DISCLAIMER: Candy Candy y sus personajes, no me pertenecen sino a Misuki, Yumiko y la mangaka Igarashi.

La historia a continuación ha sido escrita y editada por su servidora.

DEDICATORIA: Esta lectura va dedicada a cada una de las integrantes de CAHA, ya que sin ellas no hubiera podido participar en este reto.

A mis brujitas preciosas de la cabaña Andrew, quienes día a día demuestran su apoyo y cariño incondicional.

A mis amigas de otros foros y grupos que me animan a escribir, a pesar de hacerlo solo por diversión y de manera amateur.

También se lo dedico en específico a DELIA GOLDS, por su actitud y valor ante la vida.


UNIDA A TI

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Un día en Skye

Segunda Parte

Ingresamos a la camioneta y retomamos el recorrido por la carretera mientras pasábamos por el mágico puente que marcaba la diferencia entre Suilvach y las demás islas.

Delante de nosotros se alzaban las verdes montañas majestuosas y misteriosas de esas que narraban en mi tierra, donde salían los duendecillos al anochecer y si llegabas bien temprano por la mañana podías encontrarlos somnolientos deambulando por el pie de la montaña tratando de encontrar su guarida.

El sol seguía brillando muy acorde a nuestro estado de ánimo y a medida que pasaban los minutos, con mayor intensidad nos daba su calor mientras la ruta se volvía interesante a lo largo de la costa de la península.

-Es una suerte que hoy el clima esté favorable.- comentó Albert, mientras veía como yo sacaba de mi bolso el bloqueador para untármelo en las partes expuestas de mi cuerpo y rostro.

- No me digas que de pronto va a llover.- respondí rogando internamente que no se cumpliera mi premonición.

-Al menos hoy no, cariño.- reveló mientras miraba hacia el inmenso limbo buscando la confirmación de sus palabras.- El cielo no está del todo despejado, sin embargo las nubes están muy altas, como para siquiera pensar que tendremos precipitaciones en las próximas horas.

-¡Uf! Es bueno oír eso, Albert.- expresé haciendo una seña de alivio pasando mi mano derecha por la frente.- Porque no deseo perderme la oportunidad de conocer la isla. ¡Se ve demasiado mágica!- alegué con algarabía mirando el verde exterior.

-No quiero sonar presumido, princesa.- aclaró él guiñándome el ojo.- Pero tengo el orgullo de decirte que Skye(1), tiene todo lo que uno espera encontrar en las Highlands: impresionantes paisajes verdes salpicados de lagos, cascadas, y la costa… Tiene sus castillos encantados, pueblos pintorescos y destilerías de whisky.

-¡Wow! Con todo eso por conocer, ni siquiera tomaría en cuenta tu presunción Albert.- dije emocionada.- ¡Ya quiero estar allí!

- Señorita curiosa.- dijo aquel apodo al cual me estaba acostumbrando con un tono de voz profundo.- Por mí, encantado te llevo a donde desees, lamentablemente un día no basta para conocer las inmediaciones de la isla.- acotó.- Sin embargo prometo, llevarte a un lugar distinto cada día hasta que te enseñe mi lugar favorito.

- ¿Es en serio?- pregunté con anticipada emoción.

-Absolutamente.- me dijo con seriedad y una mirada que decía: "Albert Ardley, no bromea".

-¡Júramelo con tu dedo meñique!- pedí por el simple hecho de no quedarme callada.

Albert sonrió.

-Candy… - se giró para mirarme con un gesto divertido mientras movía despreocupadamente el mando de la camioneta.- ¿Qué clase de juramento es ese? ¿No confías en mí, princesa?

-Eh… no es que no confíe, Albert.- le dije de repente avergonzada y dándome cuenta que nuestras connotaciones eran distintas. - Es solo que… de donde yo vengo, los juramentos se sellan…-cuando son niños- así.

-¿De verdad?- dijo sorprendido y medio dubitativo ante mi declaración.- En ese caso…

Ni por un segundo, ni aunque me dijesen que era de lo más obvio, pensé que en realidad se creyera eso. Porque si bien era cierto ese juramento no era falso, la última vez que lo había llevado a cabo había sido a mis diez años, y como no quería quedar en ridículo, pues se lo había dicho a modo de excusa.

Así que me tomó desprevenida que él extendiese su mano, buscase mi dedo pequeño para unirlo junto al suyo, alzándolo de tal manera que yo no me perdiese cada movimiento.-"¡Madre santa!"- Y lo que a continuación sucedió, fue que sentí sus labios besando con delicadeza mi dedo pequeño haciendo que mi cerebro dejase de funcionar.

Uno…

Uno…

Uno…

Uno...

Ciertamente estaba mal de la cabeza porque ya ni de contar, me acordaba.

-Albert… - susurré después de lo que creo fue media vida, forzándome a respirar.

-Una promesa es una promesa, hermosa.- musitó mientras su mirada nada discreta transmitía sensaciones que hicieron que mi piel se erizara haciendo que mis labios de pronto sintieran la necesidad de ser mojados.

Los segundos pasaron y apenas noté que él había disminuido la velocidad completamente, por eso la camioneta ya no se movía. Su mano soltó con suavidad mis dedos y en cámara lenta vi cómo comenzó a acariciar mi mejilla a medida que su cuerpo y su rostro, se acercaban quedando a unos centímetros de mis labios haciendo que yo en un acto reflejo de nerviosismo mordiese mi labio inferior, logrando que él emitiese un gemido profundo. Lo primero que pensé-y que quise- fue que el me besaría con intensidad y por eso cerré mis ojos cuando la realidad tocó fondo al sentirme entre sus brazos.

-No hagas eso por favor.- pidió mientras refugiaba su rostro en mi cuello, inhalando mi perfume, sintiendo mi respiración agitada y mis latidos descontrolados.- Me estas volviendo loco, Candy.-musitó como si estuviese en agonía.

-Lo siento.- comencé a decir, pero él negó rápidamente y compuso su postura para que pudiese verle cara a cara.

-Esas deben ser mis líneas, Candy.- dijo él un poco avergonzado como si hubiese estado a punto de cometer un crimen.- Se supone que en este tiempo debes aclarar tu mente y yo solo te estoy complicando más, hermosa.- explicó apartando su mirada hacia el paisaje para que no advirtiese el sinfín de emociones que pasaban por su rostro.

No me gustó verle así.

"Lo que no sabía él que si besarme era un crimen, yo iba a ser la primera en ofrecerme como víctima".

-Yo...- comencé a decir pero… "¿qué rayos podía decirle cuando él había pronunciado una verdad poderosa?". A pesar del atractivo que sentía por él, debía darme espacio para asegurarme si podía enamorarme o solo estaba embelesada por tremendo adonis.

-Dentro de poco, pasaremos por CillChriosd(2).- dijo señalándome unas construcciones en ruinas que se mostraban a mediana distancia tratando de alivianar la tensión.

-Sí, creo que deberíamos ir allí.- contesté maldiciendo internamente mi cobardía concibiendo que tendría que encontrar un momento para hablar con él después.

"Genial, Candy. A este paso espantarás al chico y tú te quedarás con las ganas… de ser besada ¿y más?"-

Arrinconé todas aquellas ideas antes que me pusiera histérica por nada y me dispuse a observar las inmediaciones que habíamos distinguido previamente notando que era una iglesia en ruinas. No estaba tan cerca de la carretera, por lo que si deseaba aproximarme debía caminar un buen tramo.

-¿Podemos bajar un momento? – pedí uniendo mis manos a manera de plegaria hacia Albert, haciendo que él sonriera.

-Me habría parecido extraño que la "señorita curiosa", no me lo hubiese pedido.- respondió él-enarcando una ceja- buscando un lugar para aparcar al costado de la carretera.

Mis conocimientos arqueológicos no eras tan amplios, pero al menos pude distinguir que la iglesia antigua al menos databa de unos cinco siglos atrás.

Debía subir una pequeña pendiente ya que las ruinas se encontraban en la cima de un pequeño montículo, rodeado por un cementerio al notar las distintas cruces y tumbas que adornaban el suelo por doquier.

- Las ruinas son frecuentados por distintos turistas curiosos- comentó Albert señalando con la mirada a un grupo de personas que tomaban fotografías de la escena.- Así como también las ovejas y cabras se sienten seducidas a venir por la abundante hierba que hay en esta zona.

Viendo que una de las cabras se nos quedaba mirando fijamente como si nos conociera de toda la vida, me atreví a preguntarle:

"-. Excuse me Mrs. Goat, can you tell us if Suilvach is the best place in the world?-"

A lo que la cabra respondió en un perfecto inglés:

"Baaaaaaaaaaaaaaaaaa"

Albert sonrió de lado y cariñosamente cogió mi mentón depositando un suave y casto beso en mi nariz para luego decir:

-Tal vez las ovejas, puedan darnos mayor información.- alegó señalando a una al otro extremo del campo.

-Muy gracioso- espeté dándole una palmadita en el brazo, y tuve que disimular mi asombro de la firmeza del bicep, que se alzaba con toda su virilidad dándome ganas de seguirle palpando aunque no tuviera motivo alguno.

Sonreí para mis adentros de las babosadas que estaba pensando, por lo que decidí que lo mejor era prestarle atención al pintoresco paisaje y activé la cámara que tenía en mano para realizar tomas de todo aquello que me causaba curiosidad a medida que exploraba el terreno.

Albert, me siguió en silencio y yo disfruté-consciente que él observaba cada uno de mis movimientos- poder abrir los brazos, sentir el aire pasar a través de mi ropa mientras corría como una niña y a la vez disfrutar esa sensación de estar libre.

Luego de unos minutos más, retomamos la travesía y nos desviamos hacia el lado derecho de la vía, hasta llegar a una zona que indicaba que la carretera llegaba a su fin.

-Caminaremos un poco desde aquí.- me dijo Albert quien ya se había estacionado y estaba invitándome a bajar de la camioneta.

Él cogió mi mano mientras caminaba guiándome hacia el oeste y a medida que nos acercábamos a la costa, pude distinguir el olor a mar mientras grandes vistas a lo largo del camino nos mostraban los acantilados de la costa a la derecha, y en frente, a las islas occidentales o Hébridas Exteriores (3).

-¡Wow!- exclamé maravillada.- ¡Qué belleza!

-Sí, aquí se encuentra la Cueva de Oro (4).-comenzó a decir pero yo ya me encontraba corriendo al encuentro de tan maravilloso paisaje, sin escuchar las instrucciones de Albert advirtiéndome de no "sé qué". Cuando de pronto: - ¡Espera!- Oí a mis espaldas en un tono muy preocupado.

-¿Qué pasa?-pregunté curiosa del porqué tan repentina ansiedad.

- No puedes ir corriendo de esa manera para allá, el terreno es peligroso y resbaladizo, Candy-explicó realmente alarmado.- Podrías caer y no vivir para contarlo.

- ¿Eso quiere decir que no podemos a bajar hacia la cueva?- pregunté mientras inspeccionaba el suelo debajo mis pies.

-Hoy, no lo creo cariño.-reveló mientras señalaba hacia la parte baja de mis piernas.- No traes los zapatos adecuados y además…. El descenso para ver la cueva está en una ladera cubierta de hierba muy empinada que es muy peligrosa en mojado, y todo indica que ha llovido por esta zona.

-Oh.- dije haciendo un puchero decepcionada.

-Aún tenemos otro día para hacerlo, preciosa.- prosiguió tomando mi mano para guiarme con cuidado a través del sendero pedregoso y húmedo.- Dar un paseo corto por aquí es encantador y además es un gran lugar para un picnic; sin embargo, al final de la pendiente costera el camino se trunca ya que a fin de cuentas es muy empinada y peligrosa, lo que requiere un gran cuidado si nos decidimos ir por allí.

-Está bien, ya entendí.- dije medio quejándome de frustración haciendo un mohín con mi boca.

-Qué tal si seguimos avanzando a una zona segura que conozco, para compensar tu decepción.- me dijo sonriente posando sus manos sobre mis hombros para que yo le mirase.

Aquello me hizo sentir fatal. Ya de por sí él me estaba deleitando como guía en la isla, ¿Qué más podía pedir?

Le observé nuevamente y supe lo que quería: Un beso- me sugirió mi mente traicionera. La sola idea me ruborizó de cabeza a los pies, y solo asentí sonriente ante lo que sugería mientras él besaba mi sien como si tratara de mantener a raya sus impulsos-también.

Regresamos al paraje a donde había estacionado el auto y avanzamos hacia el sur. Nos fuimos adentrando a la zona montañosa mientras Albert contaba sobre las historias de cada lugar, notando lo docto y apasionado que era por su tierra natal.

No fue hasta que el camino fue haciéndose más angosto y que la cordillera desapareció de nuestra vista, que me di cuenta que ahora podíamos ver a ambos lados del sendero, el océano.

Un acantilado que Albert nombró como Kilt Rock (5), ganó mi curiosidad, por lo que sin que se lo pidiese, él dijo: -Ya sé, ya sé, dando a entender que sabía lo que yo quería, deteniendo el transporte para tomarnos fotos en la cima de ese lugar con vista al inmenso océano azul.

-Siguiente parada… NestPoint(6).- anunció con un guiño, haciendo que yo mirase con expectación a mi derredor.

La carretera es una de las que ya os parecerán típicas después de unos días por la zona, muy estrecha y con "passing places" para cruzarse con otros coches, aunque la verdad que no había muchos por aquel lugar.

Siguiendo la carretera nos encontramos con un paisaje espectacular, al llegar a la altura de un pequeño lago de nombre desconocido, me di cuenta de que estábamos a punto de llegar a Neist Point.

Si no es porque tenía las gafas de sol puestas, se me habrían caído los ojos al suelo de tanto abrirlos para contemplar esa maravilla. Esta lengua de tierra cubierta de verde hierba, batida sin descanso por el viento y las olas, tuvo mi total atención.

Un par de millas más adelante, la carretera se terminó de repente convirtiéndose en un estrecho sendero que solo se puede recorrer a pie y que conduce hasta el faro deNeist Point.

Albert aparcó la camioneta mientras yo seguía muda ante lo que tenía por delante, sin creer que de verdad estuviese allí.

A simple vista, el faro no se ve porque se encuentra detrás de un enorme peñón y para llegar hasta él hay que recorrer un trayecto de 4 km. ida y vuelta.

Solo con acercarme a la punta de este cabo me di cuenta de que Neist Point es uno de esos lugares que tienen una atmósfera especial, casi mágica.

-Sujétate de mi brazo, princesa.- ofreció él cuando tuvimos que bajar una empinadísima pendiente no apta para personas con vértigo, y así llegar hasta el faro. Felizmente había elegido colocarme ballerinas como calzado, si no la historia habría sido otra para mis pies.

Tardamos menos de lo que esperábamos en alcanzar el desfiladero.

Ante el irresistible encanto de parajes como éste, me convencí de que por muy pequeños que sean algunos lagos, no tienen nada que envidiar a Goliats como el lago Ness (6) o el lago Lomond (7) en lo que a belleza se refiere. Como en otras cuestiones de la vida, ¡la calidad venció ante la cantidad!

Pero no solo me cautivó el lago. No había más que girar un poco la cabeza para recibir como una amable bofetada el impacto visual de los acantilados de la bahía de Moonen (8). La expresión de mi rostro debía parecerse mucho a la del Dr. Alan Grant cuando ve el primer dinosaurio en Parque Jurásico.
Me sentía como en una nube y podría jurar que pocas veces en mi vida me había sentido tan desconectada del mundo.

-Es precioso, Albert.- musité embelesada con la vista hacia el mar, el faro y los acantilados.

-Sabía que te iba a gustar, princesa.- contestó él mientras tomaba fotos a la naturaleza.

Quizá el faro fue lo menos interesante de todo lo que alberga Neist Point. Me llamó más la atención las curiosas formas que el mar y el paso del tiempo han ido esculpiendo en las rocas, convirtiéndolas en un rompecabezas geológico alucinante.

-¡Oh, Albert mira!- comencé a gritar emocionada en dirección a un par de delfines que nadaban en la costa haciendo sus saltos característicos cerca de las rocas.

Albert me observó en silencio, sonriendo seguro pensando que me veía muy infantil saltando emocionada con toda la vista, pero era inevitable, realmente estaba fascinada.

El momento de tomarle fotos a los acantilados fue toda una hazaña. Nos pusimos en posición del tipo reptando hasta el borde del abismo para conseguir una fotografía gloriosa.

Después de sentarnos con los pies al viento, disfrutando del aire, las aves marinas y uno que otro animal en la parte baja de la playa, iniciamos nuestro camino hacia el faro donde nos encontramos con otros visitantes, quienes al igual que yo no podían ocultar su fascinación por el lugar.

Al llegar a las inmediaciones rocosas que abarcaba la construcción del faro , nos recibieron unos amables ancianos quienes después de saludar nos dijeron que la comida ya estaba lista y fue allí que mi estómago al escuchar la palabra comida, emitió un sonoro gruñido haciéndome notar que pasaban las 3 de la tarde en mi reloj.

¡Joder!

Gracias al cielo, Albert no escuchó mi estómago hambriento, ni tenía sentidos desarrollados como vampiro, sino habría querido desaparecer en esa parte del mundo, solo de vergüenza.

Al parecer él-como en todo lo que hacía-ya había hecho los arreglos con anticipación, porque aquella zona se veía más como un lugar de observación a la naturaleza que de consumo.

Una manta de color azul y verde con diseños lineales que convergían perpendicularmente entre sí-"¡un tartán monísimo!"- cubrían la fina hierba que reposaba al viento bajo un árbol frondoso-muy raro para la zona rocosa- con vista al mar, aguardaba en el centro con una cesta de alimentos. Albert agradeció a la pareja de ancianos por la deferencia y ellos a su vez con una ligera reverencia, se alejaron dejándonos en total privacidad.

En silencio decidí ayudar a Albert con los alimentos y él simplemente sonrió ante mi iniciativa. No pude evitar recordar el incidente de la mañana y la olla quemada por mi despiste. Supuse que él también estaba pensando lo mismo porque comenzó a sonreír a carcajadas logrando que mis mejillas adoptaran un color carmín intenso y como bono, fruncí el ceño.

-¡Eh! … Ya me disculpé Albert.- dije disgustada.- No volveré a quemar otra olla. ¡Lo prometo!

-¡Lo siento! - dijo él divertido.- Pero ahora que recuerdo te veías adorable en la mañana.

-¡Hn!-crucé los brazos ligeramente ofendida.

¿Qué se creía?

No me importaba a estas alturas que me viera molesta. No es que yo tuviese la culpa, pero es que siempre la probabilidad de que la comida terminase quemada por mis manos, era algo inevitable-y vergonzoso- que aceptaba con resignación, además.

-Pero a pesar de tu rostro azorado, Candy.- prosiguió él ignorando totalmente mi ceño fruncido.- Realmente pensé que te habías hecho daño. ¡Me preocupé!

"Dale, Candy. Hay que darle mérito a este chico ¡sí que sabe cómo llegar al corazón!".

-Vale, está bien… -musité tratando de no darle mayor importancia al asunto y evitando con todas mis fuerzas desviar la mirada de su pecho bien formado que se ceñía más cada vez que respiraba.- Será mejor que nos alimentemos-antes que se me ocurra otras ideas comestibles-, porque la verdad es que estoy muriendo de inanición.

-¡Exagerada!- espetó Albert riendo mientras sus manos se hallaban ocupadas en desenroscar una botella de jugo color morado.

-¡Es la verdad!- respondí defendiendo mi punto.- Suelo tener buen apetito y aunque no me quejo de nuestra salida la caminata hasta aquí, me he quedado famélica-además de luchar contra la sensaciones que me causas cada vez que me tocas- y cansada.

- Entonces… será mejor que pruebes esto.- me dijo alcanzándome un sándwich que acepté encantada.

Traté con todas mis fuerzas de coger con delicadeza aquel sándwich- sin parecer una leona hambrienta- y concentré toda mi atención en discernir esos deliciosos sabores que provenían del pan que sabía a gloria, sin notar que Albert me estaba observando en silencio.

-Tenías razón-dijo él súbitamente rompiendo el silencio tan cómodo que se había formado hasta el momento, haciendo que yo le mirase con un signo de interrogación en el rostro.- Realmente tienes buen apetito, preciosa.- prosiguió haciendo una pausa y fijándose deliberadamente en mis labios.- Es agradable verte disfrutar… de la comida.- culminó con un tono erótico en la voz.

"¡Tierra, sálvame!"

Me sonrojé al instante y traté de fingir que tenía la boca ocupada con alimentos por lo que no dije nada antes que mi turbación me traicionase y dijese alguna cosa sin sentido.

Después de aquel comentario, Albert no dijo nada que no fuese relacionado a cómo estaba llevando las cosas hasta ese momento con respecto a la isla, por lo que después de asegurarle que me sentía increíble, nos limitamos a seguir disfrutando de los manjares que con tanto esmero habían sido preparados, comiendo hasta decir basta y seguir disfrutando del espectacular cielo escocés.

- No me había dado cuenta- comenté frunciendo el ceño pensativa un momento después.- Después de bajar aquella pendiente, siento que a la hora que regresemos el corazón se me va a salir ante tal cuesta que hay que subir.

-No hay nada de qué preocuparse, Candy.- me dijo Albert con una sonrisa amable que luego se tornó pícara.- Si no puedes subir la cuesta, ello me dará una excusa para alzarte en brazos estilo princesa.

-¿Qué?-¡por favor, sí!- No creo que sea necesario Albert.- dije tratando de alejar la idea tan tentadora.- Si me ayudas de vez en cuando con una de tus manos será suficiente. No soy tan delicada ¿sabes?

- ¿Puedo probar?- preguntó con un brillo en la mirada distinta a la que ya le había visto.

-¿Eh?-

Aquello no auguraba nada bueno-al menos para mí-.

-… Si eres delicada- contestó acercándose a mí de manera predadora apoyando sus brazos a mis costados mientras mi mente me decía ¡corre! pero mi cuerpo traicionero me decía: ¡ríndete!

Albert siguió avanzando hasta quedar muy cerca de mi nariz haciendo que la corriente cálida de nuestras respiraciones se enredara entre sí haciendo que yo abriese ligeramente los labios ante el perfume de su aliento. Su mirada recorría mi rostro con una pasividad tortuosa a la vez que uno de sus dedos comenzó a delinear el contorno de mis labios incitándome a morder y probar de una buena vez el sabor de su piel. Un mechón de mis cabellos fue el elegido para ser aspirado eróticamente para luego acercarse y susurrar en mi oreja con la voz más sensual que había oído jamás:

-Quédate-para siempre- conmigo... Candy.

Abrí los ojos sorprendida por aquella simple petición que denotaba un significado más profundo. A pesar de saber sobre mi pasado- no todo, claro ,sino lo suficiente- Albert me quería con él. Sentí explotar mis sentidos y tuve la urgencia de besarlo y que él me hiciese perder el poco control que me quedaba.

-Sí…-fue mi automática respuesta y con el cuerpo a punto de desfallecer.

Una media sonrisa apareció en su rostro satisfecho por mi réplica alejándose un poco de mí, lo suficiente como para preguntar:

-¿Lo harás, Candy?

-Si.

-¿Realmente deseas eso?

-Sí- musité por tercera vez más segura de mi decisión de quedarme junto a él.

Al parecer "sí" es lo único que mi cerebro achicharrado había deseado que recordase después de tal acercamiento.

- Entonces, haré todo lo que esté a mi alcance para que decidas quedarte a mi lado para siempre.-musitó él aun indeciso a besarme mientras yo no dije palabra alguna en los siguientes minutos, aun estremecida por su aliento.

"Que injusto de su parte atacarme de esa manera lasciva, cuando a esas alturas, yo estaba ya estaba decidida y tenía una respuesta para él".

Después de aquella "declaración" tácita por parte de Albert, pude entender por qué muchos decían: "Por algo pasan las cosas" … " El hombre propone y Dios dispone"….

Lo que a continuación sucedió en las horas venideras, fue como si mi cuerpo flotase al vaivén de mis emociones-que ahora se encontraban en control y en su lugar-, después de tanta confusión sentida los meses anteriores.

Con las manos entrelazadas mientras observamos el ocaso, comprendí que aunque ello significaba el final del día, para mi representaba un nuevo inicio, una nueva oportunidad de ser feliz.

*Fin Flashback*

Agité mis pestañas soñadoramente: Todo había sido perfecto... Hasta que recordé… Que la tía había irrumpido como ave de mal agüero en el lobby de la mansión a nuestro retorno.

Revisé mi reloj y lo que para mí habían sido horas de remembranza, apenas habían transcurrido ¡diez minutos!

¡Vaya! La curiosidad me estaba matando y realmente quería saber qué es lo que pasaba entre Albert y su tía, y aunque por mi mente pasó ir a espiar, me obligué a darme un baño sabiendo que no conseguiría nada mordiéndome las uñas ante la espera de novedades.

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Mientras tanto en el estudio:

Albert había regresado y cerrado la puerta con fastidio.

Cruzaría unas cuantas palabritas con su tía.

-Nunca pensé que llegaría el día en que vería a mi sobrino convertirse en niñera.-espetó la anciana sin miramientos no dando chance a Albert a reclamarle algo.

-No esperará una explicación de mis acciones, tía.- contestó Albert frunciendo el ceño.- Porque le aseguro que no lo escuchará de mi parte.

- ¡Muchacho tonto!- agitó la mano en señal de impaciencia.- ¿Cómo es que no puedes ver lo fácil que te están manipulando?

-Creo que está olvidando con quien habla, tía Elroy.- dijo claramente el rubio molesto.- No soy ningún niño que puedas mangonear.

- Eso lo sé muy bien-refutó la anciana.- Pero prometí a tu padre que velaría por los intereses de la isla. Y eso te incluye Albert. No puedes perder el rumbo, porque si lo haces la isla entera sufrirá por ello.

-¿De verdad?- Albert enarcó una ceja mostrando incredulidad.- Porque al paso que vamos, bien podría decir que los intereses por los que tanto se preocupa son los suyos, nada que ver con los míos.

La anciana apretó los labios un momento antes de contestar.

-Yo solo quiero tu bien, hijo.

-¿Y qué le hace pensar que por ello debe buscarme una prometida o hacerle la vida imposible a una, si no es de su parecer?- bufó el rubio sin ganas de dilatar el momento.

-¿Y cómo sé que no es un capricho el que tienes con esa niña que aparenta inocencia?-rebatió la anciana poco dispuesta a dar el brazo a torcer.

-No lo sabe, porque gracias al cielo, no puede estar al tanto de lo que pienso tía.-respondió con un tono de molestia mezclado con exasperación y el cuerpo claramente ansioso por ver a su preciosa ninfa otra vez.

-No, no lo sé- admitió Elroy con sencillez.- Pero sí puedo leer las intenciones de arribistas disfrazadas de victimas que quieren fácilmente traer abajo lo que tanto esfuerzo ha costado a todos nuestros ancestros. Y por ello ella debe ser expulsada de la isla.

-Eso no es una decisión que usted debe tomar por mí, tía.- contestó Albert cortante.- Le recuerdo que está hablando de la dama con quien pienso casarme-felizmente.

-¿Es que te has vuelto loco?

-Loco de amor por ella, querrás decir tía.- dijo él con una sonrisa que aparentaba firmeza y amabilidad.

Quería acabar con ese tema de una buena vez e ir a los brazos de Candy.

-¿Qué?- continuó exasperada.- ¿Ni siquiera vas a leer lo que dice este informe?

-Y según usted, sus fuentes son fidedignas ¿verdad, Tía?

-Por supuesto. No creerías que iba decir algo solo para inventar…

-¿Y no le parece raro y hasta demasiada coincidencia que oportunamente esa información haya llegado rápido y sin contratiempos?

-¿Qué?

La arruga de la ceja izquierda de la anciana se hizo más pronunciada al sentirse un poco confundida y sin saber qué era lo que su sobrino pretendía.

-Por favor tía, no soy ningún idiota.-alegó Albert con frustración mirando su reloj y como pasaban los minutos tortuosamente.- Sé muy bien que para investigar el récord de una persona, lleva más de un par de días y además recabar información requiere tiempo adicional para enviar los documentos originales hasta aquí. Lo cual… me hace suponer, que esta información que tienes en tu poder, solo ha sido un intento de juego detectivesco vía online que alguien con obvios intereses te lo ha facilitado. Porque-una sonrisa sarcástica apreció en su rostro- no creo que usted sea capaz de sobornar para lograr sus propósitos ¿verdad, tía? Lo que si no me sorprende, es que se haya precipitado en juzgar a Candy en base a sospechas infundadas.

-¡Que no son infundadas!-rebatió la dama.

-¿Ah, no?- inquirió con firmeza Albert-Entonces, ilumíneme tía Elroy, por favor. - ¿De qué crímenes se le acusa a Candy White, además de ser demasiado hermosa, con el carisma y encanto nato que ninguna de las candidatas a ser mi esposa tienen?

-Ella te ha hecho creer que es una santa y eso no es cierto…-contestó Elroy sacando un folio color verde dando entender que ese era el bendito informe.- Este reporte fue enviado por la misma hermana de Candy y aduce que por su culpa, su novio ha suspendido la boda y no desea reconocer al bebé.- espetó indignada.- ¡Un bebé, Albert! ¡Estamos hablando de un bebé! No se puede jugar con la vida de un inocente que ni siquiera ve la luz del mundo.

-Dame ese maldito informe.-pidió Albert exasperado.

La dama entregó el sobre con la respiración contenida ya que de eso dependía la no credibilidad de la mugrosa de Candy White. Muerta primero, si permitía que su sobrino se juntase con personas de tamaña calaña. ¡No! Ella ya tenía a la chica adecuada y nada interrumpiría sus planes.

Albert con el rostro aburrido comenzó a dar ojeadas la memoria descriptiva de la investigación. Una sonrisa apareció en su rostro al descubrir el segundo nombre de su amada y las fotos donde aparecía uniformada de enfermera que la hacía ver tan benditamente sexy logrando que su entrepierna emitiera pulsaciones distrayéndolo de su lectura.

Analizó con objetividad las imágenes de ambas hermanas y llegó a la conclusión que la chica que decía ser su hermana no podría serlo de sangre porque el parecido era nulo. Candy era rubia, con ojos verdes que competían con las esmeraldas, la piel nívea y adornada con pecas; mientras la otra chica se veía, pelirroja, ojos miel y piel tostada.

El reporte decía que Candy había sido adoptada por los Leegan , por eso ambas habían crecido en Lakewood y además tenían un hermano menor llamado Niel, quien también poseía una cabellera densa y oscura con ojos color café, con un cuerpo definido y cuidado. Bien parecido.

Lo que el reporte no decía, era que el joven Niel se hallaba secretamente enamorado de la chica White y había tratado de seducirla de mil maneras, pero siempre se había ganado el rechazo de la rubia, por lo que él conjuntamente con Elisa había tramado un plan para hacerle la vida de cuadritos y Anthony había sido la victima que sin querer, había ayudado a que el plan hubiese cumplido su cometido.

Albert podía ver que la información claramente tenía intenciones de hacer quedar mal a Candy White, ya que se enumeraban numerosas faltas y pecados de la chica sin ni siquiera resaltar algún logro o merito obtenido, como por ejemplo su título de enfermera.

Había fotos donde Candy se besaba con el mentadito Anthony y aquello no le gustó. Se veían demasiado íntimos, como aquella noche en que él la había ido a buscar dándose con la sorpresa que su rubia preciosa estaba siendo besada por otro.

La ira comenzó a correr por las venas del rubio quien en un intento de autocontrol, cerró los ojos para no permitir que las emociones de celos e ira le desbordasen e hiciera un gesto que lo traicionase ante su tía. Una por una revisó las distintas fotos, mensajes que databan con hasta dos años de antigüedad y una carta donde supuestamente Candy rogaba a Anthony que no la abandonase.

Maldijo la hora en que comenzó a leer, ese informe. Si bien era cierto que Candy no le había contado mucho sobre su pasado, a él le constaba que ella estaba sola y en un estado deplorable el día de su llegada a la isla.

Él había decido ciegamente confiar en ella, a pesar de que todas las pistas le decían que estaba equivocado. Sin embargo, lo estaba arriesgando todo porque después de mucho tiempo, por decir nunca, se había sentido tan vulnerable y expuesto sus sentimientos con tal libertad a ninguna otra dama. Años en Europa le había enseñado a la mala, que no se podía confiar en ninguna persona, menos mujeres. No obstante, ahí estaba él dispuesto a entregar su corazón a una chica por quien sentía todo y no estaba dispuesto a perder. Porque si la perdía… Su vida no tendría sentido.

- Te convendría una chica de una familia de renombre como lo es Lorena Cavendish o Ariel Roming.- sugirió la anciana interrumpiendo-para mal- el hilo de sus pensamientos.

-Oh, ya veo tía. Así que todo eso se resume a ellas dos…-respondió Albert con una voz increíblemente tranquila.-Quieres que escoja el mal menor y me una a un matrimonio "ventajoso" a favor de la isla. ¿Verdad?- Elroy enarcó una ceja.- En ese caso Ariel, saldría perjudicada tía. Ya que no proviene de cuna noble ni menos aristocrática.

-¡Sandeces!- refutó al instante y defensivamente.- Ariel ha sido criada para que sea la esposa perfecta...

¿Para mí?- Albert no pudo disimular una risa sarcástica.- No sea ridícula tía. Sabe que yo jamás fijaría mis ojos en Ariel. Esa niña es demasiado presuntuosa para su propio bien.

- Es no es verdad Albert, ella te ama. –Trató de persuadirlo la dama.- Siempre te ha querido por lo que eres hijo, no es ninguna arribista, ya que yo misma le he dado mi posición y nombre. No tienes que preocuparte de que vaya por tu dinero.

-No puedo creer que este abogando por esa señorita, tía.-espetó impaciente.- Sé muy bien que es su protegida, pero eso no le da derecho a hacerle creer que obtendrá un lugar a mi lado como señora de Suilvach.

-¡Eres un ingrato!- rebatió la anciana a punto de que se le salieran los ojos y los pulmones.- Después de todo lo que hecho por ti, ¿es así como me pagas? ¿Con indiferencia y sin sopesar mis consejos?

-No, tía, no se equivoque.- murmuró Albert con una voz de hielo.-Agradezco su preocupación, pero ya deje de fingir devoción hacia mí. Lo que usted quiere, es que yo haga todo al pie de la letra según disponga su gracia. Y con Ariel a mi lado, usted piensa que de ese modo seré manipulable. Pero se olvida de algo muy importante tía Elroy: Jamás Ariel Roming será mi esposa y menos significará algo para mí que una mera chica que ha fijado los ojos en la persona equivocada.

-Albert, piensa muy bien lo que estás diciendo. – Sentenció amenazante la dama.- En unas semanas será la fiesta en la embajada y se verá mal si llegas con una desconocida sin título y con un pasado vergonzoso.

-Lorena Cavendish también está fuera de discusión, tía. – advirtió el rubio zanjando el tema de una buena vez.- No estoy interesado en ninguna de las candidatas que dispongas para mí, porque ya tengo a la ideal -que está esperándome en mi habitación- para que esté conmigo ese día. Y le aviso de antemano que será Candy White.

-Eres un…

-Guárdese el insulto tía- dijo Albert exasperado a punto de perder el control.- Y por favor diríjase a la puerta de salida y no se moleste en regresar a menos que tenga una disculpa para Candy.

-¿Qué?- el ceño arrugado de la anciana se profundizó mucho más, mientras su rostro se tornaba de un color rojizo y morado.- ¡Eso jamás! ¿Me oíste? ¡Jamás me denigrare a ese nivel!

-Qué curioso que lo diga tía, porque justamente eso es lo que está haciendo por Ariel.-contra atacó Albert.

-No te atrevas…

-¡No! No se atreva usted a manchar el nombre de mi prometida.- advirtió Albert mirando claramente al folio verde tirado en su escritorio.- Lo cual me hace recordar que, tienen exactamente hasta el día de la fiesta tanto usted como Ariel para emitir un comunicado de prensa o realizar una disculpa pública hacia Candy, sino yo mismo le enjuiciaré por difamación, daños y perjuicios.

-¿Qué has dicho?- exclamó agudamente la anciana asombrada por la petición-corrección- ordenanza.

-Lo que oyó tía.-bufó el rubio.- No crea que he olvidado la afrenta y todo el calvario que ha pasado Candy en mi ausencia, por esa estúpida carta que ni siquiera redacté, pero que ahora estoy seguro quién es el responsable.

-Te aseguro que yo no…

-Ahórrese sus excusas tía, antes que me olvide que es pariente mío y la exilie de la isla y de Europa.

Elroy Ardley abrió y cerró la boca tratando de responder a su sobrino con algo que le hiciera recapacitar, aunque sea a la mala, pero con rabia reconoció que había sido una tonta al pensar que con esas pruebas sería más que suficiente para alejar a la ojiverde de la isla.

Maldita sea Candy White y sus descendientes.

Conservando la pose de autoridad que siempre usaba, Elroy decidió que lo mejor era retirarse e idear un mejor plan. Eso no se quedaría así, porque dejaría de llamarse Elroy Ardley, si permitía que una huérfana pobretona llegase a ser la matriarca de la isla.

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(1-5) Para las que se preguntan por los distintos nombres enumerados a través de este capítulo, os confieso , que dada la ubicación geográfica-en mi mente- de Suilvach, es que he elegido la isla más cercana a ella para turistear, siendo la preciosa isla de Skye la portadora de semejantes paisajes mágicos y hermosos. Por lo tanto, cada uno de esos parajes, pertenecen a la isla que pertenece a las Islas Hébridas Interiores de Escocia.

(6-7) La mención del lago Ness y Lomond, se refieren a masas de agua ubicadas en la misma Escocia, pero perteneciente a la capital de la misma, Edimburgo.


Muchas gracias por acompañarme hasta aquí. Mil perdones por haberme excedido en la extensión de este capítulo. La verdad es que ya estoy dudando de llamarlo un minific (risas). Leyendo cada uno de sus reviews, a los cuales estoy eternamente agradecida, es que me he dado cuenta que vosotras merecéis más detalles de esta historia. Me parece poco creíble que algo que comenzó como una idea pequeña para un reto de San Valentín, con la ayuda de ustedes se haya extendido más de lo esperado. Así que ya no diré cuántos capítulos más postearé porque depende de las impresiones y comentarios de cada una si seguimos por la vía rápida de terminar el fic o le añadimos detalles de la convivencia de este par de rubios.

Gracias mil a cada una de ustedes por tomarse un momento y espero disfruten esta sencilla-y cursi- historia de amor.

Saludos a:

Stormaw , skarllet northman, maravilla121, paulayjoaqui , Rose De Grandchester , comolasaguilas40, letitandrew, Jenny, Elluz, Liovana, Laila, Gina R, Tania Lizbeth .

A mis amiga silenciosa detrás de las pantallas, bendiciones a ti.

¡Nos vemos hasta la próxima!

Arigato Gozaimashita


Un abrazo en la distancia,

Lizvet