BELLA
Dormía plácidamente. Se había quedado dormido incluso antes de que su cabeza tocara la almohada. Yo por mi parte, había suplicado, gritado y exigido hasta que me dejaron pasar con él. Aaron estaba en observación, pero parecía que todo estaba bien.
Alargué la mano y toqué los mechones rojizos rebeldes, su mejilla, su mano, su espalda. Estaba bien. Estaba sano, Aaron estaba conmigo. Todo estaba bien. Seguía repitiéndome eso en mi cabeza una y otra vez, tratando de encontrar sentido a todo lo que había acontecido en tan poco tiempo. Me acerqué aún más a él y pegué mi cuerpo contra el de mi hijo tanto como me fue posible sin despertarle. Necesitaba sentirle cerca, necesitaba saber que todo estaba bien, que todos estábamos bien. Pero yo sabía que eso no era así.
Mi padre seguía viniendo cada quince minutos. En ese momento, volvió a entrar. Levanté la vista, con una pregunta silenciosa en la mirada.
-Edward sigue en el quirófano. Todavía no se sabe nada.
Asentí sin mover los ojos de Aaron. Abrió la boca y se giró levemente. Pero siguió durmiendo. Sonreí.
-Los padres de Edward van a llegar enseguida. Supongo que querrán ver al niño.
-No hasta que se despierte, no hasta que sepa que está bien y el psicólogo haya hablado con él.
-Está bien. Si me preguntan se lo diré, pero en algún momento tendrán que conocerlo. Ya no tiene sentido seguir ocultándolo, no ahora que Edward sabe que existe.
-Papá...- Le dirigí una mirada cansada cargada de significado. Mi padre siempre tenía razón.- Necesito unos momentos a solas con Aaron, y además….- se me hizo un nudo en la garganta y me sorprendí de decir tales palabras,- Edward debería ser el primero en conocerlo.- Sonrió de medio lado resignado y yo le ignoré olímpicamente.
-¿Estás bien, cielo?
¿Estaba bien? Un suspiro escapó de mis labios y no pude evitar efectuar un pequeño repaso a mi maltrecho cuerpo. Me habían vendado los pies por los cortes, ahora mismo tenía las plantas de los pies en carne viva y estaba descalza. Me había torcido un tobillo (también vendado) y el feo corte de la pierna estaba tapado y desinfectado, por el cual me habían tenido que poner la inyección de la antitetánica. Contemplé de nuevo a Aaron. No era capaz de quitarle los ojos de encima.
-Eso creo.
-¿Qué ha pasado?
-Apareció en la galería, y al principio pareció un cliente más, pero cuando mencionó a Aaron…
El nudo en la garganta se hizo más fuerte, y sin poder evitarlo los ojos se me llenaron de lágrimas no derramadas. Mi padre me cogió de la mano que tenía libre y me la estrechó con fuerza. El gesto me reconfortó.
-Eché a correr como alma que lleva el diablo hacia Dios sabe dónde, pero sabía que era rápido, que me alcanzaría. En ningún momento tuve ninguna posibilidad, papá. Ni siquiera recuerdo en qué momento me deshice de los zapatos, mal día para ponerse tacones- Hice una pausa, mis dedos rozando sus mofletes.- Casi le tenía encima cuando Edward apareció. No sé de dónde venía, simplemente apareció de la nada y me empujó entre los coches. Fue cuando me corté creo que con la matrícula de un coche,- dije señalándome la pierna.-Yo estaba como en shock, por un momento pensé que le iba a matar a golpes, no sabes cómo sangraba. Y luego simplemente se levantó en el momento justo en el que ese hijo de puta apretaba el gatillo y cayó sobre mí. Había sangre por todas partes, todavía puedo sentir lo caliente que estaba. Y… no me contestaba- hice una pausa, tragué saliva,-no era capaz de… mirarme, ni de enfocar la mirada. Pensé de verdad que iba a morir. Pensé que estaba muerto.
-Está en estado crítico, ¿lo sabes, verdad?
Asentí. Tenía ganas de llorar, pero no quería. Debía de ser fuerte. Por Aaron, por mi padre, por mí misma.
-Vino a por mí, vino a por mí y no tenía por qué…
Sentí la mano de mi padre sujetando con firmeza mi otra mano, y yo se la apreté con la misma intensidad. Me separé de Aaron y mi padre me abrazó como si no hubiera mañana. La voz no me salía. Tenía un nudo horrible en la garganta.
-Gracias papá. Gracias por estar aquí.
-No me tienes que dar las gracias por nada.- Me abrazó más fuerte y por un momento dejé que él fuera el fuerte de los dos.
Mi mano no soltaba la de un Aaron aun dormido. No podía apartar de mi mente el sonido sordo de la bala impactando contra el cuerpo de Edward, cómo perdía fuerza mientras caía al suelo, mis gritos cada vez más altos pidiéndole que me mirara, que no cerrara los ojos, que no me dejara sola, su mirada vacía que me atravesaba sin llegar a verme. El miedo lacerante, el pánico creciente a perderle, a que muriera.
En aquel momento era consciente de que tales sentimientos no eran normales. Sabía que mi reacción era exagerada. Culpaba a los nervios, a la adrenalina del momento, pero dentro de mí sabía que aquello iba mucho más allá; la preocupación era genuina y el dolor palpable.
Si Edward moría…
Ni siquiera quería pensarlo. Una gruesa lágrima rebasó mi lacrimal corriendo libremente por mi mejilla. Si Edward moría…
No quería que Edward muriese.
Necesitaba verle. Necesitaba saber cómo estaba.
-Bella, cielo… Yo puedo quedarme con Aaron un rato.
-No me quiero separar de él.
-Y no lo vas a hacer. Aaron no va a desaparecer, no me pienso separar de él ni un solo segundo. Ve a ver a Edward.
Negué con la cabeza, las lágrimas se derramaron. Yo no quería llorar. Joder. ¿Por qué tenía que llorar ahora? Aaron estaba bien, yo estaba bien. Me aferré a la manita de Aaron.
-Bella cielo, suéltale. Mírame.
Mi padre abrió los brazos y yo me lancé como una niña pequeña. Me envolvió entre sus brazos y ese olor tan familiar que me recordaba a casa, a mi niñez y a Portland. Me estrechó entre sus brazos con todas sus fuerzas, y yo me sentí mejor.
-Ve a verle, yo me quedaré aquí.
Me limpié como mejor pude las lágrimas de los ojos y me miré en el reflejo de la ventana antes de salir de la habitación. Mi aspecto era lamentable. Seguía llevando el vestido estrecho de terciopelo verde oscuro manchado de sangre aquí y allá, del recogido del pelo no quedaba ni rastro y andaba apretando los dientes, tragándome el dolor que me producía cada paso que daba. Avanzaba sin hacer ruido a través del pasillo, el vendaje me hacía silenciosa. Llegué al mostrador de información de la planta y me indicaron dónde podía ir a esperar.
La sala de espera no estaba vacía, ojalá lo hubiera estado. Estaba el clan Cullen al completo, Carlisle, Esme, Emmett, Jasper y muy a mi pesar Katherine en una esquina. Se levantó en cuanto me vio entrar, y ya había abierto la boca cuando la mirada que le dedicó Carlisle la dejó helada en el sitio.
-Katherine, me parece que este no es ni momento ni lugar para decir absolutamente nada, así que te agradecería que te quedaras callada por una vez.
De dónde venía la acritud de Carlisle hacia su nuera, no tenía ni idea, pero le agradecí con un asentimiento de cabeza lo que acababa de hacer y me senté a tres sillas de Emmett. Nadie dijo nada más y yo lo agradecí. No tenía fuerzas para dar explicaciones a nadie. No quería hablar con nadie.
Los segundos pasaban extremadamente lentos, pero no aparté la mirada del reloj que tenía enfrente. Pronto un doctor saldría con noticias, aún no sabía si serían buenas o malas. Bueno, pronto era un decir. Pasaron tres horas, de las cuales me levanté siete veces a comprobar que Aaron estaba bien. Lo estaba. Me estaba comportando como una neurótica y paranoica, era incapaz de parar quieta, y los demás no dejaban de mirarme. Al final, salió un médico.
-¿La familia de Edward Cullen?
Los que no estaban de pie, saltaron como movidos por un resorte, y en apenas dos segundos rodeábamos a la doctora Torres.
-Edward se encuentra estable, perdió mucha sangre en el trayecto hasta el hospital, pero durante la operación hemos conseguido extraerle la bala, y recolocarle la clavícula. La recuperación será larga, pero no le quedarán secuelas. Tendrá que ir a rehabilitación al menos durante un año. También le hemos recolocado el otro hombro, que se le había salido; lo tiene inflamado pero la lesión no irá más allá. Ahora mismo le estamos trasladando a planta y vigilaremos su post operatorio, tardará un par de horas en despertar y cuando lo haga estará un poco desorientado por la anestesia. Por otro lado le hemos administrado morfina, así que no se extrañen si dice cosas sin sentido.- Hizo una pausa y miró a su alrededor,- de momento vamos a restringir las visitas, una cada hora y cinco minutos, solo familiares. ¿Está casado?
-Sí,- Carlisle de nuevo fue más rápido que Katherine en contestar y gesticuló hacia su esposa y hacia él,- y nosotros somos sus padres. Me gustaría verle.
-De acuerdo, pero solo cinco minutos. Al resto les recomendaría que volvieran a su casa, el señor Cullen está estable y se va a recuperar, solo es cuestión de tiempo.
Desaparecieron en seguida, siguiendo a la doctora, y de nuevo me encontré con la mirada escrutadora de Katherine. Al parecer sin la presencia de su suegro se sentía más envalentonada.
-Ya has oído lo que ha dicho, solo familiares.
-He oído perfectamente a la doctora, gracias Katherine.
Jasper y Emmet se tensaron en sendos asientos, incómodos.
-No hace falta que estés aquí.
Me miré los cortes de los pies, la herida de la pierna y mi tobillo vendado, a continuación a ella, ¿de verdad tenía ganas de discutir ahora? Era perfectamente consciente de las oleadas de rencor que la esposa de Edward emanaba en mi dirección a menos de dos metros de mí.
-Creo que no es el momento para tener esta discusión.- El comentario de Jasper le entró por un oído y la salió por otro. Esta vez Katherine no lo iba a dejar pasar.
-Quiero que te vayas de aquí.
Jasper hizo ademán de levantarse pero con un gesto con la mano le indiqué que no era necesario. Era perfectamente capaz de llevar yo sola la situación, y lo cierto era, que a esas alturas absolutamente nadie me iba a decir lo que hacer. No había consentido nunca que nadie lo hiciera y mucho menos me iba a ordenar nada aquella pelandrusca amargada y teñida de rubio platino.
-Lo siento, pero eso no va a ser posible. No me pienso ir a ninguna parte, así que deja de intentarlo porque vas a perder el tiempo en vano.
-He dicho que te vayas de aquí, ¡no pintas nada!
-Katherine, hoy no es un buen día para que me toques los cojones.
-Asquerosa hija de…
No le dio tiempo a terminar la frase, Emmett se levantó de la silla y la cogió de un solo brazo arrastrándola hasta la salida como si fuera una muñeca de trapo. Me alegró que saliera de allí, de verdad que no tenía ganas de discutir con nadie. Me dejé caer en la silla al lado de Jasper.
-Tienes una pinta horrible,- le dije con sinceridad.
-Mira quien habla, ¿te has mirado en el espejo? Pareces salida de una película de zombis.
-Tristemente lo he hecho,-admití con un suspiro. Mi mirada se perdió en algún punto de la pared descolorida que estaba frente a mí. La sala se había vaciado y ya solo quedábamos nosotros dos. Lo agradecí con toda mi alma, no me quedaba ni una gota de civismo en el cuerpo y tampoco tenía ganas de aparentar entereza.
-¿Qué tal está Aaron?
-Bien, está perfecto, pero aun así los médicos han insistido en que se quedara esta noche en observación. Mañana hablarán con nosotros otra vez pero parece que está bien.
-Me alegro mucho Bella.- Le miré a los ojos, lo decía de corazón. Un agradable y cómodo silencio se instaló entre nosotros.
El reloj marcaba las dos de la mañana, y aquello estaba tranquilo. Me había levantado tres veces más a comprobar como seguían mi padre y Aaron. Carlisle y Esme se habían pasado a despedirse; se iban a casa y mañana a primera hora volverían. Edward aún estaba dormido pero al parecer según el ojo experto de Carlisle tenía muy buena cara y se recuperaría antes de que nos diésemos cuenta. Yo di unas pocas cabezadas. Estaba terriblemente cansada, pero no me quería ir a casa. Jasper me lo pidió varias veces y yo le contesté que no me movería del hospital hasta que le pudiese ver y supiera que estaba bien. Al fin y al cabo me había salvado la vida. Después de eso Jasper se levantó y desapareció un buen rato, cuando regresó traía dos vasos y el olor maravilloso del dos cafés bien cargados. Los dejó en un equilibro precario en la silla de al lado y me dio una buena noticia.
-He hablado con la enfermera de guardia, le he explicado tu situación y me ha dicho que podrás entrar a verle a en punto. Entraré contigo
-Gracias Jasper. De verdad, muchas gracias.
El abrazo fue genuino, me costó soltarle. El café me sentó de maravilla, me espabiló.
-¿Te acuerdas de Edward cuando estábamos en la universidad? Ha cambiado tanto…
-Se ha vuelto un aburrido. Jamás pensé que se convertiría en un marido amargado y rencoroso. Tenía muchas esperanzas puestas en él.- Se rió cuando lo dije,- ¿sabes cómo le llamábamos mis amigas y yo?
-La verdad es que le llamaban de muchas maneras.
-Tú tampoco te quedabas atrás, no te creas.- Me reí con él, con ganas.-Cullen el Magnífico. Ese no era precisamente el apodo que le habían puesto en el campus, pero para mí era de los más apropiados. Edward Cullen era un chulo, un prepotente y un egocéntrico. Aún a pesar de saber esto por fuentes fidedignas y fiables caí en sus redes tan pronto como tuve oportunidad. Lo gracioso del asunto es que intenté resistirme, con todas mis fuerzas.
-Por eso se enamoró de ti de esa manera.
-Edward no se enamoró de mí.
-Oh, sí. Ya lo creo que lo hizo. Estaba hasta las trancas, yo nunca le había visto así. Nunca hemos hablado abiertamente sobre este tema, pero sé que se arrepintió. Y mucho. Lo lleva pagando años con esa esposa suya tan encantadora.
-La eligió a ella.
-Porque fue gilipollas.
Ignoré el comentario y miré el reloj. Diez minutos. No iba a rebatírselo.
-Caí en sus redes como una imbécil, y eso que no me fiaba de él ni un pelo. Era como si cada vez que estaba con él una alarma sonase a lo lejos. Ignoré todas las señales, todos aquellos silencios rotos, las llamadas a horas inhumanas… Pero luego todo se quedaba en nada. No tenía más que mirarme con esos ojazos verdes enormes y decirme que me quería.- ¿Por qué confesaba todo esto ahora? Igual es que había llegado el momento de la verdad y todavía no quería darme por enterada.- Llevo cuatro años viendo esos ojos en Aaron.
-Tengo ganas de conocerle.
-Y yo de que le conozcas. Es un cielo de niño. Un trasto, pero un cielo al fin y al cabo.
-Bella… Edward sigue enamorado de ti.
-Eso es una tontería,- me pasé las manos por el pelo, apartándolo de la cara y luego le miré, ¿lo decía en serio? El reloj marcó las tres menos cinco y yo salté del asiento con ganas.
-Voy a ir a por Aaron, ¿vienes conmigo?
-Claro.
Caminamos en silencio por los pasillos, mi padre seguía allí tal y como le prometí. Le dije que la enfermera me iba a dejar entrar a ver a Edward y que me iba a llevar a Aaron conmigo. Frunció el ceño pero no añadió nada más al respecto. Cogió su chaqueta y dijo que iba a salir fuera, probablemente a fumarse un cigarrillo o dos. Yo odiaba que fumase, por eso lo hacía a escondidas, y se pensaba que yo no lo sabía.
Aaron estaba dormido, le cogí con cuidado sin despertarle. Jasper le miraba con curiosidad, sonreía de medio lado. Los pasillos estaban desiertos, la tranquilidad se palpaba en el aire. Yo también estaba tranquila. Tal y como le había prometido la enfermera a Jasper nos dejó pasar a los tres.
Edward estaba postrado en una camilla en una habitación blanca en semi penumbra. El bip bip de las máquinas a las que estaba conectado era ensordecedor comparado con el silencio del pasillo que ya habíamos dejado atrás.
Seguía dormido, o drogado, o ambas. No lo tenía muy claro, pero desde luego tenía buena cara. Todo lo buena que puede ser después de que te den una paliza, te peguen un tiro en un hombro y te disloquen el otro.
Jasper no se quedó mucho, me dijo que volvería por la mañana y que necesitábamos tiempo a solas. Los tres. Fue entonces cuando me acerqué a la cama. Aaron seguía profundamente dormido. Siempre me había gustado ver como dormía. Desde que era un bebe, tan pequeñito, tan gordito. Y ahora me daba cuenta de que lo hacía como si padre. Despreocupado, natural.
Coloqué a Aaron a su lado y los tapé a ambos con la sábana y la manta. Los contemplé, y el corazón se me puso en un puño. Las lágrimas volvían a mis ojos rápidamente. Acerqué el mullido sillón con sumo cuidado hasta la cama y me senté. Me aferré a su mano, a la de Edward. Mis dedos recorrieron el dorso, la palma, llegando hasta el antebrazo, y deteniéndose antes de llegar a la vía para volver al punto inicial.
-Más vale que te pongas bien cuanto antes; Aaron y tú os tenéis que poner al día. Él te necesita, y yo también.
La voz no me tembló ni un ápice. Apoyé la cabeza en el colchón sin soltarle la mano. Aaron dormía plácidamente y Edward se despertaría dentro de poco. Ahora sabía que se pondría bien. Todo estaba donde tenía que estar, todos nosotros.
Yo ya me encontraba al límite de mis fuerzas, y entre el mullido colchón, la fuerte calidez de su mano, la respiración regular de mi niño y el profundo alivio que me embargó no fui capaz de resistirme más, y caí rendida junto a ellos.
AN: No voy a dejar sin acabar esta historia. Mil perdones por mis picos de inactividad. Pero la acabaré, lo prometo.
