#Revel's#

Era recién estrenada la tarde cuando Defteros se acercaba al local de ensayo para reunirse con sus compañeros de banda y proceder al traslado de todo lo necesario hacia el Revel's, el pub del viejo Sage, que después de las incansables insistencias de Manigoldo, había accedido a dejarles escenario por una noche.

Por su cabeza aún transcurrían demasiadas cosas que no colaboraban en absoluto en ayudarle a prepararse mentalmente para afrontar el reto que tenían por delante. Aunque debía reconocer que el rato compartido con Aspros al final no había resultado tan desastroso como solía pasarles últimamente. Habían conseguido hablar civilizadamente, y hasta le pareció que en algún momento surgió algo semejante a la complicidad que tanto habían compartido, y que en silencio tanto añoraba.

En la puerta pudo divisar la furgoneta que Manigoldo había conseguido secuestrar por un día a su vecino y anfitrión de esa noche, y a Bennu subir con sumo cuidado todas las partes de la batería que poco después debería volver a montar. En la puerta apareció Manigoldo, acarreando dos de los bombos de la batería, que a punto estuvieron de caérsele al suelo, frente a la desquiciada mirada de Kagaho clavada sobre él.

- ¡Pero ten cuidado!- Le gritó Kagaho, subido en la furgoneta, que palideció de repente al ver el tambaleo de parte de su instrumental entre las manos de su colega.

- Tranquiiiilo...- Le respondió Manigoldo arrastrando las sílabas y haciendo cabrear aún más a Bennu.- Está todo controlado.

- ¡Anda, pásamelos antes de que vayan al suelo!

- ¡Joder, tío! ¡Tratas mejor a tu batería que a las mujeres!

Presenciar esa escena en la distancia hizo que Defteros se introdujera de lleno en la ansiada dimensión dónde era capaz de olvidarse de todo, y una divertida sonrisa se dibujó en sus labios al momento que se detenía frente a ellos, alzando un brazo hasta encontrar apoyo en la parte superior de la puerta abierta, sin ser advertido por ninguno de sus dos amigos.

- Veo que el ambiente empieza a estar caldeado...- Dijo, a las espaldas de Manigoldo, que pegó un bote por el susto, casi dejando caer el último bombo que aún peligraba en sus manos.

- ¡Hostias, Defteros! ¡¿De dónde carajo sales tú?!

- ¡Mani! ¡El bombo!- Gritó Kagaho, alargando las manos y arrancando el tambor de las peligrosas garras de Manigoldo.

- ¡De las sombras salgo, si te parece!- Exclamó Defteros, riéndose. Al fin.

- ¡Pues ponte a trabajar, que ya lo hemos hecho casi todo nosotros!- Le mandó Manigoldo, dirigiéndose hacia dentro para recoger su guitarra y todos los cables necesarios para hacerla funcionar.

- Este tío...¡es que me saca de quicio!- Dijo Kagaho, que emergió medio agachado de las profundidades de la furgoneta y saltó de ella, posicionándose frente a Defteros, que aún no había variado su posición.

- Tranquilízate Kagaho. Nos va a salir de puta madre, ya te lo dije ayer.- Intentó aplacarle Defteros, acompañando sus palabras con un par de leves golpes sobre el hombro de su amigo.

- Ya, ya lo sé...pero es que Manigoldo altera a cualquiera.- Un resoplido escapó de los labios de Kagaho para darse aire él mismo a su rostro, alborotando así aún más el flequillo de unos cabellos que no conocían orden alguno, mientras sus manos se apoyaban sobre las caderas y la penetrante mirada escrutaba a Manigoldo en la distancia.

- Voy a preparar mis cosas para subirlas también.- Añadió Defteros, por fin sin perder la sonrisa.

- Oye...- Le detuvo Kagaho.- ¿Ayer...al final qué? ¿Qué pasó?

- Ah...nada...- Respondió Defteros, acordándose de la conversación que habían mantenido justo antes de irse al encuentro de Asmita.- Un pequeño percance doméstico sin importancia.- Mintió, deseando olvidarse de ese asunto de una vez por todas.

- Bueno...pues mejor.- Concluyó Bennu, dando por zanjado un tema que en esos momentos no era la prioridad.

Dentro del local también se encontraban Radamanthys y Pandora, acabando de enrollar todos los cables necesarios y repasando una y mil veces que no se olvidaran de nada. Los teclados ya estaban cargados, habían sido lo primero, seguido de la batería a trozos de Kagaho. Sólo faltaban la guitarra y el bajo, dejando los altavoces en su lugar, ya que el pub disponía de unos, más potentes aún.

- ¡Pandora! ¡Vas a eclipsar a todo el bar!- Exclamó Defteros, repasándola de arriba abajo con amigable descaro.

- Ésa es la idea.- Respondió ella, brindándoles su atractiva sonrisa, y sabiéndose poseedora de una oscura belleza digna de admirar.

Su profunda mirada violeta y la larga cabellera negra completaban una imagen salida de las más sugerentes novelas del romanticismo gótico, ya que se había ataviado con una camiseta de finos tirantes ajustadísima a su cuerpo, de color vino tinto añejo, completada con una minifalda de cuero negro que ni por casualidad le llegaba a la mitad de los largos muslos, y las piernas estaban enfudadas en unas altas botas repletas de hebillas en los costados. La porción de piel que se vislumbraba entre el cuero de las botas y la falda estaba cubierta por unas medias de rejilla negra y el aspecto que ofrecía era realmente de infarto.

- ¡Ehh! ¡No la miréis tanto que me la vais a gastar!- Espetó Radamanthys, no sabiéndose muy bien si lo decía en broma o no.

Entre risas, colegueo y algún que otro bufido compartido entre Manigoldo y Kagaho, acabaron de cargar todo lo necesario a la furgoneta, y después de bajar la persiana y echar la llave en ella, todos se montaron al vehículo prestado y se dirigieron al pub, para volver a montarlo todo de nuevo y probar el sonido y todas las conexiones antes de que llegara la temida y deseada hora de la verdad.

En la puerta les esperaba Sage, un hombre ya entrado en una edad muy madura pero que aún se sentía con fuerzas y ánimos de regentar un local que dormía durante el día y se desperezaba de noche. Lucía una larga cabellera gris, y la expresión de su rostro era una mezcla de seriedad y bondad que irónicamente contrastaba con el tipo de vida que transcurría en el sótano al que él le seguía insuflando vida.

Haciendo gala de una fortaleza y energía que muchos hombres de su edad ya no poseían, se apresuró a ayudarles a bajar todos los instrumentos. El Revel's era un pequeño pub al cuál se accedía después de descender unos escalones, como si se fuera directamente a las puertas del infierno, y una vez se traspasaba la entrada, los visitantes se encontraban con un espacio más largo que ancho, delineado en la parte izquierda por una barra que se extendía casi en toda la longitud de la pared, y en la opuesta, un largo banco acompañado de pequeñas mesas redondas y sillas, listas para recibir a cualquiera que quisiera disfrutar de una bebida fría y una buena dosis de música rock de todos los tiempos. Al fondo se alzaba, a tan sólo un par de palmos del suelo, un pequeño escenario que cada viernes era testigo de Jam Sessions, dónde cualquiera que supiera tocar un instrumento estaba invitado a dejar volar sus artes encima de él, improvisando todo lo que hiciera falta, uniéndose a otros músicos amaters que disfrutaban de ese momento. En cambio, los sábados estaba destinado a ser la tarima de bandas locales y provinciales que aún no tenían un nombre hecho, y que buscaban la oportunidad de ser escuchadas y descubiertas dentro de ese agujero repleto de humo, alcohol, buenos ritmos e infinitos sueños.

Ese sábado debía ser su oportunidad. Ese sábado era el turno de los "Servants of Hell", como Radamanthys había decidido llamar a la banda de manera casi unilateral. Sin permitirse el lujo de perder nada de tiempo, se dedicaron a montarlo todo de nuevo. La batería de Kagaho fue lo que les llevó más rato, aunque lo hubieran podido hacer antes si su celoso dueño no se hubiera opuesto enérgicamente a aceptar ningún tipo de ayuda, menos aún la que insistentemente le ofrecía Manigoldo, sólo con la absurda intención de cabrearle para su propio regocijo. Una vez todos los cables estuvieron enchufados y la batería perfectamente montada, llegó el turno de ponerlo todo a prueba.

A prueba de fuego.

A prueba de éxito.

Sage les observaba desde la barra con un cierto aire paternal. El viejo se sentía muy próximo a Manigoldo, que hacía unos años se había mudado a vivir en su mismo edificio, y sin saber muy bien por qué lo había adoptado como algo parecido al hijo que nunca tuvo, aunque las muestras de afecto mutuo que se ofrecían brillaban más por los actos que por las palabras que se dedicaban.

No faltaba mucho tiempo para que se abrieran las puertas de los sueños, y antes de zambullirse en su reto, decidieron comer algo no muy equilibrado ni caro que compraron al restaurante de comida rápida que se encontraba unos metros más arriba, y que bajaron para dar cuenta de ello sentados a ambos lados de la barra, junto con Sage.

- Muchachos, espero que esta noche no la caguéis.- Les dijo, con semblante serio pero tono amable.- He tenido que decir a otra banda que tenía pedido este sábado que no podía ser, por obras en el local. ¡Así que no me podéis fallar!- Todos asientieron en silencio mientras devoraban las grasientas hamburguesas y los nervios que les recorrían el estómago.- Además...he conseguido que venga el director de eventos de la Razz a veros...

- ¡¿Pero qué dices, viejo?!- Exclamó Manigoldo con la boca medio llena, a punto de atragantarse por la emoción.

- Lo que escucháis. No podré brindaros muchas más oportunidades como ésta de ser vistos y escuchados por alguien que os puede contratar y pagar por ello.

- ¡Pero qué cojonudo que eres cuando quieres!- Le espetó Manigoldo de nuevo, golpeándole algo pasado de fuerzas en el hombro, gesto que Sage aceptó resignadamente.

- Bueno chicos...no podemos fallar. Y no lo haremos.- Sentenció Radamanthys, que hasta el momento había estado extrañamente callado, debido a la concentración en la que se había sumido hacía ya rato.- Hoy...los "Servants of Hell" ¡brillarán en el infierno!- Dijo, alzando su cerveza y chocándola con las botellas de todos los presentes, incluido Sage.

- Ya es hora de abrir las puertas...vosotros procurad no celebrar el éxito antes de alcanzarlo.

Dicho ésto, Sage se fue a abrir las puertas al público, que tímidamente empezó a llenar el local, tomando asiento en las diferentes mesas y empezando a dar cuenta de diversas bebidas que el viejo dueño les servía con rapidez. Todavía no era el momento de actuar, debían esperar a que la noche avanzara y que el pub se llenara casi al completo, y se retiraron en las bambalinas improvisadas que se habían hecho un lugar en el abarrotado almacén. La música ambiental les iba poniendo a tono con un ritmo que no debían dejar perder, pero los nervios que recorrían sus cuerpos les atacaban a cada uno de manera peculiar. Radamanthys no hablaba, Defteros no dejaba de morderse las pocas uñas que le quedaban ayudándose de su peculiares colmillos, Pandora no cesaba de atarse el pelo y soltárselo, no decidiéndose en ningún momento por un look en concreto, Manigoldo hablaba por los codos y Kagaho...pues Kagaho era el único que seguía como siempre, serio y callado, sentado en un rincón sobre una caja de botellas vacías, con los ojos cerrados y moviendo las manos levemente al ritmo mental de las canciones que repasaba sin cesar en su cabeza.

La hora de la verdad se acercaba. El pub ya estaba bastante repleto de gente, y Sage apareció en el almacén con una botella de Jack Daniel's en una mano y seis vasos de chupito en la otra.

- Chicos, ¡os llega el momento!- Dijo, repartiendo los pequeños vasitos para llenarlos hasta rebosar con el preciado whisky, no perdiendo la oportunidad de unirse a ese grupo de ilusionados jóvenes en un rápido brindis.- Considerad ésto como un regalo de la casa.- Añadió guiñándoles el ojo.- ¡Por los jodidamente insistentes "Servants of Hell"!

- ¡Por nosotros!- Exclamaron todos al unísono, alzando los chupitos para seguidamente beberse ese sorbo de whisky de golpe.

Su aparición al escenario ya no se hizo esperar más, y se levantó algo de expectación entre la concurrencia, que les observaron entre curiosos y escépticos. Cada uno ocupó su posición sin atreverse mucho a mirar al público que tendría que sufrir su actuación. Sage se hallaba detrás de la barra, esperando la señal de Radamanthys para quitar la música ambiental y dejarles vía libre en la carrera para alcanzar sus sueños.

Pandora, que al final había optado por dejarse la cabellera libre, no sabía muy bien sobre qué pie dejar caer su peso, y no paraba de variar su posición mientras los largos y gráciles dedos tanteaban el teclado aún mudo frente a ella. Kagaho parecía haber desaparecido tras su batería, y las piernas ya se le movían al ritmo de rock. Manigoldo se hizo un pequeño lío con el cable al colgarse la guitarra del hombro, la cuál tuvo que volver a descolgar y deshacer el inoportuno embrollo que había surgido de los nervios que sin querer reconocerlo, también le atacaban a él. Defteros se hizo con el bajo sin los problemas de su colega, y con calma se recogió el cabello en la nuca para alzarlo y liberarlo del agarre que la cinta que cruzaba su espalda siempre se empeñaba en imprimir sobre su salvaje cabellera. Defteros no quería fijarse mucho en sus colegas. No deseaba contagiarse más de un nerviosismo que amenazaba en tomar el control de sus expertos dedos sobre las cuerdas, y mantenía la mirada fija en el suelo, esperando escuchar las primeras notas de la canción que seguidamente le daría el paso a él. Radamanthys se había posicionado, altivo e imponente, en el centro del pequeño escenario, dejando descansar las manos sobre el micrófono, que volvió a ajustar por enésima vez a una altura que ya hacía rato que había calculado. Después de una profunda inspiración y de un encuentro rápido con la mirada de todos los componentes, buscando la confirmación que ya estaban todos listos, lanzó la mirada definitiva hacia Sage, que al instante cerró la música del pub, incrementando así la expectación de los clientes. Otra ojeada de Radamanthys hacia Manigoldo, que con repentina seriedad asintió, y dejó que la púa entre sus dedos empezara a arrancar de las cuerdas las galvánicas notas de "Highway to Hell", como hacía días que habían acordado.

La guitarra rasgó el ambiente con una electricidad que se propagó por todos los presentes, atraídos por la ejecución de un clásico de clásicos, y poco a poco, toda la atención fue recayendo sobre el escenario. Radamanthys se mostraba seguro, y éso dotó de tranquilidad a todos los demás, que a medida que avanzaba la canción se fueron relajando y sumergiendo en su propio mundo al cuál no debían temer, ya que no estaban haciendo nada que no hubieran practicado hasta la saciedad durante las últimas semanas.

Al finalizar la primera pieza, un aluvión de aplausos y silbidos les hizo llegar la energía necesaria para seguir adelante con un concierto que se presumía exitoso. Los temas del rock de todos los tiempos, y algunos sólo conocidos por unos pocos, pero ejecutados rozando la perfección, consiguieron que todos los asistentes al pub se entregaran sin reservas a una oferta musical que sorprendió a todo el mundo, incluido al responsable de eventos de la Razz, una conocida discoteca de la ciudad que a su vez era sala de conciertos de grupos reconocidos a nivel estatal e internacional. El ritmo que se había apoderado de la pierna del "cazatalentos" invitado por Sage delataba que el hombre estaba disfrutando el momento, y el viejo no pudo evitar sonreír para sus adentros al ser, de momento, el único testigo de un detalle esperanzador para sus muchachos.

La sucesión de temas iba atrapando a todo el mundo, y el concierto llegó a durar una hora y media sin interrupción alguna, acabando con la legendaria "Rock and Roll all night" de Kiss, que hizo desgañitar las gargantas de los presentes, unidos hacía ya rato a la perfecta voz de Radamanthys. Durante ese tema, Manigoldo y Defteros se habían entregado tanto durante todo el concierto que se permitieron la libertad de posarse al lado de Radamanthys y acabar de rubricar una noche perfecta acompañándolo con sus voces, emulando con gracia a los auténticos Kiss.

Inevitablemente la nota final llegó, y con ella, el derroche de aplausos y silbidos, alentando a que continuaran con algunos temas más, pero las fuerzas ya no daban para perpetrar más milagros en una noche que ninguno de los cinco había fallado. Dónde todos y cada uno de ellos se habían dejado el alma en conseguir algo en lo que firmemente creían, y que sin proponérselo, les había convertido en una pequeña familia.

Después de refrescarse rápidamente las gargantas y de mostrar el enorme agradecimiento que todos sentían por tal recibimiento, se retiraron al almacén, ardiendo aún en adrenalina, regalándose entre todos abrazos de amistad sin escatimar en intensidad.

- ¡Lo hicimos, cojones! ¡Lo hicimos!- Exclamó Radamanthys, ampliando un abrazo que abarcara a todos sus colegas.

- ¡Te lo dije, Kagaho! ¡De puta madre ha salido!- Clamó Defteros, abrazándose a Bennu, que parecía salido de un mar de sudor, y que al fin se permitió iluminar su atractivo rostro con una enorme y sincera sonrisa.

- ¡No va a haber nadie que se nos resista!- Añadió Manigoldo, acercándose a Pandora y tomándola del rostro para plantar sus labios sobre los de ella durante un segundo, antes de soltarla y abrazarla a la vez que buscaba rodear también a Radamanthys.

Era tal la euforia que compartían, que ninguno de ellos reparó en la presencia en el almacén de Sage, seguido de un hombre de semblante serio vestido con traje. Visto la indiferencia que el éxtasis que recorría las venas de los jóvenes propiciaba para el momento, Sage no tuvo más remedio que carraspear sonoramente para hacer evidente su presencia, consiguiendo hacer callar las voces, pero incapaz de borrar unas sonrisas que parecían de otro mundo.

- Muchachos...hay alguien que quiere hablar con vosotros.- Dijo, aparentando solemnidad pero dejando que sus labios esbozaran una sonrisa que acompañaba la alegría que translucían sus ojos.

- Hola chicos...no sé si sabéis quién soy...- Dijo el hombre, hallando confirmación a su media pregunta. Aún así, presentó su cargo.- Soy el responsable de eventos de la sala Razz, os he estado viendo toda la noche...y la verdad es que me habéis asombrado.

Los ojos de todos se abrieron como platos, y sus voces enmudecieron por completo, esperando escuchar las palabras mágicas que recompensarían todos sus sacrificios y esfuerzos. Todas sus disputas y discusiones. Todas las tardes y noches dedicadas a los sueños.

- No esperaba que un repertorio de covers pudiera llegar a ser tan ameno, y bien ejecutado...y me estaba preguntando...¿os apetecería probar un escenario mayor?

Pandora ahogó un grito llevándose las manos a los labios, cubriéndolos mientras luchaba para no echarse a saltar como una niña. Manigoldo no hizo el esfuerzo de su compañera, y gritó eufórico, lanzando improperios de alegría a los cuatro vientos. Radamanthys asintió agradeciendo las palabras y el ofrecimiento, fingiendo terriblemente mal una serenidad que no había por ningún lado, y Defteros simplemente se sintió como si algo le drenara las pocas fuerzas que le quedaban en el cuerpo, notando como una intensa emoción le recorría por completo, hallando consuelo en el brazo que Bennu había pasado por sobre sus hombros.

Ésta era la recompensa obtenida después de tanta lucha, de tanto enfrentamiento con Aspros...de tanta oscuridad.

Por fin una intensa luz atravesó cada célula de su ser, haciéndole sentir radiante. Y vivo.

Por fin algo salía bien.

Por fin volvía a tener algo por lo que luchar.

Algo que le hacía vivir.

#Continuará#


¡Krista! Me alegra saberte de vuelta :). ¡Gracias por los comentarios que me seguís regalando a cada capítulo!

¡Ceci! Espero que puedas leer ésto. Gracias por tu fidelidad en la historia y por las interpretaciones que haces de cada capítulo :). ¡Un abrazo!