Lo lamento por quienes leen por Slasheaven, pero desde la semana pasada que no me deja entrar, así que sólo estoy actualizando aquí. Por fortuna DarySnape ha podido seguir la historia hasta acá =D
Agradecimientos a quienes continúan dejando sus lindos comentarios: Gama90, SuicideFreakWord, Sinideas, CuquiLuna3, PercyRossVulturiUchiha, Kuroneko1490, Murtilla, Nikki, DarySnape, AnataYume y Nekoconeco56.
Ahora sí, ¡a leer! =D
Capítulo 13: Sarasvati IV
-Svadhisthana,- escucharon y todos hicieron cara de circunstancias, -completamente naranjo.-
-¿Qué significa eso?- preguntó Ron.
-¿Han sido muchas parejas?, ¿o han sido realmente pocas?- continuó el rubio, Seamus frunció el ceño.
-¿De qué hablas?- Malfoy suspiró.
-Para el Hinduismo el cuerpo está compuesto por una serie de puntos energéticos, llamados comúnmente como chakras. Mientras que para los muggles es una creencia más del tipo metafísico, en el mundo mágico es consistente porque tiene relación con los canales de la magia. Cada persona tiene un punto o chakra dominante, el que expresa las fortalezas y las debilidades.-
-¿Bien…?-
-Tú magia tiene una tonalidad naranja. Eso es el Svadhisthana, el segundo chakra.- Seamus suspiró largamente y entonces habló.
-¿Sabes que te escuchas ridículo?- Harry alzó las cejas, sorprendido por la brusquedad de la pregunta y aún más por la media sonrisa del rubio. Malfoy le había mantenido la mirada al trigueño y simplemente le había respondido.
-Lo sé, no por nada me llevó más de ocho años comprender y darle valor a creencias ajenas.- comentó, sin una pizca de sarcasmo o reproche. Siendo asombrosamente sincero y comunicativo. -¿India? ¿Qué hay de similar entre India e Inglaterra? ¿Qué habría allí que pudiera interesarme?- Malfoy se alzó de hombros y miró a Seamus, misteriosamente. –Más de lo que se puede creer.-
-De verdad que no lo entiendo.- le respondió el irlandés. –Y eres tan bizarro…-
-Tómatelo con calma.-
Malfoy mencionó, alzándose de hombros y manteniendo los ojos sobre el trigueño. Harry estaba comenzando a creer que el ser ignorado por Malfoy, podía llegar a ser algo especialmente molesto. Esas miradas, esos ojos fijos e inclementes eran… recordaba esas miradas, sentados ambos en sus mesas, en lados opuestos del Gran Comedor. En aquellos tiempos, en aquellas veces, esos ojos no miraban a Finnigan.
-Quizás esté lista para el sábado.-
-Bien.- Harry miró a Seamus, el muy canalla no se podía aguantar la sonrisa en la cara. Seguramente ya estaba fantaseando en los ridículos milagros que esperaba obtener de un tonto té de hierbas.
-Bien.- repitió el rubio. –Nos vemos.-
-Me voy contigo.-
Malfoy asintió y luego salió del gimnasio, Cobbs lo siguió segundos después.
-¿Realmente te vas a tomar su menjunje?- preguntó el pelirrojo, escandalizado.
-¿Por qué no?-
-¿Hola? ¿Veneno?- bufó.
-No seas ridículo, Ron. ¿Crees que me va a dar veneno, cuando todo el mundo sabe que él lo va a preparar?- Seamus le dio un zape. –Además se está jugando su palabra.-
-Sí crees que va a funcionar. No puedo creer que realmente pienses que va a funcionar, lo que sea que te dé.- dijo el moreno y era más una afirmación que una pregunta.
-¿Lo viste? Magia sin varita, Harry. ¿Qué tan difícil puede ser un té estimulante, en comparación?-
Para su infortunio, el moreno tuvo que aceptar sus suposiciones.
Cuando se dio cuenta que Seamus y Ron seguían los movimientos de Cobbs, terminado el show y el fisgoneo sobre Malfoy, Harry se puso nervioso. Si todos daban por terminado el ejercicio y salían ahora, eso sólo podía significar que se encontrarían nuevamente en los vestidores.
Esperen. Hasta el momento no le había tocado compartir ducha o desnudes con el rubio…
Draco pasó el resto de la tarde en el laboratorio, saliendo sólo un momento a la hora del té. Se mantuvo en la revisión del nuevo paquete de pociones que había llegado, observando las características del pergamino, los rastros de magia, su posible procedencia y la influencia de alguna sustancia en él, del mismo modo como había hecho con la fibra de mandrágora e incluso con algunos objetos dentro del bolso de Keane. Estuvo al pendiente, poniendo en orden sus ideas sobre las nuevas pruebas que tenía a mano, sobre el mapa que estaba construyendo y luego, cuando regresó al Ministerio… sobre el conveniente encuentro que se había llevado a cabo en una cafetería muggle, a media tarde.
Sonrió pensando en los resultados de la velada. Y si debía recordar algo de esa reunión, era la completa observación a la que había sido sometido y la forma en cómo la mujer parecía analizar sus posibles intenciones.
Presentarse como un sobrino olvidado y como el mediador entre dos hermanas que se habían ignorado y ahora deseaban hacer las paces, era su mejor coartada. Y verdadera después de todo. Draco no había dudado en mostrarle una de las cartas de su madre, para que leyera de su puño y letra, su curiosidad por los restos de la casi extinta familia Black y su alguna vez querida hermana Andrómeda. Que la mujer pudiese leer otros temas más personales dentro de la carta, parecía ser un riesgo esperado y tal vez, apreciado.
Ambos tenían… mejor dicho, sufrían de "particularidades" que los convertían en focos de prejuicio, especialmente en lo referente a sus apellidos, parentelas, oscuros contactos y eso le daba a entender al rubio, que esa primera reunión sería fundamentalmente sobre ceder. Dejarse ver, examinar y ser tan transparente como le fuese posible.
Después de diez años en el "exilio", todos parecían curiosos por saber en qué se había convertido. Potter y su jauría de sabuesos fisgones, no eran los únicos.
Draco recordó el momento del encuentro, cuando se había levantado caballerosamente apenas vio entrar a la mujer en el café. Se mantuvo firme en su posición junto a la mesa, aguantando el escalofrío mientras la observaba acercarse. El caminar elegante y destemplado, los hombros cuadrados y los ojos fijos en el objetivo, no fueron escusa suficiente para quitar de la mente del rubio una cualidad mucho más sombría.
Su madre le había advertido sobre su parecido con Bellatrix, pero a pesar de haberse preparado nunca creyó que le causaría tal impresión.
Es que aún ahora, le provocaba un escalofrío. Draco suspiró, mientras revisaba las últimas anotaciones en su libreta.
-Me enteré de tú regreso cuando salió en los periódicos, hace un año.- le había dicho ella. Tan elegante y compuesta como su madre. Haciendo girar la cucharilla del café entre sus dedos pálidos y delgados. Toda ella era una vigilante serenidad. –Pasados los primeros meses, supuse que ya no sabría de ti, pero aquí estás.- Draco sabía que había un implícito "¿por qué?".
-Los primeros meses fueron un poco complicados. Poner en orden mi situación con el Ministerio, intentar que me acepte el Departamento de Aurores, que alguna División acepte a un Malfoy…-
-Sí, supe que no te dejaron en muy buena posición.- y era obvio que había sido Potter el pajarito cantor. –En una División llena de viejos.-
-Algo así.- medio rio. Algunos sí lo eran. –Pero McGowan, mi jefe de División, resultó ser un hombre a quien le interesan los resultados, no los individuos. Así que no puedo quejarme.-
-Afortunado de tú parte.-
-Mucho.- asintió. Era verdad después de todo. –Hasta el momento no me he metido en problemas.- se alzó de hombros, haciendo la vista gorda de los ojos analíticos de Andrómeda. Seguramente la mujer estaba cotejando sus palabras con la versión del moreno. –Y bueno, hasta hace algunas semanas… ahora que estoy completamente asentado, le he insistido a mi madre sobre verla. Ella ya me había hablado sobre usted, no sólo recientemente. Me había hablado de "una hermana", aunque no podía decir su nombre estando Lucius o Bellatrix presentes.-
-¿Ella te habló de mí, antes de la guerra?-
Andrómeda había preguntado y Draco sabía que debía propiciar algún tipo de interés nostálgico, la idea de no haber sido olvidada a pesar de que su propia familia la había desheredado y borrado del árbol familiar. De que alguien la había mantenido en su mente, a pesar de haberse convertido en un nombre prohibido. El recuerdo. La posteridad. Debía sembrar la añoranza en su corazón, aún más ahora que Draco sabía, la mujer no tenía más familia que Potter y su nieto. El hijo de su fallecida prima Nymphadora Tonks y Remus Lupin.
-Bueno, no me habló de usted hasta que senté cabeza, obviamente.- sonrió con algo de vergüenza. –Mientras Lucius fue el centro de nuestras vidas y yo no supe diferenciar entre lo bueno y lo malo… mientras yo no me di cuenta de ciertas cosas, madre no tomó riesgos.-
-Claro.-
-Pero últimamente si hemos hablado sobre usted. Llevo insistiéndole semanas desde que regrese a Inglaterra para verla, pero sabe que Narcisa puede ser una mujer orgullosa, por eso me lanzó a mí por delante.- hizo un gesto irónico y entonces había sacado la carta. La carta. Esa que le había llegado ese mismo día y cuyo contenido él ya conocía de antemano, porque eran líneas que él mismo le había pedido a su madre que escribiera. –Mi madre no me agradecerá esto, pero… supongo que tiene miedo de cómo sería recibida aquí, por usted, por la única familia que le queda, a pesar de que le dio la espalda y debido a quién apoyamos durante la guerra.- intentó un carraspeo nervioso antes de seguir. -Bueno, ahí lo dice: "Podrías acercarte y saber cómo está".-
Andrómeda mantuvo los ojos sobre el pliego de pergamino y únicamente soltó un "Uhm", después de mucho tiempo. Draco respetó el silencio de su lectura, hasta que la mujer se dio por satisfecha, entonces ella volvió a enrollar el mensaje y se lo devolvió.
-¿Dónde está ella ahora?-
-Cerdeña. Viviendo un romance con Cagliari.-
Draco se alzó de hombros y ella por fin soltó una risa. Nada muy extenso, ni muy marcado, pero al rubio le pareció mucho más espontánea y sincera, más que las sonrisas compuestas y retraídas, que le había dedicado hasta ahora.
Ahí estaba su enganche.
-¿Qué haces?- Draco saltó.
Girando el rostro, observó a Neville justo a su lado. Lo miraba con ojos curiosos, mientras sostenía una bandeja de muestras en sus manos. Con todo y el sonido tintineante del metal, el rubio ni siquiera lo había escuchado acercarse.
-Estoy siendo bueno.- le sonrió con gesto inocente. No le diría al trigueño que pensaba ajusticiar a Potter, convertido en una Diosa hindú, de naturaleza violenta y que gusta adornar su cuello con collares de cabezas de hombres.
-¿En serio?- el rubio rio aún más, el pobre Longbottom ostentaba un gesto de absoluta duda.
-Por cierto, la próxima semana es el cumpleaños de Audrey. Tú irás conmigo.-
-¿Audrey? ¿La prometida de Cobbs?- Draco asintió. -¿Y qué voy a hacer yo? Apenas y lo conozco a él.-
-Serás mi acompañante, obviamente.- y como si con eso lo fuera a convencer, concluyó. -Seguro irán algunas de sus amigas del trabajo.-
-Draco, si voy como tú acompañante pensarán que soy gay… "obviamente".- remedó.
-Te fijas en detalles. Ya sabes, la próxima semana.- le advirtió con una sonrisa entusiasmada.
Esa noche, cuando regresó a su departamento caminó directamente hasta la cocina. En India, obligado a preparar su propia comida, se había tenido que engañar a sí mismo pensando que no se estaba comportando como un elfo doméstico, ni estaba realizando tareas degradantes, sino que simplemente era otra forma de fabricar "pociones". Pociones comestibles. Eso sonaba mucho mejor.
El complejo arte de realizar una sopa de yuca. Veinte mil formas de preparar tripas de cabra y que no lo parezcan. Ya más tarde se hizo experto en preparar varios tipos de Dahl, la textura perfecta del Chapati y todas las formas posibles de utilizar Garam masala.
Más tarde se daría cuenta que saber sobre esos menesteres más "ordinarios" le ayudarían –increíblemente- con sus estudios en Pociones rituales, para su estancia en el Templo de Devi Jagadambi, para vivir de forma independiente y para su conocimiento sobre tisanas, claro. El motivo que ahora lo llevaba frente al fuego de la hornilla, con una pequeña olla entre manos y un montón de hierbajos sobre su encimera.
No. Hacer una infusión para Finnigan no era algo que lamentara. De hecho era una oportunidad perfecta para demostrarles a todos esos cretinos de lo que era capaz, habilidades de auror o no. El ser humano gustaba del sexo, el hombre sobre todo y lo que Draco tenía en su cabeza era conocimiento envidiable, auténticamente poderoso. Podría otorgarle oportunidades, favores, consideraciones. Era tan fácil como decir que el sexo vende, siempre ha vendido y siempre venderá.
¿Era o no una excelente oportunidad?
Ahora era Finnigan, ¿quién vendría después? ¿El constreñido de Weasley? ¿El desquiciado compendio de estrés que era Potter?
Draco sacó un yogurt del refrigerador y comió, mientras veía el agua hervir. Si quería una reacción que fuera notoria, algo que ni siquiera el lado más testarudo de Finnigan pudiese negar, entonces tendría que utilizar algo fuerte. Algo que le provocara excitación. Algo que fuera intenso y placentero. Algo que se sintiera como una explosión de embriagante lujuria, de seguridad, de sex-appeal. Algo que hiciera a ese irlandés irresistible.
-Quien me escuchara intentado hacer a un Griffindor irresistible.- no pudo evitar soltar una risa incrédula, entonces se recordó lo importante. –Svadhisthana, el chakra de la emotividad y la sexualidad. Sus aromas afines son la bergamota, la vainilla y la almendra amarga.- dijo, rebuscando entre sus bolsas de flores, hojas secas, pequeños trozos de madera, semillas y aceites esenciales.
De las tres fragancias asociadas al segundo chakra, el rubio se decidió por hacer una tisana con una base de bergamota. La más adecuada de las tres, dado el propósito que lo convocaba. Y aunque ya no necesitaba examinar el pequeño trozo de pergamino que había en la bolsa y que él mismo había dejado ahí a modo de recordatorio de sus propiedades, de igual forma leyó. Tal vez necesitaba asegurarse de que todo saliera como lo necesitaba. Como lo tenía planeado.
-Su acción refrescante ayuda a calmar la rabia y la frustración.- seguro que le servía a Potter. A Wasley. Y a Bones. Ya que estamos, a toda la División 3. -La bergamota es útil para el dolor; la naturaleza reactivadora de ésta fragancia hace a quien la consume receptivo a la alegría y al amor.-
Que sí, se estaba transformando en el hada de la felicidad, repartiendo alegrías y bienestar.
Abrió la bolsa y tomó un puñado de hojas, con pequeñas flores amarillas y depositó todo dentro del agua. Revolvió un poco con una cuchara de madera y dejó que el agua hiciera lo suyo. Entonces deslizó sus ojos sobre la encimera y su segunda opción fue rápidamente la Nuez moscada, ya que siendo un ingrediente cálido, era conocido por ser estimulante, por producir euforia y por ser reconfortante para los que se encuentran física y emocionalmente aislados. Si había que ser justos, para Draco era un ingrediente de gran valor, a pesar de no ser una de las fragancias más asombrosas. Por el contrario, era un poco tosca e intensa, hostigante a veces. Así como lo eran las personas, quizás.
Como lo fue él en algún momento de su vida. Lejos de toda vanidad, Draco ahora prefería pensar que era más como el Ilang Ilang, la llamada "flor de flores". Algo así como un fragante jazmín, pero más sensual y exótico. Reputado afrodisíaco, era la flor del lecho nupcial. Era una lástima no tener con quien usar un aroma tan íntimo y apasionado como ese.
Sin sentir demasiada pena realmente, el rubio observó cómo el agua dentro de la olla comenzaba a zumbar. El agua bullía, moviendo ligeramente las ramas de bergamota y el tostado polvo de la nuez, tiñéndose todo de un suave café. Se mantuvo atento permitiendo que hirviera el tiempo necesario, para luego desaguarlo por un colador y dejar el líquido macerando sobre la mesa junto a la ventana del salón. Se enfriaría lentamente, aromatizando todo el ambiente a su alrededor. Reposaría toda la noche y entonces despertaría con el cálido, brillante y rejuvenecedor contacto del amanecer. Una vieja costumbre India, ligada a Surya el Dios sol.
Observó la hora y se hizo una nota mental, al día siguiente tendría que hacer hervir otra vez la infusión sin terminar, para finalmente poner la nota netamente floral. Añadir la fragancia dulce, aquella que equilibraría los aromas y los sabores de los otros dos ingredientes. No debió pensarlo demasiado para decidirse por las flores de granada, tan naranjas e intensas como lo era el aura del irlandés.
Hizo a un lado el paquete de flores y entonces se fue a tomar un baño. En el camino proyectó todos esos posibles beneficios.
Jueves, 1:32 am.
Se mantuvo rígido sobre su silla, a un lado de la ventana. Observando atentamente el oscuro callejón y siendo muy consciente del ambiente que los rodeaba a ambos. Jugó ligeramente con el bolígrafo entre sus dedos, no había mucho que registrar. Ya había visto antes los rostros que pululaban durante la noche entre los estrechos pasajes de Knockturn. Todos convenientemente investigados y limpios, había que decir. Knockturn no era siempre un antro de ilegalidad y perversión, aunque sí tenía lo suyo.
Joder. Ya sabía por qué todos estaban hasta las narices con esos turnos de vigilancia. ¡Sin novedad en el frente!
Lo único que lo mantenía alerta era la compañía de Bones, en el diván, junto a la otra ventana. Evidentemente no harían turnos, a penas y habían soportado su mutua presencia, ¡ni siquiera habían hablado! Así que Draco podía ir prescindiendo de dormir o descansar en algún minuto. Así es como se jodían y terminaban destrozados los aurores del Ministerio Inglés, por ser unos malditos egoístas, poco cooperadores.
Respiró profundo, sin hacer mucho ruido. Miró la calle y recordó que Joe debía estar con Potter viendo esas chimeneas, en ese preciso momento. Ojalá y hubiera alguna noticia a la mañana siguiente.
La idea de que Robards siguiera llamando especialistas para ayudar en el caso, no le era para nada atractivo. Más "intrusos" no aportarían para nada a la magullada seguridad de la División, ni al orgullo de Potter. ¿Debería "aplicarse" más? Pero, ¿qué significaba eso? Ya estaba haciendo todo lo que podía.
¿Habría algo que no estaba viendo? ¿Algo que faltara para ordenar ese montón de piezas?
Viernes, 11:10 am.
Weasley estaba nervioso. No era necesario ser un genio para darse cuenta de eso. El ceño fruncido, los suspiros, sus ojos desviándose continuamente hacia la entrada de la sala de reuniones. Esperando. Aprensivo. Definitivamente nervioso.
Draco no necesitó leer mucho más del hombre para darse cuenta de dos cosas: el pelirrojo no sabía nada sobre el disimulo y, respondiendo a la ausencia de Potter a esas horas de la mañana, Robards seguramente estaba hablando con él. He ahí su nerviosismo. Como un sabueso que huele la cercanía de la tormenta en el aire. Si era deliberada o no, la presión de Robards sobre la División, parecía que el viejo hombre no se daba cuenta que estaba provocando una verdadera catástrofe. Porque a pesar de que Draco envidiaba la fraternal relación de esos seis, aquello que los unía en lo bueno, también los unía en lo malo.
Así que el rubio suponía que ese debía ser el problema, porque ya había hablado con Joseph y no había ninguna información reciente sobre las chimeneas. Nada que justificara la ausencia del moreno y la alteración de Weasley.
-¿Cómo va el mapa?- le susurró el hombre negro, acercándose hasta él con una taza de café.
-Progresando.- también respondió en voz baja.
De alguna forma, el ambiente se había vuelto cauteloso. Todos hablaban en susurros, como si temieran perturbar el ánimo, de por sí inestable. Tal vez querían lucir tranquilos y espontáneos a la llegada del moreno. Cualquiera fuera el motivo, Draco guardó la compostura y se limitó a observar a su alrededor.
Mirar a Finnigan, con quien apenas intercambió un par de palabras. Mirar la inquietud de Weasley y la reserva de Robins. Mirar el silencio circunspecto de Bones y Travers, quienes al ser mayores al promedio de edad de la División, parecían guardar discreción en momentos como esos. ¿Preocupación o sensatez? Quizás la misma situación había sucedido demasiadas veces.
Siguieron esperando lo que pareció una eternidad, todos en torno a la enorme mesa de reuniones. A veces levantándose a tomar un café, dar un par de pasos antes de regresar a sus asientos. Moviendo sus dedos sobre el reposabrazos, agitando sus rodillas bajo la mesa. Simplemente esperando. La expectación estaba dibujada en cada rostro, gesto y respiración, incluso en el aire y las murallas de la sala… hasta que escucharon la puerta de entrada.
Draco sintió a Potter, antes de verlo cruzar la puerta de caoba. Entonces se reconvino de toda otra apreciación. Su presencia era como una enorme piedra siendo arrojada dentro de la habitación, presionando el espacio y golpeando los objetos a su paso.
Potter era el trueno retumbando en la noche lúgubre.
Harry avanzó rápidamente por la sala, deslizándose a largos pasos, hasta tomar asiento sin mirar a nadie en particular. De hecho no quería mirar, ni ser mirado por nadie. Lamió sus labios y movió los dedos de su mano izquierda, empuñando y relajando los músculos, con ansiedad. Sintiendo el borde de sus uñas doler en el interior de su palma. Sus nudillos volviéndose blancos, por momentos. Nada que no hubiese sentido antes.
Aguantó las palabras por dentro de sus dientes, sin saber si era para darle tiempo a que desapareciera ese desagradable nudo en la boca de su estómago, o porque temía vocalizar sus pensamientos. Tal vez temía al tono de su voz, ¿sería un gruñido impotente o un infantil lamento?
Dejó dos carpetas y un rollo de pergamino sobre la mesa, los observó hasta cansarse, mientras su mente recapitulaba la reunión con Robards. Seguramente ya todos se habrían dado cuenta del escenario que el hombre le había puesto delante. Harry pensó en qué cosas diría a sus subalternos. ¿Qué cosas les diría a sus amigos, pero que no dañara su moral como colegas? ¿Cómo podría desahogarse con ellos, si había un fuerte sentimiento de derrota en sus palabras?
Y eso que eran sus amigos… en cambio… Malfoy…
Malfoy. Harry no pudo evitarlo -como parecía no poder evitar nada que tuviera relación con él-, y su mirada se deslizó hacia el lado de la mesa donde usualmente se sentaba el rubio. Fijó sus ojos sobre él y se dio cuenta, para su horror, para su desesperación, de que sí, estaba siendo un negligente. Un ridículo intento de jefe. Un auténtico descuidado que no sabía ser un líder. No sabía lo que estaba haciendo y se estaba mostrando como un incompetente ante él. No necesitaba leerlo en su rostro para saber que era verdad, que eso era lo que el hombre estaba pensando.
Nunca se había sentido tan hundido como hasta ahora. Reducido.
Harry no sabía Legeremancia como Malfoy, ni sabía sobre chimeneas como Cobbs. Y mañana en la noche le tocaba patrullar la zona oeste con el rubio. Joder. Joder.
"A estas alturas esperaba que ya tuvieras algo concreto, Potter", le había dicho Robards, repitiendo el mensaje con distintas palabras a lo largo de toda la maldita reunión. "¿Qué están haciendo Cobbs y Malfoy?" le preguntó el hombre y Harry sólo pudo decir que el primero estaba intentando abrir un canal a través de las chimeneas. Sin éxito aún.
En cuanto a Malfoy, el asunto era más complicado de explicar. Sabía que estaba trabajando en "algo" en el laboratorio junto a Neville. Había ayudado a Ron a atrapar a un distribuidor muggle y además, el rubio creía que los detenidos tenían un hechizo de censura. Sí, había dicho "creía", porque hasta ese instante realmente no estaba seguro. ¡No podía dar por sentadas cosas que ni siquiera él tenía seguridad!
No… hasta que salió de la reunión y un agente del Departamento de Aplicación de la Magia –por fin- le dio los resultados de los exámenes, que corroboraban todo. Justo después de la reunión. No antes. Él no podía tener esa maldita mala suerte.
Y como era de esperar, a ojos de Robards nada de lo mencionado era lo suficientemente concreto. Habían ampliado su número de detenidos y ahora tenían a un muggle entre manos, pero seguían tan inmovilizados como antes. Y de cualquier forma, ¿qué significaba que Malfoy trabajara en "algo"? Harry no quiso decirle que ellos apenas y habían intercambiado un par de palabras. Siendo que el rubio ni siquiera lo miraba.
Sólo necesitó ver la mirada que le dedicaba el Jefe de Aurores y un par de palabras que encerraban muchos significados, para que él comenzara a cuestionarse nuevamente. ¿Estaba siendo un buen jefe? ¿Estaba encaminando a sus compañeros o sólo los estaba arrastrando hacia el estancamiento?
Ron no le decía nada y Seamus sólo intentaba que él mantuviera la calma. Demelza, Bones y Travers simplemente lo seguían, ciegamente, incuestionables y leales, pero sin preguntarse si era la dirección correcta, si era la velocidad adecuada. Sin más quejas que el tedio y el cansancio de la jornada. No había productividad en eso. No había ayuda.
Y estaba seguro que ni Malfoy, ni Cobbs discutirían sobre su liderazgo. No cuando eran unos extraños, unos meros allegados.
¿Qué podía hacer? ¿Seguir defendiéndose como gato de espaldas, cada vez que Robards lo llamara para informarse… hasta que solucionaran el caso? ¿Cuánto tiempo les llevaría? ¡Oh, Merlín bendito!
Miró en torno a la enorme mesa y deseó no estar ahí. Evitarse ese engorroso momento. Poder negarse a los ojos de sus compañeros, atentos a lo que saliera de su boca, a lo que se reflejara en su rostro. Por un instante, Harry extrañó con demasiada fuerza sólo estar tendido sobre su cama y poder desayunar agradablemente.
Ya no quería estar ahí. No quería tener que ser el jefe… ni auror. No quería ser el espectáculo. El hazmerreír.
No quería estar ahí. No quería.
Ni quería a Malfoy ahí…
Ese Malfoy que sabe Legeremancia, que sabe hacer magia sin varita. Ese que a pesar de su mierda Hindú, sus cubos, sus infusiones y su estúpida sabiduría oriental, descubrió lo del hechizo. Ese que se mueve con aplomo y parece ser más listo y capaz que él. No. El moreno no quería sus plateados ojos sobre sí, escudriñando, elucubrando. ¿Que se dé cuenta que Harry Potter realmente es un incompetente? ¿Que tenga pensamientos de menosprecio? ¡Rebajamiento! ¡Desestimación! ¡No!
¡No! Porque el moreno sabe que esas ideas resbalarán por la mente del rubio, si es que no lo han hecho ya. Restregándole su ineficacia. Su ineptitud.
Fue un inexperto contra Voldemort y por su culpa no sólo había muerto su padrino, sino mucha gente más. Siendo el líder de su División también era un inexperto, pero ésta vez su culpa era la apatía. La desmoralización. La decepción. Era un fastidio que se estaba volviendo eterno.
Joder. No quería estar ahí. No quería a Malfoy ahí, como un maldito recuerdo, como si estuviera en una jodida competencia. Estaba tan bien sin ese maldito hijo de puta, ¿por qué tenía que regresar? ¿Por qué?
Desagradable incordio.
-¿Entonces…?- escuchó. Sus amigos nunca le preguntaban directamente sobre sus reuniones con Robards, sólo hacían esas insinuaciones como si no les importara de verdad. Con una espontaneidad tan artificial, que daba lastima.
-Tengo los resultados del Departamento de la Correcta Aplicación de la Magia. Me los entregaron después de hablar con Robards.- sólo apretó la mandíbula, sin querer mirar al rubio de nuevo y sin desear hablar sobre la reunión previa. Deslizó el pliego de pergamino hacia el centro de la mesa, Seamus fue el primero en tomarlo. –Corroboraron la información. Tanto Sr. Dilmore, Squib y Nimbus muestran la presencia de un encantamiento de censura. Con Nimbus se encontraron con el mismo patrón, pero con Brahms no pudieron identificar nada.-
-¿Qué hay del muggle?- escuchó a Bones.
-Podría extender una orden, pero ya sabemos lo que tiene…- casi podía imaginarse la maldita sonrisa de satisfacción del rubio.
-Bien, sabemos que tienen un encantamiento de censura, pero ¿dice algo que sea de utilidad?- Warren preguntó de nuevo.
Harry se mantuvo en un apático silencio, sólo haciendo un burdo movimiento de cabeza, indicó hacia el irlandés. No le preguntaran a él, allí estaba el maldito documento.
-Sí, la verdad es que sí…- Seamus alzó ambas cejas con gesto sorprendido e indicó hacia el final del pergamino, sin levantar el rostro. –Al inicio se mencionan muchas tecnicismos y formalidades, pero escuchen aquí: "En conclusión, según las características visuales recogidas durante el examen auscultāre, realizadas sobre los tres detenidos identificados como Elmer Sinclair, Mark Carlsson y Rowland Ellis y según lo establecido en los tratados sobre encantamientos mentales, el examen reconoce la anomalía según la clasificación 307, tipo P: Encantamiento de Censura (E.M. Cla307-tipP)".- entonces el irlandés levantó el rostro y los miró a todos, uno a uno, como si quisiera remarcar el importante descubrimiento a continuación. Prosiguió. –"La imagen obtenida (ver anexo2) y cotejada en los tres casos ya mencionados, se describe según el genérico como: figura textil, superior a los 5 acr. de extensión, disposición vertical, coloración azul…", etc. etc. como una muralla.- comentó rápidamente y siguió leyendo. -"Tales anomalías se distinguen por carecer de contra-hechizos estándares. Por el contrario la disolución el encantamiento está ligado y protegido por el autor del mismo, a éste concepto se le denomina Clave."- nuevo silencio y al momento de continuar, moduló lentamente y elevó el tono de voz. –"De acuerdo al examen realizado por la bruja especialista Talbot, el genérico del encantamiento de censura y las huellas mágicas adosadas a él, hacen suponer que la Clave para su disolución estaría ligada a un término oral. Una palabra, usualmente en número singular."-
Seamus levantó la cabeza nuevamente, aunque ya ni siquiera era necesario ese ridículo intento de suspenso. Sí. ¿No lo había aceptado ya? ¡Malfoy tenía razón en todo el asunto del encantamiento! Y para su maldita desesperación, se había enterado después de la reunión con el Jefe de Aurores. Después. Cuán meado de crup se puede estar para tener una suerte semejante.
-Una palabra…- jadeó Demelza. –Malfoy dijo que era una palabra.-
-Sí. Él lo dijo…- pronunció el moreno, en un susurro malicioso para sí mismo.
-"Se recuerda que este término oral, de acuerdo a la figura genérica identificada, correspondería a una única palabra y no a una oración o símil. Ésta puede abarcar cualquier significado, así como cualquier idioma, indistintamente de la comprensión del receptor del encantamiento". Excelente.- bufó Seamus, completamente centrado en el tema. –Puede ser cualquier maldita palabra. En fin. "En muchos de los casos, estos encantamientos de censura están combinados con encantamientos de modificación de la memoria (E.M. Cla185-tipO)".-
-Sigue leyendo, más abajo se menciona a Tamesis y Brahms.- gruñó Harry.
-"De acuerdo a los exámenes realizados, mientras Elmer Sinclair, Mark Carlsson y Rowland Ellis respondieron a los encantamientos aplicados por los magos y brujas especialistas del Departamentos de la Aplicación Correcta de la magia, el detenido identificado como Paul Celestino manifestó alteraciones a nivel mental que hicieron imposible llegar a una conclusión. A pesar de lo mencionado y de acuerdo a lo señalado por la bruja especialista Talbot, no se descartaría que el encantamiento presente en el antes señalado corresponda al ya identificado Encantamiento de Censura (E.M. Cla307-tipP). En el caso del detenido Simon Brahms, todo examen se vio detenido por una fuerte barrera de Oclumancia".-
-Eso hace innecesaria la orden para examinar a Keane.- comentó Ron, Draco no pudo evitar esbozar una tenue sonrisa.
-Malfoy ya lo hizo, así que, para qué…- bufó el moreno, apretando la mandíbula. Pero entonces escuchó las palabras del rubio y Harry, nunca en su prostituta vida de némesis, pensó que escucharía algo semejante salir de su inmunda boca.
-Y estábamos en lo correcto.-
¿Qué significaba eso? ¿Malfoy, el rey de los logros egoístas, haciendo un cumplido?, ¿compartiendo la ganancia? ¿"Estábamos"? ¿Ese era algún intento de consuelo? ¿Un retorcido modo de reírse de él? Algo así como: "Sí, Potter, no hiciste nada pero compartiré contigo un poco de mi superioridad".
Malfoy era así, siempre había sido así. Siempre. Lo detestaba. ¡Lo detestaba!
¡No necesitaba de su "amabilidad" de cuarta! ¡Estaba harto de él!
-No trates de hacerte el humilde, Malfoy.- gruñó Harry. –No "estábamos" en nada, fuiste tú y únicamente tú quien descubrió lo del encantamiento y la maldita palabra… con todas esas malditas habilidades que te preocupas de andar luciendo por ahí. Después de todo, siempre te ha gustado ser el centro de atención.- no había mucho de reflexión en sus palabras, ni en sus actos. De un momento a otro, oscurecida la visión por la rabia, los celos, la impotencia, miró a Malfoy directamente a los ojos. –Nuestro especialista por fin hizo algo de provecho, ¿no?-
-Harry…-
-Por una vez que hagas algo relativamente bien.-
-Harry.- insistió Seamus, pero el moreno no tenía ojos, ni pensamiento para nada más que para el rubio al otro lado de la mesa. Y hundirlo, hacerlo sentir así como él mismo se sentía, era lo único que le interesaba en ese momento.
-Alardea todo lo que quieras, pero si de verdad quisieras ayudar en algo, deberías hacer lo que se te pidió que hicieras y encargarte de las malditas pociones. ¿Entiendes?-
-Ey, Harry, estamos un paso más cerca. No es necesario- ésta vez fue la mujer quien salió a la defensa, pero literalmente el moreno se burló de ella.
-¿Un paso más cerca?- Negó con la cabeza y atravesó los ojos pálidos del rubio con los suyos. -¿Has hecho algo con esas pociones?-
-Aún no tengo resultados.- dijo, sin querer reclamar o justificarse.
"Wow". Era en lo único que el rubio podía pensar, mientras miraba el rostro tenso del moreno. El ceño fruncido, la boca apretada en una línea dura. Las líneas de expresión estaban haciendo fiesta en su cara… ¡Joder, Potter, cómo te envejeces!
Draco más que molesto, estaba sorprendido por lo que veía. El bueno de Potter parecía necesitar desahogarse, desatar todo ese estrés y necesitaba un objeto de odio. Alguien que aceptara y lograra soportar los golpes. Y él estaba ahí, su enemigo de casi toda la vida. Una persona que le importaba lo suficientemente poco, como para castigarlo con su propia frustración. ¿Qué le importaba a él si el rubio salía lastimado? ¿Qué le importaba a Potter si dañaba su amor propio? Le era desagradable, así que… ¿qué importaba?
Desconcertado por lo que tenía delante de sus ojos, Draco mezcló muy íntimamente la rabia y una profunda lastima por el moreno. Como la lástima que se siente por un ignorante. ¿Un Dios muggle no decía, "ten lastima de él porque no sabe lo que hace"? Ahí lo tenía.
La presión sobre el hombre siempre había sido demasiada y al parecer, nunca nadie se había percatado del daño que vivía. De la perturbación. Un huérfano, niño sin infancia, criado bajo el drama de la persecución. Un hombre que parecía obligado a ser auror, conflictuado emocionalmente por su familia, por su pareja, por su trabajo. No quería imaginar qué más estaba mal en su vida. Y eso que era El Héroe, El Salvador… por cómo le iban las cosas, Draco estaba comenzando a pensar que estar del lado perdedor no era tan malo.
-¿Has hecho algo con esas pociones o sólo vas a ver a Neville?- escuchó nuevamente.
-Harry.- Seamus alzó las manos automáticamente en son de paz, pronunciando su nombre con tono de advertencia.
-Regodéate Malfoy, me importa una mierda…- respondió el moreno, mirándolo fijamente a los ojos. Intenso, penetrante, como una colisión hace mucho tiempo esperada. Draco no volvió a abrir la boca. -De cualquier forma no has hecho nada útil.-
Escupió las palabras y para varios en la sala fue un regreso a Hogwarts, diez años atrás. Harry se levantó con brusquedad, casi lanzando la silla a su espalda, ni siquiera tomó los pergaminos o las carpetas que había llevado con él y simplemente se encaminó a la salida.
-Esto se termina, hagan lo que quieran…- entonces salió dando un portazo.
-Mierda.- murmuró Travers. Seamus lo miró un segundo, inseguro sobre lo que debería decir. Luego se giró hacia Malfoy y Cobbs.
-Es Robards… es… es por Robards.- dijo el trigueño.
Draco sintió el exacto momento en que Joseph se giró a observarlo, agradeció que el hombre no le preguntara cómo estaba. No habría sabido qué responderle. ¿Enojado? ¿Nervioso? ¿Avergonzado? ¿Humillado? ¿Tocado? ¿Tocado como cuando lo había escuchado en el pasillo, cuando dijo que él era un desagradable y un incordio?
El rubio simplemente apretó los labios.
El ruido estaba retumbando en sus oídos, más fuerte de que lo recordaba. No sólo era la música o el barullo de la gente, las risas o los gritos alegres, había un ruido de fondo, que parecía estar sólo en su cabeza. Como el chicharreo de una televisión con estática.
La única diferencia es que en lugar de sentir una monótona pasividad, Harry sentía una enloquecedora ansiedad cosquillear su piel, recorrerle el cuerpo. Como si necesitara hacer algo, como si su cuerpo necesitara de algo. Sus manos se movían por si solas, agitando los dedos, tamborileándolos sobre la barra. Su pie derecho golpeteaba el suelo, aunque no se escuchara nada bajo el ensordecedor ruido de la música. Todo su cuerpo parecía temblar. Inquieto. Necesitado.
Era evidente que su cuerpo estaba impaciente… deseoso.
Sacudió la cabeza y se enfocó nuevamente en su ron cola. Esa noche de viernes, la disco lucía llena y alegre, como el paraíso de hombres gay que él había apreciado cuando era soltero. Aunque actualmente, a pesar de estar saliendo con Colin se sentía igual de soltero.
…Y era como una eternidad desde la última vez que había ido a una disco o bar gay, casi podía decir que lo extrañaba. Beber como un descosido, bailar con atractivos chicos anónimos, miradas insinuantes por sobre el borde de los vasos, sonrisas coquetas desde el otro lado de la barra, frotaciones al son de la música y en medio de la multitud.
Suspiró. Harry había estado intentando localizar a Colin desde que llegó a Grimmauld Place, por medios mágicos y muggles, pero nada había resultado. De alguna forma, el moreno supuso que si Colin no se sentía con ganas de contestarle, simplemente no lo haría. Casi se lo imaginaba sentado en el sofá de su casa, junto a la chimenea, ignorándolo. Haciendo oídos sordos mientras sentía las brasas chisporrotear. Sin importarle si él lo necesitaba.
No era difícil preguntarse por qué se sentía tan intranquilo.
Cuando un nuevo chico se acercó hasta él –ya era el tercero de la noche-, Harry prefirió considerarlo como un mensaje divino. Él estaba solo, caliente y eso sería algo de una sola noche. No iba a decir que no.
Intercambiaron un par de palabras y luego se fueron a la pista. Bailaron apenas dos canciones. No hubo palabras, pero sí muchas miradas, muchos roces, mucho tocar. Mucha excitación. Y entonces marcharon hacia los baños.
Era sólo un polvo, no lo llevaría a su casa, ni gastaría más tiempo, ni más dinero de lo necesario.
Sólo un polvo.
Continuará =)
Otro capítulo donde vemos el lado malo de Harry, como si estuviera yendo cuesta abajo en todas las formas posibles… y por supuesto, está llegando a su límite. Sin importarle engañar a Colin y liberando su estrés por el caso, de la única forma que tiene: nuestro precioso rubio. Tal vez parezca reiterativo, pero es necesario que el moreno toque fondo y muestre su completa vulnerabilidad, para que Draco haga su magia =D
¿Me merezco un comentario? =3
