Amor de verano
Por: Wendy Granchester
Capítulo 14 nuevos comienzos
Candy y Terry llegaron a Caribbean en media hora. Neil salió disparado a saludarlos como si no los hubiera visto en años.
-¡Candy, muñeca, pero que hermosa estás! Muak, muak.
La saludó Neil besándole ambas mejillas.
-¡Terrys!
-A mi no me beses, Neil.
Le dijo Terry con fingida desconfianza.
-No te preocupes primor, me he cansado de besar sapos en la espera de que llegue mi príncipe.
Candy soltó una carcajada y Terry simplemente lo ignoró.
-Bueno, Neil, aquí tienes a mi princesa, ¿qué es lo que piensas hacer con ella?
-¿Como que qué voy hacer con ella? Con esas piernas de infarto que ella tiene tengo que ponerla a modelar la nueva línea otoñal de Payless, querido. Con la promoción que tengo pendiente más la oferta del cincuenta por ciento en el segundo par de zapatos, este comercial será una bomba, my darling. Payless quiere un contrato para un año y le dará a Candy zapatos gratis por un año, así que hay que moverse.
-¿Zapatos por todo un año?
Exclamó Candy como emoción.
-No necesitas que Payless te regale zapatos, Candy, yo puedo...
-Terry, no empieces a alardear, todos sabemos que puedes comprarle a Candy un millón de zapatos si quieres.
Dijo Neil con fastidio y Candy rió en muestra de apoyo, Terry la sobretegía tanto que a veces era exasperante.
-Ya, ¿cuándo empezamos, Neil?
-Inmediatamente, sweetheart. Sígueme por favor. Voy a ponerte fashion, fashion, de show.
Neil tomó a Candy del brazo y desaparecieron por un pasillo para preparar a Candy. Terry ya tenía el libreto listo y se estaba preparando para dirigir el comercial.
Eran las tres de la tarde y Paula se encontraba en su estudio revelando unas fotografías que había tomado de El Yunque, era una profesional, no lo consideraba un trabajo, sino un hobbie, pero la gente lo pagaba bien y ella recivía contrataciones para cumpleaños y bodas o cualquier evento importante, bastaba mencionar que era una Grandchester y todos sabían que el arte y la televisión y todo lo que tuviera que ver con promoción era algo que tenían en las venas todos los grandchester. Cuando decidió salir de su estudio para descansar y tomar un baño, su teléfono le avisó un mensaje.
Mensaje de Albert:
Hola, preciosa, espero
no haberte molestado,
¿estás ocupada?
Paula casi brinca de la emoción como una niña.
Re:
Hola, no, ya terminé
mi trabajo por hoy, ¿por qué?
Re:
Sólo quería saludarte y
decirte que me agradaste
mucho y que la pasé muy bien
contigo y tu familia.
Re:
Gracias, tú también me agradaste
y tu familia es divina, espero que
se repita en otra ocación.
Re:
Cuenta con eso, linda.
Espero no me tomes esto a mal,
pero... ¿te gustaría dar un paseo conmigo?
No te sientas comprometida, si no quieres
no hay ningún problema.
Paula estaba que volaba por la emoción, pero de pronto la duda la invadió y no supo si aceptar o hacerse un poco la difícil y decirle cordialmente que no.
Re:
Me gustaría ir a San Juan
hace tiempo que vengo deseando ir
pero no había querido ir sola...
Re:
Entonces es un sí. Te llevaré a San Juan
ponte zapatos cómodos, vamos a caminar
largo rato y luego me gustaría que cenáramos
en el restaurant Raíces, si no tienes problemas...
Re:
Encantada. Claro que sí.
;-)
Re: Entonces voy a llamarte
para que me expliques como
llegar a tu casa, te recogeré en una hora.
Cuando terminó de darle los detalles a Albert por teléfono se puso tan nerviosa como una niña. Pero a veces dudaba y su rostro se volvía sombrío. Decidió no remover más el cajón de los recuerdos y se apresuró a escoger su ropa. Si irían al viejo San Juan, quería decir que la mayor parte del tiempo estarían caminando, así que lo primero que hizo fue elegir unas sandalias planas, escogió un Jean ajustado en azúl oscuro una blusa de manguillos roja que acentuaba muy bien su figura y sus generosos y firmes pechos. Se dejó el pelo lizo y suelto y se puso una banda blanca. Se maquilló ligeramente, sólo con un poco de polvo facial y lipgloss rosa. En una hora exactamente, Albert estaba tocando su puerta.
-Hola, Paula... estás preciosa...
La saludó Albert mirándola con fascinación y ella le sonrió tímidamente.
-Gracias... usted también se ve muy guapo, señor White.
Le dijo jocosamente y esta vez su sonrisa fue más coqueta. Después que terminaron con los saludos, salieron y Albert le abrió la puerta de su Nissan Altima negro, último modelo. Puso el cd de James Blunt que a él le encantaba y al parecer también a ella, pues la escuchó tararear varias de las canciones. Estuvieron en San Juan en cuarenta minutos, pues siendo lunes, no había tanto tráfico ni muchos turistas en el medio. Se estacionaron en un multipiso para mayor seguridad y después que Albert le abriera la puerta, se dispusieron a recorrer el histórico lugar.
-Vamos aquí, Albert.
Paula lo llevó corriendo de la mano sin darle tiempo a reaccionar donde estaba un muchacho que hacía bocetos por diez dólares, tenía mucho talento en verdad.
-¿Quieren que los dibuje individualmente o juntos?
Preguntó el muchacho trigueño de ojos verdes con estilo rastafari, largos dreadlocks y una barba en forma de candado. Delgado, con un gastado jean negro y una camisa de Bob Marley.
-Juntos.
Se apresuró a contestar Albert dejándola a ella sorprendida, pero no le molestó para nada la idea. El muchacho los mandó a sentarse en dos sillitas plásticas que tenía ahí y les dijo que se juntaran lo más posible. Hacía trazos rápidos y precisos, los detalles eran increíbles y en quince minutos ya el boceto estaba terminado.
-¡Quedó brutal!
Dijo Paula emocionada y Albert reía por su sencillez y lo espontánea que era. Ella fue a sacar el dinero para pagarle al muchacho, pero Albert se le adelantó.
-¿A dónde quieres ir ahora, linda?
-Pues... ahora se me antoja una piragua, ¿a ti no?
Le preguntó con una sonrisa tan fascinante que Albert también se antojó de una piragua de repente y la llevó al pequeño kioskito sin hacerse de rogar.
-¿De qué la quieres?
-Ummmm... de raspberry.
-Por favor, deme una de raspberry y otra de limón.
Le ordenó amablemente Albert al señor de unos sesenta años que las vendía. Pagó y siguieron recorriendo el lugar dónde Paula paraba a cada rato en todos los puestos comprando todas las chucherías que se le ocurría y Albert la miraba divertido y no la dejó pagar por nada.
-¿Quieres que dejemos las cosas en el carro para irnos a comer? ¿O quieres seguir recorriendo el lugar un rato más, linda?
-No. Creo que ya estuvo bueno por hoy, vamos a dejar las cosas. Tengo mucha hambre.
Le contestó sonriendo y Albert cada vez se sentía más atraído hacia ella. Después de haber dejado las cosas en el carro se dirigieron al restaurante Raíces dónde los empleados los recivían vestidos con la ropa típica de los campesinos puertorriqueños. El lugar era divino, paradisiaco.
-Buenas noches. ¿Mesa para cuántos?
Les preguntó amablemente una empleada mulata enfundada en el traje típico y sonriéndoles con unos dientes blanquísimos.
-Para dos, por favor.
La muchacha los ubicó en una mesa y les entregó la carta.
-¿Desean algún aperitivo o bebida?
-¿Quieres tomar algo, Paula?
-Sí, un frapé de mangó, por favor.
-A mi una piña colada.
La muchacha se fue por el pedido, mientras ellos conversaban amenamente.
-Sinceramente se me hace difícil creer que estes soltera. ¿Los hombres están ciegos?
Le soltó Albert y su mirada se oscureció.
-No... la ciega he sido yo.
Le contestó con una triste sonrisa que no pasó desapercivida para Albert. La muchacha llegó con las bebidas y el tema quedó en el olvido por un rato.
-Y tú, Albert, ¿por qué sigues soltero?
-Creo ques es un estilo de vida que adopté después de... bueno, en fin, eso no importa. Pronto llegará la ideal.
Le contestó con una intencionada sonrisa.
-¿Ya están listos para ordenar?
-Sí. Un asopao de camarones para ella y para mí un pastelón de amarillos con arroz guisado y yuquitas fritas, por favor.
-¿Desea algún complemento con su asopao?
-Eh... sí, una órden de tostones, por favor.
Terminaron de ordenar y continuaron hablando de diferentes temas, ninguno se aburría y el tiempo parecía haberse detenido. La comida llegó en unos veinticinco minutos y la degustaron fascinados. Estaban tan llenos que no ordenaron postre.
-Bueno, creo que ya es hora de llevarte a casa. Espero que hayas disfrutado.
-Sí, la pasé muy bien, gracias por todo.
Paula le dio su mejor sonrisa dejándole el corazón acelerado. Se montaron en el carro y se dirigieron al apartamento de ella.
-Gracias, Albert. Hacía tiempo no me la pasaba así de bien.
Le dijo ella en la puerta de su apartamento cuando ya se estaban despidiendo.
-Gracias a tí, te llamaré mañana.
Le dijo él sonriendo y ella volteó para cerrar la puerta, pero el la retuvo por un brazo y le dio un beso en la mejilla, uno muy cerca de sus labios y que le dejó un rastro húmedo y una sensación muy cálida que disparó en ambos miles de emociones. Paula se fue a dormir con la mente en la luna y Albert también. Se esperaba un buen augurio para esos dos.
...
-Hola, Elly, mi amor, estás hermosa como siempre.
-Mamá, hasta que al fin te dignas en aparecer.
Le dijo Eliza con reproche a su madre que llevaba dos semanas fuera de casa y nisiquiera una llamada había hecho para saber de su hija.
-Ay, Elly, ya estás grandecita para berrinches, mi amor. Sólo me tomé un descanso, ¿que me perdí, cariño?
-No de mucho. Estoy saliendo con...
-Ya me contarás mañana todo con lujos de detalles, ahora me urge un baño, creo que la cama me va a partir en dos esta noche.
Le contestó Sarah cortando la conversación y dirigiéndose a su cuarto dejando a Eliza con la palabra en la boca, defraudada como siempre. Cuando escuchó el sonido de un carro que llegaba, la alegría volvió a ella.
-¿Ya estás lista, Elly?
-Sí.
Le contestó con una sonrisa apagada que él percivió, pero no dijo nada. Fueron al apartamento de él y durante el trayecto, él no le soltó la mano, ella ya se había acostumbrado a ese calor. Entraron hasta la sala y se sentaron en el sofá.
-¿Ahora vas a decirme que te pasa?
-Nada que no sepas, Tommy.
Le respondió con tristeza. A él se le revolcó el alma, después de tantos esfuerzos, ahí estaba otra vez su semblante sombrío.
-Ven aquí, Elly, acércate.
Ella se puso lo más cerca de él posible en el sofá, pero no era a eso lo que él se refería. Tom la levantó un poquito y la acurrucó en su regazo. Ella se sintió feliz, pero extraña. Ni siquiera su padre había tenido ese gesto con ella alguna vez, ni en su más tierna infancia. Acurrucada ahí, sintiendo la calidez de su pecho y sus brazos, ella se sintió el ser más amado del mundo. Él la abrabazaba fuerte y le besaba el pelo. Ella deseaba que el tiempo parara ahí y si estaba soñando no quería despertar jamás.
-Tommy, quiero que por favor... no dejes de abrazarme, no me sueltes nunca, por favor.
Le dijo de repente con lágrimas en sus ojos que mojaban el pecho de Tom.
-Nunca, Elly, nunca.
Le dijo apretándola fuerte y luego le levantó el rostro, se olvidó de todo y le dio el beso que tanto había deseado darle desde hacía tiempo. El beso más dulce que los labios de Eliza hubieran experimentado jamás. Tom no la soltaba de su abrazo y el beso fue tornándose cada vez más apasionado, hasta que sintió unas ganas inmensas de tocarla, pero hizo lo posible por controlarse y sólo se limitó a abrazarla fuerte, pero cuando Eliza movió un poco sus labios hacia su cuello y le acarició la nuca, él se encendió de nuevo y no fue capaz de detener a sus manos y comenzó a recorrerla entera, lentamente, con una delicadeza que Eliza no conocía y que la hicieron estremecerse por completo.
-Elly... hoy vas aprender lo que es hacer el amor.
Le dijo con la voz cortada y sin soltar sus labios. Comenzó a pasear sus manos por su espalda y su cintura para luego subir con delicadeza hacia sus pechos. Besó apasionadamente su cuello mientras le acariciaba los muslos y las piernas de arriba hacia abajo. Eliza que de por sí ya tenía bastante experiencia, se giró para estar frente a él y empezó a devolverle todas las caricias con desenfrenada pasión.
-Tranquila, Elly, hay tiempo para todo. Te falta mucho por aprender.
Tom la levantó y sin dejar de besarla la llevó a su habitación. Entre besos y caricias fue quitándole la ropa poco a poco, mientras sus labios la recorrían entera. Ella estaba extasiada, sólo con un roce de las manos de él, ella gemía, nunca pensó que caricias tan delicadas pudieran provocarle tantas sensaciones exquisitas. Ella también comenzó a quitarle la ropa a él y lo acariciaba y tocaba con maestría. Tom estaba enloqueciendo junto con ella también. Mientras él la exploraba completa, ella hacía maravillas con su lengua en la oreja de él y en su cuello.
Tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra
Llevarte a la cama era más fácil que respirar
Tu teléfono es de total dominio popular
Y tu colchón tiene más huellas
Que una playa en pleno verano
Has hecho el amor más veces que mi abuela
Y aún no acabas ni la escuela
Y aún sabiendo que no eres el mejor partido
Dime quién puede contra Cupido
Y si es que yo no he sido un monje
Por qué voy a exigirte que seas santa
-Enséñame tú, enséñame cómo se hace el amor, Tom.
Le respondió ella ahogada en deseo y besándolo ardientemente, haciéndolo casi perder la razón. Cuando la tuvo totalmente desnuda y ella a él, la acostó con delicadeza en la cama y comenzó a repartir besos por todo su cuerpo. Con su lengua la fue recorriendo desde los pies hasta detenerse nuevamente en sus labios.
-Voy hacerte el amor en todos los sentidos. Vas a conocer hoy toda la diferencia, amor. Voy a hacerte mía hasta que pierdas todos los sentidos.
Le dijo él haciéndola gemir cuando su lengua comenzó a explorar su rincón más íntimo. Ella lo sostenía por la cabeza mientras se retorcía bajo su boca sin parar de gemir. Empezó acariciarlo con desesperación y en varias ocaciones le clavó las uñas en la espalda. A Tom le fascinaba lo receptiva que era ella. Sus ganas de complacerlo lo enloquecían.
Si el pasado te enseñó a besar así
Bendito sea el que estuvo antes de mi
No es dama la que se abstiene
Dama es la que se detiene cuando encuentra
Lo que tú encontraste aquí
Si el pasado te enseñó a tocarme así
Benditos los que estuvieron antes de mi
Si otros han sido tu escuela
Yo seré tu graduación
Cuando incluyas en la cama al corazón
La lengua de Tom seguía haciendo escante en su interior y ella le estaba regalando una orquesta de gemidos que le hizo tocar las puertas del paraíso.
-Tommy... por favor... no aguanto más... ahora por favor...
Le gritaba ella arqueándose de placer.
-Pronto, Elly, ten calma.
Le respondió subiendo a su vientre y cubriéndolo de besos, luego se colocó encima de ella y le besó el cuello mordisqueándoselo dulcemente. Ella separó sus piernas y con sus manos lo empujó para que se acomodara entre ellas y le dio un beso en los labios tan salvaje y apasionado que él perdió todo el control y no la hizo esperar más. Entró en ella y le tomó firme ambas manos mientras se movía con una soltura y ritmo increíble en su interior. Ritmo que ella seguía a la perfección mientras gritaba su nombre.
Dicen por ahí
Que tu terrible fama de ligera
Ha venido a pintarme un par de cuernos
en la mollera
Que tengo que sacarte del barrio y del país
Si es que quiero darle a esta historia un final feliz
Si supieran la ternura immensa que hay en ti
Y todo lo que haces por mi
Sabrían que el camino andado antes de aquí
Era preparado para mi
Ven y abrázame sin miedos
Y dame un beso a la salud de los chismosos
-Tom.. mmm... esto es... divino, me encanta, ah.. ahhh
-Disfrútalo, mi amor... Lo has esperado demasiado.
Eliza se dio la vuelta colocándose ella sobre él, dejándolo sorprendido. Ella lo cabalgaba con una agilidad y movimiento que lo hacían pisar las nubes. La apretó firme de la cintura para hundirse más en su interior mientras ella seguía moviéndose magistralmente sobre él.
Si el pasado te enseñó a besar así
Bendito sea el que estuvo antes de mi
No es dama la que se abstiene
Dama es la que se detiene cuando encuentra
Lo que tú encontraste aquí
Si el pasado te enseñó a tocarme así
Benditos los que estuvieron antes de mi
Si otros han sido tu escuela
Yo seré tu graduación
Cuando incluyas en la cama al corazón
-Elly... eres divina.
Le dijo Tom con la voz ronca y agitada, luego de que ambos tocaran el cielo en un climax abasallador haciéndo que Tom se deshiciera completamente en su interior. Eliza se quedó acostada encima de él mientra él le acariciaba el pelo y la espalda.
-Gracias, Tommy. Ha sido lo más bello y delicioso que me han hecho jamás.
Eliza tenía lágrimas de pura felicidad y emoción en los ojos.
-Te dije que serías mía, Elly... Ahora lo eres.
Permanecieron así toda la noche, ella durmió acurrucada en sus fuertes brazos y él se sintió el hombre más feliz del mundo. Ese era sólo el comienzo.
...
Candy estaba feliz y exahusta con la grabación del comercial. Nunca pensó que un comercial de un minuto pudiera tomar tantas horas para grabarse, pero estaba muy contenta con el resultado.
-Eres una Diosa, niña. Quedaste divine, divine. Tu imagen, super fresca, super hot. Lloro de emoción.
-No exageres, Neil.
Dijo Candy con humildad ante los elogios de Neil.
-¡Qué dices, my dear! Si yo fuera mujer y tuviera esas piernas, tuviera a todos los hombres aquí, lindita, aquí.
Dijo Neil graciosamente señalando la palma de su mano.
-Ya, Neil, no seas adulador.
Contestó Terry y de no ser porque sabía que a Neil no le gustaban las mujeres ya lo habría cruzado.
-¡Ay Terry! No seas amargado, es que Candy es mi amiguita y yo la quiero muchas veces, muchas veces.
Candy reía y Terry no le hacía caso a Neil, ya estaba acostumbrado a sus payasadas.
-Pues tu amiguita, ya debe estar muy cansada y quiere irse a casa, ¿verdad, bebé?
Dijo Terry tomándola por la cintura y chocando su nariz con la de ella.
-Sí, quiero darme un baño ya.
-¡Ay sí! Ya entendí, me voy. Candy no sé cómo tú siendo tan dulce aguantas a este limón.
Dijo Neil fingiendo estar muy molesto y desapareció contoneando las caderas y su muy bien formado trasero. Candy no pudo evitar reir y Terry torció los ojos. Como eran las ocho de la noche, muy temprano y Terry vivía muy cerca de su trabajo, decidieron ir a casa de él.
-Terry, mi amor, yo no tengo nada en tu casa y me quiero bañar.
Le dijo Candy cuando aún estaban en el carro.
-Entonces vamos un momento al mall, quiero que compres todo lo que necesites.
-Mi cielo, el mall cierra en una hora.
-Entonces tienes una hora, bebé. Compra un par de cosas de primera necesidad y el sábado te llevo a comprar todo lo que te haga falta.
-¡Iremos de shopping!
Gritó emocionada y él sonrió, le gustaba hacerla feliz. En cinco minutos estuvieron en San Patricio otra vez y Candy hizo maravillas en ese periodo de tiempo y compró pijamas, ropa interior, cepillo de dientes, de pelo, productos para el cabello, jabones, cremas, en fin, en las manos de Terry no cabía un paquete más. En cinco minutos más estuvieron en el apartamento de Terry.
-Candy, princesa ven aquí. No me has dado ni un cariñito en todo el día. Ni un beso, ni un abrazo.
Le dijo él con reproche y haciendo pucheros como un niño mientras la acercaba a él.
-Awww, mi amor, ¿te sientes abandonado?
Le respondió Candy en tono meloso y abrazándolo por el cuello.
-Sí. No he podido hacerte el amor en todo el día.
Terry le dijo eso muy cerca del oído y besándole el cuello.
-Pero me lo puedes hacer toda la noche, mi cielo. Sólo déjame bañarme y...
-No, princesa. Yo voy a bañarte, ven.
Terry la llevó a la habitación, la desvistió completamente y le soltó el pelo. Se desvistió él y tomó un par de toallas y se fueron al baño. Terry puso el agua tibia en la ducha y luego entró con ella. La puso a ella bajo el agua para que se le mojara el pelo y él estaba detrás de ella acariciándole y besándole la espalda. Estaba muy cerca de ella y Candy podía sentir su exitación rosar su espalda por la diferencia de estatura que era bastante. Él la acariciaba y le apretaba las nalgas y las caderas mientras la llenaba de besos por todo el torso y el cuello. Empezó a subir sus resbalosas manos desde sus costados hasta sus pechos y se los acarició un rato mientras ella se extremecía de pies a cabeza.
-Eres un sol, mi amor.
Le dijo ella cuando él tomó un poco de shampoo y se lo untó en el pelo y se lo comenzó a frotar delicadamente. Sus manos se sentían tan divinas entre su cabeza que ella no quiso que ese momento terminara. Cuando él volvió a colocarla bajo el agua para enjuagarle el pelo, la visión de ella mientras el agua y la espuma corrían por su cuerpo lo sacó de control. Ahí mismo bajo el agua la levantó para que ella lo abrazara con sus piernas y comenzó a entrar en ella, de una manera tan deliciosa que ella empezó a gemir desde la primera embestida.
-Quiero que seas mía siempre, amor. Quiero hacerte el amor en todas las partes de esta casa.
Le dijo en un estado increíble de exitación, embistiéndola sin piedad. Hasta que Candy recordó algo muy importante.
-Terry, amor... todo está ahh... ah... muy rico, pero... ahh ahhh..
-Bebé, no hables, sólo déjate llevar...
Le dijo Terry sin tener idea de que podría estar preocupando a Candy en ese momento.
-Mi amor.. ahh ahh... ahhh... es importante... que ahh... ahhhh...
-¿Qué es más importante que esto ahora?
Le dijo él con la voz entrecortada y sin dejar de embestirla ni un sólo momento.
-Los... con... ahh.. ah... condones... ahhh...
-Mi amor, ¿no te tomaste tu pastilla ya?
Le preguntó casi sin aliento y sin poder parar de moverse en su interior.
-Sí, pero... hay que... ahhhh... ah... ahhhhh...
Terry la estaba embistiendo tan fuerte y la estaba llevando tan alto que sus palabras no podían encontrar sentido para salir de su boca.
-¿Hay que qué, princesa? Déjame hacerte mía todita, por favor, bebé.
-Mi amor... ahhh quiero ser tuya todita, mi cielo, pero ah... ahhh... teníamos que esperar al menos un mes para... ahhh... ahhh. Terryyy... ah...
Mientras ella hablaba, Terry le dio una última embestida que ella pudo haber jurado que había alcanzado múltiples orgamos en fracciones de segundos. Terry llegó al cielo y se vació completamente en su interior. La besó dulcemente y continuó bañándola mientras su cuerpo aún temblaba por la sensación de haberlo tenido en su interior. Después que ambos se bañaran, entraron al cuarto y se vistieron. Candy se pudo una sencilla muda de estar en casa, un pantalón corto de algodón y una camisilla de maguillos en la misma tela. Se estaba desenredando su melena mojada cuando Terry le hizo la pregunta del millón.
-Bebé, ¿qué era eso tan importante que me querías decir?
Candy soltó la peinilla y lo miró fijamente, sonriendo, como si ya no le importara nada, de todas formas, ya estaban tarde.
-Mi amor, teníamos que espera al menos un mes en lo que cuerpo se acostumbrara a las pastillas y ellas hicieran su efecto. Creo que ya estamos un poco tarde para eso.
Terry se quedó en blanco otra vez. Ahí la había regado otra vez. Su semblante conmovió a Candy.
-Princesa...
-Mi amor, no importa. Ya no me importa. No quiero que te sientas mal otra vez, yo pude haberte detenido y no lo hice.
-Candy, tú no entiendes... yo no puedo hacerte eso aunque me muera de ganas porque suceda...
Candy lo abrazó fuertemente y le acarició el pelo.
-Mi amor... quiero hacerte feliz. No me importa, de verdad. He pensado mucho lo que me has dicho de vivir contigo o casarnos y aunque es muy rápido, de verdad quiero hacerlo...
-Bebé... ¿Estás segura? Yo no quiero que lo hagas por presión, tú eres muy joven, necesitas vivir, descubrir muchas cosas y...
-Terry, mi cielo, ¿qué me va impedir vivir y descubrir muchas cosas? Quiero vivirlo y descubrirlo todo a tu lado.
-Eso está muy bien, princesa, pero... no es lo mismo si hay un bebé...
-Yo quiero dártelo.
-¿Qué?
Ahora sí que Terry se había quedado frío.
-Terry, no me lo has dicho, pero yo sé que lo deseas, aunque lo niegues, he visto tu cara como se torna sombría cuando recuerdas... aquello... Tú has hecho tanto por mí, me has dado tantas cosas que yo... yo quiero regalarte eso...
-Candy... yo... yo de verdad quiero todo eso, pero tú... y tus papás...
-Terry... mamá sería la más feliz del mundo si se enterara que va ser abuela.
-¿Qué?
Terry no entendía nada.
-Ella... dice que no quiere morirse sin conocer un nieto. Y esperando por Albert... bueno, Albert no tiene ninguna intención de sentar la cabeza. Me insinuó que yo sería la primera en darle esa dicha.
-Candy, no entiendo, por qué tu madre tiene esa prisa, tú tienes diesciocho años y...
-Porque tiene cáncer, Terry.
-¿Cómo?
Terry se sentó de la impresión. Candy tenía los ojos aguados.
-Hace un año le diagnosticaron cáncer en el cuello uterino. Ha respondido muy bien al tratamiento. Ni siquiera parece que está enferma, pero ella piensa que se va a morir...
En esa última frase Candy se estaba bebiendo las lágrimas.
-Princesa, ¿por qué no me habías dicho eso antes?
-No es fácil hablar de eso, Terry... Sólo quiero que sepas que yo soy feliz como estoy, que amo a mi familia más que a nada y a ti también. Quiero cumplir el sueño de los dos.
-Candy, bebé, espero que estés segura de lo que quieres hacer. Yo voy apoyarte en todo, no puedo negarte nada aunque quisiera, sólo espero que no te arrepientas...
-Yo no me arrepiento de mis decisiones, Terry. Necesito que dejes de sobreprotegerme tanto y confíes en mí.
Le dijo Candy con firmeza y determinación.
-Será como tú quieras, princesa, pero...
-Gracias, mi amor, te amo...
Le empezó a decir emocionada besándolo.
-Candy, déjame terminar. Si quieres hacer eso, no hay problema, pero hay que comenzar por el principio. Vamos a casarnos. Elige una fecha, la que mejor te paresca, el lugar, todo, todo lo que quieras estará bien. Hay que hablar con ellos primero y con mis padres, claro. Me gustaría que antes del bebé al menos termines tus cursos que son menos de un año. Antes de la boda quiero que vivas un tiempo conmigo. Quiero que te adaptes a mi y a lo que es vivir juntos, entonces ahí estarás segura de si es esto lo que quieres.
Terry estaba encantado con la idea, pero no podía, en su experiencia, hacer todo a la ligera y de repente.
-Está bien, mi amor, el sábado hablamos con ellos para decirles que vengo a vivir contigo.
Le dijo con una sonrisa un poco melancólica al recordar a su madre.
-Princesa... Te amo. Por mí te haría el amor hasta asegurarme de que cumplas tu promesa, pero tengo que pensar en tí y tú también, no en los demás. Sé que casarte no te va impedir lograr lo que quieres, ni el bebé tampoco, pero mientras más preparada estés, mejor.
-Mami dijo que ella lo cuidaría... hubieras visto la ilusión en sus ojos, amor.
Candy no pudo evitar llorar.
-¿Cuándo te dijo eso, amor?
-Hoy en la mañana. Mi mamá me conoce mejor que nadie, Terry. A ella no puedo ocultarle nada. Se dio cuenta que algo me pasaba y le conté el incidente con el condón. Pensé que iba a pegar el grito en el cielo, pero no, para mi sorpresa. Incluso papá se mostró comprensivo.
-Tus padres son increíbles, Candy.
-Mamá dijo que nosotros le recordamos a ella, en sus tiempos. Se casó con papá cuando todavía tenía diescisiete años. Tenía mi edad cuando perdió su primer bebé, luego llegó Albert y más tarde yo.
Terry estaba profundamente conmovido con esa historia. Abrazaba a Candy tan fuerte, como queriendo meterse dentro de ella y sacarle todo el dolor.
-Si tu mami quiere verte casada y con un bebé, vamos a complacerla, mi amor. Pero como te dije, las cosas bien, en su órden.
Le dijo Terry y ella fue inmensamente feliz.
-Princesa... creo que... mira...
Le dijo Terry señalando la entrepierna de Candy dónde había una gran mancha roja.
-¡Oh! Perdón, Terry. El doctor me lo dijo, que en cualquier momento me podía llegar. Espero no haberte arruinado las sábanas.
Dijo Candy parándose rápidamente y por suerte las sábanas no se ensuciaron.
-No te preocupes, bebé. Recuerda que tengo tres hermanas, sé lo que es eso.
Candy fue inmediatamente al baño a lavarse y cambiarse, suerte que entre sus artículos de necesidad incluyó toallas sanitarias. En diez minutos estuvo junto a Terry nuevamente.
-Ya, mi amor, dijo con alivio.
-Es mejor así, princesa. Ahora tenemos tiempo para hacer todo en órden, puedes terminar tus cursos, podemos organizar la boda con calma. Y sigue tomándote tus pastillas, que yo seguiré usando los condones por el tiempo indicado y cuando ya hayas terminado de estudiar y estemos casados, prepárate que vamos a practicar el bebé todas las noches.
-¡Terry!
-Hay que complacer a tu mami, princesa.
-Sí, claro.
Después de bromear un rato, finalmente Terry llevó a Candy a su casa. Había sido un largo día y al día siguiente él tenía mucho trabajo y Candy estudio y práctica. Candy durmió como un bebé esa noche.
Continuará...
Hola chicas! Espero que les haya gustado este capítulo. Como ven, ya comenzaron a surgir las nuevas parejas, a ver hasta dónde llegan. ¿Les gustó cómo lo están llevando Eliza y Tom? ¿Qué me dicen de la madurez de Terry ante las situaciones? Ellos tienen muchos planes, pero recuerden, uno pone, Dios dispone. Muy pronto van a llegar fuertes pruebas para ellos y tendrán que superarlas paso a paso. Les traje a Neil de vuelta como me lo pidieron. Alguien me preguntó de dónde soy, de Puerto Rico. Terry y Candy han pasado varios sustos, pero no se preocupen, no habrá embarazo aún. Hay varios conflictos que surgirán antes de llegar ahí.
Bueno, espero sus reviews.
*Canción de Eliza y Tom - "Tu reputación" de: Ricardo Arjona
*Piragua- es un raspado de hielo que se sirve en un vaso en forma de conito y se le echa el syrup de tu elección, en el caso de Albert y Paula, escogieron raspberry y limón. Creo que en México se conoce como "raspado" simplemente.
*Asopao- eso es como una sopa, pero con arroz y en este caso pues en vez de ser de pollo como regularmente se hace, es de camarones.
*Pastelón de amarillo- Eso es con plátanos maduros, que aquí le decimos "amarillos". Se pelan los amarillos y se ponen en un molde majados donde se le pone carne molida cocinada y queso rayado, se le pone por encima otra capa de amarillos y encima se le pone más queso y se hornea, como si fuera una lasagña, pero de amarillos, jejeje.
El viejo San Juan- es una ciudad histórica de Puerto Rico que lleva el mismo nombre de la Capital: San Juan, las calles en su mayoría están cubiertas de adoquines, conservando su estructura original por siglos y hay muchas casas, edificios, fuertes militares, etc que aún se conservan originales. Todo el año y todos los días está en actividad y siempre es visitada por turistas.
Las quiero, Wendy.
Add me en facebook: Wendy'Lii Ovalles (aparesco así mismo) En mi foto de portada sale un collage de mi cara y en el perfil una foto mía. Soy mulata de pelo negro largo. Tengo una camisa color vino. Para que puedan dar conmigo en caso de que aparescan 500 Wendy Ovalles más.
