Outtakes 14 – En esta época.
Tener el móvil sobre la mesa para comprobar el tiempo de que le quedaba de clase no era buena idea sobre todo cuando hoy, vibró, haciendo que se deslizara para quedar encima de las notas de Allyson. Se lo paró con el lápiz y le miró, levantando una ceja:
-Perdona- se disculpó Edward cogiéndolo.
Miró al profesor que seguía llenando la pizarra de fórmulas sin descanso - formulas, que afortunadamente tampoco habían cambiado desde la última vez que había visitado la Universidad - y así comprobó quién era quien no sabía que estaba en clase y que no debía de mandarle mensajes de texto, aunque tuviera el móvil en silencio:
Ven mañana a buscarme al aeropuerto. Tomaré un avión antes y así no tendré que pelearme con Rosalie innecesariamente. Me quedo con vosotros en casa.
Suspiró negando con la cabeza, volvió a mirar al profesor y como seguía a lo suyo, contestó:
Está bien. Pero no creo que Esme esté muy feliz con que te alojes con nosotros. Le encanta volver a tenernos a todos reunidos.
Un segundo más tarde, le volvía a vibrar en la mano:
Esme solo estará feliz cuando Rosalie dé a luz y se vaya a su propia casa. Te veo mañana.
Sonriendo, lo bloqueó de nuevo y lo dejó en la mesa. Volvió a levantar la vista, tomó su lápiz para copiar lo que se había perdido, pero Allyson le susurró:
-¿Todo va bien?
Asintió y siguió con sus notas, pero la chica no le quitó ojo así que quizás debía de darle una explicación. Hablar en clase, qué pereza, pero eso pasa cuando vives en sociedad y eres humano a todos los fines.
-Mi hermana viene a visitarnos y ha adelantado su vuelo. Tengo que ir a recogerla al aeropuerto. Mañana faltaré a clase.
-Te hubiera dejado un mensaje en la red social para comprobar que estabas bien, pero gracias por avisar- sonrió- Además, ya tienes muchas tareas adelantadas, no creo que te pierdas nada- añadió.
La red social. Dichosa red social. Allí todo el mundo se encontraba. ¿Qué había ahora de la intimidad? La gente te enviaba solicitud para formar parte de su grupo y ponía en todo momento dónde estaba y qué hacía. ¡Cómo si le importara! También se compartían fotografías y había algunas que no le apetecía ver cuando eran de fiestas o borracheras. Seguía sin encontrarle la utilidad que Bella le encontraba – porque nadie le pasaría unos apuntes mejores que los suyos – así que excepto vincular su perfil con el de Bella poniendo el estado de "Casado con" para que a nadie le quedara ninguna duda o con Emmett aclarando "Hermano de", puso una foto de ambos y no le prestó más atención. Era una persona muy ocupada, era comprensible que no perdiera el tiempo en esa tontería como Allyson o la mayoría de sus compañeros de clase.
Asintió a lo que le había dicho, copió una nueva fórmula, pasó la hoja porque ese ejercicio ya lo había explicado hacía varios días, pero Allyson añadió:
-¿La echas de menos? Dijiste que vivía en Austin.
Cómo explicar lo que echaba de menos a Alice sin dar más datos de la realidad, hablar más de cuatro palabras para que el profesor no les riñera o sin perder dos líneas de la explicación del problema.
-Bella ha estado contando los días para que venga a visitarnos. Es su mejor amiga. Se pasan todo el día hablando por teléfono. Y es mi hermana, cómo no iba a echarla de menos.
Allyson sonrió, hizo un garabato en su hoja y añadió:
-Yo soy hija única, siempre me hubiera gustado tener un hermano y una hermana, como tú.
-Bella también es hija única y dice lo mismo.
-Entonces, no os quedaréis sólo con el bebé, ¿no?
Suspirando divertido por la nariz y anotando una línea más en su cuaderno, respondió:
-No.
Mordisqueó su lápiz, después repiqueteó con él sobre su cuaderno de notas y como siempre parecía ávida de información, añadió:
-El día que quedé con Bella me contó por qué sois todos hijos de acogida.
-Sí, me lo dijo.
-Tus padres parecen una personas muy buenas si además de haber acogido a tantos chicos, se mudaron aquí para ayudaros con el bebé.
-Son los mejores.
-Tienes suerte.
-Me siento afortunado- añadió.
-¿Quizás por eso… decidisteis empezar una familia tan pronto?
Mmm... ¿Esa pregunta iba con segundas? ¿Le resultaría tan curiosa su situación que habría estado haciendo cálculos, como Bella le contó que Jessica Stanley había hecho? A decir verdad, le daba lo mismo. Le importaba un bledo que creyera que se habían casado porque Bella estaba embarazada o porque fuera la ilusión de su vida. Estaban muy por encima de eso. Y seguro que ni contándole la verdad, lo entendería.
-Me gustaría que mi hijo sintiera por mí una décima parte de lo que yo siento por mi padre. Con eso me sentiría satisfecho- respondió.
Allyson sonrió, volvió a mordisquear el lápiz y a repiquetear con él en su cuaderno. En medio de que Edward se volviera a enrolar en la explicación, le susurró:
-Mañana puedo coger tus tareas, si quieres. Para que sólo te preocupes de disfrutar con tu hermana. Te las mandaré por email.
-Eres muy amable.
-Ya voy, Lexie, ya voy- suspiró Bella- No te gusta mucho estar en tu corralito, ¿verdad?
El bebé emitió uno de sus balbuceos y siguió estirando los bracitos para que su madre le cogiera, dando saltitos sobre sus rodillas, agarrado a la red del pequeño parque infantil que tenía en una de las esquinas del salón donde ni siquiera parecía querer entretenerse, dado que desde que gateaba prefería campar a sus anchas por todo el piso de abajo.
Bella le cogió, le besó sonoramente la mejilla y le dejó en el suelo. Como si tuviera un motor, el niño comenzó a gatear lo que le provocó la risa además de unir el vocablo "mamá" varias veces.
Echándole un ojo ya que llegaba al piano para que no se hiciera daño con los pedales o al pasar por debajo del banco, se sentó en el sofá para seguir con sus tareas. Ya casi había terminado un trabajo, había repasado y ahora tenía tiempo para seguir eligiendo la decoración para la Fiesta del Bebé de Rosalie que Alice había querido organizar.
¡Oh! ¡Alice! ¡Mañana ya estaría allí! ¡La había echado tanto de menos! Los meses del verano con ella en Forks no habían sido suficientes. Pero ahora se quedaría tres semanas enteras, hasta que tuvieran que volar todos a Forks para celebrar la Navidad - si Rosalie daba a luz para entonces - y se quedaría para el cumpleaños de Lexie y para todas las compras navideñas.
Aunque eso quizás no fuera buena idea…
Pero con la presencia de su mejor amiga casi olvidaba que Charlie y Jacob se perderían el primer cumpleaños de Lexie por culpa de sus ocupaciones.
Bueno, tenía un montón de familia allí y era muy pequeño. Con que le dejara tirarle del pelo al tenerle en brazos, a Edward darle palmadas en la cara y gatear a sus anchas, era un niño feliz.
Entornó la cabeza porque desde el ángulo donde estaba no veía lo que hacía e incluso se incorporó de golpe porque… ¡estaba de pie! ¡De pie sujeto a una de las patas del piano! Llevaba varios días haciéndolo e incluso daba saltitos con las rodillas o echaba pasitos si ellos les sujetaban, pero nunca lo había hecho fuera de la cuna, de su corralito o en la cama cuando le cogían con dos dedos.
-¡Lexie!- exclamó- ¡Estás de pie!
Iba a coger su móvil para hacerle una foto o grabarle en vídeo, primera idea que tenía cuando hacía cualquier progreso pero que se soltara de la pata del piano y echara ¡dos pasos! para sujetarse en el banco, ya le hizo gritar como una exaltada.
-¡Lexie! ¡Estás caminando! ¡Ven hacia mamá!
Se arrodilló en el suelo, apartó incluso la mesa de café para que no tuviera obstáculos y tendió los brazos. Lexie se quedó mirándola, sonriendo y señalándola con el dedito, dijo:
-¿Mamá?
-Sí, peque, ven hacia mamá.
Se soltó del banco, dio una especie de tambaleo como si se fuera a caer, pero se recuperó y enderezó su paso. Con un pie delante del otro y estirando los brazos avanzó hacia ella, riendo a carcajadas para que le recogiera en un abrazo.
-¡Has caminado un montón! ¡Mamá está muy orgullosa de ti!- le besó repetidas veces- ¿Cuándo te has hecho tan mayor? Eres todo un hombrecito, Lexie, eres el hombrecito de mamá.
El ruido de la puerta al abrirse con el tintineo de llaves que Edward siempre llevaba encima - las del coche, las de casa, las de casa de Esme y Carlisle - le hizo dejar de gritar como una histérica a su bebé que evidentemente no le iba a contestar nada inteligible para exclamar hacia el recibidor:
-¡Edward! ¡Edward!
Se asomó en cuestión de milésimas de segundo. Sonó un portazo como si alguien le viniera persiguiendo y un ruido seco, seguramente de haber dejado los libros caer – mejor eso que la bolsa con su portátil - para aparecer en el umbral blanco como el papel y con cara de susto:
-¿Qué pasa?- preguntó alarmado- ¿Qué es?
-¡Lexie ha dado sus primeros pasos!
Aunque frunció el ceño de golpe - quizás pensando con qué clase de loca estaba casado que le ponía al borde del infarto gritando como una descosida - después su cara cambió completamente para llevarse incluso las manos a la boca. No obstante le bastó olvidar el estupor inicial para darse cuenta de que ella estaba arrodillada y que Lexie estaba de pie, en sus brazos y dando saltitos sobre sus rodillas.
-¿Me lo he perdido?
Esto le iba a afectar y seriamente. Primero que la llamara mamá y después perderse sus pasos cuando había estado presente en todas sus primeras actividades: fue el primero que se dio cuenta de que le salían los dientes, presenció su primer estornudo, casi se empapó de la primera vez que vomitó su primera comida semisólida y el blanco de su primera gripe.
-Se levantó él solo, ni siquiera le sujetaba. Después le llamé y vino hacia mí- le besó otra vez sonoramente- ¿Quieres caminar más hasta papá o estás ya muy cansado?
-¿Papá?- dijo señalándole con su dedito.
-Ven hasta mí, Lexie- respondió Edward arrodillándose en el suelo para tender los brazos- Camina para que papá te vea.
Con el mismo tambaleo e incluso zafándose de las manos de Bella que le sujetaban, empezó a caminar, como si llevara haciéndolo horas. Un pie delante del otro, en un trayecto curvilíneo para tirarse hacia los brazos de Edward en cuanto estuvo lo suficientemente cerca.
-¿Cómo es posible que tengamos un hijo tan listo que ya camina solo?- le preguntó casi ahogándole en besos- Eres el bebé más listo del mundo, Lexie. Papá y mamá están muy orgullosos de ti.
Lexie se rió, le dio palmaditas en la cara y en medio de los achuches de su padre, señaló algo a su espalda para balbucear:
-…arkles- y se batió para que le dejara libre.
Edward obedeció mirando a su espalda y fuera a donde fuera que quisiera desplazarse no entrañara peligro ninguno cuando se dio cuenta de que el gatito estaba en medio del recibidor. Su vocabulario cada segundo era más extenso, no sólo les identificaba a ellos, a Esme y a Carlisle con su propio vocablo, algo parecido a "elos", a Rosalie con "ata", que pedía agua y el chupete para dormir, que además hasta sabía cómo se llamaba el gato.
Si eso no era para llorar y para explotar de orgullo a la vez, no sabía muy bien cuándo iba a tener otra razón para hacerlo.
Le soltó y con el tambaleo empezó a caminar hacia el gato. Era muy gracioso porque estiraba las manos como si quisiera cogerlo y espachurrarlo y cuando estuvo lo suficientemente cerca, Sparkles dio un saltito y huyó de él, lo que frustró a Lexie quedándose sentado en el suelo. Pero aún así y gateando, se arrastró hacia él hasta que el animal escapó escaleras arribas.
-¿Estás de caza, hijo?- se rió- ¡Corre a por él!
-Se ha dormido- anunció cuando se asomó en el salón.
Edward asintió, le sonrió y siguió enfrascado en su actividad: estaba sentado en el sofá, con los pies estirados sobre la mesa de café, incluso con la tele puesta en un canal de noticias a volumen inaudible, rodeado de libros y notas. Escribía algo en su cuaderno a gran velocidad así que cuando estaba así, en modo estudio, ni siquiera cogiendo a Lexie en brazos llorando a pleno pulmón se desconcentraba.
Por eso se iba a graduar casi dos años antes de lo normal.
Bella entró en el salón, le saltó las piernas para pasar al otro lado del sofá y se sentó, tomando el mando. Cambió de canal varias veces, pero como no iba a interesarle nada de lo que pusiera, se centró en mirarle.
Conocía muy bien a Edward y quizás como mejor le conocía era concentrado. No obstante, la primera vez que le había visto - saltando las diferencias de antes y ahora - era en clase. Fruncía el ceño mientras hacía sus actividades e incluso apretaba los labios a la misma vez que deslizaba el lápiz por el cuaderno totalmente inmerso en su actividad. Borró la hoja un par de veces y tras soplar los restos, levantó la vista incluso las cejas. Con su atención, Bella sonrió y se deslizó por el sofá para sentarse a horcajadas sobre él.
-Bella…- suspiró apartando el cuaderno- Tengo que terminar esto.
-Mañana no vas a ir a clase, puedes hacerlo en otro momento.
Era una excusa como cualquier otra así que sí, cerró el cuaderno y lo dejó sobre el cojín contiguo y poco más pudo hacer porque Bella ya le estaba besando el cuello.
-Amor…- suspiró de nuevo, con otro tono completamente distinto.
-Hoy es un día muy especial, estoy muy emocionada. ¿Tú no lo estás? Lexie ha dado sus primeros pasos y está a punto de cumplir un año. No puedo creer como pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando me entregaste el anillo de compromiso como regalo de Navidad y ahora ya es una parte de mí.
-Y parece que fue ayer cuando lo miraste horrorizada y me lo tiraste a la cara- respondió él divertido.
-Nunca te lo tiré a la cara- contestó frunciendo el ceño.
-A la cara concretamente no, tienes razón, pero sí lo dejaste caer a la cama, me lo lanzaste en el coche…- respondió apartándole el pelo para besarle también el cuello.
-Era joven e inmadura.
-Bella, amor mío, tú nunca fuiste inmadura. Eres mucho más madura que yo- contestó con su sonrisa de medio lado.
Bella se rió y volvió a lo que hacía: centrarse en su cuello. A la vez empezó a ascender la camiseta para meter una mano debajo y con la otra hábilmente situarse dentro del pantalón.
-Es buena idea eso de ir rápido porque apenas faltan horas para que llegue Alice y durante semanas no vamos a estar ni un minuto solos- añadió él igual de divertido.
-Pues espero que ahora, no esté mirando…
Ver a Alice ahora era completa sorpresa porque cuando aparecía nunca sabía qué aspecto físico iba a tener. Evidentemente seguía siendo su hermana con pinta de duendecillo, delgada, menuda y frágil pero en los últimos meses se había cambiado tantas veces de aspecto que si ahora salía por la puerta de desembarque con el pelo azul, no se sorprendería.
-¡Alice!- exclamó Edward para batir la mano.
Antes de mirarle incluso, justo en las puerta, la chica se quedo quieta. Abrió su bolso - un bolso de mano que tenía pinta de pesar más que ella de un color fucsia cantoso - y sacó un espejito de su interior. Se miró detenidamente, se atusó la melena, se humedeció los labios y como si fuera a recorrer una pasarela, lo guardó para seguir andando.
Bueno, esencialmente no había cambiado más que la última vez: tenía el cabello castaño - más claro de lo que era su color moreno natural - aclarado con unos mechones color caramelo y llevaba bucles en las puntas, además de que el flequillo que le descansaba en los ojos había desaparecido. Podía preguntarse cuánto de todo lo que llevaba encima era suyo pero al contrario que su madre y su otra hermana, era la manera de que Alice había abrazado su mortalidad así que… ¡qué más daba! Alice estaba allí y no podía estar más feliz.
Le sonrió mostrando su dentadura brillante y echando una pequeña carrerita - haciendo que sus tacones resonaran en el piso de la terminal - llegó hasta él abriendo los brazos.
-¡Edward! ¡Estoy tan contenta de estar aquí! ¡Os echo tanto de menos!
Era duro estar separados. Para todos: para Alice y Jasper, y para todos ellos. Pero Jasper al recuperar su mortalidad sólo dijo que su deseo era volver al ejército y Carlisle le faltó tiempo para hacer que su sueño se hiciera realidad. Y Alice por supuesto que se iría con él. Se había matriculado en la Universidad allí y tras entrar en una Escuela de Moda porque antes había decidido ser Periodista pero después vio que aquel no era su destino, seguía gastando el tiempo de compras, hablando con Bella o exaltándolos con sus visiones que la dejaban lívida.
Siendo… Alice, en una sola palabra.
Edward la abrazó para besarla en la cabeza y la estrechó contra él. Así incluso la meció porque en ese momento no se dio cuenta de la parte vacía que había dentro de él sin su hermana.
-¡Tenía tantas ganas de venir!- añadió dando un saltito- ¡Tenemos que hacer un montón de cosas! Organizar la Fiesta del Bebé de Rosalie, el cumpleaños de Lexie… ¡y quiero ir a una fiesta! ¿Me llevarás, me llevarás?
-¿Tú también?- preguntó Edward- ¡Como si no tuviera bastante con Emmett!
-No seas aburrido, Edward- le hizo un mohín- Estoy aquí y he comprando un montón de vestidos para Bella. Te aseguro que vas a disfrutar mucho- le guiñó un ojo.
-Genial, lo que más necesitaba- suspiró- Otra persona que me haga sonrojar…
Alice dio otro saltito para colgarse de su cuello para darle un sonoro beso en la mejilla. Después le cogió del brazo y le instó a caminar.
-Vamos a por las maletas, tengo muchas ganas de abrazar a Bella y a Lexie. Y tengo que enseñarle a soplar la vela de su cumpleaños porque he visto que vosotros no lo habéis conseguido. ¿De quién ha sacado ese genio? Es realmente tozudo cuando se pone.
-Eso mismo me pregunto yo todos los días- bromeó Edward.
Tiró una prenda sobre la cama, otra más y con incluso la percha, se probó la siguiente por encima. Se miró en el espejo pero no le convencía y con un gruñido y revolviéndose el cabello fue a por otra prenda más. Se quitó el jersey que llevaba puesto, se puso una camiseta y cogiendo un pantalón que había arrugado al principio de la histeria que le había hecho revolver todo el armario, se miró al espejo de nuevo.
Llevaba todo el día sin parar, limpiando como una loca. Incluso Edward decidió darle el desayuno a Lexie en el salón mientras jugaba dentro de su corralito y cuando se quiso dar cuenta le estaba gritando que tuviera cuidado con las migas. Pero la visita de Alice era lo que le estaba proporcionando: hiperactividad y fiebre por la limpieza. Una tontería porque Alice lo habría visto, pero era la primera vez que su mejor amiga iba a alojarse con ellos y quería además de que se sintiera cómoda, ofrecerle lo mejor. Y si eso era no tener ni una mota de polvo en casa, por seguro que lo haría.
Lexie entró gateando en la habitación y se quedó parado en el medio. Cuando vio a Bella salir del armario para recoger la ropa sobre la cama, la señaló con el dedito y la llamó:
-¿Mamá?
Como era totalmente imparable desde que gateaba y más desde sus primeros pasos que a veces se descontrolaban y le hacían terminar en el suelo, habían asegurado puertas con barandas infantiles además de la escalera, así que así estaba cómodo campando a sus anchas por lo que entraba y salía de la habitación principal a la suya, y viceversa para llenarlo todo con sus risas.
Se frustraba cuando Sparkles salía del estudio - su remanso de paz - demasiado deprisa para que él no le pillara para huir escaleras abajo, pero ese era el mayor problema del pequeño.
-¿Está guapa mamá, peque? Pero sé sincero. No me pelotees como tu padre.
Dio una vuelta para que el niño le viera, pero el niño sólo se rió y empezó a gatear hacia ella. Bella se rió también, le cogió en brazos y antes de recoger el desastre sobre la cama, le sentó encima.
-Me lo voy a tomar como un sí- le besó sonoramente en la cabeza- Pero… ¿lo suficiente para tía Alice?
Ahora le respondió estirando la manita para cogerle de los cabellos y haciendo una pedorreta, así que Bella le tumbó hacia atrás y le hizo lo mismo en la barriguita. El niño se rió más y se intentó escabullir pero sólo llego hasta los cojines de la cama. Bella se rió, le tiró de una de sus zapatillas para quitársela y que no dejara marcas en el edredón, pero como el niño seguía hacia los cojines metiéndose incluso debajo y ya se hacía tarde, hizo un bloque con la ropa para volver hacia el vestidor.
Colocó las camisetas en su sitio, colocó los jerseys en su sitio, hizo cada movimiento sin quitar ojo a Lexie encantado con poder jugar en la cama de sus padres, pero…
-¡No! ¡No! ¡No!- exclamó Bella corriendo hacia él- ¡Lexie, cuidado!
Casi de dos zancadas, saltó sobre la cama para cogerle antes de que se golpeara contra la mesilla. Ya se había llevado un golpe la semana pasada y ella se pasó más tiempo llorando que el niño que apenas se hizo un morado en la frente. Era rápido como una bala y escurridizo como un pescado y a Bella le daba la sensación que así tuviera 20 ojos o Edward la velocidad de antes, nunca llegaban a tiempo de salvarle de todos los peligros.
-¿Estás bien, peque? ¿Estas bien?
Le miró preocupada, echándole incluso los cabellos hacia atrás para ver si el daño estaba escondido entre sus revueltos cabellos bronce-arrubiados, pero no parecía más asustado que por su grito porque al segundo volvió a hacer su pedorreta y a cogerle de los cabellos.
-Le has dado un susto a mamá, tienes que tener más cuidado, Lexie- contestó con un sonoro beso en la frente- Nos cambiaremos la sudadera, ¿verdad? Tía Alice nos mandó otra más bonita que ésta y le gustará verte con ella.
Alice seguía mandado centenares de ropa para ellos, pero aún más para Lexie. Y eso que a Bella no le disgustaba especialmente salir de compras para el pequeño. Pero aunque ella buscaba ropa más funcional para que el niño estuviera cómodo - vaqueros, pantalones de deporte, camisetas y jerseys - Alice le enviaba la ropa más preciosa del mundo que hacían parecer a Lexie más mini-Edward que nunca. De hecho en las últimas bolsas había dos cazadoras idénticas -para el adulto y para el niño- que pensaba ponerle hoy para regocijo de su tía.
Se levantó con el niño en brazos, se echó el cabello hacia atrás para que no le siguiera tirando de él y se lo llenara de nudos para entrar en el cuarto de Lexie. Le dejó en el suelo mientras abría el armario, pero como intentó gatear fuera de nuevo, tuvo que volver a cogerle para meterle en la cuna y de que allí no huyera, por mucho que el niño protestara. Cogió otra sudadera y empezó a desvestirle, unos pantalones y cuando fue a por las zapatillas oyó el ruido del motor del coche entrando en el garaje, así que calzándolo apresurada, le cogió otra vez en brazos.
-Es tía Alice, peque. Tía Alice y papá- le besó sonoramente.
El niño balbuceó, batió las palmitas, identificó a su padre pero sobre todo rió cuando Bella echó a correr con él escaleras abajo. Repetía algo como "más" porque si había algo que le gustara era que le jalearan, con lo que Emmett disfrutaba más que el niño.
Se sentó con él en el último escalón, le dejó en el suelo y…
-Como ensayamos, peque. Esperamos que tía Alice no lo haya visto.
Sonó el tintineo de llaves, una conversación al otro lado e incluso unas risas - ¡la risa de Alice! - y cuando el picaporte se giró, soltó al niño pero…
Edward empujó la puerta y dejó de hablar para sonreírles. Llevaba colgada una bolsa de viaje fucsia, además de ir empujando una maleta de ruedas. Alice llevaba otra. Pero se agachó en el felpudo y abrió los brazos para decir:
-¡Lexie! ¡Camina hacia tu tía favorita!
Lexie titubeó caminando hacia Alice en su trayectoria curvilínea para lanzarse a sus brazos que le recibió llenándole de besos. No faltaba decir que sorprender a Alice, y eso que decía que ahora no controlaba sus visiones como antes, era bastante difícil. Lexie llenó todo el recibidor de risas y eso que con las maletas de Alice parecía bastante difícil.
-Lo has estropeado- se quejó Bella- Llevábamos practicando toda la semana.
Alice hizo caso omiso de Bella y se levantó con Lexie en brazos para seguir achuchándole y besándole. Lexie le tiró de los cabellos y le palmeó la cara, y aunque Edward contó hasta tres para que le soltara porque parecía dispuesto a estropear la indumentaria de su tía, Alice parecía encantada de tener a su sobrino en brazos.
-¿Quién es tu tía favorita, Lexie? ¿Quién es? Dilo; Tía Alice. Tía Alice es la mejor del mundo.
-Creo que Rosalie no va a estar nada de acuerdo- dijo Edward divertido.
-Bah. Rosalie no puede ser la protagonista de todo- le contestó para dejar al niño en el suelo- Y Lexie me quiere más a mí porque le compro ropa preciosa, ¿ves, lo guapo que está?
Lexie emitió uno de sus gorgoritos y caminó dos pasos hasta llegar a las piernas de Edward. Se agarró a la altura de las rodillas y como con el niño allí le era imposible caminar y más con las maletas de Alice, le cogió con un brazo para pasar el equipaje dentro de la casa.
-¿Qué llevas puesto, Bella? ¿Para eso has revuelto todo tu armario?- dijo Alice.
-¡Como te echaba de menos!- exclamó Bella.
Se levantó del escalón y corrió a abrazar a su amiga, y una vez juntas empezaron un despliegue de grititos y saltos que seguro que llegó hasta la casa de los vecinos. Bella soltó varias veces a Alice para mirarla de arribabajo como si no creyera que la tenía en sus brazos y vuelta a empezar hasta que incluso Lexie protestó queriéndose unirse a la fiesta.
-¿Soy o no soy su tía favorita?- preguntó Alice en su regocijo tendiéndole los brazos al niño.
-Mira- le mostró una página del catálogo que hojeaba- Una escultura de tu barriga. Sólo necesitaríamos que Carlisle nos trajera un poco de escayola del Hospital. Sería un detalle muy original.
Rosalie apenas levantó una ceja y negó con la cabeza para seguir pasando hojas del catálogo que ella misma tenía entre manos como si Alice ni siquiera estuviera presente, aunque bien pensado así llevaba actuando toda la tarde. Primero, se molestó porque Alice quisiera quedarse en casa de Bella y Edward porque así podría pasar más tiempo con Lexie, cuando apenas le veía semanas al año y después porque todas sus ideas para la Fiesta del Bebé eran descabelladas, ridículas y horrendas. Así que Bella contaba los segundos para que se pusieran a tirarse de los pelos porque allí la tensión se podía cortarse con un cuchillo.
-¿Y globos y coronas?- dijo Bella a media voz- Podemos decorar todo el salón con globos y ponerte una corona.
-Bella, estoy enorme, no necesito una corona para que nadie sepa que la fiesta es en mi honor- pasó otra hoja de golpe- Lo que sí me gustaría es una escultura. No una porquería de escayola como si me hubiera roto un hueso, pero una escultura de hielo sería muy original. De mí, antes de haber engordado tanto. ¿Dónde crees que la podremos conseguir?
Miró a su hermana como si tuviera la respuesta a todas sus preguntas y como no lo consiguió volvió a bufar y a centrarse en su revista.
-Será una fiesta horrible. Como la casa. Como Hanover. Debería de encerrarme en una habitación y no salir hasta que empiecen las contracciones- murmuró- Y vosotros no colaboráis en absoluto.
Bella cogió de la mano a Alice para que no saltara sobre su hermana a la que, en apenas 12 horas, ya había sacado de quicio lo mismo que estaban todos los demás. De hecho, con la pobre excusa de mirar no sé qué de su coche, Emmett salió de la casa hacía un buen rato, Edward sugirió acompañarle y Carlisle y Esme estaban en el cuarto de juegos con Lexie, así que ellas estaban solas ante el peligro.
-Si una escultura de hielo es lo que quieres, miraré por Internet a ver qué podemos conseguir- sugirió Bella.
-¿En serio?- su rostro se iluminó- Sabía que tú no me defraudarías. Y lo de los globos está bien. Quiero globos por toda la habitación. ¡Hasta en el techo! Y que en algunos se pueda leer el nombre de Henry o Vera. O formar su nombre con distintos globos. Eso es lo que más me gustaría. Y un té. Con limón. Y una nubecita. ¿Alguien puede preparármelo?
Alice miró de nuevo a Bella con ganas de matar a su hermana y dándole el mismo apretón en la mano, ella misma se ofreció. Son las hormonas, se dijo a sí misma, en cuanto dé a luz todo esto se pasará y volverá a ser la Rosalie de siempre que sólo saca de quicio a la gente esporádicamente.
Se levantó del salón mientras Alice le mostraba tipos de globos para encargarlos y salió hacia la cocina. La cocina de la casa de Esme y de Carlisle era propia de una revista de decoración, muy parecida a la que tenían en Forks, enorme y lujosa, tanto que sentía que si tocaba algo se iba a estropear. Al menos cuando decoraron la suya se dieron cuenta que a ella tanta tecnología no se le daría bien y escogieron una más sencilla y tradicional. Buscó la tetera, abrió el grifo para llenarla de agua y la puso sobre la complicada placa de inducción. Tras intentar tres veces consiguió encenderla así que esperó a que pitara pacientemente porque volver al salón en un espacio breve de tiempo, no entraba en sus planes.
Miró al vacío a la nada, hasta que se dio cuenta que en el mueble que hacía esquina, en una de las estanterías, había una nueva foto entre todas las que Esme tenía repartidas por toda la casa, de Lexie y de Edward junto al elefante el día de la visita del zoo. Lexie fruncía el ceño en la instantánea porque parecía molesto con el sol y se cogía al cuello de la camiseta de Edward, pero él si sonreía mucho y reflejaba perfectamente lo bien que se lo habían pasado en la excursión.
Al contrario que Edward, a Esme y a Carlisle no les molestaba en absoluto tener fotografías de antes en la casa. Eso había supuesto algún que otro intercambio de pareceres cuando Bella quiso poner unas fotos de los años 60 que Esme le había dado de Edward y él se negó en rotundo. Incluso fotos de toda la familia antes. La única foto anterior era la del Baile en Forks que tenían en el estudio pero hábilmente siempre la parte del portarretratos donde él estaba quedaba tapado por una foto de la boda.
Unas voces en el jardín trasero que se veía desde la ventana de la cocina llamaron su atención y se fue a asomar. No eran más que Edward y Emmett que ya no se encargaban del coche si no que jugaban al balón en el césped. Parecían divertirse. Bueno, menos drama si estaban fuera y no dentro en la organización de la fiesta.
-¡Oh!- exclamó Alice cerrando la puerta- ¡Voy a matarla! Esperaré que nazca el bebé y la mataré lentamente. No sería capaz de quitar dos vidas, pero una, sí. Ahora no quiere la escultura de hielo, ¿puedes creerlo?
Bella se rió. Claro que podía creerlo. Llevaban así desde que se habían mudado moviendo muebles y cambiando colores de paredes, porque cuando decía que quería el salón en tonos melocotón, cuando estaba pintado y los trabajadores se habían marchado le gritaba al que estuviera en frente diciendo cómo le habían dejado escoger algo tan horrible. Así que nada le sorprendía. Pero como decía Edward debían dar gracias por estar todos juntos, así que los cambios de humor de Rosalie no le iban a empañar tal felicidad.
-Y, ¿sabes qué?- añadió- Que estoy segura que no quiso saber el sexo del bebé para que me frustrara más y siga viéndola borrosa. No pudo hacer como vosotros, ¡no! Quiere mantener el misterio. Y aunque me ha encantado comprarlo todo doblemente... me hubiera gustado tener un poquitín de ayuda.
-Se le pasará, sé cómo se siente. Las hormonas a esas alturas del embarazo te dominan completamente. Pero hay que ser positivos y pensar que en unas semanas, Rosalie volverá a la normalidad.
-¿Normalidad? ¿Qué consideramos normalidad en Rosalie?- bufó Alice.
Iba a dar dos pasos dentro de la cocina pero, de repente, se quedó quieta, con los ojos vacíos y blanca como el papel. Bella le habló preguntándole si le apetecía también un té, que había escogido uno sin teína para no alterar más a Rosalie cuando se dio cuenta de que estaba en uno de sus trances. Corrió hacia Alice para sujetarla, llamarla e incluso batirla, pero sin más, su amiga pestañeó volviendo a la realidad.
-¡Están ahí fuera!- exclamó- ¡Jugando! ¡Todos! ¡Y nos han dejado solas con Rosalie!
Prácticamente la empujó para cruzar la cocina y salir hacia el jardín. Recuperándose del shock, Bella intentó seguirla pero la tetera pitó así que tuvo que quitarla del fuego. Enfrente de la ventana pudo ver ya a Alice en medio del césped, peleándose con Emmett por la pelota, que era verdad que estaban todos, porque ahora Carlisle con Lexie agachado mientras le sujetaba para que caminara por el césped se había unido, lo mismo que Esme.
Le encantaba ver interactuar a Lexie con sus abuelos. Los adoraba. Se le pintaba una carita de veneración increíble cuando uno de los dos estaban en la habitación, aunque no era para menos: tenían una paciencia increíble y le colmaban de atenciones y cariño. Nunca nada era suficiente para Lexie: ni nada material ni el tiempo que empleaban con él o los sentimientos que le procesaban. Y cuando pasaba tardes con ellos o se lo dejaban por alguna razón, a veces ellos mismos tenían que pedirle de vuelta a casa.
Lexie daba un pasito y después otro mientras señalaba con el dedito a Edward. Caminó hacia él haciéndole gestos divertidos y cuando llegó a su altura le tendió los brazos pero el niño negó y se giró, refugiándose en su abuelo. Edward contestó algo mostrándose ofendido que hizo que Carlisle se riera y Esme se acercó para abrazarle y besarle a él. La demostración afectiva no debió de hacerle mucha gracia a Lexie y entonces sí que tendió los brazos para irse con su padre que recibió con una gran sonrisa y miles de besos. Pero después y con tantos regazos amorosos volvió a tender los brazos, Esme le cogió y Carlisle y Edward se unieron a Emmett y a Alice a su juego con la pelota.
-¿Qué pasa con ese té? He oído hace cinco minutos la tetera. Se me están pasando las ganas.
Rosalie - y su barriga - estaban plantadas en medio de la cocina y con gesto de pocos amigos, así que por mucho que se diera prisa en tenderle la taza, sabía que no lo arreglaría. Pero ni siquiera reparó en Bella y miró directamente por la ventana para enfurecerse tanto que antes de hablar los agujeros de su nariz parecían el doble de lo normal.
-¿Eso es lo que están haciendo? ¿Jugar a la pelota? ¿Mientras yo estoy sola y muerta de sed? ¡Incluso Lexie y Esme! ¿Preparan un partido de baseball ahora que yo no puedo unirme? ¡Oh!- exclamó con su grito teatral- ¡No puedo creerlo!
-Bueno…- titubeó Bella sin palabras- Hace muy buen día y…
-¡No!- volvió a exclamar- ¡No puedo creer que acabo de romper aguas mientras esos insensibles se divierten!
Se quedó unos instantes sin saber qué hacer, allí, parada cual pasmarote, como si fuera la primera vez que viviera algo así. Aunque sí como espectadora, porque la otra vez ella era la protagonista. Además, de todas las veces que se podía haber imaginado el parto de Rosalie - de lo que hablaba constantemente - nunca se imaginó que fuera así, de hecho la hermana de Edward le parecía tan divina que estaba convencida de que era de esas mujeres que no sufrían dolor al dar a luz, ni se despeinaría y estaría preciosa al recibir a su hijo en brazos que saldrían incluso sin manchas de sangre ni placenta.
-¡Bella!- exclamó requiriendo su atención.
El grito la hizo reaccionar y corrió hacia Rosalie para sujetarla. Su cuñada sopló una vez y se dobló sobre si misma así que antes de que empezara a gritar, fue ella misma la que lo hizo:
-¡Edward! ¡Carlisle!- levantó la voz lo suficiente para que la oyeran desde el jardín- Te llevaremos ahora mismo al Hospital, Rose, todo irá bien.
-Voy a tener a mi bebé. No puedo creerlo- musitó soplando.
-Claro que sí. Lexie tendrá a su primito o primita.
La puerta de la cocina se abrió de golpe con Alice a la cabeza. ¡Oh! ¡Menos mal! Un poco tardías pero seguían siendo útiles porque por la cara de los que la seguían, sabían perfectamente qué ocurría allí. Emmett estaba blanco como un papel y casi empujó a su hermana para llegar hasta su mujer.
-Rose, cariño…- pero se detuvo a mitad de camino para sumar a su cara lívida un gesto asqueado- ¿Qué es eso del suelo?
-El líquido donde vive tu bebé, imbécil- le espetó su pareja- Que va a salir de un momento a otro como no os deis prisa, y si vivimos en este siglo, no pienso parir como si me hubiera tocado hacerlo en mi época.
La maquinaria perfecta que formaban los Cullen, como siempre se lo había parecido a Bella, se puso en marcha sin necesidad de ensayo: Carlisle tomó el control en su papel de cabeza de familia y médico, Esme se dedicó de la parte emocional y Alice saltaba de alegría por la llegada de su nuevo sobrino o sobrina. Sólo Edward se quedó un poco apartado, dado que llevaba a Lexie en brazos y parecía querer protegerle de las blasfemias que salían de la boca de su tía.
-En el Hospital ya nos están esperando, lo tienen todo preparado- anunció Carlisle guardando su teléfono móvil- Emmett, vete sacando el coche.
-Yo ya tengo preparada la bolsa- anunció Alice.
-¿Cómo estás, cariño?- le susurraba Esme a Rosalie.
-Este bebé tiene prisa- sopló entre dientes.
-No perdamos tiempo- insistió Carlisle.
Le hizo una seña a cada una, a Bella y a su mujer, y cada una a un lado, ayudaron a Rosalie a caminar. Incluso en su estado, le preguntó a Alice si había cogido tal camisón o tal gorrito para el bebé, o que quería la habitación llena de flores, lo que la ayudaría a tranquilizarse.
-Llamadme en cuanto sepáis algo. No puedo esperar para saber qué es y a quien se parece- dijo Edward.
Sí, Edward seguía apartado, entreteniendo a Lexie, fuera de todo el bullicio. Aunque, de todos modos, parecía un tanto aliviado: las tensiones entre Rosalie y él en las últimas semanas eran cada vez mayores y evitaba todo lo posible cualquier tipo de interacción. Además, a Bella le daba la sensación que si se seguían hablando era por Emmett o por Esme y por Carlisle, porque entre él y su hermana no había nada de buen rollo.
-No, no, no, Edward- dijo Rosalie- Tienes que estar allí. Tienes que ayudar a Carlisle. No quiero que una enfermera cualquiera coja a mi bebé, después de esperar 60 años por él. Tienes que ser tú.
Todas las miradas se tornaron hacia Edward, al otro lado de la cocina, con Lexie abrazado a sus piernas porque caminaba desde la puerta del jardín hacia su padre, como si fuera lo más divertido, tanto que hasta se le sonrosaron las mejillas. Se agachó para coger al niño y dijo en un titubeo:
-Alguien… tiene que quedarse en casa con Lexie.
-Yo puedo hacerlo- se ofreció Bella- Si quieres que Edward esté allí.
Se cambiaría gustosa por ver a Edward brindarle su apoyo a su hermana. Eran los dos igual de cabezotas y nunca darían su brazo a torcer pero los dos se equivocaban: Rosalie por ser tan intransigente y Edward por no aceptar que su hermana era como era. Así que si ese momento, la llegada del nuevo miembro de la familia, no les unía, ya sería un caso perdido.
-No, quiero que estéis los dos- insistió Rosalie- Que estemos todos. ¿Alice, has avisado a Jasper? Quiero que toda mi familia esté conmigo.
-Le avisaré cuando estemos en el Hospital, Rose, no te preocupes- dijo su hermana- Aún tengo que buscar el modo de llenar tu habitación de flores.
-¿Edward, hijo?- preguntó Carlisle- Sería un honor para mí que me asistieras en el parto de Henry o Vera. Y ya eres todo un experto- le sonrió.
Edward suspiró, besó sonoramente a Lexie y le volvió a poner en el suelo. El niño no se movió y se volvió a coger a sus piernas requiriendo su atención pero Edward no le miró hasta contestar:
-¿No habrá ningún problema en el Hospital? Tienen unas políticas un tanto estrictas a no ser un caso de caos general como el del invierno pasado.
-Intentaremos que no sea así- insistió su padre- Y Lexie puede quedarse en la guardería de empleados hasta que llegue el momento de conocer a su primo o prima.
Asintió, la habitación se llenó con un soplido de dolor de Rosalie, un suspiro de orgullo de Esme y de un gritito de Lexie pidiendo que su padre le cogiera de nuevo:
-¿Lo has oído, Lexie? Hoy tendrás a tu primito o primita- le besó sonoramente- Y papá estará ahí para verle el primero, como a ti- añadió en otro beso.
-¡Vámonos!- exclamó Rosalie.
