No podía creerlo. ¿Así era como lucía?

Mordekaiser era supuestamente un señor de la guerra, terrible y brutal. La mayoría de la gente asumió que nunca se quitaba el casco porque tendría un rostro deforme y marcado.

¿Entonces porque era tan condenadamente guapo.

Sus ojos ovalados eran rojos como la sangre. Sus cejas rectas, su nariz delgada, su cara ovalada, y su pelo negro como el azabache, medio recogido por detrás. Por un momento pensó que tenía delante a una persona diferente. Tanto que se sonrojó de la vergüenza al ver a alguien tan guapo.

-Hmf. Curioso. Ha sido más fácil de lo que me esperaba.-dijo Mordekaiser con su voz habitual.-Bueno, ¿qué? ¿A que viene esa cara? ¿Porqué te entra vergüenza de repente?

Sona empezó a jugar con sus coletas nerviosa. No sabía que hacer. Pero pudo tranquilizarse poco a poco. Ese aún era Mordekaiser. Y le acababa de entregar una gran prueba de confianza en ella. Debía hacer lo mismo.

-Si esperabas que fuera feo o algo por el estilo, lo lamento.-dijo riendo siniestramente.-Pero tiene más que ver con un asunto que... ¿Qué haces?

Sona se puso de pie sobre una caja de vinos dejada en la esquina delante de Mordekaiser. Dicho esto, le agarró del rostro, y cerró los ojos, mientras acercaba su cara. Mordekaiser, esperando lo obvio, cerró también los ojos.

Lo que sintió en su lugar, fue la frente de Sona chocando con la suya. Sintió un hilo atravesando su mente, y volviendo a zurzarse a la de Sona. Abrió los ojos de nuevo cuando la sintió apartarse.

-¿A que ha venido eso?-le preguntó el maestro del metal?

-"Para que pudiéramos hablar mejor."

Quedó en silencio.

-¿Telepatía?

-"Sí."

-¿Porqué no la has usado hasta ahora?

-"Porque es algo muy personal. No te preocupes, solo podré ver los pensamientos que dirijas hacía mi. Por eso prefiero usarlo con gente con la que tengo relaciones muy íntimas."

-Relaciones íntimas.

Mordekaiser la agarró de los brazos.

-Me alegra que hayamos llegado a ese nivel.

Dicho esto, le plantó un beso. Intentó profundizar, pero Sona se apartó de golpe.

-¿Qué pasa? Creía que a esto habíamos venido.

Sona sentía su corazón latir a mil, mientras se alejaba de él. ¿Porqué se había sentido tan extraño? ¿Era esa repulsión lo único que se siente al contacto con un sombra? Miró hacia la mesa. Quizás fuera otra cosa.

-"No. Es que hay algo que no es como debería."

-¿El que?

Sona cogió su casco, y se lo entregó. Mordekaiser volvió a colocárselo dudando, pero enseguida se sintió más relajada al no tener el rostro de un desconocido delante. Mordekaiser pudo notarlo.

Volvió a agarrarla de la misma forma, y su toque se sintió excitante esta vez. La volvió a besar de la misma forma, para volver a apartarse, esta vez él, en el mismo momento.

-¿Mejor?-le preguntó curioso.

No respondió. Solo se abalanzó sobre él, colgándose de su cuello con sus brazos, y besándolo intensamente. Mordekaiser la alzó del suelo, agarrando su cabeza con una mano, y apretando su trasero con la otra.

Sona lo sentía como se esperaba. Incluso mejor. Sus labios calientes y suaves, y su agarre brusco y posesivo, casi hiriéndola con su fuerza. Mordekaiser sintiéndola a ella con una figura de cristal entre sus brazos, pero deliciosa como una noche de sangre, con sus tiernos labios y pequeña lengua.

Sona recuperó el control de sus sentidos, aunque en parte no quería hacerlo. Tuvo que hacer bastante fuerza para que Mordekaiser la soltase, mosqueado.

-¿Qué pasa ahora?-gruñó.

-"Nada. Es solo que tengo hambre."-dijo colorada, dirigiéndose a su asiento.

-Yo también.

Dicho esto la agarró por las posaderas por detrás, y le pegó un mordisco a su hombro expuesto. No un beso. Un mordisco.

Y bastante fuerte.

Le dejó marca. Le dolía. Pero la excitó sobremanera. Pero una vez más, sintiendo un poco de lástima, su voluntad se impuso, y se apartó. Mordekaiser volvió a notar la fuerza de sus ojos, y se echó atrás.

-"Eso después. Si aún estoy de humor."-dijo haciéndose la difícil, pero siendo ya tarde para eso.

Se sentaron a la mesa, y lo que siguió fue... 10 minutos de silencio incómodo, mientras jugaban con su comida. Podrían tener hambre, pero estaban demasiado concentrados en otra cosa.

-¿Porqué quieres esperar?-preguntó Mordekaiser.

-"¿Eh?"

-Es obvio que quieres lo mismo que yo. Sin embargo te resistes. ¿Porqué?

Sona ocultó su rostro.

-"Bueno. Es por lo que he oído de la norma de las tres citas."

-Ya veo. ¿Pero acaso no es esta nuestra tercera cita?

-"¿Cuando fue la primera?"-preguntó Sona.

-Cuando me invitaste a tu casa.

-"Bueno. Sí, puede contar."-dijo Sona, satisfecha de tener una excusa, aunque faltase otra.-"¿Y la segunda?"

-La noche del concierto.

-"Allí había más gente."

-Pero pasamos un tiempo a solas. ¿O no lo recuerdas?

-"No. Estaba dormida."

-Cierto.-musitó Mordekaiser molesto.-Mis disculpas entonces.

-"Pero."

Sona se desenganchó las mangas, y las dobló encima de la mesa. Luego se puso de pie, y avanzó hacía Mordekaiser avergonzada.

-"Supongo que puede contar."

Mordekaiser la miró, y comenzó a reír de una forma que daba bastante miedo. Tampoco la ayudó a relajarse que se pusiera de pie, y dejase caer la bata al suelo. No llevaba nada más debajo. Desde luego estaba bien dotado.

Sona estaba ojiplática y nerviosa. Mordekaiser la agarró cuando parecía que se iba a caer. Antes de que pudiera agradecerle siquiera, le arrancó el vestido, haciéndolo pedazos. Solo quedaba su lencería puesta. Se habría desmayado allí mismo de no ser porque sus labios fueron robados por Mordekaiser.

Aunque su corazón seguía a mil, su nerviosismo cambió por el placer. Cerró los ojos y se dejó llevar, mientras se abrazaban de la misma forma que la primera vez que se besaron, y Mordekaiser cargaba con ella hacia el dormitorio.

Lo que siguió fue una noche de mordiscos, fuertes agarrones, y embestidas potentes. Estaba claro que la delicadeza no era el fuerte de Mordekaiser. Pero eso hacía que Sona lo disfrutase más.


Sona no recordaba haber dormido tan bien desde la noche de su primer concierto. Y eso que apenas durmió, pues ya debían de salir los primeros rayos del sol cuando pararon. Aún así era casi mediodía, y Sona se reconfortaba entre las extrañamente suaves mantas y sábanas de Mordekaiser. ¿El único problema? Mordekaiser ya no estaba allí.

Se incorporó con todo el cuerpo adolorido y tirándole. Pero era un dolor placentero. Dioses, podía palpar todavía la marca de los dientes de Mordekaiser por distintas partes de su cuerpo. Primero en su cuello, y luego en sus muslos. Eso le hizo reír. Ya nada le quitaría esa sonrisa de la cara en todo el día.

-"¿Cariño?"

Se tapó la boca un poco sorprendida, aunque fuera un gesto estúpido. Luego le volvió a entrar la risa. Tendría que acostumbrarse a llamarle así ahora, ¿no?

¿No?

Cuando por fin se le despejó la vista del todo, pudo ver junto a la mesilla de noche su desayuno, con una bandeja extensible. Muy caballeroso de su parte, la verdad. Estaba empezando a conocer facetas suyas que le gustaban bastante.

Decidió beberse solo el zumo, y salir a buscarle. Luego cayó en la cuenta de que había destrozado su vestido anoche. Desde luego. Menuda noche.

Salió afuera aún desnuda, notando que aquella casa era particularmente fría. No tardó en encontrar el comedor comenzando a tiritar, con su vestido roto en el suelo, pero afortunadamente, la bata de Mordekaiser intacta, y se la puso. Le quedaba bastante grande, pero era cálida, y olía a él.

Siguió buscando con los pies fríos, hasta que notó música. La reconocía. Era de unos de los vinilos que le había prestado.

Llegó a un salón solo con un reproductor de vinilos, una chimenea encendida, un sillón rojo que daba la espalda a la entrada, y una botella de vino abierta sobre la mesa.

-Buenos días.-escuchó la voz de Mordekaiser.

Sona se acercó con pasó apurado, y se sentó sobre sus piernas.

-"Buenos días."-dijo dándole un beso.

Se abrazó a su torso, y apoyó la cabeza sobre su pecho. Él era muy cálido a pesar de llevar solo pantalones y su yelmo, y que la casa fuese tan fría. El maestro del metal se limitó a acariciarle la melena suelta que llevaba ahora.

-¿Qué tal has pasado la noche?-dijo dando un sorbo a su copa.

-"Me siento como si hubiera dormido un día entero."-dijo sin abrir los ojos.-"¿Tú que tal?"

-No he dormido. No suelo hacerlo mucho, la verdad. Me quedé un par de horas abrazándote, y luego me vine aquí después de ordenar que te hicieran el desayuno y te prepararan el baño.

-"Ya lo he visto. Pero por el baño no he pasado."-dijo mientras pasa un dedo entre las líneas de su músculos.

-Je. Vaya si se nota.-rió el gigante.

-"No era el más indicado para hablar."-dijo tirándole de un cuerno del yelmo.

-Entonces supongo que tendremos que compartir el baño.

Se levantó, y se puso a cargarla en brazos, mientras ella se reconfortaba abrazándolo.


-"¿Y ahora que?"

Estaban los dos sentados en una bañera circular, de un baño sin ventanas, iluminado por velas. Sona sentada entre las piernas de Mordekaiser, y con la espalda y la cabeza apoyada sobre su pecho.

-¿Ahora que que?-dijo Mordekaiser con la cabeza y los brazos echados hacía atrás.

-"¿Qué somos exactamente?"

-No sé. ¿Qué quieres que seamos?

-"Yo... Por lo que ahora entiendo somos pareja. Pero no sé como definir lo nuestro."

-Eso se verá con el tiempo.

-"¿No te preocupa?"-dijo echando los ojos hacía arriba.

-No.-metió una mano dentro del agua.-Solo me preocupa lo que dure el momento.

Sona notó sus dedos perfilando su entrepierna. Con la otra mano le tapó la boca, aunque fuese un gesto que no tuviera mucho sentido, mientras intensificaba la marca de su hombro con otro mordisco, que incluso le hizo sangrar un poco.

-Solo me importa que por ahora eres mía. Y solo mía.-le susurró al oído.

En cualquier otro momento aquello le habría parecido siniestro. Pero entonces solo le dejó hacer, cerrando los ojos, y relajándose.


Pasó casi todo el día en casa de Mordekaiser. Cuando regresó a la suya, ya le echaba de menos. Se tiró en el sofá, hundiendo su cara en una almohada con una sonrisa boba. Y no tardó en volver ponerse a practicar con su arpa, contagiando su alegría, y su enamoramiento, a todos los cercanos.

Eso explicaría quizás porque en el parque cercano todos los animales parecieron entrar de golpe en época de celo.

O porque aquella pareja de ancianos estaba... ¡Oh, Dios, mejor no hablemos de eso!

Cuando al fin pudo desfogar toda su alegría se quedo más relajada. Ya comenzaba a anochecer. Menudo día. Y solo esperaba que se repitiera. La marca de los mordiscos en su piel ya casi habían desaparecido todas. Excepto aquellas donde le había echo sangrar. Quedaba la marca de las costras. Las más evidentes, las de su hombro.

Parece que tendría que ir con los hombros cubiertos un tiempo.


Mordekaiser tenía en sus manos los restos del vestido que arrancó del cuerpo de Sona. Aspiró profundamente aún olía a ella.

Por fin lo había logrado. Por fin era suya. Pero quería más. Una noche no fue suficiente. Quería tenerla a su lado más tiempo. Quería sentir la calidez de aquel pequeño cuerpo al amorotonarse bajo la presión de sus manos. Los temblores durante las sacudidas de sus caderas. Y la ternura de su carne al morderla.

Por el rey arruinado, aquello solo fue un pedazo de lo que quería experimentar con ella. Tenía tantos planes en mente. Tantas experiencias. No podía esperar a verla.


Estaba tan cansada que ni siquiera había abierto el correo. Se tumbo sobre la cama pasando las cartas entre sus dedos, intentando buscar alguna que pareciera urgente.

Una de ellas estaba adornada por motivos jónicos dorados.

Le llamó la atención. Casi nunca recibía correo de su patria natal. Lo más raro, es que el remitente no era de nadie natural de Jonia.

Era Taric.


Mordekaiser se presentó la mañana siguiente sin avisar frente a la puerta de Sona. Aún era temprano, así que cuando Sona le abrió, aún tenía el pelo alborotado, y legañas en los ojos apenas abiertos.

-"¿Mordekaiser? ¿Qué pasa? Casi no ha amanecido."

-Mejor.

La apartó casi tirándola al suelo, y cerró la puerta tras él.

-Así podremos aprovechar mejor el día.

La agarró por el trasero y la espalda con sus guanteletes, que hacían parecer sus manos más grandes. Le robó sus labios sin dejarle tiempo a nada.

Sona estaba confusa. La armadura de Mordekaiser le pinchaba y la helaba. Pero comenzó a darle igual que hacía tan de repente allí cuando le besó. Fue como entrar en un trance hipnótico. De repente el dolor de aquellos pinchazos le resultaba cosquilleante. Cerró los ojos, y se dejó llevar, abrazándole y quedándose colgada de su cuello.


Varias paredes habían vuelto a quedar atravesadas en incluso arrancadas, junto a varios muebles rotos. Pero a Sona le daba igual. Ella solo se reconfortaba en el abrazo de su gigante de hierro, pero ahora en su propia cama.

-"No sabía que me echases tanto de menos. No han pasado ni 24 horas."

-Yo tampoco lo entiendo. Me resultas más adictiva que otras mujeres.-dijo acariciando su rostro y su melena.

Mordekaiser permanecía con la espalda apoyada contra el cabecero. Sona se quedó observándole con la cabeza apoyada en su pecho. Luego de un rato meditándolo, se sentó sobre sus piernas, y procedió a quitarle el casco.

-¿Qué pasa ahora?

Mordekaiser le miraba molesto. Sona se fijó en su rostro ladeando ligeramente la cabeza. Dejó el casco sobre la mesilla de noche, y procedió a besarlo.

Fue un beso ligero, casi tímido, en la comisura de los labios. Mordekaiser, sin entenderla, le dejó hacer con curiosidad. Ella paso sus manos por su rostro, y volvió a besarle, esta vez abriendo la boca un poco, y haciéndosela abrir a él. Los besos comenzaron a hacerse más seguidos, y ya no se molestaba en abrir los ojos. Mordekaiser la sujetaba por la cintura con los ojos cerrados también, hasta que volvió a parar.

-¿Qué?-le preguntó.

-"Ya me he acostumbrado."-dijo acariciándole una mejilla.-"Y es más fácil besarte así."

Mordekaiser sonrió. Sona sintió un escalofrío en su espalda al verlo, su corazón se aceleró... y sintió un rubor subiendo.

Inmediatamente, Mordekaiser la agarró y la puso boca arriba sobre la cama.

-Bien.

Mordekaiser tenía otras cosas más fáciles que hacer sin el casco. Sona casi gimió mentalmente de dolor cuando notó sus colmillos alrededor de la aureola de sus pechos.


12:00

Sona entró en la habitación son una bandeja, por si Mordekaiser tenía hambre. Este se paró delante de ella, tiró la bandeja al suelo de un manotazo, y lanzó a Sona contra la cama, colocándola a cuatro patas.


17:00

Sona tenía temblores por todo el cuerpo. Parecía que el sombra se había dormido. Por fin tenía una oportunidad de escapar.

Luego descubrió que los sombras no duermen realmente.

E inmediatamente después se preguntó porque quería escapar.


18:00

-Creo que ya está por hoy.

Mordekaiser se sentó sobre el extremo de la cama, pero sintió el abrazó de Sona por la espalda.

-"No te vayas todavía. Al menos acurrucate un rato conmigo."

No le hizo caso. Se puso de pie, y arrancó su capa de las manos de Sona. Volvió a ensamblar su armadura sin ni siquiera pasar por la ducha, y colgó su capa a la espalda.

-Volveré a visitarte cuando lo necesite.

-"¿Qué? Espera. ¿Qué clase de...?"

No quiso ni terminar la frase. Ya había salido por el agujero de la pared, y sus pasos se perdían por el pasillo. Cuando escuchó el portazo, se quedó mirando en esa dirección durante casi un minuto, meditando, hasta que decidió volver a tumbarse en la cama y taparse.

¿En que se había metido?


-Me siento halagado, la verdad. No sé que decir.

Taric parecía sorprendido, pero feliz.

-No deberías. El consejo ha pensado en ti porque has demostrado en el pasado estar más que cualificado.-le dijo Soraka.-Tienes unos gustos exquisitos.

-Pero aún así, es una responsabilidad enorme. En mi mente ya hay una miriada de posibilidades, pero... No. No. Sí que funcionará. Gracias.

-No tienes nada que agradecerme a mi. Yo solo soy la mensajera. Agradéceselo al consejo. Pero te agradecería que me pasases la ropa.

Soraka seguía cubierta por las sábanas, mientras Taric permanecía de pie junto a la mesa en su bata rosa favorita, leyendo un pergamino alumbrado por una vela. Torció el rostro, y se dirigió de nuevo a Soraka, con su enorme sonrisa.

-¿Vas a irte ya? Pero si acabas de llegar, querida.

Taric se quitó la bata mientras se inclinaba sobre la cama.

-Te agradezco... el haberme echo sentir hermosa otra vez, por un día. Pero he de volver a... ¡ah!... al puerto antes de que... de que... oh, bueno.

Pasó sus brazos tras el cuello de Taric.

-Siempre puedo cambiar el billete mañana.

Fueron lo único que soltó por sus labios antes de que estos fueran robados por Taric, con el resto de su cuerpo siguiéndole más adelante.