Cobarde

Miró por la ventana, el viento soplaba y hacia bailar las hojas con su roce, producía un suave siseo, y se extendía en un silbido hasta perderse y combinarse con el resto de delicados sonidos de la naturaleza. El sol se movía, lento en la lejanía del cielo, como si disfrutara la tortura de cada segundo transcurrido para las personas en la tierra, para los sentimientos, para la juventud, para la vida, para cada acontecimiento que cambiaba inevitablemente removiendo cada complicada cosa en la vida. Miles de pequeños puntos de energía se percibían por todo alrededor, ese calor de la gente moviéndose de un lado para otro, a prisa, gritando desesperados para aprovechar cada instante que se les regalaba con vida en la Tierra. Esos pocos años, tan fugaces, pero tan significativos.

No podía dejar de estar secretamente sorprendido por los humanos, sus vidas eran tan cortas, y sin embargo, habían logrado avances increíbles en muchos ámbitos, a pesar de su fuerza, a pesar de su fragilidad, a pesar de que dedicaban mucho tiempo pelando con ellos mismos, a pesar de todo, eran capaces de muchas, muchas cosas. El viento sopó en su dirección, moviendo las blancas cortinas de la habitación, revoloteando su cabello azabache hacia atrás, llevando consigo el aroma de los árboles, la calidez del sol en la mañana, la frescura del rocío, todo tocando su piel, esa piel que no se arañaba, que no se quemaba y que no se rompía con facilidad.

Era increíblemente poderoso y con gran longevidad, llevaba bastantes años sobre ese mismo planeta sin ninguna clase de trascendencia, sin haber hecho nada más que destrucción y pánico mucho tiempo atrás, y eso en realidad tampoco había servido de nada. Era tan extraño ahora, tan extraño comparase con los humanos y obtener un resultado diferente al que siempre llegaban sus pensamientos. Estaba lejos de ser perfecto, como siempre quiso creer. Estaba lejos de cualquier calificativo que lo pusiera por sobre de un humano, porque juntando todo lo que tenía, era menos que cualquier criatura. No era una máquina, y tampoco era un humano, era ese maldito y doloroso punto medio que arrastraba consigo consecuencias inimaginables.

Clavó sus dedos sobre el marco de madera en la ventana, escuchándolo crujir bajo sus dedos, y pensó, asqueado de nuevo, que no era más que chatarra creada para matar, sin ningún otro fin, ¿Cómo pensó en algún momento que él tendría otro destino, que podría hacer algo bueno, que podría pretender ser como los demás y pasar desapercibido? Estaba hecho para destruir, no para crear. Deseó, tan banalmente como cualquier humano, poder cambiar ese hecho, como por arte de magia, con una fe ciega de que las cosas se arreglarían y él no tendría que mover ni un dedo. Si, era un error pensar así, pero equivocarse era lo que hacía a los hombres humanos. Por desgracia, él no era humano, y equivocarse y engañarse no lo haría más humano por más que lo quisiera, de hecho, con tantos ilícitos tras de sí, ser un humano estaba lejos de su alcance, eran demasiado. Era indigno de ser humano. Indigno de su compañía, indigno de su miedo o respeto. Indigno de su amor.

La escuchó suspirar tras de sí en un tranquilo sueño, revolviéndose entre las sábanas y girándose para que el reflejo del sol asomándose apenas en el horizonte no perturbara su descanso. Guardó silencio para no alterarla, concentrándose un momento para sentir aquel pequeño calor que crecía en su vientre, ese que no merecía esta mierda que él estaba regando a su paso. No lo merecía, ni Marron ni el bebé, nadie en realidad merecía pagar por su estupidez. Llevaba un mese tratando de pensar, tratando de no hacer otro mal paso en el camino, gastándose cada maldita idea que saltaba a su cabeza con el único fin de encontrar una solución. Una solución para ella. Para ponerla a salvo, para detener su sufrir, para que no siguiera jodiendo su vida como hasta ahora. Pero estaba seco, y con cada segundo, más desesperado.

Giró su mirada de nuevo al exterior, buscando en el cielo lo que ya esperaba desde hacía un buen rato. Un punto se pintó en el cielo, lento y calmado, volando en su dirección. Salió por la ventana, levitando hasta el suelo para no causar ninguna clase de alboroto, andando unos metros por el piso para dar distancia con la casa, su visitante, comprendiendo, descendió a un par de metros de él, con una caída suave y silenciosa. Se miraron los rostros y no pudieron creer que había pasado sólo un mes desde la última vez que se habían visto, sinceramente, los dos sentían que el tiempo los asesinaba con su eterna lentitud.

-¿Cómo esta ella? – preguntó el chico, sintiendo el Ki de Marron completamente estable en la planta alta de aquel lugar.

-Bien… espero… - fue honesto, para con el chico y para su propio pensamiento. Goten bajó la mirada, sin saber que más decir, llevaba días en incertidumbre, días en que su pensamiento gritaba ideas estúpidas y egoístas como hasta ahora lo había hecho, y al momento siguiente sentía la cordura de nuevo en él y quería arrepentirse de sus actos y tratar de alguna manera salvar todo lo que había jodido. Y no terminaba de decidir qué hacer.

-¿A estado tranquila? – Diecisiete frunció el ceño, entre extrañado y molesto por la pregunta.

-Sí, lo ha estado, ¿Por qué no habría de estarlo? – Goten sacudió la cabeza en negación sin alzar la vista, mostrando una sonrisa floja involuntariamente.

-No es eso, es sólo que las cosas han estado tan jodidas últimamente que uno puede esperarse cualquier cosa…- respondió, y el androide no pudo más que estar en completo acuerdo con ello. –Está dormida, ¿Cierto? – sus ojos negros se elevaron, encontrándose con los zafiro del otro chico, quien se limitó a asentir con lentitud, algo dubitativo.

-¿Has venido sólo a eso? – cuestionó, y Goten simplemente se encogió de hombros, sin muchas ganas.

-En realidad no sé a qué he venido, sólo quería… sólo quería saber cómo estaba…- rascó su nuca en un acto de reflejo, pero más que en ese modo simpático e inocente que solía hacerlo, lo hizo lleno de nervios, de preocupación y de indecisión.

-Tú… la quieres mucho, ¿No? – Goten apretó el ceño un poco ante aquellas palabras, pero bastó con mirar el rostro pasivo del androide para entender a lo que se refería.

-Sí, bastante, hemos pasado… toda la vida juntos – dijo eso último pon pesadez, cosa que pasó sin importancia para el otro. –Ella… ella solía tratar de seguir nuestro ritmo, no le gustaba que la dejáramos atrás en nada, y solía llorar cuando la excluíamos en alguno de nuestros juegos. Recuerdo que se lastimó en repetidas ocasiones por lanzarse de algún lado tratando de volar… ¡Era tan necia! – relató con melancolía y entusiasmo, moviendo su vista hasta la ventana de la habitación donde se encontraba Marron. –Pero… a pesar de eso, siempre tenía esa maldita sonrisa, esa jodida actitud positiva de levantarse y actuar como si nada, siempre viendo los lados positivos de las cosas. Siempre tan feliz – Si Diecisiete hubiese interactuado más con las personas, tanto cuando era humano como cuando despertó en androide, se habría dado cuenta que la manera en la que Goten decía las cosas no se trataba de otra más que la de un loco enamorado, sin embargo, sólo bajó la vista y guardó sus manos en sus bolsillos, pensativo.

-Jugaban mucho juntos, supongo…- comentó, recibiendo un asentimiento leve, uno casi por reflejo.

-En la preparatoria y en la universidad no se quedó atrás tampoco, ¿sabes? Recuerdo que siempre se esforzaba por ser destacada, yo no era muy listo, y ella siempre estuvo ahí dándome una mano, a pesar de que disfrutaba tanto burlándose de mis calificaciones, terminaba por ayudarme. Tiene un alma tan noble, tiene esa jodida capacidad de hacer sentir bien a los demás, de que todo está bien… sólo con sonreír… - pausó, apretando los labios para no soltar más tonterías, más verdades, más recuerdos… más dolor. –Y nunca había dejado de sonreír – agregó con tristeza, como una oscura nube negra que cubría todo lo demás, como el tenebroso final que se pintaba en su lúcido camino.

-Nunca había dejado de sonreír… - Diecisiete repitió eso último con dolor. –Hasta ahora – Sus ojos dieron contra el pasto a sus pies, como si trataran de huir, como si desearan escapar de sus cuencas para no ver lo que estaba frente a sus ojos, para no verse como el parte aguas en una plácida y tranquila vida.

Goten volvió su vista a la ventana, asintiendo a las palabras de su acompañante sin percatarse del efecto que estaba provocando aquella afirmación dentro del androide. –Sí, jamás la había visto como hasta hace poco… no la había visto perder la sonrisa, no tanto tiempo, no así…- La frente del mayor se torció en una muestra involuntaria de dolor, mordiendo su labio inferior con furia retenida, furia que se incrementaba entre más pensaba en ello.

Llevaba tanto tiempo pensando, navegando en esa idea que le perturbaba sobremanera, quería pensar que había otra razón, y tan necio, había querido culpar a otros inclusive. Pero todo era su culpa, lo sabía, estaba seguro. Tenía el nuevo objetivo de poner a Marron a salvo, de regresarle la felicidad y tranquilidad que merecía, pero por más que le daba vueltas al asunto, el problema siempre era él. Y ahora, con el testimonio de Goten sobre el comportamiento de la chica durante su vida lo tenía más que claro, estorbaba en su mundo, era el causante, y regresaba sobre los acontecimientos desde que la conoció una y otra vez, obteniendo el mismo resultado. Su vida se había jodido cuando lo conoció, cuando por desgracia del destino se cruzaron y se conocieron. Quería ponerla a salvo, quería hacerla plena, quería que volviera a ser alegre y feliz. Y la solución era simple, la solución era regresarla a lo que era, antes de él. Un ahora sin él.

Goten, por su parte, volaba sobre una nube oscura que controlaba una tormenta entera arrasando en un cielo pálido y despejado, todo tan lleno de contrariedad, tan lleno de arrepentimientos, de tristeza, de una depresión oculta que lo había llevado a la desesperación y a la locura. Y ahora estaba ahí, parado frente al que le robó a la chica de sus sueños, el segundo hombre que se la había robado en la vida, mirando a la ventana donde su princesa dormía, con un bebé creciendo en su vientre, un bebé que no era suyo. La idea le hirvió la sangre y sus puños se apretaron por un momento, pero el enojo, la rabia y la cólera que había sentido dirigida a los demás de nuevo se volvió en su contra, golpeándole en la cara con una fuerza atroz, como un rayo impactando a quemarropa en el pecho. Tanto tiempo creyó odiar la situación, odiar cada día, cada segundo, odiar a Trunks, odiarlo tanto y con la misma fuerza que lo quería, había días en los que la odiaba también a ella, y después de eso, había odiado tanto, tanto a Diecisiete, lo odiaba al infinito, a ese que de la nada había llegado y se la había robado sin dificultad ni miramientos. Y él, que siempre estuvo ahí, jamás había sido una opción para ella.

Pero en ese momento, ahí parado, sólo se odiaba a sí mismo, podía sentir su propia alma, su propia aura cansada del dolor y de podredumbre, cansado de sí mismo. No había sido otro, sino él, el causante de toda la basura que se derramaba ahora por todos lados. Él, y no otro. Ni Trunks, ni Marron, ni Diecisiete, sólo él. Estaba hasta el cuello ahogándose en sus propias trampas, si no hubiese orillado a Trunks a la locura para hacer que se acostara con su secretaria, ni citado a Marron el mismo día, ella jamás habría estado deprimida y no habría caído en los brazos de su tío. Tal vez Trunks y Marron se habrían casado y tenido hijos como todos ya esperaban, pero cualquier otro camino habría resultado mil veces mejor. Mejor para Marron, claro. Para él todos los caminos pintaban en otra dirección que aquella rubia.

Pero fue tan egoísta, tan celoso y tan obsesionado que la cagó una y otra vez esperando que en alguna de esas las cosas se moviesen a su favor. Pero sólo jodía más las cosas, para él, para su mejor amigo, para el androide que no tenía la culpa de nada tampoco, pero sobre todo, para Marron. La palabra "amor" venía a su cabeza muy seguido, y a veces se sentaba en la orilla del río a meditarla, a pensar si lo que sentía por ella se aproximaba siquiera a eso en lo más mínimo. Concluía que no, que lo que sentía era algo cercano al capricho y la obsesión, miraba a su hermano Gohan entregando todo a Videl, a su madre siempre procurando a Goku y a él cuidándola a ella, siempre buscando la felicidad del otro. ¿Y él…? ¿Qué era lo que buscaba él? ¿Había siquiera considerado que era la felicidad para ella? ¿Qué era lo mejor para ella? No, Goten siempre miraba por sí mismo. Ni la salud mental de su amigo le había importado, ni la seguridad de Marron, ni lo mejor para ese bebé, y mucho menos la vida de ese hombre que tenía enfrente.

"No la había visto perder la sonrisa, no tanto tiempo, no así…" repitió de nuevo sus propias palabras en su cabeza, no la había visto así, hasta que decidió intervenir y ponerse a jugar con todos a su alrededor como si fuesen simples piezas de mesa, como si fueran nada. ¿Lo merecían? No lo sabía, muy probablemente no, y su mente cada día pintaba al resto como víctimas, y sus manos amanecían cada día más rojas, marcadas con la tinta invisible, pronto, no sólo serían sus manos, todo él terminaría por estar bañado de toda esa sangre hipotética que derramaban a su alrededor a base de sufrimiento y lágrimas, todas, ocasionadas por sus descuidos y sus actos.

"No la había visto perder la sonrisa, no tanto tiempo, no así…" la misma frase resonó en la cabeza del androide, una y luego otra vez, sonando con un eco abrumador y absorbente, con la voz de Goten, luego de 18, de él mismo, de Trunks, de Krillin, de Yamcha, de Bulma, de la misma Marron, todo en un cruce de voces extrañas que se revolvían en un cantico surrealista e incluso tenebroso. La solución a sus problemas estaba materializándose frente a sus ojos, ahora sostenía sobre sus manos una respuesta clara, una que ya tenía en realidad, pero ahora sostenía entre los dedos, dubitativo, considerándola como una opción por primera vez.

-El problema empezó… cuando llegué…- Goten, hundido en sus pensamientos, asintió ante las palabras de Diecisiete, pues cuando el androide había llegado a la vida de Marron, fue justo cuando él comenzó a arruinarlo todo. Sin embargo, no era consciente de que acababa de sembrar una idea extremista en el mayor, sin ninguna intención en realidad, pues ambos se culpaban internamente por el desastre actual, teniendo una perspectiva muy diferente sobre el asunto, y sin saberlo, uno terminaba de hacer sentir más culpable al otro, cuando ambos tenían las manos hundidas hasta los codos dentro del mismo y propio lodo.

Se miraron fijamente, con sus perfiles duros y al mismo tiempo en serenidad. No sabían, pero cada uno planeaba alocadamente, en un tren de ideas veloz, la forma en la que tratarían de salvar el asunto, o por lo menos, no orillar las cosas más al abismo. Sin embargo, Diecisiete no podía dejar de temer, y Goten, no dejaba de anidar un monstruo bajo la piel.

[…]

-…Después de eso fue todo un lío, ¡Freezer me enganchó con su cuerno! ¡Me atravesó el cuerpo y jugó conmigo en el aire! Yo no me di cuenta, pero Gohan me dijo alguna vez que incluso bebió de mi sangre... brrr… pensar en eso siempre me da escalofríos…- Diecisiete le miró de reojo, riéndose levemente de su rostro fruncido por el miedo de sus recuerdos. Krillin negó un poco, tomando otra pieza de ropa de la cama y comenzando a doblarla. –Después de eso caí al agua… no estoy seguro de lo que pasó, cuando desperté Dende me estaba curando justo en la orilla del río… ¡Tenía muchas malditas pelotas! ¡Le corté la cola a esa maldita lagartija con un Kienzan, con cuanta suerte corrí en ese momento, ese maldito podía destruirme en un parpadeo! – extendió los brazos con su expresión, levantando en ellas una bata de Marron que tuvo que volver a doblar.

-De hecho, lo hizo… ¿No? – comentó el androide tomando otra pieza de ropa también. En realidad él conocía toda la historia, pero le divertía mucho la forma en la que Krillin relataba las cosas.

-Si… el muy jodido me destrozó en un parpadeo…- soltó con voz desanimada, acomodando una blusa sobre un pequeño montón de ropa que ya tenía. -¡Pero ahora mismo podría matarlo con facilidad! – extendió el brazo de nuevo, y éste tronó como una vieja puerta de madera. -¡Auch…! Bueno, bien, tal vez ya no podría… ¡Pero pude haberlo hecho en los tiempos de Cell! – sujetó un vestido rosa de su hija, doblándolo perfectamente.

-¡Oh! Vamos… - se burló Diecisiete, y Krillin le miró retador.

-¿No me crees? ¡No sabes lo fuerte que era! De hecho, pude haber derrotado a Cell perfecto yo mismo, pero ya sabes, no quise herir el orgullo de los demás, podría haber humillado a Goku ese día… - Ambos rieron sobre aquella broma, especialmente Krillin al imaginar el rostro de Vegeta si lo escuchara decir semejante barbaridad. –Bien, de acuerdo, tal vez exagero un poco. Pero, venga, sí que soy jodidamente valiente, ¿Cómo rayos crees que he vivido con Dieciocho tantos años? ¡Incluso me casé con ella! – Krillin estalló en carcajadas, y Diecisiete quiso reír, pero el último recuerdo de su hermana no era muy grato que digamos.

-Y… ¿Hablaste con ella? – interrumpió la felicidad del mayor, quien suspiró y miró la pila de ropa sobre el cubrecama rosa, acariciando un encaje de algún vestido al azar.

-Pues… dejé que dijera lo que tuviera que decir…- respondió sin mirarle a los ojos.

-¿Y luego? – cuestionó el muchacho, moviendo sus ojos azules sobre Krillin, tratando de buscar su mirada.

-Y luego nada – se encogió de hombros levemente.

-¿Y luego nada? – soltó extrañado. -¿Cómo que nada? ¿Qué pasó con lo de que…? – el mayor levantó su mano para indicar silencio, mirando finalmente el rostro del padre de su nieto.

-Has vivido tanto tiempo, pero aún eres sólo como un joven muchacho, Diecisiete. Dime una cosa, ¿De qué sirve odiar? ¿De qué sirve que le hubiese reclamado el hecho de haberme guardado un secreto como ese por tantos años? Sabes, estoy viejo ahora, y aún en su momento, no habría podido hacer nada más que estar ahí con ella, apoyándola. Bien, fue doloroso… es doloroso, pero… el rencor no deja nada – Sonrió tan gentil y noble como siempre, tomando un montón de ropa doblada y llevándola hasta el cajón a su lado izquierdo. –Además, ella está tan sensible ahora, lo último que necesita es que yo me enoje también, me necesita ahora, más que nunca, y yo la amo tanto que estaría con ella sin importar que cosas pasen. Como esposo, tengo la responsabilidad de darle la mano, siempre… no tenía caso discutir, además, fue sincera, y creo todo lo que dice – El androide, con una carga de ropa sobre sus brazos, miró la espalda de Krillin con admiración.

-Lo haces sonar tan fácil… - murmuró, pero el bajito le escuchó a la perfección.

-No dije que era fácil. ¿Sabes? Cuando Marron nació tuvimos muchos líos, no tienes idea, había momentos en los que sólo quería escapar… o morirme, cualquier cosa que no fuese estará ahí… pero sobrelleve la situación, por ellas… - Los ojos azules del androide se movieron fugaces a un lado, pensativos y extrañados. –Marron me dio fuerza, ¡esa niña tenía más energía que yo! Amaba la playa, al Maestro Roshi, a la gran tortuga… era tan feliz ahí, su felicidad me tranquilizaba, y me hacía feliz… - tomó la ropa de los brazos de Diecisiete, acomodándola en el resto del espacio. –Esa playa siempre ha sido revitalizadora – dejó ir seguido de un suspiro.

El más joven miró por la ventana, en dirección a donde esa pequeña isla se encontraba. -¿Y… crees que Marron estaría mejor en Kame House? – Krillin, de espaldas a él, no entendió el significado oculto que eso conllevaba.

-Supongo que sí, en Kame House es cálido, a Marron no le gusta tanto el frío… y aquí… ¡Venga, parece que hiela durante las noches! – De nuevo, la mirada azul, tan fría como el clima fresco del bosque, buscó refugió en el suelo, pensativa, reflexiva.

-Tal vez le haces falta – soltó otro comentario al aire, de nuevo con dobles intenciones. –Tú y su madre… y todos los demás… quizá… quizá ella estaría mucho mejor si volviera con ustedes, si volviera a ser quien era antes… a su lado – el humano cerró las puertas del ropero, recargándose en él un momento después, cruzándose de brazos y asomando su vista por la misma ventana en dirección a su hogar.

-Sí, definitivamente estaría mucho mejor – dijo con seriedad, soltando un suspiro, con los ojos clavados en algún punto en el horizonte. – Pero no se trata de donde está mucho mejor, se trata de donde quiera estar, se trata de que ustedes dos estén juntos… como tiene que ser…- Agregó sonriente y se aproximó al androide, tocándole un hombro para reconfortarlo.

El humano se dirigió de nuevo a la cama, en donde había aún ropa limpia que había lavado junto con el padre de su nieto, continuando con su historia en Namekusei. Pero para Diecisiete ya no hubo sonido, sólo se repetía eso último, aquella afirmación que necesitaba, uno de los últimos empujones que requería para tomar la situación de frente y aceptar la realidad, las consecuencias de sus actos, las decisiones que debía tomar. Sí, claro que se trataba de donde Marron estaría mejor, se trataba de devolverle la sonrisa, de llevarla de vuelta a donde pertenecía. De liberarla del castillo de hielo en donde él se había vuelto en el receloso dragón. Efectivamente, las cosas tenían que ser, como debían ser.

[…]

Su pie se movía incómodo bajo la mesa, en un movimiento rítmico y acelerado, oculto a la mirada azul de la chica que comía al otro lado de la mesa. Miró su plato, los alimentos preparados por ella seguían intactos, y simplemente pensar en comer era la última cosa que se le podía venir a la cabeza. Su quijada se apretó cuando sintió elevarse aquella energía una vez más, retadora, como un llamado que se burlaba de él, o quizá, como una advertencia. La mirada la tenía perdida en el suelo a un lado, en algún punto no específico, simplemente tratando de averiguar el punto exacto de donde esa energía provenía. Un punto que no estaba muy lejos de ahí.

No sabía cuánto tiempo llevaba sintiendo aquello, ese fantasma que estaba planeando algo, o que se divertía jugando con su mente y sus nervios, probablemente eran más de diez minutos. Desde hacía mucho que Diecisiete vigilaba la energía de todos, especialmente la de Trunks, ese mismo que se dirigía lenta y tortuosamente en su dirección, desapareciendo su energía, y luego restableciéndola de golpe muchos kilómetros más cerca de su casa. No sabía con qué fin, al principio creyó que se dirigía a cualquier otro lado, pero contando la distancia que ahora los separaba, no había duda de que iba a por ellos.

Diecisiete movió su vista nerviosa a la puerta, y de vuelta a sus manos que permanecían cruzadas sobre la madera de la mesa, apretándose una con la otra cada segundo un poco más fuerte. Estaba tan inmerso en sus pensamientos y en mantener la ruta de su adversario, que no notó a Marron mirándole atentamente, con preocupación. Se levantó con algo de dificultad contando su avanzado embarazo, tomando sus platos de la mesa para tratar de no preocuparse y pensar, pero la expresión dura y sombría de su esposo no era nada alentadora.

Diecisiete ya no aguantaba la impaciencia, el miedo y la presión misma, después de tres tranquilos meses de nuevo ese demente se dirigía hacia ellos, no sabía con qué nuevas estupideces le saldría, ni de qué modo terminaría de joder el asunto, pero seguro no sería nada bueno. Miró a su mujer, quien trataba de tomar responsabilidades, fingir que era un ama de casa cualquiera e incluirse a actividades del hogar como si todo estuviese jodidamente perfecto. O eso quería pensar. El androide mordió su labio inferior con fuerza, quería salir y detenerlo lejos antes de que llegara y ocasionara más problemas que no necesitaban, Marron cargaba con una criatura de ocho meses dentro de ella y otro maldito pleito y sube y baja de emociones era lo último que necesitaba.

-Debo ir a hacer algo… - anunció, levantándose de la mesa. La rubia lo miró interrogante, con esos ojos húmedos eternamente, carentes de brillo y cansados, como si llevara años enteros sin dormir, obligando al muchacho a bajar la vista.

-¿A dónde vas? – apenas dijo en un hilo de voz, pero el androide ya se estaba moviendo en dirección a la puerta. - ¡Keita! – le llamó, tratando de seguirlo, pero en su intento, tropezó con una silla e impactó la mesa cayendo al suelo, soltando un alarido de dolor.

El androide no dio ni un paso fuera de la casa cuando volvió enseguida al percibir el aullido de la chica, arrodillándose a su lado apenas llegó. - ¡Marron! ¡¿Qué pasó?! ¡¿Estás bien?! ¡¿Te duele algo?! – La sujeto del brazo ayudándola a incorporarse en el suelo. -¡¿El bebé está bien?! ¡¿Llamo a tu padre?! ¡Será que ya viene! – soltó histérico la bola de preguntas, sintiendo más desesperación de la que ya tenía.

– Estoy bien, deja de gritar… - soltó ella, sujetándose la enorme panza que sobresalía de su cuerpo, con dolor y con enojo por su torpeza. -¡¿A dónde demonios ibas?! No puedes dejarme sólo así…- reclamó, estresada por la carga extra, las hormonas y en general toda su poco agraciada vida.

-No importa. ¿Tú estás bien? ¿Qué pasó? – respondió, pero ni siquiera estaba prestando atención, estaba sólo a unos minutos de llegar y no había podido intersectarlo. Necesitaba poner a Marron a salvo. -¿Por qué no vas a recostarte? Vamos, te acompaño…- trató de levantarla, pero ella se soltó de su agarre, manteniéndose por ella misma sentada en el suelo.

-¿Cómo que no importa? ¿Sabes con el miedo que vivo? ¿Entiendes lo insegura que me siento? No puedes sólo decirme que vas a hacer algo y dejarme aquí sola en este…- se detuvo, para no soltar una palabra que describiera erróneamente a su hogar. -¿Qué sucede? ¿Es algo malo verdad? – otra vez los ojos llenos de lágrimas le miraron, asesinándolo de la peor manera, porque lo hacían en vida.

-No, sólo necesito que te quedes aquí y…- la mano de Marron sujeto el brazo del androide con la fuerza que su humanidad le permitía.

-Deja de tratarme como tonta, ¿Crees que no me doy cuenta que algo malo está pasando? No comiste, no dejabas de mirar impaciente a todos lados, ni siquiera me dirigías la palabra, estás… ¡Tan nervioso! ¡¿Qué demonios sucede esta vez?! – exigió saber, al borde de las lágrimas.

-No tienes por qué preocuparte, solucionaré esto… - sus palabras, que iban dirigidas con el objetivo de hacerla sentir mejor, sirvieron sólo para confirmar sus miedos.

-Estoy harta de esto, ¿Por qué no sólo podemos vivir en paz? ¡¿Por qué no nos dejan tratar de ser felices?! – La chica lloriqueó, derramando lágrimas, sin ser muy consciente de lo que había dicho. Diecisiete no supo que decir, en efecto, estaban tratando de ser felices, sin resultado, aún en los meses de calma.

-No necesitas estar presente, seguramente es otra estupidez, sólo ve al cuarto y descansa – ésta vez sonó más firme en su orden, pero la chica era necia.

-Estando o no presente, no va a cambiar nada con que me lo ocultes, ¿Qué ocurre esta vez? – El androide suspiró, cansado también de las cosas.

-Trunks viene para acá, llegará en cuestión de segundos – se limitó a decir, y Marron agachó el rostro, tratando de esconderlo entre el compás de sus piernas, pero su vientre estaba demasiado abultada para permitírselo.

-A veces no me creo que todo esto esté pasando, sólo quisiera… recuperar la felicidad… que esto se terminé…- si bien, la muchacha se refería al completo alboroto que generaban tantas riñas innecesarias, pero su mensaje, a oídos de una medio máquina medio humano, se registraron como un mensaje completamente diferente.

-Nock, Nock…- soltó Trunks con malicia en la entrada, con la puerta abierta de par en par, simulando el sonido de golpeteo, simplemente para hacer su visita aún más fastidiosa. Diecisiete se puso de pie, un tanto sorprendido, pues Trunks mantenía su energía oculta en ese momento. – Tú, chatarra inservible, tenemos que hablar…- se dirigió al muchacho, señalándolo despectivamente.

-Largo de aquí, Trunks – se quejó Marron, poniéndose de pie ella misma con la ayuda de una silla. -¿Qué demonios quieres esta vez? – lloriqueó, llamando la atención del mencionado, quien la miró entre extrañado y confundido un par de segundos antes de sonreír ladinamente.

-Vaya, sí que ha crecido mucho tu vientre – comentó casual, mirando de nuevo al androide. –Afuera, por favor…- su voz, hasta cierto punto amable, desconcertó a la pareja. Diecisiete frunció el entrecejo, desconfiando aún más de la situación, pero finalmente, avanzando a la salida.

Se detuvieron a la mitad de que lo que sería el patio de la casa en ese enorme bosque, mirándose uno al otro fijamente, apenas separados por un par de metros. Trunks se veía especialmente raro para el otro, pues portaba ropa extraña, con símbolos de la corporación estampados en una chamarra azul, camiseta negra y pantalones holgados grises, enfundados en par de botas amarillas. No era el estilo de ropa que usaba, parecía más de estilo de combate, sin embargo, lo que más inquieto al androide fue la espada que portaba colgante en su espalda, algo que lo ponía ciertamente nervioso.

-Bien, ¿Qué quieres? – espetó, con ganas de terminar el asunto de una vez. Trunks suspiró, viajando su vista azul por el suelo.

-Vengo a retarte – dijo suavemente, y el androide apretó los puños, colocándose alerta. –No justo ahora, tranquilo…- pidió, pero el androide sólo aumentó su guardia. –Verás… necesito probarme a mí mismo…- comenzó, calmado.

-Pues lámete, imbécil… - el hijo de Vegeta apretó la quijada ante esa provocación, pero suspiró de nuevo para tranquilizarse.

-Cómo decía… vengo de buena manera a decirte que te romperé en dos… – Apretó los ojos con fuerza, frenando sus propias palabras y apretando la quijada, como si estuviese sufriendo un gran dolor. Su ki se elevó increíblemente, sin llegar a transformarse, rodeado de un aura blanca que hacía volar su cabello en el aire, mientras su expresión se retorcía nuevamente, agónica.

-¿Qué te sucede? – inquirió ante tan extraño espectáculo, atento a cualquier movimiento de su rival.

Trunks abrió los ojos, afilados y fríos, con el ceño fruncido y conservando aún esa aura translucida. -¿Qué me sucede? ¿Te parece poco la destrucción del planeta? ¿La muerte de las personas…? ¡¿La muerte de Gohan y de mi padre?! – llevó su mano, temblorosa e indecisa hasta su espalda, tomando el mango de su espada, cosa que puso a Diecisiete en guardia inmediatamente.

-¡¿De qué demonios estás hablando, maldito loco?! – levantó los puños, listo para atacar, pero Trunks cerró los ojos de nuevo y apretó su expresión, como si tuviese una muy dura pelea interna.

-¡Maldición! – el aura blanquecina se vino abajo, y el nivel de energía volvió a descender lentamente. – ¡Tengo que luchar contigo una vez más! – exigió, esta vez más desesperado, abriendo con dificultad los dedos del mango de su espada y bajando los brazos tensos a los lados.

-Eres un demente, después de todo, después de las cosas… después de estar así de enfermo… ¡¿Aún estas aferrado a querer llevártela?! – Trunks negó dentro de otra expresión de dolor, pero el androide no sabía si le hablaba a él o estaba a nada de perder la razón nuevamente.

-No seas estúpido… precisamente por eso estoy aquí – siseó entre dientes – Necesito recuperarme yo mismo… – relajó lo más que pudo las facciones en su rostro, escondiendo de nuevo su nivel de energía. –…y la necesito, a ella, ya no me interesa para qué, pero ella representa un pedazo de ¡Mí!...- se señaló el pecho violentamente con el dedo índice -Goten, Bra, mi padre… Marron… ellos me ayudarán a quedarme… - vio, detrás de esos cristales de hielo que tenía por ojos, la desesperación autentica, el miedo, pero también la ira y la locura, lo extremista que estaba siendo, el egoísmo que estaba arrastrando en su mundo que se desbarataba pedazo a pedazo y quería salvar, a cualquier costo. Lo entendía, pero no lo aprobaba.

-¿Y qué ganas peleando conmigo? ¿Piensas matarme y llevártela como trofeo? ¿Crees que te la dejaré así cómo estás para que hagas no sé qué cosas? ¿Piensas que soy estúpido? ¿Cuál es tu plan? – usó ese tonó de altanería y confianza, a pesar de que en realidad estaba temiendo verdaderamente. De que la preocupación se asomaba de su piel en un frío sudor que no podía ocultar, la incertidumbre de saber que si moría, él dispondría de ella y de su hijo como él quisiera.

-Pienso eliminarte y que las cosas vuelvan a ser como antes – Diecisiete sintió su corazón frenarse con eso por un momento, como si, ahí, de la manera más burda, se aclarara la solución a sus problemas, a su incógnita. Apretó los puños ante esa jugada cruel que le estaba tendiendo el universo, y sintió, después de tantos meses de pensar y temer, que finalmente la resolución del problema, era palpable.

-Pues, no lo haré… - dejó ir, sorprendentemente incluso para su propia mente. Una parte de él, gritaba que era su ruta de escape, que si moría las cosas estarían como antes para Marron y que llevaría la vida tranquila y llena de felicidad que se merecía, y creyó, después de ese tiempo estando meditando esa idea, que estaba listo para morir, sin importar que, por que moriría por ella y por su hijo. Pero ahí, con una posibilidad real, sintió sus piernas flaquear y sus brazos temblar. No estaba seguro de que las cosas estarían mejor una vez que él muriera, nadie podía asegurárselo, no mientras Trunks siguiera aferrado a esa estúpida idea.

Le temía a la muerte también, incluso cuando ya la había experimentado una vez, tenía miedo de morir, esta vez, para siempre. Pensó, con dolor, que hacía apenas un año no le habría importado lo suficiente morir, pero ahora, sus labios, temblorosos también, habían soltado la primera idea que trepó en su acalambrada y asustada frágil mente humana, no estaba dispuesto a dejar a la deriva a las dos personas más importantes en su mundo, sin tener la certeza de dejarlos a salvo. Había cosas que no podía cambiar, y estaba en su instinto sobrevivir además de eso, a pesar de que parecía la solución y su propia propuesta, temía de morir.

-Eres un cobarde…- murmuró el muchacho de cabello lavanda, entre burla y decepción, diciendo aquella palabra que el androide se había negado a pensar de sí mismo.

Cobarde. Eso que detestaba, eso que había cargado cuando era humano y se escondía de la sociedad, de la policía, de los peligros. Cuando era un mocoso inexperto y un simple ladrón, pensaba que era valiente y temerario, no un cobarde, y sin embargo, lo había sido siempre. Ni siquiera fue lo suficientemente valiente para dejar morir a su hermana y tener el valor de continuar solo. Y ahora, tampoco era capaz de arriesgar y dejar que ella viviera sin él, y con todo el peso de la palabra, sabía que lo estaba siendo de nuevo, estaba siendo un cobarde, un cobarde humano que teme a la muerte, un cobarde que no es capaz de afrontar las cosas, aun cuando sabía que posiblemente era lo mejor, para ella y su bebé.

-Las cosas no van a volver a ser como antes…- comenzó una vaga explicación de los primeros pretextos que saltaron a su mente de entre un mar de murmullos, esos intentos desesperados de su subconsciente para mantener su postura cobarde, pero no pudo continuar, Trunks levantó el brazo, apuntándolo duramente.

-Claro que no van a volver a ser como antes, ¿Cómo podrían? Tú y tu hermana han destruido más de la mitad del planeta, queda muy poca gente, ¡¿Cómo pretendes que vuelva a ser como antes?! – El androide retrocedió por inercia ante aquel grito, pues con él el aura blanquecina se hizo presente de nuevo. -¡Pero si te elimino al menos ya no provocarás más daño! – extendió una mano en dirección de su interlocutor, y Diecisiete pudo sentir una gran corriente de energía generándose.

-¡Maldición, Trunks, vuelve en ti, estúpido mono! – El joven cerró el puño conteniendo la energía y apretó los ojos en concentración, haciendo temblar sus músculos por la tensión, generando un increíble control mental. El mencionado comenzó a respirar agitadamente mientras su energía descendía, pero Diecisiete se quedó con eso último. –Ya no provocaría más daño – murmuró ara sí mismo. Tenía razón, quizá las cosas ya no serían exactamente iguales para Marron antes de su llegada, pero al menos, dejaría de joderle más la vida, y si él se iba, aún quedaba Krillin y su hermana, además de toda la pandilla Z para ver por ella y su bienestar.

-Te veré… mañana a las siete de la mañana… en el desierto donde la nave de Freezer arribó aquella vez…- se maldijo por dentro al tener la capacidad de recordar aquello y usarlo como referencia. –Conoces el sitio… te esperaré por dos horas… - mostró su mano con dos dedos levantados. –Si no llegas en ese límite, bien, no te buscaré más… pero si eso pasa, me decepcionarías, porque creo que no eres tan cobarde para huir de mí… ¿O sí? – bajó su mano, dándose la vuelta y levantando el vuelo, subiendo apenas su energía lo necesario para no perder el control de sí mismo una vez más.

Diecisiete se quedó extrañado y pensativo, hundido en un mar de ideas que eran difíciles de discernir. Sabía que si moría, Marron estaría mejor, aunque eso no le aseguraba su seguridad, y por eso también una parte de él se estaba negando a morir. Sin embargo, el comportamiento de Trunks lo había dejado extrañado y sorprendido, el Trunks que él conocía, le habría machacado ahí mismo, pero… ahora incluso lo había citado formalmente y opcionalmente, como si tuviera honor de guerrero y no fuera ese chico inmaduro y malcriado que hace las cosas por simple arrebato. La mente de ese muchacho parecía desmoronarse, y eso sólo le dio una idea más, y tenía sólo esa noche para decidirse, necesitaba ir y aclarar sus dudas, ir y armar lo último que le quedaba, las últimas piezas para terminar el juego, para saldar el daño y reivindicarse. Necesitaba respuestas, y sabía el lugar justo donde podía encontrarlas.

Levantó el vuelo sin más en la dirección contraria a Trunks, sin percatarse de que Marron le miraba desde la ventana, sin saber que había escuchado toda la conversación, y estaba asustada y preocupada. Qué le necesitaba.

[…]

La lluvia comenzó a caer, mojando su cabello en su quietud delante de esa puerta que no se atrevía a tocar, no sabía si Goten estaba ahí, no sentía su energía por ningún lado, y sabía que Goku estaba fuera, no muy lejos pero lo suficiente para no encontrarse por los alrededores. En la casa de al lado sentía la energía de Videl y Pan, quietas también en una vida tan humana y cotidiana, podía sentir a Gohan lejos, para ser exactos, en la Corporación Capsula a juzgar por las demás energías que lo rodeaban. Miró, a través de la ventana al lado de la puerta, esa figura femenina que se movía y hacía ruidos con sartenes, con un Ki tan bajo que no representaba ningún peligro en lo absoluto, él sabía a la perfección quien era, pero no estaba seguro si ella lo reconocería, y sinceramente, no quería provocarle un disgusto a esa mujer y generar un caos, pues estaba al tanto de la naturaleza histérica de esa dama.

Tocó la puerta, obligado a hacerlo, pues no sonaba razonable entrar o simplemente atravesar alguna pared, y considerando que el tiempo era muy valioso en su situación, no tenía tiempo que perder averiguando si estaba en su casa o en algún otro maldito sitio. La esposa de Goku se aproximó a la puerta con calma después de soltar un ligero "Ahí voy" desde la cocina, moviendo la madera hacia adentro y asomando un poco la cabeza. –Hola – soltó Diecisiete al momento en que se cruzaron sus ojos.

El ceño de Chi-Chi se arrugó pensativamente, como si tratara de recordar quien era. –Hola, ¿Qué deseas? – su voz sonó desconfiada, y Diecisiete tardó unos momentos en responder, pues la mujer lo seguía inspeccionando con determinación.

-¿Se encuentra Goten? – inquirió, y finalmente la mujer dejó de refugiarse detrás de la puerta, abriéndola un poco más y mostrándose con más confianza.

-Pues, Goten ya no vive aquí desde hace ya varios años…- Diecisiete frunció el entrecejo, maldiciéndose por dentro, pues tomó como referencia la última vez que visitó esa casa, por desgracia, eso había pasado ya hace dieciséis años, y siendo sincero, no había prestado atención en el Ki de ese muchacho para percatarse de la ubicación de su nueva morada. -… es extraño que te haya dado esta dirección, aunque él ha estado viniendo a diario últimamente… así que tal vez tenga sentido…- Chi-Chi tomó su mentón pensativamente mientras hablaba. -¿Eres alguno de sus compañeros en la Corporación, no? – preguntó, y el androide no supo que responder de inmediato, pero Chi comenzó a hacer sus propias conjeturas en su naturaleza desesperada. –Bueno, supongo que sí, eres un muchacho joven y pareces buena persona y trabajador como mi hijo… además, Goten no tiene muchos amigos, ¿sabes? – Abrió la puerta de par en par, sonriendo amablemente. –Ven, pasa, déjame llamarlo y decirle que estás aquí…- Diecisiete se sintió desesperado y acorralado, como en esas veces que la gente se portaba sorpresivamente amable con él.

-No hace falta, yo…- trató de rehusarse, pero Chi le sostuvo el brazo obligándolo a entrar.

-No puedo dejarte aquí bajo la lluvia, anda, pasa, ya no debe tardar… - se detuvieron en la sala, y Chi de nuevo observó detenidamente su rostro. -¿Nos hemos visto antes? – indagó, y el muchacho negó de inmediato. –Tu rostro se me hace familiar, ¿Cómo te llamas? – no estaba seguro de si Chi-Chi tenía buena relación con los demás y estaba al tanto del nombre falso que había dado, pero no podía arriesgarse.

-Amm… John – Chi levantó una ceja, como meditando aquello.

-Oh, está bien… siéntate le llamaré enseguida… ¡Prepararé una porción más! Supongo que te quedarás a cenar, espero que te guste el pescado…- comenzó la mujer de nuevo a hacer sus propias conversaciones sola y sacando sus propias conclusiones.

Diecisiete no estaba seguro de si Goten iría a su antigua casa esa noche, y estaba considerando la posibilidad de marcharse, quizá estaba sólo perdiendo el tiempo y el chico estaba en algún lado en la ciudad. Estuvo a punto de irse, pero el Ki de Goku apareció de la nada en el patio de la casa, y maldijo internamente esa técnica de la teletransportación. De nuevo, deseando ahorrarse dramas y preguntas, encontrarse con Goku y su conocida indiscreción era mala idea.

-¡Señora, ¿le importa si espero a Goten en su cuarto?! – habló rápido, escuchando un "Por supuesto" que le dio luz verde a meterse en la primer puerta que encontró.

Sintió a Goku entrar y charlar sobre tonterías con su mujer, quien le indicó que le llamara a Goten y le dijera que ´John´ lo buscaba. -¿Goten? – escuchó a Goku hablar por teléfono. -¿Vendrás a casa hoy? – el androide tenía muy buen oído, pero aun así no alcanzó a escuchar la respuesta. –Sí, tu madre me obliga a usar este aparato… dice que lo del canal mental es una locura…- pausó de nuevo, escuchando alguna respuesta. –Bien, entonces te esperamos para comer hijo…- el androide suspiró en alivió al escuchar aquello. –Ah sí, dice tu madre que José te busca…- soltó, y escuchó la voz de Chi corrigiendo el nombre a gritos desde la cocina. –Am… o creo que es un tal Josh… o Jors, o John... ah no sé…- le quitó importancia, más a favor del otro. –No tengo idea, en realidad no lo he visto… en fin, nos vemos Goten – cortó la llamada y de nuevo fue a decir estupideces al lado de su loca esposa. Eran tal para cual.

Se dio la vuelta, encontrando un cuarto arreglado y limpio, no podía saber si era el cuarto correcto, en realidad imaginaba posters de chicas o ropa tirada en todos lados en una habitación que le perteneciera a un joven como Goten, pero de igual forma, le correspondía esperar, así que tomó un incómodo lugar sobre la cama, tiempo era lo último que tenía.

Al cabo de pocos minutos, la energía de Gohan y su familia se hizo presente, y se sintió algo alterado, poniéndose de pie y buscando una posible ruta de escape alternativo, sin embargo, la conversación de afuera llamó su atención, andando hasta pegarse junto a la puerta.

-¿Cómo está Trunks, hijo? – preguntó Chi-Chi con preocupación.

-Pues… en realidad, nada bien… - pausó, como si considerara una buena respuesta. –Él… él… -

-Está completamente loco – interrumpió Pan, con sus comentarios impertinentes y no solicitados.

-¡Pan, no te expreses así! – regañó Videl, seguramente siendo ignorada por su hija.

-Tranquila, en realidad, Pan tiene razón… Trunks perdió la razón… dejó de tomar el medicamento que le dio Bulma y no ha hecho más que empeorar, pronto no quedará nada de él – comentó en ese tono listo que siempre había caracterizado al hijo de Goku.

-¿En cuánto tiempo crees que pase eso? – preguntó Chi, interesada en el asunto.

-No lo sé, en realidad, esperaba que ya hubiese ocurrido, pero Trunks tiene un control mental increíble. A veces hablamos con Mirai Trunks unos segundos, pero lo pone a raya de inmediato… debe ser mucha presión para él – explicó a la familia suspirando con pesadez. –Hoy tuvo tantos cambios, no sé qué lo habrá alterado, pero estaba muy mal cuando regresó a la Corporación… no quiso hablar, me corrió de ahí de inmediato… su Ki aumentaba cuando Mirai se hacía presente, al parecer pierde el control de todo y su energía se dispara y se eleva sin desearlo cuando pierde el control de su mente…- Diecisiete se había dado cuenta de eso, y supo de inmediato que él mismo había sido la causa de esos múltiples cambios ese día.

-No me sorprende, Trunks tiene tanto orgullo como Vegeta, es más difícil enfrentar su espíritu que enfrentar su fuerza…- comentó Goku, con una seriedad que ni él mismo se creyó.

-Pero no creo que sea lo mejor, es decir, si dejara que la fusión fluyera, no tendría que pasar por tantos sube y baja de emociones, ni desgaste emocional y físico… se está haciendo daño, es demasiado para él – expresó el nerd de la familia.

-Lo entiendo perfectamente, yo poyó que luche contra eso… quizá seguiría recordando y siendo él, pero debe sentirse como si estuviera desapareciendo – volvió a decir algo inteligente el jefe de familia.

-No lo sé… tal vez tienes razón, el pensamiento de Mirai gobernaría, sólo recordaría todo lo que vivió Trunks y conservaría sus sentimientos, pero la personalidad, el genio y la forma de pensar, ya no sería más suya…- Pan soltó una risa burlona y desdeñosa ante aquello.

-¡Se lo merece! ¡Espero ese Trunks sea mucho mejor que este! – se escuchó un golpe en seco, seguramente un golpe de su madre tratando de educar a la rama que ya no tenía compostura.

La puerta principal se abrió de un gran golpe, y hasta ese momento Diecisiete fue consciente de que la energía de Goten era visible y estaba justo entrando a la casa. Su familia lo saludó calurosamente, y por un momento el androide se lamentó de que, a quien buscaba, interrumpiera tan interesante y valiosa conversación, pero sintió el Ki del hijo menor de Goku dirigiéndose hacia la habitación donde él se encontraba.

-¿Qué haces aquí? – preguntó una vez estuvo adentro. El androide lo miró, y Goten parecía alterado y preocupado, además de nervioso, sabía que algo importante estaba pasando, y seguramente, a su retorcido favor.

-¿Cómo supiste que estaba en este cuarto? – dijo para distraer y por curiosidad, mientras preparaba mentalmente lo que diría.

-Esta es mi habitación… - dijo como si fuera obvio, cerrando la puerta con seguro tras de sí. –Sabía que eras tú, parece que eres experto inventándote nombres y personalidades… - comentó, y el androide chasqueó la lengua con disgustó entendiendo la referencia a sus mentiras con Marron.

-Necesito preguntarte algunas cosas…- el joven asintió, quitándose la chamarra café húmeda por la lluvia y sentándose en la orilla de la cama, dando entrada a que el otro continuara. –Es sobre Trunks – Goten apretó los labios, asintiendo lentamente.

-Me enteré que hoy fue a verte…- pasó saliva, cruzando sus manos con nerviosismo al frente. – Justo vengo de su casa… - el androide arrugó el entrecejo, prestando más atención. – Estaba muy mal… ¿Pasó algo entre ustedes? ¿Intentó algo con Marron? – Diecisiete negó silenciosamente.

-Fue a retarme, pero estaba enloquecido, cambiaba de personalidad a cada momento…- el otro asintió, pues había visto los mismos episodios en la C.C. –Ambos son muy agresivos, por cierto…- Goten levantó la vista, incitando a que siguiera. - ¿No dicen que conserva los recuerdos de este mismo Trunks? ¿Por qué rayos sigue confundiéndose y creyendo que maté a su padre y a no sé quiénes más? – dejó ir una de las principales dudas.

-Es por que sigue presionando y evitando la fusión, así que sus pensamientos siguen actuando por separado – suspiró, con cansancio. –Bulma me lo explicó todo hoy, si se fusionaran, Mirai Trunks quedaría en su lugar, pero sabría lo que pasó en este tiempo, lo recordaría, y apuesto a que entendería todo… - el androide mordió su labio inferior, impaciente.

-Cuando conocí a Mirai era un hijo de perra que sólo quería acabar con nosotros, pero… en realidad, parecía "Buena persona" – lo soltó en un tono que indicaba "buena persona" para ustedes, no para mí.

-Pues… no lo conocí bien, volvió un par de veces después de la muerte de Cell, yo era muy chico y apenas y recuerdo algunas cosas. Pero todos hablan siempre bien de él, dicen que era mucho más noble y amable que el Trunks de este tiempo…- contó, con la mirada perdida en el suelo mientras rememoraba. –Eso es algo que le molesta mucho a Trunks, que se volvería alguien cariñoso y sentimental… alguien… comprensivo…- con eso último, una idea cruzó en su cabeza como un trueno, levantando la vista de nuevo a su interlocutor, mostrando un rostro exaltado y confundido. –Espera… ¿Por qué me preguntas esto? ¿Qué demonios planeas? – Diecisiete apretó la expresión, Goten no era tonto y acababa de sospechar sus intenciones.

-¿Qué crees que sea lo suficientemente fuerte para provocar su unión definitiva? – Goten se puso de pie al escuchar eso, quedándose mudo unos momentos, sin saber que pensar o que decir.

-No lo sé… tal vez un impacto mental y emocional muy grande… algo que lo saque de sí mismo y lo ponga inestable… - meditó sus propias palabras, las mismas con las que se lo había explicado Bulma.

-¿Crees que confundirlo y provocarlo durante la pelea sea suficiente para quebrar su control mental? – Goten expandió los ojos ante eso, respondiendo sin entender a primera instancia.

-¿Eres un demente o sólo eres idiota? ¡Eso sería suicidio! Si provocas a Trunks lo único que lograrías sería que él…- retrocedió un paso por la impresión al caer en cuenta de las intenciones del androide. -¡¿Acaso buscas que él te mate?! – exclamó sin poder creerlo.

-Quiero acabar con esas dos personas que dañan y representan un peligro para Marron…- Goten se tensó, tratando de pensar alguna idea coherente.

-Trunks y… – miró en los ojos claros del androide, decididos, firmes, llenos de valor y entrega, y se sintió indigno, tan cobarde y traicionero como era, se sintió escoria al lado de Diecisiete, quien era capaz de darlo todo, muy al contrario de él que sólo se había dedicado a destruir. -¿…y tú? ¿Para qué quieres hacer algo tan estúpido como eso? Si logras que Trunks se transforme en Mirai, tú y ella podrían ser finalmente felices…- Diecisiete mostró una sonrisa dolorosa, que lejos se sentía de esa palabra.

-Estoy más que seguro que ella estaría mejor sin mí…- expuso su idea, pero el hijo de Goku no acababa de creérsela. –No he representado en su vida otra cosa que no sea caos… debo terminar con ese ciclo, y debo asegurarme que este bien también cuando me vaya… - las palabras salían de su boca, pero sentía que era arena lo que expulsaba, era tan difícil decir las cosas en voz alta, demasiado doloroso para su gusto.

-No, no puedes ir a esa pelea… Trunks se convertirá en Mirai un día inevitablemente… no tiene sentido tu suicidio…- la mano del humano artificial subió hasta su pecho empuñada, y el saiyajin notó la intensidad y la culpa en el androide, la decisión.

-¡Su felicidad tiene un precio! ¡Mi vida no representa nada para que ella vuelva a sonreír! – pausó, tragándose las lágrimas que por orgullo no podía dejar ir. –Voy a regresarle lo que le quité… es lo mejor… y estaré seguro que ella estará bien, no sólo porque Mirai se quedará aquí… - Goten sintió la mano del otro sobre su hombro. -…sino también porque sé que tú estarás ahí para ella… - se sintió peor que basura, Diecisiete confiaba en él, no entendía, jamás se percató de sus intenciones, y por supuesto, no sabía que era él el culpable de muchas de las desgracias en sus vidas.

-No… no puedes hacer esto…- murmuró, pero era tarde, y lo sabía, ningún argumento cambiaría las cosas.

-Cuídala – se movió hasta la ventana, sin más, con las dudas aclaradas y las respuestas suficientes para poder armar su plan completo y acabar con tan dura situación. Abrió la ventana y salió por ella, Goten le miró marcharse y quiso detenerlo y convencerlo de desistir de semejante suicidio innecesario, pero no pudo, sus pies estaban pegados al suelo. Sintió su larva retorcerse y azotarse dentro de las paredes de su mente, murmurándole que quizá, así, con los dos fuera del camino, era su oportunidad. Pero al contrario de otras veces, no pudo sonreír ante eso, más bien, la pesada culpa estaba por vencerlo y terminar por aplastarlo definitivamente.

[…]

-¿Dónde estabas? – no podía verla con claridad dentro de la oscuridad del cuarto, pero por su voz sabía que estaba llorando. -¡Me asusté mucho, pensé que habías ido a buscar a Trunks! – se movió entre la cama, arrodillándose en la orilla para abrazar al hombre que yacía de pie en al lado de esta.

Diecisiete la abrazó con una sola mano, rodeando su espalda, sintiendo las lágrimas de ella mojando su pecho. –Perdóname – dijo él en un susurro, entrelazando sus dedos en los cabellos de oro de su mujer.

-¿Por qué pides perdón? – exigió saber con sobresaltó, separándose de él para tratar de verlo a los ojos, lo cual resultó imposible para su débil vista humana.

-Por preocuparte… -su voz, igual de débil y culposa, inquietó a la chica, que se aferró con más fuerza a su cintura.

-Pensé que harías una locura…- soltó más agrias lágrimas, restregando su rostro contra la ropa del androide.

Diecisiete pasó su mano libre por la mejilla de ella, limpiando las lágrimas que corrían por su blanca piel con su pulgar, no soportaba más verla llorar, y esperaba, que esta fuese la última. -¿Una locura? – ella asintió dentro del agarre, posando su propia mano sobre la de su amado.

-Prométeme que no irás…- los ojos transparentes del chico apreciaron con la suficiente claridad el rostro de ella, encontrando una mirada suplicante, dolida, débil y acongojada. Apretó los ojos para no tener que verla, para no llevarse esa mirada y arrastrar con ella hasta la tumba.

-Me quedaré contigo – dijo sin meditar, apretándola contra su cuerpo. Sintió los delgados dedos frágiles clavarse en su espalda, y de nuevo, sintió aquella curiosa sensación de desear poder unirse a esa persona, de poder derretirse en ella y vivir juntos por siempre.

-¿Lo prometes? – Diecisiete apretó los labios y torció su rostro en una mueca de dolor, acto que para su suerte no era visible para Marron. Tragó duro, pensando, ¿Cómo podía prometérselo? No quería mentir más, ya no, así que sólo tomó el rostro de la chica con sus dos manos, acercando su rostro lo suficiente para besarla lentamente sobre los labios.

No respondió, y ella, no insistió más por una respuesta. Él la recostó en la cama y la cubrió de besos, deseaba darle tantos como el número de estrellas que pintaban en el cielo esa noche, incontables, inolvidables, quería quedarse con la sensación de su piel sobre sus labios, tan cálida, tan suave y delicada, tan suya. Jamás imaginó, en tanto tiempo y en tantas cosas, que algo así llegara a sucederle a alguien como él. Algo tan bueno como ella.

Aún creía que era irreal, aún pensaba que ella podría desaparecer de entre sus manos en cualquier momento, desvanecerse. Pensó, absurdamente, que pasaría el resto de su existencia amando a su hermana, pero tenía a alguien a quien amaba mucho más. La amaba al punto en que era capaz de dar su vida, la muerte ya no significaba nada, no por ella. Ella, que lo merecía todo, y él, que no era nada.

Esa noche, le hizo el amor, por lo que sería la última vez, sin que ella lo supiera y sin que él lo planeara realmente, sólo quería sentirla en él por última vez, llevarse eso último consigo. La abrazó al final del acto y acunó su cuerpo cansado que se venció ante el sueño, sintiendo a su propio hijo envuelto en el manto materno junto a su cuerpo, creciendo, moviéndose, sintiendo. Y por un segundo, dudo de su elección, deseaba quedarse, lo sabía, las lágrimas desfilando en sus mejillas, silenciosas e infinitas, lo sabían, y apretó con amor y fuerza a la chica, acariciando su vientre y dedicando un corto beso al bebé que crecía dentro.

Era el adiós, la despedida, porque aunque sintiera miedo, Diecisiete no era ningún cobarde.


Siento la tardanza, de nuevo jeje… perdonen si esta confuso o muy confuso, lo escribo a ratos y pasando siempre las medias noches, pero hago lo que puedo para poder terminar. El siguiente capítulo será el último capítulo, habrá un epílogo absolutamente necesario, pero creo yo bastante corto a comparación. Supongo que cada uno ha sacado sus propias conclusiones pero, ¿Será?

Gracias a B-G-Livi, Sana Pherbell, meli200, trunksvegeta13, negroe25 y a mi mana Diosa de la Muerte que esta en proceso de acabar xD! Leo sus comentarios inmediatamente que me los dejan desde mi móvil, disculpen por no contestar inmediatamente por PM, pero se me dificulta entrar a la WEB desde el cel., y la PC la tengo muy restringida, sin embargo, siempre me emocionan y se los agradezco mucho, mucho! Ninguno pasa desapercibido! Nos leemos la próxima, cuídense mucho! Besos y abrazos psicológicos! *3*