Per me.
Loco Por Ella
Capítulo XIV
Como lo había supuesto, la reunión requería de la participación de los gemelos Weasley para verse verdaderamente divertido. Era uno de los pocos que se encontraba alejado del amplio grupo. Ni Luna ni Neville habían llegado, y Hermione se había retrasado.
El lugar daba basto a muchísima gente, Harry no pensó que irían demasiados. La reunión se desarrollaba en un luminoso local que a simple vista era demasiado pequeño, pero al entrar, se veía una amplia sala decorada con los colores de cada una de las casas, mesas con bandejas de bocadillos y pasa bocas, y bebidas frías y calientes. Había ya saludado al profesor Dumblerode y a la profesora McGonagall. Hagrid, el guardabosque, se encontraba junto a la mesa de pastelillos, devorando lo que a simple vista parecían dulces de mora, que dejaban sus dedos llenos de manchas y la barba llena de migajas.
- ¡Un placer verte, Harry! – exclamó el semi gigante al verlo llegar.
- Digo lo mismo, Hagrid. – sonrió.
- Iba en serio la invitación a tomar el té la otra tarde. Hace mucho que ni tu ni Hermione van a visitarme. – no sonaba a reproche, no obstante, Harry se sintió apenado. Hagrid era uno de los pocos buenos amigos que Hogwarts le había dado la oportunidad de conocer.
- Lo lamento. Hemos estado algo… - la palabra adecuada sería distraídos, en una nube. Hermione estaba en plena etapa rosa con Ronald, mientras él se perdía en sueños casi inalcanzables con cierta pelirroja. – ocupados.
- Habría de suponerlo, ¡jóvenes! – Hagrid se limpió las manos con una servilleta y toqueteó con las palmas su espesa barba, llevando al suelo las migajas de los pastelillos.
La atención de Harry pasó de ese acto, a un espantoso nudo que tenía el semi gigante en su cabeza, justo encima del despeinado nido que formaba su cabello. Ahí, algo empezaba a moverse y retorcerse.
- ¿Qué cosa tienes ahí? – preguntó alejándose unos pasos, recordando la fijación que tenía aquel hombre por criaturas poco comunes y peligrosas.
- No te asustes, es la cría de un Augurey. No he podido hacer que salga de ahí por su cuenta – se señaló el terrible nudo – son criaturas extremadamente tímidas. Me lo gané en una apuesta hace días – continuó. Llevó ambas manos hacia el "nido" del animal, y con cuidado lo tomó en un puño. – Míralo, ¿no es adorable? – Harry pensó que era el pájaro más feo que había visto en su vida. Era de aspecto delgado y apesadumbrado. Aún no le salía el plumaje, por lo que se veía aún más espantoso.
- Leí sobre ellos en el Gran Libro de Criaturas Mágicas – Hermione llegó, sorpresivamente. - Tienen un canto bajo y tembloroso característico, por lo cual en la antigüedad se pensaba que presagiaba la muerte. Los magos los evitan por temor a escucharlos. – la castaña miró al guardabosque. – pero se demostró que sólo cantan cuando se aproxima la lluvia.
- Sólo tú podrías saber esa información. – Harry le ofreció un vaso de zumo de calabaza. - ¿Por qué tardaste?
- Terminaba una redacción que necesito para optar por el puesto que quiero en el ministerio – bebió del jugo y tomó un pastelillo de arándano. – Además, me entretuve ayudando a Ron a prepararse para el examen de admisión en la academia de aurores.
- No sabía que Ron quería ser Auror.
- No lo quería hasta hace poco. No sé qué mosca le picó. – comió el pastelillo. – Pero es bueno que amplíe sus horizontes y piense más en su futuro – Harry dedujo, sin equivocación, que las nuevas ambiciones de Ron se debían, en su mayor parte, a su relación con una bruja demasiado lista. – ¿No has visto a Luna?
- No ha llegado, tampoco Neville.
- ¿Cómo podría llamarlo? – preguntó Hagrid, aún con su atención concentrada en el feo pájaro.
- ¿Es macho o hembra? – Hermione miró al animal.
- Floripes, ¿qué les parece? – escogió sin más. Llevó la mano hacia su rebelde cabello y depositó al bichito nuevamente en su nudo-nido. – hablaré con el profesor Dumblerode, le propondré crear un programa de cuidado para estos animales abandonados allá en Hogwarts. ¿No les parece una gran idea? – sonrió, antes de alejarse de ellos con grandes pasos.
- Hagrid no cambia nada – comentó la muchacha, él sonrió.
- ¡Ahí vienen Luna y Neville! – exclamó, señalando a la excéntrica rubia con un sombrero extremadamente colorido y grande. Neville venía tras ella, llevaba en sus manos un platito lleno de canapés.
Harry empezó a sentirse un poco más a gusto; llevaba tiempo sin charlar con Luna y con Neville, dos personajes que, pensaba él, encajaban bien con su personalidad. Luna era una mujer bastante… curiosa, por no decir otra palabra, y Neville era alguien igual de singular, se podría decir. Tan diferentes al resto… tenían una bonita amistad, aunque a los ojos de varios, representaban el triste cuarteto de Desahuciados, aún siendo uno de ellos la estudiante más lista que tuvo Hogwarts en mucho tiempo.
- Están buscando víctimas – le indicó Hermione en un momento, observando atenta al par pelirrojo que escudriñaba desde un rincón, a todos los asistentes a la reunión.
- Pobre el que quede seleccionado.
- ¡Lástima que no vino Malfoy y compañía! – él la miró. – No los soportan, hubiesen sido los mejores para probar lo que sean que hayan inventado esta noche.
- A muchos nos habría gustado ver eso – aunque no la estaba pasando mal, su dedo pulgar no dejaba de temblar sobre los números de su teléfono celular. Se había abstenido de llamar a Ginny desde mucho antes, para evitar verse como un completo desesperado, sin embargo, ya las ganas de abandonar ese lugar para estar con ella, le hacían traquetear las rodillas.
- Se te notan las ganas de irte desde hace rato. ¡Tan rápido te aburrimos ya, Harry! – Luna lo miró por sobre las gafas redondas con cristal rosa, que cubrían sus azules ojos, éstas hacían verlos más grandes de lo normal. – Tienes algo de más interés aguardándote, ¿verdad?
¡Le bailaban las pestañas por sí solas! Hermione le miraba con una media sonrisa, mientras Neville y Luna lo veían con los ojos entornados. La rubia se acercó a él y le escrutó el rostro, Harry esperaba escucharla decir que esos anteojos redondos y rosados, todos psicodélicos, le daban el poder de ver dentro de su mente; y es que Luna daba la impresión de ser telépata, siempre fue así.
- ¡Venga, hombre! Hay algo que no quieres contar – soltó Neville, siguiendo a Luna.
- Es evidente – aclaró la rubia. - ¡Vete ya! Estás que corres.
- ¿Sin contarnos nada?
- Ya lo hará – Luna se cruzó de brazos y lo miró, sonriente, antes de ir con Neville por unos bocadillos. Harry observó a Hermione, ésta sólo se alzó de hombros.
- Mañana pasaré por tu departamento –le dijo la castaña, antes de brindarle una sonrisa.
- ¿Crees que deba…? – vio su teléfono.
- ¿Eres idiota? ¡Has estado esperando esto desde hace mucho! No vayas a…
- No quiero malinterpretar las cosas –murmuró.
- Harry, no todas las mujeres le pedimos a un chico que nos llame para…
- Yo no soy precisamente la compañía deseada para salir a divertirse.
- No vayas a empezar – suspiró su amiga. – Sólo llámala. ELLA te lo pidió – dijo, enfatizando la palabra "ella". – ¡Vamos! Eres genial, y ella debió darse cuenta. ¡Anda!
Ella se lo había pedido. Y, si bien sabía que no debía darse falsas esperanzas y anhelos, cada vez le estaba costando mucho más. Más con esa pelirroja tan hermosa, incitándolo a desearla desenfrenadamente. Le dolía ser su amigo.
- ¡Ginny! – saludó al escucharla. Hermione le sonrió, guiñándole un ojo para después alejarse. – ¿Sí? De acuerdo – colgó, e incontables mariposas empezaron a revolotear en su estómago.
Tantas cosas que sentía haciendo estragos en él. Quedaría hecho polvo algún día, en algún momento, cuando ya no pudiese contralar esas cosas que estaba sintiendo.
¿Cómo pudo una mujer colarse tan rápido en él? Sintió vibraciones en su piel apenas la observó, y el choque eléctrico al tocarla… No había sido común y corriente y… por Merlín, aquello se había dado sólo para sentirse como mierda al no ser correspondido de ninguna manera. ¡Cruel e insólito destino!
- Hola, Harry – le saludó la chica, sonreía mostrando los dientes; y se veía más bella de lo normal.
- Hola, Ginny – Harry se levantó de la silla y corrió el lugar frente a él, para que la muchacha tomara asiento. Estaban en un pequeño club de buena categoría en Londres; Ginny lo sugirió, después de haber ido uno noche con Bill y su prometida.
- ¿La reunión?
- Aburrida –se alzó de hombros. – Dejé a tus hermanos buscando víctimas, para lo que sea que hayan planeado.
- Hubieses aguardado para ver la función – tomó la carta de bebidas y le echó una ojeada. Harry la observaba sin querer parpadear; tenía el cabello suelto y con varias ondas en sus puntas de fuego. Se había liberado de su abrigo apenas llegó a la mesa, y su escote no tan pronunciado, pero sí lo bastante bueno para ver su piel, le permitía apreciar las pequitas de su pecho. – ¡Bomba cuatro! – exclamó, apartando la carta. – Cuando vine con Bill y Fleur, pedimos un Bomba cuatro, no es tan fuerte a pesar del nombre, aunque Fleur vomitó a mitad de la noche – rió. – Un Bomba Cuatro mediano, por favor. – pidió al mesero, que se acercó a ellos después de un par de señas. – Con uno será más que suficiente para los dos.
El Bomba Cuatro consistía en un bol de vidrio con una bebida azul eléctrica, muchísimo hielo y rodajas de naranja flotando en la superficie. Había dos pajillas a cada lado.
-Son siete tipos de tragos diferentes en uno solo –Ginny tomó su pajilla y dio un sorbito. Hizo una mueca – No es tan fuerte como la gente piensa.
Harry probó la exótica bebida, descubriendo un sabor agrio y a la vez dulzón, era agradable.
Y ahí estaban esos momentos desinhibidos y relajantes. Era increíble lo bien que la pasaba hablando de puras tonterías con ella. Todo lo que decía le entretenía, le hacía reír… y todo parecía ser recíproco, porque Ginny también reía con sus comentarios, y le atendía en sus opiniones, dando su punto de vista.
- ¡Peor chiste que ese no existe, Harry! –exclamó, divertida.
- ¡Te estás riendo! – la señaló, viéndola carcajearse; echaba su cabeza hacia atrás, permitiéndole ver su esbelto cuello, y soltaba una fresca risa que hacía sentir a sus oídos bendecidos.
- ¡Eres terrible! – se limpió unas lagrimitas que escaparon por la risa.
- No lo piensas en realidad – Harry apoyó el codo derecho en la mesa y descansó el mentón sobre su mano, detallándola, viendo como las luces del club daban de lleno en su cabellera y la hacían brillar radiantemente. Esa noche había bastante movimiento en el lugar, grupos de personas hablaban sin parar cerca de ellos y la música insitaba a más de uno a menear el boto en la pista; mas sentía estar solo con ella; era increíble el poder que tenía esa mujer sobre su persona, ese poder que le haría sentirse como mierda cuando se saliera de control.
Suspiró, mitigando el deseo que sentía por esa chica, y haciéndose entender que nada entre ella y él podía pasar, nada fuera de la línea de amistad… ¡Qué chocante palabra!
La observó y notó como ella lo miraba. Le sonrió levemente, tragando con fuerza.
- ¿Todo bien? - preguntó. Él asintió con la cabeza y dio un trago a la bebida, para refrescarse. – ¿Quieres bailar? – iba a negarse, al ser la música electrónica y rápida, pero de inmediato cambió a una balada lenta y sin mucha letra, era más que todo una melodía. Harry enfocó la vista hacia la luminosa pantalla con frases en neón, rezaba "amantes de media noche."
¿Se estaban mofando de él?
- ¿Ya es media noche? - Ginny asintió con la cabeza. - ¡El tiempo vuela!
- ¿Quieres irte ya?
- ¡No! – casi gritó. – Vamos… ¿aún quieres bailar? – preguntó. para estar seguro, pues la chica hizo su invitación cuando aun sonaba la rítmica música, que la gente bailaba de forma tan desenfrenada.
La vio sonreír de medio lado y asentir antes de levantarse. La tendría cerca de nuevo, tan cerca…
- Ya no se te es tan difícil, ¿verdad? – le sonrió de nuevo, con sus brazos arropando sus hombros y con sus manos entrelazadas, rozando su nuca. No hacían más que moverse de un lado a otro.
- Mi problema es con otro tipo de música.
- Al menos las lentas se te dan.
- No hay que hacer mucho. Además, ¡eres tú quien está guiando! – Ginny rió con ganas,y Harry se perdió en ese instante, en ese sonido, en esa forma que tenía ella de abrir la boca y curvar los labios para dejar libre una carcajada risueña y alegre.
Empezaba a delirar. Veía su boca extremadamente apetitosa y las ganas de besarla crecían desmesuradamente dentro de sí, incontrolables. Debía calmarse, los amigos no besan a sus amigos. Pero la tenía tan cerca… y esa vocecita de su subconsciente no estaba ayudando en lo absoluto. Le recordaba esa canción de aquella película infantil muggle que una vez escuchó en una tienda de videos, mientras buscaba la trilogía de El señor de los Anillos.
Sin saber por qué te mueres por tratar de darle un beso ya…
Su perfume golpeaba sus fosas nasales y le inducían a atraerla más hacia él. Luchaba con el impulso que tenían sus manos de aprisionarla contra su cuerpo. Estaba a punto de…
Ahora bésala…
¡Sólo había escuchado esa canción una sola vez en su puta vida! ¿Cómo pudo esa condenada voz grabarla tan rápido?
Chalalalala no hay porque temer…
No te va a comer, ahora bésala…
Respiraba hondamente, mas aquello solo ocasionaba la penetración profunda del perfume de la chica en su nariz. No podía dejarse llevar, arruinaría todo y Ginny no…
Chalalalala es mejor que te decidas ya…
Ahora bésala, bésala…
Nada deseaba más. Sentía sus rodillas de gelatina y el corazón desbocado. Si se atrevía, ¿qué era lo peor que podía pasar? Ginny lo miraba con el ceño ligeramente fruncido, percatada seguramente de la batalla interna que estaba sufriendo y perdiendo.
- ¿Estás bien?
¡Bésala!
Acercó su rostro, diez centímetros lo separaban de su boca, ocho centímetros, siete, seis… cinco centímetros, ¡Merlín! su aliento era exquisito. Olía al bomba cuatro.
- Harry… - susurró ella, bajamente. Los separaban sólo unos tres centímetros, cuando apartó el rostro, moviéndolo hacia un lado y dejándolo con los labios rozando su mejilla.
¡QUE LASTIMA ME DA!
- Lo siento, Ginny. No…
- Voy… - se apartó de él. - Voy al tocador, vuelvo en un minuto – Y se alejó a grandes pasos, esquivando a las parejas.
- ¡Idiota! ¡Idiota! ¡Idiota! – se dio un par de palmadas en la frente, absteniéndose de tironearse el cabello ante su completa estupidez. Ahora Ginny le rehuiría, lo evitaría, ya no saldría con ella y todo sería una mierda. ¡Lo sabía! La amistad se había arruinado. – ¡Idiota!
- Bastante – escuchó junto a él. Un grupito de jóvenes cerca de la barra, compuesto tanto por chicas como por chicos, le miraba burlonamente.
Típico, se dijo. Una hermosa mujer rechazando a un tonto, que no terminaba de entender lo lejos que estaba de su alcance; escenas que divertían a los de "buena onda" y "con estilo".
- ¡Qué tonto, amigo! – al menos eran suaves. Más de una vez se vio siendo víctima de insultos desagradables, varios abucheos e incontables apuntes de dedo que venían con una risotada chacota. Tenía quince años cuando sufrió su primera vergüenza, lo recordaba.
- Pobre diablo.
- Perdedor. – una morena le miró de arriba abajo, siendo esa mirada más que suficiente para hacerle sentir como un verdadero pobre diablo y un verdadero perdedor, patético.
Liberó un hondo resoplido y se giró, con la intención de ir hasta su mesa, tropezando con Ginny antes de dar el primer paso.
- Lo siento – dijo ella.
- Descuida. Vámonos.
- Harry…
- Voy por tu abrigo – iba a caminar, ella lo detuvo con su mano sobre el brazo.
- Harry… - un hormigueo recorrió la piel que Ginny tocaba con su mano, conforme la deslizaba hasta llegar a sus dedos. La vio alzarse unos centímetros y, antes de que pudiera procesar algo más, lo besó.
Podía morir ahí, en ese instante, siendo la boca de ella el arma más peligrosa que podía existir. Un delicioso toque electrizante, abrasador y embriagante. Sentía fuego en su vientre y al corazón alocado. La sangre de sus venas corría con más potencia ,y sintió la temperatura de su cuerpo aumentar gravemente. Se imaginó el sabor de su boca y la realidad lo superó, la suavidad de su piel y el toque de su lengua en su labio inferior parecían ser utópicos, irreales, porque algo tan extremadamente perfecto no podía existir en esa tierra.
Así era ese beso, su primer beso de verdad…
- Ginny – suspiró largamente. ¿Qué debía pensar ahora? La chica de sus sueños lo había besado, y no… - ¿Qué…? – la vio, con la mirada fija en el grupito de chicos que hacía unos minutos le habían lanzado un poco de su ponzoña... con dolor, cayó en la cuenta de todo. ¡Qué imbécil!
- Harry – ella lo miró y le dedicó una pequeña sonrisa. Él no le pudo responder. - ¿No…?
- Vámonos – dijo inexpresivamente.
Desde que la conoció, anhelaba como un condenado ese tacto, ese toque de boca contra boca que tan alto lo había llevado. Lo deseaba más que otra cosa… no obstante, haberlo conseguido por lástima, le quitaba todo lo precioso y verdadero que él necesitaba.
Nota/A: ¿Qué les pareció? ¡Díganme su impresión, por favor!
Espero la historia les esté entreteniendo a buen grado. Rapidito subo el próximo capítulo =)
¡Gracias por leer!
