Hola a todas!, ¿Cómo han estado?, yo aquí ,escribiendo como una esclava para ustedes , xD jajajaja, nooo, bromas bromas. Bueno quería agradecer por sus sagrados y hermosos comentarios *-*, gracias a ustedes ¡esta historia sigue adelante!

Bueno, antes de empezar quería agradecer a: A Rose Black Dragon, a dragonazabache, a invaso'rs Queen, a yukio87, a TheSaku, a Haoyoh Asakura, a Crystal Violeta, a Akirakey Dann Kesseki Tsuki, a FloMafer, a GenesisMilagros, a Feels The Music, a Alondra Hamato a keiko kimiko, a Who am I. Well. I'm just Me, a Evillious Chronicles, a Aleiy, a iukarey, a TMNT fangirl , a I Love Kittens too, a karai saki, a Tsukimine12, A TODAS! (Si es que se me quedo alguien por ahí, xD). ¡MUCHAS GRACIAS POR TODO!

Bueno, y nos las molesto mas xD, con ustedes el capitulo 14, con todo mi yo para ustedes


Capitulo 14: "Iniciando el viaje"

No era por nada personal. No era porque se lo hubiera propuesto o porque algo realmente hubiera pasado. Pero ellos odiaban los lunes. Leo por razones obvias, como tener que volver a la rutina y ella…porque quería. Sentados uno al lado del otro, suspiran desganados. Realmente no hay peor día que un lunes, y si lo hay, solo un lunes podía ser el padre de semejante catástrofe.

Los chicos se habían levantado inusualmente temprano. La noticia que Abril les había traído, alerto a la familia de manera indiscutible. No querían pensar que Shredder y su clan se encontraban detrás de la horrenda película de terror que se mostraba en el televisor y muchos menos imaginarse que habían aprovechado de su ausencia para ejecutar tan viles planes.

Ami suspiro con pesadez. Shredder no tenía nada que ver con el asunto. El mal que ahora presenciaban, tenía data de muchos años atrás. No es que se estuviera diciendo vieja, pero setecientos años no pasaban en vano.

El día anterior, cuando Camus le confirmo la temible noticia, tuvo que reunir todo su autocontrol y serenarse para volver con Leo. El chico más tarde le cuestiono a donde había ido y ella solo pudo responder a medias, una total mentira. Cuando al fin los Hamato se decidieron a irse a dormir, ella como todos los días desde el regreso de Leo, sello sus sueños. Sabía que era triste, tener que encerrar sus sueños, pero no podía arriesgarse a que aquella cosa se apoderada de él mientras ella no estaba presente, por medio de su inconsciencia; dándole una última mirada a la familia, volvió a desaparecer.

La noche se le hizo larga pero provechosa. Lo primero que hizo fue monitorear las zonas rojas, en busca de alguna anormalidad o de alguna de las lindas bestias que sabia rondaban por ahí. No fue difícil encontrarlas. Un ser mitad lobo, mitad humano, la miro desde la oscuridad penetrante y silenciosa. Ami en una fracción de segundo analizo al increíble espécimen que estaba frente a sus ojos. Hace mucho tiempo que no veía uno de esos, y estaba realmente sorprendida de las evidentes mejoras. Aquel demente tampoco había dejado pasar el tiempo en vano.

Bastardo…

El hombre de unos 35 años de edad le sonrió macabramente antes de atacarla e intentar devorar su cuerpo inexistente. A la chica le basto una mirada para saber que nada podía hacer por él, su espíritu y cordura habían sido demasiado corrompidos, al punto en que no recordaba ni lo que era. Sacando sus propias garras, la niña encomendó el alma de aquel desdichado a Dios, y ataco sin piedad.

No vaciles…si vacilas morirás tú…

Dos cortes profundos rebanaron la garganta del fornido hombre, cuando sus uñas atravesar la gruesa piel en un movimiento limpio. El cuerpo inerte cayó como una piedra, con los ojos vidriosos y el pelo seco, sin la vida que tenía hace algunos segundos. Un charco de sangre se extendió hasta sus pies descalzos, como un recordatorio de lo que había hecho. Aquella horrible visión de sudor y carne descompuesta desapareció muy pronto, el hombre y la sangre se convirtieron pronto en lo que debían ser. Arena. Con la gracia del viento todo se disolvió. Pero su corazón quedo marcado para siempre. Era la primera vez que asesinaba a alguien. Era la primera vez y sintió impotencia y deseos de vomitar la misma sangre que había manchado sus pies. Cayó de rodillas y respiro hasta que volvió a ser ella. Levantándose del duro asfalto continuo con la odisea.

Las bestias han regresado…creo que casi las he echado de menos…

Ami suspiro con un nudo en la garganta, y siguió buscando rastros.

La siguiente bestia fue una mujer. 45 años de edad, de nombre Blanca, con dos hijos, una niña, y un niño, la parejita que tanto había ansiado la mujer cuando su pelo no era un manto grasoso de canas y liendres. Su boca espumosa le reveló lo mismo que la bestia anterior.

Esta perdida, es solo un cascaron, no queda nada, tienes que hacerlo…

Una vida por delante, un futuro lleno de luz y esperanza, apagado primero por la mano de un hombre sin alma, y ahora, destruido en su totalidad por la mano divina que ordenaba desde lo alto. ¿Pero solo es un cascaron no?, ¿solo eso, verdad?

No tuvo opciones. Su cuerpo volvió a mancharse de sangre podrida y sus ojos volvieron a ver al ángel de la muerte. Después de todo….la estaba esperando

La mujer de cabello negro y ojos rojos cual murciélago, cayó ante su fría mirada, y ella tuvo que seguir caminando. Sin esperar que el cuerpo se convirtiera en polvo. Con las manos llenas de sangre ajena. Cada vez que cortaba o rasgaba la piel de sus víctimas recordaba con rabia la profecía impuesta a su nombre, su pasado era una mancha oscura, que se suponía no debía recordar. Pero ahí estaba. Imborrable

Nacerá una niña, que acabara con el mal que habita estas tierras, nacerá y deberá ser puesta ante los ojos Dios para recibir su destino; sufrirá y acarreara durante su vida el peso de cada pecado de su familia, de su clan y del mismo mal en sí, para que el día que muera, el dolor de su gente, retorne a Dios y sus allegados obtengan perdón eterno.

Esa era la verdad.

Humana, había sido humana hace mucho tiempo atrás. Pero la profecía no solo no se había cumplido, si no que su familia al enterarse de lo que acontecería, habían intentado huir de su temible destino.

Ese era uno de los errores fatales que la habían llevado hasta ese punto. Ahora la profecía había cambiado. Pero seguía teniendo su nombre.

Que mierda…

El sonido extraño y burbujeante de una boca llenándose de sangre, la devolvió a sus acciones. Un hilo de sangre y saliva que no le pertenecía volvió a manchar sus manos. Su mirada seguía fría e indiferente. Dejando de ejercer presión, retrajo sus afiladas uñas, y dejo que otro cuerpo más cayera ante sus pies. Otro hombre que desconocía que cosa era en realidad. Otro hombre perdido. Otro recuerdo maldito que se sumaría a sus pesadillas

Lindo…muy bonito ¿No crees...…verdaderamente hermoso…

Cuando el camisón blanco y rasgado se transformo en una mancha roja, regreso a las alcantarillas; 4 bestias menos, muchas más por venir. Quería descansar. Pedir explicaciones, romper los muros con la fuerza de sus manos, quitarse la esencia de la muerte y el abandono de una vez, mandar al carajo a Dios y a la muerte misma, odiarse y odiar a todos al mismo tiempo y llorar por lo que quedaba de eternidad. Pero no izo nada de esto. Porque simplemente no podía hacerlo. Con paso firme se dirigió a donde Leo quería que se efectuara el ingreso a Infra. No tenía mucho tiempo.

Cuando al fin pudo hallar la puerta roja y descascarada de la antigua guarida, sintió nostalgia. Casi podía ver a cada pequeño correr por ahí, jugando a salvar el mundo. Podía ver a Leo sonriendo de verdad, y no con esa mueca plástica que poco asemejaba a su verdadera sonrisa. Un Splinter mucho más joven sonreía desde el viejo sillón con cuatro tortuguitas en su regazo. Sin bandanas, sin obligaciones. Un padre, cuatro hijos. Sencillo. Simple. Perfecto.

Fueron buenos tiempos…

Si…quizá los mejores de su propia vida. ¿Pero que quedaba de esos gratos recuerdos? La indiferencia y el dolor habían borrado los recuerdos, empeñado la alegría, quemado el amor. Ami presa de demasiados sentimientos cerró la puerta. Recargo su cabeza al lado del muro y pensó. Pensó en Camus y su mirada lastimera. Pensó en Dios y su hipocresía. Pensó en Leo y sus hermanos. Pensó en las culpas de Splinter. Pensó en las bestias. Pensó en las personas que habitaban en ellas. Pensó en ella. Pensó en Dios otra vez. Por último, pensó en Atsuya.

¿Qué diría él? ¿Qué aria él? ¿Podría ayudarme? ¿Podría sonreírme y decirme que todo saldrá bien? ¿Podría perdonarme? ¿Podría?

Ami respiro sin necesidad de hacerlo. Tratando de no perder la compostura que tantos años le había costado forjar.

Pero Atsuya…su Atsuya…del que poco a poco comenzaba a olvidarse. ¿Cómo sonreía? ¿Qué me decía? ¿Cómo era su cabello? ¿Cómo le decía yo? …

Onichan…

La pelinegra se giro y dejo que todo su peso cayera al suelo. No podía con eso. Ya no podía seguir así. Lo extrañaba lo necesita. Pero el se había ido. Y era su culpa, su desgraciada y condenada culpa. Esos malditos ojos azules que la perseguían. Esa sonrisa amable. Esa jodida frase…

"¿Donde se ha visto que una princesa proteja a un caballero?"

Onichan...

- "Mierda..."

La niña se abrazo a sí misma, mientras trataba de controlarse, o de por lo menos no romper en un llanto inmerecido. Que tonta había sido.

Los minutos pasaron y su cerebro, con dificultad y lentitud, volvió a guardar sus memorias. Tambaleándose, la chica se enderezo y volvió a abrir la puerta de la guarida, ahora no tenía tiempo de cursilerías ni de antiguas historias de drama. Tenía que ponerse manos a la obra. Era su deber.

Ya dentro de la casa, perdió la cuenta de cuantos sellos puso por cada rincón del antiguo hogar, perdió la cuenta de cuantas velas prendió a los seres que se habían apoderado en parte de la casa. Perdió la cuenta y el número siguió subiendo. Cuando al fin tuvo todo en su lugar, procedió a volver el sitio un lugar sagrado e impenetrable. Concentrándose dejo que sus alas tomaran su forma original, pero no por mucho tiempo. Habiendo sacado sin miramientos tres o cuatro plumas de estas mismas, volvió a dejarlas desvanecerse. Ganándose en la habitación central corto con rapidez su mano, dejando que el líquido que manaba de ella, llenara cada espacio blanco en las plumas. Consumada la ofrenda, cerró los ojos y pidió por el lugar y por su futuro habitante.

Ami odiaba rezar, y por lo mismo jamás pedía nada, pero como siempre, Leo era la excepción a la regla. La petición fue concedida y finalmente ella pudo marcharse de vuelta con el de azul, totalmente exhausta. Con parte de su propia alma hecha pedazos. Con parte de su espíritu dentro de la antigua casa de Leo.

Noche larga. Verdaderamente larga.

-"Oye Ami, ¿tú qué opinas de lo que dijo Abril?"

La joven se acomodo un poco mas contra él al oírlo hablar, desperezándose dentro de lo que se podía. Luego de que su protegido se hubo bañado y vestido, sin decirle una sola palabra se había ganado al lado de él, recargándose contra su brazo derecho. Con respecto a lo que hablaba, ella ya tenía una opinión generada hace rato, pero siendo sincera consigo, prefirió guardársela. Primero ayudaría a Leo con el asunto de Infra, luego vería que hacía con el resto. No podía lanzarle preocupaciones ahora

-"M…esta complicado, no creo que su amigo Shredder tenga algo que ver"

-"¿Por qué lo dices?"

-"Porque no se parece en nada de lo que haya hecho antes, es anormal"

-"Yo igual creo lo mismo"

La conversación se corto. Cada uno metido en sus asuntos, dejaron que el silencio acomodara la situación. Leonardo estaba nervioso. Esa noche seria su primer intento, de encontrar la puerta hacia Infra y hacia el ser que habitaba en su interior. Otra cosa que le ponía los pelos de punta era recordar todo lo que había escuchado en la televisión. Pero su verdadera fuente de preocupaciones ahora, era la lucha que sabia libraría en unas horas. Sus manos inquietas se rozaban entre sí, presas del nerviosismo y la ansiedad, ya varias veces se había movido lo suficiente como para que Ami resbalara de su cómoda y privilegiada posición, y legara de golpe al suelo. Pero la niña sin quejarse, volvía a enderezarse y a buscar la comodidad de su brazo, sin emitir una sola queja. Leo ya cansado del silencio se dirigió a la joven que parecía dormitar a su lado.

-"¿Cuánto crees que se demoren los chicos en darse cuenta que estoy solo?"

-"M…quizá cinco minutos o un poco más, no creo que la paz nos dure mucho"

-"¿Ami…?"

-"¿M…?"

Leonardo escucha como la respiración de Ami es acompasada y serena. Por un segundo cree que se ha dormido

-"¿Acaso tratas de dormir?"-

-"No, que va, es solo que me invadió la flojera, ya se me pasara, además yo no puedo dormir"

-"Debe ser terrible…"

-"No tanto…"

Silencio otra vez. Paso un segundo. Pasaron dos. Paso medio minuto. Ami no hablo más.

-"¿¡Ami, quieres dejar de cortarme la conversación!?"- La chica sobresaltada, lo miro curiosa y somnolienta. Suspirando se estiro y acomodo de nuevo. Leo estaba terriblemente ansioso. Cuando Leo estaba nervioso, mataba sus ansias moviéndose como remolino por toda la casa, y como ahora no podía hacerlo, solo podía hablar peor o igual que Mike cuando este se abarrotaba de azúcar. Lo entendía, así que haciéndose de humor, se enderezo.

-"Muy bien señor alterado… ¿De qué quieres que hablemos?"-Leo se sonrojo por su reacción, tan espontanea y ruda, hablando bajito, pensó que lo compensaría. Ami sonrió.

-"No sé...de cualquier cosa…por ejemplo podrías decirme que fuiste hacer anoche"

-"Am….paso"- No, definitivamente de eso no hablaría con él, ¿Qué cosa iba a decirle?, ¿Qué anduvo matando por ahí en sus ratos libres? terrible idea- " mejor hablamos de otra cosa"

-"Pero Ami…"

-"Mejor podrías decirme , que hicieron en mi ausencia"- Leo suspiro, no lograría nada insistiendo

-"Nada, Mike comenzó a decir que era cosa de zombis, Raphael lo golpeo, lo regañe y los demás se rieron…eso, nada interesante"

-"¿Qué me dices de tu sensei?"-

Leo guardo silencio. Ese era un tema bastante delicado. Por no decir que el cristal que los mantenía dentro de lo estable, estaba por romperse en pedazos. No habían logrado siquiera conversar. Su sensei le había hablado de muchas cosas. Su viaje, sus encuentros, y varias historias de descendencia antigua y ancestral. Pero él no había articulado más de dos palabras. Era muy difícil para el dirigirse a su padre.

-"¿Pasas?"-pregunto la niña

-"Paso…"-contesto con el mismo desgano

-"Leo, no quiero ser tu madre o algo así"- aunque si sigo así lo seré…pensó la niña con ironía y risa-"Pero debes zanjar las cosas con tu padre"

-"¿Cómo?"-cuestiono cansado-"No quiero sonar a disco rayado, pero realmente dudo mucho que el perdone lo que hice…además de que ya no cumplo con nada de lo que me pidió…debo ser la decepción más grande que ha tenido…"- Leo bajo la mirada que solo podía ver hacia la oscuridad de su propia vida. Ami cerró los ojos y vio el mundo como lo veía Leo, oscuro, lúgubre, y lleno de interrogantes. Lo entendió. Lo entendió como siempre lo había entendido. Sintiéndose dentro de esos parámetros decidió decirle lo que pensaba. Mostrarle la luz que ella si podía ver. No tenía nada que perder.

-"No, no es así, tu padre ahora entiende sus errores, el problema es que tiene los mismos temores que tu"- Leo escuchaba curioso a la chica-"Ni tu ni él, saben cómo acercarse al otro, el lazo que los unía se rompió hace mucho y todos buscan el corte para poder repararlo, pero eso no es lo que deben hacer, no deben reparar el corte, no deben reparar el lazo, si no que deben crear otro, uno más fuerte, uno que no pueda volver a cortarse"

Leo pestañea varias veces, analizando sus palabras, que lejos de ser duras o recriminatorias, están llenas de una infinita comprensión. Como si ella fuera como tú…como si de alguna manera pudiera sentir lo mismo.

-"¿Crees que algún día volverá a ser como antes?"

Ami con los ojos cerrados no piensa en la respuesta. La tiene lista. Preparada, analizada y corregida.

-"No, eso no sucederá jamás"-

Leo se estremeció ante la cortante respuesta. La pelinegra no había dudado. No había vacilación en sus palabras y eso lo había dejado helado y desesperanzado. Ami sin embargo sonrió con sus ojos presos del cansancio y de la oscuridad que los envolvía a ambos. Quizá nunca volvería a ser lo mismo, pero había opciones mejores detrás de su respuesta

-"Tienes dos opciones, o es peor que antes… o es mucho mejor, la decisión la toman ustedes…"-Leo asintió no muy convencido, aun con la fuerte negativa anterior- "Y con respecto a ti, es imposible que el crea que eres una decepción, eres grande Leo"- Leonardo noto como la voz de Ami cambiaba, con ese tono de quien cuenta su más grande aventura o ensoñación-"Eres tan grande que todo aquel que te ve lo nota, tu corazón es noble y tu espíritu luchador, tu alma anhela la justicia, y la energía que desprendes es pura y sin engaño; eso y muchas cosas más, te hacen el joven que eres, aun no eres un completo adulto y ya has alcanzado lo que muchos hombres alcanzan con la madurez, el día que te conviertas en un hombre, espero estar ahí para presenciar el nacimiento de tus propias alas, que se que brillaran con la fuerza de mil soles…"- La chica guiada por sus emociones dice todo con la fuerza de su corazón. Leo a su lado escucha silencioso y con los ojos llenos de lagrimas. Nunca nadie le había dicho algo así. Ni su padre. Ni sus hermanos. Escuchar algo como eso le llena la sangre de coraje y de aliento el corazón. Ami vuelve a sonreír con los ojos cerrados.

El silencio vuelve a llenar la habitación con su calma particular. Un soplo de aire fresco que es imposible que llegue hasta esas profundidades, remueve la bandana azul, y el negro pelo de la chica. Un soplo de vida, de libertad, y de paz.

-"Ami…"- la voz de Leo vuelve a salir. Entrecortada y algo gangosa por las lágrimas. La chica no se preocupa y contesta tranquila. Ha calmado al fin el espíritu del niño.

-"Dime"

-"Gracias"- Ambos sonríen. A ninguno le molesta el silencio ahora.

Pero no todo puede ser para siempre. ¿Verdad?

-"¿¡No se supone que deberías estar con Leo!?"

Ami ríe bajito y se para. El tiempo de descanso ha finalizado para ella. Leo para su sorpresa también se ríe, mientras limpia su pequeño rastro de lágrimas

-"Valla, se han dado cuenta"-murmura Leo entre risas

-"Ya era hora en todo caso"-

-"Supongo que tienes razón"

Los pasos subiendo la escalera. Las voces desordenadas y molestas. Los gritos ensordecedores de uno de ellos. El reclamo que flota. La angustia imperceptible. La voz más longeva que regaña desde abajo. Son ellos.

-"Los chicos están subiendo, ¿te quedaras?"

-"Tú sabes que si"-contesta la niña de buena gana, apoyándose contra el muro. Preparándose para la función

La puerta de madera corrediza se estremece al saber lo que vendrá, La puerta se abre y choca contra su borde. Las voces ahora son más claras, y se relajan al instante al ver lo que tanto han buscado.

-"¡Leo!" "¿¡Quieres matarnos intrépido!?" "¿Por qué no nos llamaste?"-Miles de preguntas se lanzaron en su contra

-"Chicos, chicos, calma, estoy bien"

-"¿Seguro?"-

-"Si Mike , seguro"

-"¿Por qué diantres no avisas?, ¿quieres que nos de un infarto?, ¡porque si eso quieres te diré que casi lo logras!"

Leonardo se ríe bajito. Raphael como siempre se molesta por cosas que él considera mínimas. Poniéndose en su lugar se da cuenta de que también se molestaría por algo así, pero teniendo un buen cerebro y argumentos, le rebate al más rudo de todos

-"Rapha, imagina por un segundo que grito desde aquí arriba ¿Qué es lo primero que pensarías?"- el de rojo guarda silencio, tratando de entender a que se refiere su hermano mayor- "Te desesperarías Raphael"- termina por responderse solo el de azul al notar el silencio-"Pensarías que algo malo me sucedió y todos entrarían en crisis emocional o que se yo… ¿te das cuenta de ese detalle?, por eso yo no grito"

Rapha se queda de una pieza. ¿Qué puede protestar ahora? Donny y Mike se miraron entre sí ante tal argumento. En parte algo de razón tenía el mayor, pero aun así, todos creían que no era una justificación valida. Porque si Leo llegaba a sufrir una crisis, no podría gritar por ayuda, y sucumbiría ante todo aquel trauma, él solo.

-"Am...bro, veras, te encuentro razón y todo eso…¿Pero qué tal si te pasa algo y no hay nadie contigo?, prefiero estresarme por un grito, que por no tener hermano, así que si nos haces el favor, lo mejor en este caso sería gritar "

-"Miguel tiene razón Leo, por ultimo si estamos ocupado nuestro sensei puede venir a hacerte compa.."

-"¡NO!"

Leo no se da cuenta de cuando grita alterado. No se da cuenta de la cara de angustia que pone Don, ni se percata de cómo Rapha aprieta los puños con fuerza. Mike mira a todos con un dejo de sorpresa y duda.

-"Ok… ¿creo que a mí no me ha explicado algo o es que se les salió?"-

Leo no sabe dónde meter la cabeza. Mike tiene razón…entre comillas la verdad a salido a flote y todos se han percatado. Una capa de incomodidad se forma alrededor de los hermanos. Mike solo sigue mirando con curiosidad a todos.

Ami suspira con pesadez.

-"Leo…necesito preguntarte algo"-

El mayor aprieta los ojos, como si así pudiera tele transportarse a otro lugar y huir de las preguntas de Donny.

-¿Qué es lo que sucede con Splinter?

-"Don… no me preguntes eso…"

-"Leo, escucha, yo sé que no quieres hablar de esto, yo sé que no quiere hablar de nada realmente , pero tenemos que hacerlo"

-"¿Justo ahora?"

-"Ahora"- sentencio Raphael.

Leo escucho con cuidado los pasos de su hermano de rojo, pasos largos, rápidos, decididos. Luego el sonido de la puerta cerrándose. Muy bien, ahora sí que podía considerarse perdido.

-"Chicos, enserio no es necesario que…"

-"Lo siento hermano, pero yo ya no puedo seguir aguantando toda esta farsa, no puedo ver cómo te sigues encerrando y alejando de nosotros"

Mike miraba para todos lados sin comprender nada. Se le estaba haciendo complicado el asunto de controlarse para no comenzar a hacer preguntas como un reverendo desquiciado, pero ya viendo que nadie lo tomaba en cuenta volvió a preguntar con voz de fastidio

-"¿Alguien me puede explicar de qué demonios están hablando?"

-"Ya te explicaremos Mike, pero será mejor que te sientes, esto será largo"

El menor confundido se sentó al lado de Leo y le tomo del brazo. Instintivamente el mayor apretó su mano. Cuando todos hubieron tomados sus posiciones comenzó el dilema. ¿Cómo dirigirse a Leo sin que este se cerrara como una ostra? Don como en una ecuación, veía las posibilidades y movía las variables en todos los sentidos posibles, buscando la anhelada solución. Raphael comenzó a contar internamente para controlar su rabia. Mike siguió sin entender.

Leo suspiro cansado pero resignado. Había un problema que se tenía que resolver, era así de sencillo. Don cansado de ver de buscar, se enfrento de frente al conflicto

-"Leo…nosotros…Rapha y yo para ser más exactos, hablamos ayer con Splinter, ya que él quería saber cómo estabas de salud y todo eso"- Don respira pausado, sigue narrando-"Luego de varias cosas inconclusas que no vienen al caso, el nos dijo algo…algo que queremos escuchar de ti"

Miguel miro extrañado la actitud del genio de la casa. No sabía quien estaba más tenso. Si Rapha que ya iba por el numero un millón, o Don que parecía querer romperse las manos de la fuerza con que las apretaba. Un ligero temblor lo alerto y volteándose vio la mirada horrorizada de Leonardo.

¿Qué les habría dicho su sensei a sus hermanos? ¿Por qué Don se escuchaba tan dolido y preocupado? ¿Por qué demonios Rapha no hablaba? El mayor pasándose con fuerza una mano por la cara se obligo a volver en sí. Era el momento de ser fuertes

-"¿Qué fue lo que les dijo?"- Pregunto con suavidad

-"El dijo…que cuando te entrego el puesto de líder…te ordeno no volver a llorar o..."

-"Expresar cualquier sentimiento que reflejara debilidad"- Leonardo con su sonrisa triste y rota termina la frase de Don. Los chicos aguardan. Leo no sabe si largarse a Reír o llorar.

-"¿¡Que el maestro izo que cosa!?"

Mike no puede entender, no quiere hacerlo. Sabía que su padre era estricto y muy exigente. Sabía que Leonardo siendo el líder tenía un alto peso sobre sus hombros. ¿Pero no poder expresarse? ¿Se podía hacer eso? ¿Se podía ignorar los miles de sentimientos que te inundaban todos los días? ¿Se podía ignorar la frustración y el dolor de una derrota? ¿Se podía ocultar el llanto desgarrador que acompañaba las pesadillas? ¿Se podía? ¿Era posible?

Mirando a Su hermano supo que sí. Era más que posible.

-"¿¡Por qué no nos dijiste nada!?"

-"¡Mike!"- La voz de Rapha detuvo la impotencia del más pequeño de un tirón. No querían ser bruscos, tenían que tener cuidado, aunque Raphael tuvo que mordérselas para no hacer lo mismo que el menor. El de anaranjado dejo caer lagrimas que se suponían debían ser de Leo. Apretando su mano con fuerza se sereno.

-"Leo…no queremos recriminarte el hecho de que no nos dijeras nada, pero nos gustaría saber por qué aceptaste algo como eso"

-"Porque no tuve opción"

-"¿A qué te refieres con eso?"- Leo no sabe porque, pero agradece el tono brusco y la voz de Rapha que le traspasa la cabeza. Le ayuda a seguir presente.

-"Splinter me dijo que si desobedecía, jamás me convertiría en un buen líder para ustedes, me dijo que jamás lograría su respeto si no cambiaba…"- Su voz suena cansada, triste, llena de sombríos recuerdos

-"Y tú le creíste…"- susurro dolido el genio

-"Si…,lo gracioso es que de todas maneras, nunca fui lo que quisieron"

Todos dentro de la habitación abren sus ojos. Leo también lo hace. Esta sorprendido de que se le escapara una frase de tal magnitud. Todos lo miran. El mira el piso. Una mueca de terror recorre su cara. ¿Qué es lo que acaba de hacer?

-"¿¡A que te refieres con eso!?"- Raphael explota, no pude contenerse más. Autocontrol su abuela.

-"Lo…lo siento…"-Leo tartamudea. No pudo detener sus palabras y ahora no puede hallarse mas arrepentido

-"¡No te disculpes y contesta!"

-"¡Raphael cálmate! ¡Ya habíamos hablado de esto!"

-"¿¡Cómo quieres que calme!?"

-"¡Ya basta ustedes dos!"

Leonardo escucha como sus hermanos comienzan a gritarse entre sí. Las ondas golpean con fuerza su cabeza y a su ya remordida conciencia. Se ve negro. A donde quiera que mira se ve negro. Hacia los lados. Hacia el frente. Negro y gritos. Negro y llanto. Negro y más negro. Y los gritos, los gritos que ya no podía soportar, lo que seguían sonando cuando dormía. Los que el mismo había provocado en un ataque de sinceridad, lo que se pegaban a su cabeza como puños.

No podía. Hace mucho que había dejado de poder contra ellos.

-"¡Ya basta, dejen de gritar!"

Los chicos se quedaron helados al ver su hermano mayor de pie. Temblando. Sin saber a dónde dirigir sus ojos. Con una mueca que no pudieron reconocer como rabia.

Duele…duele tanto…

-"No griten… no griten"-

Un ruego. Un ruego que pide sea escuchado. Necesita que por esta vez le escuchen.

Donatello miro asustado a sus hermanos. Habían cruzado la línea. Ahora solo quedaba esperar ver que es lo que hacía Leo. El de añil notando el silencio reinante volvió a sentarse, sin esperar que alguien le dijera algo. Había tantas cosas que los chicos no sabían. Había tanto por contar y tan pocas ganas….

-"¿Qué se supone que quieren que les diga?"- pregunto desganado el de azul

Mike notando que las cosas se habían calmado volvió a tomar asiento junto a su hermano. Donatello también hizo lo mismo. Rapha tardo un poco más. Una parte de él quería salir corriendo a golpear su saco, pero la otra, más decidida, opto por quedarse a escuchar

-"Pues…yo creo que podrías empezar por contarnos toda la historia…"

-"Ya…"- Leo se tomó unos segundos, levanto la vista ciega hacia el cielo, pidió fuerza y empezó-"La verdad no hay mucha historia que contar, cuando fui ascendido a líder, mi padre me llamo por la noche, me dijo que ahora yo tendría la responsabilidad de cuidarlos y de guiarlos, y me explico que no podría lograrlo a menos de que yo hiciera un sacrificio…yo debía dejar de expresar cualquier sentimiento que pudiera provocarles problemas, enojo, rabia, pena, todo eso debía reprimirlo para poder hacerme fuerte, para demostrar mi valía como líder….obviamente no pude…"

-"¿De qué hablas?"- El tono mordaz y molesto no le gusto a ninguno, pero Leo está acostumbrado. Quizá demasiado acostumbrado

-"De que a pesar de todo eso, no logre mi cometido, ustedes jamás me vieron como un líder capaz,…"- y tampoco como un hermano Pensó Leo

-"¿Pero te das cuenta de lo que dices?, claro que eras un líder competente, siempre completábamos las misiones, y yo que sepa estamos enteros"-

"Claro Rapha, tienes toda la razón, por eso es que vivíamos peleando en casa, por eso es que siempre me gritabas que era débil y que no serbia para nada, olvido con facilidad esas cosas…"

Ami no pudo contenerse y se golpeo la cara con la palma de su mano. Eso debía de haber dolido.

Auch…

Todos guardan silencio ante el tono irónico que usa el mayor. Leo ha metido el dedo en una herida profunda, y refregado contra su hermano sus propias palabras. El de azul pronto se dio cuenta de su error. Negando con la cabeza volvió a hablarles a los chicos. Se le había pasado la mano otra vez.

-"Lo siento Raph, no quise herirte"

-"Supongo que me lo tengo merecido…"

-"¡No es eso!, es que…ustedes no ven las cosas como las veo yo, lo que sucedió con Splinter cambio mi vida, me esforcé tanto como se pudo, y aun así no conseguí nada…"

-"¡Y hay vas otra vez!"

"-¡Raphael!"

-"¡No Don!, No puedo seguir escuchando tantas estupideces juntas, ¿Es que soy acaso el único que piensa que dice tonterías?"

-"Muy bien Raphael, si crees que son tonterías entonces dime lo que piensas tú"- Leo guardo silencio y espero que el de rojo comenzara a hablar.

-"Yo pienso que te has vuelto loco"- Mike y Donny apretaron los ojos, lo que se vendría no sería bonito- ¿en qué momento pensaste que no volver a decirnos como te sentías sería algo favorable?, ¿¡Y porque carajos no nos dijiste nada!? ¡hubiéramos hecho algo!, ¡pero de nuevo tenía que salir el intrépido líder que todo lo puede! ¿no?, ¡creíste que podrías con todo pero te equivocaste! ¡Y no quieres admitirlo! ¡No confiaste en nosotros! ¡Y por eso...!"

-"¡YA BASTA!"-Leo se puso de pie. ¿Querían gritar?, pues él también podía hacerlo- "¿¡tienes idea de lo que tú estás diciendo!?, ¿¡cómo podría haberles dicho algo si ustedes preferían hablar con las murallas que conmigo!?, ¿¡si cada vez que te pedía ayuda me lanzabas volando o tratabas de estrellarme algo contra la cara!?, ¡si siempre estaba solo!, ¡yo nunca les importe!, ¡siempre que necesitaban algo yo estaba!, ¡no importando la hora!, ¡no importando el lugar o lo que me hubieran dicho!,¡pero ustedes nunca estuvieron conmigo cuando yo los necesite!,!si les decía que quería conversar siempre estaban ocupados!, ¡si les proponía algo tan simple como ver una película me entregaban excusas tontas y se iban!, ¡pero eso no me importo!"-Su voz se quiebra, ya no salen gritos, solo el dolor de recordar- "Aun así…yo seguí intentando, seguí tratando, aunque me odiaran, aunque dijeran que solo estorbaba, seguí…porque los quiero…porque quería creer que si yo los quería, ustedes me querrían un poco…pero para ustedes yo solo era el intrépido Líder… "

Lagrimas caliente y saladas cursan sus mejillas de manera lenta. Quizá se le paso un poco la mano. Quizá grito demás. Pero por una vez él quiere decir "al demonio".Raphael se ha quedado de una pieza. Sólido como una roca. ¿Qué puede decirle a Leonardo? ¿Qué no cierto? ¿Qué todo lo que dijo no es verdad? No puede. No puede negar los hechos

-"Yo…yo no lo sabía…"- Leo abre sus ojos ciegos sorprendido, mientras miles de gotas ruedan por su rostro. ¿Rapha estaba llorando?- "Yo no lo sabía…yo solo pensaba que te gustaba molestarme…nunca vi que era por otra cosa"- No, no llora.

-"Igualmente está destrozado, no midas su dolor por las lagrimas Leo"-susurra escondida la guardiana

Mike luego de quedarse helado al ver a Leo gritar como nunca en su vida, comenzó a llorar. Siempre que herían a Leo él decía que estaba bien, que no importaba, o que ya lo había olvidado…pero eso es imposible, nadie puede olvidar cosas como esas. Que ingenuo era al pensar que todo estaba bien.

-"Leo…lo sentimos…, sabemos que cometimos errores…que te ignoramos y que muchas veces creímos que solo querías darnos lata,…"- Don no sabe muy bien qué hacer ante todo lo que el mayor ha dicho; sabe que tiene razón. Leo no necesitaba más que decir una palabra que empezara con puedes…o les gustaría que…y todos desaparecían de la faz de la tierra. ¿Por qué hacían eso? Leo no era la persona más aburrida de la tierra. ¿Entonces por qué?

Porque al ver a Leo, no veías un hermano…que veías ¿Don?

El de bandana cierra los ojos y se hace la misma pregunta. ¿Qué es lo que veía? La respuesta es clara y alucinante.

Un padre. Lo que veían Don y los chicos era un padre. No veían a Leo como un igual y era lógico. Su sensei siempre había puesto la vara más alta para Leonardo. Los había separado. Ellos mismos habían separado a un hermano por eso. Porque si se caían, ahí estaba Leo, si estaban tristes o asustados, ahí iba mamá tortuga a consolar a sus pequeños. El problema ramificaba que Leo no era su padre, el era otro de ellos, otro que quería ser consolado, otro que quería un beso en la herida de la rodilla. Al crecer era obvio que todos tuvieran sus riñas, eran adolecentes, hormonas andantes, que querían gritar, ser libres y al mismo tiempo que no los dejaran solos, y como siempre, ahí estaba Leo. Esa era la verdadera fuente de todo.

-"Creo…que al fin lo entiendo"- Todos las miradas se posaron en Donatello. El joven genio les dedico una mueca triste a todos. Leo quien no lo veía solo pudo escuchar pasos. Un sobresalto y el calor de un par de manos sobre su rostro lo dejaron confundido, totalmente anonadado, la voz de Don sale clara, armoniosa, pacifica-"Leo…tu trataste de ser papá, de ser nuestro papá…"-Raphael y Mike se miran confundidos ¿Qué acaba de decir?-"Me tomo un poco asimilarlo, pero al fin lo entiendo…veraz, recordé que cuando Splinter nos entrego nuestras bandanas y te entrego tu cargo de Líder, nunca más nos leyó un cuento antes de dormir, nunca más nos dio el "Beso de las buenas noches", nunca más volvimos a dormir junto a él cuando tuvimos temor, pero aun así, el recuerdo de todo eso sigue existiendo y perdurando, porque seguimos escuchando cuentos, seguimos recibiendo nuestro beso y un lugar donde refugiarnos…"- Leo parpadea, evocando ese recuerdo y a sus pequeños hermanos, las lagrimas siguen cayendo, esta vez Don sonríe mientras recuerda y deja que sus propias lagrimas limpien las del otro-"Estabas tú Leo, estabas tú, cuidándonos, dándonos la fuerza faltante…de manera increíble eso también fue lo que nos destruyo"- Leonardo abre con fuerza sus ojos, como si tratara de ver dentro de la oscuridad a su hermano-"Gracias a que nuestro Sensei te prohibió expresarte, te comiste etapas fundamentales, abandonaste tu niñez y perdiste tu adolescencia, pero gracias a ti, nosotros si las vivimos, por esta razón nunca dejamos de verte como un papá, en el fondo sabíamos que eras nuestro hermano, pero a pesar de eso, seguíamos queriendo que cumplieras con ese rol de padre, porque no podíamos ver a nadie en tu lugar, porque tu desde niño fuiste el padre de todos nosotros, si me pasaba algo en la primera persona que pensaba eras tú, el primero nombre que salía de parte de todos era el tuyo…y por eso, dejamos de estar juntos…nos olvidamos de que tu seguías las ordenes de nuestro sensei, creímos que todo lo que salía de tu boca era por gracia tuya, olvidamos que nuestro padre era Splinter y no tú,…necesitábamos tanto de ti…que olvidamos que tu también nos necesitabas…"

La habitación queda en un silencio sublime luego de esta confesión. Leo no sabe si todos comparten el punto de vista de Donny, pero si ha podido recordar cada una de las escenas que le narro el de bandana morada. El quería con todo su corazón que ellos tuvieran lo que él no tuvo…quería que pudieran reír o llorar todas las veces que quisieran, el no preguntaría nada, no pediría explicaciones, no diría proverbios, solo abriría los brazos, e invitaría a que si querían llorar lo hicieran. Porque él, siempre estaría presente.

-"Nos….nos equi…vocamos Leo…"- Donny habla entrecortado, sin poder disminuir su pena, apoyando su frente contra la del otro-"Yo…te veía tan fuerte…te vi…como los ni…ños ven a sus pa…dres, te vi…y real…men…te no me di cuenta de que esta…bas solo…de que te dolía nuestra indife…rencia, de que tu tam…biénnece…sitabas….ayu…da, y…lo….lamento….tanto…"

Leonardo llora inconsolable mientras le escucha.

Suicidarse no era un chiste. No era una broma que se tiraba entre amigos, no era una decisión que debía tomarse a la ligera. Porque suicidarse es cerrar la puerta. No ver luz al final del túnel. No volver a ver el mañana. Suicidarse es haberse quedado sin razones para seguir existiendo. Y él se había quedado sin luz y sin razones. ¿Que importaba el intrépido líder? Habría otro mejor que él para suplir el puesto, de eso estaba seguro. ¿Que importaba Leonardo si nadie quería estar con él? ¿Quién notaria su ausencia si su presencia era molesta?

"Nos equivocamos…lo siento"

Cuando intento suicidarse pensó que ellos serian felices con su partida. Pensó que sería lo mejor para todos.

"Yo también me equivoque…también lo siento"

-"Leo…nosotros si te queremos…"- El menor interrumpe sus recuerdos. So voz apenada le traspasa como una aguja el corazón. Mike. Su Mike. El pequeño que podía mimar más, el que siempre estaba haciendo travesuras, el que se reía de todo y le daba luz con esa radiante sonrisa.

-"Mike…yo…."- ¿Cómo explicar lo que se siente con palabras? ¿Cómo decirle que eso no es verdad? ¿Cómo decirle a su dulce hermano que siente que es un mentiroso? Si lo querían, ¿por qué lo trataron así?

-"Si te queremos…yo te quiero…nunca quise que algo malo te pasara..."-El dolor de Mike le quema las entrañas, traspasa sus muros más profundos…y duele-"Si tú nos hubieras dicho la verdad…yo lo habría entendido…todos lo habríamos hecho…no te culpo por no confiar en nosotros…no somos los más confiables…pero…somos tus hermanos…para mí no eres solo el "intrépido líder", eres mi hermano mayor, mi padre como dice Don… hermano…si te pierdo…yo…yo me mu…ero"

Miguel Ángel jamás pensó que ellos vivirían una desgracia como esa. Las personas que se lanzaban de puentes o de edificios frente a su familia era algo de las películas, algo para atraer pantalla y cámaras. La realidad era muy distinta. La realidad involucraba a su hermano, que literalmente estaba vivo de milagro.

El más pequeño casi arrastrándose volvió a quedar al lado de Leo, abrazándose a su brazo lloro lágrimas amargas y culpables. Quizá Donatello tenía razón, quizá Leonardo era más un padre que un hermano, pero eso no justificaba sus acciones.

-"Nos desquitamos con quien no debíamos….perdónanos Leo…."- susurro sin aire, sin ganas de seguir hablando

-"Mike…"

-"Yo…"-Raphael atraela atención y las miradas llorosas y tristes de los más jóvenes, Leo enfoca su vista en la alfombra, después de todo, solo puede oír la brutalidad de la voz de Raph –"Yo…nunca acepte todo lo que hacías por mi…yo solo quería ser el líder, demostrar de forma estúpida que era el más fuerte, el más capacitado…pero fui un idiota…yo…siendo tu hermano, no note que cambiaste por nosotros…no note que dejaste de ser un niño para que nosotros si pudiéramos serlo…llegue a odiarte por las reglas que imponía nuestro sensei y que tu nos obligabas a cumplir…me desquite contigo…cuando debía hacerlo con otra persona….y lo que es peor…tu ya no confías en nosotros…"

-"Raphael…yo si ..."

-"¡No trates de mentirnos!, no somos idiotas… ¿crees que no he pensado en todo esto?, se que solo nos dices que si para tranquilizarnos, ¡para que estemos felices mientras te pudres en tu miseria!, y no es justo, no es justo que trates de engañarte, de engañarnos… se que te has empeñado toda una vida para que nosotros no notemos cuando estas triste, para no llorar y ese tipo de cosas, ¡pero tienes que entender que no puedes hacerlo!"

-"Tú no entiendes"-Leo habla dolido, como si en vez de hablar se estuvieran golpeando-"si yo dijera como me siento de verdad, deshonraría a Splinter, y lo que es peor les fallaría a ustedes…"

-"¡Eso no es verdad!, se que siempre te decía que no eras fuerte o que eras un mal líder…"-Leo cierra los ojos, esas palabras siempre han dolido- "¡Pero lo hacía por celos!, porque yo quería hacer lo que tu hacías, a la velocidad que tu lo hacías"- Mike y Don miran sorprendidos al de rojo, que parado frente al de añil trata de ser sincero, de decir la verdad aunque le costara una muela–"Me molestaba que fueras tan perfecto….me dolía…porque yo también quería destacar….ser el mejor en algo…pero en todo me superabas, en todo…"

-"Raph…eso no es verdad"-Leo levanta la vista sin mayor resultados que el sonido de las ropas de los chicos al rozarse con la suya-"Siempre te dije que estaba orgulloso de ti, de que fueras tan fuerte, de que dieras todo de ti al luchar, de tu pasión por superarte"-Al de rojo poco a poco se le cristalizan sus ojos. El recuerda todas sus amables palabras, aun así, su actitud nunca había cambiado, porque él no quería escucharlas de él o de algún hermano….el quería que Splinter se las dijera, pero la línea siempre era igual Aun te falta Raphael…-"Además…yo nunca pude ocultar al cien por ciento mis sentimientos…"

El caos se desata en todos. ¿Es que Leonardo se había vuelto loco de verdad? Que los chicos recordaran, en ningún momento su hermano se había echado a llorar, o reclamado algo, incluso en su vida recordaban a Leo sin esa peculiar sonrisa de amor y comprensión

-"No sé si el maestro se los dijo….pero yo…"-vamos dilo...no te eches atrás. Piensa Leo mientras vacila en la continuación de esa frase-"soy sonámbulo desde lo años 7 u 8…ya ni me acuerdo…"

-"¿Qué eres qué?"-pregunta Mike, apegándose mas al de azul si es que eso era posible. Asustado

-"Sonámbulo Mike, significa que camina dormido"-Explica de manera simple el de bandana morada tranquilizando sus alterados nervios

-"Otra cosa de la cual nunca nos enteramos…"Raphael se sienta junto a sus hermanos, ya sin ganas de luchar o seguir rebatiendo cosas absurdas, Leo no reclama sus palabras.

-"¿Y cómo te enteraste de que eras sonámbulo?"

-"De la única manera que se puede Mike…-Leo volteo la mirada y puso a tientas sobre su cabeza una de sus manos-"despertando…"

Leo cerrando los ojos rojos por el llanto, recuerda con suma claridad cómo fue que se entero de su extraña costumbre. Había sido un día como cualquiera. Entrenar. Pelear con los chicos. Recibir una reprimenda por parte de Splinter…en referencia…lo de siempre. Esa noche en particular, el pecho le dolía un poco más que de costumbre. Sus ojos azules rogaba por derramar las lagrimas reprimidas, pero el ya habiendo perfeccionado un poco su técnica para retener sus emociones se acostó rápidamente. Si estaba durmiendo no podía llorar ¿no?; y como todas las mañanas al despertar, ese peso se habría ido de su pecho. El problema es que esa noche no fue como todas.

Ese día mientras dormía soñó como siempre, con un niño, que le tomaba de la mano y le preguntaba si quería pasear con él, naturalmente él le seguía; su patio de juegos casi siempre era un parque lleno de bellotas, y su juego favorito era ver quien juntaba más. Leo tomando la delantera en esa ocasión, frente al extraño niño, comenzó a reír mientras las contaba en voz alta, pero toda su risa se evaporo cuando una de las bellotas resbaló de sus manos. El sonido de un vaso haciéndose trizas contra el piso lo despertó. Y se dio cuenta de que estaba en medio del salón. Con los brazos llenos de objetos de la casa. Totalmente solo.

Leo asustado había hecho lo que cualquier niño pequeño. Ir con su padre. Pero nada más llegar hasta la puerta se detenía recordando que no podía decirle que estaba asustado. Que no podía llegar a sus brazos y pedirle ayuda, porque Splinter no solo no se la daría, si no que le recordaría sus obligaciones como un mantra.

Esa noche, subió temblando la escalera, y se paseo con una lentitud impropia, frente a cada una de las puertas de sus hermanos.

Podrías pedirle ayuda a Donny…

No. Donny le diría que su situación hablaba de un problema en el sueño y que lo mejor sería que hablara con su sensei. Se daría la vuelta y seguiría durmiendo.

¿Qué tal Mike?

No. Mike se asustaría más que él, y se preocuparía demasiado, al punto en que al final, ninguno podría dormir y el seria reprendido más tarde por su maestro por asustar a su hermanito.

¿Y Rapha…?

Eso sí que era mala idea. Si el de rojo no lo golpeaba por despertarlo a las 4 de la mañana, de seguro le decía que se dejara de tonterías y que volviera a la cama, y que si era tan miedoso que se fuera con Splinter, ya que él era su favorito.

Solo. Otra vez solo.

Asustado de dormirse y despertarse en algún lado que no fuera su propia cama, se negó a obedecer a Morfeo. Esa fue la primera de muchas noches en vela. Porque aunque le costara admitirlo, esa escena se repitió muchas veces más. Siempre que abría los ojos se encontraba en alguna parte de la casa haciendo cualquier estupidez. Lo más espeluznante fue cuando despertó cortando vegetales. Una zanahoria mal cortada y parte de su dedo sangrante fue lo primero que vio al despertar. El cuchillo resbalo de sus manos y solo pudo retroceder hasta que su propia espalda choco con la pared, anunciándole que no se podía continuar.

Con el paso del tiempo, Leo había ido perfeccionando todo ese asunto. Uno de los factores que más influyo fue el cansancio. Cuando estaba absolutamente cansado, al punto en que mover un dedo le costaba, sabía que podría descansar en paz, sin temor a despertar en medio de la cocina preparando el desayuno, o dentro del cuarto de lavabo ordenando sabanas. Como a todo lo que le pasaba, Leo se adapto y siguió adelante. Aun así ese problema seguía estando con él, o por lo menos estaba…

Los chicos no dijeron nada cuando Leo termino de narrar. Se quedaron viendo entre ellos con ganas de golpearse con fierros hasta que ninguno pudiera ponerse de pie. Don mirando directamente a Leo, trata de introducirse en su cabeza y ver lo que él ve. De sentir todo ese peso aunque fuera por un pequeño minuto, para que el de ropas azules pudiera respirar como ellos. Tomar una bocanada de aire como agua, saborear un segundo de juventud.

Leo termina por zanjar sus pensamientos.

-"Chicos…yo se que sus intenciones son las mejores…pero yo no creo poder hablar con Splinter como si nada hubiera pasado…no puedo creerle…no puedo creer que de un segundo a otro el cambie todo lo que siempre me dijo…si soy sincero yo creo que solo es una mentira mas…solo….solo es cosa de que pase el tiempo... y entonces todo volverá a ser lo mismo….-

-"Pero hermano…¿Cómo lo sabes?, si no lo intentas no sabrás nunca si era o no verdad, por ultimo podríamos probar"

-"Y si las cosas no resultan yo mismo me encargare de ponerlo en su lugar"

-"Raph, la violencia no es la solución a nada, la violencia es muchas veces la fuente del problema, no creo que golpeando a Splinter vallas a sacar algo"

-"Lo sé Don,… es que no soporto estar así"

-"No se chicos…. La verdad no se qué hacer"- Leo escucha sus opiniones, pero tampoco logra solo echo de pensar en él y Splinter en una habitación cerrada, desata su pánico mas profundo

-"Leo escucha…primero que todo, tienes que sacarte esa idea absurda de que nos fallaste o de que si no estás sonriendo nos fallaras, eso no es sano para nadie, menos para ti…"- Don trata de hacer entrar en razón a su hermano-"El que hayas sido sonámbulo es una prueba concluyente de que nadie puede hacer algo como eso sin lastimarse a sí mismo, Splinter se equivocó, así como todos lo hicimos…"-Leo agacha la cabeza. No está ni remotamente convencido de sus palabras. Raphael lo nota y levanta con un dedo su mentón al tiempo que le habla

-"Mira cabezotas, yo sé que es tu sagrado deber como hermano mayor que nos cuides y que estés pendiente de nosotros, pero tú, también eres nuestro hermano, y yo no me voy a sentar a ver cómo te lastimas, así tenga que sentarme a hablar contigo durante horas el mismo aburrido y condenado tema , te are entender y volver a confiar en nosotros"- Raphael se cruza de brazos, decidido ante sus palabras

-"Hermano…si estás aquí es porque tenemos otra oportunidad, tú tienes una oportunidad para hacer lo que no has hecho y nosotros de poder reparar nuestros errores, danos entonces esa oportunidad, cree un poquito en nosotros, no volveremos a fallarte…"-Mike aprieta con fuerza el brazo del de azul-"Por favor Leo..."

-"Yo…"- Los chicos se tensan, la voz de Leo dice demasiado. Como si preguntara ¿Por qué me siguen atormentando? El mayor suspira y vuelve a sonreír de manera extraña- "Debo de estar loco…está bien chicos, ustedes ganan"

Extrañamente los chicos no se alzan en júbilo como en otras ocasiones, ni suspiran de alivio. El camino que tienen por delante es difícil, está lleno de piedras y malezas que deberán sacar con la fuerza de sus manos y el sudor de sus frentes. Si quieren recuperar la vitalidad y la sonrisa real de Leo tendrán que apagar su chip de líder y volver atrás. A cuando Leo era un niño y no su padre sustituto. Mike en silencio se pone frente a Leo, apartando despacio a Donny. Leo oye el rumor de las telas al chocar, oye un "¿qué?", bajito y lleno de incertidumbre. Luego siente calor. El menor con cuidado ha abrazado a su hermano mayor. Sabiendo que ahora más que nunca, Leo necesita de su cariño

-"Te quiero Leo, te queremos mucho, es solo que pensamos que lo sabías y olvidamos decírtelo, pero de verdad te queremos"- El de añil se muerde los labios, como siempre ha hecho cuando quiere retener el llanto, pero como sus ojos no le pertenecen no puede retener las lagrimas. Los luceros azules vuelven a cristalizarse. Se muerde más fuerte la boca, tratando de por lo menos detener el impulso de sollozar. Donatello, ganados del lado derecho abraza a los otros dos, mientras siente el cuerpo del de azul temblar. Raphael se gana de lado izquierdo, y abrazando al grupo termina por sepultar a Leo bajo un manto de brazos

-"No tienes que frenarte Leo…¿Quieres llorar?, pues hazlo, nadie dirá nada"

-"Lo prometemos"-susurra Mike contra su cuello

-"Palabra de hermanos"-completa Don

Leo siente como un rayo atraviesa su cerebro. Esa es su frase. Esa es la frase que siempre usaba él cuando abrazaba a alguno de sus hermanos.

"Llora todo lo que quieras…no le diré a nadie…palabra de hermano mayor"

El de azul rompe en un llanto sonoro y desgarrador, los sollozos escapan de su garganta, su voz suena distorsionada, las lágrimas se juntan con su saliva, los ojos comienzan a arderle. Es un llanto como cualquier otro. Un llanto que rogaba por salir. Un llanto que necesitaba un hombro donde apoyarse.

Ahora, por primera vez en su larga vida…Tiene 3

El llanto se intensifica, se detiene, y vuelve con más fuerza. Pero no importa, sus hermanos le sostienen, están ahí. Sin darle consejos. Sin recriminaciones. Sin palabras. Están ahí y eso es todo lo que el necesitaba…

Ami mirando la escena sonríe con gusto, aunque su ojo izquierdo llora en silencio. Ese ojo que los conectaba, el que hablaba por Leo.

Ya era hora…

Girándose se encamina hacia la salida, sabe cuando tiene que marcharse y darle su espacio al de añil. Leo al sentirla caminar fuera de la habitación sonríe mientras llora. Agradece su intención. Ami solo susurra su despedida

-"Nos vemos más tarde…"

La pelinegra se dirige hacia el salón, mira que todo esté en su lugar y que a nadie se le haya quedado puesta la comida en el fuego. No quiere que haya un incendio en medio de la reunión fraternal que se celebra en el segundo piso. Pero ya toda esta listo. Ordenado y limpio. Splinter en la planta baja es el único que sigue teniendo esa aura penumbrosa, manteniendo los ojos cerrados, el sensei piensa en sus errores, lo cual es innecesario según ella, el error ya fue cometido, ahora debe enmendarlo, pero de todas formas, eso no le preocupa. Ya verá que hacer. No pueden apurarse, deben ir despacio, moverse con lentitud, sentir el cambio, saborearlo, aceptarlo. No todo ocurriría de la noche a la mañana, debían ser pacientes. Splinter de pronto abre los ojos. A sentido una extraña presencia otra vez. Ami sonríe de una manera bizarra y extraña. Porque para ella, eso es gracioso, muy gracioso.

Con un suspiro, la niña se desliza fuera del hogar, ignorando el pelo erizado del maestro. Sus pies chapotean en las pozas de la alcantarilla; sin asquearse o apartarse del agua se dirige al punto de ayer. Puede tele transportarse a la antigua guarida pero prefiere caminar. Necesita despejar su mente. Reconocerse a sí misma. Prepararse para la noche. Aunque debe aceptar que el cristal del sueño le facilitaría la mitad del trabajo. Hubiera sido un verdadero reto canalizar todos los espíritus adolescentes a un mismo ritmo y ordenarles no despertar hasta el regreso de Leo. Con todo lo que sabe vendrá, basta y sobra para tener preocupaciones.

¿Quién querría más?...

Una ratas pasan bordeando sus pies, chillando Dios sabe que blasfemias. Pero se pierden, sus chillidos se van y ella no se molesta en darle alguna importancia. Sus pasos pequeños vuelven a ser lo único que inunda el vacío de los acueductos. Sus pensamientos se enfocan en muchas cosas, se distorsionan y vuelven al centro de sus dudas. ¿Era buena idea ir con Leo a Infra? Dada su condición y la naturaleza de sus males un rotundo no fue lo primero en llegar a su mente.

Sera difícil lo de esta noche…

Si, lo será. Esa frase jamás seria parte de una pregunta, es una afirmación, una realidad. ¿Pero qué podía hacer ella? No podía interferir en las decisiones de Leo, bueno…realmente podía hacerlo, pero de hacerlo tendría que atenerse a las consecuencias, y realmente ya no podía sumar más puntos negros, porque de manera irremediable ella estaba en los números rojos. Con un pie dentro del infierno y con el otro afuera. Quemándose con la puerta del horno.

Que simpático…

Si…sumamente simpático. Para remate de todo, Camus se había deshecho en disculpas, como si él tuviera que ver con algo de eso. Increíblemente la miro con pena cuando supo que debía asesinar a las bestias sueltas. Pena por ella…que ridiculez. Ella estaba destinada a ejecutar los planes de Dios, no había porque sentir pena. Ella ya había pasado por muchas cosas, como para qué ahora sintieran pena por su persona. Dilemas de la vida supuso.

Girando por última vez a la izquierda se encontró con la puerta roja. Ahora con una enorme cruz pintada de blanco en ella. Sentándose frente a ella cerró los ojos y comenzó a meditar.

Aislar la mente…llenar el espacio con la nada de tu ser, ver más allá de tus ojos, cerrar la puerta del recuerdo, romper las cadenas que refrenan el espíritu, caminar lejos de la prisión del alma, reconocer tu propio poder, concentrarlo, visualizar la puerta hacia infra, abrir la puerta...

Ami suspiro y salió de su trance. Para ella era fácil hacer eso, pero no sabía que tan fácil seria para Leo. Leo sufría muchos problemas, tenía demasiadas culpas y muchas dudas sobre su futuro.

Al igual que tu…

Sí, pero ella podía ignorar. Leo no podía hacer eso. Eso sería frenarlo, cortarle las alas que recién asomaban la energía del nacimiento. Además de que ellos no estaban haciendo bien las cosas en términos naturales. Después de todo, ellos estaban jugando con el orden de las cosas. No se suponía que uno se dirige a Infra, se supone que uno debía ser absorbido por Infra. En otras palabras tu no vas a por Infra, el que te busca es Infra mismo. Ami se tomo la cabeza otra vez entre sus rotas manos. Era mala idea. Pésima idea. La madre de las malas ideas. Que ganas de decir que no. Que ganas de decirle a Leo que no piensa llevarlo a ninguna parte y obligarlo a arroparse para dormir.

Pero no puedes…

Triste pero cierto. Ella ya no podía hacer nada. Solo quedaba esperar que hoy a la medianoche, el reloj y el viento de la suerte corrieran a favor de ellos. Cerrar los ojos y esperar lo mejor.

Poniéndose de pie abre la puerta de la guarida, los engranajes lloran el lamento del abandono. Ami se adentra en el blanco territorio. Revisa que las velas estén en su posición correcta, que cada símbolo está bien dibujado, que los muebles sigan en el mismo lugar que los dejos, y tal como lo espera, todo sigue intacto.

La chica asiente complacida. Girándose emprende el camino de vuelta. Sin ganas de regresar aun, camina lento. Nada de tele transportaciones o tonterías, su energía tendía que mantenerse intacta, solo esperaba que su cabeza siguiera tan tranquila como hasta ahora. Ella no puede perder el control. Debía mantenerse firme hasta que Leo hubiera regresado. Un suspiro parecido al de los enamorados escapa de su boca. Resignación y cansancio en un soplo de aire. Mientras camina oye de nuevo el chillar de las ratas. Quizá la maldicen quizá le desean suerte, no lo sabe, y no quiere saberlo. Ella no necesita suerte, necesita un milagro. Pero eso no sucedería, conocía su vida, sus límites y también sabía que cosas eran imposibles. Un milagro para ella era imposible. Para Leo quizá…pero ella no entraba dentro de la lista de niños buenos de santa. Setecientos años de carbón… qué remedio.

Con la mirada adormecida y con el cansancio de la noche aun sobre ella vuelve a entrar en la guarida. Leo está comiendo con sus hermanos, la cocina salta del ímpetu y la alegría de los más jóvenes. Splinter se mantiene en silencio y a ratos sorbe su té. El menú de ese día era sopa y un segundo plato de arroz con pollo. Sencillo pero eficiente y nutritivo. Ami da un bostezo largo, propio de la flojera de su inactividad y dando un pequeño salto se sienta en el respaldo del sillón. Una manía suya de no querer sentarse en los cojines. Un pequeño capricho. Desde ese lugar ve a Leo tomar con cuidado la cuchara, la llena de sopa y la dirige a su boca, con movimientos pausados y entrecortados. Algo nervioso de tener a su padre frente a él, pero contento de haber dado otro paso hacia adelante. Sus ojos están rojos, como los de todos en realidad, pero se ve feliz. Los hermanos del de añil se ven un poco más tranquilos.

Ami vuelve a repasar el plan, pero a pesar que no encuentra ningún error, la idea sigue sin gustarle. Pero qué diantres… ¿Cómo iban a lograrlo si ni ella estaba segura de sus acciones?

No es que no estés segura….es que simplemente no quieres hacerlo…

Bueno…..ese era un punto importante, pero pelándose con ella misma no lograría nada. Resignada se echo hacia atrás. Los cojines devoraron su cuerpo hasta la cintura. El tiempo lo diría todo

El día paso rápido, quizá demasiado para su gusto…En un pestañeo se hayo frente al reloj que marcaba las 10 de la noche y el inicio de sus movimientos. Lo primero que debía hacer era pedirle a Leo que durmiera un par de horas, ya lo despertaría ella más tarde, cuando todo estuviera listo.

Recorriendo de nuevo los antiguos acueductos de la ciudad, busco entre los escombros de una pared demolida por el tiempo y el frio, el cristal del sueño. El cristal era azul y brillaba con una intensidad asombrosa, por esa razón había decidido esconderlo ahí y no en la casa. Poniéndolo dentro de su camisón, volvió rápidamente a la guarida, ya en la casa, se encamino en silencio hacia el dojo. La cuerda celestial se encontraba a plena vista, sobre uno de los estantes que contenían las armas de combate. Mirándola fijamente, la cuerda no tenía ninguna diferencia con otras sogas de la guarida, pero al cortar una de sus puntas, se podría ver que el material del que estaba hecho brillaba como el diamante; el espectáculo de lucecitas no duraba mucho de todas formas, ya que a los segundos la cuerda volvía a ser una con su parte faltante. Ami sonrió con gusto al tomarla, y sin demora se la subió al hombro. Respirando hondo se dirigió donde Leo. Estaba aterrada y al mismo tiempo eufórica. Respiro otra vez. Se tranquilizo. Subió las escaleras.

Al abrir la puerta de su protegido, no supo porque no se extraño de verlo con los ojos completamente abiertos, algo así como cuando Mike se tomaba un litro de gaseosa junto a un kilo de caramelos. La imagen era impactante, pero al mismo tiempo entendible. El de azul sintiendo enseguida su presencia no movió un solo musculo. Mike y Rapha lo tenían demasiado aprisionado de todas formas como para que pudiera hacerlo. Ami parándose en el centro de la habitación, saco de su único y roído bolsillo, la brillante gema, cerrando los ojos y con la piedra puesta sobre su corazón, susurro con voz queda

"No volveré, hasta que el sol quiera volver, no volveré, hasta que la luna se postre a sus pies, protege el alma que acarrea esta misión, cuida a los que se quedan, hasta que retorne nuestra voz"

El cristal parpadeo iluminándolo todo cuando finalizo la extraña oración. Pero tan pronto como empezó a brillar, la luz se apago, dejando una pequeña aura celeste flotando a su alrededor. Ami respirando tranquila se materializo por completo y dejando la piedra en el centro de la habitación, le hablo al chico

-"Listo Leo, ya puedes moverte…"

-"¿No se despertaran?, Rapha realmente me tiene muy apretado…"- susurro inseguro y con la vos bajita

-"No lo harán, no hasta que el sol salga"- respondió con tranquilidad la niña

Leo con cuidado entonces, comenzó a desenvolverse del montón de piernas y brazos que lo cubrían, Ami prestándole una mano termino por incorporarlo, y con cuidado volvió a tapar a los hermanos del líder. Leonardo sintió tristeza al oír a Mike murmurar entre sueños, se estaba yendo otra vez sin avisar, sin contarles la verdad, y aunque sabía que era lo mejor, no pudo dejar de sentir un poco de culpa por abandonarlos. Cerrando los ojos se recordó que tenía que volver, que su regreso no podía quedarse en un "Tal vez", regresar con sus hermanos seria su prioridad. Ami mirándolo de soslayo comprendió sus sentimientos. Dejar fuera de todo a los más pequeños, luego de todo lo que habían pasado y más aun hablado, generaba confusiones en la cabeza del líder. Mike entre sueños volvió a murmurar algo, Raphael y Don respondieron al unísono con un gruñido, segundos más tarde volvieron a quedarse en silencio. Leo nervioso por sus voces guardo silencio unos segundos más. El ángel miro curiosa su intranquilidad. Los chicos no despertarían hasta mañana, eso era más que un hecho

Una vez todos acomodados, los dos amigos, se permitieron seguir hablando

-"¿Iremos caminando a la antigua guarida?"-Leo siguió hablando con voz baja, y la niña no tuvo ganas de reprocharle

-"Opino que es lo mejor, a menos que no desees caminar, claro está"

-"No…no me molesta...es solo que no quiero incomodarte a ti…"

-"Leo, se que parezco tener 7 años, pero soy cien veces más vieja que tu, ahora tu tranquilo ¿sí?"

-"Vale…"-Contesto mas tranquilo

-"Antes de salir, será mejor que te abrigues, afuera no está muy agradable para ti"- Acoto Ami antes de guiarlo hacia afuera. Leo enseguida le demostró que no era la única que pensaba lo mismo.

-"creo que deje un sweater en la orilla de mi cajón antes de irme a dormir, no sé si realmente es un sweater, pero..."

-"Si, es un sweater"- Corrobora Ami ya al lado del cajón. Sacando la prenda se vuelve aponer frente a Leo. –"Aquí tienes"

-"Gracias…"-Sin demora el chico se apresura a ponérselo una vez lo tiene en las manos

Ya listos, la niña abre con un movimiento suave la puerta, Leo tomado de su mano camina lo más rápido que puede permitírselo. Al llegar a las escaleras la pelinegra opta por saltar con Leo en brazos como la vez anterior, y aunque al de azul no le gusta mucho la idea, asiente mientras se agacha y abraza a la infante.

El salto es ejecutado con absoluta gracia y agilidad, por un segundo el cuerpo del niño flota tan ligero como una pluma, la niña sonríe al ver como este la aprieta más fuerte. Leo sintiendo sus pies nuevamente en la tierra, sigue a la niña sin vacilar. La puerta de la guarida se abre y el frio despierta todos los nervios que un yacen dormidos. Cuando la puerta se cierra Leo se permite respirar. No sabe desde que momento retuvo el oxigeno, pero el aire que sale angustiado de sus pulmones le calculan un tiempo aproximado.

-"Leo, no tenias porque hacer eso, nadie nos escucha"- explica Ami con su media sonrisa

-"Lose….es simplemente la costumbre"- trata de explicar Leo. La guardiana toma con fuerza su mano y pregunta

-"¿Estás listo?"

-"Si"- El ángel ladea la cabeza ante su respuesta firme, cerrando los ojos ruega en silencio, y volteándose anuncia el inicio del viaje

-"Entonces…haya vamos…."

El trayecto se hace en silencio. Como Ami le ha explicado a Leo, debe relajarse todo lo posible antes de entrar al punto de partida. Si siente temor de lo que hará, entonces todo intento por ingresar a Infra será inútil, por eso debe estar tranquilo. El de añil siguiendo su consejo aísla sus recuerdos. El sonido de sus pies sobre el cemento resuena en su cabeza, más lejano a eso, el rumor de una cascada de agua le trae infinita tranquilidad. La niña observándolo de reojo asiente despacio. Leo claramente, no nota esta acción. Cuando al fin llegan ante la puerta, el chico no puede evitar un "oh", de sorpresa. Ami aislando sus emociones todo lo que se puede, no emite ninguna queja o replica a su emoción.

-"Es…. ¿esta…?"- Leo no puede creer lo que siente

-"¿Viva?"-completa Ami con voz neutra- "No…viva no, pero como Dios habita en ella, sientes una presencia mayor a la mía y a cualquiera que hayas sentido antes"- Leo asiente-"¿Tienes miedo?"- pregunta con el mismo tono

-"No…no tengo miedo"-

El ángel guardián no pregunta nada más, y con un último suspiro revelador de su sentir, ingresa a la estancia. Leo no ve nada, pero siente un extraño calor inundándolo todo. No era igual que cuando Don prendía la calefacción, era diferente, como si el alma del fuego viviera en ese lugar. Ami con un chasquido de sus dedos prende las velas de su alrededor. Leo se sobresalta al escuchar el sonido de las llamas al prender las mechas, la niña apretando su mano lo tranquiliza. La escena que se muestra es extraña pero acogedora.

Lo primero que se observa son las velas puestas en un círculo perfecto en medio de la sala. Los pocos muebles que quedaron ahí, están arrinconados y envueltos en sabanas blancas. El dibujo de una cruz sagrada, hecha con vela y arena dorada adornan las esquinas de la estancia. Ami revisa con las vista, y en una fracción de segundo, todo a su alrededor. Luego se dirige al de añil

-"Creo que estamos listos, ¿preparado?"

-"Si…..am… ¿Ami?"- Leo no muy seguro pregunta con curiosidad

-"¿Que sucede?"

-"¿Porque el olor me es tan familiar?"

-"Es la esencia de las velas, trate de que oliera como tu oso Ogima, es una convinacion entre miel y vainilla, ¿Está bien?"

Leo asiente sonrojado por todas las molestas que Ami se ha tomado para con él, pero para la niña no es ninguna molestia, entre más cómodo este, mejor será para ambos. Guiándolo al centro del círculo sienta con cuidado al joven líder. Leonardo automáticamente cruza sus piernas en pose de meditación, respira profundo y espera a que Ami se acomode a su lado. Sentado en su lugar, el chico comienza a sentir ansias y en parte un nerviosismo que creyó haber controlado antes de entrar, está a punto de ingresar en un territorio amplio y desconocido, donde no sabe si podrá ver o tendrá que debatirse a ciegas como en su casa, pero sintiendo la presencia de Ami a su lado se relaja un poco, por lo menos el viaje no lo hará solo.

La chica nota su pulso algo acelerado y tomándole la mano vuelve a hacer la misma pregunta de hace unos minutos atrás

-"Leo…si no quieres, no quieres, y ya está, te are esta pregunta una última vez ¿Estás listo?"

El de añil no contesta de manera firme como siempre. Esta vez se toma un poco de tiempo para contestar la dichosa pregunta. Ami ya le había especificado que el deber no era lo mismo que el querer, pero él no estaba haciendo eso solo por un deber para con su familia, si no porque el necesitaba terminar con ese asunto en primer lugar, destruir sus males y empezar desde cero. Disculparse con su padre, hablar con sus hermanos, volver a ser el líder de antes, no el pobre chico que necesitaba un escolta para las tareas más simples. Además de que necesitaba a toda costa recuperar sus ojos, y quizá la única manera de poder tener una oportunidad para obtenerlos era esa.

-"Ami…estoy listo"

La pelinegra quien aun sostenía un rayo de esperanza, ve quieta como esta se apaga ante sus ojos. Resignándose pero sin mostrar su tristeza, vuelve a tomar su postura seria y neutralizada

-"Bien, cierra los ojos, sé que no logras ver, pero es mejor que lo hagas"-Leonardo obedece enseguida

Supongo que vamos a lograrlo… ¿No?...

Ami no contesta esa pregunta, debe concentrarse, y sin emitir palabra se introduce en la mente de Leo. Ahora no puede comunicarse por la voz.

-"Leo…quiero que te relajes y que visualices un recuerdo que te traiga felicidad"-Leo sin contestar, comienza a buscar un recuerdo; al rato logra verse a sí mismos con sus hermanos, jugando al escondite, corriendo de Raphael quien gruñe porque le ha tocado contar

-"Bien…"-La voz de Ami llega lejana y poderosa-"Ahora, olvida lo que ves y enfócate en una persona que te traiga seguridad…"-Leo se tarda más esta vez, pero al fin, luego de un rato, logra visualizar a una persona. Ami apenas contiene su sorpresa al percatarse de que es ella en quien está pensando Leo. Su alma vuelve al cauce de la serenidad y Ami sigue hablando dentro de la mente de Leo.

-"Bien Leo, vas muy bien, ahora, necesito que pierdas el concepto de tu cuerpo físico, si te sientes inseguro, visualiza las dos cosas que te mencione y trata de materializarte en una de ellas…"-Leo entiende sus instrucciones, varias veces al meditar, su padre le pidió lo mismo. Respirando hondo y vaciando su mente, Leo comienza a viajar. Pero para olvidar su cuerpo, primero debe reconocerlo. Siente sus articulaciones, sus músculos, sus huesos rígidos por la postura. La venas llevando y trayendo su fuerza vital. El sonido del viento en sus pulmones provocan que se estremezca, su corazón le entrega su ritmo contagioso y alegre. De esta manera Leo canaliza cada parte de su cuerpo, y comienza de a poco a dejarlas atrás. Sus músculos y articulaciones se relajan y comienzan a desaparecer, sus pulmones y el resto de sus órganos se evaporan, dejando todo en silencio; pasados veinte minutos, todo lo que queda es el latido de su corazón. Concentrándose todo lo que puede, comienza a desprenderse de su órgano vital, con algo de temor visualiza la imagen pequeña de Ami, para luego verse corriendo en las alcantarillas con sus hermanos. La tranquilidad lo inunda y al fin, abandona su corazón.

Leo entonces parpadea extrañado. Está de pie. No sabe si no ve o es que esta en un lugar sin luces, pero claramente siente que ya no está en la habitación de hace un rato. Una mano toma firmemente la suya, haciendo que se sobresalte. Dos puntos de colores le observan desde la oscuridad, el de azul reconoce enseguida ambas orbes y deja que asustarse. Ami no se ríe cuando le habla con toda tranquilidad a Leo

-"Bienvenido a Infra"


OK! Espero que esta continuación les deje un poco más clara las cosas (Falta bastante pero algo es algo T_T), de todas maneras, pronto se explicaran todo con lujo de detalles para aquellos y aquellas que no entiendan algo. Cualquier cosa me consultan. Espero impaciente sus comentarios. Un abrazo enorme y Sayonara!

PD: Gracias por todo su apoyo!