Hola muy buenas a todos los que os pasáis por aquí para leer. Siento la tardanza, pero el trabajo me tiene ocupado, más ahora que estoy preparando una salida al extranjero. Por fin. Elissa ya será lo que la convierte en autentica protagonista de esta historia. Espero que lo disfrutéis, teniendo en cuenta que muchas cosas las saco de mis recuerdos del juego, pero dándole mi particular visión. Al fin y al cabo la página trata de eso. Gracias por vuestros comentarios, que me ayudan a seguir y mejorar.


Era ya algo tarde, el sol los había abandonado y las dos grandes lunas asomaban tímidamente por el horizonte. A pesar del largo y fatigoso día Elissa deseaba hacer algo más. Consciente de no saber cuando volvería a poder hacerlo, cogió sus enseres y buscó por los alrededores un riachuelo, pues deseaba lavarse. De nuevo, un guardia se cruzó con ella confundiéndola como mujer de otra profesión, maldiciéndose a si misma por sus exagerados atributos femeninos.

Aquél bonito vestido que consiguió por una de sus habituales acciones desinteresadas, no ayudaba en absoluto a evitar la confusión. Encontró un pequeño reguero de agua que discurría con lentitud, lo siguió en contra dirección y se topó con una discreta presa rodeada de piedra, con adobe para reforzarla. Por el otro lado una pequeña charca formada por la retención, con la suficiente profundidad visualizada a pesar de la tenue luz proporcionada por el reflejo de las grandes caminantes del cielo de la noche. Un grueso tronco algo apartado fue el lugar que ella eligió para desnudar su esbelto, pero robusto y bien trabajado cuerpo.

"¿Quién está ahí? Identificaos."

De pronto aquella devastadora voz, que destilaba firmeza y valor a partes iguales.

"Mi general, ¿Sois vos?"

Tímidamente, se acercó al oír la voz de la joven Cousland. Su sorpresa fue mayúscula al verla totalmente desnuda. De inmediato, se giró avergonzado.

"L-lo siento milady. No pretendía importunaros."

"Mi general. No lo hacéis. Si no os supone un problema podemos compartir estas cristalinas y saludables aguas para limpiar los restos de la reciente batalla."

Una y otra vez, aquella joven le sorprendía. Que alguien con semejante sangre en sus venas le tratara como un igual, le era inconcebible. Su nobleza iba más allá de su linaje como ya había visto. Puede que él fuera el General de Ferelden, pero jerárquicamente su sangre la ponía solo por debajo del rey. Y a pesar de todo le hablaba con afabilidad, compasión. Incluso amistad.

Amistad. Aquella palabra que le era desconocida desde que perdió a Rowan y Maric. Entendiendo correctamente como siempre hacia desde hacia años, las palabras de la joven, se giró de nuevo frente a ella que ya se encontraba bajo la fresca agua, y frotando su suave piel con una pastilla de aromático jabón.

Vio con sorpresa, las pequeñas y abundantes cicatrices de su espalda y costados. Puede que ahora fuera inmensamente hábil en el combate, pero aquello reflejaba que también fue en otro tiempo una aprendiz más, con escasa experiencia.

"Mi señor, ¿Me haríais un favor?"

Levantó la mirada saliendo de sus pensamientos, durante los cuales no sintió pesar ni remordimientos, lo cual por primera vez en muchos años le asustó.

"Decidme milady."

Mientras estaba absorto en su mente apenas se percató de que se había acercado hasta llegar a su altura, sin saber muy bien sus intenciones. Le tendió el jabón, él lo cogió y ella se giró.

Igual que con su pequeña Anora, necesitaba ayuda para llegar a donde no podía lavarse. Ahora las vio más claras y numerosas. La tenue luz de las lunas iluminaba de manera especial su piel, una piel que cualquier otro confundiría falsamente con una mujer noble que jamás habría probado el combate. Pero sus abundantes cicatrices delataban lo contrario.

"Veo milady, que habéis sufrido mucho en combate. No lo hubiera creído viendo como combatís al enemigo."

"Mi padre - un atisbo de dolor se reflejó en su voz - siempre me dio valerosos consejos. Uno de ellos que grabé a fuego en mi memoria fue que 'Cada derrota, es una oportunidad de mejorar' Desde siempre he usado esa premisa. Cada combate que perdía me servia para descubrir algún punto débil en mi estrategia, y como enmendarlo."

"Sabias palabras de un gran hombre. Y también de una mujer tan joven."

Sintió sin saber como, la calidez de sus mejillas al decir tal cumplido. También recordó a Cailan en el patio cuando entrenaba. Ser Cauthrien como instructora le vencía una y otra vez con el mismo ataque sin que pareciera aprender a esquivarlo, como si en su mente no cupiera nada más que la derrota.

Y de aquél torneo en una de sus visitas a palacio, cuando lady Cousland siendo más joven de lo habitual, venció en el ultimo combate a su segunda. Con una facilidad que ni él mismo pudo explicar. Una vez hacia mucho tiempo vio algo parecido en William Cousland. Pero su técnica lo había perfeccionado hasta hacerlo perfecto, el legendario movimiento de desarme Cousland.

De nuevo en aquél momento, terminó y tendió la mano con el jabón a Elissa.

"Gracias mi señor. ¿Necesitáis ayuda?"

Su oferta sonaba demasiado dulce, y creía que eso ya era demasiado.

"No es necesario, milady. No sé que pretendéis de mi. Si buscáis el calor de un hombre yo no soy el más indicado."

Elissa le miró sorprendida pero con ternura, a lo que él desvió la cabeza algo avergonzado pero mostrándose siempre serio y firme.

"Mi señor, no pretendía importunaros. No deseo compartir lecho con vos. Al igual que no deseaba compartirlo con el rey. Solo yo decidiré quién es merecedor de tal privilegio."

Sus palabras de nuevo sonaron con ternura pero sinceras. Cuan diferente sonaba frente a la enorme bestia que casi cercena su ya agria vida. La facilidad que poseía para cambiar su tono de voz le recordaba a Anora, e incluso a Rowan. Le resultaba extraño encontrar tantas buenas virtudes en una sola alma.

"Si así lo deseáis."

Elissa frotó con suavidad el jabón, intentando no ser indiscreta con sus movimientos. Aquella robusta espalda parecía no sentir el peso de los años, si uno no lo conociera, podría confundirlo con un valeroso guerrero mucho más joven. Al igual que ella, poseía abundantes cicatrices de combate, que reflejaban la luz nocturna de una manera misteriosa. Absorta en sus pensamientos, cuando terminó le golpeó justo bajo el cuello con la palma de su mano tal y como hacia cuando Fergus y ella compartían el baño y se ayudaban mutuamente.

"¿Pero que demonios?"

"Mi señor, disculpadme..."

Se inclinó casi sin recordar que estaban en aquella laguna y al inclinarse en señal de respeto sumergió por completo su cuerpo quedando completamente bajo el agua.

De nuevo con sorpresa, al ser consciente de donde se encontraba emergió frente a él de manera repentina. Loghain la vio casi como si el tiempo se detuviera, el gran reguero de agua cristalina rodeando aquellos grandes y tersos pechos.

Sintió calor en aquél lugar donde, salvo cuando se daba placer a si mismo en no muy contadas ocasiones, hacia tiempo que no lo notaba. Su grueso miembro comenzó a endurecerse al ver a aquella joven. ¿Era una joven? ¿O un espíritu del agua? ¿Quizás Andraste resurgiendo ante él para juzgarlo? En aquel intenso momento no podía explicarlo.

"Mi señor, os pido perdón. Me he abstraído un momento y reaccioné por instinto. Creí que estaba... junto a..."

Loghain supo de inmediato que se refería a su hermano, si era cierto lo que suponía seguramente habría muerto.

"Perdonad mi brusquedad, entiendo vuestro dolor por los hechos recientes."

"Gracias mi señor. Una vez más os pido mis más sinceras disculpas."

Se inclinó de nuevo, y se despidió. Ahora pudo ver en su totalidad aquél joven, esbelto y curtido cuerpo al ir caminado hacia la orilla. Sabia que no debía mirar, pero la actitud despreocupada de Elissa casi le instaba a continuar. Sus largas y fortalecidas piernas, fruto de millas y millas de duro ejercicio, su terso y firme torso coronado por aquellos sugerentes pechos, sus curvas que parecían infinitas allá donde mirara. Ella le miró por ultima vez, pero él sin saber como no apartó la mirada, viendo en ella más que vergüenza, aprobación.

Aunque no se lo tuviera creído, era consciente de su belleza, y no le importaba que la miraran con cierta pasión, deseo e incluso lujuria. Como ella misma le dijo.

'Solo yo decidiré quien es merecedor de tal privilegio.'

Y tenia medios más que de sobra para impedir un intento no autorizado.

... ... ... ... ... ...

Cuando llegó al campamento, se encontraba sonrojada. A pesar de todo le incomodó un poco la situación, más por su propio comportamiento que por el de él que fué íntegro e intachable. Su actitud en esos menesteres en el pasado incomodaban sobre todo a su madre, especialmente cuando ya era toda una mujer. Pero ella nunca se sintió molesta. Tantos encuentros con lascivos bandidos le enseñaron, que los hombres ansiaban ver un bello cuerpo, y en su caso adueñarse de él. Pero estar frente a la leyenda de Ferelden, fue un tanto extraña. Mantuvo su compostura, para no delatar debilidad, tal y como hizo días atrás con los bandidos. Pero la incomodidad iba en aumento, y cuando absorta le soltó aquél tortazo inocente sintió que aquello ya había durado demasiado, y por ello se marchó.

Cuando ya vestida, le lanzó una ultima mirada de despedida, sintió algo de incomodidad por parte del General, aunque no apartó la mirada. Quizás ya consciente de que en la vida diaria de ella aquello era habitual.

"Milady, ¿Os ocurre algo?"

"Oh, Duncan. Me has asustado."

"¿Estáis bien? Se os ve algo enrojecida."

"No. No es nada. Quizás el agua que estaba algo tibia."

"Deberíais pulir un poco eso, milady"

Elissa lo miró con expresión de curiosidad.

"Mentís muy mal."

"Oh. Siento decepcionaros, estoy acostumbrada a ser sincera. Por cierto Duncan, siempre te encuentro aquí antes de acostarme. ¿A que se debe?"

"Todo quedará explicado mañana tras el ritual."

"Que pases buena noche Duncan."

Eso era lo que no podía. Pasar buena noche. Con el archidemonio acercándose, la llamada era más intensa de lo que hubiera imaginado. Era como si miles de agujas se clavaran en su mente. Cada vez que cerraba los ojos, sus sueños se convertían rápidamente en las peores de las pesadillas. Le costaba mantener el temple frente a sus reclutas, y eso lo acrecentaba aún más. Con suerte al verla de nuevo, al ver ese bello y afable rostro, sus sueños no se transformarían de nuevo.

... ... ... ... ... ...

"¿Quienes sois? ¿Qué me habéis hecho?"

"Calma, llanero. Como dije antes, la dama de los cielos te protegió. Ahora descansa, estás débil, y has de recuperarte. Si los dioses así lo deciden no te llevaran. Pero has de permanecer quieto."

Con un suspiro, todo se volvió de nuevo oscuro. Despertó al cabo de un instante que pareció eterno, y se encontró de nuevo rodeada de los cuerpos inertes de sus seres más allegados.

Pero algo había cambiado, al moverse los rostros de ellos la seguían, manteniendo aquella fría mirada fijada en ella, juzgándola.

Abrieron sus bocas, y al unisono en un susurro todos le hablaron.

"Nos dejaste morir. ¿Por que nos dejaste morir?"

Lo repetían una y otra vez, sin poder ella contestar, lo intentó, pero nada surgía de su garganta, se arrodilló temblorosa y con lagrimas en los ojos, queriendo gritar pero de nuevo nada. Se tapó la cara con sus frías manos que temblaban por la situación, como nunca lo habían hecho.

Entonces otro leve susurro de una voz desconocida acalló a los cuerpos que la rodeaban, mientras se incorporaba y miraba a su alrededor, buscando el origen.

"No temas al destino que se te presenta, enfréntate a él y lo lograrás."

... ... ... ... ... ...

Se incorporó de nuevo sudorosa, temblando. Era la segunda noche que tenia pesadillas. ¿Su propia mente jugaba con ella? ¿Fergus seguía vivo? ¿O solo era una falsa ilusión de esperanza? ¿De quién era esa voz que no reconocía? Era una voz anciana, pero de gran sabiduría.

Necesitaba de nuevo aire fresco para despejar su mente, esta vez sin pensar, salió de su tienda solo con el ligero camisón que usaba para dormir. Duncan estaba ahí de nuevo, se giró y fijó aquella mirada en su cuerpo.

"Si me permitís milady. Sois una mujer muy hermosa. Me recordáis a tiempos pasados cuando aún era joven e irresponsable."

"¿Vos mi señor Duncan? ¿Irresponsable? Me cuesta creerlo."

"Todos hemos tenido una juventud. Tiempo ha, los guardas por entonces de Orlais tuvimos una misión aquí en Ferelden. El propio rey Maric nos acompañó. Nos detuvimos en la torre del circulo, y contraviniendo las ordenes de mi Guarda Comandante, entré en los aposentos del Primer Encantador y robé algo. Lo irónico de aquello es que me salvó la vida."

Elissa no se sorprendió en absoluto, al menos su rostro no lo reflejaba. Solo contestó, con aquella dulzura que hacia que a Duncan se le encendiera de nuevo su cuerpo.

"Quien lo diría, que el actual Guarda Comandante de Ferelden, fuera un simple ladrón."

"Si no hubiera sido por Genevieve, yo no estaría aquí ahora. Me mostró un camino diferente, que yo al principio y durante meses me negué a ver. Me costó mucho salir de mis antiguas costumbres."

"Pero ahora sois un gran hombre Duncan, digno de respeto, con valor e integridad."

"Sois muy amable milady."

Finalmente Elissa confesó, pues ahora apenas tenia con quien hablar.

"He tenido otra pesadilla, al menos creo que era eso. Durante un momento he sentido como si fuera mi hermano, y un extraño me hablaba."

"Anoche os paso lo mismo ¿verdad?"

"Así es Duncan, os pido perdón por intentar mentiros."

"No pidaís perdón, el orgullo es el que nos impide pedir ayuda, cuando más la necesitamos."

Elissa no quería molestar más al que seria su comandante, pues en su rostro se veía claramente un intenso cansancio, aunque no atisbaba a saber por qué. Como tantas veces había ya dicho, 'Tras la iniciación todo quedara desvelado'. Aún así, presentó a Duncan una ultima pregunta.

"Por cierto, ¿que habéis querido decir con que 'aquello os salvó la vida'?

Duncan no sabia que responder a aquello, como tantas cosas desde que era el Comandante de los grises de Ferelden, en ocasiones era mejor no revelar ciertos hechos, al menos no hasta que fuera necesario. Asintió y le sonrió en respuesta, ella pareció satisfecha. El deber siempre ante todo.

"Debería descansar, ha sido una agradable conversación. Pasad buena noche Duncan."

Se acercó a él, y al ver sus evidentes atributos a través del ligero camisón, sintió de nuevo como su cuerpo reaccionaba. - 'Poseela' -, algo en su interior bramaba por tenerla a su merced.

Ella le dio un suave beso en su frente. Al sentir sus cálidos labios tocar su tez oscura, sintió como su entrepierna le apretaba amenazando explotarle. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no hacer lo que su instinto le demandaba, abordarla y hacerla suya. Aquella joven se merecía algo más, no un viejo guarda en el final del trayecto de su vida. Con dificultad, y algo de temblor en su voz le contestó.

"Os deseo que el Hacedor os proteja en vuestra vigilia."

Elissa se incorporó, y él miró su esbelto y trabajado cuerpo, aquellos turgentes pechos, su rostro dulce y firme. De nuevo controlaba con el mayor esfuerzo sus instintos más primarios intensificados por su corrupta sangre.

... ... ... ... ... ...

"Mi señor, tal como pedisteis, ha llegado un mensaje urgente de Crowe."

Howe recogió la pequeña vitela que le entregó su capitán.

Mi señor.

Se por un contacto de Denerim que los cuervos de Antiva se encuentran en Ferelden.

Haré saber para vuestra llegada que solicitáis sus servicios.

Crowe.

"Los cuervos de Antiva, uno de los mejores grupos de asesinos de todo Thedas. Será perfecto."

El Capitán Stiphen vio la crueldad más absoluta en su señor. Le sirvió con lealtad durante muchos años. Pero estaba empezando a cansarse de sus excesos. Ya después del ataque a Pináculo, comenzaron a asaltarle dudas. Ahora se preguntaba si no debía detener a Howe.

... ... ... ... ... ...

La mañana amaneció neblinosa. Elissa como siempre se levantó la primera para preparar el desayuno. Duncan la siguió de nuevo con cara de sorpresa.

"No se como lo hacéis milady. No consigo despertarme antes que vos."

"Disciplina Duncan. Ante todo disciplina."

"Eso os será útil."

Al menos eso esperaba Duncan. En caso de que Elissa no sobreviviera a la iniciación, el mundo perdería a una soberbia mujer. Casi le entraban ganas de decirle que la despojaba de todo deber. Que no la necesitaba. Pero algo en su fuero interno le decía que lo resistiría, que se convertiría en una de sus hermanas.

"Buenos días Elanna. ¿Que tenemos hoy para desayunar?"

Daveth asomó la cabeza en cuanto olisqueó lo que Elissa cocinaba.

"Hoy algo sencillo. Leche con miel y galletas."

'Wof, wof'

"Si Wrex, para ti con tus galletitas."

"Hmm, creo que este perro es demasiado inteligente."

"Lo suficiente para no necesitar hablar, Daveth."

"Ah, hola Alistair, ¿Qué tal has dormido?"

"M-muy bien, E-Elissa."

"¡Oh! Por fin me has llamado por mi nombre. Gracias."

Elissa sirvió a todos cuando se levantaron, se fijó en que especialmente ser Jory estaban algo nerviosos. Daveth por otro lado parecía más decidido.

"¿Falta mucho para la dichosa iniciación?"

"No Daveth, la realizaremos antes del mediodía."

"Por fin, ya estaba harto de esperar."

Una vez concluido el desayuno Elissa aprovechó que tenían aún unas horas libres hasta el mediodía. Pidió a Annette que la acompañara, pues necesitaba hablar con su amiga. Mientras tanto, seguía fascinada por la arquitectura de aquel lugar alzando la vista, Wrex que también la acompañaba se acercó a las perreras, y ella en seguida le siguió. Comenzó a mover su reducida cola, al ver al mabari que habían ayudado, despierto y respirando con facilidad.

"Muchas gracias de nuevo mi señora. Sin vuestra ayuda seguramente hubiera muerto."

"Como os dije, ha sido un placer."

"Ah, mi pequeña Elissa, siempre ayudando a todos con los que se cruza. Que sería de Ferelden sin su ayuda."

Sin hacer caso al ligero pero despectivo comentario de su amiga, se agachó y acarició con suavidad a su amigo, que giró la cabeza y la miró con aquellos pequeños ojos en agradecimiento. Siguieron caminando en dirección a la tienda del rey, pues aunque no aprobaba el intento de Cailan, si merecía una disculpa. Un soldado de brillante armadura de acero estaba apostado frente a la entrada de su tienda.

"Saludos, el rey no está en su tienda, si queréis verle."

"Sabéis donde está."

"Creo que se encuentra en el campamento, bebiendo con los guardas grises. Les tiene un gran apego, ¿Sabes? Igual que su padre."

"Gracias, debo irme."

"Como deseéis."

Annette curiosa, le preguntó a su amiga. Pues no tenia claro para que quería ver al rey, sobre todo después de saber lo ocurrido con el mismo.

"¿Para que quieres ver al rey?"

"Para disculparme, Annette."

"¿Cómo? ¿Después de intentar abusar de ti? ¿Eres tonta?"

"No apruebo nada de lo qué intentó, pero sigue siendo nuestro rey, y como mínimo merece una leve disculpa. Sobre todo después de darle como le dí."

Elissa comenzó a caminar de nuevo en dirección al campamento principal donde se encontraban el resto de los guardas. Estaban pasando la enfermería y aprovechó para tener novedades.

"Mi señora Elissa, gracias por la ayuda. Me encuentro mucho mejor. Los magos me han curado la mayor parte de las heridas."

"No fue nada, lo que más lamento es que no pudieras decirme nada sobre Fergus."

"Lo siento mucho mi señora, no pude ver gran cosa. Los engendros se abalanzaron sobre nosotros, muchos cayeron, yo aún sigo sin entender como sobreviví. Pero vuestro hermano es fuerte, estoy seguro que lo encontrareis, igual que me encontrasteis a mi."

Elissa era realista, no quería llevarse falsas esperanzas. Pero sus últimos sueños parecían decirle otra cosa, si eran ciertos. Le dio un cálido beso en su frente y dándole una suave sonrisa se despidió.

Siguió junto a su fiel amigo en camino hacia el campamento, cuando empezó a oír como canturreaban los guardas veteranos. Eran canciones de taberna, muy mal entonadas, pero no estaba del todo mal dado el estado de embriaguez de la mayoría.

La armadura dorada con el pecho en forma de rostro de dragón delató de inmediato al rey, ella se acercó mientras observaba a los guardas. Tal y como sospechaba eran casi todos varones. Solo había una robusta mujer, casi dos cabezas mayor que ella.

"Majestad, si me disculpáis me gustaría hablar con vos."

Cailan, en cuanto la escuchó se levantó nervioso, colocándose tras uno de los guardas y protegiéndose sus partes más intimas con los guanteletes. El resto de los guardas, excepto la gran mujer, se giraron y al ver semejante belleza, comenzaron a vitorearla y soltar largos silbidos. Elissa no pudo contener un leve enrojecimiento de sus mejillas al escucharlos. Entonces Cailan habló por fin, aunque con un ligero deje de miedo en su voz.

"Más vale que os cuidéis de esta mujer, guardas. Si intentáis algo indecoroso vuestras partes nobles correrán peligro."

Uno de los guardas se levantó y acercó a Elissa y sus amigos, no consciente de sus intenciones.

"Majestad, 'hip' cundo queráis 'hip' os ayudaremos a domar a estas furcias si así nos lo pedís."

Cailan no pudo hacer nada para corregir el malentendido, en cuanto el guarda estuvo al alcance de Elissa, ya harta de que la confundieran, tiró de uno de sus brazos y le profirió un fuerte puñetazo en la cara haciendo que la nariz del hombre sangrara. La robusta mujer entonces se levantó, y corrió hacia la pequeña Elissa con un enfurecido rostro.

"¡DETENEOS!"

Todos callaron y la descomunal mujer paró en seco solo a unos pasos de Elissa con los brazos a punto de agarrarla.

Elissa lejos de sentirse intimidada, estaba preparada para el enorme embiste de aquella mujer. Además tanto Wrex como Annette estaban también en guardia para en caso de necesitarlo ayudarla. Entonces Elissa miró fijamente a Cailan, y en ese momento si parecía el rey que ella esperaba encontrar, decidido y serio.

"No le hagáis nada, es Lady Elissa Cousland, hija del Teyrn de Pináculo y futura hermana de vuestra orden."

La mujer sin decir nada, se giró y volvió a sentarse junto a sus compañeros, aunque le lanzó una mirada a Elissa que izo que se estremeciera.

Cailan, ya con la situación más relajada, mientras un par de los guardas recogían a su compañero inconsciente se acercó con cautela a Elissa.

"Decidme, milady."

"Solo quería pediros disculpas. No apruebo en ningún modo lo ocurrido, actué de forma instintiva pero desmedida."

"¿Eso significa...?"

De nuevo el infantil Cailan hacía acto de presencia. Annette miró de nuevo a Elissa pues pensaba que el rey no merecía aquello, y aquella pregunta por su parte lo demostraba.

"No significa nada majestad, solo es una disculpa formal. Nada más."

Al verla de nuevo fruncir el ceño se apartó unos pasos.

"De acuerdo, acepto vuestras disculpas."

Elissa se inclinó y marchó. Annette miró de soslayo al rey, y en cuanto estuvieron alejadas lo suficiente le replicó de nuevo.

"Te lo dije. No se merecía esa disculpa. He notado en su tono que esperaba recibir aquello que no pudo conseguir la primera vez."

"Wof, wof, grrr."

"Annette... Wrex... bah, tenéis razón. Esperaba una disculpa sincera pero creo que solo lo ha hecho para satisfacerme. Si su padre lo viera ahora."

"¿Conociste al rey Maric?"

"Siendo muy pequeña, si. En una visita que hicimos a Denerim, fue cuando padre me regaló a Wrex."

Dijo, mientras acariciaba con dulzura su robusta cabeza, y él se giraba y rozaba también con suavidad su hocico en el revés de su mano.

… … … … … …

Estaban todos reunidos alrededor de un pequeño altar. Solo faltaba Duncan. Ser Jory se le veía aún más nervioso de lo habitual, Daveth por otro lado estaba tranquilo, algo mareado, pues no pudo beber la pasada noche, pero tranquilo después de todo.

"Esta tardanza ya me exaspera. ¿¡Donde demonios está Duncan!?"

"Ser Jory por favor, tranquilizaos. Ahora no podemos hacer nada. Seguro que estará aquí de un momento a otro."

"Os pido disculpas milady, si os he molestado en modo alguno."

"En absoluto, os acepto las disculpas."

"Ya estás gimoteando de nuevo ser caballero. Pareces un bebé que quiere mamar sin parar y no le dan lo que pide."

"No es eso. Pero ya estoy harto de esperas, pruebas, ensayos, patrullas... Creo que he demostrado mi valía de sobra."

Entonces Duncan apareció ya por fin, sujetando un gran cáliz de porcelana con el escudo de los guardas engarzado alrededor.

"La espera ha terminado, el ritual da comienzo. Puede que algunos de vosotros caiga ahora o más tarde. Pero habéis de saber que se os recordará."

Jory abrió con sorpresa y miedo los ojos mientras se acercaba a Duncan.

"Ser Duncan, ¿Qué queréis decir con eso?"

"Ya estamos. Ser caballero yo creo que queda claro. El ritual puede ser peligroso."

"¿¡Peligroso!? ¿Cómo de peligroso?"

Duncan se puso frente a los tres mientras colocaba el cáliz sobre el altar, y sacaba de su zurrón los tres frascos anteriormente entregados.

"Ahora os diré la verdad. Muchos no han conseguido superar la iniciación, y han perecido. Pero en estos tiempos, vale la pena sacrificarse."

Elissa dio un paso al frente decidida.

"Estoy de acuerdo. Si he de entregar mi vida, así lo haré."

"Yo digo que si lo hubiera sabido..."

"¿Habrías venido de saberlo ser caballero? Creo que no. Puede que sea tradición, o puede que lo haya hecho por fastidiarte."

"Solo sé que mi mujer está encinta y..."

"¿Y no te sacrificarías para asegurarte de que al menos ella sobreviviera? Yo al menos si lo haría, y estoy seguro de que Elana también."

"Todos sabemos que son esos seres, destruyen todo a su paso. Sin parar, sin remordimientos, sin compasión. Si pasamos esta última prueba podremos detenerles antes de que destruyan el mundo, a nuestros seres queridos, a nuestras familias y amigos."

"Tenéis razón milady, siento comportarme así."

"Bien daremos comienzo. Como todos sabéis la orden se fundó durante la primera ruina, cuando la humanidad se hallaba al borde de la extinción. Fue entonces cuando los primeros guardas bebieron la sangre de los engendros tenebrosos para dominar su corrupción y de ese modo acabar con ellos."

La poca compostura que ganó ser Jory al escuchar a sus compañeros desapareció, mostrando de nuevo un rostro reticente.

"¿Vamos... a... bebernos la sangre... de esas... criaturas?"

"Tal como hicieron los primeros guardas, y como hicimos nosotros antes que vosotros. Sabed que los que sobreviven, son inmunes a la corrupción. Podemos sentirlos cuando están cerca. Esa es la fuente de nuestro poder. Y el camino que usamos para acabar con el archidemonio."

Elissa se fijó en la expresión de ser Jory, el hombre educado y amable casi había desaparecido y en su lugar había un niño asustado. Después de todo era menos de lo que aparentaba. Daveth por otro lado permanecía decidido, fuera cual fuera su destino lo afrontaba con entereza.

"Pero no todos sobreviven y los que si lo hacen les cambia para siempre. Es por eso que el ritual es un secreto. Es el precio que pagamos."

Hizo una pequeña pausa y observó a sus reclutas. Ser Jory parecía nervioso, con rostro asustado. Daveth impaciente y decidido. Elissa. Seguía tranquila, esperando su momento. No mostraba miedo. Lo deseaba, que si alguno debía sobrevivir fuera ella. Suspiró y se dirigió a Alistair.

"Antes de comenzar recitamos unas palabras, las mismas desde la primera ruina. Alistair si nos haces el favor."

Alistair dio un pequeño paso al frente y comenzó.

"Uníos a nosotros hermanos y hermanas. Uníos a nosotros en las sombras donde montamos guardia. Uníos a nosotros en este deber irrenunciable. Y si perecierais, sabed que vuestro sacrificio no será olvidado y que un día volveremos a reunirnos."

Duncan derramó los tres frascos en el cáliz, emanando el líquido un leve resplandor enrojecido.

"Daveth, un paso al frente."

"Vamos allá."

Daveth sujetó el recipiente, al tocarlo notó que desprendía un leve calor. Lo acercó a sus labios y dio un gran trago a aquel espeso liquido que iba fluyendo por su garganta. Cuando hubo acabado le entregó el cáliz de nuevo a Duncan, que retrocedió unos pasos.

"Bueno no ha sido para tanto, esperaba algo más, peores bebidas he ingerido en tabernas y... y..."

Se arrodilló a la vez que se llevaba las manos al cuello, ya no podía apenas hablar. Abrió los ojos peor ahora presentaban un aspecto blanquecino y sin vida, gritó como pudo con el aliento que aún le quedaba mientras se desplomaba en el suelo y comenzaba a convulsionar, Elissa intentó al verlo hacer algo pero un Alistair con un rostro decisivo la detuvo.

Entonces Daveth dio su ultimo aliento y paró. Ya estaba muerto.

"Lo siento Daveth. Jory un paso al frente."

Ser Jory comenzó a retroceder, con un rostro de autentico pánico.

"Por el Hacedor, tengo mujer y un hijo esperando..."

"Ya es tarde, no hay vuelta atrás."

"¡No! Esto es demasiado, pedís demasiado. No hay gloria ninguna en esto."

Sin pensárselo agarró su enorme espadón y con miedo a la vez que odio se encaró a Duncan. Este sin echarse atrás desenfundó sus dagas y mientras Jory embestía contra él hábilmente esquivó su ataque y clavó un de ellas en su costado.

"¡AGHH!"

"¡No! ¿Duncan por que lo habéis hecho?"

"Lo... lo siento."

Jory temblaba aún con la mirada perdida, mientras se iba desangrando por aquella profunda herida, pensando en su mujer e hijo, a la que no volvería a ver y al que nunca conocería. Elissa veía aquella escena con horror, pues no esperaba semejante ataque de Duncan.

"La iniciación aún no ha terminado."

Decía aquello impasible, mientras se cercaba a Elissa que le miraba con odio, pues había matado a un hombre a sangre fría, y eso era algo que ella no podía ignorar.

Sujetó el cáliz, miraba a Daveth y a Jory. Dedujo rápidamente que aquellas eran sus únicas salidas en ese momento. Morir por la ponzoña, o a manos de Duncan. Su honor le dictaba que debía obedecer a Duncan, pero si debía morir prefería hacerlo empuñando su espada. Duncan notó de inmediato por vez primera las dudas de la joven.

"Si así lo queréis milady. No he disfrutado matando a ser Jory. No me ha causado placer alguno. Hubiera preferido que asumiera su promesa y que ahora estuviera entre nosotros. Pero la iniciación es un secreto por algo. Si todos supieran la verdad, la orden habría desaparecido hace mucho, y con ella el mundo tras la siguiente ruina."

Elissa miró a Duncan, en su rostro pudo ver un atisbo de tristeza en sus palabras, lo que la reconfortó. A pesar de su juventud, tantos enfrentamientos con lo peor de la humanidad le habían dotado de cierta experiencia para ver más allá.

Acercó el cáliz a sus labios y comenzó a beber, el espeso líquido le quemaba el interior de la boca y la garganta, pero no retrocedió. Siguió hasta dar dos grandes tragos a aquella grasienta y caliente sustancia. Entregó el recipiente a Duncan.

Al principio no notó nada, pero al cabo de unos segundos su mente comenzó a nublarse, notaba un intenso ardor en su garganta que iba creciendo a pasos agigantados, no pudo evitar chillar de dolor y llevarse las manos al cuello. Aquel era el dolor más intenso que había sentido en su vida, su mente de repente empezó a ver imágenes fugaces de rostros deformados que no reconocía.

Era tal la intensidad del evento que apenas se percató de que caía al suelo y comenzaba a revolverse por el intenso dolor y ardor. Entonces súbitamente, todo se volvió oscuridad. Una oscuridad absoluta, el dolor había desaparecido pero al abrir los ojos no veía nada, ni siquiera era capaz de verse a si misma, ni siquiera sus manos. Era una absoluta ausencia de luz.

De pronto un ensordecedor rugido lo inundó todo, haciendo que se tapara los oídos, pero aún así lo escuchaba, dentro de si misma. Una desagradable y grave voz inundó toda su mente.

"Es el momento mis súbditos. Anegaremos la tierra con nuestra ponzoña. Y de las cenizas resurgirá un nuevo mundo."

… … … … … …

Loghain repasaba con cuidado las notas de los múltiples reconocimientos. Aún con sus fuerzas, que debían atacar el flanco una vez la batalla diera comienzo, los engendros les superaban en numero.

Estos avanzaban lentos pero sin demora. En un máximo de tres días alcanzarían la fortaleza, y entonces, si no convencía a Cailan este a buen seguro caería junto a los guardas. Aquellos que tanto odiaba, por meter en su ya infantil mente, historias de grandes guerreros y reyes que vencían a la marea negra junto a los guardas.

Entonces, pensó en la joven Elissa. Quizás ella al convertirse en una de ellos pudiera hacer cambiar de opinión al rey. Ya había visto que a pesar de su juventud, su mente yacía correctamente en la tierra, y no en fantásticos relatos de biblioteca o de la muchedumbre.

En caso necesario recurriría a ella, para hacer lo correcto, y no lo que llevaba ya un tiempo rondando en su mente, perturbado por la insistencia de Cailan de luchar en el frente.

… … … … … ...

"Tiene mucha fiebre. Os lo digo a los dos. Como no despierte, os rajaré el cuello."

Wrex lamia con tristeza el rostro de Elissa que temblaba y se revolvía sudorosa en su tienda.

"No os preocupéis, milady. Aunque parezca otra cosa, ha sobrevivido." - 'tal y como esperaba' - Dijo, para sus adentros.

Con lentitud, paró de revolverse y comenzó a abrir los ojos. Levantó con gran esfuerzo una de sus manos y acarició a Wrex, que gimió complacido. Annette en cuanto lo escuchó entró en la tienda, y al ver a su amiga se abalanzó sobre ella, haciendo que resoplara por el embiste.

"Estaba preocupadísima, como vuelvas a hacer algo parecido te mataré."

Aún con el regusto alquitranado en la boca y lengua, contestó a Annette.

"Vaya mi amiga preocupada. Que grata sorpresa."

Su voz sonaba algo débil, hasta el punto de apenas era un susurro. Annette la miró con gesto preocupado, pues ni en aquellos años de duro entrenamiento la había visto tan apagada.

"¿Cuanto llevo aquí tirada? Siento como si hubiera pasado una eternidad."

"Pues mira, así es. La horda ha sido derrotada. He matado a innumerables engendros, y te has perdido toda la diversión."

Elissa frunció el ceño al escuchar a Annette, con gesto de incredulidad.

"Vale. Llevas dos días ahí. Has tenido una intensa fiebre y apenas gesticulabas palabras ininteligibles."

Elissa de improviso se incorporó no consciente de que estaba completamente desnuda, apartando a sus dos amigos nerviosa, justo cuando Alistair y Duncan se asomaban para ver su estado, y la manta que la cubría dejaba al descubierto sus pechos, que rebotaron levemente por su rapidez.

"¡DOS DÍAS! ¡Por Andraste!"

Duncan apenas reaccionó, pues no era la primera vez que los veía, aunque de nuevo su vientre entró en calor. Alistair por su parte exclamó algo que nadie entendió, su rostro se enrojeció como un tomate gigante y se retiró avergonzado.

"¡Lo... lo si... siento, milady! No... no quería mo... molestaros."

A Elissa le pareció muy tierna la reacción de Alistair, acostumbrada a hombres que deseaban su cuerpo. Duncan retrocedió lentamente, pero ella le paró sujetándole el brazo con dulzura.

"¿Ya está?"

Se giró de nuevo mientras Alistair exclamaba casi gritando.

"¡Por el Hacedor Duncan, está... está... indispuesta!"

Ignorando a su segundo sonrió a Elissa, que le recompensó con una de sus propias sonrisas.

"Así es Elissa. Bienvenida a la orden."