"Quiero hablar contigo" decía el mensaje que recibió el peliazul de parte de Sawamura. Por lo que al acabar las clases, antes de el entrenamiento de la tarde se reunieron a las afueras de la preparatoria.
"Hola, ¿acaso te me vas a declarar?" preguntó serio el más alto, aunque lo decía completamente en broma. "¿¡Qué estás diciendo!? ¡Claro que no!... tengo que dejarte en claro algunas cosas. Primero que todo, no me gustas, segundo n-no me he acostado con nadie más q-que con Kazuya..., tercero él solo ha estado conmigo, cuart-" el pelicafé fue interrumpido.
"Ya entendí, deja de darme explicaciones" espetó el contrario "Eres tan molesto". El más bajo no comprendía su comportamiento, primero dice que le gusta y ahora le dice que es molesto "También te quería decir que por más que me quieras molestar, no lo vas a lograr. Ya no soy tan llorón como antes" dijo orgulloso el pelicafé.
"Ah si, está bien" contestó el más alto. "¡Oye ¿por qué contestas con tan poco interés? ¿Ya no me piensas molestar más?" cuestionó Sawamura, quién ya se estaba cansando de hablar con él, resultaba más entretenido conversar solo.
"He dicho que no, deja de molestar. ¿Sabes lo difícil qué es ver a la persona que quieres todos los días siendo feliz con otra persona?" esto último lo dijo casi susurrando.
"Bueno, entonces está bien. Eso no quiere decir que te perdone tan fácilmente, pero algo es algo, y ¿qué dijiste al final? No te escuché" dijo el pequeño. "-Eres un idiota-, eso fue lo que dije" respondió el peliazul acercándose para besarlo, pero antes de que sus labios se tocaran, se separó. Sabía que un beso no era suficiente para cambiar los sentimientos de una persona.
El más bajo se tardo en reaccionar "¡Waah! ¿Qué haces?" gritó poniendo ambas manos sobre la boca del alto. "No te voy a molestar más, pero no te me acerque...adiós" dijo dándose la vuelta.
"Kazuya. Ya se fue" dijo el menor llamándole. "Si, me di cuenta. Ya vámonos, estoy seguro de que ya terminó" respondió el de gafas tomándolo de la mano.
Estar viajando a hasta Nagano era agotador, especialmente para el pitcher ya que su barriga era considerablemente grande puesto que ya faltaba cerca de un mes para el nacimiento. La preocupación por su abuelo le hacía olvidar la distancia del camino. "Pronto estaré contigo" se dijo a sí mismo.
El tren se detuvo, habían llegado ya a su destino. "Vamos a tomar un taxi, es más rápido y menos cansado para ti" dijo el mayor, jalándole. Se montaron y pronto llegaron al hospital en donde se encontraba Eitoku.
El preocupado nieto sacó su celular para contactar a su madre "¿Aló, mamá? ¿En qué habitación está el abuelo?" preguntaba agitado, colgó y de inmediato se dirigió al lugar indicado. Al de gafas no le quedó más que perseguir a su novio por todo el hospital.
"Es esta" dijo entre jadeos el menor "...¿Está bien si entro solo?, me preocupa un poco que te vea y se altere, no sería bueno para él...". El mayor comprendía la situación por lo que asintió con la cabeza.
Abriendo la puerta lentamente el pitcher entró, y ahí estaba su abuelo. Verlo ahí postrado en una cama de hospital le partía el corazón, según le había dicho su madre los problemas cardíacos por estrés emocional eran el mal que le acechaba. Por lo que el menor no dejaba de echarse la culpa por haberle causado semejante sorpresa.
"...¿Abuelo...?" dijo en voz baja para no molestarle "...¿cómo te encuentras?". La mirada del mayor se dirigió hacia él, una cálida sonrisa se dibujó en su arrugado rostro. "...E-Eijun, has venido...me alegra tanto...y-yo..."dichas palabras salían con cierta dificultad, pero se encontraban llenas de felicidad.
"No tienes por que esforzarte tanto, no hables. Yo he venido a disculparme-" No estaba seguro si debía de hablarle del tema que tanto estrés le causó, pero no tenía sentido seguir en un estado de guerra, era justo y necesario disculparse por las cosas groseras que se habían dicho. "Perdón por ser un inútil que se fue a una prestigiosa escuela y terminó de esta forma, pero ¿sabes?, no me arrepiento. Porque más que eso, me enamoré...sé que a tu edad tal vez pienses que Kazuya me gusta momentáneamente o que cometí el peor error de mi vida,...soy un idiota en todo lo que hago, y eso lo sé pero, por primera vez estoy seguro de que voy a hacer las cosas bien. No te preocupes, luego de que nazca voy a volver al baseball y haremos todo lo posible para ganar el Campeonato Nacional... así que...¿me perdonarías?".
El mayor guardó silencio por un momento, luego acercó su mano a la de su nieto. "Soy yo quién debería pedirte perdón Eijun...no pensé en tu felicidad, solo fui egoísta... sé que amas el baseball y que en cuanto puedas volverás como loco a pararte en el montículo... también me he dado cuenta de que eres muy feliz y con eso basta. Perdóname...es sólo que fue algo muy impactante para mí, pero, si tu estás bien, yo también lo estoy..." expresó el abuelo.
Su corazón sintió un gran alivio al escuchar estas palabras, era como si ya todos los problemas se hubieran disipado. "Gracias abuelo" dijo abrazándolo suavemente. "Me alegra que me hayas aceptado, pero...¿cómo está tu salud? Eso me preocupa bastante" dijo un poco angustiado el menor.
"No seas idiota ¿crees que moriré con algo así? Después de poder disculparme empiezo a sentirme mejor" contestó el mayor como típicamente lo haría. El ambiente en la habitación era cómodo, estar en buenos términos con el abuelo era lo mejor. "Oye Eijun queda poco para que acabe el tiempo de visitas...¿viniste con él?" preguntó el peliblanco.
"¿Él?...¡ah! ¿Te refieres a Kazuya?, si él siempre me acompaña, más ahora que estoy tan cerca del parto, ahora no me deja solo ni un momento, pienso que se preocupa demasiado...¿Por qué preguntas?" dijo el menor.
"Vete ya, pronto saldré del hospital así que no te preocupes. Pero dile a él que pase un momento" ordenó el abuelo. "Está bien, si tú lo dices. Entonces nos vemos, mañana vendré a visitarte, me quedaré unos días en casa" dijo el menor saliendo de la habitación. "¡Ah! ¡Espera un momento!" el pelicafé se detuvo "Estoy ansioso por ser bisabuelo..." dijo sonriendo.
El menor salió y unos segundos después el joven de gafas entró, hizo una reverencia y saludó "Buenas tardes" se acercó a la cama. "¿Cómo se encuentra? Eijun me dijo que ya se está sintiendo mejor, eso es genial. Nos quedaremos en Nagano unos tres días, espero que pronto le den de alta" habló un poco nervioso.
"Estoy bien, gracias" dijo secamente el mayor, quedando un momento de silencio "No es fácil para mí decir esto, menos después de como te traté aquella en aquella ocasión...primero...perdón, ya hablé de eso con Eijun pero de igual forma necesitaba pedírtelo personalmente, en ese momento no me esperaba una noticia como esa. Segundo, gracias, por cuidar de él o mejor dicho de ellos, se nota que los quieres y te preocupas, eso es importante. Nunca he hablado contigo pero con lo poco que te he visto y me ha hablado Eijun, puedo notar que mereces estar con él...así que cuídalo...estoy un poco cansado, por lo que sólo te diré eso".
El menor se sintió feliz, ya todo se encontraba en armonía y paz. "Eitoku-san... no se preocupe yo le prom-" la conversación fue interrumpida por una enfermera "El tiempo de visitas se ha terminado, lo siento pero debe dejar descansar al paciente, puede visitarlo mañana a las diez".
"Ahh si lo siento, ya me voy" le respondió a la enfermera. "Me alegro de que estemos bien, usted concéntrese en salir del hospital, cuidaré mucho de Eijun y del bebé, con su permiso me retiro, que se mejore" se despidió con una sonrisa.
"Espera... tu nombre es ¿Kazuya?... ¿verdad?" preguntó el mayor. "Correcto" afirmó el contrario. "Estoy seguro de que aún no han pensado un nombre para el bebé, ya que Eijun no me lo dijo, aparte de que él tiene mal gusto para esas cosas, así que ¿Qué te parece "Kazuki"?. Se parece a tu nombre y creo que él llegará a ser brillante"
"¿Conque Kazuki?. ¡Me gusta! Pienso que le quedaría muy bien, le diré a Eijun estoy seguro de que le gustará" contestó con una sonrisa. "Bueno, nos vemos".
Saliendo de la habitación el más bajo le interrogó "¿Está todo bien?" preguntó a pesar de que ya sabía la respuesta. "No hagas preguntas innecesarias, vamos a tu casa, deberías dormir un rato" dijo con una notable felicidad.
"Está bien, vamos" se tomaron de la mano y salieron del hospital. De nuevo Miyuki propuso la idea de tomar un taxi pero el más bajo quería caminar y disfrutar un rato de todo lo bueno que estaba pasando.
"¿Sabes? Antes de que entrara esa enfermera, le pregunté sobre la condición del abuelo y me dijo que le darían de alta entre mañana y el domingo, así que lo más seguro es que podremos compartir con él al menos un día" habló el menor con un rostro de felicidad que hace mucho tiempo no se veía en él.
"¡Eso es muy bueno!" contestó el de gafas. Durante el camino decidieron sentarse a la orilla de un lago, para conversar sobre todo lo que estaba sucediendo. De vez en cuando en el rostro del menor se podía notar una expresión de dolor, como si algo le estuviese causando molestia.
"¡Hey! Desde hace un rato parece que algo te molesta ¿estás bien?" preguntó preocupado el mayor. Quién ya se estaba poniendo inquieto. "No tienes que preocuparte, sólo son contracciones, creo que es normal tenerlas estando tan cerca del parto. Seguro el bebé también está feliz, aunque debo de confesar que las vengo teniendo desde la mañana y cada vez se hacen más fuertes, pero quédate tranquilo que aún falta para que nazca".
El mayor no se sintió muy convencido, pero no le quedaba más que confiar en él. Por lo que continuó hablando "¡Cierto! Lo había olvidado, sobre el nombre del bebé. Tu abuelo me dijo qu-".
"¡Arghh!...¡esto duele!" se quejaba el menor poniendo ambas manos sobre su barriga. Miyuki se puso de pie, estaba nervioso, no tenía idea de qué hacer. Su amado pitcher estaba sufriendo de mucho dolor "¡Dijiste que estabas bien! ¿Quieres que llame a un taxi? ¿¡Vamos a tu casa!? O ¿¡Vamos al hospital!?".
"D-Duele...arghh...¡Vámonos al hospital!" exclamó entre quejidos. Cuando menos creían, el momento había llegado, era hora de ser padres.
