Cambio de escena: —

Cambio de narrador: /

Flashback

Pensamiento: "..."

Sueño: [...]


Las horas habían pasado con relativa tranquilidad. Los compañeros habían estado más tranquilos, aún había algunas risas entre clases, pero nada fuera de lo común.
Pero cierto rubio de ojos fríos había estado más pegado e insistente a ella que los días anteriores, realmente, en un punto ya rozaba el acoso, porque no se separaba de la azabache en ningún momento, tratando de llamar su atención.

Por lo que, llegado el momento, la de ojos azules, que ya estaba harta del más alto, al terminar las clases e ir en dirección a la salida, vio como el hombre le estaba esperando a la salida. La chica se detuvo abruptamente, y la pobre Marinette temblaba suavemente, sintiendo el nudo arremolinarse en su garganta.

―"Cálmate Cheng. Cálmate" ―se susurraba a si misma mentalmente para tratar de calmar a su agitado corazón, y tras unos ejercicios de relajación durante unos minutos, miró al frente y caminó decisiva hacia el chicho, quien al verla se irguió en su lugar para mirarla.

En cambio, antes de decir nada, la chica le interrumpió abruptamente poniendo una mano frente a su rostro para callarlo― Félix, ya es suficiente. Quiero que me dejes tranquila, necesito paz en estos momentos. Y tú, ¡no me dejas! ―El rubio no cambió su expresión, solamente silenció a la azabache con su azulina y grisácea mirada.

―¿Has acabado? ―Preguntó enarcando una de sus cejas y ella bufó rodando sus ojos―. ¿Aún continúas yendo con ese rubio? ―Ella abrió sus ojos sorprendida por aquello―. Pues te lo digo desde ya. Aléjate de ese hombre, solo te llevará a la tristeza ―no era posible, él…

―¿Estás celoso? ―Preguntó incrédula ante las exigencias que le pedía su exnovio. Ella comenzó a reír quedamente, negando con la cabeza, no era posible―. En serio, me has estado molestando todas estas semanas, ¿por malditos celos?

Ella, aunque no se había dado cuenta había comenzado a alzar la voz. Pero él seguía sin mostrar i el más mínimo cambio de expresión, aunque sus nudillos blancos y puños apretados no decían lo mismo.

La charla comenzaba a aumentar cada vez más y más de volumen, siendo que en un punto la chica había comenzado a despotricar debido a que ya no se podía controlar. No podía creer que ese hombre le hubiese estado persiguiendo todo el rato por esa simple tontería como los celos. Llegó un punto que ella no sabía ya ni lo que decía, y fue en ese momento que sintió como la tomaban con cierta fuerza de las muñecas y la azabache abruptamente se detuvo.

Sus pensamientos se calmaron, sus labios se sellaron, y con lentitud comenzó a alzar su mirada viendo como el pecho del rubio comenzaba a moverse con lentitud y pesadez, además de ver como temblaba superficialmente. Y cuando llegó a los ojos ajenos, vio en estos un cúmulo de sensaciones que no pudo descifrar en ese momento. La había dejado paralizada.

―No es por celos Marinette, ¡estoy tratando de protegerte! ―dijo con furia en sus palabras, siendo que ella podía notar como su agarre temblaba y sus pupilas estaban levemente contraídas, tratando de controlar sus emociones. Y la azabache no entendió porque en aquel momento sus piernas temblaron. Aunque la respuesta era simple. Nunca había visto al rubio así, y eso, le sorprendió de sobremanera.

―Y crees, ¿qué puedo creerte tal y como te estás comportando? ―Le preguntó más calmada, y con su voz más baja por la acción del hombre, que la había hecho encogerse en su lugar.

El más alto en aquel momento gruñó soltando las muñecas de la más baja, quien se apartó un paso y vio como el hombre se echaba el pelo hacia atrás -tratando de calmarse- para que el mismo volviese a su sitio y él negase.

―Está bien. Es comprensible que no me creas ―dijo tomando de nuevo su mochila, la cual estaba en el suelo tirada.

―Menos mal que lo comprendes ―suspiró aliviada la chica quién volvió a encogerse y tensarse en su lugar ante lo que su antigua pareja acababa de decir.

―Pero debes saber. Que no es bueno ir caminando con demonios Marinette ―dijo mirándola de perfil, con un brillo estremecedor en sus ojos que la dejó atónita.

―Tú, ¿cómo sabes qué?... ―le preguntó sorprendida y él solo se quedó callado por unos instantes, hasta que se giró sin mirarla.

―Te advierto Marinette. Lo mejor es que te alejes de Chat Noir.

Sentenció con una soberana tranquilidad como era su carácter, para así comenzar a caminar, alejándose de la chica, quien no podía estar más boquiabierta. Fue tal su sorpresa que ella, solamente pudo decir un par de palabras ante la situación.

―No, espera… ―susurró sabiendo que no le llegarían, pues él ya estaba bien lejos de la chica como para escucharle. En cambio, creyendo que si lo habría hecho, había estirado su mano para tratar de detenerlo, pero ya no servía. Pues pronto el de ojos fríos había subido a un taxi y se marchó, dejando a la menor metida en sus pensamientos.


Una hora después, cuando la chica ya había salido de la cárcel de sus pensamientos, miró la hora y jadeó asustada para comenzar a correr hacia el café a la hora que había quedado con su amiga y la pareja de la misma.

―"Tengo que contárselo todo. ¿O debería ocultarlo? No, ¡no! Se lo diré, esto es demasiado importante como mantenerlo para mí. ¿Cómo es que Félix conoce a Chat? Chat no parecía conocerle…" ―pensó mientras iba corriendo entre el tumulto de personas para poder llegar al café a la hora que había quedado con su amiga.


―Llega tarde ―susurró la morena de ojos café y gafas, con piernas y brazos cruzados, su mirada pegada al reloj de su teléfono y también, con su pie temblando continuamente, golpeando con la rodilla la mesa de madera una y otra vez.

Su pareja, que estaba sentado justo a su lado, la observaba fijamente con una sonrisa nerviosa. Sabía que cuando Alya se encontraba en aquel estado era preferible no perturbarle, pero no podía lanzar a Marinette a los leones de aquella manera.

―Tranquila. Seguro que pronto estará aquí. Ya sabes que está haciendo intensivo. Y tener un demonio en tu vida no es cosa fácil ―dijo y su la chica le tapó la boca abruptamente para mirarle.

―No hables de eso en voz alta. Nunca se sabe quién puede estar escuchando, es mejor no decir nada demasiado a la ligera. Así que, de ahora en adelante, demonio será melocotón.

―¿Melocotón? ―preguntó extrañado el hombre, pero ella no le respondió ante su duda. Por lo que solamente le quedó suspirar y ver como la morena le enviaba el mensaje a su amiga, la cual, ya llevaba 30 minutos de retraso―. Pero este melocotón no parece malo, ¿sabes?

―Ya… Lo cierto es que me extraña mucho que un melocotón como lo es ese. Sea tan dulce ―dijo pensativa la mujer, apoyándose en el hombro de su pareja y esta apoyando su cabeza en la ajena.

―Dulce tampoco, pero, ―susurró el hombre por igual con sus pensamientos desperdigados―, pero si que es de alguna manera más caballero con ella. Quizás me equivoque, pero, puede ser qué…

Antes de poder terminar la frase, el sonido del timbre que daba a entender que un cliente había entrado sonó y la pareja dirigió al mismo tiempo su mirada a la puerta. Allí, parada con mano en pecho y sin aliento, estaba la azabache tratando de recuperar la respiración que había perdido ante la maratón que se había metido desde su institución, hasta la cafetería.

Ella miró a su amiga, y miró al moreno con una sonrisa, saludando con su mano temblorosa para comenzar a acercarse con la mirada de todos los que se encontraban en el lugar mirándole extrañados por la pinta que la chica traía en aquel momento, quien, no tomándoles atención, se sentó dejando caer todas sus cosas de manera pesada para suspirar agradecida por el cómodo sillón en el que estaba sentada.

―Dios, que gusto. Y lamento el retraso Alya, me ha surgido un pequeño contratiempo que me ha dejado en shock ―dijo ella con su cabeza hacia atrás, siendo que pronto la camarera había traído los cafés que el de gafas había pedido hacía rato para cuando llegase la de ojos azules. Y pronto ella con sumo cuidado tomó su mocha para echarle azúcar, removerlo con cuidado para así, darle un sorbo y suspirar agradecida―. Ah~, realmente lo necesitaba ―susurró con una suave sonrisa.

―Bueno, entonces dinos, ¿qué ha sido lo que te ha retrasado para llegar tarde a nuestra reunión que habíamos acordado? ―Dijo la mujer todavía cruzada de brazos y su pierna temblando y golpeando suavemente por debajo de la mesa.

La azabache con un poco de lentitud tomó otro sorbo de su taza y con sumo cuidado la dejó en el tierno plato de porcelana que le habían puesto. Para suspirar suavemente y mirar fijamente a su amiga, quien se tensó momentáneamente por la intensa mirada de la menor.

―Ha sido por Félix. Él… él conoce a Chat Noir ―dijo y por un momento todo el lugar pareció quedarse en silencio para los tres jóvenes.


Mientras tanto en otro lugar más oscuro y lúgubre. Cierto dios caótico se encontraba fuera de su castillo, en la zona más alejada del inframundo, donde ni siquiera los huecos se atrevían a mostrarse. Donde solo las alimañas más descaradas, feroces y maliciosas se encontraban.

Caminando con un temple y calma, que quien le viese lo creería suicida. Pero claro, siendo el dios que era, el respeto y miedo que su nombre había creado a lo largo y ancho de todo su reino y miles más alejados. ¿Cómo no estar tranquilo de caminar por una zona peligrosa en la que podrían matarle?

Bueno, formulando de esa manera esa pregunta, quizás todos dirían que estarían asustados. Pero con la edad que tenía él, con lo que había vivido, había atemorizado, junto a miles de cosas más. Dudaba demasiado en que alguien se atreviese a atacarle, a no ser que fuera un idiota, un suicida o…

―Tú ―susurró el hombre afilando sus pupilas para esquivar cientos de plumas metálicas que habían sido lanzadas al punto justo en el que él se había plantado. Él formó una espada de oscuridad, con un filo suavemente tintado en un profundo violeta, que brillaba con intensidad en aquel lugar.

Los proyectiles llegaban desde todos lados, tratando de asestar el golpe que supondría su muerte o al menos una herida de gravedad. Pero de nada servían, pues la espada cortaba por la mitad todas las plumas que trataban de asesinarle. Claro que, si no fuese por su maestría en el arte de la espada y la guerra, de nada serviría que su arma pudiese cortar cualquier objeto. Los años de práctica le habían otorgado reflejos felinos y mirada de halcón. Lo único que debía hacer era bajar un poco la guardia, lo suficiente para que las plumas le dejasen semi herido.

Y así hizo. Minutos pasaron, pero el francotirador no daba muestra alguna de querer aparecer. Él rodó sus ojos y en un punto concreto detuvo su espada para que una de las plumas se clavase en su ojo, haciéndole gruñir y caer de espaldas, mientras algunas más caían en puntos concretos para inmovilizar su cuerpo.

―¿Ya estás contenta. Duusu? ―preguntó con su ceño notablemente fruncido y pronto comenzó a escuchar varios pasos acercarse hasta él y tomarlo de las muñecas arrancando las plumas de su piel, dejando que la sangre oscura corriese por su ropa, su tez, todo cuando abarcaban los tatuajes de su cuerpo. Para así gruñir cuando le hicieron arrodillarse. El sonido de unos tacones resonó en sus oídos, en uno más que en otro puesto que uno estaba sangrando y la audición del mismo era menor.

Para entonces, ver frente a él unos tacones azul índigo plantarse frente a él, él gruñó por aquello y con lentitud comenzó a ascender su mirada por aquel oscuro vestido del mismo color -el cual comenzaba a difuminarse a medida que subía su mirada- que los tacones que formaba una leve cola de sirena y a medida que subías el corte por igual, dejándolo a medio musco. Unos brazos y manos enguantados por unos largos guantes que ocupaban un poco más de su antebrazo, de un azul más claro que su vestido y sus tacones, en su cadera, las plumas de pavo real destacaban todavía cerradas. Su escote de corazón tenuemente pronunciado pegado a su voluptuoso pecho y esas mangas que se sostenían de su brazo para que no se cayese el vestido pues sabía que por atrás un precioso y pronunciado escote se formaba hasta llegar a su cuello, donde un precioso colgante de esmeraldas y zafiros se centraba en su pecho para que al subir, viese aquellos gruesos labios que tanto detestaba que le mirasen con una burlona sonrisa y sobre todo esos profundos ojos ámbares que brillaban con intensidad. Y para ponerle la guinda al pastel junto a su oscuro cabello índigo sus tres plumitas que ahora se movían suavemente a modo de victoria. De verdad que odiaba a aquella mujer.

Salve, mea deus perditionis servabitur* ―dijo la de cabello oscuro con una ladina sonrisa para hacer un gesto y que sus siervos dejasen caer al dios a sus pies para ella ponerse de cuclillas a su lado y reír sacando una de sus plumas de filo envenenado―. Ah~, sabes Plagg, le quitas la diversión si realmente no me dejas matarte ―dijo con una sonrisa tranquila y pronto el dios gruñó al momento en que el filo del metal casi roza su ojo bueno para mostrar sus colmillos a la mujer―. Uuh~ el gatito ya muestra sus colmillos.

―Deja de jugar y di ya lo que quieres niña ―dijo gruñendo para levantarse y comenzar a arrancarse las plumas en su piel con quedos quejidos que escapaban de sus labios.

―Creo que ya sabes lo que quiero ―susurró ella acercándose peligrosamente al hombre quien la miró desde arriba por la notoria diferencia de altura―. Otórgame el trono del inframundo.

El hombre arqueó una de sus cejas y pronto sonrió burlonamente haciendo temblar superficialmente a la mujer. Y antes de que pudiesen hacer nada los demonios que se encontraban tras él, estos sintieron como unas filosas garras atravesaban la piel de su cuello y los hacía gorjear casi sin voz, con la sangre verde brotando de la herida y llegando a sus bocas, llorando sangre ante el dolor, pues junto a la cortada, llegaban a corromperse, sin control, sus cuerpos dependiendo de que color eran brillaban en verde o negra, y ellos comenzaban a deshacerse como si solo fuesen polvo.

El moreno miró como aquellos demonios con lentitud caían, gritando asustados, gritando por piedad, pero a él no le servía, a él no le interesaba esas alimañas que se agarraban a sus pies y suplicaban por poder vivir y no desaparecer de la faz del cosmos. Pero lo que obtenían a cambio, solamente era una maquiavélica sonrisa que les hizo ver el porqué nadie se atrevía a enfrentarse a aquel poderoso y temido dios, quien sin piedad les aplastó lentamente la cabeza, permitiendo que los sesos de los monstruos se esparciesen y la pava real tuviese que alejarse para no manchar su vestido con la sangre de lo que para ella eran y siempre serían, simples esclavos.

La mujer jadeó suavemente viendo como el aura del rey emanaba aquella bestialidad que hacía caer miles de reinos a sus pies de puro miedo y se acercó a él para abrazarlo por detrás y sonreír apoyando su mentón en el hombro ajeno.

―No puedes obtener mi reino. Porque contigo caería en la desgracia.

―Bueno, siempre querré el trono del inframundo y al que se sienta en él ―ronroneó suavemente al oído del rey, quien cerró suavemente sus ojos, sintiendo la fina mano de la fémina tomar con suavidad su mejilla para comenzar a acercarlo a sus labios. Sus alientos se entremezclaron, los labios se rozaron, un suave sonrojo se formó en los mofletes de la mujer y entonces, ante la frase del hombre se detuvo abruptamente y gruñó.

―Sigues sin poder obtener el trono y a mí.

―¡Oh! ¡Venga vamos! ¿¡Aún no la olvidas?! ―sentenció molesta por la negativa del hombre―. Yo soy mejor, podemos crear el caos y ser los más fuertes del universo con un simple chasquido de dedos ―le dijo poniéndose frente a él quien agachó su mirada tóxica a la mujer―. No comprendo por qué no puedes simplemente olvidar y seguir adelante. Es una soberana estupidez salvaguardarse en un recuerdo que ya pasó. Se terminó, no volverá.

―Eso simplemente es porque tú no lo has vivido ―le dijo apartando con cuidado a la azabache de enfrente para así comenzar a caminar con tranquilidad, con sus manos tras su espalda y su mirada al frente.

―No. Hubo otros años que no me hubieses rechazado de esta manera conociéndote. Se trata de ese gatito tuyo, ¿verdad? ―dijo con una afilada sonrisa mirando al hombre quien se detuvo ipso facto―. Crees que la historia se vuelve a repetir, ¿cierto mi rey?

En ese momento la mujer sintió como la habían cogido del cuello con una fuerza sobrenatural que le hizo comenzar a patalear. Un líquido ácido se adentraba en sus venas a través de las garras del dios de la destrucción y ella con el ceño fruncido mordió la mano del hombre y aturdiéndolo el brillo de unas preciosas plumas de pavo real le distrajeron lo suficiente para ella situarse tras él y clavando la punta de su tacón en la zona lumbar de su espalda, lo estampó contra una afilada roca, atravesando su estómago, dejando que la misma se derritiese por la sustancia de la que estaba echa parte de su sangre y el rey cayese al suelo poniendo la mano en la zona del agujero para comenzar a vomitar sangre.

La mujer se acercó y empujándolo suavemente lo dejó boca arriba y le miró con soberbia.

―No es mi culpa que tu gatito no pueda devorar el alma de su humana y que por ello estés preocupado. Nos vemos Plagg, y espero que para la próxima no sea para pelear~

Y sin más tras un parpadeo ajeno, la mujer había desaparecido, tan escurridiza como una rata.

―Mierda ―susurró quedamente, pues de nuevo la había dejado escapar. Pero ya le daba igual, ahora solo quería apagar su mente, cerrar sus ojos y que por un momento la muerte le acunase entre sus brazos.

Pero lo que ninguno de ellos sabía, era qué, en aquel momento, cierto ser excesivamente curioso escuchaba atentamente la conversación.

―Jujuju~, así que por eso estaba tan molesto y preocupado. Vaya, vaya, que divertido va a ser esto. Quizás deba hacerle una visita a esa tierna humana~ ―se carcajeó desapareciendo al instante, sin ayudar al rey, pues este, tampoco parecía querer ayuda de nadie.


Próximo capítulo: El zorro.

Poco a poco cada vez más y más personajes van apareciendo en la historia. Habrá algunos que no aparecerán, o solamente serán nombrados. Y tampoco es como si tuviese mucho más que decir, pero como dije ahora trato de poner más empeño, me encanta esta historia y como voy haciendo que tome rumbo. Y espero que vosotros por igual disfrutéis. Hasta la próxima actualización que espero que no se tarde demasiado.

*: La traducción del latín de esa frase, significa "Hola, mi querido dios de la calamidad"

También voy a resolver algunas dudas y saludar de nuevo a los comentarios del anterior capítulo jajaja. En primer lugar saludar a Rinmika Utaumine 21.2, sonrais777, Oschii, TsukihimePrincess y Rose Agreste. Ahora, comencemos a responder:

TsukihimePrincess: Esa si que es una pregunta que no puedo responder así como así, tienes que ver los capítulos que se avecinan ewe

Rose Agreste: La primera pregunta. Es muy probable que pronto se sepa que ocurrió en el pasado con Plagg.
Segunda. No se si este capítulo habrá podido resolverla, o dejarte con más intriga.
Tercera. Secreto secreto jajjaja.

Hasta la próxima actualización mis amados lectores uwu.