Disclaimer: ¿Es necesario poner disclaimers? A esta altura ya han publicado sagas completas que empezaron como fic… evidentemente no va a pasar con esta historia, pero por si las dudas: Esto es un fanfiction, todos los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo se los pedí prestados un rato para contar una pequeña historia.
Esta historia está basada en hechos reales… ok, sólo está inspirada en una loca noche de despedida de solteras como cualquier otra
¿Qué hice la Noche anterior?
Quédate
Parecía una eternidad desde que se encontró a sí misma tirada en el piso con un destapacaños en una mano y con la otra aferrándose a las frías baldosas del baño. Le tomó otra buena cantidad de minutos comprender que el dolor de cabeza, la garganta irritada y las náuseas no significaban que se estuviera muriendo o que tuviera una contusión, sino que estaba con resaca.
Otra vez.
Un hombre estaba en cuclillas junto a ella preguntándole cuantos dedos veía. Veía dos. Eso estaba bien, ¿no? Pestañeó varias veces para despejar las dudas sobre lo que sucedía y a quien estaba viendo, porque sabía quién era, pero no entendía qué estaba haciendo ahí.
Era Edward.
Edward/estudiante de medicina. Edward/padrino de la boda de una de sus mejores amigas. Edward/mejor amigo del novio. Edward/stripper de medio tiempo.
Edward que cual príncipe encantador la había socorrido con el rostro preocupado sin importar que estuviera desnudo. Pero ni el dolor de cabeza, ni las náuseas habían evitado que Bella admirara cuan perfecto lucían los pectorales del hombre junto a ella.
Tenía que admitir que estaba siendo muy civilizado y que tan sólo después de comprobar que estaba bien, se había cubierto con la única toalla disponible. No es que a Bella le molestara, pero tenía que admitir que si tenía el pulso alterado no era precisamente por la caída. Había intentado tragar saliva y hasta eso hacía doler su garganta. Eso no podía ser consecuencia del golpe.
Después de que la virtud de Edward estuvo protegida con una minúscula toalla de mano (que era lo único al alcance), le ofreció una mano para ayudarle a ponerse de pie y después la acompañó a la cama para que se recostara. Durante todo el proceso Bella no había hecho más mirar, más bien, comerse con los ojos a Edward.
Estaba fascinada siguiendo como las gotas de agua caían de la puntas de su cabello a la espalda y abdomen. Seguía el trazo de las gotas mientras estas se deslizabas por los bien mantenidos músculos hasta perderse en las líneas de su estómago y el borde de la toalla.
Podría alegar que todavía estaba bajo los efectos del alcohol y que por eso se atrevía mirarlo tan descaradamente, pero tenía que admitir que incluso si estuviera completamente sobria sería difícil ignorar como se flexionaban los músculos de su brazo cuando se pasaba la mano por la cabeza para echar hacia atrás el pelo húmedo. Ese simple movimiento la ponía nerviosa, le secaba la boca y le humedecía otras partes del cuerpo... como las manos. Sentía las manos húmedas de nerviosismo.
Había respondido las preguntas de Edward con movimientos de cabeza y monosílabos, porque no lograba concentrarse en otra cosa que no fuera en el cuerpo del hombre. Se sentía algo pervertida haciéndolo, pero simplemente no lograba concentrarse lo suficiente ni para que le diera vergüenza.
– Al parecer todo en orden – había dicho Edward mientras volvía a echarse por décima vez el pelo húmedo hacia atrás. Bella siguió el movimiento con los ojos, aun fascinada. – No parece que tengas una contusión, más bien son las consecuencias de dos noches de parranda seguidas. –Añadió buscando sus ojos.
Se concentró en esa mirada de ojos esmeralda y notó que la seriedad de antes se había esfumado y la reemplazaba un dejo de satisfacción y hasta burla. Sabía que lo había devorado con los ojos y le causaba gracia.
–Muchas gracias por el recordatorio –respondió consigo misma y se sorprendió escuchar una voz que no parecía de ella. La garganta le dolió la hablar, la tenía irritada, aunque no recordaba estar resfriada.
Al menos enojarse le había devuelto las palabras a la boca, eso estaba bien. Le dolía la cabeza y no estaba de humor para que se burlaran de ella, aunque se lo mereciera, así que se movió en la cama lo suficientemente lejos de la tentación. Luego recordó que está no era una situación cotidiana. Ella vivía sola. Él no encajaba. ¿Qué hacía ahí?
– ¿Qué haces en mi casa? –preguntó con desconfianza.
–Tú me invitaste –respondió Edward con una sonrisa torcida que era mitad burla, mitad diversión, al mismo tiempo que se sentaba en la cama–. Es más, me rogaste que me quedara y te acompañara.
Edward le regaló esa hermosa sonrisa torcida. Bella hundió una mano en su cabello y notó con agrado lo suave que era. Usó el agarre para acercarlo más a ella.
"Podría ahogarme en esa mirada tan anhelante" Pensó mientras se ponía de puntas para llegar a él.
Edward acortó aún más la distancia entre ellos, buscó su boca con delicadeza, apenas un rose de labios.
–Debería irme– susurró sin convicción mientras seguía sobre su boca.
–Ni se te ocurra–respondió Bella antes de fundirse en sus labios en un beso de verdad
No la rechazó, es más, Edward respondió el beso con demanda y urgencia.
Eso era lo que quería. Al fin, eso era lo que necesitaba.
–Ya veo… –susurró aun intentando encontrarle sentido a lo que había recordado.
Estaba teniendo flashbacks de nuevo. Fantástico, pensó. Le dolía la cabeza, por algún motivo tenía la garganta destrozada y todo era demasiado vergonzoso para no ruborizarse. Se había movido en la cama querido poner algo de distancia entre ambos, pero al parecer Edward lo había tomado como una invitación para recostarse junto a ella con esa pequeña toalla que apenas si cubría su ingle. Quería levantarse y se sentó de un tirón, pero las náuseas decidieron que levantarse no era la mejor decisión. Cerró los ojos con fuerza para disipar el malestar y volvió a recostarse, lentamente.
–Bella con resaca es adorable – susurró Edward más cerca de ella. Tenía un codo apoyado en la cama y sostenía el peso de su cabeza con la misma mano.
Iba a responder algo, pero la otra mano de Edward encontró un mechón de su pelo y comenzó a juguetear con él. Si antes estaba nerviosa, ahora casi se sentía en pánico. Respiró profundo y buscó calmarse ¿En realidad estaba sucediendo todo eso? No recordaba lo que había hecho con Edward, era cierto, sin embargo, sabía que la primera noche -cuando se había ido con él desde la despedida de soltera de Ángela- no había pasado nada. Él se lo había asegurado y le creía. ¿Entonces porque de pronto tanta intimidad?
Tenía una gran sospecha, pero ya eran dos días seguidos que no recordaba lo que había hecho y no sabía si sería buena idea admitirlo. Por otro lado se preguntaba seriamente si tenía un problema de alcoholismo. Se prometió total abstinencia hasta el día de su muerte si lograba salir de esa situación tan comprometedora sin tener que lidiar con las consecuencias.
Siguió observando el techo, concentrándose en evaluar la situación y sopesando los pro y los con de admitir que nuevamente apenas recordaba lo que había sucedido. Podía fingir que lo recordaba todo, también podía buscar indicios de lo que había pasado, no tenía que admitirlo. Era un buen plan.
La ropa primero. Tenía un pijama puesto, estaba viejo y desgastado, era su pijama de día domingo para ver en la cama, así que al menos sabía que se había tomado el tiempo de desvestirse y ponerse algo cómodo, pero no demasiado. La elección de pijama dejaba claro que no habían pasado cosas demasiado sexy la noche anterior Sino hubiera simplemente estado desnuda, o hubiera usado algo menos desgastado ¿Pero cuánto más habría hecho antes de ponerse pijama?
Un horrible pensamiento cruzó su mente ¿Era el dolor de garganta producto de la noche anterior? Era obvio que no necesitaba desvestirse para hacer lo que estaba pensando que había hecho, sin embargo, nunca le había hecho eso a un hombre, ni siquiera con su ex. Era una chica bastante tradicional ¿sería normal el dolor de garganta? ¿Podría googlearlo sin levantar sospechas de que no recordaba?
Sus amigas hablaban sobre el tema, pero nunca lo decían de forma explícita y eso hacía más difícil entender por completo la mecánica del asunto. Alguien había dicho que le producía arcadas involuntarias, otra había comentado que no encontraba del todo desagradable cuando sentía que se ahogaba, también habían debatido varias veces sobre los pro y los contras de que terminaran en la boca, pero no se ponían de acuerdo, sin embargo, en lo que si habían estado todas de acuerdo era en que cuando salpicaba los ojos ardía tanto que hasta habían tenido que ir al oftalmólogo, pero ninguna había hablado sobre dolor de garganta.
Habían pasado varios minutos sin hablar. Edward continuaba recostado junto a ella, había dejado de jugar con su cabello y cuando tocó ligeramente su rostro para acomodar un mechón de pelo tras su oreja, un escalofrió recorrió su espalda y él sonrió. La observaba esperando pacientemente a que se pronunciara y evidentemente ella no sabía que decir o que hacer.
– ¿Necesitas que me vaya? – preguntó finalmente buscándola con la mirada.
–No – respondió automáticamente y era cierto, no quería que se fuera, no todavía.
–¿Quieres que me quede entonces?
–Quédate Edward. Quédate conmigo. – repitió abrazando más al cuerpo junto a ella.
Edward permanecía quieto y no la abrazaba.
–Sé que cuando bebo bajan mis inhibiciones, digo y hago cosas que no haría en otras circunstancias ¡diablos! A todos nos pasa que somos como las versiones más atrevidas de nosotros mismos. –alzó el rosto para encontrase con esos ojos esmeralda – Pero ahora no es sólo el alcohol el que habla. Sí, me gustas, me gustas cuando he bebido whiskey y también me gustas cuando estoy sobria, es sólo que no me atrevo a decirlo en voz alta.
Se aferró aún más a él. Presionó la mejilla en su pecho y Edward finalmente respondió el abrazo. Se sentía segura en los brazos de ese desconocido. Sólo necesitaba que la sostuviera y la consolara.
Giró para quedar completamente frente a Edward. Levantó la vista con miedo. No quería ver lo que había en sus ojos. Ahí en su propia cama se sentía vulnerable. No por miedo al hombre frente a ella, sino por vergüenza del recuerdo que acababa de tener. Edward no había exagerado, ella le había rogado que se quedara. Ahora más sobria no sabía qué hacer con él. Ni siquiera sabía qué hacer con ella misma.
Como si hubiera sentido sus titubeos, él se acomodó acercándose más a ella. Usó su propio brazo como almohada para quedar a la misma altura. Edward posó su mano libre sobre la cintura de Bella y la observó como si esperara que ella lo rechazara. No lo hizo. Edward lo interpretó como una señal para acercarse más.
Era un gento íntimo. Un gesto que solo había compartido con pocas personas. Con sus novios, por ejemplo. No con hombres que apenas conocía.
Bella se humedeció los labios secos. Estaban cerca, muy cerca. ¿Se iban a besar? No sabía si lo quería besar. Intentó tragar saliva, pero el dolor en la garganta se lo dificultó. Hizo un gesto de dolor y Edward lo notó porque la miró extrañado.
– ¿Estás bien?
–Me duele la garganta.
–No me extrañaría. Jamás vi a nadie ahogarse así –le sonrió coquetamente.
–Cierto, me ahogué… que vergüenza. Pero no esperaba que me doliera la garganta –susurró ruborizada por la sonrisa y porque sentía que estaba confirmando sus oscuras sospechas.
–Bueno, la forzaste bastante, creo que hasta lloraste un poco, ¿no? Fue un alivio cuando la mesera nos fue a ayudar, pensé que te ibas a desmayar.
–¿Que? –exclamó sorprendida–¿la mesera estaba ahí?
–Sí, la mesera ¿recuerdas que todos te estaban mirando y ella nos fue a ayudar porque no podías parar?
–¡Oh, dios! ¡Oh, dios! ¡Oh, dios! ¡Oh, dios! – chilló recordando vagamente a una mesera y los rostros de varias personas mirándola espantadas. ¿Qué había hecho? ¡En realidad lo había hecho! ¿Y en público? Lo había hecho en público.
No podía soportar más la situación. Necesitaba aire. Estaba mareada. Necesitaba pensar. Necesitaba espacio. La cabeza le daba vueltas y Edward estaba demasiado cerca. Se ahogaba. Se sentó de un tirón y esta vez no logró contener las náuseas. Corrió al baño y se aferró al inodoro. Las arcadas continuaron y finalmente vomitó, aunque no tenía nada en el estómago para devolver, pero no podía parar y comenzó a devolver una sustancia amarillenta y sintió el amargo sabor de la bilis. De pronto Edward estuvo junto a ella, sosteniéndole el cabello y recitando palabras para confortarla.
Necesitaba la verdad. Al diablo la dignidad cuando lo único que podía recordar era más humillante que admitir que no recordaba nada.
Finalmente cuando sintió que podía controlar las arcadas, se levantó, bebió directamente de la llave del lavamanos y se mojó el rostro. Se miró a sí misma en el espejo, ojos llorosos y enrojecidos.
–¿Te sientes mejor? –preguntó Edward preocupado.
–No. No me siento mejor –respondió con una voz rasposa y lo miró suplicante–. Necesito la verdad Edward. Volví a emborracharme y volví a olvidarlo todo. Apenas recuerdo un par de cosas, incluso menos que la vez anterior y lo que recuerdo no es reconfortante en absoluto.
Sabía que estaba al borde de las lágrimas y sabía que no iba a poder contenerlas mucho más tiempo.
–¿Qué… qué puedo hacer? –tartamudeó él, evidentemente nervioso.
–Puedes empezar puedes empezar por contarme qué diablos sucedido la noche anterior.
Se me ocurrió que podía hacer el #10yearschallenge con esta actualización, después recordé que eso sería el próximo año y no tenía ganas de seguir esperando.
Tuve dificultades para volver a acordarme como funcionaba esto de subir actualizaciones, lo positivo es que después de tanto años todavía recuerdo la contraseña.
Valentina, gracias. Fue una sorpresa agradable recibir tu comentario. Esta historia ha estado por años dándome vueltas en la cabeza, no por su calidad (tengo que admitir que es bastante mala), sino porque es desagradable cuando algo te queda pendiente. La vida se interpuso en el 2012, estaba terminando la universidad y tenía mucho que hacer, con los años varias veces alguien comentaba esta historia y lo único que me producía era cargo de conciencia. En ese entonces no era consciente del compromiso que un autora (por más penca que sea) tiene con sus lectoras (aunque solo sea una). Así que espero que puedas perdonar la demora y que cuando te acuerdes de nuevo de esta historia ya la haya terminado y la puedas leer completa.
Besitos, besito, chao, chao.
