Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son de autoría de la fabulosa Stephenie Meyer quien nos regalo un excelente mundo de fantasía. Yo solo me acredito esta retorcida historia.

ADVERTENCIA: Este capítulo contiene escenas explicitas de sexo y lenguaje adulto. Si eres menor de edad, ¿Qué estás haciendo aquí? Se recomienda escuchar las canciones sugeridas para el capitulo, son realmente hermosas.

¿Alguien pidió acción? Disfruten el capítulo…


Capítulo 14: Revelaciones

Canción del capítulo: Feels like Home - Chantal Kreviazuk

Canción de la gala: Till there was you – The Beatles.

Canción que se escucha en la suite: I've got you under my skin – Frank Sinatra

"El amor no mira con los ojos, sino con el alma"

William Shakespeare

– Estas mesas deben ir en la parte exterior, el pequeño jardín se ve algo apagado. Acompáñenlas con lámparas de antorchas y más decoraciones de flores. – dije mientras recorría el lugar. La Gala Anual de escritores de Swan Editors estaba a tan solo 2 días y aunque pudieran parecer insignificantes, estos serían los detalles que Renee hubiera observado. El montaje de toda la decoración estaba listo, solo necesitaban de mi aprobación final. Como todos los años el gran Civic Opera House de Chicago era la sede del evento. Mi abuelo adoraba la ópera, al venir a Chicago por primera vez quedó encantado con el estilo Neobarroco con el que fue construido el Civic. Cuando la primera gala comenzó a organizarse, él busco la manera de rentar el lugar. No fue fácil convencer al gobernador de ese tiempo pero al final accedió. Y desde ese entonces, cada año la cita es en el mismo lugar, en el gran salón Ardis Krainik.

Estaba satisfecha con la decoración escogida: miles de tulipanes, margaritas, orquídeas, lirios se mezclarían con las protagonistas de siempre: las fresias de mamá. Delicados tules en colores suaves colgaban ya del techo junto a las enormes lámparas de cristal que en su conjunto darían al lugar un aire romántico. Sillas y mesas de estilo clásico, mantelería delicada y cristalería elegante, eran los componentes de un buffet escogido precisamente para la ocasión. La gran tarima seguía el mismo patrón del salón, tules y flores. Sentí un nudo en el estómago al saber que allí dentro de 48 horas debía dar un discurso.

– Vamos abuelo, una ayudita no me hará daño – dije mientras guiñaba el ojo y veía al techo para luego seguir inspeccionando el lugar.

Había pasado casi toda la mañana en el Civic Opera House, avise a Ángela que no iría a la oficina y que cualquier emergencia se me sea notificada al teléfono. La escapada de la oficina era necesaria, no quería llegar allí y ver a Edward después del bochornoso incidente de la noche anterior. Nunca había sentido tanta vergüenza como en el momento en que Edward salió de la habitación y me dejó semidesnuda y sola.

Jamás imaginé que la reacción de Edward sería irse, creí que el hecho de estar con una virgen representaba para cualquier hombre un certificado de hombría. Pero al parecer con Edward nada salía de acuerdo a lo esperado. Podría pensarse que yo era una cualquiera, que con tan solo decirle SI a Edward esa noche era como haber pronunciado las palabras mágicas de: "Ábrete Piernas", igual de fácil que decir "Ábrete Sésamo". Pero ¡Hey!...estaba con el hombre del que me había enamorado y al que mucho antes de decirle SI ya me consideraba su mujer, tal como lo había dicho en New York, así que solo faltaba sellar con hechos el pacto tácito que había entre los dos. Yo estaba bastante consciente que esa noche perdería la virginidad y no tenía miedo, al contrario sentía curiosidad por ello. Ya era tiempo de disfrutar... ¡De vivir!

En la universidad solían llamarme Isabella "Frígida" Swan porque en la residencia universitaria jamás me vieron entrar ni salir con nadie más que no sea Matt al que además consideraban gay. El hecho era que yo mantenía mi vida privada bien "privada", el ser la hija única de una reconocida familia de Washington representaba también guardar cierto código de conducta. Definitivamente no podía acostarme con cuanto universitario caliente se me ponga enfrente. Fue un logro sobrevivir al infierno de la facultad, pero el hecho de ser exitosa en una parte comprometía a la otra. ¡Era una marginada social! Jamás me invitaban a las fiestas de la fraternidad, y las pocas amistades que tenía eran frías e hipócritas.

Fue justamente dentro de esos cuantos hipócritas que conocí a James, el más despreciable ser que jamás pisó la tierra... El causante de mi más grande decepción. Fuimos compañeros durante los primeros meses, compartíamos unas cuantas clases y coincidíamos en horas de almuerzo en la cafetería. Se mostró al inicio como un tipo agradable, preocupado y cortés. Comencé a sentir cosas por James, me sentía bien estando en su compañía. Fue por eso que accedí a unas cuantas citas con él, salidas inocentes que ocultaban sus verdaderas intenciones. La farsa fue descubierta el mismo día en el que él me propuso tener una relación.

Salía de la biblioteca de la universidad cerca de las 7 pm, era algo tarde pero prefería ese horario para visitarla ya que necesitaba completo silencio para estudiar para los finales, el tema era algo complicado, se trataba del periodo Renacentista y la influencia de Los Mecenas en el mismo. Comencé a caminar rumbo a la residencia universitaria cuando lo vi salir de su auto con Jillian, una plástica rubia que cursaba en segundo año de Turismo Local. Me sorprendió verlos en actitud un tanto cariñosa para ser solo "amigos". Me escondí detrás de un poste de luz y los seguí con la mirada, ella se había sentado en el capó del auto mientras que él la sostenía por la cintura. La distancia era mínima y después de un par de sonrisa, James la besó.

Mis ojos no daban crédito a lo que estaba viendo, el mismo James que durante el almuerzo me pidió formalmente ser su novia estaba ahora devorando los labios de la zorra más grande de la Universidad de Seattle. Unos instantes después se separaron y gracias a mi cercanía pude escuchar claramente su conversación:

– Bebe, no soporto la idea que tengas que salir con esa mujer. Es decir, no es fea y no se viste tan mal. Pero es tan simple, ¿Has notado lo flojucha que es? Sus pechos son de tamaño regular y su cabello y ojos tienen el mismo aburrido color.

– Así tuviera un tercer ojo en la frente Jillian, debo fingir que me interesa Bella Swan. Es la heredera de un imperio enorme y no pienso quedarme sin una tajada de esa fortuna. Entiende que esto lo hago por nosotros, a mí tampoco me emociona la idea de besar a la frígida Swan.

– Pobrecito mi bebe, debe ser un sacrificio estar con esa insulsa mujer.

– Si mi amor, una titánica misión. No me imagino lo asquerosa que debe ser en la cama, aunque podría apostar que aun es virgen, no creo que alguien le hubiera hecho ya ese favor. Mártires solo uno... ¡Y soy yo!

No quise seguir escuchando más, comencé a caminar con un paso extremadamente rápido con el único objetivo de largarme de ese lugar. Llegué en un par de minutos a la residencia y me encerré en la habitación a llorar. Al día siguiente no fui a clases, Matt notó mi ausencia por supuesto. Llamó cerca de 25 veces al celular pero ninguna de esas veces le respondí.

Irrumpió en mi habitación casi al caer la noche, no le quise abrir al principio pero amenazó con llamar a mis padres así que termine accediendo. Hable... él me escuchó, llore...él me consoló. Juró que iba a vengarse de James pero yo le hice prometer que no haría nada que pueda perjudicarlo a él y a su beca. Así que sus amenazas quedaron en eso, solo amenazas.

Yo por mi parte y un poco más repuesta, enfrente a James un par de días después. Le dije que no lo quería cerca de mí debido a la conversación que había escuchado. Tuvo el cinismo de negarlo todo, de pedirme casi con lágrimas que no lo deje. Al final de todo su parloteo hice solo una reverencia y aplaudí, ¡Qué gran actor era James!

Las siguientes semanas fueron una verdadera tortura, me veía al espejo y creía todas y cada una de las palabras de Jillian, ella tenía razón yo era solo una insulsa mujer. Matt trabajó mucho conmigo, yo fui su primera paciente. Tardó algún tiempo antes de que yo recuperara la confianza en mí misma, él siempre me recordaba que aunque los demás vieran en mí al simple patito feo yo era en realidad un verdadero cisne.

Es por eso que le debo tanto a Matt, siempre estuvo junto a mí durante esos años, jamás me dejaba sola. Planeábamos sábados de scrabble con atracones de litros de helados y miércoles de películas y pizzas. ¡Éramos como siameses! Después de esa deprimente experiencia no intenté sociabilizar con nadie más, sabía que todos alrededor me veían con el signo de dólar en la frente. Todos eran interesados por el dinero de mi abuelo, ya que ni siquiera era mío. ¡Tontos! Me gradué con honores y estaba feliz, ya que eso también significaba que el martirio se terminaba y pronto regresaba a casa.

Uno jamás está preparado para una tragedia, simplemente sucedió. Uno tampoco está preparado para el amor, simplemente sucedió.

Edward con su penetrante mirada y sonrisa cautivadora me devolvió a la vida luego de 9 meses de vivir en la oscuridad. Al principio pensé que sería como uno más de los hombres que conocí en la universidad, interesado y calculador. ¡Qué equivocada estaba! Edward se había mostrado como todo un caballero atento y amable, algo posesivo y sobreprotector pero eran esos los detalles que lo hacían ser Edward mi perpetuo Clark Kent, de lo contrario sería como uno más del millón ¿No?

Tenía claro a estas alturas mis sentimientos sobre Edward, mucho más fuertes y arrasadores de lo que sentí por James, y completamente diferentes al amor fraternal que tenía por Matt. Y anoche pude comprobar en la mirada de Edward que él me deseaba de la misma manera que yo deseo a él, lo cual me desconcertó aun más al pensar la verdadera razón por la cual se detuvo anoche. ¿Las vírgenes le resultaban repulsivas por su falta de experiencia en la cama? ¿O en verdad quería que la primera vez fuera diferente y especial? ¿Habría acaso alguna otra motivación para no hacerlo?

– Srta. Bella, ¿A la oficina? – dijo Billy mientras encendía el auto.

– Si Billy, a la oficina – suspiré resignada. Tomamos la vía rápida y en solo quince minutos estábamos ya en el edificio. Al entrar sonreí a la puerta, guardiana no solo del tesoro de mi familia sino también del más importante recuerdo de mi corazón. Pasé por planta baja a vigilar los últimos detalles de la construcción de la imprenta ya que en la Gala anunciaríamos su inauguración oficial. Subí unos minutos después a mi piso, todo se veía tranquilo por ser hora de almuerzo. No había señales de Ángela, tampoco las había de Edward.

Encendí mi portátil y revisé minuciosamente y por última vez el discurso que debía dar. Tenía que agradecer a los escritores, editores, prensa y lectores en general. Nada del otro mundo en realidad pero que me tenía al borde de un ataque de pánico. Como todos los años la atracción sería el anuncio de un nuevo lanzamiento, el de esta ocasión era el de la escritora de la saga de vampiros, publicaríamos una excelente novela de ficción basada en seres de otros planetas y almas que se alojan en otros cuerpos. Cuando la leí por primera vez quede fascinada, esa obra debía publicarse.

Debido al recién descubierto talento de Ángela, ella estaba encargada de filtrar los nuevos manuscritos y darles un vistazo general antes de que pasaran a mis manos. Lo estaba haciendo muy bien, tenía plena confianza en su trabajo.

– ¡Manuscritos! – recordé entonces la información que había prometido a Edward semanas atrás. Debía entregarle una copia de los manuscritos originales de la saga para sustentar la defensa de la demanda. Aprovechando la ausencia de todos en la oficina bajé al primer piso donde estaba la biblioteca. La seguridad del lugar era extrema, muy pocas personas sabían la clave de acceso a la puerta de seguridad. El área de acceso de los manuscritos era incluso más segura ya que su puerta solo se abría con el reconocimiento de huellas dactilares.

Llegué a la pequeña habitación y tomé el primer manuscrito, supongo que con presentar el primero sería suficiente. Adjunto a este se encontraba el acuerdo de confidencial suscrito entre mi padre y la autora el mismo que estaba fechado y firmado, otra prueba más que no había plagio alguno. Cerré todo allí y pasé nuevamente por la biblioteca. Un sentimiento de melancolía me embargó, el lugar estaba impregnado de recuerdos familiares. Fotos, cosas personales del abuelo Charlie como su bastón y sus anteojos junto a una foto de la abuela Marie reposaban en el pequeño museo improvisado sobre una repisa. En la parte inferior de la misma descansaban los diarios de mi abuelo, aunque para ser un hombre escribía bastante. Había cerca de 20 pequeños diarios de cuero que en su lomo tenían grabado el año en el que fueron escritos a excepción de los 4 últimos. Me acerqué a verlos con más detenimiento y averiguar el porqué aquellos diarios eran diferentes. Unas pequeñas letras doradas en su lomo rezaban: "Propiedad de Marie Swan".

Me agaché un poco y pasé mis dedos por aquellos delicados libritos con algo de nostalgia, jamás imagine que los diarios personales de mi abuela descansarían en ese lugar. ¿Qué historia se habría escrito en aquellos diarios? Quizás la historia de amor con mi abuelo o su período de embarazo de mi padre. Quise tomar uno y comenzarlo a leer pero eso sería como invadir su privacidad y no estaba bien. Me puse de pie y salí de allí.

De regreso a mi piso, Ángela ya estaba de regreso.

– Ángela, ¿Me puedes hacer un favor? Necesito un juego de copias de este manuscrito, es sumamente trascendental que los trates con cuidado ya que son importantes. En cuanto estén listos me avisas para devolverlos a su lugar original.

– Claro Bella, ¡Los cuidaré con mi vida! – dijo mientras los guardaba en uno de los cajones de su escritorio. Iba de regreso a mi oficina cuando vi salir a Edward del elevador. Aceleré el paso, aun no superaba la sensación de vergüenza, él me dio su característica sonrisa moja bragas y siguió directo a su oficina.

Seguí trabajando en los detalles de la portada del libro que anunciaríamos, estaba quedando perfecta y la autora había quedado encantada con los primeros bocetos. Un sonidito familiar me alertó de un nuevo correo.

Debemos hablar de lo que paso anoche.

Edward.

Suspiré resignada y respondí un simple:

De acuerdo.

Bella.

Unos quince minutos después lo vi aparecer en mi puerta. Absorta, deslumbrada y sin poder de reacción quedé al verlo tan perfecto a mi Adonis. Aun me parecía un sueño. ¿Cómo era posible que un hombre tan perfecto estuviese interesado en mí?

– Buenas tardes – dijo mientras se acercaba a mi puesto. Su cercanía no dejaba de ponerme nerviosa. Sentí sus labios tocar los míos con un suave roce.

– Edward… – dije en cuanto recuperé el aliento, para variar me había olvidado de respirar desde que él había entrado al lugar.

– ¿Dónde has estado toda la mañana? Ángela solo me dijo que estabas haciendo algo importante – dijo sentándose en una de las silla frente a mí.

– Tuve que pasar por el lugar donde será la gala, necesitaban mi opinión y aprobación. ¿Había estado usted preocupado Sr. Cullen?

– Al punto del desquicio Srta. Swan, me vuelve loco no estar contigo todo el tiempo. ¿Imaginas como es cuando ni siquiera sé donde esta mi novia? – Probablemente si hubiera estado bebiendo algo me hubiese atragantado como esa vez en su casa. ¿Su novia? ¡Wow, esas si eran ligas mayores!

– Creo que sería justo entonces que el Sr. Cullen tenga el número de su "novia" – bromeé mientras escribía mi número en una tarjetita para luego entregársela. Lo vi fruncir el ceño.

– Bella, ¿Acaso no te agrada la idea de que diga que eres mi novia? – preguntó mientras guardaba la tarjetita en su bolsillo.

– No… no Edward, lo que sucede es que, esto… ummm… no creí que fuéramos novios. Creí que estábamos "saliendo" solamente. – dije agachando la cabeza.

– Bella, yo nunca "saldría" contigo solamente. Jamás hago las cosas a la mitad, para mi es todo o nada. Y en este caso lo es todo. Tú eres mi novia y punto ¿Lo comprendes?

– Si, lo comprendo. – Comencé a mover nerviosamente el lápiz que tenía en la mano. Sabía que dentro de poco tocaría el tema de anoche.

– Con respecto a lo que sucedió anoche – ¡Mierda! – No debí irme así, lo siento.

– La que debe una disculpa soy yo Edward, sinceramente no sé que me ocurrió. Debió ser el vino – O tus embriagantes besos. Pensé para mí. – Te propongo algo ¿Olvidamos mejor lo que paso?

– Olvidarlo lo dudo porque fue maravilloso, pero si tu así lo quieres – dijo encogiéndose de hombros.

– Yo, yo también creo que fue maravilloso Edward solo que...

– Shhh... Lo olvidamos ¿No? – me sonrió y yo asentí. Me comentó que había pasado toda la mañana en la corte confirmando fechas de audiencias, jueces y jurados. Yo le comenté en cambio que estaba algo nerviosa por el discurso que me tocaba dar, lo vi sonreír y ponerse de pie para asegurar la puerta.

– Se de algo que te puede relajar – con un paso felino se acercó a mi posición y puso sus manos en mi cuello. Lentamente con sus dedos pulgares comenzó a dibujar pequeños círculos. Un pequeño gemido de satisfacción se escapó de mis labios. Me disponía a cerrar los ojos para concentrarme en la sensación de relax que el masaje me estaba proporcionando cuando sentí sus húmedos labios reemplazar a sus dedos. Comenzó a repartir ligeros besos por la base de mi cuello para luego regresar cerca de mi nuca.

– Cielos Bella, eres exquisita – murmuró sobre mi cuello.

– Edward – dije con una voz ronca a causa de lo excitada que estaba. Al parecer el también se encontraba en la misma situación ya que sus labios abandonaron mi cuello para apoderarse de mi boca y sus manos se posaron en mi cintura.

– Debo irme ahora Bella – dijo al separarse de mí. – Nos hablamos más tarde. – Sin más, solo se volteó y salió de la oficina. ¿Qué? ¿Eso era todo? ¡Genial! Si ahora moría a causa de un ataque de combustión espontanea el único culpable era aquel pecado con patas que se acababa de ir de mi oficina.

Decidí retirarme temprano de la oficina, no solo necesitaba urgente un cambio de bragas sino que además no había comido nada en todo el día y no necesitaba una reprimenda de Sue o de Edward otra vez. Al llegar comí algo ligero en el desayunador y me retiré para tomar un relajante baño. Mientras las maravillosas burbujas de la tina hacían su trabajo de alivio, yo pasaba la esponja por mis brazos y estómago, lentamente subí al cuello donde imité los movimientos de Edward de esta tarde.

De solo recordar la maldita escena, un calorcito me invadió ¡Perfecto! Ya estaba excitada otra vez ¡Malditas hormonas! Bajé la esponja con cuidado y masajeé mis pechos tratando así de calmar a mis erectos pezones. Había escuchado sobre la autoestimulación femenina, masturbación, y consoladores pero jamás lo había intentado, al parecer esta vez la curiosidad sería la ganadora de la partida.

Sin saber que hacer o por dónde empezar, comencé explorando mis pechos, dando leves caricias a mis pezones. Una rápida imagen de Edward cruzó por mi cabeza mientras lo hacía. ¡Vaya, eso había incrementado mi excitación aun más! Mi sexo latió de manera dolorosa cuando otra imagen de Edward vino a mi cabeza: Mis manos eran reemplazadas por sus labios mientras yo me aferraba a su cobrizo cabello. Deseché rápidamente la idea mientras soltaba la esponja de baño y trazaba con esa misma mano un delicado camino de espuma hasta llegar a mi sexo sin abandonar la tarea de la otra mano sobre mis pechos. Acaricié delicadamente la parte externa primero. La cantidad de sensaciones eran casi similares a las que Edward me proporciono ese día. Me arriesgué un poco y comencé a jugar con mi clítoris. Wow... Como nunca supe que yo tenía eso que...me hacia...sentir...! Tan bien!

Estaba a punto de hundirme en una nube de placer cuando mi Blackberry sonó. ¡Mierda! Salí de la ducha cubierta de espuma y con un orgasmo a medias.

– Ho...Hola – dije con voz temblorosa.

– ¿Bella? Es Edward... ¿Qué te sucede?

– Nada, nada... Solo estaba tomando un baño. – respondí como pude. Muy oportuno Edward... ¡Muy oportuno!

– ¿Has terminado ya? – me envolví en el albornoz blanco que estaba colgado en el baño y salí de allí.

– Si, ya estaba a punto de terminar – sonreí a causa de la doble connotación de mi respuesta.

– Llamaba para desearte buenas noches, necesitaba escuchar tu voz para dormir tranquilo. Sé que mañana es un día de prensa y vas a estar ocupada todo el día y por lo tanto no podre verte.

– Si Edward, mañana será un día algo loco. Me alegro que hayas llamado, me harás falta mañana – suspiré pesadamente mientras me sentaba en la cama.

– Tengo una sorpresa para ti. – soltó de repente.

– Edward, no me gustan las sorp...

– Apuesto que con esta cambiaras de opinión.

– Lo dudo – respondí dubitativa. ¿Que se le habría ocurrido esta vez?

– Es hora de ir a la cama pequeña, te envió un beso.

– Hasta mañana Edward. – susurré resignada.

– Hasta mañana Bella.

Regresé a la bañera a terminar con el baño pendiente para luego salir y enfundarme en el pijama de seda. Pasé a la habitación de Charlie y lo encontré dormido, Sue quien ahora pasaba más tiempo con él me contó que hoy habían avanzado bastante. Se sentó solo, y aunque de manera bastante débil logró tomar objetos como un lápiz para escribir y una cuchara para comer. Esa tarde había recibido un correo del Dr. Miller quien me comentó que había coordinado un par de citas con especialistas que conocían del caso de mi padre y que requerían un chequeo exhaustivo para las áreas de terapia emocional, física y motriz, y unas cuantas más. Debíamos trasladarnos hasta Mississippi toda la semana siguiente para dichas evaluaciones.

Estaba contenta por mi padre ¿Cómo no podría estarlo?. Pero eso representaba estar lejos de mi novio una semana entera.

"Mi novio"

¡Qué raro se escuchaba eso! Debía mencionarle sobre mi ausencia, si con unas pocas horas estaba como loco no sé cómo sería si no me ve una semana entera.

Al día siguiente, la rutina de siempre. Gimnasio, ducha y desayuno. Tenía un día ocupado, 3 entrevistas a periódicos, 2 en televisión y 2 en revistas editoriales. No sé como sobreviviría a todo eso. Por la noche un pequeño coctel de bienvenida en el Four Seasons con los escritores de otras ciudades. Como todos los años el hotel era reservado exclusivamente para Swan Editores incluyendo todas las suites de lujo.

Decidí usar algo cómodo pero elegante, así que escogí un sencillo vestido Carolina Herrera de la última colección. Lo que me llamó la atención de aquella prenda fue su sutil estampado asiático y el elegante escote en ovalo anidado a un drapeado minúsculo dándole el toque de distinción al coqueto escote pero manteniendo la sobriedad en el punto ideal. Una cinta negra daba el detalle final, sin olvidar mis amados Louboutin y bolso Prada. Después pasé a despedirme de Charlie y partí directo a la oficina. La sala de conferencias era el lugar donde todo el tour de prensa se llevaría a cabo. Cerca de las 9 llamé a Ángela para que estuviera conmigo durante las entrevistas, en verdad necesitaba apoyo moral. Los primeros en aparecer fueron los corresponsables de Chicago Sun Times, seguidos por Chicago Tribune y Reader. A las preguntas relacionadas con la gala se sumaron esta vez las personales sobre todo la del accidente de mis padres. Respondí con firmeza y aplomo a todas, me felicité a mi misma por salir victoriosa de la situación.

Al llegar al medio día era el turno de los reportajes de televisión. WGN–TV y Chicago Access Network, dos televisoras locales presentarían reportajes sobre la Gala y necesitaban mis cortas declaraciones. Hice un alto para almorzar pasadas las 2 p.m. National Editors y Revista Editorial Reed cerraron la jornada un poco más de las 5 p.m. Tuve solo el tiempo suficiente para salir corriendo al elevador y volar a casa a cambiarme para el coctel de las 8 p.m. en el Four Seasons. Elegí un vestido de Odar Shakay, necesitaba algo sobrio pero que fuera sexy y elegante a la vez, así que el ideal era aquel Shakay rosa. Era un mini vestido de un suave tejido brocado brilloso, de mangas largas y escote de ojal en el frente; mientras que del lado posterior gozaba de un pronunciado escote pañuelo desde los hombros hacia el comienzo de la espalda baja, permitiendo que la cascada de tela formara un ángulo atrevido pero refinado a la vez. Los zapatos que completaron el atuendo fueron unos Jimmy Choo a juego con el pequeño bolso, el toque final lo daba el cabello que recogí en un moño alto para de esa manera resaltar el escote del vestido. Una última mirada al espejo y estaba lista para salir.

Para esta ocasión Billy cambió de auto, y me llevó en la limusina negra que pertenecía al abuelo, era una Rolls Royce Phanton muy hermosa pero muy llamativa a la vez, era justo por eso que se usaba únicamente para estas ocasiones. Llegué un poco después de las 8 debido al tráfico, la velada ya había empezado.

Estuve en el lugar cerca de 2 horas, el bar del hotel había sido cuidadosamente arreglado para la ocasión. En cuanto entré reconocí algunas caras, Andrew Hicks de Boston, Lauren Bennett de New Yersey y Robert Marslow de Filadelfia. Habían sido ellos los primeros escritores de nuestra editorial, gente que yo conocía desde muy pequeña, gente que era como mi familia. Tuve la oportunidad de conversar con algunos, unos cuantos estaban sorprendidos por lo rápido que había crecido, otros sorprendidos por mi belleza y elegancia, aunque todos coincidían con mi talento para manejar el negocio.

Después del brindis y unas cuantas palabras de aliento que los escritores compartieron conmigo para la pronta recuperación de mi padre, partí de regreso a casa. Un poco antes de llegar, mi celular sonó.

– Ese vestido rosa Srta. Swan, ¡Debe considerarse un pecado! Que hermosa que te veías esta noche.

– Hola Edward, como... ¿Cómo sabes qué color de vestido estaba usando? – pregunté. – Acaso tú me estabas...

– ¿Espiando? No Bella... Estuve en el hotel haciendo mmm algo, y te vi al pasar.

– ¿Estuviste en el hotel? – inquirí.

– Así es Srta. Swan, es parte de la sorpresa de la que te hablé. En fin – dijo cambiando de tema– ¿Ya vas de regreso a casa? Mañana es el gran día.

– No me lo recuerdes por favor, aun sigo nerviosa.

– Vas a hacerlo estupendo Bella, no puedo esperar a verte por la televisión. – dijo con toque nostálgico, ¿Acaso él no iría a la Gala?

– Tú... ¿Tú no vas a estar allí mañana? – respondí confundida.

– Bella, el evento es para los empleados de Swan Editors. Yo solo trabajo para la compañía, no soy parte de ella. – Tonta, tonta Bella. ¡Se te había pasado por alto pedirle que fuera tu pareja!

– Edward, yo esperaba que quizás tu asistieras no como empleado de Swan Editors sino como mi... – carraspee un poco – novio.

– Sería un placer escoltar a tan hermosa dama el día de mañana. Decirle al mundo que Isabella Swan ¡es mía! – dijo con orgullo.

– Edward, no creo que sea apropiado que hagamos público lo nuestro. No ahora.

– Entiendo, te averguenz...– lo interrumpí.

– Ni siquiera te atrevas a decir que me avergüenza que seas mi novio – lo corregí – Es solo que, no quiero que la prensa desvié su atención hacia mis asuntos personales y la gala pierda protagonismo.

– Lo entiendo pequeña, lo entiendo – concluyó – ¿Paso por ti, o nos vemos en el Civic?

– Sera mejor vernos allá Edward, levantaríamos sospechas si nos ven llegar juntos. – El auto aparcó en el garaje y Billy me abrió la puerta para salir – Debo colgar ahora ¿Nos vemos mañana?

– Espero impaciente las horas Bella, las próximas 24 horas serán una tortura. Te necesito a mi lado – susurró.

– Yo...también te extraño – respondí. – Que descanses Edward.

– Tu también Bella, adiós. – Cerré la llamada y subí directo a la habitación. Debía descansar, el show estaba por empezar.

* EDWARD POV *

Las gotas de agua helada recorrían mi cuerpo como queriendo apagar el fuego interno que llevaba ese rato. No quería siquiera mirar hacia abajo porque sabría que el comando ubicado en la parte inferior de mi cuerpo tampoco se encontraba en una buena situación. ¡Cielos! ¡Lo tenía más duro que la piedra maciza del volcán Kilimanyaro! Jamás había recurrido a la masturbación ya que cada vez que tenía ganas solo me cogía a cualquiera de las zorras que estuviera a disposición y punto. Pero después de la última experiencia con Lauren en el club no me arriesgaba por otra. ¡Tres semanas sin sexo! ¡TRES! Era entendible entonces que necesitara una liberación.

– Vamos amigo, colabora conmigo. No quiero que conozcas a mi amiga Manuela – dije mientras agitaba la mano y me reía por la broma. Estuve un rato más en el baño y luego salí directo a la cama.

Trate de conciliar el sueño pero simplemente no podía, me sentía como un completo imbécil, la había dejado sola cuando tan solo unas horas antes en el restaurante había hecho un pacto conmigo mismo, había jurado protegerla para toda la eternidad ¡Incluso hasta de mi! Pero el saber que Bella era virgen cambiaba completamente el plan, la deseaba con locura ¡Claro que sí! Pero no quería que ella pierda su virginidad de esa manera.

Ni siquiera recuerdo cuando perdí la mía, debió ser a los 15 años con mi novia de turno mientras cursaba el instituto. Lo que sí recuerdo claramente fue haberlo hecho en la casa de sus padres, en el baño de su habitación. Fue la situación más incómoda en la que he tenido sexo en toda mi vida. Mi cabeza golpeaba contra la repisa de las toallas mientras trataba de mantener el equilibrio sobre el pequeño lavamanos. Los próximos encuentros fueron mejorando sin duda pero el recuerdo de la primera vez siempre será el mismo: Desastroso. Y no quería que mi pequeña sufriera lo mismo. Debía hacerlo especial.

A la mañana siguiente la primera parada del día debía ser sin duda la tienda de celulares, después que el anterior pasara a mejor vida por mi ataque de furia necesitaba una herramienta de comunicación de manera urgente. Conseguí uno similar al que estampé contra la pared, y luego de configurarlo salí directo a la corte. La audiencia estaba a pocas semanas y todo debía salir a la perfección. Estuve toda la mañana en el lugar, afinando los últimos detalles y de regreso en la oficina la vi cruzando el pasillo. Un sonrojo asomó por sus mejillas mientras yo le sonreía ¡Como adoraba verla ponerse así!

Supuse que aun estaba nerviosa por lo del día anterior así que me limité a escribirle un pequeño correo electrónico. Pasé por su oficina unos minutos después, ella me pidió olvidar lo ocurrido en su habitación. Pero como podría yo olvidar el sonido de sus pequeños gemidos de placer, olvidar su rostro y sus gestos a causa de la excitación. ¡Ella me pedía un imposible!

– Es una pena Sr. Daniels que no pueda asistir, pero su salud es primero. Voy a pedir la cancelación de su suite en el hotel. Muchas gracias por su llamada. – escuché a Ángela hablar por teléfono mientras yo salía de la oficina de Isabella después de una intensa sesión de besos que tuve que frenar a raya antes de perder el poco autocontrol que aun me quedaba.

– Hola Ángela, ¿Cancelaciones de última hora? – me acerqué a su escritorio.

– Si, uno de nuestros escritores ha cancelado su asistencia a la gala por estar enfermo. Será muy triste no contar con él, debo comunicarme con el hotel y hacer la cancelación de la suite. Es una pena que nadie la use ya que todas fueron pagadas con anticipación. – Una pequeña lucecita se prendió en mi cabeza.

– Ángela, ¿Tú crees que yo pueda hacer uso de esa habitación esa noche? – le pregunté rogando para mis adentros por algo de discreción de parte de Ángela. Lo que me faltaría sería que me preguntara para que la necesitaba.

– No hay problema, no creo que Bella se oponga tampoco. – Abrió su cajón y saco de él una pequeña tarjeta del Seasons. Junto a las tarjetas reposaba en el cajón algo que parecía... ¡No podía ser cierto! ¡Era el manuscrito original de la saga! ¿Qué hacía allí en el escritorio de Ángela? – Solo preséntala en recepción y te dan la llave de la suite.

– Perfecto. Gracias por tu ayuda Ángela – le sonreí y caminé de regreso a la oficina.

Al llegar la noche, y una vez en mi habitación después de una ducha un sentimiento de dejavú me embargó. Fue bastante raro, era la primera vez que me sucedía. Era como si debiera estar en otro lugar en ese mismo momento haciendo otra cosa. Instintivamente tomé el teléfono y llamé a Bella, algo me decía que decía que ella tenía que ver con eso. Ella también salía de la ducha, se la notaba algo... ¿Nerviosa?

Le deseé buenas noches y después de cerrar con ella caí rendido en la cama. Al día siguiente la ausencia de Bella se sentiría en la oficina, había preparado un pequeño tour de prensa debido a la gala y no estaría en todo el día en su despacho. Estuve ocupado gran parte de la mañana, hice una pausa para buscar un café cuando noté que Ángela tampoco estaba en su puesto. Me acerqué hasta su puesto movido por el instinto maléfico que durante años me había dominado y el cual yo creí se había sepultado entre los escombros del muro caído, pero me había equivocado. Aun había vestigios de él en mí.

Me senté en su silla y abrí el cajón. Allí estaba, el primer manuscrito de los libros. Prueba fundamental para el día de la defensa, ahora estaban en mis manos.

Es simple, solo tómalos y llévalos. Con eso hundes a Isabella Swan el día del juicio.

¿No recuerdas el plan acaso?

Gritó una vocecita en mi cabeza. Otra voz rebatió al instante:

No puedes robar los manuscritos, harías daño a la mujer que amas.

¿Quieres hacerle eso? ¿Quieres hacerte eso Edward?

– ¡Maldición!– mascullé. Como era posible que me estuviese enamorando de la mujer que odié durante años y que ahora a causa de eso ya no tuviera siquiera la fuerza de voluntad para seguir mi propio plan. Volví a guardar el manuscrito en el cajón y después de suspirar resignado, volví a mi despacho.

Pasé por el supermercado y la florería al salir de la oficina. Debía preparar la sorpresa que había mencionado a Bella la noche anterior. Llegué al Four Seasons poco después de las 9, fui hasta la recepción y tal como dijo Ángela me dieron la llave de la suite. La habitación 857 tenía una espectacular vista de la ciudad, enormes ventanales decorados con imponentes cortinas resaltaban en la suite. Un amplio recibidor con muebles cómodos formaban parte de la decoración también.

– ¡Perfecto! – dije mientras terminaba de recorrerla. El lugar era realmente acogedor, al menos en esa parte de la suite. No quise avanzar hacia la habitación principal ya que no era necesaria, no esta noche al menos. Dejé todas las cosas en el recibidor de la suite y salí de allí. Al pasar por el bar en busca de la salida, la vi.

Se veía hermosa y segura de sí, sonreía mientras sostenía una copa en la mano y conversaba con una señora algo mayor. Quise acercarme a ella y besarla, pero eso arruinaría su noche. Así que solo seguí caminando.

La llamé de regreso a casa, ella creyó que la estaba espiando. ¡Sin tan solo supiera que en realidad si la había espiado en su propia casa semanas atrás! Me propuso asistir a la gala como su novio pero de una manera algo discreta, pfff yo detestaba las cosas a medias, pero ella se encargó de darme un argumento el cual no pude contradecir.

Las horas pasaban de manera lenta aquel jueves, el día de la gala había llegado. La jornada de trabajo en Swan Editors había sido modificada por esa ocasión. Todos acudirían solo hasta el medio día para luego retirarse a sus casas y prepararse para la noche. Imaginé que Bella estaría algo estresada por los preparativos así que solo envié un mensaje de texto.

Faltan pocas horas para verte...

Edward.

Salí temprano como todo el mundo, tomé una ducha y me preparé. Alice había escogido para mí aquella tarde de compras un elegante traje de Oscar de la Renta, era un smoking negro de corte clásico de dos botones, camisa de botones negros y el elegante corbatín de lazo. Elegante, sutilmente, elegante.

Salí del departamento después de las 7 de la noche. Aun debía pasar por el hotel para dejar todo listo. Esa sería una noche especial para ella y yo estaría allí para hacerla más especial aún. Llegue al Civic Opera House a las 8:30 en punto. Una inmensa alfombra se extendía desde el inicio de la calle Wacker, los vehículos eran acomodados por los vallet parking. Entregué mis llaves al vallet haciéndole prometer que no le ocurriría nada a mi Volvo o podría considerarse hombre muerto.

El Ardis Krainik se veía espectacularmente decorado. Me recordaba un poco al estilo al relato de la escena de la boda en el Palacio de Teseo en el libro Sueño de una Noche de Verano de Shakespeare. Todo alrededor tenía un toque de Bella ¡Etéreamente perfecto! Me mezclé entre la gente, mientras disfrutaba de una copa de vino que tomé de la bandeja de un mesero. El gran salón se quedó en silencio de un momento a otro. Volteé a ver la razón del mutismo colectivo, solo me bastó alzar un poco la mirada y ver hacia donde todos estaban mirando, fue entonces que supe el porqué. En el primer escalón de la enorme escalera, imponente y dueña de una belleza hipnótica esta Isabella Swan, mi dulce Bella.

Lucía un vestido de color aguamarina que la hacía ver como una deidad, la tela del vestido se adhería a su cuerpo como una segunda piel resaltando así cada curva de su cuerpo. Pero eso no era lo más llamativo, el escote delantero era tan provocativo que de seguro tenía babeando a toda la población masculina que asistía esa noche a la Gala. Ya hablaría con Alice luego sobre eso...

La vi descender las escaleras unos segundos después en medio de un aplauso de los asistentes a la gala. Durante el tiempo que le tomó bajar, me acerqué al pie de las escaleras para recibirla. Dejé mi copa en una de las mesas cercanas e intenté hacer contacto visual con ella, cuando me vio esbozó una ligera sonrisa y siguió bajando grácilmente los pocos escalones que le quedaban. Traté de actuar como si mi ubicación en el lugar fuese algo casual y no provocada, así que puse una de mis manos dentro de mi bolsillo y la otra cerca del pasamano de la escalera. Al llegar a mi posición, asintió con la cabeza como dándome permiso. Le respondí con una sonrisa y la tomé de la mano para escoltarla hasta el centro del salón. Miradas curiosas y pequeños cuchicheos nos siguieron todo el trayecto. Sus manos temblaban, mi pequeña moría de nervios.

– Un ángel, esta noche he sido cegado por la belleza de un ángel. Te ves hermosa mi pequeña. – Dije susurrando discretamente a su oído – Lo vas a hacer maravilloso Bella – Apreté su mano para infundirle valor

– Gracias por estar aquí, conmigo. – Me respondió tan bajito que casi era necesario leer sus labios para entender sus palabras. De mi mirada fija en su boca, pasé a hundirme en sus profundos ojos chocolates. Ella hizo lo mismo con su mirada, formamos entonces una burbuja incorruptible, intocable para los demás. Nos habíamos perdido en los ojos del otro desconectándonos así del mundo.

– Siempre, siempre estaré para ti... – dije al percatarme que habíamos llegado al podio donde ella haría su discurso de apertura. La ayudé a subir las escaleras de la impresionante tarima y bajé nuevamente buscando una posición que me permitiera verla todo el tiempo que estuviera allí. Ángela, a la que casi no reconozco al verla en vestido de gala y sin anteojos le entregó una copa. Bella se acercó al micrófono, el momento había llegado.

– Un libro puede significar para algunos un aburrido regalo, para otros un bonito artículo decorativo, para unos cuantos quizás les sirva para nivelar una mesa caída. Pero para todos y cada uno de los asistentes a esta gala un libro representa su vida entera. Bienvenidos a la XXXV Gala Anual de Escritores de Swan Editors. Es un placer contar su presencia esta noche. Esta gala fue creada para recompensar un poco la alegría que los escritores traen a nuestras vida y en la cual editores y lectores nos vemos involucrados creando una simbiosis perfecta. Celebramos esta noche la constancia y tenacidad de aquellos que jamás se han rendido ante la adversidad. Celebramos también el compañerismo y el trabajo en equipo que hacen de Swan Editors una gran familia, mi familia. Y por último y no menos importante por el amor en todas sus formas y dimensiones. Por el que nos impulsa a salir adelante, el que destruye barreras, el nos impulsa a soñar en imposibles. Por estas tres cosas, ¡Salud! – dijo mientras alzaba su copa en mi dirección, yo respondí su gesto alzando la mía – Que disfruten la velada.

El lugar reventó en aplausos, Bella había dado en el clavo con ese discurso, sin duda alguna ¡Lo había hecho perfecto! La verdad de sus palabras me golpeó un segundo después, ella habló del amor que destruía barreras. Yo sabía muy bien de lo que ella hablaba ya que había sido ese mismo sentimiento el que había demolido mi propio muro.

La vi posar para unas cuantas fotos estando aun arriba, la veía manejarse frente a la cámara sin esfuerzo alguno, Bella había nacido para esto. Una voz al micrófono me llevó de regreso a la realidad.

– Como es costumbre, a continuación el principal de Swan Editors escogerá un asistente al azar para abrir el baile de la Gala. ¿Quién será el afortunado esta año de bailar con nuestra querida Bella? ¿Algún empleado de la editora quizás? ¿La suerte será de los escritores o del resto de invitados este año? – la vi bajar las escaleras de la tarima y darme una mirada cómplice. Supe entonces que el elegido había sido yo, su novio pero ahora camuflado bajo el título de empleado de la compañía. Se dirigió al centro del salón con andar delicado y mordiéndose el labio, caminó hasta mi dirección. Cuando estaba a solo unos cuantos pasos de donde estaba yo, su cuerpo se tensó y fijó la mirada en algo a mis espaldas, volteé despacio a ver y enseguida mis puños se crisparon a causa de la ira: Matt Stone esta allí de pie.

Me giré nuevamente y disimulando que no me había afectado la presencia del imbécil, estiré la mano para acortar la distancia entre nosotros. Para contrarrestar mi acción el maldito gusano se colocí junto a mí y esperaba en la misma posición que yo a que Bella se acerque. Ella siguió caminando para disipar con ello cualquier tensión entre los asistentes. Fijó su mirada en el idiota a mi lado, y gesticuló algo que no logré comprender. Enseguida Bella estiró su mano y tomó la mía. Sonreí de satisfacción, el idiota solo bufó en respuesta. ¡Toma esta Stone!

La escolté hasta el centro del salón donde la banda comenzó a tocar una suave balada.

– Yo… no...No pensé que Matt estaría aquí – dijo mientras se apegaba a mi cuerpo y comenzamos a bailar. – El me dijo que…

–Shhh… Lo sé pequeña, lo sé – le dije mientras la tomaba por la cintura y ella colocaba su mano sobre mi hombro. Intenté perder nuevamente en su cautivante mirada pero sus ojos se veían un tanto apagados – Hey ¿Es acaso tristeza lo que veo en tus ojos? – Dije separándome unos escasos centímetros de ella – Esta es tu noche Bella y no voy a permitir que nadie la arruine, ni siquiera tu "amigo"– dije resaltando la última palabra.

– Tienes razón Edward, ya luego hablaré con él. – ella recostó su cabeza en mi hombro y seguimos bailando. Moría de ganas de pasar mi mano por su cabeza y cantarle su nana, la que semanas atrás compuse impulsivamente sobre el piano. Un par de minutos después otras parejas nos acompañaron en la pista, el baile estaba oficialmente inaugurado. La suave balada fue cambiando sutilmente de notas hasta llegar a unos delicados acordes de guitarra. Reconocí al instante la canción de fondo, eran los inconfundibles Beatles.

– Gracias por esto Edward. Si supieras cuanto significa esto para mí, cuanto significas tú para mí ahora. – susurró la ultima parte. Como podía yo decirle lo que sentía por ella si jamás lo había sentido antes por ninguna mujer. Lo único que podía hacer era describirle lo maravilloso que me hacía sentir.

– ¿Quieres saber que significas para mi Bella? Solo presta atención. – dije mientras nos movíamos con un suave vaivén. Me acerqué a su oído y comencé a cantar muy bajito.

There were bells on a hill

But I never heard them ringing

No I never heard them at all

Till there was you

There were birds in the sky

But I never saw them winging

No I never saw them at all

Till there was you

Then there was music and wonderful roses

They tell me in sweet fragrant meadows of dawn and dew

There was love all around

But I never heard it singing

No I never heard it at all

Till there was you

– Oh Edward... Yo te…– la interrumpí dando un beso en su cabeza.

– Shhh, ¿Te parece si tomamos un descanso? Tienes prensa que atender. – dije separándome de ella.

– Esta bien – fueron sus palabras al alejarse de mí. Salí un momento en busca de aire fresco al jardín interior del Civic. Me sentía nervioso ¿Acaso Bella estuvo a punto de decir aquellas tres palabras que ahora no estaba listo para escuchar? Decir te amo no era una pregunta pero sin duda necesitaba una respuesta.

– Siempre en el medio Cullen, siempre en el medio de los dos – escuché decir a mis espaldas unos instantes después, no era necesario voltearme para saber que el entrometido era el dueño de esa voz.

– Habla por ti mismo Stone. – sonreí aun dándole la espalda.

– Maldito el momento que apareciste en la vida de Bella, solo has venido a arruinarlo todo.

– ¿Arruinarlo? – dije sarcásticamente mientras me volteaba a verlo. ¿Me culpas a mí por algo que tú no has podido hacer durante años? – terminé mi comentario entre risas.

– Tu solo la vas a usar, como todos los que han querido estar cerca de ella. Para ti solo representa un apellido, una cuenta bancaria, una empresa que manejar. En cambio para mi Isabella Swan lo representa todo… ¡Todo! ¿me entiendes? ¡Maldita sea!

– Lo siento Stone pero esta noche hay cosas más importantes aquí que presenciar tu estúpido acto de autocompasión. Permiso – lo vi con gesto de desprecio mientras pasaba por su lado.

– No vas a ningún lado Cullen, necesito que dejes a Bella en paz. Ella no puede estar contigo...– dijo agarrando la chaqueta de mi traje.

– Suéltame desgraciado – respondí mientras lo agarraba de la solapa de su chaqueta – Tu no me vas a decir a mí lo que tengo o no tengo que hacer. Eres tú el que se debe alejar de Isabella – espeté con furia.

– ¿Ah sí? ¿Y porque debo ser yo quien dé un paso a un lado? Yo conozco a Bella hace muchos años, he estado con ella prácticamente toda su vida y no voy a permitir que ningún recién llegado me quite lo que es mío. – Dijo mientras me soltaba y trataba de arreglar su chaqueta.

– ¿Lo que es tuyo? Permíteme reírme Stone, Isabella jamás ha sido, ni será tuya. Porque ahora Bella es mía – lo vi acercarse nuevamente a mí con ganas de atizarme un golpe.

– ¿Que está sucediendo aquí? – Escuché a Bella decir mientras entraba al jardín. – Matt ¿Qué estás haciendo? ¿Están locos? Por Dios del cielo, ya basta de riñas entre ustedes dos.

– Bella – dijo Stone bajando el puño que aun sostenía en alto – Creo que tu "invitado" ha bebido demás, está diciendo tonterías.

– Si decir tonterías es admitir que Bella está conmigo, pues sí… ¡Soy el tonto más grande que jamás ha existido! – dije en son de burla.

– Bella, es... ¿Es eso cierto? – dijo refiriéndose a Bella.

– Si Matt, Edward no ha dicho ninguna tontería, él y yo estamos juntos.

– Isabella, tú no puedes estar con este hombre. ¿No te das cuenta? El es como James, o como cualquiera de los otros imbéciles que te busca por lo que tienes y no por lo que eres. ¿Es que no lo entiendes?

– Matt, el que no está entendiendo aquí eres tú. Edward está en mi vida ahora y no hay nada que puedas hacer para cambiarlo. Te adoro Matt, con el alma. Eres como mi hermano, pero si no toleras esta realidad –hizo una pausa– creo que me sentiré muy decepcionada de ti. – mi pequeña agachó la cabeza, inmediatamente me puse a su lado y la abracé por la cintura. No por mostrar posesión, sino mas bien protección.

– Será mejor que entremos Bella, hace frio acá afuera y deben estar buscándote. – dije apegándola aun mas a mi cuerpo y animándola a caminar.

Al llegar al salón la solté de forma discreta, ella sonrió a unos cuantos invitados alrededor y se dirigió donde estaba Ángela quien le hacía señas desesperadas para que se acercara a una de las mesas de adelante.

Las luces del salón se apagaron lentamente y la estancia quedo a oscuras. Una pantalla descendió del techo y una colección de imágenes se comenzó a proyectar en ella. Al principio no reconocí quienes eran porque eran fotografías algo antiguas hasta que vi la foto que estaba en la oficina de Bella, la del matrimonio de sus padres. Una voz en off comenzó a hablar, era un pequeño homenaje que los empleados de la compañía habían preparado para los padres de Bella, en memoria de su madre y por la pronta recuperación de su padre. Lamenté entonces no poder estar cerca de ella, debía sentirse tan mal al recordar esas imágenes. Después de las fotografías de sus padres en sus primeros años de matrimonio apareció la foto de un pequeño bultito en una cuna. Era mi pequeña Bella.

Hermosa desde bebe, las fotos iban enseñando sus progresos junto a sus padres. Sus primeros pasos, su primer diente caído, su primer dibujo en la escuela, su primer par de patines. Se veía en los ojos de sus padres que Bella era su orgullo, y como no serlo si se había convertido en una hermosa y talentosa mujer. La voz en off finalizó agradeciendo a Bella por la maravillosa gestión de casi 10 meses en Swan Editors y le garantizaban su total apoyo y respaldo. Ella solo se puso de pie y agradeció con un beso a la audiencia.

Los anuncios de la inauguración de la imprenta y del lanzamiento del libro de la Gala llegaron justo después de la cena que estuvo deliciosa, las habilidades de Bella cada vez me sorprendían más. Excelente gusto para vestir, exquisito gusto al comer. Me sentía orgulloso por ella, tantas semanas viéndola trabajar hasta tarde había rendido sus frutos. El baile se reanudó mientras ella compartía con un grupo de asistentes de la gala. Vi la hora, eran las 12 p.m. Algunos ya se habían retirado por ser día laborable al día siguiente. Me acerqué discretamente para decirle a mi pequeña cenicienta que era hora de irnos.

– Ha sido una gran noche pero es hora de irse – dijo mientras se despedía de sus invitados – Voy a decirle a Ángela que avise a Billy que aliste el auto. – comentó alejándose del grupo de personas con las que estaba.

– No Bella, yo le he dicho a Billy que esta noche yo te llevo a casa. El ya se ha ido hace una hora.

– ¿Ah sí? Vamos por tu auto entonces. – me regaló una sonrisa.

– Voy a pedir al vallet parking que traiga mi auto, nos vemos afuera en 10 minutos.

– Mejor, así aprovecho a despedirme de algunos.

Salí en busca de mi auto, debido a la amenaza de muerte que le había hecho al muchacho que estacionó mi auto, habían dejado al Volvo en un área bastante accesible. Estuve listo en menos tiempo del esperado, después de unos minutos Bella salió del Civic y de manera cauta subió al auto. Ella no se fijó, pero entre los arbustos que se encontraban cerca de la puerta de salida del edificio una figura masculina resaltaba entre las sombras: Matt

– Edward, ¿A dónde vamos?– Preguntó al ver que no estaba tomando el camino al área residencial.

– ¿Recuerdas la sorpresa? Pues vamos a eso. – La mir´w aprovechando que la luz roja nos tenía detenidos.

– ¡Oh! – dijo para después morderse el labio.

– Me vuelves loco cuando haces eso Bella – Sin pensarlo, aflojé mi cinturón de seguridad y me abalancé hacia ella para besarla, no era un beso salvaje ni lleno de pasión. Fue más bien como el reencuentro de dos viejos amigos: sus labios y los míos que había permanecido tanto tiempo el uno sin el otro. – No sabes cuantas ganas tenía de besarte y abrazarte durante la Gala. Detesté no poder hacerlo – le susurré al oído.

– Lo sé Edward, yo también me sentí igual. Gracias por ser tan compresivo con eso – nuestra pequeña burbuja se rompió cuando las bocinas de los autos nos indicaron que la luz del semáforo ya había cambiado de color.

Llegamos al Four Seasons cerca de las 12:30, la actividad del hotel había bajado considerablemente y solo unas cuantas personas se encontraban en el área del lobby que unía con el bar.

Subimos al noveno piso que era donde la suite se encontraba, en silencio salimos del elevador y antes de deslizar la tarjeta por la cerradura le pedí que cerrara los ojos. Ella, un poco reticente a mi petición alegó que no le gustaban las sorpresas, no me tomó mucho convencerla ya que a los pocos segundos accedió y cerró sus ojos.

Al entrar el delicado aroma de sus fresias inundaron el lugar, la tomé de la mano guiándola al centro de la suite y le dije que abriera los ojos.

– Que... ¿Qué es esto? – tartamudeó un poco a causa de la sorpresa. Esa noche antes de ir a la Gala había pasado por la suite colocando diez bouquets de sus flores en diez puntos estratégicos del lugar. En el medio del recibidor había colocado el bouquet más grande, descansaba sobre una mesita alta donde había dejado también mi ipod con sus parlantes. Lo encendí enseguida y de él salió una delicada balada. Sin que ella lo notara me moví rápidamente y del mini bar de la suite tomé una botella de champagne y dos copas.

– Esta es mi sorpresa pequeña – dije acercándome nuevamente – Quería brindar contigo por el éxito de esta noche. Has deslumbrado a todos, y eso me incluye en primer lugar. – Abrí la botella con destreza y serví las dos copas.

– Wow, Edward...yo no me esperaba esto. Eres...

– Soy tu novio Bella, el que desde ahora en adelante te consentirá y te protegerá. – Le entregué una copa y ella me sonrió – Por el futuro – dije alzando mi copa.

– Por el presente – fue su turno de corregirme. Le respondí con una sonrisa y bebí de mi copa. Ella al parecer esta sedienta ya que se bebió la suya en segundos. La dirigí hasta la pequeña sala y donde ella aprovechó a echarse en uno de los muebles, el más grande y mullido de los que allí se encontraban. Al sentarte delicadamente subió las piernas y se quitó los zapatos. No había notado lo inmenso de sus tacones hasta ese momento, ¡Rayos! ¿Cómo logro sobrevivir con eso toda la noche? Sonreí al ver la cara de alivio que puso cuando los lanzó atrás del sofá.

– No me mal interpretes, estoy acostumbrada a usar tacones, pero unos Prada de 12 de centímetros pueden ser realmente matadores si los usas muchas horas seguidas estando de pie. – Dijo mientras hacía una divertida mueca.

– Debes estar realmente agotada, ven – dije cuando me senté a su lado. Ella se acercó y me abrazó por la cintura. ¡Dios, cuanto había extrañado su calor! Al tenerla así tan cerca no pude sino llenar mis pulmones de su droga, su adictivo aroma a fresias y chocolate. – ¿Deseas más? – pregunté.

– ¿Ah? – me respondió confundida.

– ¿Deseas más champagne? – agité un poco la botella que tenía en mi mano para que ella notara de lo que yo estaba hablando.

– Si por favor – Ella enderezó su postura nuevamente y bebió de la copa que le serví. Por los siguientes 10 minutos ella me habló sobre la gente que había vuelto a ver en la Gala, sobre los nuevos escritos que sus escritores estrellas traían entre manos. Bella Swan era una mujer apasionada por la literatura así como yo lo era de las leyes.

– Oh, lo siento Edward, creo que monopolizado la conversación. Generalmente no hablo mucho, debe ser a causa de esto – dijo mostrando su copa nuevamente vacía. Al fondo, mi playlist cambió de artista brindando esta vez la poderosa voz del señor Frank Sinatra.

– ¿Me concedes este baile? – le dije poniéndome de pie y ofreciéndole mi mano.

– Si, dame un segundo. Voy en busca de mis zapatos y...

– No es necesario, ven – la ayudé y alzándola por la cintura la llevé al centro de la estancia. Delicadamente la coloqué sobre mis zapatos y comencé a guiarla en un suave vaivén.

I've got you under my skin

I've got you deep in the heart of me

So deep in my heart, that you're really a part of me

I've got you under my skin

I've tried so not to give in

I've said to myself this affair never will go so well

But why should I try to resist, when baby will I know so well

That I've got you under my skin

Comencé a repartir pequeños besos en su cabeza y luego en su frente, de allí bese sus ojos que se mantenían cerrados y posteriormente bese el lóbulo de su oreja izquierda, dejé sus labios al final. Cuando iba a hacerlo sus ojos se abrieron y los vi llenos de lágrimas queriéndose derramar.

– ¿Hey pequeña que va mal? – le dije tomándola del rostro. Ella entrelazó sus dedos en mi cuello y negó con la cabeza.

– No hay nada mal Edward, es solo que... Todo esto es...perfecto. Tu eres perfecto y yo solo soy... – un potente sentimiento me golpeó mientras acallé sus palabras con un beso. Ella hablaba de lo perfecto que era yo, sin saber en realidad el monstruo que yo era. El hombre que había llegado a su vida para destruirla y que ahora no hacía más que burdos intentos para tratar de redimirse por todo lo que había hecho. Rompimos nuestro beso en busca de aire y Seguimos bailando mientras disfrutábamos de ese corto momento de eternidad que el viejo de los ojos azules* nos estaba brindando.

I'd sacrifice anything come what might

For the sake of having you near

In spite of a warning voice that comes in the night

And repeats, repeats in my ear

Don't you know you fool, you never can win

Use your mentality, wake up to reality

But each time I do, just the thought of you

Makes me stop before I begin

Cause I've got you under my skin

Al finalizar la canción, la tomé en vilo nuevamente y la regresé al sofá. Entrelacé sus dedos con los míos y besé su mano suavemente, ella colocó su otra mano en mi mejilla y la acarició. Nuevamente la vi morderse el labio en el gesto más inocentemente erótico que jamás había visto. Bella estaba determinada a romper con mi autocontrol esa noche.

Mi intención no había sido preparar la suite para tener sexo con ella esa noche ¡Claro que no! Yo solo quería disfrutar de un momento tranquilo con mi Bella y ahora enfrentando un gran dilema de mente vs cuerpo no sabía si lograría sobrevivir a esa noche sin terminar en la cama con ella. La vi sonreírme y elevar mi otra mano a la altura de su cuello donde percibí su pulso latiendo a mil.

Acorté la distancia que nos separaba y nos fundimos en un nuevo beso, que al principio fue dulce y tranquilo pero que con el paso de los minutos fue ganando intensidad. Abrió sus labios dándole paso a mi lengua para entablar así una lucha donde ambos salíamos ganadores. Mis curiosas manos se deslizaron por sus hombros hasta llegar al nacimiento de sus pechos. Sin descuidar mi tarea de besarla acaricié uno, se sentían tan suaves al tacto. Me arriesgué y tomé uno entre mis manos, como lo descubrí aquella primera vez en el granero su tamaño era perfecto para mi mano, definitivamente había sido diseñado para mí. Froté su pezón delicadamente el que respondió al instante poniendo erecto, como si tuviese conexión directa con mi miembro éste también se puso en igual situación.

El beso seguía ganando intensidad, ella había entrelazado sus dedos detrás de mi cuello e intentaba ahora aflojar el corbatín de lazo que me había puesto esa noche. La removió con sutileza y aflojó su agarre en mi cuello para luego dejar descansar sus manos en mi pecho.

De una manera muy sutil Isabella Swan me estaba seduciendo al pasar sus delicados dedos por los botones de la camisa. No sabía si era a causa de la falta de sexo o de su inocente forma de tratar de desvestirme pero para esas alturas ya estaba más prendido que vela sobre pastel de cumpleaños.

Mientras que yo seguía deleitándome con el dulce roce de su pecho en mi mano y su intoxicante sabor en mi boca, la sentí gemir sobre mis labios en el momento que me aventuré a dar a su gemelo un trato similar. Llegado a ese punto sabía que no habría marcha atrás así que era tiempo de pararlo todo aquí.

– No Bella, yo no...– me alejé un poco, ella me interrumpió poniendo un dedo sobre mis labios.

– Shhh Edward, yo sé lo que estoy haciendo. Y quiero que seas tú. – Así, de frente y sin anestesia ni preparación previa mi pequeña pedía que fuese yo el que tomara su cuerpo por primera vez.

– Bella, yo no quiero que esto sea así. Debe ser perfecto para ti y...

– Ya es perfecto Edward ¿No lo has notado aún?

– ¿Por qué yo? – la cuestioné acariciándole una mejilla. Ella bajó mi mano que descansaba en su mejilla para situarla en medio de su pecho, justo en el corazón.

– Porque siento que estamos destinados el uno para el otro Edward. – ¡Maldito imbécil! ¿Cómo pudiste pensar si quiera en dañar un alma tan pura como la de Isabella Swan? Ella no había tenido la culpa de algo que sucedió incluso antes de que naciera su padre. La volví a besar con adoración, disfrutando cada instante, cada sensación.

– ¿Segura? – le pregunté al separarme de ella una vez más.

– ¿Tu no? – me respondió sonrojada. Me quede en silencio, Edward Cullen siempre estaba listo para un buen polvo, pero esta vez era distinto. Había una sola cosa que sabía que no dejaría de atormentarme todo el tiempo que estuviese con ella: La culpabilidad.

– Solo quiero que este segura de lo que estás haciendo Bella – respondí y esperando con ello que Bella cambiara de opinión.

– Tal pareciera que el virgen acá es otro – bromeó – Estoy completamente segura de que es contigo con quien quiero que sea Edward. – dijo ya en un tono un poco más serio finalizando con un puchero. ¿Cómo podía yo negarme a una petición así?

Delicadamente la tomé en brazos al estilo novia y la llevé a la habitación de la suite. Una cama king size vestida con un delicado edredón blanco nos esperaba. Bella tenía razón, el lugar era perfecto, la situación era perfecta, ella era perfecta.

La dejé sobre la cama mientras me sacaba los zapatos y la chaqueta, ella miraba expectante cada uno de mis movimientos. Me acerqué nuevamente y la ayudé a sentarse en posición de sirena, no había reparado hasta ese minuto que su vestido tenía una abertura inmensa en la pierna ¡Le llegaba a la altura de las caderas! Ya me encargaría luego de hacer desaparecer ese vestido, Bella no podía usar ese tipo de atuendos de ahora en adelante definitivamente, nadie más que yo debía tener el privilegio de ver esas infinitas piernas… ! Nadie!

Tomé su rostro en mis manos y la besé dulcemente. Ella comenzó a desabotonar mi camisa con un poco de torpeza, mi pequeña estaba algo nerviosa, lo noté por el ligero temblor en sus dedos. Terminó con el último botón y levantó nuevamente las manos para acariciar mi rostro. Había llegado mi turno, uno de nosotros tenía más ropa que el otro.

Lentamente deslice el tirante derecho de su vestido descubriendo así la belleza oculta debajo de él. No tardé en repetir la acción del otro lado y tener así el panorama completo. Sus pechos se mostraron a mí en ese momento como dos preciosos regalos, sus pezones rosados y erguidos me invitaban a perderme en ellos.

– Hermosos...Perfectos… ¡Y míos! – dije mientras los acariciaba. Unos pequeños gemidos de satisfacción y su cabeza echada hacia atrás eran los claros indicios que Bella disfrutaba de mis caricias. Me acerqué a ellos y comencé a besar uno primero sin desatender con mi mano a su gemelo. La piel de Bella era tan suave en esa parte y su olor a fresias era más concentrado allí. Me aventuré a lamerlos muy despacio; disfrutando...sintiendo. No tardé en comenzar a succionar uno de ellos, la sensación era indescriptible. Me aferré a su pecho y sorbí de él como un sediento al encontrar un oasis en pleno desierto, así…así de necesitado estaba yo de mi pequeña Bella.

Sus gemidos comenzaron a hacerse un poco más fuertes. Pronto no sería suficiente así que después de besar, lamer y mordisquear su otro pezón, deslicé mi mano por la abertura del vestido hasta llegar a sus bragas.

– Dios Bella, estas empapada – dije al pasar mis dedos por su sexo. Levanté la parte inferior del vestido y lo dejé a la altura de su cintura. Le extendí mis manos para ayudarla a ponerse de rodillas sobre la cama.

– Alza los brazos – obedeciéndome en silencio la despojé de su vestido, quedé maravillado al instante al ver su cuerpo ¡Era hermosa! Su diminuta cintura hacia el juego perfecto con sus caderas. Sus piernas níveas se veían aun más hermosas bajo la escasa luz de la habitación.

Ella aprovechó el momento de deslumbramiento que había ocasionado en mí y me despojó de la camisa. Bajó sus manos por mi pecho hasta alcanzar la hebilla de mi cinturón, la tomé por las manos y juntos nos deshicimos de él, quería compartir con ella cada movimiento, cada experiencia. No podía dejar de admirar su belleza, mi diosa, mi Bella. Me levanté de la cama para quitarme el pantalón y el bóxer y liberar así al prisionero dentro de mis pantalones. No me había fijado hasta ese momento lo duro que estaba. Vi en la mirada de Bella, algo de temor y asombro. Al parecer no había visto un pene ni en lámina educativa.

– Bella, si quieres podemos parar aquí. No pasa nada – dije tomándola del rostro y besándola en la frente.

– Tómame Edward, quiero ser tuya – respondió en un susurro.

La recosté nuevamente en la cama, y me ubiqué despacio sobre ella. Recorrí con besos la curva de su cintura queriendo con ellos borrar la culpabilidad que me embargaba en ese momento. Era como si Dios ofreciera su más preciado regalo para un pagano como yo, un simple villano que convertiría a la más hermosa niña en una mujer completa... En mi mujer.

Al llevar nuestra relación a un plano físico, ella sin duda sentiría dolor en su maravilloso cuerpo, pero a mí me dolería el alma.

Debía ser cuidadoso con ella, como si se tratara de una delicada flor ya que para ella sería su primera vez con un hombre. Para mí también era mi primera vez de cierta forma, para mí esta sería la primera vez con una verdadera mujer.

La última prenda que la separaba de su completa desnudez fue removida unos segundos después. Nuevamente tuve el placer de ver su sexo, lo toqué como para asegurarme de que era real lo que estaba viendo, lo que estaba viviendo. Acerqué mis labios a su sexo y lo besé con devoción. Ella aferró sus manos en mi cabello disfrutando de la sensacion. Pasé mi lengua por cada pliegue, por cada centímetro marcándolo así como mío. Al frotar su clítoris los gemidos aumentaron, su rostro estaba distorsionado de placer.

"Te has rendido, has sucumbido ante Bella Swan, pero la tarea no está completa"

Una molesta voz habló en ese momento en mi cabeza, ella tenía razón. Había una última cosa que hacer para sepultar la culpabilidad: una llamada telefónica. Intenté desconectarme ese momento del mundo tal como Bella lo había hecho, se había abandonado en la nube del placer y yo debía hacer lo mismo.

Muy despacio introduje un dedo en ella, estaba realmente mojada y lista. Yo tampoco podía esperar más, pero debía asegurarme de que mi pequeña sintiera el menor dolor posible. Introduje en ella un segundo dedo y comencé a moverlos con lentitud. Ella mordía su labio tan fuerte que tenía miedo de que se lastimara si seguía haciéndolo. Me concentré nuevamente en mi tarea y moviendo con pericia mis dedos la llevé al cielo en ese instante. El interior de su vagina dejo prisionero a mis dedos por un momento y ella se corrió de una manera increíble. Me incliné nuevamente y la absorbí por completo ¡Era exquisita! Llevé mis dedos a mi boca y disfruté así hasta la última gota. Mi miembro gritaba por atención, allí recordé un pequeño detalle.

– Mierda, no tengo condones. Yo no vine preparado para esto y no... – Dije con intenciones de salir de la cama en ese momento.

– Tomo la píldora – me dijo en un susurro.

– ¿Qué? – respondí absorto.

– Que tomo la píldora. Regula el ciclo y controla las h... Bah, son cosas de mujeres – sonrió y me atrajo hacia ella. – Edward, quiero sentirte…déjame sentirte dentro de mí.

– Esto va a doler un poquito pequeña – dije posicionándome entre sus piernas mientras besaba sus pechos una vez mas

– Estoy lista – dijo cerrando sus ojos. Di un suspiro y ubiqué mi miembro en su entrada.

– Bella mírame, quiero ver tus ojos cuando te haga mía. – ella abrió al instante sus ojos mientras yo me iba abriendo camino en su estrecha cavidad. – Mi Bella… mi pequeña – dije despacio mientras acariciaba su rostro.

Al sentir que había llegado a su pequeña barrera, ella asintió.

- Esta bien Edward, hazlo…soy tuya…

Tomé un respiro y me introduje del todo. Un pequeño grito ahogado salió de su boca y sus ojos se llenaron de lágrimas. ¡Mierda no había sido lo suficientemente suave!

– Shhh, pequeña. Lo siento, lo siento...haré que el dolor se vaya– dije al besarla en la frente y posteriormente los ojos. Yo por mi parte también estaba asustado, había dañado a mi pequeña, le había causado dolor. Jamás había desvirgado a ninguna mujer y no sabía cómo actuar. Solo me quedé muy tranquilo dentro de ella esperando por una reacción. Un instante después ella asintió levemente con su cabeza permitiéndome así continuar.

Comencé con leves movimientos, disfrutando del vaivén de nuestros cuerpos y dejando que su interior se acoplase a cada nueva intromisión que yo le estaba proporcionando. Lo que antes fueron sollozos de dolor ahora eran gemidos de placer. La acerqué más a mí rodeándola por la cintura y besé sus labios mientras la hacía mía, como tantas veces soñé desde que la conocí.

– Edward...Edward – decía entre jadeos.

– Mía, mía… Mía... – repetía como un mantra. Acaricié sus pechos por un momento para luego besarlos. Mis embestidas ganaron en fuerza con el paso de los minutos, Bella era tan estrecha que yo no demoraría en correrme y quería hacerlo junto a ella. Siseó de placer en cuanto sintió mi pulsante miembro en su interior aumentar la velocidad de las embestidas.

A pesar de todo lo que yo estaba sintiendo en ese momento, debía ser también realista, si quería que mi pequeña Bella sintiera todo el placer que yo estaba dispuesto a darle, tenía que darle un poco de ayuda. Sé que aunque no me lo decía, ella estaba asustada, insegura y con miedo de hacer algo mal, necesitaba hacer que se relajase y se olvidara de todo lo demás para que pueda sentirme. Bajé una de mis manos que descansaba en su pecho para situarlo en su clítoris y comencé a acariciarlo lento, con mimo, como si ese pequeño botoncito de placer fuera de cristal y pudiese romperse. A medida que mis caricias aumentaban, le susurre al oído:

– Relájate pequeña, y disfruta de este momento, nuestro momento. No sabes lo hermosa que eres, y todo lo que ocasionas en mí – La sentí tensarse alrededor de mi miembro, ya estaba cerca. – Vamos pequeña vente, vente conmigo mi Bella – le pedí. Un poderoso temblor recorrió su cuerpo mientras llegábamos a la cima juntos. Yo exploté en su interior llenándola de mi semilla. Oficialmente esa noche Bella se había convertido en mi mujer.

Por los siguientes segundos nos quedamos en silencio, tratando de regresar nuestras agitadas respiraciones a la normalidad.

– Gracias, por permitirme ser el primero – y esperaba desde ese momento ser el único por el resto de su vida. La besé nuevamente de manera dulce y delicada, al terminar el beso salí despacito de ella y me dejé caer a su lado. La atrajé hacia a mí y besando su cabeza la acurruqué en mi pecho. La molestosa voz comenzó a parlotear en mi cabeza nuevamente. No debía perder más el tiempo.

Pase mi mano delicadamente por sus rizos unos minutos después, sentí el ritmo de su respiración ralentizarse un poco, noté entonces que mi Bella se había quedado dormida. La removí despacio de nuestro abrazo y me levanté. Tomé una de las sabanas que se encontraban al borde de la cama y envolviéndola a mi cintura, salí de la habitación al recibidor con mi pantalón en mano, no sin antes ocuparme de cubrir a mi pequeña con el edredón.

La decisión había sido tomada en el mismo momento en que Bella había ofrecido su cuerpo como un santuario para mí, así que era cuestión de hacer la única cosa que me impedía disfrutar por completo la felicidad que sentía esa noche. Fui hasta el mueble donde nuestras primeras caricias habían tomado lugar. Me senté y tomando de uno de sus bolsillos del pantalón mi celular, marqué.

– Hola Tanya? El plan se cancela a partir de este momento. Necesito que retires la demanda contra Swan Editors mañana mismo – Sin espera a una respuesta del otro lado, solo cerré la llamada y me puse de pie para regresar a la cama junto a Bella.

* Sobrenombre cariñoso con el que el público conocía a Frank Sinatra.


Hola! El capitulo esperado ha llegado y de qué manera. Ha sido un capitulo largo pero uno de mis favoritos hasta ahora. Sorpresas con Bella y Edward ¿no?

Una cordial bienvenida a todas mis nuevas lectoras, muy contenta que les guste la historia. A mis chicas favoritas un saludo también: Ninna Cullen, Marchu, Joli Cullen, Cullen Vigo, Gabisita Black, .Cullen, V, Arianna Mansen, Aredhel Isile, KaroLiiz, VivPatCullen, Li, Felicytas, Diana, Sianita, Yzza, DianElizz, Zujeyane, L'amelie, Claugan2009, Edward-Bella-Mason, Ericastelo, Naobi Chan y Lorenalove.

No hace falta decir que estoy completamente abrumada por todos sus reviews y alertas, el capitulo anterior supero todos los capítulos anteriores así que veamos cómo nos va con este.

A mis chicas favoritas, el Team Twisted: Isita quien desde Toronto esta beteando y aportando con ideas para el fic. Vivi, la que mas aguanta mi neurosis jejeje amiga como siempre perfecto el vestuario mis personajes chics están pensando en contratarte de por vida. Esther, gracias por la ayudita extra de beteo en el lemmon, eres un amor! Gaby: Acida pero hermosa a la vez, reconoces algunas frases aquí? Si! Son de tu autoría. Te adoro mi prima bella y para la próxima no te me asustes tan fácil. Al equipo se ha unido en este capítulo Ninna, cielo millón gracias por tu ayuda con los temas en los que me siento perdida. Gracias por tu apoyo y recuerda que somos del Team Babosas Romanticas jejeje

No falta decir que las fotos de la Gala y del vestuario están en mi perfil (recomendación ver el de Edward *babas*) cortesía de mi genia en vestuario Vivitace quien además es una talentosa nueva escritora. Su fic Intriga Desmedida me tiene con los nervios de punta, excelente historia que les recomiendo leer. El link lo encuentran en mis favoritos.

Siguiente capítulo: el miércoles. La cosa se empieza a poner calientita desde acá, tanto en trama como en acción.

Un beso y las leo en los reviews!