valioso que tengo. Mi esposa es mi fuerza, mi tranquilidad, mi refugió, mi estabilidad. Es el amor de mi vida. Y mis hijos son lo más preciado que ella me pudo dar. Los amo, y por ellos, yo soy el hombre que ahora ve delante de usted.

- Señor Graham, ¿Algo más que quiera compartir?

- Le agradezco a toda la gente que me siguió todos estos años en mi carrera como actor y posteriormente como director. A ustedes, los periodistas que estuvieron detrás de mi y fueron pacientes ante mis negativas de hablar. Les deseo lo mejor. Y una recomendación, no sean fastidiosos con los actores.

- Gracias por sus deseos señor Graham.

Así es estimado lector, esas fueron las palabras del director, al que tuve el gusto de conocer y de quién puedo agregar es un caballero, educado, culto y entregado a su familia por completo.

Informó para el diario The New York Times.

August Lambert.


El matrimonio Granchester Andley se encontraba desayunando en su residencia de Nueva York, y Candy estaba sumida en el reportaje que Terry concedió unas semanas atrás sobre su retiro. Y el cual salió esa mañana. Una risa brotó de sus labios ante lo qué estaba leyendo.

- ¿Se puede saber de qué te ríes pecosa?

- Del intento de entrevista que te hizo el señor Lambert. ¿No podías haber sido más agradable en tus respuestas? Aún en el papel se aprecia tu desagrado para hablar. Respondió la rubia con una sonrisa.

- Tú bien sabes que yo no quería nada de entrevistas. Ellos ya estaban acostumbrados a mis rechazos para hablar de mi vida. Si hace días ya había anunciado mi retiro, no sé para que quieren saber más.

Candy recargó su mano en el brazo de su esposo y dijo: - Ellos querían saber el por qué su actor favorito dejaba los escenarios.

- Yo no le veo el caso. Además, ya solo actuaba ocasionalmente en las obras, me dedicaba más a dirigir.

- Lo sé, pero para la gente es importante saber de ti. Se los debes por seguirte todos estos años.

- Insisto, no le veo lo importante, jamás había hablado de nada. Solo cuando anuncié que me había casado con la mujer más hermosa del mundo, eso todos lo debían saber, para que dejarán de mandarme cartas, regalos y demás objetos, las mujeres encimosas. Ni cuando nacieron nuestros hijos hice declaración alguna.

- Bueno en eso si te doy la razón. Era incómodo entrar a tu oficina o camerino y ver la cantidad de regalos que te dejaban.

- No, no era incómodo. Te era molesto y te ponías bastante celosa. - Pronunció Terry con su típica sonrisa de lado.

- Mocoso arrogante y engreído.

- Si, lo soy. Y tú eres una celosa. Por eso tuve que decir que me case, sino me ibas a mandar a dormir al cuarto de invitados.

- Lo hubiera hecho, te lo merecías. - Contestó ya enfadada la pecosa.

- ¿Y por qué me lo merecía según tú?

- Por no tirar los regalos en cuanto los recibías.

- Mi amor ven. Ya no hablemos de cosas que pasaron hace años, nos desviamos del tema. Mejor bésame y déjame sentirte. - Terry jaló a Candy y la sentó en su regazo.

La pecosa gustosa obedeció a la petición de su esposos y lo besó. Lo besó cómo a él le gustaba, con ternura y entrega. Demostrando con ese beso todo el amor que ella seguía sintiendo por él.

- Mami. - interrumpió una vocecita adormilada.

Candy se sobresalto y de un brinco se separó de su esposo. - Mi amor, ya despertaste. Ven con mamá.

- Teno hambe. Balbuceo la niña.

- Por supuesto, ahorita te sirven mi pecosita. Igual a su madre de comelona. Habló Terry.

- Papi sodo quedo deche y totadas.

- Sienna, eso no es desayuno mi amor. Protestó Candy.

- Pecosa déjala. Ahorita se va a comer todo lo que se le de. Para que crezca grande y fuerte como Richie. ¿Verdad pecosita?. - Terry tomó a la niña del regazo de su madre y la sentó en la silla.

- Siii yo quiedo queced como mi hemanito.

- Buenos días. - Saludo Richie.

- Buenos días, mi amor. Siéntate a desayunar. Pidió Candy.

- Dichi siéntate tonmigo ati. La pequeña Sienna señaló la silla desocupada que estaba a su lado. - El niño se acercó con una sonrisa dirigida a su hermana, y se sentó juntó a ella.

- Tú y yo dejamos algo inconcluso, así que terminando de desayunar, te espero en la habitación para concluirlo. - Susurro Terry al oído de Candy, dejando un beso en su mejilla y regresó a su lugar.

Candy solo asintió y siguió sirviendo los platos a los niños.


En estos casi siete años de matrimonio, la vida de Candy y Terry había tenido sus altas y bajas, sus alegrías, discusiones, reconciliaciones, etc. Comenzando por el nacimiento de su primogénito, en su primer aniversario. Anthony Richard Granchester Andley, llenó de felicidad al matrimonio, quién era igualito al Duque de Granchester, pero con el color de ojos de su papa y su abuela, azules tan intensos como el mar, con betas verdes alrededor. Y a quién por supuesto el abuelo adoraba. Tres años después fueron nuevamente bendecidos con la llegada de la pequeña Sienna Eleanor Granchester Andley, quien era la imagen de Terry, solo que en mujer y con los ojos verde esmeralda y las pecas como Candy.

Continuando con la carrera como director de Terry, que cada vez era mas demandante, y por lo tanto el castaño se ausentaba por tiempo prolongado de su hogar. Entre giras, presentaciones, ensayos, juntas, y demás. Situación que le trajo problemas en su casa, discusiones con su esposa, alejamiento de sus hijos. El Duque tuvo que intervenir y hacerle ver a su hijo que estaba descuidando lo importante, por el deseó de ver bien a su familia, creyendo que supliendo sólo el área económica, ellos estarían bien.

A Terry le tomó tiempo entender y aceptar lo que su padre le aconsejó, pero lo entendió. Y por eso decidió retirarse del teatro y tomarse más de un año sabático junto a ellos. Aceptando la invitación del Duque a irse a vivir a Inglaterra e invertir con él, en un negocio sobre la industria automotriz. Ya que al ser un visionario, era conocedor que ese asunto iba en ascenso y deseaba que su hijo fuera parte de ello. Sobre la administración de la compañía de teatro, está quedaría a cargo de Andley Company, una rama de las empresa del Clan, la cual estaba bajó la dirección de Neal Legan, pero con la presidencia y supervisión de Albert. Terry seguiría siendo el dueño y quien tomará las decisiones.

Por su parte, Candy aceptó irse a otro lugar, amaba a su esposo y si el cambiar de residencia ayudaba a qué las cosas mejorarán entre ellos, y ya no tuvieran que vivir las ausencias de Tery, estaba dispuesta a hacer los necesario para que su familia estuviera siempre unida. Además los niños estaban encantados con la idea.

En cuanto a Candy, después de su primer embarazo, trabajó solo un tiempo y se retiró para cuidar de Richie, porque ella deseaba cumplir su labor como madre totalmente, sin dejar a su hijo a cargo de una niñera. Decisión que Terry apoyo. Y no por ser egoísta, o por no querer que su esposa trabajara, sino por amor a ella y a su hijo. Si ellos estaban bien, él también.


Candy terminaba de acomodar la mesa y los arreglos para el festejo del cumpleaños treinta y tres de Terry, juntó con la ama de llaves, que se trataba de Dorothy, su antigua amiga y doncella de su niñez. Quién ahora estaba casada con Luke Wilson, el ayuda de cámara y chofer de Terry.

- Me parece que ya todo está listo Candy.

- Si! - Contestó una emocionada rubia.

- Voy a la cocina para avisar que en cuanto lleguen los invitados, ofrezcan el vino y los refrigerios.

- Me parece perfecto. Y muchas gracias Dorothy, no lo hubiera logrado sin tu ayuda.

- No tienes que agradecer, para eso estamos. A parte de que es un gusto celebrar a tan guapo caballero. Dijo Dorothy haciendo un guiño.

- Eso ni dudarlo, mi marido es el hombre mas guapo del mundo. Respondió la pecosa con amor. - Anda, no tardes en dejar las instrucciones y ve a arreglarte porque tú, Luck y tus niños, van a estar en la celebración.

Dorothy asintió y salió del lugar. Por su parte, Candy subió a su recamara a alistarse, ya que en breve llegarían los invitados.

Al anochecer fueron llegando los invitados. Albert y Patty juntó a sus mellizos, William y Martha Andley de seis años y el pequeño Matthew de seis meses, fueron los primeros en hacer su aparición. Seguidos de Archie y Alondra con sus niños, Alistar de siete años, Marion de cinco y Archibald de tres. Neal Legan y Kimberly con sus gemelos, Hector y Evan de diez años. Jonás y Annie Millens, quienes estaban embarazados por primera vez. Después de varios años de espera, por fin Dios los había bendecido. Juntó con ellos legaron los padres y suegros. Por ultimo arribó el recién estrenado matrimonio Granchester Baker, quienes regresaban de su larga luna de miel, que duró tres meses alrededor del mundo. Y demás invitados que formaban parte de la compañía,que asistieron por intervención de Candy. Por qué si hubiera sido por Terry, solo a excepción de sus allegados estarían en el festejo.

Terry llegaba de una larga jornada en el teatro para finiquitar varios asuntos, delegar responsabilidades y así poder viajar sin presiones. Llegó a su casa acompañado de Robert, Karen, su esposo y su hija. No solo se festejaba el cumpleaños del castaño, también era una despedida a la familia Granchester Andley, los cuales viajarían la próxima semana al viejo continente y establecerse indefinidamente en aquellas tierras.

La celebración se llevó a cabo entre abrazos, pláticas, sonrisas, anécdotas, llantos, brindis y buenos deseos. Se abrieron los regalos para el festejado, los niños revoloteaban entre los adultos uniéndose a la algarabía.

Llegó el turno de Candy y sus hijos de dar su regalo al jefe de familia. Richie y Sienna acercaron a su papá una cajita mediana, forrada de papel azul con una cinta dorada.

- Felicidades papá, esperamos te guste nuestro regalo. Habló el mayor.

- Fedicidades papi, te quiedo.

- Gracias mis amores. Estoy seguro me encantará.

-Pues ya ábrelo arrogante. No nos hagas esperar. Grito Archie, provocando la risa de todos.

- Cállate elegante. Terry se dispuso a quitar la envoltura de la caja, y al abrirla se quedo en shock.

Pasados unos segundos, volteo su rostro a su esposa y preguntó: - ¿Es esto verdad, pecosa? - Candy solo asintió con lágrimas bañando su rostro.

Terry sacó de la cajita unos zapatitos blancos y los enseño a los presentes.

- Voy a ser papá, por tercera vez. Gracias pecosa, te amo. Se acercó a su esposa y la besó en la boca, y a sus niños los atrajo a sí, besando sus cabezas.

Las felicitaciones no se hicieron esperar, llenando de abrazos y buenos deseos la próxima llegada del nuevo integrante de la familia.

La fiesta terminó a altas horas de la madrugada, los invitados se retiraron, Richie y Sienna ya estaban descansando en sus camas. Candy y Terry se encontraban en su habitación, cada uno metido en la tarea de arreglarse para dormir.

- Pecosa, ya vente a la cama. ¿Que tanto haces?

Pasados unos minutos, Candy salió del baño ataviada con una bata de seda en color blanco, su cabellos suelto, tal y cómo le gustaba a su esposo. Terry estaba recostado en la cama con los brazos detrás de su nuca, con los ojos cerrados y sus piernas cruzadas.

- Mi amor. Terry despierta.

- Mmmh. ¿Qué pasa pecosa? Estoy cansado y tengo sueño.

- ¿Entonces no quieres tu segundo regalo?

- ¿Otro regalo? Susurró abriendo los ojos, solo un poco.

Candy se acercó a donde Terry, dejando besos sobre el rostro de esté, comenzó a acariciarlo en su torso, en su pecho, lo tomó de los hombros y lo besó con pasión en su boca. Cuando ya lo tenía dónde quería, se separó de él, dejando al castaño desubicado.

- ¿A donde vas? - Preguntó Terry todo atolondrado.

Candy se puso de pie, y con la mirada cargada de deseo, se desanudo la bata dejándola caer sobre su cuerpo, el cual estaba completamente desnudo, cayendo está al piso, y dijo:

- Feliz cumpleaños, mi amor.

FIN DEL EPILOGO.


Por fin pude subir el último capitulo. Ya me había tardado años, nah, solo fue un año.

AGRADECIMIENTOS:

Gracias a todas por su apoyo, esté fue mi primer fic y no lo hubiera logrado sin su apoyo total. Se qué no soy la mejor escritora, ni pretendo serlo, solo es para darle la felicidad a Terry y de pasó a Candy, no es cierto, es para concluir lo que la escritora mala leche de Mysuki hizo al separarlos cruelmente.

ELLOS SON EL UNO PARA EL OTRO, NO HAY MÁS. CANDY Y TERRY POR SIEMPRE.

Gracias por sus reviews, por agregar a favoritos la historia y a está autora. Te agradezco Letty Bonilla por motivarme a entregar el epilogo. No fue fácil, pero lo logré.

Saludos y bendiciones.

Nally Graham

28 Enero 2019