Previously in Empire xD jaksskjasjkajksa siempre quise decir eso :P jasjksjajajajaj no me hagan caso u.u creo que el dormir poco me está afectando, ya me imagino la voz del que dice "previously in Lost" xD

-Como dije –llevó el codo hacia atrás preparándose para la estocada final –el coraje es inútil niño.

-¡No! –gritó Saeth que había estado acercándose poco a poco con dificultad.

Cyron la ignoró y lanzó el brazo hacia el pecho de niño, Eragon gritó, Jaru lanzó una nueva llamarada de furia, pero estaba demasiado alejado como para hacer mucho más que lamer las lápidas a su alrededor tiñéndolas de negro carbón. Jarsha se encogió de miedo mientras Kume hacía un intento desesperado de proteger a su jinete, trepándose sobre él hacia donde la punta de la espada se dirigía.

Se escuchó un gemido ahogado y los ojos de Cyron se abrieron en sorpresa. Saeth cavó sus ojos en los de él al tiempo que Jaru rugía, entonces descendió la vista hacia la hoja de la espada clavada en su abdomen. Llevó la mano a la herida sin fuerza, alrededor de la hoja.

-¡Saeth! –gritó Eragon con tanta desesperación que sintió que se le desgarraba la garganta.

En ese instante de distracción la chica clavó una daga en el corazón de Cyron que soltó un gruñido.

Saeth permaneció firme, aún con el arma atravesándola, apenas consciente de lo que sucedía, pero decidida a resistir hasta que él se desplomara primero. Los espíritus desaparecieron y Cyron se quitó la daga del pecho con una mueca de dolor. Hubo un momento de silencio hasta que repentinamente rompió a reír.

-¿Qué acaso parezco un sombra? –siguió riendo, tapándose la herida con la mano, visiblemente dolorido –me curaré de esto, tú en cambio… -sonrió alzando las cejas.

Sin los espíritus rodeándolo, Eragon se puso de pié y corrió hacia ellos al tiempo que Saphira aterrizaba tras él.

Cyron le dirigió una sonrisa de suficiencia y arrancó su arma de Saeth haciéndole soltar otro grito al cortarle la palma de la mano que rodeaba la espada.

-Lo siento cariño ¿No te enseñaron a no tocar la parte filosa? –la miró simulando pena y con esto desapareció justo a tiempo para evitar el golpe de la espada de Eragon.

Jarsha miraba a la chica con ojos desorbitados, sin hacer nada, sólo abrazar a Kume que lo reconfortaba.

Saeth cayó de rodillas y habría caído de bruces si no fuera porque un shockeado Eragon con el rostro empapado en lágrimas la sostuvo en sus brazos y la hizo recostarse. La miró horrorizado mientras ella se llevaba una mano ensangrentada a la herida, respirando con dificultad. Tanta sangre… tantas heridas, aquello no podía estar sucediendo, no a él… no a Saeth…

………………………………………………

Murtagh aterrizó en las afueras de Marna, mirando alrededor con desesperación, un pergamino brillante aferrado fuertemente en su mano. Un trueno resonó en el cielo y la lluvia que ya venía esperando se precipitó sobre sus cabezas.

Algo no anda bien…-intuyó Espina -siento una presencia poderosa por aquí cerca… o al menos hasta hace un momento la sentía.

Murtagh abrió la boca para contestar, pero en ese momento la cadena que colgaba de su cuello se partió y comenzó a caer en lo que pareció cámara lenta. El collar que años atrás le había obsequiado Saeth caía lentamente hacia la oscuridad de la noche, hasta que se estrelló contra una roca del suelo, y el dije del dragón se rajó y se rompió en mil pedazos.

Un sentimiento de terror le embargó el alma…

"Cuando el dragón se rompa"–recitó Espina mirando los fragmentos con asombro.

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-No, no, no –Eragon le acarició el rostro, demasiado desesperado como para pensar qué hacer.

Un gemido lastimero de Jaru se alzó en el repentino silencio, sin susurros, sin ningún tipo de sonido que no fuera aquel, tan desgarrador que partía corazones. Saphira se le unió con otro rugido de lamento, también lo hizo Kume, Espina, en las afueras de Marna y, en algún lugar de Ellesmera, Glaerd. Poco a poco el lamento de Jaru fue perdiendo fuerza, todos podían sentir lo que sucedía. En el pueblo, todos se encerraron en sus casas al escuchar los lamentos, ya comenzaban a circular historias sobre los espíritus de los antiguos dragones haciendo oír su llanto.

-Saeth… -alcanzó a decir Jarsha con el rostro empapado de lágrimas.

-Esto bien Jarsha… -mintió sin fuerzas.

-Saphira… -dijo Eragon con voz ahogada –llévatelo de aquí, a… salvo –trató de serenar su voz, no quería que el niño pasara por todo ese dolor, tenía que devolverlo con su madre en un lugar donde no corriera peligro, no quería que viera… aquello.

Pero…

-¡Llévalo! –gritó en lo que pareció más un sollozo.

La dragona no protestó ni lo contradijo, sólo dirigió una mirada triste hacia Saeth y le susurró algo, luego alzó a Jarsha contra su voluntad con cuidado de no lastimarlo.

-¡No¡Quiero quedarme aquí! –lloraba el niño retorciéndose, pero con el corazón partido Saphira alzó vuelo llevándose al pequeño jinete y su dragón bebé.

-Déjame sanar esas heridas –dijo aún sabiendo que era imposible lo que se proponía, su voz pretendía sonar mucho más tranquila de lo que en realidad se sentía, quería convencerse que con un par de palabras en idioma antiguo Saeth estaría como nueva. Colocó la mano con la gedwey Ignacia sobre la herida del abdomen.

-Ambos sabemos que no puedes curar esto sin morir en el intento –contestó apartándole la mano con suavidad.

-Entonces no me importa –volvió a colocar su mano sobre la herida, las lágrimas resvalando incesantemente por su rostro, intentando encontrar voz entre el nudo en su garganta para decir las palabras.

-Este es mi destino… -dijo tratando de aparentar tranquilidad mirándolo fijamente, pero algunas lágrimas escapaban de sus ojos claros –si no sucedía ahora sucedería pronto de todas formas.

-¡No! –dijo con toda la fuerza que encontró en él, pero con la voz temblándole –Do debes morir, no se supone que… no puedes dejarme, por favor, esta vez quédate conmigo, por favor… –le acarició el rostro llorando –Te amo… por favor quédate, no me importa el costo.

-Los siento… -Saeth le tomó la mano entre las suyas –lo siento… por todo… el dolor, todo el daño que causé…

Eragon la abrazó y la estrechó contra su pecho, recordó las anteriores pérdidas que había sufrido, de nuevo Garrow, Brom… pero esto era aún peor que todas juntas. Aquello parecía imposible, Saeth no podía estar en aquella misma situación.

-No tienes nada que lamentar –la abrazó susurrándole al oído con voz ahogada –no me has hecho nada malo, sólo quédate conmigo.

-Tengo miedo… -admitió con una vocecita, abrazándolo como podía. Lo cierto es que estaba aterrada, las heridas le dolían horrores y no quería morir. Él le beso la frente sintiendo como su corazón se partía -¿Recuerdas el Agaetí Blódhren? –preguntó para distraerse del dolor y dejo que una triste sonrisa asomara a duras penas.

Eragon la miró a los ojos como si pudiera ver en ellos lo sucedido allí, aunque no era necesario, lo recordaba perfectamente. La recordaba danzando descalza sobre la hierba alrededor del árbol de Menoa, riendo feliz, como luego lo había arrancado de su lugar para que bailara con ella. El momento en que la había tomado de la mano alejándola del resto… aquel beso secreto, ocultos entre los árboles, la primera vez que le susurró "te amo".

-Todo aquello parece tan… distante… como si fuera la vida de alguien más… como el día en que te conocí –sus ojos brillaron un momento –recuerdo que no fui muy gentil –rió pero se llevó la mano de nuevo a la herida por el dolor que le causaba.

Él dejó escapar un sollozo y apoyó su frente contra la de ella –Esto no puede estar pasando, tiene que ocurrir un milagro, algo que te salve…

-Ya me has salvado chico dragón –susurró y le acarició el rostro cada vez con menos fuerzas –en más formas de las que puedo contar –soltó un suspiro al sentir una fuerte punzada, pero sin energía para gritar –Recuérdame como fue cuando nos conocimos... –le pidió, aún buscando una distracción.

-Nos presento Brom… -habló con un hilo de voz acariciándole el cabello –cuando íbamos viajando a caballo te pregunté si eras mercenaria, y me dijiste que si fueras mercenaria yo ya estaría muerto, luego llamaste a Saphira "pájaro escamoso" –no pudo evitar reír entre lágrimas y Saeth también lo acompañó con cierta debilidad. La abrazó suavemente y continuó hablándole en susurros –A pesar de que tenías esas contestaciones frías, pude ver en tus ojos que había más de ti que lo que mostrabas a simple vista. Sabía que no eras como cualquier chica… y luego de que resultaras herida en Yazuac… creo que allí es cuando en verdad nos hicimos buenos amigos, luego el vuelo con Saphira… ¿Lo recuerdas? –esperó un momento a que le contestara, pero no lo hizo… tampoco podía sentir su corazón contra el suyo, o su respiración suave, ya el aliento cálido no acariciaba su oreja. Tan sólo sentía la lluvia sobre ellos, limpiando todo rastro de sangre, ocultando las lágrimas que nunca se habían detenido.

No dejó de abrazarla, no deseaba mirar y ver su rostro pálido y frío, sólo lloró por un largo tiempo, sintiéndose él como otro fantasma en medio de aquel cementerio, ajeno a todo, sólo consciente del dolor. ¿Qué guerras¿Qué re amenazaba aquel mundo inexistente?

Unos pasos sobre las piedras se escucharon en la cercanía.

-No… -escuchó el suspiro de una voz familiar que había estado tratando de negar lo que temía desde que había escuchado el lamento de los dragones, los pasos se detuvieron por un momento y luego reanudaron su marcha con rapidez, haciendo mucho ruido. Sintió que alguien se arrodillaba frente a él y abrió los ojos para mirar sobre el hombro de Saeth a Murtagh, completamente desconsolado, empapado, con expresión cansada y angustiada.

Se separó lentamente de Saeth y la apoyó sobre el suelo.

Murtagh trató de decir algo pero las palabras no le salían, sus manos parecían incapases de tocar el pasivo rostro de Saeth, a sólo centímetros de su piel cuyo color había desaparecido al perder tanta sangre. El joven lloró en silencio, ambos lo hicieron sin decirse una palabra ni intercambiar una mirada.

Espina mientras tanto se acercó a Jaru, su aprendiz, quien yacía en el suelo muriendo silenciosamente, desvaneciéndosele la vida sin esperanzas, castigado con el dolor de haber perdido a su jinete. Como pudo lo tomó, no pensaba dejarlo a merced de cualquier otro humano que lo encontrara. Con sus gigantescas garras con cuidado de no herirlo lo sacó de allí.

Murtagh sintió el aleteo y lo miró sin comprender, entonces miró el pergamino en su mano. Sin saber que lo impulsó, lo puso en la mano de Eragon quien alzó la vista y lo miro con los ojos enrojecidos.

"…has de darle nombre a tu sangre"

-Tu nombre… verdadero... –fue todo lo que pudo decir con una extraña voz ronca.

Eragon dejó que su vista se perdiera un momento en la nada mientras apretaba el pergamino en su mano. De pronto una esperanza nació en él, varios recuerdos regresaron a su mente conectándose unos con otros.

"Cuando todo parezca perdido y tu poder sea insuficiente, ve a la roca de Kuthian y pronuncia tu nombre para abrir la Cripta de las Almas"

Solembum saltando a la cama en la que descansaba Saeth enferma "Bien te valdría no olvidar lo que te dije"

El dibujo que halló en el libro de Oromis… todo concordaba.

Miró alrededor y comenzó a comprender por qué aquel lugar le resultaba tan familiar, con tanta conmoción no se había detenido a admirarlo.

Apresuradamente sacó un papel de su bolsillo y lo extendió frente a sus ojos, mirando el dibujo de la cripta de las almas, retiró el papel y enfrentó la imagen real de aquella puerta tallada en la roca de Kuthian.

"Cuando todo parezca perdido y tu poder sea insuficiente…" en aquel momento su poder no era suficiente, Saeth… no encontraba fuerzas, sentía que todo estaba perdido "…pronuncia tu nombre verdadero…"

Se puso de pie abruptamente, desenrollando el misterioso pergamino mientras caminaba hacia la puerta donde según la leyenda se encontraba la cripta de las almas. Allí debía de estar el alma de Saeth, tendría que entrar para regresarla a la vida… Miró la espada en su cinto, o quizá tenía algo que ver con el anterior Eragon, el primer jinete. Tendría que entrar al mundo de los muertos… muertos… tembló al asociar aquella palabra con Saeth.

Miró el pergamino en sus manos y cerró los ojos apoyando la gedwey Ignacia sobre la puerta.

-Skublar –dijo con una voz que no sonó como suya, sino más bien como un susurro místico y silbante. Abrió los ojos lentamente y un sonido resonó haciendo temblar el suelo, como si proviniera del corazón de la montaña.

Todo tembló como si la tierra rugiera, pero Eragon se mantuvo firme, si eso salvaría a Saeth enfrentaría cualquier prueba para lograrlo.

Murtagh no produjo sonido alguno, permitiendo que las piezas encajaran en su cabeza, mientras se ponía de pie.

La puerta se iluminó completamente y luego pareció una ilusión fantasmal aún más etérea que los espíritus de Cyron, extrañamente atrayente y bella. Los susurros comenzaron nuevamente, cada vez más potentes, pero esta vez provenían del interior de la cripta, susurraban algo claro: Skublar

Permaneció un momento, mirando la puerta maravillado.

-Iré a buscar a Saeth, la traeré de regreso –dijo sabiendo lo que tenía que hacer.

Dio u paso hacia la puerta, pero algo duro le golpeó la cabeza y se desmayó.

-Los siento Eragon, no lo harás –dijo Murtagh mirando el cuerpo inconsciente de su hermano y arrojando a un costado la piedra con la que lo había golpeado –No puedo dejarte hacerlo –caminó hacia Saeth y la tomó en sus brazos.